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Simio vive, desde su nacimiento, encerrado en el

zoológico de la ciudad. No sabe de qué se le acusa,


por qué es prisionero y no entiende todos los
sufrimientos que debe padecer. Ni siquiera sabe
exactamente quién es. Es por eso que un día decide
escapar de la estrecha jaula del zoológico para
conocer la ciudad y vivir como los humanos, entre los
que se considera uno más. Primero será un mendigo
hambriento, luego se transformará en el jardinero de
una mansión y, más adelante, en mayordomo.
Logrará la confianza de sus patrones, la aceptación
de los demás a cambio de sumisión y trabajo, pero,
además, descubrirá sus dos pasiones: la fotografía y
la lectura. Hasta que, finalmente, se pregunte —
después de haber vivido toda su existencia como
humano— si valió la pena.

Resumen: Yo, simio

1 Mis primeros recuerdos


Todos mis recuerdos son los de un prisionero en una jaula.

Nuestro parque zoológico se encuentra en un cerro al centro de la ciudad. Desde


mi celda tenía una vista parcial de ella, y no entendía qué significaba ese murmullo
y luces nocturnas.

Una vez al mes, los hombres grises me inmovilizaban con sogas y alambres. Me
encerraban en la jaula y lavaban mi celda mientras yo me quejaba de dolor. Yo era
un prisionero sin derechos.

Todas las noches me preguntaba qué delito había cometido para estar allí. Creí
erradamente que yo no era diferente a los guardias o a la gente que visitaba el
Parque. No veía mucha diferencia entre ellos y yo, y esto me hacía no encontrar
respuestas a mi encierro.

Un día, cuando los guardias lavaban mi celda con la puerta abierta, las cuerdas que
me apretaban se cortaron y me atreví a salir de mi jaula.

Decidí subir por un sendero, ya que pensé que sería mejor adentrarme entre los
árboles.

Por primera vez vi mi celda desde arriba y la de un oso muy viejo que sufría una
enfermedad que nadie trataba. Desde mi jaula, siempre oían sus quejidos.

En el sendero me encontré con un grupo de niños que me miraban y sonreían, en


ese momento me sentí como nunca, uno más de ellos, pero entonces apareció el
hombre gordo, posiblemente su profesor, y comenzó a gritar pidiendo ayuda.

Todos corrimos y yo erradamente, me devolvía a mi jaula, donde me esperaba


Palmides el Grande con un garrote que desplomó cobardemente sobre mi cabeza.
Todo se oscureció. Escuche a lo lejos los gritos de los niños y la risa de Palmides
al Grande.

Por varios días sentí mi cabeza enorme, y lloré por el dolor y porque, posiblemente,
perdí la única oportunidad de escapar de mi prisión. Ese golpe en la cabeza produjo
en mí un cambio importante, por primera vez deseé con todas mis fuerzas
convertirme en un simio libre.
2 Los siguientes meses
Una noche Palmides se acercó a mi celda mientras bebía alcohol de una botella.
Me culpaba de su suerte y de su ocupación que lo desmerecía. Él quería ser taxista
o manejar un autobús, pero sus escasos estudios solo le permitieron ser guardia de
zoológico y de eso era culpable yo. Me lanzó alcohol a la cara y me refugie al fondo
de mi celda. Desde allí lo escuche insultarme por horas.

La primera vez que vi a M. estaba acompañada de su novio, un joven risueño y


burlón. Se sentaron frente a mi celda y él me lanzó unos manís con desdén.
Entonces escuche a M., reclamaba a su novio sobre el maltrato de criaturas como
yo, encerradas en ese lugar. Por primera vez oía a alguien decir lo que yo pensaba
y me volví a mirarla.

Creo que en esa mirada de ambos, surgió algo. Su novio la tomó del brazo y se la
llevó.

Pensé que no la volvería a ver, pero apareció una semana después. Estaba sola en
el mirador llorando. Tiempo después, supe que había terminado con su novio.

Varias semanas después volvió al zoológico y fue directamente a mi jaula. Se sentó


frente a los barrotes observándome largamente. Tampoco yo me moví. Su mirada
era de compasión y comprensión. De pronto sacó un libro y comenzó a leer en voz
alta. Al principio no entendía, pero luego me di cuenta: las palabras que salían de
ese objeto me hicieron dibujar imágenes, personajes y paisajes en mi cabeza.

