UNIVERSIDAD NACIONAL DEL SANTA
FACULTAD DE EDUCACIÓN Y HUMANIDADES
ESCUELA ACADÉMICA PROFESIONAL DE EDUCACIÓN PRIMARIA
ESTUDIANTES:
Osorio López Natalia Mayumi
Pinedo Cercado Brenda Sofía
DOCENTE:
Julissa de la Cruz Muñoz
CURSO:
Didáctica de Personal Social
TEMA:
La identidad y el desarrollo social de los niños
NUEVO CHIMBOTE – PERÚ
2021
INDICE
INTRODUCCION ............................................................................................................ 3
DESARROLLLO ............................................................................................................. 4
1. LA IDENTIDAD ................................................................................................... 4
2. TIPOS DE IDENTIDAD ....................................................................................... 4
¿QUÉ ES EL DESARROLLO SOCIAL? .................................................................... 5
EL DESARROLLO SOCIAL Y LA IDENTIDAD EN UN NIÑO ............................... 17
¿Qué relación existe entre la comunicación y la identidad? ....................................... 17
Referencias ..................................................................................................................... 22
INTRODUCCION
La identidad es el conjunto de características, actitudes, competencias y capacidades que
definen a una persona. Se va construyendo en los primeros años de vida. Empieza cuando
el niño toma conciencia de sí mismo como una persona diferente a quienes lo rodean, e
intenta definirse a sí mismo. Su entorno familiar, las interacciones y el contexto en el que
se desarrolla influyen, en gran medida, en la formación de su identidad personal.
La identidad es considerada como un fenómeno subjetivo, de elaboración personal, que
se construye simbólicamente en la interacción con otros. La identidad personal también
va ligada a un sentido de pertenencia a distintos grupos socio-culturales con los que
consideramos que compartimos características en común.
En un mundo en el que lo único permanente es el cambio ¿la identidad puede permanecer
estática, inmutable, sin transformación alguna? Pareciera que la incertidumbre del
entorno en el que habitamos también trasciende las fronteras personales de la
construcción subjetiva de la identidad y, sin embargo, hay algo que pareciera quedar
inalterado, a salvo de la confusión que impera alrededor. Erikson ha llamado a dicho
factor de continuidad interior como mismidad, es decir, el sentido del ser que va unido a
la percepción de continuidad de la propia existencia en el tiempo y en el espacio, unida a
la noción de que otros reconocen tal existencia. La permanencia en el tiempo de la
identidad es un factor relevante.
Para (Alcaraz, 2014) “La identidad se constituye en un proceso dialéctico, a partir de la
representación imaginaria o construcción simbólica de ella (autodefinición) y la identidad
social que se elabora a partir del reconocimiento, en la propia identidad, de valores, de
creencias, de rasgos característicos del grupo o los grupos de pertenencia, que también
resultan definitorios de la propia personalidad. Es una especie de acuerdo interior entre la
identidad personal que se centra en la diferencia con respecto a los otros y la identidad
social o colectiva que pone el acento en lo que se posee en común con los demás.”
En la presente investigación, se mostrará la relación que existe en la identidad en el
desarrollo social del niño, así mismo, se dará propuestas para poder generarlo.
DESARROLLLO
1. LA IDENTIDAD
El término identidad proviene del vocablo latín identïtas, que refiere al grupo de rasgos y
características que diferencia a un individuo, o grupo de individuos, del resto. Es a partir
de esta que las personas logran distinguirse del resto y esto depende siempre de
la cosmovisión e historia propia y del contexto en el que se vive.
Un problema que surge es que existen las identidades personales y a la vez las colectivas,
por lo que muchas veces las personas pueden entrar en conflicto por las diferencias
existentes. Es la identidad la que moldea a las personas, lo que determina sus gustos,
necesidades, prioridades y acciones.
2. TIPOS DE IDENTIDAD
a) Identidad personal
La identidad personal alude en primera instancia al nombre y apellido que cada persona
ha recibido. De esta manera, una persona puede ser diferenciada del resto. Con los
avances de la tecnología y el importante incremento de la población a nivel mundial, se
han implementado nuevos elementos que permiten diferenciar a una persona de otra,
como lo son las huellas digitales y el ADN.
También, la identidad personal puede referir a cuestiones más bien vinculadas con
la cultura, como lo son la profesión, las habilidades, la etnia, la religión, la actividad
laboral, la personalidad, los gustos o el comportamiento.
b) Identidad cultural
Este concepto implica todo aquello que tiene que ver con las creencias, tradiciones,
símbolos, comportamientos, valores y orgullos que comparten los miembros de un
determinado grupo de personas y que son a su vez los que permiten la existencia de un
sentimiento de pertenencia.
