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STC7646 2021

Se resuelve la tutela que Erika Johanna Mina Núñez instauró contra la Sala Civil del Tribunal Superior de Distrito Judicial de Cali y el Juzgado Dieciséis Civil del Circuito de la misma ciudad, extensiva a los intervinientes en el declarativo de responsabilidad civil extracontractual con radicado n° 760013103016-2018-00024-01.

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STC7646 2021

Se resuelve la tutela que Erika Johanna Mina Núñez instauró contra la Sala Civil del Tribunal Superior de Distrito Judicial de Cali y el Juzgado Dieciséis Civil del Circuito de la misma ciudad, extensiva a los intervinientes en el declarativo de responsabilidad civil extracontractual con radicado n° 760013103016-2018-00024-01.

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OCTAVIO AUGUSTO TEJEIRO DUQUE

Magistrado ponente

STC7646-2021
Radicación nº 11001-02-03-000-2021-01839-00
(Aprobado en sesión de veintitrés de junio dos mil
veintiuno)

Bogotá, D.C., veinticuatro (24) de junio de dos mil


veintiuno (2021).

Se resuelve la tutela que Erika Johanna Mina Núñez


instauró contra la Sala Civil del Tribunal Superior de
Distrito Judicial de Cali y el Juzgado Dieciséis Civil del
Circuito de la misma ciudad, extensiva a los intervinientes
en el declarativo de responsabilidad civil extracontractual
con radicado n° 760013103016-2018-00024-01.

ANTECEDENTES

1. La gestora pretendió se deje sin efectos la


sentencia proferida el 24 de febrero de 2021 por la Sala
accionada. En su lugar, pidió que se ordenara dictar «un
nuevo fallo» que tenga en cuenta el «precedente
Radicación n° 11001-02-03-000-2021-01839-00

jurisprudencial» sobre «reparación integral» y en el que


además se «ajuste[n]» los perjuicios morales concedidos.
También solicitó la invalidación de la sanción referente al
juramento estimatorio que le impuso el Tribunal querellado
por la falta de demostración de perjuicios.

En sustento señaló que interpuso demanda de


responsabilidad civil extracontractual en contra de Menelio
Hurtado y su garante Axxa Colpatria Seguros S.A. por el
accidente de tránsito que tuvo lugar el 17 de septiembre de
2015. En el pleito pretendió, además de la declaratoria de
responsabilidad, el pago de perjuicios estimados en la suma
de $408´108.873.00 discriminados así: i). perjuicios
morales para sí y su núcleo familiar equivalentes a
$190’500.602.00, ii). perjuicio «fisiológico o vida de relación»
por la suma de $45’111.780.00, iii). lucro cesante
correspondiente a $68’572.835 y, iv). daño emergente por
valor de $3’972.000.00.

Relató que en la primera instancia se condenó a los


demandados al pago de perjuicios morales por suma
inferior a la pedida sin tener en cuenta el detrimento
material que, a su juicio, se causó. Agregó que esa decisión
fue apelada por todas las partes y que la sentencia que
resolvió el recurso, además de imponerle «la sanción
prevista en el parágrafo del artículo 206 del C.G.P»., redujo el
valor de la condena establecida por el juez de primer grado.

Reprochó por esta senda que el Tribunal utilizara una


«teoría» de reparación integral distinta a la «indicad[a] por la

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Radicación n° 11001-02-03-000-2021-01839-00

jurisprudencia constitucional» para negar los agravios


materiales invocados. También se dolió de que se haya
aminorado el monto correspondiente al menoscabo
extrapatrimonial y, finalmente, censuró la imposición de la
multa por falta de demostración de perjuicios que
contempla el canon mencionado.

2. El Tribunal defendió la legalidad de sus


actuaciones.

CONSIDERACIONES

1. El auxilio se dirige en contra de las sentencias


proferidas por la Sala Civil del Tribunal Superior del
Distrito Judicial de Cali y el Juzgado Dieciséis Civil del
Circuito de la misma ciudad; no obstante, se impone
circunscribir el estudio de esta salvaguarda a la providencia
de segundo grado por ser la que resolvió, de manera
definitiva, el proceso de responsabilidad civil objeto de
revisión. En esa línea, ha indicado esta Corporación que:

(…) aunque el quejoso enfila su ataque contra la decisión de


primera instancia, en esta sede constitucional es inane
detenerse en ella, pues, al haber sido apelada y estudiada por
el ad quem, fue sometida a la controversia que legalmente le
corresponde ante el juez natural de tal manera que la
valoración sobre si se lesionaron los derechos fundamentales
invocados debe hacerse frente al pronunciamiento definitivo, so
pena de convertir este escenario en una instancia paralela a la
ya superada). (CSJ STC613-2017, reiterada en STC6491-
2018). (Subrayas propias)

2. Establecido lo anterior, se anuncia la prosperidad


parcial de la tutela en lo alusivo a la sanción impuesta por

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Radicación n° 11001-02-03-000-2021-01839-00

la falta de demostración de perjuicios, ello por la deficiente


motivación en que incurrió el tribunal al respecto. En lo
demás, se impone la frustración del amparo porque la
decisión fustigada se adoptó con fundamento en un criterio
de apreciación razonable de los hechos expuestos por las
partes, las probanzas practicadas en el declarativo y la
normativa aplicable al caso concreto, como se pasa a
exponer.

Los anhelos de la promotora vienen sustentados sobre


la base de cuestionar la apreciación probatoria y la
aplicación normativa que el juez natural adoptó en la
disputa, lo que revela la verdadera intención de la libelista
de imponer su propio criterio respecto de la forma en que, a
su juicio, debió resolverse el pleito indemnizatorio.

En efecto, respecto de la primera censura encaminada


a la nugatoria de los perjuicios materiales demandados,
emerge del expediente que el fallador adoptó tal decisión
fincado en los siguientes argumentos:

Lo cierto de este caso, es que en el presente asunto con


independencia del vínculo laboral e ingreso mensual percibido
por la actora al momento del accidente – que sí están
acreditados en el proceso –, con las pruebas obrantes en el
mismo, no es posible concretar la dimensión y entidad del
lucro cesante, fundamentalmente, porque al entenderlo
como aquella ganancia dejada de percibir, es importante
recalcar que la demandante en la declaración rendida
durante la diligencia de interrogatorio de parte – fl. dvd, fl. 370
–, confesó que se reincorporó a la actividad laboral en la
empresa donde fungía como operaria, que considerando su
condición física fue reubicada a efecto de facilitarle unas
mínimas condiciones de trabajo y que el salario percibido
giraba en torno al mínimo legal de la época; estas
expresiones espontáneas conducen a la Sala a tener por no
evidenciado o probado el provecho o ganancia dejada de

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Radicación n° 11001-02-03-000-2021-01839-00

percibir, tanto el consolidado, como el futuro; (…),pese a la


incapacidad física para atender las funciones laborales, el
vínculo se sostuvo como lo confesó la actora – no en vano,
retornó a su trabajo, siendo reubicada, según su propio dicho –
por lo que es razonable inferir sin temor a equívocos que el
componente de lucro dejado de percibir (salario con
ocasión del trabajo) no se comprueba contundentemente
en este caso y en ese sentido, no hay lugar a disponerlo»
(Resaltado propio).

Visto lo anterior, se observa que la conclusión del


Tribunal se cimentó en la apreciación que efectuó sobre la
confesión de la convocante, quién adujo mantener su
vínculo laboral y remuneración salarial a pesar de las
lesiones padecidas, evento que desdibuja la «ganacia dejada
de percibir» que enarboló la pretensora y que constituía
elemento fundante de la institución indemnizatoria alegada,
conforme al canon 1614 del Código Civil.

De frente a lo acabado de manifestar, se echa de


menos la arbitrariedad judicial que se requiere para la
prosperidad del resguardo, ya que, tratándose de valoración
probatoria, goza el juez natural de amplia discrecionalidad
para la libre estimación de las probanzas recopiladas, lo
que limita la intromisión del fallador constitucional a
aquellos casos en que se acredite una lesión ius
fundamental, circunstancia inexistente en el sub lite, pues
el mero inconformismo hermenéutico del querellante no
ostenta la virtud de configurar la vía de hecho invocada. En
ese sentido ha sido pacífica la doctrina constitucional al
sustentar que:

[e]l campo en donde fluye la independencia del juez con mayor


vigor, es en cuanto a la valoración de las pruebas. Ello por
cuanto el administrador de justicia es quien puede apreciar y

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valorar, de la manera más certera, el material probatorio que


obra dentro de un proceso, inspirándose en los principios
científicos de la sana crítica (...) de forma que sólo es factible
fundar una acción de tutela, cuando se observa en el
caso concreto, que de manera manifiesta el operador
jurídico ejecuta un juicio irrazonable o arbitrario sobre la
valoración probatoria por fuera de las reglas básicas de
realización, práctica y apreciación, las cuales se reflejan
en la correspondiente providencia. El error en el juicio
valorativo, ha dicho esta Corte, debe ser de tal entidad que
debe ser ostensible, flagrante, manifiesto y el mismo debe
poseer una incidencia directa en la decisión. (STC, 5 jul.
2012, rad. 01339-00, reiterada en STC 7 oct. 2015,
rad. 2336-00, STC4937-2016, STC6631-2018 y
STC14267-2018, STC5418-2021, STC6009-2021
entre otras). (Resaltado propio).

