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LA TRANSICION (1975-1982)

La transición (1975-1982). La Transición española empezó en 1975 con la muerte de


Franco. Fue un cambio de régimen político gradual no violento y basado en el acuerdo de las
principales fuerzas políticas. Supuso la llegada de las libertades y el reconocimiento del
pluralismo y la convivencia como valores fundamentales, que luego fueron recogidos en la
Constitución de 1978. la Transición se realizó con el apoyo del rey y de la mayoría de los
españoles.
A lo largo de esos años de cambio, España conoció tres presidentes del Gobierno y un intento
de golpe de Estado y culminó en 1982 con el acceso del PSOE al Gobierno.
1.- La sociedad española en 1975: el 20 de noviembre de 1975, Carlos Arias Navarro,
jefe del Gobierno comparecía ante los medios de comunicación para comunicar al país de la
muerte de Franco. A raíz de este acontecimiento, España se convertía en protagonista de un
fenómeno poco habitual en la historia: una transición pacífica de la dictadura a la
democracia. Los deseos de integrar a España en las economías europeas a través del Mercado
Común y la necesidad de mantener una sociedad dinámica y en expansión eran
incompatibles con la pervivencia de un sistema político atrasado.
Dos días después de la muerte de Franco, Juan Carlos I era proclamado rey. Su primer discurso
como jefe de Estado ante las Cortes estuvo presidido por una prudente cautela. Si bien
expresaba su intención de atenerse a los principios vigentes, también dejaba entrever un
espíritu nuevo. Ninguna referencia a la Guerra Civil ni al Movimiento y muchas, a la libertad,
reconciliación, tolerancia y al reconocimiento de las peculiaridades regionales. Esta declaración
establecía el tono fundamental del proceso recién iniciado: en el futuro sería necesario que los
grupos implicados en la tarea de gobernar España se esforzaran por lograr un gran acuerdo.
1.1.- La demanda social de amnistía y libertad: la movilización ciudadana tras la
muerte de Franco fue tan grande que el poder político acabó desbordado siempre por la
iniciativa popular, que enseguida se acostumbró a palabras como libertad, amnistía y
autonomía. la sociedad española se apoderó de la calle con sus manifestaciones y huelgas,
reprimidas con dureza por las fuerzas de orden público. La proclamación de Juan Carlos I trajo
consigo el indulto para presos políticos que no estuvieran afectados por delitos de sangre. El
primer decreto de amnistía afectó sobre todo a sindicalistas y a personas condenadas por
delitos de opinión o propaganda ilegal, aunque dejaba en la cárcel a algunos de los presos más
veteranos y conocidos como Simón Sánchez, Horacio Fernández o Luis Lucio Lobato. También
comenzaron a retorna exiliados como Claudio Sánchez albornoz, que había sido presidente de
la República en el exilio.
*la conflictividad social: desde final de 1975 y durante 1976 se vivió una época de
extraordinaria conflictividad, con numerosas huelgas que afectaron a fábricas, servicios
públicos y comunicaciones. Las primeras manifestaciones feministas de la historia de España
tuvieron lugar en enero de 1976. La crispación se apoderaba de la calle, donde multitudinarias
manifestaciones exigían amnistía, al tiempo que en Cataluña y país Vasco cientos de miles de
ciudadanos se manifestaban a favor de la autonomía. En marzo de 1976 aún quedaban, en las
cárceles españolas 600 presos políticos y los atentados de ETA golpeaban a la fuerzas de
orden público y provocaban reacciones de la ultraderecha, que exigía manos dura al Gobierno.
*La represión: al no estar regulados todavía los derechos de reunión y manifestación, se pro-
dujeron continuos enfrentamientos de la policía con los manifestantes. Uno de los más graves
fue el de Vitoria-Gasteiz, con la muerte a balazos de cinco trabajadores por disparos de la poli-
cia durante una manifestación; y otro fue el choque en el monte navarro de Montejurra entre
carlistas liberales y reaccionarios, que acabó con dos muertos a manos de la ultraderecha.
1.2.- Los poderes fácticos: fueron denominados así los aparatos de Estado del
franquismo (Ejército, policía, burocracia, etc..) que constituyeron, durante largos años , un
obstáculo para el proceso de democratización del país. Tiene especial interés el
comportamiento de los militares y de la Iglesia.
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*El Ejército: desde la misma hora de la muerte del dictador, los ojos de los españoles se
volvieron hacia los militares, a los que se suponía poco entusiastas de la democracia. Durante
los primeros momentos de la Transición, los militares de extrema derecha de alta graduación
fueron protagonistas de numerosos incidentes por su manifiesta oposición a toda política de
cambio. Dentro de los cuarteles imperaba un control estricto de la ideología por parte de los
oficiales ultras, que en ocasiones castigaban con penas de arresto a los militares sospechosos
de simpatizar con la causa democrática, como en el caso de la Unión Militar Democrática
(UMD), de los que diez de sus miembros fueron condenados en 1976 por conspiración para la
rebelión, en gran medida para acallar el descontento de los militares más conservadores.
*La Iglesia: la Iglesia se adelantó por medio de su jerarquía a saludar al proyecto de
convivencia política que poco a poco se iba definiendo. La jerarquía eclesiástica, encabezada
por el cardenal Tarancón, apoyó al sector reformista del franquismo, animó a la oposición
liberal y contribuyó como ninguna otra institución a reblandecer la agresividad de la derecha
conservadora contra el cambio deseado por la mayoría de los españoles.
También es destacable la persistencia de notables sectores inmovilistas entre la jerarquía
eclesiástica, partidarios de perpetuar la dictadura, como el obispo de Toledo y el de Cuenca.
