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Fundamentos de Ingeniería Nuclear 1

Miguel Moro Vallina 2

1 Apuntes preparados a partir del material mimeografiado elaborado por el equipo docente de la asignatura, Javier Sanz Gozalo, Mireia Piera Carreté, Patrick Sauvan, Francisco Ogando Serrano, Mercedes Alonso Ramos y Miguel Em- bid Segura: Fundamentos de Ingeniería Nuclear. Madrid, 2005. Los apuntes corres- ponden a la asignatura homónima del Plan de Estudios de 2001 de Ingeniería Industrial de la uned. 2 Correo: narodnaia@gmail.com. Web: http://narodnaia.googlepages.com

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Capítulo 1

Estructura de la materia y formas de energía

1.1. Introducción: materia y energía

La materia se encuentra en varios estados: sólido, líquido y gaseoso, a lo que se añade el estado de plasma o gas ionizado, muy infrecuente en la Tierra pero el más extendido en el Universo.

Su estructura u organización viene determinada por las fuerzas internas, i.e., por las fuerzas entre los constituyentes del sistema. Directamente asociada a éstas, se define la energía del sistema. Los componentes estructurales del sistema y los tipos de interacción que se establecen entre ellos determinan el valor de su energía.

1.2. La energía: concepto y propiedades

¿Qué es la energía? La energía de un objeto o sistema es la cantidad de trabajo que el objeto o sistema puede hacer sobre algún otro objeto o sistema.

Las propiedades de la energía Aunque la definición de energía es operativa, es importante poner de manifiesto que, en la Física actual, no se sabe a ciencia cierta qué es la energía. Sabemos que hay una cierta magnitud física, llamada energía, que no cambia de valor en los múltiples cambios que ocurren en la naturaleza. También sabemos que hay fórmulas para calcular cierta cantidad numérica —una fórmula para cada forma de energía—, y que cuando las jun- tamos todas resulta siempre el mismo número. Aparte de esto, la energía tiene otras propiedades bien probadas que la caracterizan:

La energía siempre se conserva, i.e., nunca se crea ni se destruye.

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1.3. Formas de energía

La energía se manifiesta en diversas formas. Las formas fundamentales son: energía cinética, potencial, térmica, química, nuclear y radiación elec- tromagnética. Además de estas, la propia masa se puede concebir como una forma de energía, idea propuesta por Einstein a comienzos del si- glo xx y que constituye el elemento fundamental para el estudio de la energética de las reacciones nucleares.

Cualquiera de las formas en que la energía puede manifestarse tiene que estar definida por una fórmula matemática específica que permita su cuan- tificación. La energía total se puede cuantificar como la suma de todas las fórmulas correspondientes a las distintas formas de energía.

La energía se puede convertir de una cualquiera de sus formas en otra.

La energía se puede transportar y transferir desde un objeto o sistema a otro cuando se establece una interacción entre ellos.

1.3. Formas de energía

Energía térmica La energía térmica de una sustancia es una medida de la ener- gía cinética —asociada a la agitación— y potencial —asociada a la atracción— del total de sus moléculas. El movimiento de dichas moléculas, independiente- mente de su velocidad, posee la característica esencial de ser un movimiento desordenado.

Energía química La energía química es una forma de energía potencial mi- croscópica que existe debido a las fuerzas de atracción electromagnéticas que se ejercen entre los constituyentes (átomos) de cada molécula. Se supone que la energía química consta de dos partes: una es energía cinética, correspondiente al movimiento de los electrones en el interior de los átomos; la otra es energía potencial eléctrica, consecuencia de la interacción entre las cargas eléctricas de los neutrones y protones.

Las reacciones químicas son los procesos en los que tiene lugar la transfor- mación de la energía química en otra forma de energía, procesos en los que los átomos de un sistema cambian de compañeros.

Energía nuclear La energía nuclear es la energía involucrada en la interacción y consiguiente organización de las partículas dentro del núcleo. Tenemos fórmulas par computar dicha energía, aunque no tenemos las leyes fundamentales de las fuerzas de interacción. Sabemos, no obstante, que estas fuerzas no son ni gravitacionales ni electromagnéticas. Los cambios en el contenido de esta forma de energía en los sistemas vienen ligados a cambios en la estructura de los núcleos de los átomos constituyentes del sistema o, en otras palabras, a la ocurrencia de reacciones nucleares.

Al igual que la energía química, la energía nuclear consta de dos partes: ener- gía cinética de los nucleones —término empleado para designar indistintamente

1. Estructura de la materia y formas de energía

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a uno cualquiera de los dos tipos de partículas constituyentes estructurales del

núcleo— en el interior del núcleo de los átomos; y energía potencial de interac-

ción de los protones y neutrones —interacción dominada fundamentalmente por

la fuerza nuclear fuerte, aunque también está presente la interacción elástica en-

tre protones—. En una reacción nuclear la energía nuclear del sistema cambia, transformándose y liberándose normalmente en forma de energía cinética de los productos resultantes.

1.4. Radiación electromagnética

La radiación se ha venido concibiendo de dos formas diferentes: como onda

y como partícula. La utilidad de una u otra concepción depende del proceso que

se estudie. La interpretación como partícula es especialmente útil en el análisis

de los procesos de interacción de la radiación con la materia, mientras que la necesidad de una teoría ondulatoria de la radiación se puso de manifiesto al tratar de entender los fenómenos de interferencia y difracción.

De acuerdo con el modelo ondulatorio, la radiación se concibe como una combinación de vibraciones eléctricas y magnéticas oscilantes que se propagan

a través del espacio, y viene regida por las leyes de la teoría electromagnética de Maxwell. En 1886 y 1887, Heinrich Hertz llevó a cabo experimentos que confirmaron por primera vez la existencia de las ondas electromagnéticas y la teoría electromagnética de propagación de la luz. En la teoría electromagnética clásica, toda radiación, independientemente de su origen, se puede caracterizar por su frecuencia, que está ligada a su velocidad y a su longitud de onda. La velocidad de propagación de todo tipo de radiación electromagnética en el vacío es igual a la de la velocidad con que se propaga la luz en el mismo, c = 3 · 10 8 m/s. Para una radiación con longitud de onda λ y frecuencia ν, se tiene que c = λ · ν.

La primera teoría sobre la naturaleza corpuscular de la luz fue propuesta por Einstein en 1905. Einstein propuso que la energía radiante existía en paquetes concentrados de energía, cuantos o corpúsculos. 1 La energía E de un solo fotón está dada por la expresión E = , donde ν es la frecuencia de la radiación y h la constante de Planck, h = 6,62618 · 10 34 J · s.

En esta teoría, el fotón se define de la manera siguiente: (1) el fotón está asociado a la radiación de frecuencia ν; (2) tiene una velocidad igual a c, y (3) su energía es igual a . Al concebir al fotón como corpúsculo, se deduce que éste debe también tener una cantidad de movimiento p, y, tal como se verá más adelante, los fotones deben satisfacer la relación p = E c .

Se define el concepto de intensidad de energía I de un haz de radiación de frecuencia ν como el número de fotones de dicha frecuencia que atraviesan en un segundo una superficie de área unidad, perpendicularmente a la dirección de propagación, multiplicada por la energía de cada fotón. Así, se tiene que

1 En su artículo de 1905 titulado «On a heuristic point of view concerning the creation and conversion of light», Einstein usó la expresión cuanto de luz (quantum of light). La palabra fotón (photon) la introdujo más tarde (en 1926) G.N. Lewis para referirse al mismo concepto.

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1.5. Introducción a la mecánica relativista

I(ν) = N (ν) · . Si la energía de un fotón es muy pequeña —como es el caso, por ejemplo, de los fotones asociados a las ondas de radio— el número N (ν) debe ser muy grande para que I(ν) sea detectable. En estas condiciones, la propagación de la energía parece realizarse de una manera continua . Cuando, por el contrario, la energía de un fotón es grande con respecto a la energía puesta en juego por un fenómeno particular, se puede descubrir la presencia de cada fotón en tal proceso. Entonces aparece la discontinuidad den la estructura de la radiación.

La doble manifestación de la estructura de la luz, corpuscular y ondulato-

λ h , donde se combinan

ria se refleja en las mismas expresiones E = y p =

las características ondulatorias (ν y λ) y las de partícula (E y p). Esta duali- dad onda-corpúsculo no pudo ser explicada hasta 1929 por la electrodinámica cuántica.

1.5. Introducción a la mecánica relativista

1.5.1. Dinámica de una partícula material

Sea una partícula material sobre la que no actúan fuerzas, i.e., una partícula libre. La mecánica relativista asocia a esta partícula dos magnitudes fundamen- tales: la cantidad de movimiento y la energía total. Para ser consistente con los dos postulados de partida de la teoría especial de la relatividad, 2 y preservar las leyes de conservación de la cantidad de movimiento y de la energía, Einstein demostró que estas magnitudes han de adoptar una forma algo diferentes a la definición clásica.

Cantidad de movimiento Sea una partícula que se mueve con velocidad v. La cantidad de movimiento de la partícula se define como p = m · v, donde m es la denominada masa relativista, que matemáticamente se expresa como:

m(v) =

1 v 2 c 2 · m 0 , 1

(1.1)

en donde m 0 denota una propiedad intrínseca de la partícula llamada masa en reposo. Con esta definición de p, la ecuación del movimiento de la partícula puede adoptar una forma equivalente a la dada originalmente por Newton, que establece que la fuerza es igual a la variación de la cantidad de movimiento:

F = dp

dt .

La variación de la masa (relativista) de la partícula en función de la velo- cidad se ha comprobado experimentalmente; este efecto es fundamental en el

2 Los postulados de la teoría especial de la relatividad son los siguientes: (1) las leyes de la física son iguales en todos los sistemas inerciales; no existe ningún sistema inercial preferido (principio de relatividad ); (2) la velocidad de la luz en el espacio libre (vacío) tiene el mismo valor c en todos los sistemas inerciales (principio de constancia de la velocidad de la luz ). No se ha encontrado aún ninguna objeción experimental a la teoría especial de la relatividad de Einstein.

1. Estructura de la materia y formas de energía

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diseño de aceleradores. En efecto, el campo de fuerzas a aplicar para acelerar una partícula una cantidad dada tiene que ser mucho más intenso si la partícula posee una velocidad grande que si posee una velocidad pequeña. Así, en estados de alta velocidad, la intensidad del campo a aplicar tiene que se mucho mayor de la que cabría esperar basándose en las leyes de Newton.

Energía total Para ser consistente con las distintas hipótesis de partida, Eins- tein obtuvo que la expresión para la energía total de una partícula material que se mueve con velocidad v debía ser de la forma E = mc 2 ; esta expresión, aten- diendo a la ecuación (1.1), puede reescribirse de esta manera:

mc 2 = m 0 c 2 + m 0 c 2

1

v 2 c 2 1 .

1

(1.2)

En el segundo miembro de esta ecuación se distinguen dos términos. El de la derecha representa la energía cinética E C del objeto, i.e., la energía que posee en virtud solamente de su movimiento. Einstein interpretó el término m 0 c 2 , el otro de los componentes de la energía total del cuerpo, como una energía intrínseca del mismo, que denominó energía de reposo, E 0 . E 0 se define como la energía relativista de la partícula en reposo. El concepto de energía de reposo fue explícitamente considerado por Einstein como la consecuencia más importante de toda su teoría especial de la relatividad. Dentro del campo concreto de la física y la tecnología nuclear, representa el concepto base para explicar todas las transformaciones energéticas.

Si se considera la energía cinética de un cuerpo como una forma de energía externa, la energía de la masa en reposo podría considerarse como la energía intrínseca o interna del cuerpo. Einstein propuso la hipótesis de que las con- clusiones obtenidas en el estudio de la dinámica de una partícula referidas a su energía total y energía en reposo eran aplicables universalmente a cualquier sistema de partículas.

La expresión (1.2) puede también escribirse como E = m 0 c 2 + E C , y por tanto E C puede escribirse como:

E C = m 0 c 2

1

v 2 c 2 1 .

