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Noticia de la mujer que no quería salir de la

cárcel

Maxi de Diego

Maxi de Diego

Correo electrónico: mddp61@hotmail.com

NOTICIA DE LA MUJER QUE NO QUERÍA SALIR DE LA CÁRCEL.

ABOGADO 1

ABOGADO 2-JUAN

LAURA

ROSA

PILI

ANA

PERSONAJES:

DIRECTOR DE LA CÁRCEL

DEPENDIENTA

MUJER-SILVIA

MADRE DE ROSA

PADRE DE ROSA

VOZ DE FUNCIONARIO

VOZ DE ANITA

ESCENA 1

ABOGADO 1: ¿Te acuerdas de Laura?

ABOGADO 2: ¿Laura?

ABOGADO 1: Sí, aquella mujer que defendimos por el robo en un herbolario.

ABOGADO 2: ¿Laura Muñoz, la yonqui?

ABOGADO 1: Si sólo fuera eso

1

ABOGADO 2: ¿Qué ha pasado? La condenaron a tres años, ¿no?

ABOGADO 1: Sí. Ha cumplido la condena. Pero eso no es lo que te quería decir. Me

parece tan extraño que no sé cómo contarlo. Esta mañana me he encontrado a Jorge

Comendador y me ha hablado de ella. Ha redactado una noticia que saldrá mañana o

pasado. Laura se niega a salir de la cárcel.

ABOGADO 2: En cierto modo lo entiendo.

ABOGADO 1: Yo no. Las cárceles habrán mejorado en algunos aspectos, pero siguen

siendo infiernos y más para una mujer como Laura. Yo la conocí.

OSCURO.

ESCENA 2

LAURA: (Mientras hace punto.) No estoy triste. No quiero estar triste. Hoy he

recordado aquellos días en que mi abuelo nos llevó a Luis y a mí al pueblo. Mis padres

estaban mal

,

pero no quiero hablar de eso. Hoy no. No quiero estar triste. Allí en el

pueblo recibimos el cariño del abuelo, la abuela y la tía Mari. La tía nos llevó andando a

un

río que estaba a media hora del pueblo. Nos bañamos aunque no teníamos bañador.

Mi

tía sí, aunque era un bañador muy raro. Después del baño, nos secamos al sol. No se

me

olvidará nunca esa sensación que creo que no he vuelto a vivir. Cómo los rayos iban

secando y calentando despacio, muy despacio, cada parte de mi cuerpo frío por el agua.

Y luego volvimos andando otra vez, media hora, que, sobre todo a mí, se me hizo larga,

muy larga. Llegué muy cansada a casa. La abuela había preparado una cena muy rica:

patatas a lo pobre con pimientos. Qué bueno estaba. Luego nos fuimos a dormir y yo no

tardé ni cinco minutos en hacerlo. No pude ni pensar en mis padres, que no estaban

bien.

OSCURO

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ESCENA 3

LAURA: Y qué si puedo salir a la calle cuando quiera.

ROSA: Por lo menos podrás respirar el aire.

LAURA: Aquí también hay aire.

ROSA: No me entiendes. Me refiero al aire libre. Si yo estuviera en tu lugar

iba a quedar.

Aquí me

LAURA: No sé si me voy a quedar. Lo he solicitado. Pero no me hagas reír con lo del

aire libre. Cómo se nota que llevas aquí mucho tiempo. Ya no te acuerdas de la mierda

de la contaminación. El aire también está preso.

ROSA: Sí, llevo aquí mucho tiempo. Demasiado.

LAURA: Perdona, Rosa. Venga, no te pongas triste. Si me quedo, te haré compañía.

Nos hemos hecho buenas amigas, ¿no?

ROSA: Claro, Laura, pero me jode que puedas ser feliz y no quieras serlo.

LAURA: Aquí he sido feliz después de mucho tiempo. Contigo, con Ana, con

sobre todo con vosotras.

OSCURO.

ESCENA 4

(En la biblioteca de la cárcel.)

Bueno,

PILI: En la calle puedes moverte libremente. Ir de aquí para allá. Ver a la gente. Su

bullicio.

3

LAURA: ¿Sabes? Cada vez que pienso en la calle, últimamente, una y otra vez, me

viene a la cabeza la imagen de cuando pedía dinero, monedas, para comer algo o con la

vana ilusión de acumular para pagarme una dosis. Era terrible para mí acercarme a la

gente, que estaba a sus cosas, comiendo un helado o leyendo el periódico o riéndose con

su pareja, en el caso de los más afortunados. Me acercaba con la cabeza baja, y dudo

mucho de que me entendieran lo que decía, era más un susurro, un lamento en forma de

petición. Algunos, pocos, buscaban en los bolsillos y me miraban con cara de pena. Yo,

si me daban o no, deseaba separarme lo antes posible de esa persona, me moría de

vergüenza. Desde entonces esa es una de mis imágenes de la calle. Y siento asco de

pensarme a mí misma paseando por la calle. Siento que tal vez la gente me reconocerá y

volverá a hacerse la distraída o a mirarme con compasión o con asco. O tal vez yo

reconozca a alguien que no me dio y sienta odio. Un odio injusto o no. No lo sé. Pero no

quiero ese odio. O tal vez reconozca a alguien que sacó unas monedas y no me atreva a

decirle gracias señor o gracias señora o gracias joven y me sienta una desagradecida. Y

yo necesito querer a la gente, quererme a mí misma y no sé si voy a ser capaz.

PILI: Debes perder ese miedo.

LAURA: Sí, como Ana, que salió y ya está aquí otra vez. Ana, mi pobre Ana. Si no

fuera por ella me habría vuelto loca.

OSCURO.

ESCENA 5

LAURA: No quiero estar triste. Quiero ser capaz de elegir. Intento elegir quedarme

entre estas cuatro paredes y tampoco puedo. Tendré que robar otra vez para volver. Aquí

he dejado la droga, he dejado de pedir, he dejado de dormir en la calle. Ya no puedo

soñar con Pedro porque él ya no vive. Y no quiero estar triste. La psicóloga dice

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que debo quererme. Que soy capaz de vivir libremente. Pues yo quiero elegir libremente

quedarme aquí. Y el director de la cárcel dice que esto no es un centro de acogida, que si

no tengo donde ir que vaya a un albergue. La asistente social dice

Pero yo no quiero

estar triste. Yo quiero quedarme aquí con Rosa, con Ana

Leyendo esos libros tan

bonitos que me deja Pili, la de la biblioteca. Si pudiera elegir un carácter, una

personalidad elegiría la de Pili. Qué sonrisa tan preciosa. Yo me conformo con no estar

triste, pero si fuera capaz de ser como alguien, elegiría a Pili. Además, es tan guapa

Hasta he leído un libro de poesía. De Neruda. Te entran ganas hasta de enamorarte.

OSCURO.

ESCENA 6

ANA: Como sé que no quieres estar triste, Laurita, te voy a contar lo más bonito que me

ha pasado fuera. ¿Quieres?

LAURA: Sí, lo más bonito.

ANA: No te hagas ilusiones, es una tontería, pero a mí me gustó.

LAURA: Si a ti te gustó, a mí también, Ana.

ANA: Verás, quería ir a casa de mi tía, en el pueblo, y me equivoqué de autobús. Iba

medio ida, pensando en mis cosas. Total, que cogí un autobús que iba a Santander.

Como me gusta mucho dormir en los trenes y en los autobuses y en los coches, bueno,

en todo lo que se mueva, me dormí nada más caer en el asiento y me desperté nada más

y nada menos que en Santander.

LAURA: ¿Eso está en el Norte, no?

ANA: Sí. Cuando me desperté, me enfadé muchísimo conmigo misma. Pero se me pasó

pronto, no te apures. Me enteré de que el autobús de vuelta a Madrid no salía hasta el

día siguiente, así que decidí dar una vuelta por la ciudad. Recordaba o creía recordar que

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Santander tenía mar y yo hacía tanto tiempo que no lo veía

Solamente había estado un

vez y me encantó. Bueno, que me fui al mar. Me pasé horas mirándolo, jugando con las

olas, recogiendo piedrecitas. (Saca unas piedras.) Mira qué bonitas son.

LAURA: Es verdad. Ésta, sobre todo, es preciosa.

ANA: Pues para ti. Te la regalo, Laurita.

LAURA: Gracias, Ana, qué buena eres conmigo.

ANA: Esa precisamente la cogí pensando en ti. Bueno, pues eso, que me pasé horas

mirando al mar. Luego cuando volví para el centro de la ciudad, como no tenía mucho

dinero, estaba buscando un rincón para echarme a dormir, cuando conocí a un vendedor

de LA FAROLA. Me puse a hablar con él, no sé cómo, total que me dejó unas pelas

para dormir en una pensión. Jodé, qué tío, qué bueno fue y no me pidió nada a cambio.

Me ha dado la dirección de la revista aquí. Dijo que se sacan pelas vendiéndola. No

muchas, para ir tirando.

LAURA: La farola

es un nombre bonito.

ANA: ¿Qué? ¿Te ha gustado mi historia?

LAURA: Sí, sobre todo lo del mar. Pero para mí es más bonito ver los ojos azules de

Rosa. Tu historia es parecida a una que he leído en este libro que me ha recomendado

Pili. Déjame que te la lea. El título del libro también es bonito: El libro de los abrazos.

El autor es uruguayo, se llama Eduardo Galeano. “Diego no conocía la mar. El padre,

Santiago Kovadloff -jo qué difícil-, lo llevó a descubrirla.

