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Historia del Fútbol Uruguayo: Caudillos

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C A U D IL L O S

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H IS T O R IA DEL F U T B O L URUGUAYO z~

Jueves 4 de diciembre de 1969

DIRECTOR
Franklin Morales
ASESOR DE LA DIRECCION
Eduardo Gutiérrez Cortinas
AYUDANTE DE LA DIRECCION
Rafael Bayce
DIAGRAMADO
Horacio Anón

EDITOR
Julio Bayce
Editores Reunidos
Cerro Largo 9 4 9 Tol. 1 .0 3 .1 * M ontevideo. Uruguay

DISTRIBUCION GENERAL
Arco S. R. L
Cotonía 1263 Tol. I 32 00

DISTRIBUCION INTERIOR,
QUIOSCOS Y CANILLITAS
Distribuidora Uruguaya
do Díanos y ftovistos
Ciudad ola 1424 Tol. 1 .5 1 .5 5

PUBLICIDAD
Virtíco
Solis 1 5 6 3 Tol. 9 .1 3 22

Impreso en Uruguay por Impresoro l e í S A.


Goboto N* 1 5 2 5 — Telé»ono 4 9 0 4 1
Hecho el dopbsito de ley. * Am parado en el
Art 7 9 de lo Ley 13 3 4 9 IComisibn del Papoll
C o p y r ig h t E D IT O R E S H U M ID O S

LA DIRECCIÓN N O COMPARTE NECESARIAMENTE


LA O P IN IÓ N DE LOS AUTORES

Sí tuviéramoa que hallar una explicación a las razones


por lan cuales el fútbol nuestro cimentó su fama en la
presencia de “ caudillo*", díríamo* que ello tiene una
profunda raíz hiatórica: el paía mi amo ae reconoce en
la venerable figura de un caudillo. Al revea de otro*
medio*— donde la *ola mención de la palabra enciende
recelo»— en Uruguay. caudillo encierra una honda *¡g*
uificación. El fútbol — entraña popular— refleja en
cato toda una identificación hiatórica.
CARLOS SOTO
SEM BLANZA
Caudillo. Con “ C” de calidad, de
“ cancha” , de “ camelo” , de coraje.
“ C” de calibre humano, con deto­
nante sensible en el temperamento,
en la audacia, en la vincha invisible
que la sangre le pone en la frente
para que no estallen venas y ar­
terias, incendiados por un fuego in­
terior que llega a temperatura de
lava cuando entra en la lucha ás­
pera. Caudillo. . . un ¡qué sé yo! in­
terior que la naturaleza reparte
con avaricia, como si el ingredien­
te fuera propenso a la desaparición.
Que se manifiesta allá en la niñez
como bullicio, diablura e inconcien­
cia natural multiplicada. Que se
reviste como de una clase de pre­
potencia cuando ya la palabra tiene
fundamento y sale 3 decirla prescin­
diendo de preceptos, desconociendo
bases o negándoles la solidez de
los “ otros” . Fibra que pone los pies
firmes en el estrado para la orato­ N asa zzi nació fu tb o lís tic a m e n te en
ria y la frase que flagela con verdad B e lla V is ta y su n o m b re e s ta rá s ie m ­
sabida pero por los “ otros” callada. p re unido a dicho club. A r r ib a lo
Que sale a la pelea de frente, como vem os en 1923 d irig ie n d o la lín ea
si le protegiera un signo descono­ d e la n te ra . A la iz q u ie rd a , ha r e tr o ­
cido, como si la muerte se acobar­ cedido al á re a p o r exigencias del
dara ante una coraza de vida y se p a rtid o , d e fe n d ié n d o la con el juego
refugiara, “ muerta” de envidia, en de cabeza que lo hizo céleb re.
una fosa de silencio. Caudillo. Con
“ C” de campo. Aptitud que no se
auto-avalúa, poique es capacidad
que no se pesa, porque es atrevi­
miento que desprecia, porque es
dominio que acogota a los “ otros”
\ les niega aire para sus pulmones
temerosos.
D ie z años después, s ig u e o c u p a n d o No sé como son - si hay- los
su p u e sto c lá s ic o en la zaga p a p a l. caudillos de otras tierras. Conozco
bien a los de mi suelo y los encuen­
tro en mis años de guaidapolvo
blanco y moña azul, prendidos con
vigencia en mis libros de historia y
me dejan en el asombro de las cosas
que se descubren y nos impactan.
Y me ponen olvido y cierre a las
páginas de historietas, porque sus
rasgos y hazañas tienen lanza pun­
tiaguda que sólo conocen meta de
corazón. Para el orgullo, la admi­
ración y el respeto, como antes lo
fueron para m atar en medio de la
gritería macha. Después, cuando
los años ya tenían documentos que
autorizaban a m ira r otras cosas,
compruebo una tarde cualquiera
que se me aparecen vigentes, arro­
gantes, con la misma audacia, con
idéntica inconciencia, con igualita
imposición, corriendo detrás de una
pelota La pierna lanza, el pecho
coraza, el sudor vincha y trabucos
los ojas en medio de gritos que no

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se diferencian, con fuerza que se hablándome de la potencia de un
identifica, con valor que admite y hombre al que muchos califican de
exige comparación, aunque la lucha
sea otra.
Caudillos que mandan gritando.
único. En la cancha y fuera de
ella se hacía lo que decía JOSE.
Y JOSE era uno solo, como si el
NASAZZI
Unos que mandan en silencio, otros... nombre no le sirviera a nadie más. En 1935 para fe ste ja r el
Y los que mandan por presencia, Caudillo por el alerta, por el alien­ cuarto cen ten ario d e su fu n d a ­
por sicología no aprendida, por na­ to, por la frase construida en el ción, L im a se pro p u so ce le b ra ­
turaleza de conformación humana. segundo preciso y dicha en el mo­ ciones trascen den tes. E n tre ellas
mento de la necesidad imperiosa.
Caudillo del grito alentador, pero un ca m p eo n a to d o n d e urugua­
DON JOSE NASAZZI, yos y argen tin os vo lviera n a
sin desplante ni ofensa. Caudillo
"EL TERRIBLE de ir al frente, protector incondi­ en fren tarse, lo qu e no hacían
Nunca le vi jugar. Lo tuve entre cional del resto aunque el resto no d e sd e la fin a l d e 1930 en M on­
las manos como una figurita de lo estuviera necesitando. Caudillo te v id e o . N asazzi, L o ren zo F er­
cartón o de chapa metálica, menos por V IV E ZA para captar posibilida­
des, alternativas y circunstancias. n án dez y H écto r C astro eran
acerada que sus ojos. . . y desde la
litografía me impuso el respeto por Para buscar y encontrar sin mucho los in teg ra n tes d e la v ie ja
“gu ardia d e h ie rro ” celeste y,
cerca d e l fin d e sus a c tu a d o ,
nes, cansados p o r el tie m p o
acu dieron a d e fe n d e r el p res­
tig io celeste en un to rn eo es­
p era d o p o r los vecin os d e en ­
fre n te com o la p o sterg a d a pero
ansiada revan ch a d e aqu ella
fin a l, esta vez en terren o n eu ­
tral. C ontra to d o s los va ticin io s
en el p a r tid o fin a l U ruguay
venció h o lg a d a m e n te p o r 3 a Ó.
J cierta a ltu ra d e l p a rtid o ,
L oren zo cayó h ech o una masa
d e m úsculos revu elto s y con­
tra íd o s, a tra vesa d o p o r ca­
lam bres. Con el p e lo pegado a
la fren te p o r el su dor p id ió el
cam bio. E n ton ces N asazzi le
g ritó :
— ¿Q u é van a d ecir en M on­
te v id e o cuando sepan qu e p e ­
d is te q u e te sacaran? ¿ N o te
da vergü en za?
Lorenzo, levantándose, ex­
clam ó.
Deja M alucho, deja, yo no
salgo nada . . .

1924: N a w i i i cap itan ea en C o lo m b e t un cu ad ro jo ven que a s o m b ra rá nes de integridad deportiva, de ética,


al viejo m undo. E l equipo u ru g u ayo conquista el cam p e o n a to o lím p ic o de de caballerosidad, cuando esas cosas
fú tb o l m erced a un juego s u p e rio r, herm oso y p ráctic o a la vez. pretendieron ser avasalladas por
otros colores enfrente. Y porque el
fútbol no es fútbol sin esas cosas,
su estampa, me despertó la nece­ estudio la parte débil del adversario, aun cuando se me vengan encima
sidad de conocer su interior aunque la flaqueza del compañero, la brecha los moralistas. Caudillo por sola
yo no supiera todavía que existían para triunfos, el esfuerzo para m ul­ presencia. Sí. Por lo imponente. Por
cosas que no están a la vista . . tip lica r y m ultiplicarse cuando la lo ‘T E R R IB L E ” . . La prim era vez
Y fue cartón o chapita con brecha era propia Caudillo por hom­ que dialogué con él, lo encontré can­
permanente en mi bolsillo. Una dic­ bría de ciudadano y atleta, por v i­ tando en la cantina de Roque Can-
tadura casi sionario, por humildad para salir al tucci. Y vi su sangre invasor a im ­
Un día leí y supe que le decían mundo y a las canchas oon dientes placable de su rostro, representante
T e rrib le ” . .. y todo lo que imaginé apretados en una misma rabia de de su vergüenza, estandarte de su
entonces me lo confirmó el tiempo, siempre Dejó reguero de ejemplo, temperamento, escudo de un interior
las charlas entre mayores, el relato amilanó advérsanos y estimuló al tí­ tumultuoso como una catarata de tu
casi religioso de sus hazañas la mido que tuvo junto a «i. Caudillo ra j* refinado. I^a mano que apretó
unción oon que aw nombre se pro­ pan» golpear cuando hubo necesidad la mía fue una rr<isa de huesos V
nunciaba la vn» tía ja de mi padre, de hacerlo, olvidado de ciertos cáno- nervios v los ojoh ¡loa ojos de
Nasazzi!—, eran dos tomos comple­ Nasazzi no fabricó al caudillo. El No le vi jugar. Pero eso no excluye
tos de vida que habría que releer caudillaje interior fabricó a Nasazzi. que aquilate la dimensión tremenda
m il veces para poder asim ilar la m i­ Y lo lanzó al mundo del fútbol segu­ de este hombre por encima de la pe-
tad. Ojos de tiempo, de profundidad ro de su obra, conciente de la po­ queñez general con que siempre va­
insondable, de pasado antiquísimo, de tencia asombrosa, peligro de muerte loramos nuestras cosas, aun aquéllas
presente joven y de mañana ambi­ para quien osara hacerle frente. más inmensas, tal vez por natural
cioso todavía, aun cuando los años Caudillo en el tiempo heroico, si es idiosincrasia de este pueblo nuestro,
se venían con velocidad de je t.. . que acaso el tiempo heroico no lo tan proclive a la euforia y tan indi­
Caudillo, porque cada minuto en la hizo él mismo en la indiferencia del ferente a la recordación más profun­
vida de Nasazzi tuvo duración de do­ genio que no sabe de autoanálisis. da. ¡Nasazzi campeón Olímpico dos
ce meses y cada año, tic tac de siglos. Fue un hombre que jamás supo veces, campeón del mundo y sudame­
Caudillo porque nunca eligió cami­ de medianías, que no protegió el ricano! Las distancias son más pe­
seta ni ubicación sino que la camisa “ más o menos” , sin ambigüedades, queñas que sus hazañas. E l tiempo
y la ubicación le eligieron a él, el que nunca pudo ser espectador por­ es enano ante el gigante que V IV IO
UNICO JOSE, como si el nombre que que había nacido para ser actor. Por así.
le estamparon en el C ivil hubiera eso no supo aplaudir, porque los Porque también acaudilló al tiem ­
allí nacido y allí muerto. Caudillo aplausos fueron ruidos exclusivos po, a las distancias, a la propia muer-

