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LA MUJER CARTERA Y EL HOMBRE ORQUESTA

NORMA ESTELA FERREYRA

Año del copyright 2009 ISBN 978-0-557-31642-7

quienes aprendieron a ser

Dedico este libro a

libres.

todavía

no

NOTA DE LA AUTORA

No

he

elegido este título

sólo para

llamar

la atención,

no

he

podido encontrar

sino que otro objeto

que

se

asemeje más a un tipo de mujer que,

por razones culturales, vemos

frecuentemente, aunque en distintas

formas

o grados.

Así, algunas

serán

apenas,

un monedero,

o

un

bolso

y

otras una cartera de fiesta.

 

Quizás, el término “cartera” resulte

exagerado

y hasta vulgar,

pero

es

la

única

palabra

que

describe,

a

la

perfección, la manera en que un gran

número de mujeres se relacionan con otras personas, especialmente, con el sexo opuesto. Y ya se imaginarán a qué me refiero cuando hablo de ello, porque todos

saben que una cartera es algo que llevamos de un lado hacia el otro, que dejamos en cualquier sitio y por tratarse de un accesorio, siempre debe combinar con lo principal. Quiero anticiparles que seré muy dura y hasta diría cruel. Pero lo haré en nuestro propio beneficio y sin ánimo de lastimar a nadie. Y digo esto porque, como todas las

mujeres,

yo

también

traía

el

ADN

cultural de esta sociedad machista en que vivimos y también fui en los primeros tiempos de mis relaciones de pareja, una mujer cartera, hasta que me di cuenta de que podía dejar de serlo, para convertirme, simplemente, en una mujer que puede caminar con sus propios pies, decidir por sí misma, pensar con su propia mente y no depender de nadie. Eso es lo que suelen llamar libertad. No fue fácil, porque tuve que transitar el arduo camino de la rebeldía.

Respecto del término “orquesta” con el que he decidido describir ciertas formas masculinas de comportamiento, tal vez les resulte un poco más claro, porque como todos

sabemos, una orquesta es un grupo de

personas

que

ejecutan

instrumentos

siguiendo a un director.

Pero aún cuando pueda pensarse, que es un caso inverso al anterior, creo que en realidad no lo es, porque cada

situación

tiene

sus

características

propias, aunque ambas nos conduzcan

al

fracaso,

en

este

largo

y difícil

camino hacia la felicidad.

Por otra parte, estos dos modos de relacionarse, no son los únicos y como

dije, admiten

variaciones desde muy

leves a más graves, o desde el negro al blanco, pasando por los grises. Asimismo, la inteligencia de cada individuo ha logrado que los distintos modos de ejercer el dominio sobre el otro, hayan podido disfrazarse como el camaleón, a tal punto, que no nos demos cuenta de lo que nos está sucediendo.

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La mujer cartera

Quiero escribir tantas cosas, que no sé por dónde empezar, porque en realidad quisiera que nadie pasara por esa situación, aunque de antemano sé que no podré evitar que cada uno, viva su propia experiencia y realice el propio aprendizaje.

No obstante, cuando

terminen

ese

largo y duro proceso, les propongo que

vuelvan

a

leer

este libro

y

tal

vez,

entonces,

pueda

servirles

para

no

 

reincidir

en

sus

antiguas

prácticas,

aunque les confieso que mi intención

es que abandonen las mismas no bien

terminen

de

leer

este libro,

que

he

escrito basándome no sólo en mi

experiencia

personal

sino

en

otros

autores,

que

tuve la suerte

de leer

y

que me ayudaron

a transformar

mi

ADN social, pesada carga.

que llevaba

como una

Lo primero

que

pretendo,

es

que

tengamos siempre presente en nuestra mente, que todos hemos venido a este mundo para SER FELICES y no sólo para hacer felices a los demás. Esa es la primera y la más importante obligación, que trataremos de cumplir, desde este mismo instante. Pero para ello, debemos ser nosotros mismos, es decir, debemos conocernos, saber qué nos gusta y qué no y así poder elegir el camino que nos conduzca a la felicidad.

Eso

significa

fijarnos

metas, hacer

planes

y trazar

libremente

nuestros

caminos. Esa será nuestra

responsabilidad y trabajaremos en ello, organizando nuestra vida en función

de

lo que queremos

para nosotros.

Porque por más que nos quieran, nadie

va

a

ocuparse

de nosotros,

pues

la

felicidad

no

llega

como

los

reyes

magos

ni

la

encontraremos

al

despertar

una

mañana

en

nuestros

zapatos, sino que la vamos logrando

muy lentamente, con nuestro esfuerzo,

trabajo y sabiduría, pero también con dolor.

Sí, porque

desde

que nacemos

debemos aprender a vivir con los otros

y también con nosotros mismos. Dos

aprendizajes que se prolongarán a lo

largo de toda

nuestra vida y que no

están exentos de dolor.

Y en esta difícil tarea de vivir, cabe la más importante de las preguntas y que tal vez, nadie se atreva a hacerse a sí mismo, y que es: ¿Somos realmente felices?

Tal vez, tengamos

que pensarlo

un

poco para después terminar en un NO

SÉ, porque tampoco podremos definir

ni saber qué es la felicidad.

Si

ése

es

el

caso,

debemos

actuar

inmediatamente, porque el ser felices o no serlo, no depende de nadie más que de nosotros mismos. Porque aunque no lo recordemos, puedo

asegurarte

que

cuando

nacemos

lo

somos pero, poco a poco, vamos

perdiendo esa capacidad

de serlo,

a

medida que nos relacionamos con la sociedad.

Desde que llegamos a este maravilloso mundo, empezamos a comprender que no estamos solos y que dependemos

de otros

para

todo.

He

aquí

nuestra

primera frustración. Y a medida que crecemos, seguimos dependiendo, aprendemos a obedecer

y

a complacer

pedir

permiso

a nuestros padres,

a

para

todo

lo

que

deseamos hacer, es decir, comenzamos a reprimirnos o a postergarnos.

