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La forma del agua y de la discriminación.

Ficha técnica:
Dirección: Guillermo del Toro
Dirección artística: Nigel Churcher
Producción: J. Miles Dale y Guillermo
del Toro
Diseño de producción: Paul D.
Austerberry
Guion: Vanessa Taylor y Guillermo del
Toro
Música: Alexandre Desplat
Sonido: Nelson Ferreira y Nathan
Robitaille
Fotografía: Dan Laustsen
Montaje: Sidney Wolinsky
Vestuario: Luis Sequeira
Efectos especiales: Dennis Berardi,
Trey Harrell, P. Kevin Scott
Protagonistas: Sally Hawkins, Michael
Shannon, Doug Jones

Sacado de: https://www.imdb.com/title/tt5580390/fullcredits

Sinopsis:

Elisa es una joven muda que se enamora de un hombre anfibio


que está recluido en un acuario en un laboratorio secreto,
propiedad del Gobierno, en el que ella trabaja limpiando.
Llevada por el amor, Elisa trama un plan para liberar al
mutante.

Sacado de: https://es.wikipedia.org/wiki/La_forma_del_agua


Corría el año 2018 cuando Guillermo Del Toro después de
alzarse con el Oscar de mejor director por la película Shape
of water, decía en su discurso: “…lo mejor que hace nuestro
arte e industria es borrar las líneas en la arena. Deberíamos
continuar haciendo eso. Cuando el mundo nos dice que las
hagamos más profundas.” Hasta ahí estas palabras podrían
significar cualquier cosa. Sin embargo, al ver su obra
entendí que estas palabras tenían un sentido ligado a la
película.

El argumento de la forma del Agua se basa en un género


clásico de romance y fantasía, como cualquier película de
Disney o mejor los hermanos Grimm con algo de mitología
clásica; donde una mujer muda se enamora de un hombre
anfibio, (que nada tiene que envidiarle al hombre caimán)
confinado en un laboratorio del gobierno, este enamoramiento
la lleva a tratar de sacarlo de su cautiverio. ¿En qué
sentido las palabras de Del Toro se conjugan con la trama de
la forma del agua? Su mensaje en la ceremonia va ligado al
tema de la migración, un subtexto presente en la película
cuando nos dan la información que el hombre anfibio viene del
Amazonas y que fue sacado de su lugar de origen para que los
norteamericanos en su guerra armamentista con la URSS
pudiesen tomar ventaja al experimentar con él. No obstante,
los métodos que usan con la criatura rozan con la crueldad, y
es que a través del tiempo se instauró un discurso muy
americano de que todo lo externo, lo que viene de afuera y es
diferente a ellos es malo; ya sean extraterrestres,
terroristas, inmigrantes, monstruos, etc. Una idea muy
conservadora y que justo por esa época (2017) estaba muy
fuerte con la llegada de Donald Trump a la presidencia de
Estados Unidos.

Es decir, que esta película más allá del amor y el romance,


pone implícitamente una crítica a la política conservadora y
cultura americana. Caricaturizada en el Coronel Richard
Strickland, que está adornado por clichés en sus diálogos y
en su arquetipo de militar, con la familia perfecta pero que
no es tan perfecta, con delirios de grandeza, discriminador,
infame y nacionalista. Con este personaje el espectro
discriminador se expande ya que vulnera no solo al monstruo
inocente y desprotegido, que aparte no puede comunicarse
mediante el lenguaje oral, como le pasaría a cualquier
inmigrante de Sudamérica que no domina el inglés. Sino a los
marginados como lo son Elisa una mujer muda, el científico
Soviético con el que demuestra xenofobia, los negros
representados por Zelda, la entrañable amiga de Elisa, en el
que se dibuja el racismo y nos deja también entrever
vestigios sobre un esclavismo que durante el tiempo diegético
de la película parece existir, quizá no muy visible pero si
se siente presente.