N A S A Z Z I S A L E A G A N A R . Sereno, seguro, poderoso, “ E l M a ris c a l” pisa el césped del E s ta d '° de A rn sterd a m


al fre n te de una escu ad ra de astros, p a ra ven cer en la fin a l o lím p ic a , el 13 de ju n io de

para sus oidos. Un actor para esce­ e que tuvo que esperar a que él qui-
porque fue el del rezongo a tiempo,
el de la palmada amistosa y recon­ nario único, con boca tan ancha como iera irse, ella que siempre es cobra-
el mundo y un telón que sólo podía ora implacable de las deudas que
fortante; el del g rito exigente ador­ 1 hombre contrae mientras respira.
nado con esa carajeada con “ C” de caer si el tramoyista usaba el ape­
llido muerte. Caudillo hasta para Un caudillo que avasalló la his-
c a u d illo ... A ltivo hasta para la pa­ oria. Que se metió en ella con pre­
labra de adiós al compañero, cuando preferir el silencio, el ostracismo, an­
tes que la queja, antes que la pro­ potencia amable en el trato, pero con
la tierra reclamó lo suyo; orgulloso erocidad en la lucha. El hombre y
y hasta agresivo para decir la ver­ testa mocosa o el llanto retenido que
se va en mohines. Caudillo por "apro­ 1 caudillo jamás podrán desglosarse
dad, siempre LA VERDAD, aunque orque son tan indivisibles como ma­
la mentira establecida pretendiera piación debida” , sin tirotearse con la
vanidad o entregarse al amor propio, lve e hijo, tan inseparables como hie-
jx>nerle muro de contención. Y los v f r in tn n unidos como mar y
ojos de Nasazzi demolieron ese mu­ ¡sin “ yoismo” de Nasazzi. sin enamo­
ro, porque las pupilas tenían poten­ ramiento de JOSE. . . ! arena.
Caudillo en la observación, en la Caudillo de la amistad sin im por­
cia de bomba y la mentira, para él, tarle el viento en contra. Tal vez el
debilidad de flan mesura, en el juicio y en la actitud.
primero que captó, que supo, que se y lograr acallar a una m ultitud al mas que había creído sin sospe­
valoró la potencia del grupo humano, de doscientas m il almas? Im ponen­ chas de dobleces. Tal vez. en el
haz de voluntades capaces para el cia de la calle en su formación; con­ fracaso de la intentona suicida, vino
sacrjfxno. ca rril que lleva a la meta tacto directo con las cosas difíciles, el reencuentro con su coraje y el
más lejana y. llegando se apresta de tal vez con la necesidad. Cultura ca­ estímulo para seguir. Hasta la par­
nuevo a la salida que amplíe el hori­ llejera que va asimilando hasta pro­ tida anónima hacia la o rilla de en­
zonte de hazañas, las mismas que él fesora rio, graduarlo en ••mundolo­ frente a hacer equilibrio entre los
comandó junto a un resto que valoró gía". exonerarlo en picardía, honoris andamies de una construcción, cuan­
su contenido .El fabuloso contenido causa en vivera. Después una m ul­ do aquí (1948) la profesión futbole­
de JOSE. titud de sueños no concretados; sue­ ra tenía protesta de huelga. Sin de­
ños donde el fútbol aparece pocas cir nada. Igual que cuando se acercó
v eces porque el logro es deseado para a la o n lla del muelle. Un hombre
H MftGftO OBDULIO otras cosas que no confiesa pero así es C A U D IL LO de sí mismo y
Otro que no tiene necesidad de siente. tiene O B LIG AC IO N de demostrar
apellido *para que lo quiere? Varela A rcilla natural noble y la mano que lo es ante los demás. Porque
existen muchos pero hay UN SOLO hábil de la vida modelándola hasta la naturaleza es avara con ese in­
Obdulio Caudillo an tener abso-uta- ver su obra expuesta en atributos grediente e impone la O B LIG AC IO N
mente nada que ver con los otros, sin inestimables para ser caudillo en fú t­ de ser usado en el m ejor aprovecha­
puntos de contacte sin asidero para bol Un concepto muy suyo de acon­ miento. Y sale a las canchas, prim e­
la comparación. aun cuando la tecimiento o hechos Una forma de ro s in numero y luego con un cinco
votación en la cancr.a hay a ver cómo los demás no quieren o no en la espalda a cu m p lir un signo
identioo^ resultados positivos Sicólo­ saben Un arraigo profundo a sus de mandato, un ciclo de historia, m il
go y filósofo Observador profundo convicciones una trampa que él mis­ páginas recuadradas "E l Negro" Ob­
estudioso instintivo detallista sm pro­ mo se tiende si entra en el juzga­ dulio que anda al tranco porque ha
ponérselo. sagaz sm que sepa cali­ miento de loe demás Por eso alguna nacido para capataz y los capataces
brar que es eso Incisivo, oportuno vez se quiere imponer silencio d e fi­ tienen que ordenar ¡xmsando sin
y en muchas cosas introvertido En nitivo. tal vez en la comprobación apresuramientos
la cancha era un extrovertido * de errores propios o decepciones que Obdulio trae lo suyo, lo que le
_Que monde interior lo diferencia los otros le regalan sin su pedido pertenece y le agrega el aditamento
o lo hace distinto * ¿ Que v a-urea se Quiso decir adiós a si mismo sin de la cultura empedrada, del estaño
han cor¿jugado para la emboranún de despedirse de esos otros porque in tu ­ tempranero de la cofia antes de la
este «r.gular hombre capaz en la yó el engaño, porque comprobó fal- «-dad establecida, del rancho que le
audacia o el raciocinio de proponer­ >eda«.t inconstancia podredumbre di­ arrim a concepto de la amistad y le

N asazz protege d arco en la fin a l del 2fi. m ie n tra » M a z a d sale y d e s b a ra ta una c a rg a a rg e n tin a . E l c a p itá n
celeste era un oeiooo g u a rd iá n de la v a lla d u ra n te las Im petu o sa» salida» del a rq u e ro o lím p ic o . L a c o m p le m e n ­
t a o s de esto» do» coloso» e ra una g a ra n tía a d ic io n a l p a ra el u ltim o red u cto u ru g u a y o .
O B D U L IO
Un sábado alguien u bicó a
O b d u lio y lo citó para un
café. L e o freció $ 3.500 por
“ir a m enos” al d ía siguiente.
O b d u lio to m ó e l d in ero y lo
d e p o sitó en m anos d e l dueño
d e l café. Fue a en trevista r
al p re sid e n te d e W anderers
— don D a n iel T arrés— y le
rela tó lo su cedido.
— Póngam e si quiere. Pero
yo prefiriría no jugar. Si an­
do m al. ¡las cosas que van a
decir
— T e conocem os. N o hay
ningún p ro b lem a . Jugás vos.
IFanderers ganó 1-0. C uando
term in ó el p a rtid o , O b d u lio le
p id ió $ 0,10 para el tranvía.

E ren te al estu por d e doscien ­


tas m il personas — m u ltitu d ja ­
más reunida para presenciar
un p a rtid o d e fú tb o l— cuan­
d o la pelo ta d e Friona llegó a
la red a los 5' d el segundo tie m ­ A h o ra " E l T e r r ib le " a le ja de cabeza un ataq u e a rg e n tin o , m ie n tra s
M a z a li v ig ila . N asa zzi te n ia un a m p lio d o m in io del á re a , una seg u rid ad
p o en la fin a l d e M aracaná, n o ta b le en el ju eg o de a lto y un poderoso despeje de cabeza.
O b d u lio la to m ó d e b a jo d el
brazo y fu e hasta d o n d e esta­
ba el línea, persigu ió al ju ez enseña eJ diálogo en voz baja y que otro6, tal vez aburrido de haberse
inglés, p id ió un in térp rete, h i­ escuchar es más importante que estar visto tanto y comprenderse mucho
hablando siempre. ¡Qué bagaje enor­ más.
zo adem anes “protestan do" una me que aporta al fútbol! ¡Qué palen­ ¡"Esto* catalanes. . • I" Y lo dice
presunta irregu laridad en el que bárbaro que sirve al novato pa­ con algo de suficiencia, de subesti­
gol, que él sabía “era flor ra rascar su inexperiencia, su avidez mación estudiada, de inyección que
d e gol". L o 3 cohetes y las ¡tal. de conocimientos! Y Obdulio lo va tonifica, de revés dicharachero que
regalando con bondad de negro es­ satiriza y achata advérsanos antes
m as y los gritos fueron hacién­ de pisar la cancha. Porque la cancha
toico, olvidado de sueños « guilloti­
dose cada vez más espaciados nados que pasan a ser recuerdo. Y del "Negro Jefe" es la cancha de la
hasta silenciarse a q u el m ar hu­ en sus ojos de alerta permanente, calle. Él sabe pegarle de "chanfle”
m ano: era lo qu e O b d u lio se entra a asomar la bondad intrans­ a la vida, contra el cordón, para que
ferible. la comprensión que antes no vuelva man&ita y al lugar que uno
propon ía. L e con fió a F letar le ha destinado de antemano. El
R o d ríg u ez A n d r a d e : — "Espe­ admitía porque la consideraba una compañero piensa con su cerebro, el
••colada". Asi nace el Obdulio Oapi- nval se siente impotente y anula el
ró. N o la m u ría n . F oy a p ro ­ tán y Caudillo. Por tácita aproba­
testar y i>as a i r r que cuando suyo, influido por algo que no com­
ción del resto, porque nadie amaga prende pero que le vence
i>aya al m ed io esto es un ce­ al rechazo, porque hay como una "¡Esto* catalanes se mueren to­
m enterio" . Fue asi, exactam en ­ designación divina que entra sin for- do* . . !" Lo dijo en Maracaná cuan­
oep Y es el capitán, el manda-más do el equipo celeste perdía uno -
te asi. O b d u lio Farela consi­
que carece del grito destemplado o cero .. y agregó: “ ¡ahora le haoa-
guió tite a r s e sobre doscientas la palabra insultante . . Tiene si. el moe do* gole* y se quedan pata*
m il ¡tersónos y crear la gran vozarrón, la aspereza del tono, el pa’ arriba!" ¿Convicción? * Seguri­
duda to b - iln a . l a m ism a que graficismo que hace reir u obliga a dad babada en qué ? ¿ Mandato de
usufructuarían ¡trím ero ScKsaf- profundizar Ah i es cuando también fuerza* ocultas que le tenían por
lu n a "posesión de cargo" el filósofo traanuaor? ¿Visionario? ¡Qué aé yo!
fino y despu és A b id é s C higgia. Pero verdad auténtica, histórica, ¡ca­
popular, el consejero. el que presta
*u es|*ejo itera que se contemplen si increíble!