Viajaron al Sur.

Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.

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Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de

mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y

tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.

Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:

-¡Ayúdame a mirar!”

Ya está.

ANA: Muy bonita, Laura, y qué bien lees.

OSCURO.

ESCENA 7

ABOGADO 2: He estado pensando en Laura, la presa de la que me hablaste el otro día.

ABOGADO 1: (Mientras sigue trabajando.) Sí, y ¿qué?

ABOGADO 2: Me pregunto si su caso será único. Si no habrá más presos o presas que

no quieran salir.

ABOGADO 1: Yo creo que hay algo enfermizo en eso.

ABOGADO 2: Claro, es un síntoma.

ABOGADO 1: ¿Un síntoma?

ABOGADO 2: Sí, un síntoma de la sociedad en que vivimos. ¿Existen muchos motivos

para salir a la calle para una excluida, para una marginada como Laura? Si a veces es

difícil llegar a final de mes para alguien que trabaja, que tiene un sueldo. Si comprar un

piso es toda una aventura. O dejando lo económico

siempre es tan sencillo

ABOGADO 1: Te veo un poco pesimista hoy.

si tener o mantener amigos no

ABOGADO 2: ¿Tú crees? ¿Has leído el periódico hoy?

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ABOGADO 1: Sabes que no soy un vicioso de la prensa como tú.

ABOGADO 2: He leído un artículo estupendo de una tal Anaisabel Prera Flores, se

titula ¿Sociedad de mercado? No, gracias. En él nos recuerda que el 18 % de la

población mundial, el 18, disfruta del 80 % de los recursos y que la mujer no tiene más

que el 4% de representación en los centros de decisión y el 9 % en los Parlamentos.

ABOGADO 1: Siempre tan aficionado a los datos.

ABOGADO 2: Datos que hablan de la desigualdad, de la insolidaridad ante la pobreza.

ABOGADO 1: ¿Y qué tiene eso que ver con Laura Muñoz?

ABOGADO 2: Mucho. Sólo si viviéramos en un sociedad más humana, una persona

sensible como Laura jamás preferiría vivir en la cárcel.

ABOGADO 1: Puede.

(Siguen trabajando.) OSCURO.

ESCENA 8

DIRECTOR: He recibido su solicitud. La he leído.

LAURA: Gracias.

DIRECTOR: Era mi obligación.

LAURA: Gracias, señor director.

DIRECTOR: No me dé tanto las gracias. No tengo buenas noticias.

LAURA: Me lo imaginaba. Me tengo que marchar, ¿no?

DIRECTOR: Sí, mañana.

LAURA: Mañana. Tienen prisa. Prisa para entrar, prisa para salir. ¿No se puede hacer

nada?

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DIRECTOR: Esto no es un centro de beneficencia. Diríjase al Instituto de la Mujer o a

Cáritas. No sé, hable con la asistente social.

LAURA: Gracias por los consejos, Director. Pero yo quiero quedarme aquí. Aquí están

mis amigas. Fuera no tengo a nadie. Además, tengo miedo de volver fuera. Fuera me he

prostituido, he pasado hambre. ¿Ve mi cara limpia? Pues ha estado, fuera, cubierta de

roña. Hasta las ratas me rehuían. Fuera he sido más prisionera que aquí. Presa de la

droga. Usted no sabe lo que es buscar una dosis. Ojalá nunca lo sepa. Pedir dinero,

humillarse. Por favor, no me haga volver a la calle.

DIRECTOR: Pero entiéndalo, Laura. Esto es un centro donde se cumple condena. Y,

usted, ya la ha cumplido. El Estado gasta dinero en su manutención, para que usted se

rehabilite. Yo creo que usted ha mejorado mucho desde que llegó. Ha dejado la droga,

se relaciona bien con los internos y los funcionarios. Está preparada para la libertad.

LAURA: Pero tengo miedo. (Pausa. Se miran profundamente.) Volveré a robar para

regresar aquí.

DIRECTOR: Puede que la lleven a otro centro. Yo pediré que sea así.

LAURA: ¿Por qué esa crueldad? Si lo hace iniciaré una huelga de hambre para que me

trasladen. Y moriré si es preciso.

DIRECTOR: Eso es una locura.

LAURA: Una locura era mi vida fuera. Recorra la calle, director. O pregunte a otros

presos.

DIRECTOR: Pero todos quieren salir.

LAURA: ¿Está seguro?

DIRECTOR: Algunos hasta se escapan.

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LAURA: Porque no han salido del infierno. Porque no han visto los ojos de Rosa o

porque no han conocido a Pili.

DIRECTOR: ¿La bibliotecaria?

LAURA: Sí.

DIRECTOR: ¿Tendré que pedir más dureza a mis funcionarios?

LAURA: No sea frívolo. También los hay duros. Demasiado duros. (Pausa.) ¿Ha sido

su última palabra?

DIRECTOR: Lo siento, Laura. Pero confío en usted. Parece una mujer sensata.

LAURA: Por eso pido que me dejen quedarme. Por lo menos hasta que salgan Rosa o

Ana.

DIRECTOR: Imposible.

(Laura se levanta y sale.)

DIRECTOR: Joder. Y pensar que puede tener razón.

(Enciende un cigarrillo.) OSCURO.

ESCENA 9

LAURA: Ahora no quiero estar triste. No quiero desesperarme. Tengo que ser fuerte.

No quiero contagiar a Rosa y Ana de mi tristeza. Tengo que pensar en algo. Planear mi

próximo robo para volver. Algún sitio donde no haya guardias de seguridad. Les puede

dar un ataque de violencia y disparar y matar a alguien. Si me lo hicieran a mí no sería

demasiado grave, pero puede aparecer alguien, un niño

No debo correr riesgos. Tal

vez el mismo herbolario de la última vez. Es posible que me reconozcan y como saben

que no soy violenta, no opongan mucha resistencia

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Sí, eso es

Fuenlabrada, calle de

la Almendra. No sé si yo sola me atreveré. Sin Pedro. Pedro

Pero no quiero estar

triste

Ahora no. Tengo que despedirme de Rosa y de Ana. Ellas sí quieren estar fuera.

Ana no ha salido del todo del infierno. Y Rosa tiene a su hija, a sus padres. La esperan.

La quieren. Si yo tuviera a alguien

Pedro

Pero no quiero estar triste. Rosa seguro que

me pide que vaya a ver a sus padres y a su hija. Tendré que hacerlo, pero me da miedo

¿Qué voy a decir yo a unos padres? No recuerdo ni una sola palabra cruzada con los

míos

Joder. No quiero ponerme triste. (Agacha su cabeza entre sus manos.)

OSCURO.

PILI: Hola, Laura, cariño.

ESCENA 10

LAURA: Hola, Pili. Te traigo el libro.

PILI: ¿Ya te lo has leído?

LAURA: Entero no.

PILI: ¿Entonces?

LAURA: Mañana me voy. No han aceptado mi solicitud.

PILI: No se te ve muy contenta. ¿Sigues pensando lo mismo?

LAURA: Lo mío no se cura de un día para otro.

PILI: Anímate. Ya verás como todo va bien. Toma mi dirección y mi teléfono. (Lo

apunta en una hoja.) Llámame. Podemos quedar. Llévate el libro y me lo devuelves

cuando lo termines. Nadie se va a enterar. Bueno, si te gusta.

LAURA: Es precioso. Este señor sabe lo que me pasa. Mira lo que dice aquí, se titula El

miedo:

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“Una mañana, nos regalaron un conejo de Indias. Llegó a casa enjaulado. Al

mediodía, le abrí la puerta de la jaula. Volví a casa al anochecer y lo encontré tal como

lo había dejado: Jaula adentro, pegado a los barrotes, temblando de susto de la

libertad”.

PILI: Déjame que te lea algo yo, es posible que todavía no hayas llegado. Se titula

Profesión de fe:

Sí,

sí,

por

lastimado

y

jodido

que

uno

esté,

siempre

puede

uno

encontrar

contemporáneos en cualquier lugar del tiempo y compatriotas en cualquier lugar del

mundo. Y cada vez que eso ocurre, y mientras eso dura, uno tiene la suerte de sentir que

es algo en la infinita soledad del universo, algo más que una ridícula mota de polvo,

algo más que un fugaz momentito.”

LAURA: Eso es lo que yo he encontrado aquí.

PILI: Es cierto, pero yo quiero que sepas que también puedes encontrarlo fuera.

LAURA: En mis veintinueve años, estando fuera, aún no he vivido esa felicidad de la

que quiere hablar.

PILI: Vale, pero no dejes de estar alerta por si la encuentras. Llámame.

LAURA: Lo haré. (Le da un beso y sale llevándose el libro.) OSCURO.

ESCENA 11

ANA: Vaya una perra que te ha entrado con quedarte aquí.

LAURA: Ya lo hemos hablado muchas veces. No me vais a convencer.

ROSA: Hagas lo que hagas a mí me parece bien.

LAURA: Lo tengo todo planeado.

ANA: Cuenta.

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LAURA: Si logran echarme

ANA: ¿Cómo que si logran echarte?

LAURA: Sí, no me voy a ir por las buenas.

ROSA: Ten cuidado, Laura.

LAURA: No hay peligro. Lo único que voy a hacer es resistirme. No quiero que piensen

que estoy de acuerdo. Te meten al talego cuando quieren y te sacan cuando les da la

gana.

ROSA: Mirándolo así tienes razón.

