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Superando debilidades espirituales

1) El documento analiza las debilidades humanas y cómo superarlas, usando los ejemplos de Joab y Pablo. 2) Señala que debemos reconocer nuestras debilidades, orar a Dios por ayuda para vencerlas, y estudiar las Escrituras para aprender a controlarlas. 3) También sugiere evitar las tentaciones siempre que sea posible, huir de ellas, y pedir ayuda a Dios mediante la oración para no caer en pecado.

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Superando debilidades espirituales

1) El documento analiza las debilidades humanas y cómo superarlas, usando los ejemplos de Joab y Pablo. 2) Señala que debemos reconocer nuestras debilidades, orar a Dios por ayuda para vencerlas, y estudiar las Escrituras para aprender a controlarlas. 3) También sugiere evitar las tentaciones siempre que sea posible, huir de ellas, y pedir ayuda a Dios mediante la oración para no caer en pecado.

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*** w08 15/6 págs.

4-5 Fuertes a pesar de las debilidades ***


Debilidades ocultas
Algunas personas tienen debilidades de las que no son conscientes o que les cuesta reconocer. Por ejemplo, hay
quienes confían demasiado en sí mismos y en su propio ingenio (1 Cor. 10:12). Otros sucumben al deseo de
prominencia, una flaqueza muy común en los seres humanos imperfectos.
Veamos el caso de Joab. Este hombre llegó a ser general del ejército del rey David, y se caracterizó por ser valiente,
decidido e ingenioso. No obstante, cometió errores muy graves que demostraron su espíritu arrogante y ambicioso. Por
ejemplo, asesinó de forma brutal a dos generales del ejército. Primero eliminó a Abner por venganza, y tiempo después,
simulando saludar a su primo Amasá, lo agarró de la barba con la mano derecha como si lo fuera a besar y lo atravesó
con una espada que llevaba en la mano izquierda (2 Sam. 17:25; 20:8-10). ¿Qué llevó a Joab a actuar así? Amasá lo
había reemplazado en el puesto de general del ejército, y Joab aprovechó la oportunidad para librarse de este rival, quizá
con la esperanza de recuperar el puesto. Es evidente que Joab no controló su tendencia a la ambición y el egoísmo.
Actuó sin piedad y sin el menor indicio de remordimiento. Cuando el rey David estaba a punto de morir, dio instrucciones
a su hijo Salomón para que se encargara de castigar a Joab por su maldad (1 Rey. 2:5, 6, 29-35).
Es obvio que no debemos ceder a nuestras malas inclinaciones: podemos controlarlas. En primer lugar, debemos
reconocer cuáles son y entonces hacer algo para superarlas. Podemos orar a Dios regularmente para pedirle que nos
ayude a vencer tales inclinaciones y estudiar su Palabra con diligencia a fin de aprender cómo controlarlas (Heb. 4:12).
Tendremos que luchar de continuo con nuestros defectos y no desanimarnos, pues es posible que la lucha continúe
mientras seamos imperfectos. Pablo reconoció que ese era su caso cuando dijo: “Lo que deseo, esto no lo practico; sino
que lo que odio es lo que hago”. No obstante, sabemos que Pablo no se resignó a esa situación como si sus actos
estuvieran totalmente fuera de su control. Por el contrario, siguió luchando contra sus debilidades confiando en la ayuda
que Dios concede a través de Jesucristo (Rom. 7:15-25). En otra de sus cartas, Pablo afirmó: “Aporreo mi cuerpo y lo
conduzco como a esclavo, para que, después de haber predicado a otros, yo mismo no llegue a ser desaprobado de
algún modo” (1 Cor. 9:27).
Los seres humanos tendemos a justificarnos. Una forma de contrarrestar dicha tendencia es adoptar el punto de vista
de Jehová y hacer lo que Pablo aconsejó a los cristianos: “Aborrezcan lo que es inicuo; adhiéranse a lo que es bueno”
(Rom. 12:9). En la batalla por superar las debilidades se requiere honradez, perseverancia y autodisciplina. David le pidió
a Jehová: “Refina mis riñones y mi corazón” (Sal. 26:2). Él sabía que Dios puede determinar con exactitud nuestras
inclinaciones más profundas y darnos la ayuda necesaria. Si seguimos la guía que Jehová nos brinda mediante su
Palabra y su espíritu santo, poco a poco iremos ganando la lucha contra nuestras debilidades.
Algunas personas tal vez se sientan perturbadas por problemas que no se ven capaces de resolver. En estos casos,
los ancianos de congregación sin duda pueden ofrecer ayuda y estímulo amorosos (Isa. 32:1, 2). Ahora bien, conviene
tener expectativas realistas, ya que algunos problemas no se solucionarán del todo mientras dure este sistema de cosas.