La jerarquía eclesiástica descartó jugar la baza de un partido democristiano al estilo italiano,
ya que había sido tan intensa la revolución sociorreligiosa que, entre 1975 y 1977, España
parecía un país más laico que la propia Italia. Paradójicamente el anticlericalismo ahora era
poco menos que patrimonio de la derecha franquista, que no perdonaba lo que consideraba
una traición de la Iglesia al fundador del régimen.
*Los poderes económicos: los poderes económicos mostraron su inquietud por las
consecuencias económicas que podría comportar una incierta orientación económica
emanada de unas elecciones democráticas. Su aspiración era remover las prácticas
intervencionistas mediante una reforma liberal. La presión para instalar a Enrique Fuentes
Quintana en el Ministerio de Economía dio frutos y tranquilizó a los poderes económicos. Por
otra parte las restricciones a la entrada de competencia exterior en el sector financiero
consolidó el carácter oligopolítico de los siete grandes bancos españoles.
2. Las fuerzas políticas tras la muerte del dictador.
2.1.- El Gobierno de Arias Navarro: a la muerte de Franco, el jefe de su gabinete,
Carlos Arias Navarro, había puesto su cargo a disposición del rey Juan Carlos I, que prefirió
retenerlo en su puesto para no alarmar a los fieles seguidores del dictador. El monarca colocó
a Torcuato Fernández-Miranda, su antiguo profesor de derecho, en la presidencia de las
Cortes y del Consejo del Reino, confiándole la tarea de transformar la dictadura
nacionalcatólica en un régimen parlamentario. Sin embargo el primer Gobierno de la
monarquía, con Arias Navarro al frente parecía más de la última etapa de Franco.
*El fin del continuismo: a pesar de su firme ideología franquista, arias Navarro diseñó un
programa de reformas limitadas, que incluía la libertad de prensa, el reconocimiento del
derecho de reunión y asociación, y la reforma de las Cortes. Paro nunca pensó en una
verdadera democracia, sino más bien en una" democracia otorgada" que se articularía
mediante un régimen de partidos, del que estarían excluidos los separatistas o comunistas.
El rey, por su parte, comenzaba a manejar abiertamente las riendas de la situación. Viajaba por
España y, a comienzos de junio de 1976, al pisar Santo Domingo, se convirtió en el primer
monarca español que visitaba América. casi al mismo tiempo comunicaba al Papa Pablo VI
que la corona enunciaba unilateralmente al privilegio de presentar obispos. En esos días, el rey
solo pensaba en desprenderse del cada vez más incómodo Arias Navarro, quién presentó su
dimisión en julio de 1976, demostrando la imposibilidad de un franquismo sin Franco.
2.2.- La oposición política: la lucha por la ruptura democrática: a finales de
1976 quedó constituida Coordinación Democrática, que unía las anteriores Junta Democrática
y la Plataforma de Convergencia Democrática.
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Su programa postulaba la ruptura democrática y el cambio político mediante la presión y la
movilización social, y un proceso de negociación con los sectores reformitas del régimen. Sus
portavoces más cualificados representaban las tendencias políticas vigentes en Europa
occidental: desde la derecha liberal y democristiana hasta el Partido Comunista . El prestigio
popular de líderes como Joaquín Ruiz Giménez, Enrique Tierno Galván, Simón Sánchez
Montero, Felipe González, etc... era incuestionable. Su programa insistía en la petición de una
amnistía general para los presos políticos del régimen, la legalización de los partidos y
sindicatos prohibidos en la dictadura, la defensa de las libertades y celebrar elecciones libres.
2.3.- El Gobierno de Adolfo Suárez: un burócrata franquista, Adolfo Suárez, fue
nombrado presidente del gobierno en julio de 1976. El rey, asesorado por Torcuato Fernández-
Miranda, conocía bien al personaje y su nombramiento fue un gran acierto de la Corona.
Aunque Suárez tenía un pasado falangista, el rey se fijó en él porque era un hombre de su
generación, con experiencia tanto en el Estado y en el partido único como en los círculos
católicos y los medios de comunicación. Todas estas circunstancias hacían suponer su
aceptación sin demasiadas reservas por parte de los sectores más conservadores del
franquismo, pero no le incapacitaban para la nueva misión, dada su actitud reformista y su
apertura al diálogo.
Con Adolfo Suárez en la presidencia del Gobierno, los cambios democráticos frenados durante
la jefatura anterior alcanzaron un ritmo acelerado: amnistía para los presos políticos, reforma
constitucional y elecciones generales libres en un año. Dentro de una tolerancia no regulada,
pudieron mostrarse en público partidos políticos, llegando la permisividad a la prensa, que se
rejuveneció con nuevas empresas periodísticas. Hubo una liberalización en algunas leyes
represivas y aumentaron las garantías judiciales y personales para casos de detención política.
2.4.- Los primeros pasos de Adolfo Suárez en 1976.
*El diálogo con la oposición democrática: Suárez avanzaba en el camino de la reforma y
establecía contactos con Felipe González, PSOE, e incluso con Santiago Carrillo, principal
dirigente del PCE, tan aborrecido por la derecha. La actitud dialogante de Suárez con la
oposición y sus conversaciones con CCOO para preparar una reforma sindical, provocaron la
dimisión del vicepresidente del Gobierno, el general ultraconservador Fernando de Santiago,
lo que aprovechó para incorporar a su Gobierno al general Gutiérrez Mellado, un militar
liberal que desempeñaría un papel fundamental en la reforma de las Fuerzas Armadas.
