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Vida Del DR Gilberto Rodriguez Ochoa

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Directorio Institucional

Dr. Francisco Armada


Ministro de Salud

Dr. José Rafael Mendoza


Viceministro de Redes de Salud Colectiva

Dr. Carlos Humberto Alvarado


Viceministro de Redes de Servicios de Salud

Dr. Fernando Colmenares Bottaro


Director Ejecutivo del Servicio Autónomo
Instituto de Altos Estudios “Dr. Arnoldo Gabaldon”

1ra. Edición, Noviembre 2006.


Todos los derechos reservados.
© Daisy Camacaro Gómez.
© Sobre la presente edición: IAES “Dr. Arnoldo Gabaldon”

Esta obra está protegida por las disposiciones sobre reproducción de


originales del Protocolo 2 de la Convención Universal sobre Derechos de
Autor. Se puede reseñar, reproducir o traducir con fines de investigación o
de estudio privado, pero no para la venta u otro uso comercial. En todo
uso que se haga de esta información se deberá indicar su fuente.

Depósito Legal.- If90420066101525


ISBN.- 980-6778-19-7

Directora de Gestión de Información: Wuilman Gómez.


Coordinación editorial: María Mercedes Estrada.
Concepto gráfico y diseño: José Edgardo Morr.
Revisión literaria: Miriam Kasen.
Transcripción de entrevistas: Glenda Girón.
Fotografias: Álbumes de la familia Rodríguez Ochoa.

Impresión: 1.000 ejemplares.


Impreso por: VDP Soluciones Gráficas c.a.
Telefax.- (0243) 2418454. email: vdp@[Link]

[Link]
“Allá, donde terminan las fronteras, los caminos se borran.
Donde empieza el silencio. Avanzo lentamente y pueblo
la noche de estrellas, de palabras, de la respiración de
un agua remota que me espera donde comienza el
alba.
Invento la víspera, la noche, el día siguiente que se levanta
en su lecho de piedra y recorre con ojos límpidos un mundo
penosamente soñado. Sostengo al árbol, a la nube, a la
roca, al mar, presentimiento de dicha, invenciones que
desfallecen y vacilan frente a la luz que disgrega”.

Octavio Paz
Dedicatoria

A la memoria de Lidia Zerpa Durán, mi queridísima tía.

A todos y todas mis estudiantes de medicina, con el anhelo


de que la semblanza de este médico promotor de vida y
constructor de ciudadanía, se convierta en un modelo
para el ejercicio de su profesión.

5
Agradecimiento

A todos y todas los/las entrevistados/as, amigos/as,


compañeros/as de trabajo quienes con sus voces y manos
ayudaron a evocar la vida, obra y el ejemplo
de Gilberto Rodríguez Ochoa.

7
Un trazador de caminos. .

D e Gilberto pudiera decirse que fue alguien especial.


Su historia, análisis, luchas, ideas, actitudes, construcciones,
viajes, poemas, búsquedas, cruzadas y hasta sus depresiones le
daban ese perfil, pero su característica más importante era su terco
com- promiso con las necesidades del pueblo.
Ese compromiso lo perseguía implacablemente, fueron muchas
las veces que lo vimos retirarse desilusionado, para luego reen-
contrarlo enfrascado en una nueva lucha. Era inevitable: si
se topaba con alguna injusticia, se obligaba a volver, a
continuar en el combate, haciendo énfasis siempre en la
cuestión humana, en términos de los que es la calidad de la
atención, la calidad que debía sentir la gente y eso fue algo
realmente peculiar e im- portante dentro de la visión que tenía.
En el aspecto ideológico, poseía una direccionalidad bastante
clara, no solamente en la misión principal de transformación,
sino también en las activida- des cotidianas.
Yo lo conocí en Amazonas, cuando hice allá mi pasantía rural en
el último año de la carrera. Después como médico rural, tuve la
oportunidad de interactuar con él en diferentes espacios en ese
estado. Lo que más me marcó de él fue la lucha política, posible
desde cualquier marco, en todos los espacios. Fue una constan-
te, cualquier instancia se convertía en un escenario para
expresar la necesidad de un cambio. Tanto en área de
investigación como cuando asumía una responsabilidad de
índole política.
9
Quienes lo conocimos supimos de su sencillez hecha vida,
por tanto, pretender homenajearlo de alguna manera sería
ofender- lo, pero sabemos que ese no es el objeto de esta
publicación. Gilberto libró siempre una batalla interna en esa
búsqueda del auténtico revolucionario y profesó el anonimato
como parte de la reivindicación de lo colectivo por encima de
lo individual. Se trataba de una íntima construcción del
socialismo en lo cotidiano de su vida.
Hoy, cuando lo hacemos objeto de este libro y utilizamos su
nombre para el Hospital Cardiológico Infantil
Latinoamericano de Caracas, quizás estamos forzando sus
deseos o le fallamos como compañeros de camino al aupar
estas iniciativas que ha- cen recordar su nombre. Pero no, es lo
que manda el afecto por su recuerdo.
¿Qué pretendemos pues, si no se trata de un
reconocimiento? Realmente aspiramos compartir con los
lectores su experiencia para cumplir con la responsabilidad
política de alimentar la bata- lla de las ideas para el avance de
la Revolución Bolivariana.
Si lo precisamos, esta publicación tiene, al menos tres intencio-
nes: En primer lugar, dar a conocer una vida de lucha como
ejemplo de lo hermoso del compromiso social y la demostración
de que compromiso no es sinónimo de sacrificio, pues se
trata de un acto de amor.
En segundo lugar, el recuento de la vida de Gilberto permite
mostrar algunos aspectos fundamentales de las políticas de
salud de la revolución, sus antecedentes de lucha y ejemplos
de su aplicación. Destacan la importancia del abordaje de
nuestra con- dición multiétnica y pluricultural, el carácter
fundamentalmente político de las acciones sanitarias, el
desenmascaramiento del capitalismo médico y el enfoque de
necesidades en la atención de la salud del pueblo.
Finalmente, mostrar el accionar de Gilberto en la militancia de la
justicia ayuda a la identificación de una ética socialista en salud,
incluso en el resto de la política. Aunque uno, dos o mil códigos

10
de ética sean útiles como orientación moral, el ejemplo tiene
una enorme fuerza forjadora de conciencias.
Entonces, presentamos este libro como una forma de llegar
al alma de algunos, de estremecerlos para pensar la salud
desde un punto de vista ético unido con el de la militancia.
Rodríguez Ochoa fue constante en su lucha contra la
corrupción, atacó por igual desde el robo burdo grande o
pequeño, hasta el maldito accionar legal del capitalismo
médico en contra del pueblo. Fue inquebrantable al defender
una conducta de los trabajadores de la salud y una
administración de los recursos públicos, sólo en función de
los intereses del pueblo.
Como Ministro, incorporó un estilo distinto: más sencillo,
más humano. En los momentos cuando comenzaron a
generarse el movimiento y los cambios políticos y
revolucionarios, planteó una propuesta diferente para una
estructura que se evidenciaba terriblemente deformada y
perversa.
También hizo énfasis en el esquema de la transparencia
adminis- trativa y se concentró en la acometida de las
necesidades de las gente: de lo que hacía falta, más que hacia
lo propiamente técni- co del Ministerio. Esa concepción quedó
plasmada en el Modelo de Atención Integral que Gilberto y su
equipo propusieron para dar respuesta a la percepción de las
necesidades de la gente y no en la percepción alrededor del
propio sistema de salud.
Para mí Gilberto fue una referencia para la construcción de una
sociedad distinta, de un país más justo, un país que se proyecte
en condiciones diferentes . Particularmente, desde la trinchera
de la salud colectiva, de la salud pública en la que Gilberto
estuvo, pienso que hoy día tenemos algunas fortalezas que
fueron pro- ducto de sus aciertos en ese entonces. Para la
historia de la salud en Venezuela, Gilberto es una referencia
exitosa de un momento que fue tan difícil: el inicio de la
transformación. En ese sentido, es un referente, una referencia
ética, un trazador de caminos.
11
En estos días, el dolor de la partida de Gilberto, se disipa con el
regocijo del recuerdo de su vida, sus aportes y la certeza del com-
promiso cumplido, incluso, nos ayuda la fantasía de que ante la
perspectiva del fatal accidente, y luego de un rápido balance de
su vida, se despidió con una última sonrisa.

Francisco Armada
Ministro de Salud

12 13
Una vida para un libro. .

H e finalizado la lectura de la versión aún no editada del


libro-biografía de Gilberto Rodríguez Ochoa, escrito por Daisy
Camacaro Gómez, distinguida docente del Instituto de Altos Es-
tudios de Salud Pública “Arnoldo Gabaldon”(IAESP).
Aún tengo el libro en mis manos y contemplo en este momento
la portada elaborada por la gente del IAESP. Al fondo: un
paisaje de Amazonas, donde se divisa el Orinoco y un cielo
inmenso, un papagayo elevado por un niño pareciera
trascenderlo. Tal vez sea ese un símbolo que nos recuerde al
Gilberto niño y al Gilberto adulto: un papagayo que nos
empeñamos en hacer volar igual que a los sueños. En primer
plano los ladrillos de una vivienda en construcción y una
carretilla y abajo entre los ladrillos entreabier- tos su rostro
sonriente y la bandera de Venezuela ondeante.
Daisy me solicitó que escribiera el Prólogo del libro. Mi único
mé- rito en la edición de esa obra es ser el recién nombrado
Director Ejecutivo del IAESP. No tuve el privilegio de conocer
personalmen- te a Gilberto Rodríguez Ochoa, pero interesantes
impresiones me acompañan tras la lectura de este libro. Voy a
tomar prestadas las palabras de su hijo Andrés Eloy para
decir con él: “... una persona tan grande como papá es una de
esas cosas maravillo- sas y extrañas de la vida que casi nunca
ocurren…” y agrego: lamento no haber tenido la oportunidad
de ser su amigo, de no haber podido discutir con él sus
proyectos sobre el Sistema Público Nacional de Salud.

13
Lamento tantas cosas. Cómo hubiera

14
disfrutado al visitarlo en Puerto Ayacucho, Turmero o Aguirre,
cuánto me hubiese gustado ser su alumno en la Universidad de
Carabobo y haber aprendido de él, más que por su palabra, por
su ejemplo.
Porque Gilberto Rodríguez Ochoa fue la expresión hecha
hombre de lo que significa la palabra coherencia, es decir, la
sintonía entre el pensar, el sentir y el actuar: como pensaba,
sentía y como sentía, actuaba. Era una coherencia radical.
Además de médico fue un constructor y un campesino.
Construc- tor de casas y de proyectos para el país que él
aspiraba solidario e igualitario. Campesino por su amor a la
naturaleza. Un amigo lo describe como un enamorado. Sí,
enamorado de la vida, del amor, de la tierra, del firmamento,
de los seres vivientes y princi- palmente enamorado de su
pueblo.
Daisy se encargó de buscar las fuentes más cercanas al Dr. Gil-
berto: su esposa, sus hijas e hijos, sus hermanas y hermanos,
sus amigas y amigos, sus alumnas y alumnos, sus compañeras
y compañeros de lucha política y social y esa huella que dejó
he- cha palabra escrita casi a diario en la denuncia ante los
medios, artículos de prensa, reflexiones, cartas, poemas.
El libro narra su vida desde la casa paterna en La Pastora, su
vida de niño líder, su decisión de ser médico para que nadie
más muriera como murió su padre, su papel como hermano
mayor ante la ausencia de Arnoldo que estudiaba en la Escuela
Militar, su trabajo como dermatólogo en Caracas y Maracay,
su vida familiar y su rol de padre inigualable, su lucha
existencial que lo lleva a cambiar su destino e irse a vivir al
Amazonas y hacer contacto real con el pueblo indígena y sus
necesidades sin fin, su lucha radical contra la corrupción, el
despilfarro de recursos económicos y naturales, su retorno a
Maracay para dedicarse a la Dirección de Malariología y
Saneamiento Ambiental, su paso por Proyecto Salud Aragua
y la Dirección General de Salud de Corposalud Aragua, su
nombramiento como Ministro y finalmen- te la vuelta al campo
en Aguirre, donde muere fatalmente el 10

15
de Marzo de 2002, precisamente el año que él mismo había
llamado de la dignificación.
Este libro seguramente se convertirá en lectura obligada para
todo estudiante que curse cualquier carrera relacionada con
la salud. Debe leerlo también el médico para cultivar la
humildad necesaria en su accionar diario, el aspirante a político
para que sienta ganas de luchar por una Venezuela justa,
progresista, so- cialista y también cada venezolano, para que
aprenda a amar esta tierra, para que permanezca en el
campo o vuelva a él, para que se llene de fuerzas y luche
por cerrar la brecha de los que lo tenemos casi todo con los
que tienen casi nada. Gilberto Rodríguez Ochoa será dignificado
el día en que cada venezolano pueda hacer realidad lo que él
soñó. Ese día aparecerá en el fir- mamento una estrella que
alumbrará por siempre nuestros pasos hacia un futuro solidario
y justo.

Fernando Colmenares Bottaro


Director Ejecutivo IAES “Dr. Arnoldo Gabaldon”

14
17
Ir tras las huellas. .

P retender aproximarse a la vida y obra del Dr. Gilberto Ro-


dríguez Ochoa es involucrarse con la crítica implacable de la
privatización de la medicina, de la fragmentación de nuestro
sistema de salud, de lo biologicista y clínico del acto médico,
porque para él, esa crítica fue, más que una postura o
actitud, una práctica de vida.
Su sensibilidad social lo llevó, desde muy temprana edad a
luchar por una sociedad más justa, enfrentándose a los avatares
de la dinámica política desde la dictadura de Marcos Pérez
Jiménez y manteniéndose hasta el final de su vida como un
guerrero com- batiente contra un sistema económico, social y
político genera- dor de improductividad, dependencia,
neocolonialismo, atraso, exclusión y pobreza para la mayoría
de los/las venezolanos/as.
Fue el primer Ministro de Salud del gobierno del Presidente
Hugo Rafael Chávez Frías. Desde ese espacio dio un paso
trascendental para la concepción de la salud en el país y
fusionó el Ministerio de Familia y el de Sanidad, dando lugar al
Ministerio de Salud y Desarrollo Social y con mucho esfuerzo
comenzó a batallar por implantar el Modelo de Atención Integral
(MAI) en todo el territo- rio nacional, así como el Sistema de
Información Epidemiológica (SISMAI). Promovió la red
ambulatoria de prevención de la diabe- tes en Venezuela e

17
impulsó innumerables programas y proyectos

18
de salud vinculados a lo social, siempre desde la perspectiva de
un ciudadano constructor de sueños y maestro de obras
para el logro de un país con mayor justicia social y bienestar
para todos/as los/las venezolanos/as.
Acercarse a la vida de Gilberto Rodríguez Ochoa significa
tam- bién transitar por los escenarios de su incansable lucha
por la democratización de la salud, por su tenaz énfasis en la
preven- ción y promoción de la salud, su compromiso con la
salud de los indígenas y con un enfoque integral en la atención
médica.
Llegar a su vida es también, conocer el arte de sus manos y
su afecto en la construcción de valores familiares centrados
en el amor, la responsabilidad y el compromiso. Es aprender a
recono- cer el empeño por lograr la bondad de la tierra
donde se siem- bran los sueños que permitirán la cosecha de
una mejor realidad para el país.
Reconstruir la vida y obra de este luchador social, constituye un
interesante aporte para la memoria de la salud pública de la
región y del país, pues su paso dejó en el colectivo huellas que
marcan referentes muy importantes. De igual manera, para el Ins-
tituto de Altos Estudios en Salud Pública “Dr. Arnoldo Gabaldon”
es un hecho significativo, porque garantiza la continuidad de la
línea editorial de la vieja Escuela de Malariología, y su propósito
de conformar el registro biográfico de aquellos/as salubristas
venezolanos/as que pese a su destacada, interesante y
fructífera labor, aún permanecen en el anonimato.

Daisy Camacaro

19
Capítulo 1
Entre virutas, aserrín y
paraparas…

“Dice la esperanza: un día la verás, si bien esperas. Dice la desesperanza: sólo tu

Antonio Machado

18
E ran los tiempos inaugurales de Isaías Medina Angarita,
quien tomó posesión como Presidente de la República el 5
de mayo de 1941. El país dejaba atrás el terror impuesto por
el benemérito y la incertidumbre política del período lopecista,
para abrirse paso hacia un cauce lleno de esperanzas y sueños
socio- políticos.
El gobierno de Medina Angarita se propuso el
establecimiento de la democracia, legalizando el Partido
Acción Democrática y permitiendo el libre ejercicio del
Partido Comunista. Durante su gestión no hubo persecución
política, ni desterrados. Fue un hombre humanista,
caracterizado por su generosidad, compren- sión y sencillez;
emprendió reformas trascendentales para el país como el
nuevo Código Civil, el cual representó un avance para la
época, debido a su contenido social y humano básicamente
referido al derecho de la familia. Con su gobierno se instauró en
el país una dinámica nueva, producto de la reforma petrolera.
La construcción tomó auge: se hizo imperativo alojar a
innumera- bles grupos sociales que dejaron el campo para
participar de los beneficios del botín petrolero. Se logró la
reforma constitucional a través de la cual se instauró el voto
directo y popular para elecciones de diputados y se permitió
el voto a las mujeres. En esta época, también se dio inicio a
una reforma agraria que bus- caba una mayor justicia social
para el campesinado. El Estado
21
comenzó así una etapa de considerables cambios políticos y de
desarrollo socioeconómico.
El país tomaba un rumbo más esperanzador y caminaba
hacia la paz social. El 6 de Agosto de ese año, nació Gilberto
Enrique Rodríguez Ochoa en la parroquia de La Pastora, en
la calle de Negro Primero a Callejón Mercedes, casa número
111. Tiempo después sus padres José Andrés Rodríguez y
Candelaria Ochoa se mudaron para la casa de la familia
paterna, ubicada de Cristo al revés a Totumo, número 75, en la
misma parroquia, allí con- vivieron con la abuela Dolores
Martínez de Rodríguez y los tíos Juan José, Felicia, Panchita y
Soledad. En la actualidad funciona allí la Casa del Cartero.
La familia Rodríguez Ochoa ocupó la planta más baja de la casa,
la cual, a pesar de ser una especie de sótano, tenía ventanas
que miraban hacia un traspatio de tierra que limitaba con
una que- brada. José Andrés, de oficio ebanista ocupó la mitad
del sótano con su carpintería y en la otra mitad sentó su
hogar: el espacio para la cotidianidad armónica de su
familia.
Cuando llegaron, el piso era de tierra. Años más tarde José An-
drés en compañía de sus dos hijos mayores: Arnoldo y Gilberto,
además de ir haciendo realidad su propósito de consolidar su
carpintería, comenzó a construir mejoras en el área de su
hogar, así, hizo el piso de cemento y en la carpintería poco a
poco, fue fabricando las puertas y ventanas para su casa; a la
par, iba forjando en su familia el amor por el trabajo y la
construcción como forma de mejorar la vida; valorando el
sacrificio y la hu- mildad unidas a la solidaridad humana y
social. Esta lección de vida diaria marcó definitivamente el
carácter y la personalidad de Gilberto.
Candelaria asumió las labores propias del quehacer doméstico y
paralelamente, contribuía al ingreso económico de la casa pues
era una costurera de gran delicadeza y buen gusto.
Confecciona- ba vestidos para niñas y con ayuda de una amiga
los vendía en Colombia y en la Maternidad Concepción Palacios.
Puntada tras puntada, pasaba parte de sus noches sentada

22
ante la máquina

23
Singer que le había comprado José Andrés. Con el tiempo,
los hijos mayores: Arnoldo, Gilberto y Mireya tendrían la
responsa- bilidad de comprar en el centro de Caracas los
materiales que ella necesitaba para las confecciones, ellos
también eran quienes hacían las entregas de los trajes que
algunas personas o tiendas, le encargaban a Candelaria.
José Andrés era un músico de corazón, un trovador que
alegraba las reuniones de la familia y los amigos. Además de
trabajar en su carpintería, laboró algunos años en el Servicio
de Ingeniería Militar como ebanista. El esfuerzo y el trabajo
diario acompaña- ron a esta pareja en la tarea de levantar y
formar a sus hijos/as: Arnoldo, Gilberto, Mireya, Aura, Argelia,
Luís, Omaira, Carlos, Héctor y Raúl –quien es adoptado- Todos
crecieron en un ambien- te armónico, de respeto y bajo muy
sólidos principios morales. El hermano mayor narra como
percibió él ese proceso:
“…Nunca dejamos de recibir un mensaje del
valor del esfuerzo cargado de afecto que le daba
sentido al empeño por el estudio y la superación, es
así como todos nosotros aprovechamos las
oportunidades y fuimos a la escuela primaria, al
bachillerato y también casi todos o por lo menos
más de la mitad, fuimos a la Universidad”. Arnoldo
Rodríguez Ochoa.
En La Pastora se conocían todas las familias que en ella
habitaban y sobre esta base, se creaban profundos lazos de
amistad, convi- vencia y solidaridad vecinal que le sirvieron a
Gilberto de espacio para la formación de una conciencia social y
comunitaria. Si bien había nacido en un período democrático,
parte de su infancia y adolescencia transcurrieron bajo un
régimen dictatorial.
A la edad de ocho años, vive de cerca el golpe militar
dirigido por los comandantes Carlos Delgado Chalbaud,
Marcos Pérez Jiménez y Felipe Llovera Páez y con el cual se
derrocó al gobierno democrático de Rómulo Gallegos. Años más
tarde también cele- braría, en la platabanda de su casa los
24
acontecimientos del de- rrocamiento de Marcos Pérez Jiménez,
el 23 de enero de 1958.

25
Mientras estudiaba la primaria en la Escuela “Pedro Emilio Coll”
trabajó para contribuir con los ingresos de la familia. Sus manos
habían heredado del padre el arte de la construcción, un día
fabricó con su hermano Arnoldo una carrucha de madera y
en ella transportaban las compras que hacían las amas de casa
en el mercado de La Pastora.
De sus creativas manos salieron papagayos y helados que si
bien era cierto que vendía, también con ellos despertaba la
alegría e impulsaba la imaginación y daba ejemplos de
trabajo a los hermanos/as menores y el resto de los niños/as
del vecindario.
A menudo Gilberto hacía unas caminatas a Los Chorros en
busca de mangos, los cuales vendía en el frente de su casa.
Gilberto fue un ejemplo de buscavidas y tuvo mil maneras de
enfrentar las dificultades económicas según lo confesó Argelia,
una de sus hermanas:
“Como no había dinero para los zapatos de
tantos muchachos, Gilberto a veces metía
cartones en los suyos para que le duraran todo el
año escolar”
Sus primeros trompos, perinolas y papagayos salieron de las
ma- nos de José Andrés, aprendizaje que más tarde Gilberto
repetiría con sus hijos/as:
“Él me hacía trompos, me enseñaba a hacer los
papagayos y sus frenillos, conocía muchos modelos
de papagayos y los volábamos juntos, también me
hacía gurrufíos, jugábamos metras y me enseñó
a jugar ajedrez, por cierto que nunca le gané,
recuerdo que pasamos muchísimas horas sentados
frente al tablero. De todos sus viajes, siempre me
trajo un regalo, algunos eran poco usuales, pero
siempre educativos” Su hijo Andrés Eloy.
Gilberto pasó su infancia entre virutas, aserrín y paraparas, tra-
bajando fuerte, estudiando mucho, pero siempre, a pesar de las
limitaciones materiales, supo encontrar un espacio propicio para
la recreación y el placer por los juegos y la amistad. Aprovechó
26
la vecindad que le permitía el patio, para la comunicación
con los/as vecinos/as. Nunca perdió la oportunidad para
invitarlos a jugar metras, trompo, papagayos, béisbol o construir
columpios y disfrutar de la sombra que, para entonces, ofrecían
los árboles.
Desde la más temprana infancia mostró que su norte era la con-
vivencia armónica en comunidad, fue el organizador de muchísi-
mos templetes durante los carnavales, así como de los palos en-
sebados, carreras de sacos, quemas de judas y otras
diversiones de gran popularidad en esos tiempos.
Lleno de juvenil ingenio y con sus propias manos, construyó en
aquel corral de tierra lleno de árboles frutales, un espacio
para criar conejos y pollos. Quizás así nació el escenario
donde co- menzó a desarrollar su amor por la naturaleza. Raúl
Coronado- su hermano adoptivo- contó con emoción:

“Él era un hombre con una sensibilidad humana


muy particular. Nos contaba sobre sus anécdotas
infantiles con mucha alegría, con evocaciones muy
hermosas. Suelo recordar una de las historia que lo
hizo descubrir su amor por la naturaleza: cuando él
y Arnoldo eran pequeños, salían con las hondas a
cazar palomas, una vez golpearon una palomita y
cuando ésta cayó al suelo y él corrió a recogerla
y vio en los ojos del ave el sufrimiento, desde
entonces, nunca más usó ni nos dejó usar hondas
o chinas, contra los animales”
Inició el bachillerato en el liceo Caracas de la parroquia San
Juan, durante ese tiempo él disfrutaba jugar pelota de
goma, tanto como las clases de inglés, o las de la profesora de
historia y las clases del profesor Vásquez Fermín. Terminó sus
estudios de secundaria en el Liceo de Aplicación en El Paraíso.
Con la silla de extensión-construida por él mismo- sus útiles y una
bolsa llena de cambures y panes, caminaba desde La Pastora
hasta El Calvario para reunirse y estudiar con sus
compañeros y para compartir travesuras juveniles, como la que
narra Héctor Romero Yépez, uno de sus mejores amigos:

27
“… era frecuente que los turistas que visitaban El
Calvario, pidieran que les tomáramos fotografías.
Recuerdo que entonces nosotros, algunas veces,
procurábamos unos ángulos inadecuados que
captaban sólo parte del cuerpo de los visitantes: los
pies, el cuello y el torso, las manos, etc. Después
nos divertíamos al imaginar la sorpresa y lo que
dirían ellos cuando revelaran las fotos en sus
países de origen…”
Sus hermanos/as mayores recuerdan que sin decirle a nadie, y
por propia iniciativa, un buen día, Gilberto se inscribió en un
curso de dibujo en la Escuela de Artes “Cristóbal Rojas”, este
aprendizaje le serviría más tarde en su profesión y en el diseño de
las diversas casas que construyó.
Pasaba las vacaciones al lado de su familia y de algunos amigos
muy allegados, como Héctor Romero Yépez, quien continúa re-
latando:
“En 1956 viajamos con su familia a Puerto Píritu;
era el primer viaje que hacíamos fuera de
Caracas. Disfrutamos del mar y de la laguna,
pescamos con los muchachos del pueblo y
organizamos competencias para llegar nadando
hasta un barco que se encontraba abandonado
lejos de la orilla.

Al año siguiente fuimos a Margarita con mi hermana


Flor en la motonave María Rosario, la cual salía
desde la Guaira y llegaba a Juan Griego a los dos
días. Íbamos a las playas pidiendo colas por
todas las carreteras y un día conocimos dos
muchachos que tocaban trompetas en los bailes.
Nosotros le llevábamos los instrumentos y así,
entrábamos a los famosos hoteles Bella Vista y
Chez Lino, donde disfrutábamos toda la noche
bailando”
Después de dos años de ahorro, Gilberto pasó sus vacaciones
28
en Curazao, acompañado de Nelson Palacios y Alfredo
Monasterio,

29
de regreso, el 19 de noviembre de 1959, al llegar al aeropuerto
de Maiquetía, se dio cuenta de que su tío Luciano lo estaba
es- perando; enseguida lo asaltó un mal presentimiento: Luego
del abrazo fraternal, se enteró de la trágica noticia del
fallecimiento de su padre.
Eran tiempos difíciles, la familia estaba pasando por una
situación económica dura. Desde el inicio del gobierno de López
Contreras se había incentivado la inmigración de personas que
tuvieran el dominio de algún oficio, como agricultores,
criadores, artesanos, industriales, mecánicos, entre otros. En
los años 50 el general Pérez Jiménez a través de su política
de concreto dio un gran impulso al proceso urbanístico del
país: la construcción de vivien- das y de vías de comunicación
constituyó uno de los ejes de su gestión y contribuyó a
incrementar la inmigración espontánea.
En 1957 llegaron al país más de 45.000 inmigrantes, quienes
desplazaron de los puestos de trabajo a muchos venezolanos
y José Andrés como artesano, no escapó esa situación, ya
los ingresos de la carpintería no suministraban el sostén
necesario para su numerosa familia y se vio obligado a salir
de la capital para asumir un contrato como ebanista de la
Mueblería Aspúrua y fabricar muebles de oficina en La Olivetti,
ambas en el estado Zulia.
Contagiado por el entusiasmo de unos amigos de Caracas,
se marchó para Maracaibo, pero una tarde mientras estaba
en un restaurante, se originó una discusión entre un grupo de
mucha- chos que se encontraban allí reunidos y cuando se
fueron de manos José Andrés trató de separarlos y al final,
recibió una golpiza. Con gran dificultad se fue caminando
hasta un centro asistencial, pero lamentablemente no fue
atendido y días más tar- de, sus compañeros de trabajo
observaron que el dolor era muy fuerte e insistieron en llevarlo
a una clínica donde el médico que lo auscultó le indicó
analgésico y reposo. Siete días después mo- riría Pepito - como
lo llamaban cariñosamente sus familiares- a los cuarenta y tres
años de edad a causa de un desprendimiento del bazo.
La poca atención médica desde su ingreso y la negligencia
del galeno de la cual fue víctima su padre, provocan un gran
impacto en la vida de Gilberto y así, a los diez y siete años

30
decide estu-

31
diar medicina y luchar por una atención médica más
humana. Su hijo mayor cuenta su impresión de cómo su padre
vivió esta experiencia:
“La muerte del abuelo, es un evento que marca
de manera importante la vida de mi papá,
porque perdió a su amigo, al hermano; a aquella
persona que durante toda su vida lo había
orientado… aún con la causa de su muerte,
el abuelo le dio nutrientes fundamentales a
mi papá para ir haciendo de las luchas sociales
una pasión”. Gilberto Rodríguez González.
Cuando su padre falleció, Arnoldo cursaba el tercer año en
La Escuela Militar; entonces Gilberto asume todas las riendas
de su familia y comienza a trabajar como listero en El Plan
de Emergencia durante el gobierno de Wolfgang Larrazábal. Él
era el encargado de hacer la lista de asistencia de los
obreros que trabajaban en la construcción de las calles
cercanas al Ávila y además tenía la responsabilidad de
cancelarles el salario por las faenas cumplidas. Desempeñó
ese trabajo hasta el día en que José Joaquín Carrillo, el
volibolista conocido como Papá Carrillo y Bernardo Berroterán,
preocupados por la situación económica de la familia
Rodríguez Ochoa, le consiguen un trabajo con un ingreso
mejor en la Compañía de Teléfonos -ahora CANTV-.
En la Compañía de Teléfonos trabajó como operador
nocturno de la central telefónica ubicada en la esquina de La
Gorda en el centro de Caracas. Pasaba casi toda la noche sin
dormir, comu- nicando a las personas las llamadas hacia y
desde el interior del país y las de larga distancia internacional.
Después de cumplir con su turno de trabajo, a las siete de la
mañana, asistía a clases en la Facultad de Medicina en la
Uni- versidad Central de Venezuela, muchos de sus
compañeros y familiares cuentan que con frecuencia se dormía
sobre el pupitre. Después sufrió de insomnio y siempre lo
atribuyó a ese trabajo.

32
Desde sus años de estudios de bachillerato, Gilberto había tenido

33
necesidad de trabajar en la economía informal. Esas condiciones
de injusticia social y la sólida formación en valores fueron
aci- cateando en él una conciencia de clase y un férreo
compromiso político con el devenir de su país. .
Durante toda su vida mantuvo una lucha vehemente contra to-
dos los que, como representantes del poder, fueron
responsables del deterioro social y económico del país. Así
como manifestó en contra del predominio del poder y la
opresión castrense de Marcos Pérez Jiménez, más tarde lo
hizo contra el gobierno de Rómulo Betancourt.
Esa actitud le trajo las consecuentes dificultades: en una opor-
tunidad, cuando iba en su carro, unos oficiales lo interceptaron
frente a la jefatura de la policía de La Pastora y revisaron el
vehí- culo encontrando una caja llena de propaganda
subversiva. En- tonces lo detuvieron y lo amenazaron con
llevarlo a prisión, pero afortunadamente el jefe civil, gran amigo
de la familia intercedió a favor de Gilberto.
En otra oportunidad, sus hermanas fueron informadas de
que la Seguridad Nacional allanaría la casa de la familia,
entonces Mireya y Aura muy asustadas, escondieron un
multígrafo manual de Gilberto en la casa de un vecino y
arrojaron a la quebrada que limitaba con el corral de la casa,
todos los panfletos, pro- pagandas, folletos, libros subversivos
y algunas bombas molotov que éste había fabricado y las
mantenía escondidas en la cocina de su hogar. Cuando llegó
Gilberto y se enteró de lo hecho por sus hermanas, con una
actitud colérica pocas veces vista en él, tomó todos los
productos de maquillaje de ellas dos y los arrojó por la misma
quebrada y les dijo:
!Para que aprendan a respetar mis cosas y mis
ideas!

Hoy todos sus hermanos y hermanas recuerdan ese incidente


como una de las más pintorescas anécdotas familiares.
Gilberto acostumbraba esparcir tachuelas por las calles de la
Pastora para trabar el paso de la policía por esa zona. Desde
34
pequeño se constituyó en un luchador incansable por las
liber- tades del pueblo oprimido. Fue militante del Partido
Comunista de Venezuela, del Movimiento de Izquierda
Revolucionario (MIR) y del Movimiento al Socialismo (MAS).
Siempre contaba a sus hijos/as esas experiencias como
sustento para su educación y Gilberto, su hijo mayor, narra al
respecto:
“Mi papá, más que contar anécdotas, lo que nos
transmitía era el significado de ese período de su
vida de lucha contra la dictadura. Y claro, eso, de
alguna manera, era un ejercicio de formación para
nosotros. Estoy convencido de que la fortaleza
ética que he alcanzado en este momento de mi
vida, tanto en lo personal como en lo profesional,
en gran medida provienen de esos primeros años
de formación bajo la tutela y guía de mi papá,
que fue muy fuerte y llena de muchísima
información.

De tantos años oyéndolo hablar de sus luchas;


del por qué había que enfrentarse políticamente;
fuimos armando en nuestro interior códigos
éticos. El era un hombre de los que en Psicología
llaman de perfil nutritivo, que solamente se siente
feliz si está nutriendo al que tiene a su lado”
En 1966 Gilberto se graduó de médico cirujano y debía realizar
su pasantía rural en San Carlos de Río Negro, pero una decisión
del director de Salud de Aragua hizo cambiar su rumbo y lo
trajo a San Francisco de Asís, en el estado Aragua.
Desde su llegada al centro asistencial de San Francisco, se
dis- puso a humanizar el espacio. Tras dos años de labor en
este pueblo realizó un trabajo comunitario importante y cada
una de sus acciones sirvieron de bálsamo para la gente. La
comunidad percibió de otro modo las aristas de su realidad
social. Entre todos/as construyeron un nuevo y esperanzador
horizonte.

35
Su hermano Arnoldo recuerda que cuando fue a visitarlo en el

36
primer fin de semana, acompañado de Candelaria, Gilberto
les pidió a todos que lo ayudaran a limpiar y a sembrar unos
árboles en el patio del ambulatorio.
En el inicio de sus pasantías, nació su hijo mayor en Caracas
y en las vísperas del parto cuando iba a visitar a su esposa tuvo
un serio accidente en el trayecto de la autopista regional del
centro, a la altura de Tejerías; a pesar de que el vehículo fue
considerado como pérdida total, Gilberto sólo sufrió daños
leves.
Al finalizar sus dos años de trabajo en la comunidad de San
Francisco, aceptó un cambio que le solicitó un médico que se
encontraba haciendo su rural en La Colonia Tovar, pueblo encla-
vado en la Cordillera de la Costa, en el Estado Aragua. Allí pasó
sólo cuatro meses, pero no por ello dejó de hacer de su
profesión una labor militante: iba desde La Colonia Tovar hasta
La Victoria a vacunar a los pacientes en sus hogares. Durante
ese tiempo nació su segundo hijo Levy Rafael.
Gilberto tenía cuatro meses trabajando en esa población cuando
recibió la noticia de haber sido aceptado en el postgrado de
dermatología. Su maestro, el científico Jacinto Convit refirió:
“Conocí al doctor Gilberto Rodríguez Ochoa porque
me envió una carta, donde me expresaba su deseo
de realizar el Postgrado de Dermatología.

En esa carta pude apreciar las condiciones humanas


que él poseía. Su inquietud central era ayudar al
prójimo. Tuvimos la oportunidad de trabajar juntos
en una enfermedad, que nos preocupaba a los dos:
la lepra.

Él me acompañó en el trabajo de investigación;


principalmente en el desarrollo de vacunas. Durante
sus estudios y trabajo en el Leprocomio de Cabo
Blanco, se distinguió como una persona inteligente,
trabajadora, de gran sensibilidad humana, puedo
decirlo: fue un hombre que tuvo el convencimiento

37
de que hacer el bien y ayudar al prójimo, era el
compromiso primordial. Indudablemente, él tenía
una especial disposición para tratar al enfermo y
ver los aspectos sociales del mismo”
Estuvo aproximadamente dos años dedicado a la atención de
los pacientes del leprocomio de Cabo Blanco, fundado en 1.904
en tiempos de Cipriano Castro.
Había allí mil doscientos internos y estaba ubicado en el
espa- cio que hoy ocupa el Aeropuerto de Maiquetía, era el
sitio de hospitalización obligatoria para quienes padecían de
Lepra, una enfermedad estigmatizada desde el tiempo del
Antiguo Testa- mento, donde se le cita como un signo de
impureza espiritual y de suciedad corporal.
En compañía del Doctor Convit y de su equipo, adquirió muchí-
simos conocimientos. Siempre expresó que su trabajo al lado de
estos enfermos había sido su primer postgrado en salud pública,
la humanización en el trato a los pacientes de lepra fue su norte
y siempre los examinaba con una profunda entrega y
dedicación. Allí hizo amistad con muchos enfermos y en algunas
oportunida- des, en viajes que realizaba con sus familiares por
el interior del país, visitó a varios de esos pacientes que ya
habían salido de su reclusión.
Muchos en su familia le manifestaban su preocupación por
los riesgos de contagio que él podía tener en ese espacio,
entonces Gilberto se sentaba y con mucha pedagogía les
daba una clase al respecto y los invitaba a compartir con estos
pacientes; sus her- manos/as, su esposa e hijos/as lo
acompañaron frecuentemente en posteriores visitas
dominicales a Cabo Blanco.
En 1973 participó en la película Lepra, la cual obtuvo una meda-
lla de oro en el festival de Berlín, lamentablemente por esa poca
cultura que tenemos en nuestro país de registrar la historia, no
queda copia de ella, ni certificado del premio, sólo una
fotografía con la leyenda : Sensibilitätsprüfung bei Lepra, en
una revista alemana, la cual aparece al final de este capítulo.

