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Arte, Conocimiento y Educacién Juan Romera Agullé Universidad de Murcia jSabemos exdctamente cual es el ambito de la ensefianza? Tal vez ensefia- mos aquellos mecanismos y artificios que gobicrnan las cosas, precisamos sus funcionesy explicamos sus contenidos y sus objetivos de aplicacion; delimitamos campos de disciplina, ciframos especifi- cidades de curriculo y registramos térmi- nos, medios docentes, meros valores de dudosa normativa. Tal vez nos engafia- mos en lo esencial. Desde estadios iniciales de una di- déctica de base olvidamos pronto el ver- dadero, y Unico quizds, cometido de} educador: sentar las bases en un ser hu- mano para que emprenda una aventura intelectual y social que a través del cono- cimiento interprete mejor el mundo y sus cosas. Una escuela mejor no es aquélla que propende a la entelequia de ja fija- cion sistematica de materias de diversa naturaleza. Insistimos mucho en una normativa de consecuencia y en una es- tructura docente que perfeccione el me- dio de educacion. Cada vez ensefiamos mejor lo fatil, y aiio a afio progresamos realmente acrisolando componentes de adecuacién pedagégica, El monto final deesos saberes solo ha ensefiado a quien realmente debia ensefar a demorarse en una mecénica de ambigiiedad que a du- ras penas trasciende mas alla del desa- rrollo de las mismas formulas que faci- litan la ensefianza. Nuevos métodos educativos se su- cedenconencomiable tenacidad. La prio- ridad, como siempre, es ensefiar mejor. Investigamos continuamente en alterna- tivas enriquecedoras del proceso educa- tivo, e incluso culminamos en valiosas aportaciones epistemologicas y en co- rrecciones que alivian una anquilosada secuencia de aprendizaje pedagdgico. Pero, greflexionamos siquiera en qué debemos ensefiar? {Qué hace mejoraun ser humano durante aquellos afios de su vida cuando es la curiosidad en todos sus 6rdenes la que conduce o embelesa su animo? Década tras década los educadores concluyen recalando en idénticas servi- dumbres: renuevan y mejoran, experi- mentan 0 empeoran sistemas de ense- fianza y toda reforma culmina en su gra- do de practicidad contrastable, en las varias bondades de su consecuencia téc- nica. Pero los dividendos de una educa- cién no se hallan nunca més alla de la comprensi6n del mundo que aporta a sus educandos. El otro incierto bagaje con que poblamos la mente de los educandos termina resolviéndose entre las coorde- nadas mercantilistas y burdas de una sociedad abierta a todo tipo de logros y constantes progresos, pero también a la 105 106 Arte, Conocimiento y Educacion inedgnita y a la incertidumbre espiritual Ahi lastimosamente concluye disolvién- dose la magnificiencia tinica e irrepeti- ble de un ser humano, que antes de ser uno era multiple, y de ello en verdad deberiamos darnos cuenta en las aulas antes que nada los educadores y pedago- gos. La materia real de conocimienio es el alumno. {Como podemos llegar hasta é1? No solo le ensefamos a com- prender el mundo, un modelo de forma- cién y una asunci6n utilitaria del conoci- miento, generalmente casi siempre des- dichada, le ensefiamos a su vez a dispo- ner cuanto antes de una instrumentacion adecuada que le permita dilucidar enten- dimientos sobre todo acerca de si mismo. Le ensefiamos a comprender el mundo y a interpretarlo de acuerdo a una dimen- sién cabal en sus presupuestos, pero tam- bién debemos ensefiarle a entender lo que es él, 0 cuando menos 1o que no deberia ser. Verdaderamente lo que ha- cemos, 0 deberiamos hacer, es otorgar vislumbres de realidad y veracidad a un ser humano y, por encima de todo, a que aquella comprensidn del mundo parta de un conocimiento mejor de si mismo. Quien mejor se conoce a si mismo mejor disfruta de si mismo, de aguéllo que es su auténtica esencia. Una educa- cin atenta, vigilante de encauzamientos y razonable en sus postulados se dirime desde la absoluta flexibilidad de criterios docentes. Es