0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 169 vistas12 páginasManent. Maquiavelo
Manent, P., Historia del pensamiento liberal, BsAs, Emecé, 1990, Cap II, p. 33-53
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PIERRE MANENT
HISTORIA
DEL PENSAMIENTO
LIBERAL
EMECE EDITORESCAPITULO I
Maquiavelo y la fecundidad del mal
[Link] poss rtrar di tut a pieno,
pordeltesi mi cacca i igo rome,
he ole volte al ft dr vien meno
Inferno, 1V, 145-147,
Recordemos ¢] punto de partida de nuestra historia:
Europa dominada por el imperativo de la salvacién,
de la salvaci6n cristiana, No es facil escapar a seme~
jante influencia, que no ¢s solamente el poder exterior
de una institucién imperiosa, sino que es ademas y an-
te todo una convicei6n del alma. Puede uno muy bien
querer rebelarse, puede uno hasta rebelarse contra
ese gran poder que toma su autoridad de Cristo, pero
tcémo concebir lo que se quiere oscuramente, emo
concebir esos derechos de la “naturaleza” profana
que se quiercn oponer a ‘a Iglesia?” Hoy esto nos pare-
ce facil porque la empresa triunf, Pero éen el siglo
XIII 0 en el sigho XV?
E} primer gran interto de emancipar la naturale-
33zay ante todo Ia naturaleza politica del hombre, el in-
tento de afirmar su plenitud se realiz6 alrededor del
aiio 1300 en Italia, Fue en esa época cuando el redes-
cubrimiento de las obras de Aristételes (gracias a su
traducci6n al latin) ejercié su pleno efecto. Este gran
acontecimicnto intelectual es un gran acontecimiento
politico. Hasta entonees, en la eristiandad occidental
s6lo se corocia el pensamiento antiguo a través’ de
i fragmentos conservados por los padres de la Iglesia,
especialmente san Agustin, por las alusiones de los
| padres 0 sus comentarios; aprobado o criticado, ese
q pensamiento se utilizaba para fines ajenos, En adelan-
i te, el pensamiento antiguo podré hablar por sf mismo,
con sus propias palabras © por Jo menos en traduccio-
: nes relativamente fieles y a veces notablemente ficles.
i Esto significa que el mundo natural 0 profano o Jaico
t se encontraré potencialmente emancipado de las ca-
4 tegorfas cristianas y podré reconocerse y afirmar su
4 propia coniistencia, su propia densidad. El reinado in-
i telectual de la Iglesia termina. Es en esa 6poca y en
Italia, por’ as razones que ya mencioné, cuando la
i oposici6n al poder politico del papado encuentra sus
primeras expresiones clésicas en las obras de Dante"
y de Marsilio de Padua,? Es en ese lugar y en ese
tiempo donde el pensamicnto europeo entra en fase
con la situacién politica,
Imp6nese agregar en seguida que ese primer e:
fuerzo no tuvo futuro, que el desarrollo de la politica
europea no se realizé de conformidad con los princi-
1 1a fecha de su De monarchia es insietta; probablemente sted:
dor de 1312,
Su Defersor Paci es de 1324.
34
pios propuestos por Dante o Marsilio, Y de ello hay
una raz6n que podrfamos llamar coyuntural: Dante y
Marsilio cifraban sus esperanzas politicas en una rege~
neracién del imperio. Ya vimos que esta solucién no
era viable. Pero existe una raz6n intelectual de fondo
que explica este fracaso de Dante y de Marsilio: el
aristotelismo de ambos, gracias al cual pudieron afir-
‘mar la consistencia, Ia densidad y la nobleza del mun-
do natural y en primer lagar del mundo politico, no
perinitia sin embargo gerantizar efectivamente la in-
dependencia de ese munilo frente a las reivindicacio-
nes de la Iglesia, Por qué?
Aqui nos hallamos f-ente a un problema que yo
calificaria de solemne. éPor qué la emancipacién del
mundo profano respecto de Ja Iglesia no se realiza 0,
mejor dicho, no continita —pues comenz6 ciertamen-
te asi— segiin los principios redescubiertos dle Ja an-
tigiiedad clisica? éPor qué la “modernidad” politica
solamente un renacimiento prolongado y aun-
pliticado? éPor qué la modernidad rompié con
AristGteles y Cicerdn, sus primeros aliados, ast’ como
rompié con la Iglesia?
