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Juzgar al libro por su portada: paratextos y autoridad en los tratados de teología

natural ingleses del siglo XVII

Federico Guillermo Andrade Marambio (IdIHCS, UNLP / CONICET)

Introducción

Aunque se desarrolló en diferentes partes de Europa, la teología natural es


quizás una de las producciones intelectuales más distintivas de la Inglaterra de los
últimos Estuardo. Tres características distinguen la tradición teológico-natural inglesa.
En primer lugar, la cantidad de libros y sermones publicados sobre el tema entre 1650 y
1715 no tiene paralelo. Katherine Calloway identificó más de cincuenta títulos impresos
en la segunda mitad del siglo XVII, muchos de los cuales fueron reimpresos varias
veces en ese período1. En segundo lugar, figuras intelectuales destacadas de la época,
como Robert Boyle, John Ray, John Wilkins y Joseph Glanvill contribuyeron a la
discusión. Finalmente, en tercer lugar, el vocabulario y los problemas de la teología
natural se volvieron un “tema de debate que podía involucrar a la sociedad educada y no
sólo a los eruditos”2. Los historiadores tendieron a explicar este fenómeno en términos
de los cambios intelectuales de la época, particularmente, la renovación de la filosofía
natural comúnmente conocida como “Revolución Científica”. La teología natural fue
utilizada en la apologética cristiana para demostrar que la creencia en Dios era
“razonable” y en filosofía natural, para legitimarse a sí misma como una actividad
piadosa. Esta “santa alianza” de ciencia y religión condujo a un discurso dirigido contra
las fuerzas destructivas como el escepticismo filosófico, el ateísmo, y la degeneración
social3.
Esta tesis, aunque no es falsa, no cuenta toda la historia. La dinámica del medio
intelectual puede dar cuenta de la impresionante producción sobre teología natural,
incluso del interés de los filósofos naturales sobre el tema, pero no explica cómo la
teología natural se convirtió en, como Edward Stillingfleet lamentaría en 1693, “un
asunto de discurso demasiado común y público”4. ¿Cómo lograron los filósofos
naturales alcanzar e influenciar las discusiones sobre religión más allá del restringido
mundo de estudiosos y filósofos? En esta ponencia plantearé que la respuesta a esta
pregunta no se encuentra en los contenidos de la literatura sobre teología natural sino en
sus paratextos: portadas, dedicatorias, prefacios y listas de libros a la venta5. Sostendré
que los usos de estos elementos por los autores y los editores/vendedores de libros
sugieren que el éxito y supervivencia de esa “santa alianza” dependía de su asociación
con aliados no tan santos: la reputación social, el mecenazgo, y la búsqueda de
ganancias6.

Paratextos y estrategias autorales: la teología natural del manuscrito a la imprenta

