INDICE

PUNTO LÍMITE CERO Editorial LA SOLEDAD DEL CORREDOR DE FONDO Personajes ocultos 4

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NO DESPERTÉIS A LA SERPIENTE Poesía BREVE BESO DE LA ESPERA Micro relatos CADÁVERES EXQUISITOS Reseñas INFILTRADAS Relación literatura, arte, escritura... OPINIÓN

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Han colaborado en esta edición por iniciativa propia y libres de coacción: Inés Toledo, Ana Vega, Marta Sáez Truébano, Alejandra Sirvent, Susana del Llano, Rubén D. Rodríguez, David Suárez, Santiago Bertault, Dani, Manolo D. Abad y Aníbal del Valle Uría. Esta revista no se hace responsable de las opiniones de sus colaboradores ni del posible trastorno psicológico que pueda ocasionar su lectura.
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PUNTO LIMITE CERO
No nos resignamos a que la literatura asturiana esté en manos de las mismas personas (llámese suplementos, revistas, gurús literarios, editoriales..). Abogamos por crear siempre espacios alternativos de discusión y creación donde el escritor joven y no tan joven tenga un espacio para expresarse y poder mostrar sus textos y opiniones. En absoluto estamos a favor de las corrientes estéticas impuestas de manera velada ni mucho menos por el amiguismo literario, seña de identidad de esta ciudad y su provincia. La elección literaria nunca debe venir impuesta, y esta se produce de manera natural, un diálogo entre el lector y el escritor. Nuestra máxima: la heterodoxia, la poesía popular, callejera y la música rock como señas de identidad no exclusivas pero si importantes, para este grupo literario abierto, a propuestas novedosas que muevan de una vez por todas el apático movimiento cultural ovetense. En definitiva, queremos devolver la literatura a las calles. Nuestra letra corta, nuestro puñal enseña. Solo tenemos una regla: ESCRIBE O REVIENTA

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LA SOLEDAD DEL CORREDOR DE FONDO
Inés Toledo nació en Oviedo en 1.973. Ha publicado poemas, relatos y reseñas en diversas publicaciones: Pretexto, Aulas, El Súmmum, La Nueva España, Clarín... Ha sido incluida en antologías como La palabra compartida (1.997) o Soledades juntas (2.003). Ha participado en El desafío, un montaje audiovisual ambientado en el mundo del boxeo con la poesía como protagonista, y ha colaborado en “Café con libros”, espacio del programa cultural ContreSentidos de la Televisión del Principado de Asturias. El final del cuento es su última obra publicada.

¿Algún mal escritor que te guste? Dios. Cuando inspiró el Cantar de los Cantares debía haberse dado un golpe. ¿Poeta favorito/a? No trates de liarme con preguntas-trampa. Tengo una mejor: ¿has dejado ya tus vicios? ¿La moraleja de El final del cuento? Bienvenidos a la realidad. Ya lo dijo el Dr. House en un capítulo: "Mola mucho más saber".
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Cita literaria para ser un buen psicópata: "Hannibal: - Clarice, ¿han dejado de balar ya los corderos? No me extrañaría que la respuesta fuese sí y no. Usted se juzga a si misma con la piedad de la balanza del Averno, y tendrá que ganarse una y otra vez ese bendito silencio. Clarice: -Aún me despierto por las noches, oyendo el chillido de los corderos lechales." (Hay que comprobarlas) ¿La poesía sirve para limpiar? No. ¿Has tratado de limpiar una sartén, las uñas de tus pies, o tu estómago con versos? A mi alrededor, en mí, no hay nada inmaterial. Para limpiar, yo uso agua, jabón, movimiento y amor propio. No es que esté reluciente, pero no me va mal del todo. Ahora bien, si se trata de elaborar metáforas... La poesía cataliza los procesos que rigen mis sentimientos. Hace tiempo supe, cuando leí "Cartas a un joven poeta", que la poesía era un catalizador imprescindible en mi vida. Para eso sirve, esa es su utilidad.

“ME VESTIRÉ DE REGALO” (Universos, 2.007) Para mi hermano Juan Si trato de buscar forma humana de pedirte perdón, todo aquello que encuentro se me apelmaza y mengua, porque me arden las lágrimas, y lavan mal
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los tejidos del daño y la tristeza. Esa no es la manera. Quisiera regalarte una vida sin más grietas que las imprescindibles, conseguirte sosiego, algún antídoto para la soledad cuando es veneno.

Dar forma y tacto al amor que te tengo, hacerlo útil, con ese material que los bastones [óptimos nos dan si les pedimos equilibrio. Reparar incluso aquello que es irreparable. Borrar aquello. Borrar. Poder borrar. Y como no se puede hacer nada de eso, viva, merodeando tus sigilosos días, te alcanzo alguna vez mi cercanía. Porque no hay otra cosa, mi bien, que [pueda darte: sólo verme a tu lado y alumbrarte mi [vida para borrar imágenes que sé imborrables.

No sé si la lejía provocó ese inquietante resultado: el hecho de que tengas en los ojos un color inhumano, ese verde nocivo como el aire de Venus Son tu cuerpo quebrado y la luna en tu frente, y dos pájaros verdes encerrados en [jaulas de lo más elocuentes cuando no dices [nada. Empapaban la sala los gritos de [dementes, como cada mañana. Tan lejos, en tu sitio, aguantando la absurda duración del [invierno, en la mesa pintabas con un dedo la [pena. Y te miró tan cerca que, del frío en tu cuerpo se congeló la sangre recortada. Pero apenas dijiste de lo mal que se pasa: “Enfermera, no es nada, estoy un poco [baja”.

“FRIDA” (Universos, 2.007) Te llamaron columna y pienso en Frida Khalo pintándose, tumbada, vertebrada de [clavos.

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“MORIR DE AMOR (EN CINCO PASOS)” (Universos, 2.007) I Uno le rodeó los hombros al Otro con su abrigo, el Otro parecía la persona más desvalida de la Tierra cuando se encontraron. Uno le abrió su casa. II El Otro sólo logra conciliar el sueño si se acurruca como un embrión entre los brazos y las piernas de Uno. Si Uno protesta, el Otro le susurra al oído que sólo quiere un poco de calor humano. Y Uno lo entiende. III El Otro se despereza con los ojos brillantes de ilusión. Antes de probar el desayuno que espera sobre la cama, le dirige a Uno su mirada más dulce, y, entre sorbo y sorbo de zumo, repite: “Tu cariño es el mejor alimento”. IV Si Uno llora, el Otro apresura los labios para beber las lágrimas, tratando así de aliviar a quien tanto le quiere. En otro orden de cosas, tras el sexo, el Otro lame cada gota de sal del cuerpo amante, y disfruta al saborear el gozo tembloroso de Uno. V Han pasado cinco meses. Uno agoniza, desnudo y tiritando. Muere de frío, de hambre y de sed, y el colmo es que para exhalar el último suspiro, le falta el aire, porque por él se han bebido hasta el viento. Inés Toledo
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NO DESPERTEIS A LA SERPIENTE
“PARA QUÉ SIRVE EL DOLOR” Para animarse A comprender a las personas Y a ti y a mi Y emocionarse Para sentir De una manera lo suficientemente intensa “¿Y TÚ CÓMO HAS LLEGADO?” Para vivir ¿Te has pasado la vida con la inercia, hasta que se te coló en el garrafón una “LOS TRES ESTADOS” Espero consciente del pecado a que se caduquen los yogures. Necesito algo malo. Despierto de un sueño obligatorio a que los musos me inspiren este verano tanto o más como si fuera otoño. Tengo la certeza De haber llegado a algún lado Sólo porque después de haberme amargado muchísimo tiempo ahora por fin estoy a gusto. Y siento que
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me sirvió tanto pensar en mi futuro, en mi presente y en mi pasado porque ahora cuando más cómoda estoy tengo para mí los tres estados.

