Reg 02
Reg 02
REGIÓN DE ANTOFAGASTA
En torno a la naturaleza
Donde no hay nombre para darle al lugar, porque no ha pasado nadie para nombrarlo, o no existe otro lugar
para que sirva nominarlo, ha reinado el silencio siempre. El oído, si existiera, detectaría el susurro de piedras
rodadas por el viento, o el crujido lejano y perezoso de la sal horneada por el sol. La piel, si existiera, sentiría el
calor aplastante y la mordida de su contraparte, por la noche. El ojo vería un azul ardiente que tiene, como
negativo, cerros como los huesos quemados de la tierra. A este lugar se le conoce sólo por un nombre: “la
pampa”.
Por imposible que parezca, la pampa termina. Bajando con el sol a nuestra derecha, caemos repentinamente
entre los cerros para encontrarnos frente a lo más irreal: agua en todo el horizonte. Aquí, la franja litoral es tan
estrecha, que es casi imposible no mojarse los pies y la temperatura, moderada por el mar, nos brinda la
oportunidad de recorrer las pequeñas caletas y playas musicalmente tocadas por los espumosos dedos de las
olas, las mismas que bombardean las fachadas de roca que, en ocasiones, presenta la tierra, las mismas que
esculpieron la Portada de Antofagasta.
Luego, con ánimos de explorar el interior, nos trasladamos siguiendo la herradura alargada que proyecta el río
Loa. El viaje resulta duro porque, después de la pared de la cordillera de la Costa, hay una extensa subida
gradual atravesando la pampa y, poco a poco, van sumándose los efectos de la altura. Es un alivio entonces
llegar a la precordillera, donde aparece algo de vegetación y se aprecian los distintos tipos de camélidos que
habitan la zona y, a veces, los flamencos planeando sobre salares como nubes en descanso. De la misma sal,
revelada grano por grano por el tiempo, germina el Valle de la Luna y los ocasos que peinan la tierra con
colores que sólo pueden existir en una escala cordillerana.
Ésta es una zona que demuestra en forma acentuada el contraste entre el crecimiento explosivo de la época
industrial y los procesos anteriores de invasión, adopción y asimilación. Es tan segura la existencia de
descendientes de aquellos que fundaron las ciudades que hoy dominan la región, como la de restos
arqueológicos de diversos pueblos con una antigüedad hasta cien veces mayor.
Hace 11.000 años, junto con la retirada de los hielos de la última época glacial de Atacama, llegaron los
primeros cazadores. Aparecieron "entre la alta puna y los cielos azules... los únicos, como los elegidos por sus
dioses”,(1) cazando antiguas vicuñas y guanacos y viviendo bajo la roca, avanzaron por las etapas evolutivas
casi universales: construcción de campamentos al aire libre, recolección de vegetales, domesticación de
animales, intercambio con otros pueblos (en este caso los changos de la costa), hasta recibir, hace casi dos mil
años, influencias más lejanas. La cultura de Tiahuanaco, en las cercanías de La Paz, Bolivia, introdujo
costumbres religioso-sociales como jerarquías chamanísticas y el uso de alucinógenos en las ceremonias. Pero
los comienzos del milenio trajeron consigo la competencia territorial Inca y la decadencia de Tiahuanaco. El
nuevo régimen político-religioso instalado llevaba menos de cien veranos cuando se impusieron los españoles.
Tal vez fue la coyuntura de la cultura atacameña, identificada con los dominios de Tiahuanaco y Cuzco, lo que
les llevó a defenderse con tanta fuerza contra los conquistadores, pero la reyerta terminó con la derrota del
pukará de Quitor, en 1540, inaugurando dos siglos y medio de imperio español, por el cual los pueblos
atacameños fueron evangelizados y sujetos a la voluntad de corregidores hispánicos.
La independencia de España, en 1825, vio el territorio incorporado a Bolivia, bajo la administración de Potosí.
Simón Bolívar nombró a Cobija -desde tiempos precolombinos caleta asociada con los pueblos atacameños-
como puerto principal de la provincia, pero la difícil ubicación, además de terremotos y fiebre amarilla, hicieron
que su objetivo nunca se cumpliera.
1
Núñez, 1992.
1
2
En 1866, el descubrimiento de salitre en el Salar del Carmen, por el cateador chileno José Santos Ossa,
estimuló la fundación y el crecimiento del puerto de Antofagasta, junto con las primeras oficinas del cantón
central. Al mismo tiempo, comenzó a producir la importante mina de plata de Caracoles. En 1873, vino la
inauguración del primer ferrocarril de la actual región, construido por el Antofagasta Nitrate and Railway
Company, que conectó la oficina Salar del Carmen con la costa. A través de la doble cinta de fierro, se aceleró
la interacción entre puerto y pampa como fenómenos humanos. Esto también impactó a los pueblos de la
precordillera, reemplazando mucho de la arriería de la zona.
En este territorio, la Guerra del Pacífico resultó un conflicto menos costoso para Chile que en la actual I Región.
Las fuerzas chilenas desembarcaron en Antofagasta el 14 de febrero del 1879, ocupando rápidamente
Mejillones y Caracoles -mina que financió la misma guerra contra Perú y una gran parte del subsiguiente
desarrollo regional-, encontrando mayor resistencia en Calama. En ese entonces, Bolivia, mediante un tratado
secreto, cedió parte del territorio ocupado -la Puna de Atacama- a Argentina y el límite actual fue definido con
arbitraje de Estados Unidos en 1899.
La introducción del proceso Shanks a la producción del salitre puro del caliche extraído de la pampa,(2) dio
origen a una nueva generación de oficinas salitreras. En vez de las oficinas de paradas o de máquinas,(3)
aparece el pueblo salitrero, asentado y estable, dando lugar a una cultura comunitaria determinada por las
duras condiciones de la vida pampina. Crecen los puertos vinculados al comercio del salitre y la particular forma
de asentamiento de la pampa evolucionó como agrupaciones de ‘oficinas’ relativamente autónomas, cantones
con su correspondiente puerto y sistema ferroviario. Los de la II Región y sus puertos eran El Toco (Tocopilla),
Central (Antofagasta, Mejillones), Aguas Blancas (Caleta Coloso) y Taltal (Taltal).(4)
Durante la I Guerra Mundial, Alemania introdujo el salitre sintético con graves consecuencias para la demanda
del salitre natural local, obligando a desplazar el balance de la economía pampina hacia el cobre. En la misma
década, los Guggenheim obtuvieron los derechos de explotación de Chuquicamata, introduciendo el proceso
Jackling de extracción de cobre. Junto con la ciudad de Calama, el núcleo de la riqueza regional y nacional
alcanzó tal trascendencia que definió una relación de la región con el país y el mundo, aún vigente.
La primera oficina con el nuevo proceso Guggenheim se construyó en 1925,(5) en María Elena, inaugurando
una época de pueblos salitreros más grandes y con mayor proyección. Algunos alcanzaron a tener funciones
culturales más desarrolladas y salas de teatro. En la década siguiente, se abandonaron muchos pueblos
Shanks que hoy son patrimonio nacional.