Si
O B D U L IO
En 1942 se ju g a b a un p a rtid o
con P e ña ro l qu e ganó W an.
derers 2-0. O b d u lio era el capí,
tán y sus p ro testa s habían col-
m a d o la pacien cia d e A n íb a l
T eja d a , ju e z d e l p a rtid o . En
cierto m o m en to un ju g a d o r
au rinegro h izo un v io le n to jo u l
y allá corrió O b d u lio . T ejada
pensó qu e ven ía a p ro testa r y
lo encaró. “V engo a rogarle que
si algún jugador de m i cua-
dro hace un foul así, lo eche
de in m ed iato”, fu e la im p re ­
vista salida d e O b d u lio , que
T eja d a recordaba años des­
pués. “N o tuve más rem edio
que reírm e”.

¿Quién es Obdulio? ¿De dónde


sale este negro bárbaro? Brasil se
lo pregunta y veinte años después,
siguen sin encontrar la respuesta. Ni
siquiera nosotros, a pesar de razones
que suelen ser, felizmente, muy uru­
guayas. Antes le había empatado a
España solo ¡porque se enojó y no
encontraba a nadie para darle la pe­
lota! ¡Tiró y a otra cosa! Y fue a
repetirlo en Suiza cuatro años des­
pués. ¡No fuera que algunos an­
duvieran creyendo en eso de las
casualidades. . . !
¡La palabra de O b d u lio ... como
la de José! El caudillo aumenta su
dimensión en el tiempo, cierto, pero
su presente de ayer está ratificado
por números e historia, por memo­
ria fresca, por realidad irrebatible,
por fundamentos tan sólidos como
sus piernas larguísimas.
Un sicólogo natural. Uno que ''sa­
bía" antes que se supiera. Que decía
antes que nadie dijera. Que exigía lo
que antes se había exigido a sí mis­
mo, quizá con superior insistencia.
Uno que en el cuarto de vestir vo­
latilizaba el “ f l i t ” de su confianza
hasta que impregnaba aun a los
utileros y a los más descreídos. Que
nació con un hueco debajo del brazo
derecho para tener el lugar exacto
donde apretar la pelota cada vez que
"'•30: el saludo de tos capitanea, N a a a rz i y “ N o lo " F e r r e ir a , en el c e n tro
se le antojó parar el partido.
oei E stadio C e n ten ario , donde el fú tb o l u ru g u ayo c o n firm a rla su aupé*
n o rtd a d . N a a a u i e je rc ía un lid e ra zg o que e m a n a b a n a tu ra lm e n te de au ”IL TITO" G O HCALVI5
persona. N o solam ente la seguridad de au ju eg o am o au p reaen cla, au
a u to rid a d , constituían un acicate m o ra l m u y elevad o p a ra loa cuadros El de la últim a hornada El here­
que oom andaba 61 se recu erd a que “ E l M ariscal** c a p ita n e ó tre s equipos dero. Porque él no se apropió abso-
campeo» e» del m undo y c u a tro cam peones de A m é ric a , ad em ás de o b te n e r lutamente de nada. L# llegó lega
olr<* triu n fo s locales e in te rn a c io n a le s , bien puede a firm a rs e que ha sido mente cuando ae abrió un testa ni en <■>
« juy«oc» más lau read o del m undo de todos los tiem pos. celeste con firma» auténtica» que
G O N £ ALVES
D espués d e l p a r tid o d e m ayo
d e l 66 en q u e ven ciero n a
R iv e r P ía te en S an tiago y o b .
tu viero n p o r tercera v e z el t í ­
tu lo co n tin en ta l, N ésto r Gon-
Qalves e x p lica b a en p a rte la
sensacional im p o sició n .
“A l o tro d ía d e l p a rtid o
está b a m o s en el a ero p u erto p a ­
ra ven irn o s cu an do llegaron los
d e R iv e r. E l tra to fu e frío p o r
am b o s lados. D e re p en te a l­
guien q u e hasta h o y no sabe­
m os q u ién fue, p o r los p a rla n ­
tes d o n d e anuncian la llegada
y sa lid a d e aviones, h izo esta
p reg u n ta ¿Q uién es el “ padre"
de R iver?. Y una vo z fin ita
co n testó “P eñ a ro l!” . Y o tenía
en fren te a varios m uchachos d e
R iver y m e d io v e r g ü e n z a ...
T en em o s tem p era m en to s d is tin ­
t o s . . . E llos no reaccionaron.
Si a n osotros nos hacen una
cosa así, no q u ed a a h í. . . U sted
m e decía qu e soy el cau dillo
d e P eñ arol. N o es eso. Es que
en P eñ arol h ay m uchachos que
aceptan una in dicación o un
g rito . En ese resu ltado se fu e­
ron su m an do cosas. P rim ero el
tra to a ios hinchas nuestros en
B uenos A ires. D espués la pelea
en la p u erta d e l local d o n d e
doscien tos vin iero n a a g red ir­
nos a trein ta . Y en los p a rtid o s
h ay m om en tos claves. El p r i­
m er gol d e nosotros fue uno.
Es una ju gada que hem os prac­
tica d o : pegarle d e a b a jo para
qu e caiga bru scam en te detrás
d e l defensa. Con h om bres co­
m o A lb e rto y Joya q u e en dos
m etro s sacan uno en el piq u e,
da buenos resultados.
Y o qu é s é . . . D espués d el
p a rtid o , en m í p red o m in a lo
sen tim en ta l m ás qu e lo técnico N asa zzi y L o ren zo F e rn á n d e z, dos tan q u es del equipo u ru g u ayo que gano
el C a m p e o n a to S u d am erican o especial de 1935, en S an ta B e a triz ,,, im a.
o táctico. ¿C óm o o lvid a rm e
J u n to con B a lle s tre ro y el " m a n c o ” C a s tro fu ero n los “ veteran o s y la
p o r e je m p lo d e las caras d e co lu m n a v e rte b ra l de un cu ad ro fo rm a d o p o r fig u ra s Jóvenes que d erro to
los ju g adores nuestros qu e ju ­ ho lg ad a y s o rp res ivam en te a un equipo a rg e n tin o de consagrados.
garon los ú ltim os q u in ce m i­ c a l” y “ E l P a tró n ” c o n fo rm a ro n dos expresiones d is tin ta s pero ig u alm en te
v a le d e ra s de la m e n ta d a “ g a r r a ” celeste, puesta a p ru eb a en la recordada
nutos llorando?" fin a l del 35. U n a sabrosa anécdota que se re la ta en estas páginas los pmxa
de cuerpo en tero .

33
resistieron los más severos peritajes. equipo con jerarquía internacional, quienes son reacios a ella, sin duda
Uno del campo. De "tierra adentro” , pelotas que no ovalaran como aque­ por la misma ignorancia. Caudillo en
dicen, pero él traia adentro algo que llas del pago ni árbitros que san­ una época especial de desconfianzas
no sabia definir pero le urgía mos­ cionaran un off-side al ejecutar un de recelos, de hombres que vivinvx
trar, Caudillo a la edad en que toda­ outball. Queria camisetas con colo­ “ devorando con temor de ser dev
vía se debe ser aprendiz, montonero. res de fama, para jugar en campeo­ rados” , de envidias que se nos cue
Caudillaje de presencia soberana que natos de importancia nacional, sud­ lan casi sin que nos apercibamos dÁ
—como Obdulio— puede escapar o americana y mundial. Queria —y no ella, de juicios despectivos “ porque
no a la calificación futbolística pero se daba cuenta— M ANDAR a nivel están de moda” sin análisis, sin me
se queda de pie sin bamboleos frente de caudillo. Emponchado en in te li­ d ir consecuencias ni daños. Epoca
a cualquier resistencia a su PERSO­ gencia y con golilla distintiva de la de charlatanes baratos que parecen
NALIDAD. seguridad en sí mismo. encontrar placer en despotricar <y¿
Una formación cultural distinta. ¿Sicólogo? Tal vez, pero no es su tra el triunfador, concientes de sn
Aulas con profesores, con quebrados fuerte. Diría yo que su apoyo es la propio fracaso ventilado por la
y ecuaciones, con lenguaje y geogra- astucia, la sagacidad del hombre de yoría sin secretos.

