CONGRESO REGIONAL DE PAZ DEL TOLIMA

CONCLUSIONES GENERALES

“Soy víctima de las FARC. A mí me amenazaron, me desplazaron, perdí bienes, perdí familiares. Sin
embargo, sé que son tiempos de paz, así que me alegra verla a los ojos, encontrarme de frente con ustedes,
dar un paso en la reconciliación y poder abrazar a las FARC a través de una mujer”

Testimonio de una mujer participante, frente a otra mujer delegada por las FARC en el Congreso1

El Congreso Regional del Tolima se realizó el 27 de abril en la ciudad de Ibagué, con la participación de más
de 450 personas. Desde un enfoque de diálogo y reconciliación, el Congreso permitió el encuentro de múltiples
voces institucionales, sociales y políticas que demostraron la enorme importancia de desarrollar éste tipo de
encuentros para escucharnos, para derrumbar prevenciones y desconfianzas y sobre todo, para legitimar,
comprender y apropiar la responsabilidad que nos asiste como sociedad civil en la construcción de paz. Allí se
hizo evidente que han sido insuficientes los escenarios amplios de diálogo, que si existe voluntad de participar
en la construcción de paz por parte de todas las fuerzas vivas del Tolima y que solo a través de estos encuentros
podemos avanzar hacia la reconciliación. Las autoridades de gobierno y las organizaciones y actores sociales
participantes ratificaron que solo es posible hablar de paz si ésta se construye desde el reconocimiento de los
territorios y de sus dinámicas y reclamaron que un gran acuerdo nacional de paz demanda una efectiva política
de descentralización que es obstaculizada por el modelo en extremo centralizado y ejecutivista radicado en la
capital de la República.

Fue significativo ver autoridades militares escuchando a la insurgencia, a la insurgencia escuchando a las
víctimas de sus acciones violentas, a las instituciones escuchando a las organizaciones y a las organizaciones
escuchando a los ciudadanos y ciudadanas de a pie. El Congreso ratificó que los odios pueden derribarse con
pedagogía, con información, con comunicación efectiva y directa, razón por la que en las 10 mesas de trabajo
hubo un clamor general para que comunidad internacional, Estado, Iglesias, Universidades, Sectores
Productivos, Organizaciones Sociales, Partidos y Ciudadanía en general, promuevan escenarios de encuentro
en cada municipio, en cada vereda, en todos los rincones donde se edifica la reconciliación y la paz.

Hubo un acuerdo colectivo frente a la importancia histórica de los procesos de negociación con las insurgencias
que se vienen dando en el país; hubo un respaldo unánime a los acuerdos logrados en La Habana y una
exigencia a su cumplimiento, tanto como una solicitud para que la comunidad internacional mantenga su
acompañamiento y monitoreo para el cumplimiento de estos acuerdos. De la misma manera, quienes
participamos del Congreso celebramos los actuales diálogos que se vienen adelantando entre el Gobierno
Nacional y el ELN, exigiendo que en su desarrollo se abran escenarios de diálogo con las comunidades, pues
no se puede volver a cometer el mismo error de dejar para después la participación de la sociedad civil que es
la principal beneficiada, veedora y también responsable de la implementación de los acuerdos que logren un
derecho y un deber fundamental de los y las colombianos como es la paz.

Los partidos políticos que confluyeron en el Congreso, manifestaron su apoyo irrestricto a las reformas
provocadas con los acuerdos de paz logrados en La Habana, comprendiéndolas como una herramienta que
está presionando la profundización de la democracia, la apertura política y el fortalecimiento de la participación
directa de las izquierdas, los sectores sociales y los sectores de oposición, en la composición de aquellos
escenarios donde se toman decisiones para el país, para los territorios y en las instituciones, entendiendo que
ese es un factor fundamental para superar la confrontación, pues el estrecho margen de participación política

1
Durante el trabajo de la Mesa sobre implementación del enfoque de género en los acuerdos de La Habana y
la participación de las mujeres en el proceso de negociación con el ELN, se encontraron mujeres víctimas de
acciones violentas de las FARC, con mujeres guerrilleras de las FARC. Este emotivo encuentro les permitió
fundirse en un abrazo como muestra de la voluntad de reconciliación que existe entre las mujeres tolimenses.
que ha existido en Colombia es un factor estructural de la guerra. En la mesa sobre garantías para la
participación política, los partidos y organizaciones asistentes, hicieron un compromiso para reorganizar el
movimiento social y político en favor de una paz estable y duradera, promoviendo una gran convergencia de
cara a las elecciones presidenciales del año 2018, que le haga frente a los enemigos de la paz y que permita
defender los acuerdos de paz logrados y los escenarios de negociación que avanzan para garantizar una paz
completa.