A pesar de que los puertos de Taltal y Tocopilla también se vincularon con la industria salitrera por sus propios
ferrocarriles, Antofagasta mantuvo su lugar como primer puerto de la región por una diferencia de 67 milímetros,
ya que los Guggenheim no pudieron llevar su producción de cobre, por el ramal proyectado por su propio
Ferrocarril de Tocopilla al Toco, por un desfase entre la trocha de éste y la que debía tener toda nueva vía férrea
en el norte, por insistencia del Estado.(6) Mientras el ferrocarril continúa con la misma trocha y con las mismas
locomotoras de aquella época (siendo un patrimonio rodante, posiblemente sin par en el mundo), Antofagasta,
con el importante tráfico de cobre, ha seguido creciendo y atrayendo inversiones e inmigraciones nacionales y
extranjeras.
Junto con Antofagasta creció su puerto hermano de Mejillones. Al principio, para servir a oficinas salitreras de
sus alrededores pero luego, después de pasar a dominar por decreto el Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia en
1904, se hizo receptor del tráfico de desborde del puerto mayor.(7) El mismo ferrocarril contribuyó al crecimiento
2
En general, el procesamiento del caliche consiste en varias etapas de chancado, filtración, lixiviación y cristalización. El proceso Shanks
producía una concentración de entre 55% y 75% de salitre, mientras el de Guggenheim, la innovación del químico Cappelen Smith de la
empresa de aquel nombre, produce un 90%. Binns, 1995.
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Las primeras plantas de extracción del caliche eran ‘asentamientos’ temporales que, en la medida en que se iba agotando el caliche en la
ubicación original, se corrían de un punto a otro. El mineral se entregaba para venta en una oficina central al sitio – dando origen al nombre
de ‘oficina’, por el cual se conocen los pueblos salitreros. Estas eran las oficinas de paradas. El próximo desarrollo fue la planta de
maquinaria que, por su mayor tamaño y complejidad, requirió la instalación de un asentamiento propiamente tal – la oficina de máquinas.
4
Garcés, 1987.
5
Ver nota anterior sobre procesos de producción del salitre.
6
Binns, 1995.
7
Blakemore, 1990.
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de la ciudad con el asentamiento de su maestranza principal en ella. Sin embargo, esta fuente de actividad se
trasladó a Antofagasta en 1980, dejando a Mejillones sólo con sus funciones marítimas: como puerto, caleta y
playa.
La región de Antofagasta es la que más superficie tiene en el país -126.444 kilómetros cuadrados-, pese a lo
cual su población, de 449.776 habitantes, es de las más bajas del país.(8) La densidad poblacional también es
menor que en las zonas rurales del país,(9) indicando que gran parte de la región está despoblada, puesto que
casi toda la población se concentra en algunas ciudades y más de la mitad vive en la ciudad de Antofagasta. (10)
En gran medida, esta distribución de debe a que las fuentes de empleo, aunque importantes, son relativamente
escasas y se encuentran muy localizadas.
El ínfimo porcentaje de población “rural”(11) tiene relación con las dificultades intrínsecas del asentamiento en
las zonas desérticas y con los procesos de concentración de las industrias en unidades más grandes y
eficientes. La excepción es la provincia del Loa, donde existen los únicos sectores de ruralidad propiamente tal,
pertenecientes a la parte precordillerana.
Las cifras de género expresan bien los dos tipos de asentamiento fuera de las ciudades principales, existiendo,
en algunas partes, un desequilibrio de sexo muy marcado.(12) Esto describe un tipo de asentamiento cuyas
funciones se limitan a las actividades relacionadas con un empleo específico y tradicionalmente masculino; en
general, la minería, ferrocarriles o industrias asociadas. Estas industrias, en particular la minería, tienden a
producir una forma de asentamiento provisoria, que no necesita de la presencia de muchas mujeres, niños, o
ancianos. Incluso, en dos localidades de carácter urbano, Mejillones y Taltal, la población femenina es
significativamente menor que el promedio regional.(13) Sin embargo, en la provincia del Loa y pese al alto índice
de masculinidad en Ollagüe, la población rural está mucho más equilibrada, lo cual refleja que los pueblos
precordilleranos presentan una población en gran parte indígena, porque el patrón de permanencia tiene larga
historia y una estabilidad vinculadas, principalmente, a la actividad agrícola.
Desafortunadamente, las cifras disponibles de etnia del último censo no incluyen como opción ‘atacameño’.
Entonces, es posible que los pertenecientes a ese grupo étnico se hayan registrado o como ‘aimará’ o
categorías de etnias no cubiertas.
La explotación de minas emplea la mayor parte de las personas que trabajan en el sector primario, más del
doble que la fuerza de trabajo aplicada en la agricultura y pesca.(14) Sin embargo, en este sector labora un
porcentaje menor que en la III Región,(15) diferencia que se relaciona con la concentración de la actividad en
pocos sitios de alta eficiencia, en la II Región, mientras que en la III existe una cantidad mayor de pequeña y
mediana minería.(16) El empleo en la Región de Antofagasta se inclina hacia las actividades que se desarrollan
en la capital regional, tales como la construcción, manufactura, servicios y comercio.(17)
La influencia del desarrollo de industrias como la minería también se nota en el buen nivel de educación y el
8
INE, 1992.
9
La densidad de la población es 3,6 habitantes por kilómetros cuadrados, y por ejemplo, en la Región del Maule es 29,3 habitantes por
kilómetro cuadrado. Ídem.
10
Alrededor del 55% de la población total se concentra en la comuna de Antofagasta. Ídem.
11
2,2% de la población de la región vive en zonas rurales. Ídem.
12
Por ejemplo, en Sierra Gorda las mujeres conforman el 28% de la población y en Ollagüe el 32%. La misma cifra para la población no
urbana de la comuna de Antofagasta es aún menor, el 2,7%. Ídem.
13
Los porcentajes de mujeres son el 43,2% y el 45,3% respectivamente. Ídem.
14
Ídem.
15
En 1992, el sector primario empleaba el 17% de la fuerza de trabajo en la Región de Antofagasta (12% en relación con la minería) y el
30% en la de Atacama. Ídem.
16
"De 1.200 medianos y pequeños productores mineros en 1990, hoy sólo hay ocho." Vargas, 1999.
17
Manufactura 10%, construcción 13%, servicios comunales 24%, comercio 16%. Ídem.
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18
ingreso medio de la fuerza de trabajo,( ) aunque este nivel no se distribuye entre toda la población. Por
ejemplo, el ingreso promedio per cápita es significativamente mayor en Antofagasta y Calama que en San
Pedro de Atacama. Además, en los puertos menores de Taltal y Tocopilla, la pobreza afecta a un porcentaje de
la población bastante más alto que en las dos ciudades principales,(19) encontrándose diferencias, aún más
marcadas, en la educación. El nivel de estudios en las comunas más industrializadas, es decir, las dos ciudades
más pobladas y María Elena, es alrededor de nueve años, mientras en las otras, siete es lo más común; en San
Pedro de Atacama, en cambio, el promedio es sólo de cuatro años.
