CONTRA LA PARED

MANUE L SÁENZ

I

Las mullidas patas de la enorme rata emitían el justo sonsonete para poner en guardia a mi padre. Con suma cautela se levanto. Cogió una de sus albarcas de neumático de camión y arrinconándola tras tenaz persecución aplasto repetidas veces con desatada furia su cuerpo gris. La deforme y sangrante masa asida por su cola fue arrojada por la ventana. Ya despiertos por el tumulto y despuntando el día mis padres en silencio comenzaron a vestirse. Era Navidad, indudablemente, cansadas de grano las ratas querían su ración de turrón. Hacía un frió siberiano. Los cristales velados por un neblinoso vaho apenas dejaban entrar la primera claridad del día. La habitación de mis padres, gélida y amueblada con oscuros muebles, solo mantenía el calor humano bajo la espesura de cuatro mantas muleras. Mantas zamoranas de cuadros marrones y blancos cuya pesadez impedía cualquier movimiento. Embozados hasta la nariz mis padres 2

formaban un perfecto refugio. En el centro de ese cálido abrigo nace la primera imagen del mundo, que rebobinando la película de mi triste vida consigo plasmar al cerrar los ojos. antiguas fotos. Al llamar triste a mi vida no quiero entonar un canto victimista. Solo quiero atestiguar en mi defensa que la búsqueda de la felicidad y la esperanzadora luz ha sido el primordial objetivo de mis actos, Más atrás solo existen

racionales e irracionales, en este asqueroso mundo. Irracionales por buscar la paz y la serenidad a mi inquieto espíritu, obviamente, por los caminos más bien veredas o trochas del arte de la observación en la lejanía. Siempre manteniendo cierta prudente distancia. Contra la pared, extraño titulo. Suena a castigo colegial, o a comisaría triste y gris, fascista. Pero en mi singular caso se reduce a Rebeldía. Constante y sonante contra lo que la vida me guardaba predestinado. Y no me vengan con el cuento de que el destino no existe. Que cada hombre forja día a día el suyo. A estas alturas creo que solo forjan su destino los que les viene dado en su nacimiento. Como el color del pelo, la nariz aguileña o la belleza griega. Los hijos del alma inquieta, nervio enloquecido, y ansia insatisfecha, sufrimos hasta la muerte. Contra la pared que forma el resto del mundo. Unos escuchan voces interiores, y no me refiero a la locura ni a la esquizofrenia, no, podemos pasar por personas normales. También podemos triunfar, 3

autor de “La conjura de los necios”. en fin. sí. y estar tan jodidos. o una genialidad talentosa. Y que 4 . Cuando nos arrepentimos. J. Nosotros. Del rock a la literatura.K. Los triunfadores son duros.Toole se suicido ante el rechazo editorial de su mejor obra. justo es decir que J. la cartera vacía.Cobain). y muchos más. riéndonos.Hendrix. también poetas y literatos: Cesare Pavese. la esperanza lejos. que somos fuertes. al contrario John Kennedy Toole. J. No. magistral escritor. justo después de recibir un premio literario por su libro “El bello verano”. Que sabemos lo que se siente cuando la nevera está vacía. sabemos que simplemente no aguantaban más contra la pared. no solo estrellas del rock. que jugamos a ganar nuestros gloriosos quince minutos de fama. el mundo del cine. Lo fueron en la ascensión. Una vez arriba las mieles del éxito penetraron en sus venas y se adormecieron con la nana de los aplausos. tantas vidas prematuras se han llevado el éxito como el fracaso. K. La gente se sorprende cuando una estrella del rock se suicida o se autodestruye: Jim Morrison. de mandar a tomar por el culo a un jefe fascista y cabrón. Que conducimos sin seguro ni carné en noches de protectora lluvia (a la Guardia Civil no le gusta mojarse). “will generation dead 27”.pero a solas con nuestro triunfo es cuando más contra la pared estamos. No aguantaban tener fama y dinero. del amplio y ancho espectro del arte. Joplin. Pero nosotros.

padres. nuestro querido y personal abismo. facturas. sabedores del sufrimiento. Ahítos de ansiedad por recuperar fuerzas y lanzarnos voluntariamente al abismo. y podemos mirarnos al espejo todas las mañanas sintiéndonos los amos de nuestro destino. Sí. Rebeldes pero responsables dentro del orden de nuestra responsabilidad ante este mundo al que culpamos de nuestra desdicha.respiramos aliviados cuando sudando sangre y hiel en trabajos mal pagados. Que lloramos ácido biliar cuando la financiera se lleva nuestro coche. perdón 5 . Pero no se pierde el alma. manicomios. y no tenemos un duro para vino aleja penas. ¿quién nos ha dado nuestros momentos de gloria? Dios. trabajos. la rebeldía se paga. patria. a tumba abierta. no amigo. pagamos la entrada en la normalidad rutinaria (multas. casas. Poder que nos golpea suave para no dejar marca. a los que tomamos el camino a seguir con el corazón y no con la pensante cabeza. trabajo. Porque si has llegado hasta aquí leyendo. Se pierden mujeres. Que queremos emborracharnos para olvidar nuestra oscura pared. No quieres integrarte. toma hambre y desahucio. no. hacienda). Solo quiero constatar los hechos. No ha sido la obediencia sino la rebeldía contra la mentira hipócrita del poder. ciudades. No quiero hacer apología de viejas doctrinas ni salir a la calle a quemar cajeros. Porque a los hijos de Caín. Circunstancias que llevan a buenas personas a las cárceles. te puedo llamar amigo. mis hechos.

Porque está vacío y muerto en su limbo de seguridad académica. el que avisa no es traidor. su torero. ningún error semántico. Lee y suspira aliviado por que no le ha tocado a él. sentados ergonómicos enfrente de ordenadores de última generación exprimen sus gastados cerebros. Si quiere escribir sobre la vida tiene que imaginársela. Solo soy un pobre hombre con ínfulas literarias. de la inevitable y desoladora llegada del lunes. y luego una esperanza para seguir adelante. Desde sus áticos de diseño con una copa de vino blanco helado. La gente se sorprende cuando lee el periódico y busca las páginas de sucesos: Violaciones. Lo sé. Pero ya está bien de demagogia. mujeres maltratadas. Contemplando a su joven amante despojarse de alambicada lencería parisién. la drogadicción o a ser morador perenne de la pensión de la Luna. irreprochable trabajo de artesano que no tiene nada que decir. buscar primero comida.instituciones psiquiátricas. No han oído un domingo ladrar sus tripas en una sucia pensión del barrio chino barcelonés. Palabras sofisticadas. No he 6 . robos. El cerebro embrutecido de pensar salidas. se envuelve en la cotidianidad de su vivir: su fútbol. Se refugia en su vida gris. Con la incertidumbre lacerante del paso de las horas. Quería avisar. casi todos los escritores escriben sobre lo que no han vivido. al alcoholismo. su perro.

peor para él. por cobardía o porque nunca quise perder el bien más preciado de mi vida: mi LIBERTAD. Mi padre había ganado una guerra civil. No sé. II Mi madre era cocinera y mi padre pastor. sí sería. La recompensa a su inocencia perdida. al recuerdo imborrable de la inútil sangre derramada. ni violado. sangre y cicatrices. no sé. 7 . siempre solo con todo el día para recordar batallas. fueron dos balazos. Pataleaba y golpeaba a mi sufrida madre que trataba de que volviera de sus sangrientas pesadillas. ni matado. Mal oficio el de pastor. Mi padre soñó todas las noches de su vida con la guerra. Mi madre era la cocinera de un terrateniente soltero. Mi madre llevaba un misal con recordatorios mortuorios de jóvenes muertos en ambos frentes (dos de ellos fugaces novios). una medalla de chapa y una paga testimonial de mutilado. La llevaba al cine y la quería llevar a volar. Hubo hasta un piloto alemán que se enamoró de ella. si fue uno de ellos.robado. de los que bombardearon Guernica.