Y desde

el

primer

día

de

nuestra

existencia

 

lo

vamos

asimilando

y

aceptando, porque no podemos

valernos por nosotros mismos porque

somos

débiles

 

de

cuerpo

y

mente,

frente al ejército de adultos

que nos

rodea y nos impone

su

criterio

en

forma compulsiva, porque cree que lo

hace

“por nuestro bien”, como dice

Alicia

Miller.

 

Y

nosotros

también

lo

creemos y quizás, hasta sea cierto.

Y

en

este

sentido,

tanto

el hombre

como

la

mujer

transitan

el

mismo

camino,

hasta

que

un

día

somos

adultos y por cuestiones que se dicen culturales y que yo llamo retrógradas, al varón se le abren todas las puertas y

posibilidades

hacia

la

libertad

y

la

mujer

tiene

que

abrírselas

a

puro

pulmón. Lo que significa luchar, rebelarse, imponerse a los opresores, tanto de su propio hogar y como de la sociedad.

Y muchas de nosotras no lo logramos,

porque

los opresores suelen

ser

las

personas que más amamos y hasta

pretendemos

justificar

porque

pensamos que lo hacen porque nos cuidan o nos aman. Y quizás, eso también sea cierto.

Desde hace mucho tiempo, grandes

pensadores

y

conocidos

filósofos,

analizaron las relaciones humanas y descubrieron que en cualquier tipo de relación donde haya por lo menos dos personas, siempre habrá una que tratará de dominar a la otra, o de imponerse respecto de su modo de

pensar y de actuar. Y sea que se trate

de

amigos,

hermanos,

familiares,

compañeros de trabajo, parejas, etc.

En este aspecto,

la mujer

parece ser

más vulnerable porque ya está

domesticada

por

viejas

tradiciones

impuestas

y parece

más

proclive a

sacrificar sus propios gustos, deseos y

pensamientos

en

función

de

los

demás. De allí la famosa frase, que nos

metieron

en

el cerebro

a fuerza

de

 

repetirlo y repetirlo y que es: “amar es dar”. Y tratándose del género

femenino,

se trataría

de “dar

y dar

y

dar”

pero sin recibir

nada

a cambio.

Claro que hay excepciones, porque hay algunas que aprendieron que la vida no es sólo dar, sino también recibir y ser queridas por los demás.

Según dicen algunos,

función maternal

la que

es nuestra

nos

inclina a

ese sacrificio de tener que ceder

siempre a los requerimientos del otro,

por lo que bien podía resultar de una cuestión hormonal. Pero sin dudas, que

también hubo “lavados

de cerebro”

que se transmitieron de generación en generación y que ayudaron a las hormonas. Pero en fin, ahora no vamos a investigar las causas, sino que hablaremos de los efectos.

Dijimos que en toda relación entre dos o más personas, una de ellas trata de ejercer el dominio sobre la otra o sobre todo el grupo, lo cual ocurre en la mayoría de los casos, más tarde o más temprano, a pesar de que lo ideal sería que eso nunca ocurriera. ¿Y porqué digo esto? Porque cuando ocurre, quien resulta dominante, con el tiempo termina abusándose del que es dominado. Y entonces la relación, que antes era placentera, se transforma en un verdadero suplicio. Y esto no ocurre por culpa del dominante, sino porque el o los dominados, van perdiendo protagonismo y así disminuyen o pierden el respeto y la admiración del otro.

¿Y

por

qué?

Porque

nadie

puede

admirar, ni seguir amando,

a

un

ser

sometido, que se parece más

a

una

cosa que a una persona. Y es el abuso el que produce consecuencias fatales en la relación. Recordemos el conocido dicho popular:

“Tú das la mano y te toman el codo”.Y así resulta siempre.

Hasta nuestra madre,

que

es

el

ser

que más nos ama, teóricamente, suele

cometer abusos, en forma

inconsciente,

con

el

hijo

más

complaciente. Porque cuántas veces

vimos

a

“La

niña de los mandados” que siempre es

la

más

obediente, la que no protesta

cuando la mandan a hacer o a comprar

algo y entonces,

a

mamá

le resulta

más

cómodo

recurrir a ella que

intentarlo

con

otro

hijo

que,

seguramente, protestará o se negará a hacerlo.

Pero esa actitud que toma mamá no es intencional, sino que lo hace porque su inteligencia, la conduce por el camino

más

fácil, como

lo

hizo

el

lobo

en

el

cuento de Caperucita. “La niña de los mandados” es la más

dócil y puede ser fácilmente

manipulada

a través

del

halago,

no

sólo por la madre sino por cualquiera.

Cuántas veces, hemos visto a personas

adultas mendigando

cariño,

o

sea,

haciendo favores a los demás y con

esa

conducta

“servicial”busca,

inconscientemente,

la

adulación

de

quienes

obtienen

esos

beneficios.

Como cuando

le dicen,

por ejemplo:

“quiero que hagas

las

empanadas

porque nadie

las

hace tan

ricas”

o

“que me pongas

los ruleros porque

nadie lo hace mejor que tú” Y lo dicen de un modo tan tierno, que

nadie puede imaginar

que

se están

aprovechando

de nuestra

debilidad,

que no es otra cosa que nuestra necesidad de ser tenidos en cuenta o

de

ser

admirados,

para

sentirnos

queridos.

 

¡Cuidado! Porque la adulación

o

el

falso halago, son las formas más

eficaces para manipularnos, es decir,

sirven para hacernos abrir las puertas y también para dejarnos vacías. Pero

no

voy a cometer

que

todo elogio

el error de afirmar sea una adulación,

sólo deseo que sepas distinguir entre

ambas

cosas.

El

elogio

o

el

halago

sincero, son valoraciones que

cualquiera puede

hacer, pero cuando

se hacen

para obtener

el

favor

del

otro, se convierten

en adulación

Y

a

veces, es difícil diferenciar una cosa de la otra. Por las dudas, cuando hagamos algo para otra persona, hagámoslo sin dejarnos llevar por los halagos que recibamos de ella, sino porque hemos decidido hacerlo, sin que nadie nos lo haya pedido. En realidad, debemos tener como norma el hacer siempre lo que queremos y no lo que los demás nos pidan que hagamos. Y así nunca nos equivocaremos.