Hemos recorrido brevemente la Región de Antofagasta en el espacio y el tiempo e iniciamos, con estas pocas
cifras, nuestra búsqueda entre las múltiples dimensiones del mundo actual. El próximo capítulo intentará otro
acercamiento, una exploración de ese mundo que intenta un ingreso a la cultura, como preludio a los datos
cartográficos posteriores.
REALIDADES REGIONALES
La división político-administrativa de la región refleja, más que nada, el ir y venir de las industrias mineras hasta
la costa, la época en que todo viaje era de pampa a puerto, donde el recorrido de una semana en tren
reemplazaba al de la Ruta cinco.(20) En aquel entonces, cada cantón se diferenciaba de los otros, pero hoy,
salvo en El Toco, reina un silencio uniforme para todos y la distinción más natural está entre la pampa y la
costa. La única provincia que posiblemente representa una zona con características propias es la del Loa, que
contiene, en forma casi exclusiva, la parte precordillerana y la minería metálica que la distinguen de la pampa
salitrera. Entonces, consideraremos ésta como una de las realidades que divide a las otras dos provincias en
pampa y franja litoral.
La costa
Los primeros chorreos del caliche que bajaron de la pampa desembocaron en el Pacífico, dejando manchas de
asentamiento humano en diversos puntos: Tocopilla, Antofagasta, Mejillones, Taltal, y otros ya olvidados como
Cobija, cuya importancia era mayor a la de Antofagasta, nacieron del improbable matrimonio de la pampa más
seca y el océano más grande, del vínculo de una dependencia mutua que sube y baja con los mercados
minerales mundiales -más que la marea- y con puertos siempre colgados a ellos.
Taltal ha quedado más colgado que todos. En el siglo pasado miraba hacia el sur como frontera de Chile y, a
principios de éste, miraba al norte como límite de la zona salitrera. Hoy sólo contempla el mar y los cerros. Sí, lo
ha visto todo: decenas de embarcaciones que descargaban extraños acentos en sus calles, el cantón que
producía salitre a todo vapor y las constantes subidas y bajadas del Railway. Ahora, unos pocos pesqueros
ocupan el lugar de los veleros y el tren ocupa la plaza con la veterana 59.(21)
Tocopilla, a pesar de quedar sin cobre, del maremoto, aluvión y fiebre amarilla, sigue de pie.(22) La planta
eléctrica que abastece a Chuqui sigue en pie frente al mar, desafiando a las mareas naturales y humanas,
generando continuidad económica para la ciudad. Sin embargo, el sacrificado pueblo industrial de Tocopilla hoy
contempla un cambio de imagen. Por la costa, la pavimentación de la ruta costera lo emplaza en un estratégico
punto del camino turístico a Iquique, creando la esperanza de una nueva ola de influjos, desembarcadero de
buses en vez de barcos.
Antofagasta contiene dos corrientes distintas. Una llega como brisa marítima cargada con influencias foráneas a
esta parte del mundo -británicas, norteamericanas, alemanas-, con una cultura prefabricada de un container
18
56% de la fuerza de trabajo tiene 10 años o más de educación, colocando la región en segundo lugar en todo el país, al igual que en el
ingreso per cápita. Ídem.
19
En Antofagasta y Calama la remuneración promedio por hogar en el 1996 era aproximadamente. 5200 dólares(ajustado según IDM), y
en San Pedro de Atacama aproximadamente 4000 dólares. El porcentaje de la población en condiciones de pobreza en las dos ciudades
grandes es de 24%, mientras en Tocopilla y Taltal los porcentajes alcanzan más del 40 %. MIDEPLAN, 1996.
20
Por ejemplo, la provincia de Tocopilla corresponde aproximadamente al antiguo cantón salitrero del Toco, y la de Antofagasta, a los de
Taltal, Aguas Blancas y Central.
21
El ferrocarril de Taltal siempre fue conocido localmente por su nombre en inglés. The Taltal Railway Company. Barría, 1999.
22
Muñoz, 1996.
4
5
23
adyacente al que trae la maquinaria minera, y que se va de la misma manera. Ésta es la cultura de elite( ) un
ballet de Rusia, una orquesta de Santiago, puestos en escena por el cobre y para el que cobre. Sin embargo, no
sería justo decir que no deja nada más que ‘el hoyo’,(24) ya que la riqueza de su arquitectura, la emblemática
torre reloj de la plaza Colón, la estación del ferrocarril de Antofagasta a Bolivia y otros hitos, son fieles
representantes de su legado, así como la tradición cosmopolita que ha brindado a la ciudad mucho de su color.
Antofagasta no es una ciudad blanqueada de caliche, porque hasta las casas han sido coloreadas con pintura
de barcos.
La otra corriente, vino en sus comienzos, de la cordillera y la pampa, en antiguos cargueros provenientes de
rincones de Europa -relativamente oscuros, entre el Danubio y el Bósforo- y la tierra, igualmente inimaginable,
del sur de Chile. Se instaló en el otro Antofagasta, en la base de la torta, la que dejan los que se llevan la mejor
parte.
Estos son los antofagastinos, si no los verdaderos, los nacidos, la minoría, según dicen los mismos,(25) los que
viven tratando de atrapar las olas cuando sube la marea minera, y recogiendo lo que pueden de los naufragios
cuando baja.
No vivieron siempre así. Hablan de aquella época, antes de 1973, en que era todo un movimiento. Las
universidades, estatales y pujantes, eran centros florecientes de música folklórico, pintura y teatro, entre otras
cosas.(26) Pero, todo eso quedó desmembrado y desvinculado y hoy nos encontramos con una
autodenominada "vieja guardia", tratando de volver a anudar las redes, animar una nueva generación y
reinventar un Antofagasta menos pendiente de aquellas grúas del puerto.(27)
Por supuesto, dentro de aquella nueva producción existe una visión propia. Reconociendo que en la pampa no
hay dónde echar raíces, lo convierten en virtud y le dan vuelta al concepto de la identidad como arraigo,
reemplazándolo con el cambio. Como las antiguas oficinas de paradas, en las que al agotarse el caliche en un
sitio se corría de lugar al 'pueblo', su espacio no era un punto físico (menos mal dicen, pues aquellos faltan),
sino una dinámica, otro proceso para el listado de Shanks, Guggenheim, etc., de dejar el hoyo y arrancarse, de
tener fe en la infinidad de sus recursos creativos y no en ese credo vallecentralino de los ciclos de la vida y la
regeneración. En el desierto, nada crece, todo está construido y lo que no se despoja, muere. Acá las
contrapartes del nacimiento y la muerte son la instalación y el saqueo, tan naturales como aquellas funciones
biológicas en el sur.(28)
El desierto es diferente. En vez de la visión histórica y heroica de las mujeres que se subían a las máquinas de
trenes troperos, en apoyo de los esposos que estaban de huelga, ahora las artes encuentran su referente en la
mujer que se apoya, antes que nada, en sí misma.(29) En el desierto, más que en cualquier otro lugar, es la
gente la que hace la cultura, es ella o el que haga su espacio.