Por primera vez no me sentí prisionero. Cuando M. terminó, tuve que bajar la cabeza
para que no se diera cuenta que yo también lloraba.

3 Las visitas de M. a mi jaula


M.venía casi a diario. Se sentaba en las banca y me hablaba sobre la injusticia de
nuestro encierro y luego sacaba un libro distinto cada día que leía en voz alta. El
timbre de su voz quedaba vibrando en mi cerebro, incluso ahora, años después,
aún repito aquel sonido en mi mente.

Esos días fueron los más felices. Una noche me di cuenta que estaba enamorado
de M., sin embargo deseaba escapar y eso significa alejarme de ella. Fue una época
de muchas emociones.

Una mañana M. apareció muy temprano y presenció las torturas que yo sufría al
limpiar mi celda. M. se enfureció frente a Palmides el Grande y le dijo que el animal
era él, Palmides se retiró furioso del lugar, pero M. lo siguió.

Al día siguiente M. apareció con una carta de reclamo que me leyó y me dijo que
haría algo más y sería la solución definitiva a mi problema. Mientras reclamaba a
los directivos del parque, la hicieron esperar en la oficina, donde tomó un juego de
llaves, tenía la esperanza que alguna podría abrir mi celda, solo debía probar una
por una.

Días después M no apareció y los guardias me castigaron por la carta de reclamo


sin darme alimento ni agua por varios días. Me sentía débil.

Pero un día llegó M. y me dijo que debía ir hacia los cerros. Estaba nerviosa y
comenzó a probar las llaves. Entonces apareció Palmides el Grande anunciando
que cerrarían el Parque. M. sopló todo el aire y arrojó las llaves dentro de la celda.
Me miró a los ojos, y sentí que ese sería su último intento por salvarme y sería la
última vez que nos veríamos. Yo intenté mirarla para demostrarle mi gratitud y amor.
Palmides se acercó mirando con desprecio a M., quien se retiró. Cuando Palmides
se acercó a la jaula me senté rápidamente sobre el juego de llaves. Me preguntó si
tenía hambre burlonamente y sacó un sándwich que se comió lentamente frente a
mí.
4 M. no apareció al día siguiente
M. no volvió a mi jaula, ni la comida tampoco. Pero no me movía para proteger mi
secreto. Aquella noche comencé a probar las llaves con las pocas fuerzas que me
quedaban, hasta que la puerta se abrió.

Quedé paralizado y luego me deslicé por el sendero, pero no hacia el cerro, como
me aconsejó M., yo me creía un humano, y regresaría al mundo de los humanos
desde donde alguien me había arrancado injustamente.

Estaba expectante y por primera vez contemplé la ciudad desde el mirador. Aquel
paisaje me dio fuerza y supe lo que debía hacer. Me dirigí a la bodega junto a la
oficina, donde había escuchado que estaba la comida.

Comí lo que más pude para recuperar fuerzas. Allí encontré ropa de los jardineros,
un sombrero de paja y un par de zapatillas blancas.

Luego sentí un olor conocido y fui al fondo donde encontré a Palmides


completamente borracho. Al mirarme se puso a reír y dijo que me veía ridículo
vestido de jardinero, y que nunca dejaría de ser un feo simio. Dijo que me regresaría
a la jaula y azotaría por mi insolencia. Sentí un odio incontrolable y recordé todos
sus maltratos. Tomé una pala y me erguí, Palmides se impresionó y cayó hacia
atrás. Me vengaría de Palmides, pero no lo hice. Talvez, aquella era la señal de que
yo era algo distinto a un animal, pero también distinto a un humano.

Luego salté las rejas y llegué a la calle. Me erguí lo más que pude y me alejé del
lugar al que esperaba no regresar jamás.

5 Cuando amaneció
Llegué sin saber, al centro de la ciudad, y decidí quedarme en una plaza central
rodeada por árboles, frente a una catedral.

La gente caminaba acelerada y nadie pareció preocuparse por mí. Trepé a un árbol
y permanecí el resto del día descansando y tratando de obtener información que
me ayudara para comenzar mi nueva vida.

