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sos, que no podían explicar.

Al comienzo se formaba alrededor de las manos de los presentes una


especie de humo gris. Luego, las manos parecían "una silueta sobre un fondo de suave luminosidad".
Después, cada dedo presentaba una prolongación luminosa, a veces tan larga como el propio cuerpo,
desde la cabeza hasta los pies de la siguiente manera: "El lado derecho del cuerpo, incluido brazo y
mano, en una luminosidad celeste-azul, y el lado izquierdo del cuerpo, rojizo o amarillo-rojo. Las
radiaciones de los ojos eran más brillantes que las de los dedos. De los orificios nasales surgían rayos
luminosos; hasta el aliento tenía luminosidad" (sic).» Cuando Reichenbach levantaba el brazo, sus
sensitivos veían que la luminosidad de ese brazo disminuía, y cuando lo bajaba, el aura aumentaba
en su luminosidad. De esto el científico constataba lo siguiente: «La luz ódica (el aura) cambia en
relación a la cantidad de sangre contenida en las venas del cuerpo físico.» Además, constataba que el
estado de salud luminosos; hasta el aliento tenía luminosidad" (sic).» Cuando Reichenbach levantaba
el brazo, sus sensitivos veían que la luminosidad de ese brazo disminuía, y cuando lo bajaba, el aura
aumentaba en su luminosidad. De esto el científico constataba lo siguiente: «La luz ódica (el aura)
cambia en relación a la cantidad dependía del grado de actividad, de viveza, de la misma aura. (Esto
precisamente es lo que la ciencia médica soviética está estudiando en la actualidad.) Reichenbach
observó también, con su grupo de sensitivos, infinidad de animales como gatos, pájaros, mariposas,
etc. También, como se ha dicho antes, con ocres y minerales —cristales de turmalina, diamantes y
cristales de roca, etc.—, sus experiencias fueron continuas. Por cierto, y consta en todos sus estudios,
que los órganos de reproducción de las flores son extremadamente lumisosos. Asimismo lo
inorgánico mostraba la típica coloración polar, especialmente los imanes y los cristales. Cómo, por
ejemplo, se desprendía de una varilla metálica fuertemente imantada «una llama chisporroteante»,
azul en el polo norte de la varilla, y amarillo-rojiza en su polo sur. Levantada ésta verticalmente, la
llama «Od» se elevaba y formaba en el techo de la sala un fino círculo luminoso de hasta 75 cm. de
diámetro. «Los cristales producen sobre los sensitivos el mismo efecto que la radiación ódica del
hombre, siendo en los cristales la "fuerza modeladora". El "Od", que para él es portador de la fuerza
vital, da forma y vida a los cuerpos» (Doctor Reichenbach).

3. - EN LOS CONFINES

34 J. ROCA MUNTAÑOLA

Todos estos estudios, ya lejanos, es curioso que hayan sido considerados actualmente como algo
digno de atención y respeto. Pocos serán los que discutan la realidad del aura humana y sus
tonalidades, pues se conoce la gran importancia que puede tener para infinidad de estudios, tanto en
medicina como en otras varias ramas de la ciencia, hasta en criminología, donde algún día podrá
tener gran importancia. Hoy sabemos, mejor dicho, conocemos por el estudio que se ha realizado
con los sensitivos, sujetos, metagnomos, mediums, etcétera, que generalmente sólo se distinguen
tres colores fundamentales en el aura humana, que representan: el cuerpo físico, el psíquico y el
espiritual, pero con infinidad de tonalidades cambiantes en los dos primeros, donde «lee» el
sensitivo... Las oscilaciones emocionales, como la avidez, los sentimientos, el deseo sexual, los
afectos, las contrariedades (de este orden, no espirituales), se expresan en el aura astral tanto en la
forma, como en el color (y sus variantes), cosa que ve perfectamente el sensitivo. Por lo tanto —y es
muy importante tenerlo en cuenta—, los colores del aura no son fijos, sino simplemente cambiantes
según sea la salud, las emociones, los deseos o pasiones, hasta el estado de nuestra «consciencia».
Fijos, son únicamente aquellos fundamentales que demuestran al sensitivo la verdadera
espiritualidad, las condiciones constantes de carácter (lo invariable en el ser humano), el talento,
como también lo son a veces los vicios funestos muy arraigados, que son parte ya de la persona.
Ahora bien; algunos «privilegiados» sensitivos dicen que distinguen hasta «cinco» auras en el cuerpo
humano, lo que realmente no es así. Entre la mayoría de los sensitivos tratados, lo ha sido una
famosa vidente de la provincia de Tarragona (1), de gran estimación por algunos, que igualmente
incursiona en el pasado que en el futuro con la mayor facilidad; se trata de persona de inmejorable
condición económica y que jamás aceptó remune-

(1) En realidad sólo es una, pero con tres colores básicos, correspondientes a los estados o cuerpos:
físico, psíquico y espiritual de la persona, aunque los colores son cambiantes algunas veces y por
diversas circunstancias. (Experiencias y estudio personal con la sensitiva doña C. S. de M., 1973 y
1974.)

EN LOS CONFINES DE LA PARAPSICOLOGÍA 35

ración alguna por el bien que hace. Nos consta asimismo que constantemente medita sobre la ética
de todo lo que estima, y de ello extrae su propia moral. Pues bien; dicha señora distingue tres auras,
por decirlo de forma gráfica, para que el lector lo entienda; lo que sucede, es que son tres colores
básicos del aura: el espiritual, el psíquico y el fí- sico, pudiendo saber en todo momento el estado
físico actual de la persona que tiene delante, así como la enfermedad que algunas veces sólo está en
el estado astral; o sea, que puede prever, adelan- tarse y atajar la enfermedad, antes de que la
misma penetre en el soma. Por otra parte, afirma esta sensitiva, que efectúa diariamente el viaje
astral, lo que le facilita su trabajo, el cual