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Tema 2 (Desarrollo histórico de la epistemologia)

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Teoría del conocimiento científico

Tema 2: Desarrollo histórico de la epistemología

Lic. en Gerontología

2 Desarrollo histórico de la epistemología
2.1 Evolución del conocimiento científico 2.2 Unidades de cambio: paradigma, conceptos, modelos, teorías, etc. 2.3 Los paradigmas de la ciencia. 2.4 Las comunidades científicas

Introducción
A lo largo de la historia de la humanidad el conocimiento científico ha evolucionado, desde el descubrimiento del fuego hasta lo que es la ciencia de hoy en día. Al hablar del descubrimiento del fuego se habla de conocimiento empírico, pero al ser observado por los hombres y al tratar de reproducirlo se convierte en científico, por lo tanto se podría considerar que fueron las primeras nociones del conocimiento científico. De esta necesidad o curiosidad del hombre de conocer (comprender e interpretar los fenómenos naturales) surge del asombro del hombre ante el universo: por ejemplo, los eclipses, los movimientos de los astros, la sucesión de las estaciones, las sequías, las tormentas o lluvias torrenciales, los cambios del clima y muchos otros fenómenos, le causaron extrañeza, admiración y temor, de esta manera se decidió el hombre, ha buscar el porqué de estos eventos o sucesos. Y con la aparición de la escritura se ha apoyado a la evolución del conocimiento científico al pasar el conocimiento de generación en generación de una forma metódica y permitiendo que otras generaciones hagan uso y aporten conocimientos a dicho tópico mejorándolo y evolucionando. La epistemología (del griego (episteme), "conocimiento", y (logos), "teoría") es una rama de la filosofía cuyo objeto de estudio es el conocimiento científico. La epistemología se ocupa de la definición del saber y de los conceptos relacionados, de las fuentes, los criterios, los tipos de conocimiento posible y el grado con el que cada uno resulta cierto; así como la relación exacta entre el que conoce y el objeto conocido.

Epistemología del conocimiento científico
La ciencia es un conjunto de conocimientos, procedimientos y valores creados por la humanidad mediante el uso de una modalidad de pensamiento a la que se ha llamado método científico. La fuente del conocimiento científico -el método científico-, no es otra cosa que el pensamiento creativo, un modo de pensar, de investigar, que no se atiene a normas o recetas, pero que cuenta con un procedimiento de validación imprescindible: la experimentación y la observación. Cualquier hipótesis elaborada no será tenida en cuenta hasta tanto haya podido demostrar su concordancia con el mundo natural. El objeto del conocimiento científico es el mundo real, la naturaleza, el cosmos. El científico aspira a comprender y describir la estructura y el funcionamiento del mundo, y de sí mismo, como parte integrante del universo. Las características esenciales acerca de la naturaleza del conocimiento científico son:

Es falsable: Y por tanto provisional, puesto que está siempre sujeto a discusión y cambio. Los contenidos de la ciencia se consideran meras aproximaciones sucesivas a la realidad que mejoran con el avance de la misma. Se expresa en lenguaje matemático: Cuando en ciencia se describe un fenómeno se hace cualitativa y cuantitativamente, midiendo del modo más preciso que es posible en cada época, y expresando las relaciones entre las variables y constantes que rigen el fenómeno mediante ecuaciones, siempre que es posible. Es acumulativo, estructurado y coherente. Los científicos van arrancando a la naturaleza sus secretos migaja a migaja, pero estas no siempre encajan entre sí. Los conocimientos logrados se van ordenando y encajando trabajosamente a lo largo del tiempo, intentando construir un único edificio lógico que sea capaz de explicar el mundo. Es predictivo: Lo que no es más que una consecuencia del método. Si logramos describir eficazmente a la naturaleza podremos predecir el modo en que evolucionará cualquier sistema material, conocido su estado inicial. Pretende ser objetivo Pretende ser objetivo y estar libre de todo prejuicio y paradigma imperante en la época. Aunque ésta sea la más difícil de las tareas a las que el científico, como persona, se ha de enfrentar.

