Introducción
Contexto del capítulo
anterior: Recordaremos que
la semana anterior vimos
que Jeoás comenzó a reinar
sobre Israel en Samaria y
que no hacía lo recto delante
de los ojos de Dios. Cuando
el profeta Eliseo estaba a
punto de morir, hizo un acto
profético con Jeoás para
proclamar victoria sobre los
arameos que estaban
oprimiendo a Israel. Sin
embargo, Jeoás no le creyó a
Dios y como consecuencia no
lograría exterminar a los
arameos. Pero por causa de
Su amor de Pacto con los
patriarcas, Dios le concedió
misericordia para vencer a
sus enemigos en las tres
ocasiones profetizadas. Y
una muestra de esa
misericordia era que Dios
seguía presente para obrar
con poder, como lo hizo al
resucitar milagrosamente a
un hombre con los huesos de
Eliseo. Ahora continuamos la
historia, pero desde la
perspectiva de Judá, y
podemos corroborar que la
tendencia a ser infiel a Dios
y darse a la vanagloria
persiste de generación en
generación. Es decir, las
mismas actitudes
pecaminosas del padre, Joás,
también influyeron y pesaron
sobre su hijo, Amasías. Y
después de haber leído esta
porción de la Biblia, es
necesario que nos
examinemos a la luz de la
Palabra. Preguntas de
autoexamen: ¿Tienes un
corazón conforme al Señor?
¿Quién intercede por ti
ahora para purificar tu
corazón? ¿Escuchas el
consejo y la advertencia de
Dios por Su Palabra? ¿Has
caído en tu vanagloria por
causa de tus ídolos?
¿Reconoces la misericordia
de Dios en tu vida? ¿Quién
realmente gobierna tu vida?
Verdad central: Como un
rey desecha la Palabra de
Dios y fracasa en Su reino,
pero paralelo a ello, tenemos
a Cristo como nuestro Rey
perfecto que profetiza e
intercede por nosotros.
Bosquejo de 2 Reyes 14:1-
22
I. Un corazón infiel (vers. 1-
6)
II. Una palabra desechada
(vers. 7-14)
III. Un reino caído (vers. 15-
22)
Nota: Quisiera solo señalar
que a lo largo del mensaje
estaré haciendo referencias
regulares a 2 Crónicas 25,
porque es el capítulo
paralelo a este pasaje, para
que lo tomen en cuenta.
I. Un corazón infiel (vers.
1-6)
Esta sección de los vers. 1
al 6 son un resumen en
conjunto sobre cómo
Amasías inicia su reinado.
[Solo leer vers. 1-2] vers.
3.- Se nos dice que Amasías
era un rey infiel, desleal a
Dios. ¿Cómo lo sabemos? Por
cómo el autor de este libro
describe las alusiones al
corazón de este rey. Se nos
dice que Amasías “hizo lo
recto ante los ojos del Señor,
pero no como su padre
David”. ¿Cómo se le conoce a
David? Se le conoce como un
hombre conforme al corazón
de Dios (1 Samuel 13:14;
Hechos 13:22). Sí, David
cometió grandes y
escandalosos pecados, pero,
por la gracia de Dios, nunca
hubo doblez o falta de
devoción al Señor. De hecho,
en 2 Crónicas 25:2 dice que
Amasías no seguía a Dios de
todo corazón. Luego dice que
“hizo conforme a todo lo que
su padre Joás había hecho”.
Recordemos que Joás, el rey
anterior sobre Judá, era
aquél que fue criado e
instruido por el sacerdote
Joiada. Hacía lo bueno hasta
que su mentor murió.
Entonces, Joás y sus oficiales
abandonaron al Señor y Su
casa, sirvieron a las Aseras y
a los ídolos; trayendo sobre
sí juicio e ira de Dios; aparte
mató al profeta Zacarías (2
Crónicas 24:17-22). Ese
fue el camino del rey Joás de
Judá y ese es el camino que
Amasías tomó, demostrando
así un corazón infiel al
Señor.
vers. 4.- Cuando se habla de
lugares altos, sacrificios e
incienso, significa que hacía
culto pagano. Esto nos dice
que Amasías y el pueblo se
valían de ejercicios religiosos
y falsos sacerdotes para
adorar a dioses falsos y
ganarse su favor.