Los campesinos y campesinas que participaron en la mesa de trabajo sobre Planes de Desarrollo con Enfoque
Territorial, manifestaron su desacuerdo con la focalización de los PDET en el sur del Tolima y señalaron que
estos son instrumentos para repensar los territorios en todo el país, en todos sus municipios. Instaron a la
sociedad tolimense a promover PDET en los 47 municipios que configuran el departamento. Las comunidades
del norte del Tolima manifestaron su preocupación por la brecha que se viene generando en esta zona, pues
allí también el conflicto armado ha generado impactos profundos pero actualmente no existe intervención ni
cooperación para el desarrollo que permita mejorar condiciones de vida de las comunidades, mientras en el sur
se viene concentrando la mayor parte de la intervención institucional que se está haciendo para el posconflicto.
También en ésta mesa de trabajo, hubo un clamor generalizado por concretar acciones como el mejoramiento
de vías en todos los territorios rurales, pues esta es la condición más elemental para conectar, incluir y potenciar
los territorios históricamente excluidos de las dinámicas del desarrollo. Los campesinos y campesinas del
Tolima solicitan al país, el apoyo, el respeto y la protección a las zonas de reserva campesina, las zonas de
reserva agroalimentaria y territorios interculturales que se vienen configurando en el departamento.
Las mujeres tolimenses, como depositarias de los impactos físicos, económicos y emocionales más cruentos
de la guerra, se comprometieron a impulsar procesos de reconciliación, de reeducación desde la infancia para
la transformación de las relaciones violentas y de articulación de las organizaciones y procesos de mujeres para
la defensa de la paz en el departamento y el fortalecimiento de un proceso en red que permita la defensa de la
vida, de promoción de la no violencia y la transformación de las inequidades que han impedido el desarrollo
democrático de las comunidades.

Jóvenes, universidades e instituciones, discutieron sobre el punto que aborda el consumo de drogas ilícitas
como un fenómeno creciente en el departamento del Tolima, pero que no cuenta con evidencias científicas ni
diagnósticos serios que permitan determinar su impacto y magnitud. Desde las herramientas que brinda el
Acuerdo de La Habana, señalaron la necesidad de implementar estrategias educativas que contribuyan a la no
estigmatización de los consumidores, a la comprensión del consumo como un tema que debe ser abordado
desde el enfoque de salud pública preventiva, pero superando la noción de enfermedad y promoviendo el
respeto a las autonomías individuales, incluyendo las de los consumidores que han optado por el uso de
sustancias psicoactivas de manera consiente y libre, pues señalan en ello una condición básica para la
construcción de relaciones equitativas, democráticas y no violentas.

Una de las mesas estratégicas en la agenda territorial del Tolima, abordó el debate sobre los bienes comunes
naturales, reconociendo que el ambiente y la naturaleza también han sido víctimas del conflicto armado, lo que
se agudiza con el modelo extractivista que actualmente promueve el gobierno colombiano. En tal sentido,
señalaron la necesidad de fortalecer los procesos de participación ciudadana y de movilización social en
defensa de la madre tierra, a través de mecanismos territoriales – locales que permitan la concertación de
políticas ambientales que contribuyan a la paz ambiental. Manifestaron su compromiso con la defensa de las
consultas populares como mecanismos para la defensa de los territorios y sus vocaciones, para el
fortalecimiento de una democracia descentralizada que garantice condiciones para la autodeterminación de los
territorios que fue otro de los clamores de las autoridades locales participantes en el congreso. Los
ambientalistas reunidos hablaron de la necesidad de construir proyectos con enfoque ambiental en todas las
instituciones educativas del Tolima, así como una catedra ambiental obligatoria que contribuya a fortalecer la
cultura de la conservación, el cuidado de los ecosistemas estratégicos y el cambio de hábitos de consumo
promovidos bajo lógicas mercantilistas que están destruyendo el planeta. El Congreso Regional del Tolima
invita al país, a todos los movimientos ambientales en Colombia, a las comunidades que defienden su territorio,
a articularnos en una red nacional de consultas populares por la defensa de nuestra casa común.

El Congreso también permitió el abordaje de la creciente intervención y acompañamiento de la cooperación
internacional en el territorio, identificando la necesidad de fortalecer las capacidades institucionales locales para
el diálogo, veeduría y articulación de estas intervenciones que las agencias de cooperación ejecutan, pues
muchas de ellas se hacen desde la perspectiva e interés del financiador y no desde la necesidad específica y
el interés general de las comunidades. Se instó a los gobiernos locales y a las organizaciones de la sociedad
civil, a desarrollar estrategias para el posicionamiento de sus apuestas para el posconflicto en el Tolima, con el
fin de que se crucen las agendas internacionales con las locales, logrando acuerdos sobre aquellos campos
donde los municipios y las comunidades requieren acompañamiento y cooperación para garantizar una paz
estable y duradera.