biodramina y vomitaste normalidad? ¿O te resististe aún a tu pesar y a fuerza de no poder desapercibirte acabaste destacando? ¿Cuál fue tu camino? ¿Quisiste ser especial y cuando llevabas demasiadas salidas de tono te diste cuenta de que sólo coleccionabas tópicos paraste y realmente

“MENOS MAL” escuchaste aquel silencio que dejaba aquel vacío, cuyo único mensaje te daba la única oportunidad de saber cuál es tu particularidad? ¿O después de mucho huir de la vulgaridad te diste cuenta de que no hay nada más refinado que la aceptación de lo primario de la naturaleza y del no clasismo? A mí me pasó todo, y procuro aprender sobre todo que nunca sé cual es el baremo, porque sería volver a equivocarme. Respeto. Procuro tener respeto y humildad. A la vez por los demás y por mí, a la que más me ha costado aceptar, y que llevaba tiempo subiendo y bajando excesivamente el listón. en las manos. Pero son todas esas cicatrices las que te hacen valorar los daños constantes.
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Si no hubiera sido por todos los momentos malos. No me hubiera conocido como soy. capaz de tirar para adelante. Capaz de soñarme mejor. Si no hubiera sido. Por todos esos momentos malos. No hubiera dado un duro por mis esfuerzos. Hubiera creído que fueron una pérdida de tiempo. Claro que en el momento los rechazas. Igual que nunca querrías clavarte un cristal

Que puedes dejar cerrados como un regalo dentro de tu piel.

Se oyen las mujeres. Colocando voces Colocando. Pocos lugares hay

“COLOCANDO” Estos autobuses. Esos altramuces. Autobuses-altramuces de colores Claros. Claros ataúdes. Tartamudeando. Gorjeando. Vomitando. Va la gente. Regurgitando. Coros de mujeres. Amigando. Colocando las miradas.
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tan sociales en los que se pague tan poco por estar Entre fluorescentes Aventurando. Van viajando Como si fueran Muchos altramuces que se hubieran ido enlatando.

Marta Sáez Truébano

“Pero los niños reinventan las palabras y todo adquiere un nombre. Verbos actuantes, muchedumbre de sustantivos. Poder de doble filo: sirve lo mismo a la revelación y al encubrimiento.” (JOSÉ EMILIO PACHECO)

“JUEGO DE NIÑOS” Cómo explicar que ya no quedan recuerdos de aquel tiempo. Quizás dos o tres nociones básicas de geografía, cuatro o cinco conceptos filosóficos: La amistad, el amor, la muerte y el paso inevitable de la vida. Sobre todo recuerdo el inmenso paraíso que era aquel recreo, las luchas intestinas y los juegos en carrera por llamar siempre la atención del grupo o del maestro de guardia. También recuerdo un mar inmenso de sillas y pupitres, y el día mágico que me explicaron el concepto básico de mercado: La oferta y la demanda, la compra y venta de productos, de ahí niños, estar atentos –decía la maestra- se obtiene la riqueza. Luego, Belén y el resto de amigos pusimos en práctica lo aprendido, quisimos probar el gusto por el dinero, y que se siente al vender productos a bajo costo.
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Así nos convertimos de la noche a la mañana en niños ricos por un día. Conchas de mar vendimos aquellas horas de otoño, esqueletos de mar, señales misteriosas marinas que ofrecimos al viandante aburrido y de paso lento. Luego, más tarde, llegó el castigo, la reprimenda: “Nadie vende y compra en un Colegio Público”. No entendimos las razones, no comprendieron los mayores la clase de economía dada y sus letales leyes de mercado. Al fin la directora cerró la discusión en el acto, y en tono amable nos dijo: “Aquí dentro todavía existe una isla eterna e inabarcable donde no habita el dinero, y sois vosotros, niños, los únicos supervivientes, felices habitantes de paraísos perpetuos”. Rubén D. Rodríguez

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“PUEDES DESDECIR...” Puedes desdecir estas palabras, fabricar otros sueños, vivir en otras islas, ejercer de hombre gris que llega y vive de casa al trabajo. Son estas fortunas las que te han sido dadas por los dioses, pero a veces la ciudad y este día te otorgan el sol y su dicha, la mirada que atrapa el reflejo abrasador de unos labios que te dicen que de nuevo te aman. Morir y amar en esta ciudad sin nombre ni dicha.

“ESTÁS ACOSTUMBRADA...” Estás acostumbrada a vivir en los sepulcros, a ser siempre mirada, a devorar conversaciones humanas de cadáveres nocturnos que pululan esta barra: Seres castigados por el fracaso de sus sueños, animales noctámbulos que la palabra pasión ha sido ya desgastada por la memoria desértica de un beso no consumado. Lo sabes, ellos viven de ti, de verte, noche tras noche devorar un cuerpo ajeno. Como hienas observan siempre: El devastado amor que las contempla.

Rubén D. Rodríguez
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“NUNCA” Hay ojos que me miran sin verme, y manos que aún expertas en adiestramientos ajenos, infinitos, quizás, nunca hallarán el punto exacto en que mi geometría alcanza la curvatura perfecta, cuando pierdo entonces la conciencia pues sólo de ese modo mis piernas alcanzan la postura impronunciable del viento, y mi espalda se arquea y mis manos buscan bajo la niebla de la respiración de al lado un apoyo donde esconder, proteger, aquello que no tiene nombre: el presente paralizado entre dos cuerpos. La bendita cercanía vencida por un beso. Y aún así hay manos que desconocerán siempre el pliegue más íntimo donde mi cuerpo se convierte en una boca hambrienta y tu cuerpo en sed infinita. Hay manos que nunca, ojos que nunca, nombres que nunca sabrán nunca jamás nunca nada de mí

Ana Vega.
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“LA DOCTORA FRANKESTEIN” ¡Ojala supiera¡ macerar poemas en el alma, dejarlos que bullan dentro hasta que hiervan. Los paro como fetos monstruosos como criaturas incompletas, en mi prisa por darles vida. Luego, yo misma los rechazo, avergonzada. Sin querer ver, que el monstruo es el creador, no la criatura creada. “EL MURO” Domas mi espíritu hasta lograr hacerlo abnegado y manso, esclavo de tu cuerpo. Fuera, habla el orgullo, con voz áspera y actitud fría construyendo un muro que esconda mi cobardía. Me crees lejana y cierto es que me alejo, pero no es por no amarte. Es por miedo a llegar a hacerlo. Susana del Llano
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“HAIKUS BASTARDOS” Dictador del cariño Empuñabas regalos Como si fueran pistolas En el arco iris Se cagaba El perro verde

“PELIGRO” No querrás que te presente Al afilador de navajas No es tu miedo lo que siente Mientras observa un corazón en la zanja Se que me pide sacrificios Y mi yo cobarde, Silencia tus hechizos Sólo Solo Sólo Solo Sólo me da miedo saber Que no se conformará con tu suicidio

Santiago Bertault (El Rémora)

“DIARIO DE MI PRIMERA COMUNIÓN” de El Blog de Drácula(Eikasia 2007) Estudiaste las lecciones, las niñas te hicieron crecer, todos tus amigos imaginarios murieron de crueles maneras. La nave espacial que pilotabas se estrelló en el quiosco de abajo. La chacha que te cuidaba apareció ahorcada. Los policías dejaron de ser tus amigos: prendiste fuego al Parque de Invierno, quemaste los botones del ascensor de tu edificio y descargaste los extintores. Indios y vaqueros se fueron de putas. Los Cliks de Famobil y los Airgambois salieron de la trena, el Excalestric fue declarado Gijón por la vieja y a Don Pimpón se le cayeron los dientes. Tuviste que marcharte pisando la poca nieve que quedaba -ese día no te dieron la merienda ni 100 pesetas para el camino ni 20 sobres de cromos y a los tres reyes magos los pillaron con todoherido como aquel pajarillo que cuidaste en tu primer día de clase.