Este sentimiento ayuda a que, a pesar de las diferencias individuales, los miembros
puedan tener algo en común. Esta puede ser definida también por oposición a otras, esto
significa que un grupo puede ser identificado como tal justamente porque presenta
diferencias explícitas y notables que permiten establecer la existencia de distintos grupos.
c) Identidad nacional
La identidad nacional, por otro lado, es aquella que vincula a los individuos con
la nación de la cual forma parte. Esto se puede dar por el hecho de compartir
ciertas costumbres o tradiciones, religión, cosmovisión o comportamientos; por habitar el
mismo territorio o por tener sentimientos de pertenencia.
Este concepto se opone claramente al de globalización, en el que se promueve
la integración total de las naciones o bien, el predominio de una región sobre el resto, lo
que terminaría imponiendo los rasgos de un grupo a la totalidad de la población mundial.
d) Identidad de genero
En los últimos años comenzó a hablarse de identidad de género entendiéndosela como el
género que con el cual una persona logra identificarse. También puede utilizárselo para
hacer referencia al género que se le atribuye a una persona a partir de elementos que
responden al rol de género, que pueden ser la ropa que usa, su comportamiento,
apariencia, etcétera.
De esta forma, el sentimiento de feminidad o masculinidad que tiene una persona no
necesariamente coincide con su genitalidad. El término de identidad de género suele ser
igualado con el de identidad sexual.
c) Identidad colectiva
es aquella que se desarrolla con otros miembros cercanos, y se basa en un serie de aspectos
como religión, cultura, sociedad, entorno familia, entre otros.
¿QUÉ ES EL DESARROLLO SOCIAL?
El desarrollo social, se inicia desde el período prenatal, se sabe que los niños desarrollan
su afectividad, básicamente sus emociones, a través de la interacción social, es por eso
que se habla de desarrollo emocional.
La socialización no es un proceso que termina a una edad concreta, si es importante decir
que las bases se asientan durante la infancia y según los aprendizajes adquiridos
socialmente, los seres humanos vamos evolucionando.
Este desarrollo va de la mano de la afectividad, la comunicación no verbal y gestual y
cómo se reconocen en el mundo.
El niño va comenzar a salir de su grupo primario a partir de los 5 o 6 años, más allá que
antes ya pueda estar concurriendo a espacios fuera de la familia. Es a partir de los 5 años
que va a tener la estructura psíquica más adecuada para convivir en la cultura.
1. Confianza frente a desconfianza:
De 0 a 1 año, los niños comienzan a desarrollar la capacidad de confiar en los
demás basándose en la consistencia de sus cuidadores (generalmente las madres
y padres). Si la confianza se desarrolla con éxito, el niño/a gana confianza y
seguridad en el mundo a su alrededor y es capaz de sentirse seguro incluso cuando
está amenazado. No completar con éxito esta etapa puede dar lugar a una
incapacidad para confiar, y por lo tanto, una sensación de miedo por la
inconsistencia del mundo. Puede dar lugar a ansiedad, a inseguridades, y a una
sensación excesiva de desconfianza en el mundo.
2. Autonomía frente vergüenza y duda:
De 1 a 3 años, el bebé desarrolla un sentimiento sobre si el mundo es un lugar
seguro. Desarrolla un sentido de confianza en la madre, como representante del
mundo. Esta confianza forma un cimiento sólido para el futuro. Su confianza está
en el mundo exterior.
Posteriormente los niños comienzan a afirmar su independencia, caminando lejos
de su madre, escogiendo con qué juguete jugar, y haciendo elecciones sobre lo
que quiere usar para vestir, lo que desea comer, etc. Si se anima y apoya la
independencia creciente de los niños en esta etapa, se vuelven más confiados y
seguros respecto a su propia capacidad de sobrevivir en el mundo. Si los critican,
controlan excesivamente, o no se les da la oportunidad de afirmarse, comienzan a
sentirse inadecuados en su capacidad de sobrevivir, y pueden entonces volverse
excesivamente dependiente de los demás, carecer de autoestima, y tener una
sensación de vergüenza o dudas acerca de sus propias capacidades.
El niño desarrolla un equilibrio de independencia y autosuficiencia sobre la
vergüenza y duda. Cambio del control externo sobre él a uno de autocontrol. Usa
sus propios juicios. Controlan su mundo. Ponen a prueba sus ideas, ejercitan sus
preferencias y toman sus decisiones. Esto lo manifiestan en su negativismo. Son
esfuerzos normales y saludables para alcanzar la independencia.
3. Iniciativa frente a culpa:
De 3 a 7 años, los niños se imponen o hacen valer con más frecuencia. Comienzan
a planear actividades, inventan juegos, e inician actividades con otras personas.
Si se les da la oportunidad, los niños desarrollan una sensación de iniciativa, y se
sienten seguros de su capacidad para dirigir a otras personas y tomar decisiones.
Inversamente, si esta tendencia se ve frustrada con la crítica o el control, los niños
desarrollan un sentido de culpabilidad. Pueden sentirse como un fastidio para los
demás y por lo tanto, seguirán siendo seguidores, con falta de iniciativa.