2.1 Evolución del conocimiento científico.
No se puede hablar de la evolución del método científico sin hablar antes de Thomas Samuel Kuhn, el cual es considerado como el creador del concepto “paradigmas de la ciencia”, al publicar el término por primera vez en su libro “La estructura de las revoluciones científicas” en 1962. Kuhn fue quien inventó el concepto de paradigma que es lo que Popper llamaba enunciados simples o conjeturas. Kuhn es un físico que ha hecho estudios en la historia de la ciencia. Él se llama a si mismo "historiador de la ciencia", a secas. Con sus obras pretende dar a conocer cuáles son las claves de la historia de la ciencia. Tiene interés por saber cómo evoluciona la lógica del conocimiento científico. El modelo de evolución científica que propone Kuhn es el siguiente: Pre-ciencia--->Ciencia---->Crisis----->Revolución----->Nueva ciencia Normal A continuación veremos cada una de estas etapas:

Pre-ciencia: periodo de caos donde surgen múltiples creencias de todo tipo para explicar un conjunto de
problemas determinados de entre todas estas propuestas habrá una que tendrá éxito.

Ciencia normal: la respuesta que tiene éxito constituye el paradigma y se instala un periodo de ciencia normal
donde hay un paradigma que domina. Dentro de este periodo hay acumulación de conocimiento científico, perfeccionar cosas. En este periodo también hay falsaciones de aspectos parciales.

Crisis: el paradigma no lo explica todo, hay límites. Esas dudas, a medida que se intentan solucionar y resisten se
convierten en anomalías. Incógnitas que hacen imposible el desarrollo del paradigma. Entonces, este paradigma comienza a debilitarse y se empiezan a aplicar artificios convencionalistas (modificaciones ad hoc...) y finalmente se convierte en una no ciencia.

Revolución: esto sólo se soluciona con una substitución del paradigma. Surgen nuevos científicos que intentan
buscar nuevos paradigmas. Proliferación de teorías.

Nueva ciencia normal: Esto es el resultado de la unión de los paradigmas y las teorías surgidas en la
revolución. Kuhn distingue entre grandes revoluciones y pequeñas revoluciones. Las primeras se refieren a los grandes avances científicos como los de Newton o la revolución Industrial y las segundas a revoluciones más pequeñas, las cuales nos han llevado al desarrollo tecnológico actual de una forma sutil. Es importante establecer un vínculo entre la ciencia normal y la nueva ciencia normal. No se puede decir que una es mejor que otra, solo se puede decir que una está mas experimentada o mas teorizada.

2.2 Unidades de cambio: paradigma, conceptos, modelos, teorías, etc.
Las unidades de cambio de la ciencia son los métodos mediante los cuales la ciencia y en particular el conocimiento científico han almacenado y almacenarán los saberes de la naturaleza, así como representan con ideas, imágenes, estructuras, ecuaciones y demás a esta misma. Entre las unidades de cambio más importantes tenemos: paradigmas, conceptos, teorías, modelos.

Paradigma: El término paradigma se origina en la palabra griega (paradeigma), que significa «modelo» o «ejemplo». A su vez tiene las mismas raíces que deiknynai, que significa «demostrar». Esta palabra se usa para denominar elementos que siguen algún diseño o modelo. El diccionario de la real academia de la lengua española lo define como: “Cada uno de los esquemas formales en que
se organizan las palabras nominales y verbales para sus respectivas flexiones”.

Otro uso más moderno para la palabra paradigma es referirse a los filtros que impone nuestro cerebro. Es decir a las suposiciones, conceptos, valores y previa experiencia con los que miramos las cosas. Como dice el refrán "todo es según el color del cristal con que se mira". Concepto: La palabra "concepto" viene del latín (“conceptum”) y este del verbo (“concipere”) que significa concebir. Concipere deriva de (“capere”) que quiere decir agarrar o capturar algo. La palabra concepto, se refiere a una idea que concibe o forma entendimiento, es decir, es una abstracción retenida en la mente que explica o resume experiencias, razonamientos, o imaginación. En la mente almacenamos una gran cantidad de información. El concepto nace de esa información y le da sentido. La unión de todos los conceptos forman nuestro paradigma. En otras palabras “Los conceptos son construcciones o imágenes mentales, por medio de las cuales comprendemos las experiencias que emergen de la interacción con nuestro entorno, a través de su integración en clases o categorías relacionadas con nuestros conocimientos previos”.

