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1ª Estación.

Pero fui arena medrosa


JESÚS ES CONDENADO A que no supo defenderlo.
MUERTE Debí gritarles:
Y no respondió a ninguna “¡Judíos, yo soy,
acusación. yo soy el perverso;
(Mt. 27,14) a mí la hiel, las espinas,
Te condenaron a muerte a mí la cruz y el flagelo!”,
tu silencio y mi silencio. pero se anudó a mi voz
Las gargantas en tumulto la vil serpiente del miedo.
ante el Pretor somnoliento, ¡Pastores, por cobardía
lapidaron con sus gritos me mataron mi Cordero:
el mármol de tu silencio. fue más fuerte que mi amor
Tu mutismo era una estatua el ladrido de los perros...!
de blancura y de misterio. Lo condenaron a muerte
“¡Habla, Jesús, que te matan! su silencio y mi silencio:
Arropada en tu silencio uno, silencio de amor;
la muerte viene volando otro, silencio de miedo.
entre graznidos de cuervos.
¡Habla, Señor, tu palabra,
como un huracán de fuego,
salga de tu boca
y queme lo falso de los
denuestos!
¿Por qué te quedas callado
si eres el Divino Verbo...?”
La boca de Dios
quedó baldía como el desierto.
Lo condenaron a muerte
su silencio y mi silencio.
Escupieron las gargantas
alaridos a mi miedo.
Al oleaje de gritos
debí levantar mi pecho
-dique de amor y diamante-
contra el torrente protervo.
2ª Estación. una nueva epifanía
JESÚS SE ABRAZA CON LA alumbrará tierra y cielo.
CRUZ Serás llamada Señora
Levántate, Amiga mía, y Madre de muchos pueblos.
hermosa mía, y ven. Vendrán a ti con sus dones
(Cant. 2,13) los reyes del mundo entero.
Acércate, Bienamada, Con tus brazos extendidos
la de los brazos abiertos. serás rosa de los vientos
A ti corro enamorado que conduzca caminantes
con un ciclón de deseos. a mi Corazón abierto.
Tengo sed de tu regazo Los que a Mí quieran venir
para morir en silencio. tendrán que amarte primero...
Amada, la presentida Salgamos ya, Bienamada,
desde los montes eternos, la de los brazos abiertos.
la elegida por el Padre
para el Varón Unigénito,
eres morena de sol
y tienes olor a cedro;
yo pondré sobre tus hombros
el lino en flor de mi cuerpo
y un rojo manto prendido
con cinco rosas de fuego:
¡Divino traje de bodas
en el abrazo supremo!
Ven a mis brazos, Amada,
la de los brazos abiertos.
Bajo la noche del odio
iremos por el sendero
relampagueante de gritos
y enraizado de tropiezos:
¡Que el amor siempre camina
por sendas de sufrimiento!
Cuando estemos en la cumbre
unidos los dos y quietos,
en holocausto humeante,
transverberados de fuego,
3ª Estación. deja el cauce de mis trenzas
BAJO EL PESO DE LA CRUZ constelado con sus besos,
JESÚS CAE y mis arenas febriles
Y DA CON SU BOCA EN ungidas de refrigerio!
TIERRA ¡Qué triste el beso de otoño,
Béseme con el beso de su cuando, al impulso del viento,
boca. besa con sus hojas secas
(Cant. 1,1) la planta de mis senderos
¡Decidme quién me besó y me deja en la garganta
con unos labios de fuego...! sabor a muerte y a duelo!
Muchas veces he sentido Pero nunca conocí un beso
el ósculo del invierno. como este beso:
Sus labios -copos de nieve- tan lleno de suavidades,
al caer blancos y lentos de tristeza y de misterio...
me visten con la pureza Eternos labios heridos,
de los glaciares eternos: divinos labios de fuego
son un bautismo de gracia que, quemando, purifican
que me renueva por dentro. y sirven de refrigerio;
Al llegar la primavera labios de Cristo,
florida por los oteros, caído en el camino tremendo,
la fecundidad despierta ¿a la Tierra, vuestra esclava,
en mis ateridos senos. así la tratáis, a besos...?
Con sus rojas amapolas ¡Oh labios, yo no soy digna,
¡cómo me cubre de besos pero... besadme de nuevo!
y cascabeles de espigas
y música de jilgueros!
Pero nunca conocí
un beso como este beso:
¡si me ha dejado más blanca
que los altos ventisqueros
y me ha vuelto más fecunda
que los jardines del cielo!
Decidme quién me besó
con unos labios de fuego.
¡Qué dulce, cuando el estío
con sus labios de aguacero
4ª Estación ¿Por qué vas con esos hombres
JESÚS SE ENCUENTRA CON y a mí me dejas gimiendo?
SU MADRE Yo, por Ti, diera mi vida, ellos...
¿A dónde se te fue el amado, ¡dan treinta dineros!
oh tú, la más hermosa de las Cristo, Niño mío;