“LA CORRIDA” de Cacharros malversos( Grafinsa 2000) Feliz, libre entre la manada, eyaculando, flotando, saltando, mugiendo, corriendo a la luna y al sol. Pero, inesperado y por detrás, cayó el lazo del amo, arrastrándome entre océanos de pena a justificar mis años de rumiante en una sangrienta faena. Y la misma canción de siempre, un par de locas carreras por aquí, que si me pican por allá, que si pase de pecho, que si media verónica y aquellos divirtiéndose con mi sudor. Al final no pudo ser, otro que cae, aunque me queda el consuelo de haberme dejado las dos orejas y el rabo. David Suárez

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“Un polisón de nieve, blanqueando las sombras, se suicida en los jardines. ¿Qué será de mi alma, que hace tiempo bate el récord continuo de la ausencia?” (Pamplinas, de Rafael Alberti)

“PAMPLINAS” Cara de palo, pamplinas, rostro pálido, Buster Keaton todo él, no entiende nada. Como un personaje tragicómico de cine mudo confuso, desubicado, náufrago en un fotograma de total technicolor. (Algo así como un Joseph Merrick con chapines de rubí pisando baldosas amarillas). Pocos pasos atrás Louis Armstrong interpreta con trompeta “What a Wonderful World”. (…) Buster Keaton no entiende nada.

Aníbal del Valle Uría
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“POEMA DEL DESENCUENTRO” Se vieron de lejos. Frente a frente venían el uno frente al otro. Empezaron a hablarse antes de poder oírse: ¿Vienes del trabajo? Te has cortado el flequillo Sí, hace ya tiempo. Sí, voy a comer. Adiós. Adiós.

“ME GUSTA DESPERTAR” Ahora ya no sé dormir si no es acariciando mi tu piel toda tuya mía. Sufro de atroces vacíos insomnes si no viene a reposar mi tu aliento en ese tu mi nido que hay entre tu mi pecho y tu mi cuello. Y es que ya no sé dormir sin ti y sin ti creo no saber soñar. Porque sueño contigo aunque contigo quede dormido. El sueño es entonces otra oportunidad para estar contigo. Y al despertar y verte ahí en ese mi tu nido tuyo mío… Soy feliz por haber vivido.

El destino había dispuesto que sólo faltasen dos días para recordar el primero. Sólo habría pasado un año. Un año es nada y ambos lo sabían. Pero si a veces un año dura sólo doce meses, hay veces en que un mes dura doce largos años. Y ambos lo sabían.

Aníbal del Valle Uría
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“MANHATTAN, 2007” El sol es la pupila de un león Manhattan se disfraza con el manto floreciente y efímero de todos los muertos. Halloween deja sus galones nocturnos a nuestro paso que sólo se resiente en el poema. Los galones nocturnos de una ciudad sitiada. El silencio de cuerpo sometido, indeciso, de inmediato cadáver. De lujo asesinado. Halloween: truco o trato. La muerte es disyunción, por eso decidir resulta trágico. Así, si divagamos entre una calle u otra, morimos complaciendo la belleza de surco del otoño, la gracia ambivalente de la ardilla, la plenitud ambigua del color entre el atardecer y su retrato. Y pedimos consulta a esas gafas de sol de actor sagrado con que se oculta un poco la ciudad, sus avaros y fríos rascacielos que cruzamos rasgando el silencio del mundo, su demencia de océano, su vientre inseminado de corales falsarios y delgadas hogueras. El sol es la pupila de un león, y los árboles lentos, perezosos leopardos.
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Central Park es un salón de té. Con sus pintores, sus trajes italianos hilvanando la brisa y sus civilizados delincuentes diurnos. El sol es mi pupila deslumbrada. El Hudson nos ofrece su arteria de colonos, ese nudo de frío que aprieta la garganta a media tarde, la estatua tan pequeña en su certeza, una fábrica de azúcar putrefacta de olvido que regala una nota de dulzor a estas extrañas bestias que aún vivimos

Alejandra Sirvent

—Villanos te maten, rey, villanos, que non hidalgos (…) sáquente el corazón vivo, por el derecho costado, Romance de la Jura de Santa Gadea.

“5 DE FEBRERO, SANTA ÁGUEDA” 5 de febrero, Llovía. Me arrancaste el corazón por el costado derecho y llovía. Tu cara intentaba mostrase abatida por tenerte que ver obligada a ejercer tan brutal cirugía y llovía sobre ti como una profusión Inmisericorde de pequeños latigazos expiatorios.

“MES LUNAR DE ENERO” Del filo de un cuchillo al filo de una dura navaja de barbero. Al final no he caído, me he quedado en el medio y me he [cortado. Jodido aborrecible mes de enero... La vida se me espesa en la garganta, áspera y fría no puedo tragarla... La nieve se derrite en los tejados y baja a las cloacas, y se pregunta, ingenua, qué ha pasado con su impoluta vestimenta blanca. La luna se marchó dando la vuelta y ya no nos verá otra luna llena. Y todo me parece sangre, frío, dolor, nieve manchada y luna nueva.

Dani
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“QUÉ ME QUIERES” ¿Qué me quieres, me dices? ¿qué me quieres? quieres decir... ¿como se quiere algo? ¿como se quiere pasear un día o cenar algo rico o ir al cine o ir mañana a la playa, si el tiempo lo permite o si no encuentras nada mejor que hacer? Para ser mas exacta y evitar confusiones, deberías decir de mí, mas bien, que te apetezco.

“EL PESCADOR” Los mares se han secado y el pescador ya nunca encontrará [consuelo. Vive en un barco muerto sobre el [lecho del puerto, y un atún le aletea a la izquierda del [pecho al ver los aparejos de pesca de su [padre. Recorrerá los fondos salinos de los [mares y recogerá peces salados y resecos. -Si no vuelven los tiempos felices de [mi infancia no es porque ya no rompan las olas en [la orilla sino porque aquel niño que he sido ya [se ha muerto.

“LA HUELLA” Casi todas las cosas dejan huella, bien lo saben los pueblos cazadores: una rama quebrada o unos pelos prendidos de un arbusto… La huella siempre aumenta con el peso: las orugas de un tanque sobre el barro, un pelo largo, un algodón con maquillaje, tu perfume en la funda de la almohada…

