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Cristianismo & Politica: El diseño de Dios para los gobiernos y el carácter de un

Cristianismo & Politica:

El diseño de Dios para los gobiernos y el carácter de un lider político a la manera de Dios.

José A. Flaquer Lopéz

Cristianismo & Politica:

El diseño de Dios para los gobiernos y el carácter de un lider político a la manera de Dios.

José A. Flaquer Lopéz

Indice

Prólogo

Introducción

1

La condición de los gobiernos debajo del sol

2

El propósito De los Gobiernos y de los gobernantes según la palabra de Dios

 

3

El gobierno que agrada a Dios

 
 

4

¿Cuál debe ser el carácter de un gobernante a la manera de Dios?

 

5

¿Que podemos hacer los creyentes a favor de crear las condiciones para un mejor gobierno en nuestros países?

6

¿Debe un cristiano involucrarse en la política?

7

¿Cuál debe ser el rol de la iglesia y los pastores en estos temas?

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A mi Señor Jesucristo cuyo reino anhelamos venga pronto.

A mi amada esposa Manuela, verdadera ayuda idónea en este tránsito hacia nuestro hogar celestial…

Prólogo

La iglesia de hoy tiene un gran reto; occidente ha venido renegando de sus valores cristianos y produciendo una revolución moral por la cual la iglesia misma ha tenido que enfrentarse a una persecución, en muchos casos velada y en otros más abierta. Esta persecución, impulsada tanto por gobiernos extranjeros y nacionales como por estamentos de carácter internacional, ha sido canalizada a través de legislaciones que adversan el cristianismo y los valores cristianos.

La lucha ideológica entre la cosmovisión cristiana del mundo que formo la civilización occidental, y la visión neopagana que ha declarado la guerra a esos valores, ha pasado al campo político. Esto a causa del favor extendido a grupos minoritarios dentro de los poderes fácticos que simpatizan con esta causa, y que han apalancado la agenda neopagana a través de los controles de los mecanismos de poder local y mundial. Los impulsores de esta causa son una élite urbana que ha abrazado el hedonismo como la gran utopía de estos tiempos, y reniegan de la existencia de la verdad revelada por Dios, suscribiendo un relativismo al que ellos llaman la “única verdad”.

Los países en donde se han implantado estas corrientes por la vía legal han sido sorprendidos, ya que esto no llega como resultado de un referéndum, en naciones en donde la mayoría, aun sin ser cristiana, apoya los valores del cristianismo. Esto ha sido así no solo por la gran influencia de una minoría muy poderosa detrás de esta agenda, sino porque los cristianos hemos estado hibernando.

Como resultado de muchos factores, la iglesia de Cristo ha estado alejada del debate de las ideas en la sociedad y recluida en sus iglesias locales. Fueron algunas corrientes de opinión que se empezaron a sembrar a principios y

mediados del siglo XX las que nos trajeron hasta aquí. La iglesia no ha luchado en el mundo de las ideas ni ha preparado a sus miembros para que luche; no con armas carnales, sino con las armas espirituales, es decir con la oración y el conocimiento, y con la divulgación de la verdad. La iglesia

ha faltado a su labor evangelizadora, pues el evangelio no sólo redime las almas del pecado, sino que Cristo reclama para sí como soberano todas las esferas de la vida. Frente a esta situación, la iglesia de Cristo debe ir a la ley

y al testimonio, y pelear la batalla de la fe defendiendo la verdad y luchando

en todas las esferas, incluyendo aquellas en donde se producen las ideas y las

leyes que surgen de estas. Es nuestro deseo que la iglesia de Cristo se levante

y honre la memoria histórica de una iglesia que ha sabido luchar por siglos, manifestando ser columna y baluarte de la verdad, y produciendo creyentes que defiendan esta verdad hasta sus últimas consecuencias. Solo Dios puede producir esto, y a él elevamos nuestras plegarias.

Introducción

M uchas naciones llamadas cristianas, o en las que una gran parte de sus habitantes tiene principios cristianos, están sufriendo enormes injusticias de parte de sus gobernantes, jueces, ministros y de aquellos que están en eminencia. Vemos como la maldad progresa a niveles inusitados, y somos testigos, asombro tras asombro, de los escándalos protagonizados por aquellos que se supone están para obedecer y hacer obedecer las leyes, y para impartir justicia. Robos, corrupción, abusos en contra del huérfano, de la viuda y del desvalido; el triunfo aparente de los más perversos de una sociedad que parece premiarlos por su impiedad; la aparente derrota y desesperanza de aquellos que quieren vivir de una manera piadosa, obedeciendo las leyes de cada nación; en fin, un triste espectáculo azota muchas naciones al día de hoy. La biblia no es ajena a esos temas, y los aborda mostrando el corazón de Dios clamando por justicia en la tierra.

Debemos sin embargo tener cuidado con no confundir la perspectiva teológica de denuncia profética en contra de las injusticias que aparece en las sagradas escrituras, con la equivocada y famosa “Teología de la Liberación”; en ésta el mensaje del evangelio es distorsionado, y se plantea que la redención del hombre comienza con una liberación política aquí y ahora en el mundo que vivimos. Esta ideología surgida en la convulsionada década de los años 60, no logró entender que aunque mensaje del evangelio demanda justicia en esta tierra, también nos enseña que la justicia definitiva nunca será implantada hasta la venida de Cristo con nuevos cielos y nueva tierra; y que la liberación de la que Cristo habla es fundamentalmente una liberación del pecado, no una lucha política popular (y hasta armada como fue planteada por alguno de ellos).

Las naciones solo tienen un camino de esperanza, y esa esperanza no radica en candidatos o gobiernos mesiánicos. Lo único que dará una definitiva liberación a la humanidad es el mensaje del evangelio de Cristo transformando corazones, haciéndoles someterse a la buena y perfecta ley de Dios, y haciendo de cada individuo un bastión de justicia. Es el conjunto de esos seres individuales que hará la diferencia, cuando cada uno de ellos en la esfera en donde Dios los haya puesto, sirva a Dios y le haga bien a la nación a la cual pertenecen.

Mientras pongamos nuestra esperanza en partidos y en candidatos, por bien intencionados que puedan aparentar ser, estaremos comprando más decepción. No obstante un cristiano consciente de sus deberes cívicos, puede hacer una gran diferencia cuando llega a conocer el propósito de Dios al instituir los gobiernos, y cuál es el tipo de líderes que Dios aprueba. La participación política de cristianos con esa vocación y llamado, conscientes y comprometidos con el bien común, y el voto bíblicamente informado de los creyentes en general, puede hacer una gran diferencia en unas elecciones presidenciales, legislativas o municipales.

Una participación cívica consciente de los creyentes en los procesos políticos guiados por la palabra de Dios, es fundamental para ver cambios beneficiosos para las naciones. Es penoso ver a personas que se llaman cristianos apoyando partidos o candidatos que apoyan ideologías contrarias al cristianismo, o apoyando candidatos cuyo perfil es totalmente contrario a lo que Dios aprueba como líder. No estamos hablando de que los cristianos solo pueden apoyar partidos o personas que se ajusten fielmente a la palabra de Dios, pues eso es casi imposible; pero sí de no apoyar a aquellos que se apartan de estos parámetros, de tal manera que debería ser inconcebible para un creyente identificarse públicamente con los mismos. El señorío de Cristo reclama todos los sectores de la vida humana, y los gobiernos y los liderazgos son unos de ellos; pues aunque es muy cierto que los reinos de este mundo serán influidos por el maligno hasta la venida de Cristo, los creyentes estamos llamados a hacer una diferencia, aplicando la palabra de Dios al tomar decisiones como ciudadanos en estas esferas.

Nuestra sociedad está sufriendo por haberse apartado y alejado de Dios y de su ley. El materialismo y el hedonismo que nos arropa son antivalores que se oponen a los valores del cristianismo, los cuales fueron fundacionales en muchas sociedades de occidente. Aquellos son los objetivos de las ideologías neopaganas que han tomado una fuerza inusitada recientemente en occidente. Por esta razón estamos cosechando con creces la justa retribución por nuestro alejamiento de esos valores de amor, justicia, sacrificio por los demás, virtud en el trabajo y en el hogar, que nos podrían haber hecho

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una gran nación. Es nuestra intención que este texto sirva para levantar la consciencia de los cristianos de esta nación y hagamos una diferencia al ejercer nuestros deberes cívicos y nuestro voto, para que podamos tener los gobiernos y los líderes que más se conformen a lo que Dios llama un buen gobierno, o un líder aprobado por Dios.

1

La condición de los gobiernos debajo del sol

D ios instituyó los gobiernos como una forma de administrar su gracia

común a un mundo caído, frenando la maldad en el corazón de los hombres por medio de este instrumento, para hacer más viable la existencia humana en un ambiente en donde predomina la maldad (Ro 13:1-7). No es menos cierto, sin embargo, que no siempre los gobiernos son el reflejo de lo que Dios quiso que ellos fuesen. Este instrumento no llena la medida de lo que Dios quisiera que fuese, debido al pecado, y en todos los gobiernos existe maldad y corrupción, en mayor o en menor grado; en la gran mayoría de los casos en una alta dosis.