Imprimir y vender libros en Inglaterra durante la modernidad temprana no era un


asunto sencillo. Editores e impresores de libros tendían a favorecer inversiones seguras,
como la Biblia o la literatura devocional barata, por sobre proyectos más complejos de
ganancias inciertas como los tratados de teología natural7. Además de la falta de
entusiasmo de los posibles clientes, las sospechas de heterodoxia podían limitar la
impresión legal y circulación de un texto, contribuyendo a su fracaso comercial. Los
teólogos naturales, por lo tanto, debían desplegar una serie de estrategias para minimizar
estos riesgos, superar la reticencia de los editores e impresores, liberar sus obras de toda
acusación de impiedad, y garantizar una buena recepción por parte del público lector.
Para los autores era fundamental presentarse como voces autorizadas en asuntos
religiosos y esto es especialmente evidente en las portadas de los tratados sobre teología
natural, el primer elemento que un posible cliente o lector. Como señaló Genette, “la
credibilidad del testimonio, o de su transmisión, descansa en buena parte sobre la
identidad del testigo o de la persona que lo reporta”8. En el caso de los teólogos
naturales de la modernidad temprana, tal identidad incluía la educación y, como se verá
más adelante, una buena posición social y buenas conexiones9. Por ejemplo, The
Wisdom of God Manifested in the Works of Creation indicaba cuidadosamente que su
autor, John Ray, era miembro de la Royal Society y que había sido también miembro
del Trinity College en Cambridge. Henry More era miembro Christ College, también en
Cambridge, tal como es anunciado en la portada de su Antidote against Atheism. El caso
más interesante en el uso de credenciales es, quizás, el de los cambios realizados en las
portadas de las sucesivas ediciones de Origines sacrae de Edward Stillingfleet para
reflejar el avance del autor en la jerarquía de la Iglesia de Inglaterra. En la primera
edición es presentado como “Rector de Sutton en Bedforshire.” Otras credenciales le
siguieron: apareció entonces como “B.D.” [Bachiller en Teología] (1666), “D.D.”
[Doctor en Teología] y “Capellán Ordinario de su Majestad” (1675) así como también
“Deán de St. Paul’s” (1680) y finalmente “Obispo de Worcester” (1701)10.
Las credenciales educativas eran complementadas por otro elemento que
aparecían en las portadas, los epígrafes – comúnmente uno o dos pasajes breves de
autores clásicos, los padres de la iglesia o la biblia. Los epígrafes ofrecían a posibles
lectores una muestra de la erudición del autor y quizás de la calidad de la obra. Genette
los calificó como “contraseñas de intelectualidad”11, en tanto que funcionaban como un
código compartido por autores y lectores, en especial si las frases seleccionadas
aparecían en griego o en latín y, por lo tanto, sólo apreciadas completamente por
aquellos pocos que dominaban esos idiomas. Por ejemplo, Henry More y Ralph
Cudworth eligieron pasajes en griego: el primero citó a Aristóteles y al Corpus
Hermeticum en su Antidote Against Atheism12, mientras que el segundo eligió un
pensamiento de Orígenes para su True Intellectual System of the Universe13,
Stillingfleet eligió para Origines sacrae una frase tomada de Lactancio, citada en latín,
y un versículo de la Segunda Epístola de Pedro, escrita en inglés14.
En los prefacios de sus obras, los autores se ubicaban a sí mismo dentro de una
tradición intelectual establecida y respetada. Stillingfleet consideró Origines sacrae
como una continuación de las apologías de Philippe de Mornay, Hugo Grocio y Moisés
Amyraut15. Stillingfleet mismo, junto a Henry More, Ralph Cudworth, Samuel Parker y
Robert Boyle eran, según Ray, los antecedentes más relevantes de su The Wisdom of
God16. Al mismo tiempo, sin embargo, los autores debían justificar las razones detrás de
la preparación de un nuevo libro sobre un tema acerca del cual tantos pensadores habían
escrito tan bien. Los prefacios y las dedicatorias eran utilizados para expresar la
importancia, novedad y “seasonableness” de su obra, generalmente bajo la forma de una
condena pública de los tiempos que vivían. Por ejemplo, en el prefacio de su
Cosmologia sacra, Nehemiah Grew lamentó las “muchas opiniones insolentes,
especialmente de los antiescrituristas, que han sido publicadas en los últimos años,”
cuyo resultado fue que “no sólo los hombres de erudición, sino los ciudadanos mismos
[...] están infectados peligrosamente”17. De manera similar, Ralph Cudworth describió
su época como “una era de tanto libertinaje, escepticismo e infidelidad” en la
dedicatoria de su True Intellectual System of the Universe18. Stillingfleet afirmaba que
más allá de los méritos de los autores del pasado, siempre era necesario actualizar la