‘Los prineipios de la antigtiedad clés
mitfan realmente conquistar la independencia del
mundo profano frente a la Iglesia. Arist6teles inter-
preta la vida humana atendiendo a bienes y a fines,
bienes y fines jerarquizadcs. Su doctrina permitia pues
a Dante 0 a Marsilio describir con un gran refinamien-
to la estructura de la vida profana, mostrar su bondad
y su dignidad, Pero simulténeamente, al presentar la
vida humana como definida por una jerarquia de bie-
nes 0 de fines, esa ensefanza resultaba vulnerable,
esencialmente vulnerable a la reivindicacién —y hasta
35
a no per=se podrfa decir a la puja—cristiana: el bien que apor-
tala Iglesia es mayor, el fin que muestra es mids eleva-
do que cualquier bien o cualquier fin simplemente na-
tural. De suerte que la filosofia de Aristételes puede
servir tanto para formular la pretensién de la Iglesia a
Ja soberanfa terrestre como para formular la reivindi-
cacién del mundo profano contra la Iglesia.
Y esto es tan cierto que el més grande “aristotéli-
co”, después de’ Aristteles, fue un doctor y un santo
de Ia Iglesia: santo Tomds de Aquino. Tomas de Aqui-
no considera que la filosofia de Aristételes contiene
todo lo que es accesible a la raz6n natural. La'revela-
ci6n cristiana agrega a esas verdades naturales otras
verdades més elevadas que no invalidan empero a las
primeras: “La gracia perfecciona la naturaleza, no la
destruye”.?
Como se ve, la filosofia de Aristételes podia em-
plearse con dos finalidades contrarias: oponersé a-ta
Iglesia y reforzar a la Iglesia. El hecho de que se pre
tara a dos usos contrarios basta para establecer qu
dicha filosofia no podia ser la base de una nueva det
nicién politica de las relaciones entre la ciudad profa-
nay la Iglesia, Era un. arma demasiado pesada que n:
turalmente cafa de las manos de quien la manejaba en
Jas manos de su adversario. En definitiva, fue la Tgle~
sia quien supo blandirla mejor y consageé a Tomés de
Aquino como su doctor communis. Pero:la doctrina to-
mista no permitia responder a la cuesti6n politica ur-
2 ta eancepion de santo Tomas no dejo de suseitar vives mute
tudes on cers esferas de la Iglesia: 2No se otargabn demasiado a Tan
turalena? LNa se allaba demasiado esteechaminte el dogina con wna io-
sofa simplemente humana? 2No se confiaba demasiado en Ia raz6n?
36
gente: admitiendo que la naturaleza tenga su propia
bondad y que la gracia tenga la suya, superior, pero no
contraria, admitiendo que el hombre tiene dos fines
[Link] dignidad, pero igualmente legitimos, el
natural y el sobrenatural, 4a quién debo obedecer hic
ef nunc cuando la autoridad religiosa y ta autoridad
profana me dan érdenes incompatibles? La Iglesia,
instruida por santo Tomés, respondia: hay que con-
sultar a la prudencia realzada por la fe. Pero esta res-
puesta no podia satisfacer a quienes querfan definit
de una manera tajante e indiscutible la independencia
del mundo natural 0 profano. Arist6teles inter
do, ya por santo Tomés, ya por Dante 0 Marsilio, no
perinitia resolver nuesizo problema teol6gico-politic
Este problema fue resuelto, aunque no sé si fue
resuelto, pero en todo caso fue decidido 0 zanjado dos
siglos después, también cn Italia, por Maquiavelo. Di-
je que fue en la época de Dante y de Marsilio cuando
el pensamiento politic europeo entra en fase con la
situacién politica, Pero con Maquiavelo el pensamien-
to politico se convierte en parte de la situacién politi-
ca, En adelante, resulta imposible comprender la his-
toria politica sin haber captado previamente las
grandes lineas de la historia del pensamiento politico.
Antes, aun cuando se considerara, como hicieron
Dante y Marsilio, que la vatidez del pensamiento de
Atist6teles era universal, habia que admitir que ese
pensamiento habia nacido de una experiencia politica
radicalmente diferente: la ciudad griega, [Link]
de Ja ciudad italiana, ignoraba la reivindicacién politi
ca de una Iglesia universal. Habia pues que afirmar la
validez universal de este pensamiento y al mismo
tiompo hacerle suifrir considerables modificaciones.
37‘Ya sefialamos la més importante de estas modificacio-
nes: el aristotelismo de Marsilio y mas atin el de Dan-
te argumentan en favor del imperio, forma politica
que Aristételes consideraba barbara ¢ inferior a la
ciudad, Con Maquiavelo, es la experiencia moderna
en la dedicaturia de El principe,* Maquiavelo habla
de su lunga esperienza delle cose moderne— lo que en-
[Link] expresin propia o mas bien lo que en-
cuentra une interpretaci6n de sf-misma, Ja cual va a
decidir sobre la orientacién del espfritu enropeo y, por
Jo tanto, sobre la historia politica europea hasta hoy.