Un filósofo chino, tenía una fórmula infalible para cuando alguien le pedía algo: “siempre decía que no y luego lo pensaba”. Porque decía, que alguien puede querer sorprendernos para que hagamos algo que no deseábamos hacer. Según él, el factor sorpresa siempre juega en nuestra contra, de modo que ante un requerimiento inesperado, primero tenemos que decir no, luego pensarlo y decidir si lo aceptamos o no.

Pero volvamos

a

nuestro

tema

principal. Teníamos un dominante y un

dominado,

que aunque

puede

ser

el

varón

o

la mujer,

en

el

caso

de

la

“mujer cartera”, es ella la dominada.

Pero insisto, que

la culpa no la tiene

quien domina sino quien lo permite. Y

digo

esto para que

nadie

piense que

estoy

a

favor

de alguno

de

los

dos

sexos.

Para

mayor

comprensión

del

tema,

quiero presentarles,

a

modo

de

ejemplo,

este

diálogo

entre

dos

amigas,

que

se

encuentran

en

el

supermercado:

----Hola Claudia. ----Hola Marisa, hace tanto que no nos vemos. --- Es verdad. Te invito a tomar un café en el bar del Supermercado, así charlamos, hace tanto que no lo hacemos. ---Mejor otro día, porque Eduardo va pensar que me pasó algo. No le avisé y .... ----Avísale por teléfono. --- Está jugando al fútbol y no sé a que hora llega. Pero si no estoy, se va a enojar porque no le avisé.

----- Bueno, pero vayan esta noche a casa. ¡Tengo tanto que contarte! --- No sé qué decirte. Me dijo que esta noche me iba a sacar a alguna parte y no quiero cambiarle el programa --- ¿Y adónde van a ir? Porque tal vez, podamos salir juntos. --- No sé adónde. Tal vez otro día, le digo y si él quiere ..... --Bueno está bien, después nos hablamos.

Este diálogo

es

muy

frecuente.

La

mujer espera que él la “saque a alguna

parte”, como quien

saca

a pasear

al

perro y seguramente,

no

va

a

“sacarla”

adonde

ella

prefiera

sino

adonde él quiera.

 

La mujer cartera es eso, algo que se

deja llevar

y traer, pero que no tiene

voz, ni voto, en ninguna elección. Y es el hombre quien dice: Esta noche

“tenemos” que ir a lo de Raúl porque nos invitó a su casa. O mañana invité a

Luís

a comer

en casa” O “prepárate

porque

el

sábado,

tenemos

el

cumpleaños de tal o cual”. Y “tenemos” no es, precisamente: ¿“Te

gustaría que vayamos

a

la

casa

de

Raúl

o preferís hacer otra cosa?. Y

cuando dice: “Mañana invité” no

significa ¿Qué comer a tal?

te parece

si

invito

a

Pero veamos otro caso:

----- Mi amor ¿Cuándo te tomas vacaciones?- pregunta ella ---- No sé si tomarlas ahora o en Julio. ---- En verano podemos ir al mar, sabes cómo me gusta. --- Prefiero ir al Sur, yo prefiero la pesca, además Jorge quiere que vayamos los cuatro, con la gringa. ----- A la gringa también le gusta el mar. --- ¿Acaso no hay mar en el sur? --- No es lo mismo, amor. Es frío. ---- A mí el calor no me gusta, prefiero donde hay menos gente,

estoy harto de la gente, pero si preferís quedarte, yo no te obligo. Ella no responde Pero él sabe que después decidirá acompañarlo. No tiene opciones, porque depende de él. Es ir o quedarse. Y antes de quedarse sola, prefiere ir, es decir ceder.

Esta

que

es una “mujer cartera”,

porque no decide nada, es como un

objeto

que

se lleva

y

se

trae.

O

un

accesorio

de

lo

principal,

que

por

supuesto, es él.

Veamos un tercer diálogo:

-----Juan, no te vayas sin dejarme plata, porque tengo que comprar los útiles para los chicos. -----Faltan 15 días para que empiecen las clases. ----Es que después no se puede, hay tanta gente. ----Está bien, te dejo cien pesos.

--- ¿Cien? Son tres chicos y tengo que comprarle zapatillas. ---Y las que tienen ¿Ya no sirven? ---Están gastadas y les prometí que ....... ---Hiciste muy mal en prometer un gasto que no sabes si puedo o no hacer. ----También yo necesito un vaquero y nunca tienes para eso. ----- ¿Un vaquero? ¿Justo ahora que hay que gastar en la escuela? Yo no puedo con todo. No te olvides que soy yo el único que trabaja. ----Vos quisiste que yo dejara mi trabajo. Y ahora nunca hay para mí. ---Entonces no hubiéramos tenido chicos. Ahora debo irme. ¿Vas a querer los cien o no? ---Está bien, ya veo cómo me arreglo.

Aunque

no

lo

crean,

esto también

ocurre en el siglo XXI. Una mujer que

explica detalladamente, todo lo que tiene que comprar para justificar que el marido le dé el dinero. Él es quien decide y da el visto bueno y por eso, debe darle explicaciones y esperar que apruebe los gastos. Pero, como dije, él no es el responsable de esta situación, aunque cueste concebir esa idea, sino que es ella la que se ubica en esa condición inferior. Porque estoy segura de que ese mismo hombre, con otro tipo de mujer, sería todo lo opuesto.

Recuerdo a

una

señora que le

daba todo lo que ella ganaba a su

esposo porque él le había hecho creer que ella no sabía administrarlo. Cuando necesitaba comprar algo, él se lo compraba y ella no conocía nada más que el camino de la casa a su trabajo, adonde, por supuesto, la llevaba y la iba a buscar, no por amabilidad, sino porque ella no tenía derecho a hacer nada sin él. Necesitaban “vivir pegados”, o sea, tenían “el

complejo de los siameses” como le llamo, o sea, que tenían una subordinación “cuerpo a cuerpo”. Pero lo peor de tod, era que quienes los conocían, creían que eran felices. Por suerte, el final de esta historia fue feliz, cuando ella dejó de ser un accesorio para transformarse en algo principal, o sea, en ella misma.

