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La Infantona

El documento describe la vida de Carmen Giménez, una mujer que tuvo una relación amorosa con el infante Antonio de Orleans a finales del siglo XIX. La relación causó escándalo debido a que el infante ya estaba casado. Carmen pasó de ser una mujer de clase trabajadora a una rica terrateniente gracias a su relación con el infante.

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La Infantona

El documento describe la vida de Carmen Giménez, una mujer que tuvo una relación amorosa con el infante Antonio de Orleans a finales del siglo XIX. La relación causó escándalo debido a que el infante ya estaba casado. Carmen pasó de ser una mujer de clase trabajadora a una rica terrateniente gracias a su relación con el infante.

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El titulo

En 1907, se inicia la rehabilitación del título de Vizconde de Termens, que


comienza por la confección del árbol genealógico de la familia Brito. El
origen del vizcondado de Termens se encuentra en que los primeros
títulos que hubo en el Principado de Cataluña después de la Reconquista,
con las denominaciones de Condes, Vizcondes, Nobles y Vervesores. Es
opinión aceptada como probable que cuando Carlomagno conquistó parte
de Cataluña, la dividió al igual que hizo con Aquitania, en nueve condados,
dando a cada uno un vizcondado, una noblía y una vervesoría, quedando
así creados nueve condes e igual número de vizcondes, nobles y
vervesores. El séptimo de esos nueve primitivos condados fue el Urgel
(Lérida) y el noble designado para él se tituló "Noble de Termens". Don
Gregorio de Brito Carvahlo, nacido en Évora en 1600, fue general de
artillería en el Principado de Cataluña, durante el reinado de Felipe IV y
siendo Gobernador militar de la plaza de Lérida, en reconocimiento a los
servicios prestados a la Corona por la rendición del conde de Ancourt de la
plaza de Termens, en 1648 con motivo de la guerra general entre Francia y
España por el control del Principado de Cataluña (1639-1659), se le otorgó
el título de Vizconde de Termens.
El I Vizconde de Termens, Gregorio Brito, falleció el 6 de abril de 1648,
siete días después a la concesión del título, y desde esa fecha no volvió a
ser utilizado el citado título por ninguno de sus descendientes hasta que
en 1907 doña Mª Carmen Giménez Flores y Brito y Milla inicia su
rehabilitación.
Según la documentación recopilada entre 1907, 1908 y 1909 por don Luis
Rubio y Ganga, Rey de Armas de S.M. Alfonso XIII, y después de haber
analizado 83 partidas Sacramentales, diversos documentos de otros
géneros, notas y extractos para la confección del árbol genealógico de la
familia Brito, se procedió al estudio detallado de las relaciones de
parentesco que pudieran tener los individuos de ellos mencionados con
don Gregorio de Brito, primer Vizconde de Termens y con doña María del
Carmen Giménez Flores, que es a quien correspondía el documento de
fecha más reciente, llegando a la conclusión que doña Carmen Giménez
Flores y Brito y Milla era descendiente directa de don Gregorio Brito y por
tanto acreedora a ostentar dicho título, sin perjuicio de terceros de mejor
derecho. Tras este informe, con fecha 17 de diciembre de 1909 se expide
Real Carta de sucesión en el título de II Vizcondesa de Termens a favor de
doña Carmen Giménez y el 10 de enero de 1910 se expide Certificación
Real por S.M. don Alfonso XIII de Borbón para el uso de su escudo de
armas tanto en grabados como joyas, enseres, etc., por ella y sus
descendientes. El título fue legado a su muerte, a su sobrina-nieta doña
María de las Mercedes Von Schmiterlow Jiménez. El día 10 de enero de
1944, Mercedes Von Schmiterlow Jiménez elevó Instancia a la Diputación
y Consejo Permanente de la Grandeza de España, solicitando la sucesión
en el título. El día 2 de febrero de 1944, el Duque de Alba, como Decano
Presidente de la Grandeza de España, le comunica que puede usarlo de
forma circunstancial, y el entonces Jefe del Estado, Francisco Franco, el 5
de junio de 1953, expidió la Carta de Sucesión del título de Vizconde de
Termens a favor de doña María de las Mercedes Von Schmiterlow, quien
lo ostentó hasta su fallecimiento en 1991. Por decisión testamentaria,
dicho título recae actualmente sobre su hijo primogénito don José María
Muñiz Von Schmiterlow, quien inició el expediente de sucesión directa el
día 20 de abril de 1992, en instancia dirigida a S.M. el Rey Don Juan Carlos
I, y el 18 de noviembre de 1992 efectuó el pago de los derechos Reales
según Real Decreto 3494/ 1981 de 29 de diciembre, para la obtención de
la Real carta de sucesión.
La Infantona

