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Trabajo Práctico

“Comercialización Agraria”
“Contratos Agrarios”

MATERIA: DERECHO AGRARIO


ALUMNOS:
 Acosta Diego.
 Amarilla Daniel.
 Benítez María Victoria.
 Cukla Agustina.
 González Batista Luciano.
 Núñez Rafael.
 Pazoz Tamara.
 Payeska Mario.
 Pérez Matias.
 Scheibe Florencia.
PROFESOR: Breard, Marcelo.
-AÑO: 2019-
INTRODUCCIÓN
La comercialización agraria en Argentina ha transitado desde los comienzos
de la organización nacional hasta la actualidad períodos de expansión, declinación
y estancamiento, resultantes de la aplicación de diversas políticas y de cambiantes
circunstancias en los mercados mundiales. En este trabajo se intenta repasar,
sucintamente, la evolución del sector agropecuario entre 1875 y los primeros años
del siglo XXI, identificando las principales características de los diversos
subperíodos que hacen al modelo agroexportador de la economía Argentina en
esos tiempos.
Destacamos y reconocemos la importancia del sector agrícola en nuestro
país, fue el motor del crecimiento nacional hasta que a partir del despegue de la
industrialización pasó el campo a un segundo plano como principal proveedor de
divisas.
Por otro lado se hace un análisis de los contratos agrarios más
característicos, aquellos que se realizan teniendo como base de la relación jurídica
una explotación agraria o agrícola, esto en atención a la importancia que desde la
perspectiva económica detenta la empresa agraria, resulta de suma relevancia
introducirse en el análisis de uno los elementos de gestión de los que dispone,
como son los contratos agrarios, instituto del derecho que le permite a la misma su
constitución, desarrollo como así también su sostenimiento.
El derecho aporta marcos contractuales que sirven no solo para constituir
una empresa sino para facilitar su propio desenvolvimiento, aun en un contexto
cambiante y exigente. Los contratos agrarios constituyen una verdadera categoría
jurídica que la legislación refleja consagrándolos normativamente. El factor
unificador de esta categoría de contratos puede verse a través de los intereses
agrarios involucrados y protegidos cuya presencia es insoslayable en cualquier
acuerdo negocial del sector.

EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA COMERCIALIZACIÓN


AGRÍCOLA ENTRE EL SIGLO XIX Y PRINCIPIOS DEL
SIGLO XX:
En 1776, España decide la creación del Virreinato del Río de la Plata, que
abarcaba lo que hoy es Argentina, Uruguay, Paraguay y gran parte de la
actual Bolivia, con la intención de evitar el establecimiento de los portugueses en
el Río de la Plata. El Reglamento de libre comercio de 1778 fue promulgado por el
rey Carlos III de España el 12 de octubre de 1778, en el marco de las reformas
borbónicas, se aprobó con el fin de permitir el librecambio comercial entre España
e Hispanoamérica, para lo cual se habilitaron al comercio 13 puertos en España y
24 en América, entre ellos el puerto de Buenos Aires.[8] La necesidad de una
agricultura intensiva se reconoció ya en 1776

En esa etapa de Rivadavia se sancionó la Ley de Enfiteusis que dejó como


consecuencia la concentración de la tierra; entre 1822 y 1830, 538 propietarios
obtuvieron en total 8.656.000 hectáreas. 

Ya durante la etapa rosista con la expansión de la frontera agrícola y a partir de la


ley de Aduana de 1835 las exportaciones primarias van a ir subiendo
vertiginosamente, mientras las importaciones lo harán en una proporción inferior.
En las décadas de 1830 y 1840 se acentuó la expansión agrícola. Las
exportaciones de origen pecuario (cueros, carne salada, sebo y lana) y el número
de embarcaciones extranjeras que llegaban anualmente al Río de la Plata con sus
productos lograron duplicarse entre 1837 y 1852. Los cueros vacunos
representaron más del 60% de las exportaciones del período y sus dos terceras
partes eran producidas en Buenos Aires. En 1851, en las vísperas de Caseros,
Argentina importaba 8.550.000 de artículos extranjeros, contra 10.633.525 de
productos nacionales exportados. La balanza comercial había sido supervitaria
aunque basada en productos agrícolas.

Ya en la segunda mitad del siglo XIX, el país siguió un modelo de exportación


agrícola y ganadera de desarrollo con gran concentración de cultivos en las fértiles
llanuras pampeanas, particularmente en la provincia de Buenos Aires y la región
del Litoral. En gran medida limitada a las actividades ganaderas y centrada
alrededor de la exportación de pieles de ganado vacuno y lanar. A partir
de 1850 comenzó el auge del ganado ovino: ese año la exportación total de lanas
alcanzó la cifra de 7681 toneladas; en 1855 llegó a 12 454 toneladas, y un año
más tarde, a 14 972 toneladas. Al promediar la década de 1860, las estancias
dedicadas al ganado lanar en la provincia de Buenos Aires comprendían una
superficie de 16 millones de hectáreas; estando una cuarta parte de ellas en
manos de inmigrantes irlandeses y escoceses, y una gran proporción bajo control
de inmigrantes vascos. El total de ovinos en la provincia llegó a la cifra de
40 millones. Gracias a ello, Buenos Aires vivía una notable expansión económica
sustentada por el ciclo lanar y las rentas de la aduana. 
Ya en el período de Organización Nacional, en 1868 se creó el primer Instituto de
Agronomía de la Argentina. El arribo en 1875 del primer cargamento de granos
intactos a Gran Bretaña, desató una ola de inversión local en cultivos y en silos e
inversiones británicas en ferrocarriles y finanzas. El desarrollo del transporte
marítimo de carne congelada, en 1876, llevó a la modernización de ese sector.  El
maíz y el trigo, para ese entonces, eclipsaron la producción y exportación de
carne.

En 1914 más del 60 por ciento de la tierra en las cinco provincias de la pampa, y el
80 por ciento de toda la tierra en la Argentina, se concentraba en unidades de más
de 1.000 hectáreas. También en ese año, estancias gigantescas de más de 5.000
hectáreas abarcaban, la mitad de las tierras del país. En total 29 familias
concentraban el 38 por ciento del total de las tierras agrícolas y otras 200 más de
41 por ciento.

Estos avances estuvieron acompañados por una ola de inmigración europea y las


inversiones en educación e infraestructura. Las exportaciones agrícolas dejaron
siempre al Tesoro argentino con excedentes generosos durante las dos guerras
mundiales
La creación del IAPI por el presidente Juan Perón los beneficiados con las
inversiones en infraestructura de control, maquinaria y plagas, durante esta época
el sector agropecuario se modernizó: a partir del desarrollo de la industria
siderúrgica y petroquímica, se impulsó la tecnificación y la provisión de
fertilizantes, plaguicidas y maquinarias, de forma que se hizo incrementar la
producción y productividad agropecuaria. Políticas favorables a la inversión
industrial durante el mandato de Arturo Frondizi estimulando una mayor
modernización

Importancia socio económico que genera la producción agrícola en


Argentina: 

Desde mediados del siglo XIX la producción agropecuaria ha sido una de las
principales actividades económicas del país. Claramente hasta la década del 30,
la economía agraria argentina había oficiado como el motor del crecimiento
nacional, poseyendo un lugar destacado en las relaciones sociales, económicas,
políticas y culturales del país. A partir de los años 40 con el despegue de la
industrialización, en apariencia la centralidad que poseía el “campo”
como proveedor de divisas pasó a un segundo plano. Sin embargo, esto no fue
así. Si bien entre la década del 30 y el 40, la Argentina intentó convertirse en un
país cuya economía tuviera una base industrial, lo cierto es que hasta la
actualidad, y dejando de lado coyunturas históricas muy específicas, el sector
agroexportador ha sido el motor del crecimiento nacional. La disputa, a veces
solapada y otras abiertas, por la renta agraria ha sido para muchos historiadores
destacados el catalizador de las diferentes disputas entre las fracciones de la
burguesía industrial, agraria y el Estado como mediador y acumulador de divisas.
Es decir que 238 años después de la creación del Virreinato del Río de La Plata y
a 204 años de la conformación de la Argentina como país independiente, la
estructura económica argentina sigue teniendo una principal impronta rural.

IAPI 

El Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI) fue un ente público


argentino que tenía como finalidad centralizar el comercio exterior y transferir
recursos entre los diferentes sectores de la economía. Funcionó bajo la órbita del
Banco Central, y su director fue el economista y Presidente del Banco Central
Miguel Miranda.

Cuáles eras los objetivos de esta institución? El IAPI, fue creado en 1946,
mediante el Decreto 15.350 del 28 de mayo de 1946, bajo la órbita del Banco
Central. Se lo concibió como un organismo que pudiera actuar expeditivamente
frente a las coyunturas internacionales que se presentaran para maximizar los
beneficios de la compra, venta, distribución y comercialización de productos. Este
organismo reorganizó y amplió las funciones de lo que, hasta el momento, era la
Junta Nacional de Granos. El objetivo que guió su creación fue la necesidad de
contar con un ente especializado en cuestiones comerciales y lograr una mejor
inserción externa mediante la conquista de nuevos mercados y la consolidación de
la presencia argentina en los ya obtenidos. Además de promocionar la calidad y
diversidad de los productos locales y generar estrategias de defensa de los
precios de los mismos en el mercado internacional, ante un eventual deterioro de
los términos de intercambio, protegiendo a los productores locales frente a los
cambios en los precios internacionales y la acción de los monopolios
internacionales y de los países importadores de productos argentinos. En la
misma línea, el gobierno decidió repatriar la deuda externa, crear el Instituto Mixto
Argentino de Reaseguros, la Flota Mercante para mantener un alto nivel de
ocupación e incentivar los planes de obras de los gobiernos nacionales y
provinciales. También tenía como objetivo desplegar una política pública de
planificación y orientación que eliminara o redujera al mínimo el impacto
desfavorable de los fenómenos naturales, climáticos o económicos que pudieran
afectar la producción nacional.

Funciones: El organismo contaba con diversas funciones. En el plano comercial,


se encargaba de comprar los cereales, carnes y derivados a los productores, para
luego exportarlos. También cumplía funciones financieras, incluso al sector
privado para la adquisición de bienes de capital.

Cuando el Instituto compraba productos elaborados que no lograban colocación,


establecía el margen de beneficio al sector industrial, creaba comisiones mixtas
especiales para resolver la crisis de ciertos sectores productivos, [cita
requerida]adquiría materia prima para entregarla a los industriales a fin de que la
procesaran por cuenta y orden del Instituto, etc. Asimismo, desarrollaba funciones
de promoción y fomento en tanto determinaba qué actividades productivas eran
prioritarias y, en consecuencia, debían recibir un tratamiento especial como, por
ejemplo, el otorgamiento de créditos sin obligación de devolución. Por otra parte,
también subsidiaba la producción de ciertos bienes de consumo masivo con el fin
de mantener el nivel del salario real.

El IAPI otorgaba fondos a empresas privadas y mixtas para la compra de bienes


de capital, financiamiento para la compra de nuevos bienes de capital: camiones,
tractores y equipos para obras viales. El sector privado se benefició también con
sus fondos: la industria frigorífica, la metalúrgica, la jabonera, entre otras. Con el
propósito de reducir inversiones que el IAPI debía efectuar para cubrir riesgos en
empresas privadas, se implantó posteriormente un sistema de autoseguro. El
mismo comprendía mercaderías de propiedad del Instituto almacenadas en
depósitos propios o arrendados, en tránsito, o en aguas de jurisdicción nacional.
Se obtuvo así, una importante reducción en el pago de primas de seguro.
Asimismo, el IAPI desarrollaba funciones de promoción y fomento en tanto
determinaba qué actividades productivas eran prioritarias y, en consecuencia,
debían recibir un tratamiento especial como, por ejemplo, el otorgamiento de
créditos blandos. A fin de cumplir esta misión, se firmaron convenios comerciales
con otros países, en especial con aquellos que proveían a la Argentina de
importaciones necesarias para su crecimiento industrial. Así, entre 1947 y 1949 se
alcanzaron acuerdos comerciales con Suiza, Hungría, Italia, los Países Bajos,
Noruega, Finlandia, Dinamarca, Brasil y Suecia.

Entre los propósitos que guiaban su creación, sobresalen los siguientes:

a) contar con un organismo especializado en cuestiones comerciales;

b) lograr una mejor inserción externa mediante la conquista de nuevos mercados y


la consolidación de la presencia argentina en los ya obtenidos;

c) realizar propaganda internacional de la calidad y diversidad de los productos


argentinos;

d) complementar la actividad privada en esta materia;


e) diseñar estrategias de defensa de los precios de los productos nacionales en el
mercado internacional, ante el eventual deterioro de los términos de intercambio;

f) proteger a los productores locales frente a los cambios en los precios


internacionales y la acción de los monopolios internacionales y de los países
importadores de productos argentinos;

g) desplegar una política pública de planificación y orientación que eliminara o


redujera al mínimo el impacto desfavorable de los fenómenos naturales, climáticos
o económicos que pudieran afectar la producción nacional.

Disolución

La caída internacional de los precios agrícolas que siguió a la recuperación


europea de postguerra, cercenó en gran medida la fuente de ingresos genuinos
del IAPI. En sus relaciones con el sector privado, el IAPI otorgó importantes
subsidios: entre 1947 y 1954 los subsidios al sector agrícola totalizaron 5.063.011
pesos, mientras que el sector ganadero recibió 4.567.590 pesos. Bajo la
presidencia de facto de José María Guido, fue reorganizado en 1963 como "Junta
Nacional de Granos". Finalmente fue disuelto en 1991 por el decreto Nº 2284/91
de desregulación de mercados, elaborado por el ministro de Economía Domingo
Cavallo bajo la presidencia de Carlos Menem.

La participación del estado en el comercio de granos. La ex junta Nacional


de Granos.

La crisis económica que se instaló a partir del año 1930 en todo el mundo, produjo
un gran impacto en la economía agropecuaria argentina. Los precios de los granos
y de las haciendas descendieron vertiginosamente y a niveles insospechados.
Hubo una gran restricción en el consumo y en las exportaciones, que afectó
seriamente a la sociedad agraria y provoco el éxodo de los chacareros, familias y
trabajadores a los pueblos y ciudades. El precio de la hacienda descendió el 40%
y los granos tuvieron un descenso mayor: $10 que se cotizaba el trigo en la
década de 1920, descendió a $5 en 1932. Para salvar esta situación que
comprometía la estabilidad, toda la sociedad argentina, dada la importancia y
gravitación que la economía agraria tenía en ese entonces sobre la economía
total, el Estado liberal que hasta entonces, salvo en lo que respecta al petróleo y
los servicios públicos, no había tenido participación alguna como agente activo en
la economía, deja de lado su actitud de espectador y comienza a intervenir en el
comercio y la regulación de los granos y de las carnes. Esta intervención, con
mayor o menor intensidad, de acuerdo a las condiciones que regían cada periodo,
se mantuvo durante casi sesenta años, desde 1933 a 1991, y marca una
característica fundamental de nuestro derecho y economía agraria, que no tiene
paralelo en otro país, por su intensidad y la difusión alcanzada. El Estado Nacional
actuó como regulador y participe en ciertas facetas de esta actividad, no solo en la
materia de granos y carnes, sino también en otros rubros específicos de la
producción, como el algodón la yerba mate, el vino, la industria azucarera, el
tabaco, regulando la producción, fijando precios máximos o mínimos o de sostén
para determinados productos del agro, adquiriendo algunas veces las cosechas,
prohibiendo o limitando la importación y exportación. Incluso instalo silos y
elevadores de granos propios para el almacenamiento y preservación de los
cereales y también plantas industrializadoras de los productos del agro y hasta de
producción de envases textiles (bolsas).

