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COMPUTAR A LOS MUERTOS

Cristina Rivera Garza escribe sobre/desde/en/contra hoy


Por Luis Bañuelos

“¿Cómo escriben los que escriben?” La pregunta retumba y

fluye por la web. Abundan decálogos y listas de consejos de

escritores consagrados para los neófitos, desde los clásicos

hasta los más recientes. Más interesante aún, abundan los

infográficos con todo tipo de información sobre la vida

cotidiana de, sobre todo, novelistas: tiempo que les tomó

escribir su obra más famosa, rutina diaria, edad a que

publicaron su libro más famoso, su fuente de dinero… Es rara Los muertos indóciles (2013).
Cristina Rivera Garza. Tusquets,
la entrevista o perfil de gran autor que no incluye preguntas 2013, 300 pp.

sobre su rutina y sus hábitos extra-literarios (¿cómo, si no, sé que Jonathan Franzen sale a ver

aves para desestresarse y escribe con una laptop sin tarjeta wifi ni puerto ethernet?).

Cristina Rivera Garza intenta responder esta pregunta en Los muertos indóciles.

Necroescrituras y desapropiación, el libro de ensayos que publicó hace cinco años. Las piezas

que lo componen exploran las obras de autores contemporáneos, con énfasis en la poesía y la

producción mexicana, mapeando sus respuestas a los dos recent developments que más retan

los conceptos tradicionales de escritura: la revolución digital y la necropolítica.

Los L=A=N=G=U=A=G=E poets americanos forman parte de la tradición experimental que


@criveragarza invoca.
La primera es la que más obviamente trastoca los procesos escriturales y lectura. Los

gobiernos siempre han tenido autoridad sobre la muerte (véase, si no, a Antígona), pero estos

aún son los primeros años del Google Translate, el Big Data y el copy-paste. Sobre todo en el

segundo, quinto y sexto ensayo, Rivera Garza (o más bien @criveragarza) escoge y disecciona

ejemplos de escritores actuales que experimentan con la nueva relación con el lenguaje que las

nuevas tecnologías llamadas compiuter, smartphone, Google, Word, etc., alientan y hacen casi

inevitable. Entre ellos, Sara Uribe y su Antígona González (disponible gratis aquí), los

L=A=N=G=U=A=G=E poets estadounidenses, la poesía conceptual de Kenneth Goldsmith, y

varias cuentas de Twitter, entre las que destacan @diamandina y su esposo, @albertochimal, el

poeta @viajerovertical y el proyecto @Elhombredetweed. Sin embargo, el mejor ensayo para

mí es el cuarto, justo a mitad del libro, titulado “Mi paso por tránscrito: planetarios,

esporádicos, exofónicos.” Esta reflexión sobre el multilingüismo y el verdadero significado de

una poesía planetaria o global es profundamente personal y a la vez porta la fuerza explicativa

de una curiosidad voraz encaminada por las preguntas, intuiciones y lecturas correctas.

Los muertos indóciles es un gran compendio de recomendaciones (muchas de ellas

cargadas de sospecha) e interrogaciones para las personas que quieran embarcarse en el reto

que Rivera Garza plantea, siguiendo a Agamben, como la obligación de todo escritor: el

constante esfuerzo por ser contemporáneo.

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