Fans Only. B Love
Fans Only. B Love
Diseño
Bruja_Luna_
Sinopsis _______________________________________________________ 5
1 ____________________________________________________________ 6
2 ___________________________________________________________ 12
3 ___________________________________________________________ 15
4 ___________________________________________________________ 21
5 ___________________________________________________________ 31
6 ___________________________________________________________ 34
7 ___________________________________________________________ 39
8 ___________________________________________________________ 45
9 ___________________________________________________________ 50
10 __________________________________________________________ 53
11 __________________________________________________________ 57
12 __________________________________________________________ 63
13 __________________________________________________________ 67
14 __________________________________________________________ 72
15 __________________________________________________________ 74
16 __________________________________________________________ 79
17 __________________________________________________________ 84
Epílogo ______________________________________________________ 92
Merrick y Aries son amigos desde hace mucho tiempo, sin embargo, no
siempre están de acuerdo. Durante una acalorada discusión grupal, las
parejas de sexos opuestos debaten si las personas pueden mantener
relaciones saludables en la industria de las trabajadoras sexuales, debido a
la popularidad de Only Fans. Para resolver sus puntos de vista opuestos,
acuerdan crear una cuenta juntos y ganar algo de dinero fácil y rápido en el
camino.
Con sueños que ni Merrick ni Aries pueden darse el lujo de vislumbrar,
describen el trato: participar en una relación sexual pública hasta que
ambos hayan cumplido sus metas financieras. La propuesta parece llena de
ganancia y digna de la exposición... como si algo fuera tan fácil.
El gran sexo y los grandes cheques se convierten en sentimientos retorcidos,
y el tiempo solo traiciona aún más a los amantes de la actuación. Cuando
uno de ellos tiene la oportunidad de estar con la persona que ha deseado
durante años, el plan y su amistad se ponen a prueba.
Todo lo que podía hacer era sacudir la cabeza y reírme por lo bajo.
Mis amigos estaban teniendo un gran debate sobre la popularidad de Only
Fans. Solo había dos o tres que no se molestaban en entrar a debate, y que
estaban con sus celulares. El resto de nuestro grupo estaba dividido por la
mitad. La mitad sentía que era empoderador y una forma fácil de hacer
dinero. La otra mitad sentía que era degradante y desmerecedor.
Al principio, no me importaba una mierda. Joder, el porno es porno.
Pero cuando Marcus nos enseñó una captura de pantalla de la cuenta
corriente de una de las mujeres que sigue… empecé a pensar un poco
diferente. La chica tenía decenas y veintenas de miles de dólares que se le
depositaban en la cuenta bancaria de manera semanal, solo por enseñar y
jugar con su coño. Solo tenía un par de videos con su pareja, y ninguno de
ellos enseñaban la cara.
—Joder, si es así, deja que me abra una cuenta —bromeó Jenae.
Ese culo casado nunca lo haría. ¿Pero yo? Bueno, estaba soltera y no
me ataba a nadie. Todos se rieron, pero yo solo asentí y mi sonrisa decayó.
Cuanto más pensaba en ello, más lo consideraba. Esperaba que nadie se
diera cuenta de lo profundo que estaba en mis pensamientos, pero, claro,
con lo entrometido que era Merrick, sentado a la mesa, no era el caso.
Todos estábamos en nuestros pequeños mundos, pero, por la razón
que fuera, ese imbécil me estaba mirando.
—¿Qué piensas, ReRe?
Puse los ojos en blanco por el sonido de su voz, sobre todo por lo suave
y lírica que sonaba. Merrick probablemente tenía la voz más profunda y sexy
que hubiera escuchado nunca, pero siempre lo estaba jodiendo al decir la
mierda más estúpida. No sé por qué, pero éramos como el aceite y el
vinagra a veces. La mayoría de las veces, de hecho. La única razón por la
que lo consideraba un amigo era porque podía ser genial y servicial cuando
quería; pero, nueve veces de cada diez… Merrick me ponía de los malditos
nervios.
Ahora era una de esas veces.
Supongo que no me ponía de los nervios, solo sabía cómo pincharme.
Me enorgullecía de ser capaz de mantener el control de las
emociones, pero Merrick tenía una forma de metérseme bajo la piel sin
ningún impedimento. También tenía la habilidad de calmarme rápidamente
y llenarme de paz si eso era lo que quería.
—Creo que sabes que odio cuando me llamas así.
Se le elevaron las mejillas al sonreír y apoyó los brazos sobre la mesa.
Todos me llamaban Airy, pero Merrick tenía que ser diferente y llamarme
ReRe. No hubiera sido tan irritante si no tuviera tan mala experiencia con la
madre del hijo de mi ex, que se llamaba ReRe. Cada vez que escuchaba
esa mierda, me hacía pensar en ellos y en el triángulo tóxico en el que nos
encontramos temporalmente.
—Eso no es lo que quería decir, listilla.
Con una sonrisa, miré alrededor. Todos los ojos estaban en nosotros, y
las conversaciones a parte habían cesado. No creo que les importara tanto
mi opinión. Simplemente sabían que, si Merrick y yo no estábamos de
acuerdo, probablemente se volvería un debate acalorado.
Me encogí de hombros y me rasqué el lado derecho de la boca. Me
hundí en la silla y dejé que mis ojos permanecieran en Merrick. Para ser tan
molesto, era demasiado sexy. Si no le conociera realmente, estaría tan
encantada por él como la mayoría de las mujeres con las que coincidía. Me
pasé la mano por el cuello, apreté las piernas juntas y aparté la mirada.
—Creo que es cuestión de opiniones, valores y preferencias. No hay
una respuesta correcta. No está mal, ni bien. Es lo que sea para aquellos que
lo usan.
—¿Te abrirías una cuenta?
Mis ojos volvieron a él el tiempo suficiente para ver que se lamía los
labios despacio. Sin intención, mis ojos fueron a ellos hasta que terminó.
—Lo haría —confesé, escuchando un jadeo de unas pocas personas,
mientras que la amiga más cercana, Stephanie, me daba un golpe en el
hombro.
—¡Aries!
—¿Qué? —grité igual de alto entre risas, mirándola.
—¡Es asqueroso! ¿Quieres decir que pondrías a la vista todo tu coño
para que el mundo lo viera?
Con un encogimiento de hombros, asentí, sabiendo que estaba llena
de mierda.
—¿Por qué no? No es como que la gente supiera que soy yo a menos
que los dejara. Además, si pudiera conseguir el dinero que ella está
consiguiendo, nada me detendría de hacer mis sueños realidad.
Por el rabillo del ojo, vi que Merrick asentía, de acuerdo conmigo.
Claro que sí, estaría de acuerdo conmigo sobre esto, el muy cerdo.
—Pero, Airy. Hablamos de la santidad e intimidad del sexo y de hacer
el amor. ¿No es algo que preferirías mantener sagrado?
Tosí, me giré en la silla y agarré el vaso de vino.
—Joder, he hecho videos sexuales con hombres gratis. ¿Por qué no
que me paguen? Además, no es como si estuviera casada, y no estaría
haciendo el amor. Si estuviera casada y estuviera haciéndole el amor a mi
marido, puede que mi respuesta fuera diferente; pero estoy soltera como un
billete de un dólar, sin un hombre que me reclame. Así que, ¿por qué no?
Negó, incrédula, y yo miré a Merrick. Estaba sonriendo como si supiera
algo que yo no. Solo tomaron unos segundos para que la conversación
cambiara de tema de nuevo. Eso era lo bueno de nuestras quedadas
semanales… no nos quedábamos en un tema mucho tiempo.
Para cuando terminó la cena y todo el mundo empezó a recoger los
platos y a irse, Stephanie volvía sobre el caso de la mierda de Only Fans.
Actuaba como si acabara de aprender un secreto oscuro y profundo sobre
mí, que me había vuelto una persona completamente distinta. Medio
escuché cuando me hablaba de por qué estaba en contra de todo,
preparada para irme a casa con mi vibrador. Toda esta charla sobre sexo
me había puesto cachonda como el infierno y, ya que me negaba a llamar
a mi exprometido para que me ayudara con el problemita, Vino el Vibrador
tendría que funcionar.
Todos salimos de casa de Naya, ya que era su turno de organizar la
cena en donde todos llevábamos lo que íbamos a consumir. Después de
despedirme de todos, me fui hacia el auto. Cuando vi a Merrick apoyado
contra mi Mercedes, se me cayeron los hombros y gemí y puse los ojos en
blanco. La irritación que me llenaba, pronto, se convirtió en felicidad y una
sonrisa cuando me copió la expresión.
—Actúas como si me odiaras a veces. —Se dio cuenta y se separó de
mi automóvil, agarró la cacerola de mis manos.
—Lo hago. Tu culo casi siempre está metido en alguna mierda.
El sonido se su risa profunda hizo que mi corazón se saltara un latido.
Ver la sonrisa de Merrick siempre había sido algo bonito. El tipo de cosa por
la que trabajabas duro para ver.
—¿Qué hay de las veces que no? —Su sonrisa se volvió una pequeña
mueca después de lamerse los labios.
Por un momento, todo lo que podía hacer era mirarle los ojos. También
sonreían. Burlándose. Sin ser capaz de aguantar, sonreí, abrí el auto y abrí la
puerta de atrás para que pudiera meter la vajilla en el suelo.
—¿Qué quieres, Merrick?
Mordiéndose el labio inferior, Merrick me miró cada centímetro de la
cara bajo la luna. Se tomó su dulce y preciado tiempo para responderme.
Volverme una prisionera bajo su mirada no era algo que quería hacer, así
que me giré y me puse de pie a su lado.
—¿Quién te ha dicho que hagas eso? —preguntó y usó el agarre que
tenía en mi brazo para ponerme de nuevo frente a él—. Estoy intentando
ver algo.
—¿Ver el qué, chico de campo?
Me sonrió de nuevo y se rio, haciendo que se me escapara otro latido
del corazón. Si no tenía cuidado, Merrick Wright podría quitarme unos pocos
años de vida sin querer.
—Si quiero hacerte esta sugerencia o no.
—¿Y quedarte mirándome es como lo vas a averiguar? —Asintió, sin
molestarse en hablar. Unos pocos segundos más tarde, me volví
impaciente—. ¡Merrick!
—Está bien. —Casi me gritó con una sonrisa. Cruzando sus brazos sobre
el pecho, se apoyó contra mi automóvil. Sus tobillos se cruzaron mientras
mordía su labio inferior y me miraba todo el cuerpo—. ¿Quieres que
consigamos este dinero juntos o qué?
Me costó un segundo darme cuenta de lo que estaba sugiriendo;
pero, tan pronto lo capté, me reí. Quiero decir, de verdad me reí. Doblada
por la mitad, sujetándome la tripa y con las lágrimas que amenazaban con
salirse; esa risa.
—No puedes decirlo en serio, Ricky.
—Lo hago, mientras tú te ríes, maleducada.
Su expresión se había endurecido y se le abrieron las fosas nasales, y
sabiendo que mi diversión le había ofendido, solo me hacía reírme más. No
fue hasta que se mordió los labios y gruñó:
—Joder, a la mierda con esto. —Que intenté recomponerme y dejar
de reírme. Lo agarré de la muñeca, evitando que se fuera e intenté
serenarme.
—Espera, Merrick —le pedí, limpiándome las lágrimas que se me
habían escapado—. Pensaba que estabas de broma.
—¿Por qué estaría de broma con esto?
—¡Porque siempre estás bromeando, o siendo un imbécil solo para
obtener una reacción mía!
Se le suavizaron los rasgos. Y también la expresión.
—Es cierto, pero ahora voy en serio.
Ladeé la cabeza y me crucé de brazos, mirándolo a los ojos.
—¿Qué te hace pensar que abriría una cuenta en Only Fans contigo?
Dame una buena razón.
Una sonrisa siniestra levantó la comisura derecha del labio de Merrick
y se apartó de mi auto. Cerrando el espacio entre nosotros, me levantó la
cabeza y me miró a los ojos. Bajó la voz y se le volvió llena de lujuria, rasposa,
al responderme con:
—Puedo darte diez.
Antes de poder detenerlo, me agarró de la mano y me la llevó a la
dura erección de sus pantalones. No podía sentir de verdad lo larga que era
porque estaba curvada hacia abajo, pero podía decir, en definitiva, que
era jodidamente gorda. Se me hizo la boca agua al instante y me lamí los
labios al apartar la mano. Poniendo espacio entre nosotros, me llevé las
palmas de la mano a las sienes, y me empezaron a pasar muchos
pensamientos.
¿De verdad lo estaba considerando?
—Solo piensa en ello, Aries. Quieres poder pagar por ese curso en Cali,
y yo quiero tener mi propio estudio de grabación sin tener que pedir un
préstamo. Si nos comprometemos con esta mierda unos seis meses o un año,
quien sabe cuánto dinero podríamos ganar. Y, como bien has dicho, la
gente ni siquiera tiene que saber que somos nosotros. Ya sabes, soy bueno
con la música y la producción de vídeo. Te protegeré y honraré. Te prometo
que estás a salvo conmigo.
Negué mientras me reía, pero era más por nervios que por humor. Esa
era la verdad; sí que necesitaba de veinte a cien mil dólares para un curso
de diseño de moda bajo la tutela de Jada Banks. Era mi ídolo del diseño. Y
a la chica le importaba mucho su dinero. Sabía que cualquiera que
estudiara con ella se volvería casi, como poco, tan exitoso como ella; así
que le puso un gran precio para su programa anual de enseñanza.
No había ni una manera en el infierno de poder tener acceso a ello y
no tomar todas las ventajas, así que quería ser capaz de apuntarme al
paquete de seis cifras; pero me llevaría para siempre ahorrar tanto dinero.
Aunque todavía viviera con mis padres, no podía mantener un trabajo. Era
demasiado aburrido para mí. Nada me satisfacía tanto como comprar,
darle estilo y crear mis propias prendas de ropa.
Había ido a la escuela y tenía un grado en Dietética solo para
contentar a mis padres, porque sentían que volverse famosa en el mundo
de la moda era un sueño poco realista, pero eso era todo lo que había
querido hacer con mi vida. Quería abrir mi propia boutique, incluso vender
mi ropa en otras tiendas de todo el mundo. No solo tendría una línea con
precios razonables para sitios como Ross y TJ Maxx, sino que también tendría
una de gama alta y lujosa.
Solo pensar en la posibilidad de ser capaz de trabajar con Jada Banks,
me hacía querer decir que sí inmediatamente, pero tenía que pensármelo
bien, definitivamente. Una cosa era hablar mierda con mi grupo de amigos,
pero hacerme una cuenta de Only Fans con Merrick haría las cosas mucho
más reales.
Quiero decir… ¡tendría sexo con él de verdad!
—Airy —me llamó y, solo con usar mi nombre, sabía que lo decía en
serio—. Piénsatelo y llámame, ¿está bien?
Todo lo que pude hacer fue asentir. Tenía la boca seca y me daba
miedo hablar. Me froté las manos sudadas, apreté los brazos al costado y le
seguí al lado del conductor de mi automóvil. Después de abrirme la puerta,
Merrick me abrochó el cinturón de seguridad una vez dentro, como siempre.
—Prométeme que lo vas a pensar —me ordenó con la mano
sujetándome la mejilla.
No era la primera vez que me tocaba, pero esta vez, mis brazos
estaban llenos de carne de gallina.
—Lo prometo. —Estuve de acuerdo en un susurro.
Nuestras miradas se quedaron trabadas unos segundos, y no sabía
qué estaba viendo en mí, pero lo hizo sonreír. Se enderezó y cerró la puerta,
después anduvo hasta su auto. No pude evitar verlo irse por el espejo
retrovisor.
Yo y mi gran jodida boca.
Había ciertas cosas que esperaba a diario… ver a Oniqa era una de
ellas. Era preciosa. Una dama de verdad, me encantaba esa mierda.
Durante los últimos dos años, me había gustado, desde que su hermano
pequeño estaba en mi clase de música. Tuve que hacer un poco de trabajo
a solas con él cuando decidió que quería unirse a la banda, que es como
conocí a Oniqa. Lo recogía de la escuela y era una vista impresionante que
esperaba ver de lunes a viernes.
Además de no querer salir con uno de los mayores profesores de su
hermano, era el tipo de mujer que casi nunca estaba soltera. En los últimos
dos años, solo había estado cuatro veces soltera, pero esos intervalos no
duraban mucho. Todo lo que un negro podía hacer era hablar mierda,
intentar mimarla y esperar mi turno. Sin importar con quien estuviera, quería
que supiera que estaba esperando por ella para cuando ella me diera una
oportunidad.
—Aquí viene —me informó Ryan.
Nunca lo decía, pero creo que le divertía ver cómo su hermana me
rechazaba. Muchas profesoras tenían un enamoramiento conmigo y
algunas estudiantes también. No les daba nada de atención. Pero, ¿Oniqa?
Oniqa era capaz de acaparar toda mi atención sin esfuerzo. Tras meterme
el celular en el bolsillo, miré a la derecha y su automóvil paraba frente a
nosotros. Anduve hasta el lado del auto, sonreí y ella se reía mientras bajaba
la ventanilla.
—Señor Wright, tiene que dejar de traerme flores todos los días.
—¿Por qué? —Le tendí las flores y las aceptó, aunque tenía el ceño
fruncido.
—Porque sé que son caras y a mi novio no le gusta que otro hombre
me regale flores a diario.
—No te preocupes por lo que cuestan. Y, si no le gusta que te regale
flores, ¿qué preferiría? ¿Chocolates?
La sonrisa le volvió a la cara, puso los ojos en blanco y negó. Oniqa se
llevó las flores a la nariz e inhaló su aroma antes de devolverlos al sitio trasero.
—Gracias, señor Wright.
—Merrick. ¿Cuántas veces tengo que decírtelo?
—Supongo que las mismas que las que yo te tengo que decir que
nunca saldría con uno de los profesores de mi hermano pequeño.
—Ya no soy su profesor, así que tienes que inventarte otra excusa para
tu miedo.
Jadeo, pero no le di la oportunidad de mentirme. Miré a Ryan y le dije
que no se metiera en problemas antes de verla de nuevo, después me
enderecé y me alejé del automóvil. Sabía que le daba miedo a Oniqa. No
era el tipo de tío a por el que iba normalmente. Ryan me contó sobre los
tipos con los que de normal salía y yo no era para nada como ellos. Unas
pocas veces, le dijo que yo era duro en los bordes. Si pensaba que esta
versión calmada de mí era dura, no habría sido capaz de manejarme
cuando estuve en mi momento de mierda hace tiempo.
Aunque sabía que era una buena chica que juraría que yo era
problemas, aun así, me gustaba. Puede que fuera porque me gustaba
perseguirla. O puede que porque una parte de mí sabía que ella no era en
realidad mi tipo. Por lo que fuera, algún día podría decir que Oniqa Brown
era mía.
Cuando me fui de la escuela, me fui al estudio de mi colega; como
hacía cada puto día. Ser profesor de música de instituto era como pagaba
las facturas, pero trabajar como ingeniero y productor de sonido era mi
pasión. No trabajaba para nadie, lo que era por lo que no podía hacerlo a
tiempo completo, pero me encantaba cada momento que era capaz de
producir y grabar música. Por muy agradecido que estuviera de poder
hacer lo que me gustaba en cualquier nivel, me faltaba esa felicidad de
hacerlo usando el estudio de otro. Quería mi propio estudio, y no podría
descansar hasta tenerlo.
No solo eso me permitiría grabar lo que quisiera, sino que se lo
alquilaría a pequeños estudios y sería capaz de dejar de trabajar de
profesor. Enseñar música era genial, pero no era algo que planeaba seguir
haciendo hasta que tuviera cuarenta o cincuenta. Mi grado siempre había
significado un plan b para mí, o lo que haría cuando me asentara. Pero,
mierda, no había ni una parte de mí que estuviera lista para dejar mis sueños
de lado tan jodidamente pronto.
El hombre dentro de mí no me iba a permitir arriesgarme sin
asegurarme de que estaba bien financieramente. En algún lugar del
camino, empecé a centrarme en mi realidad más que en mis sueños. Dejé
de grabar tanto y me asenté en una vida de normalidad que, al final,
empezó a suprimirme. No sentía como que mi vida tuviera sentido. Sin
importar cuántos estudiantes me decían que les encantaba que les
enseñara música… nunca me había llenado ni había estado realmente
satisfecho hasta que el mundo escuchara mi música.
Solo pensar en esa mierda hacía que a un negro le entrara el hambre.
