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“El indio Cronista”, Huamán Poma de Ayala:

Biografía:

Cronista peruano nacido hacia 1550 en Huánuco y muerto hacia


1616 en San Cristóbal de Suntunto. Fue uno de los grandes
cronistas indígenas peruanos. Sus escritos versaron sobre las
antigüedades incaicas y la vida colonial en su país.

Se supone que nació en la región de Huánuco, de donde procedían


su padre y su abuelo, pero podría ser también San Cristóbal de
Suntunto o de Sundondo, en la región de Lucanas, donde según
cuenta él mismo tenía sus casas y vivió, según indica al fin de su
obra. Se llamó Huamán Poma de Ayala; "Huamán" significa
'halcón' en quechua, y "poma" significa 'puma', mientras que Ayala
lo tomó del capitán Luis Arévalo Avalos de Ayala, a quien su padre
Huamán Mallqui libró de morir en la batalla de Huarina, realizada
contra Gonzalo Pizarro. Este padre de Felipe fue cacique de
Lucanas y sirviente de un hospital, pero el escritor le inventó un
gran origen nobiliario, ya que le hizo descender de Apu Huamán
Chava, de la dinastía Yaro-WilcaChinchaysuyo. Su madre era la
princesa Curi Ocllo, última hija del soberano Túpac Inca Yupanqui
y de Mama Ocllo.

Huamán fue instruido y bautizado por su hermanastro, el


presbítero Martín de Ayala, que le enseñó a comportarse
moralmente. Le enseño castellano, y Poma se convirtió en un gran
lector. Felipe Huamán abandonó el solar paterno y recorrió la
provincia de Huamanga, viviendo entre los indígenas de dicha
región y actuando como intérprete de ellos ante las autoridades
españolas. Tal fue su vida durante unos treinta años, en los que
acumuló materiales para su obra. Escribió luego su “Nueva
Crónica y Buen Gobierno”, y regresó a su tierra con ochenta años,
sin que nadie se acordara ya de él. Se dirigió entonces a Lima para
ofrecerlo al Rey y obtener algún favor que restaurase en el
esplendor al que creía merecer por sus antepasados. Sus últimos
años fueron de una gran amargura y desengaño, según se
desprende de sus escritos.
Últimamente la figura de Huamán Poma ha sido objeto de una
gran polémica, pues se ha considerado que su obra no fue escrita
por un indígena, sino por el jesuita mestizo Blas Valera, citado a
menudo por Garcilaso en sus Comentarios reales, quien también
hizo una crónica de los doce incas, la conquista española y la
primera época de la evangelización en el Perú. Su obra perdida ha
aparecido por retazos en otros escritos, y la tuvo el Inca Garcilaso
en su poder. La tesis que suscitó la polémica fue la publicación en
la revista italiana Adorno en el año 2000 de la trascripción de un
manuscrito de nueve folios y tres medios folios, supuestamente
escrito en la década de los “treintas” del siglo XVII por dos
misioneros jesuitas italianos, Juan Antonio Cumis y Juan Anello
Oliva, que llevaba como apéndice un quipu desconocido atribuido a
Blas Valera. El manuscrito es propiedad de la señora Clarra
Miccinelli de Nápoles, y los profesores de la universidad de Bolonia
Laura LaurencichMinelli y Carlos Animato lo consideran obra de
Valera, aunque la Sociedad Americanista de París no ha reconocido
la autenticidad del manuscrito. Esto ha incentivado más la
polémica, con revisiones sobre las contradicciones del trabajo de
Felipe Huamán.

Su obra fue “Nueva Crónica y Buen Gobierno”, como se ha


indicado, está dividida en dos partes. La primera es la historia
antigua de Perú y recoge la llegada de los incas y la historia de
éstos; su título es irónico, pues recoge el pasado colonial, con las
injusticias que sufrían los indios en manos de los encomenderos,
corregidores, doctrineros, caciques y diversos mandones, hasta de
los mestizos, negros y mulatos, según relata; es por ello una
crónica de los “vencidos”. Debió escribirla varias veces, y su
versión definitiva data de 1613 o 1615. Está redactada en un
castellano muy tosco, lleno de quechuismos, demostrando que su
autor tenía una cultura muy escasa. Tiene además numerosos
errores de nombres, fechas, etc.

Lo más sorprendente de su obra es una copiosa ilustración de


dibujos a pluma, sin color, a toda plana, trazados con enorme
ingenuidad y sencillez. Son doblemente interesantes si tenemos en
cuenta que este tipo de imágenes nos faltaron en la historiografía
peruana (existieron indudablemente y fueron exterminadas por los
españoles), en contraste con la mexicana, extraordinariamente
rica. El manuscrito fue encontrado en 1908 en Copenhague por
Ricardo Pietschman, y fue editado por primera vez en facsímil el
año 1936 por Paul Rivet, del Instituto Etnográfico de París.

Posteriormente fue editado en Bolivia por Posnansky, en letra


impresa, y de aquí proceden las ediciones posteriores, muy
numerosas.
El derecho inca

 Razones para no cree en un derecho inca:

1) Los Incas no tuvieron un sistema de escritura, sólo cuerdas y


nudos, de modo que sus leyes no han llegado hasta nosotros;

2) Lo que sabemos acerca de ese Derecho proviene de los


conquistadores españoles que no son dignos de entero crédito a
este respecto;

3) Los relatos o versiones existentes son muy incompletos para


reconstruir el sistema.

Cierto es que los Incas carecieron de escritura en el sentido que la


cultura occidental da a esta palabra; pero tampoco quedan leyes
escritas de otros pueblos cuyo sistema jurídico se estudia
científicamente. Sabemos aceran de ellos no sólo por testimonios
españoles directos sitio también por crónicas escritas por indios:
Guamán Poma, mestizos: Garcilaso y aún españoles "aindiados":
Betanzos. La crítica externa de autenticidad y de procedencia y la
crítica interna de sinceridad y exactitud son viables tratándose de
todos estos testimonios directos en razón de su multiplicidad, la
variedad de los puntos de vista, las diferencias de condición de los
autores (soldados, juristas, sacerdotes, etc.) y, sobre todo, por sus
múltiples orígenes (experiencias personales, versiones de testigos o
actores y de descendientes de ellos y afín informaciones de indios,
sea quipucamayos, miembros de la familia imperial, miembros de
la nobleza regional o local u otras personas). Por otra parte la
finalidad de dichos documentos es muy Heterogénea, existiendo en
unos casos el propósito de desacreditar a los Incas, en otros el de
defenderlos o el de estudiarlos en forma objetiva, lo cual ayuda
también a una amplia valoración crítica.

