Está en la página 1de 9

Capítulo 2: "Encuentro"

Silencio. Vacío. Oscuridad. Sentía como mi cuerpo flotaba en la nada. Tenía miedo
de abrir los ojos y darme cuenta de que había muerto. Entonces, ¿estaba
muerta?, ¿qué había pasado? Tenía una gran confusión por mi cabeza. Fue en
aquel instante, oí una voz que me llamaba:

- Irina, Irina.

Abrí los ojos para ver de quién se trataba. Al abrirlos una luz muy intensa me
molestaba, cerré nuevamente los ojos y tras frotármelos los abrí de nuevo.

- ¿Dónde estoy?-pregunté desconcertada.

Vi un techo de color blanco. Sentía mi cuerpo sobre una cama medio-blanda,


conectada a un sin fin de máquinas que hacían pequeños ruidos. Me recosté y vi
que me encontraba en la cama de un hospital.

- ¿Un hospital? Entonces, no he muerto-dije mientras miraba a mi alrededor.

Me encontraba completamente sola. Entonces ¿quién era aquella voz que me


llamaba?,¿sería quizás alguna alucinación?

- ¿Por qué estoy aquí?-me pregunté al tiempo que me dejaba caer sobre la cama.

No conseguía recordar nada de lo que había sucedido. En ese momento una


enfermera entró en la habitación. Al verme despierta se fue corriendo del lugar
y pocos intantes después alguien entró con ella. Aún estaba medio aturdida, no
me había fijado bien de quién se trataba.

- ¿Cómo te encuentars Irina?-me preguntó aquella persona que aún estaba detrás
de la enfermera.

Me recosté en la cama para ver de quién se trataba. Su voz me era muy familiar.
Al incorporarme la enfermera me ayudó colocándome el almuadón en la espalda
para estar más cómoda.

- ¿David? ¿Eres tú?-dije sorprendida al verlo.

David Sanz, un chico de 25 años, de 1'80 cm aproximadamente, pelo oscuro y


ojos oscuros, atractivo y que conozco de toda la vida porque era mi vecino.

- Cuanto tiempo sin verte-le dije mientras él se acercaba a mí.


- Bueno, he estado muy ocupado con el hospital y con mi casa nueva-me respondió
él mientras sacaba una pequeña linterna de su bolsillo.
Me enfocó con aquella linterna en los ojos. Tras hacer esto miró las máquinas a
las que estaba conectada para comprobar que todo estaba en orden.

- Una pregunta..., ¿qué ha pasado?-pregunté aún desconcertada.


- Por lo visto sufriste una lipotimia muy grave que te dejó inconsciente durante
unas horas-me explicó él mientras continuaba mirando aquellos aparatos.
- ¿Una lipotimia? ¿Te refieres a un golpe de calor?-dije yo.

Me resultaba extraño, nunca me había sucedido algo así. En estos días hacía
mucho calor pero ¿tanto para llegar a ese punto?
David le pasó una carpeta a la enfermera con los datos de las máquinas para que
se la llevase. Al quedarnos solos David se sentó junto a mí en la cama.

- La verdad es que me sorprendió lo que te ha pasado. En todos estos años que te


conozco no recuerdo ni una sola vez que te hayas puesto enferma, ni siquiera por
un resfriado. Pero eres una persona, y alguna vez tendría que ser la primera-me
dijo él sonriéndome.

Me quedé callada ante lo que dijo David.

- No te preocupes, se ve que tienes una salud de hierro. Te haré unas pruebas


para asegurarme pero estas completamente bien, como si no te hubiese ocurrido
nada-me dijo David mientras se levantaba y se dirigía hacia la puerta.

Después de decirme esto se marchó. Me quedé muy pensativa con lo que me había
dicho, además seguía sin recordar muy bien lo que me había sucedido.

- Un golpe de calor...-me decía a mí misma mientras miraba hacia el techo


pensativa.

Al cabo de unos minutos una enfermera vino para llevarme a realizar unas
pruebas para asegurarse de que ya estaba completamente bien. Me hicieron
análisis de sangre, un electro, un TAC y un sin fin de pruebas más. Estaba
realmente agotada de estar todo el día haciéndome pruebas.
Por fin me encontraba de nuevo en la habitación. Estaba descansando cuando
alguien entró silenciosamente en el cuarto. Me levanté levemente para ver de
quién se trataba.

- Espero no haberte despertado.


- Isa. No, estaba descansando un poco. Tranquila-le dije al verla.