necio perseverar en disci- plinas carentes de contenidos reales y contrastables de formacién del indivi- duo. De bien poco sirve una mente muy severa de aplicaciones técnicas y cienti- ficas si a la vez gobierna un ser humano malogrado de equilibrio y desdefioso de la cultura y la belleza Pepacoola Socist 4 Segunda época Eliot ya entrevié hace décadas que educacion y cultura son términos que van indisociablemente unidos; por con- siguiente, toda educacion se convalidaa si misma en tanto es capaz de lograr el hallazgo de medios transmisores de cul- tura y de belleza. Desde premisas analogas parte nuestra definicion de una ensefianza real- mente cducadora: una cducacion adquiere su absoluto significado en la medida que su intervenciOn posibilita la compren- sion de} mundo, de los seres humanos y de uno mismo. wk Nuestro cometido docente se ins- cribe en cl area de la expresién plastica desde hace ya afios. Son muchos los modelos de referencia de naturaleza di- dactica que hemos conocido a lo largo de nuestra trayectoria; muchos mas los es- quemas y sistemas que, a despecho de su apariencia novedosa, reiteran antiguas querencias muy fracasadas y lamenta- bles. Hoy por hoy, el arte en la educacién es un mero epigrafe, una asignatura de adicion, una torpona muestra de auténti- ca voluntad de obviar que el arte y su manifestacion no son sino un método, y no uno mas, de conocimiento del mundo y de perfeccionamiento intrinseco del ser humano. Todo es estética, y en toro al hombre giran la naturaleza y la crea- cidn de aquél en ésta; es decir, el arte. Su mejor huclla en el mundo. Y todo es estética por cuanto no hay ninguna per- sona que no perciba tal experiencia, que no es sino una actitud ante las cosas mas alla de su inmediata practicidad. Lo esté- tico preside siempre en una emocidn, y sdlo nos conmueve aquéllo que nos agra- dao apelaa lo mas armonioso de nuestra Pevacosia Soci 4 Segunda época Juan Romera Agullé conciencia. En realidad, toda estética propugna la contemplacion y, a la vez, fundamenta aquella actitud en Ja vida que concluye aun ser humano dotandole de mejor juicio para analizar el universo desu entorno. En otras palabras, agregar al individuo, a su misma existencia, la cualidad de lo estético es completarlo, conformarlo mas libre y sabio de sentir y comprender. Desde esta perspectiva, nosotros entendemos que el principio hdsico de toda educacién se apuntala sobre el gra- do de conciencia estética que hemos sido capaces los educadores de desvelar en los educandos ya en sus primeros afios de estudio. Esta funcion de verdadera propedéutica para cl aprendizaje de la vida descansa en una inclinacién natural del ser humano: la observaci6n liidica de todo lo que le rodea, objetiva, es lo que impele a todo individuo a expresarse pldsticamente sin la coaccién de lo prag- mitico, Es luego, cuando los mecanis- mos de aprehensién y aprendizaje inte- lectivo se sofistican mediante una peda- gogia no exenta de arbitrariedad, que la expresion plastica queda relegada a un rol de nimiedad en los variados, siempre imperfectos y constantemente reforma- dos planes de estudio. Se diria que tene- mos prisa por coartar de cuajo una sensi- bilidad en ciernes, una curiosidad y for- macién de complacencia estética. Priori- dades disciplinares de presunto cientifi- cismo se imponen a otras prioridades de esencialidad formativa, como, por ejem- plo, el desarrollo de una conciencia esté- tica, a nuestro juicio de capital importan- cia como componente arménico de inte- gracion en Ja sociedad y el inmenso tapiz de sus complejidades. Esto nos conduce a la realidad del estado actual de las artes y su practica en los estadios basicos y secundarios de la ensefianza que, al igual que otras mate- rias, ha terminado vertebrandose a partir de enunciados tedricos de naturaleza pedagogica y sin participar verdadera- mente de la especificidad que supone su misma esencia. La insereién de la expre- sién plastica, del estudio y