La pampa
El hombre moderno viaja a San Pedro de Atacama, atravesando la pampa, no se satisface con llegar a la
precordillera; ésta parece casi tan inhóspita como el desierto. Así existe Calama. Bajando o subiendo, para el
viajero o minero, Calama es el espejismo que resulta de las distancias engañosas, que permite disfrutar del
roce con la gente antes de seguir o volver. Sin embargo, los que pasan un buen tiempo allí dejan de engañarse,
saben que las distancias están, saben que en otra época también corría la cerveza en Pampa Unión, y que la
23
Reunión Cartografía Cultural, Antofagasta, 1997.
24
Cuando los antofagastinos hablan de que “nos dejan el hoyo”, se refieren a una cultura de extracción y abandono que históricamente ha
caracterizado la región. La manifestación más evidente de esta son los pueblos fantasmas de la pampa y las tortas de ripio que se observan
en numerosos puntos de la carretera entre Antofagasta y Calama. Entrevista a Adriana Zuanic, 1998.
25
Ídem.
26
Ídem.
27
Ídem.
28
Entrevista a Adriana Zuanic, 1998.
29
Ídem.
5
6
30
pampa no respeta nivel social.( ) Pero saben que Calama tiene defensas de cobre.
El viajero que se aburre de pampa, de piedras y cerros, el que jura que no hay nada, absolutamente nada entre
Antofagasta y Calama, no percibe los fantasmas presentes en cada kilómetro de carretera, los calicheros
laborando más allá de cada pedazo de muro que queda de las viejas salitreras, o los que caminan los rieles,
apenas visibles, que de vez en cuando cruzan su camino; ni siquiera aquellos que meditan viendo los fabulosos
colores de la puesta de sol desde algún árido cementerio pampino.
Aquí, donde el afuerino percibe nada, es donde esta región guarda muchos de sus sueños y pesadillas. Hay
que buscar. Ir a un pueblo fantasma de la época Shanks y entre las ruinas de una casa obrera, un viejo zapato
le insinuará que algo más vivo que las piedras existió. En Pedro de Valdivia (población actual: dos habitantes-
un guardia y su perro) y mirando a las casas completas, a la plaza y su estatua y al camión de bomberos, aún
esperando una alarma, sentirá una sensación extraña, una presencia. Y en María Elena, la primera y última
planta Guggenheim, se ve lo que significa vivir en un pueblo condenado por el salitre sintético, por una
fluctuación de algún indicador comercial o, simplemente, por el sol, la aridez y las distancias incesantes, que,
con el tiempo, parecen reducir a todo lo que permanece en la pampa a piedras.
La pampa es para soñar un rato o trabajar una jornada; pero, para vivir se necesita una costumbre muy
especial. No es casual entonces que la cultura pampina haya sido más trabajo de soñadores -escritores,
poetas- y sobrevivientes conjuntos folclóricos y procesiones religiosas sonando un suspiro de vida en las plazas
quemadas de las oficinas salitreras. Sin embargo, el pampino hacía, y sigue haciendo, más que sobrevivir: la
cultura que se extrajo del caliche fue producto de la filtración de las presencias europeas, sureñas y
norteamericanas, cristalizadas en el sol de la pampa, cultura que es objeto del orgullo de todos los que la
vivieron, de los que de alguna manera la crearon y de los que hoy se reúnen para revivirla. “Pampino se es...
para toda la vida”.(31)
No queda más que referirse a una de las obras definitivas de la pampa salitrera: Norte Grande, de Sabella. El
estilo de la novela evoca un panorama de ella esparcidamente poblado de personajes desarraigados,
eternamente buscadores, habitantes de extensos párrafos de metáfora para un horizonte redondo, vacío de
claves visuales, espaciales y temporales: donde no existen estaciones, fue necesario definir un año -como si
fuera otro planeta, la pampa tuvo su propia unidad referencial de tiempo: el año salitrero-.(32)
El interior
No podemos decirle al turista que su visión es falsa, aunque insista en ver el panorama fotogénico de esos
pueblos con sus iglesias encaladas, o esa llama que posa junto a un sonriente pastor atacameño, con volcanes
nevados de fondo. Dentro de muchas realidades, él también posee la suya: alguna de la artesanía vendida en
San Pedro de Atacama viene de otros pueblos de tradición andina -Perú o Ecuador-, porque resulta más barato
importarla que hacerla. Además, para las Fiestas Patrias, hacen bailes chilotes en la plaza y algunos de los
pueblos están desiertos casi todo el año, salvo durante ciertas festividades, cuando la gente baja de los
alrededores para reunirse y celebrar. El resto del año sólo está el cuidador y, de vez en cuando, algún fotógrafo.
Como siempre, los citadinos somos voluntariosos cuando tratamos de ver la precordillera en términos simples.
El interior esconde una realidad mucho más compleja, una mezcla extraña de culturas altiplánicas, mineras,
fronterizas y turísticas, además de otros mundos. Junto a la cueca, suena fuerte la música andina. Junto a las
chompas de Perú, venden artesanía local en cactus o piedra volcánica. Y la religiosidad, desde las fiestas del
Floreamiento del Ganado o la Limpia de Canales, hasta las más humildes salidas a la calle los domingos a
cantar y orar con guitarra y mandolina, desde cultos incaicos al sol hasta los evangélicos.
30
En el pueblo de Pampa Unión, cuyos restos están declarados como monumento nacional, los obreros salitreros buscaban su diversión, la
cual era considerablemente menos culta que aquella que puede ofrecer Calama hoy día: “...Pampa Unión, tierra afiebrada y sedienta / para
que el hombre viviera / su aventura de ser hombre. / Calles, vicio y audacia, / la Etelvina, la Muñeca y la Totué,...” Bahamonde, 1997.
31
Riquelme, 1998.
El mismo artículo describe el ejemplo de la música salitrera: “Mezcla de jazz y foxtrot traído de Estados Unidos, con raíces musicales
europeas y latinoamericanas, este ritmo es el más representativo del repertorio folklórico de la zona.”
32
El año salitrero corría del primero de julio al 30 de junio del año siguiente. Corporación de Ventas de Salitre y Yodo de Chile, 1934.
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Pero, tal vez el contraste más fuerte es el encuentro del arraigo tradicional de los atacameños, su cercanía a la
tierra y la transmisión y reproducción de una cultura milenaria, con el mencionado saqueo de la pampa minera
en el borde de la precordillera con las faldas de las tortas de ripio. Este encuentro se manifiesta tanto en las
vestimentas y el equipamiento de los pueblos precordilleranos, como en el estilo de vida, en las aspiraciones de
los jóvenes al empleo minero-industrial, en el rechazo a la permanencia humilde del campesino a favor del brillo
de la modernidad.(33) El contraste también se percibe en los conflictos históricos entre los mismos dos mundos
sobre las preciosas y escasas aguas de la zona.
A pesar de todo, San Pedro de Atacama, el pueblo donde siempre se han asentado los afuerinos, mantiene
rasgos de una individualidad fuerte. Ahora, frente al influjo turístico, es tentador jugar con los análogos entre
éste y otro de mayor antigüedad, el de Tiahuanaco. ¿Pueden ser conductores de culturas lejanas y potentes los
dueños de agencias de turismo? ¿Pueden estar definiendo otra época que va a dejar sus huellas en el pueblo?
