Está en la página 1de 9

SADDAM HUSSEIN

Métodos utilizados para establecer Estados autoritarios: persuasión y coerción;


papel de los líderes; ideología; uso de la fuerza; propaganda

GOLPES DE ESTADO

A los 20 años ingresó al Partido Baaz Árabe Socialista, pero tuvo que huir del país hacia Siria en
1959, tras participar en un fallido golpe de estado en contra del primer ministro Abdul Karim
Qasim. Estudió leyes en la Universidad de El Cairo en 1962, y regresando a Irak en la
Universidad de Mustanseriya, de la que según algunas fuentes, obligó a los acádemicos a la
fuerza que le otorgaran el título universitario.

En 1963, Qasim fue derrocado (GOLPE DE ESTADO) y Ahmed Hasan al-Bakr y el Partido Baaz
llegan al poder y la influencia de Sadam en el partido empezó crecer de manera imparable, al
punto de llegar a ser jefe de seguridad y administrar una de las secretarías adjuntas.

IDEOLOGÍA
A partir de 1974, llegó a ser la figura más influyente del partido y del gobierno, llegando a
ostentar diversos cargos públicos y ser el número dos al mando de Irak. Bajo su influencia,
Sadam convenció a al-Bakr que nacionalizara el petróleo en 1972 (cuyos ingresos serán
utilizados para fomentar la industria armamentística del país), y que en 1976 se prohibiera la
existencia de otros partidos políticos contrarios al Baaz. En 1972, Sadam viaja a la Unión
Soviética, para firmar un Tratado de Amistad y Cooperación, con una validez de 15 años. Tras
esta relación, la URSS se convertirá en el principal proveedor de armas de Irak, hasta 1979.

En 1979, al-Bakr terminó siendo la sombra de Sadam, debido a que este poseía un fuerte
apoyo general y una gran influencia, lo que finalmente llevó a su renuncia y Sadam ocupó la
presidencia del país, que más adelante pasaría a ser dictador de Irak durante 24 años. Hussein
era admirador de Stalin e imitó varias de sus tácticas dictatoriales, como realizar una purga
dentro de su propio partido político en busca de opositores a su gobierno, la creación de una
policía secreta, un culto a la personalidad, bajo la instalación de numerosas estatuas de él
mismo y poniendo su nombre en varios edificios públicos, y la persecución religiosa de
chiítas que terminaban siendo asesinados, encarcelados o deportados a Irán. Ese mismo año,
también llegó a realizar masiva persecución de comunistas, lo que provocó un grave
deterioro en las relaciones diplomáticas con la URSS. Posteriormente, Sadam se posiciona
hacia Occidente, mejorando las relaciones con Francia, quién le proporcionará uranio e
infraestructura para llevar a cabo su propio programa nuclear, pero Sadam lo usará para fines
militares, mintiendo que su uso era para beneficiar a la población civil.

BELICISMO
Su ambiciosa política militar junto con los intereses de multinacionales petroleras que
ambicionaban los pozos de combustible ubicados en la frontera y aprovechando los conflictos
en Irán tras el surgimieto de la Revolución iraní, Sadam invade Irán, debido a que este último
se negó a otorgarle a Irak una salida al mar; Irak será apoyado por Estados Unidos, Francia y la
URSS y también recibió apoyo financiero por parte de Arabia Saudita y Kuwait, debido al temor
de que Irán podía dominar la región, por medio del fundamentalismo islámico. Durante la
guerra Sadam compró $150 millones de dólares en bombas de racimo, proporcionadas por el
empresario chileno Carlos Cardoen. La guerra se cobró cientos de miles de muertos (la mayoría
en el bando iraní) y dejó a ambos países en una situación económica deplorable. Aunque
según los expertos no hubo un claro vencedor (ya que las fronteras apenas cambiaron, y hasta
el día de hoy, hay presencia de minas antipersonales entre las fronteras), Saddam vendió el fin
de la guerra como una gran victoria iraquí.