El niño desarrolla iniciativa cuando intenta nuevas actividades y no es abrumado
por la culpa. Siguen sus metas y hacen un balance entre lo que es permitido o no.
4. Industriosidad frente a inferioridad:
De 6 a 11 años, los niños comienzan a desarrollar una sensación de orgullo en sus
logros. Inician proyectos, los siguen hasta terminarlos, y se sienten bien por lo que
han alcanzado. Durante este tiempo, los profesores desempeñan un papel creciente
en el desarrollo del niño.
Laboriosidad frente a inferioridad (6 años a la pubertad).- el niño debe aprender
habilidades de la cultura o experimentar sentimientos de inferioridad. Comienza
el desarrollo de la autoestima. Comparan las habilidades con las de sus pares. Si
su habilidad no está a la par con sus pares su autoestima se afecta y buscan la
protección de sus padres.
5. Identidad frente a confusión de identidad (De 11 a 19 años):
Comprende el período de la adolescencia. El adolescente desarrolla un sentido
coherente del yo, incluyendo el papel que juega en la sociedad. Estos deben
establecer y organizar sus habilidades, necesidades e intereses y deseos de forma
que se puedan expresar socialmente. La naturaleza caótica del adolescente se debe
a su conflicto de identidad. Lograr la identidad significa que han resuelto los
siguientes problemas: 1) elección de una ocupación, 2) adopción de valores en
qué creer y porqué vivir, 3) desarrollar una identidad sexual satisfactoria o
definida. Los adolescentes son relativamente alegres, hacen sus compromisos y
muestran fidelidad a sus pares.
6. Intimidad frente a aislamiento (20 a 40 años- edad adulta temprana):
En esta etapa hacen compromisos con otros (amor); terminan sus carreras. Si lo
logran se aíslan de la sociedad.
7. Generatividad frente a estancamiento (40 a 65 años – edad adulta
intermedia):
Establecer y guiar la siguiente generación (dar consejos). Si no logran esto caen
en un empobrecimiento general.
8. Integridad del Yo frente a desesperación (65 años en adelante – edad adulta
tardía):
Aceptan su vida como una productiva o se desesperan por la incapacidad de volver
a vivirla.
Desarrollo de 1 a 3 años
La independencia del niño o la niña es lo que marca esta etapa de la primera infancia.
Según la teoría de Margaret Mahler, el niño pasa por un proceso de separación y después
de individualización.
Erikson describe la segunda fase del desarrollo como la fase de la autonomía frente a la
vergüenza y la duda.
Empiezan a autoevaluar y desarrollar nociones de sí mismos como buenos, malos,
atractivos, etc.
Se frustran rápidamente.
Insisten en independizarse.
Son firmes y enérgicos acerca de sus preferencias y tratan de hacerse valer por sí
mismos, diciendo “NO” a los pedidos de los adultos.
Berrinches o pataletas.
Sentimientos Yoicos “Egocentrismo”, deseo de posesión, esto es mío.
Los niños disfrutan del juego paralelo, dedicándose a actividades solitarias cerca
de otros niños. Es probable que:
Miren a otros niños y se unan brevemente para jugar con ellos.
Defiendan sus posesiones
Empiecen a jugar a las casitas
Usen objetos de manera simbólica en el juego
Participen en actividades grupales simples como: cantar, aplaudir o bailar.
Conozcan la identidad sexual.
De 3 a 4 años
Cuenta a sus compañeros lo que va a hacer. Pero gusta de jugar solo y hablar consigo
mismo.
Por lo general no escuchan a los interlocutores.
Está quedando atrás la etapa de egocentrismo:
Se siente sensible frente a los reproches de sus padres. Negociar para conseguir lo que
desea, poco a poco se va sintiendo más independiente.
Según Eric Erikson la niñez temprana se caracteriza por la fase de iniciativa frente a la
culpa. Ahora los niños se han convencido de que ellos son una persona en sí mismos. En
esta etapa, por su propia iniciativa los niños pasan a un mundo social más amplio.
El gran dirigente de la iniciativa es la conciencia. Ahora los niños no sólo sienten miedo
a ser pillados, sino que también comienzan a oír la voz interna de la propia observación,
guía y castigo.
Complejo de Electra
Complejo de Edipo
Descubre que hay una realidad exterior independiente a él.
Sentido del yo.
Realiza pequeños encargos.
Es inestable y tiene estallidos emocionales (pataletas).
Puede ser violento con un objeto o juguete. Si está siendo ocupado por otra
persona.
Tiene ansiedad prolongada y celos.
La llegada de un hermanito puede causar violenta angustia e inseguridad.
Están constantes juegos y es a través de estos que aprenden a relacionarse con
otros y a ensayar sus roles sociales. Los juegos sexuales y de roles son claves para
que los niños se identifiquen con su sexo (ya se sienten como hombres o mujeres).