Vamos a ver. Como siempre, la cultura de esta tierra corre muy profunda. El atacameño sabe que la escala de
tiempo del desierto es diferente y que su tierra conserva algo de muchos que llegaron a instalarse durante los
últimos tantos milenios. En eso, por lo menos, estarían de acuerdo, las antiguas compañías salitreras.
33
Núñez, 1992.
7
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RELEVAMIENTO DE LAS PRÁCTICAS CULTURALES
En comparación con las otras regiones del norte, la de Antofagasta entregó menos registros. Sin embargo,
éstos representan un 2,6% del total nacional, lo que se acerca al porcentaje de la población nacional que tiene
la región. Además, los 1,4 datos por mil habitantes la coloca en el noveno lugar en el país. Los que forman
parte de la creación artística equivalen al 40% de los registros, y se ubican en las dos ciudades principales,
Antofagasta y Calama, sus alrededores y el resto de la franja costera. El abandono de la pampa es casi total -
las comunas pampinas de Sierra Gorda y María Elena concentran no más de 10 registros en todos los acápites,
lo que explica el despoblamiento de la zona-.
De la porción de datos que pertenecen a creación artística, un 42% proviene de la música (docta 7%, folklórico
o de raíz folklórico 22%, popular 13%), un 29% de las artes visuales y audiovisuales (artesanía 18%), mientras
el teatro y la literatura componen, cada uno, el 12%. Disgregando los datos de otra manera, se encuentra que el
número de creadores individuales inscritos en la región equivale al 23% del total de los registros, las
agrupaciones o compañías al 17%, y las diversas instancias de la institucionalidad forman el 31%. La pirámide
se ve invertida: hay más instituciones y las agrupaciones son tan numerosas como los individuos. Del bajo
número de inscripciones en acápites, tales como pintores, escultores, escritores e intérpretes musicales, se
infiere la falta de individuos sobre la cantidad de instituciones.
Es interesante destacar también que muchas agrupaciones están asociadas de, alguna manera, con diversas
instituciones. Una posible interpretación de ello se debe a que resulta necesaria la creación en forma colectiva y
patrocinada para lograr estabilidad y recursos en el ambiente de desvinculación percibido en la ciudad de
Antofagasta. Además, el tener conexión institucional facilita la inscripción en la Cartografía, pues desvinculación
tiende a hacer menos visible al cultor individual.
Una mirada más detallada de la información cualitativa revela cierta dificultad en establecer una actividad
cultural dentro de la realidad económica de la región, con sus fuertes cambios de fortuna, a menudo
dependiente de inversiones extranjeras.(34) Gran parte de la producción cultural depende de diversas
instituciones para poder ‘bajar el ancla’ y establecerse, y la falta de espacios es un problema recurrente.
Aunque no sea con la misma fuerza que antes de 1973, las universidades siguen siendo importantes actores en
la producción cultural de Antofagasta, apoyando o realizando actividades en la música, el teatro, la danza y
otras áreas. Las corporaciones culturales de la ciudad de Antofagasta, y en los últimos años la de Calama, han
sido significativas en la instalación de una parte importante de la producción cultural, incluyendo aquellas que,
por motivos económicos, resultan dificultosas para otras formas de gestión. Entre las numerosas agrupaciones
sin apoyo institucional, la autogestión es la opción más factible, aunque significa poca estabilidad, pues, con
frecuencia, la posibilidad de conseguir recursos depende de las fluctuaciones económicas, que siempre
determinan el ritmo en la región.
Otro efecto importante, manifestado en datos de antigüedad, es el llamado ‘apagón cultural’ que repercutió
entre los años 1973 y 1989. En comparación a otros períodos, decrece el inicio de las actividades por parte de
actores culturales, mientras que en el sector bibliotecario estas cifras aumentan.
En el arte, al igual que en el proceso de asentamiento, la minería también arrastra la desigualdad entre hombre
y mujer. En los acápites de creación individual, un 39% de mujeres creadoras ya parece desequilibrado, pero
este balance baja al 25% al no incluir a los artesanos. Esto se debe a que, a raíz del rol económico de la mujer,
que en la artesanía suele ser el de complementar el ingreso agrícola o minero de los hombres del hogar, tiene
alternativas muy limitadas. En otras áreas, es más típica la creadora que toma el arte como vocación, siendo
secundario el motivo económico.
El pasado deja fuertes huellas: en la precordillera se manifiesta en sus tradiciones heredadas de tiempos
precristianos y en los restos de períodos de historia que sólo el desierto conserva con tanta perfección. En la
pampa y la costa, donde el olvido persigue a pocos pasos, el pasado se delata en el forado dejado por
cazadores de fortunas mineras, en las instalaciones portuarias, mineras y ferroviarias en desuso y en la
memoria de los que vivieron aquellas épocas, doradas hoy por el sol más suave de sus recuerdos.
Resulta difícil analizar los datos, según las zonas culturales anteriormente descritas, pues, en algunos casos,
34
Resulta difícil, “consolidar procesos culturales específicos... por el síndrome característico de la dinámica que impone la minería con sus
altibajos” Reunión Cartografía Cultural de Chile, Antofagasta, 1998.
8
9
los límites comunales atraviesan más de una de ellas. Por ejemplo, las comunas de Antofagasta y Taltal
incluyen costa y pampa, y Calama, pampa y precordillera. Entonces, a continuación, se resume la distribución
espacial de los registros en base a los límites provinciales.
La parte más débil del registro es la provincia de Tocopilla. En la ciudad, los datos son insuficientes para formar
una imagen clara de la actividad que se supone existe y en María Elena se recogió aún menos. Se especula
que la baja entrega puede deberse a las mismas dificultades económicas que provocaron el abandono de Pedro
de Valdivia.
En la provincia del Loa, la comuna de Calama rindió una mejor cosecha debido, en gran parte, a una buena
llegada a las comunidades rurales que aportaron variados datos a los acápites de la artesanía y las fiestas
religiosas. De hecho, estos mismos datos describen detalladamente el contraste con el resto de la región, en
cuanto a la existencia de un mundo rural ausente en otras partes. En los últimos años, la ciudad principal ha
mostrado un esfuerzo por instalar una creación artística más docta, como en los casos de la música y la danza.
Mejillones y Taltal siguen el patrón típico de las ciudades pequeñas y aisladas del norte, con una amplia
variedad de actores culturales, como característica del aislamiento que produce la autonomía, que a su vez
tiende a generar redes intracomunales más fuertes. En este sentido, Taltal muestra rasgos que lo identifican
como zona de transición hacia la Región de Atacama, con la que comparte el mismo carácter. Mejillones
también tiene cierta diversidad de creadores, con algunos casos vinculados con Antofagasta (por ejemplo en el
teatro, actividad para la cual Mejillones no tenía espacio hasta hace poco). Esto puede ser una consecuencia de
la dificultad de vivir de la creación artística en la gran ciudad, debido a su alto costo de vida; ciudad que, sin
embargo, sigue siendo el consumidor principal de la cultura.