mujeres? ¿para dónde vas?
(Cant. 5,17) Pobre María, Mar de lágrimas,
Cristo, Niño mío, no te canses de llorar.
¿para dónde vas?
María, Mar de lágrimas,
¿quién te lo dirá?
Piececitos como lirios
que en mi regazo crecieron,
¿por qué lleváis a mi Niño
por tan ingratos senderos:
alfombras: charcos de sangre,
sandalias: llagas de fuego?
Manecitas de jazmines
que en diciembre florecieron,
¿por qué os alejáis crispadas
sobre ese oscuro madero
y ni podéis despediros de mí,
perfumando al viento?
Cristo, Niño mío,
¿para dónde vas?
María, Mar de lágrimas,
¿quién te lo dirá?
¡Oh cabeza de mi Niño
que durmió sobre mi pecho,
negras espinas te ciñen,
ya no dulcísimos besos;
dolor y llanto te arrullan,
ya no cantares maternos!
¡Oh puñadito de mirra
que perfumaste mi seno!
5ª Estación. llevando mi cruz a cuestas,
EL CIRINEO AYUDA A JESÚS de dolor desmorecido,
A LLEVAR LA CRUZ Tú serás el cirineo
Mi Amado para mí, y yo para que me lleve al Sacrificio.
Él. Eres, como yo, de barro;
(Cant. 2,16) hazme, como Tú, de trigo;
Yo seré tu cirineo, exprímeme sobre el monte
Tú, Jesús, serás el mío, como maduro racimo;
Eres de mi mismo barro, y los dos, compenetrados,
Dios sudoroso y herido, hechos de harina y de vino,
te faltan muchas caídas en la cumbre amanecida
para llegar al patíbulo. seremos un Sacrificio.
Tu vida puede quebrarse
a la mitad del camino,
y si mueres a deshora
nos dejas sin crucifijo,
sin testamento, sin Madre,
sin el Refugio Divino de tu
Corazón,
abierto por la lanza de
Longinos...
Tienes que llegar al ara muerto
de dolor..,
y vivo; si te abruma mucho
el peso de tu amor y mis delitos,
yo seré tu cirineo...
¡Vayamos al Sacrificio!
Y después, cuando en la vida
se cambien nuestros destinos,
cuando Tú, resucitado todo
balsámico
y limpio me esperes en los
trigales viviente
pero escondido, y yo cruce ante
tus ojos
hecho temblor y martirio,
6ª Estación. Con tal que a Ti me parezca,
LA VERÓNICA ENJUGA EL sufrir me parece poco.
ROSTRO DE JESÚS
Como una marca de fuego
sobre el corazón.
(Cant. 8,6)
Así quiero que me pintes
sobre mi pecho tu rostro.
En el pesebre, de niño,
eras estrellita de oro;
de joven, entre los lirios,
el más fragante de todos;
bajo los soles maduros
pareciste el más hermoso;
mas hoy, cuando todos dicen
que no tienes ni decoro,
es cuando me gustas más:
eres ¡el Divino Rostro!
Así quiero que te pintes
en mis entrañas muy hondo,
con pinceladas de sangre,
de salivas y de polvo;
morado de bofetadas,
palidecido de oprobios.
Me enamoras como nunca
porque en tu cara conozco
todo el amor que me tienes
encendido y doloroso.
Mi corazón es el lienzo
para que pintes tu rostro.
En Ti quiero retratarme
como un espejo en el otro.
¡Que no me falten espinas
ni lágrimas en los ojos,
ni sudor, ni bofetadas,
ni manchas de sangre y lodo!
7ª Estación. lleno de angustia y miseria
JESÚS CAE POR SEGUNDA yo moriría sin remedio.
VEZ ¡Estabas, oh Dios, tan alto
Hasta los perrillos comen las y yo tan vil y pequeño!
migajas que caen de la mesa. Bajo tu disfraz de polvo
(Mt. 15,27) escondido,
¿Quién tiró el Pan de los hijos te presiento tan lleno de
para dárselo a los perros? resplandores
Viviente Copo de harina como en la gloria del cielo.
caído sobre el sendero, Si los hombres no te quieren,
Pedazo de pan cocido ven, y descansa en mi pecho.
en hornos de sufrimiento, Migaja de pan,
Migajita resbalada caído para el hambre de los
desde el regazo paterno, perros:
¿para caer en el polvo ¡el amor que me tuviste
descendiste de los cielos? te puso en tales extremos!
Escándalo de los hijos,
Ludibrio de todo el pueblo,
¿así quieres que te coman
los ricos, los opulentos?
Eres tan poquita cosa,
estás tan sucio y tan feo
que ni el hijo más humilde
ni el mendigo más hambriento
se dignarían inclinarse
por recogerte del suelo.
¿Quién tiró el Pan de los hijos
para dárselo a los perros?
Yo bendigo tu caída
que me infunde atrevimiento.
Con lágrimas y temblores
de ternura a Ti me acerco.
Yo soy el pobre perrillo
punzado de hambre y de miedo.
Si no te hubieras caído,
como lluvia, en mi desierto,
8ª Estación. Lloro de haberte olvidado.
JESÚS CONSUELA A LAS Déjame llorar, Señor,
PIADOSAS MUJERES Para siempre, sin descanso.

