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Texto original basado en La Dialéctica de la Dependencia (1973) del economista y

sociólogo Ruy Mauro Marini (Minas Gerais, 1932 - Río de Janeiro, 1997)

“No hay relaciones equitativas en el capitalismo, sino no, no


funciona, se trata de suprimir las relaciones económicas
internacionales que se basan en el valor de cambio.”

Ruy Mauro Marini

Marini para tontos

Diana Gutiérrez Echeverría1

Desde la época colonial, América Latina fue entrando en la economía internacional a


partir del comercio que mantuvo sus colonias. Europa era el destino para las riquezas
encontradas en el Nuevo Mundo: Se explotaron minas en busca metales preciosos como
el oro y la plata, se crearon grandes centros azucareros para la producción de azúcar, y
muchos otros rubros más fueron explotados.
Pero en el siglo XIX, sucederían cambios que sacudirían el estado de las cosas.
Las revoluciones de independencia surgieron y con ello, el tipo de relaciones económicas
de América Latina con el mundo estaría a punto de cambiar. Se instalaron nuevas formas
de gobierno independientes de España, cuya principal dificultad era el construir países
soberanos fuertes, en un ambiente de pobreza, debilidad y ruina.

¿Y cuáles son las necesidades básicas para que un recién creado país mantenga
su independencia? No es muy difícil adivinarlo. Necesita dinero. Dinero y estabilidad
política. La generación de riqueza era necesaria para garantizar que la soberanía recién
conquistada no fuera algo pasajero. Pero la riqueza es difícil de conquistar.

En un mundo donde siguiendo el ejemplo de Inglaterra, el resto de Europa iba


remplazando el trabajo manual por el trabajo industrial a pasos agigantados, América
Latina, que había vivido bajo tutela de la atrasada España durante los últimos 300 años,
se encontraba a años luz de ello. No se tenía industria que compitiera con la europea, y
crearla en países donde la falta de recursos económicos era el pan nuestro de cada día

1
Licenciada en Historia por la Universidad Autónoma de Querétaro. Asistente de Investigación y becaria
investigadora (2012 - 2014) de la misma institución.

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parecía imposible… imposible al menos para quienes habían adquirido el poder político y
que decidía el futuro de cada país.

Sin embargo, América Latina parecía contar con una ventaja sobre Europa; muy
cacareada desde tiempos coloniales; sus riquezas naturales. Algunas de las riquezas
naturales, son conocidas también como materias primas. Estas se convirtieron en el
medio por el cual los países latinoamericanos tendrían que adaptarse al orden económico
mundial. La venta a países extranjeros de productos del campo, sumados al lino, el
algodón, las pieles, lana, cuero, oro, cobre y plata, entre otros, se convirtieron en el
sustento del pueblo latinoamericano. Se podría vender de todo, siempre y cuando lo
quisieran comprar.

Pero no sólo de pan vive el hombre. Las cosas manufacturadas industrialmente


parecían cada vez más necesarias, pareciendo irreal que la vida existiera antes de ellos.
Inglaterra se las arreglaba, después de todo ellos las producían en casa. Latinoamérica
no. La economía de América Latina se basaba únicamente en vender cosas al alcance,
cuya extracción dependía exclusivamente de la fuerza humana, por lo que el resto de las
cosas necesarias al interior de cada país, se tenían que comprar a países que sí los
fabricaban. Como Inglaterra.

Así, Argentina en 1860 desarrolló una economía basada principalmente en la lana,


una materia prima necesaria para la confección de prendas de vestir. Si los argentinos
necesitaban dinero para comprarse, digamos ropa y vino, vendían lana a países como
Francia e Inglaterra. Pero las cosas no son tan fáciles, pues Argentina no hacía ni ropa ni
vino. Con el dinero que habían ganado de vender lana, tenían que comprarle la ropa
hecha a Inglaterra, comprando con ello la lana de la cual estaba hecha –lana que ellos
mismos le vendieron- también debían pagar por el proceso de manufactura por la cual la
lana tuvo que haber pasado para convertirla en ropa, sin mencionar el transporte del viejo
continente a la Argentina. ¿Está de más decir que esta compra salía increíblemente
cara? Los argentinos tuvieron que vender mucha lana para poder comprar apenas unos
cuantos vestidos. ¿Y el vino? El vino lo compraban de Francia, seguramente para quitarse
el mal sabor de boca que esto les dejaba.2

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Dato: El consumo de vinos franceses en la Argentina había crecido desde 6 ¼ millones de
cuartos de galón en 1861 a 37 ½ millones en 1869.