8 . de la cerveza al trasiego constante de leche aterido de dolor por sus ulceras. El campo o el campo santo”. De radio Luxemburgo a radio Nápoles. Asumió el papel de exiliado en su propio país. Su alcoholismo descendió en una escala de intensidad. hija de republicano fusilado. su cocinera y sus peones. Pelada al cero. oveja negra de familia enriquecida en la guerra. dandi clásico. Mujeriego. Con sus mastines. Solía pasar las noches escuchando un sofisticado aparato de radio comprado en uno de sus viajes a Andorra. u obligada puta. Con los dedos amarillentos de nicotina martirizaba el dial de un lado a otro. Vacío de apego a la vida.Bohemio y alcohólico. Hasta que un amigo médico le dijo a la temprana edad de treinta y cinco años: “Rafael. Había derrochado su salud por las calles del Madrid de posguerra. Falta de recursos. Solía viajar en compañía de alguna sentimental amante. Insomne cobarde envuelto en el dulce humo de innumerables cigarrillos rubios. Asustado se recluyó en una finca de su familia. Del güisqui se pasó a la cerveza. salvada de los lujuriosos moros de Franco gracias a la intervención del enlace de un coronel que encaprichado de su lozanía la requiso para su exclusivo disfrute. viciosas manos enfundadas en guantes amarillos de piel de camello. de un vals a una tarantela. bebió de la mañana al alba en su privilegiada situación o tal vez a causa de ella.

mi madre. 9 . envuelto en el humo de sus innumerables cigarrillos. su desértica Abisinia era la estepa aragonesa. nunca reflexiono sobre sus actos. Como comprenderán a un niño de cuna meterlo en una habitación llena de humo y en compañía de un alcohólico sifilítico (su nuca. maldiciendo el amanecer por que deseaba que la noche no terminara nunca. con toda la buena fe del mundo. extraños idiomas. Como hacia tantísimo frío en la estepa aragonesa. cuando ella y mi padre a primera hora abandonaban el lecho. Con su bastón asiento y sus dos blancos mastines. sus rijosas peticiones a cambio de dinero y promesas de tenerla en nómina. rey desterrado del desolado paisaje de su finca. siempre tapada por el greñudo cabello y pañuelos de seda. Todo un personaje “rimbaldiano”. se sentía cómodo.aceptaba su maltrecho cuerpo. Pero así era mi madre. simplemente. no era mala. Tiraba piedras al sol en un surrealista gesto. paseaba sus greñas y fulares de seda sulfurosos de antaño vicio. acostumbraba a envolverme en una manta y meterme en la cama de su amo y señor. escuchando lejanas músicas. Al abrigo de la oscuridad. estaba sembrada de quistes sifilíticos supurantes) no creo que fuera lo más recomendable. Solitario de triste figura.

días y días bebiendo) he pensado que aquel aire viciado de mi tierna infancia había penetrado en mi sangre envenenándola y estaba condenado a la esclavitud de la bebida. estaba muy solo. Me montaba con él en sus coches (siempre compraba buenos coches para desarmarlos por agrestes caminos). todo deja secuelas. Pero siempre está la duda inconsciente ¿aquel ser desesperado me trasmitió la angustia existencial que padezco de forma crónica? aquel ser. no sabiendo otra forma de huir que emborrachándome hasta caer enfermo. En la tierra que se acumulaba bajo el volante. Pues metamos al niño. esclavo suyo” Y recorríamos durante horas la finca. no fue así. Si bebía era porque me daba asco el mundo. Siempre que me alcoholizaba (he tenido épocas de beber sin saciarme. todavía. realmente. yo. Afortunadamente. solo que eran los años juveniles en que la muerte era romántica. prueba de su dejadez. calentito en la cama. No. “El coche es mi esclavo. nacían brotes de trigo. Por el amor de Dios.“El amo tan solo. así esta menos solo y el niño caliente”. En la vorágine del cierzo que doblaba los almendros hasta casi postrarlos ante la madre 10 Luego comprendí que . No era un valiente autodestructivo. sin ningún miedo a morir. Pobres coches o afortunados por disfrutar de una vida bucólica y sentirse doblemente vivos.

Y es que ahora que sé como son los ataques de ansiedad por experiencia propia. otoño. 11 . A veces me llevaba hasta donde estaba mi padre con sus ovejas.um. siempre en diferentes coches por los mismos caminos. y siempre tengo unos ansiolíticos a mano. comprendí que aquellos murmullos eran “mantras” para calmar su ansiedad. Imaginar a un hombre hundido en su desencanto y sus humanas miserias en medio del desolado campo con un niño de cuatro o cinco años al borde de un ataque de ansiedad o angustia. Más adelante. Sin miedo.um". En verano. y emitía una especie de ronroneo. primavera. cuando leí a Herman Hess ansioso de encontrar algún tipo de verdad en la amalgama de ideas que pululaban al llegar la democracia. sus fármacos opiodales en la lejana mesilla de noche. pues solo le quedaba recitar monótonamente sus mantras hasta llegar al caserío. fumaba sin cesar. siempre los mismos “um. así incansablemente. Celda metálica. era reclamado por el amo que se impacientaba en el coche parado. indiferentes bajo tormentas de piedra y granizo que arrasaban las cosechas ante sus impasibles ojos azules. invierno. una letanía de murmullos.tierra. como si necesitara mi infantil aura para paliar su latente decadencia. ensimismado en sus recuerdos guerreros. y él complacido sonreía. en mis tiempos místicos. Bajaba del auto. comprendo que tenía que estar muerto de miedo. le daba un beso. No hablaba. Al momento.

Como cuando daba de comer a las perdices granos de pienso que llevaba en sus chaquetas “cheviot”. en honor de la justicia. Vagábamos por desiertos caminos. Pero algo me dice que sufría en silencio cada muerte en la finca. seguramente a consecuencia de la fratricida guerra. había momentos inolvidables. y las perdices salían de sus escondites entre los romeros y las ontinas. era en lo único que coincidía con mi padre. También.No siempre he tenido mala suerte. Amaba a los animales más que a los seres humanos. Mi madre canturreaba incansablemente en la cocina. Mi padre llegaba en su burro “Chamaco” cerrando la actividad del día. pienso que viví aquello. por que cuando pienso en cosas extrañas. cuando llevo dos días voluntariamente sin comer. Que la depresión bipolar me atrape 12 . sintiéndose en la antesala de la suya. mientras con esmero preparaba suculentos platos para tan sibarita dueño. Recuerdo todo esto. y todo me da igual. paraba el coche siempre en el mismo sitio. aunque obligado por las circunstancias (la finca no era de su entera propiedad) tuvo que permitir verdaderas matanzas perpetradas por oligarcas militares de alta graduación y demás fauna franquista. me regodeo en la nostalgia. se acercaban tímidas y comían el grano. mágicos. regresábamos al cálido chalet y contemplábamos el fuego de la chimenea escuchando música clásica en la radio. satinada su chaqueta de pana negra por el aguanieve. Como lo cuento. Nunca practico la caza.