No lloréis por mí, llorad sobre


vosotras. Déjame llorar, Señor,
(Lc. 23,28) -lluvia de pétalos blancos-
de mis ojos doloridos
No quiero llorar por Ti:
caigan las gotas de llanto,
quiero llorar mis pecados.
y laven con su blancura
lo negro de mis pecados.
Las almas vienen siguiendo
la púrpura de tus pasos;
Tu amor y yo, frente a frente,
todas quieren consolarte
a solas, los dos estamos;
¡y todos vienen llorando!,
y mis dos ojos te dicen
lo que no puede mi labio.
yo, Señor, aunque te miro
todo del Amor llagado,
Mira quebrado a tus pies
no quiero llorar por Ti,
mi corazón de alabastro,
oh divino Enamorado.
¡tan duro para quererte,
Yo sé que por fuera sufres, para olvidarte, tan blando!
mas, por dentro, estás gozando, mira cómo, de la herida mana
porque el Amor, cuando hiere, el olor de mis nardos...
es como aroma de bálsamo
que mientras más nos traspasa
Tu amor y yo, frente a frente,
es más suave y delicado.
a solas, los dos estamos.

Las heridas de amor saben


Los dos, con el alma rota;
a miel y huelen a nardo.
los dos, transidos de bálsamo.

¿Por qué entonces, sin quererlo,


¡Y tus dos ojos me dicen:
van mis lágrimas brotando?
“Mucho se te ha perdonado”!

¡Señor, no lloro por Ti:


que lloro por mis pecados!
No lloro de verte herido,
9ª Estación. Porque mil negras pupilas
JESÚS CAE POR TERCERA ansiosas en Ti se clavan
VEZ por ver si quedas caído
Levántate y anda. o mirar sí te levantas
(Mt. 9,5) por eso mi voz te grita:
Triplicaste tu caída “Jesús, levántate y anda.
entre sollozos y lágrimas.
Levántate aunque el cansancio
La magnolia de tu veste yace en se desploma en tus entrañas
tierra, Levántate, aunque el suplicio
deshojada y el caudal de tus con vivas lumbres te aguarda.
cabellos
hontanar de limpias aguas
Levántate, que la meta
sobre las piedras desnudas
se mira ya muy cercana”
dormido se desparrama...

Enséñales a los hombres


¡Qué desfallecer del cuerpo,
esa ciencia necesaria
qué desaliento en el alma!
de resurgir varoniles
¡Cuánta sed de abandonarse
cuando en el camino caigan.
y no proseguir la marcha,
Si Tú te quedas caído
suspender eternamente
derrumbas nuestra esperanza.
el ritmo de las pisadas!
Somos flores de los campos
que hasta un soplo desarraiga,
¿Por qué un grito se me sube y ¡es tan fácil que en la vida
tembloroso a la garganta se quede caída el alma,
un grito para gritarte: cuando ha sentido el abrazo
“Jesús, levántate y anda”? cenagoso de las charcas
que ofrecen lotos de oro
y víboras anidadas!
Porque otras muchas caídas
¡Y es tan duro levantarse
tus tres caídas retratan:
para proseguir la marcha
el azoro de los niños
cuando en las venas hay frío
caídos de madrugada;
y anochece en las entrañas...!