Esos arquetipos hacen parte de una misma población segregada


por los americanos “de bien” que se encargaron de exiliarlos
en barrios de tolerancia. Claro, no como el Bronx de Bogotá,
todo en su justa medida. Todo ello queda ejemplificado en
muchos a partes de la obra que parece no estar muy distante
al contexto actual.

Afortunadamente las clases sociales bajas de la que hacen


parte los marginados que enmarqué anteriormente, se
convierten en la mancuerna del inmigrante para terminar
uniéndose y sublevándose a la tiranía del americano racista,
fascista, homofóbico y conservador. Es así que el científico
busca salvar la vida del hombre anfibio ya que sin un
ecosistema sano puede morir, Zelda es el aliado de Elisa para
buscar el escape del laboratorio y Giles el amigo gay quien
termina uniéndose a la causa del monstruo. Guillermo Del Toro
irónicamente usa estos personajes para demostrar que la
arrogancia americana no puede controlar nada cuando los
oprimidos, que son más, se unen.

Elisa es el arquetipo de los que no tienen voz ni voto, para


los americanos, y el hecho de ser muda deja en evidencia que
ante el sistema no se pueden levantar porque sería como el
sonido que emite un mudo cuando se comunica. Por eso es
trascendental el uso del lenguaje de señas en la película,
que más que un método de comunicación en sí, tiene un
significado más simbólico porque así como no nos entendemos
mediante la palabra las señas nos permiten unirnos, es por
ello que solo las personas satanizadas por los americanos son
las únicas que pueden comunicarse o entender las señas de
Elisa. Como si ante los ojos del poder fuesen invisibles por
su misma pequeñez, y de hecho Strickland descarta la idea de
que la “servidumbre” esté involucrada. De esta forma queda en
evidencia ese sentir americano con las minorías a las que
subestima pero que siempre logran desestabilizar el sistema.
Véase: philadelphia (1993), Malcolm X (1992).

¿Y la historia de amor dónde queda?

Si bien sus protagonistas y la trama parecen hilados por el


amor y el romance, todo es un artilugio por parte de los
creadores de la historia para poder contar un problema
político de Norteamérica y que Guillermo Del Toro como
emigrante Mexicano ha podido probar y lo expone bajo el manto
del amor entre una muda y un hombre anfibio y que si
revisamos la conquista o el inicio del romance termina siendo
algo testimonial, con unas secuencias montadas con elipsis:
dos seres discapacitados por su habla se conectan a través de
la música, Elisa le lleva huevos a la criatura, tienen
contacto físico; haciendo que se acelere el proceso de
“enamoramiento” pero que también termina por restarle
importancia, porque la película es adornada con mini tramas
de cada uno de los personajes que escenifica un discurso que
critica al americano.

Pero ¿y si este solo fue un artificio por parte de Guillermo


del Toro para ganarse un Oscar? porque si algo es cierto y es
que en Hollywood premian todo lo políticamente correcto, una
academia construida por Judíos, donde se recompensa los
tópicos en los cuales hay identificación por parte de esa
estirpe por ejemplo: segregación y racismo, que los podemos
encontrar dentro de la forma del agua; y no solo eso, también
se tiene en cuenta la diversidad étnica, una protagonista con
una discapacidad y mujer, dato de vital importancia en época
del empoderamiento femenino y finalmente un antagonista
“Trumpetezco”. Todos estos indicios nos hacen pensar que sí,
que es una suerte de lambonería por parte del director para
alcanzar ese reconocimiento de la academia, pero el hecho
mismo que como latinoamericanos y sobre todo él como Mexicano
quiera exponer ese actuar americano me hace creer que también
es un jalón de orejas a ese gobierno naciente, por esa época,
del cual no podemos ignorar sus ansias de construir un muro
que divida un territorio que usurparon de los nativos años
atrás y que además construya un discurso como américa para
américa donde la mitad de la población es inmigrante. Es
odioso pensar que este tema: la lucha contra la
discriminación, sea por de bajeado por el preconcepto de
hacer las cosas políticamente correctas sin tener en cuenta
el contexto histórico en el que la película sale a la gran
pantalla y también haciendo caso omiso a la visión que como
artista emigrante Guillermo Del Toro quiere poner a la
palestra.