Los padres pueden ser de gran ayuda en la medida que permiten que estos juegos
se den y no descalifiquen a los niños por presentar algunas conductas, que, para
ellos, corresponden al sexo opuesto. Los niños van regulando de manera natural
estas conductas imitando a los padres del mismo sexo y en la siguiente etapa se
produce una diferenciación muy marcada entre hombres y mujeres, que permitirá
afianzar la identidad sexual de los niños.
De 4 a 6 años:
Combinación de independencia e inseguridad.
Suele comportarse como bebe.
La competición se hace más objetiva.
Sugiere turnos para jugar, tiene más contacto social.
Habla con otros niños, pero no escucha lo que dicen.
Autocritica y crítica a los demás.
Tienen algunos miedos, están conociendo nuevos peligros.
Imita las actividades de los adultos.
Reconoce la autoridad de sus padres. Pero busca pretextos para conseguir lo
deseado.
Sigue probando los límites impuestos por sus padres.
Usa palabrotas para que la gente reaccione.
Si se lo deja a cargo de un niño más pequeño eventualmente podría cuidarlo o
mostrarse protector.
Busca ser reconocido más allá de su grupo familiar.
Vive una crisis de personalidad
Es independiente.
Quiere hacer valer sus derechos dentro del núcleo familiar
Durante las comidas se muestra muy sociable y hablador.
Constantemente hace preguntas.
Paulatinamente en los grupos van cobrando mayor estabilidad; dentro de ellos, ya
más estables, comienzan a perfilarse líderes (positivos y/o negativos).
Puede anticipar sus hipótesis y ejercitarse en la toma de decisiones grupales.
Se muestra protector con los compañeros de juego menores que él.
Diferenciación sexual de los roles en los juegos.
Empiezan a darse cuenta de que sus compañeros de juego, a veces realizan
trampas.
Aparecen los juegos reglados que implican el abandono del egocentrismo y la
entrada en el proceso creciente de socialización.
De 6 a 7 años:
Según Erickson, entre los 5 y 11 años, existe la fase de Laboriosidad v/s inferioridad.
El niño comienza a pasar períodos cada vez más prolongados fuera del hogar y da mayor
importancia al medio escolar. Surge el sentido de ser competente; el juego, los deportes
competitivos y el rendimiento escolar son cruciales en la consolidación de un sentido de
ser competente; en la medida que el niño rinde bien y se relaciona adecuadamente con
sus pares.
Cuando esto no sucede surge el sentimiento de inferioridad o de incompetencia.
Debido a los grandes cambios que se van a producir en su organismo, tanto a nivel
fisiológico como psicológico, va a ver alterada su área afectiva y emocional.
Muchos niños tienen un mejor amigo y un enemigo.
Les gusta tener compañeros de juego del mismo sexo.
Juegan bien en grupos, pero de vez en cuando necesitan jugar solos.
Pueden enojarse cuando se les critica o si ignoramos su trabajo o comportamiento.
No les gusta el no triunfar.
Es común el que acusen o culpen a los otros.
Pueden prestar ayuda en tareas sencillas.
Tiene mucha necesidad de cariño y atención de sus padres y niñeras.
Para ellos, algo “bueno” o “malo”, es lo que sus profesores y sus padres aprueban
o desaprueban. A esta edad comienzan a desarrollar valores éticos como la
honestidad.
Comienzan a preocuparse por los sentimientos y necesidades de los demás.
Pueden gozar de cuidar y de jugar con niños más pequeños.
Comienzan a desarrollar un sentido del humor y gozan de rimas tontas, canciones
y adivinanzas.
De 6 - 9 años
Es una etapa en que el crecimiento físico va equilibrándose con el desarrollo afectivo,
permitiendo en los niños que surja el interés por conocer y saber sobre el mundo y sus
fenómenos. Esto favorece el aprendizaje escolar y el desarrollo de habilidades culturales.
Son capaces de motivarse y concentrarse en el logro de tareas. Están constantemente
modificando la imagen de sí mismo de acuerdo al reconocimiento o la descalificación que
reciben de los adultos. En este momento es fundamental la actitud de aceptación y apoyo
de los adultos hacia ellos.
El interés sexual se centra en el conocimiento del cuerpo, de los órganos y la procreación.
Se dan los juegos sexuales mixtos o con niños del mismo sexo, predominando aquellos
que tienen que ver con sentirse poseedores de una imagen de niño o niña. Es una etapa
clave en la formación de la identidad sexual, ya que en la escuela y el barrio se van dando
las diferenciaciones y separaciones por sexo. Los niños se juntan con niños y las niñas
con las otras niñas (Club de Tobi o de la pequeña Lulú), así se van diferenciando del otro
sexo e identificando con sus iguales.
En esta etapa además influyen enormemente los valores e imágenes que la familia y la
sociedad le presentan sobre cada sexo. Es por ello un gran desafío para los padres y
educadores el trabajar en esta etapa para afianzar cambios que tiendan hacia una mayor
equidad entre los sexos.
5.- De los 10-14 años
A partir de los 10-12 años se producen importantes cambios biológicos asociados a la
sexualidad del niño. En esta etapa se activan las hormonas sexuales.