*La Ley de Reforma Política: el paso más decisivo de Suárez en el camino de la democracia
lo dio cuando, en septiembre de 1976, presentó al país por televisión un Proyecto de Ley de
Reforma Política, ideado por Fernández-Miranda, que debía modificar el sistema político
vigente y regular la convocatoria de las deseadas elecciones. Tanto Suárez como Fernández-
Miranda tuvieron que maniobrar con astucia en las Cortes para conseguir que estas
respaldasen una ley que tendría como consecuencia su disolución definitiva.
Una amplia mayoría la aprobó el 18 de noviembre de 1976. El 15 de diciembre la ley fue
aprobada por el pueblo que votó en masa, siendo el 94% de los votos afirmativos y solo un
2.6% negativos, los del franquismo puro y duro.
La oposición hizo campaña a favor de la abstención, pese a que sus tesis de ruptura, frente a la
reforma política, apenas si tenía seguidores. Tras días de camuflaje por Madrid, el comunista
Santiago Carrillo se hacía detener por la policía, cuyo alborozo se desinfló al conocer que
Suárez llevaba tiempo negociando, secretamente, con él. También el partido Comunista
aceptaba la reforma política.
2.5.- Los movimientos nacionalistas: el camino hacia el régimen parlamentario
estuvo plagado de obstáculos y graves factores desestabilizantes. ETA sembraba de cadáveres
el frágil sistema predemocrático, el País Vasco se convertía en escenario de grandes
concentraciones en demanda de amnistía y duros enfrentamientos entre policía y
manifestantes. Sin violencia, en Cataluña, un millón de personas exigían el establecimiento
del la autonomía en los actos de la Diada, autorizados tras casi cuarenta años de prohibición.
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3. Un año clave. 1977.
3.1.- Los enemigos del cambio:
*El "búnker": en los años siguientes al referéndum, los españoles vivieron los momentos más
difíciles de la Transición, sucediéndose sangrientos atentados de distintos signo, orientados a
provocar un golpe de los militares contra el Estado y la liquidación dl proceso democrático.
España hubo de soportar terrorismo de extrema derecha activados por fuerzas ligadas al
aparato represivo del franquismo y por ciertas organizaciones paramilitares de ideario nazi,
que la prensa más liberal denominaba "el búnker" por su resistencia al cambio.
Los Guerrilleros de Cristo Rey, bandas fascistas financiadas y organizadas por burócratas del
franquismo y alentadas por publicaciones como Fuerza Nueva y el periódico El Alcázar,
camparon a sus anchas con el beneplácito de la policía. Las librerías y publicaciones
democráticas fueron sus objetivos predilectos, e incluso realizaron atentados con bombas
contra algunos periódicos y revistas.
*El terrorismo de ETA y del GRAPO: el país también sufrió las acciones terroristas de
grupos de extrema izquierda y de ETA. Un grupúsculo de extrema izquierda, Grupos de
Resistencia Antifascista primero de Octubre (GRAPO), secuestro en diciembre de 1976 al
presidente del Consejo de Estado; unas semanas más tarde al presidente del Consejo
Supremo de Justicia Militar y unos días después asesinó a tres policías, lo que obligó al
Gobierno a decretar el estado de excepción. Con la idea de incorporar a los militares al nuevo
sistema político, Suárez había improvisado una reforma del cuerpo, buscando mayor
profesionalidad y vinculación al rey.
*La "matanza de Atocha": en enero de 1977 pistoleros de ultraderecha mataron en la
madrileña calle de Atocha a cinco miembros de un despacho de abogados laboralistas
vinculado a CCOO y al PCE. Más de un millón de huelguistas manifestaron con su paro el dolor
y la indignación del mundo laboral ante la barbarie, lo que contribuiría al pronto
reconocimiento del Partido Comunista
3.2.- La legalización del PCE: a pesar de las tensiones generadas por las acciones
terroristas, el desguace del régimen franquista continuaba a buen ritmo, y desaparecían los
símbolos franquistas y la propia Secretaría del Movimiento. Su derribo coincidió con el
reconocimiento del derecho de los españoles a sindicarse y con el visto bueno para el Partido
Comunista, ya que la reforma democrática carecía de credibilidad mientras no de admitiese en
el sistema de partidos al PCE. Ante el rechazo del Tribunal Supremo, Suárez lo legalizó
audazmente por medio de un decreto ley, aprovechando la fiesta del Sábado Santo y la
voluntad de los comunistas, que aceptaron la monarquía y renunciaron a la bandera de la
República. La legalización del Partido Comunista pudo haber colmado el vaso del descontento
militar de no mediar la autoridad del rey y la habilidad política de Suárez.
En los meses siguientes se produjeron nuevas manifestaciones exigiendo la amnistía total;
Juan Carlos I recibía de forma oficial la renuncia de su padre a la Corona y una nueva
amnistía fue arrancada al Gobierno en vísperas de las elecciones del 15 de junio de 1977.
3.3.- Las elecciones democráticas: después de una campaña electoral muy
concurrida y animada, los españoles eligieron en junio de 1977 a sus representantes en las
Cortes. Eran las primeras elecciones democráticas desde 1936 y votó cerca del 80% de los
españoles. La coalición de Adolfo Suárez, Unión de Centro Democrático (UCD), compuesta por
partidos de centro, socialdemócratas, liberales y democristianos, obtuvo el triunfo; seguida del
PSOE encabezado por Felipe González. El resultado de las elecciones no hacía sino confirmar
el apoyo de los españoles a la política de centro, a la reforma gradual y a políticos de nuevo
cuño.
Rozando la mayoría absoluta con sus 165 escaños, UCD revalidó su poder, pero quedaba a
merced de sucesivos acuerdos con distintas fuerzas parlamentarias , que darían un tono de
consenso a los años de la Transición.