Nasaxz en N acional. En 1923 in te g ra y capitanea “ L a M á q u in a ” , uno de lo& má& ¡ « ...


con E duardo G a rd a y D om ino® . Da Gula el tr,á n g u lo f in a l el in o lv id a b le - \ r l i n g X de o ” ' * f ° rm ’

ha ooíi respuesta- aprendida- a mu- campo, Y una astucia cultivada en


cha* preguntas porque la enseñanza Ln un momento del mundo en que
libros y en contacto con distintos
le dio contestación a la cunosadad medios que fueron dejando secuela son rechazados los m&ndamás y el
Porque ka textos estu vieron no sólo de mejores aportes ¿Un mandamás íutbol no encapa a la situación. Con­
en sus manos sino en su mente en t a l ves fue y sigue siendo "E l T ito ” ,
por prepotencia ? No. tal vez. un res­
su memoria En el acervo cultural petado por gravitación y en ésta un mote que le identifica con partidarios
que le situaba a nivel disunto a una solo atributo perfectamente definido > 11. alea, que le ubica en dimensión
generalidad de antes Todo esto aco- y fundamental ¡P E R S O N A LID A D ' <ie tiempo y victorias, al margen de
, aoc a una sabiduría futbolística que *Su palabra es ley? SI. en algunos camisetas o c o lo re s ... G rito de ad­
quería amebas con tribunas enor- aapectí* porque emana con a u to ri­ vertencia. consejo que ayuda, reda­
que estaba reclamando esuaora- dad. porque la cultura será siempre mo que apoya más que acusa, tam­
trasnusora de reapeto y porque ella bién lid sido ej tranco, por
X* ««penalizados empeñeros de se acepta aun a regañadientes ñor de que el capataz tiene que
andar despacio para [tensar mejor
M
TRES VECES CAM PEO N DEL M U ND O : N A S A Z Z I
La historia de José N asazzi en el fútbol internacio- sólo no era el suyo sino que contaba con num erosos
na¡ __donde habría de recoger los laureles en una cam peones olím picos.
proporción hasta hoy d escon ocid a— com enzó, com o La m ism a situación se produjo en 1927, en ocasión
si estuviera predestinado, cuando aún era un oscuro de la gira por A m érica del N orte. En 1931 capita
jugador de com p eten cias de barrio. En 1922 debutó neaba a su club, B ella V ista, en los partidos jugados
com o centro delantero d efen d ien d o a la Liga N a­ por el P acífico y M éxico.
cion al, com puesta por em p lead os y obreros, frente Sum ando sus partidos internacionales — la excursión
a su sim ilar A rgentina. A l año sigu ien te — el 4 de europea de N acional fue oficializad a por la A so­
noviem bre de 1923— lo haría oficialm en te con la ciación — jugó más de cien.
Capitán de las selecciones coronadas en Colom bes,
cam iseta celeste durante el partido con los para­
A m sterdam y M ontevideo, pasó a la historia del
guayos correspondiente al Sexto C am peonato Sud­
fútbol com o “El terrible”, “E l M ariscal” o sim p le­
am ericano, realizado en M ontevideo. Fue en el Par­
m ente “El C apitán”. F ue cam peón sudam ericano
que Central y esa tarde los uruguayos alinearon a en 1923, 1924, 1926 y 1935.
Casella, N asazzi y C riarte; A ndrade, V idal y G liie- A l instaurarse el régim en profesional abandonó B e ­
rra; L adislao P érez, H éctor Scarone, P etron e, Pedro lla Vista y pasó a N acion al, donde jugó hasta 193h,
Cea y Som m a. clasificándose cam peón uruguayo en 1933 y 1934.
Fue un debut victorioso: U ruguay venció a un rival Fue un profundo observador del ju ego y quizá el
que le había doblegado en R ío un año antes y en prim ero en captar las nuevas exigen cias que plan,
B uenos A ires en 1921. teaba a los delanteros la nueva ley de offsid e a p li­
Desde entonces se consagraría com o back derecho. cada desde 1925, que sorprendió a N acion al en
Jugaba “su elto ” en el área y tal vez fuera mas plena gira. L esionado P edro P etrone durante el
acertado llam arlo “back escoba” de acuerdo a la partido frente a B arcelona, N acion al recurrió a
m oderna term inología. T anto que en la A sociación B arlocco, H éctor Castro y B orjas com o centrodelan-
hay una placa de bronce donada por el capitán de teros, hasta que en V iena, para enfrentar al R apid
la selección yugoslava al C am peonato del M undo F. C., apeló a N asazzi en el centro de la línea
de 1930, donde se le llam a “el m ejor back izquierdo delantera. Esa tarde N acion al ganó por 2 a 1, con­
virtiendo el prim er gol. Tres días después en fren ­
del m undo” .
taron a la selección austríaca y ven cieron por 2 a 0,
A l frente de las seleccion es com patriotas perdió en
los dos del propio N asazzi. T erm in ad o el m agisterio
contadas ocasiones con los argentinos: apenas cinco
adelante volvió a la zaga.
partidos y ninguno decisivo, h ab iend o estado en la E l 27 de setiem bre de 1936, frente al seleccionado
final de A m sterdam en 1928 v de M ontevideo de rosarino, jugaría su ú ltim o partido internacional.
1930. Frente a B rasil perdió sólo dos veces. Se retiraba sin que ningún eq u ip o seleccionado
Su extraordinaria ascendencia la refleja el hecho europeo le hubiera vencido al frente de las huestes
que — siendo jugador de B ella Vista, club al que celestes. A l año sigu iente, el 2 de m ayo, frente a
defendió desde sus com ienzos hasta 1933, en que B ella Vista, actuará por últim a vez oficialm en te
pasó a N acional — en ocasión de la célebre gira por N acional, que alineó a T ovagliari, C adilla y
realizada por los del Parque Central a través de N asazzi; Ferrou, O livera y A gu irre; Porta, M inoli,
Europa, en 1925, era el capitán de un club que no Ciocca, A rispe y Olano.

EL DEL H ISTO R IC O DESAFIO: O BDULIO CONTINUA EN PAG. 38

En 1938, procedente de D eportivo el seleccionado que concurriría a nal, sustituyendo al jugador de


Juventud, el M ontevideo Wande- Lima al décim o tercer C am peona­ N acional en un segundo tiem po
rers obtuvo el pase de O bdulio to Sudam ericano. Fue com o su­ donde la form ación celeste se pre­
Jacinto Varela, quien en esa tem ­ plente de E ugenio G alvalisi, que sentó con Granero, Zaccour, Mas-
porada jugó pocos partidos. D e­ ya actuaba en N acional, si bien cheroni, Zunino, Varela, Viana,
butó contra River Píate en la can­ aún lo hacía generalm ente com o Porta, Ciocca, Lago, Severino Va­
cha de Bella Vista, perdiendo su half, reservándose el m edio para rela y Camaití. Se ganó por 3 a 1.
eq u ip o por 1 a 0. Sin em bargo Ricardio Faccio. Al año siguiente participaría en
esos pocos partidos bastaron para Frente a Paraguay, O bdulio Va. el Sudam ericano de C hile, alter­
que fuera escogido para integrar reía debutaría com o internacio­ nando con Sixto G onzález, forini-

35
F

JOSE NASAZZI "EL MARISCAL EL TERRIBLE' CAPITAN*


Campeón olímpico en 1924 y 1928. Campeón mundial en 1930. Campeón sudamericano
en 1923, 1924, 1926 y 1935. Campeón uruguayo en 1933 y 1934. Capitán de todos los
equipos campeones en esas oportunidades.
fíat k derecho de los seleccionados uruguayos. También centro-half y centro forward en
Bella Vista y Nacional.
Caudillo por excelencia. Señor del área. Ganador por juego y autoridad. Quizá la figura
más representativa de todos los tiempos del fútbol más glorioso.
feto. M I RIO
TITO GONCALVES: DE AMERICA Y EL M U N D O
Gon^alves ejem plifica todo el hondo proceso de P ip p o A m brois, Carranza y W alter R oq u e: íriun-
transformación que se ha operado en el fútbol faron los celestes por 5 a 3.
nuestro a partir de la década del 60: su descollante De inm ediato se incorporó a P eñ arol, para donde
actuación se desarrolla sobre todo en Peñarol al había pedido pase antes de viajar; se cla sificó cam ­
extremo que nadie ha integrado un equipo de club peón uruguayo 9 veces: 1958, 1959, 1960, 1961, 1962,
tantas veces laureado. 1964, 1965, 1967 y 1968. P or la Copa U ruguaya
'u llegada a Peñarol procedente de Universitario de
jugó vein tid ós partidos frente a N a cio n a l y sólo
Salto coincidió con una vuelta de tuerca en toda
perdió tres. D esde el fu n cio n a m ien to del E stadio
la filosofía de conducción futbolística: a la exclu ­
Centenario en 1930, ningún fu tb olista ha jugado
siva gloria deportiva con que se agotaba, se agre­
garía en adelante el montaje de equipos de costo tantos partidos com o él, superando largam en te el
sideral detrás de la eclosión de form idables com pe­ núm ero de presentaciones de A n íb a l Paz.
tencias mundiales interclubes. Dos veces (en 1961 y 1966) fu e cam p eón m undial
En 1956 practicó con nombre cambiado en Peñarol interclubes y tres cam peón de la Copa L ibertadores
y motivó un serio entredicho. Al siguiente fue de A m érica (1960, 1961 y 1 9 6 6 ).
nombrado para integrar la selección uruguaya que Su excepcion al ascen d ien te sobre el p la n tel, llevó
competiría en el Sudamericano de Lima, form ada a que fuera escogido capitán de P eñ arol.
sólo por jugadores de Nacional y los clubes m eno­ Cincuenta y tres veces form ó en la selecció n n a cio ­
res. Fue como suplente de Lezcano. del renombrado nal hasta la fecha, Lo hizo por ú ltim a vez en B u en os
Danubio de entonces, y debutó el 23 de marzo de A ires el 5 de ju n io de 1968, fren te a la selección
195. en el Estadio Nacional de Lima en una selec­ argentina, form ando U ruguay con M azurkiew iez,
ción integrada por Taibo. Correa. Santamaría, Ed­ D alm ao, M ontero C astillo, M éndez, G on^alves, Mu-
gardo González- Condal ves, Miramontes, Campero, jica, Y irgili, R ocha, E spárrago, Ib áñ ez y M orales.