En vez de ser un instrumento de justicia y de promover el bien, vemos que son aparatos de injusticia, de favoritismo para los grupos dominantes, y que se constituyen en medio de perpetuar los males sociales que precisamente esos gobiernos deberían erradicar. Esto es así no sólo hoy; desde hace siglos existe el mismo cuadro que ahora vemos.

Salomón, hijo del rey David, quien reinó entre los años 970 al 930 a.c. nos reporta lo que vio en su tiempo:

ECL 3:16-17 Vi más debajo del sol: en lugar del juicio, allí impiedad; y en lugar de la justicia, allí iniquidad. Y dije yo en mi corazón: Al justo y al impío juzgará Dios; porque allí hay un tiempo para todo lo que se quiere y para todo lo que se hace.

Una de las características sobresalientes de los gobiernos en un mundo caído es la falta de justicia que hay en ellos. Fueron puestos allí por Dios para hacer justicia, pero por el pecado esta no es muchas veces ejercitada. Aun así, Dios demanda justicia y promete que el juzgará un día a aquellos que

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hicieron estas maldades.

El fallo en los gobiernos de representar lo que fue el diseño de Dios para ellos se replica en muchas otras épocas, lo cual vemos en varios textos de las escrituras.

AMOS 3:9-10 Proclamad en los palacios de Asdod, y en los palacios de la tierra de Egipto, y decid: Reuníos sobre los montes de Samaria, y ved las muchas opresiones en medio de ella, y las violencias cometidas en su medio. No saben hacer lo recto, dice Jehová, atesorando rapiña y despojo en sus palacios.

Amos, el profeta que vivió en el siglo VIII a.c., escribió este reportaje acerca de la situación de la sociedad Israelita inspirado por el Espíritu Santo. Había un gran progreso económico, pero este solo llegaba a beneficiar a una élite,

y el pueblo estaba pasando miserias. En un lenguaje contemporáneo había

una mala distribución de la riqueza, y esto se generaba por el abuso y los privilegios de un pequeño grupo en detrimento de las grandes mayorías. Sus líderes, príncipes y personajes dominantes de esa sociedad, vivían atesorando aquello de lo cual habían despojado a ese pueblo, por medios injustos y de manera violenta como nos dice el contexto (Am 3:9-4:2). Esto es la antítesis de lo que debería de ser un gobierno a la manera de Dios como veremos más adelante; pero esa clase gobernante menospreciaba los principios divinos sobre los que Dios pretende que se erija un buen gobierno: un instrumento para traer justicia, equidad y bienestar a los ciudadanos de una nación.

En otro pasaje bíblico vemos algo similar. En este caso el autor de este otro pasaje es Isaías, profeta del siglo VIII a.c., quien relata lo que ocurría:

Isa 1:23-26 Tus gobernantes son rebeldes y compañeros de ladrones; cada uno ama el soborno y corre tras las dádivas. No defienden al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda. Por tanto, declara el Señor, DIOS de los ejércitos, el Poderoso de Israel: ¡Ah!, me libraré de mis adversarios, y me vengaré de mis enemigos. También volveré mi mano contra ti, te limpiaré de tu escoria como con lejía, y quitaré toda tu impureza. Entonces restauraré tus jueces como al principio, y tus consejeros como al comienzo; después de lo cual serás llamada ciudad de justicia, ciudad fiel.

Los males de esa sociedad eran muy parecidos a la nuestra hoy en día;

gobernantes rebeldes a la palabra de Dios, que en vez de gobernar de acuerdo

a los principios divinos gobernaban para su propia gloria y conforme a sus

deseos. Sus métodos de gobierno eran la acumulación de riquezas mal habidas y el soborno, favoreciendo con su autoridad al opresor, según sus propios intereses. Poco les importaba a esos gobernantes la administración

1. La Condición de los Gobiernos debajo del sol

de la justicia; poco les importaba asegurar ésta al desvalido; todo venía a ser un juego de poder para beneficio propio. ¿No nos recuerda esto lo que son muchos de los gobiernos de la tierra hoy en día?

Ezequiel otro profeta hebreo del siglo VI a.c. también elaboró sobre el tema de los gobiernos corruptos y la opresión, y nos dio una perspectiva de la conducta de los gobernantes en su tierra.

EZEQ 45:9-10 Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Basta ya, oh príncipes de Israel! Dejad la violencia y la rapiña. Haced juicio y justicia; quitad vuestras imposiciones de sobre mi pueblo, dice Jehová el Señor. Balanzas justas, efa justo, y bato justo tendréis.

Aquí había una gran permisividad con el engaño a los pobres; los líderes no estaban deteniendo el fraude de los ricos y comerciantes sobre el pueblo. Los comerciantes no estaban siendo regulados por los gobernantes para que no le robaran al pueblo en sus ventas. Estos usaban pesos y medidas falsas para engañar, y los gobernantes estaban haciéndose de la vista gorda.

El Señor también hace, en este pasaje arriba citado, advertencias acerca de los impuestos despiadados sobre el pueblo cuando dice: “quitad vuestras imposiciones sobre mi pueblo, dice Jehová el Señor”. Otro drama de esa época, que vemos se repite ahora en nuestros países, es el de los gobiernos que aplican pesadas cargas sobre el pueblo asfixiándolo con impuestos, sobre todo al pobre, para alimentar la rapiña de una burocracia insaciable.

Jeremías, un profeta del siglo VII y VI a.c. vio también la maldad de los gobernantes de su tiempo y nos dice:

Jer 5:26-30 Porque fueron hallados en mi pueblo impíos; acechaban como quien pone lazos, pusieron trampa para cazar hombres.

Como jaula llena de pájaros, así están sus casas llenas de engaño; así se hicieron grandes y ricos. Se engordaron y se pusieron lustrosos, y sobrepasaron los hechos del malo; no juzgaron la causa, la causa del huérfano; con todo, se hicieron prósperos, y la causa de los pobres no juzgaron. ¿No castigaré esto? dice Jehová; ¿y de tal gente no se vengará mi alma? Cosa espantosa y fea es hecha en la tierra.

Ellos hicieron riquezas basadas en el sufrimiento y el despojo del pueblo; forjaron para sí mansiones construidas sobre el dolor de la masa de desamparados de esa nación. Vemos que nosotros no somos muy diferentes siglos después; las mansiones de lujo, los vehículos de altísimo valor en que se pasean algunos líderes políticos, que al igual que aquellos no tenían un

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céntimo al llegar al poder y se hicieron prósperos saqueando a los humildes

y al pueblo (“se hicieron grandes y ricos”, es decir no lo eran antes). En

esos gobiernos no hay medicamentos en los hospitales para el pueblo, no hay pensión para los mayores de edad, pues esos dineros fueron a satisfacer la avaricia de estos gobernantes y su afán de boato y ostentación. Dios les anuncia un terrible fin, diciéndoles: “no permaneceré impasible ante tal cosa: ¿y del tal gente no se vengara mi alma? cosa espantosa y fea es hecha en la tierra”. Esta es una tremenda advertencia de juicio; sólo la ceguera de estos hombres les impidió ver el fin que les vendría, así como la ceguera de los malos gobernantes de hoy, que actúan sin ver el terrible juicio que Dios tiene deparado para ellos.

SOFON 3:3 Sus príncipes en medio de ella son leones rugientes; sus jueces, lobos nocturnos que no dejan hueso para la mañana.

Los gobernantes debajo del sol, en su gran mayoría, no se caracterizan por cumplir el ideal de Dios; en mayor o menor medida están lejos de cumplir

la voluntad de Dios de ser como pastores que dirigen a su pueblo como

ovejas, con ternura y justicia, y en vez de eso se comportan como animales depredadores dispuestos a comerse a los gobernados para satisfacer su voraces apetitos de poder, riquezas, placeres y gloria humana.

El único gobierno totalmente justo que tendremos es cuando Cristo regrese a gobernar a las naciones con Su vara de justicia, mientras tanto tendremos gobiernos manchados en mayor o menor grado por el pecado; no obstante, aun con sus defectos, el gobierno es el instrumento que Dios nos ha dejado en este mundo caído para detener la anarquía y hacer justicia. Un mal gobierno es mejor que ningún gobierno; debemos trabajar para lograr hacer que los gobiernos se acerquen en la medida de lo posible (aunque sabemos que nunca de manera perfecta) al ideal de Dios con respecto a estos. Para esta labor la influencia de la iglesia exponiendo la palabra de Dios, y la justicia que Dios demanda en esta de los gobiernos, así como la influencia de creyentes guiados por esta palabra actuando como “luz del mundo y sal de la tierra” en sus sociedades, son determinantes. Es por ello que los creyentes debemos conocer los principios divinos respecto al gobierno y nuestras responsabilidades en este sentido, pues la acción de los creyentes será determinante en influenciar los gobiernos al bien, cuando los creyentes saben lo que se les demanda.

