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2014/02/10

EKONOMIA | ANÁLISIS | Políticas anticrisis

EKAI GROUP

LA REFORMA LABORAL AMENAZA LA


ECONOMÍA VASCA
Los autores del análisis consideran que la reforma laboral puede tener sentido en
el contexto de la economía española, pero que es de difícil explicación en Euskal
Herria donde el endeudamiento y los costes laborales se sitúan en torno a la media
europea.

E K AI CE N T E R

La reforma laboral es un eslabón más dentro de lo que bien podemos denominar


como “políticas pro-crisis” desarrolladas en el País Vasco desde 2008.

Frente a argumentos aparentemente técnicos referidos a dotar a las empresas de


una mayor flexibilidad en la gestión de las relaciones laborales, todos sabemos que
el objetivo clave de esta reforma no es otro sino la reducción de costes laborales.

Es esencial tener en cuenta que esta reducción de costes laborales, con


independencia de sus efectos sociales, puede tener un sentido lógico en el contexto
económico español, en el que se inscribe en el marco de la “devaluación interna”
considerada como la estrategia a seguir para recuperar la competitividad lastrada
por el sobre-endeudamiento. No es la estrategia adecuada desde la perspectiva de
EKAI Center, pero es, de hecho, la impulsada o tácitamente aceptada por gobierno y
oposición en España. Ninguno de los grandes partidos españoles, tampoco los de la
oposición, han planteado alternativas serias a la estrategia de devaluación interna.

En este contexto, si la reforma laboral puede ser un error pero tiene un objetivo
comprensible en España, no es así en el País Vasco, donde no sólo es un grave error
estratégico sino también un absoluto sinsentido.

Recordemos que el nivel de sobre-endeudamiento en el País Vasco se sitúa en el


entorno de la media europea y en ningún caso justifica abordar una estrategia
masiva de reducción de costes como la emprendida en España.

Pero, no siendo necesaria, la reforma laboral no sólo es socialmente dañina en


Euskadi. Es, además, un rotundo error estratégico desde el punto de vista de nuestro
modelo de desarrollo económico.

Recordemos que el reto fundamental de la economía vasca es dar un salto


imprescindible en nuestro nivel de equipamiento tecnológico. Y ello requiere más
inversión de alto nivel tecnológico, más gasto en I+D, más gasto en formación y
reformas estructurales en educación e investigación. Éstas, y no otras, son las claves
de nuestras políticas anti-crisis y de nuestro futuro.

En este contexto, la reforma laboral se convierte en una más de nuestras


“estrategias pro-crisis”.

Esta reforma está produciendo una innecesaria reducción de costes laborales y,


consecuentemente, generando un daño innecesario a nuestros salarios. Pero
también está lanzando un peligrosísimo mensaje al conjunto de nuestra sociedad y,
de forma muy directa, a nuestros empresarios.

Porque, cuando con mayor urgencia necesitamos reactivar nuestros esfuerzos de


formación, investigación e inversión tecnológica, decidimos lanzar a los empresarios
un mensaje perverso. El mensaje de que, a través de la reforma laboral, tienen
abierta la puerta de la reducción de los costes laborales y, por lo tanto, de una fácil
mejora de los resultados a muy corto plazo.
El mensaje es extraordinariamente dañino para nuestra economía. Mejorar los
resultados empresariales en base a formación, investigación, desarrollo e inversión,
es un proceso complejo, difícil y de medio o largo plazo.

Si engañamos a nuestros empresarios ofreciéndoles el aparente regalo de conseguir


esos resultados de un día para otro mediante la simple contención o reducción de
costes laborales estamos generando un efecto perverso, claramente desincentivador
de los esfuerzos de avance tecnológico y –a medio plazo- también de los resultados
económicos de nuestras empresas.

Nuestros medios de comunicación en su conjunto y una buena parte de las


organizaciones patronales y la clase política están claramente contaminados por la
ignorancia sobre las gravísimas repercusiones que una estrategia de reducción de
costes laborales tiene sobre el modelo de desarrollo de cualquier país.

La reforma laboral no es sólo un problema social. Es lo peor que podía sucederle a


nuestro país precisamente en este momento. Es, probablemente –junto a la
bancarización de las cajas de ahorros- la más grave de nuestras “políticas pro-crisis".

Sin embargo, no deberíamos responsabilizar de ello exclusivamente al gobierno


central. Quien tiene la responsabilidad directa de defender el tejido productivo vasco
es la clase política vasca, que es a quien correspondía haber defendido la
especialidad de nuestro modelo durante la tramitación parlamentaria de esta
reforma. Y es también a quien correspondía haber mentalizado abiertamente a la
sociedad vasca en su conjunto –y, muy especialmente, a nuestros empresarios-
sobre la gravedad de apostar por una vía de reducción de costes laborales en un
entorno productivo como el del País Vasco. Una vez más, la inconsciencia estratégica
de nuestra clase política nos acerca un poco más al abismo.