Durante un viaje a Cuba y posterior visita a Estados Unidos para asistir a la


Exposición Universal de Chicago de 1893 como representante de la Familia
Real Española, Eulalia de Borbón descubrió lo que era un secreto a voces,
las relaciones que su marido, Antonio de Orleáns mantenía con una joven
cordobesa llamada Carmela.
Carmela Giménez a la que había conocido en Madrid sobre 1888, llegó por
primera vez a Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) en 1895. Desde un primer
momento, los establecimientos sanluqueños observaron que todas las
compras realizadas por la señorita Giménez eran cargadas en la cuenta del
Palacio de S.A.R. Y pronto despertaría el rumor público de que aquella
joven amante del Infante era en realidad una desconocida actriz de teatro,
comediante o bailarina y la gentes del pueblo empezaron a referirse a ella
llamándola “la Infantona”.
En pocos años Carmela Giménez, la Infantona, se convierte en una rica
hacendada que a sus propiedades urbanas de varias casas suma la
histórica finca de El Botánico y otras propiedades agrícolas como la viña
de El Maestre, y la bodega llamada de San Juan de Dios situada en el
Barrio Alto. Y lo más importante, viendo cumplido su sueño, habitar y vivir
maritalmente con el Infante D. Antonio en la Casa Palacio Orleáns-Bórbón
en Sanlúcar de Barrameda, ejerciendo en ella el absoluto dominio de su
régimen como señora y ama de la casa. Por las calles y paseos de Sanlúcar
de Barrameda se les podía a ver juntos en las horas de más concurrencia,
asistiendo juntos a los toros y al teatro, y utilizando para desplazarse los
coches de caballos de Palacio, con las armas reales de las casas de Orleáns
y Borbón. De esta forma “escandalosa” para muchos pasearon Antonio y
Carmela su amor por todas partes, situación que terminó levantando las
iras de la esposa del Infante, Dª Eulalia.
Don Antonio de Orleáns y Borbon, Infante de España, duque de Galliera
En 1919, el periodista Gómez Carrillo publica en ABC: “La vida parisiense.
En el tren con el infante D. Antonio”, y con la cuidada prosa que le valió
ser llamado "príncipe de los cronistas" describe un encuentro con el
infante y donde retrata la personalidad de Antonio de Orleáns y Borbón:
“(...) Su rostro a la vez risueño y altivo, iluminado por dos hermosos ojos
muy pálidos, tenían algo de muy doloroso, de muy amargo. Su traje era
tan sencillo, que a no ser por la roseta roja que adornaba la solapa de su
americana, nada habría indicado en él a un hombre de clase superior.”
En el artículo se reproduce la conversación mantenida entre el periodista y
el infante, y cuando hablan de las ideas democráticas de la nobleza, don
Antonio afirma:
- Yo soy demócrata de corazón, demócrata de mi vida.
Hubo un corto silencio, durante el cual los labios del príncipe se crisparon.
Luego, con voz sorda, agregó.
- Si yo no fuera tan demócrata, no me habría pasado nada de lo que me ha
pasado.
- En seguida otro silencio más largo, mucho más largo, uno de esos
silencios que parecen definitivos, y durante los cuales hasta la expresión
del rostro diríase que calla, de tal modo permanece extraño a lo que le
rodea.
(...) Pero no sé por qué, aquel hombre (...) se me antojaba sincero en su
amor de igualdad social Era tan familiar, tan suave, tan modesto. Además
se veía que llevaba hondas penas en el alma...
(...) Lo cierto es que durante la cena, y después de la cena, en las largas
horas de la velada del tren me habló con ingenua melancolía de lo que
había sido su existencia de eterno explotado, eterno engañado...
En otro momento confiesa:
- Yo no creo en el rango. He visto cosas...
No nada de rango. Lo que me interesa es vivir mi vida, a mi manera,
rodeado de obras bellas entre artistas...