Estas hormonas son las que determinarán los cambios físicos y psicológicos que
determinarán luego la sexualidad reproductiva.
El primer cambio lo constituye el crecimiento acelerado del cuerpo. El joven se siente
torpe y le es difícil controlar su cuerpo.
En seguida surgen una serie de cambios de forma: a las niñas le crecen las caderas, los
pechos, le salen los primeros vellos en la pelvis y a los jóvenes: les cambia la voz, les
crecen los genitales y les salen los primeros vellos en el pubis. Hay grandes cambios en
la apariencia, dejan de parecer niños para presentar características que los asemejan a los
adultos. Sin embargo, psicológicamente no han madurado aún, en muchos casos se
sienten todavía niños.
Es la etapa de los primeros actos de independencia y rebeldía con los padres. Se inicia la
incorporación paulatina a los grupos de iguales, que se intensifica en la adolescencia. Por
lo general las niñas se desarrollan antes que los niños, provocando una distancia entre los
jóvenes de los distintos sexos.
6.- De los 14-20 años o más
En este período se alcanza la madurez biológica, psicológica y social, que los sitúa en
calidad de adultos.
La familia puede ser determinante en la forma que el joven enfrente su nuevo rol frente a
los otros.
Es una etapa que abarca un largo período que se caracteriza por emociones
contradictorias, y luchas de un polo a otro. Por un lado el joven tiene características y
conductas propias de los niños y vive a la vez sensaciones de adulto y demandas sociales
acordes a su apariencia de adulto. Es así como el despertar a la sexualidad reproductiva y
la necesidad de autocontrol, se contraponen a los momentos de soledad y aislamiento; el
disgusto con sigo mismo y el resto del mundo coexiste con el desarrollo de ideales y
proyectos futuros; etc...
Durante la adolescencia la tarea central consiste en buscar una identidad propia,
superando todas las dificultades y conflictos que ello le trae. Los conflictos se dan de
distinta manera y con diferente intensidad en cada joven.
Cuando la familia lo apoya afectivamente y valida las soluciones y alternativas que él
encuentra, este proceso será armónico y fácil. Por el contrario, si el joven se ve presionado
y empujado a resolver los conflictos según definiciones de sus padres y no las propias, es
probable que la relación tienda a una lucha de poder entre ambas partes (el típico caso del
adolescente rebelde).
Es necesario recordar que en los inicios de la adolescencia los jóvenes operan
egocéntricamente, pero luego irán resolviendo las etapas de su vida afectiva (a medida
que van definiendo su identidad), tendiendo a la solidaridad, y la construcción de
proyectos futuros de vida en los cuales se involucra a otros.
En los últimos años de adolescencia deben aprender a separarse de sus padres,
construyendo redes de amistad sólidas que permitan suplir algunas necesidades que antes
satisfacían los padres. Es el período en que se revisan los roles parentales. Es el tiempo
en que los jóvenes hacen duras críticas hacia sus padres y hacia la sociedad.
Es el momento en que los adolescentes comienzan a establecer relaciones de pareja a
través de los pololeos. Es de fundamental importancia que los jóvenes tengan claras las
expectativas que sus padres tienen respecto al inicio de su vida sexual (cuando, con quién
o qué pareja, dónde, con qué prevención del embarazo o enfermedades venéreas, etc.) y
que los padres sean capaces de acordar normas y reglas respecto a estos aspectos. En la
medida que las reglas están claras los jóvenes podrán hacer sus propias opciones
respetando, mientras vivan con los padres, los valores y normas que la familia ha posee.
12-16 años: "Yo, mis amigos y el mundo".
La adolescencia suele ser un período bastante temido por los padres, sobre todo por los
importantes y rápidos cambios que se verifican en sus hijos.
¿Cómo hay que comportarse frente a esta transformación?
En realidad, la adolescencia es una etapa como otras, solamente que un poco más
compleja, ya que abarca casi todos las facetas de la vida.
Nuestros hijos van siendo cada vez más independientes, personalidades autónomas que
quieren probar sus propias capacidades de ser personas, independientes en este mundo.
También nosotros la hemos pasado...
Uno de los cambios más fáciles de percibir es el crecimiento físico que se produce,
conocido como "estirón". A veces los cambios fisiológicos son tan rápidos que ni ellos
mismos tienen tiempo de asumirlos.
El interés para los miembros del otro sexo se hace muy fuerte: atracción, curiosidad y
verdaderos enamoramientos que a veces les descolocan. Estas pruebas de relaciones de
pareja, que se dan sobre todo a partir de los 15-16 años, son muy importantes ya que
ayudan a madurar una identidad
Sexual propia y definida. Esta capacidad de compartir la propia identidad e intimidad,
son condiciones que favorecen una relación futura, emotivamente estable y humanamente
constructiva.