la practica artisticas, en el conjunto de la materias de estudio programadas desvirtia plena- mente su significacion, y deja latente por completo el auténtico caracter formativo. que informa una practica y actividad encaminadas a la conclusién sensible, social y moral de los individues. La en- sefianza artistica pasa de este modo a convertirse en una mera asignatura lastrada (en realidad, como todas las de- mas asignaturas) por el grado mayor o menor de aceptacion que despierte en sus alumnos Queremos insistir en ese punto de enmascaramiento sutil que implica en- tender la formacion sensible de) indivi- duo en tanto conciencia estética como mero estadio de curriculo o simple adi- cién disciplinar de programa escolar. El peligro y el desdoro que desde siempre haacechado a Ja ensefianza artistica (evi- dentemente no remitimos en manera al- gunaa su consecuencia en estudios supe- riores, como los de Bellas Artes, cuyos objetivos y aleance docente escapana las propuestas mucho menores que expone- mos cn este trabajo) no es otro sino su conversion en simple referencia de enti- dad programatica. En otras palabras, clau- dicada la formacién estética del alumno en un epigrafe mas de las materias de estudio, toda su carga generativa de for- macién arménica e integral del indivi- 107 108 Arte, Conocimiento y Educacién duo en cuanto ente sensible informado tanto ideolégica como socialmente, es- tética como moralmente, queda confi- nadaa un puro objetivo residual, respeta- do en el batiburrillo de las demas mate- rias pero devaluada hasta cl maximo su potencialidad reformadora de animos y voluntades como tal vez ninguna otra disciplina alcance jamds a poscer. El estudio y el miramiento de la actividad artistica y el amparo de la acti- tud estética en el escolar mas que una alternativa se impone como un reglado conceptual y sistematico que enriquezca los procedimientos docentes, pues si la formaci6n cientifica de los individuos les garantiza un futuro de progreso y de bienestar solo un sustrato cultural de amplitud y una actitud estética ha de proporcionarles el equilibrio intelectual y moral que les permita precisamente el disfrute de todo el conjunto de satisfac- ciones que les promete un mundo bien evolucionado en sus aspectos econdmi- cos y tecnolégicos. Resultaria harto pa- raddjico que en un mundo tecnificado a ultranza la conciencia tecnolégica de sus individuos privase por encima de una conciencia estética y en armoniosa com- placencia con su entorno. Que la vaste- dad y complejidad de una y de toda ciencia, motor incuestionable de la eco- nomia y el desarrollo de los pueblos, haya de erigirse en primacia esencial de convivencia humana, o cuando menos de soterrada pleitesia, no puede sino des- pertar en el proximo milenio simplismos seudoreligiosos y terrores cada vez mas primitivos en la racionalizada mente de sus pobladores. Creemos que ‘a inocente atencién que demanda la formacién estética de los educandos en los actuales planes de estu- Peoacoois Soci 4 Segunda época dios y programas curriculares tiende cada dia mas a la contradiccion mas irritante. De un lado, nadie somete a discusion la absoluta necesidad de fomentar y alentar en el escolar su capacidad de expresion plastica desde sus primeros afios de apren- dizaje; por otro lado, al paso del tiempo docente se bloquean con autoridad cual- quier espiritu colectivo animado por un ideal estético que no depare sencilla- mente una gratificacion o estimulo pun- tual, una curiosidad basica de entreteni- miento. Practicamente, el horario lectivo y el disefio programatico de la ensefianza artistica en Jas aulas no rebasa aquella mediocre ambicion: se confide la for- macién estética de un ser humano en los aiios mas importantes de su educacién integral y arménica con el simple chafa- rrinén en una hoja de papel, con la boba- da recortable, con la graciosa minucia del gagdet y el objeto plastico de pronta y ocurrente invencidn. Por desgracia, se prolonga