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Actividad practica 1 – El Síndrome de Burnout en deportistas

El significado de burnout viene a decir el “síndrome del quemado”, lo cual lleva a


pensar en la persona que se encuentra agobiada, abrumada y estresada por su trabajo.
Este síndrome se ha hecho evidente en el ámbito laboral, pero no solo se encuentra en
éste, sino que se puede extrapolar a otras áreas de la vida, como el deporte.

El síndrome del burnout está caracterizado generalmente por el estrés que provoca la
práctica deportiva, fatiga crónica e ineficacia. A continuación se exponen los síntomas
que conlleva:

Físicos: dolores musculares y articulares, falta de apetito, problemas respiratorios,


incremento de la presión sanguínea y mayor ritmo cardiaco durante el descanso.

Inmunológico: bajada de las defensas, lo que provoca vulnerabilidad ante las


infecciones.

Bioquímico: aumento del cortisol, serotonina, adrenalina y de los accidos grasos en el


plasma. Disminución del glucógeno muscular de la hemoglobina, hierro y ferrtina.

Psicológicos: alteraciones del estado de ánimo, ansiedad, irritabilidad, letargo,baja


autoestima, falta de concentración y confianza, trastornos del sueño, pérdida de la
líbido, rumiaciones y pensamientos negativos. Por lo tanto, este conglomerado de
síntomas afecta a la motivación, que es básica para iniciar, guiar y mantener la conducta
deportiva.

En resumen, el síndrome de burnout provoca una disminución el rendimiento, que


incluso, llega al ausentismo sin justificaciones aparentes y no se siente el compromiso
por el deporte en cuestión. También hay que tener en cuenta que puede extenderse a
otros contextos de la vida y verse reflejado en la actitud negativa frente a las relaciones
sociales, familiares y laborales.

Múltiples factores son los que pueden originarlo, desde un enfoque global se podrían
destacar tres causas:

Sobre entrenamiento: exigencias más allá de las necesarias para llegar a la competición.
Este es el paso previo al bornout porque en a veces no se cumplen las expectativas
creadas por el jugador.

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Presiones externas: Referidas a las presiones de la sociedad y la familia. Estas se suelen
dar más en deportistas jóvenes, por ejemplo, cuando se ve a un padre gritando a su hijo
y demandando. En estas situaciones es evidente que el hijo de ese padre no está
disfrutando.

Estancamiento: Situación donde el deportista no avanza y se puede evitar haciendo


pequeños cambios en la rutina, fortaleciendo y potenciando los músculos.

Estrategias de prevención del síndrome de burnout

Sabiendo los síntomas y características del síndrome de burnout, se puede llegar a


prevenir este peculiar síndrome aplicando ciertas pautas. Por ejemplo, estableciendo
metas a corto plazo para poder ver los resultados día a día, o semana a semana, para
potenciar la motivación. Otro aspecto importante sería entrenar en las habilidades de
autorregulación, para que así sea la propia persona la que marque el ritmo deportivo y
sepa cómo gestionar las exigencias deportivas. Este síndrome se suele ser común en
deportistas de élite y profesionales. Puesto que el deporte en estos casos es su trabajo,
ha de gestionarse como tal, y ser realista con sus metas propuestas.

La práctica deportiva, entendida como un proceso ordenado de enseñanza-aprendizaje


dentro de instituciones de entrenamiento o competencia, se constituyó como uno de los
principales fenómenos sociales del siglo XX. En la actualidad, en términos de
crecimiento a nivel mundial, esta tendencia parece no detenerse.

Dentro de este contexto, las dimensiones que hacen al desarrollo de todo deportista,
independientemente de su edad, género, y nivel de ejecución o de competencia en el que
se encuentre, tienen que ver con la adquisición de:

Patrones motores generales y específicos (habilidades físicas).

Conocimientos de los gestos técnicos individuales de la disciplina deportiva


(habilidades técnicas).

Modelos de coordinación colectiva, en el caso de disciplinas deportivas de conjunto,


como así también, modos de ejecución de los gestos técnicos, en el caso de las
disciplinas individuales (habilidades tácticas).

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Sistemas de comprensión de las situaciones deportivas y respuestas a los diversos
momentos y entornos de una contienda o situación competitiva (habilidades
estratégicas).

Las dimensiones mencionadas hasta el momento tienen que ver con aspectos visibles de
la práctica deportiva, tanto para el que la ejecuta, como para compañeros, rivales y
entorno en general.

Sin embargo, existe una dimensión que no se ve, pero que atraviesa a todas las
descriptas y que tiene que ver con las habilidades mentales. Dentro de éstas, el conjunto
de herramientas psicológicas que el atleta pone de manifiesto antes, durante y después
de la práctica o competencia deportiva determina la calidad de su experiencia, tanto a
nivel cognitivo como emocional.

La fortaleza mental, por lo tanto, es el constructo de habilidades mentales que todo


atleta debería desarrollar en niveles ideales, a los fines de optimizar, precisamente, su
calidad vivencial dentro del deporte. Optimizar niveles de rendimiento (objetivo
principal de la psicología del deporte y de la actividad física) no es ganar todos los
partidos o salir campeón siempre, sino posibilitar que todo individuo experimente lo que
sabe hacer dentro de un campo de juego y disfrute de cada uno de estos
comportamientos.

