Sobre la mujer y su enfermedad.
Además de contar con toda esta carga cultural la protagonista de nuestra historia esta enferma,
padece una cruel enfermedad desde hace doce años.
En la Biblia la enfermedad es sinónimo de pecado mientras que la salud es sinónimo de fidelidad a
los mandamientos de Dios. La sentencia bíblica sobre el tratamiento médico sobrenatural es
explícita: “yo soy Yahweh, tu médico”. Cuando el propio Dios es el médico no caben ni espíritus, ni
fantasmas, y la enfermedad y su curación proceden del mismo origen: “yo hiero y sano”.
Esta concepción de lo que es la enfermedad y sus causas cambiará por completo la concepción de
la medicina y de los médicos. La enfermedad se verá desde un punto teológico y no desde una
postura natural, por lo tanto la respuesta al problema estaría en el ámbito religioso y no en los
médicos. Las consecuencias de este hecho se hacen visibles cuando encontramos una extrema
carencia del conocimiento científico de la medicina dentro del pueblo judío; en el Antiguo Testamento
solo encontramos 10 referencias a la medicina y una al término “médico”.
Por otro lado no podemos ignorar que los judíos tenían un “código” de higiene muy adelantado en
comparación con los demás pueblos, de lo contrario su peregrinaje por el desierto habría sido una
calamidad; este código se ocupa de la “higiene pública, de la provisión de agua, de las aguas
servidas, de la inspección y selección de alimentos, y del control de las enfermedades infecciosas
3]”. Lo más probable es que este código lo haya tomado Moisés de lo egipcios y luego los mismos
hebreos le hubiesen dado una connotación religiosa. Además de esta cita los judíos contaban con
una serie de cuidados entorno no a la enfermedad sino al cuidado de la misma.
En el texto bíblico se hace evidente el uso del aceite, con o sin vino, uso de ungüentos, vino,
bálsamos, emplastos, lavado y exprimido de las heridas purulentas, baños y aguas curativas en el
caso de las enfermedades de la piel. Los profetas tenían el trabajo de cuidar los enfermos; los
sacerdotes eran como inspectores de salud, eran los que determinaban el grado de la enfermedad y
decidían si el enfermo debía estar en cuarentena.
En el silgo I la medicina tendrá cabida en la cultura judía, a los médicos se les verá con buenos ojos,
Jesús citará los médicos y Lucas, el autor de un evangelio y de los Hechos de los Apóstoles, será
médico de profesión. Pienso que esta nueva percepción de la medicina será otra de las cosas que
los griegos, en su interés por hacer conocer su cultura, aportaron a la sociedad judía. Luego del auge
del helenismo los médicos entrarán en la cultura y comenzarán a ser aceptados. Muy probablemente
los médicos a los que acudió la mujer del flujo de sangre eran extranjeros.
La enfermedad que citan los evangelistas es conocida como menorragia. Es una enfermedad en la
que se prolonga anormalmente el flujo menstrual y puede producir anemia
[4]. Si pensamos que esta mujer fue victima de esta enfermedad lo más probable era que tenía
anemia, que es una enfermedad de la sangre caracterizada por una disminución anormal en el
número de glóbulos rojos (eritrocitos o hematíes). Los síntomas más comunes de la anemia son el
decaimiento físico y psíquico, síntomas cardio-respiratorios como fatiga y palpitaciones, síntomas
gastrointestinales como vómitos, diarrea o estreñimiento, síntomas neurológicos como cefalea,
acúfenos, mareos o vértigo y alteraciones genitourinarias como amenorrea o pérdida de la libido.
Además del sufrimiento físico que esta enfermedad podría causar, hacía impura a la mujer desde el
punto de vista judío. Según las leyes de sanidad de los judíos durante el período de flujo de sangre
la mujer era considerada impura y tenía que seguir ciertos parámetros para evitar ser causa de
contaminación. Tenía que permanecer apartada del pueblo los días que durara su menstruación,
cualquier cosa que tocara se hacía impuro hasta la noche y lo mismo pasaba con todo lo que la
tocara o toda persona que tocare algo que ella había tocado como su cama, sus sillas, sus vestidos
etc.
Una vez terminado el flujo debía esperar siete días, al octavo día debería ofrecer sacrificio para
obtener su pureza. En los tiempos bíblicos la pureza o impureza era una estado del ser humano que
trascendía de lo físico y era tipo de lo moral, es decir, una mujer con flujo se sangre normal era
considerada impura tanto física como espiritualmente. Estos elementos nos dan pie para
imaginarnos la condición del personaje de nuestra historia: no solo estaba enferme sino también era
impura, tanto física como moralmente.