Además esta relación con el Derecho Inca puede recogerse datos no


sólo de las crónicas sino también de las actas de cabildos de las
ciudades, de documentos sobre posesión y propiedad de tierra,
pleitos de comunidades, etc., es decir de variadas fuentes de
Derecho legislado, convencional y judicial.

El Derecho Inca influyó en el Derecho indiano y quedó rigiendo, era


latirte, como Derecho consuetudinario, en el Perú posterior a la
Conquista.
El método comparado, aplicado en forma prudente y juiciosa,
puede iluminar muchos aspectos de este sistema.

1. El origen y el desarrollo del estado inca:

Como ya se ha dicho anteriormente, las sociedades primitivas


conciben únicamente las agrupaciones dentro de vínculos de
parentesco. El Estado, en cambio, surge después del contacto
entre pueblos de diversa contextura y resulta, por lo tanto, de una
relación de dominio, aunque los dominadores, entre sí, estén
enlazados por vínculos de sangre, acentuando su importancia en
las "sociedades hidráulicas". Dicho dominio significa una vida
social clasificada. El símbolo de esta situación hallase expresado
en la obligación, que los dominados tienen, de tributar. Las
sociedades primitivas, es decir homogéneas, no conocen el tributo.
Después del choque que ha producido el fenómeno estatal, los
vencedores, o sea los conquistadores, reclaman la tierra como
dominio teórico y, de hecho, exigen productos agrícolas o
industriales, o ganado, o seres humanos: en suma, lo que es
importante para la vida. En cambio, otorgan a sus súbditos,
protección. Los súbditos hallan en los funcionarios del Estado y en
el jefe del Estado o monarca, una defensa contra sus antiguos
señores locales (en toda América llamados, por los españoles,
caciques), contra los bárbaros extranjeros y contra todo aquel que
pretenda romper la paz establecida. Inclusive, a las entregas
hechas por los súbditos, el monarca suele ordenar, en casos de
Estados prósperos, contraprestaciones, es decir devoluciones, en
forma de donaciones o de presentes, con motivo de fiestas
religiosas o políticas o casos de emergencia.
Para el cobro de tributo, los miembros del grupo dominador se
transforman en funcionarios. Dicha casta de funcionarios aumenta
cuando la expansión del Estado lo lleva a lugares lejanos. Pero una
serie de factores coincidentes con todos estos hechos, hace que, en
muchos casos históricos, a su vez, los funcionarios resulten
subordinados a una autoridad superior, la autoridad del monarca.
El proceso que acaba de esquematizarse aparece en el caso del
Estado Inca. Pero el de los Incas no fue seguramente, como se ha
dicho, el primer Estado erigido sobre suelo peruano.

Con la simple costumbre tendió la norma jurídica a confundirse a


veces, si bien es ella identificable por el carácter coercitivo que, de
hecho, tuvo o que su inobservancia pudo crear; y por su relación
con instituciones o actos que pertenecen estrictamente al Derecho.
Llegaron, además, a presentarse entre los Incas casos en que el
Derecho se irguió contra la costumbre: cuando fue impuesto
"desde arriba", como ocurrió, tratándose de regiones recientemente
conquistadas, a propósito del trabajo en las tierras del Sol o del
Inca, del tribuno humano o en especie, del matrimonio,
endogámico o monogámico, etc.

Empezó a producirse, al mismo tiempo, la separación o distinción


entre sociedad y Estado, necesaria, para que vaya diferenciándose
Derecho y moral. Cierto es que el Estado de los Incas dio a buena
parte de sus normas un contenido ético y elevó a la categoría de
deberes públicos los preceptos de no ser ocioso, no ser perezoso,
no ser afeminado, etc. En dichas normas, valores más tarde
considerados como puramente individuales, resultaron mirados
como sociales y jurídicos. Pero se trata de una confluencia o
simultaneidad de calificaciones. Pudo suceder, por otra parte, que
determinadas leyes de los Incas resultaran indiferentes a la moral
(como es el caso de ciertas disposiciones de orden administrativo,
por ejemplo, las divisiones en grupos de diez, cincuenta, cien o mil
familias).
Hubo aún algunas leyes contrarias a la moral de determinadas
regiones del Imperio, como la entrega de las acllas como presentes
a ciertos funcionarios u otras personas. Ocurrió también que
normas que cabe llamar morales, fuesen consideradas
exclusivamente desde el punto de vista administrativo; por
ejemplo, la monogamia restringida al pueblo, mientras la nobleza
practicaba la poligamia con el objeto dé aumentar el número del
grupo social dirigente.

De otro lado, también es posible afirmar que entonces el fenómeno


religioso no siempre se identificó con el jurídico, si bien muchas
veces coexistió con él. Se comprueba, tratándose de los Incas, la
teoría dé que, en los pueblos culturales, los dioses, o sus
emisarios, toman figura humana y los monarcas son sus
representantes o herederos; en contraste con los pueblos
naturales, donde los hechos de carácter extra–humanos son más
importantes que las personas, los dioses no tienen figura humana
y son la familia, el clan o la aldea quienes, impersonalmente, llevan
la representación ritual o litúrgica. Puesta entre los Incas la
religión al servicio de Estado, él soberano apareció con un poder
mágico y excepcionalmente solemne, usando insignias veneradas,
recibiendo máximos homenajes de acatamiento y disponiendo de
un amplísimo poder legislador o judicial. Del mismo modo, se
constata que toda infracción apareció como una blasfemia o herejía
contra el hijo del Sol; y que los delitos de carácter religioso tuvieron
una penalidad aún más severa que la normal, nada tenue por lo
demás, de acuerdo con el carácter draconiano de este tipo de
Estado. Por otra parte, creencias religiosas, como la del "cadáver
viviente" o sea de la supervivencia del cuerpo humano en el otro
mundo, produjeron consecuencias dentro de la vida netamente
jurídica, por ejemplo, en la propiedad privada cuyos objetos
acompañaron a las momias, por lo cual dichas creencias se
relacionan con la herencia y con la propiedad.
No por eso, ha de sobrestimarse, sin embargo, el contenido
sagrado del Derecho inca. Prácticas y ritos religiosos hubo en gran
cantidad, ajenos a la valuación jurídica (por ejemplo, la costumbre
tan extendida llamada de mochar y de hacer agüeros). En otras
oportunidades, pudieron existir normas jurídicas sin contenido
religioso, o con uno muy débil (en general, buena parte de las
relaciones diarias entre individuos e individuos). Y aún en casos de
simultaneidad de delitos y pecados, a éstos correspondían los
sortilegios, la confesión ante los ychuris relacionado con dichos
pecados un fenómeno tan alejado del Derecho como es la
enfermedad; y correspondía también la penitencia, tras de la cual
venía la ceremonia de la opacuna (opa–tonto, cándido sin habla) o
purificación. Pertenecen, en cambio, a la órbita estrictamente
jurídica, es decir a la reciprocidad de relaciones entre los
individuos o a los vínculos de los individuos con el poder público,
la intervención, no del ychuri sino de los jueces o funcionarios; y la
penalidad reglamentada por dicho poder público, sin relación con
la opacuna, orientándose en el sentido de talión, o en el sentido de
la sanción simbólica o compensadora del delito.

