EDIPO REY
Seguro que muchas veces habréis oído hablar del “complejo de Edipo”, la
famosa teoría del psicoanálisis formulada por Freud y que explica el
comportamiento en la infancia de los niños hacia sus padres. Pero, ¿sabéis
por qué lleva este nombre? ¿Quién fue realmente Edipo? Edipo es un
personaje de la Grecia clásica. Fue rey de Tebas, una ciudad situada a unos
50 kilómetros de Atenas, que en la antigüedad era la capital de la región.
Su historia fue recogida por varios autores clásicos, aunque la versión más
conocida fue la que escribió el poeta trágico Sófocles en su “Edipo Rey”,
hacia el año 430 antes de Cristo. La leyenda comienza con su padre, Layo,
el rey de Tebas en aquella época. El monarca no conseguía tener un hijo
con su esposa Yocasta, a pesar de intentarlo durante varios años.
Desesperado, acudió al Oráculo de Delfos, un templo sagrado de consulta
a los dioses, buscando una solución. En vez de eso, se encontró con una
profecía terrible que decía que su hijo algún día mataría a su padre y se
casaría con su madre. Impresionado, Layo decidió guardar la profecía en
secreto y desistir de tener hijos. Pero finalmente una noche, bajo los
efectos del alcohol, acabó por concebir a Edipo. Layo temía que la profecía
se cumpliese, y para evitarlo decidió deshacerse de él al nacer. Se lo
entregó a un pastor para que lo abandonase en el monte Citerón, pero
antes le atravesó los pies con una fíbula, el broche de su túnica, para que
nadie quisiera adoptarlo. Sin embargo nuestro protagonista tuvo suerte y
fue encontrado por otros pastores que se lo entregaron a Pólibo, el rey de
Corinto, otra ciudad situada más al norte. Como no tenían hijos, él y su
esposa Mérope decidieron adoptarlo, y le pusieron de nombre Edipo, que
significa “pies hinchados”. Creció sin saber que era adoptado, y se convirtió
en un muchacho conocido por su gran valentía. Pero sus compañeros se
burlaban de él, porque decían que alguien tan intrépido no podía ser hijo
del ingenuo Pólibo. Para salir de dudas decidió ir a consultar al Oráculo de
Delfos, y este le profetizó algo que no esperaba. Que mataría a su padre y
se casaría con su madre. Asustado, e intentando evitar la profecía de todas
las maneras, Edipo huyó de Corinto para alejarse de Pólibo y Mérope,
quienes pensaba que eran sus padres, y se dirigió a Tebas. La mala fortuna
quiso que se encontrase con Layo, su padre biológico, en un cruce de
caminos. Su heraldo le ordenó que les cediese el paso, pero Edipo se negó,
y en represalia mataron a uno de sus caballos. Esto enfadó mucho a Edipo,
que terminó asesinando al heraldo y al propio Layo, sin llegar a saber que
se trataba del rey de Tebas y su propio padre. Continuó su camino, y al
llegar al monte Ficio se encontró con la Esfinge. Este ser con rostro de
mujer, cuerpo de león y alas de ave, había sido enviado por los dioses para
atormentar a la población de Tebas. Destruía las cosechas, y a todo el que
se encontraba le planteaba un acertijo y si no lo acertaban, encontraban la
muerte. Nadie era capaz de resolverlo, pero cuando se encontró a Edipo le
preguntó: ¿cuál es la única criatura que al amanecer anda a cuatro patas, al
mediodía anda a dos y al caer la tarde anda a tres? Y este le contestó que
el ser humano, porque en su infancia gatea con sus manos y rodillas.
Cuando es un adulto camina con dos pies. Y en el anochecer de su vida,
cuando se convierte en anciano, utiliza un bastón, lo que equivale a
caminar con tres pies. La Esfinge enloqueció de ira y se arrojó desde lo alto
del monte. Edipo fue recibido como un salvador en Tebas. Como premio
fue nombrado nuevo rey, y se casó con Yocasta, viuda de Layo y su
verdadera madre. Con ella tuvo cuatro hijos, Polinices, Eteocles, Ismene y
Antígona. Al poco tiempo, una terrible epidemia de peste asoló a la ciudad.
Para saber la causa de ese castigo de los dioses, Edipo consultó una vez
más al Oráculo de Delfos, que le dijo que la plaga continuaría hasta que
fuese encontrado y condenado el asesino del anterior rey de Tebas, Layo. A
partir de entonces Edipo comenzó una árdua investigación, y removió cielo
y tierra para encontrar al asesino del anterior monarca. Finalmente gracias
a la ayuda de Tiresias, un adivino ciego, descubrió la amarga verdad, y con
ella su propio origen. No solo había matado a su padre, el rey de Tebas,
sino que se había casado con su propia madre. Cuando Yocasta se enteró,
abrumada por la vergüenza, se quitó la vida. Ante su cadáver, Edipo cogió
uno de los broches de su vestido y se arrancó los ojos con él. Y cómo
penitencia, decidió exiliarse de Tebas, sólo permitiendo que lo acompañase
su hija Antígona para ayudarle. Vagó sin rumbo como un mendigo hasta
que Teseo, el mítico héroe que venció al Minotauro, le acogió en Colono,
donde murió tiempo después. Como muchas de las historias de la Grecia
clásica, el mérito de la leyenda de Edipo está en el gran simbolismo que
encierra. Tanto es así que más de 20 siglos después sirve como perfecta
representación de una la teorías psicoanalíticas más conocidas y
mencionadas de nuestra época.