3. Respecto a la criticada disminución del monto de los


agravios morales que había decretado el juez de primera
instancia, caviló el encartado que:

«(…) el accidente se ocasionó por la propia peligrosidad de las


dos actividades desarrolladas, tanto la de la demandante,
como la del demandado y al no ser posible determinar en el
proceso alguna culpa adicional – como sería la violación
especial a alguna reglamentación de tránsito, una licencia
vencida, que alguno de los involucrados tuviese algún grado de
embriaguez, etc. –, son los dos partícipes los que deben
concurrir igualmente a la reparación (…) lo correcto en
este caso, es acoger la corresponsabilidad o
participación simétrica de las partes en el suceso
denunciado, lo que por supuesto, para el caso del
demandado, tiene como efecto la reducción de la condena
en un 50% en atención a lo previsto en el artículo 2357
del C.C.» (Resaltado propio).

Como puede verse, la reducción de la condena no


obedeció a la aplicación de un criterio irreflexivo por parte
del juzgador, sino al efecto propio de la normativa referida,
pues la actividad probatoria llevada a cabo le permitió al
colegiado concluir la existencia de una corresponsabilidad
entre los intervinientes en la colisión vehicular que motivó

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Radicación n° 11001-02-03-000-2021-01839-00

la causa, razón suficiente para predicar la solidaridad en la


obligación de reparación frente a los menoscabos irrogados.

Dicho en otros términos, al determinarse que las dos


partes fueron responsables del hecho generador del daño,
son ambas las llamadas a responder por él, de ahí que al
demandado corresponda sufragar tan sólo el 50% de los
perjuicios.

De modo que no obra prueba en el dossier que permita


inferir que la tasación de los perjuicios morales que critica
el actor se torne antojadiza o caprichosa, máxime si se
atiende que su fijación obedeció al prudente arbitrio del
juez. En tal sentido se ha reiterado que:

(…) A diferencia de los perjuicios patrimoniales, para cuyo


cálculo existen en la mayoría de las ocasiones datos objetivos,
el perjuicio extrapatrimonial ha estado y seguirá estando
confiado al discreto arbitrio de los funcionarios judiciales, lo que
no “equivale a abrirle paso a antojadizas intuiciones
pergeñadas a la carrera para sustentar condenas excesivas,
sino que a dichos funcionarios les impone el deber de actuar
con prudencia, evitando en primer lugar servirse de pautas
apriorísticas…”. (Sentencia de 25 de noviembre de 1992. Exp.
3382)

No pueden, por tanto, fijarse o establecerse parámetros


generales que en forma mecánica se apliquen a la valoración de
tal clase de perjuicio, pues cada caso concreto ofrece
particularidades que deberán ser apreciadas por el juez al
momento de hacer la correspondiente estimación. (SC10297-
2014).

4. Nótese, entonces, que no se devela, hasta aquí, un


desatino mayúsculo o constitutivo de la lesión que se
invoca, sino la simple inconformidad con la valoración
impartida al material suasorio, por lo que es dable reiterar

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Radicación n° 11001-02-03-000-2021-01839-00

que esta senda supralegal no está llamada a servir como un


mecanismo de confrontación de las apreciaciones del
sentenciador y las partes, a fin de determinar cuál de ellas
tiene mayor asidero, pues como se tiene decantado «no se
puede recurrir a la acción tutelar para imponer al fallador
una determinada interpretación de las normas procesales
aplicables al asunto sometido a su estudio o una específica
valoración probatoria, a efectos de que su raciocinio coincida
con el de las partes» (STC1981-2018).