curso a curso, un plan tras otro plan, idéntica desgana en deshacer el tremendo equivoco, la misma demoraen ignorarque la educacién estética del alum- no le capacita precisamente paralacom- prensidn cabal y sosegada de muchas otras materias y disciplinas, Digamoslo, una vez mas: la estéti- cas una actitud de libertad, equilibrioy de ética de! individuo ante la vida, sus manifestaciones y sus logros, y en modo alguno debe menoscabarse su sentido esencial confundiendo su real entidad con la practica temporal del ejercicio creativo y/o artistica. No se nos oculta a los educadores que una gran parte de la ensefianza que reciben nuestros alumnos se pierde sin fatiga en el vacio de la ineficacia de su asuncion. De hecho, tres 0 cuatro con- Proagosls Socu. 4 Segunda época _ ceptos ¢ ideas liminares de una discipli- na avalardn en la vida profesional y de adulto del escolar su paso por las aulas y sudedicaci6n a aquella materia. Tan solo eso, y mas alld de planteamientos opti- mistas de la reforma y mejora de los sistemas educativos, afan investigativo que no desmaya década a década, todos los docentes sabemos que saivo la espe- cializacién 0 una constancia singular, imprevista, nada obligaré al estudiante, y mucho menos él mismo, a cultivar unos conocimientos adquiridos en el curso de sueducacién escolar. Bien parece que su formaci6n intelectual no era sino un des- esperante suplicio que habia de suftir por una exigencia social de refrendo comin. Y siese estudiante no va a constituirse en un punto porcentual mas del fracaso es- colar, interrumpiendo drasticamente su formacion, es casi seguro que engrosara lo que los artificios estadisticos han ve- nido a denominar la inmensa mayoria: comprara dos libros al afio; no entrara jams en un museo; dedicard su ocio (algunos, con menos fortuna en su bis queda de empleo, dedicaran todo su tiem- po)a la anodina y pasiva contemplacion de programas y espectaculos televisivos de dudoso gusto e infimo nivel cultural; despreciaran la informacion objetiva. No serdn descreidos ni escépticos; sern sim- plemente amorfos. Algo profundo y de gran importan- cia les fue sajado en sus aitos escolares, lo que mas facil era de aprender mas alla de reglados de dificil comprensién o de dificultad; les fue negado su derecho a aquéllo que unicamente podian apren- der: por lo menos a que les ayudaran a comprenderse mejor a si mismos, a co- nocer aquéllo que podia haberles com- placido durante su estancia en las aulas y Juan Romera Agullé que, siquiera eso, hubiera compensado un fracaso tras otro en el curso de su educacién. En algiin punto de su obra dispersa Wittgenstein alcanz6 a decir que el sdlo esfuerzo de escribir nuestras ideas per- mite desarrollarlas. El acierto de la de- claracién cs emocionante. Y, eneste sen- tido, los docentes deberiamos compren- der que el mero hecho de una asistencia a las aulas ya acredita un sistema de educacién que es capaz de mudarse en multiples y fértiles expectativas de for- macion del ser humano. La simple cir- cunstancia de un alumno con un 4nimo curioso por aquéllo y aquéllos que le rodean es suficiente para cifrar con éxito una adecuada cobertura de intervencion formativa. Ante una enojosa dificultad de apre- hensi6n intelectiva por parte de aquel estudiante que malamente culminara un ciclo convencional de programacién cu- rricular, lo importante deja de ser su grado de capacitacién frente disciplinas que se desmarcan claramente de su inte- rés, y en consecuencia su resultante de evaluacién para aquellas materias que se constituyen excluyentes de otras inicia~ tivas de educacion: lo realmente valioso ¢s inducirle al ejercitamiento del conoci- miento mediante instrucciones pedagé- gicas que no abortan el grado eficaz de su interés. Sin ningiin género de dudas, la propia formacién estética se configura como unica via de satisfacer al mismo. tiempo que su necesidad de expresion y comprensidn general cl método didacti- co mas satisfactorio del arte