Isa se acercó hacia mí y se sentó a mi lado en la cama. Ya me habían quitado


todas las máquinas así que podía sentarme cómodamente.
- ¿Y mi abuelo? Aún no lo he visto-le pregunté a Isa.
- Tranquila, está fuera. Es que no se encuentra muy bien, ya sabes como es...-me
dijo ella.

Desde que murieron mis padres mi abuelo no había pisado un hospital y cada vez
que lo hacía se ponía realmente mal. Supongo que debió ser muy duro para él todo
aquello.

- ¿Y tú cómo te sientes?-me preguntó Isa al tiempo que me cogía de la mano.


- Bien, aunque... sigo sin recordar muy bien lo que sucedió. ¿Qué pasó?
- Ummm, pues estábamos por el centro y comenzó a llover muchísimo, aunque
hacía mucha calor y de pronto te encontraste mal. Supongo que debió ser un
golpe de calor-me explicó ella.

En el centro y de pronto comenzó a llover. No consigo recordarlo, ¿por qué?


En ese instante entró David con unos papeles que no dejaba de observar.

- Ah, Isa, hola, cuanto tiempo. ¿Cómo estas?-le dijo David mientras le daba dos
besos a Isa.
- Muy bien, aquí cuidando de Irina-dijo ella sonriendo.

David comenzó a mirar los papeles que traía con él.

- Pues según las pruebas que te hemos hecho estás completamente bien. Incluso
podría decir que tus defensas se ha reforzado. Seguramente lo que necesitabas
era descansar, al fin y al cabo has pasado ahora los exámenes y hace mucho
calor. Te firmaré el alta y podrás irte a casa ahora mismo. Sólo tienes que
descansar y beber mucho líquido-me explicó David.
- ¿Entonces está bien, no?-preguntó Isa.

David afirmó con la cabeza y se fue hacia la puerta.

- Voy a firmar el alta y a avisar a tu abuelo. Mientras puedes ir vistiéndote-dijo


David antes de salir de la habitación.
- Que bien. Te sacaré la ropa y te ayudaré a vestirte-dijo Isa dirigiéndose hacia
el armario.

Me quedé sentada en la cama pensativa.

- Que raro-dije en voz alta.


- ¿El qué?-preguntó isa mientras sacaba mi ropa del armario.
- Ha dicho que incluso mis defensas se habían reforzado. Pero..., no se supone que
debería estar frágil. He estado inconsciente y todo eso.
- No te reconcomas por eso. Él es el médico, sabe lo que hace. Míralo por el lado
bueno, ya no tendrás que estar más ingresada-me dijo Isa trantando de
animarme.

Me levanté de la cama. Parecía lógico lo que Isa decía, pero había algo, no sé el
qué, que seguía sin encajarme.
Me vestí y al salir de la habitación mi abuelo se me lanzó a abrazarme muy
fuerte.

- Iaio, me estas ahogando-le dije para que me soltase.


- Perdona cariño. Ya sabes que estos sitios...-decía él con mala cara.
- Tranquilo iaio, no hace falta que digas nada. Además estoy bien david me ha
dicho que todo está estupendamente-le dije sonriendo para que se encontrase
mejor.

Nos dirigimos hacia administración para recoger el alta, que estaba acabando de
firmar David.

- Bueno, aquí está el alta y unas prescripciones que debes seguir para que no te
vuelva a pasar lo mismo-me dijo David mientras me daba los papeles.
- Voy a ir mientras a por el coche-dijo mi abuelo.

Cogí los papeles y vi que David se me había quedado mirando.

- ¿Qué pasa?-le pregunté.


- Nada. Hacía tiempo que no te veía. Estás muy guapa-dijo él sonriéndome.
- Mira tu abuelo ya está ahí, vamos Irina-dijo Isa cogiéndome del brazo.

Me quedé parada ante lo que me había dicho David. Nunca me había dicho un
piropo. Me sonrojé y me fui hacia el coche sin decir nada.

Pronto llegamos a casa. Nada más entrar mi abuelo fue a mirar si había mensajes
en el contestador. Mientras Isa me acompañaba a mi habitación. Me dejé caer
encima de la cama.

- Que guapo está David, hacia tiempo que no lo veíamos-dijo Isa sentándose en la
cama junto a mí.
- Sí-dije de forma seca.

Isa me abrazó.

- ¿Te encuentras mal?-me preguntó.


- No no es eso. Es que...
- ¡Ya sé!-dijo Isa levantándose de golpe de la cama- Necesitas despejarte. Todo
el día metida en un hospital haciéndote pruebas es lógico que estés agobiada.