La primera Junta Nacional de Granos, que se denominó inicialmente Junta


Reguladora de Granos, fue creada en el año 1933, y tomo distintos nombres
posteriores, Comisión Nacional de Granos y Elevadores, Comisión Nacional de
Granos y levadores Instituto Nacional de Granos y Elevadores, y en 1956 adquirió
esta última denominación, ya mencionada, hasta que se dispuso su disolución en
el año 1991. La Junta mejoro con su intervención las practicas del comercio de
granos y fijo tipos estándares para el trigo y maíz, creo tipos o clasificaciones para
la comercialización, regulo el comercio interno y externo de granos, fijo los
requisitos que debían reunir los que se dedicaran al comercio de granos,
estableció en forma anticipada a la siembra precios mínimos o de sostén,
poniendo a cubierto a los productores de los riesgos del mercado, instituyo
controles de calidad, adquirió las cosechas y en determinado momento tomo a su
cargo la comercialización de las mismas a través del Instituto Argentino de
Promoción del Intercambio, IAPI, y ejerció el monopolio del comercio de los
mismos, durante los años 1974, 1975 y 1976. Protegió a los agricultores de los
mercados subsidiados y favoreció el crédito sobre el cereal acopiado, mediante la
extensión de certificados de depósito en las instalaciones oficiales. Junto con el
Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, INTA, difundió métodos para el
mejoramiento de los cultivos y la utilización de semillas de calidad. Actuó con
eficiencia y ajustado a los criterios de política económica impuestos en cada
época.

En 1963 se estableció el último régimen operativo de la junta Nacional de Granos,


a través del decreto- ley 6698, muchos de cuyos capítulos todavía se mantienen
vigentes. Este decreto dispuso la comercialización de la producción nacional de
granos y otros productos agrícolas, sus productos y subproductos de la
industrialización primaria, estaba a cargo del Estado Nacional, cuando el Poder
Ejecutivo lo disponga, con carácter exclusivo y excluyente, a través de la Junta
Nacional de Granos, sin que puedan ser excluidos los granos de mayor
significación en el mercado interno y externo.
Aparte de esta intervención directa en la comercialización, autorizada en forma
general y optativa para el Estado, con el alcance que en cada caso debía
determinarse, la Junta estaba facultada para ejercer el control de todas las
instituciones o entidades que intervinieran en el comercio interno y externo de
granos, las que debían ajustarse en su operatoria a lo dispuesto en el decreto y en
su reglamentación. Además, correspondía a la Junta autorizar y controlar los
medios que se utilicen para pesar, medir, mejorar, conservar y analizar los granos
y productos, fiscalizar el pesaje de los granos en el momento de su entrega,
autorizar el embarque y carga de los granos que se exporten y las condiciones
que debían reunir los medios de transporte, para dictar normas para la
conservación, desinsectación, preservación y defensa de los granos y productos
en todas las etapas de comercialización, establecer la clasificación de granos para
que en todas las negociaciones se expresen de acuerdo a la clasificación oficial,
establecer los requisitos que debían reunir los que expidan certificados de
depósito de granos y ejercer su control, expedir certificados de calidad y de
depósito y determinar las condiciones cuando se expidieran por terceros, proponer
al Poder Ejecutivo los precios mínimos y máximos, de sostén o apoyo, ejercer el
comercio interno o externo de aquellos que se encuentran dentro de su
competencia, fijar los cupos de exportación con aprobación del Poder Ejecutivo,
administrar los elevadores locales y terminales, silos y demás embarques de
granos que integraran la red oficial, arrendar los mismos, autorizar la construcción
de elevadores locales y terminales, silos y demás instalaciones.

Como se advierte, la Junta tenia, además de las atribuciones de comercialización,


funciones de fiscalización de toda la actividad privada vinculada al comercio de
granos y productos, todo lo cual le confería un poder político extraordinario. Solo
las altas decisiones en materia de política de granos, como las de asumir con
carácter exclusivo la comercialización, fijar cupos de exportación, o establecer
precios máximos y mínimos o de sostén, estaban reservadas a la aprobación o
decisión del Poder Ejecutivo.

Ese régimen de funciones de la Juta y el organismo pertinente, perduraron hasta


1991, en que se dispuso la disolución de esta última, transfiriéndose sus
atribuciones, en lo pertinente, a la secretaria de Agricultura o al organismo de
control comercial dependiente de la misma, como más adelante veremos.

Países con características productivas parecidas al nuestro, como Canadá y


Australia, han mantenido hasta fecha reciente, juntas nacionales de trigo, con
funciones en alguna medida semejantes, pero a partir de la década de 1990
también se han impulsado movimientos de reforma tendientes a desprenderse de
su operatoria directa.
Elevadores de granos. Régimen de propiedad y funcionamiento.

La función de los elevadores y demás instalaciones destinadas al


almacenamiento, acondicionamiento y conservación de los granos ha adquirido
mayor importancia y conservación de la producción agrícola a granel, en
reemplazo del cereal embolsado, modalidad aquella que se ha impuesto e los
últimos 50 años. La ventaja, en cuanto a la celeridad y economía que ofrece la
comercialización a granel, la cual comienza en el momento de la cosecha hasta
extenderse a su embarque o puesta en boca de consumo, ha hecho indispensable
ciertas instalaciones destinadas al control, almacenamiento y conservación de los
granos con el objeto de mantener cierto grado de humedad en los mismos y
liberarlos de insectos y otros factores que lo desmerecen, a fin de ofrecer una
mercadería sana y tipificada, que se adapte a las distintas exigencias del mercado.
Esta función la cumplen los elevadores, silos y demás instalaciones granarías,
ubicadas en los puertos o instalaciones terminales y en la campaña.

En materia de estos depósitos e intalaciones de almacenamiento y


comercialización de granos, su intalacion y operartiva estaban sometidas a un
régimen especial, regulado inicialmente por la ley 3451, del año 1896, que autorizo
al capital privado a contruir este tipo de instalaciones en los puertos de la
Republica, arrendando los lugares necesarios por el termino de 20 años,
extendiendo luego a 40 años. Tiempo después se sanciono la ley 2407, del año
1903, que dispuso la construcción de estaciones ferroviarias situadas en las zonas
de producción, de tinglados para el almacenamiento de los granos a transportar.

A su vez, en 1932, la ley 11.742 – que marca la primera intervención del Estado
en el comercio de granos- autorizo al Estado Nacional a construir una red oficial
de estos depósitos o elevadores, de campaña y terminales, para la limpieza,
desecación, clasificación y almacenamiento de los granos e instalaciones de
desgrane. Esta red oficial funcionaria como servicio público. Se creó, al mismo
tiempo, la Dirección Nacional de Elevadores de Granos, con la facultad de fijar
normas para el funcionamiento de estos, arrendar los elevadores oficiales,
preferentemente a las asociaciones de productores y cooperativas y autorizar a las
empresas privadas a construir este tipo de instalaciones, siempre que funcionarán
como servicio público y almacenaran exclusivamente granos de terceros. El art. 14
de esta ley, a su vez, autorizo al Poder Ejecutivo a expropiar los elevadores de
propiedad privada existentes, objetivo este que se cumplió en 1944, respecto a los
elevadores ubicados en los puertos o sus proximidades. Se entendía que esa
expropiación se refería solo al uso de las instalaciones, pero un decreto posterior,
dictado en 1946, declaro que la expropiación alcanzaba también al dominio. La
administración de los elevadores oficiales quedo a cargo de la Comisión Nacional
de Granos y Elevadores, creada por la ley 12.253; luego paso al Instituto de
Granos y elevadores y finalmente, a la Junta Nacional de Granos. Estas
instalaciones, que realizan el acopio y condicionamiento de granos, funcionan para
almacenar y mantener la calidad de los mismos y obtener como resultado una
mercadería limpia, sana, seca y fría.

En el año 1963 se dictó el decreto-ley 6698, que fijo un nuevo estatuto orgánico a
la Junta Nacional de Granos, cuyo capitulo VII estaba destinado a regular el
régimen de los elevadores, deposito, silos e instalaciones donde se almacenan
granos. La capacidad de almacenaje de granos en el país, en esa época, estaba
fundamentalmente en manos de las cooperativas y acopiadores particulares, de
los productores, molinos harineros, plantas aceiteras y de la Junta Nacional de
Granos, en los puertos e instalaciones de campaña. Según lo disponía
originariamente el referido decreto, los elevadores podían funcionar bajo el
régimen de servicio público, semipúblico o privado. Todos debían ser autorizados,
habilitados y fiscalizados por la Junta. Los que prestan un servicio público solo
podían recibir granos de terceros, debiendo prestar los servicios a todo aquel que
lo requiera y aplicar uniformemente las tarifas, cuyos valores máximos debían ser
aprobados por la junta. Los elevadores semipúblicos, además de prestar un
servicio público podían almacenar mercadería propia, quedándoles prohibido
realizar mezclas con el grano de terceros mientras no se encontraba conformado
el certificado definitivo de admisión. Esta categoría fue luego suprimida por la lay
22.108, del año 1979. Los elevadores privados, a su vez eran los que
almacenaban exclusivamente granos de propiedad del titular de las instalaciones
y, aunque prestaran este servicio particular, tambien debían ser autorizados,
habilitados y fiscalizados por la Junta. El decreto prohibia, por otra parte, a los
comerciantes de granos instalar toda clase de elevadores, con excepción de las
asociación de productores y cooperativas.

La ley 22.108, dictada en el año 1979, vino a modificar la liberalizar


sustancialmente este régimen. Los elevadores privados, sean terminales o de
campaña, cuando prestaran servicios exclusivamente a su propietario o a terceros,
a través de contratos directos, no necesitaban autorización de la Junta para
instalarse y funcional. Cuando, en cambio, estaban destinados a prestar un
servicio público, requería autorización y habilitación. También necesitaban
autorización, cuando ocuparan tierras del dominio público. En el caso que
recibiera mercadería de terceros, no podrían hacer mezclas antes de haber
expedido la constancia de calidad y cantidad de los granos recibidos. Finalmente,
la ley 22.108 elimino la prohibición que regía para instalar elevadores, contra los
comerciantes de granos.

Todo lo expuesto ha quedado totalmente modificado por la ley 23.696 de Reforma


de estado y de privatización de las empresas públicas y su decreto reglamentario
2284/91 (ratificado por la ley 24.307) que dispuso entre otras cosas, la dilución
dela Junta Nacional de Granos y el traspaso de los elevadores de la red oficial a la
actividad privada, y la actividad agropecuaria.

Disolución de la Junta Nacional de Granos.

Las regulaciones imprescindibles, en cuanto no modifican ni restringen l comercio


interno o externo de granos, ni afectan el libre juego de los mercados de granos,
se mantienen vigentes, tratándose, como son, de normas de policía y contralor
que tienen por finalidad ordenar y hacer más transparentes y competitivas las
operaciones de comercialización. Transferidas a la Secretaria de Agricultura, esta
las debe ejercer, por si misma, o a través de un organismo dependientes de ella,
como es la Oficina Nacional de control Comercial Agroalimentario (ONCCA),
conforme lo ratifica la resolución de la secretaria de agricultura 853/96, que ha
fijado las facultades del director Ejecutivo de esta Oficina. Este organismo, como
sabemos constituye un ente descentralizador, dependiente de la Secretaria de
Estado.

En materia de elevadores de granos e instalaciones de propiedad privada el


sistema de control se encuentra muy diluido y hasta puede decirse que ha
desaparecido, ya que no existe designado un organismo oficial que centralice ese
control. El único requisito vigente es que la instalación se encuentre habilitada
desde el punto de vista industrial por las autoridades locales, su titular se halle
inscripto en la D.G.I. y se empadrone ante la Secretaría de Agricultura. Los
elevadores que prestan un servicio público, deberán presentar las tarifas que
perciban a conocimiento de la Secretaría de Agricultura, correspondiendo al
ONCCA realizar su análisis. En cuanto a la faz sanitaria de las instalaciones,
debería ser el SENASA que interviene, pero tampoco está establecido. En lo que
respecta a los elevadores y demás instalaciones de almacenamiento de granos de
la antigua red oficial, éstos en gran parte fueron privatizados a partir del año 1991,
y el Estado no ejerce prácticamente ningún control sobre ellos, como más
adelante veremos. Las funciones de contralor de los que se mantienen aún en el
patrimonio del Estado y han sido otorgados a los particulares en concesión, que
son varios, el contralor en cuanto al cumplimiento de las condiciones de la
concesión, prestación del servicio, tarifas, etc., lo ejerce la Secretaría, a través de
la Dirección Nacional de Servicios Agropecuarios, con arreglo al contrato
respectivo.

Régimen Vigente de comercialización de los Granos. El certificado de


depósito y el talón.

Resulta de interés, ya que estamos en esta materia, dar una idea general de cómo
se comercializan en el país los principales granos, el trigo y el maíz. El mercado
de granos argentino experimentó una gran transformación a partir de la
liberalización de su régimen, la disolución de la Junta Nacional de Granos, la
privatización de los puertos y los ferrocarriles y la eliminación de las restricciones y
cupos al transporte interprovincial de los granos. También ha tenido influencia en
el cambio el incremento de la capacidad de almacenaje de los elevadores y silos,
la instalación de una serie de puertos privados a lo largo del río Paraná por las
firmas cerealeras y aceiteras, con sus propias instalaciones granarías y el
desplazamiento en las zonas de campaña de las firmas exportadoras e
industrializadoras de granos, que realizan compras directas a los productores, sin
la intermediación de terceros. También han influido en los cambios la reducción en
los aranceles de importación y exportación, y los resultados de la Ronda Uruguay
del GATT, finalizada en 1994, que determinó una reducción gradual de los
subsidios a las exportaciones por parte de los países desarrollados y la apertura
de nuevos mercados que permanecían cerrados para terceros países.