Irónico proclamo: “Mi reino no está en este mundo”. leer: sobre la guerra del Vietnam. pero jamás volvieron a darme un libro para niños.de una vez. la Mesta. Mecánica Popular. Es curioso. casi todo fue una soberana mierda. porque con el 13 . No todo fue sobre ruedas. Blanco y Negro. lo que siguió a continuación. Rafael todo un lote de periódicos y revistas ilustradas: París Mach. Porque para mí se convirtió en mi única ocupación. Después de aquellos edénicos años. una publicación ganadera castellana. No sé si me olvidare de alguna pero todas estas publicaciones llegaban regularmente hasta el páramo donde habitábamos. Todas estaban al alcance de mi recién aprendido oficio. las palabras tomaban significado y me abrían puertas hasta entonces cerradas. sobre mecánica. Recibía por correo D. sobre las fiestas y cacerías que daba el Generalísimo. todo con siete años. una revista agrícola argentina “La Chacra” (la finca. Comprendéis por qué estoy algo tocado del ala. Leer. casi con desesperación. el ABC. Life. blasfeme. me lleve la sempiterna bofetada de la católica de mi madre. entre humo dulce de tabaco rubio. maldije. National Geographic (en inglés). aprendí a leer. que acabe tirado en la calle bebiendo vino. sobre las granjas argentinas. Cuando leí “Peter Pan”. Reader’s Diggers. leer. Cumplí la edad del entendimiento. Rápidamente. Aleluya. el cortijo en argentino).

todo a mi alcance.transcurso de los años. Pase a Salgari. envueltos en la niebla matinal nos dirigíamos por el bacheado camino hacia mi integración en el mundo escolar. Antes de llegar había una fábrica azucarera con su poblado de trabajadores. teatro clásico. me han acusado de vivir bajo el síndrome del personaje creado por Barrie. Había de todo: novela negra. A los ocho años decidieron que tenía que tener contacto con los demás especímenes de mi raza. nunca he podido librarme de su bendita maldición. La finca distaba sus buenos diez kilómetros del pueblo. Pero como nadie me vigilaba. Se decidió por unanimidad que mi padre a bordo de su burro “Chamaco” me llevara al colegio de la azucarera. descubrí un paraíso lleno de selectos frutos. arrebujados en una manta de cuadros zamorana. Craso error. Partíamos con las primeras luces en el apacible asno. los restantes niños. su pequeña escuela. insalvable claro. con la llave de un baúl que estaba en la bodega de los vinos. filosofía de antes de la guerra (prohibidísima por el franquismo). A la 14 . poesía. Fue de espanto. y su beatifica iglesia. Aquel baúl fue el sarcófago de Tutankamon. Al abrirlo por primera vez el aroma de los libros largamente prisioneros me elevo a los cielos de la salvación. Nunca sospeche que aquel descubrimiento sería en el futuro como un virus maligno que me llevaría a leer compulsivamente. Olvidándome de prestar atención a las demás enseñanzas necesarias para llevar una vida sana y normal.

Mi católica madre lloro como una magdalena. dije. y los mastines. Así era de dura la vida. es que ha muerto.primera mención de Dios. y después de rezar a todos los santos. y al enterarse de lo ocurrido cogiéndome de la mano le dijo a la beata maestra: “Usted es joven. ha muerto” según afirmaba un filosofo alemán. Yo. la muerte espiritual de su único hijo. mi padre volvió a sus ovejas y pesadillas guerreras. Volví a mi rincón junto a la chimenea con mis revistas. Había deseado con todas sus fuerzas a sus treinta y ocho años tener un hijo. Rafael asumió mi educación. Cogimos el burro y volvimos por donde habíamos venido. mis libros. un Anticristo. si acaso pájaros y nubes. Mi madre volvió a rezar por mi salvación eterna. D. no conoció la guerra. y D. Si mi hijo dice que Dios ha muerto. Rafael al ser informado de mi hazaña rompió a reír como nunca lo había visto reír. Aquí no tienen nada que enseñarte”. que soy mutilado de guerra le digo que encima de las tejas no hay nada. hijo. vámonos. Va. Sin poder reprimirse ante el monstruo que tenía delante me soltó dos sonoras bofetadas que fueron contestadas por dos patadas mías a sus espinillas. que había buscado a un pastorcillo para que le cuidara el ganado. por si no se había enterado la burda maestra: “Dios. Estaba salvado al menos por ese año. había tenido dos abortos. Mi 15 . y al final. Llamaron a mi padre.

los peones eventuales nuevos para mí me gastaban bromas. nos envolvíamos en pieles de cabra imitando a los esquimales. Los almendros en flor y mi madre en el huerto cogiendo las verduras de la cena. ¡y tenía que llevar pantalones cortos! Ni atado.año escolar sabático fue sencillamente maravilloso. terco como una mula. Mis estudios seguían por buen camino al ritmo anárquico que D. acarreaba leña. El frío invierno junto a la chimenea leyendo. Nevaba y jugaba con los perros. Mi mayor alegría era cuando 16 . Me encantaba tumbarme desnudo en medio de ellos. Rafael sacaba fotos. Llegó la primavera. Todo era un aluvión de sensaciones placenteras. Trabajaba en las maquinas. los campos de trigo refulgentes en su verdor formaban mi sabana africana. o descansando mis ojos en la contemplación de los campos castigados con furia por los elementos. las maquinas cosechadoras salieron de su largo letargo. Nos reíamos del intenso frío. Todos los chicos de mi edad gastaban pantalones cortos. Me llamaban mil hombres y les hacía gracia que blasfemara como ellos. Ayudaba a engrasarlas incluso les sacaba fútil brillo. daba rienda suelta a mi naciente sexualidad. Mi madre y yo. ayudaba a mi padre con el ganado. a rebajarme a la condición de niño. me relajaba hasta conseguir apaciguar mi rabia. pero me negaba en redondo. Rafael les imprimía. Llego el verano. D. Madrugaba. Oculto por los débiles y altos tallos. respirando su aroma a savia en crecimiento.

Se iba Paloma de regreso a la ciudad. Silencioso como un fantasma. De mi misma edad pero civilizada me enseñaba juegos desconocidos asombrándose de mi docilidad. Trabajaban con tesón llenando los ásperos sacos de arpillera con dorados granos que brotaban sin cesar por la tolva cual fuente de prosperidad. porque no se desprendía de ellas ni cuando más apretaba la canícula. Cazar mariposas nocturnas de brillantes colores que venían atraídas por la luz de los faroles. Al lado del amo me sentía como el elegido de un Cesar romano. el grano descansaba en los espaciosos almacenes. que a su sombra le llamaban de todo: Sr. Rafael subía a la cosechadora y veía el trabajo de los peones sudorosos en sus ropas azul mahón. si hacían bien su trabajo no se metía con ellos en absoluto. Aunque su máxima aspiración consistía en montar a pelo al dócil “Chamaco. La llegada de Paloma. Días largos. siempre he sido un espía observador. En mis rojas mejillas restos de cola17 . Tirillas. sobrina de D. era como un huracán que cambiaba mis costumbres. Chaquetas. quedaba triste contemplando el polvo del coche que se alejaba. La siega terminaba. Y volvía la paz a la casa. Su madre montaba en cólera al descubrir sus virginales bragas blancas tornarse grises por el roce con el lomo sudoroso del paciente animal. Rafael.junto a D. Azul que el sudor desteñía con su baño de sal. y otros apelativos no injuriosos pues era el mejor amo que podían encontrar. Sabia. siestas pesadas.