Aun así, muchos han aprendido a sobrellevarlos, y eso les ha permitido tener vidas productivas.

*** w01 15/3 págs. 10-14 Venzamos las debilidades humanas ***

“Tener la mente puesta en la carne significa muerte.” (ROMANOS 8:6.)


No nos confiemos
5
Pablo declara: “El que piensa que está en pie, cuídese de no caer”. El exceso de confianza en nuestra fortaleza
moral es peligroso, pues delata que no comprendemos bien la naturaleza y el poder del pecado. Si personas de la talla
de Moisés, David, Salomón y el apóstol Pedro cayeron en sus redes, ¿deberíamos nosotros creernos invulnerables?
(Números 20:2-13; 2 Samuel 11:1-27; 1 Reyes 11:1-6; Mateo 26:69-75.) “El sabio teme y se aparta de lo malo, pero el
estúpido se pone furioso y confiado en sí mismo”, dice Proverbios 14:16. Además, Jesús indicó que ‘el espíritu está
pronto, pero la carne es débil’ (Mateo 26:41). Puesto que ningún ser humano imperfecto es inmune a los deseos
corruptos, para no correr el riesgo de caer es preciso que nos tomemos en serio la advertencia de Pablo y resistamos la
tentación (Jeremías 17:9).
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Es prudente que nos preparemos para las dificultades que puedan surgir de improviso. El rey Asá aprovechó un
período de paz para construir sus fortificaciones defensivas (2 Crónicas 14:2, 6, 7). Sabía que si esperaba a que se
produjera un ataque, sería demasiado tarde. De igual modo, es mejor que las decisiones respecto a lo que haremos ante
la tentación las tomemos con calma, cuando todo esté tranquilo (Salmo 63:6). Daniel y sus amigos piadosos se
resolvieron a ser fieles a la ley de Jehová antes de que los presionaran para que comieran los manjares del rey, de modo
que no vacilaron en aferrarse a sus convicciones y no ingirieron alimentos inmundos (Daniel 1:8). Reforcemos nuestra
decisión de permanecer limpios en sentido moral antes de que se presenten las tentaciones, pues así evitaremos caer en
el pecado.
7
Obtenemos mucho consuelo de estas palabras de Pablo: “Ninguna tentación los ha tomado a ustedes salvo lo que
es común a los hombres” (1 Corintios 10:13). Y el apóstol Pedro escribió: “Pónganse en contra [del Diablo], sólidos en la
fe, sabiendo que las mismas cosas en cuanto a sufrimientos van realizándose en toda la asociación de sus hermanos en
el mundo” (1 Pedro 5:9). En efecto, si otros hermanos han resistido tentaciones similares con la ayuda de Dios, nosotros
también lo lograremos. Vivimos en un mundo depravado, por lo que todos los cristianos verdaderos debemos esperar
que se nos tiente tarde o temprano. Por consiguiente, ¿cómo podemos asegurarnos de vencer la debilidad humana y la
tentación del pecado?
Podemos resistir la tentación
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Una forma fundamental de dejar de ser “esclavos del pecado” es evitar la tentación siempre que sea posible
(Romanos 6:6). Proverbios 4:14, 15 nos aconseja: “No entres en la senda de los inicuos, y no andes directamente
adelante al camino de los malos. Esquívalo, no pases adelante por él; desvíate de él, y pasa adelante”. Muchas veces
sabemos de antemano que cierto conjunto de circunstancias tal vez nos lleve a pecar. Lo lógico es que en esos casos los
cristianos ‘pasemos adelante’, que no nos acerquemos a ninguna persona, cosa o lugar que pueda despertar en nosotros
deseos impropios o intensificar las pasiones inmundas.
9
Otra medida básica para vencer la tentación es huir de ella. Pablo aconsejó: “Huyan de la fornicación” (1  Corintios
6:18). Así mismo, escribió: “Huyan de la idolatría” (1 Corintios 10:14). El apóstol también advirtió a Timoteo que huyera
de la ambición desmedida de riquezas y de “los deseos que acompañan a la juventud” (2 Timoteo 2:22; 1 Timoteo 6:9-
11).