2. POR QUÉ PRE–DERECHO INCA


Nosotros sostenemos que el Estado Inca se encontraba en una
constante superación que se había iniciado al promediar el siglo
XII, cuando los quechuas, tribu aguerrida y vencedora de las que
habitaban el valle del Cuzco (los Pocras, los Lares y los Huallas),
formaron una gran confederación y llegaron a dominar a todos los
pueblos del lugar. A Partir de entonces, se comenzó a perfilar lo
que años más tarde sería en estado Inca, con miras a
transformarse en Imperio, que lamentablemente no se concretó por
la conquista europea.
Los Incas en su expansión, se encontraron con un entorno diverso,
disímil, contradictorio, sin embargo, existían patrones comunes
que, de una forma u otra, es la que marca la unidad histórica y
cultural de los andes (Valcárcel). Con el control vertical y modelo
de producción que supone una explotación también vertical, en
virtud a la cordillera andina y que gracias a la altitud, se dan
diferentes y variados pisos o ambientes ecológicos, lo cual facilitó
que lo andinos lograran una cierta autosuficiencia, desarrollada
por la variedad del clima, situación y/o condición magistralmente
aprovechada mediante lo andenes. Dicho sea de paso. El hombre
andino tuvo y lo tiene aún un concepto de la propiedad
discontinua, que justamente se da en ese variado mundo de los
pisos ecológicos y que consisten en que un curaca tiene señorío
sobre tierras ubicadas en diferentes ambientes ecológicos. De otro
lado, fue la manera más inteligente de encontrar una solución a la
escasez de tierras de cultivo y obtener, a la vez, diversidad de
productos agrícolas.
Pues bien, todo ello permitió el desarrollo de una especie de
autarquía local, rígidamente cerrada, y logró que determinados
señoríos de niveles superiores de organización, defensa,
costumbres o pre–derechos locales donde existía poca diferencia
entre lo moral, lo religioso o lo "jurídico"lograron rechazar
airosamente a los incas, quienes tuvieron que luchar e imponerse;
empero, otras etnias o señoríos, quizá la gran mayoría, aceptaron
la superioridad Inca bajo negociaciones que se basaron en el
principio de la reciprocidad de relaciones, dando base al primer
fundamento del pre–Derecho inca. Sin embargo, hay que precisar
que, según Giorgio Alberti y Enrique Mayer, basados en los
estudios de Murra y precisiones de NathanWachtek, plantean "que
los principios fundamentales de la organización socioeconómica de
las sociedades andinas eran la reciprocidad, la redistribución y el
control vertical de la ecología". A los efectos de nuestro trabajo,
nosotros también los consideramos como fundamentos del pre–
Derecho Inca.

3. Fundamentos del pre–derecho inca

Derecho Inca, debemos agregar que hablamos de un pre–Derecho


Inca porque el conjunto de normas, costumbres o mores religiosos,
económicos y morales no aparecen en una estructura orgánica
completa o sistematizada bajo instrucciones jurídicas propias del
Derecho. En todo caso, podríamos señalar como hipótesis de
trabajo que los Incas estaban en camino de estructurar su
Derecho, dejando atrás el pre o actos previos que sólo anuncian el
alborear de algo. Y ésta es la constante en los pueblos primitivos
donde el Derecho "no aparece completo y perfecto" como lo señala
el mismo Basadre Grohmann.
Sin embargo, siguiendo a Maine sabemos que el Derecho Penal
aparece primero que el Derecho Civil. De ahí que las normas o
costumbres morales y religiosas se confundan con el Derecho. La
sola presencia de los "mores" o reglas morales que se expresaban
en las famosas frases de los AMAS-kella, Sua, Llulla, Sipix, Mappa,
Maclla, etc. no nos confirman la existencia de todo un Derecho
Penal Inca. Es de conocimiento general que estos refranes no seas
perezoso, no mentiroso, no ladrón, no asesino, no pervertido, no
afeminado, etc. fueron utilizados como una simple salutación tan
igual como lo fue el "salve" romano, o lo es aún el "shalom" israelí
(Pease).
Un poco de los estudios más serios sobre el Derecho Penal Inca, es
el Franklin Pease G. Y. aparecido en el N° 29 de la Revista Derecho
de la Universidad Católica (Lima, 1971) bajo el título de
"Aproximación al delito entre los Incas", y en él afirma que "la
religión preside el mundo jurídico de los pueblos arcaicos", donde
el "tabú" es guardado y conservado por las normas
consuetudinarias y, finalmente, asimilado al Derecho. Empero,
este Derecho como tal no se dio en los incas, sino simplemente se
quedaron en "tabú" y "costumbres" para preservar lo correcto, lo
real o lo verdadero para el hombre tradicional.
Así lo entendemos cuando Pease apunta: "Los cronistas relatan
cómo los naturales del país de los Incas no utilizaban puertas
aseguradas para proteger sus habitaciones, sino que bastaba
poner en ellas un palo atravesado para indicar que el dueño de la
casa había salido, este hecho puede asimilarse claramente a un
tabú y no a disposiciones legales concretas.

4. El derecho pre–inca:

Hemos afirmado que cuando estudiamos el derecho de los pueblos


primitivos tenemos que referirnos y diferenciar lo que es costumbre
y lo que es norma jurídica: Aquello que se vio hacer por primera
vez se aceptó como conforme y se repite (costumbre), se convierte
en regla de conducta para el futuro y su desconocimiento suscrita
el rechazo del conglomerado social.
Es después de esa primera etapa, más o menos larga, que la
autoridad establecida, cualquiera que fuere su origen, impone la
norma cuya violación es sancionada.
Ambas vivencias, costumbre y norma jurídica, tienen una
naturaleza coactiva; el desprecio y a veces el repudio de la
comunidad o la sanción compensatoria o intimidatorio cuando se
inobservan.