Me di cuenta que lo más importante era caminar despreocupado de los demás, sin
mirarlos a los ojos, distraído y veloz.

Al anochecer decidí bajar a buscar alimento y descubrí que los restaurantes


llenaban sus tarros de basura con restos de comida. Seleccione alguna y aunque
era distinta a la del zoológico, puedo decir que me gustó.

Cierto día, cuando buscaba alimento en los tarros, un hombre me habló, era un
camarero que fumaba un cigarro. Me contó que trabajaba todo el día, y debía viajar
una hora para llegar a su hogar y que cuando llegara, su esposa e hijas estarían
durmiendo. Parecía triste y quise consolarlo, pero yo no podía expresar mis
sentimientos y solo emití un suave gruñido. El hombre dijo que lo esperara y volvió
con una bolsa de comida caliente. Luego entendí que el mesero me había dado un
obsequio, sin esperar nada a cambio, como M. había tenido actos desinteresados
conmigo. Fue mi primer plato de comida caliente, afortunadamente me
acostumbraba con facilidad a todo lo nuevo que enfrentaba.
6 Los siguientes días
Los siguientes días fueron casi iguales, de día sobre los árboles de la plaza, de
noche recorriendo la ciudad vestido de jardinero.

Los únicos que me descubrían cuando miraban hacia arriba eran los niños.

A las 2 semanas cuando ya tenía más confianza, observé que cerca de la estatua
del alcalde Mansur, se encontraba un grupo de hombres muy parecidos a mí.
Vestían de manera sencilla, y con zapatos muy gastados. Su existencia era lenta y
relajada. Dormían en las bancas y se alejaban de vez en cuando, para regresar a
calentarse al sol.

Algunos eran hoscos pero la mayoría eran tranquilos. Los estudie para entender de
qué vivían y logré entender que eran mendigos, es decir, viven de pedir a los demás.

Un día bajé temprano de mi árbol y me senté en una banca. De repente, uno se


sentó a mi lado. Bebía un café con la mirada perdida. Antes de acabar, dejó el café
a mi lado como un gesto de solidaridad como el de M. y el camarero. Se acomodó
en la banca y yo también.

Aquel mendigo fue mi primer amigo. Lo llamaban El Duque.

El Duque era distinto. Una mañana me habló de su vida muy entusiasmado.

Trabajaba en la minería, pero se enfermó de los pulmones. Se enamoró de una


enfermera y se casaron, pero el alcohol lo arruinó.

Su esposa no podía tener hijos, y la golpeaba sin razón. Un día llegó a su casa y
solo encontró una nota “Me voy porque te dejé de amar”. Se fue a un bar y peleó
con un tipo que le metió 6 balas. Pasó 5 meses en el hospital y salí decidido a
cambiar su vida.

Así llegó al rincón del alcalde Mansur. Se sentía respetado por ellos, y a cambio,
trataba de ayudarlos.

Di un suave gruñido y él respondió:

– Gracias por escucharme – y seguimos durmiendo.

7 El hecho más increíble de ese tiempo


Comencé a caminar por la ciudad de día, despreocupadamente, cierto día me
detuve en una extraña tienda porque me recordaba a M., esos días en que
escuchaba sus lecturas frente a mi jaula. Estaba frente a una tienda de libros. Todo
se veía muy interesante y entré, me recibió un hombre anciano y me invitó a revisar
los estantes. Revisaba uno por uno, aunque no podía leer y quise volver a ver a M.
para preguntarle por cada uno de ellos y escuchar como los leería.

El librero se acercó y me dijo que había notado que yo era un buen lector, porque
acariciaba los libros. Yo solo emití un gruñido y él pensó que yo era un extranjero,
pero eso no le importó porque él también era extranjero y me contó su vida, pues
había llegado hace muchos años huyendo de una guerra civil.

Me habló sobre su historia y temas de libros como la libertad, durante horas.

Finalmente me dijo que cerraría la librería porque era tarde, pero antes me regaló
un libro que me ayudaría a mejorar el idioma.

Salí flotando de la librería. Tenía mi primer libro.