LAURA: Bueno, pues como cuento con que me echarán a patadas, he decidido volver lo

antes posible.

ROSA: No te arriesgues, Laura.

LAURA: Ya lo tengo planeado: el mismo herbolario de la última vez. Parecían buena

gente. Espero que no se asusten mucho, porque pienso devolverlo todo cuando me

entregue.

ANA: Entonces a lo mejor no te meten al trullo.

LAURA: Yo creo que sí, por reincidente. Y si no

no devuelvo ni un duro.

que se preparen

atraco un banco y

ROSA: Pero vas a tener cuidado, ¿verdad, Laura?

ANA: Bueno, Laura no es una novata.

ROSA: Ya, pero otras veces estaba con el mono. Y eso da alas. Ahora, Laurita está más

limpia que un sol. (Se acerca a ella y le da un beso.) Qué pena que no podamos salir las

tres al mismo tiempo

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ANA: Sí y pondríamos una mercería. No, una mercería no, que a mis amigos les gusta

mucho atracar mercerías

bonito.

El caso es que a mí eso de vender hilos y botones, me parece

ROSA: Pues yo preferiría un herbolario de esos que va a robar Laura. Que si unas

hierbas para el riñón, otras para adelgazar

otras para

Bueno, para todo. Y yo sé de

algunos que venden peces

Aunque para empezar con lo de las hierbas sería suficiente,

¿no?

LAURA: A mí me gusta más una librería-papelería. Me he aficionado a la lectura con

los libros que me recomienda Pili. Y eso de que un niño vaya a comprar una goma de

borrar

no

sé, me parece bonito.

ANA: Pues lo tendremos que echar a suertes.

ROSA: Lo dices como si fuera tan fácil. ¿De dónde vamos a sacar las pelas? Como si te

regalaran algo.

ANA: Laura, si no te empeñaras en volver, podrías ir buscando un local.

LAURA: Claro, ¿por qué no lo buscaste tú? Te diste prisa en volver.

ANA: Entonces todavía no habíamos hablado de esto. Y tenía mis historias.

LAURA: ¿Y qué historias prefieres?

ANA: No sé muy bien. Pero me encuentro tan

tan de puta madre con vosotras

ROSA: Bueno, bueno, a ver si nos vamos a poner melancólicas ahora. Si cambias de

opinión cuando estés fuera, te pones a buscar local. Total, a mí me queda un año y a

Ana, dos.

LAURA: No creo. Ya os he dicho que me da miedo la calle. Prefiero que me esperéis

vosotras a mí.

OSCURO.

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ESCENA 12

LAURA: A Pedro le gustaba la música. Mucho. Creo que era lo que más le gustaba.

Decía que le gustaba escucharla cuando estaba solo. La canción protesta decía él. Se

refería a los cantautores. Aunque al final ya no le interesaba nada

Pero no me voy a

poner triste. ¿De qué me serviría, ahora que estoy sola, profundamente sola y en la

calle? Por aquí estaba aquella pensión. Tengo que prepararlo con cuidado para volver

mañana a

“mi casa”. Hace horas que he salido de allí y tengo tantas ganas de volver

Seguro que Rosa y Ana ya me echan de menos. Pero no me voy a poner triste. ¿Cómo se

llamaba la calle? Aunque tal vez sea mejor buscar otra habitación. Puede que me

invadan puñeteros recuerdos. Estuve tantas veces allí con él

y con las cucarachas

(Pausa.) Pero no, iré allí, tengo que aprender a vivir con los recuerdos, o a llevarme bien

con ellos, si son buenos, o a maldecir

lo que quiero. Antes me dejaba llevar

a la mayoría. Pero ahora soy otra. Sé muy bien

Ahora confío en mí. Sé que voy a volver allí,

con mis amigas, con los libros de Pili y con ella. Cuánto me gustaría ser como Pili, o por

lo menos tener su sonrisa

(Mira a un lado y a otro, para asegurarse de que no viene

nadie. Gritando.) Pedro, paso de ti. No me vas a hacer compañía para que llore, para que

esté triste. Lo he dejado. No quiero seguir tu camino. Me gusta vivir y sé lo que quiero

hacer. Ya no te tengo miedo, ni te quiero, ni me das lástima, porque soy libre y voy a

luchar por mi libertad.(Sale.) OSCURO.

ESCENA 13

ABOGADO 2: Mira esto.(Lee el titular de una noticia de un periódico.) Una reclusa

desalojada de su celda al no querer salir después de cumplir su condena.

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ABOGADO 1: ¿Laura?

ABOGADO 2: Ella. Te das cuenta de la energía de esta mujer.

ABOGADO 1: O la desesperación.

ABOGADO 2: No me parece desesperación. Aquí dice que desplegó una pancarta:

“Que no pisoteen mi libertad.” Fíjate, hasta ha intentado luchar por lo que cree su

derecho. Eso no todo el mundo lo hace. Es una lástima que una mujer así queme sus

energías por vivir entre rejas.

ABOGADO 1: El otro día parecía que la comprendías.

ABOGADO 2: Y claro que la comprendo. Pero te imaginas si todos los desheredados se

unieran y utilizaran esas energías en cambiar algo.

ABOGADO 1: La revolución.

ABOGADO 2: Sí, la revolución.

ABOGADO 1: Parece que esa mujer despierta tu yo militante, después de tanto tiempo.

ABOGADO 2: No hace tanto tiempo. Sólo cinco años. Y no estaba dormido. Sólo en

estado subdepresivo. Siento que necesito hablar con ella. Si te enteras de que ha vuelto a

la cárcel, avísame. Iré a verla.

ABOGADO 1: Hecho. (ABOGADO 1 sigue trabajando y ABOGADO 2 sigue leyendo el

periódico.) OSCURO.

ESCENA 14

(En el herbolario. Laura entra a cara descubierta, haciendo que esconde algo debajo

de su abrigo.)

LAURA: (A una mujer que está hablando con la dependienta.)Eh, tú, aparta. (A la

dependienta.) Tú, dame todas las pelas de la caja. Y no intentes nada, tengo una pipa.

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DEPENDIENTA: Tranquila, chica. Cálmate y te doy lo que quieras. (Con lentitud abre

la caja y empieza a remover billetes.)

LAURA: Venga, date prisa. ¿A qué esperas?

DEPENDIENTA: ¿Tú eres Laura, no?

LAURA: Sí, qué pasa.

DEPENDIENTA: ¿Te acuerdas de mí, verdad?

LAURA: Sí, y ¿qué?

DEPENDIENTA: ¿Por qué otra vez, Laura?

LAURA: Pero bueno, a ti qué te importa. Dame el dinero.

DEPENDIENTA: ¿Y si no te lo doy?

LAURA: Mierda, dámelo.

MUJER: (Que hasta entonces había estado asustada y arrinconada.) Si necesitas

dinero, yo te puedo dar algo. (Abre el monedero y saca cinco mil pesetas. La

dependienta hace lo mismo.)

DEPENDIENTA: Toma, yo también puedo ayudarte.

LAURA: Esto es la hostia. Yo quiero robar, no caridad. Te lo digo por última vez, joder,

dame el dinero de la caja. (Lo ha dicho con muy poca convicción, casi pidiéndolo por

favor y en un descuido ha sacado la mano que esconde, descubriendo un mechero.)

DEPENDIENTA: Laura, te veo muy nerviosa. Mira, cerramos un ratito la tienda. Nos

sentamos. Te preparo una tila y nos dices si podemos ayudarte.

LAURA: (Aún insistiendo con lágrimas en los ojos.) ¿Por qué? Déjame robarte. Dame

algo de dinero y déjame decir que te he robado. Me presento en comisaría y que te lo

devuelvan. Yo solo quiero volver a la cárcel.

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MUJER: (Toma a Laura del brazo y la conduce a una mesa camilla. Se sientan. La

dependienta echa el cierre.) Vamos, no digas eso. Con lo joven que eres. ¿Por qué

quieres volver a la cárcel?

LAURA: ¿Cómo va a comprenderlo usted?

DEPENDIENTA: Venga, cuéntanos. A lo mejor podemos ayudarte.

LAURA: ¿Ayudarme? ¿Por qué me iban ayudar? (Pausa.) Sí, pueden hacerlo. Finjan

que les he robado. Así me ayudarían.

MUJER: ¿Qué hay en la cárcel para que quieras volver?

LAURA: ¿Qué hay aquí para quedarme?

DEPENDIENTA: ¿No tienes a nadie? ¿Familia, amigos?

LAURA: No.

MUJER: ¿Te da miedo empezar de cero, no es eso?

LAURA: Sí.

MUJER: ¿Quieres refugiarte en algún sitio y sólo conoces la cárcel, no?

LAURA: Sí.

MUJER: Y piensas que vas a poder seguir así siempre. Robo tras robo y cárcel tras

cárcel.

LAURA: No, sólo hasta que salgan mis amigas de la cárcel.

DEPENDIENTA: Espéralas fuera.

LAURA: Me da miedo. He sufrido demasiado aquí fuera. Ellas son todo lo que tengo.

MUJER: Todas necesitamos que nos ayuden. Que nos tiendan una mano. (A la

dependienta.) ¿Verdad?

DEPENDIENTA: Todas.

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MUJER: Acepta este dinero que te ofrecemos. No pienses que nos sobra. Toma mi

teléfono. (Le da una tarjeta.) Llámame si necesitas algo. Busca trabajo. Llámame

aunque no necesites nada. Busca unos ojos, una mirada. Unos ojos que te acaricien. Los

hay, créeme, ¿verdad?