Es probable, al menos es lo lógico, dentro del examen intuitivo de


la naturaleza humana, que la primera reacción del hombre,
afectado en su persona; en sus familiares o en sus bienes es la
réplica violenta, la venganza. A veces en esta acción interviene toda
la familia y si se trata de un ser extraño o la comunidad, podía
derivar en una guerra tribal: por un lado, persiguiendo al
delincuente, por el otro acudiendo en su defensa.
Una etapa de progreso es la "compensación" que la aceptan los
interesados o la impone la autoridad. La compensación es la
reparación del daño causado por medio de la entrega de algo que
justifique el olvido del hecho dañoso. En esta primera etapa
domina el sentido de lo que hoy llamamos la culpa objetiva o sea la
apreciación del daño con prescindencia de la intencionalidad o
capacidad del agente: fuere persona incapaz, menor, animal o caso
la causante de aquel.
Con el advenimiento de la cultura señorial (semillas de futuros
estados) se diferencia perfectamente la clase dominante, se impone
la norma general independientemente de la voluntad particular,
norma que a veces peca de exagerada en su sanción o no satisface
el deseo de venganza particular.
Esta sanción obedece a un interés de orden público que es
necesario defender. Se acentúa cuando un conglomerado social
(llámese gens, fratría, tribu o ayllu) avasalla a otro y necesita
asegurar su poderío.
Lo pueblos prehispánicos que poblaron el territorio americano, no
podían escapar a esta constante histórica. La costumbre
transformada en norma que se conocía a través de sentencias, o
frase transmitidas por la tradición oral, regulaba la vida
ciudadana.
Al constituirse el Imperio Incaico y al extenderse por conquista,
impuso su derecho señorial. Ante todo, la subordinación política y
luego la norma que podríamos llamar de derecho privado, aunque
en esa época no era propiamente tal porque toda infracción tenía
una resonancia pública.
La norma primitiva tenía, pues su primer basamento en la
costumbre.

Era un derecho consuetudinario. Se penaba lo que alteraba el


status consagrado por el uso, la violación de un derecho aceptado,
un atentado contra la divinidad o contra los hombres gobernantes
o que merecían un respeto especial como los ancianos) y en ciertos
pueblos la virginidad.
El Imperio aplicó la norma abstracta que, si bien no fue escrita, se
transmitía en las sentencias refranes o mandamientos que se
comunicaban oralmente como el famoso "no seas ladrón, ni
embustero, ni perezoso".
"Leyes escritas no las conocían, sino que conservaban por la
tradición las leyes (sentencias) pronunciadas por sus jefes y por el
uso y observancia en que vivían".

Hay que diferenciar, también el derecho local admitido por los


incas y el general impuesto por éstos: "Sus leyes y ordenanzas eran
de naturaleza general y válidas en todos sus reinos y las leyes
particulares autónomas de las tribus, cuyo carácter era común de
facto debido al parentesco cultural".
Sobre el derecho consuetudinario local prevalecía el derecho
imperial y aunque se dejaba a los curacas con una jurisdicción
limitada, ésta estaba supeditaba a los principios estaduales sobre
todo en los delitos graves.

5. El derecho penal en los pueblos Inca:


Las leyes penales en el imperio Incaico, como ha ocurrido
generalmente en las sociedades primitivas, eran severísimas.
Este carácter se explica aún más si se tiene en cuenta que el Inca o
jefe del Estado era considerado como un dios, de manera que las
normas que dictaba tenían el alcance de un precepto religioso y
que el ayllu inca domino por conquistar el territorio y requería
imponer férreamente su señorío.
Si a lo anterior se agrega que el sistema de gobierno era socialista
y, por ende, la reglamentación de la vida económica y privada muy
minuciosa, toda infracción o desobediencia tenía que ser
sancionada de manera tal que el castigo tuviera un signo
ejemplarizador que evitará el desajuste de este sistema político-
económico que se desarrollaba como un mecanismo de relojería.
Los cronistas nos detallan los actos considerados como delitos y
las penas correspondientes. Unos vieron aplicarlas al iniciarse la
Conquista y otros recogieron su relación de boca de los jefes
ancianos y quipucamayo que vivieron durante el Imperio o que
conservaban la tradición popular. Más tarde nuevos escritores se
basaron en obras anteriores que analizaron con la fría perspectiva
de la lejanía. La gama de sanciones fluctuaba desde la simple
reprensión (con fuerte gravitación en una sociedad comunitaria)
hasta el asolamiento del pueblo al que perteneció el culpable.
En realidad, todos los delitos en el Imperio, o casi todos podría
decirse que eran en carácter público porque atentaban contra el
Estado y por tanto la pena era aplicada, por lo general de oficio. El
quebrantamiento de una norma significaba infringir una ley dada
por el Inca o quien como hemos dicho, se consideraba hijo del Sol.
Delitos que hoy se consideran dentro del campo privado tenían
otra resonancia en esa comunidad teocrático-socialista.
La pena de muerte se imponía por diversos delitos, rebelión
(políticamente el más grave), homicidios, quebrantamiento de
normas de familia o administrativas, actos sexuales prohibidos,
adulterio y aún en casos menores como la holgazanería, si se
reincidía en ellos.
La individualización de la pena se perfila en el Imperio, pero se
aplicaban castigos colectivos cuando ocurrían sublevaciones,
atentados contra altos funcionarios, por realización de actos de
brujería que causasen daño al prójimo, prácticas de sodomía y
otros. Estos castigos incluían no sólo a las personas sino también
los bienes: la casa, los árboles, los objetos, arrasándose y
quemándose todo, para que no quedarse menoría de los
desdichados. Es el castigo ciego que supervive hasta la muestra
época.

A veces comprendía a los hijos y demás descendientes y en otros


casos alcanzaba a los ascendientes muertos, violándose sus
tumbas y esparciéndose sus cenizas como hizo Atahualpa con el
ayllu de Huáscar.
El carácter penal era intimidatorio, no se perseguía tan solo la
corrección individual del delincuente sino de la sociedad toda, que
contemplaba seguramente espantada la drasticidad del castigo.

 Y en otra parte agrega Pedro Cieza de León:


"Al que erraba castigaban sin dejar pasar por alto nada y
graficaban a quien bien lo servía".

 Garcilaso de la vega por su parte relata:


"Porque de efectuarse la pena de la ley con tanta severidad y de
amar los hombres naturalmente la vida y aborrecer la muerte,
venían a aborrecer el delito".

 Martín de Moría afirmaba:


"EL miedo les hacía andar a las derechas".

"Los indios se refrenaban muchos de los hurtos, porque a estos


castigaban muy reciamente, y tenían leyes de las cuales usaban,
no escritas, porque no sabían escribir no tenían letras, más toda
las administraban y gobernaban de memoria y por la simplicidad y
continencia de la vida, todas las cosas las sucedían
prósperamente".

 Santillán corrobora diciendo:


"De suerte que los vivos eran bien castigados y la gente estaba bien
sujeta y obediente y aunque en las dichas penas había exceso
redundaban en bien gobiernos y policía suya".

 Montesinos refiriéndose a Wiracocha narra:


"Hizo grandes leyes contra los ladrones, adúlteros, incendiarios y
mentirosos, y las mandó ejecutar con tanto rigor, que en su tiempo
no hubo quien mintiese, ni burlase, ni fuese adúltero".