Genocidio Kurdo

En el marco de la citada guerra Iran-Irak, Sadam Husein cometió una serie de matanzas en la
región kurda, al norte de Irak, que han sido calificadas por varios países como genocidio. La
matanza, conocida como Operación al-Anfal, se saldó con la destrucción de 4.500 poblaciones
y aldeas, y con el asesinato de alrededor de 180.000 civiles. La campaña de exterminio tuvo
lugar entre los años 1986-1989, y en ella se llevaron a cabo ofensivas directas, bombardeos
aéreos, destrucción de ciudades, deportaciones, fusilamientos y ataques con armas químicas.
La guerra química tuvo episodios como el ataque a Halabja, ciudad que fue bombardeada con
gas mostaza, y los gases nerviosos sarín, tabun y VX, provocando 5.000 muertos en una noche.
Estos ataques eran diseñados por el primo de Sadam, Ali Hassan al-Mayid, conocido como Alí
el Químico.

Primera Guerra del Golfo

En el verano de 1990 Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos sobrepasaron su cuota de


extracción y refinado de petróleo, lo que hizo caer el precio del crudo. En una reunión de la
OPEP se exigió a ambos países que cumpliesen con lo estipulado. El resultado de las
negociaciones pareció satisfacer a todos excepto a Irak, que pidió que se aumentase el precio
del barril de petróleo hasta los 25 dólares. Poco después, el ministro de exteriores iraquí, Tarek
Aziz, acusó a Kuwait de "robar petróleo a Irak" y de establecer pozos en el campo de Rumalia.
Irak amenazó a su emirato vecino con "usar la fuerza" si no reducía sustancialmente su
producción y EEUU respondió ofreciendo su apoyo a Kuwait.14 Según algunos expertos, el
encuentro que mantuvo la diplomática estadounidense April Catherine Glaspie con Saddam
Hussein y sus ministros en Bagdad resultó "ambiguo" y no se expresó claramente la posición
que adoptarían los estadounidenses en caso de un conflicto entre ambos países árabes. En
cualquier caso, el 2 de agosto de 1990 Irak invadió y se anexó Kuwait. Durante la ocupación,
mandó a asaltar diversas embajadas, tomando como rehenes a todo extranjero que hubiese
en Kuwait, amenazando a los demás países, que los iba a usar como escudos humanos.

A comienzos de 1991, una coalición internacional dirigida por Estados Unidos declaró la guerra
a Irak y le obligó a retirarse de Kuwait durante la Guerra del Golfo, restaurándose el Emirato de
Kuwait. Esta guerra fue bautizada por Saddam como "la madre de todas las batallas". Durante
el conflicto, Estados Unidos y varios países de Europa, llevaron a cabo una campaña
propangandística, cuyo objetivo era demonizar la imagen de Sadam Hussein, entre ellas que
era el dictador más temible del Medio Oriente y que su victoria podría dejar como
consecuencia una crisis energética global. Para mantener a la población civil iraquí bajo
control, Sadam empezó a apelar al populismo islámico, vistiendóse de beduino,
autoproclamandóse ''Servidor de Dios'' (a pesar de que anteriormente se consideraba
agnóstico y defendía el laicismo), y haciendo un llamado a derrocar a todos los gobernantes
''traidores'' de la nación árabe. Posteriormente, y luego de verse visiblemente derrotado,
Sadam ordena la retirada de su ejército de Kuwait, no sin antes que quemarán cerca de 700
pozos petrolíferos, generando un grave daño ambiental. Los resultados de la guerra fueron
catastróficos, conduciendo hacia la peor crisis económica iraquí y la ONU impuso al país un
severo embargo y aislamiento total, al punto de no tener relaciones comerciales con casi
ningún país, ni siquiera con los países árabes.

A pesar de la derrota, Saddam Hussein se mantuvo como presidente de Irak y del Consejo del
Mando Revolucionario. Los años posteriores supusieron un aislamiento cada vez más
acentuado para Irak, a pesar de lo cual, la actitud de Saddam siguió siendo desafiante. Los
servicios de inteligencia kuwaitíes informaron en 1993 de que la inteligencia iraquí había
planificado el asesinato del entonces presidente estadounidense George H. W. Bush durante
una visita de éste al país. Como respuesta, el entonces presidente Bill Clinton ordenó el
lanzamiento de 23 misiles Tomahawk sobre el cuartel general de la inteligencia iraquí, en
Bagdad.