entrando y saliendo de los bares con andares y modales de gañanes. embarradas. Rafael los aldeanos me parecían brutos y analfabetos. Pasaba el fin de semana en la finca con mis revistas. se decidió que tenía que ir a la escuela del pueblo. y el resto de la semana en el pueblo. y vidas e hechos de héroes por Dios y por España. Así. En mi inocente recuerdo la ausencia de su olor a niña. las lecciones me parecían estúpidas comparadas con mis autodidactos saberes. Comparadas con mis caminos rurales. Para evitar el subir y bajar diario mi madre acordó con mi tía Teresa que me quedaría pensionado de lunes a sábado. Mis compañeros solo pensaban en jugar como bestias y aprender con esfuerzo a escribir y manejar las cuatro 18 . cuyos profesores acérrimos al Régimen franquista se pasaban el día enseñándonos himnos. Asistiendo a una vieja y mediocre escuela. la televisión que había llegado por aquellos días. un animalillo del campo ilustrado. Mis primeros contactos con el ámbito escolar fueron un shock. canciones falangistas. Allí llegue salvaje como un zorro. limpios y bordeados de esplendorosos campos de cultivo. en medio de las bromas de mis primas que me llamaban “señoritingo” pase un año escolar. Acostumbrado a la elegancia silenciosa de D. Llegó septiembre. Gritando por las calles. No sabía ningún juego colectivo.cao. me parecían una especie de descenso a los infiernos. Las calles sucias y sin asfaltar. El contraste entre mis dos hogares me trastorno por completo. mis perros.

gente que más tarde al tratar integrarme en su sistema. más joven que mi padre. Mi tío Daniel. Ellos sabían que procedía de la finca. aburrido de las novelas de la radio. me peleaba por ello y ello me causaba tal dolor que me inventaba gripes. a la paciencia de mis primas Carmen y Teresa. que era “el hijo de la cocinera”. pues esa semana ya no tenía que pisar el pueblo. Me subía al pescante del carro.reglas. Enseguida creé un muro entre ellos y yo. Padre de dos hijas. no había conocido la guerra. Dicharachero y campechano gozaba de mostrarme como su sobrino “el del monte”. Lejos de toda aquella vulgar gente a la que detestaba. Juntos bajábamos al huerto por verdura y recogíamos caracoles tras las lluvias. pude sobrellevar aquellos ataques sin motivo. echaba de menos haber tenido un hijo para llevarlo al campo y enseñarle sus saberes. sin los remiendos y herencias que arrastraban sus raídas vestimentas. me insultaban por ello. me destruyeron. y comentaba las incidencias lastimeras de la radionovela. 19 . Gracias al cariño de mis tíos. enfermedades. para poder quedarme en la finca. Cuando al calor de la estufa. Esa semana la pasaba en mi cómodo mundo propio. al intentar formar parte de su mundo. las invernales horas se eternizaban. comprada en la ciudad. Mi ropa era buena. Si conseguía estar enfermo ficticio hasta el jueves estaba salvado. y ufano me llevaba a ver sus viñas. pergeñaba un futuro ajuar. solía enfurecer al abigarrado elemento femenino que cosía sus labores.

y las putas que recalaban por la finca en las cenas que organizaba D. Comer. ¡Ay. levantaban los ojos de la labor para replicarle furiosas: ¡Otro burro. auténticos borrachos gorrones. Todo lo que engrandecía a la clase dirigente. beber. chicas de quince años más o menos. salía en mi defensa. mis tías. complacido. y encorajinada hacia huir a mis perseguidores. Por la noche me arropaba con cariño y me daba una virgencita fosforescente que llenaba con su luz mis sombríos pensamientos. Entre envidias y rencores llegó inevitablemente la catequesis. Mi tía Teresa era muy religiosa. rica o bien situada políticamente. Escasas pero bien organizadas: buenos vinos. un hijo! Mis primas y tía. pero cuando mis enemigos me perseguían hasta la puerta del corral. Toda aquella parafernalia festiva y burguesa de los años sesenta. matar algunas inocentes liebres desde los coches por la noche. Las piadosas catequistas. fue un descubrimiento de la mujer en toda regla.Me guiñaba un ojo. volvía a cucarme el ojo. volviendo a sus ensoñaciones.Rafael. Hasta entonces mi mundo femenino se resumía a mi madre. Teníamos que prepararnos para recibir a Dios. si el buen Dios me hubiera dado un hijo! Un hijo para comprarle un tractor y trabajar las tierras. Mi tío. buenas carnes y buenos licores. para a continuación suspirar y decir: ¡Ay. puros habanos del nº 1. esgrimiendo la alpargata. mis primas. como tú!. Asistían militares de renombre. 20 . Presumir de puta o de querida.

Pero al oírlas hablar del catecismo. Sirviéndoles güisqui. guapo. joyeros. Volviendo a las catequistas. 21 . almendrillas saladas y vaciando ceniceros. Muy del pueblo llano. embelesadas por sus descripciones del cielo. Cuando observo ahora alguna vieja foto espero que por sus caras de fantoches y sus miradas relucientes de viciosa lujuria estén esperándome en el infierno. A mí me llamaban “secretario. eran muchachas preciosas. Buscador incansable de una salida para un torrente de lava sanguíneo que quemaba mis tiernas entrañas.” Les hacía gracia que a mis ocho años estuviera presente en sus jaranas. herederos de rancias fortunas. pero con el cerebro sobrecargado de vileza inútil por su correr interno. Inteligente. sutil hasta parecer desinteresado. cura tragaldabas que en la guerra había sido capellán castrense de pistolón al cinto. envueltas en incienso. sanotas de prietas carnes. El día de la confesión general se suponía que teníamos que hacer acto de contrición y enumerar la larga lista de nuestros pecados. Eso decía el gordinflón y goloso párroco. Ya he dicho que siempre he tenido la certeza de estar perturbado. sentía una sensación de nerviosismo que ahora identifico con un sádico deseo de arrancarles la ropa y poseerlas allí mismo. inofensivo.presidentes de club de fútbol. Turbios pensamientos en lugar tan sagrado que pague bien caros.

abrió su blusa. la acompañaba un chico mayor. bufando y rojo como tomate maduro. Desierto de lavanderas con una chopera frondosa. parecía estar en el séptimo cielo. unos erguidos pechos sobre una cintura de avispa y un culito respingón que bailaba una samba constante bajo sus vestidos de flores. Deambulé sin rumbo hasta que divise a lo lejos a mi catequista preferida. aburrido de no encontrar falsos pecados que confesar. le bajo las copas del sujetador que elevaron hacia el cielo sus blancos pechos. Cuando no pudo más. Ella. Mordía los labios del mozo como si quisiera comérselos. Escondido dentro de una acequia vacía pude observar con una total impunidad. ofrecía a la pareja el mejor lugar para sus tocamientos y besuqueos.Bueno. Una falsa delgada que me traía loco con su angelical rostro de virgen purísima. la tarde de la confesión. agobiante sábado del mes de junio. provista de sensuales labios carnosos. No iba sola. como el gañan acariciaba las musculosas piernas y sus manos ascendían hasta sobar un soberano culo oculto por unas bragas blancas. saco su venosa verga enhiesta cual mazorca de maíz. sacando la cabeza entre los juncos. La dulce catequista la tomo entre sus manos moviéndola arriba y abajo 22 . salí a las calles desiertas por la obligada siesta. Se dirigían en la sagrada hora de la siesta hacia el lavadero público. desorbitados sus bellos ojos. Él. extasiado miraba los henchidos pezones color hígado a la vez que se acariciaba la abultada entrepierna.

