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DE LA POES[A COMO PENSAMIENTO Leonarpo Garcia PABON Untversity OF OREGON Pues un gran escritor debe ser un poeta - pensador, de verdad un poeta y un poeta muy reflexivo. Jacques DERRIDA En 1990, en la Universidad de California, en Irvine, Héléne Cixous, en. una serie de conferencias sobre la practica de la escritura, reflexionaba so- bre autores afines a su sensibilidad, como Kafka, Clarice Lispector, Marina Tavetaeva y Jean Genet, y disefiaba su pottica de la escritura como un apren- dizaje, una exploracién y un gozo conseguido no sin esfuerzos y sacrifi- cios. La escritora francesa mencionaba tres elementos esenciales y vitales, inseparables de su propia escritura: los muertos, los suefios y las raices. Muer- tos, suefios y raices: formas interiores, facetas del alma que nos constituyen a todos y cada uno de nosotros. La importancia de lo dicho por Cixous es, precisamente, el ecordarnos la importancia y la necesidad de volver anuestra interioridad, a las formas mas basicas de lo que somos y queremos. Invi- tarnos a recorrer intensamente nuestros mundos interiores, sean estos es- pirituales, sociales, corporales o lingiifsticos. Ciertamente, lo que Cixous dice no es nuevo. Ha sido una constante de poetas y poemas recordarnos que no podemos avanzar o vivir plenamente sin tener presentes estas necesarias vueltas a uno mismo, a lo que uno es 0 no es, a nuestros origenes, a nuestras raices, a nuestros deseos confesables 0 no, a los muertos que llevamos como tumbas, a las voces de los seres “44 Leonardo Garcia Pabon amados que nos hablan constantemente. Pero esto no obvia la pertinencia de las reflexiones de Cixous, no sélo por lo hermoso de su contenido, sino también por la necesidad de recordar una vez mas —sobre todo ahora que el olvido de nosotros mismos nos amenaza por doguier— que hablar de nosotros mismos con nosotros mismos es necesario. Ahora més que nunca, explorarnos y transformar nuestra subjetividad es una tarea urgente, pues Ja maquinaria de lo social se ha convertido en instrumento de colonizacién de nuestras almas. Eldesaffo para el poeta de nuestra época, de esta postmodernidad don- de las grandes narrativas y sistemas teleolégicos del mundo occidental su- fren una crisis aguda, es, pues, hablar con nosotros de nosotros, sin repetir los clichés, estereotipos y masificaciones que nos bombardean constante- mente. Pues volver a nuestra interioridad no es simple ni facil; es una tarea de profundo trabajo emocional e intelectual. Ese recorzernos es un ejercicio espiritual y de piel, altamente reflexivo, y donde ninguna facultad de nues- tra conciencia ni de nuestros deseos mas intensos puede estar ausente. La escritura que nace de esa introspeccién de nosotros y del mundo que nos rodea es, sin duda, un pensamiento altamente elaborado y profundamente sensible, Escritura que, en verso 0 en prosa, es poesia No creo que haya una préctica significante tan plena de introspeccién critica como la poesia, ni ser con una capacidad notable de reflexién como el poeta, y por eso la poesia tiene un rol privilegiado en esta mirada reconstitutiva de nuestra subjetividad. Contra las imagenes més corrientes del poeta —muchas veces alimentadas por los mismos poetas, que se pre- sentan como seres roménticos, bohemios, sofiadores, iconoclastas, maldi- tos, enfants terribles; en fin, la lista es larga— yo veo al poeta como esencialmente un estudioso del alma, del cuerpo, de la sociedad, de la cul- tura que lo constituyen. Al haber sido relegada la poesia a un género litera- rio menor, en cuanto a su difusién masiva, en comparaci6n, por ejemplo, con la novela, y al haberse formado una concepeién, por cierto ideoldgica, que muestra al poeta como el ser que “canta”, el lirico, el que siente, pero nunca jamés el que piensa, se ha incrustado en nuestra percepcién de lo poético esta falsa idea que divorcia poesia y pensamiento. Para mi, no hay pensamiento més riguroso y novedoso que el pensamiento poético, pensa- miento capaz de abrir puertas al campo, de encontrar salidas alli donde la mayoria de las prdcticas significantes vigentes sélo puede confirmar clau- suras. Pero no se debe confundir ese pensar poético con una racionalizacién 0 una ejemplificacién en poemas de algunas ideas filoséficas. No es un pensa- miento que intente demostrar