38
Era el médico que conocía en forma integral a sus pacientes, sin
importarle cuán difícil fuera la personalidad de éstos/as, ni qué
tan impactante su enfermedad. Más tarde como docente,
sensibi- lizaría a sus alumnos/as para mantener esa misma
actitud.
Se convertía en un maestro del paciente, lo orientaba y lo
ayuda- ba a tomar las decisiones como si lo hiciera para sí
mismo, por sobre todo, Gilberto poseía una profunda
comprensión por el paciente de lepra, quien era condenado al
encierro y segregado del resto de la sociedad, perdiendo así la
esperanza y los sueños de una vida más justa.
Como miembro del equipo del doctor Jacinto Convit se
desem- peñó como docente ad honorem del pregrado en la
Escuela José María Vargas; fue el responsable del contenido
programático referido al área de lepra. En ese entonces estaba
encargado del programa de Lepra del Distrito Capital y era
también docente del área de dermatología del hoy denominado
Instituto de Biomedi- cina. El doctor Javier Correa, quien fue su
alumno, contó:
“Como docente era una persona que trataba de
transmitir su experiencia de vida, poseía una
gran sensibilidad social y siempre exponía la
situación de la lepra en el contexto nacional. Nos
hacía vincular con una problemática que estaba
presente en la región capital y que se
caracterizaba por el hecho de que, mientras la
enfermedad estaba en el oeste, todos los
dermatólogos especialistas del área estaban en el
este, transmitía eso con la finalidad de cambiar ese
escenario de tanta injusticia social. Consideraba
imprescindible que el médico estuviera en el
lugar donde su accionar fuera necesario y efectivo”
Entre 1970 y 1977 Gilberto asume la jefatura del Servicio de
Dermatología Sanitaria de Caracas. Allí, a pesar de poseer un
cargo de gerencia, su condición de militante social lo impulsó a
subir los cerros al norte de La Pastora, con la finalidad de
39
ofre- cerle educación sanitaria a quienes por su condición de
pobreza habían estado al margen de esa información. Para
cumplir con

40
eficiencia esa labor dedicaba horas a la formación de un
grupo de jóvenes integrado por sus hermanos/as menores,
vecinos/as y amigos/as de La Pastora, a quienes motivaba para
que realizaran las funciones de los sanitaristas y multiplicaran
los conocimientos adquiridos.
Con el mismo multígrafo manual que hacía volantes
subversivos, imprimía folletos ilustrativos sobre la prevención de
la sarna, del mal de Hansen, de la diarrea y daba
orientaciones de higiene, todo ello con el objetivo de ayudar
a la gente a comprender su situación de salud y tratar de
transformarla.
Esa actividad generó molestias en el Ministerio de Sanidad, y
el Ministro llamó al Doctor Jacinto Convit para que le
solicitara a Gilberto paralizarla, pues la consideraba
subversiva, pero él continuó las tareas con mayor sigilo y
precaución y dos años después tendría nuevos horizontes para
un trabajo con la gente de Aragua.
En 1975 fue becado por la Oficina Panamericana de la Salud
(OPS) para hacer un curso en Brasil y Argentina. De ese viaje,
la familia y amigos recuerdan la anécdota de cuando llegó a
Sao Paulo: él sólo llevaba cien dólares y la primera noche lo
dejaron muy tarde en el hotel, tras un viaje largo y agotador,
Gilberto, desconociendo cualquier norma o funcionamiento de
los hoteles, se comió y bebió todo lo que encontró en la
nevera de su habi- tación, al día siguiente le cobraron
aproximadamente noventa dólares, los cuales canceló y se vio
obligado a abandonar el lugar.
Caminó las calles de esa ciudad que le pareció
impresionante, cosmopolita, muy moderna, con un aire
neoyorquino y un tráfico que lógicamente superaba al de
Caracas hasta que al final de la tarde encontró una pensión
donde podría sobrevivir con los diez dólares que le quedaban.
Tomó un cuarto en una pensión con un baño colectivo ubicado
en un pasillo y todos los días él compraba un pan grande y
lo saboreaba con un café que le ofrecía la señora de la
pensión. Así vivió durante más de una semana, hasta recibir
la remesa de dinero que le enviaron desde Venezuela.
41
Gilberto participó en múltiples trabajos de investigación médica
sobre diversas enfermedades de la piel, los cuales presentó tan-
to a nivel nacional como internacional. La doctora Nora
López, compañera de trabajo y muy apreciada por Gilberto
comenta:
“Él es el autor de uno de los primeros estudios que,
sobre el tema de la escabiosis se realizó con una
metodología cualitativa y un enfoque social. En este
estudio demostró que las condiciones precarias de
vida conllevan al desarrollo de esta enfermedad. Él
tomó como muestra dos familias de diferentes
clases sociales: una con buenas condiciones
sociales y otra que vivía en un cerro de La Pastora,
con la que convivió para conocer las condiciones y
hábitos de vida, así observó cómo se reproducía la
enfermedad.

Descubrió que los que tenían acceso al agua y


viviendas con condiciones higiénicas, así como una
buena alimentación, no sufrían esos riesgos. Este
trabajo fue publicado años más tarde y traducido al
idioma inglés en una revista internacional y después
fue presentado en Francia por el doctor
Rodríguez Ochoa”
En 1977, el Doctor Jacinto Convit le comunica a Gilberto una
oportunidad de trabajo en el Hospital Central de Maracay, la
cual le permitiría asentarse en una ciudad más tranquila que
le abriría nuevos caminos para su militancia política y su
trabajo social en dermatología sanitaria.
En ese año asumió el cargo de Jefe del Servicio de
Dermatología Sanitaria del Estado Aragua, en el Hospital Central
de Maracay, ubicado en la avenida José María Vargas, en la
Urbanización La Floresta. Simultáneamente fungía como director
del Centro Inter- nacional de Entrenamiento en Enfermedades
Tropicales Derma- tológicas, cuya sede estaba ubicada en el
mismo hospital. Este centro era dirigido en Caracas por el
Doctor Jacinto Convit y fue constituido bajo un convenio con la
42
Organización Panamericana de la Salud.

43
Desde su responsabilidad como Director del Centro de Entrena-
miento, acompañó a muchos colegas de América Latina para
entrenarse en el campo y conocer la realidad de la dermatología
sanitaria del país.
En los trabajos de campo que realizaba como responsable de
estas dos organizaciones lo acompañaron siempre el Dr. Jor-
ge Alvarado y los inspectores sanitarios Luis Antonio Zúñiga
y Francisco Carbillo. El doctor Jorge Alvarado, su alumno en
el postgrado de Dermatología Sanitaria, en el Instituto de
Biomedi- cina y quien luego fue su Adjunto en el Servicio de
Dermatología Sanitaria, cuenta:
“...realizábamos muchos trabajos de campo;
permanentemente íbamos detrás de los casos
nuevos en las poblaciones aparentemente sanas,
hacíamos un rastreo epidemiológico por casi
todos los municipios del Estado Aragua. Así
llegamos a Choroní para investigar los focos de
leishmaniasis, a La Colonia Tovar y Barbacoas
para conocer los casos nuevos de lepra, a un
caserío llamado Santa Rosa del sur, que
pertenecía al Estado Carabobo, pero como
quedaba en los límites de nuestro Estado él lo
atendía y trataba los casos de Oncocercosis.

Gilberto nunca concibió la medicina fuera del


contexto social, quizás fue por ello que escogió la
especialidad de dermatología sanitaria. Nunca
ejerció la medicina privada y como gerente siempre
fue ejemplar: era el primero que llegaba y el último
que se iba”
En 1979, Gilberto Rodríguez Ochoa publica su libro Del ejercicio
privado de la medicina o de la alienación del acto curativo, don-
de expresa su visión sobre la situación de salud en Venezuela y su
posición tajante contra la privatización de la medicina, asimismo
pone en evidencia la descontextualización y la falta de pertinen-
cia social de la formación médica, de igual manera denuncia
44
la

45
desigualdad que tiene la población con respecto al acceso a
la atención médica.
En el último capítulo de su obra se refiere a la desalienación del
acto médico y la obligación social del profesional de la salud de
devolverle a la sociedad su saber y su práctica. En sus
propias palabras propone:
“...expropiar al médico lo que él convirtió en
propiedad privada gracias a la dinámica capitalista,
y reconvertir esos conocimientos en propiedad
social.

Sólo entonces una medicina socializada permitiría


al médico ser verdaderamente libre, y cumplir
una tarea concientemente libre donde se rescate
incluso el acto de amor que debe ser la curación.
Acto que está enmarcado dentro del amor
universal, tantas veces buscado por muchos
humanistas, cada uno por vías diferentes: desde
los anónimos de la pre- civilización hasta Ernesto
“Che” Guevara, pasando por la Grecia
hipocrática, y por el cristiano “amar al prójimo
como a sí mismo”, y por Paracelso (“La esencia
de la medicina es el amor”) y por tantos de antes y
ahora.

Es en ese amor universal tantas veces cantado,


donde se reencuentra consigo misma la humanidad
en una especie de pensamiento que vuelve sobre ella
cíclicamente con cada uno de los hombres justos.

Sólo una medicina socializada puede conducir


a la desalienación del ejercicio médico. Y sólo
desalienando este ejercicio es posible lograr el
encuentro del acto curativo con ese amor universal”
Durante toda su práctica como servidor público Gilberto se man-
tuvo coherente con ese discurso y veintidos años después de la
publicación de su libro, en una entrevista realizada por Ernesto
Villegas Poljak y publicada en EL UNIVERSAL, el domingo 21 de
46
enero de 2001,expresa como máxima:

47
“Prefiero morir en un hospital que vivir en una
clínica”
y advierte sobre las perversiones de la medicina privada, al de-
cir:
“El ejercicio privado de la medicina encierra
desviaciones y perversiones. No quiere decir que
no haya ejemplos dignos, pero convertir el acto
de atención a un enfermo en una relación
comercial trae inevitablemente tentaciones para
perversiones, y ocurren. La relación comercial es
asimétrica”
Gilberto fue un médico con una sensibilidad social innegable, un
comunicador con una pasión suficiente tanto para comprender
y aliviar a quien necesitara de su atención como para
combatir sin desmayo la corrupción en todas sus formas y en
todos los espacios, aunque para ello tuviera que tomar medidas
drásticas o exponer su propia vida.
Siempre sintió su profesión como un arte, una filosofía, un
modo de vivir y como una acción política y transformadora de
una reali- dad cargada de mucha injusticia social. Este hombre
revoluciona- rio, comprometido con el entorno en su desarrollo
comunitario, propició con iniciativas de acción social
constructivas, la mejora de la calidad de la atención médica.
Su sensibilidad y solidaridad, así como el amor y la humildad,
forman parte de los valores asumidos por quien, a través de
la formación, el servicio y su lucha social, hizo de su vida una
mili- tancia cotidiana.

48
Candelaria Ochoa y José Andrés Rodríguez, padres de Gilberto el día de su boda.

Fachada de la casa de La Pastora, calle Cristo al revés a Totumo Nº 75.


Óleo de Julio José Ágreda.

49
El día de la Primera Comunión de Gilberto, Mireya y Arnoldo.

40
Gilberto con sus compañeras/os del liceo Caracas.

En Pto. Píritu, 1956, Gilberto en compañía de Héctor Romero y otro amigo.

41
Gilberto con sus hermanos menores Héctor y Carlos.

Gilberto compartiendo sus conocimientos con


miembras/os de la comunidad de La Pastora.

42
Gilberto, Dr. Jacinto Convit (al fondo) y el equipo
de investigadores del Instituto de Biomedicina.

43
Gilberto con su equipo de Dermatología Sanitaria en un trabajo de
campo en la comunidad de Anacoco, estado Bolívar.

Luis Antonio Zúñiga, Francisco Carbillo y Gilberto en el salto


Kamamerú, durante un trabajo de campo.

44
Con vecinos en la casa de La Pastora jugando billar.

Bailando con su madre en


un intercambio de regalos,
fiesta tradicional de la familia
Rodríguez Ochoa.

45
Medalla de Oro en el Festival de Berlín en 1973.

46
Capítulo 2
Una cotidianidad ladrillo a ladrillo

¿ Es que hacemos las cosas sólo para recordarlas?


¿Es que vivimos sólo para mantener memoria de nuestra vida? Porque sucede que

Jaime Sabines
G ilberto amaba la poesía, disfrutaba leyendo a Rainer María
Rilke, poeta y novelista austro-germánico, de simbólicas imáge-
nes y de tantas reflexiones espirituales. También leía a Gustavo
Adolfo Bécquer. a Antonio Machado, José Ángel Buesa, Pablo
Neruda, Gabriela Mistral, y a los venezolanos Andrés Eloy
Blanco y Cruz Salmerón, éste era su favorito. Lo consideraba
un gran poeta y con frecuencia declamaba el poema Azul. Su
hermano Carlos cuenta con orgullo:
“…además Gilberto era un amante de la naturaleza,
del mar, la montaña, los ríos, los pájaros, los
colores. La vida y el amor le producían especial
encanto, él fue un fiel defensor del respeto
humano, todas esas virtudes lo caracterizaron y
en gran medida, con su ejemplo, nos fue
formando a todos y así como admiraba la
naturaleza, disfrutaba con gran deleite las
manifestaciones de las artes plásticas, entre ellas: las
obras del Rodín y Picasso y en lo nacional, se
declaraba admirador de Rafael Ramón González, su
suegro”
Ese soñador amante del arte y de la naturaleza, se enrumbó ha-
cia la construcción de su hogar y la consolidación de su
familia a la edad de 24 años, tras un noviazgo de once meses y
cuando aún le faltaba un año para terminar su carrera.

49
Pese a haberse declarado ateo, entró a la Iglesia el 24 de
diciem- bre de 1965, para sellar con la unión, su amor con una
vecina de La Pastora, Maritza González, quien era estudiante de
economía de la Universidad Central de Venezuela.
Arnoldo, su hermano mayor cuenta una anécdota sobre los pe-
riplos de Gilberto para cristalizar su boda bajo las exigencias
sociales de la época:
“Se acercaba el día de la boda y Maritza estaba
preocupada porque aún no tenían los anillos y un
día, como milagro, un amigo le contó a Gilberto
que una señora del vecindario estaba vendiendo
sus aros de oro por buen precio y éste sin
dudarlo, fue inmediatamente a comprárselos. Así,
con unos anillos usados, dieron inicio a su nueva
vida”
Durante sus primeros años de casados alquilaron una habitación
en la esquina de Cruz a Calle Ciega en La Pastora, muy cerca de
su casa natal, allí comenzaron a construir su hogar y a fundar
su propia familia. Maritza González, su esposa recuerda con
admi- ración:
“…meses antes de casarnos, Gilberto me daba el
sueldo para que yo le entregara la mitad a
Candelaria y con la otra parte fuera comprando los
enseres de la casa, así fuimos pagando a crédito el
juego de cuarto y la nevera. La cocina nos la regaló
su tío Luciano y con los otros obsequios de la boda,
le fuimos dando vida propia a nuestro hogar”
Gilberto y Maritza tuvieron cinco hijos/as: los cuatro
primeros nacieron en Caracas: Gilberto José, el mayor, nació
el 27 de diciembre de 1966, Levy Rafael el 27 de enero de
1968, Ayarí el 13 de Septiembre de 1970, Yuruani el 21 de
Enero de 1975. En los nombres de ellas dos reflejaron su
pasión por la cultura indígena y con el del menor, Andrés Eloy,
nacido el 16 de Agosto de 1979 en la ciudad de Maracay,
rindieron honores al poeta Andrés Eloy Blanco y al abuelo
José Andrés.
Impulsado por su herencia familiar de construir, edificó
50
varias casas y sembró muchos árboles durante su vida. Llevaba
en su ser

51
ese amor por la tierra, ser campesino formaba parte de sí
mismo. Por eso, en cada espacio por donde transitó, dejó la
huella de su pasión por la siembra y la construcción.
En 1972 le compró a Guillermo García Ponce un terreno en
El Junquito y allí, en medio de escarpados riscos, comenzó a
cons- truir una casa siguiendo los planos que él mismo había
hecho. Desde ella divisaba el hermoso tapiz verde de la
montaña.
En ese espacio, acompañado de sus hermanos Carlos, Luís,
Héctor, Raúl y de sus dos hijos mayores y algunos amigos de La
Pastora, Gilberto sembró diversas especies de pinos, eucaliptos
y frutales e hizo un huerto de rábanos, lechugas, cilantro y
cebo- llín.
El terreno carecía de agua, por lo tanto, todos los fines de
sema- na, sus hermanos iban a la casa de La Pastora, dos veces
por día, a buscar agua para regar su plantación y también para
continuar la construcción. Al instalarse allí, Gilberto pretendía
escapar del ajetreo y bullicio de la capital y acercarse al bucólico
paisaje que se dibujaba frente a sus ojos a la altura del
kilómetro 13, en la comunidad de Hatico Barandilla.:
Más tarde se vio obligado a vender esa casa debido a un cambio
laboral para la ciudad de Maracay y entonces, compró una casa
pequeña en Turmero, donde reinicia de nuevo aquel arte here-
dado de José Andrés y comienza a hacer el frente de su casa;
en esta faena lo acompañó su gran amigo y compañero de
trabajo, el señor Antonio Duque. Un día mientras compartían,
Gilberto le dijo:
Hagamos el frente de tu casa y después, el de la
mía.
En esa casa fabricó también la biblioteca, acompañado de Levy,
su segundo hijo, quien narra con orgullo ese aprendizaje de
la construcción con su padre:
“...Mientras hacíamos esa biblioteca él me
enseñó como preparar el cemento y algunos fines
de semana yo lo despertaba con un café y le decía:
papi ya tengo un terceo listo, eso lo llenaba de
verdadero orgullo.

52
Él me había enseñado la manera de hacer un
terceo: la mezcla de tres medidas de piedra, dos
de arena, y una de cemento”
Durante ese período estaba vinculado al Movimiento al
Socia- lismo (MAS), también se desempeñó como concejal
suplente ad honorem. Eran tiempos de mucho quehacer político
y conmoción intelectual. El mismo Levy relata:
“Un día yo me escapé del liceo para buscar a mi
papá porque esa noche él no había dormido en
casa y cuando llegué al partido, me dijeron que
había salido desde la madrugada hacia la avenida
19 de abril y al llegar allí, lo encontré pintando
un mural de protesta. Mi papá siempre mantuvo
una oposición frontal contra los adecos. Esa fue
una época de mucha actividad política y al final,
de mucha decepción partidista”
Años más tarde y cuando fue Ministro, Gilberto confesó esa de-
cepción de los partidos políticos en la ya mencionada entrevista
que le hiciera Ernesto Villegas Poljak :
“Yo milité en el MIR y en el MAS. Aprendí que
todos, sin excepción, tanto los de la extrema
izquierda como los de la extrema derecha, son
buenos para ganar elecciones o para llegar al
poder, pero no para cambiar la vida social del
país.

Los partidos inevitablemente son organizaciones


piramidales, como los ministerios y toda
organización de la modernidad, que
intrínsecamente tiene un morbo: el ascenso, la
búsqueda de la cúpula, de la cúspide”
En ese período, en una de esas crisis existenciales, donde nece-
sitaba reflexionar y estar consigo mismo, decidió aislarse y
un amigo le prestó una parte de su terreno, ubicado en El
Castaño, en la ciudad de Maracay. Allí, con tablas que
anteriormente sir- vieron para embalar partes de vehículos y

53
las cuales él había

54
traído desde la Victoria, construyó una peculiar casa en
medio de un bosque de eucaliptos. Su hijo Gilberto quien es
arquitecto, contó
“...cuando papá construyó aquel lugar, creo que
prevalecía en él la necesidad de buscar ese espacio
del individuo perdido. Ahora lo entiendo de verdad.
Y es que cuando uno tiene demasiadas
vinculaciones con tantas responsabilidades, el
espacio privado corre el riesgo de perderse…o se
disuelve o se oculta y es tarea de uno buscarlo y
rescatarlo….

Yo creo que ese refugio fue la materialización de


esa búsqueda, pues coincidió con un momento de
su vida en el cual papá era presa de una enorme
excitación intelectual y de muchos compromisos
políticos”

Era su refugio un cálido espacio adornado con bromelias y plan-


tas de la montaña; tenía cuatro metros de largo por tres de an-
cho, con un baño afuera y muy cerca de allí pasaba el río. Había
alrededor una gran diversidad de aves. Con el tiempo confesó a
muchos/as de sus amigos y amigas:
“Pasé allí el año más feliz de mi vida. Tras
muchas lecturas logré compenetrarme con la
filosofía de Séneca y aprendí a dominar ese espíritu
de rebeldía; ese deseo de querer ganarme al
mundo”
Con Séneca aprendió que no era necesario luchar en la vida
por cosas que no le darían satisfacción y que debía buscarse
el valor de las cosas más simples. Quizás su reflexión
permanente le permitió descubrir que la vida debía ser
llevada con calma: vivir cada minuto, cada segundo, cada
instante y siempre atentos a la belleza y la sencillez que la
misma vida muestra a nuestro alrededor. Ayarí su hija cuenta
con felicidad ese aprendizaje:

55
“Nos enseñó a contemplar la naturaleza: el agua, el
mar, la luna, la lluvia y a oler la tierra, a observar y
admirar hasta la flor más pequeña”

56
Otra de las aficiones de Gilberto fue la astronomía. Tenía
una pasión por las estrellas, conocía muchas constelaciones,
leía incesantemente sobre las galaxias, cuando debía mudarse
por razones de trabajo, se llevaba el telescopio.
Esa pasión por la naturaleza le sirvió de aula para sus hijos/as y
el resto de su familia. Durante las vacaciones aprovechaba todo
su tiempo para mostrarles el paisaje natural. Permanentemente
resaltaba las excelentes condiciones geográficas, ambientales,
históricas y culturales de nuestro país. Así, mientras recorría el
país al lado de su extensa familia iba construyendo un
sentido de pertenencia en sus hijos/as y hermanos/as menores
por esta patria, una sensibilidad por lo natural y verde, un
interés ecológi- co por una gran diversidad animal y vegetal.
Maritza su esposa, rememora momentos felices de la vida en
familia:
“Teníamos un Volkswagen y montábamos en su
techo todo lo que considerábamos esencial para un
viaje largo: cocinas, sartenes, ollas, hasta la
plancha de hacer arepas, la cafetera, los platos y
vasos, la ropa, los juegos. Nunca íbamos solos,
generalmente llevábamos a Candelaria, a mi
mamá, a uno o dos de sus hermanos, a
Gilbertico y a Levy. Ellos dos pasearon más que
los otros, pues fueron para todos los viajes que
hicimos, excepto uno que inventamos para
Ecuador. Para allá fuimos sin niños; nosotros dos
con otras parejas.

Cuando recorríamos el país Gilberto se paraba


en cualquier lugar para mostrarnos la naturaleza
y contarnos algunos eventos históricos y
culturales. Él convertía cada viaje en un espacio
ideal para el aprendizaje”
Educó a sus hijos/as y a muchos de los que lo rodearon bajo
la máxima de Séneca:
“Sólo se aprende a vivir viviendo”
57
“Desde que éramos pequeños nos enseñó a
escuchar música clásica y canciones
revolucionarias, nos leía poemas y nos hablaba de
cada uno de esos músicos y escritores. Más que
vernos graduados se preocupaba porque
aprendiéramos a vivir”. Ayarí.
Durante su estadía en Maracay se desempeñó como profesor de
la Universidad de Carabobo. También allí, en el exclusivo empe-
ño de hacer realidad su sueño por un mundo mejor, en todas
las tareas y responsabilidades que asumió, supo imprimir su
pasión por la conquista de una sociedad más justa.
Como profesor, acompañó a sus alumnos en el proceso de
cons- truir sus propios saberes para que individual y
comunitariamente, tomaran conciencia de la realidad social y
dieran respuestas a las necesidades de la población. Para ello,
implantó metodologías didácticas originales e hizo del
escenario social una cátedra. Luis Valera, profesor de la
Universidad de Carabobo señaló:
“Yo oí hablar de Gilberto en la Escuela de Medicina,
a la cual ingresé en el año 1980 ya, para entonces,
él ejercía como docente en el antiguo
Departamento de Ciencias Sociales. Me enteré que
había un profesor, autor de un libro muy polémico
y reconocido por la forma peculiar como
enseñaba. Se referían a él como a un educador
incomparable: tenía unas ideas diferentes a las que
los estudiantes habían recibido a través de toda su
anterior formación.

Él iba desdibujando todo lo que tenía que ver con


el poder médico, ese tema era, realmente, el que
más trataba en su materia Historia de la Medicina y
Deontología Médica. Para él no solamente existía el
problema de revisar la medicina desde el punto
de vista histórico, sino que lo enfocaba en el
contexto socio político de cada una de las

58
civilizaciones y hacía énfasis, fundamentalmente,
en la situación de Venezuela.

59
Él impartía la docencia en lugares no habituales
y usaba otras estrategias pedagógicas. Sé que
sus alumnos fueron estudiantes marcados por sus
enseñanzas.”
En su desempeño docente, en la Universidad de Carabobo, don-
de trabajó durante tres años, no sólo se centró en el
contenido del programa, sino también en sensibilizar al
estudiante de medi- cina sobre cómo abordar al paciente.
Desmitificaba el uso de la bata blanca y era muy crítico del
distanciamiento habitual que los galenos establecían en su
relación con los enfermos. Considera- ba primordial una actitud
de respeto hacia el ser y a su dignidad. La doctora Nora López
cuenta su experiencia como alumna de Gilberto:
“Conocí al Dr. Gilberto Rodríguez Ochoa tres
años antes de graduarme como médica, me
impactó desde el primer momento, vestía una
camisa blanca, tipo indígena, calzaba alpargatas y
su pelo era muy corto. Su apariencia era muy lejana
a la del médico común. Cuando él entró al piso
ocho, lo primero que nos dijo fue que si nosotros
íbamos a ver a los pacientes, debíamos tocarlos
pero aprendiendo a respetarlos, y nos dio a
continuación una serie de orientaciones para
aproximarnos a ellos…nos decía que podíamos
tocar la lesión, pero no sin antes hablar con el
paciente, que permitiéramos que él hablara de su
existencia, de su vida, pues así él nos tomaría
confianza y sentiría el calor nuestro, pero en el caso
de que no quisiera o no nos diera permiso; hasta
ahí debía llegar nuestra observación. Esa enseñanza
quedó grabada en mí para siempre”.
Sus clases de semiología fueron siempre extramuros y de
campo. Enseñaba a sus alumnos a observar el comportamiento
y la acti- tud de la gente en el marco de su contexto social. Realizó
muchos recorridos en autobús con sus alumnos y alumnas para
observar los grupos sociales: sus edades, a qué estrato social
pertenecían; y así, los enseñaba a aguzar sus sentidos con
respecto al diag- nóstico sobre las enfermedades de la piel y
otras patologías. Esta manera de enseñarlos, iba dejando
profundos aprendizajes en sus alumnos/as:
60
“…desde entonces, cada vez que yo iba en un
autobús me dedicaba a observar atentamente a las
personas e iba al mercado libre los fines de semana
pues sabía que allí podría encontrar a algunos de
mis pacientes y yo quería observarlos e ir
identificándolos. Así, por enseñanzas del Dr.
Gilberto, aprendí a conocer sus hábitos y todas esas
otras cosas del ser humano que tantas veces se
escapan durante el examen médico” Nora López.
A pesar de lo mucho que se había preparado para ganar el
concurso de oposición en la Universidad de Carabobo, y
quizás tras la larga reflexión que hiciera en su retiro en la
casa de El Castaño, siempre seguía en la búsqueda de un
trabajo de mayor contacto con los más desposeídos y su
necesidad de acercamien- to a la naturaleza, por eso, tal vez , el
giro que da a su vida una invitación para visitar Puerto
Ayacucho.
Era la primera vez que pisaba ese territorio y veía la densa
co- bertura vegetal de su selva virgen y sus aguas
cristalinas, in- mediatamente se sintió identificado con ese
espacio y más allá del compromiso de la visita de trabajo, se
sintió profundamente impactado. Su esposa cuenta que cuando
Gilberto regresó a su casa, al abrir la puerta le dijo:
“Maritza, vengo de ver el lugar más impresionante
del mundo y quiero que nos mudemos para allá”
En Puerto Ayacucho edificó una churuata para vivir en un
terreno muy próximo al río Carinagua, pero un día, al
desbordarse el río, el terreno se inundó y Gilberto se vio
obligado a emprender su proyecto en otro espacio. Más tarde,
durante sus horas libres y fines de semana, comenzó a
construir una casa y a sembrar frutales en una extensa área
que perteneció al piloto Pablo Silva.
Los planos fueron hechos por Gilberto y él mismo hizo el diseño
de todas las instalaciones eléctricas y sanitarias. Todos sus
hijos/ as recuerdan la enmarañada red de aguas que solía
instalar en todas las casas que construyó. Gilberto hijo, cuenta las
vicisitudes que pasaba la familia por esa causa:

“Mi papá diseñaba un sistema sanitario


61
demasiado complejo, por ejemplo, para un
baño con un

62
lavamanos y una poceta, llevaba un tubo para
agua fría, otro para el agua caliente y otro tubo
por si el agua caliente fallaba. Las aguas negras del
lavamanos la tirabas para el jardín para regar las
matas, la de la poceta la llevaba para el subnivel.
Era complicadísimo pues todos aquellos tubos se
cruzaban en el camino y tenían llaves y ninguno
de nosotros comprendía cómo funcionaba aquello.

Al final era un enigma, porque cuando mi papá


estaba de viaje y nos quedábamos sin agua,
nadie sabía cuál era la llave que debíamos abrir.
Creo que él se divertía con toda esa parafernalia.

Por cierto, esa era la única cosa en la que mi


papá era complicado, porque para el resto de las
cosas, siempre fue muy simple y sencillo”
Esa pasión de ser arquitecto, albañil y campesino lo llevó a sem-
brar árboles en San Francisco de Asís y en La Colonia Tovar y a
construir las casas en El Castaño, El Junquito, Turmero, Amazo-
nas y Aguirre.
“Creo que eso de construir casas, respondía a
una búsqueda interior y si ahondamos un poquito
más, tal vez se debía a su necesidad de
transformar, de ir modificando las cosas a las que
tenía acceso, para poner sus ideas al servicio de
quien lo rodeaba. Mi papá “vivió” su vida
sembrando y eso de sembrar árboles frutales en
todas las casas y sitios de trabajo en donde estuvo,
no fue sólo para satisfacer la carencia de frutas en
términos directos, no fue tampoco por tener
mangos o cosechar limones, fue realmente la
respuesta a aquella sed de ir sembrando y dejando
cosas a lo largo de la vida: sembrar ideas,
sembrar costumbres, posiciones éticas. Sembrar el
carácter.

En nosotros, hoy podríamos decir que él logró


58
cosecha”. Gilberto Rodríguez González

59
Impulsado por una necesidad interior de edificar y guiado por el
ímpetu de dejar bases sólidas y de generar cambios e incidir en
la realidad hasta transformarla, puede afirmarse que la cons-
trucción se produce en él como una festividad, como una danza,
como ejercicio terapéutico. Tal vez, la intensidad como vive este
proceso se vuelven diversión e integración en su ser.
Quizás, también, habría que preguntarse ¿Cuánta paz,
cuánto silencio o ruido interno trabajó Gilberto, ladrillo a
ladrillo?

La boda de Gilberto y Maritza el 24 de diciembre de 1965.

60
Gilberto y Maritza con sus hijos Gilbertico y Levi en Mérida.

Gilberto en una quebrada en La Gran Sabana.

61
En compañía de sus hermanos/as, cuñados/as en el
patio de la casa de La Pastora.

62
Sus hijos Levi, Ayarí, Yuruaní, Andres Eloy y
Gilberto, el día de su graduación de Arquitecto.

63
En compañía de sus hijos Gilberto, Andrés Eloy y Levi.

64
65
Capítulo 3
Amazonas, territorio de inmensos

“…No estás en el camino de tus tierras y gente, y estás perdiendo el hito de tu

Alfredo Almeida
E n 1983, Gilberto realizó una visita de trabajo a Puerto
Ayacucho y este primer contacto le causó una impresión
indescriptible. Se sintió maravillado ante la imponente selva
pluvial. paseó entre gigantes vegetales, lianas y epifitas. A
diario contemplaba admirado el paisaje adornado de
bromelias y orquídeas. En una oportunidad confesó que allí
se sintió fascinantemente deslumbrado .
Si bien es cierto que ese escenario geográfico le causó un
impacto visual y sensorial, la precaria situación de salud de
la población indígena lo conmovió profundamente y lo
comprometió políticamente . Fue por eso que decidió vivir en
ese territorio a fin de integrarse a él para compartir las
dificultades de las comunidades y desde la cercana
convivencia, compartir también conocimientos, producir
cambios que permitieran mejorar las condiciones de vida y
salud de los indígenas. Al comienzo, se instaló solo y más
tarde la familia vendría a acompañarlo en ese nuevo sueño . Su
estancia en Amazonas se prolongó por más de once años.
Después, él mismo contaría que Amazonas le permitió tener un
verdadero encuentro con Maritza y con toda su familia, además
de una inigualable tranquilidad y armonía espiritual.
En los cortos ratos libres solía sentarse a orillas de las
quebradas para escuchar el eco de la selva, observar la flora y
la fauna y el
67
vaivén de las embarcaciones fluviales o admirar esa diversidad
cultural sembrada por nuestros ancestros. Para él, estar allí, era
como envolverse en ese mundo mágico y ensoñador que lo
nutría anímica y físicamente.
Inició un trabajo con las comunidades indígenas, integradas
aproximadamente por 17 grupos étnicos: los yanomami,
guahibo, piaroa y yekuana; cada uno con su lenguaje,
religiones, tradiciones y costumbres diferentes. Su hijo Andrés
Eloy recuerda esos tiempos:
“… él se fue primero y duró allá
aproximadamente dos años solo. Yo recuerdo que
antes de mudarnos, tal vez fui dos o tres veces y
cada cierto tiempo él venía para Maracay.

Fue una época en la que por una parte estaba


muy compenetrado con su trabajo, pero por otra,
tenía una profunda soledad, la cual manifestaba
frecuentemente en las cartas que le enviaba a
mi mamá y a nosotros nos hacía mucha falta su
compañía, por eso, después, nos fuimos todos
menos Gilberto, que ya estudiaba en la Universidad
en Caracas. A Levy se lo había llevado papá con
anterioridad”
En una de esas visitas a Maracay, Gilberto fue al Liceo donde
estudiaba Levy a buscar su boletín de calificaciones y al ver el bajo
rendimiento escolar de éste se convenció de que debía estar
más cerca de su hijo con la finalidad de acompañarlo en su
formación y arraigarlo en la práctica del trabajo, entonces lo
invitó para Amazonas y el muchacho aceptó. Hoy Levy nos
resume parte de su experiencia:
“A los cinco o seis días de estar allá, conocí a un
amigo de él que se llama Rubén Montoya y
entonces ellos me llevaron a la finca de la familia
Cardozo. Era una finca grande, con ganado y río.
Creo que

68
mi papá sabía que con mi visita y permanencia
dentro de esa finca yo iba a enrumbar mi
camino. Desde esa noche me quedé viviendo ahí,
recuerdo que íbamos caminando por esas tierras
y él me las mostraba lleno de admiración y al rato
yo le dije:

– Papá aquí es donde yo quiero vivir - y


enseguida me respondió:

– Quédate de una vez, hablaremos con el dueño.

Entonces me quedé. Hoy entiendo que mi papá


se fue satisfecho pues había logrado uno de sus
objetivos. Al otro día regresó con mi ropa, una
bolsa de comida y unos cartuchos que yo le pedí
para la escopeta. Para ese tiempo yo tendría como
quince o dieciséis años.

Allí viví varios meses. Dormía en una hamaca con


una escopeta y arrullado en la madrugada por el
bramar del ganado. Aprendí a ordeñar, a hacer
queso de mano, a hacer jabón, a sembrar. Me
sentía sorprendido pues no me cansaba, yo
recordaba que en la ciudad las rumbas me
agotaban… yo no recuerdo en qué momento
dormía allá, pues pasaba todo el día trabajando y
toda la noche pescando. En esos tiempos, yo
sentía que en el campo no hacía falta dormir
mucho, tal vez por el oxígeno que me brindaba
toda esa vegetación. Esa fue realmente una
experiencia hermosísima en mi vida”
Así, estimulado por su papá, Levy estuvo en la comunidad
piaroa, enseñándola a cultivar hortalizas y a construir
galpones para criar pollos. La experiencia en Amazonas
marcó huellas en él y lo enrumbaron profesionalmente. Años
más tarde se graduaría de Zootecnista en la Escuela
Agronómica Salesiana del Estado Barinas.
69
Gilberto supo transmitir a sus hijos con gran entusiasmo, esa
afición que él había iniciado en el corral de tierra de la casa
de La Pastora y que le sirvió tanto a Levy como a Andrés Eloy
para definir su camino profesional.
“Yo aprendí con los piaroa a construir con
bahareque y les enseñé a cultivar hortalizas y a
diseñar un galpón para criar pollos. Construíamos el
galpón y después lo derrumbábamos para que el
otro grupo de muchachos lo hiciera de nuevo y
todos aprendieran en forma práctica. Así
hacíamos las clases cada día.

Tiempo después, en el fundo El Canarín, mi


hermano menor, mi papá y yo criamos pollos.
Ahora quisiéramos repetir la experiencia pues
Andrés Eloy se graduó de médico veterinario”. Levy
Rodríguez González.
En Amazonas, en sus primeros años, Gilberto vivió detrás del
Hospital José Gregorio Hernández. Después de un tiempo
compró un extenso terreno donde los fines de semana y en
las horas libres, construyó su casa para vivir con Maritza y sus
hijos.
Andrés Eloy recuerda detalles de la experiencia de la
construcción de la casa en Amazonas:
“Ese fundo se lo compramos nosotros en trece
mil bolívares, a una profesora, llamada Carmen
Rosa, viuda de un piloto. Era un terreno como de
cinco hectáreas que tenía una casita de palma, que
como ya estaba casi destruida, tomamos de ella los
palos de parature que es una madera muy dura y
los utilizamos en la construcción de nuestra casa,
cuyo diseño hizo mi papá - yo aún conservo los
planos –

Casi todos los fines de semana, nosotros


ayudábamos en la construcción. Para ese entonces,
70
ya Levy estaba estudiando en la Escuela Salesiana
de Barinas.

71
A papá le interesaba que nosotros tuviéramos
conocimientos de plomería, electricidad y albañilería
y nos enseñó todo eso.

El diseño era muy particular: mi papá quería que la


brisa corriera por el centro de la casa y para ello
colocó ventanas por todo el pasillo. Recuerdo
que cuando hicimos la placa del techo había un
solo parature como soporte y la gente se burlaba y
le decía
–Gilberto tu estás loco, ese palo solito ahí, en
todo el medio, se va a caer– Después, fuimos
armando la casa y cuando la terminamos, el
parature que se había colocado al principio,
constituyó la base para la esquina del mesón de
la cocina y quedó perfecto”
Gilberto trabajó incansablemente para mantener a su familia.
Asumió un cargo de médico en la Unidad Militar de
Amazonas para compensar los gastos. Sus familiares cuentan que
ni siquiera podían tener un buen cableado para hacer llegar la
electricidad a su parcela. Pese a esas dificultades
económicas, él siempre contó que cuando estuvo en esa tierra
gozó de una alta calidad de vida y en sus horas libres podía
sembrar y recrearse con sus animales y sus plantas.
Estar en el Amazonas es convivir directamente con la naturaleza
–solía decir Gilberto– Él se creía privilegiado por vivir cerca de
un río cuya amplitud era similar a la de un inmenso mar, pero lo
que más le importaba era sentirse cerca de los pueblos
indígenas, sus culturas, aprendió a saborear sus comidas y
estudió la medicina de El Chamán.
Era frecuente que él se internara durante una semana o quince
días para convivir con las familias indígenas, dialogar con ellas y
así, conocer su situación de salud. Magda Magris, médica
rural de Amazonas durante la gestión de Gilberto como
director de salud, cuenta:

72
“Su lucha se centró en adecuar los programas a
la realidad indígena, tomando en cuenta las
diferencias culturales de la población en
Amazonas para crear un sistema de atención de
calidad”
Las enfermedades que con más agudeza se manifestaban
eran la malaria, la tuberculosis, la fiebre amarilla, la
hepatitis, el paludismo, el dengue y la diarrea. Él había
observado que no existía una vigilancia epidemiológica
adecuada y que se mantenían unas condiciones que
mostraban una situación de injusticia social.
Ese panorama arraigó aún más a Gilberto y lo hizo emprender
una lucha infatigable contra las condiciones que favorecían esas
endemias, las cuales hacían que las comunidades indígenas
murieranopadecierandeenfermedadesabsolutamenteprevenibles,
como las respiratorias, las patologías gastrointestinales: diarreas
y parasitosis, así como las enfermedades infectocontagiosas y
las dermatológicas. Carmen Hernández, su secretaria en la
Dirección Regional de Salud, expresó:

“Durante su gestión hubo cambios importantes,


se dio más atención a a los indígenas e insistía
en dar respuesta a cualquier emergencia,
consideraba que debía solicitarse el apoyo que
fuera necesario: a los militares, a las otras
instituciones, a quien correspondiera, lo
apremiante era actuar. Tenía una forma de trabajo
diferente a la de los directores anteriores”

Para ese entonces el gobernador del estado era Bernabé


Gutiérrez, máximo representante del partido Acción
Democrática, en cuyo período los brotes y endemias
asociadas a las enfermedades más frecuentes reflejaban la
ausencia de una política de salud y de saneamiento ambiental
coherentes con esa realidad socio cultural. La acción del
Estado se caracterizaba por la deficiente infraestructura:
pocos centros de salud, ausencia de equipos y medicamentos,

73
escasez de personal médico y sólo se producían

74
acciones esporádicas ante situaciones esencialmente graves.
Aunado a esto, reinaba la corrupción. Gilberto denunció
constantemente desviaciones de fondos, sin que se le prestara
la atención y correctivos pertinentes.
América Perdomo recuerda cómo esta situación se mantuvo
tiempo después, cuando ella era directora de Malariología en
Amazonas:
“Descubrimos un caso de corrupción que marcó
historia en la región, fue el de la supuesta
construcción de diez acueductos. Bajo las
orientaciones de Gilberto se realizó una
investigación y se confirmó el acto de corrupción
con las pruebas y detalles que fueron presentados
ante los tribunales, los cuales constataron que
efectivamente, los constructores habían percibido el
pago, sin que hubiesen efectuado las obras.