Años más tarde, EEUU y el Reino Unido también realizaron una serie de bombardeos sobre
Irak dentro de la denominada "Operación Zorro del Desierto". El argumento entonces fue la
falta de cooperación iraquí con los inspectores de la ONU que supervisaban el desarme del
país, aunque otros medios aseguraron que se trataba de un intento del Clinton para desviar la
atención del "Escándalo Lewinsky".

Tras la guerra, Sadam inició en 1993 la Campaña de fe18 para legitimar su posición política en
la sociedad. Ante los acontecimientos sociales y políticos que habían cuestionado la figura de
tanto Sadam como la doctrina del Partido Baaz, Sadam vio la oportunidad de instrumentalizar
el islam para sus intereses, rompiendo con la secularidad del partido.

Segunda Guerra del Golfo y captura

Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 de Nueva York, el presidente estadounidense
George W. Bush incluyó a Irak, Irán y Corea del Norte en el denominado 'eje del mal'.19 Dos
años después, una coalición formada por EEUU, Reino Unido, Australia, España y Polonia
declaró de nuevo la guerra a Iraq e invadió el país, iniciando lo que se conoció como "Invasión
de Irak". Los motivos que esgrimió el entonces presidente estadounidense fueron que Irak
poseía armas de destrucción masiva y que no había colaborado con los inspectores de la ONU.
Este conflicto supuso la caída del régimen de Saddam, pero las armas no se encontraron.

El paradero del dictador fue desconocido durante varios meses hasta que el 13 de diciembre
de 2003, Saddam Husein fue arrestado en una operación conjunta entre efectivos kurdos
iraquíes y el Ejército estadounidense mientras se encontraba escondido en un sótano en los
alrededores de su localidad natal, Tikrit. Entre las primeras imágenes transmitidas, algunas
mostraron a Husein siendo examinado, así como el estado en que se encontraba en el
momento de ser capturado.

El 5 de noviembre de 2006, tras dos años de juicio, Hussein fue condenado, junto con otros
dos acusados, "a morir en la horca" por el Alto Tribunal Penal iraquí (controlado por Estados
Unidos), que lo encontró culpable de haber cometido un crimen contra la humanidad, por el
asesinato de 148 chiitas de la aldea de Duyail en 1982, hecho ordenado por Husein en
represalia por un atentado contra su vida cometido durante una visita a esa aldea por parte de
guerrilleros del opositor Partido Islámico Dawa20 También se le atribuye la responsabilidad del
ataque químico a Halabja (1988), la represión de la rebelión chiita (1991), las fosas comunes
(1991), la guerra contra Irán (1980-1988) y la invasión de Kuwait (1990).

En los dos años del juicio, Husein se mostró, según sus jueces, desafiante ante el tribunal iraquí
y en el momento de la sentencia (morir en la horca) el 5 de noviembre de 2006, varios
colaboradores del ex dictador iraquí insultaron al tribunal y Husein pronunció las siguientes
palabras;

Larga vida al pueblo, larga vida a la nación. Abajo los invasores. Dios es grande.

Ejecución

El 5 de diciembre de 2006, el Alto Tribunal Penal iraquí, confirmó la orden de ejecución de


Saddam para el 2 de enero de 2007. Los altos funcionarios iraquíes nombrados por la coalición
se apresuraron a tomar la decisión de su muerte antes de la llegada de 2007. Saddam Husein
fue ejecutado la víspera de la Nochevieja de 2006.23 24 Fue ahorcado a las 06:00 A.M hora
local, por los cargos de crímenes contra la humanidad.

El día 29, Hussein entregó su testamento a sus hermanos y fue entregado al gobierno
provisional de Irak. La ejecución de Saddam Husein tuvo lugar el día sábado 30 de diciembre
de 2006, aproximadamente a las 06:05 hora local (03:05 GMT). Se le ejecutó en presencia de
un clérigo, un médico y un juez, además de un gran número de testigos, todos ellos de origen
iraquí aunque autorizados por Estados Unidos; tuvo un ejemplar del Corán en sus manos.