EL DEL H IS TO R IC O ... YIENE DE PAG. 35

dable jugador de Liverpool, la sonalidad bailaría la resonancia térra su ú ltim a d efen sa de la se­
titularidad de una plaza cuyo ejer­ que merecía. lección celeste. A l año sig u ien te
cicio no abandonaría sino prácti­ Jugó dos torneos m undiales: en
tam bién co n clu iría su actuación
camente con su carrera. Brasil el de 1950 y el de Suiza en
en P eñ arol, en circu n stan cias es­
Consagrado campeón sudamerica­ 1945 y se retiro *ín que la form a­
p eciales. En el in v iern o de 1955
no en 1942 —certamen jugado en ción que capitaneara fuera venci­
R oque M áspoli y él se h allab an
M ontevideo-- solicitó su transfe­ da, pues no jugó frente a Hun-
a cargo de la d irección técn ica
rencia para Peñarol donde se '¿rtd \ A ustria en el 54. En uno
del eq u ip o. El 19 de ju n io en ­
clasificó campeón uruguayo en y otro torneo fue autor de céle­
bres goles: el del em pate frente frentaron en R ío de Jan eiro al
1944, 1945, 1949, 1951, 1953 y
1954. Ningún jugador aurinegro a España en el estadio de Pa- A m érica, form and o los aurinegros
ha superado el número de vece» caenibú de San P ablo, y el de con B orgh in i, M irto D avoin e, Wi-
desem pate frente a Inglaterra en lliam M artínez, R od rígu ez An-
que enfrentó a Nacional por la
(-ops Uruguaya: veinticuatro par- el estadio San Jacobo, de B asilea. drade, V icen te M auriño, E lia s B a­
tidt> de los cuales ganó diez, F^te gol — el segundo celeste— rrios, B orges, A h h ad ie, M íguez,
perdió nueve y empató cinco. En se produjo a los 42* del prim er Rom ay y G alván. O b d u lio se in ­
tiem po y el esfuerzo que hizo al clu y ó en los ú ltim os 45* de un
este aspecto local, estadísticam en­
tirar le produjo un desgarram ien­ partido que se perdía y se co n v en ­
te no fue un “ganador” neto,
to que le confinó en la punta ció que “no estaba" para jugar.
pero debe cooaiderarse que afron­ izquierda en el segundo tiem po
tó un extraordinario ciclo del Club Se au toelim in ó del eq u ip o aq u ella
y le elim in ó de los partidos si­ noche en que su clu b p erd ió poi
National: en la selección su per­ guientes. Fue ésa frente a Ingla- 4 a 1.
>•
LA GLORIA TAN TEMIDA
Entró frotándose las manos, como si recién hubiera llegado, haciéndose
si tuviera frío. Tenía una camisa azul el b ob o... ¡Fíjese usted! ¡Podía estar
de manga corta, pantalón “pied de todo el año detrás de la columna!
poule”, unas zapatillas sin medias. Me Gesticula, abre los brazos, termina
pidió disculpas por el “desorden” de sus frases con una guiñada y una car­
aquel living, apartó unos vestidos que cajada, espiando la reacción de quién
colgaban de una silla (“mi mujer cose tiene enfrente. Silba para acentuar su
para afuera y no han venido a reti­ “asombro”. Se ríe y me río yo tam­
rar” ), y después instaló su bullicio en bién, aunque no sé exactamente de
la punta de la mesa. Me quedé mirán­ qué, arrastrado por su magnetismo,
dolo en silencio. Él esperó mis pre­ por el caudal inagotable de un pre­
guntas, pero me halló vacío, descubrí sente que resume esa rara condición
que no tenía preguntas, sólo recuerdos, que torna a algunos escogidos en pro­
hermosos recuerdos, disparates de fetas y al resto en pastores. Me habla
tiempos viejos milagrosamente presen­ del Casino y me explica Peñarol del
tes. Entonces hilvané una frase para 49, Maracaná, Suiza. Siento latir en
salir del paso, como bien pude ha­ sus venas —allí en medio de la ma­
blarle del tiempo. ñana callada, cómplice— el rugido de
—Así que duerme hasta ta rd e ... multitudes, oigo himnos de acero que
—Si. Si no viene usted sigo dur­ le vienen cantando desde hace años,
miendo. Me acuesto tarde todas las compañeros del presente, fantasmas del
noches, a las tres, las cuatro de la pasado. Por un rato siguió hablando
mañana. Después de todo, comer, to­ del Casino.
mar y dormir es lo único que se —Si usted filma lo que pasa allí
lleva. Por eso, de mañana, “chanta adentro ¡qué Carlitos Chaplin! No
cuatro”. hay mejor película cómica en el mun­
—El empleo ayuda a trasnochar. do. Una cosa increíble, para matarse
—Y sí, el Casino es para los tras­ de risa. Eso es lo que hago: observar
nochadores. Es buen empleo. Pero hav a la gente y reírme de la estupidez.
que aguantarlo. Se trabaja con luz ar­ En eso pasa su hijo rumbo a la
tificial y la vista sufre un disparate. puerta de calle. Una hija, que se
El olor a tabaco mata, es como si .asó hace seis meses, vive en el Cerro.
usted estuviera fumando sin tocar un E, muchacho tiene del padre el an­
cigarro. Yo me ahogo. Me paso to­ dar y la risa, pero heredó poco más
mando pastillas para el asma, pero no al menos para la imaginación popular:
le doy “bolilla”. ¡Es la forma de vivir! no juega ni le gusta el fútbol.
¿Qué le va a hacer? —Era medio “chambón”.
Mira el piso, se ríe del asma, del Era la primera vez que mencionaba
olor a tabaco, de la luz artificial, de la palabra “sagrada”. Fútbol es para
las píldoras, tal vez de mi falta de la generalidad su pasado; y al pasado
imaginación. hay que dejarlo quieto. Ahora no re­
es la forma de vivir. Reírse: cuerdo exactamente lo que le dije, só­
si se pone a pensar está muerto. La lo lo que pensé, lo que pude argu­
otra cosa es dejar el pasado quieto. mentar para hacerlo internar en aque­
L’na inequívoca advertencia. llos años. Él viene a ser el héroe de
¿Qué hace en el casino? nuestros humildes cantares de gesta, de
Nada. Soy ayudante, me paro y nuestras más hermosas leyendas, de
miro. Me gusta observar, siempre me una literatura anónima que se trasmi­
gustó observar a la gente. El que va te por tradición oral de esquina en
a timbear, no mira nada, sólo le inte­ esquina. Es el protagonista de nuestro
resan las fichas, por eso hay que cui­ Cantar del Mío Cid sin destierro ni
darse los bolsillos. Y ahí no gana na­ la vileza de los Condes de Carrión.
die: si juegan los treinta y cinco nú­ Es el caudillo de un pueblo que mu­
meros sale uno que está adentro de la chas veces halló en las canchas del
ruleta. Yo los observo. Los veo llegar mundo, la medida de su valor, el ter­
con las libretitas en la mano, con nú­ mómetro de su coraje, el nivel de su
meros que traen de la calle, que modi­ orgullo.
fican adentro, que vuelven a modifi­ —Sabe lo que pasa, que acá se ter­
O b d u lio en el 45. Fue el 18 de ju lio
car después. . Había uno que se y esa ta rd e fre n te a los arg en tin o s minó todo. Hoy es un país distinto y
escondía atrás de una columna mien­ hizo los goles celestes p a ra un e m ­ si uno se pone a hablar creen que es
tras cantaban. Después aparecía como pate a dos por la L ip to n . de amargado que está. Yo si veo ju­

39
gar al fútbol enfrente doy vuelta por en el baby-fútbol. Está bien, aleja al
atrás de mi casa. Para mí se acabó muchacho de la calle, yo me “hice”
para siempre. No quiero saber de na­ ahí, y sé lo que es. Vendí diarios, hice
da, no quiero hacerme mala sangre de todo. Por eso sé que está bien que
después de viejo. Cambió todo como los alejen. Pero en el “baby” se quie­
en el país. O cambió el país y des­ re matar al jugador nuestro. Todos los
pués cambió el fútbol. l o no sé. Pero días venían chiquilines del barrio a
sé que cambió de pies a cabeza. pa­ buscarme para que los viera. “Ven­
ra empeorar, para descomponerse. La ga a vernos Jacinto”, me corrían des­
gente que está en el fútbol no es la de que bajaba del ómnibus hasta la
de antes. Por eso me encuentra todo puerta de mi casa. Y una noche que
el día allá en la cancha del Jackson, volví temprano me quedé allí en To­
jugando a las bochas. Camino. Tomo más Claramunt e Industria mirando
aire. A veces ando sin rumbo. Siem­ jugar. Había un pibe que la amasaba.
pre me gustó. Pararme, mirar, entrar, ¡Lo llamaron enseguida! “Hay que pa­
seguir. sarla de primera”. A amasar vaya a
—Y aun sin ir, ¿qué sabe del fút­ ona panadería! Me agarré un “chino”
bol actual? bárbaro y me fui enseguida. . .
_Lo que se habla, lo que leo en Hace una pausa y después reinicia
los diarios. A mi criterio faltan diri­ la conversación como si ocurriera una
gentes y entrenadores. Recuerdo cuan­ explosión, como temiendo haber de­
do Miláns volvió de la gira por Eu­ jado vacíos y sin importarle mucho
ropa con la selección, antes del Mun­ si el que está enfrente intenta la ex­
dial. Presentó un informe ¿para qué ploración de otros temas. En una pa­
En B erna, en el 54 fre n te a los c h e ­
servía si fuimos a meternos abajo del cos. T e rm in ó el p a rtid o y recibe a
labra: Obdulio habla, desde la inmensa
arco a esperar los pelotazos? ¿Díga­ M iguez e n tre sus brazos. autoridad de su pasado, habla. Si quien
me para que servía semejante cosa? está enfrente quiere escuchar, bien,
¿Qué es lo que se puede estudiar así? adelante. Si no, ¡al demonio con él!
¿Ver cómo los otros nos tenían acorra­ volvió como “salvador” queriendo re­ Pero buenamente, sin alarde, sin va­
lados? En el fútbol hay una sola ver­ petir “el milagro” y se tuvo que ir a nidad, sin darse cuenta.
dad; al contrario hay que ‘mojarle la los dos meses. Claro, de ésta no se —Y está el rubro dirigentes. Un día
oreja”. Si usted quiere ver qué es ca­ acuerda nadie. Yo lo conozco bien. siendo entrenador de Wanderers fui a
paz de hacer, ¡mójele la oreja! Lo A mí nadie me puede decir que era jugar un partido a cierta cancha y un
que pasa es que acá no hay entrena­ buen entrenador. dirigente hoy muerto, un señor muy
dores capaces. —¿Ninguno sirve entonces? importante, dueño de muchas cosas, di­
—¿Alguien como Hirsch? —Ninguno. Quieren dar vueltas las rector de otras tantas, se acercó y me
—¿Quién le dijo que Hirsch era cosas, copian lo que hacen en otros dice:
bueno? Tenia un millón de jugadores. lados. El fútbol de hoy es choque, fuer­ —Obdulio, tenemos que ir al em­
Ahí estaba todo el secreto. Después za, pelota de primera. Yo lo veo hasta pate.