En el apartado de técnico y de cinematografía la película es


una obra de arte frame a frame, cada plano es construido
minuciosamente, desde una fotografía impecable hecha por Dan
Laustsen donde las sombras juegan un papel fundamental ya que
les da un tono tenebroso de película de terror pero que se
mezcla con una paleta de color vívida construida a partir del
azul turquesa que viaja hasta el verde, dotando el look del
filme con una ambivalencia, por un lado la pureza que refleja
a Elisa y por el otro lado ese verde enfermizo y de sci-fi
que representa a la criatura, creando una armonía que le da
una belleza a la película, porque parece que los colores
realzaran su belleza por la luz que adorna las estancias y
las sombras que marcan contraste.

Otro punto a favor es la banda sonora por Alexandre Desplat


que nos transporta a una época mitológica mediante un score
compuesto por Jazz y ritmos clásicos además de ello despierta
un sentimiento de romanticismo, melancolía y misterio. Pero
en este relato la música se convierte en el canal del
lenguaje ya que explora la comunicación de dos seres
separados por su incapacidad de articular palabras y que con
el score parece que dotara de voz a estos seres y de esta
forma explicar el nacimiento del amor.
Para terminar de conjugar un despliegue técnico y artístico
de excelencia, el nivel actoral de Sally Hawkins y Doug Jones
es el ingrediente secreto para crear un instante clásico, con
todas las imposibilidades que acarrean sus personajes logran
comunicar un amor tierno, romántico y creíble a través de su
gestualidad que es el medio donde se sostiene cualquier juego
de comunicación. Otra mención especial y honorifica es al
actor Michael Shannon (el coronel Richard Strickland) quien
tiene una caracterización ruda y cínica que le da una fuerza
aun personaje que está en esa delgada línea de caer en la
caricatura pero que queda bien parado por una interpretación
sólida y fría en la cual el espectador logra generar
desprecio desde sus primeros minutos en pantalla.

Finalmente, las palabras de Del Toro parecieron no quedar en


el aire puesto que iba de la mano con la película, pero
acercando la historia a nuestro contexto actual, el
colombiano, en que inmigrantes venezolanos empiezan abundar
por nuestras calles pienso que cuando tenemos un estatus de
poder adoptamos la postura Americana que vimos en la
película. De golpe lo externo empezó a vulnerarnos, una
mentalidad conservadora y segregadora emergió desde dentro,
como si años de ser vilipendiados en otros países por ser
“colombianos” nos haya dejado una huella que queremos fundir
sobre las personas de un país diferente al nuestro con cosas
como: “venecos”, “venecas”. Esto marca un claro contrapunto
con lo que Guillermo quería comunicar y es que cuando los más
desfavorecidos se unen se pueden hacer cosas, incluso hay un
dialogo que deja reflejada esta idea: “If we do nothing,
neither are we” cuando Elisa consulta la idea con su amigo
para sacar el anfibio del laboratorio. Si nosotros como
pueblos hermanos y subdesarrollados no nos organizamos entre
nosotros, las grandes potencias siempre van a terminar
imperando en nuestras decisiones y en el orden mundial. Sin
embargo, esa mentalidad Americana termina generando un ciclo
interminable de segregación. Entonces al final podemos
discernir que no son los americanos los dueños de ese
pensamiento de límites y fronteras. Sino que nuestra propia
construcción como individuo de una población hace que
actuemos de esa forma.

La pregunta sería ¿Hay alguna forma de superar este actuar?