defensa del cristianismo y, en este sentido, concibió su Origines sacrae para enfrentar el
problema “de forma más acorde al temperamento de esta época”19. Además de la
novedad, Ray mencionó cuatro razones adicionales que servían para justificar la
existencia de su The Wisdom of God: su libro estaba escrito de forma clara y se ajustaba
mejor al entendimiento del público, compilaba en un único volumen muchas referencias
desperdigadas en muchos libros, fomentaba el interés por el tema y le permitía utilizar
su conocimiento para cumplir con su vocación sacerdotal20.
Ocasionalmente los prefacios eran usados por el autor (o el editor) para resaltar
cualquier modificación, agregado o diferencias de una nueva edición respecto de las
anteriores de la misma obra. Un caso interesante es la tercera edición de los Three
Physico-Theological Treatises (1713) de Ray. Dado que esta edición fue publicada
después de la muerte del autor, William Derham escribió un nuevo prefacio explicando
que las modificaciones habían sido realizadas por el autor y que, por lo tanto, eran
legítimas. También incluyó una lista de las adiciones y modificaciones hechas al libro,
anotando cuidadosamente las páginas en las que podían ser encontradas, de manera tal
que aquellos que habían adquirido la segunda edición “puedan transcribirlas, si piensan
que vale la pena”21.
Atraer la atención de un posible lector era, de acuerdo con Genette, la primera
función del prefacio; la segunda era “lograr que el libro fuera leído de forma correcta”22.
Los teólogos naturales solían resumir sus argumentos, especialmente en el caso de los
tratados más largos. Cudworth, por ejemplo, escribió un prefacio de dieciséis páginas
para su True Intellectual System of the Universe en el que sintetizaba la estructura y los
argumentos principales del libro. También explicó detalladamente las dificultades que
habían surgido durante el proceso de redacción, especialmente cuáles habían sido los
temas que se vio obligado a dejar fuera, con la intención de responder de forma
anticipada a posibles críticas de su obra. Controlar y limitar las interpretaciones posibles
de un texto era un problema fundamental para los teólogos naturales, porque la
discusión filosófica de asuntos religiosos, incluyendo a la teología natural, podía llevar
al escepticismo, la heterodoxia y el ateísmo. Edward Stillingfleet consideraba que la
“religión natural” era utilizada como “una mera impostura y disfraz para evitar una
acusación más odiosa”23. Consciente de que los “oponentes del ateísmo han incurrido en
la sospecha, o por lo menos sufrido bajo la acusación, de ser meros teístas o sólo
partidarios de la religión natural, y por lo tanto de no ser sinceros creyentes del
cristianismo, o amigos de la religión revelada,” Cudworth consideró necesario declarar
abiertamente en el prefacio a su True Intellectual System su “inconmovible creencia, y
firme convicción, en la verdad de la doctrina cristiana en su totalidad”24.
La profesión de fe de Cudworth sugiere que los teólogos naturales nunca estaban
demasiado lejos de la heterodoxia. La protección de mecenas poderosos en la corte y en
la iglesia era, por lo tanto, una ventaja invaluable. Las dedicatorias servían para
fortalecer la reputación de los autores a través del reconocimiento público de sus
relaciones personales, de la misma manera que los epígrafes eran las “contraseñas de
intelectualidad” que legitimaban su posición en los círculos eruditos. Cosmología sacra
de Grew fue dedicada a Guillermo III, Thomas Tenison (Arzobispo de Canterbury) y
John Sharp (Arzobispo de York). Glanvill dedicó su Philosophia Pia al Obispo de
Salisbury, Seth Ward, mientras que Ray dedicó sus Physico-Theological Treatises a
John Tillotson, Arzobispo de Canterbury25. Cudworth escribió su carta dedicatoria para
Heneage Finch, miembro del Privy Council de Carlos II, pero también obtuvo un
imprimatur de Samuel Parker (Obispo de Oxford) y Gilbert Sheldon (Arzobispo de
Canterbury)26.
El mecenazgo también preservaba a los autores de complicaciones financieras,
por lo que las consideraciones económicas solían estar detrás de algunas dedicatorias.
Un joven Edward Stillingfleet dedicó Origines sacrae a Sir Roger Burgoine, quien le
había conseguido un puesto como rector en Sutton. Ray reconoció que su vida
intelectual fue posible gracias al apoyo económico de Francis Willoughby y su
hermana, Lady Wendy, a quien dedicó su The Wisdom of God27. Aunque las
dedicatorias eran formas en que las reglas y convenciones sociales de la época eran
inscritas en el texto, nos recuerdan que la escritura de la teología natural, sin importar
cuán popular fuera el género, era una actividad precaria. La falta de dinero o reputación,
o las sospechas de heterodoxia, podían hacer que un manuscrito no llegara a la imprenta
o que circulara con mucha dificultad.