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Este tipo de inserción de América Latina en el mercado, cumpliría con lo
establecido por el economista Adam Smith, donde cada nación desempeñaría una misión
en la gran danza de la economía mundial: Inglaterra compraba materias primas mientras
creaba una industria interna y a través de ella se convertían en productores mundiales de
manufacturas cada vez más necesitadas, tanto por Inglaterra como por el resto del
mundo, convirtiéndose con ello en una economía central; América Latina vendía alimentos
y materias primas. Compraban las cosas manufacturadas fabricadas por ingleses a mayor
precio, convirtiéndose en importadores por excelencia, pues no contaba con la tecnología
suficiente para hacer del algodón, el lino o la lana un vestido, un abrigo o telas preciosas,
al mismo tiempo que vendían su mercancía a menor precio, pues los países industriales
otorgaban menor valor a la materia prima que les era vendida, ya que tenía un mayor uso
hasta que se llevaba a cabo el proceso de manufactura, siendo ellos quienes tendrían que
terminar el trabajo.

A esta dinámica se le denomina INTERCAMBIO DESIGUAL, pues sólo una de las


partes se beneficia, mientras que la otra pierde. Es esta condición de intercambio desigual
que se inicia formalmente desde mediados del siglo XIX por la cual, se habla de una
dependencia de América Latina, es decir, que se inicia la subordinación de todos y cada
uno de los países latinoamericanos, desde la Patagonia hasta el Río Bravo, a las
relaciones de producción pautadas por las naciones más fuertes, es decir, las naciones
“centrales”. Los países débiles y dependientes, al no contar con la tecnología requerida
para crear sus propios bienes de consumo, continuaron exportando materia prima como
medio de ingreso para poder realizar las importaciones necesarias. Para lograr un margen
de ganancia más grande a través de sus exportaciones subestimadas, tendrían que
aumentar la producción de sus exportaciones.

Sin embargo, el sueño, la verdadera meta en el capitalismo es lograr no sólo


“ganancias más grandes”, sino AMPLIOS MÁRGENES DE GANANCIAS con lo que se
produce, manufacturado o no. Pero, ¿cómo sacar ganancias, si subir los precios no es
una opción? La respuesta de los hombres ricos dueños de las productoras en países
dependientes en el año de 1850, en 1900, en 1950, en el 2000, en el 2010 y sí, hoy en
junio de 2012 ha sido una misma estrategia: el aumento de la producción sobreexplotando
al trabajador. ¿Pero qué es eso del “aumento de la producción sobreexplotando al
trabajador”? Veamos.

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En la producción, existen varios componentes: Existe un hombre o familia
pudiente, personas que tienen el dinero para invertir en alguna forma de producción, a
través de la cual esperan obtener ganancias. A este hombre lo llamaremos en adelante
“hombre capitalista”. Existe otro componente, la mano de obra que hará posible la
producción, a través de su trabajo. A estas personas les llamaremos “trabajadores”. Otro
componente más son los medios con los cuales el trabajador realizará su trabajo, desde
las materias primas hasta la maquinaria necesaria para realizarlo. A este componente a
falta de imaginación le llamaremos “Medios de producción”. Así, el hombre capitalista
participa en el proceso aportando con su dinero los medios de producción, con la promesa
de obtener ganancias monetarias, mientras que el trabajador, participa aportando su
fuerza para trabajar, a cambio de una remuneración. Entonces hasta aquí tenemos:
hombre capitalista, trabajador y medios de producción. Esto sin embargo no explica, qué
es eso del “aumento de la producción sobreexplotando al trabajador”. Pues bien, en el
afán del hombre capitalista de una nación dependiente por obtener ganancias al precio
que sea, se llevarán medidas extraordinarias y radicales.

En un tipo de economía basada únicamente en lo que el extranjero puede


comprarte, se buscará el aumento de la producción para lograr más ventas. Pero esto irá
acompañado con el sacrificio que se hace del trabajador y no con la modernización de los
medios de producción como se hizo en Europa en los países industrialmente
desarrollados. En América latina, para que el hombre capitalista logre ganancias, se
intensifica el trabajo, se aumenta la jornada laboral del trabajador y se reduce el salario de
éste a niveles absurdos, permitiendo apenas su sobrevivencia. La obtención de ganancias
y su posterior acumulación por parte del hombre capitalista se basan en un ciclo, pero no
funciona de la misma forma en los países industrializados y en los no industrializados.

En una nación como Inglaterra, los productos que los hombres capitalistas venden
generan la retribución del dinero invertido más un amplio margen de ganancias. El dinero
previamente invertido y recuperado, se vuelve a invertir, cubriendo gastos como los
salarios de los trabajadores, el mantenimiento de instalaciones y la elaboración
especializada de sus productos en general, manteniendo un alto nivel de productividad,
mientras que las ganancias van directamente al bolsillo del hombre capitalista. En esta
dinámica, los hombres capitalistas reconocen que además de ser quienes fabrican sus
productos, los trabajadores son consumidores, por lo que los trabajadores obtienen
salarios suficientes para adquirir medios de supervivencia como comida, pero también,

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obtienen salarios suficientes para poder adquirir los productos que ellos mismos fabrican,
convirtiéndose en el mercado del hombre capitalista, quien logra el regreso de su
inversión con un margen de ganancia directamente a través de las compras que hace el
trabajador de sus productos, en complemento con el mercado al exterior. Esto sin
embargo, en América Latina no pasa.