En un vídeo realizado con un móvil en el momento de la ejecución, se escucha cómo el


expresidente iraquí se enfrenta dialécticamente a sus verdugos. Saddam Hussein se negó a que
le cubriesen la cabeza con una capucha antes del ahorcamiento y leyó las frases de la
profesión de la ley musulmana: "No hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta."
Tras la ejecución, en aquella misma jornada, una cadena de atentados sacudió Bagdad dejando
al menos 70 muertos, después de que el Partido Baaz pidiera a los iraquíes venganza por el
asesinato del expresidente a manos de los invasores. Su cuerpo fue entregado a sus familiares
para ser enterrado en su ciudad natal, Tikrit.

A raíz de la ejecución de Saddam Hussein, Izzat Ibrahim ad-Douri (su antiguo vicepresidente),
fue elegido como el nuevo líder del proscrito Partido Baaz iraquí el 3 de enero de 2007, siendo
actualmente su secretario general y la cabeza de un más amplio frente de resistencia político-
militar contra las fuerzas extranjeras de ocupación.

OTROS DATOS QUE REVELAN SU IDEOLOGÍA:

El régimen que instaura Saddam Hussein se basa en un liderazgo personalista al máximo, con
un gran culto a su personalidad. Aunque laico, no duda en apelar al factor sunnita, rama del
Islam a la que pertenecía, que en Irak es una minoría frente al chiismo. Así favorece a los
sunnitas creando una auténtica red de lealtades, fortalecidas por el miedo y por la fortaleza de
su clan de Tikrit.

Las purgas en sus primeras semanas en el poder son constantes. Afectan tanto a opositores
como a miembros del partido o del ejército, a los que sustituye por sus propios partidarios.

En el aspecto exterior, Saddam supo jugar perfectamente, en sus primeros años, con la
geopolítica mundial de la guerra fría. Así, aunque pierde el favor de Moscú al perseguir al
Partido Comunista, empieza a ganar apoyos de las potencias occidentales. La Revolución iraní
jugó en este aspecto a favor del dictador, ya que pudo presentarse como el dique frente al
islamismo chii que representaban los ayatolah.

En 1980 Saddam lanza su primer órdago militar: invade Irán, no sin antes haber desatado una
oleada de represión contra sus conciudadanos chiies (si bien es verdad que estos estaban
siendo armados por Irán de cara a enfrentarse con el gobierno iraquí).

La guerra, cruenta e interminable (8 largos años), deja bien a las claras la crueldad con la que
podía actuar Saddam, así como la hipocresía de occidente. El ejército iraquí, pertrechado por
las potencias occidentales, sobre todo por los Estados Unidos y Francia, intentó una guerra
relámpago contra su vecino, pero la demografía de la antigua Persia, con una población muy
superior, la hizo imposible.

Ni siquiera los bombardeos con armas química, vendidas por los EE.UU a “su hombre en la
zona, consiguió la rendición del gobierno de Jomeini. Aún así, demostró ser un maestro de las
relaciones públicas. Por una parte consigue el apoyo de los países árabes moderados, ante los
que se presenta como el representante del sunnismo ante el chiismo. Por otra parte, consigue
que los Estados Unidos lo saquen de la lista de naciones que apoyaban el terrorismo y
restablece las relaciones diplomáticas rotas hacía años.
Particularmente comprometida fue la visita que, en 1983, realiza Donald Rumsfeld a Bagdad,
para entrevistarse con el dictador que, años después se empeñaría en derrocar y al que
entonces le vendía armas químicas. Estás, además, no fueron solo utilizadas contra Irán, sino
que formaron parte de la campaña contra los kurdos que emprende Saddam en 1988 y que
culmina con el bombardeo con gases mostaza, sarín y otros de la localidad de Halabaj, que
provocó unas 4000 bajas civiles.

A pesar de todo, Irán resiste, y se establece una especie de empate técnico: ni occidente iba a
dejar de apoyar a Irak ante los Ayatolah, ni Irán caía en sus manos. Así, en 1988, agotados
ambos pueblos la guerra termina, oficialmente sin vencedores ni vencidos pero con centenares
de miles de muertos.

Aún así, el régimen iraquí se declaró vencedor de la contienda, un vencedor que había sufrido
enormes pérdidas económicas y se había endeudado hasta límites insostenibles para cualquier
economía.