El relato bíblico afirma que esta mujer había gastado todo lo que tenía en médicos y de nada había
servido. La mujer en la época de Jesús no podía contar con muchos recursos económicos; la única
manera para que una mujer pudiera heredar era sino contaba con hermanos varones. Aunque en los
relatos de los evangelistas se hacen algunas afirmaciones a los recursos con que contaban las
mujeres y como algunas lo donaron al trabajo del maestro.
Pienso que de una u otra manera este acercamiento histórico al pasaje nos permite vislumbrar mejor
las circunstancias en las que se dio este hecho. Permítame hacer una relación entre el pasaje y la
historia para seguir en el análisis.
Sobre la mujer y su historia.
Como ya lo afirme la mujer en los tiempos bíblicos no era vista con buenos ojos por la misma cultura
en la que estaba inmersa. Era tenida como menos que el varón y este ya es un asunto característico
del pasaje; la mujer tendrá alguna relevancia cultural luego del trato que Jesús les dará. La mayor
alegría de una mujer era ser madre. El rol en el mundo era la maternidad. Pero la mujer del pasaje
no tenía esta oportunidad, seguramente no tuvo la oportunidad ni de ser cortejada, ni de todos los
ornamentos previos al matrimonio, ni tuvo matrimonio, por lo tanto nunca tuvo hijos. ¿De donde
obtengo esta conclusión? De lo que no dice los evangelistas.
Tal vez Lucas en su condición de médico habría citado algo de haber sido de otro modo, por lo que
me inclino a pensar que no tenía hijos como consecuencia de su enfermedad. Creo que este era el
mayor problema con el que contaba esta mujer sin mencionar toda la carga cultural que significaba el
ser enferma. Tuvo que haber vivido fuera del pueblo durante doce años, de una u otra manera tenia
que hacerse conocer ante los que la rodeaban para evitar hacerlos impuros, para evitar
contaminarlos de su contaminación.
Todo lo que tenía lo había gastado en los médicos del momento, pero ninguno le había podido
ayudar, antes de iba peor. Moneda tras moneda caía de alguna manera en saco roto, todo lo que
recibía lo trataba de invertir para mejorar su salud pero la esperanza estaba perdida, ninguno le
había sanado. Tal vez lo que algunos habrían podido hacer fue tratar de hacer tolerable la
enfermedad; aunque no había médicos en Israel algunos rabinos llegaron a prescribir remedios para
mejorar la dolencia pero nunca para obtener la sanidad, pues esta era obra de Dios. El evangelista
Marcos deja ver una cruel crítica a los médicos cuando afirma “antes le iba peor”, crítica que Lucas
como médico modera.
Para una mujer que lleva en sus hombros una carga cultural que tiende al desprecio, cargando una
enfermedad que la hace impura, deshonrosa; que la ha privado casi del mismo sentido de la vida;
que ha gastado todo lo que tenía en una solución a su problema y que antes le va peor, solo tiene
como última salida el vivir para morir.
Jesús que según lo que creía el pueblo en aquella época era un líder religioso con tendencias a la
política, que era relacionado con algún profeta de la antigüedad, que tenía el poder de enseñar las
Escrituras como nadie lo había hecho y era portador de un gran poder para sanar, se dirige a casa
de Jairo, líder de la sinagoga, porque la hija de este está muy enferma. El conocimiento de Jesús
como el que hace milagros se había difundido no solo en Jerusalén, capital del país, sino también en
las regiones circunvecinas y sin duda en uno de esos comentarios esta mujer había escuchado algo
acerca de Jesús. A Jesús lo sigue una gran multitud y la mujer ve esta oportunidad como la mejor y
única para acercarse y tocar el manto de Jesús teniendo como base el creer, la fe: “Si toco tan solo
su manto, seré salva”
[5] Para entender la forma en que lo hizo pienso que nos podemos remontar al aspecto cultural para
poder entender su actitud. Una mujer, de acuerdo a los planteamientos culturales de la época, no
tenía la oportunidad de abordar sin temor a un líder de la talla de Jesús en público ni en privado, y
menos si recordamos la condición religiosas en la que está mujer estaba: era impura y todo lo que
tocaba lo hacía impuro. De manera que la mejor ocasión para acercarse a Jesús será en medio de la
multitud buscando tocarlo pero sin despertar sospechas.