DEPENDIENTA: Los hay. (Le tiende el dinero.) También puedes venir a verme aquí.

(Coge un bote de pastillas.) Si estás decaída, tómate esto. Puede ayudarte. No te hará

daño. Es un producto natural.

LAURA: Gracias.

MUJER: Toma. (Le da el dinero y Laura lo coge.) ¿Qué tal si quedamos mañana y me

cuentas si has cambiado de opinión. Si no, yo te ayudo a robar a mi amiga, ¿vale?

LAURA: (Sonriendo tímidamente.) Vale.

DEPENDIENTA: ¿Y por qué a mí?

MUJER: ¿Qué quieres? Donde hay confianza

LAURA: No se lo aseguro

MUJER: No estás obligada.

(Sale Laura.) OSCURO.

¿Quedamos en mi casa? ¿A las siete?

ESCENA 15

LAURA: Yo sólo había venido a robar. No. No puedo estar triste. He venido a robar y

me han robado

mi libertad. Venía a quitar y me han dado. Rosa, Ana

¿por qué nos

separan? No he podido. No puedo ir a otro lado. No me hacía falta dinero, todavía me

queda del que me habíais dejado y, sin embargo, no he podido evitar recoger su

mano

tendida. ¿Por qué me ayudan? ¿De dónde han salido esas mujeres? (Lee la tarjeta.)

Silvia Lorenzo. No te entiendo, Silvia. ¿Por qué me invitas a tu casa? ¿Por qué no me

dejas

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seguir mi camino? (Pausa.) Y aunque por un lado me irrita, por otro me siento alegre

Busca unos ojos

Cuando Silvia dijo estas palabras, me acordé de Pili

Su sonrisa, sus

ojos brillantes, limpios

(Saca la nota donde apuntó el teléfono y la dirección.) ¿Qué

me impulsa a ir a verte? (Pausa.) Había ido a robar y me han robado mi libertad. Pero

no me duele

¿Qué me pasa? De pronto tengo dos direcciones en mis manos. Y no me

atrevo a dejarlas pasar. Pero ¿por qué me ayudan? ¿Por qué no puedo estar triste?

¿Estoy en la calle o estoy soñando? (Pausa.) Busca unos ojos. ¿Me han robado mi

libertad? No sé qué digo.

OSCURO.

ESCENA 16

PILI: (Está dando un masaje a Laura.) Qué bien que hayas venido.

LAURA: Nunca me hubiera imaginado que estuvieras sola. ¿De verdad que no

esperabas a nadie? ¿No habrá nadie escondido por ahí dentro?

PILI: Qué cosas tienes. ¿Por qué no crees que esté sola?

LAURA: Siempre te hacía rodeada de mucha gente, muchos amigos o con un novio o

un marido, o unos padres.

PILI: Tengo de casi todo lo que has dicho

LAURA: Lo siento.

menos padres.

PILI: Murieron hace tiempo. Es una herida cicatrizada.

LAURA: Entonces, ¿por qué estás sola?

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PILI: A veces estoy sola y a veces no. Es un poco arriesgado porque hay días en que

necesitas a alguien y ese alguien no aparece. Como hoy. Gracias a Dios que has

llamado. Me has salvado, Laura.

LAURA: ¿Yo?

PILI: Sí, tú.

LAURA: Pero si apenas me conoces.

PILI: Y qué. Hay gente a la que conozco mucho con la que no me apetece estar.

LAURA: ¿Y conmigo sí?

PILI: Claro.

LAURA: (Levantándose.) No entiendo nada.

PILI: ¿Qué no entiendes?

LAURA: Ayer salí de la cárcel, hoy voy a robar para volver y salgo del herbolario con

una dirección, una cita, diez mil pesetas, un bote de pastillas y ahora tú me das las

gracias por venir a verte. Algo ha cambiado en el mundo en estos tres años que he

estado en la cárcel.

PILI: Bueno, es posible, pero puede que también hayas cambiado tú.

LAURA: ¿Yo?

PILI: No lo sé. ¿Por qué no? (Pausa.) Ven todavía tienes la espalda rígida. (Laura

vuelve a tumbarse.) Y hay algo más que te ha pasado.

LAURA: ¿Qué?

PILI: Te ha llamado un hombre a la cárcel.

LAURA: Sí, ya. No te burles de mí.

PILI: Te lo juro. Un abogado. Aunque ha dejado muy claro que no te llamaba por nada

legal. No sé por qué su interés en dejarlo claro. Bueno, ha removido Roma con Santiago

21

hasta hablar con alguien que te conociera. Ha insistido mucho en que era muy

importante para él verte. Ha dejado un número de teléfono. Por su interés creo que

deberías llamarle. (Pausa.) Eh, Laura. (Pausa.) ¿No dices nada?

LAURA: Ahora sí que alucino. ¿Por qué ahora la gente tiene interés por verme y me he

pasado veintinueve años yendo detrás y tropezando y estando jodidamente sola?

PILI: No te comas el tarro, Laura. Vive. Llama a ese hombre, visita a esa amiga del

herbolario. Queda conmigo para ir al cine. Llama a Rosa y a Ana. Diles que las esperas

fuera, que poquito a poquito le estás cogiendo el gusanillo a la libertad. Y que se den

prisa. Que empujen un poquito el calendario.

LAURA: Pili, enséñame a sonreír. (Laura abraza a Pili.)

OSCURO.

ESCENA 17.

(Silvia prepara carteles para una manifestación.)

LAURA: ¿Para qué son todos esos carteles?

SILVIA: Para una manifestación.

LAURA: ¿Sobre qué?

SILVIA: Contra el militarismo. Para protestar por los gastos de Defensa.

LAURA: ¿Por qué?

SILVIA: Porque se gastan muchísimo dinero y con él se podrían hacer mejores cosas.

Solucionar algunos problemas de las personas, sus sufrimientos.

LAURA: Y si nos atacan, ¿cómo nos defenderemos?

22

SILVIA: Mira, Laura, no quiero darte una charla, sólo piensa en lo siguiente: el

gobierno pretende comprar armas por valor de dos billones, con b, de pesetas y, sin

embargo, dice que se tardará aún ocho años en acabar con el chabolismo en Madrid o

piensa que hay 145 millones de niños de seis a once años sin escolarizar en el mundo. O

por hablarte de algo que conoces, el hacinamiento de las cárceles, la falta de apoyo a los

presos. ¿Quién nos defiende de la incultura o de la pobreza o de las malas condiciones

de vida? ¿El ejército? Yo creo que no. Yo y más gente y por eso nos manifestamos.

LAURA: ¿Y sirve de algo manifestarse?

SILVIA: Por lo menos para que sepan que no estamos de acuerdo. Y tal vez, si somos

muchos, para que se lo piensen dos veces antes de hacerlo.

LAURA: ¿Y seréis muchos?

SILVIA: Si vienes tú, una más. Pero no quiero ponerte en un compromiso. Parece que la

gente se va despertando. Yo confío en que más que a la última, pero menos que en la

próxima.

LAURA: Pedro decía que la política no servía para nada. Solo le gustaban las canciones

de protesta. Decía que si todo el mundo cantara canciones así, el mundo iría mejor.

SILVIA: Cantar algunas canciones es una forma de hacer política, como escribir

determinados libros, hacer películas o teatro

LAURA: Era.

¿pero quién es Pedro?

SILVIA: ¿Quién era, bueno, si quieres hablar de él?

LAURA: Mi marido. Murió de una sobredosis.

SILVIA: Lo siento.

LAURA:

No importa. Esa historia ya no me produce dolor. (Pausa.) ¿Quieres que te

ayude?

23

SILVIA: Me vendría bien. He quedado en hacer cincuenta.

LAURA: ¿Y qué pongo?

SILVIA: No sé, lo que se te ocurra contra los gastos de Defensa. Mira aquí tienes

algunos ejemplos. Puedes repetir alguno.

LAURA: Me gustaría inventarme algo bonito.

SILVIA: Sería estupendo

Piensa, no tenemos prisa. (Silencio.)

LAURA: A ver qué te parece. Los misiles matan. Dispara sonrisas y abrazos.

SILVIA: Muy bien. Vaya, vaya

qué buena cartelista.

LAURA: ¿Te gusta de verdad?

SILVIA: Mucho, Laura. Y me gusta que estés aquí conmigo. ¿Has decidido algo?

LAURA: Sí, que no podría robar a tu amiga.

SILVIA: Entonces, ¿ya no piensas en volver a la cárcel?

LAURA: Por momentos la siento más lejos.

SILVIA:

Me

agrada

oírte

decir

eso.

¿Por

qué no

me acompañas

mañana a la

manifestación? Te presentaré a mis amigas y a mis amigos.

LAURA: ¿A qué hora?

OSCURO.

ESCENA 18

JUAN: ¿Entonces ya no piensas en volver a la cárcel?

LAURA: Sí pienso, pero ahora ya no lo deseo. Deseo estar con Ana y con Rosa, pero

fuera.

24

JUAN: Sabes, yo comprendía que no quisieras salir de la cárcel. Me sorprende que

hayas recuperado tan pronto la confianza en el mundo de fuera.

LAURA: Y a mí me sorprende que tú me hayas buscado con tanto interés.

JUAN: Es difícil de explicar

Últimamente yo me he sentido preso de mí mismo. De

mi rendición. De la búsqueda de falsos paraísos. Y me sigo sintiendo y no puedo luchar

por mi libertad

LAURA: Perdona, pero no te entiendo.