A nivel de las estructuras mentales, el desarrollo del pensamiento permite la creación de
hipótesis y el desarrollo de una lógica por deducción. Ahora su cerebro tiene todas las
herramientas necesarias para poder entender y participar a la creación de la cultura y del
conocimiento humano. Es una experiencia estupenda, que les confiere un sentido muy
grande de libertad mental. Las preguntas de carácter moral se vuelven muy importantes:
todo lo cuestionan, porque quieren saber lo que realmente vale. Es importante que los
padres conozcan esta necesidad que sus hijos tienen de verificar todo lo que les han
enseñado: no quieren rechazar de entrada la educación recibida, sino que necesitan elegir
personalmente si asumir, rechazar o modificar lo que hasta ahora han aceptado desde
fuera sin mucha reflexión, como parte de su propia identidad. Una posición definida y
relativamente estable será alcanzada solamente en la adolescencia tardía, ya a las puertas
de la edad adulta. Muchos jóvenes suelen recuperar de forma autónoma y como resultado
de una elección personal, muchas de las enseñanzas recibidas de sus padres.
El desafío más fascinante de la adolescencia es éste: la definición de una identidad propia,
única, capaz de relacionarse con los otros de forma crítica y creativa. Con este objetivo,
los chicos necesitan buscar respuestas fuera de su hogar y círculos tradicionales: hacen
nuevas amistades, cultivan ciertas pasiones o intereses, hacen "pruebas" de identidad,
cambiando de estilo de vestir, de tipo de peinado, de forma de andar por la calle... Los
amigos y el grupo son muy importantes, ya que son los foros que les permiten realizar
estas tentativas de exploración social, en busca de su lugar en este mundo. Normalmente
cambian "muchas pieles", antes de encontrar la que mejor se ajusta a su manera de ser.
Éste es un período de transición irrenunciable para quien quiera llegar a ser una persona
adulta y madura, capaz de hacer sus propias elecciones en la vida. Es ahora cuando
muchos adolescentes empiezan a tener claro lo que les gustaría hacer de mayor y
empiezan a asumir de manera gradual la responsabilidad de sus propias acciones.
La adolescencia es un banco de pruebas importante de las bases sobre las que se ha ido
asentando la relación con los hijos a lo largo de su niñez: un clima de diálogo en la familia
suele ser la mejor forma de solucionar conflictos que, muchas veces, no son más que
incomprensiones.
A pesar de que la comunicación sea una herramienta fundamental para una pacífica vida
familiar, esto no garantiza - ni falta hace que lo haga - que en determinadas ocasiones
haya claros enfrentamientos. Con este panorama, es ante todo importante que
comprendamos una cosa: cuestionar a los padres no significa dejar de quererles.
Cuestionar a los padres significa tomar distancia de lo que ellos representan: su niñez, su
dependencia, su incapacidad para tomar decisiones por sí mismos. Significa buscar un
camino propio, ensayando vías alternativas a las asumidas como únicas y correctas hasta
entonces. Significa arriesgarse, asumiendo también que uno puede equivocarse. Es
natural que todo esto nos genere cierta angustia: aunque confiamos en nuestros hijos,
tenemos miedo por su inexperiencia en las cosas de la vida o por la gente con la que
podría encontrarse. Tener miedo es parte de esta ardua tarea de ser padres: tendremos que
asumir que, a veces, hay que pasar miedo. Es verdad que existe la posibilidad de no
dejarles salir: no dejarles salir del hogar, de nuestro control, de nuestra protección, de
nuestros miedos. Habrá que ver si merece la pena, ya que el precio a pagar será alto: hacer
de nuestros hijos unas personas inseguras, dependientes e incapaces de tomar decisiones
en su propia vida o, por lo contrario, hacer que se escapen por completo de nuestro
control.
¿Cómo comportarse entonces?
Existen diferentes estilos educativos, es decir, diferentes maneras de educar a los hijos.
No existe una manera válida siempre y para todos, ya que cada uno de nosotros es único
e irrepetible. Habrá que evaluar y adecuar nuestras pautas educativas conforme a la
situación y personalidad específica con la que estamos en relación, en este caso, a nuestro
hijo adolescente.
Nuestro objetivo fundamental sigue siendo el de crear las condiciones para que nuestro
hijo madure, es decir, para que gradualmente y progresivamente vaya tomando decisiones
sobre sí mismo, su vida presente y sus proyectos futuros. Será él quien, poco a poco,
llegará a ser plenamente responsable de su vida y creador de su futuro.