Abandonaron nuevamente a
Dios y Su casa, Su
sacerdocio.
Punto de confrontación:
Esto nos debería hacer
pensar seriamente ¿Has
hecho cosas buenas y
correctas, pero no de todo
corazón? Porque sí puedes
hacer cosas buenas, obras
buenas, acciones buenas, y
no tener un corazón para
Dios. Marcos 7:6 dice que
“este pueblo de labios me
honra, pero su corazón está
lejos de Mí”. Tú puedes
servir, enseñar, cantar,
predicar, discipular,
evangelizar, meditar en tu
Biblia, preparar una clase de
niños; pero no hacerlo de
todo corazón para Dios. Y
precisamente, lo que Dios
demanda no solo es
obediencia, sino obediencia y
amor de corazón. Mateo
22:37 dice: “Amarás al
Señor tu Dios con todo tu
corazón, y con toda tu alma,
y con toda tu mente”. Si tu
corazón y el mío estuvieran
delante del altar del Señor
en Su santuario, ¿seríamos
aprobados? ¿será que le
agradará nuestros
corazones? Si no hay pureza
de corazón, nadie puede
estar delante de la presencia
de Dios. Jeremías 17:9 dice
que es perverso y engañoso.
Por tanto, Dios no juzga
solamente las obras, sino
también los corazones.
Punto de contradicción:
Gracias a Dios que por medio
de Su Hijo amado purifica
nuestros corazones por la fe
en Él (Hechos 15:9).
Hebreos 10:19-22 dice que
en Cristo Jesús tenemos un
gran sacerdote sobre la casa
de Dios, quien por Su sangre
abrió un camino nuevo y vivo
e inauguró el velo de Su
carne, por tal motivo nuestro
corazón es purificado de
mala conciencia con el agua
pura de Su Palabra. Asi que,
seas incrédulo o creyente,
clama a Dios porque
purifique tu corazón y te
limpie de tus pecados.
Aplicación: Que tu clamor
sea como el de David: “Crea
en mí, oh Dios, un corazón
limpio, y renueva un espíritu
recto dentro de mí” (Salmo
51:10); que te conceda
conforme a las riquezas de
Su gloria, ser fortalecidos
con poder por Su Espíritu en
el hombre interior; de
manera que Cristo more por
la fe en sus corazones
(Efesios 3:16-17). Si
confesamos nuestros
pecados, Él es fiel y justo
para perdonar nuestros
pecados y limpiarnos de toda
maldad (1 Juan 1:9).
vers. 5-6.- Amasías hizo
justicia por su propia mano,
al matar a los asesinos de su
padre. Solo que no tomó en
cuenta que la muerte de su
padre era parte del juicio
divino. No conforme con
pensar que obraba con
justicia, ahora no quiso
matar a los hijos de los
verdugos de su padre, en
obediencia al mandamiento
de no dar muerte a los
padres por los hijos ni
viceversa; sino que cada uno
morirá por su pecado. Este
mandamiento está en
Deuteronomio 24:16, y
tiene su eco en Ezequiel
18:20. Si de verdad Amasías
quisiera ser justo,
reconocería que la muerte de
su padre era un juicio justo
por su pecado. Se hizo juez
de algo que no le
correspondía juzgar.