U rug uay entra a Pacaembú en la ta rd e del 9 de ju lio de 1950 p a ra e n fr e n ta r a E spaña. S c h ia ffin o y O b d u lio
al fre n te , detrás T e je ra , J u lio Pérez, M iguez, R o d ríg u e z A n d ra d e . P e rd ía U ru g u a y y O b d u lio e m p a tó el p a rtid o .
“ T iré de rabia. No te n ia a quién dársela. H abía b a rro y R a m a lle ts re sb a ló , ta m p o c o la v io ; h a b ía m u c h a gente
delante. Si tuve una suerte b á rb a ra !”
—Yo no quiero acomodos, le grite. Ahí está cantando sus días ansiosos. uno no sabia donde pararse, la traía
Si gano yo, adiós; si no gano, también Con la calma de hoy y una vida hecha entre las piernas, cimbreándose. Bue­
me cuenta sus irreflexiones. Muchos no, en el 50 había varios Didí.
adiós que te vaya bien.
Yo no conocía esa manzana. Algu­ hermanos correteando por los baldíos —Pero entonces...
na vez me pasó como jugador pero bravios de Industria, allá por el trein­ —¿Entonces qué?
ta, la calle, los diarios, la escuela sin —Ese dos a uno, esa copa...
siempre pensé que eran tipos que an­
daban más o menos cerca de las direc­ terminar, Deportivo Juventud, aquel —¡Se habrán equivocado ellos! Por
tivas, que más bien lo hacían de “pa­ intento de suicidio, Wanderers. eso ganamos. Uno no sabe. No hici­
triotas”. ¿Cuándo iba a pensar que así, —¿Cómo voy a olvidarme de todo mos nada. Ganamos porque nos que­
eso? En los cuadros chicos la cosa es damos callados, mudos.
oficialmente, el presidente de una ins­
titución de Primera División viniera distinta, hay más amistad, en los —¿Callados?
a hacerme ese ofrecimiento? ¿Así se
puede trabajar?
Mientras habla su cara adopta diez
actitudes distintas. Frunce el ceño, le­
vanta las cejas, silba, abre desmesu­
radamente los ojos y en cada uno de
estos gestos impensados, fabricados al
ritmo de la frase y muchas veces di­
sueltos antes de llegar al final, tiene
una asombrosa franqueza, su querida
y temida franqueza.
A veces leo que Corazo está en
Sud América, que Porta se fue, que
Bagnulo va a Rampla, que William
Martínez está acá o allá. ¡Son siempre
los mismos! Si la cosa no marcha ¿có­
mo es posible que este “negocio” esté
siempre en las mismas manos? Toda­
vía se hacen los enojados si pierden:
"no se cumplieron las instrucciones”.
Como Juancito López en el 50. Con L a fo rm id a b le base de un g ra n c ic lo del fú tb o l u ru g u a y o : el P eñarol que c a p i­
toda la gente que está, yo contrato ta n e ó O b d u lio . H ugo, él, P e re y ra N a tte ro , D avoine, C o ltu re , O rtu ñ o , H irsch ,
M a tu c h o F íg o li, G h ig g ia , H o h b e rg , M íguez, S c h ia ffin o y V id a l.
ocho y no me arman un cuadro de
fútbol. El fútbol es como la política:
son siempre las mismas inascaritas. No —Bueno, es un decir. Estaba bra­
sé qué empeoró primero. En la Argen­ grandes transita mucha gente, hay
otros intereses, otra vanidad. Nosotros vísima la cosa. Era una máquina
tina pasa lo mismo. D’Amico en Ri- Brasil ¡y pensar que después echaron
nos concentrábamos en una quinta de
ver, D’Amico en Boca, D’Amico en a Flavio Costa! Yo lo quise traer a
Lezica estando en Wanderers, y el pre­
Rosario, en veinte clubes. El “Pipo” Peñarol pero costaba un disparate.
sidente caía con un cajón con toda
Rossi igual. Está en la misma. Y un —Así que la gloria es una mentira.
clase de bebidas, caña, grapa, vino,
montón más. —Metáselo en la cabeza: ganamos
whisky, lo que quisiéramos, pero con
Se queda un instante en silencio y una condición: que no nos escapára­ porque ganamos, nada más. Nos lle­
aprovecho la pausa para llevarlo para mos. ¿Se da cuenta? Eran los tiempos naron a pelotazos. Jugamos cien veces
otro lado. que los dirigentes contrataban un guar- y ganamos sólo ésa. Adelante fraca­
—¿Cuál fue su época más feliz? diacivil de particular para que los saron todos menos Julio Pérez y Ghig­
—¡La de Wanderersí sábados, si no nos concentrábamos, no gia. Schiaffino tuvo la suerte de hacer
Y me mira como diciendo “ ¡las cosas me fuera de mi casa . ¡Qué tiempos un gol. El Omar fue siempre un ca­
que preguntas!” madonna mía! prichoso enorme. Un jugador lindo
—Todos nos acordamos de Mara­ —¿Y qué cosa es Maracaná hoy? para ver. La defensa era fuerte. 1 u-
caná. —Maracaná casi que no pertenece vimos la suerte de un Matías. Una
—¡Déjalos que se acuerden! ¿Se ima­ a mí, es de la gente, de, público. Dé­ barbaridad ese partido. El “Mono”
gina, peñarolense toda la vida, hincha jalos nomás que se acuerden de Ma­ también otro fenómeno. Ellos sintie­
de hacerme cascar en el talud, jugai racaná. Lo mío lo vivo yo, lo de Wan- ron el rigor. Hasta cambiaban de
por primera vez en el Estadio y ga derers es mío, comprendés? Pistando en color. Nosotros le habíamos ganado
narle a Peñarol, por uno a cero, gol Brasil, si no tenía nada que hacer, cuatro meses atrás en San Pablo y
de Vigorito? Fue la alegría más gran iba a verlos jugar. Me sentaba allí ellos no se habían olvidado. Ape­
de de mi vida. arriba y parecían piezas de ajedrez sar del barullo lo tenían allá adentro
Entonces se ríe y nos reímos los dos movidas con hilos. Aparecían allá aba­ en la cabecita. Y en fútbol conocer
aunque ahora sé por qué: nos danioi jo, chiquitos, se movían como locos y los hombres vale mucho. Allá lo apro­
vuelta con este hombre de cincuenta amontonaban goles. Yo nunca vi cosa vechamos bien. Fuimos a dar unas
( y un años, delgado, con algunas, po igual. No parecían hombres. Para mí, "Cuantas de entrada y por ahí nos in­
cas, canas y miramos su borrascosa el mejor fútbol del mundo es e, bra­ filtramos.
juventud, como si hubiera sido con sileño. Me acuerdo de Didí, muchos —Esa actitud suya después del gol
vocada toda junta para esperarnos años después. Venía con la pelota y brasileño. . .

41
—Si me agarran me matan. o no —No me vio nadie, di un rodeo y me mandan a la silla eléctrica...
me acuerdo de nada, ni donde estuve. no me vio nadie. . ¿Me quiere decir qué vamos a
A veces nos ponemos a hablar con el —¿Y de dónde sacaste ese sombre­ hacer a Perú? ¿Qué cosa es la que
•‘Mono” y me dice te acordás de tal ro y ese impermeable? vamos a aprender? En Europa se ju­
cosa. ¡Anda que te cure “Lola”, Mono! —Los pedí prestado. . . garon tres amistosos y se acabó la
Dejame vivir tranquilo. Pensar que yo Se enteró en Carrasco que los veci­ preparación. En cuanto llegamos todo
no quería ir. Tenía treinta y un años nos habían construido un enorme le­ el mundo a espiar a los húngaros.
y estaba preocupado porque el laburo trero luminoso para recibirlo y él ¡Señor mío, son aquéllos quienes tie­
no aparecía por ningún lado. Después nunca comprendió qué cosa era la nen que preocuparse de nosotros!
de una práctica me apersoné a los di­ fama. Eran el cuco. Los “elefantitos” que
rigentes y pedí un empleo. Estaba un Pero la fama es algo así como un iban en la delegación estaban para
periodista de “El Gráfico” y pensé inasible, un fantasma. A medio ca­ cualquier cosa. Después había otro
‘‘éste mañana me funde”. Sí, ya sé lo mino, emparentado con los hombres grupo que se consideraba campeón
que están pensando. Que no soy pa­ y los dioses, Obdulio debió recono- del Mundo sin jugar. Claro, cuando
triota. Pero deje que venga una guerra cer que esa opinión manda y difícil­ terminó todo vinieron las excusas. Eso
y después dígame. .. mente acepta imposiciones. Hace unos es el fútbol nuestro de un tiempo a esta
La guerra estaba declarada. En quince años lo cercó en su casa. Eran parte. . .
Belho Horizonte Uruguay libraría su las cinco de la mañana cuando deci­ —¿Qué diría a los jugadores que
primera escaramuza. En Maracaná la dió invitar a un aterido periodista de van a un Mundial?
épica batalla final.
—¿Quién dio esas instrucciones de
“dar" de entrada?* ¿Usted?
—¡Hay tantas ingratitudes! La gen­
te cree que en Maracaná fue todo per­
fecto, que todos cincharon parejo para
ganar porque después el reparto de
medallas alcanzó para todos. De oro
para los dirigentes y de plata para
nosotros, eso sí. Mire, un dirigente,
unos tres dias antes de la final, lo
llamó al Omar y le dijo “lo principal
es que esta gente no nos ha?a seis
goles. Con cuatro estamos cumplidos”.
Los muchachos me contaban lo que
pasaba y cuando me lo vino a decir le
pregunté por qué no lo había echado
del hotel. Era lo que correspondía.
Y en el vestuario hubo instrucciones
parecidas. ‘‘Guante blanco” dijeron.
"Estamos cumplidos” jugando la final.
Recién cuando estuvimos en la mitad
de la cancha, los jugadores nos pusi­
mos de acuerdo. Los de afuera son Con el “ tre s p ié ” y el m a r tillo , a p ro n ta n d o sus d e c is iv o s z a p a to s en el to rn e o
de palo. Cumplidos sólo si éramos de 1950.
campeones. Y las cosas se dieron así.
Por casualidad, pero se dieron.
En esos años vivía en Capitán V¡- O Cruzeiro a tomar café, después —¿Usted piensa que es una “fiesta
diella \ Soca Hacía seis que se ha­ de una espera de cinco tumultuosos deportiva” como dicen? Entonces es
bía casado con la hija de un matri­ días que convulsionó a Montevideo al un lírico. Un Mundial es la guerra,
monio húngaro que buscó en la tercera negarse a recibirlo. La revista había directamente la guerra. Si puede sa­
de un transatlántico la paz de estas publicado una foto de Obdulio de car a un individuo de una patada en
tierras. Se conocieron apenas salieron espaldas tratándole de “salvaje”. el pecho que lo saque. Esa es mi in­
de la infancia Cuando echó mano a —Si en Brasil nos llenaron a pelo­ dicación.
lo primero que encontró cerca y se tazos, ¿lo de Suiza cómo fue? —¿Vió jugar alguna vez a Pelé?
quedó con un pico abriendo zanjas en —Yo le decía que en este país se Nunca.
las calles para obras sanitarias. A ella acabó todo. Y no de un día para otro. —¿Ni siquiera tuvo curiosidad por
le atrajo su alegre despreocupación Si en el cincuenta pasó lo que pasó, verlo?
de entonces, su desparpajo para lla­ en Suiza la cosa fue peor . . La des­ —No, ninguna. Yo he visto grandí­
marla rusita' sin conocerla. Nunca composición empezó acá. Estaba todo simos jugadores de fútbol. No podría
fue amiga del fútbol. Desde Río le mal hecho. La gente hoy se acuerda decir que el mejor sea éste o aquél.
envió un telegrama para que no lle­ de la lesión de Abbadie y la mía. Eso Pero aquí y en Argentina se jugó el
vara al aeropuerto a los niños y de perjudicó pero tampoco se arreglaba mejor fútbol del mundo. Surgían ju­
noche abrió la puerta extrañamente nada. Un crimen, un campeonato gadores todos los dias. Pero ya que
vest ido un sombrero metido hasta los lindo para ganar. Acá la preparación me habla de Pelé le voy a contar algo.
ojos y un impermeable de solapas se hizo con una gira por Perú. Fui La vez pasada estuve en Rio y me
levantadas a ver al arquitecto Cattáneo y casi llevaron a un programa de televisión.
Estaban Bar boza, Adhemir y aquel
Juez Mario Viana. Me preguntaron
por Pele y Ies dije que el mejor juga-
dor brasileño que había visto era Do­
mingos Da Guía, sin temor a equivo­
carme. Se quedaron pasmados. Todos
esperaban que dijera Pelé o Adhe­
mir. .
—Ahora cuénteme una rmargura.
—¿Para qué? ¿Para qué me voy a
hacer mala sangre con lo que pasó
ayer si todos los días hay cosas nue­
vas?
—Pero usted no es un tipo cualquie-
ra. Eso lo podría contestar yo y que­
daría bien. El que lea esto pensará
que Obdulio es un escéptico gratuito.
¿Por qué no me cuenta alguna cosa
de ésas que salpican a todos, aun a
los escogidos? La gente piensa que
ustedes convierten en oro todo lo que
tocan.
—¿Se acuerda de la huelga del 48?
Cuando terminó querían venderme,
sacarme del país. Dijeron que yo era
el cabecilla y entonces Hirsch quería
mandarme a Buenos Aires, a practicar
a Boca. Fuimos una mañana a un
hotel donde estaba el presidente.
—¿Qué toma? ¿Whisky? —Bueno,
whisky—. Después ios oí hablar. Cuan­
do terminaron saqué la cédula, la abrí
y les dije: “Yo soy fulano de tal y
vivo en tal lado. Si el señor se molesta
y va a verme a mi casa, si me aga­
rran de buena puede ser que les diga
que voy a jugar. A practicar, ni loco.
Muchas gracias, lo he pasado muy
lindo. Como eso no caminó me man­
daron llamar a la sede. Ahora que­
rían que firmara contrato. Pero yo
sabía muy bien la gente que tenía
delante. Un ex-dirigente muy cono­
cido, hoy fallecido, se cansó de andar
diciendo en aquella cancha de básquet-
bol de la calle Colonia que yo era esto
y aquello por la huelga. Que le ha­
blaba a los jugadores para mantener­
la, etc. Llegó a decir que era un trai­
dor a la institución. Entré a la sala
de sesiones y quedaron todos mirándo­
me. Empezaron a hablar y resulta que
Obdulio era un fenómeno, ¡que nunca
habían visto cosa igual! —¿Ustedes
están seguros? les dije cuando termi­
naron. Porque me parece que usted,
usted y usted se han aburrido de de­
cir cosas de Obdulio. No me explico
cómo es posible que contraten a se­
mejante sinvergüenza, entonces los
sinvergüenzas son ustedes que quie­
ren contratar a un pirata, a un ban­
Foto. TESTONI dido. Yo acá estoy de más. Que lo
"L e» hacem os dos goles y los ponem os "p a ta s p a’a r r ib a ” . E l p rim e ro lo pasen bien, eh !... Después empezó
hizo S c h la ffin o , el segundo G h ig g ia y, c u m p lid a la p rofesia, G a m b e tta la el desfile por la casa de Capitán Vi-
tom a e n tre sus m anos. M a tía s le v a n ta un puño, O b d u lio observa. diella. Primero Nozar. Un día llegué