Subí inmediatamente a mi árbol y me quedé toda la noche tratando de unir letras,


pero no lo logré, lo que me llenó de frustración y tristeza.
8 Vagando por una calle
Una noche vagaba cerca del Teatro Municipal, dispuesto a subir a mi árbol, cuando
observé a un grupo de jóvenes bebidos que golpeaban a 2 hombres. Al acercarme
me di cuenta que golpeaban al Duque y a un vagabundo. Uno golpeaba al Duque
con un bate de madera. Me descontrolé y me abalancé sobre ellos con toda mi ira.
Los golpee y rompí el bate, huyeron asustados.

Me acerqué al Duque que yacía en el suelo. Tomó mi mano y vi lo diferente que


eran, pero ambas querían decir lo mismo, eran agradecidas, luego llegó la
ambulancia y se lo llevó.

No volví a ver al Duque. Cierto día escuché a unos vagabundos decir que El Duque
no volvería, pues las heridas fueron muy graves. Comprendí lo que decían, pues ya
conocía el concepto de la muerte.

Me deprimí por varios días, estaba sin ánimo de bajar de mi árbol y no quería comer.

Conocí la muerte en el zoológico, en la jaula del oso pardo que durante años gritaba
de dolor por las noches. Cierta noche se me ocurrió imitar sus gritos para apoyarlo
en su sufrimiento.

Cierta noche los gritos fueron distintos, armoniosos y agradables que me


extrañaron. Y luego no oí nada más. Al otro día los guardias lo encontraron muerto.
Pensé que esos gruñidos suaves fueron para agradecerme o demostrarme que
morir también era un descanso.

9 Al bajar de mi árbol
Bajé poco de mi árbol. Me sentía desanimado por la pérdida de El Duque.

Una mañana apareció en la plaza una mujer acompañada de un hombre muy serio
y delgado.

La señora Dama, como la llamaba el hombre, estaba ofreciendo trabajo a los vagos,
pues necesitaba un jardinero. Todos los vagos se alejaban, ya que para ellos
significaba una ofensa.

Bajé de mi árbol para ver a la dama.

Al verse rechazada, la señora Dama se acercó directamente a mí y me dijo

– Usted lleva ropa de jardinero, a usted lo quiero trabajando en mi casa.

Acepté sin saber a qué se refería, pero antes subí a mi árbol a buscar mi única
pertenencia, mi libro.

Los mendigos se despidieron de mí como si hubiera decidido suicidarme.

El hombre me indicó subirme a un vehículo al que prometo nunca más subirme,


pues a las pocas cuadras tenía la sensación de encierro y deseaba vomitar.

Cuando al fin llegamos a la casa, pensé que allí vivían gigantes, era una casa de
varios pisos rodeada por extenso patio.

El hombre era el mayordomo de la señora Dama y me indicó el camino hasta llegar


a una pequeña cabaña donde guardaba las herramientas de jardinería. Adentro
tenía una cama con un colchón demasiado blando.
Mientras pensaba en volver donde los vagabundos, entró una mujer con una
bandeja de comida, me miró horrorizada y se retiró.

Luego vino el mayordomo que me entregó un rastrillo. Entendí lo que querían. Yo


debía cuidar el patio de la señora Dama a cambio de alimento y techo. Simple pero
complejo. Debía cambiar mi modo de vida, pero tenía la virtud de acostumbrarme a
todo lo viniera y tenía fuerza.

Sabía que tenía ventajas sobre los demás humanos, aunque aún me consideraba
especial y no un ser diferente.

Recogí las hojas con entusiasmo y vi a la señora que me miraba con satisfacción
por mi trabajo.

Al acostarme estaba agotado. Me acomodé en el suelo y soñé con M.

En el sueño ambos hablábamos, mi voz era suave y M. me escuchaba, entonces


me di cuenta que no solo hablaba, también leía un libro. Esa fue la primera y última
vez que soñé con M.
Ficha técnica

Antecedentes del autor:

Sergio Gómez nació en Temuco en 1962. Estudio Literatura y Derecho en la Universidad


de Concepción y, luego de ello, se ha dedicado por completo a la narrativa en las labores
de escritor y editor, dejando instancias para desempeñarse también como periodista y
guionista de cine y televisión.