Punto de confrontación: El
juicio viene sobre los
pecadores. No hay manera
de comprar o extorsionar al
Juez del universo. La
Escritura es clara, por
cuanto todos hemos pecado,
estamos separados de Dios y
la paga del pecado es la
muerte. No hay nadie que
pueda tomar tu lugar porque
solo cargarás el pecado de
otro. Punto de
contradicción: Solo un
Justo, con quien puede
cambiar Su justicia por tu
pecado, puede rescatarte del
juicio, de la muerte y de la
ira. Cristo Jesús. Él es el
Justo por los injustos para
llevarnos a Dios (1 Pedro
3:18). Él es el Sumo
Sacerdote, santo, inocente,
inmaculado y apartado de los
pecadores, aquél que es
poderoso para salvar para
siempre a los que nos
acercamos a Él por la fe, ya
que Él vive siempre para
interceder por nosotros. Él
llevó nuestras enfermedades,
cargó con nuestros dolores,
fue herido por nuestras
transgresiones, molido por
nuestras iniquidades, el
castigo por nuestra paz cayó
sobre Él, y por Sus heridas
hemos sido sanados. El
Señor hizo que cayera sobre
Él la iniquidad de todos
nosotros, pues quiso el Señor
quebrantarle, sometiéndole a
padecimiento; derramó Su
alma hasta la muerte y con
los transgresores fue
contado. Él es el Siervo, el
Justo, justificará a muchos,
llevando sobre sí el pecado
de muchos, e intercediendo
por los transgresores.
Cuando Él se entregó a Sí
mismo como ofrenda de
expiación, luego resucitó de
entre los muertos al tercer
día, verá a Su descendencia
y la voluntad del Señor en Su
mano prosperará.
[Respuesta de fe y
arrepentimiento].
Transición: Hemos visto un
rey con un corazón infiel y
perverso, pero tenemos
nosotros a Cristo Jesús,
quien cumple Su oficio de
Sumo Sacerdote para
purificar nuestros corazones.
II. Una palabra desechada
(vers. 7-14)
vers. 7.- En 2 Crónicas
25:5-13, texto paralelo a
este versículo amplía más
sobre lo que sucedido aquí.
Por consejo de un profeta
enviado por Dios, Amasías
despidió a una plantilla de
soldados del reino del Israel
que había contratado. La
razón es que el Señor no
estaba con Israel ni con su
rey. Amasías obedeció a la
Palabra, y el ejército israelita
se fue furioso por el despido.
Amasías derrotó y mató a los
pobladores de Seir (región
de Edom). Mientras tanto,
las tropas israelitas
saquearon las ciudades de
Judá y mataron 3 mil
personas y tomaron mucho
botín como venganza contra
Amasías.
vers. 8-10.- Amasías lanza
un desafío contra Jeoás, el
rey de Israel. Es curioso,
porque se entiende
implícitamente que ambos
reyes eran aliados, pero
desde el despido de las
tropas israelitas que en
principio contrató, Amasías
busca hacerle guerra al rey
de Israel. Es como si lo
acontecido con Edom le
hiciera creer que era tan
poderoso que puede
recuperar las diez tribus del
norte bajo su gobierno. Por
eso es que Jeoás le dice a
Amasías que ya su corazón
está envanecido en su gloria
(vers. 10).
Pero hay otra parte de la
historia que necesitamos ver
y la razón de esta vanidad de
corazón. Acompáñame a 2
Crónicas 25:14-16 “Y
aconteció que después que
Amasías regresó de la
matanza de los edomitas,
trajo los dioses de los hijos
de Seir y los puso como sus
dioses, se postró delante de
ellos y les quemó
incienso. Entonces se
encendió la ira
del Señor contra Amasías, y
le envió un profeta que le
dijo: ¿Por qué has buscado a
los dioses de otro pueblo,
que no han podido librar a su
propio pueblo de tu
mano? Y mientras hablaba
con él, el rey le dijo: ¿Acaso
te hemos constituido
consejero real? Detente.
¿Por qué buscas que te
maten? Entonces el profeta
se detuvo, y dijo: Yo sé que
Dios ha determinado
destruirte, porque has hecho
esto y no has escuchado mi
consejo”. La idolatría
alimenta el envanecimiento o
la vanagloria. El
envanecimiento o
vanagloria es atribuirte
méritos, glorias y
reconocimiento a ti o a otro
ídolo que no sea Dios. Tú
recordarás lo que dice en
Romanos 1:21-23 “Pues,
aunque conocían a Dios, no
le honraron como a Dios
ni le dieron gracias, sino que
se hicieron vanos en sus
razonamientos y su necio
corazón fue
entenebrecido. Profesando
ser sabios, se volvieron
necios, y cambiaron la gloria
del Dios…” por criaturas e
ídolos. Punto de
confrontación: ¿Has caído
en la vanidad de tu mente?