Dani
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BREVE BESO DE LA ESPERA
“MI LETRA, TU PUÑAL” Saber que ya has entregado todo lo que tenías. Estás arruinado, echado a perder y todo ha sido por ese precipicio que se abrió en aquella infausta noche. Fue su sonrisa, su sonrisa y luego vino todo lo demás. El alcohol consiguió llevar al olvido aquel terraplén, volver a recuperar, paradójicamente, la vertical. Pero sólo duró un par de semanas. Su rostro volvió a cruzarse, otra noche y entonces el corazón decidió llevarte al abismo más profundo. A pecho descubierto, sin corazas, fuiste viendo como cada uno de los sueños sugeridos, cada uno de los sueños cumplidos, cada uno de los sueños rechazados fue cayendo, inmisericorde, sobre tus hombros. Las sonrisas se tornaron reproches, los reproches traiciones y burlas. Tu puñal ya se había clavado hacía tiempo en mi corazón y ahora era removido por tus manos en un juego cruel y gratuito. Me arrastraba por la ciudad sangrando, cayendo una y otra vez. Pero mi sangre sólo la veía yo. El puñal que manejabas con certera habilidad para producir más dolor sólo era visible ante nuestros ojos. Tu perversa sonrisa seguía haciéndome bailar a tu ritmo mientras me humillabas de nuevo para irte con quien fuera, él o ella, eso ni siquiera te importaba. Disfrutabas contemplando mi dolor, invisible a los ojos de los demás, y cómo sólo el alcohol, en dosis cada vez más letales, lo mitigaba. Busqué otros remedios para evitar ese dolor. Desesperadamente, durante meses traté de encontrar una salida que no fuera el final definitivo para mi vida.
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Un día comencé a teclear, a escribir sin parar, como poseído por un impulso interior furioso, que me empujaba a sobrevivir a tu cruel juego, a sobrevivirte. Tu sonrisa malévola debía desaparecer, era ella la que impulsaba tu puñal en mi corazón. Se sucedieron muchas líneas de alivio, incesantes, brotaban cada vez con más fuerza. Hasta que una noche un nuevo rostro secó todas y cada una de las heridas. Tu puñal se partió en mil pedazos. Aquella noche de verano tu sonrisa se heló. Aquella noche viste un precipicio aún mayor que el que yo había contemplado muchos meses antes. A partir de entonces, nada de ti me importó. Ni aquella noche, tras aquel concierto de Six By Seven cuando guardaste tu puñal y te mostraste como siempre te había querido ver: sin armadura, al descubierto, sin esconder nada y menos tu corazón. Pero ya era demasiado tarde. El desprecio invadía todas las paredes de mi corazón y lo inflaba con vano orgullo en una revancha tan necesaria como vacía. Ha pasado aún más tiempo. No he dejado de escribir y sé que mientras lo haga estaré a salvo de ti, de tus recuerdos, de la memoria de tu dolor. Sé que es peor no sentir por ti ni tan siquiera desprecio, pero así es la vida. He conseguido sobrevivirte, algo se ha muerto dentro de mí y quizás nunca vuelva a alumbrarme pero ya me da igual. Es demasiado tarde para mirar hacia atrás. Para tratar de recuperar los años perdidos persiguiéndote en vano. Manolo D. Abad
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“UNA ARAÑA EN EL TECHO” La araña permanecía inmóvil. Era una araña grande, de ésas que tienen patas gruesas y cuerpo desmesurado para sus extremidades de simple arácnido. Estaba justo en el ángulo que formaba el armario con los azulejos de la cocina. La araña había tejido laboriosamente su hogar, el cual ascendía hasta el techo. Ella untaba el pan con la mermelada de fresa y miraba hacia arriba. La araña seguía quieta. Miraba las tostadas y el café y pensaba que tal vez la araña se desprendería de un momento a otro de los finos hilos que la sujetaban en el aire para aterrizar lentamente en su plato o hundirse en su café. Siguió desayunando. Eran casi las ocho. Hacía frío en la cocina. Debía darse prisa, no podía llegar tarde de nuevo a la oficina. Tras el último bocado miró al techo: la araña seguía allí. Al día siguiente se levantó más temprano. Eran casi las siete. Colocó las tostadas en la mesa y el café junto al plato. Se sentó y abrió el frasco de mermelada. Miró al techo. La araña seguía inmóvil, el mismo lugar, la misma quietud aterradora. Estaba en el sitio exacto en el que ayer la había dejado, pero a su alrededor había tejido una extensión ilimitada de laberínticos nudos en el aire, perfectamente hilvanados entre sí. La araña había invadido todo el techo. Ella terminó el desayuno y se fue a la oficina. A la mañana siguiente un ruido extraño la despertó. Aún no había amanecido. Encendió la luz e instintivamente se dirigió a la cocina. Junto a la puerta, su mano intentó alcanzar el interruptor, dio un paso al frente pero algo la atrapó en sus redes. Una especie de tejido viscoso le rodeaba el cuerpo. Al fin, tras muchos manotazos consiguió encender la luz. La araña estaba frente a ella. La mujer permaneció inmóvil, la araña avanzó deprisa.

Ana Vega
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“SOMETIMES”, UNA CANCIÓN DE JAMES A veces soy como un torrente a punto de desbocarse. En momentos como esos tengo miedo. Miedo a que las aguas se desborden y cometa errores que luego me harán sentirme culpable. Olvidada toda la noche anterior permanecen restos inequívocos de que algún exceso me ha arrastrado a lugares que no deseaba volver a visitar. No quiero caer más, pero mi corazón me lleva más allá, tratando de no recordar cómo mi insensibilización me ha impedido alcanzar aquello que más quise. Y siento miedo. Miedo de no poder seguir mis pasos hacia el abismo de la noche. Miedo de ser yo mismo, extrayendo una nueva careta de mi rostro, expuesto sin esa protección. Hace tiempo que perdiste esa fe que llena a los ignorantes. El miedo vuelve a invadirte como una puñalada seca. Ves la mirada de esa mujer que tanto deseas y descubres que ni en otro mundo podría ser tuya. Y avanzas por las calles vacías alumbrando su rostro y su cuerpo en tu imaginación. Solo, una noche más. “POWDER BLUE”, UNA CANCIÓN DE ELBOW Nunca te dejaste cazar. Preferías ser tú quien lanzase los aparejos de pesca, quien estirase las redes, quien viese la jaula del amor ocupada por tu sueño. Pero el sueño llegó pocas veces. Casi nunca. Y muchas de las ocasiones en que arribó, estabas demasiado ciego para verlo. Y hoy lo lamentas en amaneceres inacabables. En noches a tumba abierta. En resacas dolorosas. Recuerdo aquella mujer, su hermoso rostro, su cándido amor. En aquellos días, los torbellinos asolaban mi corazón y decidí ir tras otra. Era hermosa. E inteligente. Me amaba, o eso creía. Fue por eso que ni siquiera hicimos el amor en la noche en que más la deseé. Aquel día, en las tinieblas de su portal, dije “Busca a alguien que te ame realmente, que te ame sin dudar, que te lleve al fin del mundo si es preciso. No desperdicies ese sentimiento conmigo”. Mucho tiempo después, me anunció la llegada de un nuevo amor. Fue entonces cuando supe que el verdadero, el real, había sido yo. Demasiado tarde, otra vez.

Manolo D. Abad
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“ELLA Y SUS PINCELES” Le gusta mirarla mientras duerme, ver la cara de susto con la que se despierta, cuando ese invento infernal, llamado despertador, la saca de sus sueños. Aterriza en el mundo real, normalmente de mal humor por lo que es mejor ignorarla y pasar desapercibido hasta que haya transcurrido al menos media hora. Entonces me da los buenos días y tras un café y una ducha acostumbramos a pasear cuando la ciudad se empieza a poner en marcha. Ella dice que ese paseo es un momento especial, sólo nuestro y que observar el trasiego de gentes y coches mientras nosotros paseamos, es un lujo, es como engañar al tiempo un rato escapándonos de la rutina diaria. No nos vemos hasta el medio día, a la hora de comer. Si hace buen tiempo, comemos en el jardín y aún nos queda un rato para tumbarnos sobre la hierba y dormir una siesta. Las tardes se me hacen largas esperándola. Esperando el mejor momento del día. Cuando vamos juntos a la playa. Ella suele pintar hasta que apenas hay luz, después nadamos y echamos una carrera hasta el faro. Quiere ser pintora, vivir de sus cuadros. No le falta talento se que algún día se lo reconocerán. Dice que trabaja en una galería de arte, pero se que miente. Un día decidí seguirla para ver que hace cuando se va de casa. La vi entrar en un lujoso edificio que olía a sexo y a dinero, un burdel caro de donde salió oliendo ella también a sexo. Ese olor que no se va ni con geles ni perfumes caros fue lo que me hizo sospechar que mentía.
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Aunque el solo hecho de imaginarme a hombres desconocidos poseyéndola me repugna, nunca le he dicho que conozco su secreto. Ninguno de esos hombres tiene de ella la mitad de lo que yo poseo. Ninguno se despierta a su lado ni la observa cuando duerme. Ninguno sabe que le asustan las tormentas tanto como a mi y se reirían de ella si supieran que se esconde en un rincón de la casa hasta que cesa. Se que ella siempre estará a mi lado y eso me basta. Vivimos juntos desde que nos conocimos, nos e que sería ahora de mi vida si no fuera por ella. Antes de conocerla era receloso y desconfiado con la gente. Había tenido muy malas experiencias anteriores, pero a su lado volvió a confiar en las personas. Por eso lo que haga fuera de casa no me importa. Cuando entra por esta puerta es solo mía. Tan solo hay una cosa que querría hacer junto a ella y no puedo. Ir a un restaurante de estos en los que puedes comer hasta que te canses, y sentarme a su lado en la mesa. Pero en los restaurantes, no dejan entrar perros.