Estaba dispuesto a hacer lo que fuera para que mis sueños se hicieran
realidad, excepto pedir un préstamo. Eso habría sido la forma fácil de
conseguir el dinero que necesitaba para mi edificio, pero el orgullo no me
iba a permitir pedir prestado nada de nadie. Quería salir del fango y hacerlo
por cuenta propia, sin importar lo mucho que me costara. Nadie podría
decir que había hecho a Merrick Wright, ni serían capaces de quitarme mis
sueños.
Cuando llegué al aparcamiento del estudio de Zane, la idea del Only
Fans me vino a la mente. Me había sorprendido que Aries dijera que se
abriría una cuenta. Para ser honesto, había pensado antes en meterla en mi
cama una y un millón de veces. Nunca había intentado en serio, sin
embargo, pero éramos amigos; supongo, que éramos bueno amigos de
alguna forma.
Aries era la primera mujer a la que llamaba cuando necesitaba
consejos o paz mental. Si quería contar una buena noticia. Si quería
pasármelo bien o fastidiarla y que se enfadara. Algo sobre ella siempre me
ponía en ese estado mental de chico pequeño que molestaba a la chica
que pensaba que era linda. Una vez me respondía con actitud, recordaba
quién carajos era yo y que era un hombre adulto, salía de mi mierda; pero
ella tenía ese efecto en mí.
Por mucho que la molestaba, sabía que ella apreciaba mi amistad.
Solo se negaba a decirlo. Le dije que pensara en ello y me respondiera
cuando se decidiera, pero ahora estaba ansioso por saber qué iba a hacer.
Si la llamaba, diría que le estaba presionando y acelerando su decisión, y
me respondería con arrogancia; así que decidí llamar a Marcus para decirle
que le pidiera a Stephanie que se encontrara con nosotros para unas
bebidas más tarde. Claro, por supuesto, que traería a Aries cuando se
enterara de que yo iría. Y, con suerte, cuando Aries me viera más tarde, sería
con una respuesta.
Mirando entre Stephanie y Marcus, todo lo que podía hacer era verlos
juntos. Sabían muy bien que se pertenecían el uno al otro. Intentaron hacer
que su relación funcionara cuando estábamos en el instituto, pero no
funcionó. Diría que era porque éramos muy jóvenes. El amor juvenil tenía
tendencias a ser tóxico y obsesivo. Me dolía como el infierno ver a mi chica
dolida cuando lo dejaron, y creo que por eso se llaman amigos entre ellos.
Pero yo lo sabía, y muy profundamente, creía que Stephanie también… ellos
pertenecían juntos.
Se suponía que teníamos que quedar con él y Merrick para tomar
algo, pero solo apareció Marcus. Al parecer, la sesión de estudio de Merrick
se había alargado. Me venía bien porque estaba bastante segura de que
venía a preguntarme si había tomado una decisión sobre el Only Fans. Sí que
la había tomado, pero no estaba preparada para contárselo todavía. Una
parte de mí disfrutaba de tener la sartén por el mango, por una vez. Puede
que fuera triste, e incluso inmaduro, pero iba a disfrutar de cada segundo
que le hiciera esperar.
—Entonces, ¿estás saliendo con alguien nuevo, Marcus? —Ni siquiera
pude terminar la frase y ya estaba sonriendo de lado a lado.
Stephanie estaba sentada a su lado, y verla lanzándome dagas con
los ojos solo hicieron que la sonrisa que tenía se convirtiera en una
carcajada. Evitando su mirada, levanté la mano a la parte izquierda de la
cara.
Marcus sacudió la cabeza y se rio por lo bajo, al enderezarse y apoyar
los brazos en la mesa.
—¿Por qué juegas tanto, Airy? —Me encogí de hombros y sumergí una
tostada en mi bol de salsa. Habían traído guacamole a la mesa, pero
odiaba los aguacates. No era como que mi boca los quisiera. Tenía un
problema con eso. Sentido de comida raro. Tampoco podía con las moras.
O los rollos de canela.
Bueno, podía tomar aguacates y moras en smoothies; pero, ¿la
comida entera en la boca? Puaj.
—Solo estoy sacando tema de conversación. Entonces, ¿todavía
estás soltero?
—Por mucho que jures que no te gusta Merrick, actúas igual que él a
veces —añadió Stephanie.
Haciéndome la ofendida, me llevé la mano al pecho.
—¿Cómo te atreves a compararme con él? Ha sido un golpe bajo,
Stephanie.
—Sin embargo, es la verdad —respondió Marcus y se rio.
—No sé por qué siquiera estoy sentada con ustedes. Debería haberme
ido al bar cuando dijiste que todavía no venía.
Se rieron, pero iba jodidamente en serio. Habíamos quedado en
nuestro mexicano usual para tomar unos margaritas baratas y nachos; pero
llevábamos mucho tiempo y me estaba entrando el hambre de comida de
verdad. Además, iba por la tercer margarita, esperando al lento de Merrick.
Si planeaba irme pronto, tendría que darle algo de comer al licor para
asegurarme de estar sobria.
—¿Por qué tienes que ser así? —preguntó Marcus con un tono de
inocencia. Tenía el brazo alrededor de la silla de Stephanie, casualmente, y
sonreía.
—Porque todos siempre se meten conmigo.
—¿Cómo? Pero si tú eres la que siempre empieza.
—Lo que sea. Solo he preguntado si estabas soltero.
—No —le cortó Stephanie—. Todos sabemos a dónde ibas a dirigir eso.
Y no, no estamos saliendo ni vamos a volver juntos.
—Lo que sea. Todo lo que digo es que, si no se han dado cuenta,
ninguno de los dos ha tenido una buena relación desde que lo dejaron.
Tiene perfecto sentido que los dos tienen que estar juntos. Pero está bien,
nene, no volveré a preguntar.
Marcus se mordió el labio y Stephanie frunció el ceño.
—Sí, hasta la semana que viene.
Todos compartimos una risa, pero mi sonrisa decayó rápido cuando
inhalé y olí a su aroma. No tenía que verle para saber que estaba aquí. No
es solo que el aroma a especias y humo era suyo… sino que también lo sentí
en cuanto estuvo de pie detrás de mí. Merrick tenía esa especie de
presencia que impactaba, ya fuera para bien o para mal. Lo sentías. Cada
jodida parte de él.
Marcus cambió la mirada a mí. Casualmente, se levantó y se inclinó a
través de la mesa para darle la mano a Merrick. Como siempre, Merrick
agarró la mano de Stephanie y le dio un beso antes de sacar su silla y
sentarse. Nunca habíamos sido del tipo cariñoso, pero no era porque yo no
quisiera. El contacto físico era mi lenguaje amoroso, y me habría encantado
estar en sus brazos… que es exactamente por lo que me quedaba lo más
lejos que podía de ellos.
—¿No han pedido comida de verdad? —preguntó y puso mi salsa
frente a él.
Se la quité rápido y le dije:
—El guacamole es para compartir.
—Ya sabes que no me gusta esa mierda.
—Bien, entonces pídete algo.
Ignorándome, Merrick se acercó de nuevo la salsa y preguntó si
alguien tenía gel hidroalcohólico en la mesa. No me molesté en sacar el mío,
así que Stephanie sacó el suyo sonriendo. Mientras él y Marcus se ponían al
día, Stephanie y yo hablábamos de nuestras cosas. No pasó mucho tiempo
y una camarera vino a tomar el pedido de Merrick. Utilicé esa oportunidad
para pedir una quesadilla de pollo ya que él había pedido otra ronda de
margaritas para compensar su tardanza.
Siguieron hablando, y me di cuenta de que estaba más callada de lo
normal. Siempre hablaba toda la mierda que quería cuando Merrick no
estaba presente, pero ahora que estaba aquí, estaba empezando a
ponerme nerviosa. Solo con pensar en estar de acuerdo en abrirnos una
cuenta me había puesto nerviosa, así que no sabía cómo carajos pensaba
que podría ser capaz de acostarme con él. ¿Y, además, compartirlo con
todo el mundo?
Yo y mi gran jodida boca.
Merrick se inclinó más hacia mí y, en vez de responderle altanera
como normalmente hacía, todo lo que pude hacer fue sonreírle y mirarlo.
Durante unos segundos, solo me quedé mirándolo y analizándolo. Merrick
era demasiado sexy para su propio bien.
Era de estatura media, así que le podía mirar a los ojos cuando me
ponía tacones de diez centímetros. Su estructura muscular estaba
trabajada, y cubierta con el tono de piel precioso de chocolate con leche.
Sé que probablemente sea la forma más cliché de describir ese tono de piel
en un hombre, pero, ¿y qué? Le pegaba perfectamente porque parecía
comestible. No podía contar las veces que me había imaginado tocarla con
mis propias manos y dejar que se derritiera en mi boca.
Y cuanto más me miraba con esos ojos caídos de color vainilla-
marrón, más quería que bajaran por mi cuerpo estando encima de mí.
Como si estuviera teniendo sus propios pensamientos eróticos, los ojos de
Merrick bajaron por mi figura y se lamió esos labios de tamaño medio con
forma de lazo. Quería agarrarle por la barbilla, esa barba densa y de vello
rizado, y decirle que dejara de mirarme como su fuera un bocadillo, pero
tendría una respuesta de listillo.
Una que me haría querer golpearlo. Lo que, en este caso, podría ser
lo mejor. Porque ahora mismo, quería darle un beso en la nariz rectangular
y acercarlo a mí agarrándole de las orejas puntiagudas.
Joder.
Merrick estaba muy bueno.
Sin ninguna razón.
Y cuando estaba vestido todo de negro con ese gorro hacia atrás…
Jesús.
Apreté las piernas, aparté la mirada de él y vi que Marcus y Stephanie
estaban juntos, mirando algo en el móvil de él.
—¿Por qué estás tan callada? —preguntó, lentamente subiendo la
mirada por el cuerpo.
—¿Intentas decir que normalmente soy ruidosa?
Me lanzó esa mirada, esa carcajada en silencio, y no pude evitar
devolvérsela.
—Joder, sí.
—¡Merrick!
—¿Ves?
Con un gruñido, le di un golpe suave en el hombro y me reí de nuevo.
—No soy ruidosa.
—Lo eres cuando estás contenta o emocionada. No hay nada de
malo en ello, tampoco, señorita Pura, Salvaje, Libre y Siempre.
Me lamí los labios para ocultar mi sonrojo, me giré y le di un sorbo a mi
margarita. Tenía un tatuaje con esas cuatro palabras en medio del pecho,
y cada vez que Merrick intentaba que pareciera que me conocía, lo decía.
—Juras que me conoces. —Fue todo lo que pude pensar en decir
antes de mordisquear la pajita.
—Sé más de lo que crees. —Levantándose, Merrick extendió la mano
hacia mí—. Ven a la barra conmigo rápido.
Se me cayó el corazón y tragué saliva. Si quería hablar en privado, era
para obtener una respuesta. Sin esperar a prepararme mentalmente,
Merrick me agarró de la muñeca y me levantó de la silla.
—Joder, amigo. ¿No podías esperar quince minutos para hablar de
esta mierda? —le chinché al andar a su lado.
—Joder, tienes suerte de que haya esperado tanto como lo he hecho.
Tenía en mente ir por tu culo nada más salir del trabajo; pero pensé que, si
te llamaba, se te metería en la cabeza que te estaba presionando.
Me reí, considerándolo… igual sí que me conocía bastante bien. Nos
sentamos en la barra, donde Merrick nos pidió unos chupitos. Tequila para
mí y Crown para él. Después de bebérnoslos, le di las gracias por llevarme a
un lado para tener esta conversación. Stephanie estaba totalmente en
contra de que lo hiciera, y no quería escuchar su jodida opinión. Sería como
si mi madre me regañara por alguna mierda que sabía que no podía hacer
nada para que no hiciera, y no estaba de humor.
—Podemos hacerlo. —Estuve de acuerdo—. Pero tienes que
asegurarte de que nadie sepa que somos nosotros. Y solo lo haremos
durante seis meses. Sin sentimientos, ni actuar raro y no se lo decimos a
nadie.
No esperaba que Merrick me preguntara:
—¿Estás segura?
—¿Tú no?
—Sí, pero también sé que podemos tener buen sexo y no
encariñarnos. Puedes tener el mejor coño del mundo, y aunque puede que
me haga desearte todo el tiempo, no me encariñaré. ¿Estás segura de que
puedes decir lo mismo?
Pensando en el hecho de que me garantizaba prácticamente veinte
centímetros de polla, solo podía esperar que apestara para poder terminar
con todo esto. Pero, si lo hacíamos, nuestras posibilidades de ganar dinero
rápido se irían por la ventana.
—Estoy segura. Podemos conseguir dinero y divertirnos mientras. Me
va bien.
La sonrisa que le salió en la comisura izquierda de la boca me hacía
preguntarme en qué demonios me acababa de meter.
—Está bien, ReRe. Juras que me odias ahora, pero apuesto a que en
seis meses me querrás.
—Oh, vamos. Puede que quiera esa polla, pero nunca te voy a querer
a ti.
—Si tú lo dices.
Estaba tan lista para que él convirtiera esto en un debate, que la
rapidez con la que terminó la conversación me alarmó aún más.
Honestamente, no había tomado en consideración desarrollar sentimientos
por Merrick, principalmente porque solo nos veía quedando en privado para
follar. La verdad del asunto era que tendría que ser muy consciente de a
cuánto de mí misma le daría acceso. Lo último que necesitaba en este
momento era dejar que lo que se suponía que era solo sexo se convirtiera
en algo más.
Se suponía que esto me prepararía para la siguiente fase de mi vida:
mudarme a Cali para aprender con Jada Banks antes de comenzar mi
propia casa de moda. Ahora que realmente parecía posible, no podía dejar
que nada ni nadie me detuviera. Merrick era conocido por muchas cosas,
pero estar fielmente en relaciones comprometidas no era lo suyo. Además,
él estaría tan concentrado en su estudio como yo en mi tutoría, por lo que
ninguno de nosotros tendría tiempo para nada más.
Aun así, una parte de mí esperaba entender la gravedad de la mierda
en la que me estaba metiendo.
Todavía no podía creer que Aries hubiera accedido. Para ser honesto,
esperaba que se echara atrás en el último momento. Esperamos a que
llegaran los resultados de las ETS antes de poner una fecha, y esa fecha, al
fin, había llegado. En caso de que lo hiciéramos, intenté tener ordenada mi
casa tanto como podía antes de que llegara. No es que estuviera sucia,
pero tenía algunas cosas fuera de sitio. Eso era una de las cosas buenas de
vivir solo, no siempre tenía que ordenar si no me apetecía.
Ella vivía con sus padres, así que decidimos poner todo lo de
grabación para los siguientes seis meses en mi casa o en un hotel. Quería
hacerlo también en público, pero sería arriesgado por unas pocas razones.
No solo pondríamos en peligro que alguien reconociera nuestras voces, sino
también los autos, cuerpos y caras bajo las máscaras.
No me sorprendió cuando Aries volvió a casa después de la
universidad. No estaba mimada, por así decirlo, pero estaba acostumbrada
a que sus padres se lo facilitaran para que ella pudiera hacer lo que quisiera.
No creía que se mudara a menos que estuviera haciéndolo bien
económicamente, haciendo lo que le gustaba, o que tuviera un hombre
que se encargara de las facturas y; por ahora, había tenido razón. No podía
verme a mí mismo con veintiocho y todavía viviendo con mis padres, pero
igual era diferente para las mujeres.
Suponía que estaba bien trabajar y ahorrar… viajar y gastar sin tener
que preocuparte por las facturas… pero esta había sido mi vida. En cuanto
cumplí dieciséis, estaba preparado para salirme de mi casa, así que tenía
muchas ganas de mudarme al campus al irme a la universidad.
Le gustaban las luces de ambiente y toda esa mierda, así que, cuando
me dijo que estaba fuera, encendí el proyector azul antes de dejarla entrar.
Tan pronto la vi, tuve que reprimir mi sonrisa. Seguí pensando en algo que
decir para enojarla y hacer que frunciera el ceño o me gritara; pero, la
verdad, era preciosa incluso enfadada. De hecho, me gustaba cuando me
ponía en mi sitio.
—Te ha llevado tu tiempo llegar hasta aquí. —Fue por lo que me decidí
y, como era de esperar, me pegó antes de empujarme a un lado y entrar a
mi casa.
—Cállate de una jodida vez, Ricky. Siempre tienes algún comentario
de listillo que hacer.
Intenté no reírme con su bufido mientras ella se cruzaba de brazos.
—¿Qué te he dicho de esa boca? Tengo que apresurarme y meterle
la polla.
Se giró rápido, con los ojos como platos y los labios abiertos, a la vez
que le salía por la boca el gruñido más adorable. Era una primera vez, pero
le había dejado sin palabras. Sacudió la cabeza, se rio y se fue por el pasillo
a mi cuarto.
—Ahora veo que te vas a poner a ello —dijo al final y ni siquiera podía
negar que lo quería.
—¿Sabes cuánto tiempo he esperado para poder meterte en mi
cama, Aries?
Mirándome, se quitó los tacones color piel con la punta del pie. Una
parte de mí quería decirle que se los dejara puestos. Me encantaba cuando
los usaba y tenía las uñas de los pies pintados de blanco, y significaba
mucho para mí que hubiera aceptado mi pedido y hecho ambas cosas hoy.
Me pidió que me vistiera de negro y me pusiera las cadenas de oro, así que
lo hice.
—¿Quieres decir que has pensado en nosotros follando antes?
—Joder que sí. ¿Te has visto?
No pude evitar mirarla con adoración y se sonrojó y evitó mi mirada.
Este lado callado de ella, me costaría acostumbrarme a él. Su habilidad
para decir lo que fuera que le pasara por la cabeza a quien carajos fuera,
era una de las cosas que más me gustaban de ella. Pero también era tierno
verle así y saber que yo era la razón.
—Sí, claro. He visto las mujeres con las que sales. Ninguna de ellas se
veía mejor que yo, pero todas tenían el culo más grande. Sé que no soy tu
tipo.
Eso era verdad, era un hombre de culos, pero apreciaba a una mujer
preciosa de cualquier forma. Si era flaca o con curvas, si era bonita era mi
tipo. Y Aries era preciosa.
Tenía la piel del color marrón arena y cabello denso y liso que le
llegaba a mitad de la espalda. Sus labios eran demasiado jugosos y tenía los
ojos color café en los que un tipo podía perderse y sentirse lo suficientemente
cursi como para mirarlos. Y tenía pestañas largas y con curva, que podía
batir y conseguir lo que quisiera de mí. Naturalmente, tenía un estilo increíble.
Me encantaba cómo vestía y cómo se presentaba.
No había nada de Aries que le tuviera que hacer sentir como si no
fuera mi tipo porque, para mí… era perfecta
—¿Qué quieres decir? —Estaba reclinada contra la pared como si no
hubiera estado en mi casa antes, así que la agarré y la aparté de ella. Una
parte de mí quería mantenerla ahí y apretar mi cuerpo contra el suyo, pero
no quería tomarla demasiado rápido. En cambio, de la mano la llevé hacia
la pequeña sala de estar que había creado junto a las ventanas—. Eres
jodidamente preciosa y tu cuerpo es para morirse. Tu culo no es gigante,
pero es natural y te pega. Me encanta tu figura delgada. Cómo tienes la
cintura estrecha, pero tienes las caderas anchas. Eso es lo que me gusta. Te
ves con curvas y femenina, y eso es muy atractivo para mí. Además, tienes
el culo suficiente como para que rebote cuando te lo haga por detrás, y eso
es todo lo que necesito.
Puso los ojos en blanco, se rio y sacudió la cabeza.
—¿Cómo no sabía que eras tan jodidamente vulgar?
Ahora era mi turno de reírme por lo bajo.
—Y te va a gustar esa mierda. Vamos a estar tan sincronizados el uno
con el otro que podré hacer que te corras por teléfono solo con mis palabras
y el sonido de mi voz.
Se le relajaron los hombros y suspiró.
—No lo dudo. Siempre he disfrutado del sonido de tu voz. Lo único es
que no soporto la mierda que sueltas con ella la mitad del tiempo.
—Amiga, lo que sea, ReRe.
—Deja de llamarme así —gritó e intentó pegarme en el hombro, como
hacía siempre.
—Está bien, hagamos un trato. Voy a intentar ser considerado con el
hecho de que no te gusta eso mientras estemos haciendo esto, pero no
puedo prometer nada.