1

Otra expresión muy conveniente para la energía cinética es: E C = m 0 c 2 (γ 1), donde γ, un parámetro muy empleado en todos los desarrollos y cálculos de la mecánica relativista, es un parámetro adimensional que caracteriza el estado de movimiento de la partícula y que se expresa como:

γ = γ(v) =

1

c

2

.

1 v 2

El desarrollo en serie de potencias de γ(v) es:

γ

= 1 +

1

2 v

c 2 +

3

8 v

c 4 +

16 v c 6 + · · ·

5

8

1.5. Introducción a la mecánica relativista

Puede comprobarse que, si v

1, el desarrollo en serie de potencias se reduce

al primer término y la expresión resultante para E C es E C = 1 2 m 0 v 2 , que coincide con la expresión de la mecánica clásica para la energía cinética. A efectos prácticos, esta expresión es suficientemente exacta para la mayoría de las aplicaciones siempre y cuando v < 0,2·c, o equivalentemente, E C = 0,02·E 0 .

c

Otra diferencia significativa entre la mecánica clásica y la mecánica relati- vista es la siguiente: en mecánica clásica una partícula libre, si no está sometida

a ninguna fuerza, está situada en un campo de potencial constante de valor ar-

bitrario. Si la partícula se encuentra en reposo su valor de energía es arbitrario.

En mecánica relativista, por el contrario, la energía de la partícula libre que se encuentra en reposo tiene un valor concreto y claramente identificable, su energía en reposo.

Por último, merece señalarse una expresión adicional que relaciona explíci- tamente la energía total con la cantidad de movimiento y la energía en reposo:

E 2 = p 2 c 2 + m 0 c 4 .

2

1.5.2. Unidades de masa y energía y equivalencia entre ellas

La fórmula E = mc 2 de la dinámica relativista nos lleva a aceptar la exis-

tencia de la magnitud física masa-energía. En la física clásica no se reconocía el que julios y kilogramos pudieran ser dos unidades que realmente correspondían

a la misma clase de magnitud física, la masa-energía. Hoy se puede aceptar el

considerarlas como dos unidades diferentes para la misma magnitud física, y c 2 se puede interpretar como el factor de conversión para pasar de unas unidades

a otras.

A escala atómica, las energías se expresan habitualmente en electronvoltios (eV). Un electronvoltio es la energía cinética que adquiere un electrón en el vacío sometido a un campo eléctrico creado por una diferencia de potencial de un voltio. Puede comprobarse que 1 eV = 1, 602177 · 10 19 J. Como unidad de masa atómica se emplea la llamada unidad de masa atómica unificada (uma). Se comprueba que 1 uma = 1, 660540 · 10 24 g= 931, 49 MeV.

1.5.3. Dinámica de una partícula sin masa

Las expresiones que se han establecido anteriormente para calcular la ener- gía cinética de una partícula no pueden aplicarse a partículas con masa en re- poso nula. Para tales partículas —de las que el ejemplo más significativo son los fotones— no es físicamente apropiado hablar de energía cinética. Puede compro- barse, obviamente, que v = c ⇐⇒ m 0 = 0 sin más que operar con la expresión

E =

2 /c 2 . En cualquier caso, el térmico «masa en reposo cero» es un tanto

engañoso, puesto que es imposible encontrar un sistema de referencia en el cual los fotones (o cualquier partícula que viaje a la velocidad de la luz) estén en reposo.

m 0 c 2

1v

1. Estructura de la materia y formas de energía

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1.5.4. Sistema aislado de partículas

Sea un sistema aislado de partículas, i.e., un sistema sobre el que no actúan fuerzas externas. La evolución del sistema vendrá regida exclusivamente por las interacciones que se establecen entre sus partículas constituyentes. Existen una serie de leyes que limitan y encuadran el número de posibilidades de dicha evo- lución. Más concretamente, existen una serie de magnitudes físico-matemáticas que se conservan, permanecen constantes.

La mecánica relativista permite proponer dos leyes de conservación, que se aceptan como válidas para toda clase de fenómenos experimentados por un

sistema aislado, cualquiera que sea su tamaño y los valores de las velocidades implicadas. La ley de conservación de la cantidad de movimiento del sistema

afirma que la cantidad de movimiento, que denotamos por manece constante a lo largo del tiempo.

= i=1 p¯ i , per-

¯

P

N

Veamos la ley de conservación de la energía total del sistema. Sea un sistema en el que las N partículas libres que lo constituyen no interactúan entre sí (i.e., se trata de un sistema de partículas libres). Sea E i la energía de la partícula de masa m i en un cierto instante, verificándose que E i = E 0 i +E C i . La mencionada

ley afirma que se cumple que E =

N

i=1 E i = i=1 E 0 i + i=0 E C i .

N

N

La ley de conservación de la energía total estable, por tanto, que la energía del sistema en dos instantes cualesquiera debe ser idéntica. Obviamente, si la suma de la energía/masa en reposo de cada una de las partículas constituyen- tes decrece, la suma de la energía cinética de las partículas del sistema habrá aumentado; se habrá producido una conversión de masa en reposo en energía cinética. Y viceversa.

1.5.5. Energía de enlace de un sistema

El contenido de la energía intrínseca o energía en reposo de cualquier sistema material se debe a varios tipos de contribuciones. Estas contribuciones se pueden clasificar en dos categorías: por una parte, las debidas al movimiento y la energía potencial correspondiente a la interacción entre los constituyentes y, por otra, la energía de la masa en reposo de dichos constituyentes. La primera contribución recibe el nombre de energía interna del sistema.

¿Cuáles son las posibles contribuciones a esta energía interna? Una de ellas estará asociada a la energía traslacional de las moléculas y a la energía potencial intermolecular. Otra es la energía asociada a los estados de vibración y rotación y energía potencial de interacción interatómica de los núcleos dentro de las mo- léculas. Los estados de movimiento de traslación (E t ), rotación (E r ) y vibración (E v ) pueden cambiar cuando el cuerpo absorbe o desprende energía calorífica. Otra contribución a la energía interna es la asociada al movimiento y energía potencial entre electrones y núcleo, i.e., la asociada a las distintas estructuras electrónicas que pueden acontecer. Esta energía (que llamaremos energía elec- trónica, E e o química) cambia bien cuando suceden reacciones químicas, bien cuando un átomo se excita o desexcita absorbiendo o emitiendo radiación. La

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1.5. Introducción a la mecánica relativista

energía interna puede también asumir la forma de energía asociada al movimien- to e interacción de los componentes del núcleo. Esta energí, que denominanos energía nuclear, E n , está asociada a las reacciones nucleares y cambia cuando éstas acontecen. En todo caso, y como es obvio, la contribución mayor a la ener- gía de reposo del sistema se debe a la suma de la energía de masa en reposo de las partículas constituyentes del cuerpo, la cual se considera la fuente primaria de la energía interna. Esta también puede cambiar, como sucede por ejemplo en la creación y aniquilación de electrones y positrones. La masa en reposo de un cuerpo no es, por tanto y en general, una cantidad constante.

Así resulta que la energía de reposo de un cuerpo o sistema determinado viene dada por la siguiente expresión:

E 0 sist

=

E t + E r + E v + E e + E n + E 0 i .

Por otra parte, la energía interna del sistema sería:

E int = E t + E r + E v + E e + E n ,

E

C

E

P

siendo E C la energía cinética del sistema y E P su energía potencial. Emplean- do la relación entre masa en reposo y energía de reposo, la expresión anterior referida a la energía de reposo del sistema se puede escribir como:

M 0 sist · c 2 = E t + E r + E v + E e + E n + M 0 i · c 2 .

Si comparáramos la masa M 0 sist de cualquier sistema integrado por un deter- minado número de partículas ligadas (sistema ligado) con la suma de las masas M 0 i de sus partículas constituyentes cuando éstas se encuentran dispersas en estado libre (sistema disperso), se obtendría lo siguiente: la diferencia entre la masa total del sistema y la suma de la masa de sus partes es un número negativo. Su valor absoluto se conoce con el nombre de defecto de masa, M def . Esto es:

M 0 sist = M 0 i M def .

De acuerdo con la ecuación de equivalencia masa-energía expresada por la rela- ción de Einstein, el defecto de masa tiene asociado una energía —denominada energía de enlace del sistema— de valor E enlace = M def ·c 2 . La energía de enlace representa la cantidad total de energía que se debe suministrar al sistema si se le quiere disgregar en cada uno de sus componentes constituyentes. También representa la energía que se emitiría —en forma de fotones— si las partículas constituyentes se unieran para formar el sistema ligado. La energía de enlace, en definitiva, es una medida de la estabilidad del sistema, de la ligazón entre sus partes.

Capítulo 2

La naturaleza atómica y nuclear de la materia

2.1. Composición de átomos y núcleos: propieda- des generales

En un átomo se pueden distinguir dos zonas. Existe una región central, el núcleo, donde se hallan concentradas las cargas positivas y prácticamente toda la masa del átomo. Está formada por dos clases de partículas o nucleones: los protones (m p = 1,6742929 · 10 27 kg y q p = 1,602177 · 10 19 C) y los neutrones (m n = 1,67495 · 10 27 kg y q n = 0). El número total de protones en el núcleo se denomina número atómico (Z). El número total de nucleones de un núcleo se designa por la letra A y se conoce como número másico.

Rodeando al núcleo hay una nube de electrones que se mueven en torno a él

a gran distancia. Se tiene que m e = 9,10954 · 10 31 kg y q e = 1,602177 · 10 19

C.

El diámetro asociado a la nube eletrónica del átomo es del orden de 10 10 metros. El núcleo, sin embargo, ocupa una región cuyo diámetro es del orden de 10 15 metros. La masa de los nucleones es unas dos mil veces mayor que la del electrón, lo que hace que en el núcleo se concentre prácticamente toda la masa del átomo y que la materia en el núcleo sea aproximadamente 10 14 veces más densa que la materia macroscópica ordinaria. Para hacer una primera estimación de la masa de un núcleo, es suficiente conocer el número de nucleones y saber que la masa de un nucleón es alrededor de 1,67·10 27 kilogramos. Mediante una simple suma de la masa de todos ellos se puede calcular la masa aproximada de un átomo. Sin embargo, este resultado no es más que una estimación, pues en él se hace abstracción del defecto de masa correspondiente a la ligazón entre los distintos componentes del átomo.

En su estado normal, los átomos se encuentran en estado eléctricamente neutro. Bajo ciertas condiciones químicas, el átomo puede ganar o perder uno o varios electrones, y quedar entonces cargado positiva o negativamente. Cuando esto ocurre se dice que el átomo se ha ionizado, y pasa a recibir el nombre de ion.

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2.2. Los elementos químicos y los isótopos

2.2. Los elementos químicos y los isótopos

Un elemento químico es una sustancia que está formada por átomos que tie- nen el mismo número atómico, i.e., el mismo número de protones. Los átomos que existen en estado natural en la Tierra pertenecen a 90 elementos quími- cos con números atómicos comprendidos entre 1 y 92. Los elementos químicos tecnecio (43 protones) y promecio (61 protones) no existen en estado natural. Sin embargo, se pueden crear de forma artificial, al igual que otros elementos que contengan un número de protones superior a 92, tales como el plutonio (94 protones). Actualmente se conocen 109 elementos distintos.

Las distintas especies atómicas cuyos núcleos se caracterizan por tener un número particular de protones y neutrones se denominan nucleidos. Para indicar un nucleido se escribe el símbolo químico del elemento con un superíndice en la parte izquierda que indica el número másico, A X, donde X es el símbolo químico

del elemento correspondiente. A veces, se incluye como subíndice a la izquierda

el número atómico del nucleido, A Z X.

Los átomos de un mismo elemento químico que tienen distinto número de neutrones se denominan isótopos de dicho elemento. Las propiedades químicas

de un átomo dependen solamente de la disposición de los electrones en su nube,

la cual se presenta en todos los isótopos de un elemento con idéntica estructura.