Paratextos y estrategias de los vendedores de libros: la teología natural, de la


imprenta al mercado

Más allá de los propósitos piadosos de los autores y el brillo de sus argumentos,
un tratado de teología natural era una mercancía. Los editores y vendedores de libros
sabían que el aspecto de un libro y sus elementos paratextuales eran parte esencial de su
atractivo comercial. “Un buen compositer”, escribió Joseph Moxon, debe “hacer que el
significado de su autor sea inteligible para el lector, de manera tal que su obra se
muestre elegante ante el ojo y agradable para la lectura”28. La elección del formato
podía ser usado para indicar la calidad de un libro. La mayoría de los tratados de
teología natural eran impresos en octavo, como The Wisdom of God, de Ray y
Philosophia Pia de Glanvill. Sin embargo, otros libros eran impresos en formatos más
grandes para un público lector más exclusivo. Por ejemplo, ediciones más tardías de
trabajos consagrados, como Antidote against Atheism de More y Origines sacrae de
Stillingfleet, eran impresos en folio29. En algunos casos, tinta roja era utilizada para los
títulos, “como decoración y para sugerir autoridad”30, como en el caso de los tratados de
More, Stillingfleet y Grew ya mencionados31.
Los vendedores de libros deseaban tanto como los autores resaltar la novedad de
una obra en particular y hacer que cada nueva edición fuera tan diferente respecto de las
anteriores como fuera posible. La portada de la tercera edición de los Physico-
Theological Treatises anuncia que el libro fue “ilustrado con grabados y mucho más
ampliada que ediciones anteriores a partir de los manuscritos del autor”32. A veces,
nuevas ediciones eran preparadas a partir de la iniciativa de los vendedores de libros,
como indicó Glanvill en su Philosophia Pia33. Sin embargo, los vínculos legales ente
vendedores de libros y autores podían prevenir la aparición o permanencia de un tratado
de teología natural en el mercado. William Derham mencionó en su prefacio a la tercera
edición de los Physico-Theological Treatises que su preparación comenzó en 1703,
cuando el autor envió unos manuscritos “a sus vendedores de libros, que habían
insistido mucho por ellos, deseosos de una tercera edición, la impresión anterior
habiendo sido vendida y el libro muy demandado, tal como dicen en sus cartas”34.
Diversas complicaciones complicaron la aparición de esa tercera impresión por diez
años: el “vendedor de libros principal” estaba enfermo y murió, luego falleció también
su socio. Dado que ambos tenían el “derecho de la copia”, la impresión de una nueva
edición tuvo que esperar “hasta que el derecho de esta y otras copias de Mr. Ray llegara
a las manos de otro”35.
Las ediciones póstumas otorgaban a los vendedores de libros una mayor libertad
para mejorar el atractivo de los tratados de teología natural. Henry Mortlock, el
vendedor de libros de Edward Stillingfleet, imprimió la séptima edición de Origines
sacrae con varios agregados. En primer lugar, incluyó un grabado con el retrato del
autor. En segundo lugar, agregó “parte de otro libro sobre el mismo tema, escrito en el
año 1697. Publicado a partir del manuscrito del autor”36. Aparentemente, Stillingfleet
había comenzado una revisión de su obra para acercarla más a las discusiones
filosóficas de la época. Mortlock hizo diseñar una portada interna para que el lector
tuviera una idea de cómo se habría visto el libro. Si bien el título del libro se mantuvo
igual (Origines sacrae: or, a Rational Account Of the Grounds of Natural and Reveal’d
Religion) el subtítulo fue cambiado para reflejar el nuevo interés: “Wherein The
Foundations of Religion, and the Authority of the Scriptures, are asserted and clear’d.
With An Answer to the Modern Objections of Atheists and Deists”37. La elección de la
tipografía no era arbitraria, en tanto que un compositer “lee juiciosamente su portada y
considera qué palabra o palabras tienen el mayor énfasis”38. El uso de mayúsculas y un