Quería preguntarle qué había pasado con ella y su viejo chico, que la
madre de su hijo le había hecho odiar ese nombre; pero esa era una
conversación para otro día. No había tenido mucha suerte con el mundo
de las citas, como yo; lo que probablemente era otra razón por la que
estaba dispuesta a hacer esto. Yo hablaba mucha mierda, pero no había
estado con una mujer cerca de un año. Para ser honesto, este tipo estaba
ansioso por tenerla entre mis brazos y sentir el calor de sus paredes mucho
más de lo que estaba dispuesto a admitir.
Aries estaba jugueteando con los dedos gordos y miraba la
habitación, me di cuenta de que estaba nerviosa. Me imaginaba que debía
estarlo, estaba preparado para que cambiara de opinión.
—¿Estás nerviosa, Airy? —Me miró un poco con una leve sonrisa y
asintió despacio—. ¿Por qué? —Se chupó los labios, Aries me miró un
segundo antes de volver a girar la cabeza—. ¿Estás preocupada de que
alguien pueda reconocerte?
—Un poco. Es solo… ¿qué pasa si somos; si soy mala? —Bajó la voz y
yo sonreí—. Una cosa es satisfacer a un hombre en privado, pero es mucha
presión fingir para todo el mundo. Sé que mi coño está bueno, pero, ¿qué
pasa si me pongo tan nerviosa, se me seca y dicen que no te estoy follando
con suficientes ganas? ¿O qué pasa si mis gemidos suenan raros? ¿O si
pongo caras feas de orgasmo? ¿Qué pasa si nadie se subscribe y solo
conseguimos unos… cincuenta y siete dólares?
—¿Cincuenta y siete dólares? —repetí, riéndome y poniendo mi silla al
otro lado de la mesa redonda, a su lado—. Esta polla sola nos proveerá con
dulces cifras de cinco números.
Se rio y parecía más calmada, lo que buscaba.
—Eres jodidamente engreído.
—Pero lo digo enserio. ¿De verdad estás preocupada por esa mierda?
Aries se encogió de hombros y su sonrisa decayó.
—Yo solo… no quiero pensarlo demasiado y joderlo todo.
—Joder, si alguien tuviese estar preocupado debería ser yo. Yo soy el
que va a follarte hasta el olvido y hacer que te corras tan fuerte que cada
mujer que lo vea desee ser tú, y que cada hombre que lo vea intente
aprender mis movimientos. Puedes hacer esta mierda sola con una página
de una persona y hacer dinero, pero yo también tengo un montón de
presión sobre los hombros. Esta mierda se hundirá si mi juego de polla es una
mierda.
—Pero ambos sabemos que ese no es el caso.
—Lo sé, solo digo… —Sonrió y le agarré la mano—. Si confías en mí y
te dejas llevar, te prometo que va a ser el mejor sexo de tu vida. Eso se verá
en cámara y estaremos bien. Pero tienes que confiar en mí, Aries, ¿de
acuerdo?
Con un asentimiento, Aries tomó aire, temblorosa.
—Está bien. ¿Deberíamos…? ¿Hacerlo en privado primero? ¿Solo para
acostumbrarnos el uno al otro?
—Nah. Les encantan los líos amorosos. Creo que deberíamos tomar
esto de los amigos con beneficios a nuestro favor. Usarlo para llevarlos en un
viaje. Ver cómo dos buenos amigos pueden follar durante seis meses y no
tener sentimientos.
—¡Ohh! ¡Es una idea genial! Y podríamos pensar en una frase
pegadiza o algo así para que pegue. Algo con esas tres efes… Friends,
Fucking y algo con Feelings.
—Puedo trabajar con eso. Podemos hacerlo una etiqueta para
nuestra red social. Bueno, Twitter. Only Fans es popular ahí.
—Lo has buscado, ¿eh?
—Sí. Me siento responsable de ti mientras estemos haciendo esto. Si
nos va a traer dinero a los dos, quiero asegurarme de que lo hacemos lo
mejor que podamos. Te dije que te honraría y protegería, y lo decía en serio.
Aries sonrió y se llevó mi mano a la boca, besando la palma.
—Di algo malo antes de que me olvide de lo mucho que no me gustas.
Me reí y la atraje a mí, le rodeé el cuello con un brazo.
—Que te jodan. Sabes que soy tu mejor amigo.
—Si tú eres mi mejor amigo… Jesús, necesito amigos nuevos.
—Aries.
—Estoy de broma.
—No, no lo estás.
—En verdad no. —Su risa me hizo reírme. Cuando se calmó, me pidió—
: Dime algo que nadie más sepa. Algo que me haga sentirme más cercana
a ti.
Pensé en su petición unos segundos antes de confesar.
—No me da miedo el fracaso; me da miedo el éxito. Realísticamente,
el fracaso es lo que muchos de nosotros conocemos y siempre
conoceremos; pero no todo el mundo experimenta el éxito.
»Mi padre dejó su carrera en lo alto. Su segundo álbum de soul
acababa de vender millones por todo el mundo, cuando mi madre dio a luz
a mi hermano mayor, y se retiró para poder ser un hombre de familia. Sabía
que era feliz y toda esa mierda, pero había momentos en los que veía en sus
ojos y lo sentía en el alma, que quería más.
»La única vez que habló conmigo de ello, me dijo que echaba de
menos la música y que sentía que era demasiado tarde para resucitar su
carrera. Yo simplemente… no quiero centrarme tanto en la música para
evitar sentirme como él cuando sea mayor, sentir que me he perdido otras
cosas que eran igual de importantes. Una parte de mí siente que nunca me
voy a casar y tener una familia de verdad si la música despega como quiero,
porque no puedo ser como mi padre, en ese sentido. No quiero mirar a mis
hijos y saber que los elegí por encima de una cosa que me hace sentir… —
Hice una pausa y sacudí la cabeza, intentando encontrar las palabras
correctas para describir cómo me sentía—. No quiero tener huecos en el
alma que nada podrá llenar nunca porque no hice lo que me encanta
hacer.
—Lo entiendo, y no creo que eso vaya a ser un problema para ti. Eres
muy dedicado y apasionado, pero no creo que haya nada que no puedas
hacer. Si quisieras empezar una familia y una carrera de éxito, podrías
hacerlo. Solo tienes que encontrar a la mujer adecuada que esté en tu nivel
y que entienda tus horarios, o una mujer que sea lo contrario y no le importe
quedarse en casa mientras tú cuidas de tu negocio. Pero, definitivamente,
tienes que cambiar de perspectiva. Si sientes que no puedes… no lo harás.
Digerí la sabiduría de sus palabras y luego dije:
—Esas son unas grandes palabras para alguien de metro treinta.
—¡Merrick! —Se rio—. Mido uno sesenta y dos y medio.
—Sigues diciendo ese medio como si significara algo.
—Lo hace. Y tú también lo vas a respetar. —Su sonrisa me hizo sonreír—
. Es mi turno, ¿no? —Asentí y me di cuenta de lo calmada que parecía
ahora—. Siento como que debo tener éxito por mi cuenta. Mis padres ya me
dejan quedarme con ellos porque no puedo mantener un trabajo normal
de ocho horas durante más de unas pocas semanas. No quiero
decepcionarlos o hacerlos sentir como que no tengo una mierda de plan.
—El típico trabajo de nueve a cinco no es para todo el mundo,
especialmente para los creativos. Si no enseñara música, no creo que me
conformara con uno tampoco. ¿Por qué no trabajas en una tienda de ropa?
—Es jodidamente frustrante vender ropa cuando sé que puedo
diseñar una diez veces mejor, especialmente por esas cantidades de dinero
que pagan.
—Pero, eres asistente personal de compras y diseño, ¿verdad? Es algo
por lo que estar orgullosa.
Asintió, pero no se le veía contenta con su éxito.
—Sí. Puedo vender unas tres o cinco prendas propias al mes, pero la
temporada de bailes de instituto siempre es la más ajetreada del año para
mí. Lo que consigo con los vestidos de baile normalmente es suficiente para
mantenerme el resto del año, sin incluir cuando viajo o me mimo y despilfarro
en mí misma; pero quiero más, y definitivamente quiero algo más
consistente. Quiero House of Aries, mi propia marca de ropa y tiendas. Y no
creo que esté satisfecha haciendo nada más.
—En ese caso, tenemos que conseguir este dinero para que puedas
convertir tus sueños realidad.
Aries sacudió los hombros y se rio, antes de asentir.
—Está bien. Creo que ahora estoy preparada.
—¿Quieres un chupito?
—Sí. —Casi canturreó, lo que me hizo reírme y me levanté.
—Lo tengo.
Tras tomarnos los chupitos, encendí unas velas que pegaban bien con
la luz azul y puse algo de música suave. No estaba tan alta como para que
se escuchara en el vídeo, pero puse el altavoz en la cama para que
estuviera cerca de su oreja. Si no quería centrarse en mí, podría
concentrarse en ella si los miedos empezaban a recorrerle otra vez.
—De verdad agradezco la amabilidad y que hayas pensado en todo,
Merrick. Pensaba que iríamos al grano, pero estás siendo un caballero al
respecto y lo necesitaba.
Sinceramente, no estaba acostumbrado a que una mujer dijera en
voz alta su apreciación cuando hacía cosas por ella, así que me pilló
desprevenido. Hizo que el corazón se me saltara un latido y que se me
pusiera dura la polla. Con una sacudida de cabeza, le hice saber que
estaba todo bien, antes de comenzar a configurar las cámaras para
asegurarme de que tuviéramos tomas amplias y de cerca desde todos los
ángulos de la habitación. Haría una pequeña grabación con mi cámara en
la mano; pero una parte de mí sabía que, si su coño era tan bueno como
pensaba que iba a ser, lo último en mi mente sería sujetar una maldita
cámara. Sin embargo, de cerca y de corridas era donde estaba el dinero,
así que tendría que conseguir tantas como pudiera antes de perderme
realmente en ella.
Por ahora, mi plan era grabar cuando ella estaba más húmeda y se
corría más, y disfrutar de todo lo demás. Sin embargo, a medida que
probáramos todo, decidiría qué era lo mejor.
Fue al baño para ponerse la peluca, los lentes de contacto y la
máscara que cubría la parte superior de la cara, y esa mierda solo me excitó
más. Pero cuando regresó, pude sentir que su nerviosismo comenzaba a
regresar. Tomando sus mejillas, besé su frente, sienes y nariz. Para cuando
llegué a las comisuras de su boca, sus hombros y su respiración se habían
relajado.
—¿Estás bien? —comprobé.
—Um-hm. ¿Tú?
—Siempre que tú lo estés.
Asintió y tragó saliva.
—Y solo vamos a hacer oral, ¿verdad? ¿Después vídeos solos?
—Correcto. Necesito que pienses en una palabra segura por si quieres
que pare.
—Hmmm, ¿qué tal hulu?
Me reí.
—Lo que tú quieras.
—Está bien. Entonces, hulu.
—Está bien. —Agarré el mando que había programado para poner
en marcha todas las cámaras o apagarlas, me senté en el borde de la cama
y le dije—: Ven aquí.
Despacio, se acercó a mí. El mero pensamiento de lo que íbamos a
hacer, tenía la polla pulsando y me mordí el labio. Ni siquiera teníamos que
hacerlo todo esta noche. Solo quería saborear su coño y ver si era tan bonito
como lo era en mis sueños.
De pie frente a mí, Aries se cubrió los ojos. Con una risita, encendí las
cámaras y dejé el mando al borde de la cama.
—¿Te vas a cubrir la cara todo el tiempo mientras te desvisto y te como
el coño?
Le agarré del culo, gemí por lo bajo en la garganta y la atraje hacia
mí.
—No puedo creer que de verdad vayamos a hacerlo.
Cuando bajó las manos, vi la sonrisa que había escuchado en su voz.
Igual no se iba a arrepentir después de todo.
—Última oportunidad para echarse atrás…
Para mi sorpresa, me agarró de la barbilla, me levantó la cabeza y me
dio un beso húmedo en los labios. No duró mucho, pero el medio segundo
que sus labios estuvieron contra los míos, me provocó olas calientes de
deseo por ella directas por todo. Esa era toda la confirmación que
necesitaba para empezar a desvestirla.
Una vez completamente desnuda, miré todo su cuerpo por primera
vez. Sin poder resistirme, le agarré el culo y le di una nalgada, después lo
acaricié. Poniéndome de pie, dejé que mis manos subieran por su estómago
y le apreté las tetas. Echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos.
—Eres preciosa, ¿lo sabes? —Asintió. Gimió cuando le lamí el cuello—
. Me encanta tu cuerpo, Airy —le susurré en el oído, bajito para que solo lo
escuchara ella—. ¿Me escuchaste?
—Sí, Merrick —me susurró y me agarró de la nuca con las dos manos.
La levanté por los muslos y me rodeó con las piernas. Tras mirarle unos
pocos segundos, la puse en medio de la cama. Me desvestí, después fui
entre sus piernas. Nuestro plan original era un 69, pero, en este momento,
todo lo que quería hacer era devorarla sin que el placer me distrajera. Pero
queríamos que nuestro primer vídeo fuera una prueba, así que intentaría ver
cuánto aguantaríamos en esa posición.
Sin querer apresurarme, me familiaricé con su cuerpo, besando,
lamiendo y chupando desde los dedos de los pies hasta la cabeza,
tomando notas mentales de los lugares que toqué que provocaron una
reacción en ella. En el momento en que volví a posarme sobre ella y tuve mi
polla en su abertura, ella estaba estirando la mano entre nosotros, tratando
de meterla. Apartando su mano, me reí.
—Esta noche no —le recordé, me reí más por ver cómo se sonrojaba.
Sabía qué hacer exactamente para cambiarlo, sin embargo. Me tumbé a
su lado, de espaldas, y le dije—: Siéntate en mi cara.
—¿Cómo quieres que te la chupe? —preguntó, sobre mí.
—Despacio y con saliva. ¿Cómo quieres que te coma el coño?
Gimió y le abrí las piernas, le chupé el culo.
—Como si fuera tu última jodida cena.
No sería problema.
Aries bajó hacia mi polla, tentándome a que empezara. La atención
en la cabeza al principio, creando saliva en la boca. Cuando sintió que
estaba lo suficientemente mojada, empezó a tomar más de mí hasta que
tocaba el fondo de la garganta. No esperaba que fuera tan jodidamente
buena en esto, así que, cuando empezó con la mano de arriba abajo y a
masajearme las pelotas mientras seguí chupándome, tuve que centrarme
incluso más en lo bien que sabía su coño.
Entre soplar, chupar, lamer y besar; no tomó mucho tiempo hasta que
empezó a temblar al correrse. No me detuve, cambié la atención al clítoris
después del primer orgasmo. Alternando entre sorber y lamer, conseguí otro
orgasmo rápido, lo que me hizo reírme.
—Te corres muy rápido. —Me di cuenta—. Voy a tener que entrenar
ese coño para que aguante, si no vas a ordeñarme tan rápido con esas
jodidas paredes tan apretadas.
La puse sobre la espalda, me puse entre sus piernas y me puse sus pies
sobre los hombros. Levantando la vista hacia ella, la penetré con un dedo y
empecé a masajearla por dentro. Abrió los ojos y los cerró al tomar
respiraciones profundas. Cuando sentí que me apretaba con las paredes,
metí un segundo dedo dentro de ella y le dije que no se corriera. Aries
mantuvo las piernas abiertas y la espalda arqueada. Se mordió el labio
inferior, gimiendo bajito y luchando contra el tercer orgasmo.
Curvé los dedos, empecé a tocarle el punto G y la otra mano la fui
subiendo por el costado. Ni siquiera le había tocado bien las tetas antes de
que se estuviera corriendo y temblando de nuevo. Como sospechaba, las
paredes se le cerraron y abrieron al mismo tiempo, lo que era una mala
jodida señal. Eso significaba que me iba a apretar la polla al correrse,
mientras se abría para dejar que fuera más profundo. ¡Esa mierda me iba a
volver jodidamente loco!
Si no conseguía que separara los orgasmos en el tiempo, Aries iba a
hacer que pareciera un hombre que duraba solo un minuto.
Con un gemido, me acerqué a ella y comencé a lamer su clítoris
mientras continuaba follándola con los dedos y provocando sus pezones
con el dedo índice y el pulgar. Sus gemidos sonaban tan jodidamente bien,
estaba a punto de correrme solo por escucharla y por ver cómo disfrutaba.
Quería decirle que no tenía que preocuparse nunca de que su coño
estuviera seco o nada de esa otra mierda que le preocupaba. Aries era
perfecta.
Y ahora estaba preocupado porque estaba seguro de que cuando
llegáramos hasta el final ella iba a tener el mejor coño que había tenido en
mi vida.
Merrick y yo llevábamos un mes con nuestra cuenta de Only Fans, y
estaba yendo bastante bien. Nuestros nuevos seguidores disfrutaban de
nuestro jugueteo y los vídeos en solitario. Como dijo, les encantaba la historia
de amigos con beneficios. Algunos de los fans incluso estaban usando la
etiqueta en Twitter, debatiendo si se nos daría bien o si sería raro cuando lo
hiciéramos de verdad. Si nos enamoraríamos una vez que los seis meses
acabaran. Era lindo ver que completos extraños estaban tan metidos en la
historia, pero también me sentía mal porque sabía que nada más saldría de
entre nosotros una vez todo terminara.
Ya que nuestra primera sesión de verdad era el domingo, tenía
planeado pasar el día mimándome y preparándome mentalmente. Había
dejado claros mis planes a mis padres para que no esperaran verme durante
todo el fin de semana. Cuando se lo dije el miércoles a mi madre, dijo que
estaba bien, pero ahora que mi abuela había llamado y dicho que venía
de visita, esperaba que alterara mis planes por completo.
Amaba a mi abuela, pero no iba a pegarme todo el fin de semana
encerrada en casa con ellos. Una cena o actividad durante unas horas
todos los días era manejable, pero ¿todo el maldito fin de semana? Eso era
un poco excesivo, especialmente cuando no preguntó si teníamos algo que
hacer antes de hacer sus planes para venir. Sin embargo, así era la abuela.
Esperaba que toda nuestra familia y nuestro tiempo giraran en torno a ella.
Y la gente como mi madre, que se sometía a todos sus deseos, era la razón
por la que se sentía así.
Mi tía y dos tíos no eran tan malos como mi madre. Supongo que
porque mi madre era la más joven. Ella era la bebé mimada de la familia.
Era como si, porque mi abuela le había dado todo lo que quería en su
juventud, mi madre le daba todo lo que quería en su vejez. Era admirable, y
probablemente iba a ser de la misma manera cuando mis padres fueran
mayores, pero maldita sea… todavía estaba tratando de vivir mi vida.
Si no me depilaba hoy, correría el riesgo de picazón, malestar y vellos
encarnados al tener relaciones sexuales con Merrick justo después. Mis citas
para el cabello y las uñas ya estaban programadas, y quería al menos
intentar ver si podía encontrar algo para ponerme en el centro comercial. Si
no, tendría que encontrar alguna tela para crear algo yo misma. Así que sí,
pasar todo el fin de semana metida en casa, definitivamente, no era lo que
quería.
Ahora solo tenía que hacer que mi madre lo entendiera sin provocar
una discusión dramática. No importaba de cuántas maneras me dijera a mí
misma que tenía razón en la cabeza, ella siempre tenía una contestación
cuando lo decía en voz alta.
—Mami —la llamé con la voz tan dulce como podía, apoyada contra
la puerta de su armario. Estaba en medio de la limpieza de fin de semana,
pero estaba sobrecargada porque su madre estaba viniendo.
Normalmente, no le estaría quitando al polvo a los zapatos del fondo del
armario hasta final de mes; pero, si había un punto en el que sintiera que
podía mirar mi abuela, tenía que estar impecable.
—Me comprometo a pasar tiempo con ustedes, pero no puedo
comprometerme a estar aquí todo el fin de semana. Tengo cosas que hacer.
—¿Cosas más importantes que la familia?
—No, pero tengo el compromiso de las citas que ya he pedido.
—Tu abuela espera verte.
—Y estaré aquí, solo que también tengo otras cosas que hacer.
—¿Cómo qué, Airy? ¿Qué es más importante que la familia?
Ugh, aquí vamos con la mierda dramática. No era como si estuviera
diciendo que no iba a estar para nada, o que no quería pasar tiempo con
mi familia; pero, en su cabeza, esas habían sido las palabras exactas que
había escuchado.
—Mami, si no voy a mi cita con Shalya, no tiene otro hueco hasta
dentro de tres semanas. Y si no voy a las uñas con Nicky, me va a cobrar
porque la cita es para hoy. También tengo que depilarme e ir de compras.
Quería darme un masaje, igual, o una sesión de estiramientos. Básicamente,
tenía planeado pasarme la mañana y tarde mimándome, pero estaré aquí
para cenar.