el derrumbe de los jóvenes


Jesús, por los pecadores
desde las cumbres nevadas;
mi voz te grita angustiada,
las caídas de los viejos
por nosotros pecadores,
tan negras y tan amargas...
Jesús, ¡levántate y anda!
10ª Estación. que te ven a Ti desnudo
JESÚS ES DESNUDADO Y y no corren a abrigarte?
ABREVADO CON HIEL Y Pero, bien visto,
VINAGRE ¿qué importa Si los soldados
Revestíos de Cristo reparten entre sí tus vestiduras
(Rom. 18,14) llenas de sudor y sangre?
Así, desnudo, Dios mío, Tienes oh Dios,
¡qué pena me da mirarte, una túnica que nadie podrá
escultura de vergüenza arrancarte:
cincelado en nieve y sangre! la túnica de tu cuerpo
Tienes todo el desamparo que te tejiera tu Madre
de nuestros Primeros Padres, en el telar de su seno
al esconderse llorosos con el lino de su carne.
y desnudos tras los árboles ¡De esa veste,
con el sabor del pecado ni la muerte podrá jamás
amargándoles las fauces. despojarte!
También hay entre tus labios Mira, Señor,
sabor a hiel y vinagre: a mi alma también desnuda y
amargura de pecados que, sangrante:
sin beberla, probaste. se jugaron a los dados
Las saetas de los ojos entre el Demonio y la Carne
y de las risas procaces mi túnica de la gracia
sobre tu cuerpo desnudo en frenético aquelarre,
volando van a clavarse. mientras el Mundo miraba
¡Oh si pudieras correr, mi angustia sin inmutarse...
como un niño, hasta tu Madre, ¡No me dejaron ni el manto
y esconderte entre sus brazos, para cubrir mis maldades!
y en su regazo anidarte! y, ante los ojos del mundo,
¿En dónde estarán ahora tan crueles y tan cobardes,
aquellos limpios pañales ser pecador descubierto
de la luminosa noche; es ser dos veces culpable.
dónde los lirios del valle ¡Cómo duelen las miradas
que tejen túnicas blancas que en mí vienen a clavarse!
sin ruecas y sin telares; ¡Qué amargas son estas culpas
dónde están los corderitos de ceniza y de vinagre!
vestidos de lana suave
¿Y cómo entraré desnudo
a tus festines nupciales?
Si viene el Rey y me mira
me arrojarán a la calle...
Cuando tú subas glorioso,
por los caminos del aire,
revísteme con tu veste de fuego
santificante;
revísteme con la túnica
inconsútil de tu sangre.
Y así, vestido de Cristo,
ceñido de claridades,
mientras los ángeles cantan
el cantar de los cantares,
iré a hundirme en el regazo
oceánico de tu Padre.
11ª Estación. ¿qué vida puede vivirse?
JESÚS ES CLAVADO EN LA ¿Qué muerte será más negra?...
CRUZ Eres la Roca que guarda
Y golpearás la Roca, y brotará torrentes de vida eterna;
de Ella el agua para que beba nosotros somos la sed
el pueblo. coagulada de la tierra.
(Ex. 17,6) Será preciso que el hombre,
Eres la Roca de la luz en un rato de demencia taladre
con entrañas de agua nueva; sin compasión la noble Roca
nosotros somos el barro serena...
amasado con tinieblas. ¡Si no podemos vivir,
Hay en tus claros abismos sí están nuestras almas secas...
veneros de vida eterna; Extiende tus pies y manos en
nosotros tenemos sed cruz
en nuestras áridas venas. sobre la madera y deja
Nuestra sed es infinita, que nuestros golpes
nuestra sequedad, tremenda; penetren en tus arterias.
el ardor de los desiertos ¡Ya sale huyendo tu sangre
en nuestras almas llamea. a los cauces de la tierra,
Espejismos de locura, en divina transfusión
en la mente reverberan de tus venas a sus venas!
y sube un grito de fuego ¡Ya se apagan nuestros fuegos
desde las entrañas secas. en estas aguas eternas,
En los íntimos jardines ya vuelve a lanzar la vida
se requemó la azucena, su canción en las arterias!
y la rosa enamorada, Cuando en tus miembros
de sed, ha quedado muerta. exangües
El oro dulce del trigo caiga la noche suprema,
vuela al aire hecho pavesas un amanecer de lirios
y las viñas bajo un cielo alumbrará las praderas.
de lumbre crujen sedientas... Y nacerás repetido en las castas
Así, sin vino, sin rosas, azucenas,