Después de una azarosa vida, su últimos años los pasó en su


confinamiento parisino de Neuilly-Sur Seine en las afueras de París, donde
fruto de una penosa enfermedad la muerte le sobrevino el día de
Nochebuena de 1930, prácticamente solo. Al no haber expresado el finado
su interés por el lugar de su enterramiento se dispuso que, como le
correspondía legalmente por su rango, su cuerpo fuera trasladado a
España para recibir sepultura en el Monasterio de El Escorial. Hasta la
llegada de su hijo Alfonso desde Madrid el cuerpo fue instalado en la
iglesia española de la rue de la Pompe, en el barrio de Passy.Como el
domingo no se podían celebrar funerales, su sepelio se ofició el lunes 29
de diciembre. Después de los solemnes funerales en su honor y la
ceremonia de la entrega tradicional hecha por miembros de la compañía
de Monteros de Espinosa de la Guardia Real a la comunidad agustina. El
cuerpo encerrado en un sencillo ataúd cubierto de flores fue conducido y
depositado en el recinto marmóreo del Pudridero de los Infantes, dónde
sólo está permitida la entrada a los frailes agustinos del Monasterio de
San Lorenzo.
Con motivo del fallecimiento del Infante la Corte vistió de luto durante dos
meses, el primero riguroso y el segundo de alivio.
Un personaje de novela

La vida de Carmen Gimenez transcurrió con normalidad hasta que


conociera al Infante de España don Antonio de Orleáns, duque de Galliera.
El comienzo de sus relaciones con el primogénito de los duques de
Orleáns se debe situar en torno a 1888 y se realizó en la casa madrileña
del político egabrense Ulloa y Valera, conocido personaje de la vida social
y política de finales del siglo XIX. La familia formada por don Juan Ulloa y
Valera y doña Francisca Dávila y Ponce de León, tuvo durante años a su
servicio al matrimonio Giménez Flores y, a la muerte de José Giménez en
1876, acogieron en su casa a la pequeña Carmen, procurándole educación,
trabajo y protección.
El infante Antonio de Orleáns, aunque casado formalmente con la infanta
Eulalia de Borbón, en aquellos años hacía vida de soltero. Su posición y
dinero le procuraban una corte de aduladores y alzacolas que lo llevaban
de fiesta en fiesta, y en los que alternaba con bellas jóvenes que se
disputaban los agasajos de aquel príncipe voluble. Y es que la sociedad de
nuestros abuelos admitía la vida airada con bastante naturalidad, a pesar
de la general hipocresía que gobernaba los asuntos morales. La
"entretenida", la "protegida", es mujer de condición humilde que bajo la
protección de un hombre rico hacía de esa situación una forma de ascenso
social. En 1897 el eximio escritor egabrense don Juan Valera en una carta
dirigida a su buen amigo don Juan Moreno Güeto, agradece las curiosas
noticias que le da sobre esta mujer:
Madrid 12 de Febrero 97
Sr. Don Juan M. Güeto
Mi querido amigo y tocayo: Con mucho gusto recibí, días ha, la carta de
Vd. del 3, y la curiosas noticias que en ella me daba acerca de la vida y
costumbres, variadas andanzas y lances de amor y fortuna de la Poyata y
de la Sanroqueña, tipos castizos y originales que podrán un día servirme
para escribir interesantes novelas.
Una boda aristocrática

