Literatura en el porfiriato La literatura en el porfiriato se dividió en dos partes generales, la primera fue con tendencias liberales ya que México

se veía sometido por Porfirio Díaz. La segunda fue más que nada una influencia extranjera, pero principalmente la francesa, ya que en aquellos momentos Francia estaba teniendo un gran auge, siendo el modelo a seguir de muchos países, esto haciendo que la mayoría de los textos que se leyeran en México fueran Franceses, haciendo esto que la expresiones mexicanas fueran muy diferentes. Los principales exponentes de la literatura del porfiriato fueron Ignacio Manuel Altamirano, Mariano Azuela, Manuel Payno, Guillermo Prieto y Vicente Riva palacios. Ignacio Altamirano escribió varios libros de gran éxito. Entre ellos están rimas, clemencia, el zarco, Antonia y Beatriz, Atenea, Cuentos de invierno, La Navidad en las montañas. Manuel Gutiérrez Nájera introdujo el modernismo en México creando una gran revolución literaria, este y los creadores de la revista azul y la resta moderna impulsaron la influencia francesa, en las que publicaron sus obras, como de Manuel Gutiérrez Nájera, Luis Urbina, Amado Nervo, Salvador Díaz Mirón, Juan Tablada y Manuel José Othón. El naturalismo francés influyeron en las obras de Federico Gamboa, que escribió obras como Santa, la llaga y la venganza de la gleba quien se le considera el principal exponente del naturalismo en nuestro país, Su importancia radica, sobre todo, en el trabajo realizado dentro del ámbito novelesco. Por convicción y afinidad estética se adhirió al naturalismo francés que se distinguía por la crudeza de la expresión y la sordidez de los temas abordados. La literatura en México también tuvo un gran auge en el ámbito de la historia, en la que hubo una gran cantidad de escritores, los que más se distinguieron fueron Manuel Rivera Cambas que escribió México Pintoresco, Artístico y monumental y Vicente Rivera Palacio que escribió México a través de los siglos en la que colaboraron Enrique de Oliveira y Ferrari, Juan de Dios Arias, Alfredo Chavero, José María Vigil y Julio Zarate. También se distinguieron Joaquín García Icazbalceta, Luis Gonzales Obregón, Manuel Orozco y Berra, Carlos Pereyra y Justo Sierra. La labor de los historiadores se vio estimulada con la inauguración de la sala de monolitos en el museo Nacional.

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