Los conceptos nos sirven para limitar el aprendizaje, reduciendo la complejidad del entorno; nos sirven para identificar objetos, para ordenar y clasificar la realidad, nos permiten predecir lo que va a ocurrir. Un concepto es una unidad cognitiva de significado, una idea abstracta o mental que a veces se define como una "unidad de conocimiento". Y hablando de un concepto científico podríamos definirlo como: Cualquier conocimiento observado, razonado, estructurado y verificado completamente o parcialmente sobre cualquier área de la naturaleza o porción del universo. Modelo: En ciencias puras y, sobre todo, en ciencias aplicadas, se denomina modelo al resultado del proceso de generar una representación abstracta, conceptual, gráfica o visual (por ejemplo: mapa conceptual), física, matemática, de fenómenos, sistemas o procesos a fin de analizar, describir, explicar, simular (en general explorar, controlar y predecir) esos fenómenos o procesos. Se considera que la creación de un modelo es una parte esencial de toda actividad científica. En la práctica, diferentes ramas o disciplinas científicas tienen sus propias ideas y normas acerca de tipos específicos de modelos. Sin embargo, y en general, todos siguen los principios del “modelado”. El modelado es una técnica que consiste en crear una representación ideal o simplificada de un objeto o sistema real mediante un conjunto de abstracciones, pero cuyo comportamiento básico se pretende explicar o anticipar. La validación del modelo generalmente es contrastable empíricamente con el objeto o sistema real. Esta validación del modelo se lleva a cabo comparando las implicaciones predichas por el mismo con observaciones. En otras palabras, se trata de crear un modelo ideal que refleja ciertos aspectos de un objeto real, como al crear una escultura o una pintura. Un modelo es por tanto una representación parcial o simplificada de la realidad que recoge aquellos aspectos de relevancia para las intenciones del modelador, y de la que se pretende extraer conclusiones de tipo predictivo. Se modela para comprender mejor o explicar mejor un proceso o unas observaciones. Para hacer un modelo es necesario plantear una serie de hipótesis, de manera que lo que se quiere representar esté suficientemente plasmado en la idealización, aunque también se busca, normalmente, que sea lo bastante sencillo como para poder ser manipulado y estudiado. Estos son algunos de los tipos de modelos científicos. Modelos físicos. Modelos matemáticos. Modelos numéricos o simulaciones por ordenador. Modelos analógicos. Modelos Conceptuales. Teorías: La palabra teoría proviene del griego theorein (“observar”). De acuerdo con algunas fuentes, theorein era frecuentemente utilizado en el contexto de observar una escena teatral, lo que quizá explica el porqué algunas veces la palabra teoría es utilizada para representar algo provisional o no completamente real. De todas formas, la evolución histórica del término le otorgó un sentido más intelectual y comenzó a aplicarse a la capacidad para

entender la realidad más allá de la experiencia sensible, a través de la comprensión de estas experiencias y su expresión mediante el lenguaje. Es quizás Platón quien da a la idea de teoría el carácter de "visión del alma", que supera lo sensible y contempla en las ideas directamente la verdad y de ahí su paso del concepto de teoría al dominio de la ciencia. Y Aristóteles, su discípulo, define la ciencia como el conocimiento que va de lo necesario a lo necesario por medio de lo necesario, señalando además el carácter lógico y formal de la ciencia. En la actualidad, una teoría es un sistema lógico compuesto por observaciones, axiomas y postulados, cuya función es afirmar bajo qué condiciones se desarrollarán ciertos supuestos. Para esto, se toma como contexto una explicación del medio idóneo para que se desarrollen las predicciones. A partir de estas teorías, es posible deducir o postular otros hechos mediante ciertas reglas y razonamientos. Se considera teoría científica al planteamiento de un sistema hipotético-deductivo que constituye una explicación o descripción científica a un conjunto relacionado de observaciones o experimentos. Así, una teoría científica está basada en hipótesis o supuestos verificados por grupos de científicos (en ocasiones un supuesto, no resulta directamente verificable pero sí la mayoría de sus consecuencias). Abarca en general varias leyes científicas verificadas y en ocasiones deducibles de la propia teoría. Estas leyes pasan a formar parte de los supuestos e hipótesis básicas de la teoría que englobará los conocimientos aceptados por la comunidad científica del campo de investigación y está aceptada por la mayoría de especialistas.

2.3 Los paradigmas de la ciencia.
El físico y filosofo estadounidense, Thomas Kuhn (1922-1996), acuñó esta nueva interpretación de la palabra y el término "cambio de paradigma" (paradigm shift) en su libro "La estructura de las revoluciones científicas" (The Structure of Scientific Revolutions - 1962).

