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La Meditación (Parte 1)

“Todo es Él, y en todo está Él, Causa Suprema y única de toda vida, así de lo más grande
y hermoso, como de lo más pequeño y hasta despreciable.
“Con la mayor solicitud que cuida un labriego sus sembrados, un pastor su rebaño, y un
padre sus hijos, vigila y cuida la Eterna Providencia del Padre sus obras todas, sus
creaciones inmensas, ilimitadas, sin término ni medida, y cuyos alcances infinitos no
puede abarcar nicomprender la humana inteligencia, mientras se mantiene obscurecida
por la envoltura física que reviste en este planeta.“Vuestra oración sea para esto; para
conocer la grandeza de Dios y su Amor infinito y eterno, a todas sus obras, a las cuales
somete a la invariable ley de la renovación y transformación permanente, hasta llegar a
la suprema perfección.
“Yo os preparo para ser maestros de vuestros hermanos, y vuestra oración no ha de ser
siempre para pedir el pan de cada día y el alivio de un dolor. Hora es ya de que olvidéis
a momentos, vuestra materia física, para pensar en la inefable belleza de la Esencia
Divina que anima todo lo creado.
“Cuando habréis conseguido dar ese gran paso en vuestro camino hacia el Infinito, o sea,
olvidaros de vosotros mismos para absorberos en Él, será cuando más cuidados y
vigilados estáis por Él, hasta el punto de que sin pedirle nada para vuestra vida material,
lo tendréis todo con generosa abundancia. Es así de generoso y excelso el Divino Amor,
cuando las almas se le han entregado por completo.
“Yo os preparo asimismo, para ser los continuadores de mi enseñanza salvadora de la
humanidad terrestre.Muchas veces me habéis oído decir: “Yo soy el camino, la verdad y
la vida. Soy luz para este mundo y quien me sigue no anda en tinieblas”.
“Y así como para entrar a participar del festín de bodas del hijo de un rey, necesitáis
invitación especial y traje especial, os digo: la invitación os la traigo yo, pero el traje lo
debéis buscar vosotros. Os hablo en un símbolo que tiene perfecta aplicación en este
caso. Con mi enseñanza íntima os abro la puerta del Divino Conocimiento, que es el
festín del hijo del rey. El traje especial, es la purificación de vuestra alma, mediante el
rechazo enérgico y firme de todo pensamiento y acto contrario a la Ley Divina, y
después, mediante el amor de Dios y del prójimo manifestado no con palabras, sino con
hechos dignos del verdadero servidor de Dios, que ama en Él y por Él, a todas sus
criaturas.
Algunos de vosotros iniciasteis esta purificación al comienzo de vuestra vida. Otros la
habéis iniciado después, y para hacerla eficiente en alto grado, cuando os reunisteis en
torno mío os envié por setenta días al Santuario del Tabor, donde los Ancianos maestros
os enseñaron a fondo el modo de tejer la túnica especial para el festín simbólico,
representación de la unión del alma con la Divina Sabiduría.
“Realizada esta unión por la purificación del espíritu, Ella comienza a entregarnos uno a
uno sus eternos secretos, para que uséis de ellos en bien de vuestros hermanos menores.
“Me habéis visto curar todas las enfermedades y aliviar todos los dolores humanos. Me
habéis visto calmar las tempestades en el mar y en la tierra, paralizar la acción delictuosa
de los seres malvados, desaparecer de pronto en medio de una multitud, llamar a la vida
a los que antes de hora la dejaban.
“Y vosotros deberéis hacer lo mismo cuando yo haya vuelto al Padre y marchéis por mi
camino sin mi presencia material.
Un murmullo de voces interrumpió nuevamente al Maestro que sonreía con su habitual
bondad, viendo los azorados ojos de los presentes.
— ¡Maestro!..., ¡es sueño..., puro sueño el pensar que podamos nosotros hacer tus
mismas obras!...
— ¡Sueños!..., ¡ilusiones!..., quimeras que no llegarán a realizarse jamás.
Cuando se acallaron los murmullos pesimistas y desesperanzados, el Maestro continuó
su enseñanza íntima.
