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pissarro

La embajada se ofreció a resolver el conflicto que España mantenía con la empresa de cazatesoros
Odyssey por 500.000 monedas de plata.- Pidió a cambio un cuadro del Thyssen arrancado por los nazis a
la familia de un ciudadano estadounidense

Madrid - 08 DIC 2010 - 23:58 CET

En mayo de 2007, la empresa estadounidense Odyssey Marine Exploration anunció el hallazgo de un


tesoro de 500.000 monedas de plata en un lugar indeterminado del océano Atlántico. Aunque la
compañía bautizó el descubrimiento con el nombre en clave de Black Swan (Cisne Negro), los
funcionarios del Ministerio de Cultura sospecharon desde un principio que tras esas dos palabras se
escondía La Mercedes, un barco español hundido por la flota británica en 1804 frente a las costas del
Algarve, en Portugal. A partir de ahí se inició un conflicto que todavía continúa en los juzgados y que la
Embajada de Estados Unidos tuvo que tratar en varias ocasiones con España.

Un año después de que los responsables de Odyssey mostraran al mundo cientos de contenedores
cargados de doblones, los diplomáticos estadounidenses decidieron lanzar una propuesta a las
autoridades españolas para arreglar el problema: la embajada trataría de buscar una solución al conflicto
con la compañía cazatesoros, pero a cambio pedía que el Museo Thyssen devolviera un cuadro de
Pissarro arrancado por los nazis a la familia de un ciudadano estadounidense de origen judío llamado
Claude Cassirer.

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La propuesta se hace el 30 de junio de 2008. El embajador Aguirre se la expone al ministro César Antonio
Molina de forma indirecta, en un lenguaje muy diplomático, según da cuenta el redactor del cable
enviado al Departamento de Estado: "El embajador señaló que, si bien los casos de Odyssey y Cassirer
son diferentes temas legales, es interés de ambos Gobiernos hacer uso de cualquier margen de
maniobra que sea posible para resolver los dos asuntos de una manera que favorezca las relaciones
bilaterales entre ambos países".

Molina capta la idea pero la rechaza. Así se relata en el telegrama: "El ministro escuchó atentamente el
mensaje del embajador pero subrayó el hecho de que son casos distintos. Dijo que ningún Gobierno
español podría devolver el cuadro sin una decisión judicial".

Las dos historias, la de Odyssey y la del cuadro de Pissarro, ocupan varios cables que la Embajada en
Madrid envía a Estados Unidos. El primer caso se había convertido ya en un dolor de cabeza para los
responsables del Ministerio de Cultura, que insistían en obtener de la embajada pruebas de que la
importación del tesoro se había hecho ilegalmente. "Consideramos que la información facilitada podría
probar que los materiales en cuestión fueron sacados de un barco de guerra de la Armada Española del
siglo XIX y que pertenecen al Tesoro de España", asegura una nota del ministerio traducida por la
embajada en un cable del 10 de octubre de 2007.

El cuadro de Pissarro

La otra historia, la del cuadro de Pissarro, se remonta a 1897. El pintor francés plasma en un lienzo el
efecto de la lluvia sobre el pavimento parisiense de la Calle Saint Honoré a mediodía (Rue Saint Honoré
aprê-midi). No se sabe cómo, ese cuadro llega a la sala de estar de Lily Cassirer, en su casa de Múnich. En
1939, más de 78.000 judíos abandonan Alemania. Los nazis les confiscan objetos de valor o bien los
compran por muy poco dinero a cambio de salvoconductos para salir del país. El cuadro de Pissarro,
vendido a un marchante de arte del partido nazi por 900 marcos, es la llave para que Lily Cassirer se
marche hacia Inglaterra. La Gestapo subastó la pintura en 1943. En 1958, el Gobierno alemán indemnizó
a Lily con 60.000 euros y la reconoció como propietaria legítima. La mujer murió con el dinero pero sin
recuperar el cuadro. En 1975, el pissarro reaparece en la galería Stephen Hahn de Nueva York. El barón
Thyssen-Bornemisza se hace con él y en 1992, con la apertura del Museo Thyssen, el óleo se expone por
primera vez en Madrid. Al año siguiente, la obra es adquirida por la fundación del mismo nombre,
constituida por el Estado español y la familia Thyssen-Bornemisza, que recibió 327 millones de dólares
para que la colección pasase a formar parte del Estado.
En el año 2000, Claude Cassirer, nieto de Lily, se entera de que el cuadro que estaba en la salita de su
abuela se exponía en una de las pinacotecas más importantes del mundo. Cassirer, activista político y
vinculado al Partido Demócrata, empieza a mover sus hilos en 2001. Su primera petición es a la ministra
de Educación, Cultura y Deportes, Pilar del Castillo. En julio de 2003, cinco congresistas estadounidenses
escriben a la ministra solicitando la devolución del cuadro a su propietario original.