Sin embargo, el camino hacia la libertad de ser plenamente uno mismo, no es del todo
recto. Los adolescentes a veces tienen conductas de riesgo, es decir, comportamientos que
pueden perjudicar su salud. Conducir de forma poco prudente, beber en exceso o tomar
algunas pastillas en las fiestas, fumar o incluso probar drogas, son comportamientos cuya
explicación no es sencilla ni unívoca. Razones de carácter social, la influencia del grupo,
el carácter del individuo, la educación recibida y otras características pueden facilitar o
alejar del chico de tales situaciones. Un rasgo psicológico común que tienen los
adolescentes es el de tener una generalizada sensación de invulnerabilidad, que les hace
minimizar los riesgos existentes en una determinada situación o comportamiento. En este
sentido, el clásico papel de los padres, expresado en su famoso "ten cuidado...", sigue
siendo el más adecuado. Aunque parezca que están cansados de oír siempre lo mismo
cada vez que salen, en el fondo saben que sus padres piensan en ellos y son un poco
insistentes porque en el fondo les desean lo mejor. Es importante que los hijos sigan
percibiendo que pueden recurrir a sus padres en caso que tengan algún problema de difícil
solución, tan solo para pedirles consejo.
Por otro lado, estos mismos adolescentes suelen tener un alto grado de idealismo: muchos
valoran la amistad como un sentimiento casi sagrado y pueden establecer vínculos
amistosos muy estrechos, otros buscan el amor de su vida y lo darían todo para él o ella;
algunos desarrollan un profundo sentimiento religioso, otros se afilian a una determinada
ideología política o social. El hecho común a todas estas experiencias es que se puede
pensar, sentir y creer en algo de forma muy profunda y universal: se lo permite su
pensamiento, así como su corazón.
La búsqueda de modelos es otro rasgo importante: el personaje ideal, muchas veces objeto
de imitación, puede ser un futbolista o una modelo (visto lo que nuestra sociedad propone
últimamente), un cantante o una bailarina. Es suficiente con entrar en la habitación de
nuestros hijos y ver cuáles son los pósteres colgados en la pared, para adivinar algunos
de sus modelos actuales. Los modelos siempre proponen valores, sean estos transmitidos
de forma directa o indirecta. Si queremos que nuestros hijos tomen en consideración la
existencia de valores alternativos a los que están de moda, o que tan solo abran un poco
su abanico de posibilidades morales, será importante proponer "modelos alternativos". En
esta etapa más que nunca, las palabras no son suficientes: es necesario que las propuestas
de los adultos sean coherentes con un modelo de vida. Desde siempre, pero ahora con
mucha más fuerza, la coherencia entre hechos y palabras es la que marca la diferencia
entre lo que merece la pena aceptar y lo que no.
Quizás nunca como en la adolescencia aprendemos que los hijos hay que "dejarles ir",
poco a poco, pero irremediablemente. Lo hemos hecho cuando han empezado a dar sus
primeros pasos, cuando han aprendido a conducir su bicicleta y ahora nos lo piden
psicológica y afectivamente. Esto no significa perderles, sino dejarles llegar a ser lo que
pueden y quieren ser.
Y para ello necesitan espacio, un espacio vital amplio, donde empezar a extender las alas
y a volar. Educar, en el fondo, no significa otra cosa que hacer a las otras personas libres.
Es curioso notar que la palabra "educar" significa "conducir afuera": hemos caminado
con nuestros hijos de la mano hasta ahora; pronto estarán a la puerta de la edad adulta,
listos para emprender su propio camino
EL DESARROLLO SOCIAL Y LA IDENTIDAD EN UN NIÑO
Durante el desarrollo social por parte del niño o niña, de acuerdo a las etapas, va
encontrando su identidad debido a las distintas comunicaciones que pueda existir en el
entorno de este mismo. Según (Porta, 2012) “las identidades se forman por procesos
sociales, pues las sociedades tienen historias en cuyo curso emergen identidades
específicas, pero son historias hechas por hombres que poseen identidades específicas”.
La comunicación es coextendida a la sociedad, y en cuanto tal es ubicua, es decir, está
presente en todas partes, en todas las manifestaciones de la vida social. O, dicho de otro
modo: la sociedad, en cualquiera de sus escalas y en cualquiera de sus instancias, es
simplemente impensable sin la comunicación. Y bajo este aspecto, ella interesa directa o
indirectamente, explícita o implícitamente, a todas las disciplinas sociales, y no sólo a la
llamada ciencia de la comunicación sino también a la propia identidad (Gimenez, 2011)
¿Qué relación existe entre la comunicación y la identidad?
Gimenez, 2011 citado anteriormente, nos dice que solo la comunicación (desarrollo
social) se relaciona con la identidad individual o colectiva. La primera se relaciona con
la idea que tenemos acerca de la clase de persona que somos y de nuestra diferencia con
respecto a los demás; a lo que corresponde simétricamente la idea que los demás tienden
de nosotros. Nuestra identidad real resulta de la negociación entre ambas perspectivas, es
decir, de la intersección entre identidad autodefinida e identidad reconocida. De modo
análogo, la identidad colectiva implica la diferenciación entre los grupos y los colectivos
con base en la diversidad y especificidad de sus respectivos proyectos y legados culturales
compartidos.
Por lo cual existen cuatro puntos que nos hace ver la relación de dichos términos y
verificar su importancia.