10
Examinemos el caso del rey David de Israel. Desde la azotea de su palacio vio a una mujer hermosa bañándose, y
los deseos impropios se apoderaron de su corazón. La prudencia dictaba irse de allí y huir de la tentación; en cambio, él
se puso a preguntar por la mujer, Bat-seba, y las consecuencias fueron devastadoras (2 Samuel 11:1–12:23). Por otra
parte, ¿cómo reaccionó José cuando la inmoral esposa de su amo lo presionó para que se acostara con ella? Dice el
relato: “Al hablar ella a José día tras día, él no la escuchó para acostarse a su lado, para continuar con ella”. Pese a que
todavía no se habían promulgado los mandatos de la Ley mosaica, José le respondió con las palabras: “¿Cómo podría
yo cometer esta gran maldad y realmente pecar contra Dios?”. Cierto día, ella se agarró de él y le dijo: “¡Acuéstate
conmigo!”. ¿Se quedó allí José tratando de razonar con ella? Ni mucho menos, sino que “echó a huir y salió afuera”;
no concedió a la tentación sexual ninguna oportunidad de hacerlo pecar. ¡Salió huyendo! (Génesis 39:7-16.)
11
Aunque a veces se considera que huir es de cobardes, salir físicamente de la situación suele ser el mejor modo de
proceder. Es posible que en el trabajo nos veamos ante una tentación recurrente. Tal vez no  podamos cambiar de
empleo, pero quizás haya otras maneras de escapar de circunstancias comprometedoras. Debemos huir de todo lo que
sabemos que es malo y resolvernos a practicar únicamente lo bueno (Amós 5:15). Además, no  ceder a la tentación
requiere que evitemos los sitios de pornografía de Internet y los lugares de dudosa reputación. También podría suponer
deshacerse de alguna revista o entablar nuevas amistades, las de quienes aman a Dios y pueden ayudarnos (Proverbios
13:20). Lo prudente es rechazar con resolución cualquier cosa que nos incite a pecar (Romanos 12:9).
La ayuda de la oración
12
Pablo nos da esta alentadora garantía: “Dios es fiel, y no dejará que sean tentados más allá de lo que pueden
soportar, sino que junto con la tentación también dispondrá la salida para que puedan aguantarla” (1 Corintios 10:13).
Una forma en que Jehová viene en nuestro auxilio es respondiendo cuando le suplicamos que nos ayude a vencer la
tentación. Jesús nos enseñó a orar: “No nos metas en tentación, sino líbranos del inicuo” (Mateo 6:13). Jehová
contestará esta oración sentida y no nos abandonará en tales situaciones, sino que nos librará de Satanás y sus
artimañas (Efesios 6:11, nota). Debemos rogar a Dios que nos permita reconocer las tentaciones y tener la fortaleza
suficiente para resistirlas. Si le imploramos que no consienta que caigamos cuando nos veamos ante ellas, él nos
apoyará para que Satanás, el “inicuo”, no logre vencernos.
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En particular es necesario orar con fervor si afrontamos una tentación persistente. Algunas tentaciones suscitan una
fuerte lucha interna contra pensamientos y actitudes que constituyen un vivo recordatorio de nuestra debilidad (Salmo
51:5). Por ejemplo, ¿qué hacer si nos atormentan los recuerdos de alguna anterior práctica depravada? ¿Cómo
responderemos si sentimos deseos de incurrir de nuevo en ella? En vez de limitarnos a tratar de desechar tales
sentimientos, expongamos el asunto a Jehová en oración, repetidas veces si es preciso (Salmo 55:22). Él puede emplear
el poder de su Palabra y su espíritu santo para ayudarnos a limpiar la mente de tendencias inmundas (Salmo 19:8, 9).
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Al observar la somnolencia de sus apóstoles en el jardín de Getsemaní, Jesús les exhortó: “Manténganse alerta y
oren de continuo, para que no entren en tentación. El espíritu, por supuesto, está pronto, pero la carne es débil” (Mateo
26:41). Otro modo de superar la tentación es permanecer alerta a las diversas formas que esta puede asumir y ser
sensible a sus sutilezas. También es fundamental que oremos al respecto sin demora, pues así nos equiparemos
espiritualmente para luchar contra ella. Dado que siempre nos ataca en nuestros puntos débiles, no podemos resistirla
solos. La oración es esencial, ya que la fortaleza que Dios da apuntala nuestras defensas contra Satanás (Filipenses
4:6, 7). Asimismo, es posible que necesitemos el auxilio espiritual y las oraciones de “los ancianos de la congregación”
(Santiago 5:13-18).
Resistamos activamente la tentación
15
Aparte de evitar la tentación cuando sea posible, debemos tomar acción para resistirla hasta que pase o la situación
cambie. Jesús se mantuvo firme ante las tentaciones de Satanás hasta que este se marchó (Mateo 4:1-11). Como
escribió el discípulo Santiago, “opónganse al Diablo, y él huirá de ustedes” (Santiago 4:7). La resistencia empieza cuando
fortificamos las facultades mentales con la Palabra de Dios y tomamos la firme decisión de observar Sus normas. Es
aconsejable que memoricemos textos clave que se refieran a nuestra debilidad específica y meditemos sobre ellos.
