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Elecciones en Venezuela:

testimonio de parte
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23. 05. 2018
Por:
Carlos Bedoya

Llegué a Caracas la noche del 18 de mayo invitado por la cancillería venezolana para ser parte
de la misión de acompañamiento internacional de las elecciones presidenciales en ese país.
Fuimos más de 200 personas procedentes de organizaciones sociales, políticas, de la sociedad
civil y expertos de institutos electorales de todo el mundo que vimos in situ el desarrollo de los
comicios del 20 de mayo en los que Nicolás Maduro (PSUV) disputó su reelección con otros
tres candidatos: Henri Falcón (Copei), Javier Bertucci (El Cambio) y Reinaldo Quijada
(UPP89).

En medio de una coyuntura muy polarizada y una alta desconfianza de la opinión pública
internacional incentivada en gran medida por la persistente manera de informar de los medios
de comunicación opositores del gobierno venezolano, tuve la oportunidad de conocer en detalle
el mecanismo de voto electrónico que implementa el Consejo Nacional Electoral (CNE).
Mi impresión luego de recorrer durante toda la mañana del sábado 19 de mayo, el Centro
Nacional de Producción de Logística del CNE ubicado en el Estado de Miranda, fue el de un
sistema electoral eficiente y transparente. Los técnicos a cargo nos mostraron cada paso que
toma la preparación de las máquinas usadas para que la gente vote hasta su envío a todo el país
por aire, mar y tierra. Ese proceso pre electoral incluye una auditoría donde participan los
técnicos del CNE, los representantes de todos partidos políticos en contienda, y auditores
externos. También hay auditorías post electorales, tanto en el lugar de votación, como al nivel
del funcionamiento general en varias fases.

Esa forma de votar, que en su momento fue calificada por el expresidente estadunidense Jimmy
Carter como la mejor del mundo (2012), ha cumplido veinte años en Venezuela. En el CNE,
que ya tiene un pequeño museo al respecto, pude ver cómo ha avanzado la tecnología de las
máquinas usadas desde 1998, y cómo ahora incluso las fabrican. Los modelos usados en este
lapso van desde el vetusto y aparatoso MV 3300, hasta el actual y mucho más práctico MV
4300. Son aproximadamente 47 mil de estos aparatos los que se usaron el domingo último a fin
de garantizar el derecho al sufragio de los más de 20 millones de electores que hay en
Venezuela.

Esa tecnología permite, que a diferencia de otros países como el Perú, los resultados en
tendencia irreversible se conozcan la misma noche de la votación, lo que reduce la percepción
de manipulación electoral. Es así que a las 9pm del 20 de mayo el CNE dio sus resultados al
92.54% donde ya se apreciaba una ventaja de más de 4 millones de votos a favor de Maduro
sobre Falcón.

Al día siguiente y casi al 100% escrutado, Maduro alcanzaba los 6 millones 205 mil 875 votos,
mientras que Falcón se ubicaba segundo muy por debajo con 1 millón 920 mil 597 votos. Una
victoria holgada que se desarrolló en un clima de paz, que aprecié al recorrer desde las 5am del
día de la elección hasta el cierre, diversos centros de votación en la ciudad capital y en los
Estados vecinos de Vargas y Miranda. Asimismo, al revisar los diarios, seguir las redes sociales
y ver los reportes televisivos al final de la jornada confirmé que los incidentes fueron menores.

La diferencia entre el primer y segundo lugar es tan grande que las pocas irregularidades
denunciadas no son sustantivas. Hubo casos notificados de incumplimiento del acuerdo entre
los candidatos de no ubicar sus “puntos” partidarios a menos de 200 metros de los centros de
votación. A diferencia del Perú, en países como Venezuela o Costa Rica, los partidos políticos
en contienda pueden tener más visibilidad el día de la elección. De hecho en el 2013 la
candidatura de Henrique Capriles desplegó una serie de puntos “amarillos” donde tomaba nota
de las votaciones de sus militantes.

En la elección del domingo, no tuve ocasión de ver ningún punto de la candidatura de Falcón,
pero sí observé varios de los llamados puntos tricolor o puntos “rojos” del PSUV de Maduro,
aunque cumpliendo la lejanía pactada. Sin embargo, según informó el vocero de la campaña
chavista, al recibir noticias de los casos irregulares, procedieron a corregirlos. Igual pasó con la
denuncia del voto asistido. Tomé nota por los medios de comunicación de una persona que fue
detenida en el Estado de Zulia por haber “ayudado” a varios electores a votar.