2

El proposito de los gobiernos y de los gobernantes según la palabra de Dios

Vamos ahora a examinar lo que debería ser la conducta de los gobiernos y de los lideres conforme a la palabra de Dios, y en este sentido Romanos 13:1-7 es un texto clave para lograr esta comprensión.

ROM 13:1-7 Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan; porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas. Por consiguiente, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto; y los que se han opuesto, sobre sí recibirán condenación. Porque los gobernantes no son motivo de temor para los de buena conducta, sino para el que hace el mal. ¿Deseas, pues, no temer a la autoridad? Haz lo bueno y tendrás elogios de ella, pues es para ti un ministro de Dios para bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues ministro es de Dios, un vengador que castiga al que práctica lo malo. Por tanto, es necesario someterse, no sólo por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia. Pues por esto también pagáis impuestos, porque los gobernantes son servidores de Dios, dedicados precisamente a esto. Pagad a todos lo que debáis: al que impuesto, impuesto; al que tributo, tributo; al que temor, temor; al que honor, honor.

1. El gobierno es una institución divina y los hombres deben de someterse a esta.

Rom 13:1 Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan; porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas. Rom 13:2 Por consiguiente, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto; y los que se han opuesto, sobre sí recibirán condenación.

La autoridad, importancia y relevancia de esta institución no la otorga el desempeño de aquellos que detentan las funciones en ella, o el grado de civismo y civilización que tengan los habitantes bajo ese gobierno, sino de

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que Dios la ordenó. Cuando nos sometemos en obediencia a un gobierno,

no es porque sus gobernantes son ejemplares; de hecho, ésta es la excepción

y no la regla. Nos sometemos porque esta institución ha sido dispuesta por

Dios y Él nos requiere sumisión a ella. Es por medio de esta institución que la humanidad caída recibe los beneficios de la gracia común de Dios para preservación de las sociedades, para detener la influencia de la maldad en el mundo y para promover la justicia y el bienestar común entre los ciudadanos. Pro 8:15 Por mí reinan los reyes, y los gobernantes decretan justicia. Por mí gobiernan los príncipes y los nobles, todos los que juzgan con justicia.

Si el poder y la gracia de Dios no hubiesen sostenido esa institución, hace tiempo que la maldad del hombre hubiese tornado las sociedades en territorios en donde prevalecería la anarquía. Esto es lo que vemos que

ocurre cuando un gobierno y sus gobernantes se alejan de los principios de

la palabra de Dios, y no desempeñan adecuadamente las funciones que Dios

les ha dado para preservación de esas sociedades.

Cuando el apóstol Pablo escribió estas líneas, el gobernante de turno del mundo conocido era nada menos que Nerón, uno de los monarcas más perversos y corruptos que haya jamás existido; esto sin embargo no cancelaba el principio de que Dios es el que instituyó el gobierno como un elemento de representación de su bondad y justicia en el mundo. Los malos gobernantes no desacreditan la institución creada por Dios, sólo se desacreditan a sí mismos. Dios no es autor de pecado, ni Él aprueba cuando esos gobernantes haciendo uso de los poderes que le han sido confiados roban, se corrompen, promueven la injusticia y desvirtúan el propósito divino del gobierno.

2. La sumisión a los gobiernos tiene un límite, y es cuando estos exigen obediencia a leyes y directrices que son contrarias a la ley de Dios.

Rom 13:1-7 (…) porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas.

La autoridad de un gobernante viene de Dios y la fidelidad última del creyente es hacia el que constituyo esa autoridad. Cuando al profeta Daniel (Dn. 1-3

y 6), preso en Babilonia, se le exigió adorar la imagen de Nabucodonosor y

negar su adoración a Jehová su Dios, este no obedeció; cuando se le pidió no orar a su Dios, este lo hizo públicamente aún en peligro de perder su vida; cuando se le pidió violar las leyes dietéticas prescritas por Dios en el Antiguo Testamento para esa dispensación, este procuró por todos los medios buscar una alternativa para no pecar haciéndolo, pero con la firme resolución de no violar esa ley aun a costa de lo que fuese.

El apóstol Pedro fue conminado por las autoridades judías a no seguir predicando el evangelio de Jesucristo, pero se negó rotundamente sin importarle las consecuencias.

2.

El proposito de los gobiernos y de los gobernantes según la palabra de Dios

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Hch 4:15-21 Pero habiéndoles ordenado salir fuera del concilio (los gobernantes), deliberaban entre sí, diciendo: ¿Qué haremos con estos hombres? Porque el hecho de que un milagro notable ha sido realizado por medio de ellos es evidente a todos los que viven en Jerusalén, y no podemos negarlo. Mas a fin de que no se divulgue más entre el pueblo, amenacémoslos para que no hablen más a hombre alguno en este nombre. Cuando los llamaron, les ordenaron no hablar ni enseñar en el nombre de Jesús. Mas respondiendo Pedro y Juan, les dijeron: Vosotros mismos juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído. Y ellos, después de amenazarlos otra vez, los dejaron ir (no hallando la manera de castigarlos) por causa del pueblo, porque todos glorificaban a Dios por lo que había acontecido.

El gobierno secular tiene un límite, y este es cuando se le pide al creyente que viole su conciencia delante de Dios, haciendo aquello que explícitamente está prohibido delante de Él. En tal caso la única respuesta adecuada del creyente es obedecer a Dios ante que a los hombres, y negarse a la sumisión a tal requerimiento que vaya en contra de la ley que está sobre toda otra ley:

la del único Dios soberano.

Dado el hecho de que el gobierno es una institución divina, esto debería de traer el peso a nuestros corazones de que nuestras relaciones con o desde el gobierno son de capital importancia para Dios. Dios espera que los súbditos de un gobierno sean obedientes a sus autoridades, colaboren con ellas en el desempeño de sus funciones y hagan la parte que a cada ciudadano le corresponde dentro de su esfera de actividad, para promover una buena administración pública de parte del gobierno. Esto se traduce en pagar nuestros impuestos, cuidar y preservar las propiedades estatales, respetar y honrar debidamente a los gobernantes y a las instituciones que éste ha designado para el desempeño de sus funciones, a los jueces, a los funcionarios, y aún a los policías del tránsito. Es una mala representación de Dios el creyente que se opone o que entorpece el desempeño de las labores de sus autoridades, o que intenta corromperlas por algún medio, ya que esto es una oposición a la voluntad de Dios para con los pueblos de la tierra.

De la misma manera, los que están en autoridad, los gobernantes y los que ocupan posiciones en un lugar de gobierno, deben de reconocer la majestad y la importancia capital de las labores que se le han encomendado. Sus actos van a contribuir o a dañar la calidad de vida de millares o millones de seres humanos que viven en el ámbito de sus esferas de influencia. Ellos deben recordar que están ahí no de parte de hombres sino de parte del que instituyó estas jerarquías de autoridad, es decir del mismo Dios, y que es Él quien les va a juzgar en su misma presencia cuando ellos tengan que dar cuenta de cómo ayudaron o entorpecieron Su propósito en la tierra de traer bienestar y justicia a los pueblos a través de los gobiernos.

3. El gobierno es un instrumento divino diseñado para contener la maldad en el mundo, creando temor al que hace lo malo e incentivando las buenas actuaciones.

Rom 13:3 Porque los gobernantes no son motivo de temor para los de buena conducta, sino para el que hace el mal. ¿Deseas, pues, no temer a la autoridad? Haz lo bueno y tendrás elogios de ella.

La palabra temor que se usa en el original de este texto es la palabra phobos, de donde viene la palabra fobia, que también se podría traducir como terror; es un temor reverente el que debe de inspirar un gobierno. Este está ahí como vengador de lo malo, en nombre de Dios, y debería de usar los medios punitivos a su alcance (aunque vemos como en muchos de nuestros países eso raramente ocurre) para detener la propagación de la maldad mediante el uso de mecanismos tales como la cárcel, las multas, etc.

El gobierno que no usa estos medios para transmitir temor de quebrantar

la ley a los ciudadanos, y que no los induce a abandonar el mal y a hacer

el bien, cosecha resultados catastróficos. La proliferación de la maldad en muchos de nuestros gobiernos se debe a que estos han abandonado su rol

divino de ser un instrumento de temor y de freno a los criminales; Ecl 8:11 Como la sentencia contra una mala obra no se ejecuta enseguida, por eso el corazón de los hijos de los hombres está en ellos entregado enteramente a hacer el mal.

Muchos gobiernos son ocupados por estructuras políticas que están configuradas ellos mismos como asociaciones de malhechores. Partidos que van al poder, no a cumplir este rol, sino a usar el poder mismo como un instrumento para ellos delinquir con impunidad y aprovechar sus ventajas

para conseguir mezquinos objetivos. El mal no es castigado, y esto incentiva

a los demás partidos políticos a tratar de hacer lo mismo cuando suben

al poder, ya que los que están han logrado impunidad para sus hechos, a través de debilitar las instituciones, como las que se ocupan de la justicia. Esta conducta incentiva al resto de la pirámide social, es decir a todo tipo de gente que no está en el poder, a mirar como bueno y válido este tipo de proceder que ven en sus líderes y a querer imitarlos en sus esferas de vida.