También sería prudente que recurriéramos a un cristiano maduro —tal vez un anciano— para contarle nuestras
preocupaciones y pedirle ayuda cuando se presente la tentación (Proverbios 22:17).
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Las Escrituras nos instan a vestirnos de la nueva personalidad (Efesios 4:24). Ello supone dejar que Jehová nos
moldee y transforme. Pablo escribió a su compañero Timoteo: “Sigue tras la justicia, la devoción piadosa, la fe, el amor,
el aguante, la apacibilidad de genio. Pelea la excelente pelea de la fe, logra asirte firmemente de la vida eterna para la
cual fuiste llamado” (1 Timoteo 6:11, 12). ‘Seguimos tras la justicia’ cuando estudiamos con diligencia la Palabra de Dios
a fin de adquirir un conocimiento profundo de Su personalidad, y cuando nos conducimos de acuerdo con Sus requisitos.
También es fundamental que contemos con un programa completo de actividades cristianas, como la predicación de las
buenas nuevas y la asistencia a las reuniones. Acercarnos a Dios y aprovechar al máximo sus provisiones espirituales
nos permitirá crecer espiritualmente y conservar la rectitud moral (Santiago 4:8).
17
Pablo nos asegura que ninguna tentación sobrepasará jamás la capacidad que Dios nos dé para resistirla. Jehová
‘dispondrá la salida para que podamos aguantarla’ (1 Corintios 10:13). De hecho, si seguimos confiando en Dios,
no permitirá que la tentación se intensifique tanto que carezcamos de la fortaleza espiritual necesaria para ser íntegros.
Él desea que logremos resistir activamente la inclinación a hacer lo que es impropio a sus ojos. Además, podemos tener
fe en esta promesa suya: “De ningún modo te dejaré y de ningún modo te desampararé” (Hebreos 13:5).
18
Pablo no albergaba ninguna duda en cuanto al desenlace de su lucha personal contra las debilidades humanas.
No se consideró un títere desvalido y patético de sus deseos carnales. Por el contrario, afirmó: “La manera como estoy
corriendo no es incierta; la manera como estoy dirigiendo mis golpes es como para no estar hiriendo el aire; antes bien,
aporreo mi cuerpo y lo conduzco como a esclavo, para que, después de haber predicado a otros, yo mismo no llegue a
ser desaprobado de algún modo” (1 Corintios 9:26, 27). La victoria en la batalla contra la carne imperfecta también está a
nuestro alcance. Mediante las Escrituras, las publicaciones basadas en la Biblia, las reuniones cristianas y los hermanos
maduros, nuestro amoroso Padre celestial nos da constantes recordatorios que nos permiten seguir un proceder de
justicia. Con Su ayuda, conseguiremos vencer las debilidades humanas.

*** w99 15/4 págs. 18-22 Cómo reconocer y vencer cualquier debilidad espiritual ***

SEGÚN LA MITOLOGÍA GRIEGA, AQUILES FUE EL GUERRERO GRIEGO MÁS valiente que peleó en la guerra de
Troya. La leyenda explica que cuando Aquiles era pequeño su madre lo sumergió en las aguas del río Estigia, lo que le
hizo invulnerable, excepto la parte por la que ella lo sujetó: el proverbial talón de Aquiles. Ese fue precisamente el lugar
donde lo alcanzó la flecha que le causó la muerte. La flecha mortal fue disparada por Paris, hijo de Príamo, rey de Troya.
Los cristianos son soldados de Cristo que pelean en una guerra espiritual (2 Timoteo 2:3). “Tenemos una lucha —
explica el apóstol Pablo—, no contra sangre y carne, sino contra los gobiernos, contra las autoridades, contra los
gobernantes mundiales de esta oscuridad, contra las fuerzas espirituales inicuas en los lugares celestiales.” Sí, nuestros
enemigos son nada más y nada menos que Satanás el Diablo y los demonios (Efesios 6:12).
Por supuesto, esta sería una lucha desigual si no recibiéramos la ayuda de Jehová Dios, a quien se le ha llamado
“persona varonil de guerra” (Éxodo 15:3). Se nos suministra una armadura espiritual para protegernos de nuestros
despiadados enemigos. Por eso el apóstol exhortó: “Pónganse la armadura completa que proviene de Dios para que
puedan estar firmes contra las maquinaciones del Diablo” (Efesios 6:11).
La armadura que provee Jehová Dios es, sin lugar a dudas, de la mejor calidad y puede resistir cualquier clase de
ataque espiritual. Fíjese en lo que Pablo dice que incluye esta armadura: el cinturón de la verdad, la coraza de la justicia,
los pies calzados con las buenas nuevas, el escudo grande de la fe, el yelmo de la salvación y la espada del espíritu.