El régimen de comercialización de los granos es libre y no requiere que sus


operaciones se realicen a través de un mercado de granos. El propietario de la
mercadería puede enajenarla directamente a una cooperativa, a un consignatario
o acopiador, a un exportador, o a un industrial, o a través de una bolsa o mercado
institucionalizado, con el concurso de un corredor autorizado. La Argentina tiene
en funcionamiento dos mercados regulados, en Buenos Aires y Rosario, donde se
realizan gran parte de las operaciones de granos. La forma de operar de los
mercados es muy simple. Las ofertas se realizan en el recinto, en voz alta y en
forma pública. Las reuniones se denominan ruedas y se realizan en horarios
determinados. Sólo se opera con ciertos granos. Las operaciones pueden
realizarse al contado o a término, esto es, a plazo determinado. Existen
reglamentaciones para la comercialización, que establecen estándares para la
clasificación del trigo y maíz y para los trigos especiales, en forma similar a las
ofertas que se realizan en los mercados cerealeros de Estados Unidos, Canadá y
Australia. Los granos se clasifican, según su calidad, en grados 1, 2 y 3 y la
presencia de materias extrañas, como granos dañados, quebrados, picados, etc.,
su peso hectolítrico, contenido de proteínas, tolerancias admitidas, humedad,
color. La existencia en el país de empresas agroalimentarias de gran porte, ha
determinado consumos especiales que, a veces, no quedan satisfechos con los
estándares corrientes en el mercado, como es el caso de la puesta en marcha del
denominado Trigo Plata, de calidad superior. Otro aspecto importante de la
comercialización es la referente a la expedición de certificados de depósito de los
granos que los elevadores y demás instalaciones, ahora totalmente privatizados,
reciban, los cuales deben contener como datos esenciales el nombre, domicilio del
depositante, lugar, fecha, clasificación y peso de los granos, pudiendo los
certificados ser endosados a los exportadores e industriales. Los granos se
cosechan en épocas determinadas del período agrícola pero se consumen o
exportan a lo largo de todo el año. Ello hace necesario almacenar la mercadería
para tenerla disponible cuando es requerida. El almacenaje de los granos permite
también al productor diferir la venta hasta el momento más oportuno afrontando el
costo financiero del servicio. El almacenaje del grano podría ser realizado por el
mismo productor, en instalaciones de chacra, pero para ello se requeriría poseer
equipos costosos que permitan una buena conservación y acondicionamiento de
la mercadería. Por ello, el almacenamiento se realiza, por lo general, en
instalaciones de terceros, regionales o terminales (estas últimas en puertos o
próximas a ellos) que prestan esos servicios a tarifas comerciales. La calidad de
estos servicios actualmente no es fiscalizada por el Estado. » El certificado de
depósito de los granos en un elevador u otra instalación apropiada, de propiedad
de terceros, constituye un instrumento para obtener recursos financieros sobre la
base de la mercadería depositada. Cuando el grano ingresa al elevador, dentro del
régimen de pérdida de identidad, el titular del certificado, sea originario o por
endoso, adquiere la calidad de acreedor por cantidad equivalente de igual grano.
Los certificados de depósito están constituidos por dos partes, el certificado y el
talón o warrant, que son legalmente transferibles, por simple endoso. El certificado
acredita la propiedad del grano y el talón o warrant es un instrumento de crédito
referido al grano contenido en el certificado, sobre el cual establece un derecho
crediticio con el privilegio que la ley determina. Como consecuencia de la
disolución de la Junta y de la desregulación de la actividad del comercio de granos
y productos, dispuestas por la ley 23.696 y el decreto 2284/91, con el argumento
de que su intervención bajo distintas formas en los procesos de producción y
comercialización de los productos del agro resultaba incompatible con los
principios de libertad económica, las funciones comerciales de aquel organismo
han sido devueltas íntegramente a la actividad privada, quedando en manos de la
Secretaría de Agricultura, en cambio, como ya hemos dicho, las funciones de
política comercial y las atribuciones de fiscalización y control, en cuanto no
interfieran en el libre comercio de granos, las cuales se mantienen vigentes y
ahora deberían ser desempeñadas, estas últimas, por los organismos de esa
Secretaría, antes indicados, tanto en el aspecto sanitario, como en lo concerniente
a la policía de comercialización, sea ésta de los granos y oleaginosas, como de los
productos y subproductos. No existe, a este respecto, ninguna norma que
especifique cuáles son las atribuciones que se reserva el Estado, a través de la
Secretaría específica y de los organismos que la integran. De acuerdo con el
artículo 37 del decreto reglamentario 2284/91 serían todas las que no restringen el
comercio externo e interno, fijación de precios mínimos aplicables al mercado
interno, cupos, restricciones cuantitativas, reglamentaciones contractuales y toda
disposición que limite el libre juego de la oferta y la demanda en los mercados de
granos. Salvo estas restricciones, las funciones remanentes de la ex-Junta,
relacionadas con la política comercial interna y externa, los servicios de policía
comercial y certificación de calidad, han quedado transferidas a la Secretaría y
deberán ejercerse por el organismo correspondiente.

Expedición de Certificados y Talones por la actividad privada.

En los últimos tiempos la Secretaría de Agricultura, en reemplazo de la Junta, ha


venido otorgando autorizaciones a firmas privadas para expedir certificados y
talones de depósitos de granos, en virtud de lo dispuesto en el decreto 6698/63,
reglamentario de las funciones de la ex-Junta Nacional de Granos, diferente en
algunos aspectos al régimen del certificado de depósito y warrant, legislado por la
antigua ley 9346 de Warrants, vigente desde el año 1914. A este respecto, una
resolución de la Secretaría de Agricultura que lleva el número 275/92 estableció
los requisitos a que debían ajustarse las firmas privadas que expidan certificados y
talones de depósitos de granos, entre ellos, poseer un capital mínimo de $ 50.000
y denunciar los depósitos que utilizarán, los cuales debían reunir condiciones de
seguridad, y además proveer de servicios de limpieza a la mercadería depositada,
obtener muestras de los granos que ingresen, en presencia del solicitante,
conservando las mismas en condiciones inviolables. Debían llevar, también, un
libro rubricado donde se anotaran los certificados emitidos y los endosos, tanto del
certificado como del talón. La aplicación de esta resolución fue dejada sin efecto
en el año 1997, por la resolución 732, en razón de haberse creado, según
expresa, cierta confusión en cuanto al ámbito de aplicación, alcances y efectos
jurídicos de las operaciones, repercutiendo negativamente sobre la operatividad
prevista por la ley 9643. Los certificados emitidos conservarán su vigencia hasta
tanto se opere el vencimiento de los plazos en ellos establecidos. La suspensión
dispuesta lo ha sido por el plazo de ciento ochenta días, dentro del cual las firmas
deberán completar los trámites para su habilitación definitiva, cumpliendo las
normas legales contempladas en la ley citada, y con arreglo a la misma. Se
consideró que las normas especiales del certificado y talón y el procedimiento de
venta de la mercadería amparada, creado por el decreto-ley 6698/63, habían
quedado derogados por la ley 23.696 de Reforma del Estado, que disolvió la Junta
y, por lo tanto, las empresas debían ajustarse a lo dispuesto por la ley 9346 de
Warrants, única que se encuentra en vigor.

Destino de los elevadores de propiedad de la junta.

Otro aspecto que debió ser solucionado, al disponerse la disolución de la Junta, en


el año 1991, ha sido el referente al destino de los elevadores de granos, silos y
demás instalaciones que ese organismo poseía para el almacenamiento y
tratamiento de los granos adquiridos o depositados por los productores y que
constituían la red oficial extendida en varios puntos estratégicos del país, en
competencia con la actividad privada. La Junta había creado en distintos lugares
de la República, preferentemente en los puertos de embarque, según hemos ya
explicado, una extensa red de elevadores oficiales destinados a prestar servicios a
los productores y cooperativas en el acondicionamiento y conservación de los
granos y, también, para protegerlos contra eventuales maniobras de los
comerciantes de granos, ante la falta de lugares donde almacenar y conservar las
cosechas hasta el momento de su venta. La construcción de estas instalaciones,
que había mantenido un ritmo acorde con las necesidades de almacenamiento,
quedó paralizada en la década de 1970. En ese entonces se registraba una
capacidad instalada del orden de los 27.000.000 de t. La función de los silos y
elevadores es, además de la de almacenaje, favorecer las operaciones de
comercialización, ofreciendo un grano conservado, con el grado de humedad
correspondiente, limpio, seco y frío.

La Junta poseía elevadores de campaña en determinadas zonas del país y


elevadores terminales en los puertos de Buenos Aires, Bahía Blanca, Quequén,
San Nicolás, Villa Constitución, Rosario y otros. Estos últimos, por su localización
geográfica, eran los más expuestos a maniobras monopólicas de los comerciantes
y exportadores, dado que concentraban la mayor parte de la producción con
destino al consumo interno y la exportación. Por este motivo, el Estado asumió, en
su momento, su construcción y manejo, prestando un servicio público, para que el
productor quedara debidamente protegido. La ley 23.696, de Reforma del Estado,
dispuso la privatización de estas instalaciones granarías y la venta de los activos,
pero el decreto 2284/91, reglamentario de la ley, excluyó de la venta a aquellos
elevadores de la red oficial que por su ubicación geográfica pudieran dar lugar a
las situaciones monopólicas o cuasi monopólicas antes referidas, disponiendo que
la privatización de esas actividades se realizaría, previa aprobación de un marco
regulatorio adecuado, cuidando de evitar la constitución de los monopolios de
hecho. El marco general regulatorio para el traspaso a la actividad privada fue
aprobado por el decreto 351/92, el que dispuso que la transferencia debía
asegurar la prestación de la calidad y continuidad de los servicios, determinando
que los elevadores terminales de Buenos Aires, Bahía Blanca y Quequén,
considerados críticos, se transferirían bajo la condición de seguir prestando el
ciento por ciento bajo el régimen de servicio público y los de Rosario y San
Nicolás, sólo el veinticinco por ciento. A partir del quinto año podrá revisarse la
operativa de acuerdo a las condiciones existentes en la plaza. El titular de
elevador portuario deberá operar bajo el régimen de pérdida de identidad de los
granos y poner a disposición de los usuarios las instalaciones de carga y descarga
y almacenamiento, siguiendo el orden de los pedidos y mantener el dragado y
mantenimiento de los accesos marítimos o fluviales. A su vez, el decreto 969/92
dispuso que los elevadores de la red oficial de Barranquillas, Santa Fe, Rosario,
Villa Constitución, Diamante, Concepción del Uruguay, San Pedro y Mar del Plata,
serían transferidos preferentemente bajo el régimen de la venta de activos,
facultando al Ministerio de Economía o a la Secretaría de Agricultura a aprobar los
pliegos de base, para la licitación pública nacional e internacional, con o sin base,
de esas instalaciones. Las ventas de activos, en muchos de estos casos, no pudo
concretarse por falta de ofertas, habiéndose entregado su operatoria a los
particulares bajo el régimen de concesión, conservando el Estado la propiedad.
Por otra parte, el decreto 2071/92 adjudicó el elevador termina!, situado en el
puerto de Buenos Aires, perteneciente a la Junta, a un consorcio denominado
Terbasa (Termina! Buenos Aires, S.A.) integrado por la Bolsa de Cereales, Centro
de Acopladores de Buenos Aires, Con»federación Intercooperativas
Agropecuarias, Confederaciones Rurales Argentinas, Sociedad Rural Argentina,
S.A., Genaro Graso, La Plata Cereal S.A., Mercado a Término de Buenos Aires
S.A. y otras entidades vinculadas al agro, pero en este caso bajo el régimen de
concesión a treinta años y no de venta de activos, debiendo cobrar la tarifa
máxima de 3,50 dólares por t. y abonar al ente licitante un canon de 0,40 centavos
de dólar por t. ingresada. El elevador de San Nicolás, en última instancia, fue
cedido gratuitamente a la Provincia de Buenos Aires y aceptado por la ley
provincial 11.786. En la actualidad, el Estado nacional mantiene la propiedad, bajo
el régimen de concesiones a firmas privadas, de nueve elevadores de la antigua
red oficial, ubicados en el puerto en Buenos Aires, Quequén, Mar del Plata, Bahía
Blanca, Concepción del Uruguay, Barranqueras, Rosario, Santa Fe y Villa
Constitución. Algunos de ellos, ante la falta de oferentes privados, son
administrados por entes autárquicos de las provincias. El control del cumplimiento
de las condiciones de la concesión, de la prestación del servicio, revisión y ajuste
de las tarifas, inspección de las instalaciones y obras, resolución de los diferendos
que se produzcan, respecto a estos elevadores concesionados está a cargo de la
Dirección Nacional de Servicios Agropecuarios, dependiente de la Secretaría de
Agricultura. Esta dependencia ejerce, asimismo, el control de la concesión del
Mercado de Hacienda de Liniers, también privatizado, como más adelante
veremos. A pesar de las cosechas extraordinarias que se han obtenido en los
últimos años, la capacidad de almacenaje del sistema de elevadores e
instalaciones de conservación de granos existente, no ha experimentado
dificultades, permitiendo el resguardo de las mismas, sin haberse registrado
déficits. La capacidad de almacenaje, en la actualidad, ronda en los 50 millones de
t., habiendo experimentado en los últimos años un incremento promedio de 3
millones por año. No obstante, se considera que esa capacidad es baja, frente a la
eventualidad de cosechas extraordinarias. Se ha llevado a cabo, en los últimos
años, un proceso de ampliación y remodelación de la infraestructura portuaria y de
las instalaciones de campaña, que favorecen la capacidad de almacenamiento y
una mayor fluidez en las operaciones, especialmente en las terminales de
embarque. El almacenamiento por el propio productor en chacra, a través de
instalaciones adecuadas, corriente en Estados Unidos y países europeos, se ha
incrementado en los años recientes, constituyendo una alternativa que tiene el
productor, para lograr una mayor independencia de los elevadores, ya que le
permite colocarse en una mejor posición hasta el momento de adoptar la decisión
de venta, evitando el manipuleo y transporte de los granos, que afectan la calidad
y desmerecen su precio en el mercado. El almacenamiento en origen, o en chacra,
tiene sus ventajas ya que permite al productor aprovechar mejor la cosecha,
seleccionar su propia semilla y participar con mayor protagonismo en la formación
de los precios. La cuestión a resolver es si una instalación en chacra está en
condiciones de prestar el mismo servicio, a nivel de eficiencia y economía, que un
elevador regional o terminal.

El embarque de los granos, productos y subproductos para la exportación se


realiza preferentemente por los puertos de Rosario y San Lorenzo-San Martín,
ubicados en Santa Fe, que absorben casi el cincuenta por ciento de las cargas a
granel y donde operan una serie de veinte terminales en materia de granos y de
aceites vegetales, con una capacidad de almacenamiento del orden de los 1,5
millones de t. Le siguen Necochea y Bahía Blanca, con el treinta por ciento. El
puerto de Buenos Aires tiene una importancia menor, pues su posición geográfica
es menos favorable en relación a los centros de producción, dedicándose más
bien a la carga de containers. Son importantes también en el comerciov de granos
los puertos de Diamante, Concepción del Uruguay, Ramallo, San Nicolás, Villa
Constitución, San Pedro y Mar del Plata.