del conoci- miento El enunciado axial que se dirime francamente en la manifestaci6n plastica 109 110 Arie, Conocimiento y Educacion de nuestros dias sélo radica en Ja libre imaginacién de sus postulados esencia- les, y lasingularidad descansa en el eclec- ticismo sino la disparidad de sus veneros de inspiracién. El arte ha dejado de ser copia fiel de algo, es referencia de casi todo y es una rara y fascinante poética de nuevas revelaciones, un verbo nuevo que se proyecta como el ejercicio mas cabal de entendimiento de la realidad proteica y la multiplicidad de sus desafios. Es arte lo que yo entiendo en mi creacién como tal. Si creo doy cima a una forma de entendimienta, Aseveraciones de esta indole, bien es cierto que desprendidas de la gratui- dad de su cardcter de aplicacién univer- sal, no dejan de constituirse como refe- rencia inexcusable de captacién de me- dianas 0 peores inteligencias malogra- das en libros de textos que a nada les conduce ni jamas van a alumbrarles, a diferencia de muchos de sus compaiieros de formacion, en la oscura marafia de materias y disciplinas que ellos mismos entienden inutiles para su aprendizaje moral, social y personal. Muchos de los estudiantes estan proyectados de ante- mano al fracaso absoluto en un disefio curricular ajeno a sus curiosidades esen- ciales. Si no alentamos éstas, su educa- cion y formacion quedan bloqueadas. Su paso por las aulas solo se justifica por su peticia en observar y plegarse fielmente adeterminados mecanismos de conducta que les permita alcanzar un grado supe- rior a nivel académico. Lo menos impor- tante, obviamente, es lo que se aprende y por qué razon se aprende. En cierto modo, generamos un buen nimero de mistificadores sociales y culturales de por vida. Peoacocts Socrat. 4 Segunda época La libertad que postula un arte de expresion plastica como cl de nuestros dias nos ensefia otra via de conocimien- to, desde luego de penetracion en la rea- lidad, menos sujeta a componendas racionalistas de resultados excluyentes y, desde luego, tan plausible como cual- quier otra. El arte, su practica y su entendi- miento, nos proyecta a nuevas formas de vida, y aunque s6lo fuera por el estimulo que provoca en el afianzamiento de los comportamientos creativos de muchos de los individuos de dudosa adaptacién social (tal vez sea su intima propensiéna la creatividad lo nico que de auténtica calidad ya a presidir en sus derroteros personales) deberia instaurarse como la base factual prioritaria de toda una ex- periencia educativa. Nosotros entendemos que yaeshora de despojar el caracter alternativo quese quiere para la educaci6n estética en las aulas. En realidad, propugnamos que sea precisamente la formacién estética la piedra angular de toda educacion del futuro. wee Los fundamentos que prevalece- rian enuna educacién estética del escolar como elemento radical del proceso edu- cativo descansan sobre aquellos factores que definen mas perentoriamente sus distintivos de disciplina de sensibiliza- cién En efecto, ya dijimos en otro lugar que una educacidn artistica, entendida como inductora en todos los ordenes, formativos def ser humano, no se incardina sencillamente en sus mas cer- canas propuestas, sino que implica de modo decisivo la comprensién de un Pepacocts Sociat 4 Segunda época entorno social, moral y cultural de am- plitud, multiforme y en constante cues- tionamiento de sus valores 0 principios ideolégicos. Para ello, la consideracion estética del individuo en su proceso edu- cativo aborda la insercién de éste en aquel conglomerado social desde una porspectiva de perfeccionamiento basi- co de entendimiento: su formacidn esté- tica ha de capacitarle para un aprendizaje cultural a salvo de desalientos 0 compro- metidas practicas de aprendizajes mas utilitarios 0 pragmaticos pero de mas precarios resultados educativos en e] as- pecto personal. Por otra parte, ya es un hecho de- mostrable que el arte, e/ arte para cual- quiera de los