Este filósofo y científico (Kuhn) dio a la palabra “paradigma” su significado contemporáneo cuando lo adoptó para referirse al conjunto de prácticas que definen una disciplina científica durante un período específico de tiempo. El mismo Kuhn prefería los términos ejemplar o ciencia normal, que tienen según el mismo un significado filosófico más exacto.

Sin embargo, en su libro La Estructura de las Revoluciones Científicas define a un paradigma de la siguiente manera: • Lo que se debe observar y escrutar. • El tipo de interrogantes que se supone hay que formular para hallar respuestas en relación al objetivo. • Cómo tales interrogantes deben estructurarse.

• Cómo deben interpretarse los resultados de la investigación científica. De esta forma, dentro de la ciencia normal, un paradigma es el conjunto de experimentos modélicos capaces de ser copiados o emulados; siendo la base para crear un consenso científico. Según Kuhn, una revolución científica es un cambio tan grande que el paradigma anterior ni siquiera se puede comparar con el paradigma nuevo, porque incluso las palabras que se usan para explicarlo son nuevas.

El modelo de Kuhn tiene las siguientes fases: 1. Establecimiento de un paradigma. 2. Ciencia Normal: Los científicos usan el paradigma para explicar su ciencia. A medida que lo van usando se acumulan paradojas, es decir, ciertas observaciones que van en contra el paradigma. 3. Crisis: Las paradojas se acumulan a tal grado que causan una crisis. Los científicos pierden confianza en el paradigma inicial. 4. Revolución científica: Los científicos empiezan a probar cualquier teoría. Se proliferan teorías. Esto fuerza que los científicos discutan los fundamentos. 5. Establecimiento de un nuevo paradigma: Nace un nuevo paradigma que cambia el mundo científico. Este nuevo paradigma no sólo es incompatible con el anterior, sino que también es inconmensurable. Es decir, ni siquiera se pueden comparar, puesto a que las palabras y unidades de medida son diferentes. Nuestro cerebro funciona asociando cosas que hemos percibido anteriormente. Cuando vemos algo, sabemos lo que es, porque hemos visto algo similar anteriormente, pero a veces nos equivocamos por culpa de nuestros paradigmas.
Los cuatro paradigmas básicos dela ciencia son:

Positivismo:
El positivismo lógico, se asienta sobre factores epistémicos, hechos empíricos y razonamiento lógico. Según esta perspectiva, el progreso científico está ligado a procesos de reducción de teorías, destacando dos tipos; uno por el que una teoría científica suficientemente probada extiende su campo de acción a otros fenómenos que habían sido estudiados de manera diferente, reduciéndolos a sus propios términos y marco teórico, y otro que consiste en la inclusión en una teoría científica más amplia de otras que estaban bien establecidas y aceptadas en sus propios dominios.

El positivismo contempla a la ciencia como un intento de codificar y anticipar la experiencia y, más aún, considera que el método científico es el único intento válido de conocimiento, basado en los datos observacionales y las mediciones de magnitudes y sucesos. Así pues, una de las tesis básicas del positivismo lógico es el dogma de la unidad y universalidad del método científico. Se desarrollan teorías y leyes para correlacionar datos empíricos y, por tanto, la teoría verdadera es la mejor contrastada, esto es, la que se ajusta mejor a todos los datos observacionales, denominada teoría empíricamente adecuada. La verdad de la ciencia consiste en el mejor grado de bondad en ese ajuste, que determina la adecuación empírica de las teorías. En definitiva, sólo son creíbles aquellas proposiciones cuya verdad pueda establecerse por medio de observaciones. Además, el positivismo sostiene la existencia de un criterio radical de demarcación entre la ciencia y la no-ciencia, que sería la aplicación de dicho método científico único y universal, consistente en un conjunto de reglas objetivas y universales para el diseño de experimentos y la evaluación de teorías que aseguran el éxito y el progreso. Para los positivistas la ciencia progresa en la medida en que las teorías pueden predecir y explicar más que sus predecesoras. Los positivistas lógicos identifican la filosofía de la ciencia con la epistemología científica, o más propiamente reducen la primera a la segunda.