Así pues, todos los isótopos de un mismo elemento tienen las mismas propie- dades químicas, y entonces son difíciles de separar entre ellos. Sin embargo, la ligera diferencia de masa entre sus núcleos hace que sus propiedades físicas se diferencien un poco.

La mayoría de los elementos presentes en la Tierra están constituidos por una mezcla de isótopos. La proporción en que cada uno de ellos está presente en la mezcla isotópica natural de un elemento varía de un elemento a otro, y viene dada por la llamada abundancia isotópica natural.

2.3. Peso atómico, mol y densidad atómica

La base para asignar masas atómicas es comparar las masas de los átomos con la masa de un átomo específico que se toma como referencia. Actualmente se toma como referencia el átomo 12 C, que es el isótopo más abundante del carbono.

El peso atómico de un átomo se define como la masa de un átomo relativa

a la masa del átomo 12 C en una escala en la que el peso atómico del 12 C se

toma igual a 12. Por tanto, el peso atómico no tiene unidades y se expresa simplemente como un número. El peso atómico de un elemento se define como el peso atómico de la mezcla de isótopos, i γ i M i , siendo γ i la abundancia relativa de cada isótopo expresada en tanto por uno.

La masa total de una molécula relativa a la masa de un átomo de 12 C se denomina peso molecular. El peso molecular de una molécula formada por un

2. La naturaleza atómica y nuclear de la materia

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determinado número de átomos es igual, lógicamente, a la suma de los pesos atómicos de los átomos constituyentes.

Es necesario introducir otra magnitud, la cantidad de materia, cuya unidad es el mol. Un mol es la cantidad de materia de un sistema que contiene tantas entidades elementales como átomos hay en 0,012 kilogramos de 12 C. Se define el número de Avogadro como la cantidad de átomos de 12 C que hay en una masa de 0,012 kilogramos. Su valor es: N A = 6,0221367 · 10 23 mol 1 .

La masa de un mol de átomos, moléculas, etc., se denomina masa molar. La masa molar se expresa en g/mol y su símbolo recomendado es M . A la masa molar atómica se la suele denominar peso atómico gramo y a la molecular peso molecular gramo. La masa de un mol de átomos de una determinada especie atómica coincide con un número de gramos igual a su peso atómico o masa atómica relativa.

En vez de expresar la masa de los distintos átomos con las unidades habi- tuales macroscópicas, se emplea una unidad que resulta mucho más natural. Se trata de la unidad de masa atómica unificada, cuyo símbolo es u, y que, no obs- tante, suele expresarse en la bibliografía como uma; se define como la doceava parte de la masa del átomo de 12 C.

En los problemas de ingeniería nuclear, a menudo se hace necesario calcu- lar el número de átomos contenidos en un centímetro cúbico de una sustancia correspondientes a cada una de las distintas especies atómicas que componen dicha sustancia. En esta operación, así pues, se calcula la llamada densidad ató- mica (átomos por centímetro cúbico) de cada una de las especies. La densidad atómica de un elemento es N = ρN A . Para sustancias compuestas de moléculas individuales, la fórmula a utilizar para calcular la densidad atómica de cada especie es N i = n i ρ i N A , donde M es la masa de un mol de moléculas y n i es el número de átomos de cada una de las especies presentes en la molécula. La fórmula para obtener la densidad atómica de un isótopo particular i en un elemento es N i = γ i ρN A

M

M

M

.

2.4. Energía del átomo y del núcleo: estados ex- citados y radiación

La energía de enlace de un sistema o energía del sistema, se define como la energía necesaria para separar el sistema en sus constituyentes hasta distancias lo suficientemente lejanas para que no haya interacción entre ellos. En ese su- puesto estado, la energía de las partículas —que denominamos E libre es igual a la suma de las masas de las partículas.

A su vez, la energía correspondiente al estado de las partículas en que éstas se encuentran formando un sistema ligado —energía que representaremos por E ligado — es igual a la masa en reposo del sistema ligado en que se han integrado.

La teoría física actual de la Mecánica Cuántica plantea que la energía de un sistema puede únicamente tomar ciertos valores de energía —i.e., está cuan-

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2.5. Energía de enlace del núcleo y del átomo

tizada—. Cuando tal sistema intercambia energía con sus alrededores, lo hace sólo en cantidades discretas. La idea de la cuantización de la energía, que con- tradice la teoría clásica de la física newtoniana, ha sido confirmada por toda la experimentación realizada hasta la fecha.

El estado de menor energía en el que el sistema se encuentra normamente se denomina estado fundamental. Cuando el sistema posee más energía que la correspondiente a la de su estado de energía fundamental, se dice que está en un estado excitado o un nivel de energía excitado. El estado fundamental y los diversos estados excitados se pueden representar convenientemente mediante un diagrama de energías de nivel.

Cuando acontece una transición que hace pasar al sistema de un estado a otro de energía menor, el sistema emite un fotón con una energía igual a la diferencia entre las energías de los dos estados entre los que se produce la tran- sición. En definitiva, la diferencia de energía entre los estados se emite en forma de radiación electromagnética. Ésta, dependiendo de la estructura de niveles del sistema emisor, tendrá una distribución (o espectro) de energía determinada, i.e., pertenecerá a una u otra zona del espectro electromagnético, con mayor o menor intensidad.

El núcleo puede considerarse como un sistema formado a partir de sus cons- tituyentes, los nucleones. Éstos, al igual que los electrones del átomo, no pueden estructurarse en niveles de energía arbitraria, sino que sólo se pueden organi- zar en estados discretos con determinados valores de energía bien definidos. Las energías de los estados del núcleo y las diferencias energéticas entre los estados son considerablemente mayores para el caso de los núcleos que para el de los átomos. Esto se debe al hecho de que las fuerzas nuleares que actúan entre los nucleones son mucho más intensas que las fuerzas electrostáticas que actúan entre los electrones y el núcleo.

Los núcleos en estados excitados pueden decaer a un estado de menor ener- gía emitiendo un fotón con una energía igual a la diferencia entre las energías de los estados inicial y final. La energía de los fotones emitidos en estas transi- ciones del núcleo son, por regla general, mucho mayores que las energías de los fotones que se originan en las transiciones electrónicas del átomo; a tales fotones se los denomina rayos γ. Un núcleo en estado excitado puede también perder su energía de excitación por un proceso denominado conversión interna, que se estudiará posteriormente.

2.5. Energía de enlace del núcleo y del átomo

Se ha encontrado experimentalmente que la masa de un núcleo es menor que la suma de las masas de sus constituyentes, los nucleones, en aproximadamente un uno por ciento. Un núcleo que contenga Z protones y N neutrones tiene una masa M que puede escribirse así:

M = Zm p + Nm n M

d

,

2. La naturaleza atómica y nuclear de la materia

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donde m p y m n son las masas en reposo del protón libre y del neutrón libre, respectivamente, y M p es el defecto de masa del núcleo caracterizado por los números A y Z. Aplicando la relación de Einstein al defecto de masa se llega a la expresión:

E L (A, Z) = [Zm p + Nm n M (A, Z)] c 2 ,

(2.1)

donde E L representa la energía de enlace o energía de ligadura del núcleo. 1 Por otra parte, la relación entre la masa atómica M y la masa nuclear M de un nucleido dado (A, Z) es:

M = M + Zm e E L,e (A, Z),

donde E L,e (A, Z) es la energía de enlace total de todos los electrones en el átomo cuyo núcleo tiene una masa M (A, Z). Finalmente, se puede deducir la expresión:

M d = ZM H + Nm n M (A, Z) +E L,e (A, Z) ZE L,e

E L (A,Z)

(2.2)

donde E L,e es la energía de enlace entre un átomo de 1 H y su núcleo. Los dos últimos términos de la ecuación (2.2) se pueden despreciar. El error que se in- troduce haciendo esto es insignificante debido a que los ZE L,e y E L,e (A, Z) son menores que unos pocos keV y tienden a cancelarse entre sí, mientras que E L (A, Z) es del orden de los MeV. La expresión simplificada de dicha ecuación permite calcular fácilmente la energía de enlace de cualquier núcleo. Se com- prueba que E L aumenta con el número másico, aunque dicho aumento no tiene lugar a una tasa constante.

Una magnitud más interesante que la energía de enlace del núcleo es la energía de enlace media por nucleón, que se define, como es natural, como E A L . El interés de esta magnitud radica en que está mucho más directamente re- lacionada con la estabilidad del núcleo que la energía de enlace. Físicamente representa la energía media que debería comunicarse a cada uno de los nucleo- nes para separarlos completamente unos de otros, i.e., para separar el núcleo en sus constituyentes. Un núcleo será tanto más estable cuando mayor sea su energía de enlace por nucleón. A los núcleos con un valor alto de esta magnitud deberá conferirseles una cantidad de energía comparativamente grande para que estos sistemas puedan disgregarse; inversamente, cuando se formen a partir de sus constituyentes, se liberará una cantidad grande de energía.

A partir del estudio de cómo varía la energía de enlace media por nucleón en función del número másico, se pueden extraer las siguientes conclusiones:

– La energía de enlace E L no aumenta con el número másico a una tasa constante.

1 El factor c 2 , que multiplica la masa para transformarla en energía, se omitirá a partir de ahora en esta sección, y se tomará como expresión equivalente a la (2.1) la siguiente:

E L (A, Z) = Zm p + Nm n M (A, Z).

16

2.5. Energía de enlace del núcleo y del átomo

– Hay algunas desviaciones importantes en los datos respecto a la curva de ajuste para valores bajos de A, mientras que por encima de A = 50 la curva presenta una variación suave.

varían de una manera irregular para núcleos ligeros

– Los valores de E L

A

A < 20, pudiéndose destacar dos hechos: el primero es el bajo valor (1,113

MeV) por nucleón para el deuterio ( 2 H); el segundo es que se observa un rápido aumento de de E L , existiendo un máximo significativo para A = 4,

A

correspondiente al 4 He, de 7, 07 MeV por nucleón, y otros máximos para

A = 4n, que corresponden a los nucleidos 8 Be, 12 C, 16 O, 20 Ne.

permanece en una franja bastante estrecha de energía,

entre 7,3 MeV y 8,7 MeV. A partir de A = 20, aumenta hasta llegar a un

máximo de 8,7 MeV por nucleón alrededor de A = 60 y después disminuye lentamente hasta un valor de 7,6 MeV por nucleón para A = 240. Este decrecimiento es más acusado para A > 150. Puesto que la masa de un

neutrón o protón, medida en unidades de energía, es de unos 931 MeV, en una primera aproximación, se puede decir que el defecto de masa de los

nucleidos en la región de A < 20 es del orden de uno por ciento.

931 , i.e., alrededor del

– Para A > 20, E L

A

9

El comportamiento de la curva permite determinar los procesos mediante los que es posible obtener energía de origen nuclear. Se liberará energía siempre que uno o más núcleos se transformen y pasen a una configuración más estable, i.e., con una mayor energía de enlace por nucleón. La citada curva sugiere claramente dos tipos de procesos: por un lado, procesos basados en unir dos núcleos ligeros para formar, al menos, un núcleo más pesado y estable (reacciones de fusión); por otro, procesos basados en dividir un núcleo muy pesado en dos núcleos más ligeros y más estables (reacciones de fisión). Veamos qué energía se liberaría en cada proceso.

En el caso de la fusión, supóngase que dos núcleos de deuterio 2 H se unen para formar un núcleo de helio-4, 4 He. Considerando las energías de enlace por nucleón del 2 H (1,113 MeV) y del 4 He (7,07 MeV), se tiene que hay una ganancia de energía de enlace del sistema —o sea, una liberación de energía en el proceso— de 5,96 MeV por nucleón. Puesto que en el proceso intervienen cuatro nucleones, la energía liberada es aproximadamente 24 MeV.

Para el caso de la fisión, considérese un núcleo de uranio-235 que se fisiona en dos fragmentos de aproximadamente igual masa, por ejemplo A = 117 y A = 118. Hay una ganancia de energía de enlace del sistema de 0, 9 MeV por nucleón. Puesto que en el proceso intervienen 235 nucleones, la energía liberada es aproximadamente 211 MeV.