—Os dije que ya es hora de que vuestra oración haga algo más que pedir el pan de cada
día, y que elevándose por encima de todo interés personal, busquéis la unión con la
Divinidad, eterna dueña de todos los poderes que conocéis y los que no conocéis.
“Entre las infinitas moradas del Padre hay estancias radiantes, que si pudierais verlas de
cerca os deslumbrarían y acaso os cegarían. No son habitación de humanidades, sino
inmensos depósitos o fuentes de esencia elemental viva o energía latente, que espera
indefinidamente su evolución futura.
“Mientras va llegando parcialmente esa hora, esta energía latente o esencia viva, puede
ser utilizada y llamada a actuar por los pensamientos y deseos vehementes de las
inteligencias humanas, encarnadas o desencarnadas. De ella he usado yo para realizar las
obras que conocéis en beneficio de los doloridos y enfermos de la tierra.
“Habéis visto que para mí, la oración me ocupa más tiempo que la comida, y que varias
veces al día, me aparto de vosotros para orar. “¿Qué pedirá el Maestro?, os habéis
preguntado más de una vez. “¡No pido nada! ¡Mi oración es como el que acude ansioso
y anhelante a una cita de amor, en que sé que soy ardientemente esperado, la Divinidad
y yo somos entonces dos enamorados vehementes, que nos deseamos con un ansia
incontenible! ¡Ella es siempre la que da y yo el que recibe siempre los dones inagotables
que manan como si fueran la sangre viva de un corazón que no se agota jamás!... Mi
pensamiento se convierte allí, en una gran fuerza tan poderosa como un vendaval que va
de polo a polo rozando la Tierra, llevando en sí mismo el bien, la salud, la paz, la infinita
dulzura de su fuente de origen, en la medida de mi deseo.
“El pensamiento arrastra entonces consigo, inmensa cantidad de esa esencia elemental
viva o energía latente, tan dócil al pensamiento que obra en ella que se torna en vitalidad
para los organismos debilitados, gastados y deshechos; en fuerza moral para los
enfermos del alma; en vida nueva para los que acaban de dejarla antes de su hora; en
invisible freno para las corrientes atmosféricas que producen las tempestades; en sutil
corriente etérea que puede trasportarme en un instante para impedir un accidente
desgraciado que afecta a seres inocentes.
“Todo esto y mucho más, recibe el ser que se sumerge por el amor en la Divinidad,
mediante ese acto tan silencioso y sutil que llamamos oración. Es el pensamiento unido
a la Divinidad, con la cual llegan como en un magnífico cortejo nupcial, las grandes
alianzas espirituales que todo ser, se va creando en el correr de los siglos y de las edades,
y con las cuales llega a formar un solo pensamiento, un solo sentir, un solo amor.
“Nunca es una sola inteligencia la que realiza las obras que el vulgo llama maravillosas.
Es la unión de inteligencias afines, la unión de pensamientos y de voluntades, la unión
soberana en el amor quien realiza en los planos físicos las hermosas creaciones del deseo
puro, santo, nobilísimo, germinado en un alma enamorada de Dios y de sus semejantes.
“Es evidente que la capacidad de poner en movimiento benéfico esasenergías latentes o
esencia viva de que os hablo, está en relación conla evolución y progreso espiritual y
moral de cada ser.
“Por eso os hice comenzar vuestra senda de cooperadores míos, conaquella purificación
de setenta días entre los Ancianos maestros delTabor.
“Por eso Yohanán el Profeta-mártir, vació esas energías latentes o esencia viva en las
aguas del Jordán, y sumergió en ellas a todos lo que acudían a él en demanda de salud,
consuelo, paz y esperanza. “El agua y el vino que bebisteis entre los Ancianos del Tabor;
el pan y los frutos de la tierra que saciaron vuestra necesidad, impregnados estaban en
esa fuerza viva que es fluido en el éter, esencia en el líquido, átomo en los cuerpos, gas
en la atmósfera, bruma acariciante y tibia en el resplandor dorado del fuego del hogar.
Todo esto fue vuestra purificación inicial, y debido a ella os sentíais renovados, como
hechos de nuevo, según lo que vosotros mismos me dijisteis cuando llegué a sacaros de
vuestro retiro”.