El relato bíblico afirma que una vez que la mujer tocó el manto de Jesús su flujo desapareció y su
fuente se secó. En este punto un aporte filológico nos puede ayudar en nuestra tarea hermenéutica.
La RVR 60 dice que la mujer buscaba su salvación y que Jesús la había salvado. Entonces la
pregunta es ¿no buscaba esta mujer su sanidad? Pues bien, el término griego que en esta versión
se traduce por salvación es swzw:(sozo) que en su primer significado es salvar pero tiene una
connotación de salud: conservar, proteger, y en voz pasiva como en este caso, su significado es
subsistir; por lo que lo que dice la mujer es algo así como: “si toco el manto subsistiré”. Una vez la
mujer lleva cabo su plan Jesús se da cuenta cómo de él había salido poder, por lo que pregunta a
sus discípulos quién lo había tocado. La mujer que pensó que pasaría desapercibida fue descubierta
por el maestro y ahora podría estar en graves problemas.
Contrario a la opinión de los discípulos quienes pensaban que era ilógico preguntar por quién lo
había tocado estando en medio de una multitud, Jesús repite su pregunta y ante esta la mujer se ve
descubierta. Esta es una nueva situación en la que la mujer se ve enfrentada y tiene que superar. Su
estado actual en cuanto a la enfermedad ha cambiado pero ahora se enfrenta a un nuevo problema:
ha tocado al maestro, lo ha hecho impuro, ha quebrantado la ley, ha violado los límites culturales y
está siendo interrogada por Jesús. Lo único que encuentra para hacer en ese momento es postrarse
ante Jesús y decirle toda la verdad. El acto de postrarse está enmarcado dentro de la cultura judía
como una actitud algunas veces de subordinación y en otros casos de adoración. Sin duda alguna
esta mujer se postro ante Jesús con un sentido de dependencia, de súplica, de ruego, tal vez
pidiendo perdón por haberlo tocado y hacerlo impuro; por haber sido la causa de problema y de
contaminación.
El evangelista añade al acto físico el temor y el temblor, y no era para menos. La mujer que no
podía, ni debía, ni le era permitido tocar, hacer etc. acaba de mezclarse entre la multitud y tocar a la
fuente de la sanidad. Una vez postrada, temiendo y temblando relata toda la verdad, no solo a Jesús
sino también a la multitud, afirma Lucas; la mujer que quería pasar desapercibida ahora tiene que
confesar su falta, su estado de frustración y el milagro acaecido en su vida delante del pueblo. Es
interesante ver la respuesta de Jesús: “hija tu fe te ha salvado”. Esta mujer que no era nadie para
alguien, que era tenida por impura, por deshonrosa, que tal vez no significaba nada ni para su
familia, en ese momento es llamada hija.
A modo de conclusión.
Una vez más Jesús demuestra su actitud amorosa ante los excluidos de la sociedad, de una
sociedad basada en unas normas de conducta y unas costumbres jerárquicas que solo buscaban
encontrar culpables, enfermos, pecadores, pero que nunca se le veía la menor intención de servir de
bastón a los menesterosos.
Sin duda alguna la osadía de esta mujer es una de las cosas que se le deben reconocer. Siendo
consciente de su situación se atrevió a romper la barrera de la pureza – impureza, del
establecimiento de costumbres, de la misma ley mosaica con tal de lograr su objetivo. Se atrevió a ir
más allá de sus temores, de sus miedos, de lo que podría pasar en el momento de tocar con su
impureza a un ser puro. Pero el que es puro en sí mismo venció de alguna manera la impureza de la
mujer y al contrario de lo que sucedía siempre, el tocado traspasó pureza y sanidad a un ser carente
de ella. Con solo tener fe y la valentía de tocar al maestro la mujer pudo volver a pensar en lo que
hacía doce años no podía pasar por su mente: ser mujer, ser madre, ser esposa. Ser una ficha
importante en el juego de la vida.
En una sociedad en la que el temor, las dificultades, las circunstancias adversas de la vida están
presentes a cada instante deberíamos tomar la audacia, la osadía, el atrevimiento de esta mujer,
romper con los lineamientos culturales, y en muchos casos hasta religiosos de nuestra sociedad y
acercarnos a uno que siempre está dispuesto a tratarnos como hijos: “Hija, tu fe te ha hecho salva;
ve en paz”.