A pesar de haber sido demostrado el fraude, los


tribunales utilizaron todas las mafias ligadas al
Poder Judicial para no sancionar a los implicados,
pues estaban ligados al partido de gobierno. Lo
importante de esta investigación fue que por
primera vez se planteó ante la sociedad
amazonense un hecho de corrupción que fue
probado y en el cual se señalaba a cada uno de
esos constructores quienes con frecuencia
efectuaban convenios con el Ministerio de Sanidad y
cobraban cuantiosas sumas de dinero por obras
que nunca realizaron”
Claro está, el combate contra la corrupción se enfrentaba a
toda una estructura de intereses por parte de los funcionarios
públicos, por lo cual Gilberto siempre fue víctima de agresiones
y en más de una oportunidad atentaron contra él, pero a
pesar de todo, continuaba combatiendo la corrupción y
tomando medidas correctivas hacia aquellos trabajadores/as a
quienes les comprobaba irregularidades administrativas.

75
A pesar de estar convencido de que la corrupción socavaba
la legitimidad de la Dirección Regional de Salud, continuó su
titánica labor e hizo seguimiento a muchos sindicalistas que
eran trabajadores/as adscritos a la institución.
La práctica y la observación le hicieron relacionar el sindicalismo
con la destrucción de las instituciones de salud y tipificó esos
casos de una manera exacta y bien calculada y su denuncia
desenmascaró a quienes nadie antes se había atrevido a
tocar, ya que en esa época eran fieles representantes de los
dictadores y caudillos del Territorio Federal de Amazonas.
Estaba atrapado en una situación donde la burocracia era
totalmente controlada y ejercida por el poder gremial y
político de Acción Democrática y su única arma válida fue
siempre el ejemplo. Durante todos los años que trabajó en el
Hospital y en la Dirección Regional cumplió el horario a
cabalidad, él era quien llegaba primero y se marchaba de
último. Rubén Montoya, su amigo y camarada en Amazonas,
expresó:
“Gilberto fue el médico social que uno siempre
ha idealizado: el médico del pueblo, el que está
al servicio del más necesitado. A partir de la
aparición de Gilberto en mi vida, se fortaleció la
propuesta que me había planteado sobre el mundo
amazónico, con él pude hacer y deshacer sueños
en favor de este Estado. Nosotros formamos
parte de un proyecto político a largo plazo,
éramos un grupo minúsculo que en nombre de la
nueva sociedad nos vinimos a militar
amazónicamente en esta parte de la frontera. Nos
propusimos luchar hasta lograr la liberación de la
sociedad amazonense, combatir -lo que él solía
llamar- ´el hamponato democratoide`.”
Amazonas era una región donde la exuberante belleza
natural contrastaba dolorosamente con la desigualdad, la
pobreza y la exclusión social y esta realidad hizo que por
primera vez Gilberto se presentara como candidato a alcalde
para las elecciones de 1992. Se lanzó públicamente a
demostrar su lucha por la dignificación de esta invisibilizada
población.

76
Con un grupo de profesionales y jóvenes estudiantes conformó
El Movimiento Cívico Mayo y organizó una propuesta de gestión

77
legislativa municipal. En una carroza de madera y con una
pancarta recorrían los barrios de Puerto Ayacucho. Distribuían
folletos semejantes a aquellos usados contra la dictadura de
Pérez Jiménez. Los textos denunciaban: “ a quienes forman los
cogollos politiqueros hamponiles que tanto daño le han causado
a Venezuela y en particular a Amazonas”. Y su consigna
fue“¡¡ES LA HORA DE LA DIGNIDAD!!”.
Alejandro Signi, militante de ese movimiento hace un resumen
de esa experiencia:
“Había pasado el tiempo, se produjeron fuertes
alianzas con los jóvenes indígenas de la región que
alcanzaron cargos de representación popular, entre
otros, Bernabé Arana, alcalde del Municipio Autana,
Guillermo Arana, diputado al Consejo Legislativo
Regional, René Ye´kwana, ex directivo del periódico
Orinoco Indígena y así, bajo los sabios consejos
de Gilberto, fuimos participando en movimientos
de solidaridad con los pueblos indígenas. Igual
respaldo obtuvimos de los estudiantes, con los cuales
fundamos el Movimiento Cívico Mayo.
Posteriormente y luego de muchas coincidencias
en eventos gremiales e institucionales de salud,
educación, tenencia de la tierra y turismo, entre
otros, decidimos participar en la contienda
electoral, llevando a Gilberto como candidato a
Alcalde del Municipio Atures y avalado por la
organización que formamos, el cual denominamos
`Movimiento Amazonas Nuestro`. Con este
Movimiento realizábamos recorridos por los barrios
de Puerto Ayacucho, presentando a nuestro
candidato a Alcalde, pero la experiencia en términos
de búsqueda de resultados electorales no fue buena
porque era muy difícil la comprensión de los
mensajes que estimulaban a crear instancias
organizativas para la solución de sus propios
problemas y éstos resultaban nulos ante las
demandas de cargos de trabajo, becas, favores,

78
promesas y comisiones a

79
las que estaban acostumbrados a recibir por
parte de los políticos de Acción Democrática y
COPEI, a cambio del voto”
El Movimiento Cívico Mayo combatió siempre al modelo político
clientelar que se había agotado y que condujo al
empobrecimiento de la población y al descrédito institucional del
Territorio Federal Amazonas. De igual manera, se manifestó
rotundamente en contra de un sistema de corrupción que
había erosionado la dinámica social amazonense y denunció
militantemente esa situación de crisis moral; de inmensas
brechas sociales y económicas y, por primera vez, la
población amazonense se colocó en una disyuntiva política:
cambiar o continuar en la ingobernabilidad que sembraron las
cúpulas partidistas de Acción Democrática y COPEI.
El programa que presentaba el Movimiento Cívico Mayo
estaba centrado en la conquista de una sociedad más justa y
contenía propuestas específicas relacionadas con el desarrollo
socioeconómico de Amazonas, entre las cuales destacaban:
1. Leyes para el nuevo estado: “Impulsaremos una organiza-
ción político territorial que tome en cuenta la complejidad
del estado, situación fronteriza y su extraordinaria riqueza
ambiental”.
2. Lograr un Concejo Municipal con mayor eficiencia: “Los
cargos serán por concursos. Hay que modernizar las
or- denanzas o leyes municipales y crear una
especialmente para el turismo. No dar más contratos ni
a corruptos ni a personas que tengan otras fuentes de
ingresos económi- cos. Los contratos serán, en su
mayoría, para el pueblo or- ganizado. Se realizarán
cabildos públicos en las principales poblaciones del
interior hasta tanto la asamblea legislativa conforme
nuevos municipios.”
3. Acelerar y apoyar la participación popular e incorporar
a las poblaciones urbanas o rurales, indígenas o
criollas a programas como los de auto construcción de
viviendas y urgente solución al problema de cloacas en

80
los barrios.

81
4. Atender la problemática indígena: “Luchar por la regulari-
zación de la tenencia de la tierra para las comunidades
y grandes poblaciones indígenas aún arraigadas en sus
te- rritorios originarios. Contribuir en forma decidida al
desa- rrollo de sus propias culturas, pervivencia de sus
idiomas y cosmovisión”…
5. Desarrollo socio- económico: “Incentivar la producción
agroanimal así como la pequeña y mediana industria; in-
centivar el eco-turismo, regulándolo con una ordenanza
especial en cuya redacción participen los indígenas. Des-
centralizar algunas labores municipales para generar em-
pleos fijos en los barrios, como por ejemplo: recolección y
bote de basura, mantenimiento de parques, jardines y
vías públicas, incentivar el desarrollo de cooperativas y
crear programas permanentes de formación ciudadana”
6. Servicios públicos básicos:”Plan de educación general so-
bre aprovechamiento de basura orgánica. Fortalecimiento
del transporte escolar y creación de rutas de transporte
co- lectivo con circuito rápido”
7. Ejidos y terrenos municipales: “Rescate de las grandes
po- sesiones de terrenos ociosos situados más allá del río
Cata- niapo, hoy en manos de terrófagos insaciables.
Igualmente los terrenos municipales en situación de
engorde serán re- vertidos a la propiedad municipal
aplicando las leyes vi- gentes”
8. Programa de seguridad (Delincuencia, inseguridad, siste-
ma carcelario, policial y judicial) “Crearemos un programa
de seguridad con participación vecinal para lo cual la poli-
cía territorial deberá tecnificarse y convertirse en un cuerpo
de servicio integral. Los cargos judiciales se proveerán por
concurso, a fin de evitar que algunos juzgados apoyen
a los delincuentes políticos.”
9. Vivienda y urbanismo: “Impulsaremos programas de auto
construcción; las viviendas de interés social se asignarán

82
por estricta necesidad de las familias y no por componen-
das o corruptelas partidista.”
10. Deporte, recreación y cultura: “Fomentar el deporte
des- de el mismo seno del pueblo. Hay que fortalecer una
direc- ción de cultura que trabaje para la escuela de
música, el grupo orquestal de instrumentos indígenas y
para generar actividades eco-museísticas. Lucharemos
por la construc- ción del Parque Zoo-Botánico, el
Parque La Tortuga y el Parque Cerro Pintado”
11. Asesoría jurídica: “Ante muchas violaciones de sus dere-
chos, el pueblo no tiene dónde recibir orientaciones, para
ello crearemos una oficina de reclamos y asesorías
que, junto con la Fiscalía del Ministerio Público permitan
orien- tar a quienes requieran ayuda.”
Este programa estaba signado por esa férrea voluntad que el
grupo poseía y además daba especial sitial a la educación y
la salud y consideraba también una serie de planteamientos
de contraloría social para evitar la corrupción y el despilfarro en
estas instancias.
Desde 1983 hasta 1987 Gilberto fue Adjunto de Atención
Médica y también dermatólogo del Hospital “José Gregorio
Hernández” y presidente del Colegio de Médicos. Durante
toda su estadía en Amazonas fungió como coordinador ad
honorem de las pasantías de “Medicina Integral de Ambiente
Rural” de la Universidad Central de Venezuela.

En 1988 fue Director del Hospital José Gregorio Hernández,


en 1991 Director Regional de Salud hasta su destitución. Este
cargo le fue restituido por Edgar Sayago, el primer gobernador
electo de Amazonas.
En diversos espacios públicos realizaba círculos de discusiones
permanentes en torno a la salud y a la situación socioeconómica
y política de Amazonas. En una de esas reuniones nocturnas
que organizaba como militante del Movimiento Cívico Mayo, en

83
su afán por incluir al colectivo en la construcción y búsqueda
de alternativas en relación con los problemas amazonenses
convocó a un grupo de médicos de Puerto Ayacucho e hizo
centrar el tema de esa reunión en una reflexión de lo ético. Con
palabras muy sencillas, condujo a los presentes a interrogarse
sobre su condición de actores/as sociales y los enfrentó a las
preocupaciones de la vida cotidiana, de esas dificultades con las
cuales nos encontramos en el contexto de nuestros
intercambios con la gente. Así les habló, Gilberto:
“...Ahora vamos a plantear la situación de salud en
el Territorio Federal Amazonas: tenemos una oferta
de servicios médicos de una calidad muy baja, no
sólo en Puerto Ayacucho, ya que todos los que
vivimos aquí o quienes conocemos Amazonas,
podríamos decir sin ningún resquemor y sin que
nos quede la menor duda, que la calidad de la
atención médica en Puerto Ayacucho y en el resto del
Territorio Amazonas es muy baja. Es muy pobre,
deficiente y por tanto, deja mucho que desear, eso
es una verdad general. Y otra característica de la
atención médico sanitaria en Amazonas es que es
discriminatoria.

¿Por qué discriminatoria? Porque los que hemos


gobernado en Amazonas somos los criollos y somos
nosotros también quienes, por mil razones, nos
beneficiamos de lo que el Estado invierte en salud: por
influencias políticas, sociales; por poder económico,
por dominio de la lengua dominante o de ciertas
formas de lograr las cosas, lo cual forma ya parte
de la cultura. Las poblaciones indígenas de
Amazonas son las que menos reciben ese beneficio
que de por sí, como hemos dicho, es de baja
calidad. Ellas están muy alejadas de las
posibilidades que tenemos los criollos.

Hay una dotación insuficiente de recursos humanos


y materiales; y además están concentrados en Puerto
84
Ayacucho. Las estrategias sanitarias no son las más
adecuadas: hay poca mística en el personal, y
por último, la participación popular en el proceso
salud- enfermedad es mínima. Todo eso contribuye
a una baja calidad de la oferta. Cada uno de estos
puntos por supuesto requerirá una ejemplificación
de lo que quiere decir eso en concreto.

Cuando yo digo poca mística de trabajo, eso no


quiere decir que no existan trabajadores con
mística…lo que pasa es que aquí se dan paradojas
tremendas, aquí encuentras con frecuencia desde
médicos hasta barrenderos, que se roban los
equipos o el adhesivo, el frasco con alcohol, las
tijeras, cualquier cosa.

En cuanto al cumplimiento del horario, por ejemplo,


hay sectores que trabajan más de lo que
deberían trabajar, pero hay un porcentaje no
despreciable, que no es puntual, que no asiste y
hay otros que son reposeros. Yo recuerdo, por
ejemplo, que una vez pasé una circular, la cual
guardo porque es historia. Ell asunto de dicha
circular era un llamado de atención sobre el
consumo de alcohol de los trabajadores mientras
hacían las visitas para tratar la malaria. No eran
todos, pero fue necesario pasar la circular porque
eso ocurría en las horas laborables…

Otro ejemplo es el problema en la lavandería: a


las siete y cuarto de la mañana vemos que cada
una de las encargadas de la lavandería del
Hospital viene con una bolsa de ropa sucia que
trae desde su casa; entonces, en su horario de
trabajo, en lugar de lavar la ropa del hospital, lava
la ropa de su familia… y así podría citar ejemplos
sobre los médicos, técnicos, etc. No es que no exista
mística, pues hay enfermeras, médicos y obreros con

85
mucha ética, pero es necesario mejorar la mística
de todos los trabajadores.

86
Por supuesto que el hospital no es lo más importante
para la salud del pueblo, pero, por ejemplo, no
hay urólogo; no hay otorrinolaringólogo, no hay
laboratorio de anatomía patológica y las mujeres
mueren de cáncer de cuello uterino porque
aparte de las razones de educación, entre otros
factores, se suma el hecho de que si le hacemos
una citología, tenemos que enviarla a Caracas y
algunas veces el resultado llega a los tres meses
o no llega, esto significa deficiencia de recurso
humano importante.

Las políticas de salud son inadecuadas: aquí


IPASME, Sanidad, el Seguro Social y la Alcaldía
tienen, cada uno, sus propios servicios médicos y la
Gobernación tiene sus propios servicios de
atención, entonces los médicos ejercen múltiples
cargos y trabajan por aquí y trabajan por allá y en
todas partes se menoscaba su labor.

¿Cuáles serían las propuestas? -preguntó un


participante-

Creo que las propuestas que yo tengo no agotan las


posibilidades de mejorar la situación, pero pudieran
servir, por lo menos, para orientar el camino.

Una propuesta es que los cargos importantes


deberían nombrarse por concurso. En Amazonas,
el poder político se expresa de una manera muy
brutal, caudillezca, atrasada, feudal: desde el
cargo para barrer en el hospital, hasta para el de
Director Regional de Salud requieren como
mérito fundamental el de ser militante de X partido
político, tal vez esto ocurre en igual o menor
medida en el resto del país.

Si uno analizara las instituciones públicas,


observaría que están carcomidas por el
87
clientelismo político;

88
se ha establecido una relación de humillante a
humillado: cuando a alguien le piden una carta o
una tarjeta de recomendación, lo están humillando
indudablemente, pero como se tiene la necesidad y
no la suficiente valentía, pues se busca la carta o
la tarjeta, y por dentro se siente la humillación y se
establece una relación hipócrita entre el humillado y
el que lo humilla y a la larga eso hace que cualquier
organización, se derrumbe porque la gente no
ingresó de corazón o por méritos reales, sino que
fue enganchado, así, tan impersonal y ajeno, como
en un gancho de esos de colgar carne en un
frigorífico.

Otra propuesta se referiría al aspecto de formación


de recurso profesional y obrero. Se requiere una
formación especial porque aquí en Amazonas
existen unas patologías específicas. Esto es
fundamental. Para cambiar la situación de salud en
Amazonas, la formación debe ser constante y
pertinente.

La tercera línea que consideraríamos es el


fortalecimiento de la estrategia llamada Atención
Primaria de Salud. Mucha gente cree que
Atención Primaria de Salud, es atención de salud
barata para la gente pobre y eso no es así. Pudiera
funcionar para el Country Club, por ejemplo, allí la
gente pudiera reunirse y formar su comité de
Atención Primaria de Salud ¿Por qué? Porque a lo
mejor están muy gordos y sufren de obesidad o
sufren de gota por comer mucha carne roja.
Entonces pudieran reunirse para tratar de lograr
una mejor salud y una tecnología relativamente
accesible, aceptable por la comunidad y donde
ellos participan en todo ese proceso de mejorar
la salud, con menos hipertensos o menos obesos,
menos personas que sufran “x” problema de salud.

89
La Atención Primaria de Salud, pretende que, con la
participación de la comunidad ayudada por el
equipo de Salud se detecte el origen de los
problemas, por ejemplo en Río Negro, Manapiare,
ayudados por el médico, el trabajador social, la
enfermera, algún otro refuerzo y con la comunidad,
se trataría de detectar cuáles son sus problemas de
salud más importantes: diarrea, caries, o la que
fuere, entonces se fijarían los planes de trabajo que,
sin inversiones muy costosas, logren elevar el nivel
de salud de esa población.

En Puerto Ayacucho por ejemplo, un Comité de


Atención Primaria de Salud, pudiera analizar los
accidentes de tránsito. Si se observa (yo lo he hecho)
que los accidentes de tránsito ocurren de viernes a
domingo y en la recta que va hacia el aeropuerto
y además, casi siempre involucran a jóvenes que
se encuentran bajo influencia alcohólica, un
comité de salud diría: vamos a intervenir en estos
factores ya detectados, y eso es económicamente
barato: bastaría una alcabala móvil, una campaña
educativa y eso sale barato. Pero lo que no puede
hacer un comité de Atención Primaria de Salud, es
luchar para que en el hospital tengamos una sala
de terapia intensiva para poder atender a los que
chocan a cada momento”

(Trascripción de una cinta grabada, sin fecha;


propiedad de Gisela de Montoya, sobre una reunión
de Gilberto Rodríguez Ochoa con un grupo de
trabajadores de la salud de Amazonas)
En este discurso se evidencia una vez más su posición ante
la fragmentación del sistema de salud y su incansable lucha
contra la corrupción, destacando la ausencia de ética en la
función pública . Es testimonio también de su perseverante
esfuerzo por construir ciudadanía en cualquier lugar y tiempo
y expresión de su observación crítica diaria de los espacios
90
y relaciones

91
humanas donde trabajaba. Esta actitud fue una constante en su
vida profesional como Médico Rural, como Director Regional
y como Ministro de Salud.
Los que conocimos a Gilberto sabemos que incesante y
vehementemente, estuvo luchando por un sistema con una
interrelación de políticas que tomara en cuenta cada zona o
región del país con la finalidad de dar respuestas a sus
problemas específicos y de atender prioritariamente a la
población en situación de exclusión social en todo el territorio
nacional.
En sus declaraciones por prensa, radio o televisión mantuvo
su sencillez para expresar con mucha claridad sus ideas,
preocupaciones y alternativas para la salud del pueblo. Tenía
una necesidad intrínseca de que la gente entendiera y
comprendiera sus propios problemas para así ayudar a
resolverlos.
Gisela de Montoya contó que como Director Regional de Salud
creó un programa de actualidades en Amavisión que era la
televisora regional y a través de ese espacio televisivo dio
charlas dirigidas a madres, familias y jóvenes. También hizo
muchas entrevistas y ocupaba parte de ese tiempo en orientar
a los médicos jóvenes y pasantes sobre cómo atender a la
población indígena y las particularidades geográficas y
culturales de la región.
Magda Magris habla sobre esa vocación docente de Gilberto:
“Conocí a Gilberto en el año 89, él era el encargado
de los pasantes del Proyecto Amazonas y a pesar
de ser un especialista en dermatología nos dio una
clase sobre la situación de salud en el estado
Amazonas, con una visión sumamente
comunitaria.

Como pasantes de la Universidad Central habíamos


sido entrenados con una formación curativista e
individualista y aquí nos conseguimos con un
docente que tenía una visión de Salud Pública
92
Integral”
Durante 1991 Gilberto Rodríguez Ochoa realizó un proyecto
para la creación de un hospital indígena destinado a la
comunidad de

93
Platanillal y Puerto de Samariapo el cual tendría churuatas como
salas de atención; con chinchorros como lugar de reposo. El
hospital brindaría un espacio para que los pacientes convivieran
con su familia durante su hospitalización. En la maqueta se
previeron los fogones para que los familiares de los
pacientes prepararan sus alimentos.
Este proyecto no se pudo concretar debido a la falta de
financiamiento, tanto por parte del Ministerio como de otras
instituciones de Cooperación Técnica, pero cuando Gilberto
estuvo como Director del Hospital mandó a construir una
churuata y la puso a funcionar como sala de atención. El Doctor
Jesús Toro recuerda que Gilberto le comentaba que algunas/os
integrantes del equipo médico se resistían a brindar atención
allí, porque consideraban que carecía de las condiciones
adecuadas.
A pesar de todas esas iniciativas y de un trabajo honesto con
mucha responsabilidad y compromiso social, sumado a su
eficiente labor en la Dirección, en junio de ese mismo año,
Gilberto fue destituido sorpresivamente por el Ministro Pedro
Páez Camargo, debido a sus constantes denuncias sobre la grave
crisis asistencial en el Territorio Federal Amazonas y en las que
responsabilizaba al Ministerio de Salud y Asistencia Social de
esa situación.
“Dicen los informes que en sólo cinco meses el
Dr. Rodríguez Ochoa se enfrentó valientemente a
las mafias que se robaban las medicinas
destinadas a las medicaturas indígenas y rurales,
reintegró las partidas a los servicios
correspondientes, que antes se escapaban para fines
extraños a los previstos. Trató de poner orden en los
puestos de trabajo y estableció el mantenimiento
para mejorar la logística”. El Nacional 18/06/91
Luís R. García
César Arismendi, su amigo y compañero de militancia política
expresa:

94
“Debido a estas posturas irreconciliables, Gilberto
fue despedido sin tomar en cuenta sus
comprobados

95
méritos gerenciales, su visión de país e incuestionable
armadura ético-moral.

Así, volvía Amazonas a darle continuidad al


círculo vicioso de la ineficiencia en servicios y
atención de la salud. Volvía el desagüe de recursos
presupuestarios y financieros para fines obscuros
y volvíamos al incremento de la morbi-mortalidad
de las patologías endémicas e infectocontagiosas
que afectaban con creces, especialmente a la
población indígena de este territorio de selva
riquísima, pero sensiblemente frágil a las
intervenciones masivas de las manos del hombre y
tan codiciado por potencias extranjeras”
Amazonas realizó un paro cívico para protestar la suspensión
del doctor Gilberto Rodríguez Ochoa y por las calles de
Puerto Ayacucho desfilaron los representantes del Consejo
Nacional Indio de Venezuela, muchísimas organizaciones de
base, así como organizaciones culturales indígenas, la
Comisión de la Mujer y la Familia del Consejo Mundial de
Pueblos indígenas, muchos/ as vecinos/as miembros y
miembras de las comunidades y las ONG’s. Los /as amigos/as
y compañeros/as de trabajo hicieron cartas públicas dirigidas
al Ministro de Salud y al Presidente de la República.
Otro hecho que comprueba la eficiente labor de Gilberto hacia la
población indígena es el que se produjo a raíz de su destitución:
el Consejo de Ancianos de los piaroa que sólo se reúne una vez
cada año y para tratar asuntos del interés de la etnia, hizo una
reunión de urgencia para tratar su destitución por considerarla
como una amenaza a la salud de sus comunidades. El 15 de
junio de 1991 una noticia en El Nacional señala al respecto:
“El Consejo de Ancianos de los piaroa fue
convocado de emergencia porque consideraron
un atropello a la salud de sus comunidades que
se pretenda remover del cargo al actual Director
Regional de Salud, Gilberto Rodríguez

96
Ochoa...Ahora sienten

97
que sus comunidades pueden ser afectadas por
el paludismo, que hace inmensos daños en la
región, y también se sienten amenazados por el
cólera que inminentemente entrará por estos espacios
selváticos. Pero, lo que es peor para ellos- según
manifestó Guillermo Arana, vocero del consejo
de ancianos- es que los políticos de la zona estén
haciendo todo lo posible por destruir el único
médico jefe que le ha prestado atención a sus
comunidades y que ha procurado resolver la
problemática de la salud rural en apenas cinco
meses que lleva de gestión”
En 1992, luego de tomar posesión el primer gobernador electo,
Edgar Sayago Murillo vuelve nuevamente Gilberto como Director
Regional de Salud y retoma sus sueños y, con la misma pasión
que había tenido antes, asume y emprende innovadores
proyectos.
Uno de ellos fue “el Ambulatorio Fluvial” mediante el cual el
equipo de salud se desplazaría en una embarcación dotada
de medicinas, laboratorio y otros equipos para el tratamiento
preventivo y curativo de enfermedades como el paludismo y otras
afecciones endémicas de la región. Era una embarcación que
había sido bautizada con el nombre de “José Ignacio Baldó”
en homenaje al ilustre médico y ex Ministro de Salud. Este
ambulatorio fluvial dio cobertura asistencial a 29
comunidades indígenas. También en el proyecto se incorporó
a los ancianos para los sabios consejos con respecto a las
propiedades curativas de las raíces, cortezas y frutos autóctonos
de ese territorio.
Fue una iniciativa de un equipo formado por Francisco Armada,
médico rural de Maroa, Jesús Toro, médico adjunto a la
Dirección y Rubén Montoya, sociólogo militante cultural de la
región. Con esta propuesta se intentaba dar respuesta a las
necesidades y adaptar la atención de salud a las
características específica de esas comunidades.
Así también, Gilberto se aproximó a una labor de contraloría
98
social y sentó un precedente que permitía a los ciudadanos/
as amazonenses la oportunidad de hacer sugerencias sobre

99
asuntos públicos a los cuales tenían derecho. Con este ejercicio
democrático también estaba dando luces de cómo hacer el
seguimiento de proyectos vinculados con la realidad local y
daba espacio para la evaluación de su gestión. Rubén Montoya,
quien muchas veces lo acompañó a reuniones y asambleas
atestigua:
“Por primera vez, un comisionado de salud le
presentaba cuentas al pueblo. Gilberto tomaba
un atril, una pizarra y con la máxima pedagogía,
en lenguaje sencillo, daba a conocer a todos la
distribución del presupuesto de la Dirección:
¿Cuánto había quedado? ¿Qué debería hacerse?
¿Cómo y dónde debería invertirse? Informaba
también sobre los problemas del hospital.

La gente empezó a sentir una fase desconocida,


jamás imaginada por ellos. Él decía que la Dirección
Regional de Salud no podía seguir siendo la caja
chica de un partido político para satisfacer las
necesidades económicas de los individuos que se
encontraban como directores y mucho menos,
hacer lo que les diera la gana con el dinero del
pueblo”
Mientras fue Director Regional de Salud, nunca dejó de
ejercer su rol de médico y educador comunitario a la par que
realizaba innumerables supervisiones. En ese entonces, fue el
primer Director que abandonó el escritorio para trasladarse a
las comunidades indígenas y profesar coherentemente en su
lucha por una salud digna, caracterizada por la equidad y
justicia social.
En sus recorridos llegó a San Carlos de Río Negro, Maroa,
Atabapo, Atures, Isla de Ratón, Manapiare, La Esmeralda,
Alto Orinoco y también se acercó a Ocamo, donde está
ubicada una comunidad yanomami. Para ninguno de sus
amigos/as era desconocido cuánto le afectaba el abandono
que sufría esa población.

10
0
Durante la supervisión escuchaba atentamente a la gente y así
conocía personalmente los problemas. De igual manera, se

10
1
relacionaba directamente con el personal y los observaba en
sus áreas de trabajo. Vigilaba en qué invertían los recursos
y precisaba cuáles eran las necesidades sociales de cada
comunidad. En la práctica diaria se planteaba la adaptación
de la medicina típicamente occidental a una más cónsona
con la cultura de los grupos indígenas, tomando en
consideración la diversidad y complejidad cultural y dándole
mucho valor al saber popular.
La lucha que emprendió no sólo se circunscribía a la corrupción
y al saqueo protagonizado por el bipartidismo amazonense,
su lucha también se extendió contra “Las Nuevas Tribus” y en
sus diferentes charlas, expresaba que este grupo representaba
un problema de soberanía muy delicado desde hace treinta y
cinco años, por ser un movimiento que cumplía un papel de
agente interventor en distintos aspectos de la región.
Consideraba que era una estrategia norteamericana muy bien
armada y combinada en América Latina. En nuestro caso, la
ubicación geográfica que este grupo tenía en el corazón del
estado Amazonas, le permitía llevar a cabo proyectos de
colonización, exploración y explotación de los recursos de la
zona. Además según su denuncia, este grupo se caracterizaba
por lograr el aislamiento de las comunidades donde ellos
operaban, estimulando la pugna con aquellas que no
comulgaban con su credo.
Gilberto estaba convencido de que este grupo contribuía a la
desculturización indígena y rechazaba tajantemente que muchos
indígenas aprendieran primero el inglés que el español. Esta
misión evangélica norteamericana, fue expulsada de la
región el 12 de Octubre de 2.005 por decreto del Presidente
de la República.
Su postura política, su compromiso por la conquista de los
derechos humanos de los indígenas, el combate contra la
corrupción y su constante acusación a grupos aliados del
gobierno, como es el caso de “Las Nuevas Tribus”, así como
su infatigable denuncia frente a las desigualdades, abandono
e injusticia social de las que era víctima el pueblo
amazonense, no pudo tener otra respuesta que la
10
2
persecución. Después de la rebelión militar del

10
3
4 de febrero de 1992, sufrió los embates de la persecución por
parte de la policía.
La gestión económica y política del gobernador Bernabé
Gutiérrez en Amazonas, era un fiel reflejo de la gestión de
Carlos Andrés Pérez en el país y a pesar de haber sido
Amazonas una región que nunca fue tomada en cuenta para la
ejecución de las políticas de desarrollo social y económico, a
raíz de la rebelión militar, acosaron a quienes estaban en
contra de los desmanes políticos de lo que había constituido esa
democracia representativa.
Gilberto y su grupo de amigos/as militantes fueron víctimas de
este contexto político. Héctor Belisario, quien siempre
acompañó a Gilberto en el Movimiento Cívico Mayo rememora
los hechos:
“Después del 4 de febrero hubo persecución en
contra de Gilberto y todos pensábamos que,
como él, seríamos allanados y presos; pues
éramos un grupo muy pequeño ya identificados
con Chávez. Recuerdo que mientras estábamos
realizando una reunión, una comisión de la División
de Inteligencia Militar vino desde Caracas a
interrogar a Gilberto. En esos tiempos él
trabajaba para el Ejército y ese día, el
interrogatorio al que lo sometieron duró desde
las ocho de la mañana hasta el mediodía;
simultáneamente, fue allanada su casa”
El 27 de noviembre del mismo año Gilberto se vio obligado a
resguardarse y tomar medidas preventivas en relación a su familia.
Andrés Eloy, quien lo acompañó en ese momento puntualiza:
“Mi papá tenía muchos enemigos en el estado
Amazonas por constituir un serio obstáculo para
la corrupción reinante. A eso podría añadirse su
simpatía con el movimiento bolivariano que, de
una forma u otra, participaba en lo que se estaba
gestando. Aquella mañana, como de costumbre
me llevó al colegio y veinte minutos más tarde me
fue a buscar muy preocupado. En el camino a
casa me orientó acerca de los cuidados que

10
4
debía tener porque yo podría ser un blanco
potencial de venganza para los enemigos.

10
5
Al llegar, mi papá se cambió de ropa, se puso
una chaqueta de camuflaje que le habían
regalado en el Batallón Paramaconi también se
puso botas, pantalón verde, y tomó algunas
cosas de primeros auxilios, alimentos
deshidratados y herramientas básicas. Yo también
me cambié de ropa y nos fuimos juntos a la
montaña.

En esa montaña que habíamos conocido tiempo


atrás, él había escogido una cueva como escondite,
pues era de difícil acceso, un poco estrecha y bastante
limpia internamente. Mientras caminábamos me
informó que iba a permanecer escondido unos días
en esa cueva y nos pusimos de acuerdo con
algunas señales particulares. Yo regresé a casa
unas horas después de haber conversado mucho
con él dentro de la cueva”
Los enfrentamientos y persecuciones que pudo sufrir Gilberto se
debían en gran medida, a esa lucha que había emprendido
contra las prácticas reñidas con la ética y el bien común, las
mismas que había percibido como hábitos entre los
responsables de la toma de decisiones de Amazonas; en los
cuadros políticos de Acción Democrática y COPEI y a los que
denunció permanentemente.
Durante los once años de vida en Amazonas, fue un
luchador militante contra la corrupción, la cual reinaba en las
diferentes administraciones públicas del estado y una cultura
antidemocrática en la que de antemano se conocía quienes
serían los gobernantes, los cuales, al salir del ejercicio activo del
poder político, lo hacían en condiciones substancialmente
mejoradas como producto del enriquecimiento ilícito.
El proceso de corrupción había creado grandes
desigualdades y enormes brechas sociales y desde esta
perspectiva, Gilberto se convirtió en un obstáculo para su
continuidad. En una carta pública que hiciera en defensa de
Rubén Montoya, declara
“El Ministro del Interior dijo hace un año, que
10
6
Amazonas era una tierra de nadie. Eso lo
sabemos

10
7
mucho mejor quienes aquí sufrimos minuto a
minuto las fallas del agua a orillas del octavo río
del mundo, según nos dijeron en primaria, quienes
pagamos la electricidad más cara y con peor
servicio de Venezuela, quienes morimos ante la
voraz e insaciable especulación de muchos
comerciantes, quienes somos humillados por
funcionarios civiles y militares o quienes recurrimos
incluso a la invocación de Dios para que nos
permita una llamada telefónica y quienes
carecemos de áreas recreativas.

Somos nosotros los que sabemos demasiado bien


por qué, Amazonas es una tierra de nadie”
Ese territorio que antes se le mostró como fascinante y de profundo
impacto sensorial y afectivo, también fue para él, un territorio
de inmensos contrastes y allí, supo mostrar la ignorada
población indígena respetando su cultura y haciendo valer sus
derechos sociales.
Amazonas fue el espacio escogido para demostrar su postura
antiimperialista, su encarnada lucha contra quienes desde el
poder, saquearon los bienes del pueblo y obstruyeron su
desarrollo.
Su vida en Amazonas fue en todo momento, una práctica de su
militancia política y ecológica.

10
8
Folleto de campaña de Gilberto Rodríguez para alcalde.

10
9
Actual entrada del Fundo El Canarín.

La casa que Gilberto construyó en el Fundo El Canarín.

94
Gilberto acompañado de una amiga en la casa de El Canarín.

95
El Sr. Héctor Belisario, amigo de Gilberto y
militante del Movimiento Cívico Mayo.

96
Gilberto recibe al Ministro de Sanidad y a su hermano Arnoldo cuando
era presidente del PAMI

97
98
Capítulo 4
Contra una visión tubular
de la salud…

“Si no se toma conciencia de esta realidad, los manotazos de los náufragos qu

Eduardo Galeano
E n 1994 mientras se encontraba trabajando en Amazonas,
Gilberto recibió la llamada del doctor Jacinto Convit quien le
informaba que lo había postulado ante el Ministro de Sanidad y
Asistencia Social como Director General Sectorial de Malariología
y Saneamiento Ambiental y le argumentaba la importancia
de su contribución en esa institución. El nuevo Ministro
Carlos Walter conocía la trayectoria de Gilberto Rodríguez
Ochoa como trabajador de la salud y lo instó a ocupar ese
importante cargo.
Gilberto y algunos de sus amigos/as vieron esta propuesta como
la posibilidad de lograr los cambios que soñaron para Amazonas
y que fueron frustrados a causa de la lucha de poder.
Maritza se quedó en Amazonas ocupándose de la venta de la
casa y para acompañar a su hijo Andrés Eloy quien debía
culminar el cuarto año de bachillerato. Gilberto volvió al
estado Aragua y se instaló nuevamente en su casa de Turmero
e inmediatamente buscó la ayuda de muchos amigos/as para
oír y repensar qué hacer desde esta organización en función
de la salud y de las necesidades del pueblo.
Con la humildad que siempre lo caracterizó y a pesar de que
él no había crecido en el interior de la emblemática
institución de Malariología, inicia su nuevo rol y se arriesga a
los desafíos con una fuerte voluntad de conocer la realidad
institucional y su vinculación con el contexto social de este
10
1
país.

10
2
Cuando tomó posesión como Director General Sectorial de
Malariología convergieron varias situaciones que conducían a
los cambios. Por una parte el Ministerio estaba dirigido por el
Doctor Carlos Walter, militante del MAS quien abrió las puertas
a una gestión más progresista que las anteriores y propició
la descentralización del sector salud, la cual conllevaba
previamente a una reestructuración del Ministerio de Salud y
Asistencia Social y por otra parte, en el año de 1994 se estaba
haciendo efectivo el ingreso de recursos extraordinarios para
la ejecución de un Proyecto de Control de Enfermedades
Endémicas, se había solicitado un préstamo al Banco Mundial
por la suma de Ciento Ochenta y Ocho millones de dólares.
De esos 188 millones de dólares, el 75% debía ser
ejecutado por la Dirección de Malariología y el 25% por el
Instituto de Biomedicina.
Conciente de la inmensa deuda externa que representaba
ese préstamo para la Nación, Gilberto comenzó a hacer
esfuerzos para redimensionar el proyecto y reformular sus
acciones con la finalidad de lograr que tuviera una mayor
pertinencia social. El doctor Jesús Toro, quien lo acompañó
en esta gestión rememora:
“Gilberto tomó posesión un día viernes,
recuerdo que cuando yo recibí como Director de
Endemias Rurales me fui para su oficina y allí nos
planteamos reorientar todos esos recursos
financieros, de tal manera que fuesen lo más
eficientes y sustentables posibles, por lo tanto,
debíamos reducir las compras de insumos
injustificados. Estaba programado comprar 25
millones de dólares en insecticidas, lo que
equivaldría a comprar insecticidas suficientes para
un año de todos los programas antimaláricos de
América y se redujo a seis millones de dólares.
Se había destinado siete millones de dólares para
comprar medicamentos antimaláricos lo que era
equivalente a comprar medicamentos para atender
todos los casos antimaláricos para los próximos
cuarenta años y entonces se redujo esa cantidad
a medio millón de dólares”
10
3
Esos recursos financieros destinados exclusivamente para
Malariología y Biomedicina se recondujeron para beneficiar a
otros programas.
En una relación estrecha entre el doctor Jacinto Convit y
Rodríguez Ochoa se apoyaron programas de otras direcciones,
fundamentalmente de la Dirección de Epidemiología: Plan
Nacional de Eliminación del Sarampión, el fortalecimiento de
la red de diagnóstico en enfermedades infecto contagiosas, se
destinaron fondos para la adquisición de vehículos para todas
las regiones del país, el fortalecimiento de la Red de
Laboratorios de Salud Pública de Venezuela, dotándola de
equipos para diagnóstico de sarampión, rubéola y
dengue. Además se emprendió la construcción de Unidades
de Investigación y Control de Enfermedades Endémicas
Tropicales. La primera se inició en La Esmeralda, en Amazonas,
la otra en El Piñal, una comunidad al sur de Táchira muy cerca
de los límites con Barinas y Apure y otra en Sanare, en el
Estado Lara.
Los proyectos que emprendió Gilberto Rodríguez Ochoa
conjuntamente con Biomedicina, trajeron como consecuencia
una fuerte resistencia dentro de la organización, porque el
personal sentía que se traducía en conceder espacios ante una
institución que siempre fue vista como rival de Malariología.
Con su equipo, se propuso trasformar una institución reactiva,
que giraba alrededor de la Malaria, en una institución que
actuara sobre los factores de riesgos ambientales causantes de
múltiples enfermedades en la Venezuela de hoy. Entendía que
nuestro país había dejado de ser rural y malárico, para ser
urbano y con innumerables problemas de saneamiento, de agua
y con una alta contaminación ambiental y atmosférica.
Concebía que ésta debía ser una institución que trascendiera
la enfermedad, para abocarse a la conquista de una salud
ambiental, un organismo que fuera más allá de la restitución del
daño, para luchar por la prevención de factores de riesgos y
la promoción de la salud. Pretendía una visión integral de la
salud, concebida dentro del contexto social de la gente, por
lo tanto, no podía seguir llamándose Malariología, pues lo
medular no era la Malaria, sino las desigualdades sociales
existentes en este país urbano, aunque no por ello dejara de
10
4
considerar que había

10
5
sido una institución de orgullo para Venezuela en los tiempos
del Dr. Gabaldon, debido a que había logrado la erradicación
del paludismo. Ahora tenía que reconvertirse y responder a los
problemas actuales de la Venezuela de los noventa.
El país vivía una situación diferente a la de las cuatro
primeras décadas del siglo XX: la ciudad definitivamente
desplazó al campo. Los polos de crecimiento industrial atraían a
numerosas masas de poblaciones y los sectores depauperados
se instalaron en las ciudades con la esperanza de lograr
mejores medios de sobrevivencia.
El crecimiento económico no acompañó el vertiginoso
crecimiento poblacional: las barriadas incorporaron la ruralidad
a la ciudad y en definitiva, el desarrollo urbano no respondió
a las necesidades del pueblo y la pobreza invadió la ciudad.
Surgieron progresivamente cordones de ranchos carentes de
servicios indispensables, que en ese entonces constituían focos
de enfermedad y miseria, ya no sólo en la periferia, sino
también en el centro de las ciudades.
Ante esos grandes contrastes, Gilberto comienza a
redimensionar las acciones de Malariología y da sus primeros
pasos:
“El afán de Gilberto consistía en montar sistemas
de vigilancia de factores de riesgo: vigilar las
enfermedades en animales y las transmitidas por
insectos, antes de que se presentasen en los seres
humanos. El programa de zoonosis no existía allí,
sino en el programa de epidemiología y lo que
funcionaba era el tratamiento de pacientes
mordidos por perros, se les aplicaban vacunas
antirrábicas y se hacía vigilancia del animal, si el
animal mordedor tenía síntomas de rabia, se le
aplicaba el tratamiento completo al paciente, de lo
contrario no. La vigilancia de perros con rabia, de
caballos con encefalitis equina, de ganado con
brucelosis, de leptospirosis en roedores, perros y
ganado, no se llevaba a cabo sino muy tímidamente
y por otros organismos. En la gestión de Gilberto se
pretendió más bien, fortalecer esas áreas.