 Joseph Acosta consigna también:


"El castigo por los delitos era riguroso"

Por todo ellos muestreo contemporáneo, el profesor francés


Baudin, expone en su conocida obra, que trataba de conseguir el
bien por el castigo más que por el amor a él, pero "si se juzga el
árbol por sus frutos, la sociedad de entonces nos parece muy
superior a la de hoy".
Había en la penalidad incaica consideraciones interesantes el que
rodaba por necesidad artículos de comer, era simplemente
reprendido la primera vez, dándole lo que faltaba, pero se castigaba
al jefe que no proveía lo necesario y que por su negligencia había
dado lugar al delito.

"El que hurtaba con necesidad algunas cosas de comer, era sólo
reprendido sin que le diesen otra pena, más que apercibirle que
trabajase y si otra vez lo hiciese, que sería castigado con piedra en
las espaldas, públicamente que era castigado afentoso".

En la "Relación de las Costumbres Antiguas de los Naturales del


Perú" también se consigna lo siguiente:

"Quien hurtase cosa de comer o de vestir, o plata u oro, sea


examinado si hurtó forzado de la necesidad y pobreza y si se
hallare que sí no sea el tal ladrón lo que hubiere menester de ropa
y comida y tierras, y casa con apercibimiento que si en adelante
hurtase que ha de morir. Si se averiguase que hurtó cantidad y
valor de achipallas (piña Indias) y donde adelante, por necesidad
sino de vicio o por ser haragán y ocioso, que muera ahorcado y si
fuese hijo de señor, muera degollado en la cárcel".
Cuando hurtaban en un tambo, se castigaba al cacique por el
descuido habido y éste a su vez, corregía a los que tenían a su
cargo la custodia de los bienes.
Se conocieron las penas infamantes como era el azotar en público,
pegar con una piedra en la espalda privar a un funcionario de su
cargo o la represión que tratándose de altos funcionarios era un
estigma. En ciertas ocasiones se impuso como pena colectiva la
reducción a una suerte de esclavitud (yanaconas).
Se tuvieron en cuenta causas atenuantes y agravantes. Entre las
primeras podemos citar al destierro limitado a cierto período en vez
de la pena capital, en la coyuntura del marido ofendido que mató a
la esposa culpable o al adúltero que cohabitó con ella. En cambio,
era agravante atentar con era un alto funcionario o pariente del
Inca o las relaciones sexuales con las mujeres encerradas en los
templos de las escogidas o un hurto de bienes del soberano.
También era agravante faltar el deber de función: la sanción era
más severa si el autor del delito era juez o autoridad porque el
funcionario debía ser mejor que el resto de sus súbditos.

La reincidencia se tipificó como agravante y era castigada


severamente. Por ejemplo, el robo repetido daba lugar a la pena de
muerte. Y así en otros delitos menores como la holgazanería o los
delitos sexuales. De los delitos mayores no cabía repetición porque,
eran sancionados con la pena máxima.
Consideraban la edad como causa atenuante para aplicar la
corrección, pero no dejaban de castigar a los menores que
delinquían.

"Al hijo de familia castigaban por el delito que: cometía, como a


todos los demás, conforme a la gravedad de su culpa, aunque no
fuese sino lo que llaman travesuras de muchachos. Respetaban la
edad que tenían para quitar o añadir de la pena, conforme a su
inocencia; y al padre castigabanásperamente por no haber
adoctrinado y corregido su hijo desde la niñez para que no saliera
travieso y de malas costumbres".
Si se forzaba a una doncella, el actor era castigado con la pena
capital, pero se salvaba de ella si consentía en casarse.
La violación y la desfloración eran castigados con menor severidad
si se encontraba un marido para la deshonrada

Todo esto hace ver que había cierta libertad en la aplicación de la


pena, pero en forma muy limitada y en casos especiales.
Interesante es comprobar cómo en ciertos casos había una
atenuación de la pena no por el arrepentimiento del actor sino por
el perdón del ofendido. La mujer adúltera se libraba de la muerte si
el marido la perdonaba.
Igualmente se tomaban en cuenta la tentativa y el arrepentimiento:
pueblos que se sometían voluntariamente, después de rebelarse,
podían ser perdonados según la Relación.
A los que huían de su tierra, lo que generalmente era punido con la
muerte, les daban otra sanción si tenían hijos.
Algunas veces la pena era suspendida, pero era sentenciado a
muerte si cometía otro delito.
La justicia se aplicaba de oficio. Consideraban los incas que no era
de buen gobierno esperar que, hubiese quejosos para corregir a los
malhechores y que era mejor castigar los primeros delitos, pues
con ello se cortaba la comisión de otros. El castigo lo imponía el
Estado: no era fruto de la venganza personal del agraviado o de la
familia relacionados de aquél, como en las épocas primitivas, lo
que era una ventaja, pero tenía la contrapartida de su aplicación
inexorable y severísima.
La ley tenía vigencia general y se aplicaba sin excepciones, aunque
el Inca estaba, según Garcilaso, prácticamente excluido, pues
como hijo del Sol disponía de todo lo que podía desear y no tenía
motivos para delinquir. Sin embargo, no era igual en su aplicación.
Cobo sostiene que, aunque se preciaban de castigar todos los
delitos, su daban diferentes penas a los nobles y ricos que a los
humildes y pobres. La pena de muerte a un noble era por
decapitación y no se hacía, por lo general, en público. Había
también, cárceles especiales para los nobles y altos funcionarios.
Tengamos presente que se trataba de una cultura señorial y
jerarquizada. Las instancias eran únicas. La justicia era gratuita.
No había especialización profesional por la simplicidad de la vida.
No se conocería la figura del abogado.
Se empleaba un sistema de ordalías y prueba mágica del culpable
como cuando se le echaba a la cárcel llena de animales salvajes o
ponzoñosos y si el presunto malhechor no perdía la vida era
liberado porque se consideraba probada su inocencia.
Según Garcilaso, la pena era tasada. No había arbitramiento
porque consideraban que dar este poder al juez era disminuir la
majestad de la ley y abrir la puerta del cohecho. No se conoció la
sanción pecuniaria o confiscación de bienes porque sostenían que
con castigar la hacienda y dejar vivos a los delincuentes no se
evitaba la existencia de los malvados.
No obstante, algunos cronistas la mencionan y parece que en
ciertos casos se aplicaba sobre los objetos o frutos de propiedad
particular.