La mujer de flujo de sangre sanada por Jesús
Marcos 5:25-34
Como la naturaleza, Jesús trabaja sin alboroto ni dificultad. Dispersa profusamente sus obras de misericordia y
gracia sin pensar en la alabanza de los hombres. En el camino de resucitar a la hija muerta de Jairo, la virtud fluye
de él y revive este espíritu caído y confiado. ¡Qué inspiración sería este episodio para Jairo, como “un puñado a
propósito”! Note el caso de esta mujer:
I. Su enfermedad. “Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre” (Marcos 5:25). Su
propia vida se fue desvaneciendo lentamente, la vida está en la sangre (Lev. 17:11). En esta condición ella era: (1)
débil; (2) impura; (3) miserable. Tales son los efectos del pecado. El amor al pecado es un cáncer en el alma.
Ninguna aplicación externa puede tocarla, la sabiduría del hombre nunca ha encontrado un remedio para ello. Esta
pobre mujer lleva doce años en proceso de morir. Debemos morir para vivir (Mat. 10:39).
II. Su esfuerzo. “Había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía” (Mar. 5:26). Ella sabía que
estaba enferma y que estaba dispuesta a dar su todo para obtener la liberación de su miseria. Hay esperanza para
un alma cuando se trata de esto. Sin simulacros ni maquinaciones, sin pretender ser lo suficientemente bueno, sin
auto justificación. Ella fue lo suficientemente seria, pero había ido a la fuente equivocada. Su cura no debía
comprarse, estaba gastando su “dinero en lo que no es pan” (Isaías 55:1-2).
III. Su fracaso. “Nada había aprovechado, antes le iba peor” (Mar. 5:26). Peor que nunca, y todos sus medios se
han gastado. Ahora está “sin esperanza” en lo que respecta a sus propios recursos. Sus médicos no tenían ningún
valor. El Doctor Ateo, Doctor Agnóstico, Doctor No Hay Infierno, Doctor Falsa Paz, Doctor Suficientemente Bueno,
Doctor Hacer Mejor, Doctor Tiempo Suficiente, y el Doctor Demasiado Tarde no pueden tocar el dolor del pecado.
El hijo pródigo no se ganó la mejor túnica por comprarlo. La sed solo puede empeorar cuando se busca agua en las
cisternas rotas (Rom. 4:5).
Ella es pobre, no tiene nada que dar, no espera que le dé ninguna medicina, pero cree que un toque del borde de
su prenda traerá sanidad instantánea.
IV. Su fe. “Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva” (Mar. 5:28). Evidentemente, ella había oído
hablar de Jesús y creía lo que escuchaba. La fe viene por el oír. Su fe era simple, sin embargo muy grande. Ella es
pobre, no tiene nada que dar, no espera que le dé ninguna medicina, pero cree que un toque del borde de su
prenda traerá sanidad instantánea. Jesús fue para ella la fuente y el centro de la plenitud todopoderosa. La fe débil
puede tocar a un gran Salvador. “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16:31).
V. Su victoria. “Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote”
(Mar. 5:29). Según tu fe, así será para ti. Ella no dijo: “Si le toco, seré sanada”, y se quedó quieta, esperando tener
otra oportunidad en el futuro. Su fe la puso en contacto personal con el Señor. La fe que no hace esto no es fe.
1. Su sanidad fue repentina. “En seguida” (Mar. 5:29). Inmediatamente, Cristo responde al clamor de confianza y
llena la mano de fe.
2. Su sanidad fue completa. “Se secó” (Mar. 5:29). La fuente misma de su problema se secó. Su remedio va a la
raíz. El término “convaleciente” no pertenece al vocabulario del Doctor Celestial. Quedó perfectamente sanada.
3. Su sanidad fue disfrutada conscientemente. “Sintió en el cuerpo que estaba sana” (Mar. 5:29). Ella no podía
sentirse mejor hasta que estaba mejor. No podemos sentirnos salvos hasta que somos salvos.
VI. Su confesión. “Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se
postró delante de él, y le dijo toda la verdad” (Mar. 5:33). La pregunta de Jesús, “¿Quién me ha tocado?” (Mar.
5:31), fue diseñada para llevarla a un reconocimiento público de la bendición recibida. Él no la dejaría irse con la
incómoda sensación de que ella había robado la sanidad, o sin la consciencia de que era el don de Dios. Esta
virtud sanadora surgió en respuesta a su fe y según su voluntad. Ella había creído con el corazón, ahora ella debe
expresarlo, porque “con la boca se confiesa para salvación” (Rom. 10:10). El toque de confianza nos puede curar,
pero nuestra confianza nos fortalece al confesar con los labios. “Porque el que se avergonzare de mí y de mis
palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga
en la gloria de su Padre con los santos ángeles” (Mar. 8:38).