Introduzcamos ahora un nuevo concepto, que hay que distinguir claramente del de energía de enlace por nucleón. Ésta se refiere a un promedio sobre todos los nucleones de el núcleo, y no a ninguno de los nucleones en concreto. Pero a veces, es preciso conocer la energía de enlace de un nucleón particular contenido en el núcleo —i.e., la cantidad de energía necesaria para extraer al nucleón del núcleo—. A esta energía de enlace se la denomina energía de separación (E S ), y es enteramente análoga a la energía de ionización del electrón en el átomo. Por

2. La naturaleza atómica y nuclear de la materia

17

ejemplo, la E S del neutrón menos ligado del núcleo —llamado último neutrón— se calcularía como:

E S = M n + M · A1 Z X M · A

Z X · 931 MeV/u.

La energía E S es la justa necesaria para expulsar el neutrón del núcleo sin suministrarle nada de energía cinética. A su vez, si el proceso se reinvierte y un neutrón sin energía cinética es absorbido por un núcleo A1 Z X, la energía que se libera es igual a E S .

Aparte del concepto de energía de separación del último neutrón —o, co- mo comúnmente se denomina, energía de separación del neutrón—, en Física Nuclear también son de interés los conceptos de energía de separación de un protón, de una partícula alfa, etc. y, en definitiva, el concepto de la energía de separación de una partícula de un núcleo. El concepto de energía de separación del neutrón es el más importante de ellos dentro de la Tecnología de Reactores.

2.6. Fuerzas en la Naturaleza y fuerzas entre nu- cleones

Las distintas formas de energía potencial contenida en los sistemas de par- tículas que existen en la Naturaleza están asociadas a distintos tipos de fuerzas. En la Naturaleza existen cuatro tipos de fuerzas entre los cuerpos físicos, a par- tir de las cuales se sistematiza nuestro conocimiento actual de los fenómenos físicos. Estas cuatro fuerzas son: gravitacional, electromagnética, fuerte y débil. Todas las otras fuerzas que podrían parecer necesarias para explicar un fenóme- no nado —como, por ejemplo, la fuerza de rozamiento actuando sobre un objeto en movimiento en el seno de un fluido— son realmente formas simplificadas de describir fenómenos demasiado difíciles de describir directamente en términos de las interacciones básicas, y representan la manifestación macroscópica de las fuerzas básicas que actúan a nivel microscópico entre las partículas de los siste- mas. Las cuatro fuerzas se describen en términos de su campo asociado, y han de considerarse como fuerzas que actúan a distancia.

Antes del nacimiento de la Física Nuclear, las dos fuerzas conocidas eran la gravitacional y la electromagnética. Sin embargo, las propiedades conocidas de los núcleos no se podían explicar basándose en esos dos tipos de fuerzas. Incluso la propiedad más simple y aparente es inexplicable en función de ellas. Todo núcleo contiene protones que se repelen entre sí electrostáticamente. Estas fuerzas repulsivas se deben contrarrestar por una fuerza atractiva: si esto no ocurriera, los núcleos no podrían existir como entidades estables. Obviamente, dicha fuerza no puede ser la fuerza gravitacional, pues para un par de protones es aproximadamente 36 órdenes de magnitud más débil que la electrostática.

Es la interacción fuerte —o fuerza nuclear fuerte— la que asegura la cohe- sión del núcleo ejerciendo una atracción muy intensa entre los nucleones. Estas fuerzas fuertes son las que compensan la repulsión coulombiana de los protones en el núcleo. Sólo se ejerce a distancias muy cortas, del orden de unos pocos diámetros de núcleo; es decir, su radio de acción es de unos pocos fermios. La

18

2.6. Fuerzas en la Naturaleza y fuerzas entre nucleones

fuerza nuclear fuerte es mucho más intensa que la fuerza coulombiana. Así, para separaciones del orden de un fermio, la fuerza nuclear entre dos protones es del orden de cincuenta veces más intensa que la repulsión coulombiana. A distan- cias de cuatro fermios, las fuerzas fuerte y coulombiana son aproximadamente iguales, mientras que a 25 fermios, la fuerza fuerte es ya seis órdenes de magni- tud inferior a la coulombiana. Por otra parte, la fuerte repulsión que aparece a distancias muy pequeñas evita el colapso total de la materia nuclear.

La interacción débil —o fuerza nuclear débil — es responsable de que ocu- rran ciertos fenómenos radiactivos, como por ejemplo la desintegración beta—. Su existencia fue postulada por Enrico Fermi en 1930 en el desarrollo de una teoría cuantitativa de la desintegración beta. Su radio de acción es extremada- mente corto —de algunas centésimas el tamaño de un nucleón— y es alrededor de cien mil veces más débil que la interacción fuerte. Sin embargo, es la principal responsable de las reacciones termonucleares que permiten al Sol y las estrellas emitir energía al exterior.

En la evolución de todo sistema aislado de partículas, independientemente del tipo de fuerza que actúe entre las mismas, hay ciertas magnitudes físicas que se conservan, que no cambian con el tiempo. Dos de las leyes generales de conservación son la conservación de la cantidad de movimiento y la conserva- ción de la masa-energía. La conservación de la carga también se verifica en la evolución de todo tipo de sistemas aislados.

En el caso concreto de los procesos regidos por la interacción nuclear, aparte de las tres leyes de conservación mencionadas, también se verifica la conservación del número de nucleones. Además de éstas, existen otras leyes de conservación como las de la paridad, momento angular e isoespín total. En los procesos nu- cleares en los que la fuerza responsable es la interacción débil, la paridad y el isoespín, en general, no se conservan.

Las leyes de conservación son de enorme importancia, pues limitan el núme- ro de posibilidades y fijan los cauces por los que ha de discurrir un proceso. En el campo particular de los procesos nucleares, esto se traduce en que, mediante ellas, es fácil predecir si un determinado nucleido puede o no experimentar un tipo concreto de desintegración, o si es posible que una determinada reacción nuclear pueda producirse, etc., todas ellas cuestiones, lógicamente, de enorme importancia.

Capítulo 3

Radiactividad y reacciones nucleares

3.1. Estabilidad nuclear y desintegración radiac- tiva

Los nucleidos que se encuentran en la naturaleza pueden ser estables e ines- tables. Los nucleidos inestables se caracterizan por experimentar el fenómeno de desintegración radiactiva o radiactividad : un nucleido se desintegra de manera espontánea, emitiendo radiación —partículas de distinto tipo o rayos γ— y se transforma en un nucleido diferente, que a su vez puede ser estable o inesta- ble. Si el nucleido producido es inestable se repite el proceso hasta que al final, después de una cadena de procesos radiactivos, se obtiene un nucleido estable. A los nucleidos inestables también se les denomina nucleidos radiactivos, radio- nucleidos o, más impropiamente, radioisótopos —término ya prácticamente en desuso—.

En este epígrafe, se abordará el problema de la estabilidad de forma se- miempírica, tratando de ver si los núcleos estables presentan algún tipo de sis- temática. Para ello, es útil dibujar el diagrama Z-N , también denominado tabla de nucleidos o carta de Segré. En estos diagramas, los isótopos estarán sobre rectas paralelas al eje de ordenadas; los nucleidos con igual número de neutro- nes —denominados isótonos— estarán sobre rectas paralelas al eje de abscisas y los nucleidos con igual número másico —denominados isóbaros— estarán sobre rectas perpendiculares a la recta N = Z. El análisis del gráfico permite extraer las siguientes conclusiones:

– Los nucleidos estables están situados dentro de una franja relativamente estrecha, conocida como franja de estabilidad —, comprobándose cómo al crecer Z para que el átomo sea estable, debe crecer simultáneamente la relación N Z .

– Para los nucleidos ligeros, A < 20, los nucleidos estables se agrupan en torno a la recta N = Z. Para valores mayores de A, los nucleidos esta-

20

3.1. Estabilidad nuclear y desintegración radiactiva

bles presentan un número de neutrones N superior al de protones Z. En

es mayor que uno y para A > 50 tiende aproxi-

madamente a 1,6. Estos neutrones extra necesarios para estabilizar a los nucleidos más pesados actúan como si fueran pegamento nuclear, que man- tiene el núcleo cohesionado compensando las fuerzas eléctricas repulsivas entre los protones cargados positivamente.

– Las configuraciones de nucleones pares son más estables.

– Fijémonos en el número de isótopos que encontramos según sea el valor de Z y en el número de isótonos según sea el valor de N . El número de ellos varía significativamente al variar Z en el caso de los isótopos, y N en el de los isótonos. En particular, se observa que por lo general hay más isótopos si Z es igual a 8, 20, 28, 50, 82 o 126, y más isótonos si N tiene los mismos valores. Los nucleidos para los que N o Z tienen alguno de estos valores se llaman nucleidos mágicos y a los citados números, números mágicos. Algunos nucleidos tienen ambos números N y Z mágicos, y son por ende excepcionalmente estables.

este caso, la relación N

Z

Las razones de la estabilidad e inestabilidad de los nucleidos se explican en base a la naturaleza y propiedades de las fuerzas nucleares. La conclusión más relevante es que solamente ciertas combinaciones de neutrones y protones dan lugar a núcleos estables. Éstos se encuentran dentro de la denominada franja de estabilidad, y los nucleidos situados por encima y por debajo de las curvas que delimitan dicha franja son radiactivos. Éstos, a su vez, se desintegran, de forma que —mediante un único proceso o mediante una cadena de ellos— se convierten finalmente en un nucleido estable situado, por tanto, dentro de la franja de estabilidad.

3.1.1. Procesos de desintegración radiactiva

Desintegración β + Los nucleidos con defecto de neutrones experimentan la

desintegración β + . Este proceso consiste en la emisión de un positrón (e + ) y un

neutrino (ν) por el núcleo padre A Z X, que se transforma en un núcleo hijo La ecuación del proceso es:

X.

A

Z1

A Z X −→

A

Z1

X + e + + ν.

Este proceso puede explicarse suponiendo que existe un mecanismo por el que uno de los protones en el núcleo se transforma en un neutrón, un positrón y un neutrino. La ecuación representativa, por tanto, puede escribirse de forma más condensada: p −→ n + e + + ν.

El protón libre es estable y la transformación anterior puede ocurrir en el interior de un núcleo atómico gracias a que un protón puede recibir de los restantes nucleones la energía necesaria para realizarla. El neutrino, por su parte, es una partícula con masa en reposo prácticamente nula, sin carga eléctrica y que apenas interacciona con la materia. En cuanto al nucleido producido en la desintegración β + , se observa que es un isóbaro del inicial. En el proceso hay un cambio en la identidad de uno de los nucleones, reduciéndose en uno el número de protones para que de esta forma el núcleo resultante sea más estable.

3. Radiactividad y reacciones nucleares

21

Desintegración β

el proceso de desintegración β , emitiendo un electrón y un neutrino:

Los nucleidos con un exceso de neutrones experimentan

A Z X −→

A

Z1

X + e + ν.

En esta transformación se transforma en un protón y el número atómico del producto resultante aumenta en una unidad. La ecuación del proceso puede expresarse como: p −→ n + e + ν.

El proceso que acontece en el núcleo del átomo de conversión de un neutrón en un protón, un electrón y un neutrino, también se realiza cuando se trata de un neutrón libre. Si bien los neutrones en el interior de un núcleo atómico estable son, a su vez, estables, no lo son en estado libre, y con un período de desintegración de unos catorce minutos experimentan la transformación men- cionada.

Características comunes a ambas desintegraciones β Un nucleido que expe- rimente desintegración β da origen a electrones (o positrones) que se emiten con un espectro de energía continua, i.e., pueden tener cualquier energía compren- dida entre 0 y una energía máxima E máx . Las energías máximas de los espectros pueden variar entre, aproximadamente, 18 keV para el 3 H hasta 13 MeV para el 12 B, pero en general no suelen superar los 5 MeV. Frecuentemente, el núcleo hijo resultante de la desintegración β es también inestable y experimenta otra desintegración β. Esto conduce a una cadena de desintegración.