43
al mediodía y me encuentro con que después recibió unas líneas garabatea­
estaban descargando una cocina Fe- das desde Punta Carretas donde, por
rrosmalt” a querosene. Yo la preci­ los caminos secretos que los unían al
saba, eso lo sabían bien. ¿Quién la mundo de los vivos, le pedían discul­
mandó? le pregunto a mi señora. La pas (“no sabíamos que era suyo");
mandaron de Peñarol, dijeron los del cuando se enteraron ya lo habían de­
camión. ¡No señor! ¡llévesela de vuel­ sarmado y vendido a una casa de re­
ta! ¡Yo no acepto absolutamente nada! puestos. Se organizó una colecta y le
Después vino Alliaume. Le dije lo regalaron un Ford del 36, que está
mismo. \ o tenía brazos, no precisaba en los cimientos de esta casa, acá en
del fútbol para vivir. Trabajé de al­ 20 de Febrero.
bañil con mi suegro, mi mujer cosía —Es lo único que me dio el fútbol.
para afuera. Yo era viejo en el oficio. Obdulio fue siempre despreocupa­
Empecé cuando estaba en Wanderers, do para lo suyo. Lo del terreno y la
en una empresa de un dirigente. Pero casa tiene una curiosa historia. El te­
la verdad es que no bacía nada. Ha­ rreno lo compró sin saber dónde que­
blaba, eso sí. Después vino hasta la daba; un día llegó un camioncro ami­
mujer de Hirsch. ¿Usted es entrena­ go a pedirle 800 pesos fuertes para
dora señora? tuve que preguntarle. comprar cubiertas. Le ofreció el te­
.Al final entré. Por la gente que me rreno que estaba comprando a plazos.
paraba en la calle, por la hinchada, Obdulio no supo hasta años después
por la gente bien que había. dónde quedaba. Aceptó, más por ayu­
Pero la amargura más grande fue dar al amigo. Pasó el tiempo, fracasó
con la colecta por la casa que me la colecta, pasó el fútbol y la gloria
iban a regalar en el 54. Se formó una quedó en recortes de diarios viejos
comisión enorme. Me llevaron a ver hoy metidos en tres valijas encima de
una en la calle Bartolito Mitre. Cos­ un ropero. Entonces su mujer se hi/o
taba $ 45 000, la vi, me gustó, em­ cargo de la casa. Tenía experiencia,
pezó la colecta. Una tarde me en­ liquidaba los jornales con su padre,
cuentro con un ex-jugador de bas­ compraba hierro, arena, ladrillos de
En 1954, en S a a rb rü c h e n , O b d u lio
quetbol de Peñarol, me dice: “va fe­ campo. El ingeniero Buzzetti no le in te rc a m b ia b a n d e rin e s . Su a p o s tu ra
nómeno, Obdulio. Yo vendí bonos por cobró la “firma”, obtuvo un présta­ e s p lé n d id a lo d ife re n c ia de los d e ­
$ 7 000”. Ibamos afuera, se vendie­ mo en el Banco Hipotecario y levan­ más. Y ya te n ía 38 años.
ron en todo el país. ¿Sabe cuanto me tó esta casa: jardín, tres dormitorios,
entregaron? ¡$10.270! Entonces el club dos plantas, fondo. Le llevó nueve
puso $ 10.000. Yo podría haber dicho años. El no quería ni conocerla, por una íntima convicción. Tenía mucho
cualquier cosa, pero agradecí y me fui. fin un día lo convenció: se quedaron de paternal porque había vivido más
Así es la vida. Los dirigentes siempre hasta hoy. Aquella misma noche se que ninguno. Era el extraño sacerdo­
tienen razón. Pero si usted le erra a mudaron, hicieron dos pollos, toma­ te capaz de desentrañar misterios men­
una pelota le dicen “vendido” y le ron vino, festejaron con los dos hijos. tales sin haber terminado la escuela.
queda para toda la vida. La trascendencia de Obdulio en la /Xprendió todo pico en mano abrien­
Con los $ 2.500 ganados por azar cancha nacía con su manera de enten­ do zanjas o baldeando mezcla en los
en Maracaná compró un Ford del 31. der la vida: se jugó siempre por los andamio. Intuyó la angustia de este
Al poco tiempo se lo robaron. Meses demás, como forma de responder a hacerse diario que es la vida, apren­
dió el precario equilibrio de todo, se
dió cuenta que estaba diariamente
Jules R im et, tan so rp re n d id o como todos en M a ra ca n á y en m edio del comprometido a una elección donde
gigantesco desconcierto que sig uió al p a rtid o , le e n tre g a la e s ta tu illa de oro. muchas veces faltaron puntos de apo­
yo. Lo aprendió y lo aplicó a los de­
más, olvidándose de sí mismo. Al ca­
bo de los años sufrió el mismo tor­
mento del “Moisés” de Vigny, le per­
siguió la misma soledad, el mismo
cansancio cuando desde la cima de su
grandeza pedía la nada. “¿Qué os he
hecho para ser vuestro elegido?”, tam­
bién protestó aturdido por el recuerdo
de Maracaná.
Sin estruendo, sin hipocresía, pro­
yectó su mundo interior por encima
suyo en ayuda de cuantos le trataban.
Y ésos son para quienes le conocen,
los caminos de su inmortalidad, a pe­
sar de Maracaná; la gloria tan temida.