DESCRIPCIÓN DE SADDAM HUSSEIN


Saddam Hussein, el Líder Glorioso, el Descendiente Directo del Profeta, presidente de Irak y de
su Consejo del Mando Revolucionario, dormía antes de que las bombas comenzaran a caer
apenas 4 o 5 horas por noche. No bien se levantaba, a eso de las 3 de la mañana, nadaba un
rato; todas sus casas y palacios, ahora destruidos, tenían piscina. La natación aliviaba su
problema de columna -una luxación de disco- y lo ayudaba a mantenerse en forma.

Dos veces por semana le enviaban por avión alimentos frescos: langosta, camarón, pescado,
mucha carne magra y abundantes productos lácteos. Los recibían sus científicos nucleares, que
los examinaban con rayos X y los analizaban en busca de venenos o radiactividad. Luego, en
cada uno de sus palacios (son más de 20) chefs formados en Europa, con sus respectivos
pinches, le preparaban tres comidas diarias. Para un hombre de su corpulencia, come poco:
picotea y, a menudo, deja la mitad de la porción. Le gusta beber vino en las comidas, pero
aunque lo hace con moderación, cuida de que nadie lo vea. El islam prohíbe el alcohol y, en
público, Saddam respeta sus preceptos.

En la mano derecha, cerca de la muñeca, luce un tatuaje azul oscuro de tres puntos alineados.
Se los hacen a los niños de cinco años en las aldeas, como signo de sus raíces rurales y tribales

El presidente vitalicio de Irak pasaba largas horas en su despacho, o mejor dicho, en el que él y
sus agentes de seguridad hubieran elegido para ese día. Cuando recibe a sus ministros y
generales, y solicita sus opiniones, pero calla las suyas. Los informes de sus jefes
departamentales, prolijamente apilados, rinden cuenta detallada de lo hecho y gastado, más
un resumen final. Por lo común, sólo lee éstos, aunque escoge algunos informes para
estudiarlos más a fondo. Nadie sabe cuáles elegirá. Si los detalles de un informe difieren de lo
expresado en el resumen, o lo confunden, Saddam cita al jefe responsable. En estas
entrevistas, siempre se muestra sereno y cortés; rara vez alza la voz. Le gusta demostrar que
domina todo cuanto atañe a su "reino", desde la rotación de los cultivos hasta la fisión nuclear.
Pero estas reuniones pueden ser aterradoras, cuando las utiliza para engatusar, recriminar o
interrogar a sus subordinados.

Lector voraz, recorre desde la física hasta las novelas. En particular, lo apasionan la historia de
los pueblos árabes y la militar. Le gustan los libros sobre grandes hombres y admira a Winston
Churchill, tan famoso por su carrera política como por su importante producción literaria.

Le gusta mirar televisión: los canales iraquíes que controla, pero también CNN, Sky, Al-Jazeera
y la BBC. Disfruta del cine, en especial cuando hay intrigas, conspiraciones y asesinatos: El día
del Chacal, La conversación...

Saddam lleva casi 40 años de casado con Sajida, su prima hermana por la línea materna e hija
de Khairallah Tulfah, su tío y primer mentor político. Sajida le ha dado 2 hijos y 3 hijas, y le es
fiel, pese a que él no lo es desde hace tiempo. "Saddam mantiene relaciones íntimas con
mujeres, pero las historias de violaciones y asesinatos son falsas -afirma Samarai-. Es solitario
por naturaleza y el poder lo aísla aún más. Su única pasión dominante es sobrevivir."

En su aldea natal, Al-Awja, al este de Tikrit, en el norte del Irak central, su clan vivía en casas
con paredes de adobe. La tierra es seca. Las familias sobreviven cultivando trigo y hortalizas.
Los miembros de su clan, Al-Khatab, tenían fama de violentos y astutos. "Para algunos, eran
estafadores y ladrones", recuerda Salah Omar al-Ali, que se crió en Tikrit y, más tarde, conoció
muy bien a Saddam. Quienes todavía lo apoyan quizá vean en él a un gran líder del islam, una
especie de Saladino; sus enemigos, a un dictador cruel, a la manera de Stalin. Para Ali, será
siempre un simple Khatab representando su papel familiar en un escenario mucho más vasto.

