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Las mujeres en La esperanza ya no es la misma muchacha

Drusila Torres

Me invitó el maestro para hablar sobre la novela, pero indiscutiblemente la novela va
ligada a la historia de vida. Hace aproximadamente 9 años que tomé clases con el
maestro Garrido y, aunque en ese momento él no lo supo, sus clases cambiaron la
manera en cómo me involucré con la literatura, cómo accedí al mundo de las novelas y
cómo entendí mi propia realidad. En las clases del maestro Garrido aprendí que la
literatura tenía mucho más que ver conmigo y menos con las figuras retóricas y las
intenciones estéticas de los autores. Me imagino que muchos de sus estudiantes de antes
y después han sentido lo mismo. Sin duda, mucho de esto se puede ver en las páginas de
la novela.

Pero, como les decía, el impacto que el profesor provocó en mí, de eso no se enteró
mientras yo estaba un sus clases; porque yo más bien era tímida y me sentaba hasta
atrás y nunca levantaba la mano sino hasta que me preguntaba. Más adelante fue cuando
el maestro se enteró de mi existencia, gracias a algo que escribí mi blog sobre un libro
suyo llamado Estar de más en el globo, que hoy más que nunca toma vigencia en el
contexto mundial, donde parece que todos los latinoamericanos vamos sobrando. En fin,
eso es tema para otro lugar. Como decía, un año después de que tomé clases con el
maestro nos conocimos personalmente en los pasillos de la Facultad, y a partir de ahí
compartimos charlas, de literatura, obviamente, de filosofía, de lo que pasaba en la
Facultad, de lo que pasaba en México.

En una de esas pláticas, quizá el maestro ya no se acuerda, me dijo: "Quiero escribir una
novela sobre el fin del mundo en la esquina de Copilco y Universidad.” En ese entonces
para mí el ambiente de la Facultad me parecía demasiado acogedor, demasiado ligero,
como una bonita casa, para nada como el fin del mundo. Creo que le di la respuesta más
simple y obvia para mí: "Es que el fin del mundo no está en la esquina de Copilco y
Universidad, ahí es un paraíso a comparación de otras zonas, otras calles, otras esquinas
de la Ciudad de México.”
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Y me parece que a partir de ese momento nuestras charlas también se referían mucho a
esas calles, esquinas y fines del mundo que yo veía y vivía en la ciudad. Algunas de esas
platicas también se pueden leer en la novela.

Después salí de la Facultad de Filosofía y Letras. Pasaron 5 años más hasta que un día
de octubre del 2016 recibí un mensaje del maestro Garrido donde me invitaba a la
presentación de su novela La esperanza ya no es la misma muchacha. Me llamó la
atención el título porque inmediatamente lo relacioné con el poema de Wislawa
Symborska donde habla de cómo el siglo XX no resultó como se esperaba, el lugar
utópico en el que reinaría la igualdad y la justicia; en cambio queda la incertidumbre, el
hambre y las guerras. Eso por un lado, y por otro, me llamó la atención la portada, que es
el rostro de una mujer. Desde que la vi en el cartel de la presentación, relacioné a esa
mujer con “La esperanza”.

En el libro, se podrán observar otros grabados de “La esperanza” y otros personajes y
situaciones de la novela, realizados por el artista Juan Sebastián Barberá, quien les dio
forma a los sueños y encuentros de los personajes. Hablando del “La esperanza”, la que
para mí es un personaje más de la novela, la podrán encontrar en otros ángulos y
contextos: bella, triste escondida debajo de escaleras, detrás de ventanas o incluso casi
muerta.

Entrando en detalle, lo que me gusta de la novela "La esperanza ya no es la misma
muchacha” es que hay una gran variedad de personajes. Por un lado encontramos a los
estudiantes, a los amigos del protagonista, a los personajes circunstanciales que también
contribuyen con una frase o una acción trascendente dentro del mundo de la novela y, por
supuesto, nos econtraremos con el personaje central, Rosendo Camargo. Ese ser que
para mí es incomprensible: un profesor poco delicado y demasiado autocentrado. En nada
parecido al maestro Garrido, que conmigo siempre ha sido generoso, empático y
considerado. Si Rosendo Camargo hubiese sido el titula de las clases de Teoría Literaria
de hace 9 años, seguramente hubiera declinado de su clase en la semana de cambios.
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A continuación hablaré solo de los personajes femeninos, en especial de las estudiantes
que se dejan ver al inicio de la novela. Las elijo por causas evidentes: soy mujer y me
identifiqué con ellas, también por la edad y las circunstancias. Además, una de estas
personajes se llama casi como yo "Dru".

Los lectores de esta novela podrán encontrarse con varias mujeres en las páginas: María
José, Paula, Monserrat, Lita, Dru y otras que son mencionadas en algunas escenas . De
estas 5 mujeres conocemos más aspectos de su personalidad. No me dedicaré a describir
a cada una, sino a valorar su presencia en esta novela.