El 24 de julio de 1921, Carmen Giménez Flores, vizcondesa de Termens


contrajo matrimonio con el capitán de infantería y gentil hombre de S.M.
don Luis Gómez de Villavedon y Santos. Una unión que necesitó de
Licencia para matrimonio castrense expedida por el Provisorato y Vicaría
general de Córdoba, con fecha 14 de julio de ese año y que fue todo un
acontecimiento social. Una "boda aristocrática" como la titularon los
cajistas del periódico local "La Opinión”.
Señala la crónica que desde muchas horas antes en que estaba anunciada
la boda, un inmenso gentío invadía la calle Martín Belda, donde vivía la
novia, y la de San Juan de Dios y Plaza Vieja por donde era sabido que iba
a pasar la comitiva nupcial. Los balcones de las casas y las aceras de las
calles eran insuficientes para contener al público que despreciando el
calor que aquel día se daba, aguardaron pacientemente para presenciar
tan peculiar evento.
La novia lucía elegante traje de charmeusse adornado con riquísimos
encajes de Chantilly, y manto de corte de laga cola; tocando su cabeza con
velo negro que sujetaba una espléndida diadema de platino con cinco
estrellas de brillantes, además de otras joyas de no menos valor.
Terminada la ceremonia, salieron los novios del templo, atestado de
público y se dirigieron en automóvil a visitar distintas instituciones
benéficas. Todo el trayecto, lo mismo al salir de la iglesia que al terminar
las visitas referidas, se desarrolló entre el clamor y los vítores de un
inmenso gentío que se apiñaba para ver a los novios. Como broche a tan
fastuoso acontecimiento no podían faltar los donativos especiales que
recordaran tan señalada fecha y que repartidos por los centros benéficos
de la ciudad ascendieron a la importante suma de 2.130 pesetas, además
de 1000 kilos de pan repartidos entre los pobres. El nuevo matrimonio
partió después para Sevilla de donde marcharían a Sanlúcar de Barrameda
donde pasarían lo que faltaba de verano en su magnífica finca. Terminaba
el cronista deseando a los esposos una luna de miel eterna,
desconociendo que el destino haría que don Luis Gómez muriera
“repentinamente” en Alicante, cinco años después, el día 6 del mes de
septiembre de 1926.
Luis Gómez de Villavedón

Luis Gómez de Villavedón era un brillante militar perteneciente a una


ilustre familia castellana. Nacido en Zamora en 1878, era hijo de otro
prestigioso hombre de armas, Luis Gómez Villavedón y Setuz que llegó a
ser comandante de caballería y secretario militar en la capital zamorana.
En 1898, con veinte años, el joven Gómez de Villavedón ingresaba en la
Academia de Infantería de Toledo con una de las mejores notas de acceso.
Tras su periodo de formación y con el grado de segundo teniente, en
1901, obtendrá su primer destino como oficial instructor de una compañía
de reclutas en el madrileño Regimiento de Covadonga. En 1904 contrajo
matrimonio con la también ilustre zamorana, Consuelo Cacho, con la que
tendrá una hija, Consuelo y dos hijos, Luis y Carlos. En mayo de 1919, el
capitán Luis Gómez de Villavedón y Santos juró su cargo de “Gentil
Hombre de Entrada” ante el mismo Rey de España. Una alegría enfrentada
a la tristeza de haber enviudado semanas antes. Después conocería a
Carmen Giménez, vizcondesa de Termens con la que se casaría en 1921,
incorporando el mencionado título a sus muchos honores. Para poder
estar más cerca de su nueva esposa, en 1923, solicita licencia para el
extranjero. Pero con la guerra en Marruecos en su punto más álgido, la
presencia de militares profesionales como el capitán Villavedón se iba a
hacer inevitable. Formando parte del Regimiento del Rey acudirá a la
guerra de África, donde por méritos contraídos en el campo de batalla le
llegaría su ascenso definitivo a comandante. En junio de 1925 su último
destino en el frente, sería en el regimiento Serrallo de Ceuta.
En una cárcel dorada

Tras su incapacitación ordenada por el Rey, el Infante viéndose limitado


en su libertad de movimientos, pensó en buscar una salida. Así es como
puso su caso en manos del abogado Albornoz, conocido por su filiación
republicana (foto). Por otro lado, desde el entorno de la Familia Real se
especulaba de la situación mental del Infante. Aconsejado por su abogado,
el Infante se sometió a un examen médico por los reconocidos doctores
Luis Simarro y su ayudante Gonzalo Rodríguez Lafora, quienes lo
examinaron y elaboraron un detallado informe donde se llegaba a la
siguiente conclusión:
“(...) en modo alguno han pensado (ni sospechado) en enfermedades
nerviosas o mentales. En efecto, semejante sospecha según resulta del
reconocimiento y examen ejecutado por los infrascritos firmantes, no
estaría de manera alguna justificada, y por lo tanto, NO PODRÍA PONERSE
EN DUDA SU CAPACIDAD CIVIL “
Ante esta situación Antonio de Orleáns se rebela y, conociendo la
imposibilidad de materializar la venta de sus propiedades en Italia si no
comparece personalmente, decide estudiar la manera de salir de España.
Para ello contactó a primeros de julio de 1919 con el abogado Alberto
Pazos Borrero de Sevilla. La idea de recobrar la libertad se había
convertido en una obsesión para el Infante. Antonio de Orleáns desde su
residencia de Sanlúcar de Barrameda empezó a cruzar con sus abogados
cartas, donde expresaba que su Palacio era como “una cárcel dorada”, en
la que se sentía secuestrado, pues no le permitían salir, ni hablar con
personas extrañas de las que le custodiaban. En un principio el abogado
Albornoz pensó en acudir a la justicia ordinaria para impugnar el decreto
de incapacidad, pero pronto se dio cuenta que esta demanda ante los
tribunales españoles sería inútil y que lo mejor sería huir de España...
La fuga del Infante Don Antonio