sin pan y sin azucenas, y estarás en cada rosa,
y con este fuego oscuro cuando las rosas florezcan,
que se arrastra por las venas, y cuando el dulce racimo
su jugo en el cáliz vierta,
allí beberán los hombres
sorbos de tu sangre nueva;
y cuando el trigo maduro
se triture entre las piedras,
en cada pan hallaremos
el sabor de tu presencia.
Porque tu sangre ha corrido
por nuestros cauces de tierra;
se eterniza entre los hombres
tu invisible permanencia: ¡
nosotros en Ti vivimos,
Tú vives en nuestras venas!
12ª Estación. Por tener las manos rotas
JESÚS MUERE EN LA CRUZ se te quedaron vacías.
Me levantaré e iré a mi Padre Junto a tu Padre,
(Lc. 15,18) en la luz inaccesible vivías;
Vuelve ya a tu casa, hoy estás entre tinieblas
Pródigo el de las manos vacías. como una estrella caída.
¿A dónde vino a parar En tu palacio,
toda tu gloria: divina, un enjambre de arcángeles te
oh mi Dios, encarcelado servía;
en una cárcel de arcilla? hoy estás entre mujeres
Tú que colmas los abismos que lloran y hombres que gritan.
con tu presencia infinita Antes eras el Ungido
cabes entre cuatro clavos con bálsamo de alegría;
y una corona de espinas. hoy navegas en un mar
Dejaste el seno del Padre de tristeza sin orillas.
por el seno de María; Dijiste que entre los hombres
del cielo huiste trayendo vivir era una delicia;
toda tu herencia divina: y no hay dolor comparable
la diste a los pecadores a tu tremenda agonía...
y a las mujeres perdidas. ¡Pródigo de manos rotas ...
El mosto de las granadas, y eres la Sabiduría!
coronó tus sienes limpias Oh Cisne de Dios
con su locura de fuego que cantas a la muerte
bajo la huerta sombría presentida:
y así saliste, embriagado, ya van tus siete palabras
por la clara mañanita, cantando en la lejanía...
a derrochar tus tesoros ¿qué esperas para que salga,
con amor y sin medida. de tu corazón, la vida?
Tus manos fueron sembrando ¡Vuelve ya a tu casa,
su lluvia de rosas finas Pródigo el de las manos
en el surco azul del aire heridas!
sobre las tierras baldías... En su palacio tu Padre,
Ya estás ahí, manirroto, el Gran Anciano de días,
en cruz sobre la colina; escrutando los senderos
¿qué te queda ya por dar de con sus eternas pupilas,
tus riquezas divinas?
espera ya tu retorno Ve a devolver a los cielos
por las sendas florecidas. su inextinguible alegría:
Las lámparas del Paráclito ¡si todo está consumado,
orladas de siempre vivas si ya tienes otra víctima!
para iluminar tus pasos
también están encendidas....
Pero, ya sé lo que esperas
para que vuelva tu vida,
por el túnel de la muerte,
a las mansiones divinas:
buscas a quien regalar
tus clavos y tus heridas;
y buscas otra cabeza
para poner tus espinas.
¡Dámelas a mí, Señor,
ansiosos, por recibirlas,
esperan mis pies,
mis manos y mis sienes
doloridas!
ante tu suprema dádiva
está mi fe de rodillas.
Yo subiré sobre el monte
al quedar tu cruz vacía,
y dormiré mis ensueños
sobre tu lecho de mirra.
Ahí dejaré que irrumpan
mis cataratas dormidas,
por completar en mi cuerpo
tu pasión interrumpida.
Pero ya vuelve, Dios mío,
a las mansiones divinas.
Vuelve a encender
en los labios de tu Padre, la
sonrisa.
Ve a desatar las hogueras,
del Paráclito, cautivas.
13ª Estación. Por fin se subió mi Niño
JESÚS ES DESCLAVADO DE sobre las ramas de un cedro
LA CRUZ por ver si de las alturas
Y PUESTO EN LOS BRAZOS divisaba sus corderos.
DE SU MADRE Su séptuple canto
María guardaba todo esto en triste rodó por el universo.
su corazón. Como un gorrioncito herido
(Lc. 2,19) -todo púrpura su pecho-
Mi Jesús, tiene sueño, quedó dormido mi Niño
por el camino se me durmió sobre las ramas del cedro;
tres veces el pobrecillo. las nubes le acariciaban
Hijito, duerme, duerme, con devoción los cabellos…
que en esta noche, Dormidito lo encontraron
no habrá quien te despierte. en el camino del cielo,