FUNCIONAMIENTO DE LOS MERCADOS DE GRANOS

Las ventas de granos y oleaginosas se pueden realizar libremente al industrial o


exportador, o comercializarse a través de los consignatarios y acopladores de
granos, o cooperativas, que cumplen una función de intermediarios en el
comercio. Los principales agentes que intervienen en la comercialización son los
acopiadores, cooperativas, bolsas de cereales, corredores o comisionistas,
recibidores y entregadores, empresas de estiba y transportistas y depositarios.

Los granos se comercializan a través de operaciones que se realizan en las


Cámaras Arbitrales y en las Bolsas de Cereales, siendo las más importantes las
que funcionan en Buenos Aires, Rosario, Santa Fe, Bahía Blanca y Entre Ríos,
dividiéndose entre ellas la jurisdicción territorial. Las operaciones realizadas en las
mismas se consignan en “los precios de pizarra” para los distintos grupos de
granos y oleaginosas, los cuales sirven de orientación a los productores, pero no
es el que normalmente fijan los contratos.
También funcionan los mercados a término, donde puede realizarse la compra y
venta simultánea de un producto. La función de estos es muy importante y ha
adquirido gran significado en los últimos años, ya que permite a los productores
cubrir el riesgo del alza o la caída de los precios en la comercialización de las
cosechas. La idea de los mercados a término es otorgar una suficiente cobertura
contra estos riesgos. Obran como una suerte de seguro que minimiza los riesgos
de las diferencias de precios. Existen dos mercados al respecto: I) El de disponible
(con la mercadería actual), y; II) El del futuro (con la mercadería disponible al
momento de la fecha futura fijada para el cumplimiento de la operación). Ambos
mercados son diferentes pero tienden a moverse en la misma dirección,
especialmente cuando se acerca la fecha del vencimiento del contrato y queda
determinado el precio del producto disponible, donde los precios pactados a futuro
y el del producto disponible se aproximan, ya que son menores los riesgos de
cambios por la presencia de factores desconocidos.

En consecuencia, puede hacerse una operación de compra o de venta a futuro y


una operación inversa de venta o de compra de la misma cantidad de producto al
momento del vencimiento de la operación, para asegurar su cumplimiento. El
riesgo de las operaciones es menor por el acercamiento de los precios y podrá
reducirse al pago, eventualmente, de la diferencia de precios y de la comisión del
corredor que intervino en la operación. De esta forma el vendedor o comprador se
cubre de los cambios desfavorables en los precios a futuro, pues lo más probable
es que los precios se hayan aproximado al tiempo del vencimiento del contrato.

Existen otras modalidades operatorias en los mercados, como las opciones de


futuro, en que el poseedor de una opción (call) tiene el derecho pero no la
obligación de comprar y el poseedor de una opción (put) tiene el derecho pero no
la obligación de vender. Si decidiera no comprar o no vender, dejará vencer la
opción y perderá la prima abonada por la toma de la opción. Son estas
operaciones las que en épocas recientes se han hecho muy comunes en los
mercados a término de granos.

Para dar un dato estadístico, en 1997, el Mercado a Término de Buenos Aires


realizó operaciones sobre granos por un volumen del orden de las 20.000.000 de
t., lo que proporciona una idea de la importancia de su funcionamiento.

OTRAS NORMATIVAS

En materia de comercialización de granos debemos tener presente varias


resoluciones conjuntas, con fines tributarios, dictadas en los últimos tiempos por la
Secretaría de Agricultura y la Dirección General Impositiva, las que ratifican la
obligatoriedad del uso de la “Carta de Porte” para el transporte de granos y el
deber de presentar declaraciones juradas periódicas para documentar las
operaciones que se realicen entre los comerciantes de granos. Además, se ha
acentuado el control de las rutas y los lugares de concentración de los camiones
para verificar el uso de la Carta de Porte, con intervención de la D.G.I.,
levantándose las actas de infracción contra transportistas, productores y
destinatarios que no observan estas disposiciones. También se efectúan
relevamientos en las plantas de acopio y almacenamiento, para verificar el
movimiento y registro de la mercadería. Se está implementando, asimismo, el
Registro de Comerciantes de Granos y Subproductos, con el objeto de intensificar
los controles tributarios.

COMERCIALIZACIÓN DE PRODUCTOS PROVENIENTES DE CULTIVOS


ESPECIALES

En este punto incluimos productos como el azúcar, la yerba mate y el vino que,
junto con otros, como el algodón y el tabaco, durante varias décadas estuvieron
sujetos a regulaciones especiales, diferentes en cada caso, las cuales
constituyeron una enredada trama normativa que, a la larga, no mejoró la
producción y afectó la libre competencia en los mercados. Muchas de estas
normas habían caducado o perdido actualidad al tiempo de la sanción de la ley
23.696 de Reforma del Estado y su decreto reglamentario, los cuales eliminaron
los últimos rastros de todas las regulaciones y limitaciones existentes, de manera
tal que, en esos rubros, la comercialización de la producción se ha vuelto
completamente libre.

El decreto 2284/91 deja sin efecto todas las regulaciones a la vitivinicultura,


producción yerbatera, producción azucarera e industrias derivadas, transfiere a la
Secretaría las funciones de la Comisión Reguladora de la Producción y Comercio
de la Yerba Mate, libera los cultivos, la cosecha, la industrialización y
comercialización de la misma, al igual que la de caña de azúcar y azúcar en todo
el territorio nacional, como asimismo la plantación, implantación, reimplantación o
modificación de viñedos, la cosecha de uva y su destino para la industria,
consumo en fresco o para otros usos, incluyendo la fabricación de alcohol.
También libera la producción y comercialización de vino, cupificación y bloqueo, y
fecha de despacho al consumo interno de vinos de mesa nuevos. Por último limita
las facultades del instituto Nacional de Vitivinicultura exclusivamente a la
fiscalización de la genuinidad de los productos vitivinícolas, no pudiendo interferir,
regular o modificar el funcionamiento del mercado libre.

En cuanto al mercado de la leche y la industria láctea, el decreto deja también sin


efecto las regulaciones y la ley 23.359 (Comisión de Concertación de Política
Lechera).
Asimismo, suprime las contribuciones sobre la exportación e industrialización y
ventas de granos, cuyo destino era integrar los recursos financieros de la Junta
disuelta.

NUEVAS NORMATIVAS PARA FIJAR PRECIOS EN EL COMERCIO DE


CEREALES Y OLEAGINOSAS

En virtud de que los "precios de pizarra" se consideraban poco transparentes y no


eran coincidentes con los que se fijaban en los contratos, no constituían valores
útiles para orientación de los productores.

Esto motivó la sanción del decreto 931/98 del Poder Ejecutivo nacional, el cual
dispuso encomendar a la Secretaría de Agricultura la fijación de los criterios a que
deben ajustarse las Cámaras Arbitrales y las Bolsas de Cereales para la
captación, generación y suministro de la información pública orientativa del
mercado de granos y, también, la de auditar la correcta aplicación de dichos
criterios.

El decreto también dispuso que, hasta que la Secretaría fije esos criterios, en los
contratos preexistentes, cuando la determinación del precio haya sido referida al
"precio de pizarra" de una determinada Cámara Arbitral, se podrá solicitar a la
misma que establezca el precio para dicho contrato, en función de sus
características específicas.

Simultáneamente, el decreto aprobó el nuevo Reglamento de Procedimientos para


la solución de controversias ante las Cámaras Arbitrales de Cereales y Afines.
LOS CONTRATOS AGRARIOS
Los contratos agrarios constituyen el núcleo alrededor del cual se fue organizando
las normas e institutos del derecho agrario.

El origen de los contratos agrarios para nuestra cultura jurídica lo ubicamos en el


Derecho Romano. Frente a la imposibilidad de rastrear el origen de todos los
contratos agrarios, partiremos del de locación en el derecho romano, con la figura
de la Locatario Conductio Rei, que abarcó primero el arrendamiento de las bestias
de carga y tiro para realizar las tareas rurales, extendiéndose a las tierras en los
primeros tiempos de la Republica, se lo definía el contrato de locación como un
contrato sinalagmático y de buena fe, por el cual una de las partes se obligaba a
procurar a la otra el goce pacífico y temporario de una cosa.-

La explotación del suelo rural, o sea su uso y aprovechamiento en las distintas


actividades agrícolas y ganaderas, o forestales, se ha venido realizando
tradicionalmente en forma directa por el propietario de predio o indirectamente, por
terceras personas independientemente del propietario o asociadas a él, en este
último caso a través de modalidades de contratos, cuyas primeras figuras
jurídicas, como contratos específicos de derecho agrario, aparecen diseñadas en
nuestro derecho positivo a partir de la década del 1920, con la regulación de los
primitivos contratos de arrendamientos y aparcerías rurales.

Con anterioridad, en la actividad agraria, rigió el contrato de enfiteusis que


perduro, como forma de adjudicación del uso de tierra fiscal y primera ley de
colonización agraria del país desde 1826 hasta 1827. En que la enfiteusis fue
eliminada sustituyéndola por el arrendamiento de las tierras públicas, por un plazo
no mayor de 8 años. La enfiteusis, como instituto especifico de derecho civil, a su
vez fue suprimida por razones de convivencia, de nuestro derecho positivo, al
ponerse en vigor el código civil de 1871, remplazándola también por el
arrendamiento. La enfiteusis era la concesión de un fundo a perpetuidad, o a largo
tiempo según las leyes, para mejorarlo con construcciones o plantaciones,
mediante un canon anual. Según el codificador, tenía algo del arrendamiento, del
usufructo y de la propiedad, pero no era ni una ni otra. El codificador aclaraba que
las tierras enfiteutas no se cultivaban. Además era motivo de pleitos cuando, por
sucesión, se trataba de dividir el derecho enfiteuto y el derecho del propietario. Por
ello, el arrendamiento parecía ser una figura intermedia suficiente entre los
propietarios y los cultivadores o criadores de ganado.

Como antecedente colonial de otros contratos agrarios, puede citarse el contrato


de yacaconazco, que en definitiva, fue la aplicación paralela del servicio personal
de la mita a las explotaciones rurales, suprimida sobre 1813. El yanacona es una
especie de aparcero de la tierra. Esta figura se mantuvo en Bolivia y Perú por
largo tiempo.

El Desarrollo de la agricultura planteo a los gobiernos de las distintas épocas, tal


vez menores problemas estructurales y de regulación de la actividad ganadera. En
realidad se trataba en el país de una actividad todavía poco desarrollada. La
legislación civil, entonces vigente, constituía suficiente apoyo a las actividades de
aquel tipo, realizadas en forma rudimentaria y en muy pequeña escala. Ambas
economías, la agrícola y pecuaria, eran de desarrollo desparejo, tenían problemas
y ciclos estructurales distintos y tiempos de evolución e intereses también
diferentes. La agricultura estaba entonces, poco arraigada en el país.

La ganadería argentina fue la actividad agraria principal y domino a la agricultura


hasta casi fines del siglo pasado. Con el incremento de las corrientes
inmigratorias, eminentemente agricultoras, y la extensión del alambrado de los
campos, la situación se modificó y la actividad agrícola fue adquiriendo un
desarrollo rápido y constante, pero ubicada geográficamente, mas allá de las
fronteras, normalmente dominadas por las cría y engorde del ganado, situadas
principalmente en la llanura bonaerense, cerca de los principales centros de
consumo y de los frigoríficos portuarios. En una distribución natural del trabajo, el
área ganadera, de administración más simple y directa, quedo dominada por los
propietarios de los predios, con la ayuda de unos pocos peones, sin figuras
intermedias, y el área agrícola, en constante expansión, por un nuevo tipo de
sujeto agrario, como figura interpuesta y dominante, el colono –chacarero-
agricultor- arrendatario o aparcero, generalmente un inmigrante europeo, que se
trasladaba primero solo y luego con su familia, para intentar fortuna en el trabajo
rural. Esta colonización de tipo agrícola y chacarera se implanta sobre todo en los
campos nuevos habilitados en Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba y, más tarde, en
los dedicados a los cultivos especiales en Mendoza, San Juan, Formosa
Corrientes, Rio Negro y Misiones. Los campos bonaerenses, en cambio, aplicados
tradicionalmente al desarrollo de la ganadería vacuna bovina, estaban manejados
directamente por los propietarios y eran rebeldes todavía al cambio de la
estructura rural.

La figura del chacarero agricultor resulto predominante en el litoral rural,


eminentemente agrícola, y se constituye en la principal figura movilizadora y
soporte de la actividad agraria en esas regiones. Recién comienza a interrumpir en
los campos bonaerenses, dominados por la ganadería, a fines del siglo, con la
inmigración europea masiva, desarrollando en ellos con preferencia la agricultura,
a través del contrato de arrendamiento y aparcerías convenidos con los
propietarios de la tierra, en condiciones muchas veces gravosas, hasta que
después de más de 3 décadas de ocupación y trabajo continuado de la tierra, de
crisis alternadas y de pobreza rural, sin perspectiva de progreso, comienza el
éxodo rural, impulsada por la crisis a comienzos de la década de 1930. El
productor agrícola, arrendatario o aparceros, que se mantuvo en los viejos campos
arrendados, fue el beneficiario de las posteriores leyes de transformación agraria
que convirtieron a una gran masa de arrendatarios y aparceros en propietarios de
la tierra, en reemplazo de estos. Esta etapa de conversión y cambio en el régimen
de tenencia de tierra, abarca otro periodo de 30 años a partir de 1940 y concluye
al finalizar la década de 1960.

Clasificaciones de los Contratos agrarios

De la actividad de la empresa, derivan una serie de actos que nacen, se modifican


y se extinguen, o sea relaciones jurídicas principales y accesorias. Se pueden
hablar de contratos distintos de los contratos civiles y comerciales, ya que los
agrarios lo son por su contenido.
Es característica de la mayoría de los contratos agrarios que el principio de la
autonomía de la libertad se encuentra limitado y que las partes en virtud de
encontrarse interesadas en la producción y la estabilidad de la empresa debes
atenerse a reglas imperativas cuya inobservancia provoca la nulidad de la cláusula
que la contraría.

En cambio, cuando el contrato no comprende ninguno de estos valores que la ley


agraria debe preservar, como ocurre en el contrato de pastaje y aparcería
pecuaria, las partes pueden reglar sus derechos en la forma que estimen más
convenientes y la ley actúa en forma supletoria cuando la convención no ha
previsto la solución del caso.

El dictado de estas normas tiene por objeto asegurar:

 La producción
 La distribución de la riqueza
 La estabilidad de la familia agraria

Tratar de encontrar la nivelación de las desigualdades entre la parte fuerte, que


dispone la fuerte de producción e impone la condición a la parte más débil.

El orden que surge de éstas normas por su naturaleza económica y por la finalidad
se ha denominado “ORDEN PUBLICO ECONOMICO”.

Los contratos agrarios son siempre consensuales y bilaterales. Consensuales


porque queda concluido por el simple consentimiento de las partes y bilaterales
porque engendran obligaciones reciprocas.