El proceso

de subordinación al otro,

comienza desde temprana edad. Se

empieza

por

ser

la “nena

más

buena

de la casa”, la que hace los mandados,

la

que

nunca trae problemas,

ni

se

rebela

por

nada.

La

que

nunca

pregunta “¿Porqué siempre tiene que

ir

ella a la panadería? La que se deja

adular

por

mamá,

cuando

le

dice:

“Esta hija es la más

cariñosa, la más

dulce,

jamás

me

contesta,

es

un

amor”.

 

Y

luego,

comienza a necesitar esa

adulación,

ella

 

no

quiere

perder

su

reputación y cada día, se esfuerza más en lograr la admiración de su madre y

su estado

de

sumisión

se

vuelve

permanente. Ella nunca traerá un comunicado malo

de

la escuela,

ayudará en la casa,

mientras sus hermanos, pueden ser

todo lo contrario.

Y así comienza

a

tener más responsabilidades que los

demás.

Su mamá

le

encarga

todo

a

ella,

porque nunca se olvidará

nada y es la

que mejor hace la cena, lava la ropa, plancha, etc. Y así, desde pequeña se

va transformando cartera.

 

en

una

pequeña

En

la escuela

será igual,

si

hay

algo

para hacer, ella se ofrecerá, si hay algo

para

traer

lo

traerá,

si

trabaja

en

grupo, ella se ocupará

de todo y por

eso, sus compañeros siempre la

elegirán. Luego, vendrá la etapa

juvenil y

ella llevará pronto a su novio

para presentarlo

a

toda

la familia,

para que todos puedan opinar respecto de él, aunque seguramente, resultará ser un buen chico, estudioso, trabajador, respetuoso, como siempre le ha aconsejado su mamá.

Y como la debilidad se huele en el aire

y

se

descubre

enseguida,

el

novio

también

comenzará

a

dominarla.

Y

entonces, le dirá cómo debe vestirse o pintarse, cómo debe cortarse el pelo,

le elegirá

los amigos,

 

le

dirá

lo

que

desea

que

ella

le

regale

para

su

cumpleaños, le dirá adonde puede ir y

adonde

no

le

gusta

que

vaya,

lo

que

no debe

hacer, y enseguida

se dará

cuenta de que es una cartera

insignificante,

algo

así

como

un

monedero, que puede llevar a

cualquier

parte

por

medio

de

la

adulación

o por otros medios,

como

pueden ser, la extorsión, o hacerse el

enojado

o fingir

que no quiere saber

más nada con ella.

Y

eso

no

es todo,

sino que querrá

saber qué hace, adónde

está, no la

dejará

en

paz,

la controlará

 

a

cada

minuto, escuchará sus conversaciones telefónicas, le revisará los mensajes en el celular. En fin, la convertirá en una mártir, que ni siquiera protestará. Eso sí, primero la anestesiará con “su amor pegajoso”, para que no le duela.

Pero

lo

que

ella

no

sabe,

es que

pronto, él se cansará de estar de novio

con un objeto y buscará a una mujer,

con

la que

todo

será distinto

y hasta

parecerá “otro hombre” con ella. Y no

porque él haya cambiado, sino porque

ahora

estará

relacionado

con

una

persona y no con una “cartera”.

Queridas lectoras, no saben cuánto deseo que no se sientan identificadas con ninguno de estos ejemplos. Pero cuidado, porque pueden caer en la posición opuesta, o sea, que pueden ser ustedes las dominantes, lo que tampoco las hará felices, porque no van a poder amar a quienes dominan.

De lo que se trata, es de ser felices con el otro y de que el otro, también sea

feliz con nosotras.

Es difícil

pero

se

logra.

Sólo

hace

falta

ejercitarse.

Deberemos intentarlo una y otra vez,

cayéndonos, golpeándonos, sintiendo

dolor,

hasta que

lo logremos,

como

cuando aprendimos a andar en

bicicleta ¿Recuerdan?

Para

ello,

deberemos

sentirnos

personas con obligaciones, pero también con derechos. Desde la relación inicial con cualquier persona, debemos comportarnos como

dos y fijar las pautas claras, sin

permitir que nos manejen,

pero

sin

pretender manejar al otro. Porque para lograr que se nos reconozca un derecho propio, debemos también reconocérselo a los demás.

Si pretendemos controlar

al

otro,

el

precio será que también nos controle. Si buscamos que ceda posiciones, el

precio

será

que

también

debamos

ceder. Si nos dicen todo lo que hacen,

nos preguntarán todo. Si elegimos su ropa, nos dirán qué debemos ponernos. Si gritamos, nos gritarán.

Todo

es

una

acción

y

una

reacción.

Porque

lo difícil

de

ser

libre,

es

que

también

debemos

darle

libertad

al

otro. Y a veces, esto último es lo que nos resulta imposible de lograr.

Por

eso,

la clave

de

ser libre

es

ser

fuerte. El débil nunca lo es, porque no puede dejar de preguntar, tiene que

saber, tiene miedo

de

que

no

lo

quieran,

de

que

otra

persona

lo

conquiste

a

su

amado,

tiene celos

y

necesita el control. Y como consecuencia de esa acción, logra un

comportamiento

recíproco

de

su

pareja. Por el contrario, el fuerte no es

inseguro. No pregunta ni pide permiso.

Le molesta la debilidad ajena. Para él no hay cosa peor que rendir cuentas,

que

no poder

decidir, que

no

dar

su

opinión

en

lo

que

se resuelve.

Y

es

independiente, tanto económica como

psíquicamente.

Tiene

amigos

de

verdad y no se siente solo. Es capaz de

ser feliz porque es capaz de ser libre. Es capaz de hacer feliz al otro, porque también lo deja ser.

Es como realmente quiere ser y deja a

su pareja

ser como prefiera Es capaz

de amar

y ser amado,

aunque le sea

más difícil encontrar lo que busca.

