LOS PASTORES A BELEN
(PASTORELA)
PRIMER CUADRO:
(La acción se desarrolla en el interior del infierno)
DIABLA: (Aparece la diabla con el diablo de una oreja)¡Siéntate allí y a callar!
DIABLO: No me siento
DIABLA: ¿Qué, qué?
DIABLO: Que… que mal me siento, ¿pero, qué me paso?
DIABLA: (Aparece con unas maletas en la mano y a gritos llama por interfon a Leopoldina,
su sirvienta). ¡Leopoldina…………. Leopoldina!
LEOPOLDINA: (Aparece). Diga señora
DIABLA: Leopoldina, te quedas al cuidado del infierno, porque solo en ti confío.
LEOPOLDINA: ¿Estará fuera muchos días, señora?
DIABLA: Depende cuanto tarde en impedir que esos pastores lleguen a Belén a adorar a
ese niño que nacerá y que dizque me destronara de mi reino…. Ja, ja, ja.
DIABLO: ¡Uh, pues ya estuvo que nunca!
DIABLA: (Furiosa persigue al diablo). ¿Qué dices insensato, feo y mentecato? ¡Yo lo mato!
DIABLO: Calma mujer. Dije… que me duele la nuca, una mueluca y la pansuca.
DIABLA: Que mamelucos. ¡Siéntate en aquel rincón y a callar! (Obedece como niño
castigado)
LEOPOLDINA: Señora debo advertirle que no esta bien que usted sea quien vaya a la
tierra. Se supone que en todas las pastorelas, es el señor don diablo quien
debe impedir que los pastores adoren al niño.
DIABLA: ¡Hay Leopoldina de mi vida! ¿Todavía crees en milagros? Cada año, este pinacate
va a la tierra a tentar a los pastores y es la misma historia; llega derrotado por el
bien. Por eso no confío en él. Este año va a ser diferente porque yo si voy a
triunfar.
LEOPOLDINA: Señora, ¿quiere que le ayude con sus maletas, su capa y su coraje?
DIABLA: (Furiosa). Ayúdame con las maletas y la capa, pero no con el coraje, porque
necesito ir enojada como tamal enchilado para vencer. Leopoldina, pensándolo
bien, tu vendrás conmigo a buscar a ese niño. Pero ni el ni nadie podrá quitarme
el poder que me envuelve, porque yo mando todo; mando el sol, mando la luna,
mando este cielo…. ¡creo que me equivoque de pastorela!, ¡Ah, pero lo que si
mando es al zopenco de mi marido y mando a la tonta de su madre!
LEOPOLDINA; ¿Señora, a dónde manda a su madre?
DIABLO: (Muy digno).A mi madre no la metas en nuestros problemas conyugales.
(Llorando) A mi dime todo lo que quieras, pégame, mátame si quieres, pero a ella
no le tocas ni un cuerno, mi cabecita blanca que me arrullo en sus brazos. Hay, si
bien me lo decía ella, “no te cases con esa mujer infernal y fatal, porque es muy
mala, quédate solterito y riega las flores para que me mantengas”. “Hay…..hay
pobre de mi.
LEOPOLDINA: (Al público), Esto y más pasa todos los días en el infierno. Yo ya estoy harta y
quisiera mejor irme a la tierra, quien quite y me encuentre un muchachón,
querendón que me saque de este suplicio.
MADRE: (Llega furiosa). Suplicio es el que yo tengo con esta mugre nuera. ¡Hay señor!,
que culpa cometí para merecer este pecado. (Se dirige a la diabla), ¡Ahorita
mismo me le pides perdón a mi hijo, porque a mi retoño solo yo le grito, solo yo
le pego, solo yo lo maltrato. Con que, o le pides perdón de rodilla o te la verás
conmigo.
DIABLO: Ya mamita….. ya no le muevas, mira que cuando tu te vayas me va a ir de la
patada.
MADRE: ¡Cállate maldito zacatón!, ni pareces el diablo, de que te sirven esos cuernos, esa
larga cola y esa mirada diabólica, ¿de qué? Debería desheredarte.
DIABLA: Ya fue mucho hablar en mis dominios, o como quien dice, para que tanto brinco
estando el suelo tan parejo. Y se callan los dos o los mando a la sala de los
tormentos… en cuanto al perdón a este mentecato, a este calzonazos, sépase
usted señora mía, que yo no le pido perdón ni al mismo Lucifer.
DIABLO: Pero mujer, cálmate. ¿Quieres que te traiga un tecito de cuasia?
DIABLA: (Amable) ¡Hay que divino eres! Lo que quiero, es que me traigas un te de cianuro
para tu madre.
MADRE: No te humilles querubín, ante este esperpento y vámonos inmediatamente a
nuestra casa; desde este momento, dejas de ser su marido.
DIABLA: ¿Y usted qué dijo? “Aquí se quebró una taza y cada quien para su casa”. Pues no
señora, claro que se van a ir… pero a recibir tormento en aceite hirviendo (ríe
diabólicamente) Ja, ja, ja (Gritando) ¡Flamicia!
FLAMICIA: (Apareciendo) ¿Me llamaba señora?
DIABLA: Llama inmediatamente a mis esclavas para que se lleven a este hijo y a su
endemoniada madre, pero a este ritmo (truena los dedos)
FLAMICIA: Mejor a este ritmo mi señora (Entran las esclavas y se van bailando con el
diablo y la madre).
LEOPOLDINA: Odio ser la emisora de la siguiente noticia, pero ni maíz paloma, al mal paso
darle prisa. (Se limpia la garganta y tose).