Música
La música docta en la II Región repite el patrón típico de concentración en las urbes grandes, principalmente
en Antofagasta. En Calama, esta actividad tiene pocos años de antigüedad -sólo de tres en el caso de la
Orquesta Sinfónica-, y está ligada a la Corporación Cultural de la ciudad.
En la capital regional, de las tres universidades, sólo la Católica del Norte registró producción vigente, con el
Coro Polifónico y la Orquesta de Cámara. De hecho, aparte de aquella orquesta, de origen reciente, las demás
agrupaciones en Antofagasta nacieron antes de 1973. Junto a los datos de antigüedad disponibles en el acápite
de escuelas y talleres de música, estos registros prestan cierta credibilidad a la percepción de una reducción en
la actividad durante el gobierno que asumió en ese año.(36)
En la música folklórica y de raíz folklórica, se aprecia una tendencia típica del norte, donde la mayor
concentración de creadores, de este tipo de música, se encuentra en los centros urbanos (los registros de
Calama tienen direcciones casi exclusivamente de la parte urbana de la comuna, no de los varios pueblos del
sector precordillerano). Esta distribución, en gran medida obligada por la geografía de la región, sugiere un rol
particular de esta música en la zona. Se podría entender como la búsqueda de un arraigo, siempre ausente en
el desierto, o una mirada hacia los lejanos orígenes del altiplano, precordillera o valle central. En vez de ser
transmitida, de generación en generación, como elemento identificador de un pueblo más estático, los registros
sugieren una música recreada (el autodidactismo es casi universal; existe poca transmisión por familiares o
35
Reunión Cartografía Cultural de Chile, Antofagasta, 1998.
36
De estos últimos, existen dos de 25 años o más, y otros dos de seis o menos. Los demás no registraron antigüedad.
9
10
37 38
maestros).( ) Para evocar raíces arrancadas en el seguimiento de la riqueza minera,( ) encontramos nombres
tales como Licantan Ray, Los Copihues, Pacha Intihuaia y los omnipresentes clubes de cueca. También
aparecen vestigios de la música que se creó alrededor de la misma minería salitrera, que prosigue a través de
estudiantinas como la Salitrera y la Magisterio.(39)
La mayoría de las agrupaciones de música folklórica llevan corto tiempo tocando, alrededor de 10 años o
menos y los de mayor antigüedad, en general, pertenecen a instituciones como universidades, liceos etcétera.
De éstas últimas surgieron algunas, durante los primeros años del gobierno militar, como una forma de
extensión musical más económica, frente a las dificultades en la producción de la música docta de aquella
época.
En la música popular internacional, lo más notorio es la escasez de datos, sobre todo en Antofagasta, donde
se esperaría encontrar más variedad, ya que es una ciudad con población alta y con mucha influencia
norteamericana y europea. La falta más marcada es de bandas de rock, a pesar de la existencia conocida de
varias.(40) Es posible que haya cierta volatilidad en la música popular, que las agrupaciones emerjan y
desaparezcan en corto tiempo como para estar inscritos en la Cartografía, pero también cabe la explicación de
que hayan sido parte del mundo ‘subterráneo’ de Antofagasta antes señalado y que, por lo tanto, no existió el
conocimiento o interés hacia el proyecto.
Es interesante que, en todos los tipos de música, hay más agrupaciones (cerca de una de cada cuatro) ligadas
a instituciones, reflejando fuertemente el efecto mencionado de la necesidad de vincularse con un grupo o
institución.
El registro más completo de la artesanía en la región se realizó en la comuna de Calama, donde la mayoría de
los artesanos se ubica en los pueblos del interior.(41) En esta comuna, los datos recogidos indican un cambio
importante en el carácter de la artesanía producida. Tradicionalmente ésta ha sido textilería en lana de llama,
alpaca u oveja, hecha por mujeres como actividad económica complementaria al empleo agrícola o minero de
los hombres. Toda la artesanía en lana registrada está realizada por mujeres, de las cuales, todas menos una,
citan la transmisión familiar como forma de aprendizaje. Sin embargo, sólo cuatro de ellas llevan menos de 20
años en el oficio, clara señal de una tradición en declive. La amplia gama de textilería de otros países, ofrecida
en ferias cercanas como la de San Pedro de Atacama sugiere la razón: importaciones más baratas. Ahora, el
material más trabajado por las pocas mujeres jóvenes (o de menor antigüedad) es el cuero, posiblemente para
venta en el mercado turístico. Si esta última hipótesis resultara acertada, la producción artesanal ya no tendría
como motivo la utilidad para la propia comunidad, perdiendo una característica que tradicionalmente la define.
Además del bajo registro, derivado de la diferenciación laboral mencionada, existe una diferenciación en el uso
de materiales con respecto a los hombres, quienes trabajan en cactus, piedra o barro, con el uso relativamente
reciente -y urbano- del cobre.
Sorprendente es la ausencia de artesanos inscritos en San Pedro de Atacama, cuya única representación es
una agrupación artesanal en el pueblo mismo. Al estar emplazado en una zona muy apartada, en Ollagüe son
comprensibles las dificultades de inscripción por las dificultades de acceso.
La ciudad de Antofagasta ofrece 11 talleres de pintura que trabajan con amplia variedad de técnicas y estilos,
aunque la mayoría son particulares. Por otra parte, y dado que la mayor parte de los pintores se enmarcan en
el estilo no figurativo, se extraña la presencia de figurativos -sólo dos se inscribieron en la ciudad.-
37
De un subtotal de 21 agrupaciones citando su origen de aprendizaje, 18 se declaran autodidactas: sólo dos aprendieron por transmisión
familiar.
38
Revista Vistazos, 1999.
39
Ídem.
40
Se conoce la existencia de “15 bandas de rock” en la ciudad. Reunión Cartografía Cultural de Chile, Antofagasta, 1998; ejemplos
específicos aparecen en la revista PreTexto, 1998.
41
De 34 artesanos inscritos en la comuna de Calama, 18 se ubican en Chiu Chiu, seis en Caspana y cuatro en Ayquina, dejando un
máximo de seis en la ciudad principal.
10
11
Como es difícil vivir de la pintura en la región, la mayor parte de los pintores tiene otro oficio o viven de la
actividad docente. Como excepción, se conoce el caso de un pintor que se dedica a realizar retratos y que logra
vivir de sus creaciones.(42)
El éxito nacional de obras de teatro, tales como La Reina Isabel Cantaba Rancheras y Sebastopol, ha
producido un nexo importante entre la tradición teatral del país y el capítulo clave en la historia regional, el del
salitre.(43) Hoy, gran parte de la producción se concentra en Antofagasta, donde la actividad teatral tiene un
trayecto notoriamente más largo que el vigente en el resto de la región. De las siete compañías de teatro
inscritas en la ciudad, seis tienen una antigüedad de 20 años o más, dato similar al de los talleres teatrales.