Al iniciar la lectura de la novela y casi hasta la mitad, el lector se encontrarán con que la
mayoría de las voces narrativas son femeninas. De hecho, el protagonista es mucho más
y mejor conocido por la voz de las mujeres. Ellas lo describen enteramente, desde su
físico hasta sus posibles pensamientos y motivaciones. En cierto sentido, parece que
estas mujeres conocen mejor a Camargo de lo que él se conoce a sí mismo. Una muestra
de lo que dice María José: “Por la noche y con las manos enlazadas, repasé cada
palabra, incluso cada gesto de Camargo… ¿de veras tiene tanta importancia el fulgor
repentino de sus ojos?” Ella, preocupada por cierta impulsividad de Camargo, le cuenta a
su madre, que opina con sobrada razón: “es que ha de sentirse muy solo el hombre.
Necesita tener alguien con quien hablar, ¿no crees?”.

Otra de estas mujeres que conocen sobradamente al los hombres es Lita, pareja antigua
de Arteaga (el amigo del protagonista). No solo conoce las motivaciones de Arteaga, sino
que tiene la habilidad de sitiarlo en la verdad de la vida con frases y preguntas
contundentes como “¿Puede el enamoramiento tornarse en amor?… ¿Arteaga, lo nuestro
es enamoramiento o amor?… Arteaga, por favor, no me tomes como tarea, no me
encierres. Lo nuestro no es tarea, Arteaga.”
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Creo que esta es una de las grandes virtudes de la novela son sus mujeres, que, a
diferencia de los hombres de esta novela, son más sabias, sabias en todas sus
acepciones. No solo porque sean lectoras, porque sean universitarias, porque sean
filósofas. Más que esto, son sabias porque están conectadas con la vida: ven y
comprenden los hilos que tejen la vida. Están presentes. A diferencia de Rosendo
Camargo, que pasa mucho tiempo viviendo a través de los libros y las ideas de los
escritores y filósofos (hombres, porque la única autora que se menciona en toda la novela
es Hannah Arendt), las mujeres, si bien pueden “apoyarse en los titanes” (de la literatura)
prefieren conocer el mundo directamente con sus experiencias cotidianas, a través de sus
emociones, pasando y repasando los pensamientos e ideas que surgen por su
observación detallada de la vida, ellas llevan la literatura más allá de las aulas y la
“invierten” para conectar con el mundo.

Un ejemplo claro: mientras Camargo imparte sus clases refiriendo toda suerte de pasajes
de novela, poesía y autores, y después va a su casa para seguir pensando en ellos, María
José y Paula, dos estudiantes, utilizan este conocimiento como ayudante para
reencontrarse con sus respectivos padres. Gracias a las clases de Camargo, tienen un
tema en común con sus padres, pueden compartir algo, aunque sea una especie de
preocupación por México, que es el pretexto idóneo para comenzar una plática con tus
padres, ¿no?

Regresando a la madre de María José: “Aquel día vi a mi madre de otra manera. Aquel
día se me hizo gigante de repente, pues con un gesto y unas cuantas palabras comprendí
que no se trataba de que nadie hubiera llegado a la clase con la tarea hecha. No se
trataba de Kafka, ni de Carpentier, ni de Bloch…” ¿De qué se trataba? Cuando lean la
novela lo sabrán.

La esperanza ya no es la misma muchacha también trata de eso, del encuentro entre dos
generaciones. De la generación de la Modernidad y la esperanza, como dice WS, la
generación del siglo donde:

Se suponía que la verdad
Ganaría la carrera a la mentira.
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Algunas desgracias
Nunca más iban a suceder,
Por ejemplo la guerra, el hambre y
lo demás.

Esa generación que ahora se encuentra con estar otra, que no está definida solo por la
Posmodernidad, puesta esta es una categoría muy "Moderna". Se enfrenta con la
generación del porvenir y futuro inciertos. Como bien divisó Alcira: la generación de
jóvenes que caminan hacia el abismo.

Pero estos jóvenes, en los que también me incluyo. No caminamos hacia el abismo sin
pensar, cegados. Vamos hacia allá porque perdimos la guía, porque no alcanzamos a
comprender el pasado. Por esa razón los jóvenes de esta novela, representados por
figuras femeninas, buscan la guía en la figura del maestro, del mentor. Las jóvenes de
esta novela intentan comprender la generación que les dio la vida, que las antecede, a
través de entender lo que un maestro dice en una clase. Estoy segura de que Mar ía José,
Paula y Dru entendieron más de lo que pasaba en el mundo gracias a las clases de
Camargo. Entendieron a sus padres también, ganaron un poco de guía.

La mayor muestra de la profunda conexión que tienen las mujeres de esta novela con la
vida, la encontramos hacia el final de la historia; sin embargo, no dir é nada sobre esa
parte, los invito a que lean la novela.

Solo diré que aquella mujer del final del libro se conecta tanto con la realidad del mundo y
la muestra a Camargo con tanta naturalidad (que el protagonista llamaría barbaridad) que
basta para que Camargo ponga en duda el sistema de ideas que sostenía su mundo de
letras, de autores y de academia. Ese grito de la vida, en voz de una muchacha, le pide lo
que Camargo siempre exigía a sus estudiantes: que salga y enfrente el mundo allá en
la esquina de Copilco y Universidad, o allá, en la misma esquina del mundo.
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Es así como yo veo la novela, como un encuentro entre la sabiduría de la vida cruda y el
conocimiento digerido de los libros. Es el encuentro entre la generación de la Esperanza
con bello rostro de mujer y la generación de la Esperanza, que ya no es la misma
muchacha, con rostro moreteado, labios hinchados a golpes, lágrimas en los ojos y pelo
revuelto, pero aún viva.

FIN

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