individuos de una sociedad en un derminado estadio de evolucién cultural, es un instrumento para la vida y para el uso mas eficaz de la libertad, ala vez que fortalece nuestra creencia de mantener airosa la lucidez de la razon en las miltiples circunstancias que aquélla nos depara en sus actos y la largurade sus sucesos. El arte hace libres y otorga ca- pacidad para creer en una existencia ple- na de sentido espiritual. (Por qué, en consecuencia, no ha- cer del arte y sus benéficas influencias e inteligencias en la educacién del ser hu- mano el principal origen de su aprendi- zaje y experiencias en su devenir social, moral y cultural? {Qué impide que la conciencia estética concluya por erigirse en el principal elemento de un proceso educativo? Toda convencidn nos obliga a la mesura cuando no a la medrosidad. Va- riar nuestra concepcidn de toda una teo- ria y practica de la educacién, suplantar- la por los medios educacionales afines a Juan Romera Agullé la formacién de una conciencia estética, supone dejar de lado una actitud tradicio- nal de complacencia hacia métodos de contrastada implantacin en el ambito de Ja enscfianza. Y nos estamos refiriendo, obviamente, a aquellos saberes que co- pan los discfios curriculares mediante asignaturas denominadas cientificas y sociales. El peso de esa evidencia tras- torna ampliamente cualquier intento de sensibilizacién estética en las mentes de Jos estudiantes en los primeros (y segun- dos) afios de su proceso educative. Ningin educador difiere esencial- mente de que el objetivo de toda ense- fianza reglada cs la formacion intelectual y moral de los educandos. El acuerdo es unénime en cuanto se trata de valorar y concebir debidamente las excelencias de una educacién que esté proyectada al logro de la comprensién, solidaridad y respeto entre los seres humanos, y es de aceptacién clamorosa que sin esos fun- damentos originales de iniciacién en la cultura de un adulto dificilmente llegare- mos a la conquista de una sociedad y un mundo mejores y menos indiferentes a las lacras y simulaciones que los arruinan. Dejamos apuntado en otro lugar que una conciencia estética (y ello sdlo deviene a partir de una educacion artisti- ca consecuente; es decir, integral y prio- ritaria de aleance, nunca de adicién o de mero y vergonzoso relleno programatico) es capaz de ordenar el caos aparente de cualquier formulacién de cardcter moral, doctrinario o intelectual, y ademas, cali- fica ponderndolo con rigor cualquier sistema o postulado cultural o social que pretenda su conformidad. En suma, le ensefia a seleccionar y a dirimir sus inte- rrogantes de cualquier indole sin 1]? 112 Arte, Conocimiento y Educacién interferencias indeseables o interesadas. Toda estética de coherencia pasa por la ética, y a fin de cuentas s6lo ésta protege a la libertad de lo anarquizante, del desorden de ia mala inteligencia y su aplicacion seudocultural. El problema surge cuando al cabo del tiempo observamos los docentes que toda fa elucubracién sistematica de obje- tivos didacticos que se suceden uno tras otro, los que la tradicion cducativa man- tiene mediante livianas aportaciones ale- jadas de lo sustantivo, insisten en apelar a lo reformable en lugar de radicalizar unos presupuestos que instauren defini- tivamente la adecuacién cultural y for- mativa del individuo, la calidad practica de los conocimientos a impartir. Es en- tonces cuando la tradicional reserva res- pecto a todo aquéllo que afecte severa- mente los supuestos educativos mas enraizados impide una modificacién en la enseflanza que nos aleje de los espejis- mos en la escuela y nos transporte deci- didamente a cambios de hondura y en gran medida revolucionarios Asi, comprobamos que vertebrar la educacién escolar esencialmente desde una formaci6n estética, y agregar a ese disefio axial las demas materias y disci- plinas de conocimiento en una primera fase del escolar no sdlo escandaliza ino- centemente sino que, por afiadidura, es objeto de los mas acendrados escepticis- mos cuando no de las criticas menos reflexivas. Al parecer, la educacién tiene que secundar un modelo determinado (y todos sabemos cudl: racionalista y prag- matico; cientifico, por encima de todo; medianamente humanista) 0 carece de él. Peoagoaia Soctat. 