Captura electrónica Un núcleo con defecto de neutrones puede también au- mentar su número de neutrones por captura electrónica. En este proceso, el núcleo captura uno de los electrones atómicos —generalmente pertenecientes a las capas más internas y ligadas—, el cual se une a un protón, convirtiéndose en un neutrón y emitiendo un neutrino:

A

Z X + e −→

A

Z1

X + ν.

El vacío producido en la nube electrónica es llenado posteriormente por otro electrón de un nivel energético superior, con la consiguiente emisión de radiación γ, característica del elemento hijo.

Desintegración α

el núcleo padre A X, que se transforma en un núcleo hijo A4 X. La partícula α es el núcleo del nucleido 4 He y tiene la propiedad de ser muy estable. El proceso se representa mediante la ecuación:

Este proceso consiste en la emisión de una partícula α por

Z

Z2

2

A

Z X −→ A4

Z2

X + α.

La desintegración por emisión de partícula α es comparativamente muy infre- cuente en nucleidos más ligeros que los del plomo, pero es común a los nucleidos más pesados. Las partículas α se emiten con un espectro de energías discreto, cualitativamente similar al espectro energético de los fotones emitido por los átomos excitados.

22

3.1. Estabilidad nuclear y desintegración radiactiva

Desintegración γ, conversión interna y transiciones isoméricas El núcleo formado como resultado de una desintegración β (β + o β ), captura electrónica

y desintegración α, queda habitualmente en un estado excitado. El núcleo hijo excitado normalmente se desexcita y desintegra muy rápidamente —en menos de un nanosegundo— mediante emisión de radiación γ y también mediante el denominado proceso de conversión interna.

Un núcleo excitado por desintegración γ puede alcanzar directamente el

estado fundamental mediante emisión de un fotón γ, o bien lo puede hacer pa- sando sucesivamente por diferentes estados excitados de decreciente energía, con

la correspondiente emisión sucesiva de fotones γ. El proceso se puede representar

como:

A

Z

X

−→ A

Z X + γ.

Un núcleo en estado excitado puede también perder su energía de excitación por conversión interna. En este proceso, la energía de excitación del núcleo se transmite directamente a un electrón orbital del átomo, el cual es emitido con una energía cinética E e igual a la diferencia entre la energía de excitación y la energía de enlace del electrón emitido. El proceso puede representarse así:

E e = E i E f E L,e ,

siendo E i y E f las energías de los estados inicial y final del núcleo y E Le la energía de enlace del electrón emitido.

En general, la mayoría de los núcleos en estados excitados permanecen en dicho estado —desde el instante en que se forman hasta que se desintegran por emisión de rayos γ o por conversión interna— un espacio de tiempo muy pequeño, comprendido entre 10 14 y 10 11 segundos. Sin embargo, debido a las peculiaridades de su estructura interna, ciertos estados excitados pueden sobrevivir durante un largo tiempo. Estos estados de vida larga se denominan estados isoméricos o metaestables. Un núcleo en estado isomérico se desintegra normalmente al estado fundamental siguiendo un proceso denominado transi- ción interna o isomérica —emisión de rayos γ o conversión interna—, aunque también puede experimentar la desintegración α o β.

Como conclusión general de lo expuesto, se puede decir que un núcleo sin

el número necesario de protones y neutrones para ser estable se desintegra por

emisión de rayos α o rayos β o por captura electrónica, procesos que suelen ir acompañados de la subsiguiente emisión de rayos γ. Finalmente, es necesario hacer hincapié en que las transiciones radiactivas que puede experimentar un núcleo atómico no son arbitrarias, sino que están sujetas a una serie de leyes de conservación que, obviamente, también rigen para las reacciones nucleares.

3.1.2. Ley fundamental de la desintegración radiactiva: cál- culos de radiactividad

Hay una sola ley que gobierna todos los procesos de desintegración, sean del tipo que sean. Esta ley establece que la probabilidad de que un núcleo dado se desintegre en la unidad de tiempo es una constante independiente del instante

3. Radiactividad y reacciones nucleares

23

de vida considerado, i.e., independiente de la edad del núcleo. Esta constante se denomina constante de desintegración y se representa por λ. Así, se cumple:

dN

dt

=

λN (t),

y por tanto

N(t) = N 0 e λt .

(3.1)

Otra magnitud muy útil para caracterizar la velocidad de desintegración es el llamado período de semidesintegración o simplemente período (half-life), que se define como el tiempo que ha de transcurrir para que el número de átomos radiactivos se reduzca a la mitad y se suele simbolizar por T o T 1/2 . Se tiene que T = ln 2 . Cuanto mayor sea la constante de semidesintegración de un ra- dionucleido, más rápidamente se desintegrará y menor será su período. De esta definición, se tiene que la ecuación (3.1) puede expresarse como:

λ

N(t) = N 0 e 0,693tT .

(3.2)

En general, esta ecuación resulta más atinada que la (3.1), dado que las tablas de datos nucleares recogen usualmente la información relativa a los períodos de los radionucleidos, y no de las constantes de semidesintegración.

Otro parámetro de cierto interés que también se utiliza para caracterizar la evolución temporal de una sustancia radiactiva es la vida media (mean life), τ , que se define como el valor medio de la vida de un átomo radiactivo. Se demuestra que τ y λ son magnitudes inversamente proporcionales, y por tanto que T = 0, 693τ .

Se define la actividad de una muestra o sustancia radiactiva como el número de átomos que se desintegran en la unidad de tiempo. Sea una muestra radiactiva con N (t) núcleos en el instante t, cada uno de ellos con la misma constante de desintegración, λ; la actividad de la muestra en el instante t vendrá dada por:

A(t) = λN (t).

La unidad de actividad en el Sistema Internacional es el becquerel (Bq), siendo 1 Bq = 1 desintegración por segundo; sin embargo, la unidad de actividad que más se usa en la práctica es el curie (Ci), siendo 1 Ci = 3,7 · 10 10 Bq. Se utilizan varios múltiplos y submúltiplos: kilocurie, milicurie y microcurie.

El concepto actividad específica (A esp ) se introduce para dar cuenta de la masa o del volumen del material radiactivo en el que se producen las transfor- maciones radiactivas. Se mide en becquerel por kilogramo o por metro cúbico, bien en curie por gramo o por centímetro cúbico.

Muchos radionucleidos se desintegran siguiendo un único proceso, pero tam- bién hay un número importante de ellos que pueden desintegrarse por dos o incluso por tres modos diferentes. A este proceso se le denomina ramificación. Para los casos en los que un radionucleido se desintegre por vía múltiple, pode- mos definir la constante de desintegración total como la suma de las constantes de desintegración parciales: λ = λ i .

La probabilidad de que la desintegración del nucleido acontezca median- te un modo determinado se denomina fracción de ramificación para el proceso particular R i , y se define como el cociente entre la constante de desintegración

24

3.1. Estabilidad nuclear y desintegración radiactiva

del proceso particular y la constante de desintegración total: R i =

tablas de datos nucleares la información que suele aparecer para cada radio- nucleido es su período y las fracciones de ramificación correspondientes a cada uno de los procesos de desintegración que el nucleido puede experimentar. En el

tot . En las

λ

i

λ

caso de que alguno de los nucleidos experimente una cadena de desintegración radiactiva del tipo:

A

λ

A

−−→ B

λ

B

−−→ C

λ

C

−−→

·

·

·

El sistema de ecuaciones diferenciales que rige la evolución temporal del número de átomos de los distintos nucleidos A, B, C, etc., se puede obtener fácilmente mediante simples ecuaciones de balance, del tipo:

dN i

dt

= Fuentes Sumideros.

La ecuación general que da el número de isótopos del nucleido i en el instante t en función de las constantes de desintegración de todos los otros nucleidos de la serie fue obtenida por Bateman en 1910. Si N 1 (0) es el número de átomos del primer nucleido de la serie en el instante t = 0 y N i (0) = 0 para i > 1, la ecuación de Bateman adopta la forma:

N i (t) = λ 1 λ 2 · · · λ i1

i

j=1

e λ j t

i

k=1

=j

k

(λ k λ j )

(3.3)

3.1.3. Radiactividad natural y artificial

Se conocen con el nombre de nucleidos radiactivos naturales o fuentes natu- rales de radiación aquellos nucleidos emisores de radiación presentes en la Tierra que no han sido originados a causa de la actividad humana. La radiactividad natural proviene bien de los radionucleidos presentes en la corteza terrestre (nu- cleidos primigenios) o bien de los nucleidos producidos por la interacción de los rayos cósmicos con la atmósfera (nucleidos cosmogénicos).

Los nucleidos radiactivos artificiales (nucleidos antropogénicos) o fuentes artificiales de radiación son aquellos que han sido producidos como resultado de alguna actividad humana.

La división entre ambas clases de radiactividad, aunque carece de sentido físico —las leyes que gobiernan ambas son, obviamente, las mismas— posee un valor histórico, puesto que la radiactividad fue descubierta por Becquerel en 1895, merced a la existencia en la naturaleza de nucleidos radiactivos, concre- tamente el uranio (que veló las célebres placas fotográficas de Becquerel). En cambio, la radiactividad artificial fue descubierta mucho después, en 1934, cuan- do Curie y Joliot comprobaron que podían fabricarse artificialmente átomos radiactivos por medio de reacciones nucleares.

3. Radiactividad y reacciones nucleares

25

3.2. Reacciones nucleares: introducción

Una reacción nuclear es un proceso de interacción entre dos partículas, en el que la fuerza operativa es la fuerza nuclear fuerte. Normalmente, una de las partículas posee mucha mayor velocidad que la otra. A la partícula rápida se la denomina proyectil, mientras que a la más lenta se la llama blanco. Para las energías de las partículas proyectil presentes en las instalaciones nucleares de interés (E < 20 MeV), las reacciones nucleares producen habitualmente dos productos finales.

La reacción nuclear es un caso particular de lo que en física se denomina colisión; a este respecto, su tratamiento es idéntico al de cualquier otro tipo de colisión. En general, uno de los productos de la reacción es ligero y el otro pesado. No obstante, en algunos casos ambos productos tienen masas comparables, e incluso idénticas.

3.2.1. Cinemática de una reacción nuclear

Por cinemática de una colisión se entiende el análisis de la interacción basa- do solamente en las leyes generales de conservación, que son independientes del tipo de fuerzas entre las partículas. Para el propósito de este texto, es suficiente considerar cuatro de las leyes fundamentales que gobiernan todos los procesos nucleares, ya sean reacciones o desintegraciones: la conservación de los nucleo- nes, la conservación de la carga, la conservación de la energía y la conservación de la cantidad de movimiento.

El principio de conservación de la energía, entre otras aplicaciones, se puede usar para predecir si cierta reacción es energéticamente posible. Si se trata de una reacción del tipo a + b −→ c + d, el principio de conservación de la energía permite formular la siguiente ecuación:

(3.4)

E c + E d E a + E b

=

[(M a + M b ) (M c + M d )] c 2 ,

E

C f

E

C i

Q

donde E C i y E C f son las energías cinéticas inicial y final del sistema y Q repre- senta la energía correspondiente a la diferencia entre las masas en reposo de las partículas iniciales y finales. En todos los cálculos y tabulaciones, Q se expresa siempre en MeV. Si Q > 0, la reacción es exoenergética. En estas reacciones hay una cierta ganancia de energía cinética, que se traduce en una pérdida en la masa nuclear de las partículas. Obviamente, que el proceso sea exoenergético significa que las reacciones pueden ocurrir sin aportación de energía externa, no que realmente ocurran de manera espontánea. Pueden existir barreras de poten- cial que impidan la ocurrencia espontánea del proceso, el cual sólo se producirá si se comunica al sistema inicial una cierta cantidad de energía que sirva para activar el proceso, que una vez iniciado se desarrollará liberando una cantidad neta positiva de energía.