Nuevamente, nada relevante como para considerar fraudulenta una victoria con diferencia de
más de 40 puntos porcentuales: Maduro (67.79%) versus Falcón (20.98%). Ni que decir de
Bertucci que terminó con 10.83% de votos válidos, ni menos Quijada con 0.39%. Salvo la
oposición que llamó a no votar y cuya mayoría de dirigentes hace política fuera de Venezuela,
nadie ha señalado fraude.

Sin embargo, en un acto que algunos analistas calificaron como error, Henri Falcón desconoció
el proceso electoral aduciendo irregularidades y ventajismo. En realidad Maduro se enfrentó
más que a Falcón, a los partidos de la oposición más radical de la derecha venezolana que
llamaron a no votar a fin de buscar la ilegitimidad del proceso electoral.

En ese escenario, los casi 2 millones de votos de Falcón lo proyectaban como el líder político
de oposición de mayor importancia y potencia que cualquiera de los abstencionistas de la Mesa
de Unidad Democrática (MUD) que no lo apoyaron, y al final fueron derrotados. Eso es lo que
Falcón no habría calculado al pedir nuevas elecciones, por cierto, algo descabellado con una
diferencia de cuatro millones de votos.

En este punto, es necesario mencionar que el 48% del padrón electoral de Venezuela fue a
votar. Algo así como 9 millones de 20. Tomando en cuenta que el voto es voluntario en ese país
y que hubo una gran campaña promoviendo la abstención, además del paro de transportistas
privados durante el día de la votación en todo el país, estamos ante un porcentaje de
participación bastante considerable.
Como sea, usando ese criterio de participación electoral (votación/padrón), Maduro se ha
reelegido con el 31.7% del total de electores hábiles en el padrón. Y eso ha querido ser usado
por la candidatura de Falcón y otros sectores de la derecha venezolana, continental y europea
para deslegitimar los resultados, pese a que nunca se cuestionó a Donald Trump que se eligió
en Estados Unidos con el 27.3% (2016), Juan Manuel Santos que se reeligió en Colombia con
el 23.7% (2014), o Sebastián Piñera que se eligió en Chile con el 26.5% (2017), usando el
mismo criterio de votación sobre el padrón total.

Un doble rasero que no tiene base en argumentos técnico-legales, ni político-institucionales,


sino en una guerra total (económica, política, simbólica, etc.) contra el modelo venezolano. Y
desde esa perspectiva podremos entender las posturas y sanciones del mal llamado Grupo de
Lima (debería llamarse Grupo de Washington), Estados Unidos y la Unión Europea, que de
cualquier modo quieren a Maduro fuera del gobierno, y no iban a reconocer su reelección así
haya sido más holgada o hubiera votado el 100% del padrón electoral venezolano.

Finalmente, ¿por qué ganó Maduro tan abultadamente en un escenario tan crítico?

Lo primero a decir es que el chavismo ha blindado a los sectores populares contra los efectos de
la ofensiva económica y financiera de las élites del poder económico internas, de Estados
Unidos y sus aliados trasnacionales y gubernamentales. Basta decir que en las semanas previas
a la elección el tipo de cambio paralelo subió en 400% debido a la especulación. Entonces, por
medio de distintos instrumentos de protección social: los denominados CLAP, bonos, aumentos
salariales, etc. el gobierno desarrolló una estrategia de sobrevivencia en un escenario de guerra.

Sin embargo, al margen de la inclusión social y política de sectores que no participaron del
reparto de la renta petrolera ni de las decisiones antes de la llegada de Chávez (1998), y que
conforman un pueblo de apoyo a Maduro en la actualidad; la división de la oposición y la falta
de una oferta más atractiva que dolarizar la economía y entregarse al FMI, cortando las
misiones y abrazando la austeridad, es un factor clave que hace bastante difícil competir
electoralmente con eficacia frente al chavismo.

Lo peligroso sigue siendo que eso se venda internacionalmente como autoritarismo y la


consecuencia, como vimos el 2017, sea otra asonada violentista. Esperemos que no sea así y
que prime la paz y el diálogo en ese hermoso pero complejo país.