aseado y decidido a mentir como un bellaco. solo para convulsionarse y abrir su sexo por completo justo enfrente de mi inocente mirada. Forme cola ante el confesionario y. al notar las descargas de esperma. recibí una descarga de insultos por mis manchados pantalones y me puse unos limpios. ni siquiera agüilla. Cuando curioso saque mi cosita muerto de miedo comprobé la rojez de mi capullo. Cansado de esperar.como si de una zambomba se tratara. mirando a un acusador cielo. sacudí el pegajoso barro y me fui a casa de mi tía. una sacudida eléctrica me sobrevino. roja como la grana no tardo en estallar. Bueno. cuál no sería mi sorpresa. iniciar sobre el verde musgo una frenética danza. Se quedo quieta. Tendido en el barro. nada. No tardo en soltar el seco cipote para con la falda por montera y las bragas por las rodillas. Entre. a la vez que con la otra mano. Había tenido mi primera corrida. ordeñando hasta la última gota. subí a la iglesia. sin eyaculación. Entonces ocurrió. cuando la cachonda 23 . me levante. la catequista se arrodillo apuntando el trabuco hacia sus pechos que quedaron llenos de blanca lechada. Llegada la hora. entremetida en sus bragas se rascaba como si le picaran mil rabiosas pulgas. claro. espere el rayo exterminador. Solo electricidad que postro mi cuerpo sobre el barro de la acequia. Froto la cabezota sobre sus pezones. un placer intenso pero doloroso se centro en la cabeza de mi colita.

que la amaba. sus pechos llenos de esperma. como para que me contaminara con parte de sus abominables pecados. Encorajinado. y le expele: “Déjame en paz. me levante. Estaba solo. su acción en la chopera tenía que ser normal. sino de aquel cura gordinflón. Me senté en otro banco y desde allí pude ver como se arrodillaba rompiendo a llorar. ¿Quería traspasarme su impureza? Bastante inmundo me creía ya. Me miro sonriendo. si gozosa o dolorosa. cacho puta”. Entendí que la culpa no era mía. del sexto mandamiento 24 . provocándome una explosión que no sabía catalogar. Como se atrevía. Comprendí que siendo una chica maravillosa. la fulmine con la mirada. obviamente. su mirada de bruja frotándose el coño ante mi cándida mirada.catequista de la chopera se sentó a mi lado. Mi reacción fue brutal. después de estrujar la verga del mozo cual ubre de cabra. ella era también su preferida. Ahora me regodeo al creerme una especie de “poeta de siete años” (Rimbaud). Esperando mi turno para la confesión comprendí que había sido cruel. lejana de cualquier clase de pecado. mis comulgantes compañeros guardaban las debidas distancias. Mis compañeros me miraban con odio. seguramente compadeciéndose de mi soledad intento cogerme la mano. y como era un niño mi forma de amarla era hacerle daño. seboso y de pensamiento cenagoso que nos había inculcado toda la deyección del pecado.

Que me mande una caja. llegándome al olfato su aliento nauseabundo que seguro que procedía de la ciénaga de su estomago podrido. Rafael le dices de mi parte que se me ha acabado el vermú “Carpano”. 25 . Me levante y salí. No llore. Al atravesar la calle. distraído y enfadado. verdad. me fui a ver las carteleras del cine. se lo dirás. Las mujeres sabiendo mi situación de futuro comulgante se santiguaron alborotadas como si tuvieran presente al mismísimo diablo. chavalín”. no se te olvide. Ni avemarías ni hostias en vinagre. mañana cuando veas a D. Ni siquiera quería saber de mis pecados. era el último en pasar por el confesionario. reza tres avemarías. Golpeado en mí estomago. Anda ya puedes marcharte. absorto en mis negros pensamientos. un hombre que venía del huerto con su bicicleta me soltó una patada para no atropellarme. Nunca lloro cuando estoy furioso. la pregunta eterna: ¿Cuáles son tus pecados? Cuando iba furioso a decir cualquier barbaridad verdadera o inventada. Tras las palabras de rigor me preguntó. Me toco mi turno. Insultando y veloz siguió su camino. carraspeo y soltó el muy bribón: “Manolico.de los cojones. Furioso. solo cuando estoy triste y desesperado. me interrumpió. solté una gruesa blasfemia y vomite un líquido verdoso y amarillo.

me senté junto al conductor y ufano iniciemos la marcha. me ofreció el suyo. sudoroso. puerta que el gentil hombre había dejado abierta. Pero el ocupante del asiento delantero. mi cuerpo impoluto de pecado fue a dar violentamente contra el adoquinado 26 . con mis manos ensangrentadas. buscar la frescura de las cepas. Nunca olvidaré el accidente. Todo fue normal. escapar por la ventana en noches de luna llena y con mi galga rusa la “Fea” recorrer los rastrojos hasta dar con alguna liebre despistada. me vistieron de marinerito y me llevaron a recibir a Dios. Que la “Fea” la atrapará. Llegó el domingo. Humilde en mi recién estrenada condición de supuesta pureza. sin madurar como mi vida. arrancar un verde racimo. pero vivo como mi rabia. muy caballero. Al salir de casa de mi tía monté en una furgoneta para subir a la finca. Más feliz que nunca trepe por el camino más corto. Tome mi parte del cuerpo de Cristo y salí limpio de pecado a celebrar el convite. Amargo. y sediento beber el ácido néctar de la uva. doliéndome a rabiar la patada del hortelano.Sentado en la acera. subí detrás. supe que si no había sido feliz entre la gente. me lavaron someramente. En la primera curva mi cuerpo de ocho años por inercia se desplazo hacia la puerta. o sea llegue tarde y tuve que comulgar el último en vez del primero como esta ensayado. Resultado. Solo deseaba subir a la finca. sería muy difícil que algún día llegara a serlo.

el esquileo. Creo que en mañanas de domingo. El susto fue mayúsculo. del juicio de la plebe. y casi siempre de volverte loco de verdad. la paz del campo libre de faenas. la gente se tomaba a risa mi aspecto de mártir. Pero siempre como el que va al teatro. he entrado en la iglesia. Al fin había descendido el rayo castigador sobre mí. Desde mi tierna juventud he vivido bajo la bendición de la santa locura. por el contrario me lo tome en serio. Con mis perros recorría los rastrojos en las noches de luna llena. Bendición que te salva de la cárcel. Reventaba alguna madura sandia y comía su carnosa carne observando las estrellas. Me construía cabañas con alpacas de paja y en ellas leía o escuchaba música en mi pequeño transistor regalo de D. Caí sobre el adoquinado dando varias vueltas sobre mí mismo. agazapada como vil comadreja. Nunca tuve problemas. Jamás he vuelto a comulgar. Todo marchaba a mí entero placer: la siega. me esperaba 27 . obviamente.suelo. Restañadas mis heridas con mercromina. Rafael. casi nunca los he tenido. Terminó aquel curso. Solo era un respiro. Recogieron mi maltrecho cuerpo enfundado todavía en mi traje de marinero. me asustaron más sus gritos que el dolor que suavemente se apoderaba de todo mí ser. borracho como una cuba. nos dieron las vacaciones y pase todo el verano al amparo de mis dioses. confesarme o a doblar la rodilla.