El crimen en un buen gobierno a la manera de Dios, tiene un costo alto, a diferencia de los malos gobiernos en donde se hace barato y se incentiva; en un buen gobierno el pago por el crimen es proporcional a este. Cuando vemos que en nuestras sociedades, criminales, asesinos, traficantes de drogas, son puestos en libertad fácilmente por jueces venales, o por un sistema penal que facilita el crimen, usando subterfugios y tecnicismos para no retener en la cárcel a los malhechores, vemos un gobierno que no está funcionando como Dios desea.

Por otro lado se nos dice que el gobierno debe de incentivar la buena

2. El proposito de los gobiernos y de los gobernantes según la palabra de Dios

conducta, “¿Deseas, pues, no temer a la autoridad? Haz lo bueno y tendrás elogios de ella”; según esto, el ciudadano que actúa correctamente se dice aquí que es alabado por las autoridades. Los gobiernos deben hacer un esfuerzo por reconocer la virtud públicamente. Esto es muy diferente a muchos gobiernos, en donde personas de reconocido historial de corrupción no son castigadas, sino que, de hecho, vemos que los gobiernos aun invitan las invitan a posiciones de autoridad, y por consiguiente su impunidad se hace notoria a la sociedad. Esta a su vez no los castiga con el desprecio, sino que muchas veces estos individuos son honrados y mimados por ella. ¿Por qué?, porque tal sociedad ha constatado por experiencia que la impunidad es lo que prevalece en esos gobiernos, y que las personas son valoradas por los resultados de sus logros económicos aun a pesar de la corrupción que implicó el obtenerlos; entonces se pierde el temor al castigo, el crimen se hace barato, y todos corren a hacer lo malo.

4. Un gobierno según el modelo divino debería ser el ejecutor del castigo a los que hacen el mal de parte de Dios, y no debería permitir la venganza privada.

Rom 13:4 pues es para ti un ministro de Dios para bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues ministro es de Dios, un vengador que castiga al que práctica lo malo.

Otro texto similar a este es 1Pe 2:13-14: Someteos, por causa del Señor, a toda institución humana, ya sea al rey, como autoridad, o a los gobernadores, como enviados por él para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen el bien.

El mundo es un lugar en donde los hombres están constantemente haciéndose daño y defraudándose unos a otros, aun tomando la vida de otras personas. Si cada quien tomara en sus manos el ejecutar venganza, el mundo sería un lugar caótico. Dios prohíbe la venganza privada Rom 12:17-19 No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres, en cuanto está de vosotros, tened paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos; antes dad lugar a la ira; porque escrito está: Mía es la venganza: yo pagaré, dice el Señor.

El gobierno es el ejecutor de la venganza de parte de Dios para el que causa daños a otra persona, sea robo, violación, u otro tipo de mal; Dios ha encargado a las autoridades para ser el ejecutor de la sentencia. Esto es una misericordia de Dios, pues de lo contrario el mundo sería un lugar de caos y anarquía. Aún desde los tiempos de la dispensación antiguo-testamentaria, era el gobierno de los ancianos en Israel el que estaba encargado de la ejecución de la venganza. El “ojo por ojo” no era para ser ejecutado por la persona agraviada, sino por las autoridades a favor del agraviado y en contra del agresor. Para la preservación de un mundo caído Dios instituyo el gobierno como un ejecutor del castigo de las infracciones de los hombres

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a la ley, para evitar que el daño a la sociedad y a los hombres alcanzase

proporciones apocalípticas. Cuando un gobernante, o un gobierno, o un magistrado, rehúsan ejecutar el castigo debido a los malhechores, están quebrantando la voluntad de Dios, ya que son el instrumento designado por Dios para preservar la justicia y la paz social.

Uno de los servicios que hacen los gobiernos, aparte de la administración de la justicia, es el cobro de los impuestos para poder mantener el aparato de gobierno y justicia activo y funcionando, y para distribuir bienes y servicios públicos a la población mediante estos. Todos tenemos terror de

la palabra impuestos, sobre todo porque han sido muy mal administrados

por muchos gobiernos. Desde el cobro excesivo de los mismos hasta el uso corrupto y despilfarrador de los bienes públicos, hemos visto un mal ejercicio de esta potestad, por lo cual muchas veces vemos al impuesto como un castigo. Pero si estos gobiernos usasen bien esos impuestos y los administrasen correctamente, esto sería una misericordia para todos, porque ellos son los que mantienen el aparato de gobierno y justicia para el bien común en función. Claro, muchas veces ocurre todo lo contrario; un sistema impositivo excesivo para los pobres, indulgente para con los ricos y para el beneficio de la clase política gobernante.

3

El gobierno que agrada a Dios

Un buen gobierno a la manera de Dios:

1. Se fundamenta en hacer justicia.

DET 25:1 Si hubiere pleito entre algunos, y acudieren al tribunal para que los jueces los juzguen, éstos absolverán al justo, y condenarán al culpable.

Si se lee ligeramente este texto, puede llegar a pensarse que es absurdo hacer una proposición de algo tan obvio, aparentemente; es como decir “si eres un ser humano respirarás cuando estés sin aire; sin embargo lo que parece ser evidente, Dios lo expresó como un mandamiento con toda la solemnidad, ¿y porque así?, pues por una simple y sencilla razón: si bien Dios nos creó justos al principio, y con un sentido de justicia en todo, es decir de que los actos nuestros y de los demás hombres se conformasen a la ley de Dios, a causa del pecado el hombre dejó de ser justo y sus anhelos de justicia no son los mismos que antes de la caída. Por supuesto no hemos perdido totalmente ese anhelo o deseo que Dios originalmente puso en nosotros, aún haya sido grandemente distorsionado y pervertido por el pecado. Un ejemplo de esto lo vemos en ciertas prisiones y en el código de justicia de esos prisioneros. Hay prisiones infestadas de asesinos, ladrones, y todo tipo de criminales, pero, por ejemplo, si llega un violador de niños los demás prisioneros tienen códigos de castigo para ellos; hay prisiones en las que estos violadores no sobrevivirían pues los ejecutarían los demás criminales si pudiesen poner sus manos en estos, por considerarlos aberrantes en sus delitos. Aquellos, siendo asesinos y criminales, no conciben tal monstruosidad, y hacen justicia por sus propias manos en contra de los violadores quitándoles la vida. Esto así pues, aun en medio de esa depravación todavía hay un sentido de justicia que

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prevalece en el corazón del hombre, claro muy corrompido por el pecado.

Dios demanda a los gobiernos de la tierra que ejerzan justicia, este es uno de los mandatos fundamentales de Dios para cualquier gobierno, esta es la voluntad de Dios para todo tipo de gobernante. El buen gobierno se manifiesta en la ejecución de la justicia.

DET 16:19-20 No tuerzas el derecho; no hagas acepción de personas, ni tomes soborno; porque el soborno ciega los ojos de los sabios, y pervierte las palabras de los justos. La justicia, la justicia seguirás, para que vivas y heredes la tierra que Jehová tu Dios te da.

LAM 3:35 Torcer el derecho del hombre delante de la presencia del Altísimo, 3:36 Trastornar al hombre en su causa, el Señor no lo aprueba.

La razón de los gobiernos es hacer cumplir las leyes dentro de sus fronteras y castigar con juicio a aquellos que la violan. Todos sabemos que con frecuencia esto no ocurre así, de hecho muchas veces lo que prima es la injusticia. Vemos como inocentes son condenados por no tener los mecanismos para sobornar, y culpables son absueltos en base a la dádiva y la corrupción. Una de las mayores encomiendas que Dios dio a los gobiernos es la administración de la justicia, así que un gobierno que falle en la administración de la justicia, podrá mostrar los resultados económicos más impresionantes del planeta, podrá mostrar los resultados académicos más avanzados, pero deberá ser declarado un gobierno fallido, y sus gobernantes fallidos, pues la palabra de Dios así lo declara:

PROV 16:12 Abominación es a los reyes hacer impiedad, porque con justicia será afirmado el trono.

Es por esta razón que Dios ha hecho severísimas advertencias a todos aquellos gobernantes que violan el ejercicio de la justicia para propósitos egoístas y mezquinos.

ISA 10:-4 ¡Ay de los que dictan leyes injustas, y prescriben tiranía, para apartar del juicio a los pobres, y para quitar el derecho a los afligidos de mi pueblo; para despojar a las viudas, y robar a los huérfanos! ¿Y qué haréis en el día del castigo? ¿A quién os acogeréis para que os ayude, cuando venga de lejos el asolamiento? ¿En dónde dejaréis vuestra gloria?