Así, las protestas de la censora se enfilan a imponer su


opinión sobre las del juez natural que definió el asunto, sin
tener en cuenta que este mecanismo no fue diseñado para
extender la discusión zanjada, al margen de que se
compartan o no las cavilaciones fustigadas. No en vano se
ha sostenido que:

[A]l margen de que esta Corporación comparta o no, el análisis


probatorio efectuado por los juzgadores accionados, el
mecanismo de amparo constitucional no está previsto para
desquiciar providencias judiciales con apoyo en la diferencia de
opinión de aquéllos a quienes fueron adversas, obrar en
contrario equivaldría al desconocimiento de los principios de
autonomía e independencia que inspiran la función pública de
administrar justicia y conllevaría a erosionar el régimen de
jurisdicción y competencias previstas en el ordenamiento
jurídico a través del ejercicio espurio de una facultad
constitucional, al que exhorta el promotor de este amparo.
(STC3061-2019).

Por ello, resulta evidente que las decisiones hasta acá


estudiadas no se hallan caprichosas, antojadizas o
abiertamente contrarias al ordenamiento jurídico, sino todo
lo contrario, ajustadas a la realidad procesal descrita, de

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ahí que la frustración del amparo, frente a tales


actuaciones, no se haga esperar.

5. Ahora bien, en lo que respecta a la sanción por la


falta de demostración de los perjuicios dispuesta en el
parágrafo del artículo 206 del Código General del Proceso,
se advierte que su procedencia no resulta absoluta e
irreflexiva para todos los casos en que se denieguen las
pretensiones por el motivo señalado.
Ciertamente, la figura del juramento estimatorio en la
legislación procesal civil colombiana ha acuñado en el
tiempo1 dos finalidades intrínsecas, una destinada a lograr
la determinación de las pretensiones de contenido
pecuniario en aquellos casos en que la ley permite su
estimación y otra enfocada a sancionar la eventual tasación
desmesurada del demandante en el litigio. Dicho en otros
términos, la referida institución permite a este y al juez la
fijación del monto de los anhelos pecuniarios para los casos
dispuestos por el legislador y el resarcimiento de los
agravios irrogados con los cálculos exorbitantes ya sea en
favor de la parte contraria a quién tasó, como ocurría en el

1
Ley 105 de 1931, artículo 125: «La declaración jurada de una parte, cuando la ley autoriza a ésta
para estimar, en dinero, el derecho demandado proveniente de perjuicios u otra causa, hace fe (…) Si
la cantidad estimada por el interesado excede en más del doble de la en que se regule, se le condena
en las costas del incidente y a pagar a la otra parte el diez por ciento de la diferencia»
Ley 1400 de 1970, artículo 211: «El juramento de una parte cuando la ley la autoriza para estimar
en dinero el derecho demandado, hará prueba de dicho valor (…).Si la cantidad estimada excediere
del doble de la que resulte en la regulación se condenará a quien la hizo pagar a la otra parte, a
título de multa, una suma equivalente al diez por ciento de la diferencia»
Ley 1395 de 2010, artículo 10: «Quien pretenda el reconocimiento de una indemnización,
compensación o el pago de frutos o mejoras, deberá estimarlo (…) Dicho juramento hará prueba de
su monto (…) Si la cantidad estimada excediere del treinta por ciento (30%) de la que resulte en la
regulación, se condenará a quien la hizo a pagar a la otra parte una suma equivalente al diez por
ciento (10%) de la diferencia.

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pasado, o de la administración de justica como sucede en la


actualidad.

Con la llegada del Código General del Proceso, se sumó


a los dos propósitos señalados un tercer empeño dirigido a
reprobar, no solamente la proyección desorbitada de las
cuantías, sino la estimación, en sí misma, cuando la
pretensión no ostenta la virtud de salir airosa por la falta de
demostración de perjuicios.

Ello se extrae del mentado precepto, a cuyo tenor


dispuso que:

«(…) También habrá lugar a la condena a que se refiere este


artículo, en los eventos en que se nieguen las pretensiones
por falta de demostración de los perjuicios. En este evento
la sanción equivaldrá al cinco (5) por ciento del valor pretendido
en la demanda cuyas pretensiones fueron desestimadas».

Con posterioridad, la Ley 1743 de 2014 preceptuó en


lo referente a esta sanción, que su destinatario debía ser el
«Consejo Superior de la Judicatura, Dirección Ejecutiva de
Administración Judicial, o quien haga sus veces» y no la
contraparte de quien hacía el cálculo de la pretensión pues,
según se consignó en la gaceta judicial 678 del 4 de
noviembre de 2014, «aunque el quebrantamiento del
juramento estimatorio afecta negativamente a la contraparte,
la peor vulneración es la que se realiza en contra de la
administración de justicia, generándole mayores cargas de
trabajo innecesarias e infundadas, a raíz de estrategias
procesales confusas. Por este motivo, el presente proyecto
de ley propone que dichos recursos sean destinados a la

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administración de justicia, que es realmente la mayor


afectada» (resaltado propio).