En ese momento llamaron a la puerta de mi habitación.


- Chicas tengo que irme, me han llamado de la editorial, dicen que es urgente.
Volveré lo antes posible. Isa cuida de Irina, hazme el favor-dijo el abuelo antes
de irse corriendo.
- Siempre tan estresado este hombre. Bueno, ¿vamos a tomar algo?-me preguntó
Isa.

Me lo estaba pensando, cuando llamaron a Isa por el móvil.

- Que asco, tengo que irme. Había quedado y no me acordaba. Sorry-me decía Isa
abrazándome.
- No pasa nada. Mañana ya saldremos a tomar algo, voy a descansar-le dije para
que no se sintiese mal.

La acompañé hasta la puerta de casa.

- Mañana sin falta quedamos. Come algo y descansa que sinó vendré y te pegaré-
me decía ella.

Le asentí con la cabeza. Nos dimos dos besos e Isa se fue. Me dirigí hacia la
cocina para tomar algo. Abrí la nevera y cogí una botella de agua bien fría y
comencé a beber.

- Ahhhh. Que sed tenía. A ver que hay por aquí para comer.

Comencé a mirar por el frigorífico. No me apetecía nada de lo que estaba viendo.

- Me haré un vaso de leche con algo-dije mientras cogía el cartón de leche.

Rápidamente me preparé un vaso de leche con azúcar y unas cuantas galletas


para mojar en él. Me senté y comencé a comer en la mesa de la cocina. La verdad
es que tenía mucha hambre y me terminé aquella pequeña merienda enseguida.
Tras terminar de comer me fui a mi habitación para descansar un poco. Me dejé
caer en la cama y en pocos instantes me quedé totalmente dormida.

Unas escenas de batallas pasan por la mente de Irina mientras duerme. No se ve


claramente quien lucha contra quien, pero las batallas son muy atroces y siempre
se escucha un sonido extraño, como el de metales chocando. Las escenas se van
aclarando a medida que la noche avanza. Aquel sonido ensordecedor son las
espadas que se encuentran entre sí, a manos de aquellos que las empueñan y que
no dejan de luchar sin cesar.
De pronto una imagen desoladora. La tierra completamente desierta y una oscura
sombra ríe sin cesar ante la destrucción de la humanidad.

Me desperté imediatamente, empapada por el sudor que resbalaba por mi cuerpo.


- ¿Una pesadilla?-dije mientras me levantaba.

Me dirigí hacia la cocina a beber un poco de agua. Ya se había hecho de día. En la


puerta del frigorífico había una nota que decía:

" Irina me he tenido que ir a la editorial. No he querido despertarte. Come lo que


quieras, llegaré por la noche. Ten cuidado. Te quiero. Firmado: el abuelo".

Tras leer la nota la quité doblándola y tirándola encima del banco de la cocina.
Abrí la nevera y cogí una botella de agua, saciando aquella enorme sed que tenía.
Tras beber me fui directamente a la ducha. Debajo del agua seguían viniendo a
mi mente aquellas escenas de la pesadilla.

- No se me van de la cabeza. ¿Por qué?-me decía a mí misma mientras el agua caía


por todo mi cuerpo.

Cuando salí de la ducha el móvil comenzó a sonar. Corrí para cogerlo. Se trataba
de Silvia.

- Dime.
- Irina, estamos todas en la cafetería "Café Latino". ¿Te vienes?
- Sí, termino de cambiarme y voy enseguida.
- Vale, cari, hasta ahora-me dijo antes de colgar.

Me vestí rápidamente y me arreglé para salir. Aquella cafetería estaba cerca de


la facultad por lo que había un buen camino. Aunque tenía que coger el autobús,
no me apetecía demasiado, necesitaba caminar para despejarme, así que decidí
caminar hacia allí.
Mientras caminaba aquellas imágenes seguían en mi mente, estaban dándome
dolor de cabeza.

- Tengo que despejarme-dije agitando la cabeza.

Saqué de mi bolso el mp3, me lo puse para escuchar un poco de música y


relajarme. Hacía bastante calor. Miré mi reloj y vi que eran las once de la
mañana. Seguí caminando mientras escuchaba música. Sin lugar a dudas aquello
me sirvió, dejé de pensar en aquellas imágenes y la música me estaba alegrando.

- Ya queda menos-dije al ver que me encontraba cerca de la cafetería.

Me detuve en el semáforo,esperando a que se pusiese en verde. Entonces sentí


un vuleco en el corazón. Me quité los auriculares y los guardé en el bolso. Sentía
algo extraño. Miré hacia mi alrededor. Sólo había un par de personas esperando
igual que yo.