Generalmente era una pena colectiva: mayor tributo cuando se


infringía una norma impositiva. En ocasiones, y como política de
buen gobierno, se usaba el indulto o remisión de la pena. Había
jueces especiales para los ociosos y holgazanes a fin de procurar
que todos los ciudadanos anduviesen ocupados en sus oficios o en
servir a sus amos.
Existían igualmente, cárceles o lugares de castigo terribles como
las que nos describen, entre otros, Cieza de León, Morúa, Miguel
Cabello de Balboa y Guamán Poma de Ayala, cuya sola mención
hacía temblar a las personas. Constituían, pues, no lugares de
seguridad sino de expiación.

Se conoció la responsabilidad por daños a terceros. Además de la


consignada en los párrafos anteriores el propietario del animal, que
causaba daño en una heredad ajena, respondía de este hecho. El
agraviado podía tomar las piezas que le resarcieran el daño
(compensación personal). El tomar el ganado de la persona
causante de un daño, que Trimborn lo califica como un rezago de
la venganza privada, era en realidad una reparación civil
autorizada por la ley.
Otra expresión de este concepto era la siguiente: cuando una
persona había quedado inutilizada en una pendencia, su
manutención corría a cargo del causante.
No escasearon castigos injustos como era el condenar a la doncella
forzada a servir en el templo de las escogidas o la sanción impuesta
al cargador de la litera del Inca que tuviera ha desgracia de
tropezarse o caerse.
La concurrencia de delitos aparejaba ha aplicación de la pena
correspondiente al delito más grave, incluyendo muchas veces el
tormento.
La complicidad era penada severamente. La omisión de la
denuncia según Garcilaso "hacía suyo el delito ajeno". Esta
complicidad era voluntaria o involuntaria, impuesta por la ley: caso
de la responsabilidad solidaria. La jurisdicción dependía de la
gravedad del delito. Según Cieza y el Anónimo había una
jurisdicción especial de índole religiosa.
En los pueblos primitivos se consideraba el hecho violatorio, o sea
el sentido objetivo de la culpa. En el Imperio sigue observándose
esta tendencia, pero aparecen atisbos de subjetividad.

Conclusiones:
 Podemos decir que lo legal o jurídico, en sociedades que
se manejan de acuerdo al derecho consuetudinario,
consiste en normas generales de comportamiento público;
mantenimiento del orden interno; definición de derechos y
obligaciones de los miembros; reglamentación sobre el
acceso a, y la distribución de, recursos escasos (agua,
tierras, etc.); reglamentación sobre transmisión e
intercambio de bienes y servicios ( herencia, trabajo, etc.);
definición y tipificación de delitos, distinguiéndose
generalmente los delitos contra otros individuos y los
delitos contra la comunidad o el bien público; sanción a la
conducta delictiva de los individuos; manejo, control y
solución de conflictos y disputas; definición de los cargos
y las funciones de la autoridades pública.

 El derecho consuetudinario de los incas merece particular


atención porque está estrechamente vinculado a otros
fenómenos de la cultura y de la identidad étnica, tales
como la estructura familiar, social y religiosa de la
comunidad, de la lengua y los valores culturales propios
de la etnia. La vigencia del derecho consuetudinario
incaico constituye uno de los elementos indispensables
para la preservación y reproducción de su cultura y, por
el contrario, su desaparición constituye, a su vez, a la
asimilación y al etnocidio de los pueblos indígenas.

 Estamos acostumbrados a leer como referente de nuestra


ciencia jurídica al derecho romano, los aportes que los
fundadores de Occidente le entregaron a esa herramienta
que no sólo sirve para normar la convivencia sino para
equilibrar la humanidad y si bien el derecho romano es
una de las principales fuentes con la que se ha construido
la juridicidad olvidamos que en América se desarrollaron
leyes muchísimo antes que los españoles invadieran
nuestras tierras. De allí la importancia de la publicación
El Derecho Inca de Francisco Rotondo, editado por Carpe
Diem, el impecable sello que dirige la poeta Marita
Troiano. Un valioso documento que nos explica sobre la
sociedad antigua y las formas primitivas de justicia, los
códigos de la vieja Babilonia, el derecho en Egipto, las
leyes hebreas, el derecho asirio, el sistema jurídico hitita,
la justicia en la china imperial y en las civilización es
mesoamericanas (Maya, Azteca, Chibcha) como
preámbulo para abordarlos antecedentes fundacionales
del Tawantinsuyo, el origen de sus clanes hasta la
aproximación de su categoría como Estado Imperial.
Francisco Rotondo se ha preocupado por sistematizar las
atribuciones y funciones de los incas, las panacas, el
consejo imperial, el auqui y los curacas, nos explica sobre
su organización social y económica, sobre la
administración y el control sociopolítico, su lengua, la
religión, el ejército y su ordenamiento jurídico. En EL
DERECHO INCA aprendemos sobre las normasen el Ayllu,
el matrimonio, la educación, la marka o territorio común,
el derecho consuetudinario y el derecho del Estado
Imperial Inca, sus antecedentes y la configuración en el
derecho civil, en la organización social y en la
administración; sobre cómo se organizaba el trabajo, la
propiedad de la tierra y la religión. Rotondo clasifícalos
delitos y nos enumera los tipos de penalidades. Un
documento de obligatoria lectura que el profesor san
marquino pone a nuestra consideración para revalorar la
historia.
EL DERECHO INDIANO

1. CONCEPTO

Derecho Indiano es el conjunto de normas jurídicas vigentes en


América durante la dominación española.

Dentro de esta distinción habría que destacar:

a. El derecho indígena, que el colonizador español respeta en


su vigencia, siempre que no se oponga a la religión católica y
a las nuevas normas imperantes;
b. El derecho especial para Indias, que comprende las normas
jurídicas que expresamente se han dictado para América y
que se manifiestan fundamentalmente a través de la ley y de
la costumbre; y,
c. El derecho de Castilla, que adquiere vigencia en América con
carácter subsidiario.

El Derecho Indiano, sin embargo, por hallarse nutrido


grandemente de normas consuetudinarias indígenas, extendió de
manera peculiar la fuerza vinculante de los usos y costumbres,
conforme se estilaba en el mundo clásico (HAMPE, 41 .1999). La
tradición clásica debe ser entendida como la relación continuada a
través de los siglos que une la antigüedad greco-latina con los
diversos < presentes > del mundo occidental, con los cuales se
perciben huellas de aquella trascendencia cultural (AMERICA AND
THE CLASICAL TRADITION, 01.1994).

Es pertinente anotar las palabras de Francisco García Calderón


cuando dice: “Estudiando la suntuosa historia del Perú, en un
libro devoto, hallé que el territorio materno era sólo fragmento de
un mundo uniforme. En el subsuelo se juntaban las raíces
imperiosas de árboles fraternales. Desde el siglo heroico de la
conquista española, una tenaz solidaridad agrupa a estas naciones
semejantes: primero, la continuidad del régimen político; después
la común inquietud y la batalla unánime por la libertad”. (GARCÍA
CALDERÓN, 34. 2001).
2. EL DERECHO INDIANO: Inicio en el Perú

El descubrimiento de América se realiza antes de expandirse en


España las “Leyes de Toro” y la “Nueva Recopilación” (BASADRE,
03.1997).