Semejante afirmacién no puede sirio suscitar la
ineredulidad: {no es extravagante y arbitrario otorgar
semejante poder @ un hombre? Sélo una exposicién
completa del desarrollo del pensamiento moderno y
de la politica moderna después de Maquiavelo podria
justificar que se asignara a éste un papel fundador.
ero podemos precisar inmediatamente que no se tra-
ta aqui de etribuir a un hombre un poder “sobrehu-
mano”, La interpretacién de la experiencia moderna
por Maquiavelo arrojé una luz particularmente. viva
sobre ciertos aspectos fundamentales: Como esa in-
terpretacién estaba al servicio de un proyecto politico
ampliamente difundido —desacreditar radicalmente
Jas pretensiones politicas de la Iglesia—, los numero-
sos hombres que alimentaban ese proyecto apelaron
sin cesar a esta interpretacin para guiar su pensa-
miento y sv aceién. Fundéndose en. ella, transfor
maran él mundo politico: de. simple. interpretaci
punto de vista “teérico”, ella Hegard a ser parte de ia
vida “real”, Y Ja interpreta \pondré entonces
4 Redactads en 1513.
38
aun a aquellos que no compar teu e1 proyecto original
No corresponde analizar aqui en detalle el pensa-
miento de Maquiavelo, primero porque ese pensa-
miento no forma parte del tema principal de este
ensayo y luego porque es un pensamiento particular-
mente sutil y, por Io tanto, particularmente rebelde a
una presentaci6n sucinta, Bn lo esencial me limitaré a
la idea que cada cual se hace de Maquiavelo, aun sin
haberlo lefdo seriamente y a veces sin haberlo lefdo
en modo alguno; me atendré a la “superficie” de su
obra porque en virtud de esa superficie Maquiaveld
ejercid influencia en el espfritu de los hombres y por-
que en un autor de su rango la superficie contiene,
por asf decitlo, la profuncidad.$
‘Maquiavelo es florentino, Su “experiencia de las
cosas modernas” es la experiencia de Ia vida politica
en una citidad. Ya dijimos que la ciudad cra a Ja vez
particularmente-hostil respecto de la Iglesia y particu-
larmente vulnerable frerte a ella, Esta posicién de
hostilidad, en gran medida impotente, conduce natu-
ralmente al proyecto de excluir de manera radical Ja
religion de Ia ciudad, de cerrar completamente ésta a
Ja influcncia de la religién. Algunos historiadores con-
sideran que Maquiavelo y quienes lo siguieron_no
eran hostiles a la religi6n como tal y que lo eran s6lo a
sus excesos y a sus corrupeiones, Pero la tinica manera
de protegerse definitivamente de los excesos y de las
corrupciones de Ia religi6 consistfa en excluir, sin ex-
cepcidn, toda influencia —buena o mala—~ de la reli-
5 sta aitima mina era cara @ Lo Strauss Las pigs que si
guen deben mucho a sus Thoughs on Machiavelli (1958). (Iraduesion
ances Pensees sur Machiave, ayo, 1982)
39gién como tal sobre la vida efvica.
{Qué sabemos de Maquiavelo cuando no he
lefdo nada de é1? Sabemos que Maquiavelo ensefiaba
a proceder mat: la manera de aduefiarse del poder y
canservarlo mediante la astucia y la fuerza, Ia manera
de llevar a buen término una conspiracién, Maquiave-
lo ensefiaba que no hay que amenazar ni insultar ni
herir al enemigo, sino que, cuando se lo puede matar,
hay que hacerlo. Nosotros, los:modernos, a quienes
nos gustan Jas palabras abstractas de extensi6n indefi-
nida, nos inclinamos a hablar del “realismo” de Ma-
quiavelo, Verdad es que en la “realidad” politica se
dan asesinatos, conspiraciones, golpes de Estado; pe~
ro tambiér hay perfodos y regimenes en los que'no se
registran asesinatos ni conspiraciones ni golpes de Es-
tado. La ausencia de esas perversas acciones, si puedo
decirlo asf, es también “una realidad”, Hablar del “re~
alismo”” de Maquiavelo significa pues haber dmitido
el punto de vista de Maquiavelo: el “mal” es politi
mente. més significativo, més sustancial, més “real”
que el “bien”.