—¿Y cómo estás pagando todo esto? ¿Pensaba que estabas
ahorrando el dinero que conseguiste con los vestidos esta primavera? Si
sigues derrochando así cada dos semanas, no vas a tener dinero para
arreglar el automóvil o para viajar en otoño como querías. Y, si no lo haces,
ya sé que ni siquiera vas a considerar volver a la residencia a trabajar.
Necesitas tener las prioridades claras, Aries.
Todo lo que pude hacer fue negar con la cabeza y cruzarme de
brazos. No estoy segura de cómo querer pasar el día fuera de casa se había
ido a mis planes de regresar a un trabajo que no podía soportar, pero así era
como siempre era con ella. Tenía libertad financiera quedándome en casa,
pero había una falta de independencia total que, en momentos como este,
echaba de menos. Cada vez que teníamos conversaciones como esta,
quería trabajar donde fuera para pagar facturas y concentrarme en mi vida,
y estaba segura de que no sería la última.
—No voy a discutir esto contigo, Ma. Los aprecio a ti y a papá por
dejar que me quede aquí, pero tengo veintiocho años. Si quiero salir y
mantener mis planes, lo voy a hacer.
—Sé cuántos años tienes, di a luz a tu culo. Y, tienes razón, puedes
hacer lo que quieras. Solo estate preparada para las consecuencias.
Y, por consecuencias, se refería a estar de mal humor conmigo para
siempre. Con un suspiro, me aparté de la pared y salí de la habitación. Sí,
sabía que podía irme sin su permiso, pero también sabía el infierno mental y
emocional en el que me metería si me iba. Su escritura de la biblia favorita
para someterme a mí y a mis hermanas era: “Con lo que respecta a ti, vive
en paz con todos los hombres”. Así que, por mucho que no quería,
probablemente tendríamos que cambiar la fecha Merrick y yo solo para
mantener la paz en casa.
Cuando Aries me escribió para decirme que teníamos que planear
para otro día, fui por ella. Mi primer pensamiento fue que quería intentar
cambiar de opinión; pero cuando se sentó en el asiento de copiloto de mi
auto y me contó su situación con su madre, me sentí aliviado. Conocía muy
bien la carga de culpabilidad que derivaba de complacer a los padres, era
una de las cosas por las que tenía tantas ganas de pequeño de mudarme
por mi cuenta. Su madre probablemente no estaba intentando hacerle
sentir mal, pero estaba dispuesta a hacer lo que fuera para intentar hacer
las cosas a su manera.
Ni siquiera a la manera de su abuela.
Apostaría a que, si le dijera a su abuela los planes y que iba a pasar la
noche con ella, no le importaría.
Le miré hacer pucheros, no podía lidiar con sentirme que no podía
ayudar. Tenía un problema, y me sentía obligado, como hombre, a
arreglarlo por ella. Sin aviso, encendí el automóvil y salí de ahí. Al principio,
Aries estaba en pánico. Siguió hablando sobre cómo su madre se volvería
loca si no estaba ahí cuando su abuela llegara. Cuando se dio cuenta de
que estaba intentando no escuchar nada de eso, se rio.
—Haces que la rebeldía suene tan fácil.
—Lo es cuando aprendes a que no importe una mierda.
—Pero sí que me importa una mierda. Es mi madre. Vivo con ella. Y,
cuando se dé cuenta que me he ido, va a tratarme mal un mes entero. Esa
mujer sabe cómo guardar rencor como nadie.
—Bueno, su problema. Si quiere estar enfadada contigo, es cosa suya.
Pero vas a hacer lo que tenías que hacer hoy, y vas a pasar tiempo con tu
abuela esta noche. Y el domingo, voy a compensarte con la mejor polla
que hayas tenido nunca.
Sonrojándose, Aries miró por la ventana.
—No tengo mi bolso, Merrick.
—¿Y? Yo pago. Agarra mi celular y pon la dirección en el navegador.
Se me quedó mirando unos segundos y, cuando vi que no iba a
hacerlo, abrí la aplicación de Google Maps y se lo pasé. Aries se rio y lo
agarro.
—Va a costar unos setecientos dólares o mil, Ricky. Puedo pagarte
cuando vuelva a casa, pero si no puedes pagarlo, podemos dar la vuelta e
ir a por mi bolso.
Hice una mueca porque insinuara que estaba arruinado. Era profesor,
pero, aun así. Bueno, realmente no ganaba tanto dinero, pero por lo general
usaba todo lo que ganaba grabando para el derroche. Además, vivía una
vida sencilla. Mi auto estaba pagado, el alquiler era muy barato e intentaba
fruta y verdura para el desayuno y comida, o sándwiches; porque cenaba
siempre fuera a menos que alguien me estuviera cocinando. De esa
manera, podía comprar todo lo que quería o viajar cuando quisiera.
Gastar mil dólares en ella hoy no sería una mierda para mí, pero
apreciaba que ella tomara en consideración mi bolsillo.
—¿Eso es todo? —pregunté, haciendo que sonriera.
—Sí, eso es todo. —Casi susurró.
—Lo tengo.
Esperó unos segundos y dijo:
—Te pagaré cuando me devuelvas a casa.
—Está bien.
—Merrick, no puedo dejar que pagues por esto.
—¿Por qué no?
—Es mucho dinero. No soy tu mujer…
—¿Y? Lo haces por mí. Por nosotros. ¿Verdad?
Hizo una pequeña pausa.
—Bueno, sí. Si no fuéramos a grabar, habría esperado a fin de mes,
pero aun así lo haría.
—Así que es una inversión esto, ¿verdad?
—Bueno… sí… pero…
—Sin peros. Me encargo yo, y no me lo vas a devolver. Y lo voy a pagar
todos los meses. Lo tengo, Aries.
Se detuvo.
—Pero, ¿por qué?
Me encogí de hombros y me lamí los labios, agarré el volante un poco
más fuerte.
—Pensarás que estoy puesto de alguna mierda si te lo cuento.
Con una risita en voz baja, se inclinó hacia mí. Dejó el brazo en el
medio de la consola, miró el costado de mi cara, lo que hizo que le mirara
brevemente.
—No lo haré. Lo prometo.
—Es simplemente como me han criado. Nos enseñaron que las citas
se hacen bien, así que no me comprometo con una mujer con la que no me
puedo ver permanentemente. Cuando salgo con una mujer, la mimo para
enseñarle que puedo proveerle. Y no me suelo comprometer con una mujer
a menos que vea futuro con ella. Es parte de quien soy.
—Sabes que las mujeres necesitan más que dinero, ¿verdad?
Entendía por qué me lo decía. Aunque me habían enseñado cómo
salir a citas, mis últimas relaciones habían sido jodidas. En la última, le puse
los cuernos. La anterior, era jodidamente tóxica. Y la anterior a esa, me puso
los cuernos, y después lo hice yo. Mi historial no era el mejor como adulto,
por lo que había estado soltero casi un año. Si no podía tener a Oniqa, la
mujer más segura que me gustaba ahora mismo, no quería estar con nadie
más.
—Lo sé. Pero si estuviéramos saliendo, ¿qué más necesitarías que
hiciera para que estuvieras contenta?
Abrió la boca de par en par, sonrió y sacudió la cabeza.
—No voy a hablar de esto contigo.
—¿Por qué no? Es simple conversación.
Hizo una pausa y me sonrió.
—¿Eso es todo?
Asentí, porque no estaba muy seguro. La verdad, empezaba a pensar
que me atraía Aries más que físicamente. De joven, tuve un pequeño
enamoramiento con ella, pero crecimos y se esfumó. Estaba bien con el
vínculo que teníamos, pero con lo que estábamos haciendo… sentía que
iba a ser como abrir la caja de Pandora.
Negó.
—Siento que si hablamos de esto y pasamos tiempo juntos es pedir
problemas.
Joder que sí.
Era peligroso.
Pero no iba a parar.
—¿Ya estás pillando sentimientos?
—No —respondió rápido, lo que me decía que era mentira.
—Entonces, ¿cuál es el problema?
—Incluso aunque estuviéramos saliendo juntos, no me sentiría cómoda
contándote lo que necesito porque podrías hacerlo solo para atraparme y
después parar cuando te quisiera o estuviéramos casados.
Me tomó un segundo responder, porque escuché el dolor en su voz.
No era algo que ella pensara que pudiera pasar; era algo que había
experimentado antes. Me hizo preguntarme si ese era el caso con su ex
prometido. Si ella le había dicho cómo amarla y hacer que se enamorara
de él, solo para dejarla cuando él estaba seguro de que la tenía.
—Entonces, ¿cómo esperas que un hombre te satisfaga si no le dices
lo que necesitas?
Ladeó la cabeza y pensó en lo que le había preguntado.
—Si se supone que tengo que estar con alguien, hay cosas que sabrá
desde el principio. Solo por ser compañeros, lo sabrá. Esa será mi
confirmación de que puedo confiar en él y, entonces, le enseñaré cómo
amarme y toda esa mierda. Pero ya he aprendido la lección. Nunca le diré
a un tipo cómo convertirme en su tonta de nuevo.
Miró por la ventana, sabía que estaba perdida en sus pensamientos.
Su pasado. Su dolor. No me gustaba esa mierda.
—¿Durante cuánto tiempo vas a dejar que ese idiota tenga poder
sobre ti?
Giró despacio la cabeza hacia mí.
—¿Huh?
—Tu humor y postura han cambiado cuando has empezado a hablar
sobre él.
Esperaba que lo negara, pero no lo hizo. Solo sonrió y bajó la cabeza.
—No vamos a hablar de esto, pero todo el mundo es el tonto a veces.
Aprende de esa situación y déjalo ir. Devuélvele ese dolor para que pueda
tener su karma. —Le agarré de la barbilla y le levanté la cara—. Y así puedes
retomar tu poder y seguir adelante.
Su sonrisa era cautelosa y se mordió el labio de abajo.
—Vas tras el peligro, ¿eh?
Aries se inclinó sobre el centro de la consola y me dio un beso en la
mejilla. Entre el sentir sus labios y el dulce aroma que desprendía, todo lo que
pude hacer fue negar con la cabeza y gruñir.
—Jodidamente peligroso.
Decir que me había pillado por sorpresa era decir poco. Merrick tenía
flores, mis velas favoritas, y un conjunto de lencería que me encantaba
cuando fuimos al centro comercial; pero me pena dejar que me lo
comprara mientras me esperaba. Ya se había gastado mucho, no le iba a
dejar que me lo comprara también. Pero, al parecer, volvió y compró los dos
que había descartado.
Cuando, para el primer video, vi las luces ambiente y toda esa mierda,
pensaba que sería cosa de una sola vez. Que solo me estaba intentando
poner cómoda la primera noche. Verlo de nuevo me hacía sentir que
estaba intentando hacer esto especial también.
—¿Qué intentas hacerme? —Pasé los dedos por el material rojo de
encaje.
—Solo… quiero asegurarme de que sabes que esto no es solo sexo. Lo
es, pero soy más caballero que eso.
Con un bufido que no pude retener, dije:
—¿Mimas así a todas las mujeres con las que te acuestas, o solo a las
que no engañas? —Se me escapó de los labios. Tan pronto lo dije, bajé los
hombros y me llevé la mano a la frente—. Lo siento, Ricky. Estoy tan
acostumbrada a nuestros enfrentamientos que intento meter hacer mis
comentarios de listilla siempre que puedo.
Se rio y asintió.
—Está bien, Aries.
—No, no lo está. Era realmente innecesario.
—He sido infiel en el pasado, no es un secreto.
—Aun así…
—Airy. —La seriedad de su tono hizo que no dijera nada más—. Está
bien.
Asentí, intentando dejarlo estar, ya que era obvio que a él le había
dado igual.
—Bueno… gracias por esto. De verdad que lo aprecio.
Merrick se rio, me agarró de la mano para acercare a él. Intenté no
mirarlo a los ojos. Me miraba tan intensamente. Con anhelo. Como si
estuviera creando algún tipo de conexión entre nosotros. Uniéndonos. Y, si
miraba, me capturaría y me ataría a él en ese mismo momento.
—¿Por qué suenas tan triste y haces pucheros?
—Porque estás siendo súper amable ahora y no estoy acostumbrada.
—me quejé, aunque estaba intentando no ponerme emocional.
Me sonrió con esa sonrisa. Esa baja y suave risa.
—Entonces, acostúmbrate, ¿está bien? —Merrick me agarró de la
barbilla para levantarme la cabeza y que lo mirara—. Este es el Merrick de
verdad. Si vamos a hacerlo, esto es lo que consigues. Cuando terminemos,
volveré a ser el mismo imbécil de siempre. Pero, mientras me dejes entrar en
tu sitio más sagrado, voy a adorarte.
Sus palabras eran tan sinceras y la voz tan amable y suave, que no me
di cuenta de que me estaba acercando a él hasta que nuestras narices se
tocaron. Quería besarlo. Me dolía, necesitaba sentir sus labios. No nos
habíamos besado desde esa primera noche, y no fue un beso de verdad.
Duró menos de un segundo; pero, en ese pequeño periodo de tiempo hizo
que se me pusieran los pezones duros y quería más.
Me lamí los labios e inhalé cuando sonrió y se apartó.
—Calienta bragas.
—No lo soy.
—Entonces, ¿cómo lo llamas, Ricky?
—Excitarte sin tener que tocarte. —Me escaneó el cuerpo despacio
con los ojos y se lamió los labios—. Para que, cuando te ponga las manos
encima, el más mínimo toque siempre te ponga mojada.
—Enciende las cámaras —le pedí sin aliento. Si no lo hacía, iba a
simplemente follármelo.
Tan ansiosa como estaba, cuando se sentó e hizo lo que le pedí, mis
movimientos se ralentizaron. Nerviosa, me lamí los labios y me desnudé con
calma y despacio. Sus ojos trazaron un lento rastro de mi cuerpo mientras se
mordía el labio inferior y se tocaba a través de sus bóxer. La forma en que
me miraba hacía que me latiera con fuerza contra el pecho.
Se me detuvo el corazón cuando se levantó y se acercó a mí.
Envolviendo sus brazos a mi alrededor, Merrick empujó mi cabeza hacia un
lado con la suya y me dio un jugoso beso en el cuello. Apreté sus antebrazos
mientras mis labios se abrían y mis ojos se cerraban. Estar cerca de él me
daba la misma sensación que tuve cuando pasé el fin de semana en un
hotel... caminando en nada más que lencería y tacones peludos. Fue un
consuelo, paz y libertad que no obtuve de nada ni de nadie más.
—¿Estás bien? —comprobó, como siempre.
Tenía los labios sobre los míos, así que los lamí esta vez y los mordí
también. Tragué saliva, asentí y susurré.
—Sí.
Merrick me apartó el cabello de los hombros hacia la espalda, con
cariño.
Tenía que pensar para no llamarlo por su nombre de verdad. En
nuestros vídeos, él era Titan y yo Bella.
—Titan —lo llamé, preparada para saltarle encima si no dejaba de
jugar conmigo—. Bésame.
—Di por favor.
Antes de que pudiera pegarle y gruñirle, Merrick conectó mis labios
con los suyos. Tan pronto como lo hizo, todo lo demás pasó a un segundo
plano. Todo lo que me importaba era cuán sensual era la experiencia que
me estaba dando. Su sabor a menta, tacto suave, aroma picante, gemidos
silenciosos... Ambos nos sentíamos necesitados y el beso pasó de tierno,
lento y dulce; a desesperado y duro.
Atrás quedaron las reservas sobre cámaras, tramas o deseos de
dinero. No deseaba nada más que a Merrick Wright, y estaba a segundos
de romperme si no lo tenía pronto dentro de mí. Como si él sintiera lo mismo,
Merrick me levantó y me llevó a la cama. Me arrastré hasta el cabecero
mientras él se desnudaba, sin permitir que mis ojos lo dejaran.
Su constitución sólida y tatuada era una con la que fantasearía
mucho después de que esto terminara.
En la cama, Merrick me abrió las piernas y reveló la parte de mí que
más lo ansiaba. Su silencioso gemido confirmó que estaba tan mojada
como me sentía. Esperaba que se burlara más de mí, pero no perdió el
tiempo para devorarme. Su lengua se sentía como pura magia deslizándose
hacia arriba y hacia abajo por mis resbaladizos pliegues. Había un fuego
formándose dentro de mí que cada golpe de su lengua acariciaba, y
mientras mi orgasmo aumentaba, ese fuego se convirtió en un infierno.
Mi coño se apretó con deseo. Necesidad. Goteando, preparándose
para su entrada. Estaba tratando con todas mis fuerzas de contener mi
orgasmo, pero eso se sintió casi imposible cuando finalmente chupó el
clítoris en su boca. Temblando, gemí su nombre una y otra vez como si fuera
mi mantra favorito. Merrick logró chupar y lamer al mismo tiempo,
enviándome sobre ese primer borde orgásmico en poco o nada de tiempo.
Su dedo medio se deslizó dentro de mí, masajeando mis paredes
mientras me corría. Cada golpe de su lengua en mi clítoris me hacía
sacudirme contra él. Merrick permitió que el movimiento de mis caderas
marcara el ritmo, presionando mi punto G hasta que me corrí por segunda
vez.
Estaba tan sensible. Tan mojada. Tan dispuesta a sentir su plenitud.
Pero Merrick estaba demostrando cuán desinteresado era como amante.
Me agarró los muslos y continuó devorándome, gimiendo dentro de mí
como si mi placer fuera suyo. Después de mi tercer orgasmo, tuve que
sacarlo literalmente de entre mis muslos.
—¿Pretendes quedarte ahí para siempre?
—Si me dejas sí.
Su sonrisa me hizo sonreír. Levanté un poco la cabeza y le metí la
lengua en la boca, disfrutando de mi sabor.
—¿Ves por qué? —preguntó y se levantó—. Sabes jodidamente bien,
Bella.
Mi risa se convirtió en un gemido cuando deslizó su lengua por la
planta del pie y chupó mi dedo gordo. Mientras me lamía y chupaba los
dedos de los pies, los gemidos fluían constantemente de mí. Ningún hombre
me había hecho esto antes, y me sentía engañada por el placer que me
estaba brindando sin esfuerzo. Cuando necesitó más, Merrick apoyó mi
tobillo izquierdo en su hombro y envolvió mi pierna derecha alrededor de su
cintura. Lenta, dulcemente, Merrick nos hizo uno.
Se hundió en mí profundamente, soltando un gruñido gutural. Sus
caricias eran lentas, permitiéndome sentir cada centímetro de él. Cada ola
de placer. Y cuando comenzó a rodear mi clítoris con el pulgar, me di
cuenta de que estaba jodida. No había forma de que pudiera renunciar a
esto en cinco meses.
Cerrando los ojos, obligué a mi mente a concentrarse en lo bien que
estaba haciendo que mi cuerpo se sintiera. Con cada movimiento
metódicamente preciso, esos miles de pequeños nervios se volvían cada vez
más sintonizados con su dominio sobre ellos. Al igual que mis paredes se
armonizaron con su largo y ancho. El rock and roll de sus caderas.
A medida que sus embestidas se hicieron más duras y profundas, más
dulces y lentas, mi orgasmo comenzó a aumentar. No estaba segura de
cómo había dominado un golpe tan cruel y satisfactorio, pero todo lo que
pude hacer fue clamarle a Dios en agradecimiento por haberlo hecho. Mis
gemidos se convirtieron, sin querer, en gemidos con su nombre. Pero antes
de que pudiera sacarlo por completo, Merrick amordazó mis gemidos con
su mano. Riendo, negó con la cabeza.
No podía reírme, no como quería. Su mano se deslizó de mi boca a mi
cuello. En el momento en que apretó, mi orgasmo comenzó a fluir a través
de mí. Merrick no me dio tiempo para recuperarme antes de que él
desenredara mi pierna derecha de él y la levantara en el aire. Apoyando
ambos tobillos sobre sus hombros, Merrick comenzó a acelerar el paso.
Sus manos alternaban entre asfixiarme y jugar con mis pechos, agarrar
mis caderas y meter sus dedos en mi boca para que los chupara. Mi
humedad comenzó a acumularse y derramarse sobre él, poniendo a Merrick
en trance. Se mantuvo enterrado profundamente dentro de mí, tratando de
evitar un orgasmo rápido a toda costa. Pero no importaba. Cada vez que
movía ligeramente sus caderas y rozaba mi clítoris, mis paredes se
apretaban más.
Al darse cuenta de que era inevitable, Merrick reanudó sus largas
caricias, sosteniendo mis piernas con fuerza mientras temblaban por mi
orgasmo.