En los años treinta Reichenbach estableció explícitamente que la tarea a realizar por los epistemólogos era la reconstrucción lógica. Según Reichenbach, los filósofos de la ciencia no tienen por qué ocuparse de cómo se llega a producir el descubrimiento científico (su génesis), sino de los resultados finales de la investigación científica expresados en artículos o libros (hechos descubiertos, teorías elaboradas, métodos lógicos empleados y la justificación empírica de las consecuencias y predicciones derivadas de las teorías). Desde esta perspectiva la filosofía de la ciencia se convierte en una metaciencia (una ciencia de la ciencia), concentrando su objeto de estudio exclusivamente en el conocimiento elaborado. Este reduccionismo de la ciencia al conocimiento puro, descuidando los aspectos prácticos de la actividad científica y tecnológica (y la actual tecno ciencia) es otro de los numerosos aspectos por el que los positivistas lógicos han sido muy criticados.

Relativismo
Los parcialmente fallidos intentos de codificar la metodología científica por los positivistas lógicos del Círculo de Viena, Popper y otros epistemólogos de la primera mitad del siglo XX, han conducido, en determinados ambientes intelectuales, a un escepticismo que en ocasiones resulta bastante irracional: el relativismo. La publicación del libro de Kuhn La estructura de las revoluciones científicas marcó una nueva etapa en la filosofía de la ciencia del siglo XX y en los estudios sobre la ciencia en general, estando asociada con el nacimiento del movimiento relativista. El relativismo considera a la ciencia ante todo una actividad social y humana, una más de las emprendidas por la humanidad para lograr conocimientos sobre el mundo, y, por tanto, se la contempla como una vía más de conocimiento, ni exclusiva ni excluyente de otras distintas, pero igualmente válidas para dicho fin. Por la consideración e importancia concedida a los aspectos personales (intereses, creencias propias, etc.) y contextuales (sociales, relacionales, políticos, económicos, etc.) y su influencia en la generación del conocimiento científico (el contexto de descubrimiento), el relativismo ha sido tildado de introducir aspectos psicológicos y subjetivos en la epistemología de la ciencia. La tesis básica del relativismo sostiene el falibilismo extremo de la ciencia (y, en general, de cualquier forma de conocimiento humano): las pruebas, especialmente las empíricas, no son decisivas para conformar las verdades científicas; es decir, las afirmaciones sobre el mundo no provienen exclusivamente de los datos observacionales. En resumen, se puede considerar que el relativismo defiende tesis epistemológicas extremas, tales como la inconmensurabilidad, el holismo y la infradeterminación radical, que han actuado como importantes estímulos intelectuales en el avance de la comprensión de la naturaleza de la ciencia. Sin embargo, el relativismo radical también ha recibido críticas muy fuertes, especialmente durante la última década del siglo XX, tanto desde la filosofía (con autores como, Bunge, 1999; Laudan, 1990, 1996), como de la propia ciencia (por ejemplo, Sokal y Bricmont, 1998; Wolpert, 1992).

Realismo
Aunque hay muchas formas de realismo, habitualmente se suele denominar así a la posición que se basa en la existencia de algún tipo de correspondencia entre las creencias sobre el mundo y éste mismo. De otra manera, los realistas típicos, cuyo representante más notable es quizás Karl Popper (1972) con su racionalismo y realismo crítico, creen que las descripciones del mundo hechas por la ciencia mantienen un elevado grado de correspondencia con el propio mundo natural. Esta definición está muy próxima a otra de Putnam (1975, p. 210): "Cuando un científico con mentalidad realista [...] acepta una teoría, la acepta como verdadera (o probablemente verdadera, o aproximadamente verdadera, o probablemente aproximadamente verdadera)".

Así pues, los planteamientos realistas más duros parten de considerar que el objetivo de la ciencia es buscar teorías verdaderas según un criterio de racionalidad, representado por la superación de muchos intentos de falsación, es decir, de demostrar que la teoría falla. Desde este punto de vista, se hace de la verdad un objetivo de la ciencia y no un atributo de las teorías científicas, pero, desde otros puntos de vista, no es necesario identificar con el realismo la búsqueda de la verdad como finalidad de la ciencia para ser realistas. En lo que se refiere a esto, la posición realista de Popper se basa en los niveles de apoyo empírico de una teoría, que se consideran individualmente necesarias y, en conjunto, suficientes: Se rechazan las teorías que no se adaptan a los fenómenos conocidos Se prefieren las teorías que hacen predicciones sorprendentes. Se eligen las teorías que explican fenómenos de rango más amplio. Se opta por aquellas teorías que ofrecen una explicación única de un fenómeno. Los realistas popperianos aceptan con reservas la noción del caso límite de las teorías superadas; sólo las consideran válidas para los elementos cuantitativos, ecuaciones y datos, pero no para las afirmaciones cualitativas (por ejemplo, el caso del espacio-tiempo absoluto de la física relativista). Las principales críticas al realismo popperiano se centran en la aceptación, ni bien explicada ni justificada, de la correspondencia entre ideas y mundo, en la distinción artificial entre lo teórico y lo observacional (dualismo muy criticado por el relativismo) y en la falta de consideración de los intereses personales y sociales imbricados en la actividad científica.