¿qué ídolo has confiado para
que pienses en tu propia
gloria? Aún los cristianos
podemos esconder ídolos en
nuestros corazones (1 Juan
5:21). Punto de
contradicción: ¿Cuál es el
remedio contra la idolatría y
vanagloria? Ir tras de la
única imagen del Dios
invisible, cuya faz muestra
Su gloria, Jesucristo (2
Corintios 4:6). 1 Juan 5:20
dice que se nos ha dado
entendimiento para conocer
a Jesucristo, quien es el
verdadero Dios y la vida
eterna.
vers. 11.- En 2 Crónicas
25:20 se nos dice que fue
Dios quien cerró los oídos de
Amasías para no escuchar ni
el consejo del profeta ni las
palabras de Jeoás. Porque lo
entregó a su pecado. Una de
las consecuencias de ser
idólatra y vanaglorioso es
que Dios quita el freno, te
abandona y te derriba
(Romanos 1:24-25, 28; 2
Crónicas 25:8). Como dice
el Ps. Miguel Núñez (la
IBI, Rep. Dom.): “El peor
juicio que Dios puede traer
sobre una persona es
abandonarla sus propios
deseos y pasiones”. [Leer
vers. 12-14]
vers. 11.- Otras de las
consecuencias es que el
pecado te arrebata lo que tú
más valoras.
Contextualización: puede
destruirte y quitarte el
matrimonio, el trabajo, los
hijos, la salud, la seguridad
económica, el ministerio. Si
no hay arrepentimiento de
por medio. Todo esto se
hubiese evitado si Amasías
hubiese escuchado el consejo
del profeta que le advirtió.
Punto de confrontación:
Dios siempre habla, exhorta,
amonesta y advierte a no
ceder a la tentación y el
pecado de abandonarle, de
serle infiel, de ir en pos de
ídolos destructivos. Punto
de contradicción: Amados,
vengamos al verdadero
Profeta de Dios, Jesús. Dios
dijo a través de Moisés que
en medio de sus hermanos
levantaría un profeta como él
y a Él tienen que oír, porque
en Él pondría Sus palabras
en Su boca, y Él hablará todo
lo que mande
(Deuteronomio 18:18). Y
es que Dios habló desde hace
mucho tiempo, en muchas
ocasiones y de muchas
maneras a los padres por los
profetas, en estos últimos
días nos ha hablado por Su
Hijo (Hebreos 1:1-2). Jesús
dijo: “Yo no hablo por Mi
propia cuenta, sino que el
Padre mismo que Me ha
enviado Me ha dado
mandamiento sobre lo que
he de decir y lo que he de
hablar” (Juan 12:49). El
apóstol Pedro lo confirmó en
uno de sus sermones: “Y
sucederá que todo el que no
preste atención a aquél
profeta, será totalmente
destruido de entre el pueblo”
(Hechos 3:23). Aplicación:
Ven y escucha al Profeta de
Dios, que te advierte de tus
pecados, cree en Él para ser
salvo y arrepiéntete de tu
manera de vivir.
Transición: Hemos visto
que el rey Amasías desechó
la Palabra de Dios y eso trajo
juicio, y cómo esto apunta a
Cristo Jesús, quien cumple
Su oficio Profeta al
hablarnos de su salvación y
advertencia del juicio.
III. Un reino caído (vers.
15-22)
vers. 15-16.- Si hacemos
memoria, Jeoás era el re que
hizo lo malo ante los ojos de
Dios y no se apartó de los
pecados de Jeroboam, aquél
que puso los becerros de oro
y otros elementos de religión
(2 Reyes 13:11). Es más,
Jeoás tuvo tanta admiración
por su ancestro Jeroboam
que le puso el mismo nombre
a su hijo: “Jeroboam”. No
solo heredó la idolatría que
fomentó su ancestro,
también idolatró la figura de
quien admiraba. Punto de
confrontación: cuidado con
admirar demasiado a una
persona, porque tú te
conviertes en aquello que
adoras. Por esa causa, vino
el juicio y la ira de Dios.
vers. 17-20.- En 2 Crónicas
25:19 dice que desde el día
que Amasías se apartó de
seguir al Señor, fue cuando
conspiraron contra él. Según
los comentaristas, este Rey
tuvo al menos 15 años para
arrepentirse, pero no lo hizo.