10
6
Él pretendía que la parte de Ingeniería Sanitaria dejase
de ser solamente un ente generador de permisos
sanitarios y que enfrentara más vigorosamente la
vigilancia de riesgos en el aire, vigilara cuáles
eran los acueductos rurales que no estaban
clorados y que se hiciera una investigación de los
factores de riesgo involucrados en las
enfermedades del país y de igual manera, las de
riesgos laborales en los trabajadores”. Dr. Jesús
Toro
En todo momento le preocupó el excesivo gasto para
obtener medicinas e insecticidas pues al final se desperdiciaban
a causa de su vencimiento. Fueron muchas las veces que él
mismo había constatado esta situación en los depósitos.
También intervino en lo que denominó ` la cultura del viático`,
la cual generaba un enorme gasto para la institución. El salario
de una auxiliar de medicina simplificada, quien era responsable
de muchos programas sanitarios en un caserío, estaba muy
distante y en desventaja, comparado con el de un obrero de
Malariología, a quien la cultura institucional le enseñó a `viatificar`
las actividades e incrementar su sueldo por cada tarea que
realizaba y que al final se traducía en un itinerario de
labores fragmentadas para obtener beneficios. Al respecto el
doctor Jesús Toro, dice:
“No era lógico que a un caserío llegara, al
mismo tiempo, en un vehículo, un inspector para
construir una vivienda, en otro vehículo un
inspector para colocar la letrina y un tercer
funcionario, también en vehículo, para fumigar
contra la malaria. Se mostraba así una visión
tubular de las cosas -frase muy usada por Gilberto-
en lugar de verlas y atenderlas de una manera
integral: el mismo funcionario debería trasladarse a
un sitio para encargarse del control de los insectos,
vacunar perros, gestionar la construcción de la
letrina, entre otras tareas”
Gilberto visualizaba la institución con funciones polivalentes, de
10
7
manera que atendiera las emergencias sanitario-ambientales de

10
8
una manera integral, pues lo contrario significaba ineficiencia. Él
centraba su preocupación en el control de riesgos.
Anteriormente había dos jefes: el de Malariología quien era el
Jefe de Zona, y era cuentadante y el otro que era el Director
Regional de Salud. Ambos tenían el mismo nivel jerárquico, y
pertenecían al mismo Ministerio y Gilberto contribuyó para que
se fusionaran las direcciones que, aunque paradójicamente
pertenecían a un mismo Ministerio, funcionaban
desintegradamente y con autonomía administrativa.
En los estados Aragua, Falcón, Carabobo, Anzoátegui y Bolívar,
pioneros de la descentralización, se logró que el Director
Regional de Salud se convirtiera en única autoridad y era el
responsable de administrar todo el presupuesto. En el resto de
los estados, se mantuvo durante ese período de transición a los
dos jefes.
En el año 1999 como Ministro, ordenó que la máxima autoridad
de salud de cada estado fuera el Director Regional de Salud,
quien sería el responsable de la administración de esa
institución. De esta manera, en lugar de asignar recursos por
separado a Malariología de los estados y a las Direcciones
Estadales de Salud, se le asignaría a la Dirección Estadal de
Salud.
El hecho de que Malariología perdiera la autonomía
administrativa significó para Gilberto Rodríguez cierto rechazo
por parte de algunos/as funcionarios/as de esta institución.
Luego de un proceso de evaluación, decidió concentrar la toma
de decisiones presupuestaria y administrativa en su la Dirección
General Sectorial, a efectos de controlar la firma de proyectos,
la asignación de viáticos, los proyectos de vivienda rural,
acueductos y compra de insumos, entre otros.
Quizás esta medida se entienda mejor al leer la siguiente reseña
publicada el domingo 5 de junio de 1994 en El Nacional:
“Estafa de veinte millones descubrieron en
Malariología. Rodríguez Ochoa denunció que fue
descubierto un negocio millonario con los contratos
que Malariología daba sin licitación de rigor a un
10
9
minúsculo e invariable grupo de personas.

11
0
Se habría confirmado la entrega de contratos
a empresas fantasmas, así como la asignación
de recursos para la construcción de obras que
jamás fueron concluidas. Aparte de Guárico, las
irregularidades también fueron detectadas en
Amazonas, Anzoátegui, Sucre y Carabobo”
En esa denuncia manifestaba su asombro ante la
escandalosa corrupción reinante en esa dependencia oficial y
se refirió a sobreprecios también en la compra de utensilios
y medicamentos.
Durante ese período había un proyecto para construir una sede
fastuosa, con tres edificios y él sólo aprobó la construcción
de uno, destinado para la Dirección de Ingeniería Sanitaria
debido a que ésta funcionaba en espacio alquilado.
Gilberto opinaba que la democratización del conocimiento de
salud en las comunidades era prioritario, antes que realizar
exageradas compras de equipos y medicamentos y para ello
invirtió en la formación de promotores de saneamiento
ambiental, proyecto que ya había implementado con los
indígenas en Amazonas. El doctor Alberto Aché, quien formó
parte del equipo de docentes con la misión de capacitar a un
grupo de indígenas yanomami recuerda:
“Cuando Gilberto fue Director General Sectorial
de Malariología, se formó un grupo de
microscopistas para el diagnóstico de la Malaria en
el Alto Orinoco. Las comunidades yanomami
seleccionaron un grupo de personas que ellas
consideraban como las más idóneas para el
entrenamiento y se envió un equipo de instructores
de la Dirección de Endemias Rurales para
entrenarlos con respecto a la coloración de las
láminas para realizar los diagnósticos
parasitológicos y la diferenciación de las tres
especies: Plasmodium falsiparum, Plasmodium
vivax y Plasmodium malariae; de igual manera se
instruyeron para que distinguieran el Anopheles
darlingi y brindaran tratamiento antimalárico a
11
1
los enfermos”

11
2
Más tarde cuando fue Ministro, Gilberto retomó ese
programa de capacitación dirigido a trabajadores de la salud
de zonas maláricas y en el artículo Sobre la epidemia de la
vergüenza publicado en El Nacional el 31 de Marzo del 2000,
expresó su intencionalidad:

“Tenemos gente que sabe del problema y estamos


llevando adelante estrategias exitosas. Por ejemplo:
democratizar el conocimiento, capacitar a todos
los médicos, bioanalistas y enfermeras de zonas
maláricas, e incluso capacitar a residentes de
esos lugares. Formar un ejército nuevo, con
residentes o trabajadores del lugar para que no
tengan que salir como cuadrillas desde ciudades
distantes, con viáticos impagables, vehículos, etc y
lo que es peor: hacer diagnósticos muy tardíos...”
Otra de las preocupaciones de Gilberto al analizar el
funcionamiento de Malariología fue la desproporción en la
distribución presupuestaria de ésta, pues sentía que se desviaba
la misión de esta institución. El doctor Jesús Toro ejemplifica al
respecto:
“Del presupuesto de la Dirección General gran parte
se lo llevaba el Servicio Autónomo de Vivienda
Rural, en segundo lugar la Dirección de Endemias
para el Control de la Malaria, mientras que una
mínima parte se destinaba para los programas de
Ingeniería Sanitaria, que en definitiva son los que
abordan toda la problemática de saneamiento
ambiental y contaminación atmosférica,
fundamentalmente en las zonas urbano-marginales
y una parte aún menor para la Escuela de
Malariología, destinada a la formación del recurso
humano”
Un año después de haber dejado Amazonas, Gilberto se
encuentra nuevamente luchando contra los desmanes
partidistas del gobierno de turno, pues valiéndose de una

11
3
epidemia de

11
4
encefalitis equina, hicieron una estrategia para defenestrar al
doctor Carlos Walter de su cargo. Por primera vez en la historia
de la democracia representativa un Ministro salía de su cargo
por un voto de censura del Congreso de la República.
Entonces, Gilberto escribió en su defensa en el editorial del
boletín informativo Nº 2 de la Dirección General Sectorial de
Malariología en noviembre de 1995:
“El recrudecimiento de enfermedades endemo-
epidémicas son producto, fundamentalmente,
de las fallas de saneamiento ambiental (falta de
relleno sanitario, dotación de agua y de disposición
de excretas) en muchas comunidades y numerosa
población urbano-marginal en las grandes ciudades,
así como las marcadas insuficiencia en educación
para la salud.

Tenemos, sin duda,otros asuntos de salud peores


que el de la encefalitis equina, como el hecho de
que diariamente mueren ocho niños por diarreas y
otras cifras similares por accidentes de tránsito,
millones sufren por la marginalidad y miles mueren
o padecen cada año por violencia, derrumbes,
estrés, y otras enfermedades. Bolívar produce el
60% de Malaria en Venezuela.

¿Cuánta responsabilidad tienen, en este panorama


negativo de salud y ambiente, todos (diputados
incluidos) los que hipócritamente claman por un
MSAS más eficiente, el mismo que muchos de
ellos han contribuido a destruir por tantos años?
Luego de la destitución del Ministro Carlos Walter, Gilberto se
vio obligado a salir de Malariología y el doctor Oscar Feo lo
nombra Coordinador del Proyecto Salud de CORPOSALUD
Aragua. Aquí emprende nuevas luchas. El doctor Oscar Feo
recuerda esos momentos cruciales de Gilberto en la
Corporación:

11
5
“Gilberto surge como una figura central en el
proceso de readecuación de la red ambulatoria
del estado Aragua. Recuerdo que hizo una reunión
con constructores del estado a pocas semanas de
haber asumido el cargo de coordinador de Proyecto
Salud, y les dijo:

– Señores aquí va a comenzar un proceso de


remodelación de un centenar de ambulatorios,
yo quiero transparencia en ese proceso, aquí
se acabaron las comisiones y los vicios. El diez
por ciento que se daba como comisiones en las
anteriores administraciones yo lo quiero reflejado
en la reducción de costos”
Así, estableció normas muy claras a fin de evitar cualquier
proceso de corrupción y el gobernador Didalco Bolívar abrió
el proceso de licitación para emprender ese proyecto. La
recuperación de la red ambulatoria en Aragua en los años 96 y
97 se debe en gran medida a la lucha y a la perseverancia de
Gilberto Rodríguez Ochoa y al equipo de profesionales que lo
acompañó en CORPOSALUD.
En 1997 ya se había transformado gran parte de los
ambulatorios del estado Aragua, la gente de los barrios sentía
que se producían grandes transformaciones: los centros
asistenciales pasaron de “ranchos a clínicas” la población estaba
contenta. Se equiparon todos los ambulatorios, se capacitó y
se sensibilizó al personal logrando así mejorar la capacidad
resolutiva. Hubo menor número de enfermos referidos a los
hospitales y la atención al paciente se hacía con mayor
calidez.
El doctor Oscar Feo continúa:
“Pero Gilberto es el primero en percibir que a pesar
de esa transformación de la estructura física o
del equipamiento y capacitación que hacíamos, el
rendimiento continuaba siendo muy pobre, porque
el problema fundamental era la forma de
11
6
organización

11
7
del trabajo. De esa manera se evidenció que el
modelo de atención que prevalecía en la red
ambulatoria era un modelo fragmentado y
medicalizado, que no daba respuestas a las
necesidades de la población sino que estaba
construido en función de la oferta de los servicios
de salud. Entonces Gilberto comienza a generar una
serie de reflexiones colectivas en torno a ese
problema, hasta llegar a la conclusión de que junto
con la remodelación del ambulatorio debía
introducirse un nuevo modelo de atención”
Ante esa realidad, y ahora con la responsabilidad de Director
General de Salud, Gilberto se dedicó a diseñar y construir un
nuevo modelo de atención. Soñaba con sembrar la Atención
Integral en la red ambulatoria, modernizar y optimizar la
gerencia hospitalaria y rescatar la ética médica. En 1997
conjuntamente con profesionales de esa institución, comenzó
a construir la propuesta.
La doctora Nora López a quien Gilberto responsabilizó de
conducir los equipos de discusión y de reflexión sobre el modelo
de atención, cuenta los primeros pasos de ese proceso:
“En el año noventa y siete su norte era
demostrar que se podía hacer una reforma
sanitaria integral. Al referirse al financiamiento
del Proyecto Salud decía que un préstamo en el
cual nos estábamos endeudando nosotros, nuestros
hijos, nietos y bisnietos sólo serviría si se lograba
poner en práctica una gran transformación
sanitaria. Gilberto no entendía por qué una
persona tenía que asistir a tantas consultas y ser
objeto de tantas historias médicas, aisladas una de
otras.

Para el equipo que asumió esa responsabilidad


significó un salto cualitativo en lo que a atención
y servicio se refería: había que repensar el servicio

11
8
desde el lugar del paciente que requería la atención

11
9
y por tanto, deslastrarse de la imagen del
hospital tradicional”
En reuniones o discusiones señalaba como ejemplo, a la
mujer que debía acudir a un mismo centro asistencial por
múltiples consultas: un día por la virosis, otro día para hacerse
la citología, otro para la planificación familiar y otro para
cumplir con el esquema de vacunación de su hijo o de su
hija menor. Esa preocupación reflejaba su sensibilidad social en
lo que se refería a dar una mejor atención a la población,
sobre todo a la más necesitada, la cual, en definitiva, era la
que tenía menos acceso a la atención médica.
Ese equipo de trabajo se convenció de que la organización
fraccionada en los ambulatorios era la causa de las bajas
coberturas en los programas preventivos, del poco uso de la red
ambulatoria y por ende, del congestionamiento de los
centros hospitalarios y de lo más grave: del padecimiento y
muerte de algunas personas que, como víctimas de las
oportunidades perdidas, no se les pudo evitar el daño a
tiempo..
Es necesario insistir que entre las causas de la crisis del sector
salud en Venezuela destaca el predominio de un modelo
profundamente medicalizado y biologicista, en el cual la
enfermedad y la curación se convierten en problemas centrales
y por tanto, se concibe al hospital como el espacio
fundamental de la atención médica. Este enfoque prioriza la
curación antes que la prevención, lo cual menoscaba el
fortalecimiento de la red ambulatoria, además de disociar lo
biológico de lo social y lo individual de lo colectivo.
Otro de los factores que explican esa grave crisis es la
lamentable fragmentación de la oferta de servicios en los
ambulatorios del país. Por lo tanto se hacía imperante dar una
respuesta inmediata al problema de la accesibilidad de la
gente a los servicios de salud. En lo íntimo de Gilberto, esta
situación ameritaba acciones precisas, muy cercanas al
juramento que hiciera cuando era apenas un joven, al conocer
la causa de la muerte de su padre.
12
0
El pueblo venezolano sufre las consecuencias de un sistema
organizativo fragmentado y parcelado, existen innumerables

12
1
instituciones públicas y privadas que ofertan el servicio
aisladamente, según sus propios criterios gerenciales, con
modos de financiamiento y clientela diferentes.
La fragmentación en el sector salud es como un rompecabezas
cuyas piezas, a pesar de encontrarse próximas no se conectan
entre sí y una de sus aristas se evidenciaba en el modelo de
atención; donde existieron 25 programas, uno para cada
enfermedad, cada uno de ellos con consultas, historias y
estadísticas propias, todos centrados en la resolución de
problemas específicos sin ser contextualizado dentro de la
realidad social de la gente, menos aún del individuo. Era un
reflejo de la cultura organizativa del Sistema de Salud de
Venezuela.
Años más tarde y en el marco de los cambios sociales que
se estaban dando en el país desde el inicio del gobierno del
Presidente Hugo Chávez Frías, nació el Modelo de Atención
Integral (MAI) y desde sus comienzos se perfiló como el centro
de la política de salud de su gestión como Ministro. Fue una
experiencia que nació en el Estado Aragua y que luego pasó
a ser referencia a nivel nacional.
Para la construcción del nuevo modelo de atención, se
estableció un trabajo de equipo, con tareas permanentes e
intensivas y comenzaron a crearse propuestas, entre ellas, la
eliminación de la papelería obsoleta a fin de sustituirla por
formatos más simples y más integradores. Se sustituyeron 18
formatos por uno, surgió entonces la historia médica única y se
creó un sistema de información que permitiría almacenar toda
la que se generaría con el nuevo modelo.
Para desarrollar ese proceso fueron seleccionados los
ambulatorios que participarían en la experiencia piloto, se
sistematizó ésta y se plasmaron las líneas gruesas del Modelo
de Atención Integral. Así nació el primer papel de trabajo de lo
que debería ser el MAI.
Más tarde, cuando fue Ministro, se inició un ciclo de
formación permanente a fin de facilitar el proceso de
transformación. Para ello se realizaron jornadas educativas
12
2
con duración de más de 40 horas, en las cuales participaban
activamente los funcionarios

12
3
y las funcionarias responsables directos/as de la salud de los
estados y del nivel central, también se realizó el acompañamiento
y la capacitación en cada uno de los estados. Había que revertir
esa cultura, era prioritario trascender la fragmentación y la
deshumanización en la atención de salud de nuestros centros,
a través de un proceso profundo de sensibilización del
recurso humano.
Con el MAI se derrumbó el viejo esquema de consultas preventivas
y consultas curativas y fueron organizadas de tal manera que
incluyeran: atención integral al niño / niña, al adolescente y
al adulto/a. Una vez más y desde otra instancia, Gilberto
promovería cambios en su lucha contra una visión tubular de la
salud.

12
4
12
5
Gilberto como Director de Malariología.

116
Capítulo 5
Un ministro con la mirada
en la meta…

“La peor enfermedad es la vida que llevamos”

Gilberto Rodríguez Ochoa


C uando el comandante Hugo Rafael Chávez Frías asumió el
poder manifestó su firme propósito de transformar el Estado e
instituir un nuevo ordenamiento jurídico que abriera el camino
para la consolidación de un Estado Democrático de Derecho
y de Justicia Social, para ello declaró un estado de
emergencia social y solicitó poderes excepcionales a fin de
instaurar reformas socioeconómicas, convocó a un referendum
con la finalidad de disolver el congreso y crear una Asamblea
Constituyente, que tendría como misión redactar una nueva
constitución: La Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela, la cual permitiría refundar las estructuras
socioeconómicas, políticas e institucionales del Estado
Venezolano.
No había tiempo que perder, el nuevo Presidente de la
República tenía que contar con un equipo que lo apoyara
ideológicamente y que asumiera un enorme compromiso
social y político para tomar las riendas de un país que debía
ser reconstruido. En ese momento histórico, el jefe de Estado en
la víspera de su ascenso al poder, dio a conocer la totalidad de
los miembros de su gabinete, entre ellos, a Gilberto Rodríguez
Ochoa postulado al Ministerio de Sanidad.
El 1 de febrero de 1999 a la 1:00 de la tarde Gilberto recibió
una llamada de su hijo Andrés Eloy, quien le manifestó que
debía comunicarse con el despacho del Presidente pues se le

11
9
requería

12
0
ese mismo día a las 2:00 de la tarde en La Viñeta, en Fuerte
Tiuna. Gilberto se encontraba fuera de Caracas pero se trasladó
inmediatamente. Al llegar le informaron que estaba a punto de
comenzar el acto de juramentación de los cinco ministros
que faltaban para completar el gabinete del nuevo gobierno,
entre los cuales figuraba él como Ministro de Sanidad.
La coincidencia en los sueños y la identificación política por
la construcción de caminos alternativos para el desarrollo
humano y social de una patria nueva, impulsan a Gilberto a
aceptar la propuesta de gobierno del Presidente Chávez y
decide acompañarlo en su gabinete.
Gilberto Rodríguez Ochoa desde joven había sido un
luchador social y se identificó siempre como un hombre de
izquierda, durante toda su experiencia de vida y trabajo
había luchado contra la corrupción y la institucionalidad
tradicional del sistema político, no podía negarse a acompañar
a este gobierno que prometía una reforma institucional y un
equilibrio económico y social. Su hermana Argelia Rodríguez
relata la experiencia de esas primeras horas cuando Gilberto
recibe la confirmación de su nuevo cargo por parte del
despacho presidencial:
“Él me llamó preocupado porque creía que no
llegaría a tiempo y porque en ese momento vestía de
manera muy informal. Inmediatamente se fue mi
hermano Raúl en una moto con un bolso donde le
llevaba una chaqueta, una camisa y un perfume.
Mi hermano Carlos se fue en un carro, para
interceptarlo antes de llegar a la rueda de
prensa. Él le llevaba un flux que mi mamá le había
conseguido prestado, pero él no quiso ponerse
nada de eso, salvo la chaqueta. Así salió en las
fotos de la prensa, fue el único Ministro sin
corbata”
El destino sorprendió a Gilberto, quizás por la humildad que
siempre lo caracterizó, nunca pensó en ser Ministro de
Salud. Había visto una sola vez en su vida al Comandante
12
1
Chávez. El Doctor Oscar Feo cuenta el momento de ese
encuentro, cuando

12
2
quizás quedó prendido en la memoria del entonces candidato a
Presidente, que cuando comenzara a ejercer, Gilberto sería
su Ministro de Salud:
“El equipo de CORPOSALUD programó invitar a
los candidatos presidenciales de la elección de
1998, a fin de conocer qué opinaban ellos acerca
del proceso que estábamos gestando en Aragua,
era un poco para promocionarlo por considerarlo
bueno y pensábamos que podría servir de
referencia nacional. Cuando el Comandante Chávez
visitó Maracay vino a nuestra sede y después
fuimos a mostrale algunas de las experiencias. Antes
de irnos, le presenté a Luís Valera y luego a Gilberto
Rodríguez Ochoa como el Director general de
Salud. Al oír el nombre, Chávez, muy emocionado le
dijo: ¿Entonces tú eres Gilberto?
¿El hermano del General Rodríguez Ochoa? Yo
había querido conocerte desde hace tiempo,
pues me han hablado muchísimo de ti y de tu
experiencia en Amazonas”
La convicción política de la necesidad de un cambio
estructural en el país, también condujo a Gilberto en años
anteriores a difundir los ideales políticos del Comandante
Chávez. El doctor Luís Valera cuenta una anécdota del tiempo
cuando trabajaban juntos en CORPOSALUD Aragua y que
demuestra la militancia cotidiana de Gilberto y su identificación
política con este proceso revolucionario:
“...en un acto que hubo en el Colegio de
Médicos, me conseguí a Gilberto Rodríguez frente a
su carro, con la maleta abierta llena de
ejemplares del libro Así habla el Comandante de
Agustín Blanco Muñoz, él los estaba vendiendo y
entonces me dijo: -Hay que difundir las ideas y ésta
es una forma de hacerlo-

Recuerdo que varios amigos me habían comentado

12
3
que Gilberto, por las tardes, después del trabajo,

12
4
estacionaba su carro en una esquina y ofrecía el
libro, mientras promovía las ideas y las propuestas
de cambio del comandante”
Al llegar al Ministerio, Gilberto tuvo como objetivo principal
humanizar ese monstruo de mil cabezas -como solía
llamarlo- Deseaba profundamente que dejara de ser esa
fortaleza burocrática inaccesible para los ciudadanos, y día
tras día, fue dándole vida a ese edificio que se le mostraba
como abandonado a su suerte, ya el deterioro se dejaba sentir
en las paredes de mármol y los funcionarios se habían
olvidado de su valor patrimonial. Él mismo se reunió con el
personal obrero y los estimuló para lograr una institución
coherente con su misión y así, a los pocos días colocaron
plantas en cada piso, limpiaron y lustraron el bronce escondido
por el polvo y el tiempo, a la semana, había un personal
debidamente uniformado e identificado que brindaba
información a cada una de las personas que se dirigían al
Ministerio. Los cambios comenzaron a notarse en los meses
iniciales: era evidente una mayor deferencia en la atención al
público.
María Vale, una periodista que se encontraba laborando en
CORPOSALUD Aragua y a quien Gilberto le solicitó que lo
acompañara en su gestión como asistente, cuenta de
aquellos primeros días de trabajo:
“Los primeros días fueron duros. Para los dos
resultaba una novedad la parte administrativa del
Despacho, nos sentábamos en el piso para
revisar todas las carpetas y reflexionábamos cómo
organizar el trabajo, luego, él en una
computadora y yo en la otra, construimos un
primer plan y comenzamos a llamar a
profesionales con conocimientos y experiencia.

Nosotros llegábamos a las seis de la mañana y


salíamos a media noche. Recuerdo que una de
las primeras interrogantes fue el monto de la caja
chica y al conocerlo, la redujo a la mitad y donó
12
5
a los

12
6
centros asistenciales todos los artefactos y enseres de
lujo que encontró.

Su estilo de vida y su manera de predicar la


humildad, eran algo intrínseco en él. Gilberto
Rodríguez Ochoa era un revolucionario de
corazón, decía que la austeridad y la lucha contra
la corrupción debía comenzar por nosotros y
exigía que no se despilfarrara nada”
Durante su primer año de gestión recorrió todo el Ministerio y entró
en cada una de las oficinas saludando, escuchando, percibiendo
los problemas que había, observando los recursos que existían,
esa actividad inusual en un ministro la realizó por lo menos tres
veces en el año 1999. El doctor José Mendoza, quien más tarde
sería el Viceministro de Salud confirma:
“Gilberto poseía una fuerza carismática que
marcaba los procesos y a la gente con la cual se
comprometía, tenía una gran capacidad para
escuchar y una innegable humildad, siempre en
la búsqueda de la concreción de las metas.
Buscaba y valoraba mucho la opinión de sus
compañeros de trabajo”
La asignación de recursos para los estados comenzó a
hacerse con criterios basados en las necesidades de la
región, según su perfil epidemiológico, su índice de pobreza
y el número de establecimientos asistenciales que tuviera. De
esta manera, se incrementaron los recursos para algunas
regiones que debido a su bajo índice de población, antes le
había sido estipulada una asignación muy baja sin considerar
la situación de salud real.
Tenía que agilizar los procesos y comenzar a dar respuestas a
los problemas encontrados, no había tiempo para el descanso,
debía ir construyendo teorías pero `con la mirada en la meta` -
como solía decir- porque la deuda social era inmensa. Había
llegado el momento de comenzar a responder sobre la
propia realidad de la gente, aquella a la que siempre se le

12
7
puso trabas para acceder a la salud. Para ello logró un
organismo conformado por

12
8
grupos de gerencia por proyectos estratégicos, que respondían
a las necesidades de la gente y no de la institución.
El trabajo realizado por Gilberto en diferentes espacios,
hasta esos momentos, fueron suficientes para conocer al
“Monstruo” en sus entrañas, estaba convencido de que debía
darle un vuelco radical al Ministerio, el cual se encontraba
demolido por el paternalismo, la privatización, la fragmentación
y el centralismo. En los lineamientos político-estratégicos en
salud, escritos en Febrero de 1999 manifestó:
“El Despacho es un monstruo burocrático de mil
cabezas, muy centralista y sin poder real de rectoría
Es un órgano fragmentado y tubular desde el punto
de vista programático. Todavía, en la práctica, el
nivel central se reserva competencias, que en una
gerencia moderna no le corresponden”
En 1999 el Ministerio se encontraba corroído por las
reformas neoliberales, era un caparazón hueco. A pesar de
todas las voluntades, no se producían respuestas, la
capacidad de conducción de las políticas de salud del
Ministerio estaban deterioradas, no se contaba con cuadros
técnicos políticos adecuados, entonces Gilberto enfrentó esa
gran dificultad y se planteó como desafío construir un
Ministerio, en el cual las transformaciones privilegiaran la
equidad con eficiencia social, de acuerdo con los cambios
sociales que estaba exigiendo el país, para así lograr que la
salud se convirtiera, definitivamente, en un derecho social.
Uno de los pasos importantes que Gilberto dio en sus
primeros meses de gestión fue la suspensión de la aplicación de
políticas neoliberales.
Antes del gobierno del presidente Chávez, el Ministerio se
encontraba en las puertas de la privatización, la cual se
había acentuado. Existían diversos mecanismos de cobro sin
ninguna regulación por parte del Estado desde la década del
ochenta y la del noventa, entonces, ordenó la suspensión de
toda aplicación de medidas neoliberales, los cobros y por
ende, el lucro por
12
9
fondos de la privatización de los servicios médicos solapados en
los sistemas de recuperación de costos.
Su experiencia en San Francisco de Asís, La Colonia Tovar, el
leprocomio, los barrios de los cerros al norte de La Pastora -
donde realizaba Educación para la Salud- y Amazonas, fueron
realidades sociales que marcaron profundamente a Gilberto, lo
ayudaron a definir y priorizar claramente los objetivos de su
gestión, los cuales intentaban cubrir las inmensas brechas
existentes y se diferenciaban del sello asistencial del viejo
Ministerio. Para él era preciso luchar por mejorar la calidad de
vida de la población perteneciente a los estratos
socioeconómicos más excluidos, fortalecer la red ambulatoria,
particularmente, la atención integral, mejorar la oferta
hospitalaria, profundizar la estrategia de lucha contra las
enfermedades endémicas-epidémicas, especialmente el dengue,
SIDA y la malaria. Además se propuso generar un cambio en
la formación de los profesionales de la salud, aumentar el
financiamiento para el sector y crear un Sistema Público
Nacional de Salud (SPNS) con coherencia y rectoría. Expresó esta
propuesta en los lineamientos políticos estratégicos en salud:
“Se impone de manera impostergable un cambio
cultural profundo que incluya la modernización
del Despacho en base a una redefinición de sus
competencias, la construcción de un sistema
intergubernamental de salud, dentro del contexto
de descentralización, con mecanismo de asignación
de fondos a los estados y redes de establecimientos
bien consensuados, el fortalecimiento de la red
ambulatoria como puerta de entrada al sistema e
instauración de la atención integral en los centros
de 1º y 2º nivel para relanzar los programas de
salud pública, la capacitación de los recursos
humanos de hospitales y ambulatorios, así como
el impulso a la investigación”
También en un folleto conmemorativo de los 63 años del MSAS
manifestó:

13
0
“En estos sesenta y tres años nos encontramos con
una patria profundamente adolorida y saqueada.
La patria es el hombre, sus recursos naturales y
los valores culturales y materiales que hayamos
construido.

Este Ministerio de hoy tiene el deber de repensarse


a sí mismo para transformarse y asumir
auténticamente su rol rector, para un país que está
renaciendo.

Los invito a que se incorporen desde ya al plan


de Reconstrucción Social de Venezuela”
El sector salud estaba derrumbado: la gestión institucional se
cimentaba en una política para la asistencia pública, marcada
por el paternalismo, el clientelismo y la descontextualización
social. Desde el primer día de gestión como Ministro, fijó su
mirada en el logro de una institución rectora con una función
reguladora y financiadora y para ello estableció prioridades:
unas de carácter estructural y otras coyunturales y urgentes.
Una de las estrategias coyunturales era transformar el sistema
sanitario asistencial. Inició esa tarea a través de la recuperación
y mejoramiento de la oferta hospitalaria dotando
adecuadamente de insumos y equipos básicos los centros de
atención de la salud, aumentó la presencia de especialistas en
las emergencias para así incrementar la productividad y la
calidad en este nivel de atención. Fortaleció también la red
ambulatoria. En los ya mencionados lineamientos políticos
estratégicos en salud del MSAS, escribió:.
“...abriendo centros de atención Integral o Núcleos
de Atención Primaria en sectores urbano-marginales
desasistidos y fortaleciendo la capacidad de oferta
de algunos ambulatorios, particularmente, en
cuanto a la resolución de aspectos críticos como:
traumatizados, atención de emergencia pediátrica
y de adulto y atención de partos…Dar sustento al
relanzamiento de los programas de Salud Pública
13
1
(vacunaciones, control prenatal, diagnóstico y
tratamiento precoz de cáncer, diabetes, hipertensión,
tuberculosis, enfermedades de transmisión sexual,
entre otros)...”
En el marco de lo estructural se encontraban los cambios
pertinentes a la concepción de financiamiento de los
servicios de salud y también acabar con la separación del
Seguro Social y el Ministerio de Sanidad. Gilberto Rodríguez
Ochoa se encontró con una atención dividida, dirigida para
contribuyentes y no contribuyentes y se topó con un Seguro
Social que brindaba protección sólo a los trabajadores. La
seguridad social poseía problemas de ineficiencia
administrativa, desequilibrio financiero, su cobertura era
destinada al sector medio y con una profunda exclusión de
los grupos de más bajo ingreso económico.
El Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) es un
organismo autónomo adscrito al Ministerio del Trabajo a
cargo de la administración de las prestaciones de seguridad
social, salud y seguro de paro forzoso. La incapacidad y
deterioro de la calidad de sus servicios de atención trajo como
consecuencia una gran cantidad de sistemas de
aseguramiento privados y subvencionados por el Estado.
La salud era concebida como un bien individual y esa lección fue
institucionalizada y aprendida culturalmente, lo que impulsó a
la población a buscar la solución de su problema en las
ofertas brindadas por innumerables organizaciones, sin
regulación y sin ninguna relación entre sí. Realmente el Sistema
Sanitario poseía una organización fragmentada e inequitativa,
por tanto, era inaplazable el rescate de la rectoría: Gilberto
consideraba como un aspecto estructural e histórico ir hacia
un sistema único de financiamiento solidario y de acceso
universal.
Él estaba conciente de que la unificación no se lograría por
decreto y que existía una enorme brecha entre el sistema existente
y el deseado. En ese camino se logró algún fruto cuando, a
partir del año 2.000, el Seguro Social comenzó a atender a
toda la población; aunque aún lamentablemente mantiene su
13
2
autonomía. Su lucha por la integración de los sistemas de
salud fue muy

13
3
frustrante, solía decir a sus compañeros y compañeras que sentía
que había arado en el mar.
La doctora Nora López quien fuera compañera de trabajo en
Aragua y luchadora incansable por la implementación del
Modelo de Atención Integral (MAI) y del Sistema de Información de
Salud del Modelo de Atención Integral (SISMAI) en todo el
territorio Nacional, cuenta las confesiones que Gilberto le
hiciera:
“…siento que la integración del Seguro Social, del
IPASME, de Sanidad Militar y PDVSA, es una
lucha encarnada contra muchos intereses y cada
vez que lo planteo retorna siempre un silencio
absoluto... siento que es un desgaste y comprendo
que este es un proceso de transformación difícil y
tal vez tendrán que pasar muchos años para que se
cristalice...”
También con respecto al esfuerzo por la integración del
Ministerio con el Instituto del Seguro Social el doctor José
Mendoza expone:
“En muchas reuniones, Gilberto le decía al Director
del Seguro Social: `Vamos a unir estas dos
Instituciones, no importa que se llame Seguro
Social con tal de unirlas`.. Asimismo nos decía a
nosotros: `Si tienes que ceder para integrar, cede
pero integra`. Creo que esa fue una de las
marcas de Gilberto, la integración, por eso su
lucha con respecto al cambio del modelo de
atención de salud, la reestructuración del
Ministerio, en cada obra de él, se palpaba esa
preocupación…”
A mediados de 1999 Gilberto logró introducir en la Ley
Habilitante la reforma y reestructuración del MSAS y el cambio
de nombre, el cual llevaba implícito una forma diferente de
mirar la salud, la reorganización de las 16 direcciones
generales, la eliminación de algunos organismos y la fusión de
otros. El sueño era avanzar hacia un nuevo Ministerio, rector
13
4
de toda la salud de los y las venezolanos/as.

