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Manual de Adicciones para Psicólogos especialistas en psicología clínica en formación - Elisardo Becoña/Maite Cortés Ediciones SociDrogAlcohol

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Como ya hemos indicado con anterioridad, en el proceso de vulnerabilidad y exclusión

intervienen factores externos a la persona y acontecimientos vitales que le exigen echar mano

del repertorio de capacidades y competencias de que dispone para superarlas. Dependiendo de

los recursos psicológicos, físicos y sociales de que disponga, las posibilidades de afrontamiento

serán mayores o menores. Se ha visto que aquellas personas que tienen una peor autoefcacia,

con más tiempo libre empleado en actividades relacionadas con la sustancia, solteras y con

ingresos más bajos, tenían más probabilidades de recaer en el alcohol y, algo semejante, ocurría

con otras drogas (Walton, Blow, Bingham y Chermack, 2003).

Los programas de autonomía personal pretenden, a través de la promoción y

fortalecimiento de dichos recursos, aumentar las capacidades y el desempeño de la persona

frente a situaciones generadoras de vulnerabilidad y exclusión, a través de dos líneas de

acción preferentes: 1) actuaciones que faciliten los aprendizajes necesarios para favorecer el

nivel de independencia social sufciente que les permita acceder a los recursos normalizados;

y, 2) promoción de actividades orientadas a la incorporación y permanencia en el entorno

familiar, social y laboral próximo.

Para ello, algunas de las acciones contempladas son: 1) pautas y entrenamiento de

comportamiento socialmente efectivo, 2) pautas y entrenamiento para la convivencia

familiar, 3) pautas y entrenamiento para la adaptación social en el medio laboral, 4) pautas y

entrenamiento para el control de los impulsos, 5) pautas y entrenamiento para la resolución

de confictos, 6) pautas para la prevención de recaídas, 7) pautas para el manejo de situaciones

de desánimo, 8) pautas para el mantenimiento del equilibrio psicológico, 9) pautas para la

clarifcación de metas, 10) educación para la salud (pautas para la prevención y el autocuidado

en aspectos de salud) y 11) formación psico-afectiva y afectivo-sexual.

Así mismo, se complementa esta oferta formativa con servicios de orientación y apoyo,

tales como counselling, trabajo motivacional, intervención en situaciones difíciles y de crisis

(frustración, síntomas depresivos, de agotamiento emocional, cuadros de ansiedad, etc.),

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gestión de las emociones, entre otros servicios que puedan considerarse benefciosos para el

desempeño personal.

5.3.5. Programas de formación

La educación adquiere un papel de especial relevancia como factor de vulnerabilidad, ya que

su función es otorgar competencias que faciliten la adaptación y desarrollo personal, social y

laboral de las personas. Una defciente formación podría tener repercusiones en la trayectoria

de vida de las personas. En el caso de drogodependientes con perfl de vulnerabilidad o exclusión,

es frecuente encontrar un bajo nivel formativo. Diversos países europeos han informado

al EMCDDA de que la relación entre consumidores problemáticos de drogas y mercado de

trabajo es mala (Kavounidi, 1996; Staufacher, 1998; Uunk y Vrooman, 2001). Por tal motivo, el

EMCDDA (2003) señala que las intervenciones destinadas a mejorar las capacidades formativas,

técnicas o prácticas de las personas drogodependientes mejorarían las oportunidades de éstas

en el mercado laboral.

En el diseño e implementación de esta formación hay que considerar que las acciones

estén orientadas a la integración de la persona en su medio social, pues existen casos en los

que la formación que se oferta no es susceptible de verse rentabilizada en el medio donde se

pretende incorporar a la persona. Este hecho implica haber destinado unos recursos de manera

inefciente, pero sobre todo, puede generar sentimientos de incapacidad y frustración en la

persona que infuirán en su motivación, llegando incluso a mostrarse escépticos o renuentes a

los servicios de incorporación. Por eso es muy conveniente establecer líneas de coordinación

y sinergias entre los distintos dispositivos implicados en la formación y los implicados en la

inserción social y laboral. Se ha de tener, de manera constante y actualizada, información sobre

la realidad social y laboral en que se pretende realizar la incorporación para que las acciones

formativas estén orientadas hacia posibilidades reales, objetivas.

Entre los programas o acciones formativas más frecuentes en esta área podemos

referir tres tipos: 1) los destinados a la consecución de certifcados o títulos académicos de

la educación reglada (graduación en ESO, FP, Universidad); 2) cursos y ofertas formativas de

la educación no reglada (idiomas, autoescuela, etc.) y de aprovechamiento del tiempo libre

(talleres ocupacionales); y 3) los que contemplan una oferta formativa orientada hacia la

capacitación profesional y la empleabilidad (talleres profesionales, prácticas en empresas,

etc.). Estos últimos, los programas de formación orientados a la incorporación laboral, están

destinados especialmente a drogodependientes en tratamiento, o que ya han superado su

adicción, y contemplan la adquisición o mejora de habilidades y hábitos sociales y laborales

normalizados, técnicas de búsqueda de empleo y habilidades y conocimientos para aumentar

la empleabilidad. Se considera que este tipo de formación es un paso previo y necesario a las

acciones destinadas a la incorporación al empleo.