En América Latina, la obtención de ganancias y su acumulación no se sustenta en


el mercado interno; no importa mucho que sus pobladores y trabajadores compren lo que
el mismo país produce. De hecho ni siquiera hay campañas enfocadas a su consumo
interno. Los productos están dirigidos a la exportación. Los metales, fibras textiles y la
madera son algunos ejemplos de ello. En Latinoamérica como en el resto de los países no
industrializados, no se reconoce que los trabajadores además de ser los encargados de
fabricar los productos que ofrecen, también son posibles compradores, por lo que no se
deja en sus manos ganancia alguna del arduo trabajo que realiza en las prolongadas
jornadas de trabajo, recibiendo a cambio un salario mínimo, llevándose así su
sobreexplotación.

Durante la primera mitad del siglo XX, se llevó a cabo la introducción de la


industrialización en América Latina. Con la introducción de la industrialización en América
Latina, se creyó que se llegaría a una economía independiente, tanto de las necesidades
de las grandes potencias económicas, como de la economía irremediablemente
importadora que se tenía. Se le otorgó a la industrialización la esperanza de lograr llegar
ser una economía central, como la de los países clásicos industriales. A partir de la
década de 1950, incluso fluyeron las teorías desarrollistas en donde los problemas
sociales y económicos se atribuían al poco desarrollo capitalista que había, por lo que
acelerarlo haría desaparecer aquellos problemas.

Sin embargo, por significativo que haya sido el desarrollo industrial en el seno de
algunas economías importadoras como México, Argentina, Brasil, o Chile, éstos países no
llegaron nunca a conformar una verdadera economía industrial que llevara consigo un
cambio cualitativo en su desarrollo económico dependentista, pues si lograron su
industrialización, no se debía en forma alguna a que se encaminaran hacia un futuro más
brillante, promisorio e independiente, como el de cualquier país anteriormente
industrializado. La industrialización latinoamericana no se creó como las economías
clásicas industrializadas, a partir de su propia demanda. Aquí, la industrialización fue

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creada para atender a una demanda pre-existente del exterior en el cambio de coyuntura
de las guerras mundiales.

La producción industrial continuó dejando fuera la participación de los trabajadores


como grupo demandante de bienes producidos al interior de los países, pues su demanda
ya está previamente dada, y no precisamente sobre el consumo popular. Por ello, más
que nunca, no hay relación entre los salarios y lo producido, continuando con una
sobrexplotación del trabajador, con la diferencia de que ahora se encuentra concentrada
en el sector industrial. Así, contrario a lo que se quiera pensar, la industrialización en
América Latina no se dio como logro interno, alejado del resto del mundo. El tipo de
industrialización en América Latina se estructuró en función de las necesidades del
mercado de los países avanzados, como cambio forzado desde el mismo sistema
capitalista, siendo los mismos preceptos sobre los que se había estructurado su economía
dependentista - importadora - no manufacturera de mediados del siglo XIX. Y es que el
fruto de la dependencia no puede ser por ende sino más dependencia.

El momento en que las economías industriales dependientes van a buscar en el


exterior la tecnología que les permita acelerar su crecimiento, es aquél también en el que,
a partir de los países centrales tienen origen importantes flujos de capital hacia ellas,
flujos que les aportan la tecnología requerida. Así, todos los avances que la
industrialización en América Latina ha dado en las últimas décadas, no corresponden a
otra cosa más que a una nueva división internacional de trabajo, sobre el cual se
transfieren a los países dependientes etapas inferiores de la producción industrial,
reservándose a los centros imperialistas las atapas más avanzadas.

La liquidación de la dependencia, supone necesariamente la supresión de las


relaciones de producción hasta ahora llevadas al interior y con el exterior. América Latina:
“…no podrá nunca desarrollarse de la misma forma como se han desarrollado las
economías capitalistas llamadas avanzadas. Es por lo que, más que un precapitalismo, lo
que se tiene es un capitalismo sui generis que sólo cobra sentido si lo contemplamos en
la perspectiva del sistema en su conjunto, tanto a nivel nacional como, y principalmente, a
nivel internacional.” 3

3
Jesús Silva Herzog,”El comercio de México durante la época colonial” en Memoria del colegio
nacional en
http://www.colegionacional.org.mx/SACSCMS/XStatic/colegionacional/template/pdf/1956/05%20-

6
%20Ciencias%20Economicas%20y%20Sociales_%20El%20comercio%20de%20Mexico%20duran
te%20la%20epoca%20colonial%20por%20Jesus%20Silva%20Herzog.pdf , p.52.