Mi educación sería más completa en la ciudad.la próxima trampa. Al igual que el animal salvaje enjaulado. mi primo mayor queriendo domesticarme. bueno. a lo sumo un par de meses. sin vida en el rostro. Deje de comer. la ciudad era la enfermedad del cuerpo y del alma. era un averno pequeño. Había pasado el verano convencido de que volvería al pueblo a casa de mi tía. A mis padres. tres primos. me encuentro en un piso pobre de un barrio obrero. Llegó septiembre. en clase estaba ausente. se le había ocurrido la feliz idea. la verdad me sentí como un perro o un gato que se regala a un familiar que tiene ratones. enferme. y solo esperaba morirme. A los nueve años en aquel ambiente tuve mi primera depresión. unos embrutecidos profesores. Después de 28 . Duro poco. ojeroso. el nuevo curso. Del jamón a la mortadela. Rodeado de primos. Nunca me sentí más sin importancia en mis pocos años. fui montado en el camión de mi tío Andrés. No recuerdo mucho de aquella estancia. Algunas bofetadas. a mi madre concretamente. De la cocina elaborada de mi madre a los humildes guisos de mi tía. y llevado a su casa en Zaragoza. no perdieron el tiempo. De un día a otro. uno mayor y dos más jóvenes. sin previo aviso. Me metieron en el coche y partimos hacia la finca. pero la ciudad. Cuando D. extraído de su habitad. enflaquecido. Rafael junto a mi madre me vio bajar las escaleras del colegio: solitario. Pero no tuve esa dicha. Como en un secuestro. Si el pueblo era un infierno.

lleno de palabras. Un prematuro solitario. suspendida nebulosa de mi estabilidad. D. juguetes. Era un niño herido. Era un exiliado de nueve años. Kuwait contra Hawái. Era delantero y portero. Tarde en recuperar los quilos perdidos. me traería el nuevo curso escolar. Liechtenstein contra San Merino. la derecha Bali. jugando contra la pared. sin quererlo. oveja negra. pase mis Navidades con mis libros y revistas. Siempre me mirarían como un bicho raro. Solo. Un salvaje que se resistía a ser civilizado. Rafael traer a un sobrino suyo.recuperarme junto al fuego. lleno de soledades. Decidió D. Llegó la primavera y salí a su esplendor. Terminó el verano y tuve que abandonar mi desolado paraíso. Buscaba en mi atlas países de extravagantes nombres y los enfrentaba en campeonatos mundiales. a la 29 . Preferible a lo que en un supuesto por mi bien. Un niño que jugaba al fútbol contra la pared. dando patadas al balón contra la pared que me lo devolvía para ejercerme como portero de un país exótico. La mano izquierda Madagascar. Mi padre empezó a hablarme de sus batallas y todo mi universo se volvió a reagrupar. Cuando llovía jugaba pelota vasca en el pasillo. recuperando la vitalidad y la alegría. las pocas alegrías. volvimos a pasear en el coche y a dar de comer a las perdices. seguía deportivamente mi camino hacia la locura total.Rafael retornó a su labor de maestro. los lazos con las dos ramas de mi familia. alcohólico y eterno estudiante de maestría industrial. Había roto.

Calmada. ávidos aduladores que pagando unos vinos querían enterarse de los aconteceres de la finca. Pronto sentí que este sobrino del “dueño” me odiaba. a hablar conmigo. pobres envidiosos más que nada. Me cogía de la mano.. tal era su inquina. Se bebía el vino de los trabajadores (su tío tenía la llave de la bodega a buen recaudo). por lo tanto. pues no se dignaba.finca. Solo a veces la soledad de la finca la enloquecía. era intocable. pero me adapte un poco al medio escolar. o peor aún. Pasábamos a lo máximo dos días buscando piso. Teniendo chofer se decidió respecto a mí. los secretos del pasado de D. que cursaría el nuevo curso en el pueblo. No aceptaba el hecho de que D. siempre en silencio. también enemigos. Para que sirviera de chofer. Vomitaba sus borracheras en botas militares que mi madre enfurecida tiraba a la basura. No le concedí la menor importancia. Comía en casa de mi tía pero por las tardes regresaba a la finca. Bebía de gorra en los bares rodeado de la peor gentuza. Bajándome por las mañanas y subiéndome por las tardes. llena de añoranza. triste. hice amigos. Este individuo era un ser repugnante. secretario.Rafael me quisiera más que a él.Rafael. Me subía en el “Land Rover” abofeteándome con su aliento a vinazo. buscándose también su desprecio. subíamos al tren y llegábamos a Zaragoza. Pero mi madre era la cuidadora del “dueño y amo” . bajábamos andando a la estación del tren. 30 . y poco más. Bueno aquello no fue tan malo.

ganaderos y tenderos me abrieron su amistad. Que llevan una vida de serios y respetables ciudadanos en un pueblo que es el mismo que amo y odio. nos mediamos nuestros erectos penes y hacíamos concursos de pajas. siempre un 31 . Claro. los tediosos estudios pasaron dos años. Robábamos fruta. Entre la envidia. Pescábamos en el río cangrejos y madrillas. Luego cuando me entere quien era mi anónima admiradora me decepcione. Vestía con ropas que elegía mi madre en la capital. lo normal. Empezábamos a tontear con las chicas.Rafael suspiraba y todo volvía a su normalidad. Mis modales eran diferentes.compungida ante mis ruegos y su nostalgia. Subía y bajaba al colegio.Rafael. hijos de labradores fuertes. D. Luego descubrí que no era la única. había otras que se habían fijado en el extraño chico que era. era bastante guapo. volviamos en taxi a la finca a reanudar sus labores en silencio. Aquello me granjeó la inquina de muchos pobres diablos. no refinados pero educados. aparte. Cartita que una amiga suya me hizo llegar. pagadas en secreto por D. alguien aparte de mi “gente” se había fijado en mí. pero algo era algo. Mi padre se alegraba pero no decía ni esta boca es mía. la fraternidad. Aquello era soberbio. qué coño. era diferente al resto. Por otra parte. Tenía doce años. por primera vez una chica un poco mayor me escribió una cartita. tenía mi grupo de amigos. envidiosos chicos de pocas luces.

Rafael una pequeña moto. tractores. Empecé a saborear la vida. Un primer radio-casete donde grababa las canciones de moda de la radio. Se había decidido arreglar el de mi madre. amigo íntimo del director de la fábrica azucarera compró dos chales y unos almacenes. ni maestro. solo esperaban a que el chalet. Un grupo de buenos amigos. Quería con todas las fuerzas de mi alma ser feliz. Empecé a ayudar al mío con el ganado.Rafael. Mis compañeros. ayudaban a sus padres en sus duras faenas. largo tiempo abandonado. hijos del sudor del campo. Convenció a mi madre para que a un bajo precio comprara un chalet al lado del suyo.paquete de rubio en el bolsillo. Vamos que era la alegría de la huerta. podía bajar al pueblo con ella. parecía capaz de integrarme. Me las prometía muy felices a los catorce años. Todo andaba sobre ruedas. La Guardia Civil hacia como que no me veía. tenía vida social. podía abandonar la escuela y trabajar en la finca junto a mi padre. Sacaba el nº 1 en la escuela. fuera reformado para bajar a vivir en él. Rafael vivir todos juntos. dinero para coca-cola y buena ropa. ni veterinario. 32 . y junto a D. Aprendí a conducir coches. alguna cinta de los Beatles. No aspiraba a mucho. D. trabajaba. Me compró D. No quería ser médico.