No fue Maquiavelo quien enseiié a los hombres
que se dan muchos males, muchas acciones violentas,
malvadas y crueles en la vida politica, especialmente
cuando sé fundan cindades © cuando se producen
cambios de régimen, Los hombres siempre lo supie-
ron, cme ignorar lo que es evidente? Sin embargo,
es cierto que los autores més autorizados sobre el
fendmeno polftico no acentuaban este punto: ante to-
do velan en el-fenémeno: politico los bienes que é1
aporta. Ya me referf al punto de vista de Arist6teles,
para quien considerar la ciudad en su exacta perspec~
tiva es considerdirla segiin su fin: la ciudad es el nico
marco dentro del cual el hombre puede realizar 8u na-
turaleza de animal racional al practicar las virtudes
civicas y morales que son inseparables y que le permi
ten manifestar su propia excelencia, Arist6teles sabe
muy bien que la vida politica tiene su patologia, sus
revoluciones, sus cambios de régimen frecuentemente
acompafados de violencia —dedica a estas cosas el li-
bro V de la Polftica—, pero concentrar exclusivamente
Ja mirada de los hombres en estos fendmenos signiti-
carfa hacerles perder de vista su propio fin y el fin de
la ciudad.
En cambio, Maquiavelo nos persuade de que de-
bemos prestar atencidn exclusivamente o casi exchisi-
vamente a estos fenémenos: quiere hacernos perder
nuestra “inocencia”, quiere hacernos perder Jo que,
después de haberlo leido, nos sentirfamos irresistible-
mente tentados a Jlamar, con un agradable sentimien-
to de superioridad, nuestra “antigua inocencia”, nues-
ta “antigua necedad”. Maquiavelo es el primero de los
maestros de la sospecha,
Hoy sucle hablarse —y también se hablaba an-
tes— de Marx, Nietzsche y Freud como de la trfada de
los “maestros de la sospecha”. sta caracterizacion se
funda en el hecho de que estos tres autores nos invita-
ron a dudar de nuestros mejores motivos. Pero fue
Maquiavelo el primero que levé la sospecha al punto
estratégico de la vida de los hombres: a su vida poltti
ca, al hecho de vivir juntas. No cabe abrigar dudas de
que a partir de entotices esa sospecha ya no nos aban-
doné. Consideremos esta pintura dei alma enferma
por la sospecha:
“Y no sdto se hace notar en los enredos del co-
raz6n este debilitamiento moral, esta impotencia de{
|
i
i
{
«
{
impresionés duraderas: todo esta en la naturaleza. La
fidelidad en amor es una fuerza como la creencia reli-
giosa, como el entusiasmo de la libertad. Y ahora ya
no tenemos ninguna fuerza. Ya no sabemos amar, ni
creer, ni querer. Todos dudan de Ia verdad de Io que
dicen, somrien de Ia vehemencia de lo que afirman y
presienten el fin de lo que experimentan”.*
Seguramente uno de los rasgos mas. profunda-
mente enraizados en el alma moderna es dudar tel
bien; es esa sonrisa de superioridad y burla, es esa pa-
sion —la tnica pasién— de ser despabilados. Para
comprender los comienzos y el desarrollo de la politi
ca moderna es menester captar antes el cambio pro-
ducido en lo que debemos llamar, a pesar del énfasis,
Ja condicién del bien.
&De qué manera se esfuerza Maquiavelo. para
convencemos del cardcter central o “sustancial” del
mal en la vida politica? Lo que Maquiavelo estudia
con predicceién es lo que Hamamos las “‘situaciones
extremas”; fundaciones de ciudades, cambios de régi-
‘men, conspiraciones: Para oponerlo a AristGteles, di
remos que Maquiavelo describe la vida politica en la
perspectiva de sus:comienzos o de sus origenes —a
menudo violentos o injustos— y no en la perspectiva
del fin de ia vida politica. No ni¢ga Maquiavelo que en
Jas circunstancias ordinarias ia vida pueda ser bastan-
te tranguia y que en ella pueda reinar, en un grado
apreciable, Jo que los hombres Haman la justicia. Sen-
cillamente Maquiavelo sugiere de mil maneras que
® Renjamin Constant, fgmento de pretacio pera ta segue
cin de dept, chad por Tatan Tor, Benin Conn, poi
eet omen Paste, 86 novembre 198, Sell)
2
¢sa moral ordinaria depende de una inmoralidaid “ex-
traordinaria” o est condicionada por ésta. El “bien”
no sobreviene ni se mantiene sino por el “mal”. Ma-
quiavelo no borra la dist ncién entre el bien y el mal,
sino que, por el conirario, la conserva y debe preser-
varla si quiere formular la proposicin escandalosa y
fundamental: el “bien” se funda en el “mal”.
Enscguida se comprenden Jas consecuencias de
este punto de vista en cuanto a la definicién de Ia ciu-
dad y de sus relaciones con la religion. En adelante, la
ciudad es una isla artificial construida por medios vio
Jentos. No se abre a nada que esté més alla de sf mis
‘ma; s6lo es inteligible en relaci6n con lo que la causa.