No era un mero alborotador capaz de hacerse respetar por los matones que hacían el trabajo
sucio del Partido Baa´th; en una combinación impresionante, era también un hombre de
acción instruido, abierto, que sabía expresarse y entendía la política. Era un líder nato que
podía guiar a Irak hacia una nueva era.

No bien el partido se adueñó del país, en 1968, Saddam se convirtió en el verdadero poder
detrás de su primo Ahmad Hassan al-Bakr, presidente de Irak y del nuevo Consejo del Mando
Revolucionario.

El 18 de julio de 1979, invitó a todos los miembros del Consejo y a centenares de líderes del
Baa´th a un salón de conferencias en Bagdad. Desde el fondo, una cámara de video registró el
acontecimiento para la posteridad. Vistiendo su uniforme militar, caminó lentamente hasta el
estrado y se paró detrás de dos micrófonos, blandiendo un gran cigarro. Su cuerpo, su ancho
rostro, parecían agobiados de tristeza. Denunció una traición, un complot sirio; había traidores
entre los asistentes. Dicho esto, se sentó. Por detrás de una cortina, salió Muhyi Abd al-
Hussein Mashhadi, secretario general del Consejo, a confesar su participación en el putsch .
Unos días antes, lo habían arrestado en secreto y torturado; dio fechas, horas y lugares de
reunión de los conjurados. Luego, empezó a dar nombres. A medida que iba señalándolos, de a
uno, entre los presentes, guardias armados los prendían y los sacaban del salón. Uno gritó que
era inocente. "¡Fuera, fuera!", vociferó Saddam. Una vez desalojados los 60 "traidores",
Saddam volvió al estrado y, enjugándose las lágrimas, repitió sus nombres. Esta actuación
escalofriante produjo su efecto: los presentes comprendieron cómo funcionaría Irak de ahí en
más.

Durante su vicepresidencia (1968-1979), los objetivos partidarios parecieron ser los suyos.
Gracias a su contundente eficiencia administrativa fue un período relativamente bueno para
Irak. Orquestó un plan draconiano de alfabetización nacional: estableció programas de lectura
en todas las ciudades y aldeas; la inasistencia se castigaría con 3 años de cárcel. Hombres,
mujeres y niños asistieron a las clases compulsivas; cientos de miles de iraquíes analfabetos
aprendieron a leer. La Unesco premió a Saddam. También hubo proyectos ambiciosos para
construir escuelas, caminos, viviendas y hospitales. Irak creó uno de los mejores sistemas de
salud pública de Medio Oriente. Por aquellos años, Occidente admiró los logros de Saddam,
aunque no sus métodos. Tras la revolución fundamentalista islámica de Irán y la toma de la
embajada de Estados Unidos en Teherán, en 1979, Saddam parecía ser la mejor esperanza de
modernización laica en la región.

Hoy, todo eso es un recuerdo lejano. A los dos años de haber tomado el poder absoluto, sus
ambiciones viraron hacia la conquista y sus derrotas arruinaron la nación. Hamed al-Jubouri,
otro ex miembro del Consejo radicado en Londres, lo explica así: "Al principio, el Partido Baa´th
reunía a toda la elite intelectual de nuestra generación. Saddam parecía muy distinto del que
después aprendimos a conocer. Nos engañó a todos. Lo apoyamos porque parecía el único
capaz de controlar un país difícil como Irak, un pueblo difícil como el nuestro. Ocultó su
verdadera personalidad bajo su aspecto de intelectual práctico".

¿Qué quería Saddam?

Cada vez que ha esquivado la muerte, ha fortalecido su convicción de que Dios le inspiró el
camino y su destino es la grandeza. Dada su cosmovisión esencialmente tribal y patriarcal,
destino significa sangre. Por eso encargó a los expertos un árbol genealógico que se remontara
a Fátima, la hija de Mahoma. Para él, más que el portador de la revelación divina, el profeta
fue un precursor político, un gran líder que unificó a los pueblos árabes e inspiró un
florecimiento de su poderío y cultura. Sus fraguados lazos de sangre con Mahoma están
simbolizados en una copia del Corán, de 600 páginas, escrita a mano con su propia sangre; la
donó de a medio litro, a lo largo de 3 años. Hoy se exhibe en un museo de Bagdad.