¿Qué mejor equipo pudiéramos desear? Gracias a esta armadura, el soldado cristiano tiene la oportunidad de salir
victorioso a pesar de tenerlo todo en su contra (Efesios 6:13-17).
Aunque la armadura espiritual que suministra Jehová es de la mejor calidad y es una fuente de seguridad para
nosotros, no debemos darla por sentada. Teniendo presente a Aquiles, quien supuestamente era invencible, ¿es posible
que nosotros también tengamos una debilidad, un talón de Aquiles en sentido espiritual? Si así es, pudiera ser fatal si se
nos halla desprevenidos.
Examine su armadura espiritual
Un doble medallista de oro olímpico en patinaje que parecía estar en buena condición física, sufrió un colapso
repentino y murió durante un entrenamiento. Poco después, en el periódico The New York Times se publicó un
comentario que invita a la reflexión: “La mitad de los 600.000 norteamericanos que sufren infartos anualmente
no presentan síntoma alguno de antemano”. Es obvio que el estado de nuestra salud no puede determinarse únicamente
por la manera como nos sentimos.
Lo mismo ocurre con nuestro bienestar espiritual. La Biblia aconseja: “El que piensa que está en pie, cuídese de
no caer” (1 Corintios 10:12). Aunque nuestra armadura espiritual es la mejor que existe, podemos desarrollar una
debilidad. La razón es porque nacemos en pecado, y es fácil que nuestra naturaleza pecaminosa e imperfecta sea más
fuerte que nuestra resolución de hacer la voluntad de Dios (Salmo 51:5). A pesar de nuestras buenas intenciones, el
corazón traicionero puede engañarnos inventando razonamientos equivocados o excusas para que pasemos por alto
fácilmente nuestra debilidad y nos engañemos pensando que todo está bien (Jeremías 17:9; Romanos 7:21-23).
Además, vivimos en un mundo en el que suele confundirse y distorsionarse el sentido del bien y el mal. Lo propio o
impropio de cierto proceder pudiera determinarse por lo que la persona opina. Este es el modo de pensar que promueven
los anuncios, el entretenimiento popular y los medios de comunicación. Es obvio que si no nos cuidamos se nos inducirá
a pensar así, y nuestra armadura espiritual pudiera empezar a debilitarse.
En vez de caer en ese peligro, debemos prestar atención al consejo bíblico: “Sigan poniéndose a prueba para ver si
están en la fe, sigan dando prueba de lo que ustedes mismos son” (2 Corintios 13:5). Cuando hacemos esto, podemos
detectar las debilidades que hayamos desarrollado y tomar las medidas necesarias para corregirlas antes de que
nuestros enemigos las encuentren y lancen su ataque. Ahora bien, ¿cómo nos ponemos a prueba? ¿Qué síntomas hay
que vigilar al hacer este autoexamen?
Cómo reconocer los síntomas
Un síntoma común de debilidad espiritual es descuidar el estudio personal. Algunos reconocen que deben estudiar
más, pero sencillamente no apartan tiempo para ello. Debido a que hoy en día llevamos una vida muy activa, es fácil
hallarnos en esa situación perjudicial. Sin embargo, lo peor es que muchas veces estas personas razonan que no  lo
están haciendo tan mal, dado que leen las publicaciones bíblicas cuando pueden y asisten a algunas reuniones
cristianas.
Tal razonamiento es una forma de engañarse a sí mismas. Es parecido al caso del hombre que cree que está tan
ocupado que no puede sentarse a comer bien, de modo que toma un bocado cuando puede y sigue atendiendo otros
asuntos. Aunque quizás no pase hambre, tal vez con el tiempo tenga problemas de salud. De igual manera, si
no ingerimos alimento espiritual nutritivo con regularidad, en poco tiempo desarrollaremos debilidades en nuestra
armadura espiritual. Como la propaganda y las actitudes mundanas nos bombardean constantemente, podemos
sucumbir con facilidad a los ataques mortales de Satanás.
Otro síntoma de debilidad espiritual es la pérdida del sentido de la urgencia con respecto a nuestro guerrear espiritual.
Durante el tiempo de paz el soldado no siente la tensión ni el peligro de la batalla. Tal vez no perciba la urgencia de estar
listo. Si lo llaman de repente a la guerra, es muy posible que no esté preparado. Lo mismo ocurre en sentido espiritual. Si
permitimos que disminuya nuestro sentido de la urgencia, quizás no estemos preparados para repeler los ataques.
Ahora bien, ¿cómo sabemos si nos encontramos en esa situación? Podemos hacernos algunas preguntas que tal vez
revelen la verdadera condición en que nos hallamos: ¿Anhelo participar en el ministerio tanto como salir de excursión?