1. Viendo las cosas desde el punto de vista de la identidad, la revelación de la misma
es la condición de posibilidad para que se produzca la comunicación. Uno no
puede comunicarme con un extraño, de quien no conoce ni su nombre ni su
identidad de rol, salvo para solicitar como condición previa un mínimo de
identificación, es decir, preguntas como ¿quién es usted?, o ¿con quién tengo el
gusto de hablar? Los interaccionistas simbólicos anticipan la baja posibilidad en
la interacción sin la muestra de algún tipo de identidad o imagen. Esto puede
comenzar por un gesto realizado por una de las partes. Siguiendo esta misma línea,
algunos comunicólogos afirman que la identidad de los participantes en una
interacción constituye el marco (frame) requerido para la interpretación correcta
de sus recíprocos mensajes.
2. Desde la perspectiva de la identidad, ésta condiciona y modula los
comportamientos comunicativos. No nos comunicamos de la misma manera con
nuestra madre, nuestro maestro, nuestro amigo, nuestra novia, nuestro acreedor,
nuestro jefe o nuestro psiquiatra.
3. La identidad limita los tópicos de la comunicación. No hablamos sobre cualquier
cosa con cualquiera, sino que limitamos cuidadosamente los temas de nuestra
conversación según la identidad de nuestro interlocutor o según la presencia /
ausencia de terceros que fungen como testigos de la conversación. Y los esposos
no hablan de ciertas cosas en presencia de los hijos.
4. La identidad puede ser en sí misma objeto de comunicación, bajo la forma de la
auto-descripción y de la auto-revelación que suele producirse en las llamadas
“relaciones íntimas”. Esta modalidad de la comunicación constituye por sí misma
uno de los capítulos más apasionantes de la teoría contemporánea de la
comunicación.
Si ahora nos colocamos en la perspectiva de la comunicación, la tesis fundamental de que
la comunicación constituye la condición de posibilidad y a la vez el factor determinante
en la construcción de la identidad social. En efecto, la identidad personal no debe
concebirse según la metáfora de la cebolla, es decir, como una especie de núcleo estable
y secreto de nuestra interioridad, constituido por capas sucesivas de profundidad que
vamos revelando parcial y progresivamente según el grado de intimidad que nos une con
nuestros interlocutores (Gimenez, 2011)
¿Qué podemos hacer respecto a la temática?
El niño tiende a desarrollar la parte social por ellos mismos, tienen un deseo de pertenecer
a un grupo social llegándose a comunicar con distintas personas que muchas veces puede
inculcar a que realice malas actitudes y desarrolle una identidad nueva.
Para poder pensar los procesos de construcción de la identidad se debe remitir
directamente a ciertas formas de institucionalización, y por lo tanto, de interacción entre
sujetos sociales que forman parte de colectivos sociales mayores (Porta, 2012)
Uno debe buscar la manera de relacionarse con los niños para poder actuar indirectamente
en esa parte, para enseñar el modo adecuado de adquirir la identidad de otra persona con
la cual quiere interactuar o comunicarse. En otras palabras, enseñar que tipo de preguntas
debe realizar para saber con quién están hablando, ya que la identidad responde a las
preguntas ¿quién soy?, ¿qué soy? ¿de dónde vengo? ¿hacia dónde voy? Pero otra pregunta
que también responde de acuerdo al desarrollo social es ¿qué quiero ser?
El estudio, que se realizó en 1939, descubrió como las situaciones sociales influyen en el
comportamiento de los individuos. Los distintos tipos de liderazgo moldean el
comportamiento de los individuos, dándoles una nueva identidad como integrantes de un
grupo. (Fernandez, 2011)
Entonces para que el niño o niña desarrolle una identidad entorno al desarrollo social, se
debe conocer el tipo de personas con quien tiene relación y el modo en como maneja esa
relación social si muestra un comportamiento adecuado o inadecuado.
CONCLUSIONES
La identidad es de suma importancia para el desarrollo social de niño, en este sentido,
podrá tener una comunicación activa con su entorno, respetando su propia identidad y la
de los demás, le ayudará hacer auténtico, ser una persona sociable en el ambiente en el
que se encuentre.
Referencias
Alcaraz, M. V. (2014). Territorio e identidad en la Argentina. Dos elementos valiosos del diseño
y la gestión de las políticas culturales. Obtenido de
file:///C:/Users/lenovo/Downloads/2127-Texto%20del%20art%C3%ADculo-7924-1-10-
20150204%20(1).pdf
Fernandez, E. (2011). Identidad y Personalidad: o como sabemos que somos diferentes a los
demas. Obtenido de
https://www.psicociencias.org/pdf_noticias/Identidad_y_personalidad.pdf
Gimenez, G. (2011). Comunicación cultura e identidad. Reflexiones Etimológicas. Obtenido de
http://www.scielo.org.mx/pdf/crs/v6n11/v6n11a5.pdf
Porta, M. (2012). Identidad y comunicación: Identidad como una estructura de sentidos.
Obtenido de
https://perio.unlp.edu.ar/ojs/index.php/question/article/download/330/263/