Yo creo que la misma película nos muestra que sí, pero
tendríamos que tener un nivel de empatía con el “otro” muy
alto, incluso me atrevería a decir que solo con la
experiencia del sufrimiento del otro podríamos entendernos y
crecer, porque en la forma del agua, los personajes no actúan
por simple pesar, sino por el reconocimiento, el verse
reflejado en su mismo par. Todos son seres que la sociedad ha
discriminado de alguna forma y verse identificado con el
dolor del hombre anfibio hace que actúen por un mismo fin,
pero llevándolo a Elisa concretamente, existe un
reconocimiento más profundo y desde allí se construye una
relación afectiva, al ser dos seres que no pueden hablar el
vínculo se establece y el enamoramiento se finiquita con la
sensibilidad que tienen para percibir la música, pero el
detalle más contundente e intrigante de la historia es que
Elisa tiene en su cuello unas cicatrices, que al final de la
película se convierten en branquias para respirar debajo del
agua junto con su amante anfibio, dejando en el aire la idea
de que era una sirena y por eso tenía sueños vinculados con
el agua y existió este enamoramiento, por ende hizo todo lo
que hizo porque era un ser fantástico igual que aquel
monstruo. Entonces trayéndolo a la vida real, solo siendo
conscientes de nuestro dolor podremos entender el dolor de
los demás y de esta forma evolucionar en nuestro actuar y
borrar esos límites de desigualdad, las fronteras y
reconocernos como iguales. Aunque al final esto termine
siendo palabrería utópica Guillermo lo lleva a la pantalla y
nos marca un camino.

La película tiene un buen ritmo y cada toma parece un cuadro


dibujado, pero no está exenta de clichés e incluso de
alegatos de plagio, sobre todo porque Del Toro toma varios
relatos de culturas y los convierte en un solo significado,
no es fortuito que la criatura tenga un parecido al monstruo
de: Creature from the Black Lagoon (1954). Parte de esto su
argumento parece ser soso como un cuento para niños pero Del
Toro logra darle un carácter de realidad que nos hace
sumergirnos en la forma del agua para mostrarnos en su
profundidad un mensaje político en contra de la segregación y
la discriminación. Y que nos revela que hay algo más
importante que un pasaporte y es el hecho de ser humano, a
pesar de que el “monstruo” sea un hombre anfibio no deja de
comportarse como un humano con sentimientos y empatía, cosa
que el mismo tipo de americano al que se denuncia en esta
cinta no presenta. Y que a pesar de ser discriminados por
cómo nos vemos, nos vestimos, hablamos; dentro de ese mal
entendido hay una luz al final del camino que nos conecta
como seres vivos y que bajo esa igualdad no deberíamos ser
emigrante o inmigrante sino ciudadanos de un mismo mundo o
universo.
Reconocimientos / Premios:

2017: 4 Premios Oscar: Mejor película, director, música y


diseño de prod. 13 nom.

2017: Festival de Venecia: León de Oro (Mejor película)

2017: Globos de Oro: Mejor director y banda sonora original.


7 nominaciones

2017: Premios BAFTA: 3 premios, incluyendo Mejor director. 12


nominaciones

2017: American Film Institute (AFI): Top 10 - Mejores


películas del año

2017: Critics Choice Awards: Mejor película, director, dir.


Artística y banda sonora

2017: Asociación de Críticos de Los Angeles: Mejor director,


actriz (Hawkins) y fotografía

2017: Asociación de Críticos de Chicago: 7 nominaciones


incluyendo mejor película

2017: Satellite Awards: Mejor actriz (Sally Hawkins). 10


nominaciones

2017: Sindicato de Productores (PGA): Mejor película

2017: Sindicato de Directores (DGA): Mejor director/película

2017: Sindicato de Guionistas (WGA): Nominada a Mejor guión


original

2017: Sindicato de Actores (SAG): Nom. Mejor actriz (Hawkins)


y actor sec. (Jenkins)

(Sacado de: https://www.filmaffinity.com/co/film383204.html?platform=hootsuite)


Una película altamente recomendada por su deleite visual y
sonoro, actuaciones memorables y con una trama fantástica
pero real.

Calificación: 4.5/5

Oscar Lasprilla

Cineasta – Guionista, Critico por convicción.

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