Susana del Llano
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“MILÉSIMA DE SEGUNDO” Las cosas pasan porque suceden. La Srta. Silvia se levantó de buena mañana y pensó en Nacha Pop. Canturreó con alegría "El Amor que antes dolía, convertido en súper amistad entre los dos". Jamás me van a joder mejor, pensó. Se río, chilló, aulló. 180 pulsaciones después se duchó. Se puso el vestido de flores del domingo y fue al entierro de su padre maltratador.

“VEINTICINCO HORAS” Salió de día y llegó de día. Miró la brecha de la puerta de casa y abrió sin ruido. Entró en su habitación y dejó los restos de la bacanal. Cocina, café, galletas. El gato maullando como un niño pequeño, le acarició y se sintió tranquilo; tranquilo, sí, pero culpable y egoísta. Su madre le dió el desayuno al gato. Él se fue a la cama. Estaba de más, lo sabía. Desde que vivía con sus seres queridos a pensión completa estaba de más. Se tumbó en la cama y se puso a dormir. Esa noche/día no quería pensar en soluciones. Santiago Bertault

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“VOTO A Z-ERO” Había sido una mala noche, de esas que sobran. Una borrachera pesada y sin sentido cargada de opciones de arrepentimiento y para colmo había elecciones. Volvía a casa con un chupetón en el cuello y un teléfono mal apuntao. Los colegios electorales habían abierto hacía unos minutos. Me fuí hacia los Dominicos y meé en la pared ante la mirada despectiva de unas viejas que iban a ejercer. - Así va España, sin respeto ni cabeza. - Anda ir a mamala. Busqué en el bolsillo la cartera para comprar un pastel. Nada, ni un céntimo. Me cayó el DNI al suelo todavía con restos de polvo blanco. -Cagón Dios, voy a votar yo tamién. ¡Qué cojones! Entré en el recinto de la fiesta democrática con los ojos rojos, oliendo a tabaco y a alcohol. -A ver dónde ye. Revolví las hojas para encontrar mi mesa durante unos minutos. A2Sector b. No sabía a quién votar, me metí en una cabina, la del fondo del pasillo y cerré la cortina. Estaba cachondo, me lo acababa de comer brevemente con una tía en el Dolce & Galvana pero no habíamos llegao a nada. Me bajé los pantalones y empecé a hacerme una paja. Me prestaba bastante recordando todavía el olor y el sabor de Alicia o Patricia o Leticia, ya no me acordaba.
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Me corrí sobre la madera lateral de la cabina. Quise dibujar el símbolo del tripi con el pincel de mi polla y la pintura de mi semen. No conforme con ello también cagué. Me agaché brevemente y enseguida salió el horrible sello. Es obvio que no faltaba material para limpiarme. Estaba podre por dentro y lo tenía todo, un buen trabajo como comercial-directivo en una multinacional, un flamante Audi deportivo y podía usar cuantas veces quisiera para mis rollos el chalet de mis padres en LLanes. Cogí dos papeletas al azar y las metí en dos sobres ligeramente manchados. Me dirigí a la mesa y tuve la desfachatez de votar. Volví a casa reluciendo mi gorra de 60 euros de LA Lakers. "Mañana" tendría que aguantar los horribles programas de resultados electorales. Una buena excusa para pillarme unas pelis de vídeo y liarme un porro.
David Suárez

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“SUEÑOS” ¿Alguna vez habéis soñado ser otra persona? Una noche soñé que era una arqueóloga (sí, arqueóloga) y me encontraba en una expedición en la Antártida, lo extraño era que estaba en mangas de camisa en ese fascinante gigante helado. Yo estaba con dos o tres personas más (creo recordar que eran algo así como mis ayudantes) y desde el horizonte se acercaba una figura sonriente que me resultaba muy familiar, tanto como que era mi padre; lo curioso fue que al seguir la línea de sus rasgos comprendí que era yo mismo a la edad de unos 60 años, más o menos, visto desde los ojos de mi propia hija. Mi padre, que era yo, me sonreía y me hablaba de las ruinas de una antigua ciudadela enterrada en el hielo. En ese momento, y sólo en ese momento, comprendí que estaba soñando. Al instante la ilusión reapareció y olvidé que era un sueño, el hielo comenzó a derretirse dejando al descubierto una inmensa llanura de un precioso verde glauco plagada de flores gigantescas de vivos colores y atravesada por un río de aguas limpias y cristalinas, y un león y un tigre de tamaño sobrenatural caminaban serenos junto a mi padre (que era yo) uno a cada lado. Y desperté. Tuve este sueño hace aproximadamente unos tres años y nunca he podido olvidarlo; y esta noche Oniros ha tenido a bien regalarme uno de similares características. Esta vez yo era un niño de unos 8 ó 9 años y mi padre, que volvía a ser yo mismo a una edad más madura, me regañaba por haber sido caprichoso, me explicaba cómo debía actuar un hombre ante los deseos y los
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caprichos, cómo no debía permitir que fuese el deseo quién guiase mis pasos, cómo no dejar nunca engañarme por sus trampas y sus ilusiones. Yo comprendía y asentía a todo lo que me decía, y era feliz por aprender y por tener un buen padre; entonces él se sentó en una butaca a leer y yo salí a jugar a la playa -porque en este sueño yo vivía en una casa frente al mar- y una manada de caballos salvajes corría por la orilla y yo era feliz observando. Entonces empezaron a caer del cielo cientos de peces de colores que reventaban al chocar contra el suelo, cubriéndolo todo del rojo escarlata de su sangre, y yo me asusté y corrí hacia casa llamando a gritos a mi padre (que, os recuerdo, era yo mismo a edad más madura), y al abrir la puerta del salón el cuerpo hinchado, húmedo, amarillento de mi padre yacía en la butaca con las cuencas de los ojos vacías y un pulpo le salía de la boca y cientos de pequeños cangrejos bermejos brotaban de su cuerpo pútrido y pestilente. Y desperté. Lástima despertar tan pronto, me hubiese gustado haber conocido a mi madre.