¿Estoy tan dispuesto a dedicar tiempo a prepararme para las reuniones como lo estoy a ir de compras o a ver la
televisión? ¿He cambiado de opinión tocante a las metas y oportunidades que abandoné cuando me hice cristiano?
¿Envidio la supuesta buena vida que llevan otras personas? Estas son preguntas que invitan a la reflexión y nos ayudan
a detectar cualquier debilidad que tengamos en nuestra armadura espiritual.
Dado que la armadura protectora que llevamos es espiritual, es esencial que el espíritu de Dios fluya libremente en
nuestra vida. Esto se reflejará en el grado al que manifestemos el fruto de dicho espíritu en todas nuestras actividades.
¿Se irrita o se molesta fácilmente cuando otras personas hacen o dicen algo que le disgusta? ¿Encuentra difícil aceptar
consejo, o le parece que los demás siempre se meten con usted? ¿Envidia profundamente las bendiciones y los logros
de otras personas? ¿Se le hace difícil llevarse bien con los demás, especialmente con sus compañeros? Un autoexamen
sincero nos ayudará a ver si nuestra vida está llena del fruto del espíritu de Dios o si las obras de la carne se están
manifestando sutilmente (Gálatas 5:22-26; Efesios 4:22-27).
Pasos decisivos para vencer las debilidades espirituales
Reconocer los síntomas de las debilidades espirituales es una cosa, hacerles frente y tomar medidas para corregirlos
es otra muy distinta. Lamentablemente, muchas personas tienden a buscar excusas, a justificarse, a minimizar el
problema o a negarlo. ¡Qué peligroso es tal proceder! Es como ir a una batalla con una armadura incompleta. Tal
imprudencia nos haría vulnerables al ataque de Satanás. Antes bien, debemos dar pasos decisivos para corregir
cualquier defecto que percibamos. ¿Qué podemos hacer? (Romanos 8:13; Santiago 1:22-25.)
Como estamos en una guerra espiritual —una batalla que incluye el control de la mente y el corazón del cristiano—
debemos hacer cuanto podamos para proteger nuestras facultades. Recuerde que entre las piezas de nuestra armadura
espiritual está “la coraza de la justicia”, que protege el corazón, y “el yelmo de la salvación”, que protege la mente.
Aprender a utilizar estas provisiones eficazmente puede significar la diferencia entre la victoria y la derrota (Efesios 6:14-
17; Proverbios 4:23; Romanos 12:2).
Llevar de manera propia “la coraza de la justicia” requiere que examinemos constantemente si amamos la justicia y
odiamos el desafuero (Salmo 45:7; 97:10; Amós 5:15). ¿Han bajado nuestras normas junto con las del mundo? ¿Nos
entretienen ahora cosas que anteriormente nos indignaban u ofendían, sea que se presenten en la vida real, en la
televisión, el cine, los libros o las revistas? El amor a la justicia nos ayudará a ver que lo que se glorifica en el mundo
como libertad y sofisticación, pudieran ser realmente promiscuidad y engreimiento disfrazados (Romanos 13:13, 14; Tito
2:12).
Ponerse “el yelmo de la salvación” implica tener presente con claridad las maravillosas bendiciones futuras, y
no permitir que el resplandor y el encanto del mundo nos desvíen (Hebreos 12:2, 3; 1 Juan 2:16). Este punto de vista nos
ayudará a anteponer los intereses espirituales a las ganancias materiales o la ventaja personal (Mateo 6:33). Por lo tanto,
para asegurarnos de que esta parte de la armadura está en su debido lugar, tenemos que preguntarnos con sinceridad:
¿Qué busco en la vida? ¿Tengo metas espirituales específicas? ¿Qué estoy haciendo para alcanzarlas? Seamos
miembros del grupo de cristianos ungidos que quedan o de la “gran muchedumbre”, debemos imitar a Pablo, que dijo:
“Todavía no me considero como si lo hubiera asido; pero hay una cosa en cuanto a ello: Olvidando las cosas que quedan
atrás, y extendiéndome hacia adelante a las cosas más allá, prosigo hacia la meta” (Revelación [Apocalipsis] 7:9;
Filipenses 3:13, 14).
Pablo termina de describir nuestra armadura espiritual con esta exhortación: “Con toda forma de oración y ruego, se
ocupan en orar en toda ocasión en espíritu. Y, con ese fin, manténganse despiertos con toda constancia y con ruego a
favor de todos los santos” (Efesios 6:18). Estas palabras señalan dos pasos decisivos que debemos dar a fin de vencer o
evitar cualquier debilidad espiritual: cultivar una buena relación con Dios, y forjar un vínculo estrecho con nuestros
compañeros cristianos.