SEGUNDO ACTO:
(Mientras tanto en la tierra, nótese que ya nos trasladamos a ella, los ángeles anuncian la
llegada del niño Dios. Aparecen tres ángeles.)
ANGEL 1: (Muy angustiado) ¡Caracoles celestiales, es tardísimo y no hemos terminado
hermano Enene! ¿Por qué no hemos terminado?
ANGEL 2: Por tu culpa, siempre pierdes los lentes, no te fijas en nada. Eres distraído.
ANGEL 1: Sereno moreno, sereno. La noche es larga…. ¿oye hermano Enene, y el ángel de
la estrella milagrosa? ¿dónde se metió?
ANGEL 2: Esa esta como tu, tu sin lentes eres un desastre y la hermana Rubí es una
olvidadiza. Solo Dios sabe donde se ha metido.
ANGEL 1: Hermano Enene… tranquilízate, recuerda que los ángeles no se enojan.
ANGEL 2: Claro que no te conviene, ¿verdad?
ANGEL 3: (Aparece) Hermanos, que bueno que los encuentro, porque fíjense que tengo
una terrible duda y solo ustedes pueden aclarármela.
ANGEL 2: ¿Y ahora, qué pasa hermana Rubí?
ANGEL 3: Pues, desde hace una hora estoy cargando esta estrella, y no me puedo recordar
porque.
ANGEL 2: (Furioso, casi golpea a RubÍ) ¡Hay, maldita noche!
ANGEL 1: Hermano Enene…. ¡cuente hasta diez! –Ángel 2 cuenta hasta diez-.
ANGEL 2: (Amable ya) Hermana Rubí, esa esta estrelllita que tienes en tu delicada
manecita, es para que guíes a los pastores hacia el nacimiento del niñito Jesús.
ANGEL 3: (Iluminada) ¡Hay, pero si es verdad!... ¿cuál niñito Jesús, hermano Enene?
ANGEL 2: (Furioso) ¡Yo renuncio, definitivamente yo renuncio!
ANGEL 1: (Se dirige a Rubí) El niñito Jesús es el hijo de Dios, él va a nacer para salvar al
mundo del pecado; hermana.
ANGEL 3: Y a mi me salvará también
ANGEL 1: Que torpe eres hermanita, los angelitos no tenemos pecados
ANGEL 3: ¡Hay, es verdad!... Yo soy un ángel
ANGEL 2: ¡Silencio! Se acercan unos pastores. (Se dirige al ángel 1) Tú ve y comunícales la
gran noticia, (se dirige a Rubí) y tú, guíalos con la estrella al camino de Belén.
ANGEL 1: (Se acerca a los pastores) Buenas noches pastorcitos del señor
PASTORES: Buenas y santas noches. ¿Sele ofrece algo a su merce?
ANGEL 1: Debo de comunicarles un mensaje lleno de amor… Hoy a nacido un salvador, el
mecías, el hijo de Dios. Una estrella los guiara hasta el pesebre donde se
encuentra, acudan de inmediato a adorarlo, porque el los llenará de
bendiciones.
PASTORES: (Se arrodillan) ¡Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres que el
quiere tanto!
ANGEL 3: ¡Síganme los buenos! ¡A darle duro que ahora es mole de olla!... ¡Hay perdón!
Hermanos pastorcitos síganme por caridad, yo les indicaré el camino a Belén.
Vamos pastores vamos. (Villancico de Vamos pastores vamos)
Cuando todos salen aparece la diabla.
DIABLA: (Riéndose) ¡Muy listos, montón de tontos! ¡Engarrótenseme allí! (Los pastores y
ángeles quedan congelados). ¿Qué dijeron, “ya llegamos a Belén? ¿Y su nieve de
que la quieren? Ahora mandare mucho frío para que queden congelados como
paletas Yordi. ¡Yo la reina de las tinieblas, ordeno a los crudos infiernos, mandar
toda la nieve existente para que los pastores y los ángeles, mueran de frío!
PASTORES: (Titiritando de frío) ¡Que frío tan horrendo!
ANGELES: ¡Y nosotros sin poder movernos! ¿Y ahora, quién podrá ayudarnos?
LEOPOLDINA: Yo…. ¡La chapulina colorada!, ya no sufran más pastores, yo retirare la nieve
y los descongelare.
ANGEL 2: ¿Tu?, ¿pero si eres una diabla? No te creemos
LEOPOLDINA: Era una diabla, pero he escuchado el mensaje de ustedes y me he
transformado, ya jamás regresare al infierno, ahora siento que tengo corazón.
ANGEL 3: Pues, ¡descongélanos pronto, que ya es tardísimo!
LEOPOLDINA: ¡Desencantados!
DIABLA: (Furiosa) ¿Pero, qué has hecho insensata? ¡Traición, traición, traición! De castigo
te mandare a vivir a los volcanes toda una eternidad, convertida en piedra y solo
tendrás como compañía la lava y la ceniza.
LEOPOLDINA: Ya nada puedes hacer hija de lucifer, tengo a Dios conmigo y a ti por
enemigo; así que sigue tu camino que aquí en la tierra no tienes dominio. Y
ahora, si me disculpas, me retiro porque voy a adorar a ese precioso niño.
DIABLA: ¡Me has derrotado, pero volveré, te juro que volveré! (Sale furiosa)¡Truenos y
centellas, maldición y maldición.
Rápidamente al ritmo del niño del tambor improvisan un nacimiento, todos quedan en
cuadro plástico.