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El hundimiento del PCE de Santiago Carrillo, en las elecciones de 1977, superó todas las
previsiones. La extrema derecha fue barrida y el franquismo solo quedó en un recuerdo en los
16 diputados de la Alianza Popular de Manuel Fraga. Otro fracaso lo tuvo la Democracia
Cristiana de Ruiz-Giménez y Gil-Robles que no logró representación.
Asimismo, la consulta electoral manifestó otra realidad política, vinculada en los años del
franquismo a la reivindicación democrática: la existencia de una conciencia nacionalista en
Euskadi y Cataluña, donde el PNV de Arzalluz y la coalición encabezada por Pujol
consiguieron una representación parlamentaria importante.
4.- El Gobierno de UCD: en julio de 1977 quedó constituido el segundo Gobierno de
Suárez, el primero avalado por las urnas, compuesto por los jefes de las distintas familias de
UCD. Desaparecían los tres ministerios militares, y el catedrático Enrique Fuentes Quintana y
el socialdemócrata Francisco Fernández Ordoñez, recibían el encargo de reactivar la
preocupación por lo económico.
Las líneas primordiales del nuevo Gobierno adelantaban el itinerario de la Transición:
institucionalización de la regiones en regímenes autonómicos; reanudación de las
conversaciones con la Comunidad Económica Europea; combatir la inflación y el déficit
exterior; afrontar el paro; reforma fiscales y la búsqueda de un acuerdo entre distintas
fuerzas político-sociales que sirviera para dotar al régimen de una Constitución ampliamente
apoyada.
4.1.- La coyuntura económica: en los últimos años del franquismo, la prosperidad
económica hizo que los grupos sociales menos favorecidos tuvieran una compensación por la
falta de libertad mediante un mejor nivel de vida e integración en la sociedad de consumo. La
transición de la dictadura a la democracia coincidió con la llegada a España los efectos de la
crisis económica mundial de los años setenta: recesión de los mercados, acumulación de
stocks, cierres de empresas, destrucción de empleo, etc..., pero el peor de todos fue el súbito y
desmesurado encarecimiento del precio del petróleo y otras materias primas. Junto con el
consiguiente aumento de los costes de producción, una inflación desorbitada, favorecida por
el incremento del déficit del Estado, se convertía en la amenaza cotidiana de fábricas,
empresarios y trabajadores.
Desde 1975, las condiciones económicas se agravaron y los enfrentamientos sociales por la
obtención de rentas se recrudecieron. La necesidad de cambios políticos se reflejaba en el
descontento empresarial, en unos años de imparable avance de reivindicaciones salariales.
Parte del empresariado inició una retirada a tiempo con cierres de fábricas y negocios,
liquidación de stocks y desinterés inversor. La renta se redujo, mientras las confrontaciones
sociales alcanzaban sus límites más alarmantes desde el final de la Guerra Civil.
En 19777, el índice de inflación se situaba en el 26% anual, desconocido en la historia
económica del país desde los años de la posguerra y que sobrepasaba con mucho las tasas de
todas las naciones industrializadas. El paro afectaba oficialmente al 6% de la población activa,
mientras la productividad se deterioraba de modo alarmante.
4.2.- Los Pactos de la Moncloa: entre los grandes aciertos de Suárez y la oposición se
cuentan los Pactos de la Moncloa, firmados por el Gobierno y representantes de los partidos
políticos, y que habían sido precedidos por una fuerte devaluación de la peseta.
Estos acuerdos entre Gobierno, empresariado, partidos y sindicatos tuvieron como objetivo
fundamental la convalidación por la clase obrera del modelo económico y social, establecido
enseguida en la Constitución. Los pactos preveían reducir la inflación y acometer la reforma
fiscal, de la Seguridad social y de las empresas públicas. Asimismo, los firmantes se
comprometían a apoyar un nuevo marco de relaciones laborales suyo elemento central
consistía en el acuerdo de establecer los aumentos salariales conforme a la inflación prevista
más un incremento.
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Los efectos de los Pactos de la Moncloa se notaron pronto en la mejora del clima de paz
social, que se tradujo en el descenso de la conflictividad y la normalización de las relaciones
laborales. Un conjunto de objetivos tan ambicioso como el propuesto en los Pactos de la
Moncloa no podía realizarse a corto plazo. Se emprendió enseguida, la reforma de la
Hacienda, que trató de resolver uno de los graves problemas de la historia de España: la falta
de recursos el Estado debido a la ausencia de una política fiscal moderna. Bajo el lema
"Hacienda somos todos" Fernández Ordoñez y Fuentes Quintana diseñaron una reforma fiscal
basada en la implantación de tres grandes contribuciones: las relacionadas con la renta ( de
las personas físicas y sociedades), los impuestos sobre el gasto, y los gravámenes del
patrimonio y las transmisiones. Así, en 1981, los impuestos directos superaban a los indirectos
y, por primera vez en la historia, la fiscalidad española era progresiva.
4.3.- El reconocimiento de las autonomías: durante los últimos meses de la
dictadura y los primos años de la Transición, una acusada sensibilidad autonomista se
apoderó de la clase política en España. De acuerdo con sus manifestaciones, todas las regiones
querían tener un gobierno propio. Después de cuarenta años de régimen centralizador, la
ciudadanía acabó asociando regionalismo o nacionalismo con libertad, por un lado, y unidad
nacional con represión, por otro.
En muchos lugares de España, el sentimiento anticentralista se manifestaba con tal intensidad
que obligó al Gobierno a imponer como tarea inaplazable la reforma administrativa y
territorial del país. Pero la aprobación de la constitución aún estaba lejana y la exigencia de
autogobierno, en Cataluña y País Vasco, ofrecía argumentos de agitación callejera y
enfrentamientos con las fuerzas policiales, por lo que Suárez tuvo que afrontar rápidamente
lo que ya era una cuestión fundamental para la democracia: la reivindicación autonómica.