Necesitaba recuperar algo de control. Sentí como si me estuviera
haciendo una blandengue. Follarme así me haría saltar y querer ser su novia.
Incluso cuando trabajaba mis caderas y lo echaba hacia atrás, solo me
estaba preparando para recibir más placer. Tan pronto como me bajó las
piernas, le di la vuelta y cambié nuestras posiciones.
Me miró con los ojos entrecerrados llenos de lujuria. Mientras se mordía
el labio inferior, sonreí. No tenía idea de lo rápido que estaba a punto de
hacer que enloqueciera. Plantando los pies sobre la cama, comencé a
ponerme en cuclillas hacia arriba y hacia abajo sobre su polla,
permitiéndole ir tan profundo como pudiera. Merrick no perdió el tiempo
cubriéndose la cara mientras comenzaba a maldecir y gemir, pero bajé sus
brazos mientras sonreía. Hizo todo lo que pudo para entretenerse:
ahogándome, acariciando mi culo, masajeando mi clítoris, acariciando mis
pezones... pero no importaba... estaba decidida a ordeñarlo antes de que
me corriera de nuevo.
Fue jodidamente difícil aguantarme; pero, cuando tensó el estómago
y empezó a darle espasmos en el cuerpo, sabía que había merecido la
pena. Levantándome del todo, me aseguré de tener unas cuantas buenas
tomas de él corriéndose antes de bajar hasta el fondo de su polla todavía
pulsando.
—Detente —dijo entre dientes y bajándome del cuello. Me reí y
empecé a cabalgarle más lento esta vez—. Intentas que un negro se vuelva
loco por este coño, ¿eh?
—Tanto como tú intentas volverme loca con esa polla. —Empezó a
levantar la cadera, haciendo que gimiera—. Nada más que problemas. —
Empecé a apretar las paredes contra él.
—Peligrosa…
Ya que solo tenía fruta, verdura y esas mierdas en casa, llevé a Aries a
cenar cuando acabamos de grabar. Su coño era tan jodidamente mágico
como pensé que sería. No había manera en el infierno de que pudiera dejar
marchar ese trasero en cinco meses. No estaba diciendo que quisiera tener
una relación o nada de eso, pero maldita sea. Ella no tenía el tipo de coño
que puedas soltar fácilmente.
Terminamos yendo a Olive Garden porque le encantaban sus
fetuccini Alfredo y Mai Tais. Mientras nos sentamos uno frente al otro, todo lo
que seguimos haciendo fue negar con la cabeza y reírnos para nosotros
mismos. Ninguno de los dos podía creer realmente lo que acababa de
pasar. No solo habíamos tenido sexo; había sido el mejor sexo que jamás
habíamos tenido. Tenía en mente que probablemente ese sería el caso,
pero nada habría podido prepararme para lo que habíamos compartido.
Estaba seguro de que parecíamos demasiado tontos, pero ni siquiera
me importaba un carajo. La única razón por la que estaba sentada frente a
mí y no a mi lado era porque no creía que fuera capaz de quitarle las manos
de encima. Empecé a grabarme tocándola con los dedos debajo de la
mesa, pero ella quería actuar tímida.
—Ven aquí —le pedí en voz baja, me respondió con una sonrisa y una
sacudida de cabeza.
—No, señor.
—Ven aquí, Bella.
—No somos Bella y Titan ahora mismo. Somos Merrick y Aries.
—Está bien. Aun quiero que vengas aquí.
—¿Como Merrick?
Asentí.
—Como Merrick.
Despacio, se levantó y vino a sentarse a mi lado. En cuanto lo hizo, no
perdí tiempo en rodearle con el brazo y darle un beso en el cuello. Se rio y
me apartó.
—Eso va a hacer que me encariñe contigo. El contacto físico es mi
idioma del amor.
Eso hizo que me apartara rápido.
—¿Estás segura de que el sexo no será demasiado para ti?
—Sí, no me encariñaré, lo prometo.
Sabía que estaba jugando, pero esa mierda no me sentó bien. No
jugaba cuando se trataba del lenguaje del amor de una persona. Sabía lo
que se sentía al tenerte muerto de hambre. Con una larga exhalación, me
recosté en mi asiento y me lamí la comisura de mi boca. Su sonrisa decayó,
y estaba seguro de que sintió el cambio sucediendo entre nosotros.
—¿Qué pasa? —Aries me puso la mano en el muslo, como si
necesitara calmarme.
—No sé si esto está bien, Aries.
Se rio y miró alrededor.
—¿Por qué no?
—Porque soy muy cariñoso y no quiero jugar con tus emociones.
—No lo harás. No voy a mentir y decir que cuando me das la mano o
me agarras de la muñeca, o me acercas a ti; no se siente bien, porque lo
hace. Y me merezco sentirme bien. Pero estuvimos de acuerdo en que nada
podía salir de esto. Si tengo sentimientos por ti, será mi culpa y no la tuya. No
se va a volver raro. Lo prometo.
—Entonces, ¿me estás diciendo que, si te muestro cariño cada día
durante los próximos cinco meses, no te vas a enamorar de mí? —Se quedó
mirándome a los ojos unos segundos, agarró su bebida y se la bebió—.
Exacto. Esta mierda es peligrosa.
Aries sonrió suavemente, me agarró de la mano. Me daba cuenta
ahora de que no lo hacía por calmarme a mí, lo estaba haciendo para su
propia paz.
—Está bien, ¿qué es lo peor que puede pasar? —Se detuvo,
respondiéndose a sí misma—. Nos enamoramos. ¿Y? Yo estaré en Cali y tú
aquí, dedicándote a tu música. No tendremos tiempo para los sentimientos
y amoríos. Propongo que disfrutemos de esto mientras podamos porque,
cuando consigamos el dinero, el amor va a ser lo último que tengamos en
mente.
Pensé un momento en lo que decía. Era arriesgado, pero tenía
sentido.
—Puedo estar de acuerdo con eso.
Con un gritito, me rodeó el cuello con el brazo y me dio un beso en la
mejilla.
—Hurra. ¿Sabes cuál es tu idioma del amor?
Asentí y vino el camarero para preguntar si ella quería que le
rellenaran el vaso. Dijo que sí y le dijo que fuera a por un segundo Old
Fashioned, también.
—Sí. Son palabras de reafirmación.
—¿Sí? Puedo verlo. Te reafirmas mucho a ti mismo. Te molesto por ser
engreído, pero en verdad no lo eres. Todo lo que dices sobre ti siempre es
verdad.
No pude hacer nada más que sonreír. Mucha gente decía que era
engreído y arrogante, pero como ella había dicho, tenía razones para todo
lo que decía.
—Gracias.
—¿Por eso te pones todo rojo cuando te digo que te aprecio?
Asentí, odiando que se hubiera dado cuenta de eso.
—Sí. No estoy acostumbrado a que las mujeres lo hagan.
Aunque seguía sonriendo, frunció las cejas, confusa.
—¿Hacer el qué?
—Reafirmarme. Decirme que me aprecian. O que me respetan,
incluso.
—¿De verdad?
—De verdad. Estoy acostumbrado a que las mujeres me digan que
me quieren o que soy guapo, o que mi polla es buena… pero aparte de
eso… —Negué con la cabeza y agradecí al camarero por las bebidas.
—¿Por eso tus relaciones no han funcionado antes?
Me tomó un segundo responder porque había sido la primera persona
en preguntarme algo así. A la mayoría de la gente no le importaba lo
suficiente como para intentar entender por qué las cosas no funcionaban,
entonces se preguntaban por qué tenían que aprender la misma lección
una y otra vez.
—Por eso es, sí —confesé—. No me sentía querido ni apreciado. Sentía
que me daban por sentado. Así que, cuando me encontraba con una mujer
que podía hablar conmigo durante la fase de conocerse, mi interés subía.
—Entonces dejabas a la mujer con la que estuvieras o eras infiel.
Asentí.
—No era como que no me importaban las mujeres con las que estaba,
solo que quería que alguien me diera lo que yo les estaba dando. Quería
que me quisieran como yo quería, pero, obviamente, eso era mucho pedir.
Ahora me doy cuenta de que ser infiel nunca es la solución y que, si no estoy
satisfecho, no tengo que quedarme en esa relación.
—¿Por eso llevas soltero tanto tiempo? —Asentí—. ¿Amabas a Brandy?
Brandy era mi última novia. Ella era con la que pensé que realmente
sería capaz de construir algo. A los dos nos gustaba la música y ella me
entendía en muchos niveles. En lo único en lo que no pudimos estar de
acuerdo fue en nuestra comunicación. Debido a que era un hombre, ella
esperaba que yo no tuviera ni expresara sentimientos o que no necesitara
comunicación. Hablamos a través de la música y nos expresamos al hacer
el amor, pero necesitaba más que eso.
Cuando conocí a Veronica, ella llenó temporalmente ese vacío. Era
una fan mía, por lo que siempre estaba diciéndome lo bueno que era como
músico. Me enamoré de la mierda, y no fue hasta que tuve sexo con ella y
perdí a Brandy que me di cuenta de lo vacía que estaba. Cuán hambriento
de validación y aceptación estaba. Entonces me di cuenta de que, si no
me llenaba, jodería con todas las mujeres que dijeran palabras amables y
me hicieran sentir bien.
Pero ahora que me había llenado, me negué a conformarme con una
mujer que no podía aumentar lo que ya estaba en mí.
Después de decírselo a Aries, preguntó:
—Entonces, ¿crees que vas a poder tener una relación sana y fiel
ahora?
—Sí. Estoy lleno y sé lo que valgo. Si una mujer me puede dar eso, no
solo estaré con ella. Sino que nunca voy a volver a ser infiel. —Aries asintió,
pero se quedó en silencio. Me había visto ser infiel con varias mujeres, así que
no la culparía si no me creía. Esa era otra razón por la que no podríamos
estar nunca juntos. Me había visto en mi peor etapa, así que no sabía si de
verdad me creería en la mejor—. ¿Qué pasó contigo y Michael?
Tan pronto dije el nombre de su exprometido, puso los ojos en blanco.
—No es que me negara el afecto, ante todo, lo usó contra mí. Michael
era… perfecto al principio. Decía y hacía todo lo correcto para que me
enamorara y confiara en él. Sinceramente, nunca lo quise de verdad, pero
pensaba que podría. Amaba lo que representaba y lo que hacía por mí. Él
era la lógica a mis sueños. Era seguro. Sabía que podía confiar en él para
que me cuidara mientras perseguía mis sueños; pero lo usó contra mí. Estaba
dispuesto a cuidar de mí, pero venía con un alto precio. Uno que me negué
a pagar.
No quería forzarla o que se sintiera obligada a adentrarse en detalles
si no quería hacerlo, así que solo pregunté:
—¿Por eso no quieres que tus padres te ayuden con el curso?
Aries sonrió y asintió.
—Por eso exactamente. Me hizo sentirme… insegura y celosa. Que
estaba por debajo de él. Siempre he sido del tipo posesiva. Del estilo de lo
que es mío es mío. Pero nunca lo entendió. Él sentía como si mi deseo de ser
la única mujer fuera que estaba celosa o insegura, así que intentó…
normalizar las cosas con las que sentía que yo estaba mal. Al final, me di
cuenta de que era porque estaba siendo infiel e intentaba entrenarme para
que no lo dejara. Intentó hacerme sentir que él era lo mejor a lo que podía
aspirar. Que lo necesitaba más de lo que en realidad hacía. Estoy contenta
de haberme dado cuenta antes de casarnos.
Le agarré la mano y le di un beso.
—Yo también.
Me volvió a sonreír y me sentí bien al saber que ambos estábamos en
la misma página con respecto a querer estar en control completo de
nuestros sueños.
—¿No te ves en una relación pronto? —pregunté.
Hizo una mueca con la boca y sacudió la cabeza.
—No. Siento que, para el hombre que quiero, todavía tengo que
crecer yo. Hay mucho más de lo que siento que tengo que poner sobre la
mesa.
—Estoy de acuerdo con ser la mejor versión de uno mismo, eso es lo
que estamos haciendo; pero no quiero que sientas que tienes que poner
nada sobre la mesa. Tú eres la jodida mesa. Y no dejes que ninguno de esos
cabrones te diga lo contrario.
Aries sonrió, me agarró de la barbilla y me dio un suave beso en los
labios.
—¿Merrick?
—¿Sí, Airy?
—Ve a lavarte las manos. Quiero que juguetees con mi coño por
debajo de la mesa.
Mirándome en el reflejo del espejo del baño de nuestra habitación de
hotel, me seguí diciendo que el dolor merecería la pena. El dolor de perder
y dejar a Merrick. Estábamos al final del segundo mes de nuestro acuerdo, y
los seguidores se habían duplicado. Teníamos doscientos mil seguidores y no
tenía ninguna duda de que llegaríamos a nuestra meta financiera en los seis
meses. Pero, por muy contenta que estuviera, no podía evitar sentir una
punzada de tristeza al pensar en ese final.
En poco tiempo, Merrick y yo nos habíamos unido más de lo que jamás
pensé que fuera posible. No solo estábamos teniendo sexo. De alguna
manera, me había permitido convencernos de que estaba bien que
profundizáramos un poco más las cosas. Que estaba bien que
permitiéramos que nuestro vínculo creciera un poco más. Pasábamos
mucho tiempo juntos y nos conocíamos de la manera más íntima, no solo
físicamente.
Cada vez que nos preparábamos para grabar ahora, tenía que
darme una pequeña charla para evitar parecer triste frente a él. Cuando
estuve segura de que mis emociones estaban bajo control, inhalé
profundamente y me miré en el espejo. Mi cabello estaba recogido en un
moño como a él le gustaba, y llevaba un sujetador y bragas de color rojo
debajo del kimono. Llevaba un par de tacones peludos de quince
centímetros que sabía que lo volverían loco. Parecía amarlos tanto como
yo.
Después de tomar otra respiración profunda, abrí la puerta del baño
y me dirigí a la suite. Tan pronto como los ojos de Merrick se posaron en mí,
se puso de pie. Tenía su cámara GoPro en una banda alrededor de la
cabeza, lo que me hizo reír. Hasta ahora, tomaba los vídeos desde el punto
de vista con su teléfono o cámara en la mano, pero dijo que estaba
cansado de no poder disfrutar completamente tratando de filmar, ¡como si
no fuera la maldita razón de todo esto! Sin embargo, entendía de dónde
venía.
Cuando era mi turno de grabar, la cámara se me resbalaba de la
mano cuando empezaba a sentirse demasiado bien. Me cubrí la boca y me
reí mientras se acercaba a mí, le dije:
—Eso… es muy… ingenioso.
Merrick se rio, me agarró del cuello y me dio la vuelta.
—Justo a tiempo. —Me apretó contra la pared, Merrick ni siquiera se
molestó en quitarme la poca ropa que llevaba. Me echó el kimono al lado
derecho y las bragas hacia la izquierda, antes de metérmela rápido y suave.
—Este negro está a punto perder la maldita cabeza intentando
meterse en ese coño —gimió en mi oído.
Con cada fuerte embestida, me lloraba el coño, literalmente, por él.
Se empapaba por él. Se aferraba a él. Le metía más dentro. Me estaba
costado todo y más no correrme. Y Merrick lo sabía. Sabía que, sin que me
ayudara, en cualquier jodido momento, me podía tener frotándome contra
él y convulsionando. Mis jugos estaban pegajosos y me caía por los muslos.
Me puse más y más caliente y siguió arruinándome.
Cuando me tiró del cabello y me besó con lengua, empecé a perder
mi aguante.
Tenía la voz ronca y profunda al tentarme con:
—¿Vas a ser una chica grande hoy? ¿Has aprendido cómo no
correrte?
—Cierra la boca —le supliqué, lo que lo hizo reírse.
Merrick me presionó más contra la pared, pero arqueó más la
espalda, haciendo que sintiera más intensas sus embestidas. Me empezó a
temblar el cuerpo y las paredes a pulsar. Estaba poniendo a prueba límites
que no sabía que tenía, tocándome más profundo de lo que pensaba que
un hombre podía ir. Pero sabía… sabía que él también estaba a punto de
romperse. Solo con sus jadeos, era suficiente para hacer que me corriera. Y
lo hice. El cuerpo de Merrick me apretó contra la pared mientras se tensaba
y se corría.
Estaba tan agotada, que estaba bien con que esta sesión fuera
rápida, pero él tenía más en mente. Merrick me sacó la polla todavía dura
y se quitó la cámara de la cabeza. Caminamos hacia la cama y me senté
al borde de ella. Me pidió que jugara con mi coño y lo hice. Verlo mirarme
complacerme a mí misma me encendió en otro nivel. El viaje fue más
satisfactorio que el destino, y me di cuenta de que esto era lo que él estaba
tratando de hacerme entender todo el tiempo.
El semen me salía mientras gemía, alternando entre juegos de clítoris
y follarme con los dedos. Cuando Merrick se cansó de sentirse excluido, se
acercó y me besó con tal dominio que me dejó sin aliento. Inclinando la
cabeza, me proporcionó el aire que necesitaba para sobrevivir a sus
exhalaciones. Toda la compostura que tenía comenzó a disolverse. Me corrí
de nuevo, quitando rápidamente los dedos para dejar espacio para su
polla.
En el momento en que se estrelló contra mí, grité, agarrándome de la
cama por seguridad mientras comenzaba a follarlo de vuelta. Tocaba mi
punto con cada golpe, creando un flujo y reflujo, rápido e intenso, que
hacía que mis labios temblaran y que mis paredes pulsaran.
Los ojos de Merrick permanecieron fijos en los míos, mirándome de esa
manera que nos conectaba mucho más profundamente de lo que
deberíamos haber estado.
—Joder, nena —gruñó, me levantó de la cama y se rodeó con mis
piernas.
Me aferré a él con fuerza mientras me rebotaba arriba y abajo de su
eje en el aire. Un hormigueo comenzó a dispararse a través de mi cuerpo
mientras se calentaba. Cerrando los ojos con fuerza, le clavé las uñas en el
cuello y le susurré al oído lo bien que se sentía. Cuánto amaba tenerlo dentro
de mí. Qué jodidamente sexy era. Cómo amaba cada centímetro de su
polla. No pasó mucho tiempo antes de que se corriera de nuevo, y yo lo
acompañé.
Merrick se dejó caer en la cama, abrazándome. Mientras regulaba su
respiración, le di besos suaves por toda la cara. Él se quejó de que esto era
peligroso para nosotros, y yo le respondí que en verdad era un problema. Fui
al baño y encendí el agua de la bañera antes de preguntarle si quería
entrar. Estuvo de acuerdo y dijo que sería un buen contenido de broma que
podríamos usar para promocionar, y aunque no quería, dije que estaba
bien. Una parte de mí quería disfrutar de sumergirme en sus brazos y bajar
de nuestra altura sin las cámaras... que era toda la prueba que necesitaba
de que me estaba cayendo a lo profundo.
Había quedado con el equipo para un concierto al aire libre, pero
antes de ir, hice una parada en el restaurante de una amiga para agarrar
una cesta de picnic para mí y Aries. Para las vacaciones de primavera,
acabé yendo a Miami con los chicos y no la había visto en toda la semana.
Me sentía como si me diera un calambre si le pedía quedar a solas, así que
me las arreglaría para estar con ella a escondidas un poco en el concierto.
Antes de irme, las cosas entre Aries y yo se pusieron un poco raras. No
creo que fuera intencional por ninguna de nuestras partes, pero no pudimos
ignorar lo cerca que estábamos empezando sentirnos. Stephanie y Marcus
nos llamaron la atención, y nos equivocamos y les contamos sobre la cuenta
de Only Fans. Stephanie se enfadó por eso, lo que hizo que se apartara de
mí. Entendí que ella no quería ser juzgada, pero iba a tener que aprender a
no importarle un carajo lo que la gente pensara y dijera.
Tenía que vivir su vida por ella. A la mierda lo que piensen los demás.
Ya que hice una parada en el camino, fui el último en llegar. Tarde
como de costumbre. Tan pronto como mis ojos se posaron en ella, no pude
evitar sonreír. Se veía tan bien como cuando la dejé. Le habían quitado la
peluca que había conseguido para cubrir su cabello y llevaba el cabello
recogido en una coleta alta. No tenía mucho maquillaje en la cara, solo se
veían algo en las pestañas y rímel, y esa mierda que se pone en las mejillas
para que parezca que se sonroja. Tenía un bonito lápiz labial rojo que quería
quitarle con un beso.