2. Protege a los más débiles (el extranjero, la viuda y el pobre).

Cuando usted vea un gobernante favoreciendo injustamente a los más fuertes y penalizando a los más débiles, no está haciendo su labor como

3. El gobierno que agrada a Dios

Dios le mandó. El gobernante debe ser un instrumento de la gracia común (gracia común es todo favor de Dios, en el cual incluye aún a aquellos que no son sus hijos en Cristo, las buenas cosechas, las lluvias, la institución de los gobiernos de Dios para hacer bien a la humanidad). Precisamente por el pecado la tendencia de los hombres es a que se imponga la ley del más fuerte. El débil, el desvalido, es víctima de la falta de justicia de los hombres, y por ello Dios instituyó gobiernos que regulen esto para que haya menos opresión sobre la humanidad caída, para que la existencia en esta tierra sea menos miserable. Por ello Dios encomendó a los gobernantes no olvidar de una manera especial y particular a los más desfavorecidos, a los más débiles, de manera que hubiese una contención a la maldad sobre la tierra.

JER 22:3 Así ha dicho Jehová: Haced juicio y justicia, y librad al oprimido de mano del opresor, y no engañéis ni robéis al extranjero, ni al huérfano ni a la viuda, ni derraméis sangre inocente en este lugar.

EX 23:9 Y no angustiarás al extranjero; porque vosotros sabéis cómo es el alma del extranjero, ya que extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto.

SAL 82:1-4 Dios está en la reunión de los dioses; En medio de los dioses juzga. ¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente, Y aceptaréis las personas de los impíos? Defended al débil y al huérfano; Haced justicia al afligido y al menesteroso. Librad al afligido y al necesitado; Libradlo de mano de los impíos.

¿Y es esto lo que vemos en los gobiernos de muchas naciones? ¿No es más bien todo lo contrario? ¿No vemos todos los días como los jueces y los gobernantes favorecen al más fuerte, al poderoso, al colega político, al miembro del partido gobernante, al gran empresario, en desmedro del pobre, del ciudadano común que no tiene influencias, de aquel que ha decidió vivir honestamente con su salario, del que no tiene quien le defienda?.

3. Condena la práctica del soborno.

Prov. 29:4 El rey con el juicio afirma la tierra; mas el que exige presentes la destruye.

Es paradójico que la mayoría de los gobiernos en la tierra, en una u otra forma, estén plagados con gobernantes y líderes que han subido allí gracias a practicar el soborno y así se mantienen; éste es una parte fundamental de la maquinaria de los partidos que existen en el poder. Las voluntades de los contrincantes se compran con el soborno, las candidaturas están a la venta al mejor postor; no hay ideologías, sólo un vergonzoso mercado en donde los

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Cristianismo y Política

activistas políticos se venden como mercancía. Los votos son comprados a la población para asegurar que esos malos gobiernos se perpetúen, a pesar de no estar cumpliendo su rol de asegurar justicia a la nación y de defender a los pobres y a los desvalidos. Una vez en el poder, los gobernantes entregan contratos, curules, ministerios, en base al soborno; y los beneficiados practican el soborno. Los empresarios se ven presionados en este sistema a sobornar para obtener contratos y permisos, ya que la autoridad que debe detener estas prácticas, no sólo las implementa sino que las estimula y le hace difícil al que no las practica a obtener avances en su empresa. La mayoría de las empresas que triunfan haciendo los grandes negocios que el gobierno ofrece son aquellas que se prestan a este tipo de práctica, de lo contrario muy difícilmente consiguen un contrato.

Oigamos la opinión de Dios respecto de este asunto:

DEUT 16:18-20 Jueces y oficiales pondrás en todas tus ciudades que Jehová tu Dios te dará en tus tribus, los cuales juzgarán al pueblo con justo juicio. No tuerzas el derecho; no hagas acepción de personas, ni tomes soborno; porque el soborno ciega los ojos de los sabios, y pervierte las palabras de los justos. La justicia, la justicia seguirás, para que vivas y heredes la tierra que Jehová tu Dios te da.

Una de las cosas que el soborno hace es crear despropósitos en la misión de los gobernantes o de los que están en autoridad; pervierte los ojos de ellos, dice el Señor, es decir que ya no están en esos puestos cumpliendo la misión que se les encomendó de favorecer la justicia y el bienestar de todos los ciudadanos, sino sólo buscando gloria y provecho propio, y crear fortunas que les ayuden a lograr sus objetivos malvados. Esto lo vemos en este pasaje

I SAM 8:1-3 Aconteció que habiendo Samuel envejecido, puso a sus hijos por jueces sobre Israel. Y el nombre de su hijo primogénito fue Joel, y el nombre del segundo, Abías; y eran jueces en Beerseba. Pero no anduvieron los hijos por los caminos de su padre, antes se volvieron tras la avaricia, dejándose sobornar y pervirtiendo el derecho.

La avaricia fue el motor de ellos para pervertir el derecho; ese idolátrico amor al dinero, a ese dios que aparenta que todo lo puede, los llevó a esto. Lo mismo ocurre con muchos gobernantes y líderes hoy en día.

¡Oh, sí solamente ellos se detuviesen a pensar que el día del juicio de Dios no habrá fortuna tan grande, ni poder, ni relaciones, que impedirán que Dios ejecute sobre ellos juicio eterno!. Eternamente tendrán que lidiar con el gusano que nunca muere, recordándoles el sufrimiento que trajo la injusticia

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3. El gobierno que agrada a Dios

que ellos cometieron, recordándoles como sus actos llevaron a la tierra a mayores niveles de maldad

4. No hace acepción de personas.

Dios creó a todos los hombres iguales en dignidad delante de Él, la escritura nos advierte una y otra vez que Dios no hace acepción de personas, y nos alienta a no hacer acepción de personas en nuestro trato. Santiago, en su epístola, nos advierte que al entrar en la iglesia un hombre rico no debemos de tratarle con mayor distinción y respeto sólo por tratarse de que es un hombre de fortuna, y de que no debemos menospreciar al pobre que entra en una congregación sólo por su condición. Dios desaprueba esta conducta como nos dice la epístola de Santiago, y la misma es considerada como pecado delante de Dios.

STGO.2:8-9 Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura:

Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis; pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores. Esto debe ser así en la congregación cristiana, pero también entre los jueces que se supone están ahí para nivelar a todos los hombres con la vara de la justicia. Dios toma muy en serio el que los jueces juzguen sin mirar la condición económica, social, o de poder de un hombre con respecto a otro.

DET 1:16-17 Y entonces mandé a vuestros jueces, diciendo: Oíd entre vuestros hermanos, y juzgad justamente entre el hombre y su hermano, y el extranjero. No hagáis distinción de persona en el juicio; así al pequeño como al grande oiréis; no tendréis temor de ninguno, porque el juicio es de Dios.

LEV 19:15 No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande; con justicia juzgarás a tu prójimo.

Lamentablemente eso no es lo que nosotros vemos en el mundo, sino todo lo contrario. Cuando la justicia enfrenta al rico y al pobre, al poderoso y al desvalido sabemos de antemano que casi seguro el pobre y el desvalido saldrán perjudicados, porque la justicia es ejercida con parcialidad favoreciendo al poderoso. Esto es todo lo contrario del diseño de Dios: el juez, y el gobernante deberían estar cada uno como alguien que representa a Dios, para que la causa sea juzgada no en base a los poderes de uno o a la debilidad del otro, sino en base a ¿quién tiene la razón?, ¿quién está del lado de la verdad?, ¿quién es culpable y quién inocente?

En casi todos los países del mundo la justicia se simboliza con la estatua de

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Cristianismo y Política

una mujer que tiene los ojos vendados, esto es así para representar que la verdadera justicia no está mirando la condición externa de la persona para favorecerle, que ella será guiada únicamente por lo que es justo y recto, sin temor a perjudicar al más poderoso si este no tiene la razón. Esa es la justicia que agrada a Dios. Cuando un gobernante protege a alguien de su partido o de su gobierno para que no se haga justicia con él, para ganar ventajas políticas, pero en otro caso similar pasa justicia sobre otro que no le renta políticamente, o al cual le conviene agravar, también hace acepción de personas. El creyente debe estar apercibido de estas cosas para no favorecer candidatos o políticos o gobernantes con su voto que se conduzcan de esta manera. ¡Qué Dios nos de gobernantes conforme a su corazón para que hagan juicio sin temor de hombres, y como representantes del Dios vivo!

5. No hace alianza con los perversos.

EX 23:1-3 No admitirás falso rumor. No te concertarás con el impío para ser testigo falso. No seguirás a los muchos para hacer mal, ni responderás en litigio inclinándote a los más para hacer agravios; ni al pobre distinguirás en su causa.

Una de las características distintivas de un gobierno contrario a la voluntad de Dios, es que el tal gobierno haga alianzas con los perversos. Es el tipo de gobierno que hace tratos con los narcotraficantes, con los contrabandistas, con los políticos y empresarios corruptos, con las mafias comerciales, y esto lo hace con miras a incrementar las riquezas de los gobernantes que se benefician de los negocios turbios y del favor de los anillos de poder de grupos de delincuentes. Tales alianzas se efectúan aún antes de estos gobernantes llegar al poder. En un gran número de veces se gestan estos negocios durante las campañas políticas, recibiendo dinero de los citados grupos a cambio de favores, protección y contratos que perpetúen las rentas sucias de estos, y aseguren al gobernante una mayor estadía en el poder. De lo contrario, los grupos de perversos se aseguran de impulsar a otros candidatos con los cuales puedan tener sus tratos. Un hombre de principios que esté en política ciertamente tiene que entender estas cosas, y se tendrá que enfrentarse a ellas aun a riesgo de su vida o de la extensión de su mandato; de lo contrario, si su razón de gobernar es la perpetuación en el poder o sacar beneficios personales del poder, terminará negociando con esos trúhanes.

