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Natalia Verónica Coronel

La Dictadura Militar, 1976- 1983
El 24 de marzo de 1976 un golpe cívico-militar derrocaba al gobierno
constitucional de la presidenta María Estela Martínez de Perón, Isabel, e
instauraba una dictadura que gobernaría la Argentina entre 1976 y 1983; a
través de una Junta Militar encabezada por los comandantes en jefe de las tres
fuerzas armadas: Jorge R. Videla (Ejército), Emilio E. Massera (Armada) y
Orlando R. Agosti (F. Aérea).
Durante los últimos meses del gobierno peronista, el país se encontraba
sumergido en un caos general, tanto económico como político y social; lo que
fue provocando un gran descontento por parte de la sociedad argentina, que no
solo deslegitimaba el gobierno de Isabel sino que también al sistema
democrático en su conjunto. Esto posibilitó, a su vez, la gestación de un mayor
consentimiento sobre un orden militar. Cabe destacar que en el país, entre
1930 y 1983, se suscitaron recurrentes golpes de Estado, los que se
alternaron con gobiernos constitucionales; por lo que la sociedad, ya
acostumbrada a la intervención militar, aceptaba la participación de esta en la
esfera política del país.
Con el nuevo gobierno de facto se da inicio al Proceso de Reorganización
Nacional, cuyos objetivos principales, según el Acta dada a conocer
públicamente, consistían en: la restitución de los valores esenciales del Estado,
erradicación de la subversión, promoción del desarrollo económico de la vida
nacional basado en el equilibrio y participación de los distintos sectores y
posteriormente, la instauración de una democracia, republicana, representativa
y federal, adecuada a la realidad y exigencias de solución y progreso del
Pueblo Argentino. Dichos objetivos no tenían ningún tipo de límite temporal
para su concreción.
En cuanto al objetivo militar, el mismo consistía en terminar con la
“subversión”, por lo que el gobierno militar, daba comienzo a una ola de
secuestros, torturas y ejecuciones clandestinas a decenas de miles de
personas sospechadas de participar en organizaciones armadas tuvieran o no
relación con ellas, a sindicalistas, funcionarios y estudiantes. En definitiva, todo
aquel a quien se lo consideraba subversivo.
Natalia Verónica Coronel

Establecieron, entonces, centros clandestinos de detención para llevar a cabo
las tareas de detención, tortura y ejecución de personas. Los detenidos en
estos centros fueron conocidos como “desaparecidos” y un gran número de
ellos fueron ejecutados y enterrados en fosas comunes o arrojados al mar
desde aviones militares. Otro siniestro mecanismo implementado durante el
proceso, fue la apropiación de bebés de madres en cautiverio por parte de la
misma estructura militar.
Por otro lado, este proceso tenía como objetivo económico la reorganización o
restructuración de la economía argentina, terminando así con el modelo
desarrollista impulsado por el gobierno de Juan D. Perón e implementando en
su lugar un modelo económico neoliberal. El programa económico empleado
por la dictadura militar provocó una total reversión de las políticas
implementadas en la industrialización sustitutiva de importaciones,
desaprobando los instrumentos utilizados en este modelo y proponiéndose
como objetivos la apertura de la economía, la libre operación de los mercados
de capitales, el control del tipo de cambio, la desregulación financiera y el
control salarial a través de políticas como: el congelamiento de los salarios, la
abolición del derecho a huelga y la eliminación de los convenios colectivos de
trabajo. Producto de este nuevo modelo de acumulación, la economía
argentina se vio gravemente afectada. Entre las consecuencias más
importantes de la implementación de este modelo se encuentran: la
concentración del ingreso, el crecimiento exponencial de la deuda externa, el
incremento de la fuga de capitales, la desindustrialización de la economía
argentina y un abrupto incremento de los niveles de pobreza.
Para finalizar, es necesario destacar que existía una certera relación entre el
terrorismo de Estado y el modelo económico implementado por la dictadura.
Como muy bien lo explicara el escritor Rodolfo Walsh en su Carta Abierta a la
Junta Militar (1977), no eran las acciones represivas de la dictadura las que
más sufrimientos le habían ocasionado al pueblo argentino ni las peores
violaciones de los derechos humanos en que el gobierno militar había incurrido.
Según Walsh, debía buscarse en la política económica del gobierno de facto,
“no solo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a
millones de seres humanos con la miseria planificada".
Natalia Verónica Coronel