Había dejado mi escuela del pueblo. mis amigos. quería que su único hijo fuera todo lo que él aborrecía. mi madre. pues solo llegaron a colocarse de auxiliares de banca en sendas Cajas Rurales. El primer día contemplé como lloraban desesperados algunos chicos nuevos. Chicos de siete años junto a bachilleres de dieciséis. universitarios póstumos. Colegio donde estudiaban dos futuros universitarios del pueblo. ambiciosa por naturaleza. Decidieron internarme en un colegio de la capital. sacada en el calcetín y tirada a los retretes. veteranos pervertidos en la más abrupta rijosidad. la comida era detestable. Pasábamos hambre.Pero no. verdaderos sádicos. Allí llegue con mi maleta. auspiciada por unos estúpidos maestros. La carne dura e insípida era cortada a pedazos. y ganas de matar a alguien o morirme. para pasar toda la semana o más (los castigos de fin de semana abundaban) en aquel tétrico manicomio cuartelero. Todo este amoral infierno dirigido por un falangista “camisa vieja” condecorado por sus heroicidades en Rusia como miembro de la División Azul. mis campos. metida en bolsas de plástico. Ahora sí que estaba contra la puta pared. Nos alimentábamos a base de galletas 33 . mi libertad. Durmiendo como las ovejas de mi padre en dormitorios comunitarios sin ningún tipo de intimidad. un cabreo de mil demonios. al segundo día me sorprendí llorando de pura nostalgia.

D. Me obligaba a mentir. con ropa anticuada. gestos pueblerinos. Además. frío.y mantequilla. aprendizaje de sevicias y practicas antinaturales. gorda. me mandan a instruirme al infierno. hija de un criador de caballos en la pampa. acogía a todos los expulsados de los demás colegios. Justo lo que necesitaba. Odie a mi madre. era mi abuelo. Las madres de mis compañeros eran mujeres quince años más jóvenes o veinte. hubiera dado la vida por mí. 34 . y las madres de los rebeldes siempre han sido guapísimas. Mi madre desentonaba.Rafael. Siempre mintiendo… que mi madre estaba en la Argentina (enseñaba unas fotos de una amante de D. aquel colegio sin ley. Los saqueos nocturnos de armarios eran constantes. Decía que era la cocinera de mis padres. Hambre. vejaciones. bocadillos y embutidos que traíamos de casa. La odiaba cuando aparecía por los pasillos llamándome los viernes por la tarde. siempre con coche a la última.Rafael. Tenías que esconder los víveres entre calzoncillos con zurrapas para que pasaran inadvertidos a los saqueadores. generosa. Desde que amanecieras con la cara llena de semen o betún con la cama en medio de los grandiosos y malolientes servicios. Por la noche como una premonición de las putadas cuarteleras tenías que soportar las novatadas de los veteranos. desentonaba. Era vieja. Por primera vez tuve la verdadera visión de la realidad. pero era mayor. Buena y trabajadora. ahora que mi vida se arreglaba. vestían a la moda.

drogas (que no tomábamos pero pensábamos tomar en cuanto pudiéramos echarles mano) de estudiar nada. 35 . Pelos largos. y que se merece él más dulce descanso en su Cielo. todo lo que podía conseguir.B. con quince años. Pervertí a los más jóvenes. saboreé la dulce huida del vino. En aquel demencial colegio pasabas de un curso a otro solo con renovar el contrato de interna estancia. compré a los fuertes. Que me perdone. me pervirtieron los más adultos. Madre que cuido de mí en mis depresiones. cerveza. jeans.escultural mujer de sublime belleza) mentiras que mis compañeros del pueblo corroboraban sabedores de mis sufrimientos. llevar unas pintas que me descalificarían en el pueblo. La cultura hippie llegaba tardíamente a España. cubalibres. ella y sus aspiraciones. golpeé a los débiles. allí se quedaron suspendidas para siempre. mis etapas alcohólicas. Ilusa me llevo con mil amores a que tuviera mejores oportunidades.G. Había aprendido a beber. Era a mediados de los setenta. Pero me había jodido la vida. y como por nada del mundo pensaba volver. música psicodélica. Me volví un sádico. sentirme como un verdadero hijo de puta. Me cerró sin saberlo todas las puertas. despreciar a mis padres. Llegue a octavo de E. Suspendí todas las asignaturas. Mentiras que me hacían vomitar bilis. más si cabe a una capital de provincia. Que me perdone mi santa madre. Moscatel. Deje de estudiar.

rubio tabaco aliñado. Mano derecha del Dictador. Follar.Solo pensaba en largarme a Ibiza. A la mierda con todos los valores. D. septuagenario.Rafael. se disponía tras cuarenta años de dictadura a morir en la cama de un hospital dos años más tarde. enfermo y débil vivía con nosotros sufragando todos los gastos. políticamente anarquista. rubias y frías cervezas. el Almirante Carrero Blanco. Me lo merecía tras tres años en el infierno. Muchas cosas habían cambiado. y que me dejarán en paz. Eso en el verano del setenta y cinco. III Volví al pueblo. meterme algún ácido y pasar de todo.T. Leía la prensa. La guerra de Vietnam había significado la primera derrota del Imperialismo norteamericano. La organización terrorista independentista vasca había asesinado a un presidente del Gobierno. Solo quería rubias: rubias chicas.A. E. Vivíamos en la azucarera en el chalet de mi madre bien amueblado y acondicionado. fumar porros. que enfermo. Las manifestaciones en contra de aquella absurda guerra habían forjado 36 .

Subía y bajaba en una sencilla moto. Seguía en la finca. D. todo esto no le era ajeno. desaliño de bohemio. mis pelos. me puse a trabajar con mi padre. su enigmática mirada azul. pastoreaba su ganado. en la huesuda mano. Jamás me reprochó nada. Seguro que para él eran males de la época. pintores. Cada día más asceta e indiferente pero al tanto de todo lo que ocurría en el mundo. comparables y similares a los que crearon su caída en el abismo. blancas greñas. Aquel verano para conseguir apaciguar la furia de mi madre. La minifalda. Nunca demasiadas reses por los inmensos campos. la música rock. sus recuerdos nocturnos de la guerra cada vez más acentuados y dolorosos. Dormitaba sobre las alpacas de paja. ahora deshabitada. Para mí 37 . La contracultura era la vanguardia en aquellos locos días. Me seguía atrayendo más que nunca su esquelética figura. Su discreción.toda una serie de ídolos: escritores. mi afición a la cerveza. su elegancia en su cuidada dejadez. antes rubio ahora negro. y sobre todo. las drogas. Respetaba en silencio mi derecho a joderme la vida. Su sempiterno cigarrillo. su frustración por mi fracaso. Por otra parte siempre observe una respetable y educada conducta hacia su persona. poetas. Rafael nunca se disgusto por mis suspensos. Mi padre seguía con sus ovejas. escuchaba escéptico los partes de la radio y sobrellevaba los dolores de su vida.

un cigarrillo. enseguida la tímida luz del amanecer me permitía leer un libro. cogía el bañador y la toalla.. eximidas de las labores de casa. el pastor de la finca. La mañana pasaba con rapidez. ansioso me dirigía a las piscinas municipales. una “mini-cross” amarilla a las primeras luces del alba acompañado por mi perro “Tarzan” un setter ingles que me seguía a todas partes. Español C. Durruti. Para que los corderos dejaran de tetar de sus madres había que separarlos. Puro y duro. antes de las once encerraba a los borregos y partía a toda hostia hacia el pueblo.F. Casi todas de buena familia. Me daba un refrescante baño. Ya lo había hecho otros años. Subía con mi moto. así que volví a hacerlo. de siempre.T. casi nunca le llamaba padre. Era el Manolo. Recuerdo que me sobrecogió “Archipiélago Gulag” del disidente sovietico Alexander Solzhenitsyn. y en la terraza saboreaba una cerveza rodeado por las chicas más a la sazón del verano.I. Encendía la radio.A. Una ducha rápida. Soltaba a los borregos que se desgañitaban buscando a sus madres y los llevaba a un rastrojo rico en grano.N. Eran casi 38 .era Manolo. llevarlos a los pastos más ricos y que cogieran buen peso. único nombre de héroe y caudillo anarquista que figuraba en mis adolescentes registros. Me reafirmo en mi hostilidad hacia el marxismo en aras devocionarias hacia el anarquismo.