Otra mesa importante que se desarrolló fue la de las fuerzas militares. Allí hubo un diálogo con múltiples
disensos pero que logró identificar elementos comunes en el nuevo papel de las fuerzas militares para el
posconflicto en Colombia y particularmente en los territorios: el desarrollo de estrategias de seguridad integral
para los territorios con participación de las comunidades; la necesidad de potenciar estrategias concertadas
entre las instituciones, las FFMM y las comunidades para contrarrestar factores de inestabilidad en los territorios
como el narcotráfico, la delincuencia, las violencias basadas en género, el crimen organizado, la corrupción; la
generación de diálogos intersectoriales que permitan transformar la noción de seguridad en los territorios, con
el fin de potenciar habilidades sociales en las instituciones militares para el posconflicto; la importante
participación de las FFMM en la reconstrucción de la memoria y la verdad; su papel en la generación de
condiciones y garantías para el ejercicio pleno de los derechos civiles y políticos en los territorios y en la
intensificación de estrategias de seguridad territorial en aquellas zonas donde se vienen implementando
procesos de dejación de armas, para que se prevenga el paramilitarismo, la emergencia de escuadrones de
seguridad privada que asumen la justicia por cuenta propia y que pueden iniciar otro ciclo de violencia en
nuestros territorios.

Los sectores productivos también se dieron encuentro en el Congreso Regional de Paz del Tolima. Allí se
reconoció que otra de las causas del conflicto en Colombia ha sido precisamente la inequidad en el acceso a
los medios de producción y especialmente, al desarrollo económico de los territorios rurales. Para contrarrestar
esto, los participantes hablaron de la importancia de articular procesos entre grandes sectores productivos y
procesos de producción local a través de asociaciones y cooperativas; la necesidad de implementar modelos
educativos que estén contextualizados en el territorio, que contribuyan a la investigación y potenciación de sus
atributos y que responda a las necesidades e intereses productivos locales; la urgencia de fortalecer los
escenarios de encuentro, articulación y diálogo entre los sectores productivos del departamento, para
acompañar los planes de desarrollo con enfoque territorial, así como transferir conocimientos y tecnologías a
los procesos microempresariales, asociativos y empresariales, para el fortalecimiento de cadenas de
producción, comercialización y consolidación de mercados locales – departamentales – nacionales.

En su espacio de trabajo, las universidades hablaron de la importancia de reformular los currículos de las
carreras profesionales y técnicas para formar profesionales comprometidos con la paz y con habilidades
sociales para la resolución pacífica de conflictos. Manifestaron su compromiso con la generación de
conocimiento para la paz, el cual va desde la reconstrucción de la memoria histórica de los territorios, hasta el
desarrollo técnico y tecnológico para la productividad, la sostenibilidad y el fortalecimiento de una cultura
democrática. Señalaron la importancia del diálogo entre universidad, comunidades y movimientos sociales para
la construcción de escenarios para la transformación cultural en el posconflicto, así como para la verificación a
la implementación de los acuerdos de La Habana y acompañamiento al diálogo en Quito. Instaron al gobierno
nacional a garantizar políticas de fortalecimiento de la educación superior en términos de calidad y acceso como
condición fundamental para garantizar la disminución de las inequidades y la durabilidad de la paz. Ratificaron
la validez del pronunciamiento público del Sistema Universitario Estatal, SUE, promulgado el 26 de febrero de
2016 en la Universidad Tecnológica de Pereira, UTP, que formuló el “Decálogo” de compromiso de la
Universidad Estatal con el proceso de paz y que tiene convocatoria incluyente hacia las universidades privadas
del país en un proceso convergente en favor del cumplimiento de los acuerdos y la construcción de una paz
estable y duradera.

Finalmente, los protagonistas del encuentro, las víctimas, celebraron los acuerdos logrados con las FARC y el
proceso de negociación con ELN como un importante avance en el reconocimiento de la verdad, la reparación
y las garantías de no repetición de los hechos violentos, pues estos procesos han permitido la evidente
disminución de la confrontación armada. Sin embargo, a pesar de varios años de proceso de paz en Colombia,
las inequidades sociales, económicas, políticas, ambientales y culturales que han originado el conflicto, no se
superan en los territorios. Manifestaron la necesidad de apoyo nacional, departamental, local pero también
internacional, para fortalecer sus procesos organizativos, la cualificación de su participación y la reconstrucción
de sus procesos de memoria sin revictimización, como el legado que deben dejar en sus comunidades para
que no se repita la guerra. Exigieron el desmonte del paramilitarismo y las garantías para la movilización social
y la participación política como condición para la reparación. Instaron a la sociedad tolimense a escuchar,
reconocer e interesarse por la verdad, la justicia y la reparación, pues las garantías de no repetición pasan
porque colectivamente, rechacemos de manera decidida la violencia.
El Congreso permitió concluir que en el Tolima es necesario el encuentro para el b diálogo como primer paso
para la reconciliación y que existe voluntad de paz para construir un nuevo rumbo en el departamento.

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