Hacía bastante calor afuera, así que estaba vestida con unos
pantalones cortos que le llegaban hasta las rodillas y un top corto que le
llegaba justo debajo de las malditas tetas. Iba a tener que vigilarlo, porque
si alguien miraba demasiado cuando ella levantara los brazos, iba a querer
decir o hacer algo.
Cuando me sintió, miró a su alrededor en busca de mí. Sus ojos se
posaron en los míos y sonrió. Esas mejillas se levantaron aún más cuando vio
la canasta de picnic en mi mano. Los conciertos realmente no tenían a
nadie que me interesara ver durante la primera hora más o menos, así que
esperaba que ella se sintiera de la misma manera y pudiéramos ir a un lugar
privado y relajarnos. Hablé con todos los demás primero, guardándola para
el final.
Una vez llegué frente a ella, estaba sonriendo tanto que bajó la cara
para cubrirlo. Aries dejó salir una respiración entrecortada y jugueteó con los
dedos gordos.
—Hola —le saludé, resistiéndome a levantarle la cabeza y abrazarle.
—Hola. —Me imitó y levantó la mirada—. ¿Disfrutaste de tu viaje?
—Sí. ¿Has dejado ya de preocuparte de esa estupidez de lo que
piense la gente?
Poniendo los ojos en blanco, Aries sonrió y asintió.
—Sí, Ricky.
—Bien. Ven conmigo un minuto.
No esperé a que dijera que venía, y empecé a andar lejos de la
multitud del parque, esperando que me siguiera. Lo hizo, poniéndose a mi
lado.
—¿Te has follado a alguien mientras estabas de vacaciones?
—Nah. Estuve tentado, no te voy a mentir. Miami tiene una raza
diferente de mujeres de tetas grandes y preciosas; pero no te haría eso.
Levantó la mirada un poco y luego se giró.
—¿Por qué? No estamos en una relación exclusiva.
Asentí, de acuerdo.
—Cierto, pero aun así me siento con una responsabilidad con
respecto a ti mientras hagamos esto. Además, me tienes hechizado, no
quiero otro coño que no sea el tuyo.
Una silenciosa risa se le escapó y me rozó el hombro con el suyo.
—Te he echado de menos.
—¿A mí… o a mi polla?
—Ambas.
—Yo también te he echado de menos.
—No lo parecía. No he tenido noticias de tu culo en toda la maldita
semana.
—Bueno, tampoco me has llamado ni mandado mensajes, así que me
imaginaba que querrías tu espacio.
—No importa dónde esté o con quién… siempre voy a echarte de
menos y querer hablar contigo.
Se mordió el labio y sonrió, con la cabeza baja. Aries era
malditamente adorable.
—Está bien.
Cuando encontramos un sitio lejos de la gente, dejé la cesta y saqué
la manta. Una vez extendida, nos sentamos y empezamos a sacar todo.
Literalmente, todo lo que necesitábamos, estaba separado y
empaquetado. Desde los platos y cubiertos, al vino, vasos y la comida.
—¿Es una cita? —me preguntó sonriendo.
Me encogí de hombros y sacudí la cabeza, le di el plato con
sándwiches de pavo, fruta y patatas barbacoa porque ella no comía cerdo.
No me importaba mucho el jamón, pero el jamón de Heather estaba
marinado y cortado por ella, así que tenía un toque dulce.
—Es lo que sea que quieras. Solo quería pasar un poco de tiempo
juntos antes de empezar a grabar de nuevo. Aligerar un poco la tensión
entre nosotros.
Aries suspiró y le agarre las manos.
—No hay tensión. Estaba ensimismada, pero ya no.
Miré cómo abría el contenedor de plástico y se metí a una uva en la
boca.
—¿Es el tema del Only Fans? ¿O es el hecho de acostarse conmigo lo
que te ha tenido pensativa?
Sonrió un poco y se comió otra uva.
—Un poco las dos. Mayormente lo de Only Fans. No soy… tan que no
me importan las cosas como tú. Bueno, no es que me importe lo que piense
la gente, pero estoy acostumbrada a hacer las cosas más…
—¿Normales? ¿Seguras? ¿De niña buena?
Aries se rio por lo bajo, borrándome un par de arrugas de la cara.
—Sí. No me importaba lo que pensara la gente antes porque no
estaba haciendo algo tan…
—¿Salvaje?
Asintió de nuevo.
—Sí.
—Pero es lo que quieres ser, ¿no? ¿No es por eso por lo que lo tienes
tatuado, señorita Pura, Salvaje, Libre, Siempre? —Le decayó la sonrisa y
asintió—. Quieres ser auténtica, natural, sin domar… así que no debería
importarte una mierda lo que piense nadie. Si no se interpone con tu dinero
ni oportunidades, no debería importarte. Haz lo que te dé la gana y que le
jodan al resto lo que tengan que decir al respecto.
Aries sonrió, se puso a cuatro patas, gateando hasta mí y cerrando el
espacio entre nosotros. Me agarró de la barbilla y me dio un beso lento,
abrumador. Uno que me hizo querer más. Estaba empezando a sentir que
era adicto a esta chica, y no había una jodida cosa que quisiera hacer para
pararlo.
No me había dado cuenta de lo mucho que sonreía hasta que mi
madre me lo dijo. Estábamos en una venta de jardín y le estaba mandando
un mensaje a Merrick. Era nuestro tercer mes y continuaba nuestro éxito, y
no me lo creía cada vez que miraba la cuenta del banco conjunta.
Pasábamos casi todos los días juntos, y cuando no lo estábamos, nos
mensajeábamos o hacíamos FaceTime. No sé. Supongo que el que
folláramos tanto nos había acercado mucho.
O, por lo menos, eso era lo que me decía a mí misma.
No quería creer que fuéramos tan cercanos porque había algo más
profundo que solo el sexo entre nosotros. Todo lo que podía permitirme
aceptar ahora mismo era que éramos amigos que se molestaban menos y
que tenían sexo increíble.
—No sé, Jessica, ¿qué piensas? —preguntó mi madre, dándole en el
hombro a mi hermana pequeña. Éramos tres, Jessica, nuestra hermana
mayor, Whitney, y yo. Cuando Whitney se fue a la universidad, nunca volvió.
—Me parece que le gusta. Yo solo sonrío así cuando hablo con chicos
que me gustan —respondió Jessica.
—Se supone que tienes que estar de mi lado.
—¡Lo estoy! Pero nunca sonreías así cuando te mandaba mensajes
Merrick antes. Obviamente, algo ha cambiado.
—¿Ves? Por eso eres mi chica.
Puse los ojos en blanco a las dos y me reía.
—Se supone que teníamos que buscar ofertas, no hablar de mi vida
amorosa.
—Oh, ¿ahora es parte de tu vida amorosa? —Mi madre refutó, y
rápidamente negué.
—No. Eso no es lo que quería decir. Solo somos amigos.
—Um-hm. Me parece que estás enamorada. —Decidió Jessica.
—Amor. —Mi madre y yo repetimos. Ella añadió—: ¿Qué sabes del
amor?
Jessica se encogió de hombros y sonrió.
—Solo lo que veo contigo y papá. Y algunas amigas mías del colegio.
Y Airy y Michael.
Gemí.
—No cuentes eso. Eso no era amor.
Bueno, fue amor, pero no era un amor sano y completo. Me
encantaba lo que Michael representaba. Lo que hacía por mí. Lo que
podría haber tenido con él. Pero no le amaba de verdad, y, definitivamente,
no estaba enamorada de él.
—¿Sabes cómo se siente él por ti? —Se metió mi madre.
No lo sabía, pero era principalmente porque realmente no habíamos
hablado de eso. Merrick era muy franco y directo. No tenía ninguna duda
de que si le preguntaba, él realmente me lo diría. La curiosidad se apoderó
de mí, así que le envié un mensaje de texto antes de responder a mi madre.
Dime qué piensas sobre mí.
—No sé. Ambos nos atraemos. Físicamente. Somos buenos amigos. Eso
es todo.
—Mmm. —Fue todo lo que dijo mi madre.
La miré, vi cómo agarraba un jarrón dorado que probablemente valía
bastante más que los veinte dólares que pedía el dueño que lo intentaba
vender.
—¿Qué significa eso? —Asintió en silencio—. Mami…
—Solo… no sé. Puede que porque lo veo desde fuera, o porque soy tu
madre y es mi intuición; pero creo que hay más entre tú y Merrick de lo que
cuentas. Puede que no quieras que sea, pero así es.
—¿Por qué piensas eso?
—Por el cambio en ti. Él te incrementa la felicidad y la paz. Además,
te ha hecho más fuerte y con más confianza en ti misma. Antes de que las
cosas se volvieran tóxicas entre tú y Michael, eras una de las mujeres con
más confianza que conocía. Me encantaba eso de ti. No te daba miedo
aceptar tu belleza y estabas muy al tanto de tu valía. Pero, con Michael, eso
cambió. Merrick te está devolviendo a tu antiguo yo, y siempre le estaré
agradecida por eso.
No había nada que pudiera negar, así que ni lo intenté. Simplemente
me puse a mirar la caja de cuadros en el suelo y tarareé. En cuanto me vibró
el teléfono, lo agarré, esperando que fuera una notificación de respuesta
de Merrick. Lo era, y no pude evitar sonreír; pero me puse seria cuando mi
madre y mi hermana se pusieron a reír.
—Oh, cállense —les ordené, me levanté y me fui hacia el automóvil
de mamá.
—¿No quieres nada? —comprobó.
—El jarrón si no te lo vas a quedar tú. Te lo pago.
BDE: Creo que eres preciosa, luchadora, inteligente, creativa, sensual,
bondadosa, poderosa y cariñosa. Influyente. También creo que tienes
mucha genialidad dentro de ti que te da miedo sacar a la luz. En resumen,
eres la mejor, ReRe.
BDE: Ups. Quería decir Airy.
¿Por qué siempre me molestas si tienes una opinión tan alta de mí?
BDE: Te molesto porque eres apasionada. Me encanta escucharte
hablar sobre cosas en las que tienes interés. La mayoría de las veces estoy
de acuerdo contigo, pero hago como que no solo para meterme en tu
cabeza.
Entonces, ¿lo que me quieres decir es que nos hemos pasado la
mayoría de tiempo de amistad adulta molestándonos porque crees que soy
apasionada?
BDE: Básicamente.
BDE:
¡Podríamos haber sido amigos de verdad todo este tiempo, pero
juegas todo el tiempo!
Le costó contestar un segundo, así que encendí el auto y bajé las
ventanillas. Era abril y había mucha humedad fuera. No era tanto como
para hacer calor, solo hacía que me sintiera pegajosa y malditamente
asquerosa. Si iba a sentirme pegajosa, preferiría que fuera porque Merrick
estuviera entre mis piernas. Solo pensarlo me hizo releer los mensajes mientras
los puntos suspensivos salían en la pantalla.
BDE: Somos amigos de verdad. De hecho, nuestra conexión será
probablemente la última en romperse del grupo.
¿Qué te hace pensar eso?
Hizo otra pausa y pensé que era porque estaba pensando qué quería
decir y cómo. Se confirmó cuando mandó:
BDE: ¿Cómo puedo decir la verdad?
Me mordí el labio inferior, resistiéndome a contestarle demasiado
pronto.
BDE: No somos falsos. Somos reales el uno con el otro. Nos decimos
nuestras mierdas y no dejamos que el otro caiga. Cuando estoy en lo peor,
me lo dices y yo hago lo mismo contigo. No todo es felicidad entre nosotros
y te pongo de los nervios mucho, pero es de verdad.
Estoy de acuerdo100%
BDE: ¿Qué te ha hecho preguntar?
Antes de poder responder, estaban volviendo al automóvil.
—¿Qué habéis escogido? —pregunté, miré atrás a Jessica que había
puesto una pequeña caja de cosas al lado suya.
—Unas pocas figuras de elefantes para mi colección y algunos
rompecabezas.
Sonreí. Jessica tenía dieciséis y era inteligente como el infierno. Tenía
una obsesión con los elefantes fuera de este mundo. No como yo, no tenía
un gran grupo de amigos como cuando yo tenía su edad. Tenía un amigo y
una amiga, pero eso era todo. Y no le importaba siquiera si pasaban tiempo
juntos fuera del colegio. A Jessica le parecía bien pasarse el fin de semana
conmigo o en su habitación, haciendo rompecabezas, leyendo o pintando.
Era jodidamente especial, y la había estado cuidando toda su vida,
desde que nació.
Me vibró el teléfono, pero no miré directamente y le pregunté a mi
madre.
—¿Qué has escogido? Debe ser algo que estaba en lo alto, ya que lo
has puesto directa en el maletero.
Se rio y encendió el automóvil.
—No te lo voy a decir, y será mejor que no mires y te chives a tu padre,
pequeña bruja.
Me reí y miré al teléfono porque era la verdad. Jessica era más
cercana a mamá, pero yo era una niña de papá totalmente.
BDE: Estás viendo que te estoy escribiendo. Será mejor que me
respondas antes de que te llame por FaceTime o te pregunte en persona.
Señor, debería trabajar en su paciencia. He preguntado porque mi
madre y mi hermana creen que te quiero. Les he dicho que no, y mi madre
me ha preguntado qué pensabas sobre mí. Como no lo sabía, te he
preguntado.
BDE: Puedes contarle… que aunque no quiero… Estoy sintiendo
jodidamente mucho contigo.
¿Directo al grano?
BDE: Directo al grano.
El enamoramiento que tenía contigo cuando nos conocimos ha
vuelto. No quiero tampoco, pero estoy sintiendo jodidamente mucho
también.
Cuando le costó contestar, me puse el teléfono entre las piernas y miré
por la ventana, viendo el paisaje. No quería pensar demasiado, pero una
parte de mí estaba preocupada de que, el confesarnos nuestros
sentimientos, haría las cosas más complicadas. Si nos gustábamos o no,
habíamos estado de acuerdo en terminar las cosas una vez los seis meses
terminaran. Le costó siete minutos, pero al final Merrick respondió.
BDE: ¿En dónde estás?
Llego a casa en unos diez minutos. ¿Por qué?
BDE: Voy a por ti.
¿Para qué?
BDE: Solo dime cuando llegues.
Merrick, estuvimos de acuerdo en que…
Antes de poder terminar el mensaje, me estaba llamando. No quería
contestar porque mis entrometidas señoras estarían escuchando toda la
conversación; pero si no contestaba, simplemente seguiría llamando.
—¿Hola?
—No me mandes una mierda de excusa o un recordatorio de lo que
acordamos.
Sonreí y bufé.
—Juras que no me conoces tanto.
—Lo hago. Hazme saber cuando llegues a casa. Quiero verte.
—¿Eso es todo lo que vas a hacer?
Merrick me elogió con una sonrisa grave y suave que me hizo sonreír y
que apretara las piernas juntas.
—Si hiciera lo que de verdad quiero, te follaría en el asiento trasero de
mi auto en cuanto llegara.
—Si fuéramos a un parque o algo, me parece bien.
—Trato. Voy por ti ya.
—Está bien.
Desconecté la llamada y evité la mirada de mi madre cuando me
miró. Se me agrandó la sonrisa e ignoré la pequeña voz en mi estómago que
me recordaba todos los problemas en los que me estaba metiendo con
Merrick. Si solo nos quedaban tres meses, iba a aprovecharlos al máximo.
¿Qué daño podría hacer confesarle mis sentimientos?
Ver cómo Aries se retorcía contra las cuerdas me la ponía durísima.
Habíamos decidido que esta noche probaríamos juguetes y, sinceramente,
no sabía cuánto más iba a aguantar. Al principio, no pensaba que comprar
una máquina de sexo sería una buena idea; pero al ver el dildo metiéndose
y saliendo de ella mientras gemía… estaba empezando a pensar que sabía
exactamente de lo que estaba hablando.
Tenía las muñecas y tobillos atados juntos, y estaba a cuatro patas en
medio de la cama. El dildo estaba a velocidad media. Tenía los labios
vaginales hinchados, chupando el dildo cada vez que entraba y salía.
Estaba tan jodidamente mojada, que la polla de plástico de color
chocolate con venas se había vuelto casi blanco. Los sonidos de sus
gemidos llenaban la habitación y me estaba costando montón no apagarlo
y meterme de lleno.
Me crucé de piernas, miré cómo le temblaban los labios. Se mordió el
inferior y volvió a gemir.
—¿Esa cosa te folla mejor que yo? —pregunté al levantarme y andar
hasta la cama.
—No. Nunca.
—¿Cuál es la diferencia?
Con una sonrisa, me miró con los ojos, pestañeando.
—Esto tiene una buena curva, pero no ofrece la intimidad,
sensualidad y conexión que tú sí. No puedo besar esto. Sujetarlo. Mirarlo a
los ojos. No hay conexión entre esto y yo. Se siente jodidamente bien, pero
nadie ni nada me ha follado mejor que tú.
Habiendo ya escuchado suficiente, puse la pequeña caja de juguetes
al borde de la cama antes de apagar la máquina. Después de soltarle las
esposas de las muñecas y los pies, la puse sobre su espalda. Respiraba con
respiraciones profundas, sonrió y abrió las piernas.
—¿Te acuerdas de tu palabra de seguridad? —Asintió—. ¿Cuál es?
—Hulu.
—Está bien.
Saqué las abrazaderas de pezones de la caja y las puse en sus
pezones. En cuanto las puse, estaba gimiendo por lo bajo y apretando las
piernas. Encendí el vibrador y se lo puse en el clítoris, gimiendo en la
garganta cuando empezó a gritar.
—¿Cómo se siente eso? —Comprobé mientras buscaba más cosas en
la caja para usar con ella.
—Tan jodidamente bien, Titan. Bésame.
Me agaché hacia ella y la besé, inhalando sus gemidos. Moví
despacio el vibrador, apretándolo arriba del clítoris. Rompió el beso, con la
boca en forma de O y la espalda arqueada. Nunca había sabido que
complacer a una mujer me podría hacer sentir tan jodidamente bien.
Cuanto más complacía a Aries, más satisfecho me sentía.
Me aparté, tirando de las pezoneras. Unos gemidos altos le salieron de
la boca y agarró en puños la sábana debajo de ella.
—Me voy a correr, nene —me advirtió, con las piernas temblándole
contra mi brazo, cerrándolas.
Las abrí de nuevo, mirando a la caja. Usé la mano libre para agarrar
el dildo curvado de dentro, la miré para ver cuánto le quedaba para
correrse. Basándome en las piernas temblado y el labio inferior, sabía que
no le quedaba mucho. Dejé el dildo y me centré en los pezones, masajearle
el clítoris con el vibrador hasta que las paredes le empezaran a pulsar.
Bajando mis labios hacia ella, la besé todo el tiempo que pude antes
de que sus gemidos lo hicieran imposible.
Una vez Aries bajó de su orgasmo, comencé a follarla con el
consolador, todavía jugando con su clítoris y pezones. Nunca pensé que
vería tanto jugo. Una mujer tan excitada. Y ni siquiera estaba yendo tan
profundo y rápido. Supongo que era por la combinación de estimulación en
tantas partes sensibles de su cuerpo. Cualquiera que fuera el caso, no tenía
ninguna duda de que este iba a ser nuestro video más visto.
Cuando no pude soportarlo más, agarré el tapón anal y la giré sobre
su espalda.
—¿Confías en mí, Bella?
—Sí. —Gimió y se pasó los dedos por el cabello para quitárselo de la
cara.
—Necesito que te relajes. Si es demasiado intenso, usa la palabra de
seguridad.
Asintió, miró hacia atrás a mí y sonrió.
—No puedo esperar a tener tu polla dentro.
Con un gemido bajo, arqueé su espalda y bajé a su culo. lamiéndolo
duro y lento, mantuve sus nalgas abiertas mientras ella empujaba hacia mí
y gemía. Mi lengua se deslizó a través de su abertura y rozó sus pliegues,
lamiendo cada gota de excitación que se había asentado en el centro de
ella. Mientras me agarraba a su clítoris, envolví mi brazo alrededor de su
cintura para mantenerla en su sitio. Me encantaba secarla con mi lengua
solo para mojarla de nuevo.
Cuando sus jadeos se convirtieron en gemidos, cubrí el tapón anal con
lubricante y me puse de rodillas detrás de ella. Lentamente, lo presioné en
su trasero, inclinándome sobre su espalda para susurrarle al oído. Aries inhaló
profundamente, agarrando la parte posterior de mi muslo. Continué
preguntándole si estaba bien cuando se lo metí, sin detenerme hasta que
se lo metí del todo.
—¿Cómo te sientes?
—Llena.
—Bien.