Aníbal del Valle Uría
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CADAVERES EXQUISITOS
DIEGO MEDRANO Y LAS JIRAFAS DEL KALAHARI: No se puede leer de forma correcta la poesía de Diego Medrano, y por extensión toda su literatura si antes no se conoce de manera consciente al personaje, van indefectiblemente unidos a sangre y fuego, de igual modo ocurre con alguno de sus maestros como: Isidore Ducasse, Leopoldo María Panero o Javier Tomeo. Conocí a Diego Medrano de manera consciente en el pub “Ay Carmela” de Oviedo allá por el año 2000 antes que el escritor saliera definitivamente a la luz pública (él según me cuenta ya me conocía de vista, de verme pululando por la Facultad de Letras del Milán y andar metido de lleno en eso de la literatura). Yo puedo decir, que conocí aquella noche a una persona polémica, mordaz, un cachondo impenitente, sin pelos en la lengua, amante de efebos perdidos y otras ninfas, un provocador nato, pero sobre todo un amante de los clásicos y de la literatura. Nuestra pasión por Konstantino Kavafis fue la coartada perfecta para entablar una complicidad nocturna. Digo todo esto porque el escritor en muchos casos y este no es la excepción que confirma la regla aplica esta máxima al pie de la letra: “literatura y vida” dos conceptos que van intimamente unidos en la obra de Diego. A veces cuerdo representa una condensación estética- poética
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de Diego Medrano en estado puro aunando de manera notable dos corrientes literarias a las que el escritor bebe de manera insistente como son: el surrealismo y el realismo sucio utilizando el concepto del instante para expresar sus dudas, pasiones, críticas, observaciones y reflexiones del mundo que le rodea, sirvan dos ejemplos como botón de muestra: “( Visiones. 41. “Se besaban entre luces encendidas/ de farolas sinuosas. Ninguno / robaba más luz que el otro”) y nos llega el contraste o la sorpresa a cada página de lectura ( 10. Solidaridad del erudito. “El agua que golpea la ventana / le dice al cristal: jódete. / ¡ Haber sido jirafa!)”. Los poemas son interminables mejor dicho son exactamente 101 ni más ni menos, no todos de la misma brillantez, poco importa, pero lo que si estoy seguro, poniendo mi mano en el fuego sagrado que no dejarán indiferentes al lector ¿Quién es este Diego Medrano? Loco y lúcido al mismo tiempo, un personaje literario al estilo de los poetas románticos franceses, un escritor que viene a animarnos de manera arrolladora el gris y pacato ambiente literario asturiano. ¡Más Diegos Medranos por favor!

Rubén D. Rodríguez
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POETA DE LA ALEGRÍA MÍSTICA ABAJO Andrés Neuman. Acantilado. Barcelona. 81 páginas. “Existe la alegría, pero duele; / tendrás que conseguirla. / Y cuando la consigas tendrás miedo”. Estos versos de Andrés Neuman pertenecen al poema “(Palabras a una hija que no tengo)” incluido en su libro El tobogán (2002) y nos sitúan en el difícil equilibrio que mantiene la poesía del autor. Andrés Neuman, liviano y sediento de verdad, parece que siempre ha buscado la mejor manera de ser humano, también en literatura. En su último libro, Mística abajo, abandona, por un momento, el esfuerzo, la búsqueda, el dolor que conlleva conseguir la alegría, para iluminar los frutos de su inquieta espera. Observamos, en estas páginas, una plenitud, una seguridad a la que, tal vez, han contribuido los años. Podemos hablar de un libro maduro, pues la madurez de cada poeta consiste en alcanzar la costa hacia la que nada, ya se encuentre en un territorio situado en las coordenadas de la oscuridad o de la luz, ya se inscriba en el rumbo de una intención apolínea o dionisiaca. Agua transparente. Dorados frutos. Solidez luminosa. En los poemas de Mística abajo –“(Necesidad del canto)”, “(La fruta de la dicha)”, las distintas odas-, el mundo se desvela cristalino y enigmático, plácido, completo. Tal vez porque existe una impúdica, puntualmente posible, aceptación de la realidad. La sabiduría de este libro se condensa en una cita inicial de Christian Bobin: “Lo que ayuda es lo pasajero/ Lo que aspira a lo
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eterno no/ resulta de ningún consuelo”. “Sentado en el columpio de la hierba/ al viento del verano, sé que existo”. Estos delicados versos inauguran el primer poema del libro, “(Oda a la salud)”, invitando al lector a sumergirse en el gozo de estar vivos. Progresiva y minuciosamente, haciendo gala de un vitalismo de hierro, el hombre se reconoce: escucha qué contiene un latido, palpa la seda del tiempo, acaricia a un poeta y a un ruiseñor fantasmagóricos… Con seducción realista, aunque con devoción mística, Andrés Neuman es capaz de destrezas como “(Plegaria del que aterriza)”, poema indispensable, divertido y tierno en el que se nos muestra el contraste entre un mortal y el cielo; o de descubrir, entrañablemente, dos canas en un pubis más vulnerable que antes pero que ahora crece “por amor y no por fuerza”. En “(Oración del espejo)”, la curiosidad continúa despierta en el corazón de ese chico que nadaba con su padre y que se ha hecho mayor: “Quiero saber quién va conmigo a cuestas/ y temblar al revés de la corriente/ igual que alguna vez entre las olas/ mi padre ahogaba todos mis temores/ adentrándose más, alzándome en sus hombros”. Hay, en estos poemas, lejanías como la del el padre y presencias como la de la amada. La “artesana” que conocemos en estas páginas, se enreda continuamente en los poemas, aparece y desaparece, es contrapunto y humilde proximidad con la que se comparten alegría y vida. Un hermoso poema, dedicado por completo a ella, es (La curva corazón) en el que se compara una curva matemática que crece hacia el interior, a la que se conoce con el sobrenombre de copo de nieve, con la suave incursión de la mujer en el corazón del autor.
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Además de la óptica científica, elegante y fría, con la que Andrés Newman inventa nuevas maneras de amar – “(Tratado de energía)”, “(Botánica ambidiestra)”, el propio “(La curva corazón)” -, existe, no obstante, mucho extrarradio del cuerpo también en el libro, que encontramos en poemas como (Diamante negro) o (La escuela melancólica), lo que nos hace celebrar un haber de variedad y riqueza. Queda, al final, la advertencia del principio, ese difícil equilibrio que es el mismo que el de la luz. Aunque la luz no sería nada sin la sombra. Alejandra Sirvent RISOTERAPIA INTELECTUAL Pura Anarquía, Woody Allen. 154 páginas. Círculo de Lectores. Una singularidad del humor escrito de Woody Allen es, sin lugar a duda, la guasa inimitable con la que manipula la cultura occidental, elaborando una apetecible pizza con los venerados restos de haute cuisine que suelen apreciar los paladares de la intelectualidad, ajustándose a la crème de la crème filosófica, pictórica, literaria, musical y cinematográfica, europea y estadounidense. Hago esta precisión para acotar los límites de la cultura que,
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comúnmente, parodia en sus escritos, obsesión buenista obliga. Los precursores del postimpresionismo, William Faulkner, Scott Fitzgerald, Dante, Hitchcock, Friedrich Nietzsche o Alma Mahler, son algunas de las figuras históricas que bailan en las páginas de su último libro, Pura Anarquía, como al son del alocado y seductor clarinete del neoyorquino. Después de sus tres anteriores libros de relatos, Cómo acabar de una vez por todas con la cultura, Sin plumas y Perfiles, reunidos en el indispensable Cuentos sin plumas, Allen nos ofrece este libro, de un humor que podríamos calificar de “sesudo” si tenemos en cuenta cuentos como “Tirar demasiado de la cuerda”, esa virtuosa utilización literaria del lenguaje y expresiones científicas, compuesto sin dejar un resquicio a la distensión. Por otro lado, en este volumen, son varios los relatos inspirados a partir de noticias y reseñas de hechos reales, rescatadas de fuentes que van desde el New York Times a una hoja parroquial, lo que le da un aire puntual y levemente más congraciado con el realismo, pero sin que la personal inclinación de Woody al absurdo y al surrealismo desaparezca. Efectivamente, las páginas más apreciadas son aquéllas en las que más visiblemente merodea el disparate. “Calistenia, urticaria, montaje final” consiste, en su mayor parte, en un intercambio de correspondencia entre el director de un campamento de cine y el padre de un chico que ha asistido al mismo y que se niega a compartir los beneficios que le ofrece una productora por la película que su hijo ha creado durante la estancia. Un fragmento de la relación epistolar es el siguiente: “Insinuar que el personal que usted ha reunido se halla en un punto más alto de la escala evolutiva que una manada de dingos es una hipérbole delirante. ¡¿Asociarnos en una nueva empresa?! ¿Es
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que ha sufrido usted una embolia cerebral silente? En primer lugar, quiero dejar bien claro que la idea del guión fue concebida única y exclusivamente por mi hijo y está basada en una experiencia real que vivió la familia cuando el director de la funeraria del barrio creyó por equivocación que había ganado el premio Nobel (...)" "Querida niñera" es uno de los mejores relatos del libro. El título alude, irónicamente, a la antagonista de la historia: una niñera que pretende escribir un libro acerca de las miserias de la familia para la que trabaja. “Harvey Bidnick es un zoquete sin dos dedos de frente, un pequeño protón que habla por los codos y se cree muy divertido pero duerme a los invitados con sus continuos chistes, que no se consideraban graciosos ni entre los humoristas judíos de los años cincuenta.” Harvey Bidnick, sin encontrar otra salida a su situación, trama el plan de matar a la niñera; el tributo al cine aparece en este cuento, en el que el personaje se transmuta en “todos los villanos del celuloide policíaco” con los que ha crecido, envalentonándose, de esta manera, para ejecutar su perverso plan. En los cuentos de Woody Allen, adquieren la misma relevancia, por tanto, los personajes cotidianos y las figuras emblemáticas del arte y del pensamiento, convertidas en personajes. Hallamos una dieta dictada por Friedrich Nietzsche, en “Así comió Zaratustra”; la versión de la vida amorosa de Alma Mahler por un productor llamado Fabian Wunch, en “Cantad, Sacher Tortes”; o una trufa de Mandalay que fue apunto de ser
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comida por Göring, “pero la nota del suicidio de Hitler le aguó la fiesta”, en “Qué paladar tienes, muñeca.” Un humor, el de Allen, que contiene un componente crítico, como el aguarrás que se utiliza en la fabricación de pinturas, y que, por separado, hace saltar, no sólo la apariencia sacra de la cultura, sino también la seguridad de ciertos hábitos sociales e, incluso, toda una gama de defectos de carácter, haciendo que nadie salga ileso. El diálogo que encontramos al principio del cuento “Pluma de alquiler” es un buen ejemplo. En él, un productor cinematográfico llamado E. Coli Biggs llama a un escritor, Flanders Mealworm, para que escriba una obra que él pueda llevar al cine. Ante la ignorancia de su identidad por el escritor, Biggs siente herida su vanidad: “Por Dios, ¿es que no lees Variety? Conseguí el número uno de recaudación en Guinea- Bissau.” Un poco más adelante, se alude sangrantemente a la colonización de espacios privados por las nuevas tecnologías, cuando Mealworm le pregunta a Biggs de dónde ha sacado su número de teléfono al no salir en la guía: “De Internet. Aparece junto con las radiografías de tu colonoscopia.” Woody Allen, un director que nos ha otorgado la gracia de admirar cómo el pálido personaje de una película sale de la pantalla de un cine para cubrir las necesidades de una persona, en La rosa púrpura del Cairo, y ha sabido ejecutar otras tantas obras que, a su vez, y desde diferentes ángulos, han incidido con precisión en otras múltiples necesidades o curiosidades de la personalidad humana, nos hace reír también por escrito, para que podamos llevar, si queremos, la medicina en el bolsillo.