Esta cuidad no se vio ajena al ya mencionado fenómeno del apagón cultural: pocas compañías o talleres
germinaron entre los primeros años de los años 70 y el comienzo de esta década,(44) lo que no quiere decir que
el teatro de la región haya quedado en el pasado. Los datos de antigüedad muestran una nueva generación de
compañías, talleres e individuos que, según registros más cualitativos, están dedicadas a la producción de esta
actividad a pesar de las dificultades.(45)
El reclamo frecuente es la falta de espacios. Sólo existen dos salas de teatro en Antofagasta: la de la
Municipalidad y la de la Universidad de Antofagasta que deben servir a las distintas compañías. Asimismo,
ciertos grupos de Mejillones, indicados en la tabla Nº 3, han tenido que compartir los mismos escenarios,
aunque ahora cuentan con una sala de teatro en la ciudad. Sin embargo, la producción teatral no se presenta
exclusivamente en Antofagasta, porque las ciudades pequeñas también reciben algunas obras itinerantes que
emanan de la capital regional(46) y generan actividades propias: en Calama (en dos de los liceos) y en Taltal.
La danza puede tener muchos motivos -recreativos, rituales, o como parte de otro tipo de creación escénica-, lo
cual explica el fenómeno que se repite en casi todas las regiones: un bajo número de bailarines y compañías de
danza inscritos, en comparación con la cantidad de talleres y escuelas. Esto sugiere que la formación
coreográfica no tiene como fin la creación artística de la danza, sino que se considera como parte de una
preparación.
La danza artística sólo se registró en Antofagasta y Calama, manifestando una diferenciación en el papel que
cumple este arte en ciudad y pueblo. En las zonas precordilleranas, es de carácter fundamentalmente ritual o
litúrgico, mientras que en las ciudades la expresión dominante es la artística (si bien no se recibieron datos de
las agrupaciones de bailes religiosos presentes en ellas, en muchos casos sus actividades son concretadas
fuera de la ciudad, por ejemplo: la Federación de La Tirana de Antofagasta).
Casi todas las escuelas y talleres de danza pertenecen a instituciones como universidades, liceos o
corporaciones culturales, ofreciendo una variedad de estilos -folklórico, contemporáneo, clásico- que incluye a la
danza pampina, con la que mantienen viva una tradición propia de la región.
Que una zona como la de Antofagasta, con una tradición literaria connotada, tenga sólo 26 escritores inscritos
puede parecer poco representativo si tomamos en cuenta a las regiones vecinas que registraron más de 60,
cada una. La explicación puede relacionarse con el vínculo entre creador y Estado, raíz histórica regional que
42
Márinov, 1999.
43
Este capítulo de la historia de la región se conmemora en el nombre de por lo menos una compañía de teatro, la Compañía del Salitre.
44
Los totales de estos acápites sumados son: hasta 1974, ocho; de 1975 a 1988, tres; de 1989 a 1996, ocho.
45
Dice un joven actor y director de Antofagasta: “El teatro antofagastino ya no es la misma vieja menopáusica que antes... quiere recobrar
el estilo vital que siempre lo caracterizó”. Otra productora de la generación de los noventa manifiesta una disposición a enfrentar “lo difícil
que resulta emprender iniciativas culturales de buen nivel.” Jara, 1998.
Un solo grupo universitario, es profesional, los demás se mantienen por autogestión o por complementar ingresos con otros trabajos.
Márinov, 1998.
46
“...no solamente hacemos teatro para nuestro Antofagasta, sino que hacemos teatro para las regiones, para los pueblos costeros de
Taltal, Tocopilla, para los del interior de Calama...” Reunión Cartografía Cultural de Chile, Antofagasta, 1997.
11
12
47
tiene su base en el movimiento obrero( ) y en la oposición al gobierno militar, posible detonador del alejamiento
del proyecto por parte de muchos escritores.(48) De los pocos que entregaron el dato de antigüedad, todos
llevan ocho años o menos como tal, lo que los enmarcaría como parte de una generación posterior.
Al igual que en la pintura, la mayoría de los escritores se apoyan económicamente en otros oficios: un sólo
escritor vive de sus obras, gracias a la trascendencia nacional lograda.(49)
Manifestaciones colectivas
Debido a la escasez de población y actividad en la pampa, es lógico que casi todas las festividades religiosas
de la región se realicen en las zonas precordilleranas de la provincia del Loa, lugar donde antiguamente se
realizaban festividades de diversa índole. A diferencia de la I Región, no se han mantenido celebraciones en la
parte desértica de la región de Antofagasta, aparte de la ciudad de Chuquicamata que próximamente será
desocupada. Por lo general, las festividades se realizan en pueblos al interior de Calama y de la comuna de
San Pedro de Atacama, siendo las más típicas las de Limpia de Canales y Floreamiento del Ganado,
tradiciones derivadas de prácticas agrícolas precolombinas, junto a otras que veneran a la fe católica. Al igual
que en toda la costa del país, los pescadores mantienen su fiesta de San Pedro.
Tal vez el dato más revelador sea la antigüedad de algunas festividades. De éstas, el 41% tiene 500 años, cifra
que hace una referencia clara al sincretismo de las festividades posteriores a la invasión española, momento de
encuentro entre los mundos pagano y católico del imaginario popular. Igualmente interesante es el 36% que
registró una antigüedad de cien años. Siguiendo la misma línea de análisis, la época de fines del siglo XIX
representa, en forma aproximada, otro hito en la memoria colectiva del pueblo, es decir, la ola de mestizaje que
llegó con el auge de las salitreras. En aquel entonces, de la precordillera bajaron muchos hombres atacameños
para trabajar en la pampa, llevando sus tradiciones al mundo de la minería, “re-creando” sus festividades en un
nuevo entorno cargado de influencias y, luego, volvieron a sus pueblos con lo aprehendido. Entonces, al
parecer, las antigüedades de 100 y 500 años representan los puntos de ruptura o de cambio significativo en la
historia oral de la zona.
En cuanto a los bailes religiosos, la federación de bailes religiosos de Antofagasta, es la única que posee la
característica de no definirse por peregrinaje a algún santuario determinado (por ejemplo La Tirana, o Ayquina),
sino que pertenece al territorio de la arquidiócesis de Antofagasta. "Esta situación anómala es provocada por el
arzobispo, que desea centrar las organizaciones de bailes religiosos en la(s) sede(s) diocesana(s), en vez de
los santuarios".(50) Esta ambigüedad de pertenencia, puede interpretarse como síntoma de que aún existen
temas que resolver entre la tradición católica eclesial y el sincretismo de aquellas festividades para las cuales
se desarrollan estos bailes.
Los encuentros culturales estables que se muestran en el mapa Nº 8 son: Calama: un encuentro atacameño
(en el pueblo de Caspana) y una Feria del Libro; Taltal: la Muestra Industrial, Gastronómica y Artesanal;
Antofagasta: dos muestras audiovisuales (en los lugares precisos donde trabajan los dos audiovisualistas
inscritos en la región), un encuentro literario, otro gastronómico y una escuela de temporada.
47
Entre los primeros espacios accesibles a la poesía de los hombres la pampa estaba, por ejemplo, el periódico obrero El Trabajo de
Tocopilla, al cual alude Sabella en Norte Grande.
48
Ver también la referencia a Iquique en el mismo acápite en la Región de Tarapacá.