mayor tamaño servía para resaltar las palabras clave que definían el libro para atraer la
mirada de posibles lectores o clientes, y en este caso, la elección de grandes mayúsculas
para “Rational Account”, “Atheists”, y “Deists” es muy sugerente.
Años más tarde, Mortlock comenzó la preparación de una edición definitiva que
comprendiera todas las obras de Stillingfleet, incluyendo Origines sacrae en el segundo
volumen. Un proyecto editorial de tal magnitud era una operación arriesgada por lo que
aparentemente recurrió a suscripciones. El primer volumen, una compilación de
cincuenta sermones, incluía una lista de los nombres de algunos suscriptores, entre los
que se encontraban el Duque de Bedford, varios obispos de las iglesias de Inglaterra e
Irlanda, maestros de los colleges de Cambridge y Oxford, caballeros, y varios
vendedores de libros. Aunque este reconocimiento público era esperado como
contrapartida del apoyo económico, la lista también servía para promocionar la
colección al asociarla con personajes que disfrutaban de una buena posición social39.
Además de la lista, la colección de seis volúmenes presentaba, nuevamente, el
retrato del autor e incluía una biografía anónima que resumía la vida y celebraba los
logros intelectuales del fallecido autor. En relación con su mayor contribución a la
teología natural, su biógrafo escribió:
“En este mismo año de 1662, publicó también su Origines Sacrae, una obra de gran
extensión y variedad de erudición admirable, y escrita con tal perspicacia de expresión, tal
solidez de juicio, y fuerza argumental, que bien podría haber sido estimada el fruto de la
labor de alguien que tuviera más del doble de años que su edad. [...] Habiendo sido
siempre estimada con justicia una de las mejores defensas de la religión revelada que
jamás haya existido en nuestro idioma o en cualquier otra lengua, y si nuestros deístas
modernos se aplicaran de corazón y con imparcialidad a su estudio, se podría esperar que,
con la bendición de Dios, podrían encontrar un antídoto eficaz para su escepticismo e
infidelidad”40.
Aunque sin dudas la erudición de Stillingfleet era impresionante, las palabras elegidas
por el biógrafo para describir su obra no estaban exentas de consideraciones
económicas. Origines sacrae es promocionado eficientemente como “uno de los
mejores” libros de su tipo – y para el momento en que se escribe esta biografía aquellos
ya eran muchos -, capaz de curar a los “deístas modernos” de su “escepticismo e
infidelidad” por la mera fuerza del conocimiento, la retórica y la argumentación.
Una manera más simple de promocionar otros libros era la inclusión de listas,
ubicadas antes o después del cuerpo principal del texto. Ocasionalmente, los vendedores
de libros mencionaban todas las obras que tenían a la venta, incluso cuando los títulos
no tuvieran mucho en común, tal como se ve al final de la Philosophia Pia de
Glanvill41. La mayor parte de las veces, aparecían en las listas los otros libros escritos
por el mismo autor que estaban a la venta. William Innys prefería generalmente esta
última opción. Sin embargo, incluyó al final de los Physico-Theological Treatises de
Ray un breve aviso sobre un libro sobre el mismo tema pero escrito por otro autor:
Physico-Theology, “con extensas notas y muchas observaciones curiosas. Nunca antes
publicado. Por W. Derham, Rector de Upminster en Essex, y F.R.S. [miembro de la
Royal Society]”42. Esta noticia confirma, nuevamente, la importancia de las
credenciales y la novedad de una nueva obra. Más importante aún, sugiere que incluso
cuando los vendedores de libros buscaban la forma de aumentar sus beneficios,
ayudaron a contextualizar los tratados de teología natural en relación con otros,
reforzando de esta manera las genealogías intelectuales que los autores elaboraban para
sí mismos y convirtiendo la teología natural un género reconocible en el mercado de
libros.