Me incliné, acomodándome en su apertura. Después de pasar la
cabeza de mi polla hacia arriba y hacia abajo por su raja, presioné
lentamente hacia adentro. Estaba más apretada, caliente y húmeda de lo
normal, y no sabía cuánto podía soportar. Aun así, fui profundo, tirando de
su cabello con una mano y agarrando su cintura con la otra.
Lloriqueos y gemidos brotaban de ella mientras maldiciones y gemidos
brotaban de mí. Se sentía tan jodidamente bien... la tensión del tapón
intensificaba todo. Su cuerpo temblaba cada vez que iba profundamente.
Y cuanto más gritaba mi nombre...
Mi mano se envolvió alrededor de su cuello, presionando su rostro
contra la cama. El jugo claro se convirtió en semen blanco cuando sus
paredes comenzaron a latir. Traté de concentrarme en cualquier cosa...
pensar en todo lo que no fuera lo bien que se sentía... pero no me sirvió de
nada. En el momento en que se tumbó en la cama cuando se corrió y esas
paredes se apretaron contra mí, estaba perdido.
Mi semen salió a su núcleo mientras me sacudía y gemía su nombre.
Su verdadero nombre. Eso definitivamente tendría que ser editado.
—Oh, Dios, Ricky —balbuceó, me agarró del muslo cuando apoyé mi
espalda en su pecho—. ¿Qué me estás haciendo?
—Asegurándome de que pierdes la cabeza solo con pensar en mí.
Se rio, con respiraciones profundas.
—Estás haciendo más que eso.
Y lo estaba haciendo, pero no quería admitirlo. Estaba adentrándome
e implantándome en su alma. Yendo más allá de una conexión de almas.
Me estaba enraizando ahí. Y quería quedarme ahí porque, con Aries… era
el lugar más seguro que una mujer me había dado. Necesitaba esa
seguridad. Esa salvaguarda. Durante tanto tiempo como pudiera.
Debería haber sabido que Michael iba a volver con alguna mierda.
Me llamó antes y pidió quedar conmigo para cenar. La única razón por la
que acepté fue porque habían pasado seis meses desde que rompí nuestro
compromiso, y una parte de mí quería saber cómo reaccionaría ante él.
Mientras hablábamos de las actualizaciones en nuestra vida, me di cuenta
de que no estaba realmente interesada. Aun así, continué involucrándome
con él solo por ser educada.
—Entonces, ¿sales con alguien? —Era la millonésima pregunta que me
hacía.
Nuestra cena se sentía más como una entrevista que cualquier otra
cosa. ¡Estaba agradecida de que finalmente nos hubieran traído los platos
principales porque estaba lista para irme!
Merrick y yo no estábamos en una relación real, pero bien podríamos
haberlo estado. Lo que compartíamos era más que sexo, sin importar cuánto
intentáramos restarle importancia o ponerle una fecha de vencimiento.
—Lo estoy. ¿Y tú?
Michael asintió y se enderezó en el asiento, con una pequeña sonrisa.
Al mirarlo, no pude evitar compararlo con Merrick. Ambos tenían el tono de
piel de chocolate con leche. Michael era más alto y delgado. Tenía los ojos
más claros y los labios más finos. Tenía una apariencia más refinada que
Merrick. En verdad, nunca había sido mi tipo. Intenté hacerlo mi tipo por
todo lo que tenía para ofrecerme.
—Sí. De hecho, estamos prometidos.
No pude evitar fruncir el ceño y bajar la mirada a su mano. No llevaba
anillo, pero eso no significaba nada.
—¿Prometidos? ¿Hemos estado seis meses separados y ya estás
prometido con otra persona?
Se encogió de hombros.
—Sí.
—¿Entonces? ¿Ya hablabas con ella antes de que rompiéramos?
Michael se pasó la lengua por dentro de la mejilla. Apostaría a que no
planeaba que se le escapara, pero estaba intentando darme en la cara
con todo su amor.
—Hablábamos, pero no…
—Guarda la mierda, Michael. Sé que me estabas engañando
mientras estuvimos juntos. No tienes que negarlo.
Michael suspiró y sacudió la cabeza.
—No te habría sido infiel si tú hubieras cuidado del hogar. —Allá vamos
con las idioteces—. No proveías mis necesidades, Aries. ¿Qué esperabas?
—¿Cómo no cuidaba tus necesidades? Y, si no lo hacía, deberías
haber roto conmigo, no haberme sido infiel.
—Vamos. Querías polla como un cajero automático sin límite. ¿Qué
hacías para merecerlo?
Me recliné en la silla y me reí entre dientes. Puse las manos en posición
de oración mientras inhalaba profundamente. De esto era de lo que estaba
hablando. Siempre estaba tratando de restarle importancia a lo que le
ofrecía como pareja. No importaba lo grandiosa que fuera una mujer;
nunca estaría satisfecho. O, al menos dijo que nunca estaba satisfecho, y
esa era su excusa para todo.
En el pasado, habría discutido con él. Dejar que se metiera en mi
cabeza. Pero en este momento, lo único que tenía en la cabeza eran las
palabras de Merrick y su declaración de que yo era la mesa.
Dejé la servilleta en el plato y me puse de pie. Abrí el bolso y saqué un
fajo de billetes, asegurándome de sacar lentamente un billete de cien
dólares. Más que nada, quería que supiera que su dinero no significaba
nada para mí.
—Que te jodan, Michael. Ha sido un error venir y no voy a permitir que
me hagas perder más tiempo.
Antes de que pudiera alejarme, Michael se había puesto de pie y me
agarró la muñeca. Al instante, no pude evitar comparar su toque con el de
Merrick. El disgusto me llenó mientras me apartaba de él. No podía creer
que hubiera pasado dos años tratando de hacer que las cosas funcionaran
entre nosotros. No me había merecido desde el principio, y en lugar de que
yo lo aceptara, le permití intentar cambiar las cosas.
—¿Él puede cuidarte como necesitas, Aries? Sabes que se necesita un
tipo de hombre para estar contigo. No solo eres insaciable sexualmente, sino
que irás tan al fondo de su cartera como te deje.
Me reí entre dientes, poniendo espacio entre nosotros.
—El hecho de que creas que esas son las únicas dos cosas que me
importan, solo prueba que nunca me conociste una mierda. Déjame en paz,
Michael, y felicidades por el compromiso.
Seguimos mirándonos durante unos segundos antes de que me
alejara. Todo el tiempo que me costó salir del restaurante anhelaba a
Merrick. No porque fuera perfecto, sino porque era perfecto para mí. Desde
la forma en que trató activamente de amarme de la forma en que deseaba
ser amada y hacerme sentir apreciada; hasta la forma en que me hacía
sentirme segura, protegida y respetada. El hecho de que estuviéramos
ganando este dinero solo me volvía más loca por él, y ni siquiera hablaba
de sexo.
Esperé hasta estar en el automóvil para llamar a Merrick y ver qué
estaba haciendo. Había conseguido una habitación de hotel para el fin de
semana, pero no quería regresar todavía. Antes de llamar a Stephanie para
ver si quería quedar, pensé que me daría la oportunidad de pasar tiempo
con la persona que siempre estaba en mi mente. La llamada fue al buzón
de voz, pero Merrick me estaba llamando cuando salía del restaurante.
—Hola —respondí, incapaz de esconder la sonrisa en mi voz.
—¿Cómo ha ido la pequeña mierda de cena?
Me reí, mirando a ambos lados de la calle.
—Desastrosa. ¿Qué haces?
—Esperar a que me llamaras.
El sonrojo me hizo difícil responder de inmediato, pero cuando lo hice,
le pregunté si quería venir a mi habitación después de pasar por la tienda
de uñas más cercana y hacerme la manicura y la pedicura. Normalmente,
iría a Nikki, pero era súper de último minuto y no tenía tiempo para pedir cita,
pero necesitaba desesperadamente una sesión de mimos para relajarme.
No me sorprendió cuando dijo que me encontraría en la tienda de uñas
porque nos habíamos estado haciendo mani-pedis juntos desde que
abrimos la cuenta.
Él decía que nuestras sesiones de mimos lo ayudaron a recordar
relajarse, encontrar la paz y disfrutar el momento. Merrick me dijo que estaba
orgulloso de mí por no permitir que Michael entrara en mi cabeza después
de que le conté lo sucedido.
Nuestra conversación se centró en la gratitud, la felicidad y la
frecuencia con la que las personas sentían que tenían que alcanzar sus
metas y ganar estatus para ser felices, pero habíamos aprendido que había
que ser felices antes de poder recibir más. Desde entonces, ambos
habíamos ido creciendo en nuestra satisfacción por las etapas en las que
estábamos dentro de nuestras vidas, lo que solo daba lugar a más éxito.
Para cuando llegué a la tienda de uñas que estaba a menos de un
kilómetro de mi hotel, Merrick también estaba llegando.
Estaba tan emocionada de verlo, que colgué el teléfono en su cara y
rápidamente apagué el auto. Se rio entre dientes en su automóvil y verlo me
hizo sonreír. Había algo en su sonrisa que siempre me llenaba de pura
alegría. Una vez ambos salimos de nuestros autos, nos encontramos a mitad
de camino. Merrick me tomó en sus brazos, y tal vez estaba en mi cabeza,
pero este abrazo se sintió diferente. Lo sentí más profundo. El calor irradió a
través de mí mientras me derretía contra él.
Pasando mis manos por su cuello, gemí en voz baja cuando Merrick
puso un poco de espacio entre nosotros. Mis labios parecían tener mente
propia. Conectaron con los suyos antes de que pudiera detenerlos.
—Lo siento —murmuré insegura de qué carajos me estaba pasando.
Nos dábamos besos durante conversaciones profundas; pero,
mayormente, no nos besábamos a menos que estuviéramos grabando.
—Está bien. —Me aseguró y volvió a besarme.
Merrick me besó lentamente. Y con propósito. Como si planeara
aprovechar cada jodido segundo. No pude evitar perderme en él. En lo
perfectos que eran sus besos. Lo bien que se sentían sus labios. Lo bien que
encajaban con los míos. Casi como una prueba de que estábamos
destinados a estar juntos.
Se apartó y apoyó la frente en la mía.
—¿Quieres ir al centro comercial después? —preguntó y me apretó
abrazándome—. He estado antes y he visto un vestido que increíble que
quiero comprarte, pero quiero asegurarme de que te queda bien.
Aunque estaba sonriendo, le dije:
—No tienes que comprarme cosas, Ricky. Puedo cuidar de mí misma.
—Sé que puedes, pero quiero mimarte. Y vas a dejarme hacerlo.
Como si hubiera terminado con la conversación, Merrick me agarró
de la mano y me condujo a la tienda de uñas. Me dije a mí misma que
estábamos siendo muy cariñosos porque era mi lenguaje de amor y él
estaba decidido a asegurarse de que me sintiera cómoda con él, sin
importar qué… no porque estuviéramos muy cerca en una relación sin el
título. Cualquiera que fuera el caso, después de que nos registramos, me
acurruqué cerca de su lado y le susurré dulces afirmaciones al oído. Cuanto
más hablaba, más me tocaba.
Habíamos llegado tan profundo que ni siquiera escuchamos que me
llamaran por mi nombre. Riendo en voz baja, me levanté y me dirigí a la
parte de atrás donde los técnicos de uñas nos estaban esperando. Dios, era
cada vez más difícil negarlo, pero estaba segura de que me estaba
enamorando de Merrick Wright.
No me di cuenta de lo distante que me había vuelto con Oniqa hasta
que ella me lo dijo. El año escolar estaba a punto de terminar, así que estaba
ocupado tratando de hacer todo lo posible para asegurarme de que
nuestro concierto de fin de año para el rally final fuera épico. Aparte de eso,
todo mi tiempo libre lo había pasado grabando y con Aries. Tan pronto
como dejaba la escuela, me dirigía al estudio o la recogía. Nunca se me
pasó por la cabeza que Oniqa se hubiera dado cuenta o me hubiera
echado de menos hasta que la encontré estacionada junto a mi auto.
Esperó hasta que su hermano estuvo dentro del suyo para apoyarse
contra el mío, haciéndome imposible entrar. No podía negarlo, Oniqa era
jodidamente bonita. Todavía me sentía atraído por ella, pero no la deseaba
como solía hacerlo. Me tomó un segundo darme cuenta de por qué, pero
en el momento en que los pensamientos de Aries cruzaron por mi mente, no
pude evitar sonreír.
—Hola, extraño. —Me saludó sonriéndome como si mi sonrisa fuera
para ella.
—Hola, preciosa. ¿Está todo bien?
Oniqa asintió, girando el cierre del bolso.
—Sí. Solo quería hablar contigo. No puedo creer que lo admita, pero
echo de menos tu cara cada día cuando vengo a recoger a mi hermano
pequeño.
Me reí entre dientes y me pasé la mano por la cara.
—¿Ah, sí?
—Sí. Así que… um… como el año escolar está a punto de terminar,
¿me preguntaba si quieres quedar algún día?
El antiguo yo habría dicho que sí sin ninguna duda; pero el nuevo yo
quería saber que le había hecho cambiar de parecer. Había intentado
llamar su atención durante años y, aunque el juego me había entretenido,
Oniqa nunca me dio nada. Ahora que había dejado de perseguirla, me
echaba de menos. ¿No es una mierda?
—¿Estás soltera ahora? —Asintió con una sonrisa—. ¿De verdad
quieres pasar tiempo conmigo, o te has acostumbrado a que te moleste a
diario y solo echas de menos que te moleste?
Oniqa se rio entre dientes.
—Sinceramente, un poco las dos. No me había dado cuenta de lo
mucho que aportabas a mi día hasta que dejé de verte. Esperaba nuestras
breves conversaciones porque me haces sonreír. Así que, ya que estoy libre,
me preguntaba si podrías querer ver a dónde va esto.
Con un suspiro silencioso, asentí y saqué mi teléfono del bolsillo para
apuntar su número. Esto era lo que había estado esperando, literalmente
durante años, pero no lo sentí como la victoria que pensé que sería. Aries
tenía mi mente tan perdida que no podía verme con otra mujer en ningún
nivel. Desde ahora hasta que se fuera, Aries me tenía bloqueado. Pero una
parte de mí no podía dejar que Oniqa se escapara sin al menos salir en una
cita.
Había pasado tanto tiempo y me había esforzado tanto tratando de
llegar a este punto que sabía que me arrepentiría cuando encontrara a
alguien más. Así que accedí a salir con ella este fin de semana, pero una
parte de mí se sentía jodidamente mal por ello.
—Creo que me estoy enamorando de Merrick. —Solté y me cubrí la
cara antes de ver la reacción de Stephanie.
Esta noche íbamos a ir juntas al contragolpe, así que la estaba
esperando en su casa para que terminara de prepararse. Aunque conocía
nuestra cuenta de Only Fans, no le había dado demasiados detalles sobre
nosotros. Me di cuenta de que cuanto menos la gente sabía sobre mi vida,
menos voz tenían, y eso me llenaba de tanta paz. Una vez que su
conmoción inicial se disipó, Stephanie estuvo bastante tranquila al respecto,
y me alegré porque necesitaba a mi mejor amiga a mi lado.
Especialmente ahora que mis sentimientos por Merrick eran cada vez
más profundos.
¿Con quién diablos se suponía que debía hablar de eso?
Si se lo contaba a mi madre, ella solo me diría que me lo dijo y
empezaría a planificar nuestra boda en su cabeza. Pero la verdad del
asunto era que, sin importar cuánto me gustara, nuestras vidas estaban a
punto de comenzar a tomar direcciones completamente diferentes.
—No me sorprende. Habéis actuado como mocosos que se gustan
durante años. Ya era hora, joder, de que aceptaras la verdad.
Bajé las manos de la cara, me reí y puse los ojos en blanco.
—Lo que sea, Steph. No voy a mentir y decir que no me gustaba en el
instituto, pero esa mierda se desvaneció. No ha vuelto hasta que empezó a
mostrarse más conmigo. Y, ahora, es más allá de gustar. No solo me gusta o
tengo un enamoramiento, de verdad creo que estoy enamorada de él.
Puso en la cama los tres vestidos que había diseñado para ella
durante los años, para decidir, y se sentó junto a mí. Stephanie me agarró la
mano y la apretó suave.
—¿De verdad? —dijo con la misma sonrisa que yo tenía.
—De verdad.
—¿Cómo sabes que es amor?
Me pasé los dedos por el cabello y dejé salir una profunda respiración
antes de apartar la mirada.
—Porque no es como nada que haya sentido antes. He estado
leyendo “Todo sobre el Amor”, de Bell Hooks, y en él habla de cómo el amor
no es completo y sano sin todas estas cosas, y creo que con eso es lo que
he tenido problemas en todas mis relaciones adultas.
He tenido los sentimientos conectados con el amor, pero no todo lo
demás que lo acompaña. No era un compromiso incondicional, lealtad,
honestidad, respeto, provisión, romance. No había elegido amar a ninguno
de ellos. Hicieron cosas para enamorarme ciegamente de ellos. Pero con
Merrick, siento que entré en esto con los ojos bien abiertos.
Me lo ha mostrado todo, bueno y malo, y he aceptado cada parte
de él que he visto como él me ha hecho a mí. Me encanta cómo somos
realmente compañeros. Realmente somos uno. No es mi media naranja; me
ha hecho mejor. Me siento tan segura y protegida con él. Mientras él me
cultiva, yo lo influyo. Merrick es realmente el amigo más real que he tenido,
y ahora que hemos llevado las cosas al siguiente nivel, se siente tan natural
tener estos sentimientos por él.
Stephanie gritó y me abrazó.
—¿Se lo vas a decir? ¡Apuesto a que van a ser los primeros del grupo
en casarse! Sabía que iba a pasar en cuanto dejaran de ser tan cabezotas
y dejaran de molestaros el uno al otro.
—¿Debería decírselo? Quiero decir, ¿qué bien haría? Voy a pedir el
curso enseguida y, si me aceptan, me iré para al menos un año. Quién dice
que quiera volver. Y hemos pasado casi todos los días juntos durante cuatro
meses ya. Estoy segura de que será una gran transición convertirlo en una
relación a distancia. Las cosas probablemente se apaguen y se
desvanezcan. Creo que prefiero guardarme mi amor por él para mí.
Guardarlo a salvo. No dejar que ninguno de los dos diga ni haga algo para
joderlo.
Stephanie hizo un puchero, asintió y se levantó.
—Es comprensible. Sin embargo, ojalá se lo dijeras. No tengo ninguna
duda de que los dos podrían hacer que funcionara.
—Bueno, si alguna vez menciona el tema de tener una relación, se lo
diré, pero no me siento cómoda diciendo algo primero yo.
Suspiró y agarró los vestidos. Señalé el amarillo que le iba a sentar
fabuloso con su piel color canela marrón.
—Bueno, rezaré para que te emborraches lo suficiente para tener el
valor líquido y decirle la verdad esta noche, como has hecho conmigo. No
tengo ninguna duda de que Merrick dirá algo, pero también creo que
mientras estés contenta con lo que tienen, él también lo estará. No es del
tipo de presionarte para nada, aunque sea algo que quiera de verdad.
Ahora, si le preguntaras, te diría…
—Pero probablemente nunca va a sacar la conversación él.
—Exacto.
Eso era cierto. Merrick era un libro abierto... tú solo tenías que abrir el
libro primero. Era el tipo de hombre al que le gustaba que una mujer lo
invitara a iniciar las cosas entre ellos. Quizás Stephanie tenía razón. Tal vez
necesitaba, al menos, preguntarle si quería que las cosas cambiaran entre
nosotros. De esa forma, podría ahorrarme un poco de vergüenza si él no se
sentía de la misma manera. Sin embargo, no le iba a decir eso. Si lo hiciera,
ella nos estaría mirando toda la noche para ver qué pasaba.
Una vez estuviera segura de que sacaría el tema de la conversación,
le envié un mensaje a Merrick para confirmar que iría a la casa de Marcus
esta noche. Cuando lo hizo, me di cuenta de que no estaba lo
suficientemente bien vestida como para potencialmente confesar mi amor.
Los vaqueros de cintura alta y el top corto que llevaba eran geniales, pero
quería algo un poco más sexy. Después de revisar el armario de Stephanie,
me decidí por el vestido ajustado color melocotón que le había hecho y los
tacones transparentes y el bolso que tenía originalmente.
Stephanie era un poco más gruesa que yo, pero mis caderas y muslos
eran más grandes que los de ella, así que el vestido me quedaba perfecto.
Ambas terminamos de prepararnos, y nos dirigimos a la casa de Marcus.