JUAN: No me extraña. Déjame intentarlo de nuevo. Yo creía, antes, cuando era más

joven,

que íbamos

a poder cambiar el

mundo,

que habría más

justicia,

menos

sufrimiento

Pasó el tiempo, me fui haciendo menos joven

pero poco habíamos

conseguido. Y entonces huí de la militancia, del trabajo cotidiano, organizado

¿Me

sigues?

LAURA: Creo que sí. He conocido a una mujer que todavía cree. Te la presentaré si

quieres, pero sigue. Aún no entiendo tu interés por mí.

JUAN: Como te decía, había abandonado mis ilusiones, mis sueños y me había

refugiado en las comodidades de la sociedad a la que me había enfrentado. Pero no era

feliz. No soy feliz. Está claro que he sido vencido.

LAURA: ¿Vencido? ¿Por quién?

JUAN: No lo sé. O sí. Es una fuerza invisible que nos quiere hacer felices sin que nos

preocupemos por lo que les pase a los demás, por lo que le pase a nuestro planeta. O

que, como mucho, suframos ligeros temblores. Un conjunto de intereses que nos intenta

convencer de que es más importante una marca de calzoncillos que una persona que

sufre.

LAURA: Sí, algo parecido a lo que dice Silvia. Pero ¿y yo?

25

JUAN: Leí en el periódico tu oposición a salir de la cárcel. Tu manifestación. Y me

imaginé que luchabas por tus derechos.

LAURA: Y así era.

JUAN: Tu convicción me emocionó. (Laura sonríe.) ¿Y esa sonrisa?

LAURA: Se me está ocurriendo una frase

JUAN: ¿Y?

LAURA: Una frase que antes no se me habría ocurrido.

JUAN: Dímela

LAURA: ¿Te interesa de verdad?

JUAN: De verdad.

LAURA: Que si eres capaz de emocionarte por un gesto, por una sonrisa, aún no has

sido derrotado del todo. (Laura vuelve a sonreír.)

JUAN: Laura, me encanta tu sonrisa. (Silencio, Laura y Juan se miran detenidamente.)

OSCURO.

ESCENA 19

(Laura visita a los padres de Rosa. El padre permanecerá durante toda la escena en

silencio. Mirando al vacío.)

MADRE: Gracias por venir, Laura. Mi hija siempre me habla de ti. ¿Quieres tomar

algo? ¿Un café?

LAURA: No, gracias, no se moleste. Me tengo que ir enseguida, he quedado con una

amiga. (Silencio, Laura se sorprende de lo que ha dicho.)

MADRE: Qué pena que no esté Rosita. Ha ido a un cumpleaños. Te hubiera gustado

verla. Es muy guapa. Se parece a su madre.

26

LAURA: Otro día vendré. Si no le importa.

MADRE: Pero qué me va a importar. Yo encantada de que vengas a vernos. Queda tan

poco para que salga nuestra Rosa, que tu presencia hará que pase más rápido el tiempo.

¿Por qué no vienes un día más despacio y te quedas a cenar? (Laura mira al padre y

tarda en contestar.)

LAURA: Sí, vendré.

MADRE: Pero dime, Laura, ¿cómo ves tú a mi Rosa?

LAURA: ¿Que cómo la veo?

MADRE: Sí, que si la ves ilusionada por empezar una nueva vida.

LAURA: (Que no quita ojo al padre.) Sí, tenemos planes juntas. Queremos montar un

negocio. No nos ponemos de acuerdo, de momento, pero seguro que cuando estemos las

tres aquí no habrá problemas.

MADRE: Ay, qué bien suena eso. Pero debe ser muy difícil abrir una tienda, con lo caro

que está todo. Aunque con trabajo y seriedad, todo se consigue. (La madre también mira

al marido y parece dudar de lo que acaba de decir.)

LAURA: Sí, eso pienso yo. No todo va a ser zancadillas en la vida.

MADRE: ¿Entonces ya no piensa en volver a lo de antes?

LAURA: No, sólo piensa en sacar adelante a su hija y ayudarles a ustedes. (El padre se

levanta y sale sin decir nada. Laura y la madre se miran. Pausa.) ¿He dicho algo malo?

Parece que se ha molestado.

MADRE: No es eso, hija. Mi marido está enfermo. Muy enfermo.

LAURA: ¿De qué? Rosa nunca me dijo nada.

27

MADRE: De rencor. No le perdona a Rosa lo que hizo. Juntarse con esa gente. Pero yo

sé que sufre mucho. Aunque nunca hablamos de ella. Para él es como si no existiera. Va

a ser duro para Rosa cuando salga. Espero que tú la ayudes mucho.

LAURA: Esté segura de que la ayudaré. Yo también la necesito.

MADRE: Y tú con tus padres, ¿qué tal?

LAURA: Yo no tengo padres. Murieron cuando era pequeña.

MADRE: Ay hija, lo siento mucho.

LAURA: No se preocupe.

MADRE: Si necesitas cualquier cosa

LAURA: Gracias, de momento parece que resisto esta nueva vida.

MADRE: No quiero parecer indiscreta, pero qué vas a hacer.

LAURA: No lo sé muy bien. Quiero buscar trabajo. He conocido a algunas personas que

pueden ayudarme. Por ahora tengo algún dinero para ir tirando. (Silencio.)

MADRE: ¿Y esa amiga vuestra? Ana, ¿no?

LAURA: Sí.

MADRE: Parece menos responsable que tú. ¿No será una mala influencia para mi

Rosa?

LAURA: Yo creo que no. Es una mujer maravillosa. Pero no resulta fácil salir del pozo.

No nos ayudan mucho allí dentro. Para mí conocer a Rosa y a Ana fue mi salvación. No

sé qué hubiera sido de mí sin ellas.

MADRE: (Se levanta y camina preocupada.) Ana salió hace poco y ha vuelto volando.

Y ahora están allí, las dos

LAURA: No se angustie. (Pausa.) Sí, ya sé que es muy fácil decirlo

Pero Rosa, ya se

lo he dicho, piensa más en su hija que en otra cosa. Y Ana sería incapaz de empujarla

28

hacia otro camino. (Laura se aproxima a la madre y la abraza.) Créame. Confíe en su

hija, confíe en nosotras. Necesitamos su confianza. (La madre besa a Laura y sonríe.)

OSCURO.

ESCENA 20

(El padre de Rosa sorprende a Laura por la espalda.)

PADRE: Eh. Oye.

LAURA: (Laura se vuelve sobresaltada.) ¿Quién es?

PADRE: (Autoritario.) No te vuelvas a acercar a mi mujer, ni a mi nieta.

LAURA: Pero qué dice.

PADRE: Que no quiero verte más en mi casa.

LAURA: ¿Por qué?

PADRE: Como vuelvas a venir te echo a patadas.

LAURA: Pero ¿por qué? ¿Qué le he hecho yo?

PADRE: Eres amiga de mi hija.

LAURA: ¿Y qué le ha hecho ella?

PADRE: No me gustan las palabras. Ya te lo he advertido. (Va a salir.)

LAURA: Espere, por favor. (Él sigue caminando, ella corre y le detiene cogiéndole del

brazo.)

PADRE: No me toques.

LAURA: Por favor, no me deje así.

PADRE: ¿Cómo?

LAURA: Con esta angustia.

29

PADRE: Vosotras os lo buscasteis.

LAURA: Pero las personas cambian. Su hija ha cambiado. Todos cometemos errores.

Tiene que perdonar a su hija. Ella le necesitará cuando salga. Es muy dura la vida en la

cárcel, cuando salga alguien tendrá que ayudarla a rehacer su vida

PADRE: (Interrumpiéndola.) Todo eso son palabras, ella nos destrozó la vida.

LAURA: Y usted puede destrozársela ahora.

PADRE: Déjame en paz, Laura, o como te llames. Olvídanos. Como si no existiéramos.

¿Entiendes?

LAURA: ¿Qué puedo hacer, qué podemos hacer para demostrarle que somos otras

personas?

PADRE: No me interesan tus palabras. (Sale bruscamente.)

LAURA: (Gritando.) Volveremos a vernos. Su mujer me ha invitado a cenar. Es injusto

lo que hace. (Pausa.) Váyase a la mierda con su rencor y con su odio. (Pausa.) ¿Qué va

a ser de Rosa? (Pausa.) Su madre y yo la ayudaremos. Y Ana. No le necesitamos. ¿Qué

se habrá creído? Con su estúpido orgullo de hombre, de cabeza de familia. Que se meta

su autoridad donde le quepa. Estoy harta de represores y de hombres.

LAURA: ¿Qué ha pasado?

OSCURO.

ESCENA 21

PILI: ¿Cómo sabes que ha pasado algo?

LAURA: Lo he notado en tu voz a través del teléfono. ¿Qué ha pasado?

PILI: Han encarcelado a Ana en una celda de aislamiento. (Silencio. Laura se mueve

desesperada por unos instantes hasta que cae como agotada en una silla.)

30

LAURA: Todo iba demasiado bien. (Silencio.)

PILI: Será por poco tiempo.

LAURA: Si no me hubiera ido

PILI: Hubiera ocurrido igual.

LAURA: ¿Cómo está?

PILI: No he podido verla. Pero me han dicho que está tranquila.

LAURA: No lo creo. (Gritando desesperada.) ¡No lo creo!

PILI: No sirve de nada que te atormentes. Voy a prepararte una tila, estás muy nerviosa.

(Sale Pili.)