*Cataluña: poco después de las elecciones de 1977, Suárez, previa mediación del rey,
estableció contactos con Josep Tarradellas, un exiliado republicano que desde 1954 era
presidente de la Generalitat en el exilio, y que se había negado volver a su tierra mientras no
se restaurase el Gobierno autonómico en Cataluña. En Tarradellas, Suárez encontró el
interlocutor ideal y en un golpe de mano, lo acomodó en Barcelona para que se pusiese al
frente de una Generalitat provisional establecida por decreto el 29 de septiembre de 1977.
*País Vasco: las cosas no ocurrieron de la misma manera en el País Vasco, cuya sociedad
estaba más dividida que la catalana y donde había más motivos para la polémica, desde el
himno o la bandera hasta el idioma o los límites geográficos. A pesar de diversas medidas del
Gobierno de Suárez, legalización de la ikurriña, repetidas amnistías, expatriación de los presos
más duros de ETA, no se había conseguido la normalidad en los territorios vascos. Un proyecto
de régimen provisional de autonomía fue elaborado por los diputados y senadores vascos,
que luego utilizó el Gobierno para crear por decreto el Consejo General vasco. Durante los
meses previos a la entrada en vigor de la Constitución se aprobaron otros regímenes
autonómicos, con lo que empezaba a vislumbrarse ya el estado de las autonomías.
*Los recelos militares: los proyectos de reforma territorial del país producían bastante
desconcierto en amplios sectores del Ejército, y muchos oficiales se debatían entre la fidelidad
a los postulados de franquismo y la lealtad al rey y a las instituciones democráticas. Como
muestra de la preocupación gubernamental por controlar al ejército nacía el ministerio de
Defensa, confiado enseguida a un civil con el encargo de desactivar a la extrema derecha
militar y extender en la milicia el espíritu democrático.
4.4.- El consenso constituyente: en un ambiente de riesgo continuo para la
democracia española a causa del terrorismo, las fuerzas políticas se pusieron manos a la obra
para elaborar una constitución que creara un nuevo tipo de España. Por primera vez un texto
constitucional en España iba a contar con el acuerdo de los partidos más importantes. Siete
persona, tres de centro, un socialista, un comunista, un miembro de Alianza Popular y un
nacionalista catalán, fueron nombradas en agosto de 1977 para elaborar el borrador de la
nueva constitución.
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La comisión consiguió llegar a un acuerdo, y el texto pasó a debatirse en el Congreso y el
Senado, que después de más de 3.200 enmiendas, lo aprobaron por mayoría.
5. La Constitución española de 1978.
*El referéndum constitucional: el 6 de diciembre de 1978 fue aprobada la Constitución en
un referéndum en el que participó el 67% del censo y en el que los votos favorables fueron el
88%. La Constitución reconocía algunas de las reivindicaciones históricas vascas y derogaba la
legislación antiforal, pero la afirmación de indivisibilidad de la soberanía española determinó
la abstención del PNV.
*Rasgos de la Constitución: la Constitución de 1978 define a España como un "Estado social
democrático de Derecho", cuya forma es la monarquía parlamentaria. La izquierda española
tenía una viva tradición republicana pero, reconocía en la fórmula monárquica la mejor
solución para el Estado nacido tras la liquidación franquista. La constitución aprobada limitaba
drásticamente las facultades de la Corona y garantizaba a las Cortes el ejercicio del poder.
El texto define un Estado no confesional, aunque urge a los poderes públicos a tener en
cuenta la religiosidad de los españoles. De forma minuciosa, la Constitución enumera los
derechos individuales de los españoles, cuya mayoría de edad se fijaba en los dieciocho
años, se abole la pena de muerte y abre la puerta al divorcio. El Estado debe promover el
bienestar dentro de una economía mixta, que reconoce la propiedad privada y el mercado
libre, pero también la intervención estatal en la vida económica, hasta con expropiaciones si
fuese necesario. También restituyó el poder a las regiones y nacionalidades, atendiendo a la
reivindicación histórica de autonomía, no solo a las "nacionalidades históricas" reconocidas
por la Segunda República, Cataluña y país Vasco, sino que todas las regiones que lo solicitasen,
de acuerdo con el proceso constitucional.
6. Las elecciones de 1979 y el segundo Gobierno de UCD: como prometió
Suárez al aprobarse la Constitución, convocó elecciones para marzo de 1979 y fundamentó su
campaña electoral en los logros del Gobierno de UCD y en la difusión de su mensaje electoral
a través de los medios de comunicación. La oferta política fue mucho menor que en la consulta
anterior. Aumentó la abstención hasta un 32%, siendo interpretada como una muestra del
desencanto ciudadano, fruto de la economía y de la tensión generada por el terrorismo. La
incapacidad del Gobierno y de las demás fuerzas políticas para resolver los problemas del país
había desilusionado a los españoles, que sin embargo volvieron a repetir los mismos resultados
de la elecciones de 1977, dando la victoria a UCD.
6.1. Las elecciones municipales y el triunfo de la izquierda: el primer reto del
Gobierno formado por Suárez tras su triunfo consistió en afrontar las elecciones municipales
que se hacían urgentes, al estar los ayuntamientos en manos de autoridades no elegidas
democráticamente. El 3 de abril de 1979, UCD volvió a ser el partido más votado; pero el PSOE
ascendió de modo tan notable que después de un pacto con el PCE consiguió las alcaldías de
las más importantes ciudades, entre ellas Madrid y Barcelona.