VII. Su seguridad. “Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; vé en paz, y queda sana de tu azote” (Mar. 5:34). Ella
no habría tenido esta palabra reconfortante si no hubiera hecho una confesión abierta. Ella fue salva por la fe, y
asegurada por su palabra. Si se hubiera ido sin esta promesa, podría haber temido constantemente que volviera la
terrible enfermedad; pero ahora no solo se siente bien, sino que tiene su palabra de que se ha recuperado de su
plaga. Hay muchos que carecen del gozo de la salvación porque en sus vidas no confiesan a Cristo ante los
hombres (1 Jn. 4:15).
Tu fe te ha salvado
Lucas 8, versículo 40.
Quiero hablarles acerca de la mujer con el flujo de sangre. Este personaje muy interesante que Cristo
tuvo un encuentro con ella, o ella tuvo un encuentro frontal con el poder de Jesús. Y es muy inspirador
ese texto y quiero que ustedes y yo podamos recibir enseñanza de parte del Señor acerca de este
texto.
La mujer que tocó el manto de Jesús. 8, 40, Lucas.
Dice allí, “cuando volvió Jesús le recibió la multitud con gozo porque todos le esperaban. Entonces
vino un varón, llamado Jairo, que era principal de la sinagoga y prestándose a los pies de Jesús le
rogaba que entrase en su casa,” porque tenía una hija única, como de doce años que se estaba
muriendo. Y mientras él iba, la multitud le oprimían, es decir, le presionaban físicamente, “pero una
mujer,” y allí deténgase un momentito. Y dice, pero una mujer. Mire esa conjunción, 'pero’ una mujer
que padecía de flujo de sangre desde hacía 12 años y que había gastado en médicos todo cuanto tenía
y por ninguno había podido ser curada, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto. Y, al
instante se detuvo el flujo de su sangre.
Entonces, Jesús dijo, “¿quién es el que me ha tocado?” Y negando todos, porque era una sola persona
que le había tocado no, y negando todos, dijo Pedro y los que estaban con Él, “Maestro, la multitud te
aprieta y oprime y dices, “¿quién es el que me ha tocado?” Pero, Jesús dijo alguien me ha tocado.
Porque yo he conocido que ha salido poder de mí. Entonces, cuando la mujer vio que no había
quedado oculta vino temblando, postrándose a sus pies, le declaró delante de todo el pueblo por qué
causa ella le había tocado y cómo al instante había sido sanada. Y Él le dijo, hija tu fe te ha salvado, ve
en paz. Amén.
Escuche esas palabras, tu fe te ha salvado.
Impartir a la congregación un espíritu, una mentalidad, una actitud de fe. Yo creo que Dios quiere
marcar nuestra congregación, yo creo que Dios quiere cambiar la constitución misma de esta iglesia y
llevarla a otro nivel más poderoso. Cambiar nuestra forma de pensar, de ver las cosas y esa es una de
las cosas más importantes acerca del concepto de fe.
¿Sabe donde comienza la fe?
La fe comienza en la mente en la forma de pensar. La persona de fe es una persona que piensa y ve la
vida y concibe los eventos y los asuntos de la vida en una forma muy diferente a como lo hace la
persona que no es de fe. La persona que piensa solamente en términos racionales, humanos,
materiales. Se necesita experimentar un cambio de mentalidad para poder pensar en términos de fe.
Por eso el Apóstol Pablo, en Romanos 12, 2, creo que es. Él dice, no se acostumbren a la manera de
pensar de esta cultura. Él dice, las palabras son, “no os conforméis a este siglo,” pero lo voy a traducir
en lo que realidad quiere decir en términos contemporáneos. No se acostumbren a pensar cómo
piensa el mundo sino transfórmense por medio de la renovación, ¿de qué? De su mente, su forma de
pensar, su entendimiento.. Porque en el mundo de la fe las cosas funcionan muy diferentes a como
funcionan en el mundo material.
En el mundo de la fe, más es menos, y menos a veces es más.
En el mundo de la fe los niños son los que entran al reino de los cielos, y los adultos y los muy maduros
y sofisticados se quedan afuera.
En el mundo de la fe el débil es el que es fuerte.
En el mundo de la fe hay que morir para vivir.
En el mundo de la fe hay que servir para recibir y para ser servido.