Alejandra Sirvent
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Los días frágiles Philippe Besson Alianza Editorial, 2007 LIBERTAD CERCENADA Éste es el relato de una agonía, la que el poeta Arthur Rimbaud sufrió en sus últimos días de vida, tras su regreso de tierras africanas. Su hermana Vitalie nos describe en su diario el final de un hombre cuya libertad fue cercenada por la enfermedad, la amputación de una de sus piernas y el posterior declive que le condujo a la muerte: “Desde hace veinticuatro horas asisto al más horrible paroxismo de desesperación y de tortura física que se pueda imaginar”. Philippe Besson logra trasladarnos al escenario final que el propio Rimbaud pareció describir en el título de su obra a modo de premonición, Una temporada en el infierno. La verosimilitud alcanzada por Besson (que demuestra el riguroso trabajo de documentación previo así como su talento a la hora de adentrarse en la psicología de estos dos seres al límite del sufrimiento y la entrega) logra herir la sensibilidad del lector en la mayor parte de este angustioso relato donde la abnegada Vitalie intenta infundirle paz al alma enfurecida del poeta postrado en la cama, encerrado en su jaula. Los días frágiles narra con crudeza las vivencias de una hermana confidente cuyo carácter conservador es sacudido una y otra vez por las confesiones más íntimas de su hermano moribundo (los episodios más terribles y delirantes de su vida en París, sus aventuras amorosas, los excesos…), por su delirio final; una vida marcada por la fría relación que la
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madre impone en su familia, que ve en su hijo una carga sucia de la que intenta desprenderse con la mayor rapidez posible, una carga que ha de ser “amputada” de la familia como si de un cáncer se tratase, algo que envenena su hogar. Rimbaud, ya muy débil, decide regresar a África, a la libertad, viaje que tan sólo consigue que su estado empeore aún más. Muere en el hospital tras una lenta agonía. Su cadáver es devuelto a la tierra de la que huyó siempre: “Se habría negado a que lo enterrasen en esta tierra que lo vio nacer, puesto que no hizo más que huir de ella durante toda su existencia. Puesto que se las arregló para romper todos los vínculos y vivir completamente al margen”. Finalmente regresa al lugar que siempre le condenó a la quietud y el silencio, ahora para toda la eternidad: “Lo sepultarán bajo esta tierra que detestaba. Dudo que descanse en paz”. Ana Vega
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INFILTRADAS
“ANNABEL LEE, EDGAR ALLAN POE, SANTIGO AUSERÓN” Año 1987. Radio Futura, uno de los mejores grupos españoles de los años 80, y, en mi opinión, de todos los tiempos, saca a la luz uno de sus mejores discos: La canción de Juan Perro. Con canciones que dejaron huella en la historia del rock español como La negra flor, 37 grados, El canto del gallo… pero pocas canciones fueron tan demandadas en cada concierto como Annabel Lee . Esta canción está basada en un poema de Edgar Allan Poe, traducido y adaptado por Santiago Auserón. Se trata de una traducción tan fiel al original, que invita a reflexionar sobre la universalidad del arte, y sobre cómo es posible que cientos de miles de jóvenes de finales del siglo XX, en su mayoría más entusiastas del rock que de la literatura, se emocionen con una canción basada en un poema escrito en 1849 por un poeta romántico estadounidense. Edgar Allan Poe Nacido en Boston, Massachussets, en el 19 de enero de 1809, escritor romántico, especialmente conocido por sus relatos cortos, pero también por su poesía, es sin duda una de las grandes figuras de la literatura universal. Entre otras aportaciones a la historia de la literatura, fue el gran renovador de la literatura gótica, que había aparecido a finales del XVIII como

Edgar Allan Poe
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reacción al racionalismo propio de la ilustración. Lo sobrenatural, los paisajes inquietantes, ruinas, criptas, sepulturas, la angustia, la soledad… y cierto erotismo; pero con unos recursos un tanto truculentos. Poe dio a este género una dimensión totalmente nueva, convirtiéndose en el padre del terror psicológico.

Virginia Eliza Clemm
Poe sufrió durante toda su vida fuertes depresiones nerviosas, de las que se defendía, por medio del láudano y el alcohol, padeció continuos problemas de salud y grandes apuros económicos. A los 27 años, se casa con su prima Virginia Eliza Clemm de 13 años, a la que llegó a querer hasta la locura y era la que lo unía al mundo real. Algunos biógrafos sugieren que su relación fue más propia de hermanos y que nunca llegaron a consumar el matrimonio. Virginia contrae la tuberculosis en enero de 1842 y muere cinco años después con 24 años de edad. Poe nunca lo superó, y el último poema que escribió antes de morir el 7 de octubre de 1949, se inspiró en ella, y este fue precisamente Annabel Lee.