6.2. Los primeros estatutos de autonomía.
*País Vasco: Suárez dedicó muchos esfuerzos para llegar a un acuerdo con los nacionalistas
vascos respecto a su estatuto. Después de duras conversaciones, en julio de 1979 Suárez
acordó el texto con Carlos Garaicoechea, presidente del Consejo general vasco y del PNV. Los
resultados electorales de marzo habían ratificado la hegemonía del nacionalismo moderado y
apuntaban un ascenso importante de Herri Batasuna. ETA continuaba con sus acciones
violentas y todo ello aportaba la evidencia que sin concurso de sectores del nacionalismo era
imposible una solución política para el País Vasco.
El acuerdo político alcanzado significó un acoplamiento más riguroso de la Constitución. De
esta forma, la realidad nacional vasca se convirtió en nacionalidad, constituida en comunidad
autónoma dentro del Estado español.
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Las grandes cuestiones en litigio quedaron recogidas: la posible integración de Navarra en
Euskadi, las competencias sobre orden público y enseñanza o la Hacienda autónoma,
regulada por medio de los Conciertos Económicos, etc... Fue uno de los mayores momentos
de euforia de la Transición. El PNV había conseguido plasmar en el estatuto unos niveles de
autogobierno no contemplados hasta entonces en otros textos legales, en cuanto a
reconocimiento a derechos individuales y colectivos de la comunidad vasca. El Estatuto d
Autonomía fue aprobado en referéndum el 25 de octubre de 1979, aunque con un 40% de
abstención.
*Cataluña: Suárez apenas encontró problemas en Cataluña, donde la voluntad dialogante y
pacifista de sus parlamentarios allanó el camino de la aprobación del estatuto, cuyo proyecto
no presentaba incompatibilidad alguna con la Constitución. El Estatuto de Autonomía fue
aprobado el mismo día que el vasco y con la misma abstención.
*Galicia: a pesar de su condición de nacionalidad histórica, Galicia, que refrendó su estatuto
a finales de 1980, no consiguió movilizar más que al 25% de sus electores en el referéndum.
*Andalucía: el 28 de febrero de 1980, UCD sufrió un duro revés, al quedar bloqueado el
referéndum de Autonomía de Andalucía. La desautorización del Gobierno fue tan grande que
se vio obligado a rectificar y aceptar la vía del artículo 151 para la aprobación de la autonomía
andaluza.
*Sentimiento autonomista: como el sentimiento autonomista se reducía a tres regiones, los
políticos se esforzaron en impulsar una conciencia regional que sirviera de fundamento a la
extensión del régimen autonómico. Los líderes de los partidos políticos ahondaron en la
historia particular de cada comunidad en busca de raíces y argumentos que legitimasen las
pretendidas aspiraciones de autogobierno de las regiones. Hostigada por la oposición, UCD
anunció que daría salida a todos los procesos autonómicos por el artículo 143 de la
Constitución en vez de hacerlo por la vía rápida del 151. La discusión se enquistó también en
la propia UCD, que vio como en su interior se levantaban dos frentes, los partidarios de
restringir las transferencias autonómicas y el de los defensores del "café para todos". A
Suárez tampoco le faltaron las críticas de vascos y catalanes, temerosos de que se pretendiese
utilizar la concesión de autonomía a regiones donde no tenía arraigo la demanda para rebajar
las suyas. Un nuevo Ministerio de Administración Territorial se encargaría a partir de las
elecciones de 1979 de supervisar las transferencias de poder del Estado a las autonomías.
6.3. Otros problemas: crisis económica y terrorismo: a causa de la crisis
económica, la política de pactos se hizo cada vez más necesaria, por lo que, a principios de
1979 los sindicatos firmaron con la patronal un acuerdo marco que pretendía mejorar la
estabilidad social, pero la crisis económica empeoró notablemente las condiciones de vida de
mucha gente con despidos, congelación salarial, inflación elevada, etc..
ETA no aceptaba ni consideraba suficientes los cambios democráticos introducidos por la
Constitución y el Estatuto de Autonomía, y a lo largo de 1979 perpetró gran número de
atentados con 65 muertos. Sectores minoritarios alimentaban la lucha armada en el País
Vasco y daban cobertura a los atentados de ETA, a los que se sumaban los del GRAPO.
También la ultraderecha cometía atentados, como la citada matanza de Atocha, y con un
claro sentido de "ajustes de cuentas", como el asesinato del máximo dirigente de ETA, José
Miguel Beñarán, alias Argala, en su refugio de Francia, cometido por el autodenominado
Batallón Vasco Español en 1978. Loa aparatos policiales del Estado franquista se mantenían
sin ser sometidos a ninguna reforma y controlados por los mismos dirigentes del pasado.
A comienzos de 1981, los rumores sobre insoportables presiones militares para destituir a
Suárez adquirieron gran intensidad, mientras en los cuarteles se le acusaba de romper España
con su política autonómica y de no atajar el terrorismo, ya que durante el año anterior ETA
había asesinado a 96 personas, muchas de ellas miembros de las fuerzas de orden público.
LA TRANSICION (1975-1982)
6.4. Las disensiones en UCD: la dimisión de Suárez: sin mayoría parlamentaria y
con los principales ayuntamientos en manos de la izquierda, los Gobiernos de UCD tuvieron
que afrontar no solo la reforma del Estado y sus aparatos, sino también el desarrollo de la
Constitución en asuntos tan comprometidos como el divorcio, la enseñanza o el empleo.