Un gobernante que claudique y haga alianzas con los perversos es una fundamental negación de que ese gobierno sea un instrumento de Dios, instituido por Él con el propósito de frenar la maldad en el mundo y de asegurar un mejor bienestar para las mayorías en cada una de las naciones.

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¿Cuál debe ser el carácter de un gobernante a la manera de Dios?

Hemos hablado de lo que es la función del gobierno a la manera de Dios, y el propósito para el cual El diseñó este instrumento. Ahora veremos el tipo de persona que debería de ocupar este puesto; cuáles deberían de ser sus dones, cuál su carácter moral, cuáles sus aspiraciones. Para hacer esto nos basaremos en una serie de textos en las sagradas escrituras que nos ayuden a dilucidar este tema.

Esta no pretende ser una lista exhaustiva, pero creemos que contiene alguno de los elementos más fundamentales requeridos por Dios al líder.

1. Debe ser un hombre de integridad moral.

Moisés estaba abrumado con el trabajo de juzgar solo, entre el gran pueblo que tenía bajo su cargo en el desierto. Su suegro Jetro le sugiere que busque ayudantes para este asunto de juzgar, y en Ex 18 da a Moisés un consejo con respecto al carácter que el entendía se requería de un líder para juzgar entre el pueblo. Estas sabias palabras Dios las registró en su libro, para dejarnos este testimonio de lo que debe ser el carácter de un líder a la manera de Dios:

EX 18:21-22 Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez. Ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo; y todo asunto grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo asunto pequeño. Así aliviarás la carga de sobre ti, y la llevarán ellos contigo.

Aquí nos habla de hombres que viviesen vidas conforme al patrón moral de Dios. Usted dirá, pero no podemos exigir eso a gobernantes inconversos hoy

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Cristianismo y Política

en día, esto no es una teocracia. Ciertamente no, pero el principio continúa

siendo efectivo; la virtud, es decir un carácter moral que refleje lo más posible (aun en un inconverso) la bondad hacia los demás hombres y un alto sentido de integridad, es sinónimo de una persona que sostiene principios

morales en su vida. Esta palabra que aparece aquí traducida como virtud, es

en su idioma original indicativa de valor, fuerza, capacidad de enfrentar las

adversidades, los problemas, y de resistir en el cumplimiento del deber. El

líder debe tener carácter, no debe ser un pusilánime. Este rasgo es necesario para no ser amedrentado y gobernar a favor del grupo más poderoso, para

no temer ejercer la justicia, aun a costa de las consecuencias que tenga sobre este; el gobernante debe ser una persona de hombría, alguien que no se amilane ante el poder de los demás, y que no tuerza el derecho temiendo

el daño que le puede venir si legisla a favor de los más débiles, cuando

estos tienen la razón. ¿Y qué debería ser parte esencial de la virtud que manifiesten estas personas?

1.“Debe ser un hombre veraz y que no ame el dinero.”

El pasaje citado anteriormente de EX 18:21, dice que debe ser veraz, debes

ser alguien que ame la verdad, aborrezca la mentira y pueda mantener su integridad aún en situaciones difíciles. Es muy común ver a los líderes mentir al pueblo, evadir las responsabilidades ante su pueblo acudiendo al engaño, pero no debe ser así con el gobernante que agrada a Dios. Un líder inclinado a la mentira, caracterizado por esta, es alguien al que debemos evitar.

Tampoco debe ser un avaro, un amante del dinero ya que eso le hará perder de vista el derecho del otro, pensando en la recompensa de las riquezas que les son ofrecidas para favorecer a un grupo en detrimento de otro. Y preguntamos: ¿y es esto lo que vemos hoy en día?, ciertamente no. Vemos decenas de casos de líderes que se corrompen por amor al dinero; vemos

a los gobernantes ceder ante la presión de los más poderosos, sean estos

hombres de dinero, o sindicatos que imponen sus voluntades amenazando al

gobernante con retribución si no hace las cosas a su manera. Por eso es que

un amante del dinero no debe ocupar el puesto del gobernante.

2. Debe manifestar cierto temor de Dios

De acuerdo al texto anterior de Ex. 18 el líder debe manifestar temor de Dios;

y una vez más nos preguntamos por qué es esto importante si no tenemos

una teocracia, como el gobierno para el cual Jetro dio recomendaciones

a Moisés. Bien creo que al día de hoy, especialmente como creyentes, al

momento de evaluar un líder, esto sigue siendo una advertencia pertinente.

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4. ¿Cuál debe ser el carácter de un gobernante a la manera de Dios?

De nuevo, no estamos hablando de que sólo podemos votar por creyentes, pues esto nos dejaría sin poder votar en la mayoría de las elecciones; sino de ver si el candidato por el cual vamos a decidirnos muestra algún tipo de temor a Dios, aún sin ser un creyente.

¿Es un ateo y por tanto niega la existencia de Dios?, ¿toma a la ligera los temas y las cosas espirituales y solo manifiesta un pragmatismo materialista a ultranza?, ¿no le da importancia a los valores morales contenidos en la palabra de Dios, y que han permeado los valores sociales y las legislaciones especialmente en occidente?. Eso significa que no teme a Dios, y por tanto debemos negar el voto a esa persona, pues tiene en poco las cosas que para Dios son importantes, y revela mucho acerca del poco discernimiento que esa persona tiene para mantener el equilibrio moral de la nación. Un líder no solo debe ser un experimentado administrador y político, sino también debe discernir los valores que son importantes para dar estabilidad, progreso y justicia una nación. El que tiene en poco a Dios tendrá en poco las cosas que nos son más preciadas, y está mostrando de antemano que tendrá en poco mantener los valores que nosotros amamos y que son fundamentales para el bien de una nación.

3. Debe ser un hombre sabio, con discernimiento y experiencia

DET 1:13 Dadme de entre vosotros, de vuestras tribus, varones sabios y entendidos y expertos, para que yo los ponga por vuestros jefes.

Esto nos habla de que el gobernante debe ser escogido por su sabiduría y entendimiento. Muchas veces se confunde la sabiduría con la erudición, lo cual es un error fatal, pues muchos han sido los gobernantes muy ilustrados que han sido de los peores de la humanidad. La sabiduría en la biblia tiene que ver con el temor de Dios, es la persona que sabe hacer las mejores decisiones bajo los criterios de Dios. No solamente considera los aspectos prácticos, sino también los aspectos morales en una decisión. Aún el gobernante inconverso si es sabio, hará las decisiones que más se acerquen al patrón de Dios. La sabiduría es esa habilidad para escoger el mejor camino para mi vida y para el bien de los que me rodean, y serán las decisiones que más van a reflejar el carácter y la justicia de Dios. En cuanto a la palabra entendido, la misma significa que debe ser un hombre con discernimiento, con inteligencia, prudente. Este es un individuo que posee una visión clara de cómo deben ser las cosas, puede discernir lo que es conveniente en la mayoría de sus decisiones; también posee la prudencia para saber el tiempo adecuado para actuar o detenerse; pondera debidamente las cosas y se toma el cuidado en hacer decisiones; evalúa los riesgos y los posibles escenarios al tomar decisiones, evitándole a la nación los costos de las malas y apresuradas determinaciones, que son frecuentes en muchos

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Cristianismo y Política

gobiernos. Es el sabio y entendido el que evitará los endeudamientos que luego enterraran al pueblo, aunque pierda popularidad; el astuto por otro lado hará la decisión de endeudar una nación sin capacidad de pago para ganar favores políticos inmediatos, aunque deje postrada a generaciones por venir; esa es la diferencia entre astucia y sabiduría. En la práctica vemos que la mayoría de los políticos y gobernantes son astutos y no sabios ni entendidos. El sabio y entendido es el que discierne cuándo detener su ejercicio del poder, aunque él no salga beneficiado, si la nación va a salir beneficiada; es el que decide no favorecer a un simpatizante dándole un ministerio, cuando sabe que este hará daño al pueblo, aunque le reste votos en sus elecciones. El astuto hará lo contrario. El sabio y entendido es el que

no vive para lo inmediato de su entorno sino para el futuro, y para los frutos

a mediano y largo plazo.

Esta palabra que se traduce aquí como sabiduría tiene también que ver con capacidades. Es decir debe ser un hombre que tenga los dones y las habilidades para asumir la complejidad del liderazgo que va a enfrentar. Un incompetente puede estar muy bien intencionado, y aun puede que sea muy piadoso, pero si no tiene el talento para esta función no debe ser puesto en ella pues le haremos un daño a la nación y a él mismo al elegirlo.