Dicha normativa, además de definir un nuevo


adjudicatario de la condena, limitó su procedencia para
aquellos casos en que «la causa de la falta de demostración
de los perjuicios sea imputable al actuar negligente o
temerario de la parte», de lo que se impone la acreditación
de tales sucesos para cada caso concreto.

Así, del panorama expuesto, puede colegirse con


facilidad que la naturaleza del juramento estimatorio
radica, entre otras, en i). la necesidad de desestimular la
presentación de aspiraciones económicas que contraríen los
postulados de buena fe y lealtad procesal que fundaron la
legislación adjetiva, como en efecto, lo ha compartido la
homóloga constitucional (Cfr. C-157-2013), y ii). la función
procesal de determinar el valor de las pretensiones en los
casos que la ley lo permite.

Además, en lo que atañe al represivo correspondiente


al 5% del valor de la aspiración proyectada, puede
concluirse que, i). su beneficiaria es la administración de
justicia, ii). su finalidad apunta a la desestimulación de
pretensiones infundadas o indebidamente soportadas y,
sobre todo, iii). para su imposición, deben acreditarse dos
presupuestos basilares, esto es, de un lado, la denegación
de los anhelos por falta de demostración de los perjuicios y,
de otro, la acreditación de un proceder temerario o
negligente imputable al vencido.

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Así las cosas, confrontado lo dicho con la motivación


dada por el Tribunal respecto de la sanción decretada, no es
dable a la Corte calificar las respectivas consideraciones de
razonables o arbitrarias en la medida que la cavilación
relativa a la sanción, se fundamentó en la denegación de los
perjuicios solicitados por su falta de demostración, pero no
develó con suficiencia la ocurrencia e imputabilidad de los
demás postulados señalados, esto es, a que la causa de la
no acreditación de aquellos haya sido producto de un acto
temerario o negligente de la aquí accionante.

En ese orden, ante la falta de motivación suficiente e


idónea en lo que respecta a la responsabilidad subjetiva del
correctivo impuesto, se tutelará parcialmente para que el
accionado vuelva a decidir sobre ello conforme lo manda el
canon citado, pues sobre la particular carencia, ha
señalado esta Corporación que

(…) el defecto en comento se produce cuando la autoridad


judicial accionada no analiza el asunto bajo su conocimiento o
lo hace de manera parcial o sesgada, lo que conlleva que deba
abordarse de nuevo el estudio y definición del caso, en tanto que:
«la motivación de las decisiones constituye imperativo que surge
del debido proceso. (CSJ STC8921-2020 reiterada en
STC1749-2021).

En definitiva, al no haberse evidenciado un desafuero


capital en las actuaciones censuradas, no queda opción
diferente a desestimar el amparo en todo lo que no incumbe
a la sanción aludida, pues frente a esta última se abrió
paso el resguardo por las razones señaladas.

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Radicación n° 11001-02-03-000-2021-01839-00

DECISIÓN

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de


Justicia, en Sala de Casación Civil, administrando justicia
en nombre de la República y por autoridad de la
Constitución, resuelve CONCEDER PARCIALMENTE la
tutela instada por Erika Johanna Mina Núñez.

En tal sentido, se deja sin efectos la sentencia


fustigada, únicamente, en lo que respecta a la sanción
impuesta. En consecuencia, se ordena al Tribunal
accionado que, dentro de los cinco días siguientes a la
notificación de esta providencia, proceda nuevamente a
resolver tal cuestión con observancia de las consideraciones
aquí expuestas.

Infórmese a los participantes por el medio más


expedito y remítase el paginario a la Corte Constitucional
para su eventual revisión, de no impugnarse esta
resolución.

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE

FRANCISCO TERNERA BARRIOS


Presidente de Sala

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Radicación n° 11001-02-03-000-2021-01839-00

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO

HILDA GONZÁLEZ NEIRA

AROLDO WILSON QUIROZ MONSALVO

LUIS ALONSO RICO PUERTA

OCTAVIO AUGUSTO TEJEIRO DUQUE

(AUSENCIA JUSTIFICADA)
LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA

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