algo 0 convencer a alguien; y ni es épica, ni De la poesia como pensamiento 45 Ley. Es un pensamiento que se sale de los margenes que toda epistemolologia asigna a las formas del conocimiento. Es una expansion de los limites delo pensable, de lo imaginable, de lo deseable. La poesia es esencialmente ese pensamiento que se opone a todo discurso y busca el sentido como forma fondensada y replegada en la imagen poética, en el intersticio entre lo decible y lo indecibie. Como en ese maravilloso poema visual del suizo-boliviano Eugene Gémringer, en el que sélo la palabra puede nombrar el silencio y s6lo el silencio puede hacer aparecer el lenguaje: é Silencio Silencio Silencio Silencio -—_Silencio Silencio Silencio Silencio Silencio Silencio Silencio Silencio Silencio _ Silencio Silencio Silencio Silencio Silencio _—_ Silencio Silencio Silencio Silencio Silencio _ Silencio En este sentido, la poesia es uno de los intentos més extraordinarios por pensar lo nuevo. Cixous expresa maravillusamente csta idea: Pensar es tratar de pensar lo impensable: pensar lo posible no vale la pena. Pintar es tratar de pintar lo que no se puede pintar, y escribir es escribir lo que no se puede saber antes de haber escrito: es presaber y no sabe, ciegamente, con palabras. Sucede en el punto donde se encuentran la ceguera y la luz. Y si seme preguntara si, en el actual panorama de la poesia en espafiol, de hoy en dia, hay un verdadero esfuerzo por pensar nuestra €poca, YO dirfa que, lamentablemente, no, al menos no en una gran mayoria; a mi entender, hay exceso de palabras y falta de indagacién por el mundo. Y esto no lo digo en desmedro de la calidad de los excelentes poetas que enriquecen nuestra literatura, sino para subrayar las limitaciones de la pro- duccidn de nuestra época. Todavia no hemos meditado bien en la leccién Ge Huidobro, cuando mostraba en Altazor que habiamos llegado a la saturacién de las metéforas, que las descripciones, las celebraciones, los cantos elegiacos sonaban y suenan a decadencia y se unen con la tradicién snds colorialista del mundo occidental. Si Bernardo de Balbuena pudo en su momento elogiar la grandeza mexicana, maravilloso poema del barroco americano, fue porque esa era la dimensién de la mirada occidental en proceso de convertirse en mirada americana, esa era la tinica dimension Epistemoldgica posible; pero esa posibilidad se agots hace siglos y ya no podemos cantar a las grandezas del suelo americano, a la dignidad det Jndio andino, a la sensualidad de la mujer caribefia, a la vitalidad del ne- gr0 0 ala hidalguia de los varones de indias; ya no, pues ese canto repetinis {ina ret6rica literaria y de pensamiento que solo oculta la fuerza y la belle- za més verdaderas de lo que es el ser humano. = 46 Leonardo Garcia Pabon ¥ lo repito una vez més: la tensién de la poesia es Ia de pensar lo impensable. Y nada més impensable que nosotros mismos, que nuestras profundidades del alma y del cuerpo. Y se podria preguntar qué hace a la poesia un instrumento privilegiado de pensamiento. Por una parte, la poesia, mejor que otras practicas significantes, es capaz de producir una complejidad de significados, en un solo cuerpo de lenguaje, equiparable EP ASRS wen Gace, Rrosisamente araue se gone a lo discursivo y se ahonda en si misma, cuando se muestra, brMa de vida y muerte como un cuerpo y un alma vivientes. Por otra parte, porque sélo en la practica poética podemos volver a nuestra interioridad de forma critica y amorosa. Si hay algo maravilloso en la poesia es que, dirigiéndo- se a la intimidad del lector, suscitando un amplio espectro de emociones en nuestras entrafiac copirituales mas profundas, uniéndanas con noso- tros y la vida mds elemental como sdlo lo hemos debido estar en el vien- tre materno, al mismo tiempo nos distancia, nos descoloca, nos invita a atravesar esos espacios interiores para salir a un mundo recién inventa- do. Amor y reflexién que nos llevan por el camino de la reconstitucién de nuestras identidades. Este proceso de pensarnos amorosa y criticamente no puede ser fruc- téfero sin el apoyo del conocimiento de que disponemos en nuestra época y, sobre todo, del que nos han legado otros poetas. Sdlo asi podremos decir con el poeta boliviano Jaime Saenz: “Mi sofioliento cuerpo despier- ta finalmente, y me hallo frente a mis amigos muertos” (Obra