Se clasifican en contratos de cambios y asociativos, teniendo en cuenta la


naturaleza del vínculo y la extensión del riesgo que se asume. Un rasgo común a
ambos es su idéntica finalidad productiva, económica y social.-

Según Brebbia en los contratos de cambio, recae en el concesionario la totalidad


del riesgo. La prestación a su cargo constituye la contraprestación del valor
económico de la utilización del fundo. En estos contratos las prestaciones son
contrapuestas Una parte está frente a la otras.
En los contratos asociativos, las prestaciones son convergentes en una empresa
de interés común. Tal situación no debe llevarnos a confundir con la sociedad
porque de ellos no surge un ente distinto a las personas que lo forman ni existe un
patrimonio propio distinto de cada parte. En esta clase contractual se comparten
los riesgos y frutos de la explotación

Otras clasificaciones: Contratos Tipicos y Atipicos. Contratos Agrarios Con


Tipicidad Social

Según Rezzonico, el tipo no es privativo del campo de lo jurídico ni, dentro de este
campo lo es de una sola de sus especialidades o rama. Así, mientras el tipo penal
sirve para delimitar el campo de las conductas prohibidas por el ordenamiento
jurídico que sanciona con penas los delitos claramente descriptos en esos tipos,
es decir, rigen el principio “nullun crime sine lege” y que todo lo que no está
expresamente prohibido está permitido, en el ámbito contractual rige el principio
de la libertad contractual, es decir que está en manos de los particulares la libertad
tipológica, siendo el fenómeno de la tipicidad un fenómeno organizativo por el cual
la ley aísla un determinado acontecer que emerge del volumen social, lo reconoce
y lo dota de sentido y consecuencias. Crea de tal modo el tipo, mientras que la
tipicidad es el lazo de unión entre la conducta hecho o fenómeno y el tipo jurídico.
Pero tal reconocimiento no significa dejar librado a la actividad creadora de las
partes la realización de otras figuras no tipificadas.-

Para Rezzonico el tipo contractual es la regulación legal, sistemática, extraída


normalmente del conjunto de rasgos que presenta un contrato en la vida empírica,
los que son aislados e inductivamente elevados a categorías descriptas,
abstractas y flexibles, estructuradas con función ordenadora, comúnmente no
forzada. El tipo es más que la suma de características de una determinada figura,
aparece como un cuadro significante compuesto de partes pero solo aprehendible
en su generalidad.

En el campo del derecho agrario, es el hombre de campo, a través de sus


relaciones, quien va adecuando los instrumentos jurídicos de que dispone a
peculiaridades referida a la actividad agraria. Toma los contratos tradicionales
civiles y comerciales, y los adapta a sus propios requerimientos, los transforma o,
directamente, crea nuevos modelos. A través de los usos y costumbres estas
nuevas formas se consolidan, se pulen o fenecen si no prestan la debida utilidad.
A veces la ley los toma y los consagra legislativamente. También los corrige o
prohíbe determinadas cláusulas de que los considera disvaliosa. Los ejemplos
más típicos serías los arrendamientos rurales y las aparcerías. Estamos frente a la
tipicidad legal, el fenómeno que describe Vivanco por el cual la materia agraria
imprime a la regulación jurídica caracteres peculiares.-

Pero, mientras la ley no los recoge, sigue viviendo en la realidad social, se siguen
formando, madurando, corrigiendo a través de los usos y costumbres que la propia
doctrina toma y describe. Estamos frente a la tipicidad social. A veces toman de
molde una figura civil y la corrigen mínimamente. Otras veces crean figuras
totalmente distintas, pero en uno u otro caso lo que importa es que la nueva figura
ya no responda a la forma típica civil o comercial.

Entonces podríamos decir que al menos para la Argentina y el momento actual sin
una definición de la fórmula de contrato agrario, sin un Código Agrario ni una Ley
General de estos contratos, se entiende por contrato agrario “todo acuerdo de
voluntades que está destinado a la actividad agraria -principal o accesoria-“, o
tiene por objeto un bien agrario, siendo estos los motivos que dan origen a su
tipicidad legal o social y fundan la especialización , mientras no pueda
encuadrarse por nuestro derecho positivo vigente, en otra rama del derecho

Contratos Típicos, Nominados y Regulados

En la legislación agraria argentina encontramos distintos supuestos. El contrato


típico se ha diferenciados del simplemente nominado en la explicación
precedente. Pero también puede ocurrir que el contrato no solo este nombrado por
la ley y que ésta lo reconozca por ese nombre específico y hasta le de cierta
regulación, pero que en cambio, no defina su tipo. Este seguramente existe, ya
que el nombre individualiza un contrato con ciertas características particulares,
pero el tipo no está descripto en la ley, sino que se trataría de un caso de tipicidad
social.-
Viendo con ejemplos los distintos supuestos, encontramos que son contratos
típicos, con tipicidad legal, el arrendamiento, la aparcería agrícola y la aparcería
pecuaria.

En el caso de arrendamiento, la definición del art. 2 de la ley 13.246 por la que


“habrá arrendamiento rural cuando una de las partes se obliga a conceder el uso y
goce de un predio, ubicado fuera de la planta urbana de las ciudades o pueblo,
con destino a la explotación agropecuaria en cualquiera de sus especializaciones,
y la otra a pagar por ese uso y goce un precio en dinero”, no basta si no se dice
que ese contrato tiene un mínimo de tres años (art. 4) y que el mismo plazo es de
orden público (art. 1°)

Incluso puede pasar, como sucede en la ley 25.169 de “explotación tambera”, que
no exista una definición en la ley, pero que el tipo pueda reconstruirse a través de
distintos preceptos de esta. Así se podría decir que el contrato asociativo de
explotación tambera es el acuerdo entre una persona física o jurídica que dispone
el predio y otros bienes necesarios y los afecta a la actividad, y una persona física
que se compromete a realizar las tareas en forma personal e indelegable para
explotar en colaboración el tambo con el fin de participar en la renta obtenida

Existen otros contratos que están nominados por la ley 13.246, como los llamados
comúnmente accidentales. También la ley da algunas características que permiten
definir su tipo en el art. 39, caracterizando al contrato de cosechas o hasta dos
cosechas como aquel en el que se convenga por su carácter la realización de
hasta dos cosechas como máximo, ya sea a razón de una por año o dentro de un
mismo año agrícola, cuando fuera posible realizarla sobre la misma superficie en
cuyo caso el contrato no podrá exceder el plazo necesario para levantar la
cosecha del ultimo cultivo y el contrato de pastoreo como aquel en virtud del cual
se concede el uso y goce de un predio con destino exclusivo para pastoreo,
celebrado por un plazo no mayor a un año. Es por ello que la ley los tipifica pero,
al contrario como sucede con los precedentes lo hace para excluirlos de sus
disposiciones. Acá se puede decir que los contratos están tipificados pero no
regulados, si bien el tipo otorga elementos mínimos de esa regulación que no
pueden faltar a riesgo de que, excediendo el tipo se caiga en las figuras de
arrendamiento o aparcería de la misma ley. Luego la ley otorga que estos
contratos accidentales sean llevados ante el juez para calificarlos y homologarlos,
pero estas serían consecuencias y no regulaciones respecto a las obligaciones
asumidas por las partes y que rigen el contrato.

Finalmente, la misma ley 13.246 nos da el ejemplo de la mediería, que es


mencionada por el art. 21 para disponer que a ellas se le apliquen las normas de
las apercerías, pero no define el tipo. Sería un claro caso del contrato nominado,
también regulado pero sin tipicidad legal.-

CONTRATO DE ARRENDAMIENTO RURAL


El Código Civil Argentino, lo regula en el Libro Segundo - Sección Tercera Título
VI. De la locación - Capítulos I al VIII.
El código Argentino carece de normas orgánicas particulares a la locación rústica.
Existen normas dispersas que se refiere al contrato de locación cuando se trata de
un fundo rústico tales como los artículos 1506, 1536, 1537, 1557, 1560 Y 1617 .
El contrato de arrendamiento rural fue configurado por primera vez en el código
civil incluido como una de las especies de la locación de cosas.
IMPORTANCIA:
Es el más importante y significativo, destinado a reemplazar en la economía
moderna el complejo cuadro de derechos reales que tan drásticamente suprimió.
Pacto agrario por excelencia, configuran una modalidad simple y practica de
ordenar a través de la tenencia el uso de la tierra por quien sin ser dueño va a
llevar adelante una explotación agropecuaria en cualquiera de sus
manifestaciones.
Se lo ha señalado desde muy antiguo como el escalón natural a la propiedad.
EVOLUCION LEGISLATIVA:
En la nota del art. 2503, del Código Civil Velez explica las razones para eliminar el
DERECHO ENFITEUTICO expresando que el contrato de arrendamiento será
entre los propietarios y los cultivadores o criadores de ganado un intermediario
suficiente.
La inmigración de fines de siglo XIX le hará cobrar entidad al problema de los
colonos y arrendatarios.
La especialidad propia de las explotaciones agraria condujo a elaborar una
legislación adecuada a tal realidad, en vistas de las soluciones de inequidad que
suponía la aplicación directa del Código Civil.
"Se sanciona así la Ley 11.170 de 1921, reemplazada en el año 1932 por la Ley
11.627 la que luego es sustituida por la Ley 13246 de 1948 y luego la ley 22.298
de 1981 que remoza una parte considerable de la Ley 13.246.”
CONCEPTO:
La ley 13246 define en su art 2 al contrato de arrendamiento:
“Habrá arrendamiento rural cuando una de las partes se obligé a conceder el uso y
goce de un predio, ubicado fuera de la planta urbana de las ciudades o pueblos,
con destino a la explotación agropecuaria en cualquiera de sus especializaciones
y la otra a pagar por ese uso y goce un precio en dinero"
El contrato se tipifica cuando se dan los siguientes elementos a saber:
1. Que se trate de cesión del uso y goce de un predio rustico
2. Que el mismo esté destinado a la explotación agropecuaria
(Predio rustico: Es decir que se trate de un predio que en razón de su ubicación,
se lo considere no urbano).
De esta forma el dueño (arrendador) de la tierra, permite que otra persona
(arrendatario) la explote a cambio de un alquiler.

CARACTERES:
CONSENSUALES: se perfecciona con el solo consentimiento de las partes
intervinientes.
BILATERALES: surgen obligaciones para ambas partes.
ONEROSO Existe equivalencia entre las prestaciones, propio de la naturaleza
económica de la cual se impregna.
DE TRACTO SUCESIVO: Su ejecución se prolonga en el tiempo. Característica
propia de los contratos agrarios, en general.
CONMUTATIVO: Las prestaciones se hallan determinadas para las partes al
momento de la celebración del contrato.
FORMAL: Establece forma determinada, se exige como prueba y no como
solemnidad.
INTUITE PERSONAE: Si bien este carácter no se presenta con la intensidad de la
locación en general y más bien se podría decir que lo intuite es en relación a la
profesión agropecuaria (art. 7) que a la persona.

PLAZOS:
Plazo mínimo: 3 años
Pazo máximo: Al no establecer la ley, rigen los 10 años como establece el Codo
Civil para las locaciones en el art. 1.505.
Plazo extraordinario: hipótesis especial art .45 "ad meliorandum" Los contratos
en los cuales el arrendatario o aparcero se obligue a realizar obras de
mejoramiento del predio tales como plantaciones, obras de desmonte,
irrigaciones" avenamiento, que retarden la productividad de su explotación por un
lapso superior a dos años, podrán celebrarse hasta por el plazo máximo de 20
años."
A estos contratos la doctrina acertadamente los llama ad meliorandum , estas
obras son enunciativas y el plazo debe estar expresamente pactado.

FORMA:
La ley en el art. 40 establece "Los contratos a que se refiere la presente ley
deberán redactarse por escrito. Si se hubiese omitido tal formalidad, y se
pudiese probar su existencia de acuerdo con las disposiciones generales, se
lo considerará encuadrado en los preceptos de esta ley y amparados por
todos los beneficios que ella acuerda (…)
La ley impone la forma escrita ad-probatión. Por ello en caso de omitirse no afecta
la validez del contrato si se pudiere probar su existencia.
Se admite la prueba en forma amplia, incluso por testigos. Cualquier medio
probatorio se puede emplear.

CLAUSULAS PROHIBIDAS:
QUEDAN PROHIBIDOS:
Art. 32: establecer como pago una cantidad fija de frutos o su equivalente en
dinero, “contrato a kilaje fijo". Ej: 100kg de carne de vaca o la cantidad de dinero
para comprarlos.
Si el precio fuera estipulado en un porcentaje del total de los frutos obtenidos, el
contrato sería de aparcería; pero si fuera en una cantidad de frutos fijos (contrato
de kilaje fijo), la cláusula será nula y deberá adecuarse al régimen legal,
acudiendo a la Justicia para que sea integrado el precio, manteniéndose válido el
contrato.
Art. 42: tampoco se puede pactar además de un porcentaje fijo en la distribución
de los frutos o suma determinada de dinero, un adicional en dinero o especie y de
acuerdo con la cotización o la cantidad de frutos obtenidos, o en trabajos ajenos a
la explotación del predio lo que se llama "contrato canadiense"; porque ello viene a
desnaturalizar el monto cierto y determinado.

OBLIGACIONES DE LAS PARTES:


OBLIGACIONES DEL ARRENDADOR (PROPIETARIO):
Surgidas de la ley 13.246 (art. 18):
 Entregar el predio
 Contribuir al combate de plagas y malezas en un 50% en caso de que el
predio haya sido entregado en tal situación.
 Percibir el precio.
 Construir una escuela cuando haya más de 25 familia y no haya a
menos de 10 Km del centro del inmueble que cuente como mínimo un
aula para cada 30 alumnos, vivienda adecuada para maestro e
instalación para el suministro de agua potable.

Surgidas del CCyC:


 Entregar la cosa. El locador debe entregar la cosa conforme a lo acordado.
A falta de previsión contractual debe entregarla en estado apropiado para
su destino, excepto los defectos que el locatario conoció o pudo haber
conocido.
 Conservar la cosa con aptitud para el uso convenido. El locador debe
conservar la cosa locada en estado de servir al uso y goce convenido y
efectuar a su cargo la reparación que exija el deterioro originado en su
calidad o defecto, en su propia culpa, o en la de sus dependientes o en
hechos de terceros o caso fortuito. Si al efectuar la reparación o innovación
se interrumpe o turba el uso y goce convenido, el locatario tiene derecho a
que se reduzca el canon temporariamente en proporción a la gravedad de
la turbación o, según las circunstancias, a resolver el contrato.
 Pagar mejoras. El locador debe pagar las mejoras necesarias hechas por
el locatario a la cosa locada, aunque no lo haya convenido, si el contrato se
resuelve sin culpa del locatario, excepto que sea por destrucción de la cosa.
 Frustración del uso o goce de la cosa. Si por caso fortuito o fuerza
mayor, el locatario se ve impedido de usar o gozar de la cosa, o ésta no
puede servir para el objeto de la convención, puede pedir la rescisión del
contrato, o la cesación del pago del precio por el tiempo que no pueda usar
o gozar de la cosa. Si el caso fortuito no afecta a la cosa misma, sus
obligaciones continúan como antes.

