Está en la página 1de 12

4-1 Tipos de Sermón

 
 
En líneas generales, el Sermón Bíblico puede ser catalogado en tres clases,
las cuales se subdividen en muchas otras según el carácter o
procedimiento que se adopte para el arreglo del sermón, como tendremos
ocasión de ver. Empezaremos hablando del Sermón Textual por ser el más
fácil, sobre todo en su forma simple o ilativa.
 
 
Textual:
Es el que se limita a exponer y explicar un texto bíblico.
 
La costumbre de basar el sermón evangélico sobre un texto bíblico es muy
antigua y en gran modo recomendable. El texto bíblico da autoridad divina
al sermón.
 
Los textos bíblicos suelen ser usados en tres formas por los predicadores:
 
 
 
 Como Punto de Partida para el Sermón: Algunos predicadores hacen uso
del texto como de una especie de plataforma desde la cual se lanzan a
hablar sin acordarse del lugar de donde vinieron.
 
 
Como Punto de Socorro o Apoyo: otros predicadores dicen su texto y
predican sin orden, y aunque sus pensamientos son mas o menos buenos,
pero que por lo general no tienen mucha relación con su texto.
 
Las congregaciones sometidas a la tortura de esta clase de sermones
nunca tienen una idea clara de lo que el predicador se propone decirles y
les es muy difícil recordar otra cosa que sus frases sueltas del sermón.

Como Verdadero Texto y Fundamento del Sermón: en las formas que


vamos a analizar.

 
 
Sermón Textual Ilativo
 
El método mas sencillo para preparar un sermón textual es el de comentar
el texto palabra por palabra.
 
Hay textos muy buenos para esta clase de sermones, pero no todos sirven
para tal desarrollo, y muchos textos no pueden ser tratados de modo
alguno en esta forma simple, pues darían como resultado un galimatías
(Caos, desorden, Algarabía, Barullo, etc.). Todo esto sin ningún tipo de
orden lógico.
 
Sistema Textual Analítico
 
Puede añadirse fuerza a las ideas del texto si se concreta en una frase que
las defina de un modo sugestivo, es decir, formulando una especie de
tema para cada parte del texto.
 
Sistema Analítico Invertido:
 
Algunos textos pueden ser tratados provechosamente de diversos modos
por medios de la inversión de términos, o sea variando el orden de las
frases que entran en el texto.
 
Sistema Analítico-Expositivo:
 
El sistema Analítico se emplea con gran provecho en textos largos, o sea,
en porciones formadas por varios versículos.
 
Sermón Textual-Sintético:
 
Son aquellos sermones basados sobre un solo texto para el desarrollo de
los cuales el predicador no sigue las mismas palabras del texto, ni en
forma ilativa, ni tampoco por medio de frases analíticas, pero todas
derivadas del texto y relacionadas con este.
Temático:
Es la exposición de un asunto o tema bíblico, sin seguir las líneas de un
texto determinado, sino el conjunto de enseñanzas o doctrinas que se
encuentran en la Biblia sobre dicho tema.
 
Una vez determinado el asunto sobre el cual el predicador desea hablar,
escogerá una porción bíblica adecuada al mensaje, y es preferible si tiene
también su texto, desde el cual procederá al desarrollo del sermón; pero
dicho texto formara la base, no el esqueleto del sermón, como en los
anteriores ejemplos.
 
I. Sermón Temático-Doctrinal:
 
Es el que toma una idea o doctrina bíblica y la sintetiza o resume,
aportando en su apoyo diversos textos bíblicos, pero no todos los textos
que hablan sobre el asunto, ni un número excesivo de ellos.
 
II. Sermón Temático-Textual:
 
Uniendo lo que hemos aprendido acerca de los sermones textuales y
los Temáticos, encontraremos que algunos textos se prestan para la
construcción de sermones temáticos, con la ayuda de otros textos de
la Biblia, pero siguiendo un desarrollo muy similar al sermón textual.

Expositivo:
 
Es el que comenta un pasaje bíblico, narración o parábola de la
Sagrada Escritura.
 
 Por lo general en los sermones expositivos se toma como texto un
largo pasaje bíblico.
 