Pero en esta página del libro, quizás te

preguntes,

qué

autoridad

intelectual

tiene

la autora

para decir

esto

o

lo

otro. En realidad, debo confesarte que

no soy psicóloga,

ni socióloga,

sólo

tengo la sabiduría que me ha dado la

experiencia, por haber aprendido de

mis

errores, por haber

 

sobre

el tema

y logrado

leído mucho mi libertad

plena. De esta forma,

he logrado

ser

feliz. Sí, aunque haya pocos seres que

puedan afirmar

esto,

yo

digo

que

aprendí a serlo y puedo asegurarles

que

ello no depende

de

los

demás,

sino de nosotros mismos.

Muchos

psiquiatras

han

opinado,

escrito

y

atendido

pacientes

con

muchos problemas en las relaciones de pareja. He leído sobre estos

problemas

de

conductas,

depresión,

ansiedad, colapso nervioso y

enfermedades mentales, porque siempre tuve interés en esos temas,

pero en realidad,

lo

que

hace creíble

cualquier

teoría

es

cuando

nuestra

propia experiencia puede avalarla.

 

Cuántas

veces,

los

profesionales

se

contradijeron unos a otros y hubo que

cambiar de

criterio respecto de tal o

cual cosa.

Y

esto

ocurrió

porque

se

confrontó lo teórico con la realidad

y

pudo reconocerse un error conceptual.

Principalmente

 

porque

el

funcionamiento

de

nuestra

mente,

todavía es un misterio que debemos develar, a pesar de todos los avances científicos y del esfuerzo de muchos profesionales. Y esto ocurre porque el

cerebro

es

como

una

computadora

viviente que aún no puede ser conocida totalmente por la inteligencia. Y debemos reconocer, respecto de los tratamientos psicológicos, que aún no

ha

sido

superada

aquélla

antigua

premisa cristiana que dice: “ayúdate a

ti mismo

y

Dios

te ayudará”

lo que

traducido a nuestra lengua cotidiana, sería: “Ayúdate a ti mismo y entonces podré ayudarte”. Y en este sentido, debemos reconocer

que nuestra mente

no

se comporta

como el cuerpo, donde el médico puede actuar aún cuando el paciente esté inconsciente.

Pero volvamos

a

lo

nuestro.

Y para

ello, nada

mejor que recurrir a ese

gran profesor

de psicología

de

la

St.

John ’University de Nueva York, Wayne

W. Dyer cuando en su libro “Tus zonas

erróneas”

dice:

“Tú

no

necesitas

la

aprobación de los demás, porque eso

equivale a decir, que lo que tú piensas de mí, es más importante que la opinión que tengo de mí mismo”.

Y como él nos enseña: “La aprobación no es un mal en sí misma, porque en

realidad

la

adulación

te

resulta

agradable, te sientes apoyado por los demás y hasta puedes llegar a desearla. Pero nunca debe convertirse en una necesidad. Ese es el límite que

te debes poner. De modo que no dejes de hacer lo que quieres porque alguien

lo

desaprueba.

Es

ahí

cuando

te

inmoviliza. Ten en cuenta que no vas a

lograr

la aprobación de toda la gente

sobre algo

que

tú quieras

hacer. Sí

logras un 50% date por satisfecha. De

modo

que no deberías

depender de

eso para lo que decidas hacer. Y no te

pases la vida preguntando

a

todo

el

mundo

¿Te gusta

 

mi

peinado?

¿Me

pongo este vestido? Decídete

por

ti

misma y si a alguien no le gusta dile

que a ti sí te gusta. No te molestes si

tus amigos

o

un

ser querido

opinan

sobre algo, pero que

les quede

claro

que no son ellos los que deciden y haz

tu voluntad.

No

importa si los demás

no piensan como tú, recuerda que eres

libre

y

puedes

pensar

distinto.

No

tienes que explicarle razones para eso.

a

nadie

las

Claro que no es fácil ser uno mismo y nadie dijo que lo fuera. Pero si quieres

ser

feliz,

es mejor que comiences

ahora. Tu mente

se irá liberando

de

todas las ataduras que te inmovilizan y

que fueron anulándote desde tu niñez. Y así llegaste a creer que si los demás no te aprobaban, no valías nada. Y por

esa necesidad

tuya de esperar

a que

los otros te den su visto bueno, es que

te manipularán…” Wayne W Dyer describe los primeros

mensajes

familiares que fuimos

recibiendo

desde

niños,

para

que

nuestro cerebro fuera funcionando de

esa forma. En principio hay que diferenciar lo que es necesidad de afecto y aprobación de los padres en la etapa de

formación.

Por

lo

general,

es

la

sociedad

la que enseña a los niños a

no fiarse de su propio juicio. Todo hay que consultarlo con mamá y papá. ¿Qué debo comer? ¿Cuánto? ¿Cuándo? Pregúntale a mamá ¿Puedo

ir a jugar? ¿Con quién? ¿Adónde? ¿Bajo qué condiciones?

Y la respuesta será: “Siempre

que

acomodes tus juguetes o que tomes la leche, o que no corras o que no te ensucies, etc”. Estas reglas te enseñarán a que tengas “modales” y son las que te llevarán a interiorizar los valores de los demás, anulando tus propios valores.

Cuando el niño nace, es feliz y egoísta. Y se le enseña a prestar los juguetes a su hermano, a sus amigos, aún cuando

ellos no vean

a

los

adultos

que

se

presten nada. Y no le permiten decidir

qué cosas va a prestar o qué no y aún a quien siempre le rompe los juguetes

deberá

prestarle

todo

para

que

lo

consideren un “niño

bueno”

y

no

lo

castiguen con penitencias…” Y yo digo, que esa manera actual

de

castigar, imponiendo penitencias, tales

como “te vas a dormir”, como si

dormir

fuera un castigo,

o

“no

verás

televisión en todo el día”, como si ver

la

horrenda

programación

fuera

un

premio, se va imponiendo

entre

la

gente moderna.