Durante todo el viaje hasta allí, fui un manojo de nervios. No era que no
pensara que Merrick se sintiera de la misma manera, simplemente no sabía
si estaría dispuesto a intentarlo. Demonios, no estaba segura de si yo estaba
dispuesta a intentarlo.
Tan pronto llegamos, me dirigí a la cocina para tomar algo para
calmar mis nervios. Estuvimos allí unos treinta minutos antes de que
apareciera Merrick... con una mujer. Una mujer que no era yo. Una que
estaba sosteniendo su mano y sonriendo como si perteneciera a su lado. La
cara de Stephanie se torció e inmediatamente se acercó a mí, pero no tenía
respuestas a sus preguntas. Estaba tan en la sombra sobre quién era la mujer
como ella.
Merrick habló con todos, guardándonos a Stephanie y a mí para el
final. Me dio un vuelco el corazón cuando nos dijo que el nombre de la mujer
era Oniqa. Aunque nunca la había visto antes, sabía sobre el
enamoramiento increíblemente masivo de Merrick. Había estado tratando
de conseguirla durante años. Qué suerte que finalmente hubiera tenido
éxito ahora. Seguí diciéndome a mí misma que no me lo tomara como algo
personal, pero una parte de mí se preguntaba cómo diablos tenía tiempo
para perseguirla cuando estaba pasando tanto tiempo conmigo.
Tratando de quitarme los malos sentimientos, pasé la mayor parte de
la noche evitándolo. Si estaban adentro, yo estaba afuera en el patio. Si
estaban afuera, yo estaba en la sala de estar. No fue hasta que me
arrinconó sola en la cocina que Merrick me obligó a hablar con él.
—¿Qué te pasa, Airy?
Ni siquiera pude forzar una sonrisa falsa mientras negaba. No quería
estarlo, pero me dolía. No era culpa suya, así que no podía tener una actitud
con él. Estuvimos de acuerdo en que no captaríamos sentimientos. Eso
cambió, pero nuestro estado no. Y no tenía a nadie a quien culpar por esta
mierda más que a mí misma.
—Nada. Veo que Oniqa al final te ha dicho que sí, ¿eh?
Asintió y sonrió, pero la sonrisa no le llegó a los ojos como normalmente
hacía.
—Sí.
—¿Le vas a contar sobre nosotros?
—No. Ahora no. Si las cosas se vuelven exclusivas en los próximos dos
meses, lo haré, pero no necesita saberlo ahora mismo.
Asentí y sonreí un poco.
—Bien. Bueno, enhorabuena. Sé lo mucho que te gusta. Me alegro de
que te haya dado al fin una oportunidad.
Merrick se me quedó mirando unos segundos. Abrió y cerró la boca,
pero sin decir ninguna palabra. Las cosas ya eran lo suficientemente
incómodas, así que decidí terminarlo alejándome. Me agarró de la muñeca,
pero no tuvo el mismo efecto.
—¿Estamos bien?
—Si tienes que preguntarlo, no.
—Aries…
—Sabes… —Me reí entre dientes y sacudí la cabeza, sacando la
muñeca de su agarre—. Nunca había sabido que podía sentir las cosas
tanto. Lo bueno y lo mano. Hasta que empecé a acostarme contigo.
Sus hombros se hundieron cuando miró hacia otro lado, y esa fue mi
señal para irme. Lo último que quería hacer era hacerlo sentir mal después
de lo bien que me había estado haciendo sentir a mí. Nunca hablamos de
salir con otras personas porque no éramos exclusivos. Era una mierda que la
noche que había decidido sacar el tema, él estuviera con otra persona.
Pero supongo que así era la vida, y un recordatorio muy cruel para mí de
mantener mi mente en mi dinero y nada más que el dinero.
Durante el último mes, había mierda entre Aries y yo. Estábamos en
nuestro quinto mes de grabación, y en lugar de acercarnos, nos alejábamos
cada vez más. Tuve que darle crédito diciendo que no se había interpuesto
en nuestra grabación, pero eso estaba cambiando ahora. A pesar de que
ella estaba aquí físicamente, estaba en otro lugar mental y
emocionalmente. Todo el tiempo que estuve dentro de ella, sentí que la
estaba violando.
Su corazón y su espíritu no estaban en él como normalmente lo
estaban. Tenía los ojos cerrados con fuerza y no me tocaba. No me hablaba
ni hacía ningún ruido. Y su coño no estaba mojado y me apretaba como
solía hacer. Estaba claro que su mente estaba en otra parte, y por mucho
que quisiera ignorarlo, sabía que era por Oniqa. Mi polla comenzó a
ablandarse, así que salí de ella con una fuerte exhalación.
Era la primera vez que abría los ojos desde que empezamos a grabar.
Aries descansaba sobre sus codos, mirándome mientras agarraba el control
remoto y apagaba las cámaras.
—¿Qué pasa? —preguntó con inocencia, cubriéndose el cuerpo…
como si no lo hubiera visto un millón de veces llegados a este puto punto.
—Tú me dirás, ReRe.
Se le hincharon las fosas nasales y apretó la mandíbula.
—Te he dicho que no me llames así.
—Y yo te he dicho que no vengas aquí con estupideces. ¿Qué te
pasa?
Con un bufido, apartó la mirada y se cruzó de brazos.
—Ya no estoy cómoda con esto.
—¿Con qué?
—Esto. —Casi gritó, moviendo los brazos y mirándome—. Nosotros. ¡Has
estado saliendo con ella ya un mes y ahora siento que soy la otra! Está
diciendo a la gente que están en una relación ya. ¿Por qué no me lo dijiste?
Ya es lo suficientemente malo que siempre esté… ¿y ahora están juntos,
juntos?
Me pasé la mano por el cuello y aparté la mirada de ella. Cuando
Oniqa dijo eso anoche, nos fuimos inmediatamente después. No sabía que
iba a decir eso, o le habría dicho que no lo hiciera, especialmente frente a
Aries. Nunca había sido mi intención hacerle daño o ponerla incómoda,
pero claramente lo había hecho.
—Simplemente ha pasado, Airy. Era la primera vez que conocía a
Naya y, cuando Naya preguntó quién era, se presentó como mi novia. No
lo hemos hecho oficial, pero no le dije que no para no avergonzarla ni herirla.
Además, le dije a Oniqa que estaba en una situación sexual con alguien
más. Dijo que no le importaba porque así no lo quería de ella.
—Entonces, ¿no lo hablaste con ella cuando se fueron? Obviamente,
quieres estar con ella.
—No es eso.
—Entonces, ¿qué es, Merrick?
—Te he dicho que no le quiero hacer daño.
—Oh. —Se rio por lo bajo y se sentó en el borde de la cama—.
Entonces, ¿has elegido hacerme daño a mí?
—¿Cómo se supone que tenía que saber que te iba a hacer daño?
Somos amigos que follan, sin sentimientos.
—¡Esas son estupideces! O al menos para mí. Pero, claramente, no
sientes lo mismo.
—Sí que siento lo mismo, Bella.
—¡No, no lo haces! Porque si fuera así, no estarías con ella.
La miré mientras recogía su ropa de la silla. Nada de lo que estaba
pensando decir sonaba lo suficientemente bueno como para mejorar esto.
Quería estar con Aries de verdad, pero acordamos no llevarlo allí. Estábamos
enfocados en el dinero y en nuestros sueños; no quería presionarla para ir a
algo más profundo. Pero ahora, estaba actuando como si eso fuera lo que
había estado esperando durante un tiempo, así que ¿por qué carajos no
había dicho nada?
—Sabes cuánto tiempo he estado tras ella…
—Y ahora la tienes.
—A eso no es lo que voy con esto…
—Pero es lo que hay.
—¡Aries! ¿Vas a cerrar la jodida boca y dejar que hable? Maldita sea.
—No importa. Nada de lo que digas ahora mismo va a cambiar el
hecho de que tienes una jodida novia, Merrick. Así que dejémoslo ahí.
Al verle meterse en los vaqueros, me distraje un momento. No pude
hablar de nuevo hasta que la vi poniéndose la camiseta encima del
sujetador.
—Tenemos que subir mañana.
—Entonces hagamos contenido individual. A solas.
La derrota me llenó y me levanté.
—Si eso es lo que quieres, ReRe.
—¡Deja de llamarme así! —gritó entre dientes.
No podía. Una parte de mí quería que se molestara conmigo para
gustarle menos. No sé por qué, pero se sentía más seguro. Ninguna parte de
mí quería hacerle daño a Aries, pero era mejor ahora que en unos meses
cuando intentáramos estar a miles de kilómetros y no funcionara.
—Juro que no te soporto —gruñó y se puso el bolso sobre el
estómago—. No sé en qué carajos estaba pensando, al pensar que… —
Negó y dejó de hablar, y me costó todo y más no pedirle que continuara.
Pero la verdad era que no importaba lo que estuviera pensando. Tenía a
Oniqa y planes en Memphis, y ella tenía California y Casa de Aries
esperándola. Puede que no fuera lo que queríamos, pero la separación era,
definitivamente, lo que necesitábamos.
La cena con Oniqa fue sosísima. Por lo general, yo era el que dirigía la
conversación, así que como no estaba de buen humor, realmente no
hablamos en absoluto. Esa fue una de las cosas que no me gustaba de ella.
Era demasiado callada. Casi nunca había nada de lo que pudiera pensar
en hablar además de su hermano. Ahora, si comenzaba la conversación,
ella podría participar, pero siempre era sobre mí.
Y ella era tan correcta y elegante. Me gustaba, pero también quería
una mujer que fuera un poco vulgar. Alguien que podría ir a restaurantes y
eventos de cinco estrellas y tener la etiqueta adecuada durante el día, pero
ir a la fiesta del barrio y fumar y beber por la noche. Tampoco era realmente
atrevida. O al menos no parecía que fuera a serlo. No habíamos tenido
relaciones sexuales todavía porque sentía que pertenecía a Aries, pero
cuando mencioné la conversación, Oniqa rápidamente cambió de tema.
No sé. Ella me estaba probando que podrías querer algo porque no lo
tenías, y cuando finalmente lo obtenías, te dabas cuenta de que no era tan
bueno como pensabas. Retiro eso, Oniqa era buena... simplemente no era
la mujer para mí. Ahora, sin embargo, me sentía obligado a quedarme con
ella ya que las cosas conmigo y Aries se habían ido a la mierda. Pensar en
ella me hizo decirle a Oniqa...
—No me gustó que te presentaras como mi novia anoche.
Me miró y yo dejé los ojos en el tiquete que estaba firmando.
—Oh. Yo… —Se rio—. No lo siento. Si no estamos en una relación seria,
¿qué estamos haciendo?
—Salir y conocernos.
—Me llevas conociendo años. Me has perseguido durante años.
¿Pensaba que me deseabas?
—Sí. Solo que no me comprometo con las mujeres así de rápido. Si me
meto en una relación con una mujer, es porque la veo como mi esposa, o
al menos como alguien con quien quiero estar unos años.
—Ya sabes si quieres casarte conmigo a estas alturas. Si no… es
porque no quieres.
No pude evitar sonreír y mirarla mientras me lamía los labios. Tenía
razón. No quería casarme con ella. Aunque no quería soltarlo así.
—Está bien, bueno, si soy sincero… no eres lo que esperaba. Eres
preciosa, dulce y con clase; pero… no sé. No eres mi tipo. Y no es malo. Solo
algo a lo que me tengo que acostumbrar.
Sacudió la cabeza y se levantó de la mesa.
—No tienes que acostumbrarte a nada.
Me negaba a dejar que una segunda mujer se alejara de mí hoy sin
resolver las cosas, así que me levanté y le agarré de la mano, saliendo del
restaurante.
—Me parece bien que estemos juntos, solo que no me gustó cómo
pasó. Hizo que sintiera como que no me diste la elección. Es algo que
deberíamos haber hablado y estado de acuerdo.
Bajó los hombros y asintió.
—Tienes razón y, por eso, me disculpo. Es solo que… eres un gran
partido y me gustas mucho, más de lo que pensaba, Sinceramente, también
me tomó por sorpresa, pero se me escapó. Supongo que fue mi
subconsciente diciéndome que no te dejara escapar. Pero si no te sientes
igual…
—Quiero intentarlo. Para eso son las citas, ¿no?
Lo pensó unos segundos antes de susurrar.
—Sí.
—Bien. Entonces, podemos hacer esto tanto como estemos de
acuerdo y tomar decisiones juntos. ¿Está bien?
—Está bien. Y um… puedes terminar con la situación sexual que tenías.
Ahora que estamos juntos, estoy dispuesta a acostarme contigo.
Oniqa entrelazó nuestros brazos y sonrió. Quería estar contento… pero
sentía lo contrario. Ausente, me agarré el pecho porque sentí que se me
rompía una parte del corazón en un millón de pedazos.
Estábamos al comienzo de nuestro sexto mes y yo iba a casa de
Merrick para la que iba a ser nuestra última sesión. Desde que él y Oniqa se
habían convertido en pareja, ya no sentía que tuviéramos relaciones
sexuales, y él tampoco. Además, había vuelto a comprobar nuestra cuenta
y habíamos alcanzado nuestras metas financieras hacía un mes. En este
punto, no había ninguna razón para continuar. Ni siquiera me permitiría
sentirme triste por el final de las cosas porque estaba segura de que era lo
mejor.
Me había acostumbrado a no pasar tiempo con él, y estaba tan
ansiosa por saber de Jada Banks. Su sitio dijo que podría tomar hasta diez
días para tomar una decisión, y hoy era el día diez. Ya había decidido que
incluso si no entraba en el programa, todavía iba a irme de Memphis. No era
que sintiera que no había nada aquí para mí, solo necesitaba un cambio.
Estar aquí era demasiado seguro y limitante. Había algo en saber que mis
padres y amigos siempre estarían ahí para mí que me hizo sentir más
dependiente de lo que debería.
Ahora que tenía seis cifras en nuestra cuenta bancaria, podía ir a
donde quisiera. Todavía no me veía haciendo nada más que estilizar, ser
una compradora personal y diseñar ropa, pero también sabía que una parte
del ajetreo significaba comenzar desde abajo y poner el trabajo. Si eso
significaba que tenía que trabajar en una boutique antes de poder
administrar la mía con éxito, tendría que estar de acuerdo con eso, pero con
este dinero, esperaba no tener que hacerlo.
Cuando llegué a casa de Merrick, no entré de inmediato. No tenía
ganas de tener ningún tipo de sexo con él, pero tampoco tenía ganas de
despedirme. Mi corazón se sentía como en el limbo. Mentalmente, me había
purgado de él, pero no podía deshacerme del amor que tenía por él en mi
corazón. Al menos no tan pronto. La única razón por la que pude aceptar
que no estuviéramos juntos tan fácilmente fue porque sabía que estaría
bajando mi autoestima si trataba de aferrarme a un hombre que no era mío
o para mí... pero eso no significaba que no estuviera enamorada de él.
Con un suspiro, apagué el automóvil y traté de prepararme
mentalmente para lo que fuera que estaba a punto de suceder. El sonido
de mi teléfono vibrando me hizo mirarlo en el portavasos. Tan pronto como
vi la notificación de Gmail, grité y rápidamente abrí la aplicación. Mi
entusiasmo se convirtió en nerviosismo. No pude recuperarme para abrir el
correo electrónico de Jada Banks. En cambio, salí del auto y me dirigí a la
puerta de Merrick.
En cuanto abrió, empujé mi teléfono en su pecho. La confusión se
plasmó en su rostro mientras cubría mi mano con la suya.
—Por favor, lee el correo por mí. Estoy demasiado nerviosa como para
hacerlo yo.
—¿Es de Jada Banks? —Asentí. Sonrió—. Cobarde.
Con una sonrisa, aparté la mano de la suya.
—Ábrelo, Ricky.
—Está bien.
Merrick cerró y echó llave a la puerta principal, y yo lo seguí hasta su
dormitorio. Mientras caminábamos, leyó el correo electrónico, luego cerró
la aplicación y me devolvió el teléfono. No pude leer su expresión. No era ni
feliz ni triste. Solo en blanco. Se sentó en el borde de la cama como si no
acabara de leer un correo electrónico que tenía mi futuro en la mano.
—¿Y bien?
—Bien —repitió.
—¡Qué decía!
—Joder, no debes querer saberlo. Ni siquiera has intentado leerlo.
—Ricky —grité y le di un golpe en el hombro con un puchero y los ojos
llorosos.
Se rio, me bajó para que me sentara junto a él.
—Te voy a echar de menos cuando te vayas a California.
Me cubrí las mejillas con las manos y jadeé. Abrí los ojos como platos
y se me empezaron a llenar de lágrimas, lo que hizo que a él también.
—Para —gruñó, abrazándome mientras me caían las lágrimas—. Eres
jodidamente talentosa y esta oportunidad está hecha para ti. ¿Por qué estás
tan sorprendida?
—¡Porque lo estoy! Sabía que era buena, pero no creía que podría
entrar. Cientos de personas lo intentan cada vez y solo acepta a cinco. Y,
de esos cinco, solo dos tienen la oportunidad de abrir la tienda debajo de
la suya.
—Y eres la número uno. Así que enhorabuena, Airy. Tenemos que
celebrarlo esta noche.
Todo lo que podía hacer era llorar, reírme y apretarlo. Él me abrazaba
igual de fuerte, como si no quisiera dejarme ir.
—Estoy tan contenta —confesé, con la voz temblorosa.
—Yo también —respondió inhalando una respiración temblorosa
también.
Cuando esnifó, solo me hizo llorar más. Su orgullo y felicidad por mí era
como un disparo directo al corazón.
—Ricky…
Intenté apartarme, pero me abrazó más fuerte.
—Deja que me limpie los ojos primero.
Riéndome, le pasé las manos por el cuello mientras se secaba las
lágrimas en mi camisa. Cuando nos apartamos, le limpié los restos de
lágrimas de las mejillas y él hizo lo mismo conmigo.
—Yo también te voy a echar de menos.
Merrick se acercó.
—Yo te echo de menos ahora. —Su voz, baja y sedosa, me provocó
escalofríos.
—Yo también te echo de menos ahora.
Ligeramente, giré la cabeza, permitiéndole que me diera un beso en
la mejilla que instantáneamente me endureció los pezones. Había una
pregunta en sus ojos para mí, y sabía cuál se suponía que era la respuesta.
Un beso. Pero no pude obligarme a dárselo. No mientras perteneciera a otra
persona.
Se enorgullecía de convertirse en su mejor versión. Si tuviéramos sexo,
sería como si estuviera engañando a Oniqa, y yo simplemente no podría
soportarlo. No lo había tenido dentro de mí desde que salí furiosa de aquí
ese día, y Dios sabe que necesitaba una liberación.
—Yo, em, he mirado la cuenta. Aun hacemos un buen dinero del
contenido antiguo, así que no hay necesidad de que sigamos.
Especialmente ya que estás en una relación ahora.
Cerró los ojos, dejó salir el aire y se apartó.
—Estoy enfermo de esa mierda de relación.
Me reí por lo bajo y le acaricié la mejilla.
—Oniqa es una buena mujer, Merrick.
—Sí, pero no es la mujer para mí.
—Entonces, ¿por qué estás con ella?
—Porque la mujer que amo va a irse.
Parpadeé rápido y bajé la mano.
—¿Me amas?
Se levantó y me dio la espalda.
—No quería decirlo así. Te amo, pero no quiero que pienses que lo
estoy usando para que te quedes.
—Entonces… su… supongo que no debería decir que yo también te
amo.
Se puso rígido y su cabeza colgaba.
—No. No deberías.
Me pesaba un montón el cuerpo al levantarme, pero sabía que tenía
que irme.
—Bueno. Entonces. Supongo que ya te veré por ahí.
—Sí. Hazme saber qué vas a hacer para celebrarlo y ahí estaré.
Podemos ir y sacar el dinero del banco mañana por la mañana si quieres.
Asentí, pero no me miraba.
—Está bien. Gracias por todo, Merrick. No solo por la oportunidad de
conseguir este dinero, pero por ser mi amigo y recordarme quién soy. Por
aceptarme y reafirmar mi creencia de que hay hombres buenos por ahí que
pueden darme lo que quiero y necesito sin hacerme sentir menos o mal por
ello.
Ladeó la cabeza y la sacudió.
—Vete, Aries, antes de que haga algo de lo que ambos nos
arrepentiremos.
Sonriendo, me limpié la lágrima que se me había escapado antes de
que me llegara a la mejilla. Mientras me iba, una parte de mí deseaba que
Merrick me hubiera perseguido. Pero me decía a mí misma que así era cómo
tenían que acabar las cosas.