A lo largo de 1980, Suárez no había tenido más remedio que cambiar tres veces su Gobierno
para intentar aplacar las desavenencias de los "barones" de su partido. El hombre que había
demostrado dotes excepcionales para la negociación con los opositores parecía naufragar
como líder de su partido. En mayo, la estrategia socialista de acoso a UCD, erosionaba
gravemente la imagen de Suárez en la opinión pública. Después del verano, el proyecto del
Gobierno de legalizar el divorcio reavivó la crisis de UCD, donde el sector democristiano se
oponía frontalmente al socialdemócrata para impedir su aprobación y reorientar en su
provecho el partido.
Cansado de las tensiones internas, distanciado de la patronal y también de la Iglesia, el 29 de
enero de 1981 Adolfo Suárez hacía pública su renuncia a la presidencia del Gobierno a través
de la televisión: "Mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia y yo no
quiero que el sistema democrático de convivencia sea una vez más un paréntesis en la
historia de España", dijo como queriendo dar a entender que la democracia podía estar en
peligro.
6.5. El Gobierno de Calvo Sotelo y el 23-F: para evitar el riesgo de un vacío de
poder, el comité ejecutivo de UCD nombró candidato a Leopoldo Calvo Sotelo, ministro en
todos los gabinetes de Suárez, inteligente y culto, pero sin el magnetismo personal de Suárez.
En una situación de provisionalidad del Gobierno se iban a hacer realidad los presentimientos
de los españoles, temerosos de un golpe militar.
*EL golpe de Estado: el 23 de febrero de 1981, la pesadilla se cumplía. El intento de Golpe
de Estado se hacía realidad al producirse la ocupación del Congreso de Diputados por un
destacamento de guardias civiles, a las órdenes del teniente coronel Tejero, y con la toma de
Valencia por los tanques del capitán general Milans del Bosch. Con el Gobierno secuestrado
en el Congreso, se produjeron momentos de desconcierto y vacío de poder. La posición de la
Corona aparecía como decisiva, pero el rey no se dirigió al país hasta la 01.14 de la
madrugada, después de mantener conversaciones con los jefes militares, mediante una breve
intervención en televisión en la que desautorizaba rotundamente la intentona golpista. Tras
el fracaso del golpe, se produjeron en España multitudinarias manifestaciones populares
unitarias en las que varios millones de ciudadanos respaldaron cívicamente la democracia.
*La "armonización" autonómica: en los meses siguientes, bajo la presidencia de Calvo
Sotelo, la política del Gobierno estuvo marcada por los efectos del 23-F, sobre todo en la
cuestión autonómica y en la lucha antiterrorista. Con el telón de fondo de la investigación de la
trama conspirativa y el castigo a los militares golpistas, los Gabinetes de Calvo Sotelo
procuraron recuperar la normalidad democrática. A la vista de las tensiones que originaban las
transferencias estatutarias, UCD y PSOE pactaron con un sentido restrictivo, el desarrollo
autonómico, lo que irritó a nacionalistas vascos y catalanes. Después de una áspera batalla
parlamentaria, las Cortes aprobaron en junio de 1982 la Ley Orgánica de Armonización del
Proceso Autonómico, que fue recurrida por los nacionalistas y rectificada en parte por el
Tribunal Constitucional.
*El desgaste del Gobierno y la crisis de UCD: el descrédito perseguía la Gobierno, que en
mayo de 1981 vio como los hospitales se llenaban de pacientes con unos síntomas hasta
entonces desconocidos. El "síndrome tóxico", como fue bautizado, causaría al menos mil
muertos y los supervivientes arrastrarían en sus cuerpos las dolorosas secuelas de la ingestión
de aceite de colza adulterado. el Gobierno, también, tuvo que afrontar su responsabilidad en
la muerte de tres jóvenes en Almería, tras ser detenidos por la Guardia Civil al confundirlos
con miembros de ETA.
LA TRANSICION (1975-1982)
En plena batalla por el control ideológico de UCD, el Congreso aprobó la Ley de Divorcio, que
sacó adelante el socialdemócrata Fernández Ordoñez, provocando la indisciplina
parlamentaria de los democristianos de UCD y la indignación de la jerarquía de la Iglesia.
Cada vez que Calvo Sotelo definía el programa del partido, orientándolo hacia la derecha o la
izquierda, invariablemente ocasionaba fisura en la otra camarilla. Así, UCD, perdió en un año la
tercera parte de sus diputados y dio paso a cuatro formaciones distintas. Hasta Suárez, su
fundador, la abandonó y creó el Centro Democrático y Social (CDS).
En medio de esta desbandada de diputados y a pesar de la oposición de la izquierda, Calvo
Sotelo consiguió el ingreso de España en la OTAN, perfilando una nueva política exterior de
mayor proyección en el mundo occidental, a pesar de que Suárez no había escatimado sus
gestos de simpatía hacia los países no alineados y el tercer mundo. La decisión de entrar en la
OTAN aumentó la impopularidad del Gobierno y Calvo Sotelo cansado de la escisiones de su
partido decidió no agotar la legislatura y adelantó las elecciones a octubre de 1982.
7.- Los cambios sociales y culturales. La integración en Europa.
7.1.- Transformaciones sociales y culturales.
*Una sociedad urbana: con los nuevos aires de la Transición se consolidaron las
transformaciones sociales en España. Los ciudadanos redoblaron su atracción sobre las masas
campesinas, impulsando una aceleración en los cambios de actitud de los españoles; pero
también originaron nuevos problemas relacionados con la delincuencia y el paro. Fue en los
años de la Transición cuando la opinión pública empezó a hablar y preocuparse por la
seguridad ciudadana.
*La modernidad social: el mundo laboral también acusó el cambio. La llegada de mujeres a
las profesiones liberales o a cargos directivos manifestaba el alcance de la transformación.