13
5
El proceso de reestructuración estuvo motorizado por el deseo
de brindar una mejor atención a la población más necesitada
del país, mejorar los procesos administrativos y encontrar
mayores satisfacciones con la misión de ese Ministerio así
como cumplir con mayor eficacia y eficiencia sus metas, en fin,
modernizar esa institución pública y ponerla al servicio de la
gente. Cambios similares había dado en la vieja Malariología
con igual costo de resistencia por parte de sectores
opositores.
Como Ministro, y desde esta visión, le correspondió a
Gilberto instalar la Subcomisión de Salud, instancia encargada
de preparar la legislación que garantizaría la salud de los
venezolanos. Uno de los rasgos más resaltantes de esta
Subcomisión es su apertura pública, interna e internacional.
En el ámbito público se solicitaron propuestas a sectores
involucrados en el tema: a los discapacitados, enfermos de
SIDA, pacientes renales, entre otros.
La apertura interna se refiere a la realización de debates por
todo el territorio nacional para el análisis y discusión de los
artículos referidos al tema de la salud, se hizo un proceso
importante de construcción colectiva de consulta popular,
realizada en sesiones de consultas públicas y de mesas de
trabajo, con la participación significativa de las
organizaciones de la sociedad civil, universidades, direcciones
regionales de salud, empresas de la industria médica y
farmacéutica.
El apoyo internacional se refiere a la colaboración de
expertos de la Comisión Económica para América Latina
(CEPAL), de Chile, Brasil, Canadá y España para la revisión y
asesorías de la legislación que se encontraba en proceso de
construcción colectiva.
La Subcomisión de Salud se proponía darle un giro radical
con respecto a la antigua concepción asistencialista,
biologicista y curativa de la salud, la cual debía ser
desplazada para ser asumida como un derecho social y
humano, con garantías para el ciudadano y la ciudadana y la
13
6
comunidad, dignificando la calidad de vida y el bienestar
social de la población, todo ello

13
7
enmarcado en el proceso de cambio y transformación nacional,
centrado en la construcción de ciudadanía, sobre la base de
la corresponsabilidad en salud.
Pensar la salud como un derecho social implicaba valorar lo
público, redimensionar lo colectivo, consolidar la participación y
rescatar la solidaridad y el interés permanente por los
problemas comunitarios.
Gilberto no cesaba de hacer referencia a la debilidad de la
Constitución de 1961, en la cual el destino de la salud del
pueblo dependía sólo del artículo 76, que consideraba la
salud como un derecho subvalorado y condicionado a las
capacidades económicas del Estado. Esa crítica permanente
lo conducía a motivar y apoyar el trabajo de los médicos y
las médicas, miembros y miembras de la Asamblea, quienes
contribuyeron a agilizar el proceso de reestructuración del
Ministerio.
En todas sus declaraciones por los medios de comunicación,
Gilberto destacaba la necesidad de dejar muy claro, la
responsabilidad del Estado ante la salud del pueblo. Compartía
con el Presidente de la República la avidez de que naciera un
nuevo contrato social de los venezolanos y de las venezolanas.
En 1999 se había iniciado en el país un proceso de transición
política, socioeconómica y jurídica con el propósito de
emprender un nuevo modelo de desarrollo y fortalecer un sistema
democrático, lograr una sociedad más justa y apuntalar la
economía diversificada y productiva en el marco de la
globalización. Durante esa transición el país tomaba nuevos
rumbos y se hacía imperante una nueva constitución: la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV).
La CRBV plantea un proceso de cambio legislativo, institucional
y también de nuevas estrategias para el logro de los cambios
necesarios, estableciendo las bases para desarrollar la
naturaleza jurídica y el modelo organizativo del sector salud en
Venezuela.
La Carta Magna reconoce que la salud es un derecho social

13
8
fundamental, parte integral del derecho a la vida y el Estado es

13
9
su garante. En sus artículos se establece lo que debe hacer
el Estado para garantizar el derecho a la salud, los principios
que deben regirlo, la prioridad que debe dársele a la
promoción de la salud y a la prevención de enfermedades.
Se prefigura una acción gubernamental que corresponda con
un nuevo contenido político, más humano y más social.
Trascendió la mirada más allá del estetoscopio y del bisturí.
Se abrían las puertas para ver la salud fuera del recinto
hospitalario. La Constitución Bolivariana de Venezuela otorgó
rango de derecho social, tanto en lo individual como en lo
colectivo y en el que se encuentra comprometido el derecho
a la vida y a un bienestar social, la salud se vincula con la
satisfacción equitativa de las necesidades sociales y
existenciales de la población. Se daban pasos agigantados,
comenzaban a cumplirse los sueños.
El doctor Oscar Feo, uno de los constituyentes, narra la
experiencia:
“Se establecieron mecanismos claramente definidos
para garantizarle al pueblo venezolano el
derecho a la salud, entre ellos: la rectoría del
estado en la conducción de las políticas de
salud, el proceso de participación ciudadana en
todos los niveles del Sistema Sanitario, el
financiamiento con un presupuesto suficiente para
cumplir con la política sanitaria y la creación de un
Sistema Público Nacional de Salud (SPNS) de
carácter intersectorial, descentralizado y
participativo, integrado al sistema de seguridad
social y regido por principios de gratuidad,
universalidad, integralidad, equidad, integración
social y solidaridad, cuyo objetivo central es
convertirse en instrumento de las políticas dirigidas a
reconstruir la salud”
Durante el período de Gilberto, se revisaron la Ley Orgánica de
la Seguridad Social Integral, la Ley del Subsistema de Salud, la
Ley Orgánica de Salud y se propuso una reforma general de
14
0
todas ellas con una visión de un sistema universal, solidario,
participativo, no

14
1
discriminatorio y como propuesta de transición se planteó que el
régimen de prestación de servicios del Seguro Social se uniera a
los del MSDS con una red ambulatoria fortalecida y estableciera
una concertación para el funcionamiento de los 33 hospitales
del Seguro Social y los 180 hospitales del Ministerio, dentro
de un plan nacional coherente.
Con respecto al elemento organizativo le preocupaba mucho
la segmentación de las direcciones. Es por ello que durante
su gestión muchos entes desaparecieron, entre ellos La
Fundación para el Mantenimiento de la Infraestructura Médico
Asistencial (FIMA). Se enfrentó públicamente a altos
funcionarios de esta Fundación y envió a la Contraloría
General una denuncia, acusando abiertamente a algunos
funcionarios de este organismo de percibir 10% de comisión
por cada contrato que otorgaban para el mantenimiento de la
infraestructura hospitalaria. Esta denuncia aparece publicada
en el Diario EL UNIVERSAL del 20-03-1999. Una vez
eliminada esa Fundación se garantizó la labor que cumplía a
través de la Dirección de Infraestructura del Ministerio.
El Suministro de Medicamentos (SUMET) pasó al servicio de
Elaboraciones Farmacéuticas y el Programa de Atención
Materno Infantil (PAMI) se integró al Instituto Nacional de
Nutrición. El otro cambio que logró en esta línea de acción fue
convertir al Proyecto Salud en una oficina asesora, la cual se
había constituido en un Ministerio dentro del propio Ministerio.
Se unificó Malariología con el resto del Ministerio y se fusionó la
Dirección de Enfermedades de Transmisión Sexual y la Oficina
de Prevención y lucha contra el SIDA.
Refiriéndose a la situación que encontró al llegar al
Ministerio y repensando en la necesidad de una
reestructuración Gilberto escribió para El Aragüeño del 6 de
febrero de 1999:
“...En una reducida oficina hay hasta veinte
funcionarios que cumplen las mismas obligaciones,
aún cuando esto de `cumplir` sea apenas una
manera de decirlo. No pueden ser destituidos
porque la Ley de Carrera Administrativa los
protege, pero habrá que buscarle una solución a
14
2
este embarazoso

14
3
asunto, pues en tiempos de crisis tiene que
haber austeridad aplicable a todos los
ciudadanos… Es que comúnmente en el
gobierno, quien llega lleva sus colaboradores,
pero no puede destituir a los anteriores, de
manera tal que el agrandamiento de la burocracia
es simplemente apabullante y no hay manera, de
acuerdo con la Ley, de que puedan ser dados de
baja, enviados a sus casas”
Inducido por esta preocupación Gilberto nombra a un
equipo, dirigido por William Hernández -gerente responsable
del proceso de reestructuración- con la finalidad de simplificar
la estructura y lograr el mejor desempeño del recurso
humano. Durante ese proceso de transformación se
simplificó notablemente la estructura: se redujeron las 150
oficinas a 29, logrando así un desempeño más flexible y
dinámico de la organización, lo que permitió acortar los
tiempos, maximizar el uso de los recursos y aumentar la
calidad de las respuestas. También se elaboró un reglamento
orgánico para señalar las interrelaciones en las diversas áreas.
En fin, todos estos pasos redujeron significativamente la
fragmentación y la hipertrofia que padecía tanto el MSAS como
el Ministerio de Familia.
En 1999 creó la Dirección Permanente de Descentralización,
encargada de fortalecer el Sistema Intergubernamental en
Salud, la cual promovía que los gobernadores, directores
regionales y alcaldes asumieran su responsabilidad y
ejercieran su liderazgo.
Con el firme propósito de abrir la política de salud al campo
social, el 14 de diciembre de 1999 se fusionó el Ministerio de
Sanidad y Asistencia Social (MSAS) y el Ministerio de la Familia,
institución que en gobiernos anteriores se había dedicado a
la asistencia social de niños, niñas, adolescentes y de las
mujeres trabajadoras. Con la fusión pasó a ser el Ministerio
de Salud y Desarrollo Social (MSDS) e integró a todas aquellas
instituciones y organismos que dispersa y aisladamente
ejecutaban acciones involucradas con la salud y el desarrollo
14
4
social en el país como eran: la Fundación Centro de Estudios
sobre el Crecimiento y

14
5
el Desarrollo de la Población Venezolana (FUNDACREDESA)
Fundación de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela, así
como otros Institutos y organizaciones autónomas y se crea el
Instituto Nacional de la Mujer (INAMUJER).
Del mismo modo, en el marco del proceso de
reestructuración y modernización del Ministerio, fue convertida
en Instituto de Altos Estudios de Salud Pública (IAESP) la
antigua Escuela de Malariología y Saneamiento Ambiental
“Dr. Arnoldo Gabaldon” a fin de contribuir con la formación
del recurso humano de salud y potenciar sus competencias
para su desempeño en áreas estratégicas, en los diferentes
niveles del Sistema Público Nacional de Salud.
Actualmente este Instituto cumple la misión de ejecutar la
Política de Formación de Recursos Humanos (RRHH) del
Ministerio de Salud y desarrolla procesos de investigación a través
de estrategias innovadoras para la toma de decisiones en
Salud y Desarrollo Social. Igualmente contribuye con el diseño
de Políticas Públicas de Salud, impulsando las
transformaciones necesarias con la participación social.
En el proceso de reestructuración, Gilberto no echa al olvido
sus deseos de ver cristalizados los cambios emprendidos por
él en 1994 y fusiona lo que para entonces era la Dirección
General Sectorial de Malariología y Saneamiento Ambiental con
la Dirección de Contraloría Sanitaria y conforma lo que hoy
se denomina Dirección General de Salud Ambiental y
Contraloría Sanitaria.
El nuevo Ministerio de Salud y Desarrollo Social quedaría con
cuatro Direcciones Generales de líneas: La Dirección General de
Salud Poblacional, la de Salud Ambiental y Contraloría Sanitaria,
la Dirección General de Políticas y Planes de Desarrollo Social y
la de Evaluación y Control de Planes Sociales.
Gilberto se planteó el MSDS como una estructura con
competencia administrativa directa en lo relacionado con la
formulación de las políticas sociales, particularmente salud,
asistencia social y laboral. Este nuevo Ministerio estaría
integrado por el Despacho del Ministro y dos viceministerios:
Viceministerio de Salud y Viceministerio de Desarrollo Social,
a fin de unir esfuerzos aprovechando los recursos de cada
una de las instituciones
14
6
involucradas. De igual manera, se creó el Fondo Único Social
(FUS) adscrito al MSDS el cual actuaría como brazo financiero
de la política social del Estado. En las líneas estratégicas del
MSDS, para el año 2001 señaló:
“Asumimos la Salud y el Desarrollo Social como
derecho de los ciudadanos y ciudadanas y su
garantía como responsabilidad del Estado. Para ello
nuestras políticas están dirigidas a mejorar la
calidad de vida y a hacer que la prestación de
nuestros servicios sea eficiente y privilegie a los que
por muchos años han sido excluidos, para alcanzar
el equilibrio social”
Poco a poco el Ministerio de Salud y Desarrollo Social fue
incorporando una serie de propuestas metodológicas de
abordaje a la atención de salud bajo un enfoque integral y
participativo, dando prioridad a las acciones de promoción de
la salud y a la prevención de los factores de riesgo a fin de
satisfacer las necesidades sociales de la población y contribuir
al mejoramiento de la calidad de vida individual y del
colectivo.
Era un cambio que implicaba una nueva visión de la salud y
con ella, la construcción de una nueva ciudadanía, se
requería de un proceso de formación y toma de conciencia que
tanto en los albores del proceso de reestructuración como hasta
hoy, ha sido muy difícil de lograr. La doctora Alix Bautista,
compañera de trabajo de Gilberto en el Proyecto Salud
Aragua señala:
“Desde el punto de vista ideológico el Dr.
Gilberto Rodríguez Ochoa soñaba con ese cambio
profundo en el sector salud. Pensaba que la
nueva institucionalidad debía darse desde el alma
de cada médico, de cada nutricionista, cada
trabajador social y en cada persona del Ministerio
de Salud y de la sociedad”
En su afán por construir esa nueva institucionalidad no tuvo
descanso. Recorrió todo el territorio nacional implantando el
Modelo de Atención Integral y los sistemas de información,
la red ambulatoria experimentó un cambio radical mediante
el establecimiento de este modelo, privilegiando así los aspectos
14
7
preventivos, de medicina anticipatoria, de diagnóstico y

14
8
tratamiento precoz, sin cita previa y con un enfoque familiar de
hábitat, educación y saneamiento ambiental; promoviendo la
participación ciudadana, rescatando los programas bandera de
salud pública.
El doctor Ely Saúl González, quien fuera el Coordinador del
Proyecto Salud recuerda:
“No fue tarea fácil la implantación del MAI. Hubo
resistencia por parte de algunos funcionarios/as
locales y más aún por parte de los altos
funcionarios/ as del nivel central, era la primera vez
que un estado se convertía en el protagonista de
los cambios. Se había hecho cultura que el
Ministerio bajara las normas e implantara los
programas, pero durante esta gestión siempre tomó
las experiencias regionales exitosas como referencia
para el resto del país.”
La Doctora Nora López, quien lo acompañó por casi todo el
territorio Nacional y era en ese momento la Directora General
de Salud de CORPOSALUD Aragua relata:
“Él creía en el trabajo de las regiones y tomaba
ejemplos de ellas para que se replicaran en el resto
del país, entre ellos la Posada Materna de
Portuguesa, ubicada en el municipio Biscucuy, él
proponía que hubiesen posadas maternas en
todos los estados en las áreas de difícil acceso. El
otro modelo fue el de los Núcleos de Atención
Primaria de Yaracuy, en los cuales el presupuesto
fue transferido a unas ONG´s y la comunidad
administraba los recursos. De Portuguesa y
Mérida tomó la experiencia de Medicina
Simplificada: una enfermera sectorizada y formada
atendía las 24 horas a las comunidades. En ese
entonces, más del 60% del estado Portuguesa
poseía programas de Medicina Simplificada.
Ahora ese programa fue sustituido por la

14
9
estrategia de Barrio Adentro. Otra experiencia
que él valoró

15
0
fue la red de comunicación de Mérida, la cual
fue asimilada en Aragua logrando que todos los
ambulatorios pequeños o grandes tuvieran una red
de comunicación de radio y de computación”
El modelo de Atención Integral, movilizó al Ministerio en
todos los ámbitos. Esos dos grandes aportes marcan su
accionar en lo técnico y quedaron plasmados en el Ministerio.
También se creó un sistema automatizado de registro de datos
y manejo de la información (SISMAI) el cual permitió el flujo de
comunicación entre los centros de salud de las regiones y el
MSDS. Poco a poco, con un proceso de formación y
acompañamiento se logró la incorporación de 21 estados al
modelo.
En el año 2000 se hizo una inversión de 21 millardos de
bolívares destinados a la rehabilitación física y equipamiento
de la red ambulatoria. A finales de ese mismo año el MSDS
logró publicar y llevar adelante el proceso de licitación para
comprometer 102 millardos de bolívares destinados a la
compra de equipos y mobiliario médico y no médico y para la
adquisición de insumos médico-quirúrgico.
Durante sus giras por el país, estimulaba siempre la
participación de la gente a través de los comités de salud,
organizaciones comunales, agrupaciones juveniles con la
finalidad de integrar a la comunidad en los cambios que se
estaban gestando y cumplir con una contraloría social. Al
respecto, en una entrevista que le realizó El Clarín de La
Victoria, el 6 de febrero de 1999, Gilberto exhortaba:
“...los directivos regionales de salud, deben
compartir en forma pública los presupuestos, las
acciones y todo lo que hagan dentro de los sectores
a su cargo para lograr que exista una
transparencia y recuperar la credibilidad del
colectivo en el sistema de salud que ha estado en
reiteradas oportunidades involucrado con el
clientelismo y la corrupción, con esto se puede

15
1
ganar la confianza de la comunidad”

15
2
El 15 de diciembre de 1999 fue un día importante para la
historia venezolana: se aprobó la nueva Constitución, fue
una alegría que no pudo celebrarse, a causa del luto que
impuso la tragedia de Vargas. Simultáneamente una gran
parte del territorio Nacional sufrió la embestida del
desastre natural, las inundaciones y aluviones, acompañados
de piedra y lodo, afectaron a ocho estados. Esta tragedia fue
considerada por la Organización Panamericana de la Salud
como uno de los peores desastres del continente americano.
Entre los estados afectados estaban: Vargas, Distrito Federal,
Miranda, Falcón, Anzoátegui, Nueva Esparta, Zulia y Sucre.
Debido al temor de la aparición de grandes epidemias
Gilberto decretó, por tres meses emergencia epidemiológica en
el país y a raíz del desplazamiento de los damnificados por todo
el territorio nacional y los cambios climáticos, en enero de 2000,
la prolongó a tres meses más.
Por todo el país se difundieron las medidas preventivas que
debía tomar la población.
Con respecto a la tragedia publicó en un artículo
denominado “Infiernito” en EL UNIVERSAL, el viernes 4 de
febrero de 2000:

“…el sistema político o modelo cultural fracasado


que nos rigió por 40 años, desmanteló los
pluviómetros…ese mismo sistema favoreció que los
campesinos del país, llaneros, sucrenses, andinos,
se vinieran desde el mismo día que cayó Pérez
Jiménez, es decir con Larrazábal, Betancourt, Leoni
y Caldera, a poblar de ranchos todos estos cerros
inestables, con la finalidad de ganar votos. Esa
vieja siembra de ranchos, miseria, deuda interna y
externa, y pérdida de soberanía alimentaria, es el
otro infiernito, el peor de todos, este que ahora
estamos cosechando con más crudeza y dolor
desde el 16 de diciembre de 1999”

15
3
El MSDS ofreció respuestas oportunas y participó activamente tanto
en la atención inmediata a heridos de distinta gravedad, labores
de saneamiento ambiental, prevención de endemoepidemia y
asistencia a los damnificados, a través del FUS, la solidaridad de
muchísimas organizaciones sociales y de la Comisión
Nacional de Emergencia (CONACEM).
El presidente de la Organización Mundial de la Salud (OMS),
George Allyene, destacó la labor del MSDS en el trabajo de
prevención de epidemias a propósito de la catástrofe y elogió la
no aparición de ninguna epidemia.
Durante su gestión también enfrentó la inmensa deuda quirúrgica
que había heredado a causa de la ineficiencia y
desmoronamiento del Sistema de Salud; y estableció convenio
con Instituciones privadas, particularmente con El Hospital
de Clínicas Caracas, Hospital San Juan de Dios y el Hospital
Militar; contribuyendo a resolver la situación de cardiopatía
congénita quirúrgica, de la cual eran mayoritariamente víctima
los niños de los sectores más excluidos de la sociedad.
Realizó innumerables encuentros de reflexión con autoridades
de las universidades del país a fin de revisar la visión curativista
y biologicista de la formación médica, pues las pasantías
eran realizadas en hospitales de tipo IV (tercer nivel)
predominando siempre los eventos finales o avanzados de las
enfermedades de mayor impacto en salud pública (cáncer,
cardiovasculares, materno infantil, accidentes y violencia)
Martha Chacón Directora de Docencia e Investigación en el
Ministerio indica:
“Gilberto propuso permanentemente, encaminar el
rediseño curricular de pregrado, para que tuviera el
mayor peso de la formación en los ambulatorios de
Atención Integral, a fin de que realizaran medicina
de diagnóstico precoz, así como acciones
preventivas de 1º y 2º nivel. Se creó una
Comisión Nacional, encargada de impulsar ese
cambio curricular conjuntamente con los decanos
de las Escuelas de esa área”.
15
4
Fue el primer Ministro de Salud que le propuso a la
Academia Médica analizar los beneficios de las distintas
modalidades terapéuticas que no se enseñan en nuestras
universidades, pero que han ganado un espacio en materia
de salud como son: la Acupuntura, Medicina Naturista,
Medicina Tradicional Indígena y otras; teniendo como base la
medicina basada en evidencia.
Mejoró notablemente el acceso a los medicamentos, fortaleció
la política nacional de medicamentos e incrementó la cobertura
general del Programa SUMED de 600 mil beneficiarios en 1998,
a 2 millones en el 2000.
Con la acción mancomunada del Plan Bolívar 2000 y los
gobiernos regionales, el MSDS logró recuperar la estructura
física de los hospitales: limpieza, recuperación de áreas verdes y
labores de pintura entre otras.
Durante la gestión de Gilberto se produjeron mejoras
sustantivas para los trabajadores de la salud, materializadas
en salario y condiciones de trabajo de los/as médicos/as,
nivelación de sueldos al resto de los profesionales de la
salud y se disminuyó la conflictividad laboral que se había
hecho ingobernable y generaba frecuentemente suspensiones
de trabajo en los centros hospitalarios.
El 2 de septiembre de 2000 Gilberto Rodríguez Ochoa y
Jesús Méndez Quijada, Presidente de la Federación Médica,
firmaron el contrato colectivo que mejora la condición laboral
de los profesionales de la medicina. Gilberto había aprobado el
aporte de 500 millones de bolívares para atender la
necesidad de los galenos. Los trabajadores de Salud por
primera vez comenzaron a recibir la cancelación de la Ley de
Programa de Alimentación, a través de la cesta ticket. En enero
del año 2001, antes de dejar el Ministerio, Gilberto firmó un
aumento salarial del 16 % para los médicos y médicas.
Por primera vez en la historia de la salud pública, el artículo 34
del Anteproyecto de la Ley Orgánica de Salud consagra el
derecho a una muerte digna cuando se sepa que el paciente
está en su fase terminal, lo cual permite la oportunidad de
15
5
rechazar una

15
6
prolongación innecesaria de su vida. Gilberto Rodríguez
Ochoa defendía vehementemente el derecho a bien morir,
por ello se enfrentó a la iglesia y a los grupos sociales más
conservadores, esta lucha fue bandera de manipulación de sus
opositores.
Otro de los aspectos que lo enfrentaron a la iglesia y a
grupos sociales conservadores fue su postura contra relaciones
sociales no igualitarias. Fue un Ministro que mantuvo una
mirada diferente hacia los problemas de salud de la mujer y se
mantuvo denunciante de un modelo médico que reprodujo y
perpetuó, a través de su práctica, estereotipos creados
culturalmente, que generaron valoraciones discriminatorias y
situaciones no equitativas para las mujeres. Por ello se
preocupó por la situación del aborto, la muerte materna, brindar
atención integral a la mujer, el derecho de la mujer a elegir el
número de hijos, el derecho de ésta a elegir alternativas
anticonceptivas; y también colocó en la palestra la alternativa
de la vasectomía como medio anticonceptivo, el cual
ejemplificaba a través de su experiencia personal.
Trabajó arduamente con representantes de la OPS para buscar
alternativas contra el tabaquismo. El 19 de junio de 2000 el
Ministerio de Salud y Desarrollo Social produjo una
Resolución mediante la cual prohibía fumar en todas las
áreas de la salud, y en otros sitios públicos. De igual
manera, la Ley de Salud contemplaba la prohibición de la
publicidad del tabaco y sus derivados por cualquier medio de
comunicación así como la publicidad de bebidas alcohólicas
por radio y televisión.
La eutanasia, las alternativas anticonceptivas, el antitabaquismo
fueron asuntos ajenos a otros ministros, en cambio para
Gilberto pasaban a ser trascendentales por su condición de
hombre con una gran sensibilidad humana y una visión
integral de la vida y de la salud.
Gilberto fue uno de los m inistros que más interactuó con los
medios de comunicación, todas las semanas -según sus
compañeros/as de trabajo- él enviaba un artículo de prensa.

15
7
En uno de ellos, publicado en EL UNIVERSAL, el jueves 29 de
Abril de 1999 invitó a los comunicadores a contribuir con el
proceso:

15
8
“Invito a los comunicadores comprometidos con
el destino de la patria nueva y no con el ominoso
pasado, a que contribuyan con la pluma, la voz o la
imagen, a la reconstrucción del país, para nosotros,
nuestros hijos y los hijos de ellos.”
Pero también fue duro y preciso frente a la actitud de los
medios de comunicación, por ejemplo en un remitido que
hizo en El Nacional el miércoles 12 de Abril del
2000,expresó:
“Por cierto, señores de El Universal y 2001: Un
Sistema de Salud digno, requiere
INDISPENSABLEMENTE que los medios de
comunicación masiva DEDIQUEN DIARIAMENTE
UN PORCENTAJE IMPORTANTE DE SUS ESPACIOS
PARA IR ELEVANDO LA FORMACIÓN Y
CONCIENCIA CIUDADANAS EN TORNO A SU
SALUD INDIVIDUAL Y DE LA SALUD PÚBLICA.
Por
eso les pregunto ¿CUÁNTO ESPACIO DEDICAN
USTEDES DIARIAMENTE AL BIENESTAR Y SALUD
DE LA POBLACIÓN VENEZOLANA?
Esos logros del MSDS en tan corto tiempo, demuestran la lucha
infatigable de Gilberto Rodríguez Ochoa por la conquista de
un Sistema de Salud más humano e incluyente; su batalla
frontal contra la corrupción y el clientelismo así como su
permanente irreverencia ante una cultura conservadora.
Su compromiso se centró en generar los cambios que el país
exigía, se empeñó en conocer y sentir las necesidades de las
regiones desde su propia voz y en sus propios escenarios
geográficos. Exhortó permanentemente a los ciudadanos/as
a participar y realizar contraloría social. Su combate siempre
fue por el rescate de lo digno, lo justo, lo recto y lo noble que
merecemos todos y todas los y las venezolanos/as.
Empuñó sus armas contra una sociedad patologizada, lo que
abrevió en su máxima:

15
9
La peor enfermedad es la vida que llevamos.

16
0
El Dr. Oletta hace entrega a Gilberto de su cargo como
Ministro de Sanidad y Asistencia Social, 1999.

16
1
Gilberto compartiendo ideas con el Presidente de la República
Bolivariana de Venezuela Comandante Hugo Chávez Frias.

144
14
5
Firma de Acuerdo para el pago de Bono Único.

146
Encuentro de familias dignificadas del estado Vargas.

Firma de Convenio UCV-MSDS

14
7
En Zea, estado Mérida, inaugurando una Unidad de Atención
Integral.

Juramentación del Consejo Nacional de Derechos


del Niños/as y del Adolescente.

148
Gilberto realizando campaña educativa
sobre el uso de los Tapapipotes.

14
9
Con Fidel Castro.

150
15
1
Capítulo 6
Aguirre: Un castillete para los sue

“...El amor, la amistad y el arte son todos intentos de reunión que el yo realiz

Ernesto Sábato
C uando Gilberto regresó de Amazonas comenzó a entretejer
nuevos sueños y con sus hijos inició la búsqueda de otro
espacio donde pudiese volver a convivir con la naturaleza.
Con el dinero que recibió de la parcela que vendió en
Amazonas, compró un terreno en Aguirre, en el estado
Carabobo, pueblo tradicionalmente agrícola que antiguamente
fue un territorio poblado por agricultores canarios y sevillanos,
quienes desalojaron a los indios jirajara en una lucha que
tomó casi un centenar de años. Se dice que algunos de estos
moradores eran oriundos de Villas de Aguirre en las Islas
Canarias y bautizaron con ese nombre su nuevo espacio en
recuerdo a aquel terruño natal que había quedado más allá de
los mares.
Gilberto emprendió las bases de una pequeña casa mientras
trabajaba en la Dirección General de Salud de CORPOSALUD en
el estado Aragua y en épocas propicias esparcía semillas en esa
tierra fértil, pero sus múltiples ocupaciones laborales
amenazaban con impedirle culminar su sueño. Andrés Eloy
recuerda los inicios de esa experiencia:

15
5
“…mi papá comenzó a construir esa casa cuando
trabajaba en CORPOSALUD, durante un tiempo
estuvimos buscando terrenos y vimos muchos,
hasta que por fin encontró ese de Aguirre y le
gustó, por la bondad de la tierra y el buen precio
que logró; mi papá creyó que era muy buena
para hacer lo que más deseaba: volver a
sembrar.

Su trabajo en el Ministerio, nos había separado


como grupo y a él lo alejó de Aguirre. Entonces yo
comencé a atender la parcela y como él no podía
ir yo iba casi todos los fines de semana a regar las
matas y a sembrar; en ese tiempo ya estábamos
construyendo la casa que papá había diseñado...”
Gilberto hijo cuenta la experiencia del diseño de la casa de
Aguirre:
“Papá se vino de Amazonas, pero en sus sueños,
mantenía el propósito de volver a encontrarse
con el trabajo diario de la construcción y de la
siembra. Cuando compró el terreno de Aguirre
reinició aquel ejercicio: hacer los planos, dibujar las
instalaciones sanitarias. Parecía un niño
diseñando su casa. Él me enviaba por fax o por
correo los dibujos que iba haciendo y me pedía
opinión, pero yo sabía que él en el fondo, no
quería que yo le cambiara su diseño. Además
entendí que debía dejarlo continuar su juego y yo
sólo le advertía determinadas cosas para que no
cometiera errores en el proceso de construcción,
pero esa casa de Aguirre está construida tal cuál
la pensó. Él la levantó con sus planos y con sus
manos, cuando tenía sesenta años”
En enero del 2001 por considerar que ya había cumplido un
ciclo y por creer que esta responsabilidad debería ser
asumida por una generación de relevo en una reunión, Gilberto

15
6
le planteó al Presidente la necesidad de ser sustituido en el
cargo de ministro.

15
7
El domingo 21 de enero de ese mismo año aparece un gran
titular en EL UNIVERSAL: “Prefiero morir en un hospital que
vivir en una clínica” como parte de la entrevista que le hiciera
Ernesto Villegas Poljak, en ella informó su retiro del Ministerio
de Salud y Desarrollo Social.
Gilberto decía en esa entrevista que ya había hablado con el
Presidente de la República y que le había manifestado su
necesidad de retirarse y explicaba al respecto:
“...Este proceso requiere que el vehículo vaya a una
velocidad constante, porque el país está muy
mal. Nueve millones de personas en pobreza
crítica es una emergencia. Este es el Ministerio más
exigente, no hay domingos ni vacaciones. Más
aun: cuando los demás tienen vacaciones; más
trabajo hay. Para mí esto es una carrera de
relevo. El corredor tiene muchas exigencias”
Y cuando el entrevistador le preguntó si estaba cansado Gilberto
responde:
“Siento que debo ser relevado. El proceso requiere
un nuevo impulso, un nuevo brío, pero que
mantenga el sentido de la carrera. La otra razón es
que el mismo tren de exigencia altera la salud. El
organismo empieza a sufrir, a sentir el desgaste”
En la misma entrevista dio a conocer su proyecto de vida y expresó
su necesidad de descansar un tiempo y retomar la construcción
de su casa en Aguirre. En marzo de ese mismo año, al dejar
el Ministerio, lo primero que hizo fue ocupar esa estructura, sin
ventanas, ni puertas y sin ningún acabado en su construcción.
Allí comenzó, ladrillo a ladrillo y al lado de sus hijos, a cristalizar
sueños: construir una nueva casa y ser campesino.
Luís Valera, quien trabajó en CORPOSALUD con Gilberto y
compartió muchas experiencias a su lado cuenta una
anécdota que revela ese sueño:

15
8
“En una oportunidad, los dos realizábamos un taller,
cuya finalidad era cohesionar aún más el equipo
y vislumbrar las metas, planes y perspectivas de los
funcionarios de esa Corporación; la facilitadora
realizó una dinámica que fue muy reveladora:
ella nos entregó a cada uno una hoja en blanco y
nos preguntó cómo nos visualizábamos y qué
soñábamos ser dentro de esa organización. Cada
quien escribió como se veía y el cargo que
deseaba y otras cosas que hoy no recuerdo.
Gilberto sencillamente expresó que él quería ser
campesino. Yo creo que ese deseo siempre lo
aplazó debido a su compromiso político y social
con el pueblo. Estoy seguro que él nunca se
imaginó que sería ministro”
Gilberto visualizó en Aguirre el espacio ideal para realizar ese
sueño de ser campesino; de vivir placentera y tranquilamente la
vida; disfrutar del aire puro; estar en contacto con la
naturaleza, alejado del ruido y dedicarse a la labranza de la
tierra. En uno de los manuscritos que hiciera allá expresó:
“No recuerdo si hoy es 6, 7 u 8 de Marzo. Si sé
que hoy es jueves del 2001. Pero lo que sé es que
es mi primer amanecer y siento que vendrá un
sinnúmero de cuestiones de importancia trivial
para el mundo y para mi amado país, pero para mí
serán ataduras agradables, placenteras, que me
merezco después de tantos años (45 conté en estos
días!) tratando de lograr un sistema de esperanza
para la mayoría del pueblo venezolano.

Ataduras placenteras o cosas triviales como:


levantarme a las 7 u 8 de la mañana, tranquilo y
hacerme un cafecito y disfrutarlo, con una
música llanera como fondo, sonando arriba en el
nido del águila...”
Quizás la soledad y el trabajo de la tierra lo llevaban reflexionar
y repensar lo vivido y en unas hojas sueltas encontramos esta
nota:
15
9
“...Yo creo en los relevos y así lo dije en
Miraflores el día de mi despedida, he cumplido. El
Presidente lo confirmó: `Gilberto, cumpliste. El
juramento decía que si cumplías la Patria te
premiaría. Pues bien, te vas premiado! Me honro
en haberte conocido, en haberte tenido como
Ministro!

Nunca debemos esperar premios de nadie, sólo


premiarnos a nosotros mismos. Trabajar con
pasión, con una visión clara hacia dónde
queremos ir y los reconocimientos vendrán solos
algún día! Y si no vienen de afuera, no importa, los
que más importan son los que vienen de adentro
de nosotros o de alguien que nos quiera.”

Comenzó por hacer el tendido de la cerca en todo el terreno


que mide aproximadamente media hectárea. Sin lujo alguno,
construyó una casa con piso de arcilla, techos de caña brava
y tejas, también dispuso azulejos decorativos en algunas de sus
paredes. Con sus manos, igual que su padre allá en La Pastora,
construyó todas las ventanas y puertas en esa casa. Gilberto
solía decir que el olor a madera le recordaría eternamente su
infancia y a José Andrés.
La casa de Aguirre estaba toda ella llena de recuerdos de su
padre. Algunos piensan que la construcción de esta última casa
fue, para Gilberto, como la vuelta al padre que el destino le
había arrebatado en temprana edad. Nora López cuenta su
impresión:

“Gilberto consideraba que su segunda profesión


era la de ebanista, le gustaba mucho la carpintería,
tenía todas las herramientas y él mismo hizo todos
los trabajos de madera en esa casa: las
ventanas, las puertas, el mueble de la cocina,
todo. Basta ver la casa, para percibir que todo
allí fue hecho con perfección y con mucho amor
hasta en su último detalle”

16
0
En esos tiempos compró una fuente y le instaló el agua y
electricidad; en ella colocaba trozos de frutas varias para que
los pájaros llegaran allí. En una de esas hojas sueltas que
escribió en Aguirre narra:
“...hoy fue un día especial en materia de pájaros.
Después que hablamos fui a ponerles los cambures
y pedacitos de naranja. Pues bien: al rato
comenzaron a llegar azulejos, carpinteros, picos
de plata, paraulatas, Cristofué... y de pronto,
llegó un perico hermoso y relativamente grande:
pico corto, encorvado, cabeza, cara y cuello
amarillos con unas manchas negras en las
mejillas.

Todo el pecho y abdomen, verdes. Pero un verde


como manzana. Cola azul con algunas plumas
negras, centrales y alargadas. Y por último, alas
con plumas cremas y marrón, como en mosaicos
redondeados...”
Aguirre le permitió a Gilberto el contacto con la naturaleza,
bañarse con el agua fría, disfrutar de todos los pájaros sin jaula
y criar un perro al que bautizó con el nombre de Café.
Su hermano Carlos cuenta sobre esa pasión de Gilberto por
la naturaleza:
“Creo que él siempre abrigó entre sus sueños
vivir más cercano a la naturaleza; algunas veces
he creído que a pesar de su afán de construir y
triunfar transformándolo todo, tenía resistencia a
algunos avances tecnológicos como los
ascensores; las escaleras mecánicas, los
vehículos lujosos, los celulares, etc. Ninguna de
esas cosas le hizo falta.

Cuando leo sobre Armando Reverón, el pintor


venezolano y la construcción de su Castillete,
imagino a Gilberto en un espacio como el que
16
1
construyó Reverón en Macuto, imagino a Gilberto
en

16
2
guayuco y sin más utensilios que los que
construyera con palmas, cocos y otras cosas que
le brindara el medio; de verdad creo que eso es
lo que Gilberto pudo haber querido hacer en la
vida.”
Carlos conocía bien a su hermano, pues cuando Gilberto se fue
a vivir en Aguirre regaló a un mendigo toda su ropa - la cual
siempre usó, más por presión de familiares y amigos/as que por
convicción- y compró cuatro franelas blancas, unos pantalones
de caqui, unas alpargatas y un sombrero de cogollo.
Su hijo Levy contó la anécdota de un día cuando Gilberto
estaba limpiando la maleza frente a la casa y vestía el pantalón
de caqui, la franela blanca y el sombrero de cogollo: un
carro oficial del Ministerio se detuvo y sus ocupantes
preguntaron por el Dr. Rodríguez Ochoa, si lo conocían o sabía
cuál era su casa, entonces él les dijo que vivía dos cuadras más
arriba y los señores subieron, luego Gilberto esperó que
bajaran y después de hablar con ellos, todos se rieron por
su ocurrencia.
Sus hijos/as recuerdan con ternura la primera cosecha de café,
cuando los /las invitó a participar en el proceso de
desconchar, tostar y moler el café. Estuvieron hasta la media
noche en esa faena para luego saborear cada sorbo,
disfrutando de la contemplación de las estrellas, mientras
Andrés Eloy tocaba la bandola.
Así fue sembrando diferentes plantas y otros frutales que eran
irrigados por la red de agua que enmarañadamente solía hacer
Gilberto. Maritza, su esposa cuenta:
“La afición de Gilberto, además de construir, era
la siembra; siempre creí que esa era una forma
de relajarse. Aún siendo Ministro, en algunas
oportunidades él iba para Aguirre y tomaba una
escardilla y empezaba a abrirle zanjas a la tierra.
En el tiempo que él estuvo en Aguirre después de la
jubilación sembró y cosechó repollitos de Bruselas,
quinchonchos, diversas frutas y hoy existe un
cafetal gracias a su esfuerzo y perseverancia”
16
3
Era un militante ecologista:

“Nos decía que la próxima guerra mundial iba a


ser a causa de la escasez de agua, y quería evitar a
toda costa su desperdicio; por ejemplo, en
Aguirre él se bañaba sobre una ponchera donde
recogía el agua que sobraba y después la
esparcía sobre las plantas”. Ayarí
Una vez Gilberto contó que durante el primer mes que estuvo
en Aguirre y antes de instalar la red de agua de su casa, iba
todas las mañanas a buscar agua con un envase plástico
hasta una pila pública que había en la calle principal del
pueblo. Un día uno de los moradores lo reconoció como el
Ministro de Salud del gobierno del Presidente Chávez y
entonces se corrió la voz y al día siguiente, cuando fue a buscar
agua lo estaba esperando una multitud de personas para
enviarle mensajes al Presidente y le manifestaron su extrañeza
porque un hombre que había sido Ministro, hiciera también la
fila para proveerse de agua.
Otra de las rutinas que hizo Gilberto en ese corto tiempo que
disfrutó de Aguirre fue recorrer caminos en búsqueda de especies
florales para sembrar en su parcela y construir un jardín para la
contemplación y la serenidad.
En Aguirre, guardadas en una caja de madera que alguna tarde
hizo con sus manos, encontramos unas hojas de lo que tal
vez fuera un diario y en ellas escribió:
Domingo

...comencé el trabajo de escalones con troncos


hacia la quebrada, y a los lados de esta escalera
abrí hileras de huecos y sembré semillas de flores
(de las que traje de las Montañas de Nirgua, que
parecen girasoles pequeños) de las que teníamos
aquí (cuarentonas?). Luego las regué. Además (y por
último) coseché casi todo el café restante.

16
4
Realmente es placentero hacerlo. Son matas que yo
sembré muy pequeñitas, las cuidé, regué, les hice
surcos, las aboné con ceniza, etc. Ahora, es una
nota verlas tan bonitas y cosecharlas: se van
arrancando; vaina por vaina, casi arrastrando la
mano, como encerrando la rama entre el pulgar
y el índice y te vienes arrancando las frutitas
poco a poco, desde la base de la rama hacia la
punta, procurando no apretar mucho con los
dedos para no desprender los asientos florales, que
son como pedúnculos cortos entre los frutos y la
rama.

Si se arrancan (cosa que en verdad no es fácil,


porque están bien agarrados) no surgirían otras flores
en ese lugar.

Esta labor aparentemente simple, produce relax;


uno piensa en cualquier cosa, y además alterna las
manos para el trabajo: las matas de la izquierda,
con su mano correspondiente, e igual con las de
la derecha.

Uno observa detalles interesantes: colores diversos;


frutos comidos totalmente por los pájaros y los
granos en el suelo, ya secos, o bien algunos
sobre las hojas de café, “pegados” (la pulpa tiene
una baba pegajosa, como un latex), y que sin
duda han sido recientemente comidos por pájaros,
se les arrancan algunas parásitas (tiñas) y uno se
imagina que pronto florecerán y expelerán su tan
exquisito aroma. Además, el colocar las frutas
sobre el zinc, con pulpa o sin ella, me recuerda
los viajes por montañas venezolanas y esas
cosechas tendidas sobre patios, expuestas al
sol...

¡Es tan placentero todo esto del café! No creo

16
5
que haya otra fruta que encierre tantos detalles
para su

16
6
aprovechamiento... Luego será despulparlo, lavarlo,
secarlo, tostarlo, molerlo, y tomarse el cafecito,
hecho totalmente en casa.