Allí me encontraba como pez en el agua. eran enviados a casa de los abuelos o familiares por sus temerosos padres. posibilidades que no aproveche pues tenía miedo a una reacción violenta. educados en colegios de curas. eran atraídos por mis desenvueltos modales. 39 . Fui un tonto redomado. También se hallaban los estudiantes de vacaciones. Creían que el pueblo les evitaría el contacto con las drogas o las modas perniciosas que encubaban sus gérmenes en las grandes ciudades. me pidió paseos en moto por solitarios caminos. pues aumento el haber de envidiosos de mi suerte. Ellas creían. Alguna hubo que me ligo descaradamente. futuros miembros del Opus. prodiga en caricias y sin llegar a la vulgaridad de violarme. me abrió un abanico de posibilidades. Añadido al capital ahorrado por mis padres me facilitaba codearme en igualdad de condiciones con ellas.enviadas por obligación a las piscinas a lucir carnes y de paso sembrar la atracción en los posibles novios con posibles.Rafael me dejaría su parte en la finca o al menos una buena cantidad de dinero. aunque residían el resto del año en Madrid. y peor era que otros pensaran que me daba unos lotes de miedo. D. sus carnosos labios apoyados en mi nuca descubierta por el viento. Mis amplios conocimientos sobre lo que no debe saber un español de bien. más o menos. Zaragoza o Barcelona. Ellos.

Dulces cuerpos adolescentes. sombreros amplios de paja y sonrisa franca. No pudiendo soportar la tensión. húmeda y apacible. Soltaba los borregos. prodigo en cardos. paz campestre y espera de la noche. encendía la radio. Los 40 . Oliendo mis interiores al imborrable e inmemorial olor del terruño. un cigarrillo y volvía al libro: las frías estepas siberianas. me embriagaba una fuerza vital nerviosa. Rostros tostados.Siempre escasos de dinero. A la caída del sol vuelta al monte por el polvoriento camino. solares y negocios prósperos. Cuando llegaba la inmensa legión de estrellas. un mar de amarilla paja. En contraste. empacadoras de paja. me desnudaba sobre la paja. amapolas y soledades. Cruce con tractores. llenos de ilusión y esperanza afianzada en tierras. el campanilleo de las lentas esquilas se volvía armoniosa música. Transcurría el vermú sosegado. o sobre la solitaria carretera y. aceptaban de buen grado un porrón compartido de rubia cerveza. el dolor de miles de cautivos. La partida de cartas llena de rijosos chascarrillos veraniegos. tendido sobre el aún caliente asfalto. me masturbaba con inusual alegría. y corriendo de vuelta al pueblo. Todo era una sinfonía fresca. Sobre las dos de la tarde la comida bien elaborada por mama. El sentirse en la oscura soledad como un Dios menor.

libre y anárquica. desnudo y feliz. libertad de acción. Rápido llegaba el potente orgasmo. Ni Dios ni Demonio. aliviada de los calores del sofocante día. Cantar. Seguridad en comunión con la madre tierra que respira la frescura que le procuraba la madre noche. pues me habría sido imposible reaccionar en medio del éxtasis. A joderse. amontonadas. siendo aplastado sobre el asfalto. Plenitud mística ajena a cualquier filosofía. Los borregos espectadores selectos y únicos del irracional espectáculo. perros. 41 . Suerte tuve que no pasara algún despistado turista o camionero.rostros de las muchachas más bellas bailaban en el cielo. entre las estrellas. Sensación de aislamiento. Pero sigo vivo rondando los cincuenta. Paz en la sangre joven y ardiente. bailar sobre un alto escenario de balas de paja convertida en manual agitación. éxtasis lunar. Armonía eyaculación. Hubiera sido el máximo acto de enajenación con el que hubieran brindado mis críticos su acertada reprobación. Vivir la plenitud de la locura de los tiernos años. solo atemperada por los elementos. convulsionándome y derramándome sobre el asfalto.

los arrugados rostros de las abuelas sentadas en bajas sillas de anea. 42 . feliz mirando en su agonía a sus compañeras las estrellas. “Es muy inteligente pero acabará mal”. al tedio. El vagabundo con su botella y su perro callejero. al futuro. Con la cara y el pensamiento perdido en el infinito espectro del espacio abierto. pero mudaban el semblante al pensar en mi devenir futuro. el niño poeta. a la rutina. Los nietos a su lado como pan recién hecho. No se acaba ni bien ni mal. encerraba el ganado y cogía la moto. Rimbaud. se acaba. A la muerte en vida a la que somos condenados por no ser piedras inmutables al borde del camino. reían mi personalidad. Cansado de ser feliz. simplemente. Lejano el miedo al día. Volvía a las calles grises. mi distancia. En grupos las chicas y los chicos paseaban por la avenida de los plataneros de la Avenida de la Azucarera. a la estupidez del grupo.Un chaval liberado de estar contra la pared. Me saludaban. del género humano. tuvo un profesor que sintió ese escalofrío interno.

Vuelta a empezar. Tuve mi primera depresión consciente. él enfermo crónico. un domingo de mis quince años. 43 . Me emborrache desesperado. asustado por las miradas ávidas de riqueza de sus parientes. ungía mi agreste olor a monte con unas gotas de pachulí. Rafael murió. deshumanizados por la ambición terrena. Unas cuantas buenas camisas. Chicas en minifalda. No me dejó dinero alguno. Tanto la ame.El burgués entre sabanas de hilo. que por su bien la abandone llorosa. vestida con un vestido a cuadros azules y blancos hecho por ella misma. cogí para mal las riendas de aquella casa. sueños y pasiones ocultas al amparo de la madrugada. y eso si herede su habitación con terraza sobre el jardín. me lavaba. solitario. Sufrió la cercanía de la enferma humanidad. y me dirigía a los bares abiertos. Llegaba a casa. Mi primer verdadero amor. cerveza fría. un reloj. Alejado de unos pezones rosas. Y punto. Fume mi primer porro en el salón. de un pelo rubio sobre una muchacha de angelical rostro. Aquel verano D. Se acaba y se descansa.

tan solo el cansancio de pertenecer a la raza humana. El hielo da calor pero es un calor falso. Ya no existe el miedo.- 44 . Septiembre de 2008. Más muros que derribar. más estériles lágrimas que derramar. Más duro. Por el simple hecho de ser joven y estar vivo en un mundo medio podrido. más contra la pared. Solo me crie y solo moriré. Esperando. y me puse a reír en medio de mi nada. Manuel Sáenz – Isla de Formentera. al final solo es agua y frio. Día a día hasta el final. Desesperado apure la cerveza. “Salí al campo. la tire al borde del camino.Después. negra mi galga “Fea”. que goloso se alimenta de sus ruinas. un rayo de luz en mi eterna noche. Y presentí que con los primeros fríos del otoño todo sería diferente. la búsqueda esperanzada. como siempre. Sin remisión ni espíritu de enmienda. vendrían otras. negra la noche. que creyeron cambiarme.

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