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María La Larga

Cuentan los abuelos que, en los pueblos de Antioquia, el viejo Caldas y el Eje Cafetero, cuando las cantinas, bares y discotecas cerraban sus puertas, era típico ver como jóvenes y ancianos salían tambaleándose de ellas.
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Cuentan los abuelos que, en los pueblos de Antioquia, el viejo Caldas y el Eje Cafetero, cuando las cantinas, bares y discotecas cerraban sus puertas, era típico ver como jóvenes y ancianos salían tambaleándose de ellas.
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MARÍA LA LARGA

Mitos y leyendas
Por: Paola Gómez, redactora invitada
Cuentan los abuelos que, en los pueblos de Antioquia, el viejo Caldas y el Eje Cafetero,
cuando las cantinas, bares y discotecas cerraban sus puertas, era típico ver como jóvenes y
ancianos salían tambaleándose de ellas.
Los efectos del licor y el sereno de la madrugada hacían que caminaran por las calles
dando tumbos. En ocasiones, algunos de estos hombres se encontraban con una hermosa
mujer de piernas largas, un trasero voluptuoso, senos protuberantes y un largo cabello
sedoso. Vestía con una minifalda, escote profundo y unos tacones relucientes y era
conocida como María la Larga, quien les hacía perder la cabeza por su manera de mover la
cadera.
Los borrachos con ganas de continuar la fiesta y fornicar con aquella hermosa mujer, no
dudaban en seguirla de inmediato, gritándole cuanta cosa se les cruza por la cabeza, y ella
al notarlo les sonríe y los invita a la siguieran llevándolos hacia el cementerio.
Embobados por su belleza, no se daban cuenta a donde se dirigían y al llegar a las puertas
de ese tenebroso lugar, ella se detiene esperándolos con una sonrisa coqueta y moviendo
el cabello. Alentados por la calentura del momento se lanzaban a abrazarla, acariciarla e
intentar besarla. Actos que la hermosa mujer recibe gustosa hasta que abren sus ojos y se
dan cuenta que están a más de cincuenta metros de altura y que la hermosa mujer ha
desaparecido, y en su lugar, está una horrenda calavera.
El susto solo hace que la borrachera y la calentura desaparezca y volviendo a la realidad,
empiezan a gritar con desespero dejando sus pantalones sucios de excremento y orina. Al
instante, María la Larga los cuelga en lo alto de los árboles o en la cruz de la iglesia y
desaparece en el cielo, dejándolos a su suerte en medio del cementerio.

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