Pragmatismo
El pragmatismo se fundó en los EE.UU. por C.S. Peirce en el siglo XIX. Este filósofo reemplaza verdad por método, lo que garantiza la objetividad científica; la verdad es lo que el método científico establece, si la investigación continúa el tiempo suficiente. Peirce niega el principio de correspondencia como criterio de verdad, que es propio del realismo metafísico y del realismo científico. También afirma que algo es real cuando una comunidad de científicos acaba poniéndose de acuerdo en su existencia. Para Peirce el progreso en el conocimiento científico depende del mayor o menor grado de proximidad a los fines de la ciencia; se progresa cuando se producen teorías mejores y más fiables, criterio que implica un cierto diacronismo y una clasificación no arbitraria de los fines de la ciencia, sino empíricamente apoyada. En la época contemporánea, el realismo interno o pragmático de Putnam (1981, 1987) se alinea en parte con las tesis de Peirce al sostener que los métodos de investigación pueden evolucionar y crecer, construyéndose así nuevas formas de razonamiento. Las posiciones pragmatistas, funcionalistas o instrumentalistas, se caracterizan por considerar la ciencia un instrumento cuyo objetivo es producir teorías capaces de superar contrastes empíricos más exigentes, lo que las hace más fiables. El pragmatismo distingue los objetos reales del mundo y los teóricos (idealizaciones) de la ciencia, que describen a los otros. Así mismo, desplaza el acento negativo del realismo de Popper en la falsación de teorías hacia las contrastaciones superadas; si una teoría falla al resolver determinados problemas no es razón suficiente para descartarla. El instrumentalismo también admite la existencia de progreso en las teorías científicas, pero éste no es el concepto acumulativo y lineal de los positivistas, sino que resulta no lineal, relativo y con pérdidas, porque los fines de la ciencia propuestos desde el instrumentalismo también son cambiantes y relativos.

Una teoría es mejor si supera contrastaciones más exigentes que sus rivales no han pasado, las cuales tampoco superan las pruebas donde pudiera haber fallado la primera. Ahora bien, la selección de una teoría no es definitiva, tan sólo significa que ha superado contrastaciones más importantes que sus competidoras en un momento histórico. Aunque el pragmatismo no propone que la ciencia pueda validar conocimiento manifiestamente erróneo, sí sugiere que hasta el programa más fantasioso podría ser fecundo, gracias a la creatividad concertada de un equipo. En otro orden, el pragmatismo coincide con el realismo en que las teorías pueden ser equivalentes empíricamente, esto es, pueden compartir una misma base de pruebas empíricas. Esta tesis implica la negación del principio relativista de infradeterminación, admitiendo la posibilidad de contrastar hipótesis aisladas. Frente al punto de vista de Kuhn, se sostiene que los cambios no son siempre revolucionarios, sino más bien se dan de forma evolutiva, gradual y continua (Toulmin, 1972). Por último, el instrumentalismo admite el concepto de paradigma científico, pero difiere de manera radical del relativismo en cuanto que no considera las reglas metodológicas como simples convenciones, sino en el mismo nivel que las teorías científicas. Las pruebas empíricas son pertinentes para ambas: las teorías se aceptan cuando funcionan y las reglas si muestran su capacidad para seleccionar las teorías más fiables. Las reglas de la ciencia se evalúan cuestionando si funcionan, esto es, si conducen a predicciones efectivas del mundo natural y a intervenciones eficaces en él. Tales reglas afirman una manera de narrar diversas historias evolutivas posibles, reflejan una serie de valores para promover los objetivos de la ciencia, buscar explicaciones fiables, aplicables, racionales y anticipatorias de experiencias futuras. Un punto débil del pragmatismo, que le ha supuesto una importante fuente de críticas, es la diferenciación que hace entre entidades teóricas y observacionales. En efecto, adopta una actitud inductivista que le lleva a afirmar solamente aquello que provenga con seguridad de una observación fiable, pero esta posición se ve socavada porque todos los enunciados observacionales dependen de las teorías y, por tanto, son falibles.