¡Qué agradable! Esa es la vida: las cosas


sencillas: exponerse un rato al sol mañanero, un
baño de regadera, mar, río o lluvia... Ver las estrellas
después de un atardecer, disfrutar una comida
sencilla, un vinito o tender ropa y recogerla
olorosa a brisa fresca, seguir sembrando flores,
hortalizas...”
Tal vez la vida en este espacio, significó para Gilberto un
reencuentro con aquella experiencia en El Castaño. Volvió a leer
a Séneca y a Khalil Gibran, oír música clásica y de vez en
cuando compartir un vino y contemplar la diversidad de
estrellas en el firmamento. Muchas noches sacó una
colchoneta para poder verlas, hasta que el sueño lo
venciera.
También aprendió a cocinar. Ayarí recuerda:
“En Aguirre papá solía congelar raciones de
comidas para ganar tiempo y aprovecharlo en la
siembra y para terminar la construcción de la
casa”
Desde el punto de vista personal confesó que se sentía muy
realizado, porque sus hijos habían logrado consolidarse y estaba
disfrutando a sus nietos/as Oriana, Gabriel, Ethienne,
Camilo, Sebastián, Alí y Matías. Sentía una gran armonía en su
relación familiar.
Gilberto mantuvo en reserva la construcción de su casa y
siempre le prometía a sus amigos/as que cuando estuviera lista
los iba a invitar. El día que vio culminada su obra escribió en el
Éste fue
pizarrón:
el año de la dignificación de GRO.
El 9 de marzo del 2002 preparó una parrilla especial para
celebrar la inauguración. Como una gran paradoja, similar a
16
7
tantos otros logros de Gilberto, si bien fue disfrutado por él
mientras la construía, a su término, la casa quedaría para el
deleite de su descendencia. Una carta guardada bajo la
manga del destino

16
8
cambiaría el curso de los sueños tejidos en ese castillete, pues
al día siguiente, Gilberto Rodríguez Ochoa moriría en un
accidente de tránsito ocurrido en la encrucijada de Carabobo,
en dirección al Municipio Bejuma de esa entidad.
Para todos fue muy doloroso, pues significó la pérdida de un
amigo muy querido, un hombre comprometido y honesto, un
hombre íntegro.
Durante toda su vida Gilberto trató de construirse como hombre
nuevo, nunca tuvo apego por las cosas materiales, no tuvo afán
consumista, ni tampoco vivió para el qué dirán. Creemos que
él puede representar un modelo de dignidad, de honradez,
de trabajo y de sencillez para las nuevas generaciones.
Trabajar la tierra quizás representaba para Gilberto arrancar
la maleza, llegar a las raíces, de manera que la diferencia entre
lo real y lo ideal desapareciera. Era una forma de
reencontrarse con su existir, atarearse para enfrentar lo que
para él encarnaba lo absurdo y lo angustiante. Era una
manera de buscar refugio en la tierra, en las plantas y en el
agua; todos ellos elementos naturales, fuentes de energía,
para así construir una nueva pasión por una forma de
pensar, amar, crear, sentir. Quizás lo que quiso fue sembrar
la esperanza de un mundo posible donde prevaleciera la
justicia.

16
9
Gilberto disfrutando de su nieto Camilo y de sus otras
cosechas en Aguirre.

Gilberto en compañía de Café.

166
“Papá mis múltiples compromisos laborales me impidieron participar
de este libro, y desde este espacio quiero expresarte mi profundo amor.
Yuruani”.

16
7
Ayarí con sus amigas en frente a la casa de Aguirre.

168
Capítulo 7
Poemas, cartas, notas
y algo más...
Obra inédita de Gilberto Rodríguez Ochoa

¿Qué tanto busco en el aire, en la noche, en el sol, en la tierra, en el agua, en


en el movimiento de aquello borroso, o quizás en mis propios ojos?

Gilberto Rodríguez Ochoa


Gilberto en sus tiempos como universitario.

170
Poemas
Ya ni cerca estamos
¿Tú y yo,
distantes?
¿Nunca!
Oye:
ni siquiera cercanos,
que sería estar tan
lejos.

Como un suave
coro Y
armonioso estás
en mí:
Envuelta en todos los ecos
de mis latidos todos.

¿Dejaría de existir, de nuevo,


si te acercas,
y tu sangre no retumba más,
aquí,
para sacar el fuego
de mis espumas frías?
¡Sí!
¿Escucharás, acaso, las divinas notas
de este dulce ruido
y cálido que me hace sonreír dentro de ti?
¡No!

17
3
Pregunto...
¿Qué tanto busco en el aire,
en la noche, en el sol, en la
tierra,
en el agua, en el monte,
en el movimiento de aquello borroso,
o quizás en mis propios ojos?

¿Qué busco?
¿Qué quiero encontrar, o ver, o tocar, sentir?
¿Será a ti, acaso?

Pero...
¿Estás lejana o tal vez cerca?
¿O es que estás en mí?

174
Para curar tu herida
Del amor que por mí sientes
guarda un pedacito
en una caja fuerte,
y sin pensar en el mañana,
con el resto de ese amor
¡ámame tierna y dulcemente!

Y si quisiera la suerte
que tu amor muriera
y lo arrastrara cualquier brisa
¡Abre la caja
y luego quema mis
versos porque ya habrán
muerto
y los muertos sin amor inspiran risa!

Y con el resto que quedara


¡Mátame!
y conviérteme en la sombra de tu vida
y cuando ese fugaz sueño
en ti se disipara
¡busca tu sombra y abrázate con ella!
Pero no para llorar conmigo
¡sino para que sea cura de tu herida!

17
5
Si muero antes de ti
Si muero antes de ti
¿Qué te gustaría hacer conmigo?

Yo no te pondría en una urna


¡Pues todas son tan feas!
¡Qué soledad tan fría
y qué eternidad tan negra sentirías!

Yo te acostaría en el llano
desnuda,
donde haya más
tierra, y con la primera
lluvia
te convertiría en pantano.

Y después,
abiertos mis brazos,
gritaría al cielo:
¡lluvia!
aquí estoy, desnudo,
¡aprovecha!
muerde toda mi piel
mis cabellos y mis uñas.
Lluéveme en la boca
y en los ojos
y todo mi cuerpo inunda.

¡Y desháceme
como a un pedazo de tierra!

¡Y arrástrame en tus aguas


y fúndeme con ella!

176
Siento pasar la borrasca
Está pasando. Lo oscuro se está yendo. Y quedas tú, quedo yo.
Como fuimos. Como somos. Como seremos.
¿No estaba nuestra solidaridad por encima del tiempo?
¿Es posible romper este aire
que nos acompaña en cada
pedacito de los ojos, del tacto,
del oír, del pensar, de todo?

Allá abajo, ó allá arriba, quedaron muchas cosas.


Estas manos juntas están lejos de todas ellas.

Somos eternos. A prueba de odiarnos, ni mucho menos.


Tu grandeza será benévola conmigo,
Y me comprenderás.

17
7
Angustia
Hoy amaneció gris
o mis ojos están nublados.
Ni siquiera escuché los
pájaros,
los amigos que temprano me visitan
¿Qué se habrán hecho?
¿Estarán enfermos, acaso?
¿O me vieron triste
y callaron su canto?
Siento como un miedo frío, oscuro, hondo
que hace temblar mis carnes.
Mi escritura da saltos
como mi corazón,
y los trazos se me enredan
Como piernas de un borracho.
Y mi voz no es mi voz
y ni siquiera es tal.
¡Más bien parece llanto!
Mi estómago es un largo mordisco,
doloroso
Y todo mi cuerpo se está volviendo hueco
¡Oh tiempo!
¡Devora mi vacío, te lo
ruego, y ayúdame a cubrir de
nuevo mi esqueleto!

178
Quiero
Quiero cosas
que conocer quiero,
que se agitan
como dioses
o fantasmas
en todos mis rincones
desde el llanto
primero de la tierra.

Una flor que me des


o algo de espuma,
un abrazo viejo,
una sonrisa
de malicia compartida,
una sorpresa
de vida efímera
repetida siempre,

Una herida,
una sombra
que me diga
donde está la luz,

Un papel
pequeño
escrito por tus ojos
para acariciarlo viéndolo
y verlo, verlo
entre mis dedos
temblorosos.

17
9
De ti quiero
la lluvia
de dos carbones
ardientes, con la que
lavas tu náusea
y ves miserias
y dónde atesoras
hermosas esperanzas
en su brillo insatisfecho,

O liberar al sol
aprisionado
en tu piel
y tu mirada,

O ensartar
las cuentas
de tu risa
y hacerle un collar
a mi angustiada boca,

O acaso salvar
a un niño
que se muere...

Quiero
tus carnes infinitas
de aromas
y canciones
para hacer bellos poemas
y tus huesos quiero
para que no mueras.

Quiero
los arpegios
dorados
de tu incendiaria sangre
por tu mordiente boca
y por cada dedo
de tus manos adorables

180
y por tu inundado
hermoso vientre,
y que me lleven a ti
de nuevo,
a conocer el espacio de lo eterno.

Amo este amor


tan parecido
al que me dieron
antes de nacer al
mundo,

Ojos y conciencia
cerrados
en la más oscura
y fría
profundidad
del mar,
en una espantosa
soledad
con ese calor
de desconocido origen.

En fin!
quiero no querer sentir
de nuevo
el frío
del fondo
de las cenizas del tiempo:
¡su comienzo!
Pero...
¿Qué busco en ti?
¡Nada!

Sólo soy
la universal búsqueda
de siempre:
una flor
un beso
una sonrisa
¡me da igual!

18
1
Hermana soledad
Solo,
celebro las cosas más tontas,
incluso el corte
de una flor.

Solo, lloro los dolores más pequeños


incluso el estar solo.

Cuando estoy solo,


también vivo.

182
Somos
Somos la huella
de efímeros pasos
que eternamente
otros caminantes
tallarán al paso de las olas...

O somos la espuma
del agua
que nace en nuestras bocas
cuando lucha contra el viento,

o eres el rústico
aro de pequeñas
flores, de amarillo
corazón y blancas
alas colocadas a
saltos en su rama
y convertidas
en mágica corona.

O somos la chispeante lluvia


de minúsculos claveles
blancos y morados
del bouquet más hermoso
de las más humana
y loca boda...

18
3
o somos el calor
y el olor
y la encantadora música
de fuerzas
que se enfrentan
en última contienda
con fuego de soles
que se abrasan
y aroma de cuerpos
compartidos
y de profundas voces
lastimadas
sus gemidos...

O somos, amor,
el rocío
de sudorosa piel
aunque no llegues,
y el corazón sobresaltado
cuando vienes....

eres el temblor de mis manos


cuando tocarte quiero
incrédulo
para sentir el sol
que retoza en tu piel;

Y eres mi temblorosa voz


jadeante
de angustiada caminata
cuando te hablo.

184
Somos una fiesta
en cualquier playa
con parejas de piedras
y de algas,
y de vueltas
que se besan con el agua
y con la arena...

O eres
mis rodantes lágrimas
que te despiden
sin verte
y que gritan
y te llaman,
a solas...
¡Vuelve! ¡Vuelve!

¡Oh, qué fácil


atrapar de las palmeras
su asegurado baile!

¡pero qué hermoso


y difícil
vivir de los pájaros
su vuelo!

18
5
Canto al campesino
¡No laves tus manos
campesino
que no están sucias!
¡Tienen la limpieza más perfecta!

Tus manos con tu tierra son sagradas.


No las corrompas con jabón y agua.

Tus manos tocan esto y lo otro


cuando aran el suelo.
¡Por eso tienen el perfume
más sublime:
el de la tierra trabajada!

Conoce tu fuerza
Hermano de mi alma.
Tienes el poder universal que encierra
en un solo puño el alfa y el omega.

En tus manos tienes atrapada


la máxima esperanza
¡Ábrelas!

Y dale libertad al gigantesco ejército


de tu poder: toda la tierra de la tierra
convertida en la más grande piedra
para aplastar a todos los asesinos del amor.

Si detienes tus
manos se acabarán
los reyes y los
presidentes,
los militares, los
burócratas, los técnicos y
los choferes,
los maestros y los profesionales
y todos los que beben tu sudor
186
Y los lamedores de la bajeza
Y los demás.

Los ascensoristas,
Los tipos que más saben de la vanidad.
¡Ellos conocen que al subir
siempre se baja
y que todos los de arriba son idiotas!

Si detienes tus manos


hermano campesino
se morirán Chopin y el otro
que no es músico
y toda la música junta.

Y también los que hablan hueco


y los limpiabotas.
y morirán todos los pintores
y el fabricante de botellas,
y de harinas
y los que hacen los barcos,
los aviones y las guerras.

Y los que fabrican la mesa


donde estoy hablando
que es la mesa más grande de la tierra.

Y morirán los payasos y la risa


y todos los obreros
y todos los poderes
y los ministros de Dios
y Cristo mismo.

¡Si detienes tus manos


la Casa Blanca se derrumbaría
y el Kremlin
y también el Vaticano,
y caerían, con todo lo demás,
estrepitosamente!

18
7
¿Pero sabes acaso, campesino
quienes no morirían?
Si tus manos detienes,
las mariposas seguirán volando
y los pájaros
y el polen
y el viento los ayudaría.

y la lluvia seguiría lloviendo


y el sol seguiría radiante como siempre

¡Y no moriría el hombre
porque vives tú
y tú eres la llama que da vida,
y más que ella, eres la vida misma!

Pero también viviría yo,


sencillamente porque quiero
que me entierres con tus manos.

¡Quema, campesino, quema!


¡quema con amor, hermano,
y así obtendrás de las cenizas
el mejor abono de tu campo!

188
Cartas
Querida amiga Syrius:

Hace pocos días comencé a percibir tu mirada desde muy


lejos en el firmamento. Yo estaba acostumbrado a mirar a Syrius
desde hace muchos años, pero ahora siento que ella también
me mira, desde que recibí aquella hermosa carta-poesía en la
que me dijiste: “cuando estés en Aguirre y observes el cielo por las
noches busca la estrella más brillante. Esa seré yo y te estaré
mirando”.
Los dos astros que uno observa más brillantes en la noche
son Venus y Syrius. Pero Venus no tiene luz propia, ya que
es un planeta hermano de la tierra. Sólo refleja la luz del sol
como la luna, pero al estar más cerca del sol, la vemos con
mayor luminosidad. Cuando mires a Venus (si aún no la
reconoces, te la enseñaré alguna de estas noches). Observarás
que no titila. Igual ocurre con la luna, con Marte, o Júpiter o
Saturno o la misma Tierra si la viésemos desde lejos.
¡Pero Syrius sí titila porque es una estrella y está hecha de
fuego como el sol y como tú! Y ahora brilla más, desde que
decidiste irte para allá y mirarme con tus ojos que siendo
aguarapados, a veces, cuando estamos juntos y hablando de
nosotros, los percibo como paraparas brillantes.
Syrius, además, es la estrella más importante de la Constelación
de Canis Mayor (Can Mayor). Podrás encontrarla fácilmente,
desde aproximadamente las 9 de la noche en adelante, mirando
el cielo hacia el Este. Primero deberás ubicar la Constelación
de Orión. Es muy fácil por ser muy particular y por lo grande. El
vulgo la conoce aunque no sepa su nombre.

Gilberto Rodríguez Ochoa

19
1
Querida Aura, “Aura Rosa”:

Tengo, desde hace muchos años, la tentación de escribirte. Razo-


nes distintas de tipo humano, algunas muy profundas, probable-
mente impidieron que fluyera libremente esa comunicación. En
realidad en aquellas épocas uno desconocía muchas cosas, pero
a esta altura de la vida pareciera que todo se nos va aclarando.
Bien, esta necesidad de comunicación viene acentuándose en
los últimos tiempos. Quise escribirte al recibir tu carta de julio
pasa- do, pero intuía que no debía hacerlo. En diciembre me
entregaste otras bellas notas y entonces pensé que si te escribía
casi como un resorte al recibir la tuya, sentiría, en lugar de pensar
¡es que el lenguaje aprisiona nuestros sentimientos!
Sentí que irrespetaría ese momento de reflexión honda que es-
tabas viviendo y es necesario respetar esos momentos y luego
acercarse, cuando la persona se haya serenado por y con su
propia búsqueda.
Si me preguntas dónde aprendí esto, sólo pudiera decirte
que observando los momentos dolorosos de la vida. Este
mundo con- fuso, desorientado, alienado, es incapaz de
enseñarnos de mejor manera, algunas cosas elementales
para mejor vivir!
Nos enseña, a veces muy bien y a veces no, a multiplicar, restar o
algún dato de la historia y otras cosas. Pero nos enseña que
“los pájaros no se matan, maluco” contaminando así una
cuestión que debería abordarse de otra manear, diciendo, por
ejemplo,: “hijo, mira qué hermoso ese pájaro. ¿Oyes su
canto?”
Bueno, quizás me desordeno un poco al hablar. ¿Por qué la vida
ha de tener tanta angustia y orden? ¿Será en buena parte
por- que tenemos inseguridad? ¿Inseguridad de nuestra propia
vida física, inseguridad de que amamos y nos aman,
inseguridad de que actuamos bien con nuestros hijos,
inseguridad de que somos buenos profesionales, inseguridad de
que vestimos bien, insegu- ridad al caminar delante de algunas

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2
personas porque sentimos sus miradas en nuestra espalda y
nos cuelgan de las piernas

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3
como pesada carga? Más aún: la inseguridad expresada así tan
fácilmente, ¿no es todavía muy superficial? ¿No es necesario
cor- tar más hondo para llegar más cerca del nudo central?
¿De dónde vienen el temor a la muerte, la falta de una profunda
solidaridad con la vida, con la pareja, con los seres humanos, la
sensación de que hemos actuado de manera incompleta,
bien con nuestros hijos, la tentación por la fama y el poder, la
falta de sencillez, la serenidad para caminar tranquilos?
Somos víctimas de un mundo de competencias, de un mundo
que nos enseñó desde pequeños a comparar: esto es mejor que
eso; aquello es más grande que lo otro o tal cosa es más
bella que esta otra, pero no nos enseñó, como debiera ser, a
encontrar el bien, la grandeza, la belleza, en lo profundo de
las cosas. No nos enseñó que ser ricos es sentir el mensaje de
una flor o com- partir el vuelo de un pájaro, caminar bajo la
lluvia y ser parte de ella. No nos enseñó que las palabras son
camisas de fuerza, que a veces se quedan cortas para expresar
lo que sentimos.
¿Qué es la palabra amor? ¿Cuántas cosas no lo han
deforma- do, idealizado o desviado? ¿No limita ella, ó lo que
“sabemos de ella”, nuestra propia búsqueda?
Podemos dejar de lado la palabra amor y tomar la palabra so-
lidaridad, que es tan humana, tan sencilla, tan humilde. ¿Cómo
ir construyendo un camino de solidaridad, que haga de la vida
lo que debe ser: una hermosa aventura?
Si por ejemplo amo a una persona, y me engaña, ¿por qué no
soy solidario con su búsqueda? ¿Por qué no trato de
comprenderlo y ayudarlo a aclarar su camino? ¿Por qué
atormentarlo más?
¿Es acaso venganza? ¿Por qué vengarme? ¿Es que amamos
la vida y los seres sólo cuando nos pertenecen? Es decir,
cuando mi ego está satisfecho ¿o los amamos porque tienen
virtudes que admiramos?
Hoy quiero decirte que te admiro mucho desde hace años. Eres
una gigante. Pero no te hagas la fatal pregunta ¿por qué
muchos no ven que soy gigante? ¡¡No!! La mayoría de la gente
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4
camina un

19
5
trecho muy corto de la vida, aunque muera de 80 años.
Acércate a tus hijas. Primero con una. Después con otra.
Conver- sa con ellas en paz, con el corazón alerta. Pídeles
perdón por los errores que puedas haber cometido y por los de
Henry.
Enséñales que también somos seres en formación y por tanto sus-
ceptibles de equivocarnos. Enséñales que muchas cosas han
sido útiles, placenteras, satisfactorias, en el proceso de esa
formación. Enséñales que frecuentemente vivimos angustias por
ellos. Diles que ustedes necesitan ayuda. Que los hijos deben
también ayu- dar a los padres a formarse.
Si es tiempo de cosecha,
de descorrer los velos
de quemar las máscaras.
Si es tiempo de que aquel
y yo
seamos lo mismo,
de sonreír tranquilos,
de caminar con calma.
Es tiempo de cosecha.

Recibe un beso y un abrazo, muy suaves, sin apretarnos con fuer-


za.
A veces el lenguaje de la piel es mucho más profundo que la
pa- labra. Pero es necesario que el contacto sea muy suave.
Cuando uno se aprieta fuertemente y se da golpes en la
espalda, nunca llega al corazón. Y con frecuencia se hace por
hipocresía, aun- que no sea concientemente.

Puerto Ayacucho 18/1/83.


Gilberto Rodríguez Ochoa

19
6
Querido hijo Andresito:

Sé que difícilmente comprenderás estas palabras, pero de todas


maneras las escribo quizás para consolarme o tal vez con la
esperanza de que pronto puedas entenderlas.
Me fui a trabajar para otro hospital donde hay muchos enfermos
que voy a curar, y además es un sitio muy bonito, con cerros, con
ríos, con animales y con mucha gente buena, pero el problema
es que estás muy lejos y aunque quiero verte todos los días, no
puedo porque hay que viajar en avión. Quiero que sepas que yo
te quiero muchísimo, que me haces mucha falta, y que aunque
no nos veamos todos los días, te quiero y estoy pensando siempre
en ti, deseando que los días pasen rápido para irme en el avión
y abrazarte y besarte y jugar contigo como lo hemos hecho
tantas veces.
Tengo fe en que más pronto que tarde, estaremos juntos. Aquí es
posible conseguir una tierra grande bonita, donde tener anima-
les, matas y flores, y donde podremos vivir una vida más
sana, más humana, y juntos para siempre.
Recibe unos besos míos en tus manos. Van llenos de
lágrimas. Algún día entenderás por qué.
Tu papá, que te quiere muy grande

Gilberto
Pto Ayacucho 12/04/83

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7
Andresin:

Querido hijo. ¿Cómo estás? Siempre recordándote mucho.


En este preciso momento algunas lágrimas me vienen a los
ojos, porque siento que tu compañía es muy agradable para
mí, aunque hables poco, y te extraño y porque siempre uno
quisiera estarle enseñando a sus hijos tantas cosas.
Deseo que te encuentres muy bien, contento, y que estudies
bas- tante y hagas buenos trabajos, para que tu promedio de
notas sea cada vez mejor.
¿Cómo te sientes en el liceo? ¿Cómo está azabache (el negro)?
¿Los caños? ¿Walter?
Trata de escribirnos para tener algo tuyo cerca, “viviente”.
Por DOMESA puedes mandarlo a: Dirección Nacional de
Malario- logía, Avda. Bermúdez, Maracay, al lado del Cuartel
Páez, a mi nombre.
Hoy en la mañana, fuimos a ver un terreno más allá de Valencia
(entre Campo Carabobo y San Carlos, un poco más allá de Tina-
quillo). Está a una hora de Turmero, tal vez un poco más. Tiene
hectárea y media, es casi plano, buena tierra, y un río
grande (claro, no tanto como los de Amazonas!) Este río le
pasa a lo largo del lindero sur, es un trayecto de unos 150 mts.
Y tiene tan buena luz. Tiene varios frutales. No tiene casa. A
Maritza y a mí nos gustó mucho y cuesta un millón 350 mil
bolívares. Estamos de acuerdo y lo vamos a comprar si no surge
algún inconveniente mayor. Se puede sembrar y tener
animales.
Con esta carta te mando:
• Un mueble para la computadora.
• Dos cráneos de caballos.
• Dos libros.
• Tu mamá te compró 4 paquetes de panelas de San
Joa- quín.
• Unos arequipitos (ojo: para todos, chamo).
• Un recorte de periódico.
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• Un pasaje por avión Puerto Ayacucho – Maiquetía. Están a
nombre mío pero dile a Antonio que lo arregle en Avensa con la
hija de Jaime Rivero (te anexo una cartica para Jac- queline, así
se llama ella).
Puedes venirte el sábado 25 y reservar regreso para el
martes 28 cuando llegues al Aeropuerto de Maiquetía. No lo
olvides, Reserva porque mucha gente regresará ese día.
De los dos libros, uno es La Juambimbada, de Andrés Eloy Blan-
co. Muchas de esas poesías vale la pena leerlas (Tu tocayo A.
E.). El otro es Cuatro Gigantes del Alma (el miedo, la ira, el
amor, el deber), del psicólogo Emilio Mira y López, fallecido
hace muchos años. Creo que era Argentino. Tiene cosas
interesantes. Espero que te guste también.
Trata de llamarme en la noche. Pero al menos escríbeme algo.
Te envío Bs. 1.000,00 para el pago de Domesa. Un abrazote
y un gran beso. Te queremos mucho, todos tus hermanos siempre
pre- guntan por ti y lamentan que no pueden llamarte por
teléfono.
Saludos a Violeta, Antonio, Sra. Rosa, José Vicente, Nieves, Pe-
dro, Jesús Ramón, Walter, etc.
Hasta pronto.
GRO
Turmero 11/02/95

Gilberto y Levi:

Reciban un fuerte abrazo y un beso. Los recuerdo todos los


días. A pesar de que ustedes están entrando en una edad en la que
na- turalmente uno se va desprendiendo de los padres, sin
embargo, una distancia como la presente obliga a pensar y
recordar a los seres más cercanos, más queridos.

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9
Una de las cosas que debemos aprender en la vida es que toda
razón es relativa. Que no hay verdades definitivas. Y que es un
error creer que uno tiene la razón de manera segura. Sobre
todo ustedes, que están “empezando” a conocerse a si mismos,
y em- piezan a conocer a los demás, deben tener cuidado de no
apre- surarse en asegurar cosas o juicios sobre nadie. Vean,
observen, reflexionen. Y si pueden, callen. O si van a dar una
opinión (a su mamá, a mí, a sus hermanos, a sus familiares, a
sus compañeros de estudio, sus profesores, sus amigos, sus
vecinos/as), háganlo con mucha prudencia, con mucha
humildad, siempre pensando que no tienen toda la razón, y que
incluso probablemente pue- dan estar totalmente
equivocados.
¿Cuántos errores he cometido yo? Muchos. Pero eso no es lo
que importa. Lo que importa es nuestra actitud para
reconocerlos, para reconocernos, para la autocrítica que nos
permita avanzar, que nos permita día a día conquistar los
grandes espacios vacíos, salvajes, oscuros, que los seres
humanos tenemos adentro.
Pronto nos veremos. Si sienten algún día la necesidad de
escribir- me, háganlo. Estamos juntos, a pesar de la
distancia.
Sé que difícilmente comprenderán, al menos en parte, esta de-
cisión mía de venirme para una zona del país donde se
puede vivir con más tranquilidad, en mayor contacto con
cuestiones demasiado importantes para mí, como son la
naturaleza y un ser humano más solidario. Ya oportunamente
iremos conversando eso, en detalle, y con tranquilidad.
Por favor, piensen en la gran responsabilidad que los dos tienen
en esta época. Responsabilidad con ustedes mismos, en particu-
lar (formarse para la vida); y la responsabilidad que tienen para
con su mamá y sus hermanos.
Jueguen con Andrés, aunque no le consientan pendejeras. Pero
no le peguen. Si deben reclamarle algo, lo llaman aparte y se lo
dicen seriamente y con cariño. El irá comprendiendo.
Levi: trata de ver en Ayarí aspectos muy positivos que ella
20
0
tiene. Sé que ella te quiere y es necesario que hagan esfuerzos
(más tú

20
1
que ella) para superar algunos obstáculos tontos que en
algunos momentos los han enfrentado. Dicen que son cosas de
mucha- chos, pero que es necesario darse cuenta de ellas y
superarlas.
Nos veremos pronto. Probablemente pasemos aquí juntos las
va- caciones. Se traen sus corotos de bucear y pescar. La
pasaremos muy bien.
Hasta pronto. Los quiere:

Gilberto
Pto Ayacucho 15/05/83

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2
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3
Capítulo 8
Desde la nostalgía
y el recuerdo

“Después, inflexible, el olvido irá carcomiendo la historia;


y aquellos que nos han querido restaurarán nuestra memoria a su gusto y a su
con recuerdos de sus vidas”

Joan Manuel Serrat


Para decir de Gilberto...

Gilberto Rodríguez Ochoa: caraqueño, pastoreño, caraquista,


conquistador, serio, simpático, agradable; de risa fácil, buen
humorado, inteligente, enamorado, humilde, buen compañero,
conversador fino, bailador sin excesos, rico en
conocimientos, despegado de los bienes materiales, amigo fiel,
poeta; un poco loco, lector, no fumador, tomador social,
repasaba las letras al escribir, se comía las uñas, muy llorón
cuando joven; fuerte cuan- do adulto, descuidado en el vestir,
trabajador, estudioso, izquier- dista, médico cabal, amante de
su padre, hermano responsable, padre amoroso, calvo con
orgullo, bueno, bueno, bueno. En fin, un personaje inolvidable,
era poseedor de todos estos atributos y los ejercía sin alardes,
en forma natural, sin pensar en ellos, pues en su interior, una
natural humildad se los impedía.
Lo conocí cuando comenzamos a estudiar bachillerato en el
liceo Caracas de la parroquia San Juan (1954) tenía 13 años
y era flaco, pequeño, pobre y estudioso.
Estudiábamos juntos y para los exámenes finales íbamos a El
Calvario con las sillas de extensión y todos los útiles. En
otras ocasiones estudiábamos bajo la sombra de los edificios
de la urbanización “2 de diciembre” allí, los residentes nos
enviaban frutas, café etc. Gilberto se venía caminando desde
La Pastora hasta los sitios que escogiéramos para estudiar.
Con Gilberto compartimos todo: ropa, libros, útiles,
hermanos, padres. Mi madre y mis hermanos lo adoraban,
mi hermano mayor disfrutaba de su inteligencia, elocuencia y
conocimientos. Junto a su familia disfrutamos las vacaciones
de los años 1956 y 1957: En 1956 viajamos a Puerto Píritu.
(Nuestro primer viaje fuera de Caracas) y disfrutamos del mar,
la laguna, pescábamos con los muchachos del pueblo y
organizábamos competencias para llegar nadando a un barco
abandonado que se encontraba lejos de la orilla.

20
3
Al finalizar bachillerato Gilberto y yo nos separamos: él se que-
dó en Caracas y yo me fui a Mérida. Cuando murió su padre,
Gilberto debió estudiar de día y trabajar de noche para
ayudar a cubrir los gastos de su hogar. En vacaciones nos
reuníamos y compartíamos lo que estudiábamos.
En una oportunidad fuimos a estudiar y luego a almorzar en
el restaurante de la UCV. Las mesas estaban llenas y al
despejarse una de ellas nos sentamos rápidamente, entonces
Gilberto tomó la servilleta del plato que una estudiante había
utilizado y le dijo al mesonero: a mi me traes un refresco, con
esto yo estoy com- pleto.
Ejerció la medicina sin sobresaltos, a todas las situaciones sabía
imprimirle la tranquilidad del sabio. Fue un médico ejemplar que
siempre estuvo al lado de los desposeídos. No creía en la
medici- na privada y se negaba a aceptar dinero por sus
consultas. Creía en las personas y a ellas se dedicaba con la
misma bondad que en ellas percibía.
Fue un revolucionario izquierdista: creía en la lucha de los
pueblos y nunca cambió su modo de pensar ni de vivir. Con él
aprendí a escuchar las canciones de Alí Primera. Ejerció
diferentes cargos en el MSDS con la misma abnegación; como
Ministro, fue un ejemplo constante de trabajo y dedicación,
jamás se dejó in- fluenciar por la importancia de este cargo.
La muerte lo sorprendió haciendo lo que siempre había querido:
vivir en una casita; sembrando la tierra, con cuatro animales,
leyendo y pensando mientras se deleitaba con alguna melodía.
Quizás su innecesaria pérdida debemos atribuírsela a los deseos
del Ser Superior de sentarse a charlar pendejadas con una per-
sona real.
Palabras más o palabras menos, quiero dejarles una glosa
que recuerdo. Él me la leyó cuando éramos muy jóvenes
(aproxima- damente de 16 años) la había escrito para una
muchacha de la cual estaba enamorado:

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4
Mientes al decirme que me amas.
Pues inédito en ti es el amor que no profesas
Libro amado que al abrir sus páginas
cuenta de mi errada pertenencia
Recuerdos tristes me traen estas glosas
escritas a la sombra de tu ausencia
de la vida mía cuando yo te amaba.

Héctor Romero Yépez

El amigo de luz infinita

Gilberto Rodríguez Ochoa fue para mí un amigo


incomparable, nunca olvido los largos viajes que realizamos
juntos por los cami- nos de Venezuela. También lo recuerdo
como interlocutor ameno y conocedor en extremo de su
profesión, en relación con la gente humilde.
Interesado por todo, era un compañero oportuno, en ningún
mo- mento se aburría, como yo. Le interesaba todo, tenía el
don del asombro, su interés por la vida sencilla. Con
paciencia oía mis explicaciones sobre el color de las cosas, las
flores, las piedras, los ruidos, los atardeceres. Se asombraba
cuando yo cambia- ba de tema para referirme a lo que
acontecía en el momento, preguntaba y opinaba; a veces me
corregía con muy buen tacto o me amonestaba discretamente
cuando yo confundía algunas cosas.
Música, sentidos, agricultura, plantas… a veces nos enfrascába-
mos en temas filosóficos y siempre, pero siempre coincidíamos
en conceptos de profundidad. Por ejemplo, una noche, en la
Serranía de Sanguijuela por allá por el Estado Sucre, cerca
de Carúpano, estaba Manuela con nosotros y cosa rara, a pesar
de que ninguno tomaba licor, esa noche, no sé de dónde
sacamos una botella de Güisqui y sin mucha ceremonia nos
echamos los palos. El contó historias, yo también las conté y
Manuela que nunca antes había tomado, esa noche también
tomó, es que esa
20
5
noche todo era distinto. Esa noche fue como la despedida de los
tres. Desde aquel parquecito veíamos las luces de Campoma,
las de Margarita y las de Carúpano. Había luna, estábamos
sobrios, callados, habíamos confesado cosas que no se
cuentan nunca pero esa fue una dramática hora que nunca
volvería a repetirse.
En la mañana emprendimos el viaje de regreso, íbamos
como ausentes. Hablábamos poco. Eran pocas las palabras
que que- daban por decirnos.
Días después estábamos en Bejuma. Manuela no iba con noso-
tros, Andrés Eloy tocaba su bandola.
Emprendimos el viaje hacia Camay. En ese sitio, Manuela y
yo dictábamos un curso de cerámica tomando como base su
cultura arqueológica, habíamos hecho buenas amistades y yo
entusias- mé a Gilberto para que conociera ese sitio.
Andábamos juntos otra vez, Gilberto no era todavía Ministro de
la Revolución. Fuimos a Pomare que es Altagracia, donde
está el viñedo. Había llovido y no pudimos pasar el río para ir
a Ca- may y debimos dar un rodeo, hasta que por fin pasamos.
Allí le mostré el horno de cerámica para leña y tomamos
varias fotos que todavía conservo. También fuimos a la casa de
Juan Libera que tiene el horno alfarero rústico para quemar
tejas, baldosas y ladrillos, tomamos varias fotos y el doctor se
interesó mucho en el asunto, fuimos a la casa del alfarero y
este nos preparó un almuerzo, allí conversamos largamente y
entre otras cosas Juan Libera se ofreció para dictar cursos de
su alfarería y de horno, si fuese necesario. (Hoy está vigente
esa oferta) y Juan todavía espera para que lo incluyamos en el
programa que soñamos en Camay.
Regresamos a Turmero y desde ese momento no nos volvimos
a ver hasta el día cuando nos visitó como Ministro de la
Revolución y se inauguró el Hospital de Sabaneta en el
Consejo.
Ya en Sabaneta sabíamos que el Ministro vendría a la inaugura-
ción y preparamos con gran cariño el recibimiento. La Dirección

20
6
del Hospitalito y nosotros, sus amigos estábamos llenos de
alegría

20
7
y en sitio apropiado decidimos hacer la galería “Alfredo Almeida”
con mis dibujos a plumilla para que adornaran un amplio pasillo
que aún hoy está recordando aquel emotivo acto.
Llegó el momento y allí estaba Gilberto Rodríguez Ochoa,
ves- tía sencillamente en camisa sin corbata, radiante de alegría
me tomó por un brazo y me llevó a sentarnos en el sitio en
el que recibiría al público. Era el mismo Gilberto: afable,
seguro, fino pero muy dueño de la situación, me sentí eufórico,
allí estaba el amigo, ahora investido con un cargo de gran
compromiso con esta Revolución.
Un tiempo antes de esa visita, había muerto mi señora, Manuela
Perdomo de Almeida, ese acontecimiento cambió el rumbo de
mi historia un 19 de febrero de 1999. Maritza asistió a su
entierro.
Yo conservo el libro que Gilberto me dedicó en 1978 con estas
palabras:
Para el maestro y amigo Alfredo Almeida y para esa entrañable y
gran mujer Manuela Perdomo:
Como para nosotros el tiempo siempre es ahora, y el pensamien-
to bueno es el tiempo presente, permítanme colocar en sus manos
estos escritos de lucha de ayer, de hoy y de mañana. Deseo
que vivan mucho físicamente, activos, viéndolos mezclados con el
ba- rro, con el conuco, con la pintura, con la cocina más
humana, con esta conmovedora y alegre fantasía de existir
que ustedes transmiten. Un beso para ambos.
Gilberto
Nunca terminaremos de lamentar ese viaje que ellos
emprendie- ron al infinito que nos está esperando. Para siempre
Gilberto vive en nosotros y con nosotros con las horas que nos
empujan hasta la victoria siempre. Somos él, como debe ser su
bandera en luz. Su antorcha no se apagará en nosotros y
podremos pasarla a las generaciones que ya están en puerta.
Alfredo Almeida
Pachaquito, Semana Santa de 2006

20
8
Un Quijote de Aragua en Amazonas

Muchas personas suelen estar agobiadas por crisis cíclicas exis-


tenciales y Gilberto Rodríguez Ochoa no podía ser una
excepción pues convivía en un clima social, cultural y político
que “cho- caba” con sus firmes convicciones político-ideológicas
de hacer posible una patria distinta. Por eso no nos fue extraña esa
especie de huída consciente desde las tierras de su querida
Aragua para encontrarse, a mediados de la década de los 80
con la magia misteriosa de la selva amazónica entre cánticos
de piapocos, su riqueza hídrica inconmensurable, la
extraordinaria belleza de su flora y fauna y por supuesto, la
diversidad multiétnica de su in- dianidad.
Era un médico de una personalidad sin lugar a dudas
polifacé- tica, militante de la vida y revolucionario integral,
de vocación nacionalista, trabajador incansable y de una
sabiduría envidia- ble. Para él fue muy simple construir con sus
propias manos y con diseño adaptado a las particularidades de
la región su propia vivienda y en el entorno de ella, cultivar
los frutos de la vida, aunque por lo impredecible de los
cambios climáticos de esta selva tropical y tal vez por desoír
las consejas de los nativos, dos años después, tanto la vivienda
como el conuco familiar fueron arrasados por una de esas
inundaciones que son frecuentes en la época de invierno.
Ese infortunio no lo amilanó y casi enseguida, en un
reencuentro de vida familiar; con la fuerza de su espíritu y sus
manos y el apo- yo de su esposa Maritza y sus cinco hijos,
construyó una nueva y hermosa vivienda, y al igual que Fruto
Vivas, fue un constructor creativo que supo combinar los
recursos de la naturaleza y de su entorno con los soportes
espirituales de una real convivencia humana. Por cierto, los
hijos, parecieran haber heredado de Gil- berto, además de su
inmensa capacidad intelectual, la amistad por el quehacer con
las manos y la cercanía a la construcción y a la tierra.

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9
Disfrutó como pocos, de la seducción que encerraba la
naturaleza amazónica, de la inmensa espiritualidad que le
proporcionaban aquellas aguas celestiales de sus ríos, de la
selva adentro, de sus montañas vírgenes y del misterio de sus
productos. En una oca- sión, conminado por un grupo de
ancianos piaroa que habitaban cerca de las montañas mágicas
del Autana, probó el yopo, una especie de estimulante natural
que utilizan los indígenas para sus ritos y pasó toda la noche
con severos malestares estomacales.
Las tertulias de los amigos y familiares con Rodríguez Ochoa, a
veces, resultaban interminables y en muchas oportunidades se
cerraban sólo obligados por la aparición de los primeros
rayos del sol. Siempre asomaba un tema especial para la
reflexión, el diálogo y la discusión fraterna. Su capacidad de
persuasión y el dominio del arte de los razonamientos y de la
dialéctica se perdían en el infinito.
A Rodríguez Ochoa, con aquellas credenciales de médico en
salud pública, docente universitario e investigador reconocido
a nivel nacional, no le importó perder posiciones en la escala
burocrática de sueldos y demás beneficios del personal profesio-
nal de carrera para optar un cargo en la estructura de
recursos humanos de la zona. Con esa estoicidad
inquebrantable acudía todos los días y puntualmente a sus
consultas de dermatología para atender a los indígenas y no
indígenas del inmenso territorio de la amazonía venezolana.
Nunca se doblegó ante el ejercicio de la medicina privada a
la cual combatió con apasionamiento casi religioso. La
medicina social era según él, la panacea para los
descamisados y con- denados de la tierra. Todos tenemos el
derecho a la salud sin discriminaciones de ninguna naturaleza
–decía-. La medicina no puede ser fuente para “hacer
negocios” –agregaba-.
Esa convicción social le generó muchos enemigos políticos. Ja-
más se prestó para paralizar un servicio de salud, aún
cuando la convocatoria hubiese provenido de grupos
gremiales de la derecha o de la izquierda venezolana.