Conclusión

Aunque la filosofía natural inglesa del siglo XVII proveyó a la apologética


cristiana de nuevas evidencias acerca de la complejidad y perfección matemática del
mundo natural que parecían confirmar que había una Providencia detrás de su creación
y mantenimiento, en contra de lo que afirmaban ateos y escépticos, la “santa alianza” no
descansaba solamente en la fuerza de los argumentos y en la solidez de la evidencia
para influenciar las discusiones públicas acerca de la religión. En efecto, había varios
factores conspirando contra ella. Incluso si eran escritas en defensa de la ortodoxia, un
énfasis demasiado fuerte en la razón a expensas de la autoridad de las Escrituras podía
hacer que los tratados de teología natural fueran acusados de tener tendencias
heterodoxas, o peor aún, de esconder intenciones ateas. Además, en tanto estos tratados
no eran una inversión tan segura como la venta de biblias o guías baratas para una vida
piadosa, la posibilidad de la censura hacía que los riesgos financieros de los vendedores
de libros fueran aún mayores.
El análisis de los elementos paratextuales indica que los autores y vendedores de
libros desplegaron diversas estrategias para superar estos obstáculos. Los autores
mostraban sus credenciales, se ubicaban en una tradición intelectual, enfatizaban la
importancia de sus obras al mismo al tiempo que evocaban la difusión del escepticismo
y el ateísmo en sus tiempos, y trataban de minimizar la posibilidad de interpretaciones
incorrectas al ofrecer vías de acceso a sus trabajos, así como también al manifestar
claramente la firmeza de su fe en la religión natural y revelada. Los vendedores de
libros concentraban la mayor parte de sus esfuerzos en el aspecto material de los
tratados. La elección de formato, la impresión en dos colores, el agregado de retratos,
manuscritos inéditos, incluso biografías, servían para reforzar las estrategias autorales.
Aunque estos elementos parecen ser poco importantes comparados con la complejidad
de los contenidos de estos tratados, en tanto poseedores del “derecho de la copia” los
vendedores de libros eran fundamentales para mantener a la teología natural como un
tema actual de discusión.
Sin embargo, los paratextos también sugieren que la integración de los
problemas y vocabulario de la teología natural en el discurso público no podría haber
sido posible sin las relaciones de mecenazgo. En efecto, considero que esto fue lo que
convirtió a la teología natural inglesa del siglo XVII como un fenómeno singular y
duradero. Su asociación con mecenas poderosos e influyentes en la corte y en la Iglesia
de Inglaterra estableció a la teología natural como un proyecto intelectual prestigioso y,
por lo tanto, contribuyó a su recepción y difusión en la sociedad educada. En
conclusión, la asociación de autores, vendedores de libros, y mecenas hicieron que la
teología natural emergida de la “santa alianza” de la ciencia y la religión fuera una
actividad digna para un caballero y una empresa comercial exitosa.