Conseguimos intimidad con Jehová cuando nos acostumbramos a dirigirnos a él con oraciones de “toda forma” —
para confesar nuestros pecados, pedir perdón, solicitar su guía, dar gracias por las bendiciones, alabarlo de todo corazón
— y “en toda ocasión” —en público, en privado, personal y espontáneamente—. Esa es la mejor protección que podemos
tener (Romanos 8:31; Santiago 4:7, 8).
Por otro lado, se nos exhorta a orar “a favor de todos los santos”, es decir, nuestros compañeros cristianos. En las
oraciones podemos recordar a nuestros hermanos espirituales que sufren persecución y otras dificultades en tierras
lejanas. ¿Y qué puede decirse de los cristianos con quienes trabajamos y nos relacionamos todos los días? También es
apropiado que oremos a favor de ellos, tal como Jesús oró por sus discípulos (Juan 17:9; Santiago 5:16). Esas oraciones
nos unen y nos fortalecen para aguantar los ataques “del inicuo” (2 Tesalonicenses 3:1-3).
Finalmente, tengamos muy presente la admonición amorosa del apóstol Pedro: “El fin de todas las cosas se ha
acercado. Sean de juicio sano, por lo tanto, y sean vigilantes en cuanto a oraciones. Ante todo, tengan amor intenso unos
para con otros, porque el amor cubre una multitud de pecados” (1 Pedro 4:7, 8). Es muy fácil dejar que las
imperfecciones humanas —las ajenas y las nuestras— se infiltren en nuestro corazón y nuestra mente y se conviertan en
obstáculos, piedras de tropiezo. Satanás conoce bien esta debilidad humana. Dividir para vencer es una de sus astutas
tácticas. Por ello, es necesario que cubramos rápidamente esos pecados con amor intenso unos para con otros y que no
‘dejemos lugar para el Diablo’ (Efesios 4:25-27).
Manténgase espiritualmente fuerte ahora
¿Qué hace usted cuando observa que está despeinado o que su corbata está torcida? Lo más probable es que corrija
el desarreglo lo antes posible. Pocas personas pasarían por alto estas anomalías físicas, pensando que no importan.
Pues bien, respondamos con la misma prontitud en lo que respecta a nuestras debilidades espirituales. Los defectos
físicos tal vez hagan que otros nos vean con desaprobación, pero los defectos espirituales que no  se corrigen pueden
resultar en la desaprobación de Jehová (1 Samuel 16:7).
Jehová nos ha suministrado todo lo que necesitamos para desarraigar cualquier debilidad espiritual y permanecer
espiritualmente fuertes. Mediante las reuniones cristianas, las publicaciones bíblicas y los cristianos maduros y
amorosos, él nos da constantes recordatorios y sugerencias en cuanto a lo que debemos hacer. Pero nos toca a
nosotros aceptarlos y ponerlos en práctica. Tal proceder requiere esfuerzo y autodisciplina. Recordemos lo que el apóstol
Pablo dijo sinceramente: “La manera como estoy corriendo no es incierta; la manera como estoy dirigiendo mis golpes es
como para no estar hiriendo el aire; antes bien, aporreo mi cuerpo y lo conduzco como a esclavo, para que, después de
haber predicado a otros, yo mismo no llegue a ser desaprobado de algún modo” (1 Corintios 9:26, 27).
Mantengámonos alerta y nunca permitamos que se forme en nosotros un talón de Aquiles en sentido espiritual. Más
bien, hagamos humilde y valerosamente lo que sea necesario ahora para reconocer y vencer cualquier debilidad
espiritual que tengamos
*** w01 1/8 pág. 30 Venza los obstáculos que le impiden progresar ***
No se dé por vencido
Independientemente de cuál sea la dificultad contra la que luche, es posible que recaiga de vez en cuando. Es  lógico
que en tal caso se sienta frustrado y decepcionado, pero recuerde las palabras de Gálatas 6:9: “No desistamos de hacer
lo que es excelente, porque al debido tiempo segaremos si no nos cansamos”. Los siervos devotos de Dios, como David
y Pedro, experimentaron ese tipo de humillantes fallos, y aun así no se dieron por vencidos. Aceptaron con humildad el
consejo, hicieron los cambios necesarios, siguieron adelante y demostraron ser siervos sobresalientes de Dios
(Proverbios 24:16). A pesar de las faltas de David, Jehová dijo que era un ‘varón agradable a su corazón, que haría todas
las cosas que Él deseara’ (Hechos 13:22). Pedro también superó sus errores y se convirtió en una columna de la
congregación cristiana.