OBLIGACIONES DEL ARRENDATARIO:


Surgidas de la ley 13.246 (art. 18):
 Recibir el campo
 Dar el destino convenido
 Mantener el predio libre de plagas y malezas si los ocupó así
 Aportar el 50% para su lucha si estas existieran al ser arrendado
 Pagar el precio
 Conservar los edificios y las mejoras del predio
 Devolver el campo al finalizar el contrato.
Surgidas del CCyC:
 Prohibición de variar el destino. El locatario puede usar y gozar de la
cosa conforme a derecho y exclusivamente para el destino correspondiente.
No puede variarlo aunque ello no cause perjuicio al locador.
 Conservar la cosa en buen estado. Destrucción. El locatario debe
mantener la cosa y conservarla en el estado en que la recibió. No cumple
con esta obligación si la abandona sin dejar quien haga sus veces.
Responde por cualquier deterioro causado a la cosa, incluso por visitantes
ocasionales, pero no por acción del locador o sus dependientes; asimismo
responde por la destrucción de la cosa por incendio no originado en caso
fortuito.
 Mantener la cosa en buen estado. Reparaciones. Si la cosa es mueble,
el locatario tiene a su cargo el gasto de su conservación y las mejoras de
mero mantenimiento; y sólo éstas si es inmueble. Si es urgente realizar
reparaciones necesarias puede efectuarlas a costa del locador dándole
aviso previo.
 Pagar el canon convenido. La prestación dineraria a cargo del locatario se
integra con el precio de la locación y toda otra prestación de pago periódico
asumida convencionalmente por el locatario. Para su cobro se concede vía
ejecutiva. A falta de convención, el pago debe ser hecho por anticipado: si
la cosa es mueble, de contado; y si es inmueble, por período mensual.
 Pagar cargas y contribuciones por la actividad. El locatario tiene a su
cargo el pago de las cargas y contribuciones que se originen en el destino
que dé a la cosa locada. No tiene a su cargo el pago de las que graven la
cosa, excepto pacto en contrario.
 Restituir la cosa. El locatario, al concluir el contrato, debe restituir al
locador la cosa en el estado en que la recibió, excepto los deterioros
provenientes del mero transcurso del tiempo y el uso regular. También debe
entregarle las constancias de los pagos que efectuó en razón de la relación
locativa y que resulten atinentes a la cosa o a los servicios que tenga.

CLAUSULAS NULAS (art. 17 ):


Son insanablemente nulas y carecerán de todo valor y efecto las cláusulas
que obliguen al arrendatario a:
 Vender, asegurar, transportar, depositar o comerciar cultivos, cosechas,
animales y demás productos de la explotación, con persona o empresa
determinada.
 Contratar la ejecución de labores rurales (cosecha, transporte, etc) o la
adquisición o uso de maquinarias, semillas y demás elementos necesarios
para la explotación del predio con persona o empresa determinada.
 Utilizar un sistema o elementos determinados para la cosecha o
comercialización de productos, o realizar la explotación en forma que no se
ajuste a una adecuada técnica cultural.

RESOLUCION:
a- Si el arrendatario cede el contrato o subarrenda sin la autorización del
arrendador (art. 7 ARA).
b- Si el arrendatario realiza la explotación en forma irracional (art. 8 ARA). O,
puede pedir judicialmente el cese de la actividad prohibida, más daños y
perjuicios.
c- Si por caso fortuito se agota (pérdida de la capacidad productiva, sólo
puede recuperarse devolviéndole elementos perdidos) o erosiona (proceso
de remoción y transporte notorio de las partículas del suelo por acción del
viento y/o agua en movimiento) el suelo de forma tal que al arrendatario no
le sirva para la explotación deseada.
d- Si el arrendatario abandona injustificadamente la explotación, se resuelve el
contrato, teniendo el arrendador derecho a exigir el desalojo del inmueble.
e- Si el arrendatario no cumple con sus obligaciones, además puede optar por
pedir su ejecución o rescisión, restitución del inmueble, además de los
daños y perjuicios ocasionados.(Por ejemplo: pagar el precio, dedicar el
suelo a la explotación establecida en el contrato).
f- Por vencimiento del plazo.
g- Por mutuo acuerdo. Será válido siempre que no se opongan a las normas
legales proteccionistas de la parte contratante económicamente más débil.
h- Confusión: se confunden en una misma persona el arrendatario y
arrendador.
i- Al finalizar el usufructo: cuando el arrendamiento lo constituye el
usufructuario.
j- Pérdida total de la cosa arrendada: el arrendatario no puede usar ni gozar
más de la cosa. Si la pérdida es parcial, éste puede pedir reducción del
precio, rescisión o que el dueño repare el deterioro.
k- Por vicios redhibitorios: existentes al celebrarse el contrato o que
sobrevengan después.
l- Muerte del arrendatario: el contrato puede ser continuado por sus
descendientes, ascendientes, cónyuge o colaterales hasta el segundo
grado (hermanos), que hayan participado directamente con él en la
explotación del predio arrendado, o rescindido, a elección de estos. La
decisión debe ser notificada al arrendador, dentro de los 30 días del
fallecimiento.

CAUSALES DE EXTINCION DE CONTRATO


a- El abandono injustificado
b- La falta de pago
c- Mutuo disenso
i. ( a, b ,c: Dan derecho al arrendador a exigir el desalojo)
d- Confusión (en una misma persona el carácter de propietario y arrendatario)
e- Vencimiento del plazo
f- Resolución del contrato por incumplimiento de obligaciones. Ej- no combatir
malezas y plagas.
g- Muerte del arrendatario (salvo la opción a los parientes)

ORDEN DE APLICACIÓN DE LAS NORMAS


Orden de prelación en la aplicación de las normas (Art. 41):
a- Las disposiciones de la ley
b- Los convenios de las partes
c- Las normas del Código Civil, en especial las relativas a la Locación
d- Los usos y costumbres locales.

CONTRATO DE APARCERÍA
El contrato de aparcería rural, también llamado COLONATO, constituye una figura
propia del derecho agrario.
Tanto las leyes 11.170 de ARRENDAMIENTO RURAL y 11.627 de
ARRENDAMIENTOS Y APARCERIAS RURALES, lo consideraron comprendido
dentro del contrato de arrendamiento como una forma de esta.
Con la sanción de la ley 13.246 en 1948 de ARRENDAMIENTOS RURALES Y
APARCERIAS estos contratos adquieren autonomía, ya que hasta ese momento
el precio del contrato de arrendamiento indistintamente podía pactarse en una
suma de dinero, un porcentaje de los frutos o una cantidad fija de ellos.
A partir de allí se va a diferenciar el contrato de arrendamiento del de aparcería, ya
que si bien en ambos existe la cesión del uso y goce del predio o de un
semoviente, la finalidad de las partes es repartirse los frutos, productos o
utilidades.
En nuestro País está más difundida la utilización del contrato de arrendamiento
que el de la aparcería.
DEFINICIÓN.
APARCERÍA: Una parte (DADOR) entrega a la otra (TOMADOR o APARCERO)
animales, o concede el uso y goce de un predio rural (con o sin plantaciones,
sembrados, enseres o elementos de trabajo) a cambio de que ésta, realice la
actividad agropecuaria con dichas cosas, y luego le dé un porcentaje de los frutos
o utilidades.
Los contratos de mediería se rigen por estas normas de aparcería, salvo que se
les apliquen leyes o estatutos especiales. (ART.21)
Se denomina Aparcero dador o Simplemente dador a la parte que entrega los
animales o el predio rural.
A la parte obligada a realizar la explotación ganadera o agrícola se lo denomina
Aparcero tomador o Simplemente aparcero.
Tal como expresa la ley es carácter distintivo de la APARCERÍA, la partición
proporcional de los frutos, es decir en el porcentaje establecido o convenido.
CARACTERES
1. Es CONSENSUAL: es decir que se perfecciona con el consentimiento las
partes.
2. Es BILATERAL: porque surgen obligaciones para ambas partes
3. Es ONEROSO: con equivalencia entre las prestaciones
4. Es DE TRACTO SUCESIVO: Se prolonga en el tiempo
5. Es FORMAL.
6. Es INTUITE PERSONAE: esta característica es más acentuado que en el
arrendamiento.
7. Es de ESTRUCTURA ASOCIATIVA.
8. Es ALEATORIO: Ello es así en razón de que la ventajas o pérdidas para
ambos contratantes dependen en gran parte de acontecimientos inciertos.( El alea
propia de la actividad agraria)
Segú el artículo 22 de la ley, se aplican las mismas reglas que para
arrendamiento, establecidas en:
Art. 4: plazo mínimo. Los contratos tendrán un plazo mínimo de tres (3) años.
Art. 8: Queda prohibida toda explotación irracional del suelo que origine su erosión
o agotamiento, es decir formas de degradación del suelo.
Art. 15: bienes inembargables. Ej., ropas y útiles domésticos del arrendatario; las
maquinarias, enseres (utensilios, muebles, instrumentos, necesarios en una casa
o para una profesión), elementos y animales de trabajo.
Art. 17: cláusulas nulas.
Art. 18: obligaciones de las partes.
OBLIGACIONES DE LAS PARTES
El art. 22: establece que son aplicables a la aparcería en las que se concede el
uso y goce del predio los preceptos de los artículos: 4-8-15-17-18.
En el art 18, vemos que el arrendatario, tiene la obligación de dedicar el suelo a la
explotación establecida en el contrato con sujeción a las leyes y reglamentos
agrícolas y ganaderos. Mantener el predio libre de plagas y malezas si lo ocupo en
esas condiciones y contribuir con el 50% de los gastos que demande la lucha
contra las mismas, si estas existieran al ser arrendado el campo. Y conservar los
edificios y demás mejoras del predio, los que deberán entregar al retirarse en las
mismas condiciones en que los recibiera, salvo los deterioros ocasionados por el
uso y la acción del tiempo.
Entonces tenemos que por aplicación del art.22 el aparcero tiene las obligaciones
del art. 18.
OBLIGACIONES DEL APARCERO DERIVADAS DEL ART. 23:
1. Realizar personalmente la explotación, siéndole prohibido ceder, arrendar o
dar en aparcería.
2. Darle a las cosas comprendidas en el contrato el destino convenido.
3. Conservar los edificios, mejoras, enseres y elementos de trabajos, que
deberá restituir al hacer entrega del predio en las mismas condiciones en que
recibiera, salvo los deterioros ocasionados por el uso y la acción del tiempo.
4. Hacer saber al dador la fecha en que se comenzara la percepción de los
frutos y separación de los productos a dividir, salvo estipulación o usos en
contrario, noticia que deberá hacerlo con 10 días de antelación mínima.
5. Poner en forma inmediata en conocimiento del dador cualquier usurpación o
novedad dañosa a su derecho, así como cualquier acción relativa a la propiedad,
uso y goce de las cosas.
OBLIGACIONES DEL DADOR DERIVADAS DEL ART. 23:
1. Garantizar el uso y goce de las cosas dadas en aparcería y responder por
los vicios o defectos graves de la misma.
2. Llevar anotaciones con las formalidades y en los casos que la
reglamentación determine. La omisión o alteración de las mismas constituirán una
presunción en su contra (anotaciones de aportes, nóminas de maquinarias, formas
de distribución de los frutos y aquellos distribuidos y pendientes).
Por aplicación del art.22, que nos remite al art.18, las obligaciones para el dador
que derivan son:
1. Contribuir con el 50% de los gastos que demanden la lucha contra las
plagas y malezas si el predio las tuviera al contratar.
2. Cuando el número de arrendatarios exceda de veinticinco (25) y no existan
escuelas públicas a menor distancia de diez (10) kilómetros del centro del
inmueble, proporcionar a la autoridad escolar el local para el funcionamiento de
una escuela que cuente como mínimo un aula para cada treinta (30) alumnos,
vivienda adecuada para el maestro e instalación para el suministro de agua
potable.
Distribución y disposición de frutos o animales: las partes podrán convenir
libremente el % de la distribución de frutos o animales (generalmente es en base a
lo aportado) y salvo autorización expresa de la otra parte, no se podrá disponer de
ellos sin antes hacerse la distribución.
Está prohibido el “contrato a kilaje fijo” que consiste en el pago de una cantidad fija
de productos o su equivalente en dinero, ya que esto eliminaría el “alea” o riesgo
propio del contrato. En la aparcería pecuaria se considera que el dueño de los
animales dados puede venderlos, siempre que el comprador respete dicho
contrato.
El aparcero puede usar una parte del predio para hacer su vivienda y huerta.
Pérdida de frutos por caso fortuito: será soportada por las partes en la misma
proporción convenida para el reparto de aquellos. Esto es obvio, ya que de todas
formas al terminar el contrato se van a repartir los frutos que haya en la proporción
pactada. Si los frutos se pierden por culpa del aparcero, las soporta éste y si se
pierden por culpa del dador, le tocará responder a él.
Rescisión del contrato: cualquiera de las partes puede pedirla y además el
desalojo y/o entrega de cosas dadas en aparcería, si la otra no cumple las
obligaciones a su cargo:
- Abandono injustificado de la explotación por el aparcero
- No entregar la parte de los frutos que correspondan al dador, etc.