Nos dice también el pasaje de Det 1:13, que debe ser un experto. ¿Experto en qué nos preguntamos?, ya que de entre esos hombres que recomendaban para acompañar a Moisés como jueces, ninguno parecía tener experiencia en el trabajo que se le asigno. La realidad era que eran príncipes, cabezas entre su pueblo, o sea que el oficio de juzgar ya lo estaban ejerciendo. Aquí estamos hablando de tener cuidado con los neófitos. Cuando una persona aspira a gobernar una nación, pero lo que trae consigo es un bonito discurso sin ningún mérito en la vida que mostrar, es alguien que debemos mirar con

recelo. Si usted en la vida ha descollado como líder en su trabajo, profesión, en su empresa, en sus proyectos, o en su empleo, entonces la sabiduría común nos dice que usted tiene dones para emprender un liderazgo nacional; pero si su habilidad se limita a un discurso, a una buena figura, debemos de ser muy cuidadosos, y evaluar que esa persona no ha mostrado en su vida nada que avale su capacidad para emprender el gobierno de los destinos de una nación. El líder debe ser un hombre de experiencia en dirigir personas

y tomar decisiones.

4. Debe ser un hombre con dominio propio y sobriedad

Otro rasgo de carácter del gobernante para Dios es que sea un hombre sobrio, con dominio propio de sus deseos y control sobre su vida.

Algo que ejemplifica esto en gran medida, es el mal uso del vino. Los

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4. ¿Cuál debe ser el carácter de un gobernante a la manera de Dios?

reyes orientales vivían de una manera fastuosa, y el ejercicio del poder les ofrecía grandes oportunidades para ser indulgentes con sus apetitos de toda especie. Entre los vicios más frecuentes estaban las constantes borracheras de muchos reyes, lo cual les llevaba a perder la sobriedad, el dominio propio y a errar en sus decisiones; por ello el proverbio bíblico nos dice con solemnidad, PROV 31:4 No es de los reyes, oh Lemuel, no es de los reyes beber vino, Ni de los príncipes la sidra. Es una advertencia que parece estar diciendo “cuidado con el vino pues su uso es muy peligroso para un gobernante”. No se condena el uso del vino, pues sería contradictorio con otros pasajes de las escrituras que presenta el vino como un placer legitimo si se usa con moderación; pero nos advierte del abuso y uso descontrolado de esta substancia y de sus consecuencias como la borrachera, o el alcoholismo.

ECL 10:16-17 ¡Ay de ti, tierra, cuando tu rey es muchacho, y tus príncipes banquetean de mañana! ¡Bienaventurada tú, tierra, cuando tu rey es hijo de nobles, y tus príncipes comen a su hora, para reponer sus fuerzas y no para beber!

Aquí se alaba el carácter sobrio y maduro de aquellos que no son controlados por el vino y sus pasiones cuando están en el gobierno; por otro lado llamaba “muchachos”, es decir personas inmaduras e irreflexivas, a los que vivían de fiesta en fiesta y usaban el vino con frecuencia. Los gobernantes conocidos

por ser presas de excesos de cualquier especie como la bebida, la fornicación,

el juego, las parrandas, son catalogados como ineptos para gobernar.

Otro de los grandes males en referencia a la sobriedad, es el de aquellos gobernantes que no dominan su lengua, o que son iracundos y arrastran

a su nación a muchos problemas por falta de autodominio. Al escoger un

gobernante observemos y preguntémonos si el hombre que estamos viendo es un hombre de vida sobria o un esclavo de sus pasiones. Los que son esclavos de sus pasiones no controlan sus deseos, y por tanto el tal gobierno

será sujeto, no al interés de la mayoría, sino a los caprichos de ese gobernante. El dominio propio del gobernante determinara el éxito del gobierno de ese hombre; la biblia nos dice “mejor es el lento para la ira que el poderoso, y el que domina su espíritu que el que toma una ciudad”. Prov. 16:32. Podrá ser un hombre de valor, de arrojo, de conquistas y de carisma, pero si no se domina a sí mismo no vale nada. Que el Señor nos ayude a ver a los líderes

a través de su lente, para que no seamos víctimas de los engaños de las

apariencias, por las cuales los hombres nos sometemos a tantos gobernantes inútiles.Hay otras características del líder apto según Dios, tales como, alguien que ama la justicia, que no se asocia a los perversos, que aborrece el soborno, que no hace acepción de personas; pero estas fueron tratadas más arriba como parte de lo que es un gobierno ideal a la manera de Dios.

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Que podemos hacer los creyentes a favor de crear las condiciones para un mejor gobierno en nuestros países

1. A la hora de elegir a un gobernante asegúrate de que el mismo, aún no sea un creyente, sea el que más se acerca en su carácter a los que es la descripción que Dios da de un hombre justo.

Observa quienes son sus aliados, quienes son sus amigos, con quien anda. Observa si en los puestos que ha estado, o en su vida, se destacó por ser un hombre que tenía posiciones ideológicas a favor de la justicia; o si por el contrario es un pragmático por excelencia, de los que dicen que todo está permitido. Observa si es un mentiroso porque la mentira revela cuan vendida esta nuestra conciencia a la maldad. Claro, sabemos que muchos políticos son mentirosos, pero hay grados de maldad que uno puede apreciar; hay políticos más simuladores y mentirosos que otros, y el pueblo puede darse cuenta de estas cosas.

2.Trata tú de ser un faro de luz en tu entorno y en lo que toques concerniente al gobierno para dar el ejemplo.

Muchas veces criticamos los gobiernos, pero nosotros mismos colaboramos al sistema de maldad ofreciendo sobornos, dejando de pagar los impuestos, siendo instrumentos de que el mal se propague, actuando según el sistema perverso y no enfrentándolo. No nos prestemos a ser instrumentos de la maquinaria de perversidad y de maldad de estos gobiernos corruptos, sino que cuando nos toque interactuar con ellos se vea que nosotros somos diferentes. Este ejemplo será un testimonio que podría llevar a algunos a conocer al Señor, o a frenar la maldad de muchos en autoridad, o aún a que otros ciudadanos imiten nuestra conducta y sean escudos en donde se detenga la corrupción, aun en los limitados o humildes entornos o en donde

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5. ¿Que podemos hacer los creyentes a favor de crear las condiciones para un mejor gobierno en nuestros países?

Dios nos haya puesto.

3. Oremos por los que están en eminencia, recordando que Dios tiene

el poder de frenar la maldad en ellos, y aún de proveerles de gracia común para que sean misericordiosos y más justo que otros gobernantes

perversos.

Pablo exhortaba a Timoteo (ITi 2:1-2) para que los hombres de su congregación orasen por aquellos que estaban en eminencia, para que su buen gobierno llevase a que en esa nación hubiese un clima de paz, que redundase a favor de que se pudiese predicar la verdad, y el reino de Dios se expandiese en medio de ellos. En un clima de inseguridad, de guerra o de anarquía, el evangelio no puede ser predicado de manera masiva con las mismas condiciones de un país en donde reina la paz. Los pueblos en crisis profundas de paz normalmente no atienden a otra cosa que no sea sobrevivir en medio de esta situación; es muy común también que los gobiernos anárquicos, dictatoriales o corruptos impidan la congregación de personas a oír el mensaje de Cristo, que impidan la libertad de expresión del evangelio, porque el evangelio confronta y denuncia la injusticia.

4. Hay momentos también donde debemos denunciar la maldad y la

impiedad, conforme a los dones y al entorno en donde nos encontremos.

No todos los creyentes tendrán el privilegio de tener un estrado senador, juez, o político para poder denunciar y condenar la maldad de su entorno y dar un ejemplo a los gobernantes corruptos; pero aún en medio de cualquier lugar o funciones en que nos encontremos, debemos cuidarnos de no aprobar o apoyar a candidatos, partidos o líderes, que son evidentemente engranajes de este sistema de perversidad o corrupción. No estamos hablando de políticos santos porque casi no los hay, ni de aquellos que aun en medio de debilidades están haciendo un esfuerzo para que haya justicia y buen gobierno; sino de los políticos que abiertamente apoyan y aprueban la corrupción y la maldad. En este sentido, da vergüenza ver a pastores y creyentes a veces corriendo detrás de políticos corruptos por prebendas, y apoyando directa o indirectamente a tales gobiernos a cambio de mezquinas concesiones. El creyente también está llamado a denunciar en su entorno las malas acciones de un gobierno. No estamos hablando de violencia o de usar ofensas personales en contra de esos gobernantes perversos, sino que con respeto manifestemos nuestro desagrado con aquellos partidos o políticos o líderes que sean claros aliados de la maldad y de la perversidad, porque de los mismos Dios no se agrada.

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Cristianismo y Política

5. Hagamos un uso sabio del derecho al voto para favorecer a la nación, con una elección basada en los principios bíblicos y la conciencia.

