LA CRUZ
PILAR DE FE Y CONVERSIÓN
Introducción
La cruz ha sido asociada en muchos de nuestros contextos a la resignación, a la experiencia
asimilada del dolor. Bajo esta concepción, se nos invita a ser pacientes en las dificultades y a
esperar la acción portentosa de Dios.
El siguiente desarrollo contiene una propuesta distinta y es la de mostrar la inseparabilidad de
la vida de Jesús y su muerte en la cruz, se verá como el compromiso de Jesús por hacer
presente el reino de Dios, no tuvo ningún momento de vacilación, y vivido así se convierte en
una acción liberadora donde se rebosa el amor de Dios por la humanidad.
La vida de Jesús es una invitación a acompañar a los que sufren, con el ánimo de ayudar desde
nuestra disposición a que nuestro mundo se convierta en el Reino de Dios.
Este trabajo presenta paso a paso los detalles claves de esa entrega amorosa de Dios por la
humanidad, está acompañado de citas de autores escogidos y de pasajes bíblicos que invitarán
al lector a la reflexión. Está pensado para que se tome como referencia en el estudio de la vida
de Jesús, que sea llevado a cabo por sus seguidores del siglo XXI.
¿Por qué es llevado Jesús a la Cruz?
Existieron motivos tanto religiosos
como políticos para aplicarle la
pena de muerte.
Jesús hace evidente el
contrasentido existente entre el
discurso del estamento religioso y
su praxis.
Ver: Mc 11, 15-19. 27-32.
A su vez la multitud de personas
que seguían y escuchaban su
mensaje, fue considerada como un
riesgo para el imperio dominante,
pensaron que en algún momento se
podrían ir contra la Pax romana.
Ver: Lc 23,2.
La Praxis que Lleva a Jesús a la Cruz
Perfección de Dios según:
Estamento religioso Jesús
• Ley de Moisés • Ama al enemigo
• Culto del templo • Perdona las deudas (culpas)
• Organización social • Se acerca a los leprosos (enfermos)
• Exclusión de los • Se acerca a las mujeres excluidas
pecadores (samaritana)
• Condenación de la • Ofrece nueva vida (milagros de
adúltera resurrección)
• Libera de tormentos (exorcismos)
Jesús comprendió que su existencia tenía sentido si anunciaba a Dios como vencedor del mal y que restaura al
hombre desde lo más profundo de su ser. Por el contrario, el estamento consideraba que cumplir la ley era
exaltar a Dios, no importando si en su nombre resultaban marginados y excluidas algunas personas.
El mensaje de Jesús, aceptado por muchos y sostenido además a lo largo de su vida pública sin ambivalencias,
llegó a convertirse entonces en un agujón incómodo para el estamento religioso de la época. Para Jesús
siempre estuvo primero presentar el rostro misericordioso de Dios más allá de las consecuencias que eso le
acarrearía. El resultado finalmente fue la cruz.
Preparación para la Cruz: La Oración en
el Huerto
Jesús nos enseña a través de este momento como vivir los
momentos de angustia, sobre todo cuando a ellos se llega por
ser fiel a la conciencia que tenemos de Dios.
En este momento, cuando vive su experiencia de mayor
abandono, sigue llamando a Dios como Padre. Está lleno de
temor y angustia, pero está dispuesto a asumir las
consecuencias de sus actos, ha llevado a tres discípulos para
que lo acompañen a orar, pero ellos han sido inferior a la
solicitud y han sucumbido al sueño. La soledad de Jesús es
aún mayor.
Este pasaje nos enseña que Jesús no quería la muerte, antes se le descubre amando la vida y mostrando su
vulnerabilidad y temor ante el sufrimiento. De Dios Padre, por su parte, nos enseña que no interviene para
corregir la libertad humana, sin embargo sí acoge los ruegos. Luego de la oración vemos como Jesús sale
fortalecido a afrontar su realidad.
Preparación para la Cruz: La Oración en
el Huerto “No es Dios el que necesita la oración, ni la de petición ni la
de acción de gracias, visto desde la perspectiva humana, per
sí debe hacerla el que quiere vivir la vida en la presencia
divina y relacionándose con él. Por eso, se acude a Dios con
lo bueno y lo malo de la vida, con la petición y el
agradecimiento, con la postración de las propias penas y la
acción de gracias. Es el ser humano el que se crece en la
petición, que puede capacitarlo para afrontar lo que resulta
inevitable. El silencio divino es la otra cara del protagonismo
humano, remite a una fe que no busca mercedes ni a un Dios
utilitario, y capacita para transformar el deseo del orante y
resaltar la alteridad y el misterio de Dios”.
Estrada, J. (2013). De la salvación a un proyecto de sentido: por
una cristología actual. Desclée de Brouwer. Pág. 197.
La Muerte en La Cruz
Jesús comenzó a experimentar la cruz, cuando curó en sábado,
cuando les habló del perdón de los pecados, cuando fue tratado
como endemoniado, cuando fue abandonado por la muchedumbre
que lo seguía y por sus propios discípulos. Es el Siervo sufriente de
Isaías a quien vemos en Jesús.
“La cruz de Cristo le revela a quien la contempla la
injusticia del mundo, que para poder sobrevivir, no le
interesa la vida humana y, menos aún si esta vida es
inocente. Dicha actitud trae ruina sobre quien la elige
como modo de vida. De igual modo, revela la
misericordia de Dios, que teniendo argumentos para
cobrar venganza, decide perdonar porque lo contrario
sería ir contra su propio ser que es amor. La justicia de
Dios es su misericordia. Dios en el crucificado salva la
humanidad y la historia y en el encuentro con la
víctima el victimario también encuentra su salvación”.