Es decity resulta imprudente y hasta absurdo querer
“mejorar” o “perfeccionar” ei bien de Ja ciudad gra-
cias a un bien “superior” que la religi6n se eneargacia
de aportar. Semejante contribucién no haria mas que
desbaratar el funcionamiento “natural” de la ciudad.
Un ejemplo lo mostraré. El cristianismo produjo cier
ta duleificacin en las costumbres. La consecuen
politica de ello es la de que cuando se toma una ciu-
dad, generalmente ya no se pasa a cuchillo a los hom
bres, ni se reducen a esclavitud a fas mujeres y a los
ninos. El atolondrado se regocija por esta circunstan
cia, pero Maquiavelo le muestra que entonces Ia iden-
tificacién del eiudadano con su ciudad, es decir, la
identificacion de su instinto de conservacién con el
instinto de conservaci6n de la ciudad se ha perdido,
pues el nervio de la vida civica, de I
Civica, esté fatalmente relajado. El bien piblico solo
sobreviene a causa del alto poder de ta violencia y del
miedo.
Insistir en el condicionamiento violento de la ciu-
@dad o seaalar los males politicos producidos por la in-
trusién del cristianismo en Ja vida cfvica significa afir-
mar lo mismo: el orden politico es un circulo cerrado
que tiene en sf mismo su propio fundamento. Afirmar
fa necesidad y la fecundidad del mal es afirmar Ja au-
tosurficiencia del orden terrestre, del orden profane.
Hasta ahora me limité tan s6lo a recordar el co-
lor de Ja doctrina de Maquiavelo, en lugar de tratar la
doctrina misma. Hagamos una breve incursién en la
sustancia de sus ideas y en el capitulo 1X de EI princi-
pe. La ciidad presenta una divisién fundamental, la
divisi6n entre el pueblo y los grandes. Estos dos grupos
se caracterizan por lo que nuestro autor Jlama “humo-
res diversos” (umori diversi): el pueblo no quiere ser
oprimido, [Link] quieren oprimirlo. Como se ve,
ninguno de estos dos grupos tiene un fin positivo y
bueno, Ninguno de estos clos grupos apunta aun bien.
Los grances tienen un fin positivo, pero éste es malva-
do, oprimir; el pueblo no tiene wn fin positivo, su fin
es [Link]: no ser oprimido. Los “humores” de
Ja ciudad no sefialan hacia un bien positivo de la ciu-
dad. Segiin Maquiavelo, el principe que sepa apoyar:
en el pueblo contra los grandes, sin confundir su in-
terés ni st punto de vista con los del pueblo, tendré la
posibilidad de-fundar un orden estable.7
Comparemos este capitulo 1x de El priacipe con
el libro I de la Polftica de Aristételes. El tema es cl
mismo: el libro de la Politica presenta un didlogo en-
tre el pueblo y los grandes, entre el demécrata y el oli-
7 Clauas Lefort, en una perspectiv completamente diferente de 1a
adoptada agi, dedied a estos temas teas reflexiones en Le Travail de
oeuvre. Mae! iavel (Gallinaee, 1972). Veese en particutae la quinta parte.
44
garca, No nos interesa considerar aquf la doctrina de
Aristételes, pero si su procedimiento. Aristoteles
muestra que la pretensidn del demécrata y Ja preten-
si6n del oligarca a gobernar tienen ambas buenos ar-
‘gumentos que pueden hacer valer y que en una ciudad
folérablemente organizada habria’que hacer justicia a
las dos reivindicaciones. Arist6teles muestra también
que aun agregadas y ajustadas la una a la otra, estas
dos reivindicaciones no cumplen la condicién de la
justicia, A la consideracién de la libertad y de la igual-
dad, a la consideraci6n de la riqueza hay que agregar
la de la virtud o excelencia. En otras palabras,
Atist6teles’ muestra cémo cada reivindicacién del
cuerpo social, por parcial que sea, apunta hacia la jus
ticia 0 el bien que es el fin del cuerpo politico.
En la descripei6n de Maquiavelo, cada elemento
de Ia ciudad esta encerrado en su propio “humor”; en
In descripei6n de Aristételes, cada “humor” conserva
un punto de enlace con el bien.
Ciertamente hay un elemento de la ciudad ma-
quiavélica cuyo humor puede considerarse, en cierto
sentido, “bueno”: es el pueblo. El deseo del pueblo
después de todo, inocente: no quiere ser oprimido. Ma
quiavelo hasta llega a alabar su “honestidad” por lo
menos relativa: el deseo (0 el fin) del pueblo es mis ho-
nesto (e piit onesto) que ¢l de los grandes, Pero se trata
de una bondad enteramente pasiva o negativa, En la
ciudad de Maquiavelo, el bien slo se encuentra en la
forma mutilada de la inozencia del pucblo. Al desvalo-
rizar radicalmente Ins pretensiones de los grandes a la
“yirtud” y al hacer del pueblo el sustento de la tnica
“honestidad” que puede encontrarse en la ciudad, Ma-
quiavelo es el primer pensador democrdtico.