4 Segunda época En consecuencia, sentar las bases para la configuracién reflexiva de la en- sefianza artistica y la educacion estética como eje singular de conocimiento ge- neral implica no pocos campos de batalla donde dilucidar sus propuestas. Desde luego, todas las incomprensiones y todos los recelos. Y, sin embargo, no cabe duda de la oportunidad pedagdgica que en nuestra época se configura sin asomo de equivo- co: en tiempos de probaturas y constante reciclaje intelectual son los medios de educaci6n, sus fines y sus ultimas pro- puestas los que alcanzarian a formar sin antiguas presunciones, sin ataduras de rancio miramiento. La expresién plasti- ca como generadora de nuevas actitudes y de conocimiento no invoca a lo abs- tracto ni a la pérdida de Ia realidad. El hombre es creador. Nace de ese modo. Concluye malogrado en la mayor parte de los casos merced a una educacién que recluye el conocimiento a una acciénya un efecto cientifico y de pensamiento practico, aplicable. Una educaci6n artistica, més alla de su enunciado de especificidad, mas alld de su simple observancia y reglado didactico, no ensefiaria desde un punto de interpretacién ambiciosa a ser artistas solamente, como si esto deviniese finali- dad taxativa, no ensefiaria s6lo a com- prender el arte, a participar de él... ense- fiaria por encima de todo a ser desde la autenticidad de la libertad y la ética, conceptos que afectan asimismo a la pro- pia sustancia de cualquier otra discipli- na, al tiempo que preservaria de los peli- gros de la miseria mecanicista 0 el racionalismo excluyente y severo, romo de otras formulaciones que disientan de sus objetivos Pepscacts Sociat 4 Segunda época Juan Romera Agullé Una formacién estética en fos ori- genes del aprendizaje intelectual del ser humano es un mecanismo de autoeduca- cién de perennidad: seria la salvaguarda de la sensibilidad frente al materialismo yala alienacion de una cultura moderna fundamentada en lo vacuo y lo simplista. Elarte faculta al conocimiento para negarse a enaltecer una categorizacién de lo trivial, de lo sumario en lo social y Jo cultural. Por contra, ayuda a discernir Jo auténtico de una cultura y un orden social de entre Ja desmesura de sus faci- les propuestas y generalizaciones El discurso de lo artistico, la poéti- cade la imagen, la propuesta plastica son fenomenos de una expresion de eduacién que en cierto modo no son producto de una educacién especifica, son (y tal vez con mucho mas fundamento de lo que solemos pensar, ya de una manera in- cuestionable) parte de un proceso educa- tivo que debe atender por encima de todo la formacién integral del individuo. Toda educacion es un futuro abier- to: impartir una educacidn artistica, con- formar y alentar una conciencia estéti- ca, entiende aquéllo como absoluta aspi- racion de prerrogativa esencial, y tiene la firme creencia que a través de los meca- nismos de conocimiento que propugna esta instaurando todo el conjunto de cla- ves y leyes morales y éticas por las que se regiran las generaciones posteriores. Bibliografia consultada, SECCION A. AGUILLA, J., 1975: "Educacién, sociedad y cambio social”, Ed. Kapelusz, Buenos Aures, ANDREWS, Michel (Editor), 1955: “des- thetic Form and Eduction", Syracuse University Press, Nueva York. ARREGUIN, J.L.M., 1981: “Tres acerc mientos a la educacién audiovisual”, Ediciones didacticas Trillas, México D.F. BEAUDEAUT, A., 1973: “La creatividad en la escuela”, Studium, Madrid BERNSON, M., 1962: “Del garabato al di- bujo", Editorial Kapelusz, Buenos Ai- res. BLAY FONTCUBERTA, 1967: “La perso- nalidad creadora”, Ediciones Alicien, Barcelona. 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