2.4 Las comunidades científicas.
Se les considera comunidades científicas a aquellos grupos en los cuales el cuerpo total del grupo son científicos, y existen interrelaciones e interacciones. Se divide normalmente en "sub-comunidades", cada una trabajando en un
campo particular de la ciencia (por ejemplo existe una comunidad de robótica dentro del campo de las ciencias de la computación). Miembros de la misma comunidad no necesitan trabajar en conjunto. La comunicación entre miembros es establecida por la diseminación de trabajos de investigación e hipótesis a través de artículos en revistas científicas que son revisadas por pares, o asistiendo a conferencias donde nuevas investigaciones son presentadas e ideas intercambiadas y debatidas. Existen también muchos métodos informales de comunicación de trabajos científicos así como resultados, aunque la verdadera validez e importancia de cada uno, dependera de cada subcomunidad. Histórica y actualmente los científicos han usado una variedad de métodos para determinar quién pertenece o no a la comunidad científica, lo cual es generalmente requerido para determinar qué campos de investigación pueden ser marcados como "ciencia".

En la actualidad las comunidades científicas deben asumir una serie de compromisos frente a la crisis social. En estas circunstancias, las actividades de los laboratorios y de los centros de innovación tecnológica se mezclan cada vez más con cierto nivel de activismo social demostrando así que las actividades científicas y tecnológicas tienen un alto nivel de compromiso con las transformaciones sociopolíticas.

Una aproximación al desarrollo tecno-científico, debe necesariamente incorporar el estudio de sus comunidades científicas, teniendo en cuenta tanto sus nexos sociales internos, en calidad de grupos humanos heterogéneos y complejos, así como la dimensión externa, a través de la “utilidad social" del conocimiento que producen. Para algunos, hablar de “utilidad del conocimiento”, no deja de ser una herejía, que contradice los principios éticos y morales de la ciencia. Por tal razón, es necesario precisar que estamos aplicando la misma, partiendo de un enfoque social de la ciencia, convencidos de expresar tanto su apropiación social, a través de la participación pública, como su impacto generalizado en la sociedad y en la naturaleza. Las comunidades se ven obligadas a desempeñar roles específicos y estrictamente diferenciados, con respecto tanto a la razón de su ser interno, como al juego de la competencia en que se debate el conocimiento mundial. Las comunidades científicas desarrollan una serie de relaciones, de cooperación o de conflicto con relación tanto al paradigma que comparten o no con relación. En cuanto al reconocimiento externo se refiere este se presenta acompañado de la eterna lucha por legitimar su actividad. El afán de reconocimiento así como la factibilidad de poder aplicar sus saberes, choca con los estrechos marcos de apreciación del conocimiento, en sociedades poco desarrolladas. Así autoestima, estímulos, desestímulos, reconocimiento y desconocimiento juegan su partida en el juego de la opinión pública y del Estado con relación a la comunidad científica, unas veces a favor y otras en contra, de la sostenibilidad de comunidades científicas. Los patrones culturales, desempeñan un papel muy importante, así como el grado de reconocimiento institucional y social que haya alcanzado la ciencia y la tecnología, en cada espacio territorial lo que bien podíamos describir como periferias regionales. En consecuencia, los problemas del conocimiento, son tan locales como nacionales. En este orden de ideas se les exige a las comunidades investigativas, partiendo del conocimiento de sus propias realidades que sepan cuándo, cómo y dónde aplicar la ciencia y la tecnología con el fin de mitigar las convulsiones sociales. De otra parte, es importante considerar que en sociedades inmersas en la complejidad de un conflicto bélico, la agenda investigativa adquiere un orden de prioridades específico, ya que para el apoyo a dichas comunidades, deberán mostrar que sus investigaciones son del tipo bélico debido a la situación local. Las comunidades científicas deben por lo tanto, asumir un compromiso ético con el futuro del país. Porque de continuar la situación actual frente al desarrollo científico técnico, corre serio peligro de desviar la ideología de la ciencia como lo es el aprendizaje por el beneficio de la humanidad. Por otra parte, llegar a todos los espacios del tejido social no es tarea fácil, cuando tradicionalmente se ha considerado que la ciencia y la tecnología, están por fuera y por encima de la sociedad. Esto representa un grave desenfoque porque en las realidades nacionales sucede todo lo contrario, ambas son productos sociales, que crecen o se estancan de acuerdo a determinadas circunstancias históricas. Las comunidades científicas deben entonces aprender a llegar a la comunidad, escuchar sus demandas y traducirlas en soluciones técnicas y científicas. Para ello se exige un equipo investigativo comprometido con su entorno, conocedor de sus necesidades y ampliamente receptivo frente al valor de las sabidurías locales. Tiene que romper esquemas, aprender un nuevo lenguaje, popularizar su saber y demostrar la eficiencia social de su aplicación. En tales condiciones, los científicos tienen que aprender a hablar y más que ello interpretar el lenguaje de su tejido social inmediato. Así interactuando en diferentes espacios, el científico aprende y enseña, valora y auto