pottica). Esos muertos son, para Séenz como para Cixous, los repositories de una riqueza de conocimiento que nos toca a nosotros saber utilizar. Pero no s6lo este saber que nos legan otros poetas, sino todo conocimiento acu- mulado, es valido en la empresa poética. Pero con la misién de sacar a ese conocimiento de sus parémetros de produccién y ponerlos en el mar- co del sistema de la reflexién poética, allf donde saber y ser se unen. zAcaso hay otra manera de pensar que no sea por medio de un riguroso entrena- miento en leer el mundo? Como adquirir la destreza y la mirada analiti- ca si no es por medio del aprendizaje del oficio de lector, de las hermenéuticas de interpretacidn, de la decodificacién de signos sociales y culturales, de la produccién de lecturas? En este sentido, nada mds fal- 50 que creer que existen poetas naifs que sélo viven de la inspiraciény de a naturaleza, que se puede ser poeta puro, creador de una palabra aséptica, esencial y metafisica, sin contaminaciones de otros discursos, sean estos humanistas, sociales, cientificos, 0 producto de los medios de comunicacién de masas. Estos son los poetas més alienados y reproductores de la ideologia mas empobrecedora de nuestra época. Re- De la poesfa como pensamiento 47 cordemos que los mas grandes poetas de nuestra lengua, desde Sor Jua- na a Lezama Lima, de Quevedo a Garcia Lorca, de Andrés Bello a José Emilio Pacheco u Octavio Paz, son también grandes estudiosos y conoce- dores de su época. Toda obra de un gran poeta lleva en si las huellas de sus lecturas, de un conocimiento adquirido en muchos afios de aprendi- zaje. No por nada la poesfa es la secreta aspiracién de la filosofia. Por eso, este pensar poético, esta poesia en pensamiento, es lo mds opuesto al suefio, a la ensofiacién romantica 0 modernista, a las identificaciones acriticas; es una meditacién con los ojos abiertos, bien abiertos, con los oidos llenos del ritmo de las plantes, con la pura piel en contacto con el acero que esgrimen nuestras palabras y versos. Quizas el desafio mayor a la poesia, en este final de siglo y en el inicio del siglo »0«, es no sélo el pensar en profundidad nuestra época, sino cam- biar la forma misma de pensar. Y aqui me atrevo simplemente a sugerir un sendero por el cual la poesia puede indicar cémo pensar de otra manera. Me parece que se debe escuchar el rumor de mujeres, minorfas, etnias, que re- claman espacios para sus discursos. Y este rumor no es slo un reclamo po- litico o de derechos econémicos y sociales, sino de busqueda de una nueva imagen de las relaciones entre seres humanos, que implica una nueva rela- cién de nosotros con nuestra interioridad. Esta busqueda de un cambio radi- cal exige, como todo cambio en profundidad, un volver a nuestros orfgenes, a aquello que nos dio y nos da vida cada dia: no a Dios, sino al espacio de lo materno, iota seria una nueva manera de pensar porque implica el rechazo de toda imposicién de autoridad en el pensamiento y en la vida. Seria un pensamiento alternativo a los discursos que mantienen la constitucién de nuestras almas y de nuestras sociedades como expresién de un orden patriarcal, paternalista y autoritario. No es dificil reconocer las marcas de padres autoritarios metidas en lo més profundo de nuestras células que tira- nizar todos y cada uno de nuestros actos. Volver a sentir la madre en cada uno de nosotros, pero no en el sentido moralista y mitificante de algunos discursos ecologistas, pro-indigenistas 0 feministas; no volver a lo materno para erigirle un altar, ni para reverenciar su imagen mis alld de lo que ya esta, Sino para entender que toda madre es la extensién de un mar que nos abre a otros como nosotros. Que volver a lo materno no es una regresién infantil, sino el descubrimiento de nuestra profunda hermandad. Lo dicho: grave desafio al que s6lo la poesia puede dar cabal respues- ta. Desear, disefiar, imaginar, escribir un mundo interior y exterior donde la constituci6n y la articulacidn de nosotros mismos sean la apertura hacia el otro, hacia los otros, hacia nosotros, de forma amorosa, critica, rigurosa, hicida; en una palabra, pottica. 48 Leonardo Garcia Pabon REFERENCIAS Cixous, HELENE. Three Steps on the Ladder of Writing. New York, Columbia University Press, 1993. SAENz, JAIME. Obra poética. La Paz, Biblioteca del Sesquicentenario, 1975.