LAURA: Sabía que iba a pasar algo malo. Yo no quería estar triste, e iba todo tan bien.

(Pausa.) Pobre Ana, Anita. Mierda de cárcel. Con mucho cariño, Ana sería normal.

(Pausa.) ¿Pero qué digo? Ana es normal, muy normal, sólo necesita dinero para meterse

esa mierda que la mata. (Pausa.) Mi Ana. Y ahora Rosa está allí sola. Y Ana, sola. Y

cuando

salga de esa maldita celda,

su

herida será un

poquito

más grande. Su

desesperación. Y yo la hubiera ayudado. Con mis caricias. (Pausa.) Ahora están solas. Y

yo aquí, en esta casa tan bonita. (Laura rompe a llorar y llama a Pili.)

PILI: ¿Laura, qué te pasa? (La abraza.)

LAURA: Tengo miedo, Pili. Mucho miedo.

PILI: ¿De qué tienes miedo?

LAURA: De que todo vuelva a ser como antes. De desear volver a la cárcel. De que les

pase algo a mis amigas

,

a mi familia. A mi nueva familia. De que también se rompa.

De no poder ayudarlas. De que nadie pueda ayudarme a mí.

PILI: Estoy a tu lado.

31

LAURA: Sí, estás aquí. Quiero dejarme ayudar, pero no estoy acostumbrada. Pili, ten

paciencia conmigo.

PILI: Claro, Laura. (Silencio. Pili y Laura permanecen unos instantes abrazadas.)

LAURA: (Más tranquila.) ¿Qué ha pasado?

PILI: Ana ha agredido a un funcionario. Bueno, eso dicen.

LAURA: Sí, ve tú a saber.

PILI: Parece ser que cuando volvió del patio encontró sus cosas revueltas. Rosa dice que

se cabreó mucho cuando vio unas piedras del mar tiradas por el suelo

LAURA: Sus piedras

PILI: Se puso muy nerviosa, histérica

insultó y, no sé, dicen, que le agredió.

,

acudió un funcionario y se enfrentó a él, le

LAURA: (Nuevamente exaltada.) Pero qué derecho tienen a registrarnos de esa manera.

¿Es que somos perros? Habremos hecho miles de cosas mal en esta vida, pero

merecemos respeto

Ella ama esas piedras, significan mucho. (Saca una de un bolsillo.)

Mira, me la regaló poco antes de que saliera.

PILI: Es preciosa. (Pausa.) Muchas cosas no funcionan allí dentro.

LAURA: Falta humanidad, Pili.

PILI: Sí.(Pausa.) Yo hago lo que puedo.

LAURA: No se trata de ti. La cárcel en sí misma es inhumana. Yo no sé para quien haya

matado

, pero para tanta gente como nosotras

¿Podemos hacer algo por ayudarla?

me parece inhumana. (Pausa.)

PILI: No sé, ¿por qué no hablas con ese abogado amigo tuyo?

LAURA: Bueno, no sé si es mi amigo, pero le llamaré a ver qué puede hacer.

32

(Laura

entra

en

el

despacho

OSCURO.

ESCENA 22

del

abogado.

Suena

una

canción,

CANTO

A

LA

LIBERTAD de José Antonio Labordeta. Juan se levanta con la intención de quitarla.)

LAURA: Por favor, no la quites. Déjame escucharla. (Laura escuchará la canción

totalmente abstraída. Termina la canción y el disco.) Hacía mucho tiempo que no oía

esta canción.

JUAN: Yo también. ¿Te gusta?

LAURA: Sí, supongo que sí.

JUAN: ¿Supones?

LAURA: Más que la canción, me ha gustado el recuerdo que la acompañaba.

JUAN: A mí también me trae recuerdos.

LAURA: ¿Sí? ¿Qué recuerdos?

JUAN: No, cuéntame qué te recordaba a ti.

LAURA: Tú primero.

JUAN: (Sonríe.) Parecemos niños.

LAURA: (Sonríe también.) Sí. (Silencio.)

JUAN: Ya te hablé de esto el otro día. Hubo un tiempo en que yo creí en lo que decía la

canción. Pensaba en que era posible la libertad. Pensaba que íbamos a conseguir

cambiar el mundo, y luchaba por ello. ¡Qué ingenuos éramos!

LAURA: Tal vez Pedro también creyera eso alguna vez. Pero nunca me lo dijo.

JUAN: ¿Pedro?

LAURA: Mi marido. (Pausa.) Murió. Sobredosis.

33

JUAN: Lo siento.

LAURA: ¿De verdad lo sientes?

JUAN: Bueno, siempre se dice eso. Pero si tú lo sientes, yo también.

LAURA: Creí que ya no lo sentía, pero al escuchar esta canción

Al oírte hablar de lo

que significaba para ti, me he dado cuenta de que no le conocí. No me dejaron

conocerle. (Pausa.) Pero sigue contándome.

JUAN:

No hay mucho más que contar. (Pausa.) No sé muy bien por qué he vuelto a

poner esta canción. (Pausa.) Tal vez tú me impulsaste a ponerla.

LAURA: ¿Yo? ¿Qué tonterías dices?

JUAN: No sé, tal vez sean tonterías, pero algo ha cambiado desde que volví a saber de

ti. (Juan intenta cogerle la mano, pero Laura retira la suya y se levanta alterada.)

LAURA: Bueno

cuéntame lo de Ana, tengo prisa.

JUAN: (Incómodo.) Como te dije, ya ha salido de la celda de aislamiento. Pasó a la

enfermería. El médico dice que tiene una profunda depresión. Está tomando pastillas.

Yo la he visto y parece que está mejor. Le ha hecho bien volver con Rosa. Te mandan

recuerdos. Me preguntaron si ya has encontrado el local. (Silencio.)

LAURA: Voy a ir a verlas.

JUAN: Les gustará.

LAURA: Gracias por todo. No ando bien de dinero para pagarte.

JUAN: No hace falta, Laura. (Laura va a salir.) Laura, me gustaría verte pronto.

LAURA: ¿Para qué?

JUAN: Me gusta hablar contigo.

LAURA: ¿Hablar conmigo?

JUAN: Sí

y mirarte.

34

LAURA: ¿Mirarme?

JUAN: No me lo pongas difícil.

LAURA: Es que no te entiendo.

JUAN: No hay mucho que entender. Me gustas, Laura. O tal vez, deba decir te quiero,

no lo sé.

LAURA: ¿Yo?

JUAN: Pero ¿por qué te extraña? Yo soy un hombre y tú una mujer.

LAURA: (Confundida.) Acabo de salir de la cárcel y yo quería quedarme dentro. Me

daba miedo lo que había aquí fuera

y ahora tú dices que te gusto. No entiendo nada de

lo que pasa. (Pausa.) Escucho esa canción

Y me doy cuenta de que no conocí a

Pedro

y ahora tú

JUAN:

Perdona,

tal

vez

haya sido

demasiado

brusco.

No

tengo experiencia en

declaraciones. Siempre he sido bastante solitario. Si te he molestado, olvídalo y

perdona. No he dicho nada. Si me necesitas ya sabes donde estoy.

LAURA: Gracias. (Va a salir y se vuelve.) Lo siento, no estoy preparada para esto. Para

recibir tantas muestras de cariño por todas partes. (Pausa.) Dame tiempo, ¿vale? (Juan

asiente con la cabeza. Sale Laura.)

OSCURO.

ESCENA 23

ROSA: Te encuentro muy bien, Laura. Yo creo que estás más guapa.

LAURA: Qué tonterías dices. Tú que me miras con buenos ojos.

ROSA: A que sí, Ana, a que está más guapa.

35

ANA: (Sombría.) Sí, es verdad.

ROSA: Y qué tal fuera. ¿Has visto a mi madre y a mi hija?

LAURA: Sí. Están bien. A Rosita no la vi, estaba en un cumpleaños. Pero volveré otro

día. Tu madre me ha invitado a cenar.

ROSA: Es una mujer estupenda. (Pausa.) Cuando salga voy a cuidar de ella. Y de mi

hija. ¿Viste a mi padre?

LAURA: Sí. ¿Por qué nunca me hablaste de él? Ya me informó tu madre de lo que pasa.

ROSA: En el fondo tiene razón.

ANA: Yo creo que no. ¿Acaso hemos elegido nosotras esta vida? Nos ha encontrado,

nada más. O mejor dicho nos ha acorralado. Esta vida es una mierda.

LAURA: ¿Qué te pasa? No te reconozco. Antes no hablabas así.

ANA: Estoy harta de todo esto. (Pausa.) No aguanto más aquí dentro. Lo de la celda de

aislamiento ha sido muy duro. Muy duro. Tú no sabes como es eso. No me dejaron ni

salir al patio. Es una celda diminuta, donde casi no entra la luz. Creí que me volvía loca.

(Pausa.) No tenían derecho a tocar mis cosas, ni a tirar por el suelo mis piedras.

LAURA: Joder, Ana, ¿es que te vas a rendir ahora? Hay que aguantar, salir de aquí para

no volver nunca.

ANA: ¿Y dices eso tú, que no te querías ir?

LAURA: Sí, es verdad, pero es que afuera he encontrado a personas que están

dispuestas a echarnos una mano.

ANA: ¿A quién? A una drogadicta como yo.

LAURA: Sí, Ana. Tal vez no sean muchas, pero existen. De verdad, créeme. Yo no me

lo podía imaginar. Pero es así. Tenéis que aguantar, por favor, no me hagáis sentirme

culpable por haberos dejado, por favor.