Conclusión del contrato: por las mismas causas que el contrato de arrendamiento,
pero además tiene causas de extinción propias (art. 26, 27).
Por muerte, incapacidad o imposibilidad física del aparcero (ya que es un contrato
de tipo personalísimo y asociativo) pero si muere el dador, el contrato puede ser
continuado por sus sucesores, si el aparcero lo acepta. Caso contrario, concluye el
contrato.
Clases de aparcería:
• Agrícola
• Pecuaria
• Mediería

Aparcería agrícola o propiamente dicha:


Este contrato se configura cuando una de las partes, denominada aparcero dador,
se obliga a entregar a otra, denominada aparcero tomador o aparcero, un predio
rural con o sin plantaciones, sembrados, animales, enseres o elementos de
trabajo, para la explotación agropecuaria en cualquiera de sus especializaciones,
con el objeto de repartirse los frutos.
El objeto del contrato es la cesión de un predio rural, un predio que se encuentre
fuera de la planta urbana de las ciudades o pueblos, y debe tratarse de una
explotación agraria.
Suele usarse así: una persona alquila un campo para sembrar, por ejemplo, maíz.
Una vez que el maíz está listo, se lo cosecha, y se le da un % de dicha cosecha, al
dueño del campo.
El riesgo lo corre aquél que siembra, ya que si pierde la cosecha, va a perder todo
lo que invirtió, pero como al dueño del fundo no se le asegura ninguna ganancia, si
no hay frutos para repartir, no gana nada.
Plazo: el mismo que para el contrato de arrendamiento
Sobre el porcentaje en la distribución de los frutos, la ley no establece ningún
principio, por lo que como consecuencia propia de la naturaleza del contrato se
reparten en la proporción en que las partes convengan libremente, en la forma,
tiempo y lugar establecidos.
No obstante a ello, ninguna de las partes podrá disponer de los frutos sin que
previamente se haya realizado la distribución, ya que hasta ese momento existe
un condominio entre ellas.
Aparcería Pecuaria:
Habrá contrato de aparcería pecuaria cuando una de las partes llamada dador se
obligue a entregar animales y la otra denominada tomador, se obligue a cuidarlos,
criarlos y engordarlos en un predio rural, con la finalidad de repartirse los frutos,
productos o utilidades.
El objeto del contrato será el ganado, o lo que es lo mismo, semoviente. La
diferencia con el contrato de aparcería propiamente dicha o agrícola, es que
impera el principio de autonomía de la voluntad.
Se suele utilizar: cuando el dueño de un campo quiere probarlo rápidamente con
animales para poder reproducirlos y cuando por otro lado alguien tiene exceso de
animales y su campo no le alcanza para su pastoreo. También puede suceder que
el que recibe los animales no sea propietario, sino arrendatario del fundo.
Este contrato puede asumir dos modalidades, aparcería pecuaria en la que la
finalidad es repartirse las crías de los animales que se entregan o capitalización de
la hacienda, donde la finalidad es repartirse el mayor valor que adquiera la
hacienda durante el engorde a campo.
En cuanto al reparto de los frutos o utilidades, si bien se rige por el principio de la
autonomía de la voluntad, si las partes no establecieron el porcentaje para su
distribución o conforme a usos y costumbres en contrario, se repartirán por
mitades.
En la aparcería pecuaria pura, la distribución de las crías es generalmente anual,
teniendo en cuenta el ciclo biológico que concluye con la separación de la cría de
su madre, efectuándose a favor de una parte por vez o formando lotes y
sorteándolos, concediendo las hembras a una parte y los machos a la otra.
En cambio, en el contrato de capitalización de hacienda, el mayor peso ganado
desde la entrega y hasta alcanzar el peso o plazo pactados se distribuye entre las
partes previo descontar el peso o el valor de los kilos iniciales del rodeo en el
porcentaje establecido.
En relación al plazo, estos contratos no están alcanzados por el mínimo legal
establecido en el art 4, toda vez que solo se cedan animales y por ende, quedan
sometidos al que las partes convengan o, en su defecto, el que determinen los
usos y costumbres.

CONTRATOS ACCIDENTALES
Uno de los objetivos de la ley 13.246 era garantizar la estabilidad de la empresa
agraria dándole seguridad por un ciclo agrícola completo para ello se fijó un plazo
mínimo por razones técnicas, sociales y económicas.
Por esto se dicta una legislación especial para regular los contratos de
arrendamiento rural y aparcería.
Hubo una serie de cambios y aparecieron los contratos accidentales por hasta dos
cosechas y también lo de pastoreo.
Los contratos accidentales son aquellos los que no se le aplica el régimen general
impuesto para la mayoría de los contratos agrarios, se diferencian de estos por la
brevedad del plazo y su finalidad específica:
En el artículo 39 inciso A dispone que quedan excluidos de la ley 13.246:
A) Los contratos que por su carácter accidental, la realización hasta dos
cosechas.
B) Los contratos de Pastoreo.

Por Cosecha
Es aquel en el cual el arrendador cede el predio para la realización Por cosecha
es aquel en el cual el arrendador cede el predio para la realización de hasta dos
cosechas, como máximo, cuando sea posible realizarla en la misma superficie.
Formalidades
Deben ser por escrito, están sujetas a calificación y homologación judicial con el
objeto de evitar que a través de ellos se burlen las disposiciones de los
arrendamientos.
Plazo: mínimo de 3 años.
Contrato de Pastoreo
Es aquel en el cual se concede el uso y goce de un predio con exclusivo uso para
pastoreo, celebrados por el plazo no mayor de un año a cambio de un precio.
Formalidades
Debe ser por escrito y a la vez calificado y homologado por la justicia.
Plazo: no pueden exceder de un año.

Naturaleza jurídica del contrato accidental


Viale afirma que estamos ante convenios que si bien tienen carácter accidental, no
pueden básicamente ser otros que los de arrendamiento y aparcerías, y además
teniendo en cuenta que sólo habla de cosechas año agrícola y cultivo, debemos
concluir que sólo pueden tener por destino la agricultura.

Manifestación de la voluntad
Según lo expresado por Brevia al tratar las condiciones que debe reunir los
contratos accidentales "las partes deberán dejar constancia expresa de su
voluntad reconvenir una explotación accidental, ya sea para pastoreo exclusivo, ya
sea para cultivo también accidental de una o dos cosechas. De lo contrario nos
encontraríamos frente a contratos anuales que todas las leyes de arrendamiento
se propusieron a combatir.

Calificación y homologación
La calificación y homologación debe realizarla a pedido de parte, la autoridad
judicial competente, si está de acuerdo con las buenas costumbres y no se viola la
ley.

Rechazo de pedido de homologación


Pueden plantearse dos hipótesis:
1. Es que el juez cuestiona el contrato, por ejemplo porque su contenido
posee una cláusula abusiva
2. es que el cuestionamiento recaiga sobre la accidentalidad del contrato, es
decir, cuando el contrato se celebre en fraude a la ley y pretenda
presentarse cómo accidental cuando en realidad no lo es.
-En la hipótesis 1, el juez debe intervenir la cláusula atendiendo la finalidad y
economía del contrato como como las necesidades del negocio que intenta
satisfacer, poner en su lugar otra cláusula que haga el contrato válido y no nulo.
En la hipótesis 2, el juez debe rechazar el pedido de calificación y homologación.

CONTRATOS ATÍPICOS O CON TIPICIDAD SOCIAL

Entre los contratos atípicos, o sea, aquellos en que los contratantes se apartan de
las características dadas por la ley, creando nuevas formas a fin de adaptarlos a
sus requerimientos, podemos incluir los feed lot, maquinarias agrícolas, entre
otros.

1) Contrato de feed lot.

Este contrato puede ser definido como aquel por el cual una de las partes entrega
animales bovinos de su propiedad y la otra se compromete a proporcionar un
sistema de engorde intensivo a corral, mediante el pago en dinero por los servicios
de alimentación balanceada y atención sanitaria o compartiendo los frutos de
engorde.

Dicho contrato puede adoptar dos modalidades, ser conmutativo o de cambio, o


de naturaleza asociativa. En la primera, el propietario de los animales paga por los
servicios de alimentación balanceada, atención veterinaria, medicamentos,
cuidado y administración, una suma de dinero acordada por las partes ya sea en
forma diaria o mensual y por el plazo que libremente convengan hasta alcanzar la
categoría vacuna pretendida.

A la finalización del plazo acordado, el propietario de los animales los retira para
disponer libremente de ellos.

En la segunda, una vez alcanzada el peso previsto, el dueño de los animales se


reparte con el propietario del feed lot que es quien aporta la alimentación
balanceada, la atención veterinaria, los medicamentos y los cuidados, la diferencia
entre los kilos de ingreso o sobre el precio base el porcentaje establecido por las
partes.

2) Contrato de maquinaria agrícola

Estos contratos pueden caracterizarse como aquel acuerdo de voluntades por el


cual el contratista rural o locador de obra, toma a su cargo la realización en un
predio cuya tenencia, posesión o propiedad pertenece a otro, llamado “locatario
rural”, una o más tareas culturales y obras, o la totalidad de ellas, dirigidas a la
obtención de frutos agrícolas o su recolección, la que realiza mediante a utilización
de maquinarias, herramientas o equipos rurales y mano de obra propia de que
dispone sin que medie relación de dependencia con quien las solicita, a cambio de
una retribución consistente en un precio en dinero, un porcentaje de los frutos o
una cantidad fija de ellos.

A su vez, se ha distinguido entre locación de servicios y locación de obra, ya que


tanto la prestación de un servicio como la ejecución de una obra, son obligaciones
de hacer.

En consecuencia, si lo prometido es un servicio o trabajo, se trata de una


obligación de medios; por el contrario, si es la ejecución de una obra, o sea, la
utilidad que pueda resultar de ese servicio o trabajo, se trata de una obligación de
resultado.

Sobre esta distinción, el tipo de contrato en análisis resulta ser una locación de
obra, ya que el objeto es la obtención de un resultado, dependiendo de los medios
empleados por el contratista para lograr el fin a que se obliga, donde el locador
realiza un trabajo para otra persona sin estar a su servicio ni bajo su dependencia
y sin poner a disposición el tiempo de trabajo que no esté circunscripto a la
realización de la obra.

En estos contratos, el precio es uno de los elementos esenciales, no siempre es


pactado en dinero sino que puede consistir en un porcentaje de los frutos
obtenidos o en una cantidad fija de ellos.

Por otra parte, esta circunstancia se ve agravada por el hecho que estos contratos
no son formalizados por escrito, siendo pactados por lo general en forma verbal en
orden a la brevedad del plazo para cumplir por parte del locador con el objeto
contratado, como por ejemplo siembra, pulverización, cosecha, etc., o con la
totalidad de las tareas culturales necesarias dentro de un ciclo agrícola,
extinguiéndose éste con la realización de la obra.

CONTRATO ASOCIATIVO DE EXPLOTACIÓN TAMBERA

La ley 25169, que deroga el estatuto del tambero mediero, regula actualmente la
explotación tambera.

En su art 1 esta declara que a partir de su entrada en vigencia la explotación


tambera se organizara bajo el régimen contractual especial con la denominación
de contrato asociativo de explotación tambera; no obstante no toda esta actividad
se desarrolla bajo esta figura, ya que puede ser llevada a cabo por el propietario
del tambo mediante la contratación de trabajadores rurales a tenor de las
previsiones de la ley 22248 o bajo la modalidad de contrato de arrendamiento
rural.
Este contrato, podría caracterizarse como el acuerdo de voluntad entre el
empresario, titular que en calidad de poseedor arrendador o tenedor por cualquier
título legítimo, dispone del predio rural que se afecten a la explotación tambera, y
otra persona física llamada tambero asociado, es la que ejecuta las Tareas
necesarias para la producción de leche fluida con la finalidad de distribuirse las
utilidades obtenidas en el porcentaje convenido.

En relación con su naturaleza jurídica el artículo 2 de la ley establece que es


contrato agrario constituyendo una particular relación participativa superando así
la distinta caracterización dada por la doctrina y la jurisprudencia qué bajo el
régimen anterior lo ha considerado como un contrato de trabajo.

Pero no obstante su calificación de agrario la ley establece que supletoriamente se


le aplicarán las disposiciones del código civil y las cuestiones que se susciten
entre las partes serán dirimidas ante el fuero civil.

En cuanto a los sujetos la ley los nómina empresario titular y tambero asociado
siendo el primero la persona física o jurídica que dispone por cualquier título
legítimo del predio rural de instalaciones de bienes o hacienda destinada a la
actividad y el segundo la persona física que en forma personal ejecuta las tareas
necesarias para la explotación del tambo quién también puede aportar equipos
maquinarias tecnologías y personal a su cargo.

El objeto exclusivo de la explotación es la producción de leche fluida proveniente


de un rodeo de ganado mayor o menor cualquiera que fuere la raza
comprendiendo entonces no solamente el tambo d bovinos sino también de
caprinos y ovinos incorporando también como objeto el traslado la distribución y el
destino de la leche.

Acerca de estas tres últimas actividades el traslado consiste en el transporte a la


usina láctea u otro lugar de comercialización e industrialización correspondiendo
en este caso establecer en el contrato quien aportará los elementos necesarios
para efectuarlo, la distribución implicaría la existencia de distintos receptores y el
destino está referido a producciones específicas o para el abasto.

A su vez la ley en su artículo número 4 posibilita incorporar como una actividad


adicional la cría y la recría de hembras de origen tambero con destino a reposición
o venta correspondiendo en este caso determinarse en el contrato la forma de
distribución de las utilidades en atención a la labor qué debe desarrollar el tambero
asociado en relación con los aspectos sanitarios alimentarios y de custodia de
animales que en la mayor parte de los casos pertenecen al empresario titular.
Asimismo podrá incorporarse como otra actividad adicional la venta de las crías
machos reproductores que reemplacen y despojos de animales muertos tales
como cueros pezuñas y demás subproductos aprovechables.

el plazo según lo dispone el artículo 5 será el que estipulan las partes y en el caso
de que no lo establezcan la ley lo considera celebrado por 2 años contados a partir
de la primera renta obtenida con la intervención del tambero asociado. si al
vencimiento del plazo acordado se continuará con la explotación tambera la ley no
admite La tacita reconducción por lo que no se considerará ni renovado ni
prorrogado el contrato sino que cualquiera de las partes podrá solicitar la recisión
en cualquier momento.

El artículo 6 establece las obligaciones del empresario titular enunciando la de


ejercer la dirección y la administración del tambo las que podrá delegar en forma
parcial a excepción de la responsabilidad económica y financiera, la de
proporcionar una vivienda para el uso exclusivo del tambero asociado y de su
familia, la de asumir la responsabilidad para los miembros de su familia y de sus
dependientes de las obligaciones emergentes de la legislación laboral, previsional
fiscal y de seguridad social, Y por último la de requerir la conformidad del tambero
asociado en la elección de la empresa o receptores donde se efectúe la venta de
la leche o el producido de las actividades conexas de Así haberse pactado Y ante
la falta de acuerdo este asumirá los riesgos derivados de la falta de pago en
tiempo y forma pudiendo ser una conformidad expresa o tácita ya que la ley no la
exige de acuerdo a una forma determinada.

Respecto de las obligaciones del tambero asociado en el artículo 7 que le asigna


la de tener a su cargo las tareas necesarias para la explotación principal y las
conexas no imponiendo su trabajo personal, la de ser responsable del cuidado de
todos los bienes para la explotación del tambo, la de observar las normas de
higiene de las instalaciones del tambo, implementos de ordeñe y de los animales,
la de aceptar las nuevas técnicas racionales que se incorporen a la empresa, la de
asumir la responsabilidad por las obligaciones emergentes de la legislación laboral
previsional y fiscal y de la seguridad social para todos los miembros de su familia y
sus dependientes.

el artículo 8 establece como obligaciones comunes a ambas partes la de prestar


diligencias en el desarrollo de la explotación tambera aportando las iniciativas
técnicas y prácticas que coadyuven a un mejor funcionamiento, la de asumir en
forma individual el cumplimiento de las obligaciones laborales previsionales y
fiscales para el caso de que cualquiera de las partes contratara personal, sin que
exista solidaridad entre ambas o ante terceros y ambas partes serán solidarias por
el cumplimiento de las normas sobre sanidad animal.
como norma de orden público e irrenunciable el artículo 9 obliga al empresario
titular a proporcionar al tambero asociado una vivienda en condiciones de
habitabilidad y uso adecuado a las necesidades y condiciones ambientales y
costumbres del lugar, para ser ocupada exclusivamente por el su núcleo familiar y
otras personas que presten servicios en la explotación tambera bajo la
dependencia del tambero asociado, no pudiendo alterarse su destino ni cederse ni
loca se me ser loca y si este derecho fuera violado será causal de rescisión
pudiendo el empresario titular una vez cumplidos dichos plazos solicitar en
lanzamiento judicial.