En el mundo de la fe hay que dar para tener.
En el mundo de la fe hay que hacerse pequeño para que Dios levante a uno, etcétera, etcétera.
Es una cosa rara. La visión de fe es muy diferente a la visión humana.
Y desgraciadamente mucha gente en el mundo, o mejor dicho en la iglesia, cuando vienen del mundo y
entran a la economía del evangelio no hacen ese cambio en su mente. Se quedan todavía pensando
como piensa el mundo y Dios quiere que cuando entremos al evangelio que nuestra mente sea
transformada, sea cambiada. Y eso es proceso de toda una vida, pero muchos de nosotros ni siquiera
lo comenzamos nos quedamos todavía, no somos ni chicha ni limonada, como dicen los guatemaltecos,
no somos ni una cosa ni la otra.
Y entonces, somos como parte humano, parte espiritual y es una confusión terrible y no recibimos
nada porque sabe que el hombre de doble ánimo no espere que recibirá nada del Señor. La persona
que es así indecisa, insegura, indefinida, nosotros tenemos que definirnos como hombres y mujeres de
fe. Gente que computa las cosas del mundo conforme a las leyes del espíritu y no a las leyes de la
razón.
Dios quiere que tengamos que es a través de los principios, los conceptos de la fe y estos pasajes que
hay en toda la escritura –usted verá que una de las cosas que Dios quiere hacer a través de toda la
escritura es que nosotros aprendamos a pensar en términos de fe. Que nosotros aprendamos a vivir la
vida como gente de fe. Y por esos están esos pasajes aquí, y por eso al final el Señor le dice a la mujer,
“hija, vete en paz. Tu fe te ha salvado.”
¿Por qué? Porque la fe es como el hilo conector, es el alambre que permite que la energía divina corra
y llegue a uno y vaya la petición de uno hacia Dios.
La fe es el hilo conector entre Dios y el mundo del espíritu y el mundo humano y el ser humano.
Si no hay fe no hay conexión hermanos, si no hay fe ese teléfono no tiene tono
Si no hay fe no hay conexión con Dios.
Dice la Biblia que el que se acerca a Dios es preciso que crea que él existe y que Él es galardonador de
los que le busquen, ¿recuerdan? Dice la Biblia que sin fe es imposible agradar a Dios. Si usted quiere
acercarse a Dios, si usted quiere recibir algo de Dios, si usted quiere ser premiado, galardonado por
Dios, tiene que creer que Dios es y que Dios es como Él dice que es. Y que Dios es el mismo ayer, hoy,
por los siglos. Que el Dios que sanó a esta mujer con el flujo de sangre, puede hacer lo mismo en tu
vida. Porque ella tenía un flujo de sangre que la debilitaba, era como un continuo derrame allí, gotita a
gotita en su cuerpo que le daba una anemia terrible probablemente.
Sabe qué, en nuestra vida hay situaciones que nos están desangrando a veces, ¿sí o no?
Hay preocupaciones, un hijo malcriado o que está en caminos indebidos, un matrimonio que está allí
cada día en resucitación, en respiración artificial, un esposo que no da pa’ lante ni que lo halen con una
grúa; una situación financiera, una depresión que no quiere irse, recuerdos que nos atormentan.
Hay tantas cosas que son como gotitas de sangre, ¿no? Que se van saliendo de nuestra vida, que nos
mantienen débiles, inefectivos e imposibles de dar fruto para el Señor. Entonces, ¿qué hace uno con
ese flujo de sangre? Yo creo que lo único que uno puede emplear es los principios y los recursos de la
fe para que se resuelva el problema. ¿Puede decir amén?
Cualquier situación, yo creo, hermanos, tiene solución en Cristo, en el poder de dios y tu fe es lo
suficiente. Ahora, yo no te puedo garantizar que va a ser de la noche a la mañana.
¿A esta mujer cuántos años le tomó para llegar a su solución? 12 años. Yo no voy a decir que te va a
tomar tanto tiempo, no te desesperes así tampoco, pero puede que sea un año, dos años, tres años.
Mire, hay batallas que se van a tomar… hay a veces unos demonios que son más tercos que una mula y
hay que darles batazos en la cabeza hasta que finalmente se van y se desalojan. Hay veces que no, que
tú clamas y antes de que tú clames ya Dios ha respondido, también. Pero todas esas transacciones,
siempre se darán a través del proceso de la fe. Esta mujer tuvo fe y por eso Dios pudo hacer el milagro
en su vida y la fe cambia las circunstancias.