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12. atención y reinserción sociofaMiliar y laboral

5.3.6. Programas de inserción laboral

La inserción laboral consiste en ofrecer orientación, asesoramiento y acompañamiento a

personas que están en situación de exclusión social y laboral, con el objetivo de facilitar su

acceso al empleo y, a través de su incorporación al mercado laboral, favorecer distintas áreas

de la incorporación social, como puedan ser el acceso a la vivienda, la cobertura de necesidades

básicas, el acceso a relaciones sociales en ambientes normalizados, etc.

El desempleo en general, y en especial el de larga duración, provoca la privación de bienes

y servicios esenciales, a la vez que un deterioro de las capacidades formativas y profesionales

previas, actuando de este modo como factor de vulnerabilidad y exclusión que merma las

capacidades cognoscitivas, las expectativas, la motivación y la autonomía de las personas. Se

ha observado que cuando la drogodependencia va acompañada de precariedad o ausencia de

empleo, en los procesos de orientación laboral a personas con problemas graves de dependencia,

esta orientación obtiene resultados muy pobres, pues estas personas suelen presentar unas

defciencias muy importantes (Kemps y Neale, 2005). Cuando se ha comparado la situación

laboral entre heroinómanos en activo con empleo a tiempo completo y heroinómanos parados,

se ha constatado como estos últimos tenían menos capital social y humano y presentaban,

además, un mayor abuso de drogas (Koo, Chitwood y Sánchez, 2007). En un estudio de

seguimiento a 6 meses, aquellos pacientes que tenían empleo experimentaban más cambios

positivos en su vida que los desempleados, concretamente en su situación psiquiátrica, situación

legal y consumo de drogas (Sterling, Gottheil, Glassman, Winstein, Serota y Lunday, 2001).

En defnitiva, el hecho de tener un trabajo remunerado que garantice unos ingresos y el

acceso a los recursos básicos, permite a la persona una autonomía a partir de la cual afrontar mejor

la afectación que presenta en otras áreas. Además, el desempeño laboral implica la integración y

desenvolvimiento en espacios de relación social, lo que puede potenciar y reforzar la integración

de la persona. En este sentido, Fernández-Montalvo y Echeburúa, (1998) indican que la realización

de un trabajo es la condición para integrarse en el medio sociocultural, para ser aceptado por los

demás y para conseguir la independencia económica que posibilite la libertad personal.

La inserción laboral contempla itinerarios personalizados, sistemas de formación

profesional, talleres de aumento de la empleabilidad, medidas de acción positiva hacia este

colectivo para facilitar el acceso al empleo, como pueden ser las contrataciones de inserción

donde se prestan ayudas económicas a las empresas que contratan a estas personas, la reforma

del sistema de bonifcaciones o pago de cuotas a la Seguridad Social, apoyo a la creación de

servicios específcos de orientación y apoyo en la búsqueda de empleo, centros especiales de

empleo y empresas de inserción socio-laboral, etc.

Para articular de manera coherente y atender a los principios de complementariedad e

integralidad, las acciones destinadas a la inserción laboral se agrupan y estructuran a través de

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los denominados itinerarios de inserción laboral. Estos Itinerarios parten de una evaluación

inicial de las necesidades y capacidades de la persona, así como de la disponibilidad de

recursos y programas de inserción laboral existentes en su entorno que puedan satisfacer, a

través de sus acciones, los objetivos que se contemplen en el diseño del Itinerario. Consisten

en un acompañamiento personalizado que incluye actividades de información, orientación,

formación, seguimiento y evaluación, así como prestación de servicios para el empleo, con el

objetivo de que la persona recupere y fortalezca unos hábitos laborales indispensables para su

integración y mantenimiento en el mercado laboral. Los objetivos del itinerario de inserción

laboral se establecen conjuntamente entre la persona y el agente de empleo, de tal modo que el

itinerario se diseña e implementa teniendo en cuenta la opinión del benefciario, adaptándose

a sus necesidades y a su ritmo, y apoyándole con medidas específcas ante las difcultades o

limitaciones que éste tenga. Estos objetivos deben estar escalonados de modo que se ajusten a

la idea de la inserción como proceso. Son, además, susceptibles de ser reformulados en función

del desarrollo del Itinerario, o ante variaciones contextuales que así lo sugieran.

Así mismo, los programas de inserción laboral, deben contemplar estructuras puente, en

colaboración con los distintos agentes sociales, hacia el mercado de trabajo normalizado. Estas

estructuras puente pueden ser los centros especiales de empleo o empresas de inserción. Se

trata de organizaciones sociales que desarrollan actividades productivas con funcionamiento

empresarial. Tienen como principal objetivo la inserción laboral de personas en situación de

exclusión (desempleados de larga duración, personas con adicciones, personas privadas de

libertad, etc.). Las características que defnen una empresa de inserción son su objeto social,

el tipo de colectivo con el que trabaja, y el compromiso de acompañamiento personalizado

(itinerario de inserción) a las personas que atiende.

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