36

ROSA: Ni que hubiera sido una decisión tuya marcharte.

LAURA: Ya lo sé, pero hubiera podido volver.

ANA: ¿Y por qué no lo has hecho? Aunque yo prefiero que estés fuera. Con una loca ya

hay bastante.

LAURA: Yo no creo que estés loca. Los locos son ellos por encerrarnos en sitios como

este. (Pausa.) ¿Por qué no he intentado volver? De verdad que lo deseaba. Con todas

mis fuerzas. Pero Silvia me abrió sus puertas, Pili me abrió sus puertas, Juan me abrió

sus puertas. Y no fui capaz de salir corriendo. Sentí como un abrazo, como una caricia

muy cálida.

ANA: Es muy bonito eso que dices. Ojalá yo sintiese lo mismo al salir.

LAURA: Me tienes a mí

fuera.

ROSA: Yo también tengo miedo al futuro.

LAURA: Me gustaría tener fuerzas y palabras para convenceros de que vamos a ser

felices las tres, de que todo va a cambiar, sin embargo, aún es pronto. Todavía estoy

aprendiendo a andar y a recorrer las calles con otra mirada, a no desconfiar de los

demás. Aunque todavía no me lo creo, estoy mejor que aquí. (Silencio.)

ROSA: ¿Quién es Juan?

LAURA: Es un abogado. Vino a la cárcel. No sé si influyó en algo para que salieras

antes.

ANA: No lo sé. Ni me fijé en él. No estaba para esas cosas.

ROSA: ¿Qué tal está?

LAURA: Creo que me está tirando los tejos.

ROSA: ¿Sí? Mira con la mosquita muerta. (Risas de las tres.) ¿Está potable?

LAURA: Bueno, no está mal, pero no es mi tipo.

37

ROSA: Y qué

¿Cómo sabes que te tira los tejos?

LAURA: Porque me ha dicho que le gusta estar conmigo, que quiere verme

ANA: (Nuevamente sombría.) Seguro que te enrollas con él. Y cuando salgamos, te

habrás casado y hasta es posible que tengas un hijo

y te olvidarás de nosotras.

LAURA: ¿Pero qué dices, Ana? Ya me dejé robar por un hombre en una ocasión. Ahora

nadie me va a atar. (Pausa.) Si me apetece un revolcón alguna vez, quién sabe

(Risas.)

Pero no me van a encerrar otra vez, quiero ser libre.

VOZ: El tiempo ha terminado.

OSCURO.

ESCENA 24

ROSA: (Se aproxima al lateral y grita.) Rosita, ten cuidado con ese perro. No lo toques,

que seguro que tiene pulgas. Eso es. Juega con los niños. (Sigue mirando hasta que se

asegura de que juega con los niños. Vuelve al banco con Ana y Laura.)

LAURA: Estás hecha toda una madre.

ROSA: Con los niños hay que tener mucho cuidado. (Durante toda la escena estará

pendiente de la niña.)

ANA: Pero qué bonito es. ¿Y os habéis fijado qué cantidad de gente pasa por ahí? Y

además enfrente del parque. Os imagináis en los momentos en que no haya nadie, que

serán pocos, mirando los árboles, las palomas

ROSA: Pero si no hay palomas, Ana.

ANA: ¿Que no? Yo el domingo pasado vi dos.

ROSA: ¿Seguro?

ANA: A ver si ahora no voy a saber lo que son las palomas.

38

LAURA: Y tú, Rosa, puedes traer a Rosita al parque y verla mientras trabajas.

ROSA: De eso nada, y si me distraigo atendiendo a un cliente y le pasa algo

No, mejor

que se quede hasta que cerremos con mi madre. Total desde que salga del colegio son

tres horas, ¿no?

ANA: Mira, mira qué de señoras pasan.

ROSA: (Se levanta deprisa hacia el lateral y grita.) Rosita, no te subas ahí que está muy

alto. Rosita, que bajes. (Pausa.) Ahí estás mejor, cariño. (Vuelve a su sitio.) ¿Qué

decías, Ana?

ANA: Que pasan muchas señoras por nuestra tienda. Yo creo que lo mejor es lo de la

mercería. No se ven muchos yonquis por aquí. (Pausa. Ana se da cuenta de que ha

dicho algo inconveniente. Rosa y Laura también se miran.) Bueno, qué pasa, llevo dos

semanas sin ponerme. Ya no soy de esas. (Pausa. Miradas.) ¿Qué pasa, que no confiáis

en mí?

LAURA: Claro, Ana, pero es pronto todavía.

ROSA: Ni pronto, ni leches. Ana ya no se pone y no se volverá a poner. Y si no aquí

estoy yo para darle un par de tortas.

ANA: Oye, que no soy tu hija pequeña. Que te ha entrado un rollo de madre

ROSA: (Levantándose.) Rosita, que no cojas cosas del suelo. (Sale de escena y se oirá.)

Mira como te has puesto. Ven que te lave en la fuente.

LAURA: Qué bonito es ver a Rosa así, con su hija.

ANA: Sí, la verdad es que emociona. (Pausa.) Oye, tú que tienes novio, dentro de poco

puedes

bueno, que

LAURA: (Cortándola.) Pero qué dices. Yo no tengo novio.

ANA: Anda, no disimules, el otro día os vimos Rosa y yo dándoos un beso.

39

LAURA: ¿Qué dices?

ANA: Que sí, no disimules.

LAURA: A ver, ¿dónde?

ANA: Pues, pues

no me acuerdo.

LAURA: Te lo estás inventando.

(Regresa Rosa sacudiéndose las manos.)

ANA: (Haciendo señas a Rosa, le guiña un ojo.) A que el otro día vimos a Laura con su

abogado dándose el lote.

ROSA: (Siguiéndole la corriente con torpeza.) Eh

sí.

LAURA: Anda, que me estáis tomando el pelo. Y qué si me visteis, eso no prueba que

sea mi novio. Me llevo bien con él y nada más. Bueno, y tema zanjado, que sois las dos

un poco cotillas.

ROSA: Es que me parece tan bonita vuestra relación

A mí me da envidia, bueno,

envidia sana, eh. (Mira hacia donde está Rosita y sale corriendo. Se oirá.) Que te he

dicho que te bajes de ahí, que me da miedo. No ves que está muy alto. Súbete al tobogán

si quieres, pero aquí no, que el otro días se cayó un niño. Anda no llores, dame un

besito. (Regresa.) ¿Qué os estaba diciendo? Ah, sí. Que hacéis muy buena pareja. Es un

poco tímido y baila que es una pena, pero chica, está como un tren.

ANA: Bueno tampoco te pases, aunque para lo que puede aspirar esta

LAURA: (Le hace cosquillas a Ana. Risas.) A ver qué pasa conmigo, Madonna

ANA: (Se levanta huyendo de Laura.) No, cosquillas no, por favor.

ROSA: Oye, Ana, qué decías antes de lo de la mercería. Mira qué de parejas jóvenes.

Estos seguro que pasan de médicos. El futuro es de la medicina natural, es el sitio ideal

para un herbolario.

40

LAURA: De eso nada, este parque está al lado de un colegio. Una papelería-librería es

el negocio ideal. Hay que tener visión comercial.

ANA: Pero si el barrio está lleno de papelerías

LAURA: Y me dirás quién compra ahora en una mercería, ahí detrás hay un centro

comercial.

ROSA: Por eso, lo mejor es un herbolario. En los centros esos no hay herbolario.

ANA: Vaya que no, yo he visto uno en el que está al lado de casa de Silvia.

ROSA: Lo mejor es que lo echemos a suertes. Hacemos tres papelitos y le decimos a

Rosita que coja uno. ¿Estáis de acuerdo?

ANA: No sé, con la suerte que tengo seguro que no me toca.

LAURA: Espero que no.

ANA: Pues yo espero que no salga la papelería. Seguro que nos arruinamos.

(Rosa saca una libreta, recorta tres papeles y escribe los tres nombres.)

ROSA: Venid. (Salen las tres de escena. Se oirá.) Rosita, coge un papelito.

ANA: (Gritando.) ¡Mercería! (Entra en escena pegando saltos de alegría.) ¡Mercería,

mercería! Me ha tocado, me ha tocado. (Abraza a Laura y a Rosa, que han vuelto junto

al banco.) Me ha tocado. Habéis visto qué suerte he tenido. Mi vida empieza a cambiar.

Lo he conseguido. ¡Por fin me ha tocado algo! (Se aproxima a la embocadura y mira a

su local.) Pero qué local más bonito. ¡Tiembla Madrid, la mercería más bonita de

España está a punto de abrir sus puertas!

(Rosa y Laura durante el parlamento anterior se han mirado asombradas de la

reacción de Ana. Rosa se aproxima a ella.)

ROSA: Enhorabuena, Ana. Pero deberías tomártelo con más calma, ¿no?

ANA: ¿Por qué? Es la primera vez que me toca algo en la vida.

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LAURA: Ni que te hubiera tocado el local o los diez millones que cuesta en la lotería.

ANA: No seáis aguafiestas. (Más sosegada.) Me ha tocado la posibilidad de abrir una

mercería. El sueño de mi vida. ¿Os parece poco? (Rosa y Laura se miran.)

LAURA Y ROSA: No.

ANA: Sí, ya sé que no tenemos ni dinero, ni propiedades. Pero somos jóvenes, ¿no? Yo

aguanto metiendo propaganda en los buzones veinte años más por lo menos. ¿Y

vosotras?