Dani Santiago Auserón
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VERSIÓN ORIGINAL It was many and many a year ago, In a kingdom by the sea, That a maiden there lived whom you may know By the name of Annabel Lee; And this maiden she lived with no other thought Than to love and be loved by me. I was a child and she was a child, In this kingdom by the sea: But we loved with a love that was more than love I and my Annabel Lee; With a love that the winged seraphs of heaven Coveted her and me. And this was the reason that, long ago, In this kingdom by the sea, A wind blew out of a cloud, chilling My beautiful Annabel Lee; So that her highborn kinsmen came And bore her away from me, To shut her up in a sepulchre In this kingdom by the sea. The angels, not half so happy in heaven, Went envying her and me — Yes! — that was the reason (as all men know, In this kingdom by the sea) That the wind came out of the cloud by night, Chilling and killing my Annabel Lee. But our love it was stronger by far than the love Of those who were older than we — Of many far wiser than we — And neither the angels in heaven above, Nor the demons down under the sea, Can ever dissever my soul from the soul Of the beautiful Annabel Lee: For the moon never beams, without bringing me dreams Of the beautiful Annabel Lee; And the stars never rise, but I feel the bright eyes Of the beautiful Annabel Lee; And so, all the night-tide, I lie down by the side Of my darling — my darling — my life and my bride, In her sepulchre there by the sea, In her tomb by the sounding sea.
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TRADUCCIÓN LITERAL (Perpetrada por mi, perdón) Fue hace muchos muchos años, En un reino junto al mar, Que vivía una doncella a quien debeis conocer Por el nombre de Annabel Lee; Y esta doncella vivía sin otro pensamiento Que amar y ser amada por mí. Yo era un niño y ella era una niña, En este reino junto al mar: Pero nos amábamos con un amor que era más que amor – Yo y mi Annabel Lee; Con un amor que los alados serafines del cielo Codiciaban de ella y de mí. Y esa fue la razón por la que, hace mucho, En este reino junto al mar Un viento sopló de una nube, helando A mi hermosa Annabel Lee; Para que sus nobles parientes viniesen Y la arrancasen lejos de mí Para encerrarla en un sepulcro En este reino junto al mar. Los ángeles, ni la mitad de felices en el cielo, Fueron cogiéndonos envidia a ella y a mí – ¡Sí! – Esa fue la razón (Como todos saben, En este reino junto al mar)
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De que el viento viniera de aquella nube por la noche, Helando y matando a mi Annabel Lee. Pero nuestro amor era mucho más fuerte que el amor De aquellos que eran mayores que nosotros – De tantos mucho más sabios que nosotros – Y ni los ángeles arriba en el cielo Ni los demonios abajo, en el fondo del mar Podrán nunca apartar mi alma del alma De la hermosa Annabel lee: Pues la luna nunca luce, sin traerme sueños De la hermosa Annabel Lee; Y las estrellas nunca salen, pero yo siento los ojos brillantes De la hermosa Annabel Lee; Y así, toda la noche, me acuesto al lado De mi querida – mi querida – mi vida y mi novia, En su sepulcro junto al mar En su tumba junto al rugiente mar...

VERSIÓN DE SANTIAGO AUSERÓN Hace muchos muchos años en un reino junto al mar habitó una señorita cuyo nombre era Annabel Lee y crecía aquella flor sin pensar en nada más que en amar y ser amada, ser amada por mi. Éramos sólo dos niños mas tan grande nuestro amor que los ángeles del cielo nos cogieron envidia pues no eran tan felices, ni siquiera la mitad como todo el mundo sabe, en aquel reino junto al mar. Por eso un viento partió de una oscura nube aquella noche para helar el corazón de la hermosa Annabel lee luego vino a llevarsela su noble parentela para enterrarla en un sepulcro en aquel reino junto al mar. No luce la luna sin traermela en sueños ni brilla una estrella sin que vea sus ojos y así paso la noche acostado con ella mi querida hermosa, mi vida, mi esposa. Nuestro amor era más fuerte que el amor de los mayores que saben más como dicen de las cosas de la vida ni los ángeles del cielo ni los demonios del mar separaran jamas mi alma del alma de Annabel Lee. No luce la luna sin traermela en sueños ni brilla una estrella sin que vea sus ojos y así paso la noche acostado con ella mi querida hermosa, mi vida, mi esposa. En aquel sepulcro junto al mar en su tumba junto al mar ruidoso. Hace muchos muchos años en un reino junto al mar habitó una señorita cuyo nombre era Annabel Lee y crecía aquella flor sin pensar en nada más que en amar y ser amada, ser amada por mi.
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OPINION
Dificultaes: Cuando te pones a vivir empiezes xeneralmente,- o así se supón que debería ser -recibiendo cariño. Suel pasar qu'esi cariño ta trabau de milenta defectos: ye sobreprotector, nun ye bastante, llega a destiempu o nun se siente cola mesma xusticia qu'el que recibe'l nuesu hermanu, sobrina, padre, madre. Asina qu'aunque nos quieran difícil ye alcontrar quien te agusto na cantidá y manera na que fue mimáu na tienra infancia. Dempués resulta que llega el flipe total de descubrir que los modelos a seguir nun sólo nun teníen tola verdá infinita, si non ninguna porque ¡somos adolescescentes!, y ansiosamente mos enteramos de que hay munches más families a quien pertenecer, y que amás son optatives. El gran problema, claro, ye que si encima de que nun nos gusta la nuesa primera nun somos quien a tener una más guai que mos acoxa, vamos listos. Ahí les comedures de tarro son ya importantes. Una vez que por fín decidimos que si nun yéramos felices colo de los grupos opcionales tenemos la posiblidá incluso de prescindir de tolo demás, porque accediendo a una buena autoestima - nesti escalón de la existencia pudimos llegar a los llibros d'autoayuda, les terapies, los cursos, los talleres, les recetes orientales, los packs de consumo variopintos colos que incluso sin nada de lo anterior puedes querete , porque TÚ YES CAPAZ d' aceptate como buenamente puedas. Ye posible que te relaxes. Un poquiñín.
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Pero entóncenes llega, como si se tratase del gran desafío, -que sabemos qu'aún hai más-, lo del famoso "compromiso". Tú, que ya conseguiste mirate al espeyu sin odiate por nun ser daquién diferente, pero que sigues queriendo evolucionar- porque eso sí que nun pudiste estirpalo como los demás complexos adolescentes-, acabes decidiendo que puedes, debes y amás apetezte "compartir la to vida". Y entóncenes entames un repasu por toles etapes, que nun ye precisamente ordenáu tal como lu describí. Directamente, y en poques décimes de segundu, alcuéntreste pasando de la primera a la última, en cualquier versión posible, y nun tienes siquiera la disculpa de les hormones revolucionaes. Tampoco puedes usar el comodín de la decadencia: demasiado pronto na vida. Nun tienes años pa eso tovía. Naide diba creete. Tas na trampa de tener que facelo bien. Sí o sí. Tienes la edá pa xugátela, y apostar porque dempués de cuánto te costó cuidate, demostrar que nun sólo yes un EGO, sino una persona capaz de repartir sus derechos con equilibrio entre sí misma y les demás. Y en pareya, el más difícil tovía. Así que bueno, la treintena- d'una parte que tomamos esta opción- ye así, hai qu'apañase y sentila profundamente, como una bocanada d'aire puro que dempués podemos usar pa saltar a la piscina o tiranos pol terraplén.

Marta Sáez Truébano
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