Y

los

“chirlos

en

la

cola” fueron reemplazados por

penitencias aún más humillantes, pero que parecen un castigo menos cruel. Así puede haber niños que se vayan a dormir sin comer o que no salgan a jugar por no haber comido y muchas otras cosas que suelen hacer los progenitores cuando son incapaces de

dar soluciones crianza.

a

los

conflictos

de

la

Como

dije,

los

padres

nos

van

domesticando,

nos

amoldan

a

las

reglas de la sociedad, con frases como

estas:

“Tienes

que

pedir

perdón”.

“Tienes

que

decir

gracias”.

“Debes

pedir permiso para levantarte

de

la

mesa”,

etc.

Es

decir,

te

preparan

formateándote para que los demás te

acepten y todavía, debemos pensar que lo hacen por amor.

Y por amor también te amenazan: “Si

no vienes,

te

vas

a tu dormitorio”

o

“no vas a la casa de tal o de cual”.

En eso consiste su formación:

“Si

no

haces lo que yo digo, lo que yo pienso y quiero que hagas, vas ser castigado y te voy a privar de lo que sé que te gusta, o de lo que tú elijas hacer” .

Traduciendo

el

lenguaje

maternal,

significa que si no la complaces te irá

muy mal, impedirá que seas tú mismo,

no te permitirá

que

decidas

o

elijas

hacer

lo

que

prefieras.

Debes

obedecerle, no pensar por ti mismo

Y esto se transmite de generación en generación, como una enfermedad genética, como un virus contagioso, de abuelos a padres, de casa en casa, año tras año, sin que todavía se haya descubierto una vacuna para la rabia de los padres. Hasta que el niño crece y por fin, se rebela.

Y entre los ejemplos citados por Dyer,

recuerdo

el

caso

de

una

niña que

pregunta:

--- ¿Qué me pongo mamá? ---Lo que tú quieras. La niña se pone un pantalón rayado y una camisa a lunares. Y sale a mostrarla a su madre. ----- No, hija. Eso no combina, ponte la camisa blanca.

Al

otro

día,

la

misma

niña

le

pregunta:

 

---- ¿Qué me pongo, mamá? ---- Ya te lo he dicho, ponte lo que

quieras ¿Por qué preguntas cada vez?

O aquél otro, cuando

en

la tienda

de

comestibles

el cajero pregunta

a

un

niño:

-- -¿Quieres un caramelo? El niño mira a su madre. ¿Quiero un caramelo?, pregunta.

El

autor,

que

es

un

excelente

psicólogo,

dice

que

son

pocos

los

mensajes de “confianza en sí mismos”

que se envían a los niños dentro de

la

familia.

Eso

es parte

de

la creencia

fundamental de que papá y mamá son

los “dueños

de

sus

hijos”, como

si

fueran una propiedad privada.

Y cita a Khalil Gibrán en su libro profeta “:

“El

“Tus hijos no son tuyos. Son los hijos y

las hijas de los anhelos vida por sí misma.

que siente la

Vienen a través de ti pero no desde ti.

Y aunque pertenecen.”

estén

contigo,

 

no

te

Y

yo

quiero

agregar

más

de

Khalil

Gibrán:

 

“….Puedes darle vuestro amor, pero no tus pensamientos, porque tienen sus propios pensamientos. Puedes hospedar sus cuerpos, pero no sus almas porque ellas habitan en la casa del mañana que no puedes visitar ni siquiera en sueños. Puedes esforzarte para ser como ellos pero no intentes hacerlos como tú porque la vida no marcha para atrás ni se detiene en el ayer… ” ..

En fin, volvamos

a

lo

nuestro.

Decíamos

que

el núcleo familiar

alimenta la dependencia y la búsqueda

de

aprobación,

con intenciones de

evitarle

al

niño

dificultades

en

la

resolución de problemas, sin sospechar que de esta forma, no aprende el niño

a enfrentarse

a

ellos,

que

sería

lo

importante. Porque no importa que él resuelva sus problemas, lo que vale es

que los afronte.

Y

no

hablo

de la protección

lógica o

razonable, que los progenitores deben darle a sus hijos, sino de la protección

innecesaria que les impide actuar por

Por ejemplo:

sí mismo. diariamente

las

tareas

“El revisarle escolares”

Aunque

al

hacerlo, ellos crean

que

están cumpliendo

con

un

deber

de

buen padre

o madre,

dichas

tareas

deben ser de responsabilidad del niño,

aunque

se

puede

ofrecer

alguna

ayuda en el primer grado de la

escuela, siempre que el niño acepte.

Pero a menudo, sucede que hay un control permanente y muy autoritario por parte de alguno de los progenitores, anulando o sustituyendo

por completo

la responsabilidad

del

niño. Y entonces, son ellos quienes dicen

cuándo, qué, dónde

y cómo,

el

hijo

debe realizar las tareas.

Y hasta hay niños que suelen decirle a

la maestra:

“mi mamá

se olvidó

de

hacerme hacer las tareas”, es decir, se desligan del asunto. Por supuesto, que las maestras tienen parte en este asunto.

Wayne Dyer señala que cuando el niño

va

a

la

escuela,

por

lo

general,

encuentra una maestra que continúa

enseñándole la búsqueda de

aprobación externa.

 

Los

niños

independientes y seguros de sí mismos que no la necesitan y no sienten culpas ni preocupaciones, a menudo

son

vistos

como

“alborotadores”

o

como “niños problemas”.

El

mensaje

que

brindan

esos

docentes,

es

que

el

éxito

se

logra

mediante la aprobación de los demás

“Tienes que pedir permiso

para

ir

al

baño” o “Siéntate

aquí”

o “Habla

de

este modo” o “Te voy a sancionar si te

levantas.” “Lee esto, dibuja aquello”, etc. La libreta de calificaciones sirve para comunicarles a los padres el grado de aprobación que han alcanzado. Y en la secundaria, suelen alcanzar un buen nivel de aprobación porque los

alumnos

ya

han

aprendido,

que

sometiéndose o complaciendo a los

profesores, lograrán el éxito.

Por supuesto,

que

al

final,

ellos

no

sabrán

qué

carrera

elegir

y

aún

sabiéndolo, deberán ver si su elección coincide con lo que piensan los demás,

porque durante

años,

se

le

ha

enseñado

a

no

pensar

por

su propia

cuenta.