En 1492, se producen tres hechos de gran importancia para


España:

1) La conquista de Granada-que pone fin a la guerra con el reino


nazarí desde el año 1482-, 2) la conquista de las Canarias-las islas
mayores. Gran Canaria, La Palma y Tenerife-, y 3) el
descubrimiento de América por Cristóbal Colón. Los tres episodios
se pueden relacionar con la política exterior desarrollada por Isabel
y Fernando, encaminada a extender los dominios ibéricos para
afianzar la corona como una potencia internacional. Gracias a las
bulas “Inter. Caetera” (Mayo de 1493), el Papa Alejandro VI
concedió la soberanía de las tierras descubiertas-aunque Colón
pensaba que había llegado a las Indias-. Este mismo pontífice
otorgó a Isabel y Femando el título de Reyes Católicos en 1494-
posiblemente para compensar el Título de “Rey Cristianísimo” que
ostentaban los soberanos franceses- que también disfrutarían
todos sus herederos.

En el año 2004, se está celebrando el quinto centenario de la


muerte de Isabel La Católica, Reina de Castilla, celebrada en el
nuevo Mundo como Madre de América, ya que fue ella la principal
inspiradora de las leyes de India que convertían a los Indios
americanos, en súbditos de pleno derecho.

En el inicio del Derecho Indiano, como primer exponente aparecen


las bulas de Alejandro VI, en 1493, otorgando a los reyes de
España y Portugal las tierras de las Indias, y se procede así al
reparto geográfico de la tierra firme y las islas descubiertas y por
descubrir, señalando los grados de latitud de una y otra zona
otorgada por documento papal.

Desde el punto de vista jurídico, ¿qué carácter tiene esta bula?.


Para algunos, se trata de un fallo arbitral emitido por el Papa. En
realidad, este instrumento no tiene las características de un
arbitraje. No ha existido litis previa, ni citación de los litigantes, ni
alegato de partes.

Las monarquías no se sometieron a la fuerza de un laudo arbitral.


Otros creen que el Papa actuó como fedatario mayor, que registró
cada uno de los hechos importantes de los monarcas que se
habían lanzado a la aventura azarosa del descubrimiento. Otros
juristas opinan que este documento no tiene naturaleza especial y
que es simplemente la repetición de una costumbre medieval. De
acuerdo con esta última interpretación, se trataría únicamente de
una concesión religiosa o pontificia otorgada por el Papa con
determinadas condiciones y obligaciones.

Las bulas aparecen como una encomienda para cristianizar a los


aborígenes. Pero en estos documentos se conceden un título
espiritual y otra legal sobre el dominio de las tierras, y, a la vez,
impone una obligación de carácter imperativo irrefragable, cuando
dice: “Os mandamos”, dirigiéndose a los reyes de Castilla y
Portugal, “proteger y evangelizar a los indios. Para comprender el
alcance de las bulas de Alejandro VI, hay que considerar que la
Edad Media es una época donde el sentido de la unidad es la idea
dominante. El universo se considera sujeto a la voluntad divina y
no puede haba dualidad. La humanidad, afirman los teólogos de la
Edad Media, es un solo pueblo ligado por lazos espirituales; es una
“Universitas”, una Iglesia Universal. Es un cuerpo místico. Para
regir esta Iglesia y este cuerpo místico ¿quién lo hace?, ¿El Papa o
el Emperador? Aquí, en la Edad Media, se abre un conflicto muy
largo entre dos poderes, entre dos potestades: el poder eclesiástico
y el poder civil.

En la Edad Media, la opinión dominante fue a favor del Papa. Se


creía que el hombre, derribado espiritualmente a causa del pecado
original, produce mediante violencia el Estado. Pero el Estado se
vuelve el Estado de Derecho al ser consagrado por la Iglesia, y
entonces toda fuerza justa del Estado deriva del poder que la
Iglesia le confiere.

Cuando se descubre América, España no tenia bulas, pero


Portugal sí, que le otorgaba la posesión desde el Cabo Boj ador
hasta el sur y los mares adyacentes (100 millas de mar territorial);
por eso, al descubrirse América, Portugal reclamó diciendo que le
correspondían esos territorios recién descubiertos, porque trazando
una línea horizontal hacia el oeste desde el Cabo de Bojador le
tocaba a América y la India que ellos buscaban. (BENITO,06.2001)

Podemos decir, que el Derecho Indiano es el derecho urgente en


América durante la dominación española. Sus elementos
constitutivos son, por ende, el Derecho Castellano, el Derecho
Indiano propiamente dicho (de origen peninsular o criollo), el
Derecho canónico y el Derecho Indígena.

Planteado un caso en América, debía resolverse conforme al


Derecho Indiano, si este no regulaba la cuestión se aplicaba el
Derecho Castellano conforme al orden de prelación establecido en
las leyes de Toro en 1505 (Leyes, Fueros y Partidos).

Todos los problemas jurídicos están vinculados con los problemas


de la filosofía política y con la teología de la época. Son los teólogos,
los juristas y los moralistas los que afrontan el problema del justo
título de la conquista de América. (DUMBAR TEMPLE, 26)

3. LAS FUENTES DIRECTAS DEL DERECHO INDIANO

 LA LEY

a) Derecho Legislado: Esta formado por: a) Los grandes textos


de recopilaciones, constituciones y códigos; b): Las leyes
aisladas, incluyendo las que tienen valor local o casuística;
y, c)Los decretos, reglamentos, ordenanzas, etc. El derecho
legislado indiano emanó, en realidad, de diversas
autoridades e instituciones: el Rey, el Consejo de Indias, los
Virreyes, los Cabildos, las Audiencias, los gobernadores,
presidentes, corregidores, etc. Los documentos del Derecho
Indiano tomaron distintos nombres. Cabe destacar
diferencias entre ellos.

b) La pragmática sanción: Se llamaba así a aquellas


decisiones con fuerza de ley general que tenía por objeto
reformar algún daño o abuso.

c) El Real Decreto: Era una orden rubricada por el rey, en que


participaba una resolución suya a organismos dentro de la
corte, o a algunos de sus suministros.

d) La Real Resolución: Consistía en la determinación que el


Rey tomaba en algún caso que se sometía a consideración.

e) La Real Orden: Se conocía con este nombre una disposición


de un ministerio del rey expedido a su nombre.
f) Las Cédulas, cartas u orden circular: Era toda orden que se
expedía para una o varias provincias.

g) Los estatutos, ordenanzas y constituciones: Eran aquellas


normas que establecían los consejos, juntas, colegios y otros
organismos, para su mejor gobierno. Los virreyes,
presidentes y otras autoridades regionales y locales, también
dictaban ordenanzas.