21
0
En esos vaivenes y marejadas de la política venezolana, con
la añadidura del sostenido resquebrajamiento de la fuerzas del
sis- tema puntofijista, en aquella etapa de transición con la
presencia en la Presidencia de la República del Dr. Ramón J.
Velásquez, Ro- dríguez Ochoa fue designado como Director
Regional de Salud de Amazonas, cargo que desempeñó por
corto tiempo, habida cuenta de su personalidad y posturas
políticas radicales en con- tra de los desgobiernos de la IV
República, los cuales –a su modo de ver- estaban distanciados
de las reales necesidades sociales de la gente y practicaban las
corruptelas más despreciables que servían para incrementar la
pobreza de los nacionales, por eso siempre los consideró
cómplices de la entrega del país a fuerzas foráneas anti-
nacionales y apátridas.
Rodríguez Ochoa se mantuvo reacio a convertirse en militante
de nuevo cuño en el contexto de los partidos tradicionales y
junto a otras figuras de estirpe de luchadores sociales que se
reen- contraban en Amazonas, se agrupó en una primera etapa
en la “Sociedad de Amigos de Amazonas” y luego en el
Movimiento 11 de Mayo”, que en alianza con las fuerzas de
izquierda de la zona, organizaciones indígenas e
individualidades, llegó a convertirse en un combatiente activo
y beligerante en la lucha contra las “Nuevas Tribus” , así como
también de la misión religiosa corea- na y de los “garimpeiros”
buscadores de oro de las entrañas del suelo patrio. Las
organizaciones indígenas, en muchas ocasiones, lo colmaron de
reconocimientos y de formas espirituales de pro- tección junto
a sus dioses y cosmovisiones.
Sostenía con una convicción extraordinaria, que se transitaba
por un momento político y estratégico diferente, donde los
espacios sociales no podían ser cubiertos por las
agrupaciones políticas de “vieja data” y que era el momento
de propuestas políticas novedosas y regionales. En la
coyuntura electoral de aquel mo- mento y en el marco del
movimiento local “11 de mayo”, acep- tó la propuesta de ser
candidato a Alcalde de Amazonas, cuya votación, aunque
moderada, permitió la conquista de nuevos espacios de lucha
21
1
en contra de las fuerzas del establishment.

21
2
Al cristalizarse la opción real de gobierno de Chávez, Rodríguez
Ochoa fue convocado para que asumiera la cartera de salud
y permaneció en dicho cargo durante dos años, hasta que él
mismo dimitiera por razones personales. El Presidente Chávez,
en alocuciones públicas, siempre alabó su desempeño de
ciu- dadano integro y revolucionario de gran lealtad. Muchos
han sido las demostraciones de afecto y reconocimientos
hechos a los integrantes de su familia luego de conocerse el
trágico accidente donde pereciera en el Estado Carabobo.
Constantemente, en los predios del palacio de Miraflores y fuera
de éste, se le recuerda y admira.

César Arismendi

Crónica de frágil memoria


I
Muchas veces coincidíamos en la acera de costumbre y en el
sopor de ciertas horas. Era Maracay la misma de esta tarde, con
la diferencia de que los tantos afectos de aquellos tiempos
se han disipado: unos por viajes interminables; otros, por esa
fragua terrible de los desencuentros. Sí, fueron muchas las
veces, hasta que nos unió un libro que Gilberto escribió en el
recogimiento de la preocupación por las políticas sanitarias de
este país. Hoy, cuando la urgencia me lleva a decir algunas
cosas del amigo médico, y por las tantas mudanzas, no sólo
del espíritu sino de mi biblioteca, no encuentro el libro y su
título se me ha borrado, pero no la carga emocional de sus
páginas y la pasión humanísti- ca de sus palabras, más allá de
la frialdad del discurso científico. Se trataba de una tesis sobre
la medicina social, sobre la salud de este gentilicio que aún
busca dónde calmar sus dolores cor- porales.
Recuerdo difusamente el encuentro con Gilberto en el diario
El Imparcial, a finales de los años setenta, al borde de unos
fríos

21
3
ochenta cuya generación aún libera sus fantasmas. Entonces mi
amigo médico, dirigente del Movimiento al Socialismo, me llevó
su gracia escrita, su impronta literaria. Apareció una nota escrita
con la alegría juvenil de quien sentía en Gilberto Rodríguez
Ochoa que la puerta del éxito estaba ante sus ojos y los
nuestros.
II
La casa del MAS quedaba en la calle Páez frente a la
Asamblea Legislativa. José Antonio Sucre, periodista, fundador
junto con muchos del partido naranja, me acota que Gilberto
era un hom- bre dedicado por entero a la medicina solidaria.
“Gilberto era un hombre muy sensible, abierto y generoso. Llegó a
formar parte de la directiva del MAS y se destacó por su
capacidad académica y humana. Silencioso, observador, sabía
diseñar políticas próximas a las necesidades de la gente más
débil. Se hizo querer por todos, por su fuerza vital y por su
calidad como ser humano. Inteligente, dado a los amigos, supo
también confrontar con entera pasión a sus compañeros, pero
siempre él, honesto y amigo”.
La política, entonces, ocupaba gran parte de la vida de este
médi- co venezolano, entregado a respirar por sus pacientes y
prójimos. “Atendía la medicina pública. Muchos son los
profesionales de la salud que podrán dar fe de la angustia de
Gilberto por lograr la salud de su gente, de su país. Y su
sueño, cambiar las cosas, ser más generosos, más sanos, más
solidarios.
Pasaron los años y nos alejamos. Llegó a ser Ministro. La
muerte de Gilberto nos marcó. Regresamos al pasado con su
nombre. Era un hombre bueno, de eso no hay duda”.
III
Cada quien en lo suyo. Un día me tocó ir a su casa de Turmero.
Se mudaba, por cuestiones de trabajo o curiosidad científica, al
Amazonas. De nuevo renovamos afectos. Gilberto me
confesó que andaba buscando algo: “lo que a uno se le pierde
siempre”. Recuerdo que el médico amigo tenía unos animales
en la sala. Una culebra en una cesta. La mujer de mi
21
4
hermano se asustó. Gilberto la calmó y le demostró que la
serpiente era tan tranquila como el silencio de sus ojos.

21
5
Supe que se había ido a trabajar al Hospital José Gregorio
Her- nández de Puerto Ayacucho.
Mi hermano vivió alquilado en la casa turmereña de Gilberto
el tiempo que él duró en Amazonas. Unos dos años, si no me
equivoco.
IV
Mi amiga Daisy Camacaro me invita a traerlo un rato a estos
días, gracias a las páginas de este libro que celebra la vida
de Gilberto Rodríguez Ochoa, el médico, el hombre, el
soñador, el revelador de poemas, el amigo, el servidor público.
Por esa razón esta crónica frágilmente olvidadiza. Me valgo de
los datos de mi mala memoria: el afecto rescata imágenes,
emergencias.
A quienes lo tienen cerca, familiares, amigos y colegas, estas
pa- labras más allá del tiempo y del dolor que nos causó su
muerte. Seguro traía en el cuerpo los aires de Aguirre, los
aromas de esa hermosa tierra carabobeña, la prometida para
la reflexión y la eternidad.
Hoy, cuando ha pasado el tiempo, me estaciono a diario en
la misma acera. A veces siento que alguien pasa y levanta la
mano de un saludo. Veo a Gilberto, su sonrisa tímida, su
paso lento hacia la puerta de la otrora casa del MAS. Se
pierde detrás de una mata que ya no es, pero sigue vigente en
la mirada de quien la recuerda. Otras veces sale y se aleja,
como quien va hacia Turmero.
La amistad, pese a la distancia, continúa. Cuando me asalta
la memoria, brindo por los amigos, pero sobre todo por quien
tuvo en la medicina y la gente sus más caros afanes. Entonces
aparece
-entre amigos de bohemia- el nombre de Gilberto y
sonreímos, nos damos la mano y nos echamos al recuento
de esa vida que seguirá insistiendo, que seguirá pasando con el
tiempo, para que la eternidad no nos tome desprevenidos.
Salud.

21
6
Alberto Hernández

21
7
Recuerdos de un buen profesional y amigo

Conocí al Doctor “Rodríguez Ochoa” (como le llamábamos en


Amazonas), por referencia antes que personalmente, Nora Gon-
zález –quien también ya está en el cielo– le nombraba
mucho y siempre con gran cariño. Nora, misionera salesiana
entre los yanomami de Mavaca, era una excelente
enfermera.
Cuando ella iba a Puerto Ayacucho, tocaba a las puertas del
Doctor Rodríguez Ochoa para hacerle mil consultas sobre los
problemas de piel que aquejaban constantemente a los niños y
siempre era bien recibida. Las instrucciones iban siempre acom-
pañadas de pomadas y medicamentos, beneficios utilísimos
para la población yanomami.
Pasados unos años, lo conocí personalmente, yo
acompañaba a un paciente que requería su atención y pude
corroborar las buenas referencias escuchadas.
En Puerto Ayacucho solía verle en Amavisión, el Canal de TV del
Vicariato de Puerto Ayacucho, en el espacio semanal de
salud, donde con gran pedagogía, instruía y formaba a la
población. Cuando fue comisionado de Salud del Estado
Amazonas puso gran empeño en un Proyecto de Salud en el
que quiso involucrar a todas las fuerzas vivas de la región, sin
olvidar las educativas. Quería que la atención en salud llegara
a cada grupo étnico, a cada comunidad, a cada persona.
Posteriormente y de manera más familiar, compartí muchas veces
con él, cuando venía a buscar a Andrés Eloy, el más pequeño de
los hijos, que estudiaba en nuestro Colegio “Madre Mazzarello”.
En algunas ocasiones solicitamos la casa de familia que
tenían a las afueras de Puerto Ayacucho para hacer jornadas de
retiros espirituales entre las Hermanas. Recuerdo una vez que
no estaba Maritza, la esposa, pero cuando llegamos, la casa
estaba bien limpia, pues él con Andrés Eloy, había barrido,
pasado coleto y pulido el piso.

21
8
Era un amigo apacible, servicial, se podía intercambiar ideas
con él. La gente de Amazonas le quiso, le apreció en su
labor profesional. Allí dejó muchos amigos. Particularmente creo
que ahora, desde la cercanía con Dios, que ya goza, ayuda
todavía más a los indígenas y a toda la gente de esa
hermosa región venezolana.

Con un grato recuerdo:


Sor María Isabel Eguilor

Gilberto: un hombre de huella permanente

Para encontrarme hoy con ustedes conjugué fuerzas afectivas e


intelectuales. Afectivas porque hay que hacer uso de la
templan- za espiritual para sentarse algunas horas a pensar
en los seres físicamente ausentes e intelectuales porque eché
mano de mi ex- periencia como investigadora de la cotidianidad
para reconstruir desde mi subjetividad a ese amigo tan querido.
Esa experiencia me permite creer que esta percepción
particular va a coincidir con la de quienes lo conocieron.
Volqué mi mente hacia los recuerdos de aquellas tardes
después de clases, entonces, desanudé las conversaciones que
sostenía- mos en los cubículos, en los pasillos, en el
estacionamiento del Núcleo y así, fui entretejiendo tiempos,
vivencias y esta semblanza que quiero compartir.
¿Qué imagen evoqué? La de un hombre menudo, con su guaya-
bera blanca, sus sandalias y con su inconfundible sonrisa. ¿Qué
tiempos vinieron a mi memoria? Aquellos años de los 80 cuando
nos conocimos y estrechamos una gran amistad que no se
funda- ba precisamente en puras coincidencias, sino todo lo
contrario, porque teníamos también profundos desacuerdos.
Todo iba muy bien cuando hablábamos mal de los adecos y
echábamos pestes de la política de EEUU hacia nuestros
pueblos o de los retos de
21
9
la universidad. Nos divertíamos muchísimo contándonos chistes
y chismes… en fin, todo era cordialidad hasta que tocábamos el
tema de la discriminación de la mujer, su ubicación en la socie-
dad y temas afines. En ese punto llegábamos a veces, a
términos irreconciliables, yo desbordaba toda mi pasión e
impaciencia y él apacible me decía: - calma niña que se te van
a desorbitar los ojos, mira, la principal lucha de la mujer es
conquistar igualdad de derechos en lo laboral todo lo demás es
feminismo radical - y yo le refutaba que la principal opresión
ocurría en el hogar y su cotidianidad, y que todo lo demás era
comunismo acrítico. Ya a esos niveles terminábamos la
conversación abruptamente, y al día siguiente volvíamos a ser
los amigos de siempre.
Estaba segura de que Gilberto comprendía la esencia de lo que
yo quería transmitirle, porque un hombre que abogó por los tra-
bajadores explotados, que renunció a las prebendas que
pudo darle su profesión y que tuvo la entereza de reconocer
que, de la mayoría de sus colegas, no esperaba grandes
esfuerzos para transformar la realidad no podía ser ajeno a
mis angustias y yo sabía también que para él fueron vitales sus
planteamientos para alcanzar la equidad entre hombres y
mujeres.
En ese transitar por los recuerdos, me tropecé con una
anécdota que sugiere al amigo, al médico que fue Gilberto:
mi mamá tenía una lesión en el cuero cabelludo. Para ella
una clínica lu- josa, un médico alto, con impecable bata
blanca, es sinónimo de sapiencia médica, obviamente buscó
atención en el Centro Médico de Caracas, en el Hospital de
Clínicas Caracas, en el Instituto de Diagnóstico; pero ninguno
de esos lugares le resolvió el problema, entonces le propuse
que consultáramos a Gilberto; advirtiéndole previamente que
debería ser en el hospital y que tendría que esperar su turno y
además, le aclaré que él era un hombre de una apariencia
muy diferente a lo que pudiera espe- rar. Convencida ella, nos
fuimos al hospital. Durante la espera, salió Gilberto al pasillo y
se lo presenté, cuando él se fue me dijo:
¿y ese es el médico que me va a examinar? Sí –le dije - él es un

22
0
excelente dermatólogo, ella me miró y refutó: con esa pinta
de derrotado...lo dudo. Resistí pacientemente sus comentarios
hasta

22
1
que entramos a la consulta y entonces él, con su amabilidad, la
atendió sin apuros, le observó con detenimiento la lesión, luego
se subió en un banquito para bajar de un estante dos libros, los
abrió y le enseñó a mi mamá fotos para explicarle acerca de
su problema y le indicó un tratamiento. En menos de 15 días
me- joró, entonces mi mamá se empeñó en que tenía que
llevarle un regalo y todos los días me preguntaba: qué le puedo
comprar a ese médico, tan. excéntrico él, con sus sandalias, su
guayabera
y su sencillez. En esos 15 días, ella pasó de asignarle un
aspecto de derrotado a uno de excentricidad y sencillez.
Este relato dibuja con profunda crudeza, el imaginario colectivo
que la cultura dominante ha construido sobre lo que debe
ser un médico y Gilberto fue, por fortuna, la antítesis, el
antihéroe de ese médico distante que cree tener en sus
manos la vida y
la muerte de sus pacientes, que apela a siglas incomprensibles:
ACV, UCI, TAC, y que usa como herramienta ideológica para
reafirmar lo inalcanzable de su sabiduría, la escritura ilegible.
Gilberto en su praxis profesional fue la esencia, la impronta del
buen proceder médico.
No importa en qué fecha nació Gilberto, lo importante es que
pasó por el mundo y lo conocimos, no importa qué títulos
obtuvo, mucho menos qué cargos ocupó, lo importante es
que donde estuvo, fue un médico que no hizo transacciones ni
pactó con el poder para corromperse, que no se entretuvo en el
camino hacia la búsqueda de lo justo. Siempre destinó
esfuerzos para la lucha política. Siendo apenas un adolescente
combatió la dictadura y como profesional de la salud, fue un
activista de la contienda gremial. Quienes respetamos la
irreverencia, vimos en Gilberto el aliado para la denuncia, la
protesta, el uso de la palabra sin cortapisa, la crítica certera
contra la corrupción política.
Les confieso, que me era extraño ver en la prensa su foto
con ese traje obligado de Ministro, y a la vez era tan
simpático leer sus declaraciones donde decía ser ateo y de
profesión soñador, donde refería con tanta valentía la
discusión de la eutanasia, tema que junto con el del aborto, es
22
2
obviado por la generalidad del gremio médico. Sus
confesiones eran un zarpazo a la doble moral y la hipocresía
social.

22
3
Ese equipaje psíquico, afectivo e intelectual, le permitía inven-
tar cosas en su vida. Durante algunos años, en ese empeño por
ser un médico comprometido, puso de lado los beneficios de
la ciudad, y probó vivir en Amazonas, tratando de materializar
ese sueño de trabajar en las zonas olvidadas y por la salud de la
gen- te ignorada. Retos voluntarios, que sólo pueden hacer
quienes no pierden la credibilidad en sí mismos y no viven para
soñar, sino que sueñan la vida.
Recuerdo esos tiempos, cuando se rumoraba que él podría
ser el próximo Ministro de Salud. Me lo encontré en
CORPOSALUD y compartimos algunas impresiones al respecto,
bajo la sombra de un árbol, como retomando la vieja
costumbre de conversar en los estacionamientos. En lo
personal, estaba segura de que la motivación de Gilberto para
aceptar ese cargo no era otra que era la posibilidad real de
hacer cosas por este país y su gente. Me comentó que una de
sus preocupaciones no era el problema de los recursos
presupuestarios, sino cómo enfrentar la cultura del trabajador
público, estaba convencido de que esa era una de las
principales enemigas de cualquier gestión, creo que su
inquebrantable espíritu de lucha y su capacidad para inventarse
los sueños, fueron las cualidades que lo fortalecieron para
asumir esa responsabilidad, sin embargo, y como vaticinando el
futuro, ese día me confesó textualmente que si el monstruo
público tenía mil cabezas, no iba a pensar dos veces para
apartarse del cargo y volvería a reencontrarse con la tierra.
Cuesta creer que personas acostumbradas al fogueo, puedan
apartarse de esa cotidianidad política y profesional, pero, desde
hace algunos años para acá, he aprendido que la vida tiene
insospechados atajos, que tal vez no podemos soslayar.
Cuando Gilberto ya como Ministro, visitó a Aragua, fui al
Hos- pital Central de Maracay a saludarlo y a entregarle, en
nombre de las mujeres de Aragua, una carta en una hoja
amarilla - mi color de suerte – y de mi puño y letra, como se le
debe escribir a los amigos. Acercarme a él, entre tantos
periodistas, parecía una misión imposible, pero al fin, logré
dársela y él, como siempre, con gesto deferente, se la metió
en el bolsillo superior de su traje obligado de Ministro,
22
4
obviamente no se le veía nada elegante ese

22
5
papel amarillo sobresaliendo en el pecho, pero así lo vimos
en la flamante foto de prensa. En el día Internacional de la
Mujer, recibí una llamada de la doctora María Urbaneja, quien
después fue Ministra de Salud, para decirme Gilberto me
pedía que le enviara por fax, algún mensaje a fin de
publicarlo en la prensa nacional.
Había pasado mucho tiempo desde aquellos altercados teóricos
nuestros sobre la mujer. Él siempre reconocía que yo era una
de las primeras personas que lo había sensibilizado a
reflexionar sobre el tema y ese día sentí una gran alegría, creo
que fue el pri- mer Ministro de Salud que se manifestó
públicamente al respecto. Ustedes podrán imaginar que yo, no
sólo le pasé un mensaje, sino que aproveché la oportunidad
para recordarle, entre otras cosas, que en las mujeres ha
recaído, sin costo alguno para el estado, un significativo
porcentaje de la atención primaria en salud. Estimo que
como Ministro, tuvo clara la importancia de la
descentralización, así como la urgencia de cambiar el modelo de
atención; por ello promovió una visión de atención integral en
salud. Él, más que nadie, comprendió la relevancia de las
uni- versidades y la academia en todo ese proceso de
transformación en salud. El tiempo que transitó en el cargo fue
desbordado por las incansables horas de trabajo. Hoy
pudiéramos juzgarlo por su tenacidad y empeño, nunca por
la desidia, ni la corrupción. Quienes lo queremos tanto, sólo
agradecemos sus esfuerzos y sus aciertos.
Como Gilberto era tan irreverente, estoy segura de que en este
momento está mirándonos y en cómplice amistad, nos esboza
su inimitable sonrisa.

Marbella Camacaro Cuevas

22
6
Mi profesor de Historia de la Medicina

Hoy, con estas líneas hago un recuerdo muy especial para el


doc- tor Gilberto Rodríguez Ochoa, quien fuera mi profesor de
Historia de la Medicina en el 5to año de la carrera en el
Núcleo Aragua de la Universidad de Carabobo: Sus clases eran
especiales pues despertaba en nosotros el interés por conocer la
verdadera histo- ria de la profesión médica con una visión
crítica. Disfrutábamos con él la naturaleza y los espacios
abiertos. Algunas de sus clases se desarrollaban en la famosa
pérgola del Hospital Central de Maracay. Allí nos reunía a
todos y hacíamos nuestros seminarios y discusiones. Las tardes
transcurrían discutiendo sobre temas so- ciales y de interés sobre
la historia. Un día nos presentó su libro Del ejercicio privado de
la medicina o de la alienación del acto curativo. El contenido
de ese libro me marcó para siempre en el ejercicio de mi
profesión.
Hacia el final de mi carrera, supe que el Dr. Rodríguez se iba
a vivir al Amazonas y que había renunciado a la Universidad y a
su cargo del Hospital en Maracay. Recuerdo que a mí me
pareció asombrosa esa decisión, ya que no era tan fácil para
nosotros entender en ese momento el cambio de vida pues
éramos unos jóvenes estudiantes. Un año más tarde, al
graduarme de Médico, conseguí trabajo en el estado Guárico,
en Cabruta, un pueblo ubicado al margen del Río Orinoco
frente a Caicara del Orinoco. Gilberto Rodríguez Ochoa supo
que yo estaba allí y un día me visitó. Después de esa visita,
cada vez que se desplazaba hacia Puerto Ayacucho, hacía una
parada en Cabruta para visitarme en la Medicatura. Lo
recuerdo vestido con camisas guayaberas y usando sandalias
de cuero: muy sencillo. Su rostro, siempre sereno y con una
sonrisa hermosa.
Después perdí el contacto por un tiempo y nos volvimos a
encon- trar en el año 1991 cuando realicé mi Curso Medio de
Salud Pú- blica en Maracay. Para ese momento él trabajaba con
el Proyecto Salud para el Ministerio de Sanidad y Asistencia
22
7
Social y cuando le conté que estaba trabajando como
profesora en el Departa-

22
8
mento de Medicina Preventiva y Social en la Escuela de
Medicina en la Morita, expresó su complacencia porque sus
alumnos estu- vieran formando a los nuevos profesionales de la
carrera.
Cuando fue nombrado Ministro de Salud en el año 1999,
recibí una llamada en mi celular y para mi grata sorpresa era de
él: me proponía que lo acompañara en su gestión, como
Directora de la Antigua Escuela de Malariología y Saneamiento
Ambiental. Le respondí de inmediato que sí, que contara
conmigo. Me pidió que transformara la Escuela en un Instituto
de Altos Estudios. Como decimos popularmente, me dio “luz
verde” para que hiciera lo que fuera necesario a fin de
alcanzar ese objetivo. Emprendí de inmediato ese trabajo y
justo al año, pude presentarle como cumplida, la misión
encomendada.
Su propósito de transformar el Ministerio no fue una labor senci-
lla. Desde lo personal creo que uno de sus deseos se cumplió:
ver engrandecida la famosa Escuela de Malariología y
transformada en una Casa de Altos Estudios con perfil propio
que titula a sus egresados.

Evelín Escalona
10 de marzo de 2006

En Amazonas
Algunos episodios de su práctica social

Quizás el primer encuentro significativo donde participé con Gil-


berto fue aquel homenaje que se le hizo a Alí Primera, dos años
después de dejarnos. Nos acompañó Ramón Primera, “Moncho”
hermano de Alí, también médico y quien había compartido
las aulas de la U.C.V. y otros escenarios de lucha con Gilberto.
Habíamos escogido para el homenaje el espacio del antiguo
22
9
Colegio Pío XI de Puerto Ayacucho, donde por segunda vez nos

23
0
deleitamos con el talento de cantantes amazonenses, entre ellos
Francisco Gámez, Miguel Angel Ramos, Marisela Barrios, Grupo
Baré de los hermanos Olegario, Nestor Payema, Victor Ramírez,
y contamos con la producción y animación del profesor
Ronal- do Olegario, organizador del recordado Festival de la
Canción Mensaje de Puerto Ayacucho, indicador ineludible de la
concien- cia política de la región.
Ya la semilla de la amistad con Gilberto comenzaba a germinar
y con el abono de coincidencias ideológicas, era casi
imposible que no creciera en terreno fértil, como efectivamente
sucedió.
Para los años 1.986 - 87, estábamos en Puerto Ayacucho en
el Museo Etnológico de Amazonas, “Monseñor Enzo
Ceccarelli”, adscrito al Vicariato Apostólico de Puerto Ayacucho
e inaugurado un par de años antes. Allí, además de las
actividades propias del Museo, realizábamos reuniones para
tratar diversos aspectos problemáticos de la ciudad (falta de
agua, fallas en la electrici- dad, calidad de la educación, etc) y
de la defensa de los pueblos indígenas. Estas reuniones no tenían
nada de clandestinas ya que Monseñor Enzo Ceccarelli, Vicario y
Obispo de Amazonas venía de liderizar las luchas de
solidaridad en el conflicto de 1984, entre el terrateniente
Herman Zingg y el pueblo piaroa, en el Valle de Wanay y
conocía a todos los que promovían las reuniones en el Museo:
Gilberto Rodríguez Ochoa, Héctor Valverde Aristimu- ño, Rubén
Montoya, César Arismendi, entre otros, Monseñor los había visto
en las primeras filas de la lucha a favor de los indíge- nas y
enfrentando a Zingg y a sus aliados políticos: Paulina Ga- mus,
David Morales Bello y los muy recordados asesores legales,
Rottondaro y Koësling, nombres muy sonados recientemente, a
propósito de las famosas “Guarimbas” que se dieron en algunos
sectores del este caraqueño en las conspiraciones reaccionarias
del 2002 y 2003.
Gilberto fue siempre coherente en el plano profesional, con
lo que había denunciado en su libro “Del ejercicio privado de
la Medicina o de la alienación del acto curativo” (Fondo
Editorial Proceso, Caracas, 1.979) Él se resistió a ejercer la
23
1
medicina privada. Peleó desde que llegó a estas tierras, por
una práctica

23
2
médica respetuosa de todos y en especial, de los indígenas, su-
jetos de racismo cotidiano y más en esos cenáculos de dominio
jerárquico en el que devinieron las dependencias de salud, a
lo que se le sumaba la falta de dominio de los idiomas
indígenas por parte de los médicos y el personal paramédico
para atender a los pobladores, algunos bilingües y otros
monolingües en su idioma materno (hivi, uwotjuj0a, ye´kwana,
baré, yanomami, curripaco, baniva, piapoco, etc) realmente, lo
que se practicaba en esos centros era algo muy cercano a la
Veterinaria.
Por su especialidad de dermatólogo, tenía que realizar el control
de las prostitutas de Puerto Ayacucho y del pueblo fronterizo de
Cazuarito de Colombia. En estas consultas, su ética lo conducía
a tratar con largas conversaciones plenas de cariño y
comprensión a esas mujeres, a quienes les hablaba “de la
hermosa puesta de sol del día anterior o del prolongado
aguacero de hace dos días” como escribimos en diciembre del
2002 (Amigos. En: revista “La Iglesia en Amazonas”,. Nº 98,
diciembre 2002, P. 45).
Esta forma de ver al paciente como uno igual, lo caracterizó
des- de siempre. Como médico especialista le tocó trabajar en
uno de los leprocomios del litoral central del país. Con ello fue
moldean- do su formación y reivindicando, para todos, la noble
profesión de la medicina.
Recordamos igualmente, que coordinó las pasantías de los estu-
diantes de Medicina, que se encontraban en Amazonas.
En algún momento nos comunicó, que en los informes que
en- tregaban los pasantes al culminar su pasantía, siempre
indicaban que las charlas que dictábamos, de Dermatología y
Antropología de Amazonas eran, según ellos, las que más le
habían aportado, a honra nuestra.
En una oportunidad, pude constatar en carne propia el
alcance del daño que puede hacer al paciente una huelga de
médicos. Entonces me encontraba trabajando en Caracas y una
infección en uno de los dedos de mis manos me hizo acudir a
un hospital del cual fui rechazado, pues sólo se atendían
23
3
casos de emer- gencia. Argumenté que el mío era un caso de
emergencia, y me

23
4
contestó el médico de guardia que emergencia era en caso
de muerte…
Con un episodio como el anterior, me era imposible no tener
presente a Gilberto, quien siempre cuestionó las huelgas
médicas y él, a pesar de que sus colegas no pasaran
consultas, cumplía con su compromiso… y así como era
gentil, sonriente y cariño- so, también era rígido, valiente y
fuerte cuando la vida le exigía ese comportamiento, como en
aquella oportunidad en la que un sindicalista adeco lo
amenazó y no tuvo más remedio que enfrentarlo con una
pistola.
1992 fue un año que signó los destinos del país, para Gilberto
no fue un año de mucha tranquilidad, al igual que para muchos
ve- nezolanos y venezolanas que decidieron dar ese salto
cualitativo en aras de una sociedad más justa, por la cual
habíamos luchado desde los tempranos años liceístas.
Cierto día llegó a su casa una nota donde se le participaba
que tenía que comparecer ante la Fiscalía Militar para, como
siempre, tratar asuntos de su interés…En cuanto esta citación se
produjo en la institución militar, y antes de que llegara a manos
de Gilberto, uno de sus tantos amigos o pacientes debe haber
recordado sus acciones llenas de humildad y bondad y de
manera clandestina y anónima, tomó el teléfono y llamó a uno
de los tantos amigos de Gilberto, para que le comunicara que
pronto le allanarían su residencia.
Esta llamada fue recibida por Héctor Valverde, abogado de pro-
fesión y militante revolucionario desde la década de los sesenta,
quien jugó papel preponderante en la asesoría legal y
política de los indígenas piaroa– uwotjuja de Valle de Wanay y
luego en 1998 se incorporó activamente a la estocada final
del modelo político venezolano instaurado a raíz de la caída de
Pérez Jimé- nez. Valverde se comunicó inmediatamente
conmigo para que en breve tiempo encontrara a Gilberto e
hiciera llegar la noticia a su casa. Ambas tareas se cumplieron y
Maritza pudo sacar de su casa una escopeta 16 y una 7.65 con
las cuales protegía a su familia. Así logró evitar que

23
5
consiguieran alguna evidencia que

23
6
pudiera involucrarlo en acciones conspirativas. Como revolucio-
nario de toda la vida, Gilberto no podía permanecer de espaldas
a lo que el pueblo venezolano venía anunciando desde 1989.
En 1992, con la insurrección en marcha y en su condición de
mé- dico que trabajaba con los militares, se precisaba de
alguien que entrara a la sede de la Brigada del Ejército de
Puerto Ayacucho y contactara con un Mayor, para que éste
asistiera a una reunión a celebrarse en Puerto Páez. Con las
indicaciones en mano, entró a la Brigada y por las señas
abordó al Mayor y le participó de dicha reunión. Los datos
que le habían proporcionado, tenían error en los apellidos
del militar, y lo condujeron a la persona equivocada, quien
inmediatamente reportó la novedad a la ins- tancia de
Inteligencia del Ejército a los pocos días tres Coroneles de la
Fiscalía Militar de Caracas se apersonaron en la región y
luego de intenso interrogatorio decidieron el allanamiento de su
casa. Al no reconocer lo afirmado por el Mayor y sin haber
encontrado ninguna evidencia de estar participando en los suce-
sos que ocurrieron en ese año, tuvieron que dejarlo en libertad,
previo el habitual chequeo sobre su persona que suelen realizar
los organismos de seguridad.
Muchas de las familias amigas de Gilberto y Maritza, entre ellos
César Arismendi y Carmen Emilia, Rubén Montoya y Gisela y
Antonio Graterol y América, Freidman y Martha, Miguel Angel
y la novia del momento, Alejandro y Cuba,
acostumbrábamos vernos frecuentemente y compartir salidas a
los pozos, las fiestas de nuestros hijos y, sobretodo, los días
navideños. Con frecuen- cia, Cuba y Miguel Angel sacaban
sendas guitarras e iniciaban la velada musical con las
canciones de Pablo Milanés y Silvio Rodríguez y con el pasar
de los tragos y atizando la brasa de los pollos o de la parrilla,
se llegaba a Felipe Pirela, Los Panchos o a María Teresa
Chacín. Con el tiempo llegó una amiga, de exce- lente voz, de
condición humana inigualable, madre amorosa y miembro de
familia de revolucionaria, desde Gallegos para acá. También
apareció en la región un operador de turismo, compa- ñero de
nuestra amiga y ambos se unieron al grupo de familias que

23
7
compartíamos momentos de diversa naturaleza y motivación,

23
8
casualmente, todos no nacidos en Amazonas, a excepción de
César Arismendi.
Continuaron nuestros encuentros y las referencias de cada
quien de su vida: las andanzas políticas en el PCV, en el MAS
luego de la división, otros en el MIR antes de la división y
posterior a ella, unos para la Liga Socialista y otros para los
Comité de Luchas Populares (CLP), brazo legal de Bandera
Roja (la original y no la traidora de los actuales momentos) y
nuestro querido amigo operador de turismo participaba en los
comentarios de la gra- ve situación del país y escuchaba
sobre la práctica política que habíamos tenido, sin embargo,
como casi todos habíamos sido vacunados por la triple de los
tres monitos: no ver, no oír y no hablar, a pesar de que
éramos compañeros, siempre se evitaba algún dato en primera
persona de alguna actividad puntual don- de se hubiera
participado políticamente.
En 1990 o 1991, se creó la primera delegación de la DISIP
en Amazonas y cuál no sería nuestra sorpresa, al enterarnos
que el buen amigo de turismo fue nombrado como el primer
Jefe de la Delegación de la DISIP en Amazonas y al
inaugurarse la sede actual de esa institución, en la
urbanización Alto Parima de Puerto Ayacucho, el Ministro del
Interior, Sr. Luís Piñerúa Ordaz, lo ascendió a Comisario
General es decir, que como policía, el recorrido debió haber
sido largo.
En honor a la verdad, nuestro amigo el Comisario General tenía
como norte las áreas de narcotráfico y secuestro y como
para esos momentos participábamos de la lucha social y
reivindica- tiva, nunca actuó en términos represivos hacia
nosotros. Con el tiempo, el amigo Eduardo fue comisionado
para realizar trabajos de investigación de carros robados en
Venezuela y llevados a Colombia y luego de arduas y
peligrosas investigaciones, pudo conocer en carne propia hasta
qué punto los gobiernos reaccio- narios y cómplices de ambos
países, utilizan a funcionarios en mi- siones difíciles y luego los
abandonan para que éstos asuman en forma individual y
familiar el precio de haber servido a la patria. Con el tiempo, él
23
9
tuvo que salir de Colombia por los caminos verdes y
enconcharse en Venezuela durante largos años.

24
0
10 de marzo de 1786: nacimiento de José María Vargas. 10
de marzo de 2002, muerte trágica de Gilberto. Parafraseando a
Pablo Milanés, diríamos si Vargas fundó La Medicina en nuestro
país, Gilberto la dignificó.
Para concluir este reencuentro con Gilberto, sólo me queda ex-
presar que el amigo siempre es recordado en Amazonas y más
en estos tiempos de revolución, cuando hace tanta falta
hombres y mujeres de la talla de Gilberto, en humildad,
solidaridad, hones- tidad, liderazgo, capacidad y, como decían
los viejitos, que tanto recordaba, don de gente, valores éstos, que
tanto precisamos en todas las escalas, para los retos que
tenemos como sociedad.

Alejandro J. Signi Sánchez

Médico a carta cabal

Cuando conocí la noticia de su designación como Ministro de


Sanidad di gracias a Dios, porque al fin llegaba al Despacho
un Médico a Carta Cabal, bien formado académicamente,
con ideales humanitarios y sociales firmes y amaba su profesión
y la ejercía como un apostolado.
Lo conocí desde muy joven -a los 16 años- cuando
estudiábamos bachillerato en el Liceo de Aplicación y
posteriormente cursamos juntos la Carrera de Medicina. Era
sencillo, alegre, preocupado por los problemas sociales,
decidió la especialidad médica que le permitía soñar y cumplir
con su manera de concebir la práctica de la medicina.
Nos criticaba, respetando nuestra intención de abordar otra vi-
sión de la carrera, pero nos quisimos como verdaderas
hermanos incluyendo, en todos nuestros momentos
importantes, a familia- res y amigos cercanos.

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1
En la Universidad, compartíamos tristezas, inconformidades, li-
mitaciones económicas, sueños, alegrías, etc. Todo ello me
sirvió para crecer con él y considerarlo un gran amigo y un gran
maes- tro a pesar de nuestra juventud.
Lo recordaré toda mi vida. Pienso que seres como ese tienen
que estar en un plano Superior por toda la eternidad.

Maura Elena Medina de Romero

Notas para la Historia


A un Maestro Compañero y Amigo

Cuando comenzó el año 1994 asumió la Dirección General


Sectorial de Malariología y Saneamiento Ambiental un
Médico Sanitarista, Dermatólogo, nacido en la populosa
Parroquia de la Pastora en la Ciudad de Caracas, pero
procedente del Estado Amazonas, donde había ejercido
importantes cargos, tanto en la Dirección del Hospital de Puerto
Ayacucho como en la Dirección Regional de Salud de esa
Entidad Federal.
Con este lenguaje de conocimiento, y experiencias el doctor
Gilberto Rodríguez Ochoa, comienza su tránsito por una organi-
zación conocida por él a través de sus historia pero, desconoci-
da en sus aspectos organizacionales operativos y técnicos, esta
situación despertó expectativas y curiosidad en el personal, ya
que a decir del propio doctor Rodríguez Ochoa, él no era hijo le-
gítimo de Malariología, si acaso, un hijo adoptivo, su gestión fue
difícil puesto que coincidió con los procesos de Reestructuración
del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social y con la discusión y
firma de los Convenios para la Descentralización Administrativa
del Sector Salud y con ello de los Programas de Malariología.
Las decisiones obligantes en estas materias, profundizaron el
descontento y animadversión de muchos trabajadores y ex fun-
cionarios puesto que fueron consideradas como entreguistas
por
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2
considerar que ningún nexo afectivo ni doctrinario lo unía a
la organización que dirigía.
El doctor Rodríguez Ochoa defendió con fuerza la tesis de
que Malariología no podía continuar operando bajo un enfoque
ana- tómico, parcelado, individualista de sus programas, era
necesaria la integración con el resto de las Direcciones del
Ministerio bajo un concepto holístico de la salud.
En estas Notas Para La Historia, que escribo a la memoria
del doctor Rodríguez Ochoa, debo destacar aspectos de su
perso- nalidad regia, tenaz, perseverante y soberbia, aunque
a la vez reflexiva, que contrastaban con su sensibilidad, puesta
de mani- fiesto en la intolerancia a la injusticia y desigualdad
social o en el placer sublime que experimentaba ante la nota
sonora de un cuatro o de una mandolina o ante las lágrimas
de una madre trabajadora que afligida, le pedía la
renovación de su contrato de trabajo próximo a fenecer.
Para honra de su memoria, esta joven madre actualmente
forma parte de la nómina fija del Mi- nisterio de Salud.
Otro aspecto a resaltar fue su desafío a las rígidas y
exigentes normas de protocolo, jamás pude convencerlo para
que asistie- ra vestido de flux y corbata a los actos
conmemorativos de las fechas aniversarias que debía
presidir, siempre se impuso de chaqueta exhibiendo la más
modesta prenda de su guardarropa. Lo importante era su
presencia y así lo demostró.
Concluyo dirigiéndole estas notas al Maestro quien me trasmitió
firmeza en las decisiones, serenidad y prudencia frente a las
crisis y optimismo y confianza ante el futuro.
Al Compañero, presente siempre en el diario y complejo trajinar
por la gestión pública y al Amigo, por su lealtad cuando los
de- más fallaron.
Disfrute doctor Rodríguez desde el silencio de la eternidad, este
cálido, respetuoso e imperecedero recuerdo.