- Que raro-dije en voz baja.

El semáforo se puso en verde y la gente comenzó a avanzar. Comencé a caminar y


sentí nuevamente aquel vuelco en el corazón. Me giré y vi como un coche a gran
velocidad se dirigía hacia nosotros. Corrí hacia la acera para ponerme a salvo,
cuando de repente vi un chico que estaba cruzando la calle.

- ¡Cuidado!-grité al ver que el coche no tenía intención de parar.

Algo extraño sucedió en mi interior, como si fuese un impulso, corrí hacia el chico
y me lancé sobre él, consiguiendo apartarlo de la trayectoria del vehículo. En
realidad no sé cómo sucedió, todo parecía moverse a cámara lenta y mi cuerpo se
movía casi sólo, como si no fuese yo quien lo controlase.
Caí encima del chico. Vi que el vehículo estaba a punto de chocarse contra una
farola.

- ¡Noooo!-grité extendiendo mi mano.

De repente, el coche frenó sin explicación alguna. Toda la gente fue a ver cómo
se encontraba el conductor.

- Quítate ya-dijo el chico que salvé.

No me había dado cuenta de que aún estaba encima de él. Me quedé parada al ver
sus ojos.

- ¿Que no entiendes de la frase?-dijo él.


- Oh, perdón-dije poniéndome rápidamente en pié.

El chico era guapísimo, pero su mirada..., parecía tan triste.

- ¿Estás bien? Menudo susto...-le dije.


- ¿Y mis gafas de sol?-decía el chico como si no estuviese haciéndome caso.

Comenzó a mirar por el suelo buscando sus gafas. Que antipático, por lo menos
podría haberme dicho gracias y ni siquiera me mira a la cara. Me estaba poniendo
furiosa. En ese momento comenzaron a llegar coches de policía.

- Espero que el conductor esté bien-dije viendo que una ambulancia también
llegaba.
- Son mis gafas preferidas, ¿dónde estarán?-decía el chico.

Ya me harté de aquella actitud. Lo cogí del brazo y le dije muy enfadada:


- ¿Qué diablos pasa contigo? Casi te atropellan y ¿sólo te preocupan tus gafas?
- ¿Por qué te preocupas? Dentro de un par de días no te acordarás ni de mi cara.
¿Quieres que te dé las gracias por salvarme?, pierdes tu tiempo. Como todos loos
seres humanos-dijo el chico de forma muy seria y serena.

No sabía qué responderle. Su mirada era tan triste. Me entraban ganas de


abrazarlo y no dejarlo nunca. No encontraba sus gafas así que se disponía a
marcharse.

- Espera-dije poniéndome delante de él.


- ¿Qué quieres ahora?-dijo todo seco.
- Sólo decirte que tengas cuidado. Adiós-le dije con cara de preocupación.

Me dirigí hacia donde estaba la policía. El chico se giró levemente y tras mirarme
por unos segundos se marchó sin más. Les expliqué a los agentes lo que había
ocurrido. Por lo visto los frenos del vehículo no funcionaban, fue un milagro que
no pasase nada. Cuando la policía se marchó junto con la ambulancia vi en el suelo
unas gafas de sol medio rotas.

- Las gafas de ese chico-dije cogiéndolas del suelo.


- ¡Irina!

Me giré para ver quién me llamaba. Se trataba de mis amigas. Habían oído todo el
jaleo. corrí hacia ellas.

- ¿Estas bien?-me preguntaron todas.


- Sí. Tengo una sed horrible, vamos a tomar algo-dije mientars guardaba las
gafas en mi bolso.

Durante todo el tiempo que estuvimos en la cafetería estaba ausente, pensando


en ese chico. Su mirada era tan triste, pero era tan grosero y antipático, sin
embargo no conseguía quitármelo de la cabeza.

- Buenas noches chicas-me despedí de ellas con la mano estando a la puerta de


casa.

Estaba algo cansada por el día tan intenso que había tenido. Mi abuelo aún no
había llegado del trabajo. Subí a mi habitación y me quité los zapatos y el bolso,
dejándome caer sobre la cama. Me levanté un momento y cogí de mi bolso las
gafas de sol de aquel chico.

- Ni siquiera sé su nombre-decía mirando las gafas- Espero que esté bien.

Estaba tan agotada que me quedé dormida con las gafas en la mano. Pero en mi
cabeza no podía dejar de ver la imagen de aquel chico, la imagen de sus ojos
tristes.

Intereses relacionados