Por ello es de suma importancia que los creyentes exijamos a los políticos manifestar sus agendas para la nación, y externar cuál es su compromiso

con los valores cristianos. No debemos votar por políticos que tengan una agenda, abierta u oculta, contraria al cristianismo. En estos días hay políticos que apoyan la revolución moral que pretende enterrar los valores cristianos de esta nación, y avanzar la agenda LGBT, lo cual implica la disolución de la familia y el avance de la inmoralidad, el aborto y el erotismo; a esos, los creyentes debemos rechazarlos y no darles nuestro voto, pues de lo contrario estaríamos avanzando una agenda contraria a la de Dios. Es triste la realidad de que muchos creyentes por falta de instrucción, entendimiento, o quizás aturdimiento espiritual, ejercen su voto con los mismos criterios de muchos inconversos; es decir por lo que me va a rendir un beneficio directo a mí, aún la nación sea perjudicada. Si el candidato es mi amigo, o conozco a alguien de ese partido que me pueda ayudar, o voy a recibir algún beneficio

o cargo, entonces voto por tal candidato, aunque sepa de antemano que ese

no es el que más le conviene a mi nación. Eso es un pecado, pues estoy comprometiendo el futuro de muchos por una ventaja personal; es contrario

a la caridad cristiana, y a mi compromiso de promover la justicia y el reino de Dios.

Que Dios nos de sabiduría para votar y elegir a nuestros líderes, y nos bendiga con buenos gobiernos y líderes para que la palabra corra con libertad y podamos vivir quieta y reposadamente.

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¿Debe un cristiano involucrarse en la política?

¿Debe el cristiano estar ajeno al quehacer político o debe estar presente en

la política?. ¿Debe el cristiano ocupar puestos en la administración pública?

Estas son preguntas que han tenido diferentes respuestas.

Hay cristianos que piensan que un verdadero creyente no debe de participar en una actividad tan rodeada de mentiras, corrupción y decepciones como

la política.

No encontramos sin embargo ninguna prohibición tácita en las escrituras

a que un cristiano participe de la política, o bien que ocupe puestos en la

administración pública; lo que sí vemos es a varios personajes bíblicos piadosos a lo largo de la historia, que participaron de la política o tuvieron cargos públicos, tales como Daniel, José el patriarca, David, José de Arimatea y otros. Esta postura aislacionista de que los cristianos no deben participar en política, podemos rastrearla desde pensamiento neoplatónico

y

los movimientos monásticos que se desprendieron del mismo, en donde

lo

material era considerado como malo y lo espiritual como bueno, trayendo

una división entre lo secular y lo sagrado en la vida espiritual de la iglesia, que fue muy perniciosa. Lo sagrado como el clero y las órdenes monásticas

eran consideradas actividades más espirituales, mientras que lo secular como otros oficios, era considerado de menor categoría espiritual en el mundo cristiano. La reforma protestante trajo una revisión de esta visión dualista de la vida del creyente, y empezó a verse al creyente como un todo, cuerpo

y alma, ambas cosas al servicio de Dios; por tanto, la vida religiosa de ese

creyente, su relación y cumplimiento con su iglesia local era importante, pero asimismo su vida profesional y su vida familiar, pues ambas estaban diseñadas y debían ser enfocadas en darle la gloria a Dios, sin importar lo

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que se estuviese haciendo. No había división en ningún aspecto de la vida del creyente; todo era para la gloria de Dios, y por tanto el artesano y su trabajo eran tan importantes como el hombre dedicado por completo a las labores eclesiásticas. Desde ese punto de vista, un creyente dedicado a la política es alguien que está haciendo la obra de Dios en esa esfera, la cual también le pertenece a Cristo. Lo que hace la diferencia no es lo que yo hago, sino para quien lo hago, y en ese sentido todas las actividades deberían ser enfocadas en dar gloria a Dios. Bajo esa perspectiva la labor política que busca glorificar a Dios va a traer bien a la sociedad y a la nación, pues será hecha bajo los parámetros de Dios. El político que busca la gloria de Dios tratará de ser honesto, íntegro y responsable en sus labores. La diferencia estriba en cuáles son las motivaciones que tiene un creyente al ingresar en la política; si es la gloria de Dios, yo debo asumir esto con el espíritu de ser un siervo de los hombres y mi nación, imitando a Cristo quien nos enseñó el modelo a seguir, el modelo del siervo que da su vida por otros.

Mar 10:42-45 “Y llamándolos junto a sí, Jesús les dijo: Sabéis que los que son reconocidos como gobernantes de los gentiles se enseñorean de ellos, y que sus grandes ejercen autoridad sobre ellos. Pero entre vosotros no es así, sino que cualquiera de vosotros que desee llegar a ser grande será vuestro servidor, y cualquiera de vosotros que desee ser el primero será siervo de todos. Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.”

Entrar a la vida política requiere esta actitud de apostolado y entrega, y deberíamos preguntarnos al ingresar a la misma si nuestras motivaciones son las de servir, de entregarnos y hacer un compromiso con la integridad. Si este es el caso y tenemos los dones adecuados para ese oficio, no deberíamos de abstenernos de participar, pues el creyente está llamado a ser luz del mundo y sal de la tierra; nadie tiene un conocimiento mayor de la verdad que un hijo de Dios, ni mayor discernimiento que un hijo de Dios que anda en la sabiduría de su palabra.

Pero, si por el contrario al entrar en esa actividad un creyente lo hace buscando únicamente su promoción personal, la fama o las riquezas que buscan la mayoría de las personas que hacen carrera política, entonces es evidente que no debería de estar en ella. Es vergonzoso ver a personas que se llaman creyentes y que están en la política, pero que su conducta no difiere mucho de la de los impíos, pues están buscando las mismas cosas que ellos.

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¿Cuál debe ser el rol de la iglesia y los pastores en estos temas?

Es muy penoso ver a pastores que abandonan a sus congregaciones para hacer política, y que retienen ese oficio de pastor en desmedro de la congregación a la cual deberían de estar atendiendo. Hch 20:28: Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo os ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual El compró con su propia sangre.

Creo que si un pastor quiere hacer política debe dejar ese oficio a otro que atienda la grey y dedicarse a eso, pues es obvio que su llamamiento particular, al menos mientras dure en esas lides, no es a pastorear la grey de Dios; esto de dejar el oficio de pastor y dedicarse a la política no sería malo en sí mismo, es un reconocimiento de cuál es su verdadera vocación, y lo importante es que lo haga de la manera correcta.

Cuan penoso es ver pastores que usan su oficio pastoral para buscar prebendas de políticos, y andan haciendo campaña en detrimento de lo que debería de ser su llamamiento de pastorear la grey de Cristo. El oficio fundamental de ese pastor es predicar la palabra, edificar a esa grey y equipar a los santos para la obra del ministerio; cuando esto se pierde de vista vienen los desastres para una grey malnutrida y descuidada.

Esto no significa que ese pastor debe estar ajeno a los asuntos de su nación, de hecho tendrá que abocarse en algunos momentos a hacer denuncias proféticas contra las injusticias, los malos gobiernos, y la impiedad en su sociedad; y aún participar en momentos históricos, en luchas sociales para combatir políticas erradas, como ocurrió aquí en la Republica Dominicana, en los aprestos de grupos liberales de pasar las leyes de aborto, lo cual hizo

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que muchos hombres de Dios se manifestasen en diversas esferas políticas para luchar en contra de esto. Lo que sí debe quedar claro a un pastor, es cuáles deben ser sus prioridades, y para Cristo no hay dudas de que su lugar primordial es ministrando a Su grey.

Asimismo ninguna congregación debe estar en activismo político en favor de ningún partido; esto es contrario al diseño de Dios para la iglesia.

La iglesia es el lugar en donde los santos deben ser equipados para la obra del ministerio, y para algunos santos su ministerio será ejercido en el contexto de sus profesiones como políticos o jueces etc.; allí ellos deben de dar gloria a Dios a través de un ejercicio virtuoso de sus profesiones en el temor de Dios.

La labor de la iglesia y sus pastores debe ser edificar con la palabra a sus miembros, ayudándoles a ser buenos ciudadanos del reino de los cielos y de la nación en las que le ha tocado vivir.

Hay momentos sin embargo, en los que la iglesia debe enfrentar a aquellos gobiernos que quieren destruir la obra de Dios, y que son enemigos de los principios divinos, exponiendo sus maquinaciones y enfrentándoles con argumentos bíblicos. Un buen ejemplo de esto es la lucha que muchas iglesias han llevado contra la campaña pro aborto y la agenda LGTB.

Que Dios nos asista y nos dé espíritu de sabiduría, valor y gracia para hacer lo que se nos demanda; amparados siempre en Su preciosa verdad, la eterna, inerrante, y toda suficiente palabra de Dios. ¡A Él sea la Gloria!

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Joseé Antonio Flaquer Lopez José Antonio Flaquer López es nativo de La Romana, Republica Dominicana.

Joseé Antonio Flaquer Lopez

José Antonio Flaquer López es nativo de La Romana, Republica Dominicana.

HizosuLicenciaturaenEconomíaen“TexasA&M University”. Tiene una Maestría en Negocios de la “Université de Quebec a Montreal” ( UQAM) . Realizó algunos estudios doctorales en Teología en “Trinity Theological Seminary”. Es también empresario, y actualmente funge como presidente del “Grupo Acción Cristiana RD”.

José Antonio Flaquer López es un miembro de la “Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo”, desde hace 30 años.