LAURA: Yo limpiando portales no me veo más allá de quince años. Después tendré la

espalda destrozada.

ROSA: Yo en la cocina del restaurante lo que haga falta. No es tan duro. Pagan poco,

pero de eso qué os voy a contar.

ANA: Lo veis. ¿Qué prisas tenemos?

(Se miran las tres. Rosa se levanta.)

ROSA: Bueno, yo me tengo que ir, hay que bañar a Rosita, que mañana hay cole y tiene

que madrugar. Nos vemos mañana a las siete, aquí, frente a nuestra mercería, ¿no?

ANA Y LAURA: Hasta mañana. (Sale Rosa.) Adiós, Rosita.

LAURA: Yo también me alegro de que te haya tocado a ti. Puede ser bonito lo de la

mercería. ¿Por cierto, qué se vende en una mercería?

ANA: Pues botones, hilos, lanas, bragas, calzoncillos

LAURA: Bueno, todo es necesario. ¿Y no sería posible vender también libros?

ANA: Tú estás loca. ¿Cómo se va a vender de todo? Ni que fuera el Corte Inglés.

LAURA: Bueno, no te pongas así.

ANA: Tengo una idea, si nos va bien, luego, con los beneficios, podemos abrir una

librería.

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LAURA: Bien pensado, Ana. Como ya has dicho tú, somos jóvenes todavía.

ANA: Sí, pero hemos vivido lo nuestro. ¿O tendría que decir sufrido? Y menos mal que

hemos tenido la suerte de encontrar a Silvia. Si tuviéramos que pagar un piso no sé qué

sería de nosotras.

LAURA: Conocer a Silvia ha sido algo maravilloso. El otro día le dije que cuando se

cansara de nosotras que nos lo dijera, que no podíamos abusar de ella.

ANA: ¿Y?

LAURA: Me respondió que nos necesitaba, que en todo caso nos cansaríamos nosotras

de ella.

ANA: ¿Nosotras? Pero si es un lujo vivir en una casa como esa.

LAURA: Tampoco es nada del otro mundo.

ANA: A mí me parece un lujo. Tendrías que haber visto en qué sitios he vivido yo.

LAURA: Pues anda que yo.

ANA: Por eso. Todo un lujo.

LAURA: Sin embargo, hay algo que me preocupa. Silvia últimamente está triste. Dice

que su lucha no tiene sentido. Que no avanzan. Juan también opina algo parecido.

Aunque ha vuelto a organizarse.

ANA: ¿Sí? ¿En qué?

LAURA: En una organización de ayuda a presos que han salido de la cárcel. Parece ser

que cuando fue a verte, y por lo que yo le he contado, se dio cuenta de que había que

hacer algo por mejorar sus condiciones o ayudarles cuando salieran. Y en eso está. Se le

ve más feliz, aunque dice que es duro. Se conocen casos dramáticos.

ANA: A nosotras nos van a contar.

LAURA: Sí.

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ANA: Yo antes nunca hubiera pensado que existían personas como Silvia o como Juan,

que se preocupan por los demás y no solo de ellos. Pensándolo bien, emociona y todo.

LAURA: Oye, ¿sabes algo del padre de Rosa? Hoy no he querido preguntar.

ANA: Todo sigue igual. No han vuelto a tener noticias de él y ya han pasado dos meses.

LAURA: No entiendo cómo puede ser tan fuerte el rencor.

ANA: Ni yo. Aunque la madre dice que no le importa. Que es mejor así. Que tampoco

con ella la relación era muy buena. Con Rosa está encantada. (Ana mira hacia el lateral

contrario al que jugaba Rosita y se levanta sobresaltada.) Laura, vámonos de aquí.

LAURA: (Se levanta.) ¿Qué pasa?

ANA: Esos son unos antiguos colegas de miseria. No quiero saber nada de esa gente.

Vámonos.

LAURA: Pero no puedes estar huyendo siempre de ellos.

ANA: Si los vuelvo a ver por aquí, buscamos otro local.

LAURA: Pueden aparecer en cualquier parte.

ANA: Que no, me parece que me han visto. Vámonos.

LAURA: Como quieras. (Salen.)

OSCURO.

ESCENA 25

(Las tres junto al banco, han pasado cinco años. Contemplan el local donde otras

personas han abierto una mercería. Laura ha tenido una niña. Tiene ahora cuatro años.

Mismo juego escénico que en la anterior. Rosita y Anita juegan fuera del escenario.

Laura estará muy pendiente de su hija.)

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ANA: Y parece que funciona. Ya os lo dije, era un local ideal para una mercería. No

para de entrar gente. Y salen con las bolsas llenas.

LAURA: (Que se aproxima al lateral derecho. Grita.) Anita, juega con Rosa. No tires

del pelo a ese niño, que te va a pegar. (Sale, se oirá.) Que te he dicho que no pegues a

ese niño. Mira, Rosita quiere jugar a la pelota contigo. (Pausa.) Así, muy bien, cariño.

(Regresa junto a sus amigas.)

ROSA: Le queda bien ya ese vestido de Rosita, ¿verdad?

LAURA:

Sí, con

lo

que me das,

no gasto

nada en ropa. Es

una suerte. En

el

supermercado gano menos que limpiando escaleras y trabajo más horas.

ROSA: Fue una guarrada que te echaran. Y todo por decirle las verdades a la encargada.

LAURA: Solo le pedí la subida del IPC ese. Solo quieren que estemos calladas,

tragándolo todo. Pues en el supermercado tampoco me pienso callar.

ANA: Tú sigue así y a ver cómo ahorramos para la mercería. (Rosa y Laura se miran.)

ROSA: ¿Todavía con lo mismo?

ANA: Claro, ¿por qué no? Ya tengo ahorradas cien mil pesetas. (Pausa.) ¿Qué pasa, que

os habéis rajado vosotras?

ROSA: Rajarnos, rajarnos, no. Pero si en cinco años has ahorrado cien mil pesetas, para

ahorrar un millón, ¿cuánto tiempo tendrá que pasar?

ANA: No lo sé, las matemáticas no son lo mío.

LAURA: Pues te faltan

cuarenta y cinco años.

ANA: Sí, es mucho, pero vosotras también tendréis algo.

LAURA: Mucho, me deben quedar unas veinticinco.

ANA: ¿Solo?

LAURA: Con la niña tengo muchos gastos. Y eso que me sigue ayudando Juan.

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ANA: Ese es un buen tío. Le dices que no quieres vivir con él y sigue dándote dinero.

LAURA: Es su padre. Nos llevamos bien, aunque no vivamos juntos.

ANA: ¿Y tú, Rosa?

ROSA: ¿Yo?

ANA: Sí, tú.

ROSA: ¿De verdad quieres saberlo?

ANA: Claro.

ROSA: Le debo a mi madre cincuenta mil pelas. Se las pedí para el aparato de la boca

de Rosita. Así que tengo menos cincuenta mil.

ANA: ¿Qué os parece si atracamos un banco?

LAURA: ¿Tú estas loca?

ANA: Sí.

ROSA: (Enfadada.) ¿Pero de qué vas? ¿Quieres volver a la cárcel? ¿Es que ya no te

acuerdas? ¿Eh?

ANA: Rosa, ¿es que pensabas que lo decía en serio?

ROSA: ¿No?

ANA: Estoy mal de la chota, pero no tanto. (Pausa.) Aunque debo reconocer que

cuando salimos del banco después de pedir el crédito, lo pensé. Qué usureros.

LAURA: Sí, en eso tienes razón.

ROSA: Ni que lo digas. Pero no lo vuelvas a decir ni en broma. Solo de pensar en esa

mierda de celda me dan escalofríos.

(Una pelota invade el escenario.)

VOZ DE ANITA: Mamá, échamela.

(Laura se levanta y le echa la pelota.)

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LAURA: Toma cariño, no le deis tan fuerte que puede irse a la carretera.

VOZ DE ANITA: Sí, mami.

(Entra Silvia con un montón de carteles enrollados bajo el brazo. Se sienta con ellas.)

SILVIA: ¿Qué hacéis?

ANA: Aquí, contemplando nuestra mercería.

SILVIA: ¿Todavía dándole vueltas a lo mismo? Si me hubierais dejado que yo pidiera el

préstamo

a mí sí me lo hubieran dado.

LAURA: Claro, y si no podemos pagarlo, te dejamos sin casa y a vivir las tres debajo de

un puente.

SILVIA: Dicen que los hay muy confortables.

ANA: Sí, con aire acondicionado.

ROSA: Creo que en electricidad no te gastas un duro.

LAURA: Ni en agua.

SILVIA: Y para tender las bragas no tienes que abrir la ventana.

ANA: Ni para saludar al vecino.

ROSA: Ahora en los puentes hay un ambiente multicultural de puta madre. Puede ser

una educación estupenda para Anita y Rosita.

LAURA: Sí, así podrían aprender idiomas.

ANA: Bueno, el suahili no está muy cotizado.

LAURA. Pero un idioma, es un idioma. Y debajo de un puente puede ser muy útil.

SILVIA: Sí, para pedir sal, por ejemplo.

ROSA: Muy socorrido. ¿Cómo se dirá sal en suahili?

SILVIA: Ni idea. ¿Veis lo que nos hemos perdido por no pedir el crédito? Ahora nunca

sabremos cómo se dice sal en suahili.

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LAURA: No.

ROSA: No.

ANA: No.

(Las cuatro permanecen en silencio contemplando la mercería.)

OSCURO.

FIN

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