Y cuando

en la Universidad

deban hacer un seminario,

seguramente,

 

sentirán

pánico.

Y

preguntarán qué libros leer, si deben hacer el trabajo en computadora, qué

papel usar, de qué tamaño, de cuántas

páginas,

etc.

No

querrán asumir

riesgos de pensar…”

los

Y muchos padres ya le van lavando el cerebro, cuando dicen: “Mi hijo tiene condiciones para ser médico o

dentista,

u

otra

cosa”,

según

lo

que

ellos hayan elegido de antemano para su hijos.

Y si deciden emprender un comercio,

lo consultarán

con

la familia

y entre

todos los miembros y amigos decidirán

qué

color

les

gustaría

pintar

las

paredes, si el verde o el azul, o sobre el nombre para ponerle al negocio, o para el hijo que espera tener, en fin, una especie de consulta popular que le asegure la aceptación del grupo.

Todo

esto

que

desde

niños

va

deformando la mente de las personas,

es lo que los conduce

a ser infelices,

porque dejan de ser ellos mismos y no

saben lo que quieren porque piensan

en

“lo

que

deberían

querer”

No

pueden

ser

felices

porque

ellos

no

eligieron nada

de

lo

que

les pasa,

ni

sienten placer

por

las cosas,

porque

las sienten ajenas.

Y

por

eso, cuando

van

a comer con

alguien a un restaurante y el mozo les pregunta qué desean comer, se miran

entre

sí,

para

ver

qué

va

a

pedir

el

otro. Y terminan

comiendo por

consenso

y

no

según

el

gusto

o

el

deseo de cada uno.

 

Pero

aún

es peor,

en

el

caso

de

“la

mujer

cartera”

porque

su pareja ni le

permitirá decidirse y le dirá: “Te invito a comer pizza” o cualquier otra cosa. Ella no tiene ni la posibilidad pensar en

qué

le

gustaría

comer.

Lo

mismo

ocurrirá con otras invitaciones, cuando él le diga: ¿Quieres que vayamos al cine a ver “La guerra de las galaxias”? Y ella creerá que está decidiendo algo

y que su pareja es amable porque la llevará al cine. La palabra “llevará” nos habla de un objeto transportable como

una cartera.,

porque en realidad,

la

pregunta debió ser otra, como ¿Qué tienes ganas de hacer esta noche? O ¿Adónde te gustaría ir? No hay otra manera, para ser tratada como una persona.

Vamos

a

ver,

Dyer:

te somete

a

una

prueba y dice: “si tuvieras que definir al amor entre un hombre y una mujer ¿Qué dirías?

Opción a) Que es un sentimiento que

los

une

de

tal

separarse más.

modo

que no pueden

Opción b) Que es un sentimiento que

no puede

definirse y donde

uno

no

puede vivir sin el otro.

Opción c) Es la capacidad de permitir que alguien elija para sí mismo aquello que lo haga feliz aún cuando no sea lo que tú quieres.

A

modo

de

ayuda

y

mientras

lo

piensas, te voy a contar lo que Khalil

Gibran dice, en su maravilloso libro “El Profeta”, cuando habla sobre el amor y el matrimonio:

Cuando el amor te llame, síguelo. Pero cuando se marche, déjalo El amor nada da, sino de sí mismo El amor no posee, ni quiere ser poseído porque al amor le basta el amor.

Y luego cuando él habla del modo en que dos personas que se aman deben convivir, dice:

Llenen mutuamente sus copas pero no beban de una sola copa. Compartan su pan, pero no coman de la misma tajada.

Canten, bailen juntos y gocen pero conserven su soledad porque las cuerdas del laúd, vibran solas aunque juntas hagan música. Den sus corazones, pero no en prenda. Estén juntos pero no demasiado, porque las columnas del templo guardan distancia Y el roble y el ciprés no crecen uno a la sombra del otro

Pero volvamos a las opciones que les

daba

Dyer

para definir

el amor

y

en

este punto

dice: “Si todavía

no

han

descubierto que el amor está definido en la opción C, creo que no han aprendido a amarse a si mismos. Y como él dice: “ comencemos con tu cuerpo ¿Te gusta? ¿O estás pensando en agradar a los demás y piensas que

según la moda actual o para el modelo

social

que

te

imponen

desde

la

televisión, tienes demasiada cintura, o poca estatura, o panza, o pocos senos

o demasiada celulitis?

nariz,

o

boca

grande

o

No estoy hablando de eso, digo que te

mires al espejo

y me respondas

este

test. de acuerdo con tu criterio:

 

(coloca

una

cruz

en

lo

que

no

te

gusta):

Cabello

-cintura –iris –hígado- Cejas

-caderas

-pómulos

-muslos

piel

arterias- Rostro, - rodillas

- cornea

venas-Cuello

-pantorrillas

-

huesos-

Glándulas-

Hombros

 

-talones

-músculos -páncreas

-

Brazos

-pies

-oídos

-

intestinos-

Manos

-dedos-olfato

 

-glándulas

tiroides- Dedos -frente -vista -vesícula-

Uñas

-párpados

-tacto

-

pulmones-

Pechos - pestañas - estómago-

Espalda-lagrimal -riñones

Y como el autor dice: “¿Qué porcentaje de cruces has hecho? ¿Tienes un 3% de fealdad o menos? ” ...

“Como podemos ver, nuestro cuerpo es mucho más amplio que esa parte que puede no gustarles a los otros ni a nosotros mismos Es mucho más que la nariz, o los rollitos, o nuestro pequeño busto, o la celulitis. Porque nuestro

cuerpo también

forma

parte

de

nosotros. Y debemos amarlo porque si

no lo amamos, viceversa.

no

nos

amamos.

Y

Aunque esto no significa que no podamos mejorar aquella parte que no nos gusta, de la misma manera que podemos mejorar nuestra memoria, nuestra cultura o nuestro carácter, etc ” ... “….No te olvides de que somos valiosos y podemos serlo cada día más si es lo que queremos. Nadie puede hacerlo por nosotros. Lo que los demás piensen es asunto de ellos, nosotros sabemos que somos lo más valioso de este mundo: Y por eso valemos…” Y como dice Dyer: “Siéntete orgulloso de ti mismo, contempla tu cuerpo, dale

valor

a

lo

que

hagas,

escucha

tus

palabras y sigue tus pensamientos. Y

estarás

en posesión

de

ti mismo.