Si Q < 0, hay una disminución en la energía cinética de las partículas, y por tanto un aumento de la masa en reposo. A este tipo de reacciones se las

26

3.2. Reacciones nucleares: introducción

denomina endoenergéticas. Una propiedad importante de estas reacciones es la denominada energía umbral de la reacción. Si el proyectil es una partícula con masa, la energía umbral se define como la mínima energía cinética que ha de poseer para que la reacción se pueda producir. Si el proyectil es un rayo γ, se define de forma análoga, como la mínima energía que el rayo ha de poseer para que se pueda producir. Las reacciones exoenergéticas no presentan umbral real, aunque sí pueden presentar un umbral práctico o aparente ligado a la existencia de barreras de potencial.

En el caso de reacciones del tipo a+b −→ c+d, suponiendo que la partícula b está en reposo y la a es el proyectil, se puede demostrar que la expresión para la energía umbral, E a u , es la siguiente:

E a u = Q M a + M b .

M

b

Es interesante obtener la expresión el valor de Q en términos de las masas de los átomos neutros que contienen a esos núcleos y así poder hacer uso de las tablas de masas atómicas para evaluar dicha expresión. Partiendo de la definición de Q anteriormente mencionada, se llega a:

Q = [((M a + Z a m e ) + (M b + Z b m e )) ((M c

+

Z c m e )

+(M d + Z d m e ))] · 931 MeV,

(3.5)

, d, son los números atómicos

de los elementos relacionados por la reacción nuclear. Dado que la diferencia entre las energías de enlace de los electrones del primer y segundo término de la igualdad es despreciable y que las masas de los electrones en el primer y segundo término de la igualdad (3.5) se compensan completamente, la conclusión que se obtiene es que la definición de Q de la ecuación (3.4) es una fórmula suficientemente válida, en la que las M i pueden interpretarse como las masas de los átomos neutros en cuestión, aunque en la reacción nuclear los verdaderos sujetos sean los núcleos atómicos. 1

donde m e es la masa del electrón y Z i , con i = a,

3.2.2. Sección eficaz microscópica. Tasas de reacción

Sea una sustancia sometida al bombardeo de determinadas partículas; co- mo consecuencia de dicho bombardeo, ocurrirán diversas reacciones nucleares distintas. Interesa saber, para cada tipo de reacción, el ritmo o la tasa de reac- ciones nucleares, i.e., el número de reacciones nucleares de un determinado tipo que tienen lugar por unidad de volumen y de tiempo en cada punto del reactor.

Para muchos tipos de interacciones, la tasa de reacciones de un determinado tipo se puede describir en términos de una magnitud conocida como sección eficaz microscópica. Ésta es una magnitud escalar directamente proporcional a la tasa de producción de ese tipo de reacción.

1 El que Q se pueda evaluar a partir solamente de las masas atómicas es de gran utili- dad, puesto que para las masas de la mayoría de los núcleos desnudos no se dispone de una información lo suficientemente exacta.

3. Radiactividad y reacciones nucleares

27

Es razonable suponer, tal como la realidad confirma, que el número de in- teracciones de un determinado tipo por unidad de volumen y tiempo (R j ) es directamente proporcional a la concentración de las partículas B del material blanco, R [B] y directamente proporcional a la concentración de las partículas proyectil A, R j [A]. El número de interacciones que ocurren en un determina- do intervalo de tiempo es proporcional al número de partículas A que atraviesan la región considerada en ese intervalo temporal; por tanto la tasa de interaccio- nes es también directamente proporcional a la velocidad de las partículas A, R j v a . Puesto que éstas son las únicas variables implicadas, se puede escribir:

R j v a [A][B].

Falta, por tanto, encontrar la constante de proporcionalidad de esta ecuación. Históricamente, se ha empleado σ para denotarla; σ no es una constante univer- sal, sino una función —de estructura extraordinariamente compleja en algunos casos— que depende de las partículas A y B que sufren la reacción, del tipo de reacción y de la energía o velocidad de la partícula proyectil A. Así, puede escribirse:

R j = σ ab j (E a )v a [A][B].

(3.6)

Debido a que las dimensiones de la constante de proporcionalidad σ son las de un área, se la denomina sección eficaz. En concreto, σ ab j (E a ) es la sección eficaz microscópica de un blanco constituido por partículas B para la reacción tipo j y partículas incidentes A de energía cinética E a .

Las secciones eficaces microscópicas para interacción entre neutrones y nú- cleos, así como para interacción de rayos γ y átomos son, por lo general, del orden de 10 24 cm 2 . Por ello, la unidad de sección eficaz que se utiliza habitual- mente es el barnio o barn, siendo 1 b = 10 24 cm 2 . Teniendo en cuenta que el producto v a [A] = Φ a , siendo Φ a el flujo escalar o flujo de partículas tipo A, la ecuación (3.6) queda en la forma:

R j = σ ab j (E a a [B].

Si se conoce la densidad de las partículas de la especie blanco y el flujo, y medimos la tasa de un determinado tipo de reacciones, se puede determinar la

sección eficaz microscópica como σ ab j =

R j

[Ba .

Normalmente, las partículas B son núcleos o átomos que, a efectos prác- ticos, se pueden considerar en reposo en el laboratorio y, por lo general, las partículas A en movimiento rápido (los proyectiles) son neutrones o rayos γ. Sin embargo, se ha de considerar que hay interacciones en las que ambas especies de partículas están en movimiento. En este caso, la distinción entre partículas blanco y proyectil no tiene significado, y la ecuación generalizada para la tasa de reacciones se puede escribir como:

R j = σ ab j (E ab )v ab [A][B],

donde v ab es la velocidad relativa entre las partículas A y B. La sección eficaz para las distintas reacciones es función de esa velocidad relativa o, equivalente- mente, de la energía cinética relativa.

28

3.2. Reacciones nucleares: introducción

Las reacciones sufridas por las partículas blanco B pueden ser de distinto

tipo (j, k, l,

tuyentes de la sustancia blanco se puede expresar como:

). La tasa total de reacciones que sufren las partículas B consti-

R tot = σ ab j + σ ab k

+ σ ab l + · · · Φ a [B].

Denominamos sección eficaz microscópica total, σ tot , a la suma de secciones eficaces de cada uno de los procesos que puede experimentar una partícula B con proyectiles A de una determinada velocidad, σ tot = i σ ab i (E a ). De este modo, naturalmente,

R tot = σ tot (E a a [B].

3.2.3. Sección eficaz macroscópica y recorrido libre medio

Se denomina sección eficaz macroscópica de una reacción al producto de la sección eficaz microscópica de dicha reacción y la densidad de las partícula del blanco. Del mismo modo, se puede definir la sección macroscópica total como el producto de la sección eficaz microscópica total y la densidad de las partículas del blanco. Históricamente se ha empleado Σ para representar la sección eficaz macroscópica cuando las partículas proyectil son neutrones; cuando son fotones, se ha empleado µ. Así:

R j

=

Σ ab j Φ a para neutrones, µ ab j Φ a para fotones,

(3.7)

siendo Σ ab j = σ ab j [B] o µ ab j = σ ab j [B] según se trate de neutrones o fotones. En la ecuación (3.7) de tasa de reacciones aparecen ahora sólo dos paráme- tros: la sección eficaz macroscópica y el flujo. La primera totaliza la información necesaria sobre la especie que constituye el blanco, englobándose en dicho pa- rámetro las características nucleares del nucleido y su densidad. El flujo, a su vez, totaliza la información sobre las partículas proyectil. Las dimensiones de la sección eficaz macroscópica son la inversa de la longitud, y se utiliza como unidad convencional el cm 1 .

En el caso común de tener un material compuesto por distintos nucleidos, la sección eficaz total del compuesto es la suma de las secciones eficaces macroscó- picas correspondientes a los diversos nucleidos que lo integran: Σ j = i σ j i [B i ].

La capacidad de un medio para reaccionar con los neutrones que inciden sobre él —o, lo que es equivalente, para atenuar su flujo— es función de Σ. Supongamos un cierto flujo de neutrones colimados y monoenergéticos. Este haz tiene una intensidad de I 0 n/cm 2 s e incide perpendicularmente sobre la superficie externa de un cierto material, compuesto por dos partículas B de un solo nucleido. Consideremos en el interior del mismo dos planos infinitamente próximos y paralelos a la superficie externa, situados a distancias x y x + dx respectivamente. Nos interesa conocer la intensidad I(x) de los neutrones que penetran en el material a una distancia x sin haber experimentado ninguna interacción o colisión. A esta intensidad I(x) se la denomina intensidad residual del haz tras haber atravesado un espesor x de material. Se demuestra que:

I(x) = I 0 e Σ t x .

3. Radiactividad y reacciones nucleares

29

Otra cuestión importante es hallar la longitud que, como promedio, pene- trará en el material un neutrón del haz sin haber participado hasta entonces en ninguna reacción nuclear. A este valor se le denomina recorrido libre me- dio. Para su cálculo hay que definir una probabilidad compuesta que evalúe la probabilidad de que los neutrones atraviesen el medio sin colisionar hasta una distancia x y además sufran una colisión en el intervalo entre x y x + dx. Ello nos dará una función de densidad con la que se podrá evaluar el recorrido li- bre medio como la esperanza matemática de dicha distribución estadística. La probabilidad compuesta se podría escribir como p(x)dx = p 1 (x)p 2 (x)dx, donde:

p 1 (x) = I(x)

I 0

=

e Σ t x

y

p 2 (x)dx = Σ t I(x)dx

I(x)

=

Σ t dx,

de modo que la función de probabilidad compuesta es:

p(x)dx = Σ t e Σ t x dx

(3.8)

y la esperanza matemática de la función de probabilidad de la ecuación (3.8) es

1

Σ t .

Así se concluye que el recorrido libre medio es precisamente el inverso de la sección eficaz macroscópica total del material en cuestión. En la bibliografía se suele denotar como λ t . Un determinado material con unas dimensiones dadas puede ser «efectivamente delgado» para unos neutrones porque el recorrido libre medio de éstos sea muy largo para la velocidad que tiene; y, sin embargo, puede ser muy ancho para otros neutrones porque el recorrido libre medio de estos neutrones, con diferente velocidad, sea muy pequeño respecto de sus dimensiones físicas. En relación con estas circunstancias, se ha introducido el concepto de espesor óptico, que se define como el cociente entre el espesor geométrico y el recorrido libre medio.

Por último, es preciso indicar que el recorrido libre medio de una reacción

particular j es λ j

j . Se cumple además que la suma de los inversos de

los recorridos libres medios de las distintas reacciones es igual al inverso del ·

recorrido libre medio total:

=

1

Σ

1

1

λ t =

λ

j +

k +

λ

λ

1

1

l +

·

·

3.2.4. Variación de la sección eficaz con la energía. Modelo del núcleo compuesto

Para referirse a la función σ ab j (E a ) representativa de la sección eficaz de una reacción con la energía del proyectil se utiliza el término de función de ex- citación de una reacción. El hecho más llamativo que presentan estas funciones es la presencia de resonancias. Se dice que aparece una resonancia cuando hay una variación muy fuerte de la sección eficaz en un intervalo muy estrecho de la energía cinética relativa proyectil-blanco; en otras palabras, cuando se produce una variación súbita del valor de la sección eficaz ante pequeñas variaciones de la velocidad relativa proyectil-blanco. Los máximos o picos de las distintas resonancias se alcanzan para valores determinados de la energía cinética del proyectil. En cada una de ellas, el valor de la sección eficaz experimenta una variación súbita, alcanzándose un máximo —situado en el centro del intervalo

30

3.2. Reacciones nucleares: introducción

energético de resonancia— en la energía resonante, y disminuyendo muy rápida- mente por las alas de la resonancia a medida que la energía cinética del proyectil se aleja de la energía resonante.

La Física Nuclear ha desarrollado una serie de modelos nucleares de reacción para intentar dar cuenta de todos estos fenómenos. La utilidad de estos modelos radica en que la observación experimental de las secciones eficaces —particular- mente en el caso en que se dan abundantes resonancias— es una tarea compleja que a menudo se ha de guiar a través de cálculos teóricos previos, desarrollados precisamente sobre la base de dichos modelos.