Hubo misericordia de parte
del Señor, pero no la tomó.
Punto de confrontación:
¿Abusas de la misericordia
de Dios y no te arrepientes?
¿tienes la conciencia
cauterizada? ¿Te crees
dueño(a) de tu propia vida?
¿Te crees con derecho
alguno de gobernar tu vida?
vers. 21-22.- El pueblo
necesitaba otro rey en Judá.
Necesitaban uno que los
guiara, que les diera
dirección y propósito. Por
eso es que levantaron a
Azarías, hijo de Amasías.
Azarías tuvo la titánica labor
de reedificar Elat y Judá. Fue
el único logro significativo
que tuvo. Más adelante verás
que tampoco le fue bien en
su reinado. Pero, ¿sabes?
Cuando leemos de los
reinados de Jeoás, Amasías y
Azarías, podemos comprobar
de sobra que no hay un rey
perfecto y justo entre
nosotros. Punto de
contradicción: Solo Jesús
es el verdadero Rey sobre
nosotros. Jesús es el
descendiente de David, a
quien Dios establecería Su
trono para siempre (2
Samuel 7:12-13; Hechos
2:30). Él es el Rey de los
judíos que vino a este mundo
para dar testimonio de la
verdad y es digno de que le
adoremos (Mateo 2:1-2;
Juan 18:37). Por lo tanto,
Dios lo exaltó a Su diestra
como Príncipe y Salvador,
para dar arrepentimiento y
perdón de pecados (Hechos
5:31). Y este Rey Jesús es
quien levanta y edifica a Su
Iglesia sobre Sí mismo
(Mateo 16:18). Él es la
piedra angular en quien todo
el edificio crece y crece para
ser un templo santo en el
Señor, para morada de Dios
en el Espíritu (Efesios 2:20-
22). Somos como piedras
vivas, edificados como casa
espiritual para un sacerdocio
santo y para ofrecer
sacrificios espirituales
aceptables a Dios por medio
de Jesucristo. Por eso Jesús
es la preciosa piedra
angular, y el que crea en Él
no será avergonzado; y para
los que no creen es piedra de
tropiezo y roca de escándalo,
por su desobediencia a la
palabra (1 Pedro 2:5-8).
[Respuesta de fe y
arrepentimiento] ¿Él es tu
Rey? ¿Estás siendo edificado
sobre Él? ¿Crees en esta
piedra preciosa?
Transición: Hemos visto
como Judá levanta a otro rey,
depositando sus esperanzas
en él; pero nosotros tenemos
puestas nuestras esperanzas
en Cristo, porque Él cumple
Su oficio de Rey sobre
nosotros.
Conclusión
Por tanto, Hoy hemos
meditado juntos sobre cómo
un rey, con un corazón infiel,
desechó la palabra de Dios y
eso trajo ruina a Su reino.
Fue descalificado como
alguien de confianza para
Dios y su pueblo. Sin
embargo, nosotros como
iglesia, tenemos la bendición
de tener a nuestro Señor
Jesús como nuestro
Sacerdote, Profeta y Rey. R.
C. Sproul dijo en cierta
ocasión: “Jesús ha entrado
en el Lugar Santísimo para
interceder por Su pueblo.
Somos un pueblo cuyo Rey
ora por nosotros por
nombre”. Y añado a estas
palabras “Somos un pueblo
cuyo Rey recibe la
misericordia de Su Palabra”.
¿No te alegra esto,
amado(a)? Que el Señor nos
permita vivir con gozo y
alegría al saber que Cristo
nos gobierna, nos habla por
Su Palabra e intercede por
nosotros. Amén.