Ya

nunca más pienses que alguien puede

decidir

por

ti.

(Directa

o

indirectamente) Nunca más creas que

alguien va a decidir donde tú vayas. O

lo que hagas.

O

lo

que

tienes

que

decir, o estudiar, o comer o vestir. Ya

no tendrás que preguntar si te queda bien, esto o aquello, no tienes que operarte nada para agradar al sexo opuesto. Y ya no rendirás cuentas a nadie sobre qué hiciste o adónde

fuiste, o qué compraste o a qué hora te levantas. Y serás libre. Porque no necesitarás que nadie te apruebe ni te desapruebe. Porque sólo si eres libre serás feliz. De otro modo, podrás sentir placer, pero no conocerás la felicidad.

Y

un

día,

te

irás

de este mundo

sin

siquiera haberte conocido. Pero no te pongas triste, inténtalo una y otra vez, hasta que lo logres. Es un ejercicio que no debes abandonar.

Y comienza ahora mismo: Piensa que

no debes comprar

sólo

lo

que

necesitas,

ni

elegir

el

menú

de

un

restaurante por el menor precio, elige

algo

que

te guste,

piensa

en hacer

algo

distinto a lo que deberías

hacer.

Decídete

a

comprar

aquello

que

deseas desde hace tiempo y procura hacerlo con tu dinero. Trata de pensar

en algo que no necesites pero que te

guste

tener.

Cómpralo,

aunque

los

demás te lo reprochen y lo consideren

insólito. Trata de vestirte como a ti te

gusta sin pensar en la moda ni en las

demás

opiniones.

Cómprate

una

revista,

un cinto,

un adorno

para

el

cuarto .Sigue tus impulsos aunque los

demás

se enojen

o

te

reprochen

el

gasto.

Elige

unos

zapatos

aunque

tengas otros nuevos. Gana tu dinero y

eso

te

hará

sentir

libre.

Es

muy

importante

que

en lo económico

no

dependas

de

tus

padres,

de

tu

cónyuge, ni de nadie, ni necesites que alguien te lleve en auto a algún lugar

ni te vaya a buscar a tal o cual sitio.

Tal

vez,

sea

 

penoso

tomar

un

colectivo,

esperar

en

la

parada

desestimando

la

comodidad

de

que

alguien, así sea tu cónyuge, te busque

o

te

lleven

su

auto,

con

aire

acondicionado, pero a la larga, eso se

volverá contra ti. Nunca olvides que la libertad implica sacrificios

Alguna

vez,

decide

adonde

ir,

aunque

nadie

te

acompañe.

No

permitas que siempre elijan los demás

por ti.

Permítete equivocarte y no sientas culpas. Tienes derecho a llegar tarde,

a dormir hasta el mediodía, a olvidarte

de algo, a que se te queme la comida y

no

por eso,

deberás

sentirte menos

que nadie.

No

para

debes

buscar

la

perfección

que

los

demás

te

quieran. Ninguna persona que tú amas

es perfecta y no necesitan esforzarse

en

serlo,

para

que

le

sigas

queriendo.

 

Recuerda que eres mucho más que tu

memoria,

que

tus

errores,

que

tus

aciertos, que tus defectos. Tú eres tú,

no tu cuerpo ni tu ropa, ni lo que

sabes,

ni

lo

que

tienes.

no

eres

gorda, ni olvidadiza,

ni distraída,

ni

limpia,

ni

sucia,

ni

ordenada

ni

desordenada, ni perezosa, ni todas las

cosas que los demás puedan ver en ti,

porque las personas

nunca

están

acabadas, sino que están en proceso

de realizarse a sí mismas.

Las personas no son nerviosas, sino que están nerviosas hasta que decidan

tranquilizarse.

No

son

tristes,

sólo

están tristes hasta que decidan dejar

de

estarlo.

No

son

gordas,

están

gordas

hasta

que

ellas

decidan

adelgazar. No serán ni más ni menos, ni mejores o peores personas por lo que muestren de sí mismas, porque en definitiva, son lo que ellas deciden ser o hacer.

Amas a

alguien o lo olvidas, porque

así lo decidiste. Debes superar el dolor, fortaleciéndote y sentirte feliz con lo que elijas. Si te sientes mal con lo que elegiste, puedes cambiar. Si no lo has logrado, seguramente hay algo que debes modificar y aún puedes hacerlo, ya que nunca dejarás de crecer y perfeccionarte.

Eres feliz o desdichada por tu propia elección. No tienes que culpar a nadie

por tu desdicha, ni tampoco agradecerle por lo feliz que te sientes, porque tú eres el responsable de eso. Cuando alguien dice: “Quiero hacerte

feliz”, se está atribuyendo

un poder

que

no tiene.

Esa persona

cree que

“te” hará feliz.

O

sea

que

en

su

persona

hallarás

tu

felicidad.

Nada

más falso. El amor hacia otro no es un

sentimiento egoísta, sino que debería traducirse en un “deseo de que tú seas

feliz, a pesar de que yo estoy contigo interfiriendo con mis propios deseos.

No

quiero

interferir

en

tu

libertad

porque necesito que sigas

siendo tú

misma,

o

sea,

esa persona

 

que

yo

amo.

Quiero

que

hagas

lo que

necesites hacer

para

ser feliz

por

ti

mima, sin importar que yo comparta o

no

tu

rumbo

o

tu

punto

de

vista.

Porque yo necesito ser, pensar, decidir

por

para sentirme

libre

y

poder

elegirte todos los días. Deseo que con

libertad

plena

me

elijas

todos los

días para poder compartir contigo mi camino.

Recuerda

que

 

aunque

vivas

acompañado por otros seres, que te

aman o a quienes amas

profundamente, siempre tu camino es solitario.

Piensa

que

en

ese

largo

camino,

podrás

perder