En 1919 la situación económica del infante don Antonio de Orleáns era


tan grave que pretendía vender todo cuanto le quedaba incluido el título
del ducado de Galliera y sus bienes en Italia. Sus hijos, especialmente
Alfonso, estaban preocupados además por su situación personal.
El 20 de mayo de 1919 el monarca Alfonso XIII firmó un Real Decreto, en
el que, usando de la potestad doméstica de la ley nombraba Tutor para la
guarda de la persona y bienes del Infante don Antonio de Orleáns y
Borbón. De esta manera, creyeron todos los que habían intervenido en
este asunto, los infantes Alfonso y Luis Fernando, su madre doña Eulalia y
el resto de la Familia Real, incluido el propio Rey, que se resolvería sin
escándalos y sin publicidad este problema.
Nada más lejos de la realidad, el duque de Galliera, no sólo desobedeció el
mandato del Jefe de la Familia Real Española, sino que provocó una airada
respuesta en lo que la prensa dio en llamar sarcásticamente como la "Fuga
del Infante Don Antonio" o “La evasión del Infante D. Antonio”. A lo largo
del mes de septiembre de 1919, la prensa madrileña, concretamente los
periódicos ABC, El Sol, El Imparcial, El Liberal, El Globo, La Ilustración
Española, y Nuevo Mundo relataron este suceso que todos calificaron de
novelesco o de opereta.

Una fuga de opereta

“Como en las operetas. La fuga del Infante D. Antonio de Orleáns” titula el


periódico El Liberal en su edición del 1 de septiembre de 1919. De
"Novelescas aventuras de un infante de España. La fuga de Don Antonio
de Orleáns y Borbón” titula el diario El Sol en su primera plana, el 19 de
septiembre de 1919. Los hechos acaecidos en “La fuga del Infante D.
Antonio” se resumirían así:
A finales del mes de febrero de 1919 el Infante Antonio de Orleáns firmó
una escritura de compromiso de venta de parte de sus posesiones en
Bolonia, procedentes del legado del ducado de Galliera. Al parecer, estos
bienes apenas le rentaban lo necesario para costear los numerosos gastos
de su administración. Le habían sido adjudicados por la testamentaría en
tres millones de liras, y se había concertado la venta de una parte, en doce
millones de liras en efectivo. La escritura de venta definitiva se tendría que
firmar en Roma el día 23 de mayo de 1919. A instancias del rey, y con
vistas a realizara un informe sobre la situación patrimonial y económica de
Antonio de Orleáns y por el cual se decidiría la declaración de incapacidad,
en el mes de abril el abogado del rey viajó a Francia y Suiza. El 21 de mayo
publicaba la Gaceta el mencionado decreto por el que Alfonso XIII
nombraba un “tutor para la guarda de la persona y bienes de mi dicho tío,
el infante D. Antonio de Orleáns y Borbón, mientras dure su estado de
incapacidad (…)”
Ese mismo día 20, en Roma el abogado del Infante, Gasparri le comunica a
su cliente la incapacitación ordenada por el rey de España, y la
imposibilidad de realizar la venta convenida, aconsejándole que volviera a
España a solicitar la derogación de la disposición ministerial.
El día 24 de mayo el Infante mantuvo una tensa entrevista con el
embajador de España en Roma, y al día siguiente marcharía de viaje hacia
París, donde le recibió Quiñones de León quién se hace cargo
discretamente de su custodia y lo conduce acompañado de dos policías,
rumbo a Madrid. Así volvería Antonio de Orleáns a Madrid, donde visitó a
su sobrino el Rey, a quien expuso sus quejas por lo sucedido e informó
pormenorizadamente de la venta de las posesiones de Galliera y de sus
intenciones de invertir el dinero.
El pleito del collar