45Bien se ve Ia relaci6n que hay entre Ja insistencia
en el mal dentro de la vida politica y Ia afirmacién de
la bondad y de la honestidad del pueblo. Si la accién
politica no esté ordenada de conformidad con un bien
6, para decirlo en términos més generales y més pre.
sos, si ninguna accién humana tiene un fin intrinseca-
mente bueno, toda la bondad del mundo se reduce a
la pasividad inocente de aquellos que ordinatiamente
no obran en términos politicos: toda la bondad esta en
el pueblo, Leo Strauss observé con gran acierto que el
punto de vista maquiavélico anuncia aquf la distincién
Tousseauniana entre la virtud —siempre penosa, casi
siempre hipGcrita 0 dudosa, de la que alardean los
grandes, Ics beneficiarios de la “desigualdad”— y ta
bondad, pasividad inocente de) amor por uno mismo
que tiene su asiento social, si cabe decirlo asi, en el
pueblo. En este aspecto del andtisis maquiavélico ad-
vertimos la conexi6n de un mecanismo espiritual que
habré de tener vigorosa influencia en el desarrollo de
la politica moderna, y, en general, de la. sensibilidad
moderna: el deserédito y la decadencia de la idea del
bien que coincide y cstimula el enaltecimiento de. la
idea de pueblo.
Falta todavia decir algo sobre la posici6n de Mé
quiavelo respecto de la politica. Segiin lo sefialamos,
Arist6teles comienza por adoptar el punto de vista del
ciudadanot toma seriamente cada una de las principa-
les reivindizaciones que surgen dentro del cuerpo
politico; Arist6teles las acepta como. validas hasta
cierto punto: cada reivindicacién se concibe asi mis-
ma como ki totalidad de la justicia, pero Aristételes
corrige ese sxceso al mostrar que ella noes mas que
una parte de Ia justicia. AI mismo tiempo, Aristétcles
cs exterior ai la ciudad y superior a ella: pone el acento
en los derechos de la virlud que no tienen posibilidad
de ser preconizados 0 escuchados en el desarrollo or
dinario de la vida politica dividida entre el pueblo y
los grandes, entre deméecratas y oligarcas. A su vez, es-
ta posiciGn de exterioridad y de superioridad esta fun-
dada en cierta forma de comunidad entre el filésofo y
Ja ciudad: el bien a que aspira Ia ciudad y que ésta
puede alcanzar en las circunstancias més favorables
apunta hacia un bien superior y dltimo que solamente
el filésofo puede aprehender en la contemplaci6n. En
una palabra, es la idea del bien, la idea de una jerar-
quia de bienes lo que permite al filésofo ser superior a
In ciudad y comprenderls: mejor de lo que ella misma
se comprende, sin dejar por ello de ser [Link] com-
prenderla desde el interior, como ella misma se com-
prende.
Con Maquiavelo desaparece este medio de co-
municacién entre el fildsofo y la ciudad: ef bien, El
“filésofo” es enteramente exterior a la ciudad. La
comprende mejor que Io que ella se comprende y ex-
pone su “verdad efectiva”,® pero ya no la comprende
como ella se comprencie z sf misma: los grandes no re~
conocerfan sus motivos y sus aspiraciones en sui énico
deseo de oprimir; el puedlo mismo veria en sus pro-
pias reivindicaciones una meta més positiva que Ja
simple ausencia de opresién. Entonces, se diré, 2pue-
de el filésofo comprenderla realmente mejor de to
que ella se comprende? Si nada relaciona los “‘humo-
res” de la ciudad con el desco de verdad de quien ta
5 Etprincipecap. xv.estudia y discierne su “verdad efectiva”, id6nde estén
Ios sustentos y las pruebas de esa verdad? En un mun-
do en el que no se puede decir que algo sea intrinseca-
mente bueno, ésera una excepci6n el conacimiento de
esa verdac? No es seguro que Maquiavelo nos ofrezca
material para responder a estas preguntas. En todo
caso, Io que no me parece dudoso es el hecho de que
Ja ciudad est frente a 61 como una totalidad cerrada
que Maquiavelo comprende porque es completamen-
te exteriora ell:
Esta. posicién de Maquiavelo es radicalmente
nueva en ka historia de Ia filosofia y de la politica, O
bien el fildsofo polftico, para comprender el sentido
de la vide en la ciudad, comienza como. Platén y
Aristételes por tomar seriainente el, punto de vista de
los ciudadanos mismos y hasta por adoptarlo sin per-
juicio de mostrar luego los limites de ese punto de vis-
tay de elevarse por encima de él. O bien el filésofo
politico se coloca deliberadamente en el exterior de la
vida cfvice, se preocupa poco por comprenderla,
adoptando inclusive provisionalmente su punto de vis-
ta, y la desdefia, porque: piensa que tiene algo mejor