El modo en que un individuo se dispone frente a las diversas situaciones que el entorno
le propone. Siguiendo los aportes de De Diego y Sagredo (1992), la podemos definir
como la “disposición del ánimo expresada exteriormente de alguna forma, siendo los
estados de ánimo, la manifestación de la afectividad, la forma en la que respondemos a
todo aquello que nos afecta de alguna interiormente” (página 143).

En este sentido, adquiere extrema relevancia uno de los axiomas principales de la


psicología cognitiva-comportamental, en general, y de la psicología del deporte y la
actividad física, en particular: pensar-sentir-actuar. “Pensamientos positivos generan
emociones positivas y todo ello desemboca en actuaciones positivas” (De Diego y
Sagredo, 1992, p. 144).

Por lo tanto, la injerencia del pensar es fundamental a la hora de hablar acerca del
desarrollo de la actitud en el atleta. Elegir qué pensar, evitar ideas contaminantes y
abogar por otras constructivas es el pilar central para la construcción de otra variable

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psicológica que es sostén del desarrollo actitudinal: la autoconfianza. Definir la
autoconfianza es central si hablamos de fortaleza mental en deportistas, ya que es “la
creencia interna de que uno es capaz de hacer algo, basándose en la idoneidad de las
propias capacidades para realizarlo con éxito” (De Diego y Sagredo, 1992, p. 146).

La relación entre rendimiento y autoconfianza tiene mucho que ver con el desarrollo
actitudinal del atleta. A medida que los niveles de autoconfianza crecen, el rendimiento
deportivo también, hasta un punto ideal en el cual, si siguieran aumentando los niveles
de autoconfianza, el nivel de rendimiento comenzaría a decaer. Por lo tanto, se puede
establecer un continuo de autoconfianza que iría desde niveles escasos a niveles
excesivos, donde ambos extremos están mediados por un nivel óptimo de
autoconfianza; es decir que el deportista debiera tener confianza plena en sus
capacidades y rendir al máximo nivel (Dosil, 2004, p. 341).

Continuando con los aportes de De Diego y Sagredo (1992 pp. 148-149), se mencionan
algunos rasgos cognitivos y emocionales del atleta en relación a sus niveles de
autoconfianza. Esclarecidos estos ítems, será más sencillo describir los componentes
específicos del desarrollo actitudinal y comprender sus respectivos estadios.

1- Autoconfianza escasa: Teme tanto al fracaso que rehúye participar o actuar sin
convicción. Se ve a sí mismo como perdedor. Tiene la firme creencia de que,
independientemente de cuánto entrene, va a seguir haciéndolo mal. Altos niveles
de ansiedad y bajos niveles de concentración. Alto riesgo de abandono de la
práctica deportiva.
2- Autoconfianza óptima: Juega en base a sus posibilidades reales y se propone
objetivos basados en estas. Desarrollo conjunto de niveles de autoconfianza y
habilidades físico-técnicas. Interpreta los errores y las derrotas positivamente,
como parte del deporte, como información para mejorar en el futuro. No se
limita a sí mismo por el miedo a ganar o perder.
3- Autoconfianza excesiva: El nivel de autoconfianza es mayor de lo que le
garantizan, realmente, sus posibilidades. Estas creencias inadecuadas del
deportista pueden venir reforzadas por mensajes de su entorno, como padres,
entrenadores, etcétera. Esta creencia interna inadecuada puede ser también
reflejo externo de muy poca confianza interna. La agresividad y el cinismo
pueden ser una respuesta a la gestión interna de miedos y dudas. Confunde lo

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que es ahora con lo que le gustaría ser. Elude situaciones que puedan dañar su
imagen con lesiones ficticias, discusiones con el árbitro, etcétera.

La actitud se constituye como un estado mental, es decir, goza de la propiedad de la


transitoriedad. Un individuo puede tener niveles óptimos de actitud, para gestionar una
determinada situación en un momento, y niveles muy diferentes para enfrentar la misma
situación en otro momento. Por lo tanto, se debe otorgar a la actitud las características
de dinámica y plausible de modificaciones en sus niveles y estadios, como veremos a
continuación.

Para poder comprender el modo de funcionamiento del psiquismo en términos de


desarrollo actitudinal, es conveniente saber cuáles son los principales componentes de
este proceso:

Cantidad de energía psíquica: abundante o escasa.

Tipo de energía psíquica: positiva o negativa.

Orientación de los objetivos: hacia el rendimiento (ejecución de la tarea) o hacia el


resultado (consecución del logro).

La evidencia indica que es sumamente importante prevenir que se llegue a este estado
de abandono. El carácter de transitoriedad que se le confiere a todos los estados
mentales brinda la posibilidad de que el atleta modifique sus niveles y tipo de energía,
del mismo modo que la orientación de sus objetivos y niveles de autoestima, a los fines
de acercarse y sostenerse en el nivel óptimo de actitud desafiante.

El entorno del deportista, con la ayuda de los conceptos vertidos por la psicología del
deporte y la actividad física, tiene mucho para cooperar con su desarrollo.