Los antiguos padres de la iglesia llamaban a tales sermones
-Homilías- de ahí la palabra -Homilética- que se aplica al arte de
preparar sermones religiosos.
 

 
Los sermones expositivos pueden estar basados sobre:
 
- Un Capitulo de la Biblia
- Una Historia o Parábola
- Una Serie de Versículos que desarrollan un pensamiento especial.
 
I- Sermones Narrativos
 La mayor parte de los sermones expositivos suelen basarse sobre historias
bíblicas o parábolas.
 
Lo primero que tiene que hacer el predicador para preparar un sermón de
esta clase es leer el relato con suma atención, anotando los hechos que
mas le interesen o contengan alguna aplicación practica.
 
Formule preguntas relacionadas con el hecho, como, por ejemplo: ¿Por qué
pronuncio Jesús la parábola? Probablemente hallara la contestación en el
contexto. ¿Qué enseñanzas hay para los creyentes?
 
Anote las palabras principales de la narración, busque su significado
espiritual. Pregúntese y responda que significado puede tener cada una de
ellas en el terreno espiritual.
 
II- La Conclusión del Sermón
 
Si empezar bien es importante, no lo es menos terminar bien y a tiempo.
 
Hay predicadores que no encuentran la manera de terminar y divagan
repitiendo exhortaciones de carácter mas o menos semejantes, hasta que
el publico, en lugar de sentirse conmovido por tales llamamientos, solo
desea angustiosamente que el predicador ponga fin a su perorata.
 
‘’Di lo que tengas que decir y termina cuando lo hayas dicho’’, es el
consejo de todos los maestros en la predicación.
 
Pero… ¿Cómo se tiene que terminar?
Método Recapitulativo
 
Una de las mejores formas y más comunes es haciendo una recapitulación
de los puntos principales del sermón.
 
Variedad y Vivacidad
 
La conclusión no debe ser estereotipa y monótona. Es entonces cuando su
corazón ha de desbordarse de tal modo que el auditorio sienta que el
predicador esta, no leyendo unos pensamientos escritos en su oficina,
sino bajo el impulso del Espíritu Santo, tratando de hacer penetrar la
palabra en los corazones.
 
Si el Espíritu Santo le inspira nuevos pensamientos expóngalos sin temor,
pero cuidado de que no sean simples repeticiones de lo ya dicho, sino
pensamientos tajantes, más fuertes que todos los usados en el curso del
sermón y penetrantes hasta partir el alma.
 
Evítese la excesiva extensión. La conclusión nunca debe exceder de unos
pocos minutos.
 
Tampoco debe se una repetición de lo dicho en otros sermones.
 
Los Llamamientos
 
Evitemos tanto la frialdad como los excesos en este momento solemne
del sermón; pues ni la excesiva insistencia, ni la gritería extremada
son señales evidentes de la inspiración de la inspiración del Espíritu
Santo.
 
Es al final, más que en otro momento del sermón cuando debemos
movernos enteramente bajo su santa influencia; dejémonos, pues,
conducir por El, con el gran propósito y objeto de llevar las almas a
Cristo, o, por lo menos, dejar en ellas tan favorable impresión que
vengan a ser inexcusables si no se convierten.
 
Consejos Prácticos
 
Sea cualquiera la forma de conclusión que uses, hazla adecuada al conjunto
del mensaje. Que no sea un nuevo sermón.
 
No uses frases estereotipadas en la conclusión; de cada sermón.
 
Sé breve. Que nadie tenga que decir: ¨El Pastor llego a casa en un viaje
magnifico pero tenía los caballos desbocados y no los pudo parar¨.
 
Acentúa el lado positivo más que el negativo, la conclusión.
 
Haz la conclusión personal, pero no excesivamente personal.
 
Nunca distraigas la atención, ni debilites la fuerza de la conclusión con una
apología. Evita las expresiones humorísticas en la conclusión.
 
abstente de cualquiera acto que distraiga la atención. Algo semejante debe
decirse del hábito de mirar al reloj de bolsillo o pulsera que tienen algunos
predicadores. Es posterior, jamás de cara al público, para que el predicador
pueda seguir el curso del tiempo sin que el auditorio se aperciba. A falta de
tal reloj, puede poner su propio reloj sobre el pulpito en el momento de
empezar.
 

También podría gustarte