FRANKLIN MORALES
Delante van dos perros “bicheros”.
Yo voy en un petiso manso, hundido
en el cojinillo tratando de acomo­
darme al paso del animal que, visto
GON?ALVES:
de encima, es caprichosamente desar­
ticulado. El no tiene problemas: for­ EL CAUDILLO EMPRESARIO RURAL
ma con su caballo una sola cosa. Cru­
zando el campo al trote o arriando
vacas no puedo evitar la comparación
entre su figura y la del cowboy que
el cine americano difundió por el
mundo. Las piernas largas, la presun­
ción de una recia contextura, los ojos
entrecerrados para evitar a las dos
de la tarde un sol caliente de noviem­
bre. Su vista busca a lo lejos parte
del par de centenares de lecheras ho-
lando, observa el estado de alguna
portera, de una aguada, sigue la reto­
zona carrera de un grupo de avestru­
ces cuchilla arriba, brutos de vida.
Allí, en medio del campo, al trote-
cito corto, es difícil reducir a las lí­
neas de cal de una cancha a este pro­
fesional que interpreta el fútbol como
un medio: le da todo si uno sabe apro­
vechar. Estábamos en eso cuando un
robusto lagarto abre los pastos delan­
te de los caballos. Azuza a los perros y
estalla la tierra por los sacudones fu­
riosos. El lagarto se defiende saltando
de uno a otro, mientras la cola “ba­
rre” su retaguardia hasta que unos
dientes amarillos se hunden en la nuca.
Seguimos. Atrás quedan los perros
despedazándolo. “Hasta que no le tri­
turan todos los huesos no lo dejan”.
Cruzamos un arroyo y me habla de
Pelé; debe ser el mejor jugador del
mundo. ¿Se acuerda del gol que nos
hizo en Buenos Aires, el último par­
tido? Yo salté adelante, la pelota me
sobró y él que estaba detrás tuvo
tiempo de “matarla” en el pecho y
agarrarla de boleo. Cualquier otro tra­
ta de empujar al que salta delante
o si la pelota sigue, lo sorprende y
no atina a nada. Con Coutinho son
cosa seria en el área: la pelota va y “ T it o ” G ongalves en silla n d o p ara re c o rre r campo, uno de sus placeres
viene como en el básquetbol. m a y o re s .
Dos horas después volvemos “a las
casas”. El establecimiento está sobre
la carretera, en el quilómetro 113 de de bochas donde "Tito concita la nes embarrados y no se podría ni sen­
la ruta 7, tres al norte de Casupá, atención general cada vez que trata tar. Vivimos a la manera nuestra, sin
una población de tres mil habitantes. de “arrimar”. A las nueve de la ma­ rodeos ni cumplimientos. Al que le
Una iglesia con un cura hincha de ñana el viejo conductor de un auto gusta bien, quién no lo comparte es
Peñarol, un colegio católico, una es­ de alquiler me informó de todos sus distinto a nosotros, pertenece a otro
cuela pública, un liceo, un enorme pasos: “A estas horas el Tito está en tipo de gente. Yo la ceremonia no la
club social, tres médicos, un cine para las casas”, concluyó. Y estaba. Unas soporto”.
la función del domingo de tarde, una construcciones entre árboles, sin de­ Una madreselva trepando por el
cancha de fútbol con luz artificial, rroche ni ostentación. techo de zinc, desprendiéndose de un
una plaza, ninguna industria y una Con lo compatible para una vida de patio de tierra donde se mezclan ale­
particular mala suerte para los ban­ campo de exigencias distintas a la ciu­ gremente rosas, malvones, aljabas, li­
cos: había tres sucursales pero queda dad. “Acá no tienen sentido muebles moneros, durazneros, ceibos, un mo­
una. Cerraron las del “Regional” y delicados ni pisos encerados. Uno en­ lino de viento, una parrilla, una pa­
“Transatlántico”. Además una cancha tra con los pies sucios o los pantalo­ jarera con algunos, pocos, canarios:

45
I
I
I
reloj (pie le regalo l’eñarol cuando
derrotaron al Benfica y se quedaron
nada menos que con el título de Cam­
peones del Mundo Interclubes. “En
cuanto puedo meto todo en el auto
y me mando mudar con mi señora
y mi hijo. Soporto la ciudad, pero
paso meses sin ir a 18 o al centro. Y si
voy al cine es por mi señora. No me
gusta el ruido, prefiero no salir. ¿Quie­
re vida más sencilla que ésta? En la
ciudad son todos problemas. Y pensar
que cuando pasan por la carretera
mirando estos ranchos muchos pen­
sarán: ¿cómo puede vivir la gente
así?
Pero el hombre es esclavo de su
fama. Y hoy el futbolista que en el
56 vino con apellido cambiado a prac­
ticar a Peñarol desde el Universitario
de Salto motivando la ruptura de re­
laciones entre OFI y la AUF, difí­
cilmente puede hacer su propia vida.
Son pocos los días al cabo del año
que puede “meter todo en el auto y
mandarse mudar”.
Tiene un socio: Gaetano Corvellini,
italiano de 39 años, casado, con un
hijo de seis que monta en pelo y
conoce una por una doscientas vacas,
inseparable compañero de aventuras de
Néstor, el hijo del crack, de dos años.
Corvellini es un hombre milagroso:
fue uno de los veintiún sobrevivientes
de la división blindada “Luigi Grazzi
ni” que formaban doce mil ochocien­
tos veintiséis soldados deshechos en las
puertas de Stalingrado. El temor a la
guerra los trajo al Uruguay.
Mano a mano con C incunegui, en una ta rd e de clásico. “ G a n a d o r” a b solu to Gon^alves no tiene alma de potrero.
en las trenzadas tra d icio n a le s, Gongalves im puso una fo rm a de ju g a r que Supo el valor transitorio del elogio y
se m antiene in ta cta por presencia y g ra v ita c ió n .
el relativo olvido que inevitablemente
los años traerán, por saberlo, no le
casi me los terminan los gatos y las preocupa. Es un ejemplo quizá exce­
desfilan por las manos de los peones sivamente perfecto de lo que puede
ratas, en algún descuido. Pero conser­ o la rítmica succión de la ordeñadora
va un hermosísimo faisán dorado y llegar un futbolista cuando tiene los
eléctrica: tiene una cuota asignada pies sobre la tierra. Dejó pasar de lar­
un gigantesco papagayo. por Conaprole y predica con el ejem­
Detrás del grupo de casas las ga­ go, sin mirarla, esa consejera despia­
plo: a eso de las diez tomó tres vasos dadamente destructora que es la va­
llinas dan vueltas bajo las ruedas de de leche cruda.
un reluciente Ford “Fairlane”, negro, nidad. Observándolo pensaba si no ha­
Un granero, una parva, un monte ría falta también quién enseñara a
modelo 57, cambios y botonera auto­ refugio del ganado en los rigores del
máticos, estacionado bajo una enrama­ vivir a los jugadores fuera de los
frío o el calor ponen telón al “casco” estadios, lejos del aplauso. Porque los
da: ocho palos verticales y paja en­ de las casi trescientas hectáreas que
cima. Néstor Gon^alves no abundan.
explota, parte propiedad, parte arren­
Tiene unas trescientas gallinas que dadas. Están divididas en potreros de
'c pindén en el monte de eucaliptos pastoreo, y tiene plantadas veinte hec­
cercano o en el campo y ponen en táreas de trigo y avena, doce de maíz, Lo esencial de este reportaje fue pu­
nidos escondidos. Al tiempo aparecen una de papa, diez de alfalfa. El trac­ blicado en el diario HECHOS a fines
al frente de los pollos. De ahí salen tor está trabajando siempre. Además de noviembre de 1965. No tengo nada
huevos y aves para una provisión que vende lana. que agregar. Lo deportivo es suficien­
tiene en Chana y Requena —a una Este es el mundo sin convenciona­ temente conocido. En lo personal hoy,
cuadra del piso horizontal donde lismos de Néstor Connives, un hom­ tiene tres hijos y continúa añorando
vive— que atienden sus suegros. bre que aquí tiene una sola identifica­ la terapia de la paz campesina.
Más atrás hay un galpón para orde­ ción con el crack: una gruesa pulsera
nar. Cada doce horas las lecheras de oro que compró en Lima para un FRANKLIN MORALES
*£•»

f
___ ____ _ _____ ______________________ . _ )V JtS» * ÍV U fíJ K ‘ ***
Con doce arto* en esto del fútbol y la gloria. Néstor Goncálves sigue con el numero 5 de
espalda. Esté tan consustanciado con la mejor historia del gran ciclo aurinegro, que falta
sus jugadores Irrumpen por el túnel sin su inconfundible figura al frente. Un “algo” mezcl
de fantásticas actuaciones y un indefinido temor por la suerte del equipo sin su líder, que i
A

EL PROXIMO JUEVES APARECE

FUTBOL CESAR L. GALLARDO » »•


“ CIEN AÑOS DE FÚTBOL" descorre el velo que el tiem po y el
han tendido sobre un brillante período del fú tb o l u ru g u ayo . “ EL FÚTBOL DEL 1 2 "
es no sólo una recreación sobre ese período d e ia vid a d e l país, sino un impres­
cindible documento sobre el punto de p artid a d e l g ra n fú tb o l n a c io n a l.
César L Gallardo ha redactado esta entreg a, que com prende u na lá m in a en
colores de José Piendibene, completo m aterial estadístico y un jugoso rep o rtaje
a Angel Romano. Todo esto se complementa con fo to g ra fía s y caricaturas d e la
época.

PLAN DE LA COLECCION Vi
15. LOS C A M P E O N A T O S .
LOS ALBORES DEL FÚTBOL SU D A M E R IC A N O S .
URUGUAYO.
16. EL FÚTBOL DEL INTERIOR. -—
Franklin Morales.
17. EL N A C IO N A L DEL 4 0 .
2 LOS CAUDILLOS.
Carlos Soto. 18. LA C O P A U R U G U A Y A .

3. EL FÚTBOL DEL 12. 19. 1950: M ARACANA.


César L Gallardo. 20. LA E V O L U C IÓ N DE LAS TACTICAS.
4. HISTORIA DEL CLUB ATLÉTICO 21 . PEÑAROL C A M P E Ó N DEL M U N D O .
PEÑAROL.
Ulises Bedano. 22. LOS JUGADORES
IN TER N A C IO N A LE S.
5. URUGUAYOS Y ARGENTINOS.
Eduardo Gutiérrez Cortinas. 23. EL M U N D O DEL FÚTBOL.

ó HISTORIA DEL CLUB NACIONAL 24. LOS ARQUEROS.


DE FOOTBAU.. 25. LA GARRA CELESTE.
Dionisio A. Vera.
26. EL C U ADR O IDEAL DE TO DO S
7. LOS MAESTROS. TIEM PO S.
César L. Gallardo.
27. LA C O PA DEL M U N D O .
8 HISTORIA DE LOS “ CLASICOS".
28. M É X IC O 7 0 .
Eduardo Gutiérrez Cortinas.
* 1924: COLOMBES.
LA EDITORIAL PODRA MODIFICAR ESTOS TÍTULOS
Carlos Monini Ríos.
O SU ORDEN.
10 GOLES Y GOLEADORES.
Ricardo Lombardo.
11 1928: AMSTERDAM
Julio Boyce.
LOS NEGROS EN EL FÚTBOL TODOS LOS JUEVES
URUGUAYO 1 CAPITULO FUTBOL M A S GLORIOSO
Eduardo Gutiérrez Cortinas. CON I CENTRAL EN COLORES
EL MUNDIAL DEL 30
ríos Martii ejemplar
EL REGIMEN PROFESIONAL DE
COLECCION

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