En las primeras épocas del Derecho Indiano, las capitulaciones y


los asientos tuvieron gran importancia y cabe considerarlos como
derecho legislado.

 LA COSTUMBRE

Puede ser indígena o criolla:

Por lo que atañe el derecho consuetudinario indígena, la


Recopilación de Indias (ley 4, título I, libro II) dispone que se
guarde las leyes y las costumbres indígenas que no se opongan a la
religión y a las leyes españolas vigentes. Ya en la Tasa de Gamboa
de 1580, se había contemplado para Chile una disposición
análoga. La ordenanza de Intendentes que se aplica en Chile desde
1786 respeta, asimismo, el derecho de los indios de elegir cada año
en los pueblos cabeceras sus propias autoridades.

Cabe destacar el proceso de recepción en el Derecho Indiano de


instituciones típicamente indígenas como: las cajas de comunidad,
el contrato de yanaconaje, la mita o el trabajo por tumos y el
aprovechamiento de la organización incaica, en tiempos del virrey
del Perú Francisco de Toledo, al servicio de la administración
española.

Se estimó la costumbre criolla fuente del derecho, distinguiéndose:

a) La costumbre fuera de la ley, que era la vigente en los casos


no previsto por esta última;
b) La costumbre según la ley, que era la que ponía en
ejecución la ley y en algunos casos interpretaba y fijaba su
sentido; y,
c) La contra ley, que no admitía la ley escrita, o después de
admitirla la derogaba insensiblemente por actos contrarios
a ella. Juan de Hevia Bolaños, en su “Curia Filiphica”,
reconoce el valor a la costumbre contra la ley, siempre que
se probare su uso reiterado e ininterrumpido por diez años
entre presentes y veinte entre ausentes. Se trata de una
costumbre afirmativa, es decir, de una cosa. La costumbre
contra Derecho Canónico requiere 40 años.

 LA JURISPRUDENCIA

Podía ser teórica o judicial.


Las obras de los juristas indianos como León Pinelo, Solórzano
Pereira, Hevia Bolaños, fueron invocadas con frecuencia en los
estrados. Sobre ellos se hablará nuevamente al tratar la
literatura jurídica.
En cuanto a la jurisprudencia de los tribunales, ella es de tal
importancia en las Indias que alteran con frecuencia a la
legislación vigente, creando así un nuevo derecho. Este derecho
vivo, en contraposición teórica de la ley, es una materia de
estudio, y de su pleno conocimiento, y no de la simple compulsa
de las leyes escritas, dependerá la captación de la realidad
jurídica indiana.

4. LAS FUENTES INDIRECTAS DEL DERECHO INDIANO

Las fuentes indirectas del Derecho Indiano son de dos clases:


generales y especiales. Al primer grupo pertenece la legislación
propia de Castilla que rige en Indias como derecho supletorio por
disposición expresa de Carlos I y Felipe II, reiterada en la
recopilación de Indias. En efecto, ésta última establece el siguiente
orden de prelación:

a. Las leyes propias de la Recopilación

b. Las cédulas, ordenanzas y provisiones dictadas con


anterioridad a la recopilación ya derogadas por éstas.

c. Las Leyes de Castilla, de acuerdo con lo dispuesto por las


leyes de Toro

Constituyen, en fin, fuentes indirectas especiales aquellas leyes de


Castilla referentes a determinadas ramas del derecho que rigieron
en América por mandato directo. Esto ocurre en el derecho
comercial, en el que se ordena aplicar, fuera del reglamento del
Comercio Libre y de las cédulas de erección de los diversos
tribunales del Consulado, las Ordenanzas de Bilbao, redactadas
primitivamente para la villa de ese nombre y cuyo proceso de
elaboración, iniciado en 1511, termina en 1737. Asimismo, el
derecho de minas se aplica en América como legislación supletoria:
Las Ordenanzas de Briviesca de 1387, Las Ordenanzas de
Valladolid de 1559, la Pragmática de Madrid de 1563 y las
Ordenanzas de San Lorenzo o del Nuevo Cuaderno de 1584.
Finalmente extendieron su vigencia para las Indias.

5. CARACTERÍSTICAS Y VIGENCIA DE LA LEY DE INDIAS

Las leyes de origen metropolitano se dirigían ordinariamente a las


autoridades civiles y religiosas en varias copias. Cuando era de
interés general, a veces, se las imprimía o se pregonaba en plazas y
mercados con concurrencia del escribano. Cuando la ley se dirigía
a un particular, éste debía presentarla a las autoridades para su
obediencia.
Las autoridades que recibían una ley metropolitana debían, por un
formalismo, prestarle acatamiento; el funcionario tomaba la ley, la
besaba y la colocaba sobre su cabeza, diciendo que la acataba
como venida de su señor natural.
Aunque las autoridades estaban obligadas al cumplimiento de las
leyes, tanto la doctrina como la legislación castellana y la de indias
contemplan algunas excepciones.

La mayor parte de la legislación indiana se refiere al derecho


público. El derecho privado cuenta con escasas disposiciones, casi
todas de tipo casuístico, es decir, destinadas a resolver casos
concretos.

Llama mucho la atención, el espíritu altamente religioso y


humanitario que mueve toda legislación de Indias. Cualesquiera
que fuesen las dificultades con que ciertas normas tropezaron en
algunos sitios de América, la voluntad de la corona española de
proteger a los indígenas y de incorporarlos a la civilización
cristiana se mantuvo inalterable. El profesor Edouard Gaylord
Boume, de la Universidad de Yale, califica a la recopilación de
Indias de 1680 como un código en el que “a pesar de notables
insuficiencias en cuanto a finanzas y a pesar de graves
desacuerdos con las ideas modernas, por su amplio espíritu
humanitario y de protección a favor de los súbditos americanos del
rey, encierran un valor mucho más grande que todo lo que se ha
hecho en las colonias inglesas o francesas en el mismo orden”.
Bibliografía:
El indio Cronista, Huamán Poma.

 El primer nueva crónica y buen gobierno (1615), editado por John


Murra y Rolena Adorno, traducciones del quechua por Jorge L.
Urioste, México, Siglo XXI, 1980, 3 t.
 PORRAS BERRENECHEA, R. El cronista indio Felipe Huamán de
Ayala. Lima, Lumen, 1948.
 POSNANSKY, A. La obra de Phelipe Guamán Poma de Ayala:
“Primer Nueva Corónica y Buen Gobierno”. La Paz-Bolivia, 1944.

El derecho Inca:
http://www.monografias.com/trabajos16/estado-inca/estado-
inca.shtml