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Mis Primeras Chapuzas

Cuento con el que Miguel, de 6ºB, participa en el concurso infantil de escritura "Miguel Delibes"

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Hola soy Mariano:

A lo largo de la vida he hecho muchas cosas bonitas y otras… ¿Cómo decirlo? Menos
bonitas. La verdad es que nunca he sido un manitas, más bien un manazas.

A los 11 años estaba enamorado de una chica: alta, rubia, ojos azules… Lo que
cualquier niño deseaba en esa época. Para conquistarla, y tras mucho pensar, le hice un
retrato… La chica no me volvió a hablar.

Después en plástica nos mandaron hacer un puente de papel… Y aún recuerdo que me
expulsaron de la clase por haber gastado 1000 papeles y no haberlo hecho bien.

Al pasar al instituto en clase de tecnología hice un ventilador de madera. Lo malo es


que las aspas tenían que ser de plástico y yo las hice de madera por no haber prestado
atención. El experimento explotó y me mandaron a jefatura…

Ya en universidad, cuando empecé mis estudios de informática, la cosa fue a mejor…


Pero después de 5 meses sin hacer nada malo, volvió a salir el poder chapucero que llevaba
dentro: nos mandaron construir un ordenador con las piezas que nos daban. Yo ese día había
estudiado mucho para la prueba, pero como siempre me pasaba en los exámenes, me puse
muy nervioso y se me olvidó algo fundamental. Comencé a montar mi ordenador y al cabo de
4 horas y media acabé.

‐ Bien hecho, acércalo aquí que lo encendamos. Me dijo D. Ezequiel.

Nervioso pero entusiasmado se lo llevé hasta donde me dijo. El profesor lo encendió,


empezó a cargar y entonces vi el disco duro en mi mesa de trabajo.

‐ D. Ezequiel, creo que va a haber un problemita. Le dije asustado.

En aquel preciso momento, el ordenador se apagó y comenzó a echar humo. El


cortocircuito que se produjo, dejó a toda la universidad sin luz, a D. Ezequiel enfurecido y a mí
con mi primer suspenso.

Cuando acabé mi carrera, con 23 años, me sentí muy orgulloso y creo que D. Ezequiel
también.
Hoy trabajo en mi tienda y academia de informática “Chapu‐Chip”, y aunque ya soy
todo un profesional, me sigo riendo cuando recuerdo mis primeras chapuzas.

Al final me apunté a un curso de pintura y conseguí hacer un retrato decente con el


que conquisté a mi amada esposa. Tenemos un hijo, Ernesto, que me ayuda en la tienda y
academia. Y no sé por qué, pero creo que se me parece: el otro día, que había examen en la
academia, le encargué que fotocopiase los exámenes tipo test. Todos los alumnos sacaron un
10, porque Ernesto fotocopió la hoja de las preguntas… Con las respuestas.

Al fin y a al cabo, de tal palo tal astilla.

Fin

Miguel León García Martínez. 6ºB

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