Este contrato salvo estipulaciones expresas en contrario se resuelve por la muerte


o la incapacidad del tambero y por el vencimiento del plazo ya sea el convenido
por las partes o el plazo legal de no haberse convenido, salvo estipulación expresa
en contrario la muerte de la persona física que como empresario titular o como
miembro de una sociedad que actúe como empresario titular no resuelve el
contrato qué continuará con los causahabientes o con la empresa hasta su
extinción por cualquiera de las causas previstas en la ley.

Asimismo el contrato podrá ser rescindido con o sin causa en el primero de los
casos cualquiera de las partes podrá solicitar la recisión del contrato cuando la
otra parte incumpliera sus obligaciones violar en las disposiciones de la ley o de
las normas reglamentarias o lo pactado entre ambas, considerándose recibido por
culpa de la parte incumplidora.

Entre las causas de rescisión la ley enuncia daños intencionales o en los que
media culpa grave o negligencia reiterada en el ejercicio de las funciones que
cada parte desempeña, incumplimiento de las obligaciones inherentes a la
explotación tambera contenidas tanto en la ley como en el contrato o en otras
disposiciones vinculadas a la actividad como por ejemplo aquellas referidas al
control sanitario o mala conducta reiterada para con la otra parte o con los
terceros que perjudiquen el normal desarrollo de la empresa a las que se suma el
caso de locación o cesión a título gratuito u oneroso por parte del tambero
asociado de la vivienda proporcionada por el empresario titular.

También podrá rescindir el contrato cualquiera de las partes sin expresión de


causa debiendo en este caso dar a la otra aviso fehaciente con 30 días de
anticipación pudiendo este plazo se reemplazado por una compensación
equivalente al monto que la parte No culpable de la rescisión deje de percibir en
ese mes siempre que hubiere transcurrido más de 6 meses de ejecución del
contrato y faltar más de un año para su finalización.

asimismo la parte que recién del contrato deberá abonar a la otra una
compensación equivalente al 15% de lo que la contraparte deje de percibir en el
período no cumplido del contrato, lo que se calculará sobre el porcentaje que le
corresponda de la producción del tambo tomando como base el promedio mensual
de los ingresos devengados en el trimestre calendario anterior a la fecha de
rescisión de contrato, coeficiente que debe ser multiplicado por los meses que
restan para la finalización del contrato ya sea el pactado por las partes el plazo
legal establecido por la ley asimilando se esta compensación como lucro cesante
del contrato civil. En este caso el tambero asociado deberá entregar de inmediato
la hacienda y todos los elementos provistos para el desarrollo de la actividad
tambera además y sin perjuicio de lo establecido para la desocupación de la
vivienda si así lo solicita el empresario titular deberá facilitar comodidades
habitacionales para el tambero sustituto.

La retribución al tambero asociado será el porcentaje convenido entre las partes


según el modo la forma y la oportunidad la que es deberá ser convenida en dinero.

A los fines previsionales fiscales y laborales y tal como se señala entre las
obligaciones de las partes la ley reitera el carácter de los sujetos del contrato
como titulares de explotaciones independientes los que son considerados como
autónomos en todos sus efectos.

La ley en su artículo 14 prevé la posibilidad de homologar el contrato a pedido de


cualquiera de las partes ante el tribunal civil con competencia en el lugar de su
celebración. La homologación adquiere relevancia ante el supuesto de no entrega
de la vivienda al vencimiento de la hacienda o de los implementos provisorios para
el desarrollo de la actividad tambera, en el que se podrá solicitar ante el tribunal
civil con competencia en el lugar de cumplimiento de las obligaciones del contrato
el lanzamiento del tambero asociado mediante el proceso de ejecución de
sentencia previsto en la provincia de Buenos Aires en el código procesal civil y
comercial en los artículos 497 y siguientes.

En caso contrario tramitará conforme a las reglas del proceso judicial sumario
correspondido a cada parte probar el derecho que le asiste adoptándose similar
criterio para el caso del contrato verbal como otra forma posible de celebración del
contrato.

Sobre este aspecto cabe señalar que el congreso nacional al establecer en la ley
el fuero competente tanto para intervenir en la homologación como para los
efectos derivados del cumplimiento de este ha excedido las facultades delegadas
por las provincias, toda vez que conforme al artículo 122 de la Constitución
nacional cada provincia se da sus propias instituciones locales y se rige por ellas y
por el artículo 5 que deben asegurar su administración de justicia además de
poseer entre las competencias exclusivas las de dictar sus leyes procesales, por lo
que dichas previsiones resultarían inconstitucionales al reglar cuestiones vedadas
a la nación como la de determinar su organización judicial y atribuir sus
competencias y que en la provincia de Buenos Aires la ley 11911 le acuerda la
competencia en materia agraria a la justicia de paz letrada o a la justicia de
primera instancia en lo civil y comercial.

CONTRATO DE MAQUILA

La ley 25.113, sancionada en 1999, regula el contrato de maquila o de depósito de


maquila, contemplando cualquier materia prima de origen agropecuario, lo que
significa una apertura respecto al uso común hasta ese momento, que era para
determinados productos, como la caña de azúcar o la vid.

Esta ley, en su art. 1° lo define como “aquel contrato en el que un productor


agropecuario se obliga a suministrar al procesador o industrial materia prima con
el derecho de participar en las proporciones que convengan sobre el o los
productos finales resultantes”.

En este contrato el maquilero efectúa la elaboración de la materia prima entregada


por el productor agropecuario recibiendo como contraprestación un porcentaje del
producto elaborado.

En cuanto a la naturaleza jurídica, la ley, en su art. 7°, se refiere a estos como


contratos agroindustriales. No obstante, podría calificárselos de contratos de
integración, al celebrarse entre sujetos de distintas actividades integrando al
productor con el industrial o procesador para la transformación de la materia prima
en un producto terminado de idéntica calidad a la que retenga para si, por el que
se pacta la retribución en un porcentaje de este y donde el productor conserva en
todo el proceso la propiedad sobre los bienes entregados y luego sobre el
porcentaje que le corresponde sobre el producto final.
Sobre este último aspecto, el industrial o procesador asume el carácter de
depositario de los productos finales de propiedad del productor agropecuario, los
que deberán ser identificados convenientemente y estarán a disposición de sus
titulares (art.1).
El art. 2 enuncia los elementos esenciales que, además del objeto y el porcentaje
que determina el art.1 deben contener estos contratos, que son nombres y
domicilios de los contratantes, cantidad de la materia prima contratada, lugar
donde se depositaran los productos elaborados que correspondan al productos
agropecuario y las facultades de control que se le acuerdan que le permitan
verificar las calidades y cantidades de lo pactado y lo entregado al finalizar el
contrato en relación con el procesamiento y rendimiento de la materia prima,
conforme pautas objetivas de procesamiento, lugar de celebración y firma de las
partes.
Además, en protección al productor agropecuario, el art. 3°, declara nulas las
cláusulas que le impongan la obligación de vender parte o la totalidad de los
productos finales de su propiedad al industrial o elaborador, o que traben la libre
comercialización del mismo por parte del productor.
Asimismo, a petición de parte deberán ser inscriptos en los registros públicos que
se creen en el ámbito de cada provincia, donde también se registraran las
medidas cautelares que afecten los productos de propiedad del productor
agropecuario elaborados mediante esta modalidad contractual. Además, las
provincias deberán dictar las reglamentaciones que aseguren el procedimiento
para la elaboración y el depósito de los productos en orden a la naturaleza u
objeto de cada actividad y establecerá la autoridad de aplicación local. (art.7°)
Esta modalidad puede ser aplicada a cualquier tipo de producto agropecuario,
como por ejemplo caña de azúcar, leche, carne, granos, madera productos
hortícolas, frutícolas, avícolas, etc., con excepción del contrato de elaboración de
vinos a maquila, que en la vitivinicultura aparece como una forma típica de pagar
la materia prima con el producto elaborado y que se rige por la ley 18.600 y a los
que la aplicación de los preceptos de la ley 25.113 lo es en forma supletoria
(art.9°), además, sus disposiciones serán aplicables a todo contrato que tenga por
objeto la provisión de materia prima de naturaleza agraria para su procesamiento,
industrialización y transformación, en la medida en que no constituya otro tipo
contractual, como sería la compraventa.
Para el caso de conflictos originados en la relación contractual regulada por la ley,
las acciones tramitaran por las normas procesales locales que regulen el juicio
sumarísimo o por el trámite abreviado equivalente.
Esta ley, además, modifica la ley 24.522 de concursos y quiebras, incluyendo
entre los efectos generales sobre las relaciones jurídicas preexistentes en el art
138: cuando existan en poder del fallido bienes que le hubieran sido entregados
por título no destinado a transferirle el dominio, los terceros que tuvieren derecho a
la restitución pueden solicitar los bienes obtenidos de la transformación de
productos elaborados por los sistemas denominados a maquila, cuando la
contratación conste en registros públicos.

LEY 25.113
Establécese que habrá contrato de maquila o de depósito de maquila cuando el
productor agropecuario se obligue a suministrar al procesador o industrial materia
prima con el derecho de participar sobre el o los productos finales resultantes.
Sancionada: Junio 23 de 1999.
Promulgada: Julio 8 de 1999.
El Senado y Cámara de Diputados de la Nación Argentina reunidos en Congreso,
etc. sancionan con fuerza de Ley:
ARTICULO 1º — Habrá contrato de maquila o de depósito de maquila cuando el
productor agropecuario se obligue a suministrar al procesador o industrial materia
prima con el derecho de participar, en las proporciones que convengan, sobre el o
los productos finales resultantes, los que deberán ser de idénticas calidades a los
que el industrial o procesador retengan para sí.
El productor agropecuario mantiene en todo el proceso de transformación la
propiedad sobre la materia prima y luego sobre la porción de producto final que le
corresponde.
El procesador o industrial asume la condición de depositario de los productos
finales de propiedad del productor agropecuario debiéndolos identificar
adecuadamente; estos productos estarán a disposición plena de sus titulares.
En ningún caso esta relación constituirá actividad o hecho económico imponible.
ARTICULO 2º — El contrato del artículo anterior además de los elementos
expresados en el mismo deberá contener con carácter esencial los siguientes:
a) Nombres y domicilios de las partes;
b) Cantidad de la materia prima contratada;
c) Lugar de procesamiento;
d) Lugar en que se depositarán los productos elaborados que correspondan al
productor agropecuario;
e) Facultades de control establecidas a favor del productor agropecuario;
f) Fecha y lugar de entrega del producto elaborado;
g) Lugar de celebración y firma de las partes.
ARTICULO 3º — Serán nulas las cláusulas incluidas en el contrato que impongan
al productor agropecuario la obligación de vender parte o la totalidad de los
productos finales de su propiedad al industrial elaborador o que traben la libre
comercialización del mismo por cuenta exclusiva del propietario.
ARTICULO 4º — Los contratos establecerán sistemas y procedimientos de control
del procesamiento del producto, que podrá ejercer el productor agropecuario
contratante, que le permitan verificar las calidades y cantidades de lo pactado y lo
entregado al finalizar el contrato, y asimismo las condiciones de procesamiento y
rendimiento de la materia prima conforme pautas objetivas de manufacturación
durante su realización.
ARTICULO 5º — Las acciones derivadas de la presente ley tramitarán por juicio
sumarísimo, o por el trámite abreviado equivalente. La prueba pericial, en caso de
no haberse ofrecido por las partes, podrá disponerse de oficio por el juez
interviniente. Las partes quedan facultadas para designar consultores técnicos que
las representen en la producción de la prueba pericial.
ARTICULO 6º — Las disposiciones de la presente ley serán de aplicación también
a todos los contratos que tengan por objeto la provisión de materia prima de
naturaleza agropecuaria para su procesamiento, industrialización y/o
transformación.
ARTICULO 7º — Los contratos agroindustriales referidos en la presente ley
deberán inscribirse a pedido de parte en los registros públicos que se crearen en
la jurisdicción de cada provincia. Las provincias establecerán las disposiciones
necesarias para los procedimientos y aseguramiento según la naturaleza u objeto
de cada actividad asignándoseles las condiciones de autoridad de aplicación local.
Se registrarán ante la misma autoridad todas las medidas cautelares que afecten
los productos de propiedad de los productores agropecuarios elaborados con
motivo de los contratos mencionados en el artículo 1º de la presente ley.
ARTICULO 8º — Agrégase al primer párrafo del artículo 138 de la Ley 24.522:
"Se incluyen en esta norma los bienes obtenidos de la transformación de
productos elaborados por los sistemas denominados ‘a maquila’, cuando la
contratación conste en registros públicos".
ARTICULO 9º — Los contratos de elaboración de vinos previstos en la Ley 18.600
se regirán por sus normas y supletoriamente por la presente.
ARTICULO 10. — Comuníquese al Poder Ejecutivo.
DADA EN LA SALA DE SESIONES DEL CONGRESO ARGENTINO, EN
BUENOS AIRES, A LOS VEINTITRES DIAS DEL MES DE JUNIO DEL AÑO MIL
NOVECIENTOS NOVENTA Y NUEVE.
CONCLUSIÓN

El concepto de modelo agroexportador es el que surgió en la segunda mitad


del siglo XIX en Argentina y América Latina en general debido a la consolidación
de un sistema económico basado tanto en la producción de materias primas
agrícolas como en la exportación de las mismas a los países centrales
(principalmente europeos). El modelo agroexportador fue la consecuencia directa
de la entrada casi ilimitada de inversiones y capitales extranjeros que permitieron
que Argentina reactive la economía en gran parte de su territorio.
A lo largo de su existencia, el modelo agroexportador permitió el
crecimiento (aunque no el desarrollo) económico de Argentina, convirtiéndola en
aquella región por lo que para la época era famosa: "el granero del mundo”, pero
se debe señalar la desvalorización del rol del sector agropecuario como un factor
imprescindible en el proceso de desarrollo y crecimiento económico de Argentina,
que comenzó a manifestarse durante en la década del treinta y que se potenció en
los veinte años siguientes, indujo la adopción de políticas públicas que
sistemáticamente transfirieron ingentes cantidades de recursos del sector
agropecuario al resto de la economía.
Dichas políticas desalentaron la inversión productiva en el sector y la
adopción de nuevos cultivos y de tecnologías mejoradas. Estas demoras (por
ejemplo la tardía incorporación de la soja y del uso de fertilizantes químicos en la
agricultura pampeana), a su vez, causaron enormes pérdidas económicas a la
sociedad argentina, en términos de oportunidades para lograr importantes
aumentos de producción y productividad en el sector agropecuario.
Esta experiencia negativa debiera tenerse en cuenta en el diseño de las
estrategias de desarrollo agropecuario y en la ejecución de las políticas sectoriales
a fin de evitar la repetición de costosos errores.

BIBLIOGRAFIA

 Pastorino, Leonardo F. 2011. Derecho


agrario Argentino. Argentina. Abeledo-Perrot
- La Ley.
 Brebbia, Fernando P. - Malanos, Nancy L.
2011. Derecho agrario. Argentina. Astrea.