1
Calloway, K. Natural Theology in the Scientific Revolution God’s Scientists. Londres, Pickering &
Chatto, 2014, 21-23
2
Mandelbrote, S. “Early Modern Natural Theologies.” En: Manning, R. (ed). The Oxford Handbook of
Natural Theology, Oxford, Oxford University Press, 2015, 86. Traducción propia.
3
Westfall, R. S. Science and Religion in Seventeenth-Century England. Hamden, Archon Books, 1970;
Henry, J. The Scientific Revolution and the Origins of Modern Science. Basingstoke, Palgrave Macmillan,
2002; Williamson, Karina. “From Heavenly Harmony to Eloquent Silence: Representations of World
Order from Dryden to Shelley.” The Review of English Studies, New Series, 55, 221, 2004, 527–544. La
expresión “santa alianza” para describir la articulación de la ciencia con la apologética religiosa pertenece
a Gascoigne, J. Cambridge in the Age of the Enlightenment: Science, Religion, and Politics from the
Restoration to the French Revolution. Cambridge; New York, Cambridge University Press, 1989.
4
Stillingfleet, E. “Sermon XXXI. Preached before the King and Queen at White-Hall on Christmas-Day,
1693.” In The Works of That Eminent and Most Learned Prelate, Dr. Ed. Stillingfleet, Late Lord Bishop
of Worcester. Together with His Life and Character, Vol. 1. “Fifty Sermons Preached upon Several
Occasions by the Right Reverend Father in God, Edward Stillingfleet, Late Lord Bishop of Worcester”.
Londres, Henry Mortlock, 1710, 496.
5
Genette, G. Paratexts: Thresholds of Interpretation. Cambridge, New York, Cambridge University
Press, 1997.
6
Green diferencia el rol de los editores (publishers), quienes financiaban la publicación, y los vendedores
de libros (booksellers) que los distribuían entre el público. En el caso de la teología natural, parece que
los ambos roles se habían fusionado. En este contexto tomaré a ambos términos como equivalentes. Debe
notarse que el término “bookseller” aparece más frecuentemente en las fuentes utilizadas para este
trabajo. Green, I. M. Print and Protestantism in Early Modern England. Oxford, New York, Oxford
University Press, 2000, p. 14.
7
Sobre los riesgos de los editores, ver, Green 2000: 14-24. Sobre la cantidad de ediciones de los tratados
en comparación con otras formas de literatura religiosa, ver Green 2000: 189.
8
Genette 1997: 41. Traducción propia.
9
Steven Shapin señaló que en el contexto de la literatura científica inglesa del siglo XVII, la cual estaba
íntimamente relacionada con la teología natural como empresa intelectual, ser considerado un caballero
era una parte esencial de su credibilidad. Shapin, S. A Social History of Truth: Civility and Science in
Seventeenth-Century England. Chicago, University of Chicago Press, 2007.
10
Ray, J. The Wisdom of God Manifested in the Works of the Creation Being the Substance of Some
Common Places Delivered in the Chappel of Trinity-College, in Cambridge. Londres, Samuel Smith,
1691. More, H. An Antidote against Atheism; or, An Appeal to the Naturall Faculties of the Minde of
Man, Whether There Be Not a God. Londres, W Morden, 1655. Stillingfleet, Edward. Origines Sacrae,
or, A Rational Account of the Grounds of Christian Faith, as to the Truth and Divine Authority of the
Scriptures, and the Matters Therein Contained. Londres, Henry Mortlock, 1662 y ediciones sucesivas.
Traducción propia.
11
Genette 1997: 160. Traducción propia.
12
More 1655.
13
Cudworth, R. The True Intellectual System of the Universe the First Part; Wherein, All the Reason and
Philosophy of Atheism Is Confuted; and Its Impossibility Demonstrated. Londres, Richard Royston, 1678.
14
Stillingfleet 1662.
15
Stillingfleet 1662: página sin numerar
16
Ray 1691: página sin numerar
17
Grew, Nehemiah. Cosmologia Sacra, or a Discourse of the Universe as It Is the Creature and Kingdom
of God : Chiefly Written, to Demonstrate the Truth and Excellency of the Bible, Which Contains the Laws
of His Kingdom in This Lower World : In Five Books. Londres, W. Rogers, S. Smith, and B. Walford,
1701: página sin numerar. Traducción propia.
18
Cudworth 1678: página sin numerar. Traducción propia.
19
Stillingfleet 1662: página sin numerar. Traducción propia.
20
Ray 1691: páginas sin numerar.
21
Derham, W. “To the Reader”, en: Ray, John. Three Physico-Theological Discourses. Londres, W.
Innys, 1713, xix. Traducción propia.
22
Genette 1997: 197. Traducción propia.
23
Stillingfleet 1710: 496. Traducción propia.
24
Cudworth 1678: página sin numerar. Traducción propia.
25
Glanvill, Joseph. Philosophia Pia, or, a Discourse of the Religious Temper, and the Tendencies of the
Experimental Philosophy, Which Is Profest by the Royal Society. To Which Is Annext A Recommendation,
and Defence of Reason in the Affairs of Religion. Londres, James Collins, 1671, página sin numerar; Ray
1713: iii.
26
Cudworth 1678: página sin numerar
27
Sobre el rol de las dedicatorias, ver: Green, I. M. Print and Protestantism in Early Modern England.
Oxford; New York: Oxford University Press, 2000, p. 10. Stillingfleet 1662: página sin numerar; Ray
1691: página sin numerar
28
Moxon, J. Mechanick Exercises, or, The Doctrine of Handy-Works : Applied to the Art of Printing : The
Second Volumne. Londres, Joseph Moxon, 1683, 220. Traducción propia.
29
Sobre el valor de diferentes formatos, ver Genette 1997: 17.
30
Raymond, J. Pamphlets and Pamphleteering in Early Modern Britain. Cambridge, Cambridge
University Press, 2006. Traducción propia. Ver también Moxon 1683: 330.
31
More 1655, Stillingfleet 1662 y ediciones sucesivas, Grew 1701.
32
Ray 1713. Traducción propia.
33
Glanvill 1671.
34
Derham in Ray 1713: xvii-xviii. Traducción propia.
35
Derham in Ray 1713: xviii. Traducción propia.
36
Stillingfleet 1701. Traducción propia.
37
Stillingfleet 1701: 417
38
Moxon 1683. 221. Traducción propia.
39
Stillingfleet 1710
40
Stillingfleet 1710: 4-5. Traducción propia.
41
Glanvill 1671: página sin numerar
42
Ray 1713: 456. Traducción propia.