De mañanita, llorando, y dormidito, a mis brazos,
por los caminos del cielo, de noche, me lo trajeron.
salió mi niño a buscar Tiene en sus pies dos claveles,
su rebaño de corderos. y en sus manos dos luceros
Todos andaban perdidos y en su Corazón un sol
entre los barrancos negros.... tres veces santo y abierto.
En un bosque de alaridos Hijito, que entre mis brazos
y brazos en alto tensos, yaces cansado y deshecho,
entró mi Niño temblando duérmete sin ansiedades
de soledad y de miedo... por tus perdidos corderos.
Las flores eran de sangre, En esta noche de luna
las ramas eran flagelos, los has juntado en el cielo;
las maldiciones volaban, por la inmensidad azul
como pájaros, al viento. vagan cándidos,
¡Era tan largo el camino, paciendo entre rosas inmortales
estaba el aire tan negro, y remansos de luceros.
que mi Niño se cayó Innumerables y puros,
tres veces en el sendero; como los copos de invierno,
y cuando a los ojos de agua de todos los horizontes
se acercó a beber sediento ascienden al firmamento
le dieron a beber mirra Cuando la luz te despierte
aquellos crueles veneros! ya sin dolor y sin sueño,
¡oh cómo habrás de alegrarte
por tus hallados corderos!
Hijito, que entre mis brazos
yaces
desnudo y deshecho,
sigue durmiendo en la cuna
de mi amor y de mis besos....
Estos besos son los últimos
pero mi amor es eterno.
Sigue durmiendo en mis brazos,
aunque sabes que tu sueño
es espada de dos filos
que me traspasa por dentro...
Duerme que, para velarte,
está mi dolor despierto.
Mi Jesús tiene sueño,
por el camino se me durmió
tres veces el pobrecillo.
Hijito duerme, duerme,
que en la alborada vendrá
la luz divina que te despierte.
14ª Estación. los dulces latidos
EL CUERPO DE JESÚS ES en su costado!
DEPOSITADO EN EL ¿Si es un augurio de espigas
SEPULCRO la muerte de cada grano,
De ida, llorando caminaban, si está la resurrección
arrojando la semilla. bajo la tumba esperando,
(Ps 125,6) por qué sembrar a los muertos
Niña que llevas al pecho resultará tan amargo?
siete puñales clavados, ¡Qué diluvio de silencio
Madre que vas a sembrar se vació sobre los campos....
a Dios bajo los granados: La soledad, con sus aguas,
ya vienen los sembradores, cubrió los montes más altos!
con la semilla, llorando; Niña que llevas al pecho
ya traen el cuerpo de Cristo siete puñales clavados:
blanco sobre el lino blanco. bajo el sepulcro,
¡Señora, yo no quisiera dejaste tu corazón, olvidado...
ni mirarte, ni mirarlo! ¿Por qué florece el silencio
Tú me lo entregaste niño con un inaudito cántico?
como manojo de nardos; ¿Y quién se pone a cantar
yo te lo devuelvo muerto cuando los hombres lloramos?
como racimo pisado. ¡Señora, los muertos cantan,
Trae mucha noche en las venas los muertos están cantando!
y mucha nieve en los labios. Entre las sombras agitan
Se le congeló la vida el címbalo de sus manos:
en el Corazón quebrado... que también para los muertos
¡Señora, yo no quisiera llegó el Domingo de Ramos.
ni mirarte, ni mirarlo! Ya va el Señor descendiendo
Ven y deshoja por caminos subterráneos:
la última flor de tu beso de todos los cementerios
en sus labios sube un clamor a su paso
y deja que lo sembremos mientras se impregna de vida la
en este surco de llanto. tierra,
Quien sabe si ya mañana con su contacto.
cosechemos el milagro Un soplo de primavera
de que retoñen sacude los huesos áridos
y retrocede la Muerte
entre las tumbas aullando.
¿En dónde está tu victoria,
oh Muerte de dedos pálidos?
Ya van bajo los cipreses
las siemprevivas brotando...
Madrecita que sembraste
a Dios bajo los granados:
sobre el surco de tus lágrimas
han florecido los cánticos;
mañana, cuando el lucero del
alba
bese tus párpados,
la tierra dará su fruto inmortal y
perfumado...
Entonces, cierra tus ojos;
entonces, abre tus labios
para que bebas el vino
del Hijo resucitado.