Uno de los modelos más sencillos, pero que a su vez ha permitido explicar las características de muchas reacciones —incluida la aparición de resonancias— es el modelo de reacción a través de núcleo compuesto. Para el caso de neutrones en el rango energético de interés en la tecnología de fisión y fusión, prácticamente todas las reacciones se pueden explicar mediante este modelo, propuesto por Bohr en 1936. Se supone que el proceso de una reacción se desarrolla en dos etapas. En la primera, el proyectil es absorbido por el núcleo blanco, dando lugar a la formación del denominado núcleo compuesto; en el caso, por ejemplo, de que la partícula proyectil fuera un neutrón, se tendría A Z X + n −→ A+1 Z X. En la segunda etapa, se produce la desintegración del núcleo compuesto, que puede tener lugar en distintas formas, cada una de ellas con distinta probabilidad. 2

En el caso general, según este modelo, una partícula incidente a es capturada por el blanco X para formar un sistema compuesto, el núcleo compuesto C. La energía de la partícula a se reparte de manera casi inmediata entre todos los nucleones y C se forma en un estado excitado C . Después de un tiempo del orden de 10 14 a 10 12 segundos, se desintegra emitiendo una partícula. Durante el tiempo de vida del núcleo compuesto C , hay un intercambio continuo de energía entre todos los nucleones, hasta que uno de ellos (o una agrupación de ellos) obtiene una energía superior a su energía de separación y es capaz de abandonar el núcleo, convirtiéndose en una partícula libre. De esta forma, la desintegración del núcleo compuesto da lugar a los productos finales de la reacción:

a + X −→ C −→ b + Y .

La aparición de máximos o resonancias en los valores de la sección eficaz se explican fácilmente admitiendo que la reacción transcurre vía formación del núcleo compuesto. Sabemos que los núcleos tienen varios estados excitados que corresponden a diferentes configuraciones de nucleones en el núcleo. Resulta que el proyectil incidente y el núcleo blanco tienen mucha mayor probabilidad de combinarse y formar un núcleo compuesto si la energía del proyectil es tal que el núcleo compuesto se produce en uno de sus estados excitados.

Se puede demostrar que, independientemente de cómo se forme el núcleo

compuesto, éste tendrá una energía de excitación igual a la energía de separación, S p , de la partícula proyectil del núcleo C, más una fracción de la energía cinética

de las partículas iniciales, E c = E a

+M x , donde E a es la energía cinética del

proyectil en el sistema del laboratorio y M denota las masas de las partículas

M

x

M a

2 Nótese la analogía de esta teoría con la del complejo activado para las reacciones químicas.

3. Radiactividad y reacciones nucleares

31

que intervienen en la reacción. Sólo cuando la energía cinética E a del proyectil conduzca a un valor de E S + E c igual a una de las energías de los estados excitados de C, se tendrá una resonancia en la sección eficaz. Se observa que en el caso de que la partícula proyectil sea un neutrón y el blanco sea un núcleo pesado en reposo, E c es prácticamente coincidente con la energía cinética del neutrón incidente.

Capítulo 4

Interacción de la radiación con la materia

Una de las diferentes formas en que los distintos tipos de radiación se pueden agrupar es en función de su poder de ionización; así, hablaremos de radiación ionizante y no ionizante.

El tipo de radiación no ionizante es la radiación electromagnética con lon- gitudes de onda λ de aproximadamente 1,0 nanómetros o mayores. A esta parte del espectro electromagnético corresponden las ondas de radio, microondas, luz visible (λ = 770–390 nm) y luz ultravioleta (λ = 1–390 nm).

La radiación ionizante incluye el resto del espectro electromagnético (rayos X, λ 1,00,005 nm) y rayos γ, que son aquellos con longitudes de onda me- nores que las de los rayos X. También incluye todas las partículas atómicas y subatómicas, tates como electrones, positrones, protones, alfas, neutrones, iones pesados y mesones.

Una partícula cargada, al moverse a través de la materia, interacciona — mediante fuerzas de Coulomb— con los electrones (negativos) y el núcleo (po- sitivo) que constituye los átomos del material. Como resultado de estas interac- ciones, la partícula cargada pierde su energía de forma continua y, finalmente, se detiene tras viajar una distancia finita denominada alcance. El alcance depende del tipo y energía de la partícula y del material en el que se mueve. La probabi- lidad de que una partícula cargada pueda atravesar una lámina de material sin interacciones es prácticamente cero.

Los neutrones y los gammas no tienen carga. Estos tipos de radiación in- teractúan con la materia en diferentes formas, pero hay una probabilidad finita distinta de cero de que un neutrón o un rayo γ pueda atravesar cualquier espesor de material sin experimentar ninguna interacción. Como resultado, no se puede definir un alcance finito para neutrones y gammas. Para describir la interacción y deposición de energía de estos dos tipos de radiación de la materia, el concepto más adecuado es el de sección eficaz de colisión.

34

4.1. Partículas cargadas

4.1. Partículas cargadas

4.1.1. Mecanismo de integración: magnitudes caracterizado- ras de la pérdida de energía y la penetración de la materia

A medida que una partícula se acerca a un átomo localizado en un pun- to cualquiera de nuestro sistema material, pueden ocurrir diferentes sucesos en competencia. La mayoría de los mismos son consecuencia de la interacción electromagnética entre la partícula cargada y los electrones atómicos. Estas in- teracciones se pueden interpretar como colisiones de la partícula incidente con los electrones atómicos, y pueden ser de tipo elástico o inelástico. En el primer caso, la energía cinética total se conserva y una parte de la energía cinética de la partícula incidente se transfiere como energía cinética al átomo. En el segundo caso, parte de la energía que pasa de la partícula cargada transferida al átomo queda en forma de energía interna del mismo, que pasa a un estado excitado — uno o más de sus electrones se sitúan en estados excitados— o bien es ionizado —arrancándose uno o más electrones del átomo—. En el caso de la ionización, la energía que la partícula cargada transfiere al electrón es superior a su energía de enlace en el átomo, por lo que escapa y se convierte en una partícula libre. El resultado es que se crea un par iónico: un ion negativo constituido por el electrón expulsado y un ion positivo formado por el átomo al que le falta un electrón. El fenómeno de ionización originado por la transferencia directa de la energía de la partícula cargada incidente a los electrones atómicos recibe el nombre de ionización primaria. Cuando el valor de la energía transferida de la partícula cargada al electrón es menor que la energía de enlace, éste no puede abandonar el átomo, pero la energía puede ser suficiente para que el electrón pase a ocupar un nivel de energía superior. Si sucede esto, el átomo queda excitado, y el pro- ceso recibe el nombre de excitación. El átomo excitado volverá en general a su estado fundamental mediante la emisión de radiación electromagnética, dando lugar, en muchos casos, a nuevas ionizaciones. Este último tipo de ionización recibe el nombre de ionización secundaria.

También es posible que la partícula cargada penetre en la nube de electrones e interactúe con el núcleo. Estas interacciones pueden ser de tipo coulombiano o de tipo nuclear. Las interacciones dominantes entre partículas cargadas y núcleo son las coulombianas, siendo las interacciones regidas por la fuerza nuclear muy infrecuentes. En la interacción de las partículas cargadas con el núcleo, se pro- duce una dispersión elástica, en la que el núcleo sufre un mayor o menor impulso de retroceso, dependiendo de la energía y la masa de la partícula incidente. Si ésta es suficientemente masiva y energética, el núcleo de retroceso puede atra- vesar su propia nube electrónica y moverse en el medio como una partícula cargada. En la dispersión elástica con los núcleos atómicos se puede provocar un cambio brusco de la velocidad de la partícula incidente, lo que se traduce en una fuerte aceleración de la partícula, que origina —de acuerdo con las leyes de la electrodinámica clásica— la emisión de radiación electromagnética con la consiguiente pérdida de energía. Esta radiación emitida como consecuencia de poseer una partícula cargada aceleración recibe el nombre de radiación de fre- nado o Bremsstrahlung. La ionización total, I tot , producida por el paso de una partícula cargada a través de la materia, se define como el número total de iones

4. Interacción de la radiación con la materia

35

que se crean —tanto por ionización primaria como secundaria— a través de su recorrido.

Consideremos una partícula cargada con una energía cinética E 0 . Suponga- mos que pierda toda su energía en un material produciendo una ionización total I tot . Definimos la energía media para producir un par iónico o energía media de ionización de esa partícula en ese medio como el cociente: =

La ionización específica se define, por su parte, como el número de pares de iones, tanto primarios como secundarios, creados por la partícula incidente por unidad de recorrido de ésta en el material. Si dI es el número de pares de iones producidos entre los puntos x y x + dx del recorrido, la ionización específica en el punto x será: I s =

Las características de los procesos de interacción de las partículas cargadas con la materia hacen que la pérdida de energía de la partícula a lo largo del recorrido se produzca de forma prácticamente continua. Para describir de forma cuantitativa esta pérdida continua de la energía de la partícula incidente, se define el poder de frenado o pérdida lineal de energía como la energía perdida por la partícula en el material por unidad de longitud de su recorrido: T = dE . Es conveniente hacer la distinción entre el poder de frenado debido a la ionización o excitación de los átomos del medio y el debido a la pérdida por radiación. La pérdida lineal de energía es la suma de ambas.

E

0

I tot .

dI

dx .

dx

Asimismo, es importante considerar el concepto de transferencia lineal de energía, que se define como la energía transferida por la partícula localmente al medio por unidad de longitud de su recorrido. Esta energía transferida lo- calmente al medio será la que se pierde debido a los procesos de ionización y excitación. Así, L = dE . Tanto el poder de frenado como la transferencia lineal de energía se expresan en unidades de energía por unidad de longitud: MeV/cm.

El poder de frenado por ionización está ligado con la ionización específica

producida por la partícula a través de la siguiente relación: dE

I s .

dx

dx ion.+excit. =

Se define el alcance R de una partícula cargada que incide normalmente sobre una superficie de un medio material como la distancia máxima de pene- tración en dicho medio. El alcance, en otras palabras, es el espesor necesario del material considerado para absorber prácticamente toda la radiación de par- tículas cargadas. No hay que confundir el alcance con la longitud del camino recorrido por la partícula cargada hasta que se detiene y es neutralizada. En las denominadas partículas pesadas, las trayectorias pueden considerarse prác- ticamente rectilíneas y, por tanto, el alcance coincidirá aproximadamente con la longitud del camino recorrido. Por el contrario, los electrones y positrones sufren desviaciones notables al interactuar con los electrones y núcleos atómicos del medio, y su trayectoria es en zigzag. Por esta razón, la longitud del camino realmente recorrido por un electrón será muy superior a su alcance.

El alcance es una cantidad promedio, dado que las partículas del mismo tipo con la misma energía cinética en el mismo medio no se detendrán después de haber atravesado el mismo espesor R. Los puntos de máxima penetración se distribuyen en torno a un valor medio que es tomado como valor del alcance.

36

4.1. Partículas cargadas

Se ha comprobado que, en muchas situaciones, las magnitudes que hemos introducido son directamente proporcionales a la densidad ρ del medio material a través del cual se mueve la partícula cargada. Para eliminar esta dependencia es conveniente medir los recorridos de las partículas y los espesores de los materiales absorbentes en unidades de masa por unidad de superficie. El espesor expresado en estas unidades recibe el nombre de espesor másico x m . Su relación con el espesor lineal viene dado por la densidad del medio: x m = ρx.

El poder de frenado expresado en función del espesor másico se denomina poder de frenado másico y está relacionado con el poder de frenado lineal según

la expresión siguiente dE

. Las unidades en las que se expresa

son MeV·cm 2 /g. Del mismo modo, el alcance lineal R se relaciona con el alcance

másico R m mediante la ecuación R m = . El alcance másico es independiente del estado de la materia. Una partícula tendrá el mismo R m tanto si se mueve en hielo, agua líquida o vapor.

dx m

dE/dx

ρ

=

4.1.2. Interacción de las partículas alfa con la materia

La inmensa mayoría de las partículas α producidas por desintegración ra- diactiva poseen energías comprendidas entre 2 y 8 MeV. Los radioisótopos más frecuentes emiten con energía E < 6 MeV.