r, que tiene que contemplar otra cosa, otro
s elevado: cl orden de todo el “cosmos”, lo
“divino”, la “naturaleza”, Pero Maquiavelo adopta la
posici6n parad6jica que consiste en mantenerse en el
exterior de la ciudad sin dejar empero de concentrar
cexclusivamente su atencién en ella. Se mantiene en el
exterior de la ciudad, no para gozar alli de un bien su-
perior, sino tan s6lo para contemplarla mejor, segdin
espera,
La originalidad y el caracter paradgjico de seme~
Jante posic én ya no nos asombran: reconocemos en
48
ellos los requisitos de ta actitud “cientifica”, Mas exac-
tamente, creemos haber discernido lo que hace la ori-
ginalidad de Maquiavelo cuando subrayamos que él
fue el primero en adoptar, con respecto al fenémeno
politico, el punto de vista de Ia “ciencia”. Esta apre~
ciacién, a menudo formulada por los historiadores
modernos, tiene todas las probabilidades de encegue-
cernos respecto de la naturaleza de la “ciencia politi-
ca” y de la “originalidad’” de Maquiavelo. Ya hice no-
tar por qué su “realismo” estaba sujeto a reserv.
Podemos agregar aqui que describir la vida politica sin
tomar en serio el punto de vista de los ciudadanos es
més una fuente de arbitrariedad que una garantia de.
“cientificismo”. Por otra parte, ¢l desarrollo ‘de la
ciencia propiamente dicha, Ia eiencia de la “naturale~
za”, es muy posterior a la época de Maquiavelo, Ad-
mitir que “el punto de vista cientifico” nacié primero
er el pensamiento politico de Maquiavelo serfa hacer
pesar sobre la ciencia misma las sospechas que suscita
naturalmente toda actitue polttica, en lugar de reve
tir la politica de Maquiavelo con el manto protector
de la cienci:
No hemos de entrar en estos dificiles debates
pues una explicacién mucho mAs plausible y més ad
cuada se nos propone por si misma. Después de todo,
en la época de Maquiavelo habfa un punto de vista
que se concebfa radicalmente exterior y superior a la
vida polttica, sin dejar de aspirar, partiendo de esta
posicién, a obrar sin cesar en el interior de Ia ciudad:
era el punto de vista religioso, el punto de vista de la
Iglesia, Maquiavelo no fue el inventor de esta posicién
desde Ia cual puede verse el fendmeno politico como
algo exterior y sujeto a intervencién, sino que esa po:
49(
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ci6n le fue suministrada por su enemiga, la Iglesi
‘Adoptar e] punto de vista que he intentado deseribir
no consti:ufa ninguna hazaiia “epistemol6y
que era, en el lIenguaje militar, un lenguaje mas affn a
Maquiavelo, batir al enemigo en su propio terreno.
Pero. s¢ diré, la posicién de exterioridad de Ia
Iglesia estaba fundada en. una actividad o en una
raz6n de ser especifica completamente diferente de la
vida politica: e} culto de Dios, el perfeccionamiento
espiritual. Dicha posicién estaba. fundada en Ja su-
puesta suderioridad del bien religioso en relacién con
cl bien politico. Precisamente, todo el procedimiento
de Maquiavelo consiste en ocupar esta posicién para,
desde all, atacar Jo que funda la consistencia aut6no-
ma de la Iglesia y su derecho de intervenci6n en la ciu-
dad: fa idea del’bien. Una vez. interpretado el cuerpo
politico como una totalidad cerrada y sobrevenida
{gracias a ka violencia fundadora y conservadora, se es-
tablecerd que el “bien” aportado por la Iglesia tiende
a destruir Ia ciudad antes que a perfeccionarla, que la
idea del bien no tiene sustento en la naturaleza de las
cosas hurvanas,
Un texto de Maquiavelo, quizés el mis célebre,
me parece aportar a esta tesis una confirmacién im
presionante. Ene} capitulo Vi de EI principe, nuestro
autor opene alos “profetas armados” los “‘profetas
desarmados” para legar a la conclusién de que “tod
Jos profetas bien armados fueron veneedores y los de-
sarmados derrotados”, Hay sin embargo un “profeta
desarmado” que podia ser considerado en especial
por Maquiavelo como relativamente.“vencedor”: Je-
sucristo. Ahora bien, el propio Maquiavelo, que escri
be libros tentacores en lugar de cometer terribles ac-
ciones, {qué otra cosa ¢s si no un “profeta desarma-
do”? Debemos, pues, decir que Maquiavelo es a sus
propios ojos ese profeta desarmado que quiere desar-
mar Ia docirina del més grande de los profetas desar-
mados. En este sentido, que es cl més importante,
Maquiavelo es un reformador religioso y antirreligioso
antes que un fil6sofo 0 un hombre de ciencia: Ma-
quiavelo quiere cambiar las méximas que gobiernan
efectivamente a los hombres.
