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Época Helenística

Este período abarca desde el 323 a. C., fecha de la muerte de Alejandro Magno, hasta el

31 a. C., año en el que Grecia y el oriente griego caen definitivamente bajo el poder de

Roma, Grecia perdió su independencia. Previamente, conquistada por Filipo II de


Macedonia, éste anexionó las polis a su imperio. A la muerte de Filipo II, su hijo
Alejandro, llamado el Grande (Alejandro Magno), acrecentó sus dominios conquistando el
enorme iimperio persa (antiguo enemigo de los griegos), incluyendo Egipto y Mesopotamia,
Filipo II alcanzando los confines de la India.
Alejandro tenía como objetivo construir una potencia universal que integrara
a griegos y bárbaros (extranjeros), en el que las diversas creencias y culturas de
occidente y oriente se fundiesen conformando una unidad.
Sin embargo, en 313, contando 33 años, murió,
dejando el mayor imperio conocido hasta entonces.
Había fundado nuevas ciudades (como Alejandría, en Alejandro Magno
Egipto), y expandido las ideas y la cultura griegas por los territorios
conquistados, dando lugar a lo que se conoce como "Helenismo".
Una vez desaparecido Alejandro, sus generales se repartieron su
imperio, creando los llamados "Reinos Helenísticos": Egipto (dinastía de los
Ptolomeros) Siria y Mesopotamia (reino de los Seleúcidas) y Grecia y Macedonia (reino
de los Antigónidas). Surgieron también reinos menores:
Epiro, Pérgamo, Bactria, Capadocia, Ponto... Éstos
florecieron hasta que fueron anexionados por Roma. El
Faro de Alejandría último de esos estados independientes fue Egipto, que
desapareció como tal a la muerte de su reina, Cleopatra. Para entonces, los
romanos se habían apoderado de todos los territorios que habían pertenecido a los griegos,
integrándolos en su imperio como provincias.

En todos estos reinos encontramos rasgos comunes:

En el orden político, el Estado está representado por la voluntad soberana del rey, un

rey divinizado. La actividad política de las ciudades desapareció.

En lo social, una clase dirigente cosmopolita (griegos e indígenas helenizados) se asentó

en los grandes núcleos urbanos, las poblaciones campesinas asimilaron sólo

superficialmente la cultura griega dominante y mantuvieron sus costumbres y tradiciones

ancestrales.

En el aspecto cultural, Atenas dejó de ser el centro más importante del mundo helénico
y con ella rivalizaron Alejandría, Antioquía, Pérgamo, Éfeso y Rodas. Gracias a la iniciativa

de los reyes, se desarrolló una intensa actividad intelectual y científica, plasmada en la

creación de bibliotecas, museos, gimnasios y teatros, y en el incremento de la ciencia

especulativa y experimental. Durante estos siglos se difundió la cultura entre grandes

masas de población y aparecieron nuevas formas artísticas más ricas y expresivas,

indicadoras de una nueva sensibilidad para los aspectos cotidianos de la vida.

En lo religioso y moral, la desaparición de la polis como forma de organización política,

acarreó la desaparición de la religión estatal. Las creencias religiosas dejaron de ser

patrocinadas por el Estado y se convirtieron en asunto propio de la conciencia individual.

Por otra parte, surgieron religiones universalistas, que se dirigían a toda clase de personas,

religiones en las que abundaban elementos mistéricos, mágicos y supersticiosos.