Lo que se conoció como "pleito del Collar" se refiere a la extraña peripecia


que aconteció con un histórico collar de perlas que infante don Antonio
regaló a la vizcondesa de Termens y su reclamación posterior.
El collar de perlas sería uno de los que poseyera la infanta María Luisa de
Borbón, hermana de la reina Isabel II y casada con el duque de
Montpensier. En la escritura de testamentaría que otorga a su hijo el
infante Antonio en 1898 se relacionan entre las alhajas los siguientes
aderezos de perlas:

1. Collar de tres hilos con doscientas catorce perlas néctares.


2. Broche para el mismo gran perla con cerco de brillantes.
3. Brazalete de tres hilos con noventa y cinco perlas y broche gran perla
con cerco de brillantes.
4. Par de aretes perlas en su estuche.
5. Peineta con once perlas y cerco de brillantes...

Cuando su relación sentimental se rompió en 1914, Antonio de Orleáns


acuciado por las deudas presentó en 1919 denuncia por la pérdida del
mismo en un juzgado parisino señalando que estaba en poder de la
Infantona y que sospechaba que lo guardaba en la caja fuerte de un
banco.
Sin embargo, la vizcondesa de Termens declaró que el Infante le vendió en
1904 una parte de las alhajas de su madre, la duquesa de Montpensier. El
collar figuraba entre ellas, con 106 perlas y se valoró en 225.000 pesetas, y
que el infante lo recobraría en 1905, mediante el pago de la misma suma.
Cuatro años después, aquél revendió de nuevo la alhaja a un joyero
parisino, que en 1909 se la traspasó a la declarante. Añadía la Vizcondesa
que el Infante le administraba sus bienes, hasta que en 1911 hubo de
retirarle la autorización por irse ella a casar. El Infante dio su asentimiento,
y de su puño y letra redacto el inventario de las alhajas de la Vizcondesa,
entre las que figura el collar.
En 1920, el el juez instructor parisino M. Cruz resolvió sobre el pleito del
collar. En su fallo reconoce que la vizcondesa de Termens compró el collar
de perlas materia de litigio al joyero M. Tonnel, establecido en París en la
rue de Paix, 12. Y admite la validez de la compraventa en virtud de la
factura presentada de por la cantidad de 150.000 francos, hechos que
fueron reconocidos por el propio Infante que también declaró que jamás
había estado en su ánimo injuriar, ni calumniar a la Vizcondesa, la que a su
juicio había procedido de buena fe y completa lealtad.
Los interesados acataron la resolución del Tribunal y convinieron
posteriormente que la Vizcondesa vendiese, de nuevo, el collar al Infante.
Así pues quedaba claro, que la Infantona tenía razón cuando afirmaba que
era dueña legítima del collar y que la denuncia era una mentira más de
Antonio de Orleáns para intentar recuperar parte del patrimonio
derrochado.
Viajando libremente por Europa

Tarjeta manuscrita de 1899 de la infanta Eulalia de Borbón dirigida al que


fuera embajador de España en Francia, don Fernando León y Castillo. Este
documento que nos hace llegar nuestro buen amigo Santiago
García aparece en el epistolario depositado en la Casa-Museo León y
Castillo de Telde en Gran Canaria, y en ella se escribe los siguiente:
(…) He sabido que mi marido ha pedido un coupe File para poder circular
libremente en compañía de la señorita Carmela Jiménez y Familia y me
consta que el Marqués de Novallas, ha contestado a Antonio prometiendo
conseguir dicho coupe file…
El “coupe file” era un tipo de salvoconducto o pase oficial que permitía el
tránsito libre y sin demoras a su titular en Francia. Y como se demuestra
en este curiosa misiva, motivo de enojo de doña Eulalia que veía como de
esta forma su marido, Antonio de Orleáns podía viajar libremente en
compañía de su amante, mientras ella debía permanecer recluida en casa,
sin derechos y viendo dilapidar su fortuna familiar.
Para viajar por Europa a finales del siglo XIX había que solicitar constantes
permisos y visados, por lo infrecuente de este tipo de desplazamientos. En
esta época en la que ya se podían hacer inumerables trayectos por Europa
en ferrocarril apenas se contabilizan unos 10.000 viajeros al año lo que
supone una media de apenas 30 al día. Sin embargo Carmela Giménez
sería una intrépida viajera que frecuentó las principales capitales del viejo
continente como París, Londres, Roma o Estocolmo.

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