Maqniavelo no elaboré la idea de una institueién
capaz de ponerse victoriosamente a las usurpaciones
o intrusiones de la Iglesa romana 0 en general de la
religi6n: ésa seré la tarea y la realizacién de Hobbe
Maquiavelo, al desacreditar Ia idea del bien, persua-
dié a los hombres para que consideraran el mal —en
Jas formas de Ia astucia, de la fuerza, de la violencia,
de la “necesidad"— como la fuente prineipal del or-
den encerrado en si mismo que se llama una ciudad.
Para concluir estas observaciones sobre Maquia-
velo y para hacer patente el espiritu de su politica, co-
meniaré brevemente un famoso pasaje del capitulo
Vil de El principe:
“Una vez que el duque [César Borgia] hubo ocu-
pado Ia Romafia, comprobé que ella estaba mandada
por pequefios sefiores sin gran poder, los cuales
habjan despojado a sus siibdilos antes que gobernas-
Jos, con Jo cual habfan dedo ocasién a que se desunie-
ran y no a que se unieran, de suerte que en el pais
abundaban el bandolerismo, el latrocinio y toda clase
de iniquidades: 1 duque pens6 en el brazo secular y
real para reducir el pais a la paz y a la obediencia y
darle asi un buen gobierno. Para lo cual eligié al sefior
Remiro d'Orco, hombre cruel y expeditivo, a quien
31concedié plenos poderes. Bste en poco tiempo redujo
el pafs a la tranquilidad y a la unin con gran honor
suyo. Pero luego Borgia, éstimando que una autoridad
tan excesiva ya no era oportuna porque temfa que se
hiciera odiosa, estableci6 un tribunal civil en la proviri-
cia con un sabio presidente, tribunal en el que cada
ciudad tenia su abogado. Y, como sabfa muy bien que
Jos pasadss rigores le habfan engendrado alguna ene-
mistad, para purgar de ella los espfritus de esos pue-
blos y para mantenerlos amistosos para con su perso
na quiso. mostrar que, si. habia habido. alguna
crueldad, ésta no habfa venido de su parte sino que se
debfa a lz malvada naturaleza del ministro. Aprove-
chando sin tardanza Ja ocasi6n, una mafiana, en Cese-
na, lo ‘hizo exhibir decapitado en medio de Ia plaza
junto al tajoy al hacha sangrante, La ferocidad de este
especticu'o hizo que todo el pueblo se quedara al
mismo tiempo satisfecho y estupefacto”,®
Este texto muestra con claridad cémo el orden ci
vily politico esta envuelto y sostenido por la violencia,
En este episodio, Maquiavelo distingue tres tipos de
violencia.
1. La violencia difusa de los pequeiios
anarquia violenta;
2. La violencia represiva de Remiro d’Oreco: el
hombre restablece el orden;
3. La violencia ejercida contra Remiro @Orco,
La segunda violencia restablece el orden pero de-
ja-a los ciudadanos en estado de gran insatisfaccién a
‘cansa de les crneldades cometidas. La tercera violen-
9 Sega la traduccion de Gokory (1571), en Ocivres, Gallimard,
Pléiade, 1952.
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cia, la Gltima, los purga de esa insatisfacci6n: los ciu-
dadanos o sibditos quedan satisfechos y estupefactos.
sos hombres estn satisfechos, pero no son feli-
ces; no participan en un bien, se ven libres de un mal:
de un primer mal (la violencia y el miedo) por obra de
otto mal, una represi6n cruel; se ven liberados del se-
gundo mal, el resentimiento (con mezcla de odio y de
miedo suscitado) por esa represién y quedan curados
de esto por un tercer mal, esta vez “homeopatico”,
que los purga del odio y que deja subsistir lo que es
necesario que subsista siempre, el miedo. El orden
politico es alquimia del mal, supresién, nunca comple-
ta, del miedo por el miedo.
En el encadenamiento de acciones y de senti
mientos y de_pasiones que Maquiavelo describe como
tun episodio dramaitico ¢ instructivo, Hobbes vera la
Jégica misma del orden humano, La monarqufa abs
Iuta, el “Leviatén’” descripto por Hobbes, seré lai
tucionalizaci6n de la memorable accién cumplida por
César Borgia en Cesena.
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