A partir de entonces, no hay ministro al que la Embajada no le mencione la historia del pissarro. Cables
de la Embajada de Estados Unidos en Madrid (del año 2005 al 2009) así lo demuestran. El asunto se
convierte en uno de los temas más repetidos en las reuniones de los embajadores con los responsables
del Gobierno español. En 2005, el embajador O'Donnell, enviado especial para asuntos del Holocausto,
se reúne con Ana Salomon Pérez, embajadora en misión especial para las relaciones con la comunidad y
organizaciones judías. "Salomon dice que el Gobierno ha hablado con el museo sobre este tema y
aventura que no se resolverá fácilmente", asegura el despacho del 17 de julio 2005. Ese mismo año,
O'Donnell se reúne con la ministra de entonces, Carmen Calvo. La ministra explica que, aunque el
Gobierno tiene la responsabilidad sobre el patrimonio de la Fundación Thyssen, no puede tomar ninguna
decisión unilateral. Ese mismo cable, del 18 de noviembre de 2005, concluye con esta frase: "La
embajada seguirá presionando al Gobierno español en la conveniencia de que la Fundación se reúna con
la familia para resolver la reclamación".

Así lo hacen los diplomáticos estadounidenses, que no desaprovechan ninguna ocasión para tratar de
convencer al Gobierno español. En febrero de 2008, la embajada emite un despacho dirigido al senador
Joseph Lieberman, candidato a vicepresidente del partido demócrata en las elecciones que Al Gore
perdió frente a George W. Bush, en 2000, y que prepara entonces una visita a España. "Durante su
conversación con la embajadora Ana Salomon, quizás quiera usted mencionar el asunto de la
reclamación de Claude Cassirer por el cuadro de Camille Pissarro, ahora en el Thyssen", sugieren los
diplomáticos en el telegrama de 2 de enero de 2008.

Voluntad de reunirse

Meses después, el embajador Aguirre sugiere a César Antonio Molina solucionar el caso Odyssey a
cambio del pissarro. Lo único que consigue de Molina es la "voluntad de reunirse con Cassirer". "Le
recordaremos su compromiso", concluye otro cable el 2 de julio de 2008.

La siguiente reunión es con la ministra Ángeles González Sinde en febrero de 2010. En esta ocasión es el
embajador Alan D. Solomont el que vuelve a sacar el tema. Esta vez, el diplomático no solo sugiere que
se llegue a una solución amistosa, sino que además informa a la ministra de que el reclamante ha
recurrido a los tribunales de Estados Unidos para conseguir su objetivo. La ministra vuelve con la misma
razón aportada por sus predecesores, que no se puede hacer nada sin la orden de un juez, y propone
"hacer gestos a la familia y a la comunidad judía en Los Ángeles, como por ejemplo organizar y financiar
un viaje a España para promover intercambios culturales al mismo tiempo que homenajear a la familia
Cassirer". El embajador sugiere entonces que "el Gobierno intente encontrar soluciones creativas".

Esas soluciones no han llegado. Y si lo hacen ya será tarde para Claude Cassirer. El fotógrafo, que
sobrevivió a los campos concentración durante la Segunda Guerra Mundial y dio clases a los niños sobre
el Holocausto, murió el 25 de septiembre de 2010. Antes de morir salió en los periódicos, cuando se
supo que el tribunal de apelaciones de Los Ángeles le había concedido el derecho a reclamar contra el
Estado español. Su hijo, David Cassirer, es quien lucha ahora por poseer ese mediodía lluvioso que
estaba en la pared de la salita de estar de su bisabuela.

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<i>La calle Saint-Honoré después del mediodía. Efecto de lluvia</i> (1897), obra de Camille Pissarro que
se exhibe en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid.

<i>La calle Saint-Honoré después del mediodía. Efecto de lluvia</i> (1897), obra de Camille Pissarro que
se exhibe en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid.

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