49
Márinov, 1998.
50
Van Kessel, 1987.
12
13
PATRIMONIO E INSTITUCIONALIDAD
Los objetos y sitios que se incluyen en monumentos nacionales y patrimonio local, muestran una estrecha
correspondencia con las realidades regionales antes descritas. En Antofagasta y la costa son de carácter
urbanístico, portuario o ferroviario; en la pampa, la mayoría tiene como origen la industria salitrera y en la
precordillera, las dos vertientes principales del patrimonio son la arqueológica y la indígena, con sus conocidas
iglesias.
La dificultad percibida con el patrimonio de la región es su conservación, problema que tiene sus raíces en el
“deterioro de la identidad cultural de los pueblos de origen indígena caracterizada en su pérdida de
autorrespeto,” el “turismo irracional que provoca pérdidas irreparables”,(51) y la falta de normas como catalizador
del surgimiento de “empresarios oportunistas cuya oferta se basa en la ‘explotación’ del encanto de su paisaje y
los monumentos que las rodean”.(52)
Las orientaciones principales de los museos públicos de la región son la antropología, la arqueología, y la
historia social. No existe todavía un museo dedicado a, por ejemplo, las industrias mineras, ya que es posible
que su presencia actual sea tal que su pasado no logra consagrarse como historia.
En esta región, sólo Antofagasta entregó datos de monumentos conmemorativos, los que, en algunos casos,
reflejan aspectos de la identidad local. Por ejemplo, de los que tienen como tema los conflictos bélicos, siete
conmemoran las guerras fronterizas en que la región era zona clave y sólo tres la Guerra de Independencia. Sin
embargo, la patria está bien representada entre los diez monumentos de tipo simbólico, junto al mar, la mujer y
el minero. Las otras nacionalidades que contribuyeron a la fundación y desarrollo de Antofagasta -croata,
griega, italiana- se manifiestan en los personajes honrados.
Como ya se ha señalado, las instituciones juegan un papel importante en la Región de Antofagasta. Las que
ejercen mayor influencia son las grandes empresas -principalmente las mineras-, realidad a la cual la cultura se
ha debido adaptar.(53) Existen ciertas posibilidades para conseguir auspicio, sobre todo para los grupos
autogestionados y bien organizados, pero para ello, es necesario comprometerse con las políticas de las
empresas: “dan dinero pero lo dan condicionado”,(54) o con la cultura del marqueteo: “Tienes que insistir,
hacerte una imagen...”.(55)
Las universidades, principales promotoras de la cultura, antes de 1973, siguen siendo importantes en la
producción de teatro, música y danza. Ahora, su modo de funcionar es distinto: “... las universidades hoy día
están jugando un rol muy distinto, hay una política de autofinanciamiento... que antes no era necesaria, porque
había un Estado paternalista...”.(56) Algunos de los datos de antigüedad recogidos sugieren que este nuevo papel
es un fenómeno reciente y creciente, pues varias de sus actividades se han iniciado en los últimos cuatro o
cinco años.
Actualmente, las instancias estatales realizan intervenciones más puntuales. Las corporaciones culturales de
Antofagasta y Calama apoyan iniciativas importantes en sus comunas, sobre todo en las actividades que
implican un nivel de recursos y organización fuera del alcance de la autogestión, y las orquestas sinfónicas de
ambas ciudades están inscritas con las direcciones de las respectivas corporaciones culturales. Aparte del
apoyo a la música docta, en la capital regional, la Corporación Cultural también es sede para grupos de danza y
51
Márinov, 1992.
52
Ídem.
53
(Sobre cierta empresa minera): “hay una mayor inversión ahora en actividades culturales de todo tipo" Reunión Cartografía Cultural de
Chile, Antofagasta, 1998.
54
Ídem.
55
Chepillo, 1998.
56
Reunión Cartografía Cultural de Chile, Antofagasta, 1998.
13
14
57
pintura en Calama, y otras actividades como música folklórico, y literatura.( ) En Taltal, la Casa de la Cultura y
la Municipalidad sirven de puntos de contacto para personas de diversas áreas -teatro, fotografía, artesanía-,
repitiendo un patrón característico de las ciudades pequeñas de la Región de Atacama.
Las 19 organizaciones culturales de diversa índole, inscritas en el ámbito de la gestión cultural, cubren una
amplia variedad de áreas. Cinco de ellas representan grupos étnicos o lingüísticos (dos atacameños, uno
quechua, uno helénico y otro ‘indígena’), hay tres agrupaciones literarias y otras tres dedicadas a la cueca, tanto
en la provincia de Antofagasta como en la de El Loa. En Tocopilla, las cuatro instancias de distintos tipos
inscritas son la única presencia numerosa que se percibe entre los datos conseguidos en la provincia. Es
posible que la falta de participación de personas naturales en el registro se deba a una preferencia por
representarse a través de las organizaciones.
El bajo número de salas y espacios para muestras culturales inscritos en Antofagasta, aun sumando las tres
galerías de arte, respalda el reclamo sobre la existencia de pocos espacios en la ciudad. Dos de los lugares
corresponden a las universidades, mientras que, en el resto de la región, cuatro de los seis registrados son
municipales.
De los seis periódicos mostrados en la tabla Nº 8, dos son variantes provinciales de El Mercurio que sirven a
Antofagasta y El Loa y comparten las mismas direcciones con otros dos de la cadena nortina La Estrella.
Existen dos de difusión local, La Minera-Norpress de Antofagasta y La Prensa de Tocopilla.
En general, las radios de la región se dirigen al público de la provincia en que se ubican: en Antofagasta, todas,
aparte de una, dieron como alcance una distancia de 100 kilómetros o menos, suficiente para llegar a
Mejillones, por lo que resulta necesaria la presencia de radios en Taltal y Tocopilla. En Calama, el número es
aún menor, cubriendo, en algunos casos, sólo 15 kilómetros a la redonda, distancia entre aquella ciudad y
Chuquicamata. El máximo alcance dado desde Calama es 90 kilómetros y parece llegar justo a San Pedro de
Atacama, aunque, por la topografía, cabe la posibilidad de que muchos pueblos en la precordillera no tengan
servicio radial, pese a la existencia de una emisora en San Pedro de Atacama.
En cuanto a la programación, las radios en Antofagasta ofrecen una amplia variedad de informaciones,
incluyendo ‘microespacios’ e ‘información cultural de la zona’, en tanto en Calama el registro menciona sólo
‘noticias’. Lo que más se escucha es música, aunque la tendencia es menor que en el resto del país.(58) La
principal música difundida es la tropical, la romántica/latina y el rock/pop; sólo una emisora programa la música
folklórica y otra la ‘selecta’. Esto contrasta con la producción musical, principalmente folklórica, registrada en la
región que, aunque no es de venta masiva, se asocia a la mantención de ciertas costumbres de otros lugares y
épocas.
57
Suponiendo que la dirección corresponde al lugar de realización de actividades. En otros casos se usa la dirección de la Corporación sólo
para contacto, por ejemplo en el caso de la comunidad Quechua de Ollagüe.
58
ARCHI, 1997.
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