Cuando en su movimiento la partícula haya consumido prácticamente toda su energía cinética, terminará su vida capturando primero un electrón y después otro, convirtiéndose así en un átomo normal de helio. Pero antes habrá generado un número muy considerable de iones. Por ejemplo, una partícula α de 5 MeV, al atravesar aire en condiciones normales, produce unos 144 mil pares de iones. La ionización específica para esta energía es de 2,9 · 10 4 pares/cm. El máximo corresponde a una energía de entre 0,8 y 1 MeV, siendo éste de 7,2·10 4 pares/cm.

El poder de frenado de estas partículas es muy notable (la contribución del proceso de emisión de radiación de frenado es muy despreciable) y, consecuen- temente, el alcance es muy corto. Puede observarse que para las energías más frecuentes (E < 6 MeV), éste no llega a 5 cm en el aire en condiciones normales, y ni a una décima de milímetro en el tejido animal. En aluminio, una partícula de 5 MeV tiene un recorrido de 0,022 mm. Así, el blindaje de las partículas α no presenta ningún problema, y su contribución a la irradiación externa de los organismos vivos es despreciable. No obstante, la presencia de radioisótopos emisores α no puede ignorarse en muchos problemas de ingeniería, dado que estos radionucleidos, si se ingieren o inhalan, pueden ser muy tóxicos para la salud, debido a la gran ionización específica que las α emitidas producen en los tejidos.

4.1.3. Interacción de las partículas β con la materia

Las partículas β son partículas ligeras (electrones y positrones) cuyas ener- gías se distribuyen según un espectro continuo del cual se conoce, en general, la

4. Interacción de la radiación con la materia

37

energía máxima. Esta energía máxima del espectro beta, E máx no suele sobre- pasar, para la mayoría de los emisores β, los 5 MeV.

Los electrones y positrones se comportan esencialmente igual en cuanto a los procesos de interacción y transferencia de energía a la materia: en ambos casos van perdiendo energía por ionización y excitación y también por radiación de frenado, siguiendo una trayectoria compuesta de segmentos en zigzag. Difieren en cómo terminan su vida. El positrón, una vez que ha perdido casi toda su energía cinética, interactúa con alguno de los muchos electrones del medio que atraviesa y se produce la aniquilación del par electrón-positrón en una cantidad equivalente de energía, que se manifiesta como dos fotones que se desplazan en sentidos opuestos. Cada uno de estos fotones posee una energía de 0,511 MeV, la energía equivalente a la masa en reposo del electrón. En cambio el electrón, al consumir toda su energía cinética, no se aniquila, sino que por lo general es captado por los átomos del material, convirtiéndose en uno de sus electrones orbitales.

La ionización que producen las partículas β es mucho menor que la produ- cida por las partículas pesadas tales como las partículas α. Así, para electrones de 1 MeV, se tiene una ionización específica en el aire del orden de 50 pares de iones/cm, mientras que para partículas α de la misma energía la ionización específica es de 72 000 pares de iones/cm.

Las partículas β tienen una capacidad de penetración mucho mayor que la que ofrecen las partículas α de igual energía. Así, para radiación β con una E máx = 3 MeV, se tiene un alcance en aire de 13 metros, mientras que el alcance de las partículas α de 3 MeV es de sólo 1,7 cm. Sin embargo, la radiación β no penetra tanto en medios no gaseosos, y por esta razón no resulta difícil de blindar. Se ha observado experimentalmente que, en una primera aproximación, el alcance másico es independiente del absorbente y sólo depende de la energía máxima del espectro beta. Una fórmula empírica que puede utilizarse es:

R m =

0,412 · E 0,530 · E máx 0,106

máx

1,2650,0954 ln E máx

si E máx < 2,5 MeV. si E máx > 2,5 MeV.

4.1.4. Fragmentos de una reacción de fisión

La fisión de un nucleido produce, por regla general, fragmentos de masa diferente, siendo el más ligero el que presenta una mayor energía cinética. Los fragmentos de fisión, independientemente del grupo al que pertenezcan y dado su elevado valor de A, son desde el punto de vista físico partículas cargadas muy pesadas.

Los productos de fisión aparecen como átomos altamente energéticos y al- tamente ionizados que perderán su energía al interactuar con el medio. La carga media de los productos de fisión es de aproximadamente +20e. Debido a su mucha carga, producen una ionización específica muy alta, y consecuentemente su alcance es muy pequeño. El alcance de los fragmentos de fisión es un factor importante en el diseño de las barras de combustible de los reactores de poten- cia. Una vaina de material de no más de 0,05 cm es una barrera que asegura

38

4.2. Interacción de los rayos X y γ con la materia

que no escapen al refrigerante.

4.2. Interacción de los rayos X y γ con la materia

El término radiación gamma se reserva normalmente a la radiación electro- magnética emitida como resultado de la transición entre los estados energéticos del núcleo (del orden de los MeV), mientras que el término de rayos X se refie- re a la radiación emitida como consecuencia de la transición entre los estados energéticos de los electrones atómicos (del orden de los keV).

Los fotones, en el rango de energías mencionado, pueden interactuar con la materia de diversas formas. Sin embargo, basta tener en cuenta sólo tres de estos procesos para abordar la gran mayoría de los problemas de ingeniería nuclear. Éstos son el efecto fotoeléctrico, el efecto Crompton y la producción de pares.

Efecto fotoeléctrico En el proceso denominado efecto fotoeléctrico, el fotón es totalmente absorbido por el átomo con el que interactúa y su energía se transfiere íntegramente a un electrón atómico que, como consecuencia de ello, abandona el átomo. Este electrón que escapa al átomo se denomina fotoelectrón,

y la energía cinética con la que escapa es igual a la diferencia entre la energía del fotón incidente y su energía de enlace en el átomo.

El fotoelectrón puede proceder de capas atómicas de mayor o menor energía; los procesos más probables son los que dan lugar a fotoelectrones procedentes de las capas más internas de los átomos. El átomo residual será, por tanto, un ion positivo con una vacante electrónica, generalmente en una de las capas más internas. Esto provoca una reordenación de los electrones y, por tanto, una emisión secundaria en forma de rayos X (rayos X característicos del átomo en cuestión) que, a su vez, puede provocar nuevos efectos fotoeléctricos. El efecto fotoeléctrico es el proceso dominante para fotones de baja energía, siendo espe- cialmente importante cuando la interacción tiene lugar con elementos pesados.

Efecto Crompton El efecto Crompton puede interpretarse como una colisión entre el fotón incidente y un electrón del átomo. En este proceso el fotón inci- dente pierde una parte más o menos grande de su energía en función del ángulo

con que emerge el fotón resultante de la dispersión, el cual, por lo tanto, queda con una frecuencia asociada más pequeña que la inicial. La energía que pierde

el fotón pasa al electrón en forma de energía cinética.

Como resultado del efecto Crompton queda un átomo residual ionizado que, a diferencia de lo que ocurre en el caso del efecto fotoeléctrico, presenta una vacante electrónica en una de las capas externas (electrones con energías de enlace bajas) y, por lo tanto, la emisión de radiación electromagnética provocada por la reordenación de los electrones será de menor intensidad y de energía más baja que la correspondiente al efecto fotoeléctrico.

La probabilidad de que ocurra una interacción por efecto Crompton au-

4. Interacción de la radiación con la materia

39

menta con el número atómico del elemento con el que interactúan los fotones, y disminuye al crecer la energía de los mismos. Es el proceso predominante para los valores intermedios de la energía de los fotones, entre 0,5–10 MeV aproxima- damente.

Producción de pares electrón-positrón Este proceso se caracteriza porque el fotón, en su interacción con el núcleo, desaparece, creándose a su vez un par electrón-positrón. Esta transformación de la energía fotónica en la creación de partículas materiales —i.e., con masa en reposo— recibe el nombre de mate- rialización. La energía cinética del par electrón-positrón se disipa mediante los mecanismos usuales de pérdida de energía de las partículas cargadas. Finalmen- te, el positrón, cuando prácticamente haya entregado al medio toda su energía cinética, interaccionará con un electrón y se producirá su aniquilación, que es el proceso inverso a la materialización.

La probabilidad de ocurrencia del proceso de producción de pares aumenta con el número atómico y con la energía, siendo el efecto preponderante para energías del orden de 10 MeV y superiores.

4.2.1. Algunas implicaciones prácticas asociadas a la feno- menología de los procesos

Desde un punto de vista práctico, el efecto Crompton es la causa de muchos problemas encontrados en el blindaje de rayos gamma. Es el único de los tres procesos mencionados en el que el fotón no desaparece. El fotón dispersado, que por término medio tendrá una energía del mismo orden que la energía del fotón incidente, puede interactuar de nuevo en otra parte del sistema. Por otra parte, el tratamiento de la dispersión múltiple de los rayos X es un tema clave en el diseño de blindajes y, en general, en cualquier problema de transporte de radiación, siendo uno de los problemas que requiere mayor esfuerzo.

En el campo de los efectos biológicos de la radiación electromagnética, una de las cuestiones importantes es entender el origen de su poder ionizante. Al estudiar los principales procesos de interacción de los fotones con la materia, se ha visto que en cada uno de ellos únicamente se produce un par de iones. No se puede hablar, por tanto, de una ionización primaria o directa, pues en la práctica ésta es inexistente a escala macroscópica. Sin embargo, los fotoelec- trones, los electrones Crompton y los pares electrón-positrón, al ser partículas cargadas, provocan ionizaciones secundarias. Esta es la razón de que se consi- dere a la radiación electromagnética suficientemente energética como radiación indirectamente ionizante.

En general, llamamos radiación indirectamente ionizante (correspondiente a partículas no cargadas, tales como rayos γ y los neutrones) a la que produce la excitación y ionización del medio, mayoritariamente por efecto de interacción de la radiación con la materia y no en el proceso mismo de interacción. En la interacción de rayos γ o neutrones se produce ionización, pero esta ioniza- ción resultante del proceso primero o directo de interacción es completamente

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4.2. Interacción de los rayos X y γ con la materia

insignificante comparada con la causada subsiguientemente por interacción de las partículas cargadas formadas. Por el contrario, se dice que las partículas cargadas son radiación directamente ionizante porque directamente generan un número muy significativo de iones cuando interactúan con la materia.

4.2.2. Atenuación y absorción de la radiación electromagné- tica

Se puede definir la sección eficaz por átomo para la interacción de fotones como la suma de las secciones eficaces correspondientes a cada uno de los pro- cesos de interacción fotónicos: fotoeléctrico, Crompton y producción de pares. También es útil definir la sección eficaz macroscópica como la obtenida de mul- tiplicar la sección eficaz microscópica por la densidad atómica. Por tradición, a las secciones eficaces microscópicas para fotones se las denomina coeficientes de atenuación (µ). El coeficiente de atenuación total es la suma de los coeficientes de atenuación correspondientes a cada uno de los tres procesos de interacción. Las unidades de µ son cm 1 y éste recibe el nombre de coeficiente de atenuación lineal.

El significado µ se pone de manifiesto al analizar la ley de actuación de un haz colimado y monoenergético de radiación fotónica:

I(x) = I 0 e µx .

(4.1)

La ley expresada en esta ecuación se puede deducir fácilmente asignando a µ el significado físico de la probabilidad de interacción por unidad de área. Es preferible escribir la ecuación (4.1) de este modo:

I(x) = I 0 e µ

ρ

ρx = I 0 e µ m x m ,

reci-

be el nombre de coeficiente másico de atenuación. Se expresa habitualmente

en cm 2 /g. Al producto x m = se le denomina espesor másico o densidad superficial y suele expresarse en g/cm 2 .

donde ρ es la densidad del material absorbente. El coeficiente µ m = µ

ρ

El coeficiente de atenuación lineal depende de la energía del fotón incidente

y del número atómico