Ha escrito más de una decena de libros, de los cuales destacan los títulos Quique Hache,
detective, La obra literaria de Mario Baldini, Vidas ejemplares, Cuentos con walkman y
McOndo. Sus obras lo han hecho acreedor de importantes reconocimientos, tales como el
Premio Lengua de Trapo en España, finalista del premio Rómulo Gallego y ganador del
premio El Barco de Vapor 2008.

Síntesis de la obra:

En el fondo de una jaula, en medio de un zoológico de la capital, un simio se refugió para


observar el entorno que le rodeaba y tener, a la vez, un poco de privacidad. En ese contexto,
el animal realizó una reflexión introspectiva de su existencia en aquel lugar.

Recordó así su miserable vida como prisionero en un zoológico, o muestrario de animales,


como él prefería llamarle. Ahí se percató de que aquel lugar no le correspondía, gracias a
sus observaciones y a la ayuda de M., una joven que le leía y reclamaba por los derechos
de los animales. El apoyo que le brindó M. lo llevó a arrancar nuevamente del zoológico,
esta vez con éxito, ya que en su primer intento fue encontrado y gravemente herido por los
cuidadores.

Una vez afuera, y disfrazado con ropas de jardinero, encontró un árbol en medio de una
agitada y concurrida calle; eso le serviría de refugio.

Más tarde, vivió junto a los vagabundos de una plaza cercana, quienes no se percataron
de las diferencias físicas que el disfrazado simio presentaba. Ahí se

encontró con el Duque, su primer amigo, quien le ofreció ayuda sin pedir nada a cambio.
Fue en aquel lugar donde recibió como regalo un libro titulado “El conde de Montecristo”.

Su vida dio un nuevo giro al no poder emitir un “no” por respuesta a la oferta de trabajo de
la elegante señora Dama. Desde ese entonces, y hasta el fallecimiento de la señora, el
simio vivió alegremente como jardinero y mayordomo en una gran casa. Ahí compartió
gratos momentos con Estebito, nieto de la señora Dama, aprendió a leer, a fotografiar
paisajes cercanos a la casa y aceptó su realidad.

Tras la muerte de la señora Dama, decidió volver a la plaza en el centro de la cuidad, en


donde alquila un departamento y vive tranquilamente, aunque con grandes sueños por
delante.
Aspectos destacables:

Yo, simio es una emotiva novela que, a pesar de ser aparentemente inverosímil, presenta
gran similitud respecto a los sentimientos que el lector puede experimentar con temas como
la libertad, el paso del tiempo y la aceptación personal.

A través de un relato en primera persona, el autor realiza una crítica social respecto al
respeto y cuidado animal y a la convivencia tanto entre seres humanos como entre humanos
y animales.

La obra, además, presenta gran cercanía para lectores chilenos, ya que se refiere
implícitamente a lugares del país.

Por último, es destacable la referencia de obras literarias que realiza el autor, ya que
menciona títulos que refieren a temas y circunstancias muy importantes en la historia del
simio. Esto, a su vez, ayuda al lector a conocer hipotextos necesarios para comprender a
mayor cabalidad el escrito, así como también permite acceder al imaginario colectivo

Solucionario de la ficha del lector

1. ¿En qué país se sitúa la historia? Responde refiriendo, al menos, dos datos que entrega
el libro y que apoyan tu respuesta.

Ámbito de la lectura: 2d, comprensión del sentido global del texto, integrando
información explicita e implícita.

El relato se sitúa en Chile. Esto se puede deducir ya que la señora Dama


pensó que su amado Armando estaba perdido al sur del país,
específicamente en la Patagonia. También, cuando se relata que Leonor con
Joao fueron a vivir al sur del país. Junto a ello, se señala que el mayordomo
había vivido en Tierra del Fuego. Por último, cuando Brigiet menciona haber
vivido al norte del país y que su esposo trabajaba en una mina de cobre.
Temas: 1, autoestima, conocimiento de sí mismo; 9, convivencia social.
Realiza el siguiente crucigrama y encuentra la palabra secreta.
Ámbito de la lectura: 2d, comprensión del sentido global del texto, integrando información
explícita e implícita.

1) Sirvienta que se enamoró del simio.