El vuelco de la sociedad resultaba aún más espectacular por lo que respecta a la pérdida de los
valores tradicionales y la incorporación de nuevos modos de vida, bien distintos de los
pregonados por el nacionalcatolicismo. Bastaron unos pocos años para que el franquismo,
como cultura autoritaria, se disolviera en la vorágine del cambio. En un clima de olvido de las
experiencias políticas sufridas recientemente, se abrió camino en España un inusual espíritu de
tolerancia respecto a actitudes y opiniones.
La secularización: quedaban muchos rasgos de un pueblo de tradiciones y costumbres
católicas; perduraban abundantes símbolos religiosos. Sin embargo, la Iglesia estaba perdiendo
de un ,modo acelerado su antigua influencia en la vida pública y privada de los españoles. La
discrepancia de los católicos con respecto a la doctrina de la Iglesia en cuestiones de moral
sexual y familiar crecía día a día, mientras que la escasez del clero no contenía la caída de la
práctica religiosa. En 1990 solo el 27% de los españoles se consideraban católicos practicantes.
*Los cambios culturales y educativos: el sexo dejó de ser tabú, y la tentación de describirlo
o comercializarlo fomentó la exhibición generosa de la pornografía en las publicaciones
periódicas, en el teatro o el cine, una vez suprimida la censura de espectáculos en 1977.Esta
situación anormal de explotación del sexo no duró más allá de tres años.
A partir de 1975 se pudo comprobar cómo la evolución de una sociedad hacia formas
democráticas de convivencia exigía no solo un cambio en la práctica política, sino también una
verdadera revolución cultural que repercutiese positivamente en la inmensa mayoría.
Gracias al progreso educativo y a los medios de comunicación de masa, la inquietud intelectual
ganó terreno, al tiempo que el Estado intensificaba su acción al servicio de la difusión social de
la cultura y así nacía en 1977, el Ministerio de Cultura, con el propósito de procurar
financiación estatal a empresas culturales. A pesar de las suspicacias que suscitó su puesta en
marcha, el nuevo ministerio consiguió enseguida renovar el clima cultural del país. En 1981 se
conseguía un gran triunfo popular al recuperar el Guernica de Picasso, cumpliendo la voluntad
del pintor de que regresara a España cuando se restaurase la democracia. Como espaldarazo
internacional a la cultura , se concedió el Premio Nobel de Literatura, en 1977, al poeta Vicente
Aleixandre.
LA TRANSICION (1975-1982)
*Los medios de comunicación: el contraste de ideas de las sociedades democráticas tuvo
su reflejo inmediato en los medios de comunicación, cuyo horizonte informativo y cultural se
amplió de forma notable. Fue una época de gran protagonismo político e influencia social de
la prensa que, en plena euforia por la recuperación de las libertades aumentó sus tiradas y se
diversificó en nuevos proyectos. Ninguno fue tan exitoso como El País que desde su
nacimiento se hizo lectura imprescindible para los interesados en la evolución política. Su
factura moderna en el mundo periodístico y sus editoriales, sirvieron a muchos españoles para
entender los conceptos y entresijos de la democracia.
*La pluralidad de culturas: la nueva idea de España se fundamentó en el reconocimiento de
su pluralidad. Numerosas iniciativas se orientaron entonces al resurgimiento de las culturas
locales, de las regiones y nacionalidades, multiplicándose las ediciones de libros en catalán,
euskera y gallego. Se empezó a corregir el grave desequilibrio geográfico de los recursos
culturales de España, concentrados casi exclusivamente en Madrid y Barcelona, mediante la
construcción de auditorios y museos y la organización de festivales en distintas provincias.
Desde la recuperación de la democracia, España aparecía en el itinerario cultural del mundo,
mientras se iba desvaneciendo aquella imagen de país exótico, de toreo y pandereta.
7.2.- La adhesión a la CEE: la muerte de Franco abrió las puertas al proceso de
integración en Europa. Suárez presentó una nueva solicitud de adhesión en junio de 1977. El
consejo de Ministros europeo manifestó su acuerdo y, unos mese más tarde la comisión
aprobó un dictamen favorable a la candidatura española.
*Las negociaciones: se abrieron oficialmente en febrero de 1979. En los años de la
Transición, las negociaciones avanzarían, a pesar de que habían sufrido graves dificultades
relacionadas con la política agraria común (PAC). Los problemas de la agricultura se
planteaban en dos áreas: el daño que podían recibir en sus rentas los agricultores franceses e
italianos ante la competencia de los nuevos países solicitantes (España, Portugal y Grecia) y ,
en segundo lugar las reticencias británicas a seguir subvencionando con los presupuestos de la
Comunidad la protección de la agricultura europea. Por otra parte, la incorporación de estos
países comportaría elevados gastos de los fondos estructurales hacia las numerosas regiones
desfavorecidas del arco mediterráneo.
*El apoyo de Europa a la democracia española: a pesar de todo, la voluntad de Francia y
de Alemania facilitó los progresos en el proceso de integración. La CEE se pronunció
rotundamente en apoyo de la democracia española en el intento de golpe de Estado de 1981,
mediante una declaración del Parlamento Europeo que condenaba "la tentativa de golpe de
Estado que pretendía una interrupción del proceso democrático en España y cuyo éxito
habría tenido consecuencias nefastas no solo para dicho país, sino para el conjunto del
proceso de unificación democrática de Europa.
En 1981, Grecia había conseguido la adhesión a la CEE. Un año después, el movimiento
europeo concedía al rey Juan Carlos I el premio Carlomagno con lo que se establecía un
reconocimiento simbólico del esfuerzo de España por salir de su aislamiento y buscar la
modernización a través de la integración en Europa.
Por fin, por acurdo del 12 de junio de 1985, España ingresó junto a Portugal en las
comunidades europeas, incorporándose como miembros de pleno derecho en 1986.