valora sus aportes, es crítico y autocrático, reconoce y se reconoce a sí mismo como agente social de transformación, paz y desarrollo. Los científicos deben ser grandes innovadores sociales dentro de espacios y realidades diferenciadas, aún al interior del mismo país. Sus retos ya no sólo se plantean en términos de la necesidad de adquirir y asimilar nuevos conocimientos, sino desarrollar el ingenio y la creatividad local y la competitividad endógena. Se considera que al interior de cada comunidad existe un lenguaje cognitivo unificador capaz de llegar a otros espacios tanto afines como divergentes. Si bien las comunidades deben actuar bajo referentes específicos a sus saberes propios, ello no debe ser impedimento para conformar espacios abiertos a nuevas líneas y alternativas. Claro está que este es un paso difícil de dar, cuando se trata de grupos cerrados, celosos y a veces hostiles entre sí. Fenómeno que naturalmente obstaculiza los procesos de socialización que deben caracterizar la producción de conocimientos. De todas formas, las actividades científicas como fenómenos colectivos, no escapan a la complejidad inherente a los grupos humanos, con protagonismos, emociones y ambiciones de todo tipo. Frente a los enormes problemas políticos y militares, que convulsionan al mundo moderno, el dilema ético sobre la ciencia necesariamente se convierte en tema obligado de debate científico. Surgen entonces serios interrogantes: ¿qué tipo de ciencia necesitamos?, ¿Cómo salir del subdesarrollo? ¿Cuál debe ser la visión – misión de las comunidades científicas-?, ¿Cómo encontrar la utilidad social del conocimiento?, ¿Cuáles son las reglas que debemos seguir?, ¿Existen modelos a imitar?, ¿Cuáles son las prioridades? ¿Cómo definir las agendas investigativas? Y posiblemente la pregunta mas importante de todas ¿Para qué sirve el conocimiento en este mundo actual? Todo esto sucede en un mundo de complejidades y rupturas en donde los agregados científicos y tecnológicos desempeñan un gran papel. Cambiando así los escenarios, los actores, la producción, el consumo, los patrones de conducta y de comportamiento social frente a la tecno ciencia. En un mundo de tecnocultura, tecnoproducción, tecnoindustrialización, tecnoguerras, etc. cuando el conocimiento adquiere nuevas características económicas y la tecnología tiene que rendirle cuentas a la humanidad y muy especialmente a las naciones marginadas de la misma y porque el desarrollo de la tecnología llegó para quedarse, marcando las fortalezas de unos y profundizando las debilidades de otros, pareciera que el presupuesto de Eduardo Galeano que divide a ganadores y perdedores se convirtiera hoy en la esencia misma del paradigma de la globalización.

CONCLUSION
El desarrollo histórico de la ciencia como conocimiento y como forma de conocer ha sido tan importante para el desarrollo de los países como la propia agricultura, minería o ganadería, etc. Es por tal motivo que es necesaria para el desarrollo de un país, así como el desarrollo de tecnologías y su aplicación a la resolución de los problemas cotidianos del mismo y es necesario utilizar el conocimiento para mitigar el subdesarrollo en la sociedad en general, y poder proveer de mayor confort protegiendo también nuestro entorno y cuidando la naturaleza para que el planeta y los seres humanos podamos coexistir como entes afines y no como rivales.

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