2) Primer amigo del primate.
3) Nieto de señora Dama.
4) Sirvienta que se casó con Joao.
5) Pasatiempo que tuvo el simio gracias al regalo de Esteban.
6) Primer oficio que tuvo el simio.
7) Personaje que dio trabajo al simio.
8) Nombre del mayordomo de señora Dama.
9) Esposo de la señora Dama.
. ¿Cuáles fueron las diferencias que advirtió el simio a lo largo de su vida? Señala al
menos 2 y compáralas con la visión que tienes tú respecto de ellas.
Habilidades

Ámbito de la lectura: 6d, opinión sobre lo leído comparando el contexto sociocultural


representado con el propio o con la actualidad.
Tema: 9, convivencia social.

El simio fue capaz de advertir en sus salidas dominicales las diferencias


existentes entre las casas, barrios y formas de vivir de las personas.
Principalmente, entre su barrio y los lugares periféricos.

También pudo darse cuenta de las distintas formas de vida que tenían las
personas al comparar la vida de los vagabundos, de la gente del barrio
periférico y de las personas que vivían en casa de la señora Dama. Así
también pudo percatarse de las diferencias existentes entre las actitudes
de niños y adultos.

4. Imagina que eras amigo/a de M. cuando el simio aún permanecía en su jaula, y que
decidiste escribir una noticia en la cual dabas a conocer las injusticias vividas en el
zoológico. Elabora tu noticia incluyendo, al menos, dos hechos descritos en el libro que
apoyen tu trabajo.

Habilidades
Ámbito de la lectura: 2d, comprensión del sentido global del texto, integrando información
explicita e implícita.
Ámbito de la producción de textos: 1d, escritura de textos de intensión literaria y no
literaria para argumentar.
Tema: 9, convivencia social.

El lector debe elaborar su noticia, mencionando que los celadores


maltrataban con duros golpes a los animales del zoológico, no les prestaban
atención veterinaria, los castigaban quitándoles el alimento y no los
cuidaban de los espectadores que llegaban a las jaulas.

Además, debe respetar el formato de noticia, sin olvidar elementos como


a ¿Qué visión tenía el simio sobre sí al ver la fotografía que se tomó junto a Joao?
título, epígrafe, lead, bajada y cuerpo. Junto a ello, el escrito debe presentar
Tras ver la fotografía,
un registro el simio advirtió las irremediables características
formal y objetivo.
físicas que lo separaban del ser humano. Estas correspondían al rostro
peludo y al cuerpo apretado en los hombros del primate, su pequeña
cabeza en comparación con su cuerpo y sus rasgos animales, o como él
llamaba “cabeza fiera”.
5. b ¿El protagonista es capaz de cambiar, en la vida real, ese tipo de diferencias? Señala
al menos un argumento que apoye tu posición.
Habilidades
Ámbito de la lectura: 6d, opinión sobre lo leído comparando el contexto sociocultural
representado con el propio o con la actualidad.
Tema: 1, autoestima, conocimiento de sí mismo.

Los rasgos físicos no pueden cambiarse naturalmente en la vida real,


aunque sí es posible realizar mínimos cambios con cirugías estéticas. Sin
embargo, tales prácticas se realizan solo para seres humanos, ya que existe
el pensamiento colectivo de que el humano es el único ser crítico respecto
de su apariencia y porque estos viven en una sociedad que les permite
realizar esos cambios, ya sea por el poder monetario o por exigencias
sociales.

6. ¿Qué quería decir el primate al entregar sus fotos al alcalde que visitaba a señora Dama?
¿Las realidades que mostraban las fotos del simio se asemejan a las situaciones de la
sociedad en que vives? Fundamenta con, al menos, un argumento.

Habilidades
Ámbito de la lectura: 2d, comprensión del sentido global del texto, integrando información
explicita e implícita; 6d, opinión sobre lo leído comparando el contexto sociocultural
representado con el propio o con la actualidad.
Tema: 9, convivencia social.

El simio quiso dar a entender que, a pesar de las diferencias


socioeconómicas de las personas, todas deberían tener el mismo derecho
de convivir y respetarse en cualquier lugar.
Por ello, entregó sus fotos que reflejaban el vivir de su acomodado barrio y
de las humildes casas periféricas a la de señora Dama.
Así, es posible señalar que las imágenes tomadas por el primate reflejan a
la actual sociedad chilena, en la cual las diferencias están presentes en
todos los ámbitos, ya sean económicos, sociales, físicos y culturales.