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El Arlequín del Novus Burgus y el Hazmerreír del Pueblo

Parece ser que los actores más representativos o al menos los que tienen el mayor
poder y visibilidad, ya sea através de los medios de comunicación, las arenas
políticas, la gran empresa o en su representación más solemne como hombres de
negocios, así como de los intelectuales orgánicos y los de menor envergadura; no
parecen apreciar o entender lo que un instituto electoral, que en el caso mexicano es
un instituto ciudadano, vale y por lo tanto representa para la democracia.

Los ánimos democráticos y electorales que vivieron los mexicanos hace cuestión de
algunos años, ese transitar de un régimen autoritario a uno democrático, ha perdido
valía, ha perdido vigencia o novedad. El pasado inmediato ha quedado atrás, las
luchas, la retórica, los esfuerzos y el anhelo de que un organismo que velara por la
rectitud y legitimidad de las contiendas electorales en un país con un pasado
cuestionable y poco democrático, quedo atrás, medio olvidado dirían algunos
estudiantes.

Es verdad que dicho instituto se formo con muchas carecías, con ciertos candados y
limitaciones que un proceso de liberalización contempla al menos en la teoría, y es
que el instituto no es tan libre, ni tan ciudadano, no tiene esa neutralidad y apego al
buen ejercicio objetivo que significaría una justa, en este caso electoral y política.

La política sin duda es una expresión emocional y temperamental, en este país se ha


abierto paso por incontables recovecos y entramados siempre originales e inesperados,
no se ha caracterizado por un ejercicio legal, justo y acorde al espíritu de libertad y
honestidad republicano que concentra su constitución.

Es en verdad muy triste y lamentable que un instituto ciudadano como el IFE se haya
convertido en el arlequín de los poderosos, un instituto joven en proceso de
consolidación, el día de hoy parece enfermo. Y es que el instituto se ha visto en
envuelto en una serie de escándalos y situaciones que le restan legitimidad, en el
espacio que debería ser el más importante dada su labor, y es que debe ser un instituto
pulcro y que proyecte seriedad, que goce de la legitimidad, de la credibilidad de la
sociedad en general.

Ha sucedido que una serie de pandillas que hasta hace al menos un sexenio se
llenaban la boca con atracones de democracia y transparencia, un espíritu de libertad y
jubilo, un claro deseo de ser los fieles apoyos del instituto como una expresión real de
democracia en este país, al día de hoy éstos se encuentren destripándolo y
desprestigiándolo. Me refiero particularmente a los medios de comunicación que se
han encargado de tomarle la medida, de exponer y desprestigiar la imagen del IFE,
olvidaron pronto su discurso de democracia, de libertar de expresión, de profundo
deseo de que las cosas cambiaran en este país, pues bien, se cumplió lo que deseaban,
las cosas cambiaron a favor de estos monstruos que se asumen como la voz del pueblo
pobre e ignorante, hacen de la apatía y el desinterés de la sociedad la voz que ha de
salir avante mediante las imágenes relucientes y extravagantes que la televisión
proyecta. Ya no necesitan más al instituto, es en cambio, un obstáculo en su hambre
capitalista que poco de democrático tiene en su particular caso.
Por otro lado los legisladores y gallardos políticos que contenidos en sus partidos
políticos y su adscripción al grupo olvidan que son funcionarios públicos. La lucha
encarnizada por tomar el control del Estado y su aparato coercitivo, de conservar sus
negocios y privilegios obscenos, han manipulado al IFE, desde la sociedad civil,
pasando por los representantes políticos han arreglado las cosas para que el instituto
no obstaculice su labor, la cual es conservarse como una clase opulenta e indolente.
Los intelectuales poco han hecho para denunciar el desprestigio y la grave situación
en la que se encuentra el IFE y la democracia, o el poquito de democracia que
podemos tener a partir del ejercicio de instituciones ciudadanas. La anécdota de lo
sucedido con los spots de los partidos políticos, las riñas banales y mañosas a las que
torpemente se ha enfrentado el IFE lo han dejado muy mal parado.

La sociedad civil o el pueblo mexicano, que es un poco miope y un poco torpe, poco
le interesa el instituto y mucho le incomoda que su programa o evento deportivo
favorito se vea interferido por los spots de los partidos políticos que dicho sea de
paso, son propaganda mal hecha y exhibida de modo que se trivializa completamente
su sentido y llega a ser desesperante el modo de su exhibición. Deja ver la percepción
que los partidos políticos tienen de los mexicanos, los piensan imbéciles y sólo con
bolitas y palitos; niñitas y retórica pendeja de “si no lo tienes que te lo paguen” o de
“antes eras un jodido, hoy ya no lo eres”; de que con un líder carismático o un
abusador del pasado estaríamos mejor, de cómo los mexicanos entienden la política de
forma tan pobre, así lo piensan, y así insultan a los votantes. Estos sujetos han
valorado al IFE de forma negativa, lo han convertido en una herramienta para sus
negocios.

Han llegado a la dirección del instituto personajes oscuros o de dudosa calidad ética.
El último escándalo, sobre el aumento de salarios millonarios sólo deja ver la
orquestación de un plan de desprestigio y dirección torpe e incompetente que lleva el
instituto. O de qué sirven todos esos consejeros con títulos y grados pomposos que
otorga la academia, tanto nacional como extranjera, parecen todos muy cómodos con
sus sueldos millonarios y no es sólo la cantidad la que es obscena sino el
planteamiento de los responsables sobre el asunto y escudándose bajo el argumento
imbecil de “es constitucional”. No sólo deja en pésima apariencia al cuerpo que labora
en el instituto –que habrá gente honorable- sino que descubre otra de las verdades
incomodas de la clase en el poder y particularmente la que tiene que ver con la justicia
y el derecho que de igual manera reciben sueldos no honerosos, no millonarios,
insultantes, cobran como los mejores y trabajan como los más mediocres.

Con esos gastos estratégicos, esos planes contra la pobreza, esas políticas publicas
brillantes y el papel de los institutos ciudadanos desprestigiándose cada día más por
aquellos que hasta hace unos años mamaban y pregonaban democracia ¿ Planeamos
salir del pantano en que se encuentra el país, atascado por estos funcionarios
mercenarios? ¿De ese modo el gobierno del presidente trabaja y mantiene contacto y
comunicación con los otros poderes? Por eso entre tanto escándalo y show patético
que se exhibe a diario en los medios de comunicación masivos y poco responsables, el
narcotráfico trabaja sin problemas, por esta clase de situaciones lamentables, el
crimen en este país crece y se diversifica. Ellos si aprendieron de las lecciones que el
libre mercado les ofreció y sobre todo mantienen una excelente comunicación entre
sus órganos, lastima que todos estos son criminales y asesinan sin el menor
miramiento.
Recuperemos los institutos ciudadanos, es una de las formas más humildes de
mantener vestigios de democracia y buen gobierno, son las pequeñas cosas que no
deben significar sacrificios para una sociedad y si un orgullo. De otro modo los
ciudadanos, el pueblo, la sociedad civil, tienen el gobierno que se merece.

INKEN DEAN.