Si acaso tiene una religión, es la fe en la superioridad de la historia y cultura árabes. Está


convencido de que esa tradición renacerá y sacudirá al mundo. Su visión imperial de la antigua
grandeza de Arabia es romántica. Su noción de la historia se refiere simplemente al poder. La
actual hegemonía global de Occidente y, en particular, de Estados Unidos, es tan sólo una fase.
Estados Unidos es infiel e inferior. Carece de la rica y antiquísima herencia de Irak y otros
estados árabes. Su posición en la cima es un mero desvío de la historia, una aberración, una
consecuencia de las ventajas tecnológicas adquiridas. No puede durar.

En su discurso del 17 de enero del año último, undécimo aniversario del comienzo de la guerra
del Golfo, Saddam explicó: "Los norteamericanos todavía no han establecido una civilización,
en el sentido profundo y cabal que nosotros damos al término. Han establecido una metrópoli
de la fuerza..." Aun cuando se extasíe con la rica historia de Arabia, admite la superioridad
manifiesta de Occidente en dos cosas. Primera: la tecnología en armamentos; de ahí sus
esfuerzos incansables por importar pertrechos avanzados y desarrollar armas de destrucción
masiva. Segunda: el arte de adquirir y retener poder; por eso se abocó al estudio de uno de los
líderes más tiránicos de la historia: Josef Stalin.

Tomemos por caso los ocho años de guerra contra Irán y su horrendo final, con centenares de
miles de muertos en ambos bandos. Quienes visitaron Bagdad un año después y recorrieron
sus calles tuvieron la impresión de que a uno de cada dos hombres le faltaba un miembro. El
país fue devastado. La guerra le costó miles de millones de dólares. Saddam dijo haber
reconquistado el control del Chat el-Arab. El triunfo lo embriagó, pese a las enormes pérdidas.
En 1987, gracias a la conscripción obligatoria y los armamentos occidentales, su Ejército
ocupaba el cuarto lugar en el mundo. Poseía un arsenal de misiles Scud, tenía en curso un
sofisticado programa de armas nucleares y estaba desarrollando mortíferas armas químicas y
biológicas. Inmediatamente, empezó a proyectar nuevas conquistas. Su invasión de Kuwait, en
agosto de 1990 -uno de los grandes errores de cálculo militar de la historia moderna- fue un
producto del delirio de grandeza.

El arte del tirano es la crueldad. La estudia y la adopta. Su dominio se basa en el miedo, pero
éste no basta para frenar a todo el pueblo. Hay algunos hombres y mujeres muy valientes,
dispuestos a afrontar la muerte con tal de oponérsele. Pero el tirano tiene con qué
contrarrestar aun esto. Entre quienes no temen a la muerte, algunos temen la tortura o la
humillación. Y hasta quienes, personalmente, nada temen, quizá teman por sus padres,
madres, hermanos y hermanas, esposas e hijos. El tirano utiliza todas estas herramientas.
Ordena no sólo actos de crueldad, sino también espectáculos crueles. Cuando Saddam reprime
a los religiosos shiitas, ejecuta a los mullah , pero también a sus familias. El sufrimiento, la
humillación y la muerte se convierten en espectáculo público. En última instancia, no importa
ser culpable o inocente, por cuanto no existe ley o valor alguno más allá de la voluntad del
tirano. Si él quiere arrestar, torturar, juzgar y ejecutar a alguien, eso basta. Además de servir
de advertencia, castigo o purga, esta práctica pregona su fuerza ante sus súbditos, sus
enemigos y sus rivales potenciales. La compasión, la imparcialidad, la preocupación por
atenerse a la ley son señales de indecisión. La indecisión implica debilidad. La crueldad
reafirma la fuerza.

Aun cuando Saddam esté en lo cierto sobre que su destino es la grandeza, su leyenda estará
teñida de crueldad. Tal vez lo considere un rasgo lamentable, pero necesario, que define su
estatura. Un hombre inferior no lo soportaría.