Alcira Barbera López


Santa Ana de Coro 10 de febrero del

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3
2006

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Para recordar al Revolucionario

Un día del año 1997, cuando no había tantos revolucionarios


como hoy en día, ni estaba tan de moda la palabra, me dijo
el amigo GRO: “Los revolucionarios somos poquitos,
pareciera algo genético. Algunos estamos tan ‘enfermos’ que
no cedemos nunca en nuestras posiciones respecto a la
necesidad de cambiar el sistema capitalista”.
Gilberto fue de esa fibra irreducible: desde los 70’, que yo sepa,
visitaba los presos políticos del Cuartel San Carlos, enfrentó
a sus colegas médicos en su tendencia dominante al capitalismo
o mercantilización de la medicina y practicó una militancia
política honesta y consecuente.
Por la misma época, me dijo un día: “Yo no concibo que una
persona tenga más de dos pares de zapatos. Yo tengo dos
pares: uno negro y otro marrón. No necesito más”. A mí me
dio pena, porque yo tenía como 10 pares. No le dije nada
porque sentí que él era más coherente con el pensamiento
revolucionario que yo, por lo menos en el manejo de las
necesidades reales y la tentación del consumismo promovido
por el modo de producción capitalista. Así fue Gilberto, un
hombre que se la jugaba practi- cando lo que pensaba, a
contracorriente.
GRO no rehuía el debate y daba respuesta a las cuestiones que
se le planteaban. En un encuentro de 50 líderes de la
Corporación de Salud del Estado Aragua, donde GRO participó
como uno de los altos directivos, se presentó una discusión muy
fuerte sobre nudos críticos de la salud pública. Varios tuvimos
diferencias con algunas de las posiciones de GRO, incluso yo
tuve la grosería de decirle que me había sentido defraudado por
él. Al día siguiente nos llegó un documento de 9 páginas con
argumentos muy serios sustentando su posición.
Este era un rasgo muy propio de él. Muchos de quienes lo
acompañaron en su gestión en el nivel central, recuerdan que
se preguntaban de dónde sacaba el Ministro Rodríguez

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5
Ochoa el

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6
tiempo (algunos juran que no dormía) para leer los documentos
que le enviaban para su consideración y él los regresaba con
notas, observaciones y argumentos.

Freddy Mejías

Algunas anécdotas vividas con mi gran amigo

No recuerdo el año exactamente, pero sé que ocurrió en la


dé- cada de los 60 y que se celebraba por segundo año el
Carnaval Turístico de Carúpano; en esos días el carro de
Gilberto estaba malo y quisimos repararlo. Duramos una
semana arreglándolo para poder viajar a Carúpano.
Finalmente, nos fuimos Rafael González (su cuñado),
Francisco Olivo, Luís (su hermano), Gil- berto y yo.
Cuando llegamos a Carúpano no teníamos dónde hospedarnos
porque los hoteles y posadas estaban llenos, recuerdo que nos
detuvimos a comer en una casita donde vendían empanadas
y las respectivas cervecitas, Gilberto le preguntó a la señora,
si tenía una habitación que pudiera alquilarnos para, por lo
menos, guardar nuestro equipaje, bañarnos y cambiarnos de
ropa. No nos preocupaba dónde dormiríamos, pues nosotros
íbamos en plan de rumba. Gilberto le comentó que era médico
en Caracas y que nosotros éramos gente de bien, la señora le
contestó que no tenía habitación, pero que frente a la casa
estaba la escuela, y que ella nos podía llevar a la casa del
director para que hablá- ramos con él y así lo hicimos y el
director nos prestó un salón de clases para hospedarnos allí.
Nunca se me olvida que un día, al ir a cepillarnos los dientes,
Gilberto vio que yo le ponía al cepillo crema dental, de punta
a punta y me dijo: Alexis por qué le pones tanta crema
dental al Cepillo? Con un poquito que le eches en el medio
basta y te da la misma limpieza. Desde entonces hasta hoy,
cada vez que me cepillo los dientes me acuerdo de ese consejo
de Gilberto. Esos días que pasamos en Carúpano fueron
inolvidables.

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7
Nosotros, los amigos de Gilberto derrocamos el gobierno que
duró menos horas en el poder, esto sucedió en la Pastora parro-
quia donde nacimos y nos criamos. Eran otros Carnavales y
está- bamos reunidos en el bar Lucana para elegir al presidente
de la junta del carnaval de la esquina de “Cristo al Revés” y
habíamos elegido al señor José y le pedimos que dijera unas
palabras como presidente, él se subió a una mesa y dijo:
“Hemos empezado mal” y eso bastó para se formara el
alboroto y el bochinche y le dijimos: tú no sirves para
presidente, nos costó mucho para ba- jarlo de la mesa ya que
era un hombre de 1.90 mts. de estatura, pero no costó menos
subir a la mesa al nuevo presidente sustituto que no era otro que
Gilberto Rodríguez Ochoa que media 1.50 mts. de estatura.
Todos los años, en Diciembre Gilberto Rodríguez visitaba a
mi mamá, decían mis amigos que ella preparaba la chicha
andina más sabrosa que ellos habían probado. Cuando él
llegaba yo le decía a mi mamá: llegó Gilberto a tomarse su
chicha, y siempre llevábamos cuatro, guitarra y maracas para
cantarle, y Gilberto le dedicaba poemas de Andrés Eloy Blanco.
Él declamaba tan bien que yo siempre traté de imitarlo y me
aprendí muchos poemas que aún hoy en día declamo cada vez
que me dan un chance.
Desde que Gilberto se nos fue y como el era un hombre de
palabra y no le gustaban las injusticias, estoy seguro de que ya
debe haber hablado con Dios o con el que pone los angelitos en
el Cielo y debe estar disfrutando
con sus ángeles catires,
con ángeles morenos,
con sus angelitos blancos,
con sus angelitos indios
con sus angelitos negros,
que vayan comiendo mango
por las barriadas del cielo.

De su amigo: Alexis González Montero.


Caracas, 10 de Marzo del 2006

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Testimonio

En 1973 durante la campaña presidencial de José Vicente Ran-


gel, los que estaban conmigo en el Comité del MAS en la parro-
quia San José eran: René Zaza Yllas, Josefina López Mujica (
“La Chipa”) Valentina, su hermana, Rafael Rodríguez (“Pelito”) y
otros compañeros de la zona.
Desde la parroquia La Pastora venían Gilberto Rodríguez, Carlos
Rodríguez, Luis Moreno , quien vivía en Altavista, y era un
médico muy amigo de Gilberto a colaborar en las “batidas”
que hacía- mos en la zona para el reparto de propaganda,
visita casa por casa, pintas en las paredes y pega de afiches.
Algunas veces los del grupo fuimos a Altavista , acompañando a
Luis Moreno en las actividades políticas en ese sector.
Las actividades de propaganda estaban orientadas por la Comi-
sión de Propaganda, dirigida por el pintor Jacobo Borges, quien
tenía su taller en Sarría. Estas tareas se realizaban en forma colec-
tiva y por esa razón el grupo además de la afinidad política, de-
sarrolló lazos de amistad. Por eso era común que algún
domingo nos reuniéramos en el apartamento de Gilberto, en La
Pastora, a compartir un rato y almorzar con él y su esposa
Maritza.
Gilberto era médico del Hospital Vargas, pero en el grupo no
ha- bía diferencias, él era igual que los demás compañeros,
actuaba con sencillez y su trato era cordial con todos
nosotros.
Recuerdo que Gilberto organizó conjuntamente con Nancy
Ca- ricote, que era de la directiva del Colegio de
Odontólogos de Caracas, una exposición de pintura,
recolectando finanzas para el MAS y la candidatura de José
Vicente.
Después de la campaña electoral no nos volvimos a ver, creo
que Gilberto se fue a vivir a Maracay, por lo cual mi
testimonio se refiere sólo a la militancia política en Caracas y
específicamente en la parroquia San José.

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Antonia Viloria de Tremont
Caracas, 28 de febrero de
2006.

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0
Papá: mucho amor para regalar

Describir a papá representa para mí un doble riesgo: el de no


en- contrar las palabras precisas y éste de enfrentarme con el
eterno nudo en la garganta. Se imbrican los más variados
pensamientos que muchas veces no llevan a ninguna conclusión
y por momen- tos siento que las ideas sucumben muchas veces
bajo su propio peso o el de los sentimientos.
Podría llenar cientos de hojas -al igual que muchas personas
que le fueron cercanas - evocando vivencias y enseñanzas
particu- lares. Recuerdo cada detalle, tal vez porque en esas
vivencias y enseñanzas cada detalle fue importante.
En mi intento, sólo mencionaré resumidas cuestiones para no
redundar mucho con las que se comentan en el libro. Principal-
mente trataré algunas del ámbito familiar, porque en el
ámbito profesional hay otra increíble faceta de papá, con sus
logros, su dedicación, su filosofía, etc. Contaré recuerdos
gratos relacio- nados con la pasión de papá por construir,
sembrar y estar cerca de la naturaleza.
Tengo los más hermosos recuerdos de cuando papá se fue a
Amazonas y venía cada cierto tiempo a visitarnos en Turmero,
en esa época escribió una hermosa carta que atesoro.
Cada vez que llegaba a Turmero era para nosotros como una
fiesta maravillosa. Tiempo después, nos fuimos todos para Ama-
zonas. Ese viaje de mudanza fue una aventura, recuerdo que
la carretera estaba en muy mal estado, se cruzaban ríos con
puentes de madera y tambores, se perdía uno muchas veces en
carreteritas paralelas abandonadas, etc. Allá en Amazonas la
vida se tornó muy interesante, especialmente por la exuberante
naturaleza, que fue uno de los más grandes atractivos para
mi papá también. El primer fundo que tuvimos quedaba en
Carina- güita, allí sembrábamos conucos, hacíamos aljibes,
criábamos animales, aprendimos a hacer bahareque, nos
bañábamos con totuma y nos enjabonábamos con paraparo.
Lidiamos con el comején, el jején, los zancudos, las culebras y
los bachacos. Mi papá construyó una churuata de dos pisos. Ese
fundo lo dejamos
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1
porque se inundó un día, y dentro de la churuata, el agua al-
canzó un nivel de unos 30 cm. Vivíamos detrás del hospital
“José Gregorio Hernández” en el barrio “Alberto Carnevalli” y mi
papá trabajaba en ese hospital, hoy recuerdo aquella larga
cola de pacientes que él atendía sin importarle que fuera muy
tarde.
Luego tuvimos “El Canarín”, que costó 13 mil bolívares. En
ese tiempo papá compró un Toyota viejo. Para todos nosotros
estar allá fue como tener cientos de días de trabajo,
principalmente los fines de semana, cuando me enseñaba
albañilería, plome- ría, electricidad, astronomía y muchas
otras cosas. De comida llevaba mañoco, sardinas, tomate y
cebolla. Dormíamos en la placa sin techo de la casa para ver
las estrellas. Una vez, por esos días, vimos una avioneta que
venía volando muy bajito y como sin control, casi choca
contra la casa, para todos fue un susto muy grande, luego
supimos que el piloto era Hernán Sánchez y que con ese
vuelo rasante nos estaba dando la bienvenida. Él era un vecino,
con quien hicimos una bonita amistad. Cada vez que viajaba, al
regresar, pasaba siempre por su fundo para que lo fueran a
buscar al aeropuerto. Hernán me regaló mi primer caballo, al
cual le puse “Rocinante” por el de Don Quijote, pues era muy
flaco y viejo, y tenía una oreja caída, por lo cual todas las
fotos se las tomábamos de un solo lado. Era muy noble ese
animal.
Luego de construida la casa nos mudamos. Esa casa la
diseñó papá, y aún conservamos los planos. el techo de los
cuartos era de cinc, para escuchar la lluvia. Tenía un sistema de
recolección de agua de lluvias, un sistema para regar matas con
aguas servi- das de lavamanos y regaderas, depósitos para
separar la basura orgánica de la inorgánica, corredores, etc.
Cerca de la casa también construimos un depósito de
herramientas, ese era un espacio que nunca podía faltar para
papá en todas las casas.
En “El Canarín” luchamos con muchos incendios, que era el peor
de los enemigos e hicimos muchos cortafuegos. Papá me
enseñó a combatir el fuego con más fuego. Se perdió mucho
tiempo y dinero por incendios, además de que vivimos

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2
muchas desilu- siones. Afortunadamente el espíritu
inquebrantable de papá nos energizaba, y así pudimos
empezar una y otra vez. También

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3
bregamos con una tierra muy dura que no se dejaba
sembrar, pero la sembramos, después fue común aquello de los
bachacos, otros incendios y tener que llevar el agua para regar
las matas... hoy siento que fue bonito ir domesticando aquello.
Realmente fue como irlo domando, igual que a un potro
cerrero.
A “El Canarín” iba gente hasta los domingos a consultar a mi
papá. En este fundo también criamos muchos animales, casi to-
dos en libertad. Todos trabajábamos mucho: papá, mamá, mis
hermanos y yo. Tengo un recuerdo muy grato de una vez que
yo quería sembrar pasto, y nuestro amigo, el Ing. Ernesto
Perdomo nos regaló unas semillas y entonces mi papá
inventó una es- pecie de rastra o surcadora con una viga
“doble T” que llevaba soldada en un extremo un pico con
unos tubos para montarse, y en el otro extremo una cadena
para conectarla al Toyota. Yo manejaba el Toyota y mi papá
se subía en el aparato que inventó y yo arrastraba ese aparato
con mi papá que le daba peso y se iban haciendo unos
surcos perfectos.
Otro recuerdo especial que tengo es de cuando hicimos un ten-
dido eléctrico atravesando la selva hasta el batallón donde papá
trabajaba en la carretera nacional. Nos llevó tiempo y mucho
trabajo, abriendo picas, subiendo árboles, empatando cables,
poniendo postes, escalando piedras. Era largo el trecho, por
lo cual a la casa sólo llegaban unos 90 voltios que no rendían
para mucho, pero al menos lográbamos encender algunos
bombillos y si acaso un televisor y dos ventiladores si
apagábamos esos bombillos. Antes de eso dependíamos de
una planta eléctrica que papá apagaba a las 11:00 ó 12:00
p.m.
Años después empezaron a urbanizar frente a nuestra casa,
don- de antes habían morichales y entonces hicimos un nuevo
tendido eléctrico hacia el frente. Estando allí en “El Canarín”
también había mucha actividad política, porque cuando mi papá
se lanzó como candidato a alcalde, el centro de operaciones de
la campa- ña era nuestro fundo. En esos años viajamos unas
cuantas veces hacia el sur del estado acompañando a papá en
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4
otras campañas, pero no políticas, sino sanitarias, de trabajo,
hacia La Esmeralda, Santa María de los Guaicas, Atabapo y
otros.

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5
Muchos de sus viajes fueron aventuras impresionantes. Una vez
tuvieron que aterrizar de emergencia en la carretera de
Samaria- po, otra vez tirarse casi en picada para aterrizar de
emergencia en una pista de tierra por el mal tiempo. En otra
ocasión, como médico de un batallón de infantería en campaña
por el Alto Ori- noco, nos contó que lloró cuando vio el
desastre causado por los garimpeiros, y que era una
vergüenza para el país aquella situación: pistas clandestinas,
burdeles, destrozo ecológico, alie- nación étnica, etc.
Por esos tiempos íbamos a Caracas de vez en cuando, en el
mismo toyota viejo destartalado de los surcos. Los viajes eran
tediosos, pero maravillosos al mismo tiempo, muchas veces
papá se paraba en préstamos (esas lagunas artificiales a orillas
de ca- rretera donde abreva el ganado) para bañarnos, como
era largo el camino generalmente dormíamos en chinchorro
en alguna plaza en San Fernando de Apure.
Cuando papá viajaba solo regresaba con un montón de regalos
para todos; y siempre fue así, aún si el viaje era al exterior.
Años después nos vinimos a Maracay y dejamos atrás esa bella
e intensa etapa de Amazonas, pletórica de buenos amigos abo-
gados, ingenieros, sociólogos, médicos, antropólogos, cultores
populares, todos de nobles ideales con los cuales se hicieron
muchas e interesantes tertulias:. En esas reuniones se gestaban
muchas ideas políticas. Yo volví a Amazonas en poco tiempo a
vivir con unos entrañables amigos, los Cardozo.
Cuando regresó a vivir en Turmero, tras una larga búsqueda,
papá compró la parcela de Aguirre, y empezó otra vez, pero
en una tierra más fácil de labrar. Cortamos muchos frutales que
estorbaban, para dejar entrar el sol, luego sembramos
topochos, cambures, taparos, limones, maíz y café y mientras
se construía la casa, volvimos a la carpintería, plomería,
electricidad, le en- cantaba todo eso!
Él, como antes, dormía en el segundo piso para contemplar
las estrellas. Era como un niño, nunca perdió ese espíritu
maravillo- so. Cuando trabajábamos en Aguirre a veces oíamos
los rebuz- nos de un burrito en una parcela cercana, y papá
gritaba: ¡Llegó el treeeeen! Y todos reíamos.

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6
Por esos tiempos se reavivó nuestra hermosa amistad con Alfre-
do Almeida, y de allí surgieron algunos maravillosos viajes
que hicimos papá, el Sr. Alfredo y yo, por diferentes partes del
país. Oí en esos viajes largas conversaciones llenas de un gran
matiz filosófico que me marcaron. Cualquier sitio podía
convertirse en un buen lugar para ver plantas, animales,
conversar, comer pes- cado frito con las manos o saborear un
mango, así que un viaje corto podía durar muchas horas.
Cuando nosotros construíamos la casa de Aguirre papá se
apartó un poco por su trabajo en el ministerio, así que nos
reuníamos con él esporádicamente. En el año 2001, por fin,
cumplió uno de sus sueños de mudarse allá, y entonces dedicó
más tiempo a sí mismo, escribiendo, leyendo, pero sin dejar
de participar en algunos eventos.
Cuando alguno de nosotros lo visitaba, él se alegraba
mucho, salía corriendo para abrirnos la puerta y abrazarnos.
Enseguida abría una botella de vino tinto para celebrar. Largas
y bellas con- versaciones sostuvimos en esos encuentros. A las
6 de la mañana o antes uno se despertaba oyendo el golpe del
pico o la escardi- lla sobre la tierra, era él que estaba
sembrando.
El trabajo físico era el descanso necesario a tanto tiempo de tra-
bajo intelectual, decía.
Tuvo siempre mucho amor para regalar. Cuando de niños
nos despertaba lo hacía con una caricia, con un susurro al
oído.
Hizo duras críticas a los políticos incapaces, a los corruptos,
a la mediocridad, al sistema en decadencia, etc. Mientras
tanto trabajaba muy duro, desde tempranito hasta muy tarde.
Muchas vacaciones se le vencieron, sólo le gustaba ser útil, no
esperaba reconocimientos por lo que sentía que era su deber.
La “tentación de la fama”, como él mismo la llamaba, había sido
desterrada de su pensamiento desde hace mucho tiempo. Era
muy desprendido de lo material, especialmente del dinero, y
siempre debía admi- nistrarlo muy bien. Lo irritaba la injusticia,
recuerdo una anécdota que me contó en Aguirre: estaba cerca
del apartamento donde vivía alquilado en Caracas cuando
25
7
era ministro, caminaba por allí temprano y vio dos policías
“matraqueando” y tratando mal a

25
8
unos vendedores informales, entonces papá los siguió y caminó
varias cuadras hasta el comando de la policía donde
llegaron. Allí habló con el comandante, sin identificarse, sólo
denunció los policías, y entonces casi lo meten preso.
Durante su vida nos regaló de todo. Decenas de libros, todos
con hermosas dedicatorias. Recuerdo cuando yo tenía como
7 u 8 años, en Puerto Ayacucho, le pedí al niño Jesús una
pis- tolita de tinta que se borraba, y obtuve en cambio un
“Reto al Conocimiento” de 2000 preguntas que aún conservo
y con el cual jugamos muchas veces por esos tiempos,
además, recibí una bonita carta del niño Jesús para
Andresito, explicando el por qué del cambio. Con esa carta
empezaron mis dudas sobre el niño Jesús pues yo pensaba:
¿Cómo hace el niño Jesús para escribirme a máquina? ¡Esa
máquina debe ser livianita al igual que los juguetes! Y
comencé a dudar...
Papá era un gran admirador de muchos escritores, poetas,
músi- cos, científicos. Era muy culto, y eso nos emocionaba,
para todo tenía una respuesta lógica. Lo oí hablar de José María
Vargas, del Dr. Torrealba (El Sabio Torrealba), del Dr. Scorza,
del Dr. Convit, de Beethoven, de Mozart, de Rubén Darío, de
García Márquez, de Séneca, de Aristóteles, de Chagas, de Da
Vinci, de Pastteur, de Rilke y muchos otros ilustres personajes. Los
los libros de mi papá que aún conservamos tienen anotaciones
por todas partes.
Papá supo equilibrar perfectamente el hecho de vivir y dejar
vivir, más aún extremando las circunstancias: vivir y ayudar a
vivir. Él enseñaba con el ejemplo que se vive para ser feliz
porque la vida es algo fortuito y como tal debe aprovecharse.
Tanto mejor si nuestra oportunidad puede también ser utilizada
para incremen- tar o mejorar las oportunidades de otros,
muchos de los cuales las tienen en desventaja. No vivimos
para satisfacer a un dios. Siguiendo esa filosofía disfrutaba y
aprovechaba cada segundo de la vida, y nos enseñaba a todos
a hacerlo, con el ejemplo. Contemplar atardeceres, flores,
animales, estrellas, subir monta- ñas, bañarnos en ríos,
cocinar con leña, oír buena música, leer buenos libros, fueron
25
9
vivencias comunes durante nuestros años con papá. Tenía una
sensibilidad y un gusto exquisito y también

26
0
un humor especial, era pícaro y una gran sonrisa se dibujaba en
su rostro con frecuencia. Siempre pensaba más en los otros que
en sí mismo.
Pienso que una persona tan grande como papá es una de
esas cosas maravillosas y extrañas de la vida que casi nunca
ocurren, es la interacción infinitesimal del espacio y el tiempo
que las ge- nera o quizás, para utilizar palabras de Alfredo
nuestro sabio amigo, diría: son elementos dispersos unidos por
la casualidad.

Andrés Eloy Rodríguez González

Ya no somos los mismos


Un pedazo se ha roto en nuestra esencia quebrando
deseos y sueños
la posibilidad de volver a ver en tus ojos
el brillo único hiperbóreo
de un ser singular
una cicatriz
profunda
desde la piel hasta el hueso
desde el suelo bajo nuestros
pies
hasta las estrellas que ahora cosechas
todo ha quedado grabado en nuestro
aliento en el deseo infranqueable de volver a
verte

Un sabio al que teníamos acceso


dejó de existir
se esfumaron sus sencillas maneras de interpretar el mundo

¿Quién ahora nos explicará el universo?


cómo entenderemos los laberintos de lo complejo
con las palabras más sutiles?

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1
ese estilo, de aldaba que llamaba el saber
las mariposas de la persuasión
y las lanzas de aciertos

26
2
No existe ningún homenaje post-mortem
que alcance la satisfacción de tu presencia
los precisos consejos y el hablar pausado
de la sabiduría y la sencillez
en el entuerto queda el tatuaje imborrable
de sangre y cenizas
de una existencia adalid
de revolución y cambio

Cómo lamentamos no haber


conversado o haberte visto
recientemente antes de tu
inexplicable partida saber de viajes
y experiencias
de nuevas interpretaciones
en países lejanos
que ya en tus sueños habías vivido
y como saeta precisa
conocías sin haberlos pisado
en la concreción de tus
ideas
en el mensaje de tu humilde omnipotencia

Siempre presente en los raudales


la selva y ocasos de Amazonas
noches pleyadianas, y profundos deseos
de libertad y justicia

Sin diferencias de cultura, género


color o filosofía
te nos fuiste como Aquiles Nazoa
con su poesía
como Alí Primera
con su canto
de golpe, sin aviso
dejando en el aire un aura
que no se puede abrazar

26
3
como la densidad de tu cuerpo presente

26
4
que era un sol de energía
cuando palpábamos tu ser entre nuestros brazos
el regalo de tu sonrisa
el calor de tu vida

Todo lo que construiste


seguirá existiendo
tu ánimo, tu fuerza
tu inexorable capacidad de trabajo
titánica decisión, voluntad y brío
de ejemplo y constancia
de persuasión y encanto
el amor por la esencia de la vida
por el saber, y tu ternura al transmitirlo

Rasgaste el suelo del antiguo Amazonas


para sembrar futuro
y una profunda herida de inolvidable presencia
quedó marcada en toda Venezuela
en donde existió
un gran hombre sencillo
nuestro amigo Gilberto:

....Gilberto Rodríguez Ochoa

Escrito por Juan Francisco Hernández, un amigo de Amazonas,


al saber la trágica noticia de su muerte

242
Después

Después de la muerte de Gilberto son muchas las manifestacio-


nes de afecto y dolor por su ausencia, una de ellas es la de
su hermana Aura, quien con delicado amor talla para él, en
madera, poemas de su propia autoría y los lleva a su tumba.
Ella compar- tió mucho tiempo con él, pues cuando era estudiante
del Instituto Pedagógico de Maracay, había vivido en su casa de
Turmero, lo que hizo posible para ella interminables horas de
conversaciones y el acopio de sabias enseñanzas que aún
recuerda con el mayor de los afectos.
En el primer aniversario de la muerte de Gilberto le escribió:
Gilberto, hermano mío:
“A un año de tu partida no he dejado de pensar en ti... de
recor- dar aquel recibimiento en el Amazonas con una florecilla
silvestre y una cachapita de tu propia cosecha.
Los que te conocimos bien sabemos que con una sencillez muy
coherente y con vocación de servicio, desde niño, fuiste madu-
rando las ideas de lucha para el bien común, transitando por
el sendero de la honradez y la honestidad, a la entrega total
y desinteresada por una causa justa, siempre inspirada en la
signi- ficación y valor del ser humano.
Solo espero que Dios y la santísima Virgen te den un sitial de
honor y ayuden a que tus sabios proyectos algún día se
cumplan, y de esta forma, los servicios hospitalarios se
humanicen, el Ca- siquiare siga bañando el Amazonas y se
acreciente el caudal de los ríos y sus aguas se tornen cristalinas,
que los pájaros canten, retoñen los frutales y florezcan los
araguaneyes, para que al fin puedas sonreír al ver el país con el
que siempre soñaste.

24
3
Héctor Romero Yépez, Maura Medina de Romero y
Gilberto en el colegio de médicos.

244
Nelson Palacios, Gilberto y Romero Yepez.

24
5
Gilberto en la boda de su sobrina Gaby al lado de sus hermanos/as,
cuñados/as.

246
Capítulo 9
Sus publicaciones y
trabajos...
Libros
1. Rodríguez Ochoa, G. (1979). Del ejercicio privado de la medicina
o de la alineación del acto curativo. Maracay: Fondo Editorial
Proceso.
2. Rodríguez Ochoa, G. (1979). El sistema de Maracaibo: Biología y
ambiente. Caracas: Instituto de Investigaciones Científicas.

Artículos Científicos:
1. Beer-Romero P., Rodríguez-Ochoa, G., Angulo, R., Cabrera, S.,
Yarzabal, L. (1989). Sporotrichosis in the Orinoco river basin of
Venezuela and Colombia Mycopathologia, 105(1):19-23.
2. Ramírez Pérez., J., Rodríguez-Ochoa, G., Ramírez, A. (1982).
Estudio de la fauna flebotómica del estado Sucre. Bol. Malariol.
Y San. Amb, 22(1-4):11-22.
3. Ramírez Pérez., J., Rodríguez-Ochoa, G., Ramírez, A. (1982).
Estudio de la fauna flebotómica del estado Táchira (Venezuela).
Bol. Malariol. y San. Amb, 22(1-4):53-75.
4. Ramírez Pérez., J., Convit, J., Rodríguez-Ochoa, G., Méndez,
Luis Enrique. (1981). Estudios de los grupos de edad en las
poblaciones de Lutzomyia panamensi (Shannon, 1926) y Lu.
gomezi (Nutzulescu, 1931) vectores de la leishmaniasis
tegumentaria en Venezuela. Bol. Malariol. y San. Amb,
21(2):114-128.
5. Goihman-Yahr M, Rodríguez-Ochoa, G., Aranzazu, N.,
Pinardi, ME., de Gomez, ME, Ocanto, A., Convit, J. (1979).
In vitro activation of neutrophils by suspensions of Mycobacterium
leprae, Int J Lepr Other Mycobact Dis, 47(4):570-4.
6. Goihman-Yahr, M., Convit, J., Rodríguez-Ochoa, G.,
Aranzazu, N., Villalba-Pimentel, L., Ocanto, A., de Gómez,
ME.. (1978). Significance of neutrophil activation in reactional
lepromatous leprosy: effects of thalidomide in vivo and in vitro.
Activation in adjuvant disease. Int Arch Allergy Appl Immunol,
57(4):317-32.
7. Goihman-Yahr, M., Villalba-Pimentel, L., Rodríguez-Ochoa
,G., Aranzazu, N., Convit, J., Ocanto, A., de Gómez, ME.
(1978). Studies on the effect of serum and proteins on in vitro-

24
9
induced neutrophil activation. J Reticuloendothel Soc,
23(6):435-46.

25
0
8. Ramírez Pérez., J., Rodríguez-Ochoa, G., Ramírez, A. y Carvillo,
F. (1982). Estudio de la fauna flebotómica del estado Aragua
(Venezuela). Bol. Malariol. Y San. Amb, 18(1):44-80.
9. Goihman-Yahr, M., Rodríguez-Ochoa, G., Aranzazu, N., Convit,
J. (1976). Reacción lepromatosa: Talidomida y activación de los
polimorfonucleares. Acta Cient. Venez, 26(1):76
10. Goihman-Yahr, M., Rodríguez-Ochoa, G., Aranzazu, N., Convit,
J. (1976). Activación de polimorfonucleares y proteínas sericas.
Acta Cient. Venez, 26(1):77
11. Goihman-Yahr, M., Rodríguez-Ochoa, G., Aranzazu, N., Convit,
J. (1975). Polymorphonuclear activation in leprosy. I. Spontaneous
and endotoxin-stimulated reduction of nitroblue tetrazolium:
effects of serum and plasma on endotoxin-induced activation.
Clin Exp Immunol, 20(2):257-64.
[Link] Aasen, I., Rodríguez Ochoa, G. (1975). La inervación
colinérgica de piel y mucosa del hámster. Acta Cient. Venez,
(24): 105-109.
[Link]íguez Ochoa, G., Reyes Flores, O. (1974). Micosis
Fungoide. Dermat. Venez, 13(1-2):51-59.
14. Convit. J., Pinardi, ME, Rodríguez Ochoa, G, Ulrich M., Avila,
J.L. and Goihman, M . (1974). Elimination of Mycobacterium
leprae subsequent to local in vivo activation of macrophages in
lepromatous leprosy by other myco-bacteria. Clin. Exp.
Immunol, (17): 261-265
15. Goihman-Yahr, M., Convit, J., Rodríguez-Ochoa, G.. (1973).
N.B.T. test in lepromatous leprosy. Lancet, 25;2(7826):456-7.
Letter to the Editor.
[Link] CA, Barksdale L. (1973). Cytochemical reactions of
human leprosy bacilli and mycobacteria: ultrastructural
implications. J. Bacteriology, 113(3):1389 (Acknowledge).
17. Convit; J., Rodríguez Ochoa, G., Ávila, José, Goihman-Yahr,
M. Y Pinardi, M. E. (1972). Dinámica de la respuesta celular
del enfermo de Lepra frente al Mycobacterium Leprae. Trabajo
presentado en la XXII Convención Anual de ASOVAC,
Maracaibo, Venezuela. Resumen publicado en Acta Cient.
Venez, (23): 60. Suple. 1

25
1
18. Convit; J., Rodríguez Ochoa, G., Ávila, José, Goihman-Yahr,
M. Y Pinardi, M. E. (1972). Ciclos climáticos en la Cuenca de
Maracaibo. Trabajo presentado en la XXII Convención Anual
de ASOVAC, Maracaibo, Venezuela. Resumen publicado en Acta
Cient. Venez, (23): 72. Suple. 1
[Link]íguez Ochoa, G., Bastardo de Albornoz, M. (1970).
Esporotricosis cutánea diseminada. Dermat. Venez, 9(3-4):
1086-95.

Participación en eventos científicos


1. Rodríguez Ochoa, G., Rivero, A., Carrillo, F. (1984).
Paracoccidioidomicosis en Aragua y Carabobo: Fase II:
Investigación de campo. Ponencia presentada en XX Reunión
Anual de la Sociedad Venezolana de Dermatología, Caracas,
Colegio de Médicos del Distrito Federal.
2. Rodríguez Ochoa, G., Rivero, A. (1982). Paracoccidioidomicosis
en Aragua y Carabobo: revisión de 29 historias clínicas.
Ponencia presentada en VIII Jornadas Nacionales de Medicina
Interna, Maracay, Hospital Central de Maracay .
3. Rodríguez Ochoa, G. (1978). Epidemiologic and Health education
measures in Venezuela. Ponencia presentada en Reunión
Internacional: Scabies and Pediculosis, Minneapolis, Universidad
de Minessota, 1976 En J.B. Lippincott Company. Scabies and
Pediculosis. Minneapolis, 1977
4. Rodríguez-Ochoa, G. (1977). General aspects of the human
treatment of leprosy patients. Trabajo presentado en XI Congreso
Internacional de la Lepra, 1978, México. En: E. Switzerland,
Leprosy relief work, Berne: Ed. 1977.
5. Rodríguez Ochoa, G. (1975). Avances en el tratamiento de la
Lepra. Ponencia presentada en V Jornadas Científicas, Caracas,
Hospital Vargas.
6. Rodríguez Ochoa, G. (1975). Medicina general y lepra.
Consideraciones sobre confusión diagnóstica. Ponencia
presentada en V Jornadas Científicas, Caracas, Hospital Vargas.

25
2
7. Monzón, H., Rodríguez Ochoa, G. (1975). Dermatología en
Salud Pública. Ponencia presentada en III Congreso Bolivariano
de Dermatología, Maracaibo, Venezuela.
8. Rodríguez Ochoa, G. (1973). Morfea generalizada. Resumen
publicado en la Memorias del II Congreso Venezolano de
Dermatología, Caracas, Venezuela.
9. Rodríguez Ochoa, G., Borelli, D. (1967). Acerca de micosis
superficiales en Venezuela. clínicas. Ponencia presentada en I
Jornadas Venezolanas de Microbiología, Caracas, Colegio de
Médicos de Distrito Federal.

25
3
Lista de entrevistados

Maritza González: Actualmente dedicada a las labores del hogar.


Fue la esposa de Gilberto durante 37 años.
Arnoldo Rodríguez Ochoa: General de División del Ejército, herma-
no mayor de Gilberto.
Mireya Rodríguez Ochoa: Profesora de Educación Media
mención Evaluación, hermana mayor de Gilberto.
Aura Rodríguez de Díaz: Profesora de Geografía, hermana de
Gil- berto.
Argelia Rodríguez Ochoa: Secretaria Ejecutiva, hermana de Gilber-
to.
Carlos Rodríguez Ochoa: Gerente de finanzas de la empresa de gas
natural vehicular, hermano de Gilberto.
Andrés Eloy Rodríguez González: Médico Veterinario, hijo menor de
Gilberto.
Raúl Coronado: Comerciante, hermano adoptivo de Gilberto.
Héctor Rodríguez Ochoa: Publicista, hermano de Gilberto.
Gilberto Rodríguez González: Arquitecto, hijo mayor de Gilberto.
Levy Rafael Rodríguez González: Zootecnista, hijo de Gilberto.
Ayarí Ochoa González: Hija de Gilberto. Técnica Superior en Tu-
rismo.
Luís Valera: Médico Magister en el área de la Salud Pública, profe-
sor titular de la Universidad de Carabobo y compañero de
traba- jo y amigo de Gilberto en CORPOSALUD Aragua.
Martha Chacón: Actualmente Coordinadora de Educación en
INAMUJER. Se desempeñó como Directora General de
Investiga- ción y Educación, durante la gestión de Gilberto
como Ministro.

25
4
Javier Correa: Médico especialista en Salud Pública, alumno de Gil-
berto y durante la gestión de Gilberto como Ministro estuvo
al mando de la Secretaría del Despacho del Ministerio de
Sanidad y Asistencia Social.
Rubén Montoya: Sociólogo, Director de la Oficina Regional de Tie-
rras en Puerto Ayacucho. Amigo y compañero de Gilberto en el
Movimiento Cívico Mayo, en Amazonas.
Magda Magris: Investigadora del Centro Amazónico de
Investigación y Control de Enfermedades Tropicales “Simón
Bolívar” (CAICET), Jefa en Salud Pública II. Desarrolló sus
pasantías rurales durante la gestión de Gilberto como Director
de Salud de Amazonas.
Ricardo Belisario: Comerciante, amigo y compañero del Movimiento
Cívico Mayo.
Cuba Hernández: Abogada, amiga y compañera de Gilberto en
el Movimiento Cívico Mayo, en Amazonas.
Carmen Hernández: Secretaria y amiga de Gilberto en la Dirección
Regional de Salud del estado Amazonas.
Gisela de Montoya: Amiga y compañera de Gilberto en el Movi-
miento Cívico Mayo, en Amazonas.
América Perdomo: Directora de la Zona XIX, en Puerto
Ayacucho, estado Amazonas durante la gestión de Gilberto
como Director General Sectorial de Malariología y Saneamiento
Ambiental. Hoy en día es Directora del Centro de Amazónico de
Investigación y Control de Enfermedades Tropicales “Simón
Bolívar” CAICET.
Jacinto Convit: Científico venezolano, maestro de Gilberto. Director
de los Servicios Antileprosos Nacionales, y Médico Jefe de la
División de Lepra. El Dr. Convit fue postulado en 1988 al Premio
Nóbel de Medicina. Es el Director del Instituto de
Biomedicina, actualmente.
Nora López: Alumna y compañera de trabajo de Gilberto en
CORPOSALUD Aragua. Coautora del Modelo de Atención
Inte- gral (MAI) y del Sistema de Información Epidemiológico
(SISMAI). Actualmente es responsable del Programa de
Prevención de Cán- cer de Cuello Uterino de CORPOSALUD
Aragua.

25
5
Jorge Alvarado: Médico Cirujano, alumno de Gilberto en el postgra-
do de Dermatología Sanitaria en el Instituto de Biomedicina. Se
desempeñó como Adjunto de Gilberto en el Servicio de Derma-
tología Sanitaria, en el Hospital Central de Maracay.
Jesús Toro: Jefe de la Dirección de Endemias Rurales durante la ges-
tión de Gilberto como Director General Sectorial de
Malariolo- gía y Saneamiento Ambiental. Hoy se desempeña
como Director General de Salud Ambiental.
Alberto Aché: Médico epidemiólogo, fue jefe de División de Epide-
miología de la Dirección de Endemias Rurales de la Dirección
General Sectorial de Malariología y Saneamiento Ambiental.
En la actualidad, se desempeña como Docente Investigador del
Instituto de Altos Estudios de Salud Pública “Dr. Arnoldo Gabal-
don”
Oscar Feo: Presidente de CORPOSALUD durante el ejercicio de Gil-
berto como Coordinador de Proyecto Salud de esa
Institución. En este momento, se desempeña como Secretario
Ejecutivo del Convenio Hipólito Unanue, en Perú.
María Vale: Asistente de Gilberto en el Ministerio durante los prime-
ros 8 meses. Posteriormente se desempeñó como Directora de
Comunicación Corporativa del Ministerio de Salud y
Desarrollo Social.
Javier Correa: Médico especialista en Salud Pública, alumno de
Gilberto. Lo acompañó en el Ministerio como Director
General Sectorial de Secretaría.
José Mendoza: Vice Ministro de Salud durante la gestión de Gilber-
to. Cargo que ocupa actualmente.
Alix Bautista: Compañera y amiga de Gilberto en la
Coordinación del Proyecto Salud. Hoy es la Secretaria de la
Universidad Rómu- lo Gallegos en el Estado Guárico.
Ely Saúl González: Compañero de Gilberto en CORPOSALUD
Ara- gua; se desempeñó como Coordinador General del
Proyecto Salud del MSDS. Actualmente es Director del
Centro Clínico La Morita, en el estado Aragua.
Héctor Romero Yépez: Médico Cirujano especialista en Oncología;
amigo y compañero de Gilberto desde la infancia.

25
6
25
7
Tabla de Contenido

Dedicatoria......................................................5
Agradecimiento...............................................7
Un trazador de caminos.................................9
Una vida para un libro...................................13
Ir tras las huellas............................................17

Cap. I Entre virutas, aserrín y paraparas... 19

Cap. II Una cotidianidad ladrillo a ladrillo... 47

Cap. IIIAmazonas, territorio de inmensos contrastes...


65

Cap. IV Contra una visión tubular de la salud... 99

Cap. VUn ministro con la mirada en la meta... 117

Cap. VI Aguirre, un castillete para los sueños... 153

Cap. VIIPoemas, cartas notas y algo más...


Obra inédita de Gilberto Rodríguez Ochoa 169

Cap. VIII Desde la nostalgia y el recuerdo 201

Cap. IXSus publicaciones y trabajos... 247


Lista de entrevistados....................................253
Esta publicación fue impresa en los talleres
de VPD Soluciones Gráficas con un tiraje de 1000 ejemplares, hecha en papel bond blanco base 20
Futura Lt, Goudy, Pristina, Taffy y Times.
Noviembre del 2006, Año Bicentenario del Juramento del Generalísimo Francisco de Miranda y d
Protagónica y del Poder Popular.

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