En la actualidad, muchos han logrado asimismo superar sus obstáculos. Yutaka, a quien se menciona al principio,
aceptó el ofrecimiento de estudiar la Biblia. “El apoyo de Jehová y su bendición sobre cada paso que daba me ayudó a
vencer mi adicción al juego —nos cuenta—. Me alegra mucho experimentar la veracidad de las palabras de Jesús de que
con fe somos capaces hasta de mover ‘montañas’.” Andando el tiempo llegó a ser siervo ministerial de la congregación.
¿Y Keiko, que tenía el vicio de fumar? La hermana que le daba el estudio le recomendó leer varios artículos de
¡Despertad! que trataban sobre la adicción al tabaco. Keiko incluso puso las palabras de 2 Corintios 7:1 visibles en su
automóvil a fin de recordar todos los días la necesidad de estar limpia a los ojos de Jehová. Pese a todo, no logró dejar
de fumar. “Estaba muy frustrada —recuerda—, así que empecé a preguntarme qué era lo que deseaba en realidad:
¿servir a Jehová, o a Satanás?” Una vez que decidió que quería servir a Jehová, le pidió su ayuda de todo corazón.
“Para mi sorpresa —comenta—, dejé el vicio sin sufrir mucho. Lo único que lamento es no haber actuado así antes.”
También a usted le será posible superar los obstáculos que impidan su progreso. Cuanto más armonice sus
pensamientos, deseos, palabras y acciones con las normas bíblicas, mayor será su confianza y amor propio. Sus
hermanos espirituales y sus familiares se sentirán animados y fortalecidos cuando traten con usted. Lo más importante
es que profundizará su relación con Jehová Dios, quien prometió ‘quitar todo obstáculo del camino de su pueblo’ cuando
huyera del control de Satanás (Isaías 57:14). Y puede tener la seguridad de que si trata de eliminar y superar los
impedimentos para su progreso espiritual, Jehová le dará muchísimas bendiciones.

*** w95 1/12 págs. 10-11 ¡No se dé por vencido! ***


Cuando fallamos
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“Todos tropezamos muchas veces”, dice Santiago 3:2. Cuando eso ocurre, es natural que nos sintamos culpables.
(Salmo 38:3-8.) Los sentimientos de culpabilidad pueden ser especialmente intensos si estamos luchando contra una
debilidad carnal y sufrimos recaídas periódicas. Una cristiana que tuvo esa lucha comentó: “No quería seguir viviendo sin
saber si había cometido el pecado imperdonable o no. Pensaba que lo mejor era no  esforzarme en el servicio de Jehová
porque probablemente no tenía ninguna esperanza”. Cuando los sentimientos de culpabilidad nos invaden hasta el grado
de que nos damos por vencidos, le abrimos la puerta al Diablo, y puede que se aproveche enseguida de la situación.
(2 Corintios 2:5-7, 11.) Quizás lo que se necesite sea un punto de vista equilibrado sobre la culpabilidad.
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Es apropiado que sintamos cierto grado de culpabilidad cuando pecamos. Sin embargo, a veces los sentimientos de
culpa persisten porque el cristiano piensa que nunca será digno de recibir la misericordia de Dios. Pero la Biblia nos
garantiza afectuosamente: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y
limpiarnos de toda injusticia”. (1 Juan 1:9.) ¿Hay alguna buena razón para creer que Dios no hará eso en nuestro caso?
Recordemos que Jehová dice en su Palabra que está “listo para perdonar”. (Salmo 86:5; 130:3, 4.) Como no puede
mentir, cumplirá lo que promete en su Palabra si acudimos a él con el corazón arrepentido. (Tito 1:2.)
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¿Qué debe hacer usted si está luchando contra una debilidad y recae? ¡No se dé por vencido! Una recaída no anula
necesariamente todo el progreso que ha hecho. En el número del 1 de julio de 1954 de esta revista se publicaron las
siguientes palabras reconfortantes y tranquilizadoras: “[Puede que] nos [encontremos] tropezando y cayendo muchas
veces por causa de alguna mala costumbre que [se arraigó] en nuestro anterior modelo de vida [más] de lo que nos
habíamos dado cuenta. [...] No pierda la esperanza. No decida que usted ha cometido el pecado imperdonable.
Exactamente así le gustaría a Satanás que usted razonara. El hecho de que usted se siente afligido y enfadado con
usted mismo es prueba en sí mismo de que usted no ha ido demasiado lejos. Jamás se canse de dirigirse humilde y
sinceramente a Dios, buscando su perdón y limpiamiento y ayuda. Diríjase a él como un niño se dirige a su padre cuando
se halla en dificultad, prescindiendo de cuán a menudo sea sobre la misma debilidad, y Jehová benignamente le dará a
usted la ayuda porque él es Dios de bondad inmerecida y, si usted es sincero, le dará a usted el entendimiento de que su
conciencia ha sido purificada”.

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