Carmona, F. (2009). Módulo Cristología. Fucla. Pág. 67.
La Muerte en La Cruz
La cruz es sin lugar a dudas un hecho inquietante, ante el
cual surgen interrogantes tan importantes como los
siguientes: ¿Por qué esa muerte tan cruenta de Jesús?,
¿Dónde estaba Dios?, ¿Por qué no actuó? Es aquí donde debe
pensarse en el perdón que ofreció Jesús a los que le
estaban haciendo tanto mal, aquí revela el amor del Padre
que “hace salir el sol sobre buenos y malos” (Mt 5, 45).
Al aceptar Jesús la cruz, también nos está revelando la
capacidad de hacer daño que tenemos los seres humanos.
Dios de esta manera se deja derrumbar, pero con un
propósito claro y es que el ser humano derrumbe también
las falsas concepciones que ha hecho de Él. Dios quiere,
ante todo, ser visto como sostén para la humanidad,
cercanía para los que sufren, amor y misericordia siempre
presente.
La cruz no solamente es apoyo para el que sufre, también es medio para la conversión de aquel que abusa de
los otros y les impone cargas difíciles de llevar. La cruz para ellos también adquiere un sentido liberador, al
descubrirlo abandonan su mal actuar, abandonan su tiranía y le dan paso a la solidaridad y la comprensión
entre semejantes.
La Gloriosa Resurrección
Se resaltará primero el hecho de que en cada aparición
después de la resurrección, Jesús enseña las huellas aún
presentes de la crucifixión, sus manos y su costado fueron
su carta de presentación. Esto nos habla de la cercanía de
estos dos sucesos, es más: revelan su indivisibilidad.
Veamos ahora lo que significó para sus discípulos: estos
temerosos por la pérdida de su Maestro, buscaron donde
esconderse. Pero después, de reconocer que Jesús estaba
vivo, decidieron anunciar sin temor en territorios cercanos y
lejanos, el cumplimiento del Reino de Dios.
La resurrección se convirtió entonces en el símbolo de esperanza para todos los que sufren, la muerte no
tiene la última palabra. Vale la pena desgastar la vida por hacer presente el Reino de Dios entre los
hombres, si Dios se acercó a la humanidad, entonces también nos hará partícipes de su divinidad.
Hablar de la resurrección hoy, implica hacer presente el amor de Dios, ese que no deja que la muerte
triunfe, el que también llena de gozo y fortaleza a los que dan su vida por anunciar el Reino, a los que se
desgastan por buscar la justicia entre los hombres.
La Gloriosa Resurrección
¿A qué me compromete la Cruz y la Resurrección? Es esta la
pregunta que debe estar calando hondo en nuestros
corazones. Hemos visto como Jesús, siendo obediente al
Padre, no renegó de las consecuencias que tuvo ser
coherente con su misión.
Jesús nos enseña a tenderle la mano a ese que comparte
conmigo y que necesita una ayuda, a veces se trata de solo
un impulso, para que él también pueda desarrollar sus
propios proyectos de vida, sin obstáculos.
Ese tender la mano pasa también por compartir las dificultades de mi prójimo, de no pasar de largo y
hacerme el desentendido de la realidad de él. Si se actúa motivados por el ejemplo de Jesús, entonces el
gozo estará asegurado, por el contrario, si se procede de forma obligada, o sin pasión por lo que se hace,
entonces la frustración estará garantizada.
Dios ha demostrado que acompaña siempre a su pueblo, desde el episodio de Egipto y su faraón nos lo está
mostrando, lo que vemos en el nuevo testamento no es más que la continuación del testamento común.
Jesús, Dios hecho hombre, nos invita a participar desde nuestras realidades para hacer causa común por
hacer presente el Reino de Dios entre los hombres.
Conclusiones
Se ha enfocado el mensaje de este trabajo en buscar el compromiso individual con
imitar la práxis de Jesús, de tal manera que podamos hacer valer con nuestros
acciones ese acto de amor de Dios para con nosotros. Sin embargo, podemos ver
mucho más allá y llevar este compromiso que como sociedad tenemos, para que
irrumpa también en la realidad política y social de nuestros países latinoamericanos.
Se trata de contribuir con la justicia dentro de nuestra sociedad, a partir de nuestra
praxis religiosa, esto quiere decir que si nos decimos cristianos es porque tenemos
un compromiso con erradicar todo aquello que no hace trascender al hombre, antes
por el contrario lo minimiza y lo convierte en un mero instrumento de los intereses
económicos de los poderosos. De esta manera, concreta por demás, hacemos que el
mensaje de Jesús no se quede en el plano de elucubraciones, de reflexiones
abstractas o incluso en el de las especulaciones filosóficas.
La muerte como ya pudimos ver, no tiene la última palabra, por el contrario, el
amor que se convierte en sacrificio en la cruz, no solo no se destruye, sino que se
convierte en eternidad.
Bibliografía
Carmona, F. (2009). Módulo Cristología. Fucla. Medellín.
Duquoc C. (1978). Dios diferente. Ediciones Sígueme, Salamanca.
Estrada, J. (2013). De la salvación a un proyecto de sentido: por una
cristología actual. Desclée de Brouwer. Bilbao.
Schillebeeckx, E. (2002). Jesús la historia de un viviente. Editorial Trotta,
Madrid.